¿Por qué debemos leer / estudiar la Biblia?

Got Questions

¿Por qué debemos leer / estudiar la Biblia?

Debemos leer y estudiar la Biblia simplemente porque es la Palabra de Dios para nosotros. 2 Timoteo 3:16 dice que la Biblia es “inspirada por Dios”. En otras palabras, son las mismísimas palabras de Dios para nosotros. Hay muchas preguntas que los filósofos se han hecho y que Dios nos las responde en las Escrituras: ¿Cuál es el propósito de la vida? ¿De dónde vengo? ¿Existe vida después de la muerte? ¿Cómo puedo ir al cielo? ¿Por qué está el mundo tan lleno de maldad? ¿Por qué me cuesta tanto trabajo hacer lo bueno? Adicionalmente a estas “grandes” preguntas, la Biblia nos proporciona un sin número de consejos prácticos en áreas tales como: ¿Qué debo buscar en mi pareja? ¿Cómo puedo tener un matrimonio exitoso? ¿Cómo puedo ser un buen amigo? ¿Cómo puedo ser un buen padre / madre? ¿Qué es el éxito y cómo puedo alcanzarlo? ¿Cómo puedo cambiar? ¿Qué es lo más importante en la vida? ¿Cómo puedo vivir para que no tenga que arrepentirme en un futuro?¿Cómo puedo manejar las circunstancias adversas y eventos injustos de la vida para salir victorioso?

Debemos leer y estudiar la Biblia porque es totalmente confiable y sin error. La Biblia es única entre muchos auto-nombrados libros “sagrados”, porque no sólo ofrece enseñanzas morales y dice “confía en mí”, más bien, nos ofrece la oportunidad de probarla, corroborando cientos de detalladas profecías que contiene, verificando los eventos históricos que relata, y comprobando los hechos científicos que describe. Aquellos que dicen que la Biblia tiene errores, deben tener sus oídos cerrados a la verdad. Jesús preguntó una vez, “¿Qué es más fácil, decir: tus pecados te son perdonados o decir: levántate y anda?” (Lucas 5:23). Luego, Él probó que tenía el poder para perdonar los pecados (algo que no podemos ver físicamente) sanando al paralítico (algo que los que lo rodeaban pudieron atestiguar con sus ojos). De manera similar, tenemos la seguridad de que la Palabra de Dios es verdad cuando se discuten aspectos espirituales que no podemos atestiguar con nuestros sentidos físicos, pero mostrando su veracidad en todas aquellas áreas que podemos verificar, tales como la exactitud histórica, científica y profética.

Debemos leer y estudiar la Biblia porque Dios no cambia y porque la naturaleza humana tampoco cambia; es tan actual para nosotros como lo fue cuando fue escrita. Mientras que diariamente se generan grandes cambios tecnológicos a nuestro alrededor, los deseos y naturaleza de la raza humana no cambian. Tú encontrarás, mientras lees las páginas de la historia bíblica, que ya sea que se trate de relaciones interpersonales o entre sociedades, “no hay nada nuevo bajo el sol” (Eclesiastés 1:9). Y mientras la raza humana en su totalidad continúa buscando amor y satisfacción en todos los lugares equivocados, Dios, nuestro buen y misericordioso Creador, nos dice qué es lo que nos traerá un gozo ETERNO. Su Palabra revelada, las Escrituras, son tan importantes que Jesús dijo respecto a ellas, “…No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). En otras palabras, si quieres vivir una vida plena como fue la voluntad de Dios, escucha y presta atención a la Palabra de Dios escrita.

Debemos leer y estudiar la Biblia porque existe mucha enseñanza falsa. La Biblia nos da la medida mediante la cual podemos distinguir la verdad del error. Nos dice cómo es Dios. Tener una impresión equivocada de Dios es adorar un “ídolo” o “dios falso”. Estamos adorando algo que ¡no es Él! La Biblia también nos dice cómo podemos verdaderamente ir al cielo…y no es por ser buenos, o ser bautizados o ninguna otra cosa que podamos HACER (Juan 14:6; Efesios 2:1-10; Isaías 53:6; Romanos 3:10b, 5:8; 6:23; 10:9-13). A través de estos textos, la Palabra de Dios nos enseña cuánto Él nos ama (Romanos 5:6-8; Juan 3:16). Y así es como sabiendo esto, somos atraídos a amarle a Él en respuesta (1 Juan 4:19).

La Biblia nos equipa para servirle a Dios (2 Timoteo 3:17; Efesios 6:17; Hebreos 4:12). Nos ayuda a saber cómo podemos ser salvos de nuestros pecados y sus últimas consecuencias (2 Timoteo 3:15). Al meditar en ella y obedecer sus enseñanzas, nos llevará a una vida victoriosa (Josué 1:8; Santiago 1:25). La Palabra de Dios nos ayuda a ver el pecado en nuestra vida y nos ayuda a deshacernos de él (Salmos 119:9,11). Será una guía en la vida, haciéndonos más sabios que nuestros maestros (Salmo 32:8; 119:9,11; Proverbios 1:6). La Biblia nos libra de perder años de nuestra vida en aquello que no dura ni tampoco importa (Mateo 7:24-27).

Leer y estudiar la Biblia nos ayuda a ver más allá del atractivo “anzuelo” y doloroso “gancho” de las tentaciones pecaminosas, para que podamos aprender de los errores de otros, en vez de experimentarlos nosotros mismos. La experiencia es un gran maestro, pero cuando se trata de aprender del pecado, es un duro y terrible maestro. Es mucho mejor aprender de los errores ajenos. Hay tantos personajes bíblicos de quiénes aprender, tanto modelos positivos como negativos, que con frecuencia proceden de la misma persona en diferentes etapas de su vida. Por ejemplo, David, en su victoria al gigante Goliat, nos enseña que Dios es más grande que cualquier cosa a la que quiera que nos enfrentemos (1 Samuel 17). David, al ceder a la tentación y cometer adulterio con Betsabé, nos revela el largo alcance y las terribles consecuencias que puede acarrearnos un “momento de placer” (2 Samuel 11).

La Biblia es un libro que no es sólo para leerse. Es un libro para estudiarse, a fin de poder ser aplicado. De otra manera, es como tragarse el bocado de comida sin masticarlo y después escupirlo de nuevo… sin ningún valor nutricional aprovechado. La Biblia es la Palabra de Dios. Como tal, es tan necesaria como las leyes de la naturaleza. No podemos ignorarla, pero lo hacemos para nuestro propio mal, así como lo sería si ignoramos la ley de la gravedad. No puede ser lo suficientemente enfatizada, la importancia que tiene la Biblia en nuestras vidas. El estudiar la Biblia puede compararse al extraer oro de una mina. Si hacemos un pequeño esfuerzo y sólo “cernimos los guijarros en el arroyo”, sólo encontraremos un poco de polvo de oro. Pero si nos esforzamos en realmente “excavar en ella”, la recompensa será de acuerdo a nuestro gran esfuerzo.

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Una pasión por la verdad

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Una pasión por la verdad

Por George Grant

El príncipe de los predicadores, Charles Haddon Spurgeon, escribió una vez en su maravilloso libro John Plowman’s Talks [Las conversaciones de John Plowman]: «Quisiera que todo el mundo supiera leer y escribir y cifrar; de hecho, no creo que un hombre pueda saber demasiado; pero fíjate, el conocimiento de estas cosas no es educación; y hay millones de tus lectores y escritores que son tan ignorantes como el becerro del vecino Norton».

Esas masas ignorantes de las que escribió Spurgeon no son los que no terminaron sus lecciones. Son más bien aquellos que sí terminaron, o más bien aquellos que ingenuamente pensaron que las lecciones eran el tipo de cosas que podían ser terminadas.

La excelencia educativa desde una perspectiva bíblica no tiene tanto que ver con la cantidad de datos acumulados en la cabeza de un estudiante, sino con la forma de pensar y actuar entretejida en la vida de un estudiante.

La educación no tiene un término, un extremo polar, una línea final, un resultado. En cambio, es un depósito, una donación, una promesa e incluso una pequeña muestra del futuro. Para muchos, es triste decirlo, esta perspectiva exclusivamente cristiana es una cosmovisión totalmente foránea: una noción extraña, una paradoja arcaica, un misterio insondable. Las mentes embotadas por la asfixiante conformidad de la cultura popular no pueden sondear las profundidades o explorar la amplitud de la virtud distintivamente cristiana del contentamiento esperanzador ante las tareas perpetuas. Así se apresuran hacia lo que piensan que será el final de esto, aquello u otro capítulo de sus vidas. Están desesperados por terminar la escuela. Así, por ejemplo, la graduación no es para ellos el hito que marca un nuevo comienzo, sino que marca una conclusión. Luego, van a toda prisa por sus vidas y carreras: se arrastran con impaciencia durante la semana de trabajo, ansiosos para que llegue el fin de semana; trabajan solo para que les lleguen las vacaciones y continúan así su camino hacia la jubilación, siempre llegando al final de las cosas hasta que por fin las cosas llegan a su final.

Pero en el marco de la cosmovisión cristiana, el contentamiento esperanzador frente a las responsabilidades interminables es una virtud que continuamente genera en nosotros la expectación por nuevos comienzos, no viejas resoluciones. Es una virtud que produce en nosotros una nueva confianza tanto en el presente como en los días venideros. Eso es así simplemente porque es una virtud enraizada en un entendimiento de la buena providencia de Dios y en las riquezas del pacto de Su gracia.

Nosotros más que nadie, que fuimos traídos de muerte a vida, que fuimos traídos desde el fin de nosotros mismos al umbral de la eternidad, nosotros más que nadie entendemos esto. Esto es, de hecho, la esencia misma del evangelio. La crucifixión no es la terminación de la obra mediadora de Cristo, sino la conjunción de dos comienzos: la encarnación y la resurrección. Es el eje de la civilización que delimita una nueva creación: «Las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas» (2 Co 5:17).

Así que ahora somos un pueblo innatamente optimista, siempre comenzando de nuevo, afirmando nuestra fe en pleno acuerdo con los patriarcas y la patrística: «Ahora bien, la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve» (Heb 11:1).

De modo que, por ejemplo, toda conversación respecto a la educación es para nosotros un recordatorio de que apenas hemos comenzado a aprender a cómo aprender. Es una afirmación de que aunque nuestra magnífica herencia nos ha dado a conocer las espléndidas maravillas de la literatura y el arte y la música y la historia y la ciencia y las ideas en el pasado, apenas comenzamos a conocerlas y que una aventura de toda una vida en estos vastos y portentosos escenarios aún nos espera. De hecho, las lecciones más valiosas que la educación puede transmitir son siempre las lecciones que nunca terminan. Eso es, en realidad, el corazón de la filosofía cristiana en cuanto a la educación.

Por lo tanto, la excelencia educativa desde una perspectiva bíblica no tiene tanto que ver con la cantidad de datos acumulados en la cabeza de un estudiante, sino con la forma de pensar y actuar entretejida en la vida de un estudiante. Ese es el gran legado de la cristiandad.

Lamentablemente, esta no es una perspectiva particularmente popular en estos días. El trabajo duro y la disciplina sustancial necesaria para el aprendizaje de por vida no están en boga. Representan arcaísmos, que hace mucho tiempo fueron dejados en el polvo del tiempo por los nuevos artilugios de la contemporaneidad industrial y la modernidad progresiva.

Considera la lectura, por ejemplo. Mucho antes de que la pesadilla de la televisión invadiera cada una de nuestras vigilias, C.S. Lewis comentó que aunque la mayoría de la gente en las culturas industriales modernas son al menos marginalmente capaces de leer, simplemente no lo hacen. En su sabio y maravilloso libro An Experiment in Criticism [Un experimento en criticismo] escribió: «La mayoría, aunque a veces son lectores frecuentes, no le dan mucha importancia a la lectura. Ellos recurren a ella como el último recurso. La abandonan con diligencia tan pronto como aparece cualquier pasatiempo alternativo. Está reservada para viajes en tren, enfermedades, momentos extraños de soledad forzada o para el proceso llamado “leer hasta quedarnos dormido”. A veces la combinan con conversaciones aleatorias; a menudo, mientras escuchan la radio. Pero la gente que ama la literatura está siempre buscando tiempo libre y quietud para leer, y lo hace con toda atención. Cuando se les niega un tiempo de lectura dedicado y sin interrupciones, incluso por unos días, se sienten empobrecidos».

Además, Lewis admitió que hay un profundo desconcierto por parte de la masa de la ciudadanía sobre los gustos y hábitos de los letrados: «Es bastante claro que la mayoría, si hablaran sin pasión y fueran totalmente elocuentes, no nos acusarían de que nos gustan los libros equivocados, sino de hacer tanto alboroto por cualquier libro en absoluto. Consideramos como ingrediente principal de nuestro bienestar algo que para ellos es marginal. Por lo tanto, decir simplemente que a ellos les gusta una cosa y a nosotros otra es dejar fuera casi todos los hechos».

Todo esto no implica ningún indicio de vileza moral por parte de la bohemia moderna; más bien, es reconocer la simple realidad del enorme abismo que existe entre los que leen y los que no, entre los muchos populares y los pocos peculiares. Es para reconocer que la educación exige lo segundo, manteniendo al mismo tiempo una firme incompatibilidad con lo primero.

Y ahí está el problema. Queremos tener nuestro pastel y comerlo también; una perspectiva tan improbable como un avistamiento de Elvis, una reunión de los Beatles o que una buena legislación salga de Washington.

El problema de la lectura seria es parte integral de virtualmente todos los otros problemas de la modernidad: la lectura seria es a menudo un trabajo laborioso que requiere una disciplina inquebrantable, y si hay algo a lo que los modernos tenemos aversión, es al trabajo disciplinado. En esta extraña época de «a quién le pueda interesar» y de «todo al instante», llena de comidas en el microondas, edificios prefabricados, ventanas de autoservicio, aprobaciones de crédito sin esperas y fórmulas de entretenimiento predigeridas, tendemos a querer reducirlo todo al nivel del menor común denominador y al más rápido plazo de entrega, que parece ser cada vez más bajo y cada vez más rápido con cada día que pasa.

Incluso la Iglesia ha sido presa de este «espíritu de los tiempos». Si realmente dependiera de nosotros, no querríamos que la adoración fuera tan terriblemente exigente. No quisiéramos una doctrina que desafíe nuestros conceptos favoritos. Solo quisiéramos la música con la que nos sentimos cómodos. Solo nos interesa una predicación que nos tranquilice, que refuerce nuestras preferencias particulares, que nos dé una sensación de serenidad… y todo en un tiempo récord. Queremos un cambio rápido; una gracia barata; banalidades inspiradoras; una teología de calcomanías para autos; una fe fácil. Queremos un cristianismo ligero. Queremos las lindas noticias, no necesariamente las buenas nuevas.

Por las mismas razones, cuando leemos preferimos la literatura chatarra. Los hechos predigeridos del USA Today son mucho más fáciles de tragar que el Magnalia Christi Americana de Cotton Mather. Acéptalo, Dan Brown, Danielle Steele y Tom Clancy son más fáciles de digerir que Abraham Kuyper, Thomas Chalmers y Merle d’Aubigne. La lectura es una disciplina, y toda disciplina es difícil. Sin embargo, así es como es con cualquier cosa que valga la pena en realidad.

En su destacado libro The Moral Sense [El Sentido Moral] James Q. Wilson señala ese punto con gran claridad. Él argumenta que «las mejores cosas de la vida» siempre «nos cuestan algo». Debemos sacrificarnos para alcanzarlas, para lograrlas, para mantenerlas e incluso para disfrutarlas.

Esa es una de las lecciones más importantes que podemos aprender en la vida. Es el mensaje que sabemos debemos inculcar en nuestros hijos: la paciencia, el compromiso, la diligencia, la constancia y la disciplina al final dará sus frutos si estamos dispuestos a aplazar la gratificación lo suficiente como para que las semillas que hemos sembrado germinen y produzcan fruto.

Un enfoque frívolo, superficial e impreciso a cualquier cosa —ya sea los deportes, los estudios, los negocios o el matrimonio— es en última instancia contraproducente. Es poco probable que satisfaga cualquier apetito, al menos, no por mucho.

Fue el abandono moderno de este tipo de excelencia educativa, este patrón de aprendizaje de por vida que provocó que G.K. Chesterton comentara: «La gran tradición intelectual que nos llega del pasado nunca se interrumpió o perdió a causa de nimiedades como el saqueo de Roma, el triunfo de Atila o todas las invasiones bárbaras de la Edad Media. Se perdió después de la introducción de la imprenta, el descubrimiento de América, la llegada de las maravillas de la tecnología, el establecimiento de la educación universal y toda la iluminación del mundo moderno. Fue allí, si acaso, donde se perdió o quebró con impaciencia el largo, delgado y delicado hilo que había descendido desde la lejana antigüedad; el hilo de ese inusual pasatiempo humano: el hábito de pensar».

Si queremos evitar la tendencia de la modernidad maligna, si queremos recuperar nuestra herencia cristiana en la educación, si queremos transmitir esa herencia a nuestros hijos y nietos, si queremos emprender el inicio de comienzos interminables, entonces debemos volver a las tontas certezas de la experiencia de la cristiandad: la excelencia educativa es trabajo duro, y exige una visión para el aprendizaje a lo largo de toda la vida.

Este artículo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
George Grant
George Grant

George Grant es el pastor de Parish Presbyterian Church (PCA), el fundador de Franklin Classical School, Chalmers Fund, y King’s Meadow Study Center, y el autor de más de 70 libros.

Nuestra vida es como un barco

Jueves 1 Julio

Claman al Señor en su angustia… cambia la tempestad… Luego se alegran, porque se apaciguaron; y así los guía al puerto que deseaban. Salmo 107:28-30

¿Quién es este, que aun el viento y el mar le obedecen? Marcos 4:41

Nuestra vida es como un barco

Nuestra vida se parece a una travesía por el mar, a veces es tranquila y a veces peligrosa. La navegación empieza cerca de las costas, en un canal más o menos demarcado. Así el barco dispone de puntos de referencia seguros, salvo cuando hay niebla.

No todos los niños tienen el privilegio de vivir sus primeros años en un ambiente tierno, rodeados de amor. Pero todos deben enfrentar las olas de la adolescencia y el mar abierto, desconcertante, inquietante, cuando el horizonte se confunde con el mar. Entonces la naciente libertad da una sensación de vértigo. Los vientos y las corrientes traicioneras pueden hacer naufragar, sin que los percibamos inmediatamente. ¡Cuántas voces y religiones diversas hay en este mundo! ¿Cómo encontrar el camino en este universo peligroso?

Los navegantes siempre han tenido un sistema de referencia fijo, basado en las estrellas. Con los instrumentos adecuados pueden hacer un control y mantener el rumbo guiados por la brújula. Para dirigir nuestra vida en la tierra, ¿cuál es la única referencia segura? La Biblia, la Palabra de Dios: ella es “lámpara” a mis pies “y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105).

Incluso en la tormenta, lejos de todo punto de referencia, la Biblia es como una radio que mediante un satélite conecta al navegante en dificultad con el mundo de los vivos. Nos dice que Dios “es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones” (Salmo 46:1). Él siempre está listo para dialogar con cada persona desorientada que lo busca.

Daniel 4:1-18 – 1 Juan 2:18-29 – Salmo 78:21-31 – Proverbios 18:13

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La parábola de la viuda y el juez injusto

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Las parábolas de Jesús

La parábola de la viuda y el juez injusto

Benjamin L. Gladd 

Nota del editor: Este es el décimo primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las parábolas de Jesús.

A primera vista, la parábola de la viuda y el juez injusto (Lc 18:1-8) nos parece extraña, y no son pocos los pastores y laicos luchan por comprenderla. Pero la parábola, una vez entendida en su contexto, tiene un sentido maravilloso e insta al pueblo de Dios a seguir adelante en la fe.

En el contexto, estamos cerca del final de un largo viaje a Jerusalén, una travesía que ocupa casi un tercio del Evangelio de Lucas (9:51–19:44). La parábola llega inmediatamente después del discurso de Jesús sobre Su regreso como el Hijo del Hombre, un evento que ocurrirá al final de la historia (17:20-37). Durante el período entre la primera y la segunda venida de Cristo, la comunidad del pacto soportará grandes dificultades y persecución, por lo que la parábola motiva a los creyentes a perseverar. A diferencia de otras parábolas en el Evangelio de Lucas, la parábola de la viuda y el juez injusto está precedida por una declaración de propósito: «que ellos [los discípulos] debían orar en todo tiempo, y no desfallecer» (18:1; ver 5:36; 6:39; 12:16; 13:6). La expresión «desfallecer» [o «desmayar»] aparece a menudo en el Nuevo Testamento en el contexto de soportar la persecución de los últimos tiempos. Por ejemplo, Pablo le dice a la iglesia de Éfeso «no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, porque son vuestra gloria» (3:13; ver también 2 Co 4:1,16; Gál 6:9; 2 Tes 3:13). 

La fe es ciertamente un don de Dios, un acto de pura gracia, pero la fe verdadera siempre va acompañada de obras fieles.

En general, el fluir de la parábola es bastante sencillo: una viuda suplica resueltamente a un juez pagano que le haga justicia. Casi todos los detalles de la parábola son vagos; no sabemos nada sobre cómo o por qué la viuda fue agraviada, nada sobre su «adversario» ni sobre dónde ocurrió esto excepto «en cierta ciudad» (Lc 18:2). Pero aprendemos algo sobre la naturaleza del juez, que «ni temía a Dios ni respetaba a hombre alguno» (v. 2) y, debido a la insistencia de la viuda, emitió un veredicto favorable (v. 5). 

La parábola gira en torno a dos temas clave: la justicia y la perseverancia. Lucas se esfuerza por resaltar la condición de incredulidad del juez. ¿Por qué? La idea es que si un juez que es injusto puede dictar un veredicto favorable como resultado de la persistencia, ¿cuánto más lo hará un juez justo? Encontramos las formas sustantivas y verbales de la palabra «justicia» a lo largo de la parábola, en los versículos 3, 5, 7 y 8. Sin embargo, no es la forma genérica de «justicia». El término que se usa aquí se encuentra en varios pasajes que describen actos de retribución o venganza: justicia para una persona que ha sido victimizada. Por ejemplo, en Hechos 7:24, Esteban relata un evento de la vida de Moisés: «al ver que uno de ellos era tratado injustamente, lo defendió y vengó al oprimido matando al egipcio» (ver Ex 2:11-12). Las palabras aquí para «tratado injustamente» y «vengó» se derivan de las mismas que encontramos en Lucas 18:3 (ver también Rom 12:19; 13:4; Heb 10:30; 1 Pe 2:14; Ap 6:10). La viuda de la parábola, entonces, busca retribución y vindicación. Ella desea que el juez castigue a quien la ha agraviado injustamente. 

Haríamos bien en considerar cómo encaja esta parábola en el contexto más amplio de Lucas 17–18. En los pasajes anteriores, mucho de lo que Jesús enseña se refiere a la perseverancia de los creyentes antes de Su segunda venida (17:22-37). A medida que se desarrolla la historia, aumenta la hostilidad entre el pueblo de Dios y el mundo. Vivimos en los «últimos días», un período de tiempo que está extrañamente marcado por la presencia del Reino de Dios y la tribulación (Mt 13:24-50). Participar del Reino inevitablemente resulta en grandes dificultades y persecución. Los verdaderos creyentes deben estar dispuestos a perder sus vidas por el bien del Reino (Lc 17:33). Serán agraviados y el mundo hará lo peor. Pero porque la viuda perseveró, el juez la vengó. Porque los verdaderos creyentes perseveran con fe, Dios promete vengarlos. La fe es ciertamente un don de Dios, un acto de pura gracia (Ef 2:8-9), pero la fe verdadera siempre va acompañada de obras fieles (Stg 2:14-26). Quizás uno de los pasajes más parecidos a la parábola de la viuda es el del quinto sello en Apocalipsis 6:9-10, En el que los santos muertos por causa de la Palabra claman a Dios en el cielo: «¿Hasta cuándo, oh Señor santo y verdadero, esperarás para juzgar y vengar nuestra sangre de los que moran en la tierra?». Mientras anhelamos con los santos celestiales que Dios derrame Su justicia sobre el mundo, Él nos recuerda una cosa: que «[descansemos] un poco más de tiempo» (v. 11).

Este artículo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Benjamin L. Gladd
Benjamin L. Gladd

El Dr. Benjamin L. Gladd es profesor asociado de Nuevo Testamento en el Reformed Theological Seminary en Jackson, Mississippi. Es autor o coautor de varios libros, entre ellos From Adam and Israel to the Church [Desde Adán e Israel hasta la Iglesia].

El alivio del cielo en la ira venidera

Soldados de Jesucristo

Junio 30/2021

Solid Joys en Español

 El alivio del cielo en la ira venidera

John Piper

John Piper

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EL ENEAGRAMA Y LA SANACIÓN INTERIOR

Lumbrera

EL ENEAGRAMA Y LA SANACIÓN INTERIOR

PSICO-HEREJÍA EN LA IGLESIA

Dr. Craig Nelson

Dentro de la iglesia ha habido una gran afluencia de psicología humana mezclada con la Escritura. Esto ha resultado en una comprensión complicada de la mente y el corazón humanos, ya que se examinan y estudian desde la perspectiva del hombre, en lugar de desde la de Dios.

El Sistema Eneagrama de la tipificación de la personalidad ha aumentado en popularidad entre los cristianos estadounidenses, especialmente entre los jóvenes que están culturalmente inmersos tanto en las prácticas de la doctrina y el dogma de la iglesia como en el mundo secular, y no están contentos con lo que la Biblia dice sobre el corazón humano y sus líneas morales duras percibidas basadas en la interpretación literal de la Escritura.

Un número creciente de cristianos quieren que todas las personas sean consideradas buenas por Dios y tienen problemas para aceptar la enseñanza de que el corazón de cada ser humano es “engañoso sobre todas las cosas y desesperadamente malo” porque nacieron con una naturaleza pecaminosa y se volvieron totalmente depravados como resultado de la caída de Adán y Eva en el Jardín del Edén (Jer 17:9 NLT, véase también Gen 3). Este pensamiento ha llevado a explorar su ser interior, aparte de lo que dice la Biblia, para identificar y entender su tipo de personalidad para que puedan descubrir lo que los hace hacer las cosas que hacen para que puedan encontrar caminos hacia la integridad y la sanación interior, y experimentar la vida más abundantemente.

El eneagrama es una figura geométrica compuesta por un círculo con nueve puntos a lo largo de la circunferencia, del que se dibuja un triángulo y un hexágono irregular. Cada número representa un tipo de personalidad, y las líneas indican direcciones de integración y desintegración. Algunos creen que el Eneagrama puede mejorar la participación de un cristiano en la santificación progresiva normal a medida que crece en gracia y verdad.

El Eneagrama es relativamente nuevo para el mundo occidental. La primera mención del Eneagrama se encuentra en los escritos del ocultista ruso P. D. Ouspensky. Fue estudiante del ocultista grecoamericano George Ivanovitch Gurdjieff, que trajo el Eneagrama a Europa en la década de 1920. 1. Gurdjieff dijo que se originó hace unos 2500 años en una escuela de sabiduría babilónica. Enseñó que cada persona nace con un “tipo de cuerpo planetario” con rasgos físicos y psicológicos específicos. Él creía que las características físicas y psicológicas de una persona están relacionadas con una glándula endocrina dominante y con influencias planetarias en esa glándula, lo que implica el Eneagrama con la astrología babilónica, ya que esas características se significarían con un punto en el Eneagrama.

El uso del Eneagrama por parte de Gurdjieff también es paralelo al “Árbol de la Vida” de la cábala esotérica del misticismo judío. Gurdjieff usó los elementos esotéricos del Eneagrama con sus estudiantes, pero no formalizó el sistema en forma escrita. Por lo tanto, otros tomaron esta tarea sobre sí mismos.

Oscar Ichazo comenzó a enseñar el Eneagrama en Bolivia en la década de 1960 y trajo su versión de los nueve tipos de personalidad a los Estados Unidos en 1971 como parte de su formación en Arica. Afirma haber aprendido el Eneagrama directamente de los maestros sufíes en Pamir antes de leer nada de Gurdjieff.2 El entrenamiento de Arica de Ichazo combina el misticismo oriental y la psicología occidental. Los nueve puntos en la circunferencia del círculo se utilizan para analizar los tipos de ego para obtener una mayor conciencia y alcanzar un estado de conciencia más alto.5

El moderno sistema de eneagrama utilizado hoy en día fue diseñado por Claudio Naranjo, un psiquiatra chileno, que admite abiertamente que obtuvo toda su información sobre los nueve tipos de personalidad al hacer escritura automática y canalización de trance.3 Naranjo aprendió el sistema de Ichazo y enseñó el eneagrama en Esalon, un potencial humano, centro de la Nueva Era en California. Entre sus estudiantes había varios sacerdotes jesuitas que comenzaron a incorporar el Eneagrama en su asesoramiento y en su propia vida personal.5 Como resultado, la popularidad del Eneagrama se ha extendido rápidamente entre los católicos romanos. De hecho, dos de los libros más leídos sobre el tema están escritos por un ex sacerdote jesuita, Don Richard Riso.6

Aunque la figura geométrica del Eneagrama sigue siendo la misma, las versiones de la tipología de personalidad del Eneagrama difieren entre varios maestros. Riso sostiene que su “interpretación del Eneagrama… difiere del enfoque de Ichazo en varios puntos importantes”. 7 Helen Palmer, otra defensora del Eneagrama, dirigió seminarios y escribió libros, que también revelaron un énfasis y dirección diferentes. Su editor dice: “La Sra. Palmer ha desarrollado teorías sobre el uso del Eneagrama para entender la personalidad humana y su relación con aspectos de la conciencia superior que son diferentes y distintos de los expuestos por el Sr. Ichazo. 8

La promesa de sus promotores cristianos es que ayudará a transformar al creyente a la imagen y semejanza de Jesús. Se enseña, usando el lenguaje de la autoaceptación, que el Eneagrama es comprometerse amorosamente con los defectos de uno, siguiéndolos como migas de pan para redescubrir lo mejor en ellos. Se cree que sus imperfecciones (también conocidas como pecados) son una sombra de su bondad, en lugar de signos de una maldad heredada intrínseca porque son buenas desde el nacimiento, creadas por un Dios bueno, por lo que tienen la capacidad tanto para la bondad como para la angustia.

En una contradicción directa, Dios prometió transformar al cristiano nacido de nuevo por Su poder a través de la sangre derramada de Jesucristo. La Biblia ordena: “No os conforméis a este mundo, sino transformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que por medio de la prueba podáis discernir cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto” (Rom 12, 2).

Los primeros seres humanos fueron creados buenos y recibieron un libre albedrío por su Creador, por lo que tuvieron la opción de contentarse con Él, que es amor, o querer más. Cuando una persona nace de nuevo al aceptar y recibir a Jesucristo como su Señor y Salvador personal, es santificada posicionalmente ante Dios y considerada perfecta, santa y buena, al igual que los primeros humanos (Rom 1:7,8:28; 1 Cor 1:2). Su condición cambia todos los días en base a las buenas y malas decisiones que toman, pero su posición ante Dios sigue siendo la misma que Él santifica su condición diariamente (Heb 10:14). La verdad más profunda sobre la bondad de Dios es que Él sabe todo sobre nosotros y, sin embargo, todavía nos ama de todos modos.

El hecho es que SÓLO la Palabra escrita de Dios, la Biblia, es suficiente para ayudar al cristiano nacido de nuevo a crecer en piedad (2 Tim 3:17). Implicar lo contrario es declarar que la Biblia es insuficiente. Ningún cristiano debe buscar ser transformado por nada (o nadie) excepto el Espíritu Santo.

El cristiano nacido de nuevo está llamado a negarse a sí mismo y seguir a Jesús diariamente. El Eneagrama está en última instancia auto-enfocado. Crea un marco para identificarse en una prueba en lugar de en Jesús. Ese es el problema central de la raza humana y por qué Jesús se hizo humano y derramó Su sangre para que el cristiano nacido de nuevo pueda ser transformado y renovado diariamente muriendo diariamente a sí mismo, ¡sin descubrirlo! La Palabra de Dios, a través del Espíritu Santo, revela el corazón de cualquiera abierto a la verdad. ¡El cristiano nacido de nuevo ya tiene todo lo que necesita para la vida y la piedad! (2 Pedro 1:3).

El Eneagrama es un instrumento no probado, y se ha abierto al error teológico, al mal uso social y psicológico. La falta de investigación científica significa que no hay controles para determinar quién es realmente un experto, ni qué consejo es útil o perjudicial, ni si los objetivos del sistema de eneagramas son sólidos.

Las preguntas que hay que hacer es si se debe usar el sistema de eneagrama son:

¿Puede una herramienta del ocultismo ser un instrumento que tenga la capacidad de sanar o hacer daño?

Cuán peligrosas son las prácticas derivadas de orígenes ocultos y consideradas una abominación para el Señor?

Tal vez la mejor pregunta que hacer es:

¿Puede un cristiano usar el Eneagrama para glorificar a Dios y crecer a la semejanza de Cristo?

El Eneagrama no emanaba de la Palabra de Dios. Aunque ayuda a obtener algo de autoconocimiento, no es beneficioso para el crecimiento espiritual. La Biblia proporciona todas las necesidades cristianas de vida y piedad (2 Pedro 1:3).

El Eneagrama es puro y simplemente otro evangelio de psico-herejía que viene directamente del misticismo y lo oculto. Su propósito es dar una idea de que solo la Biblia tiene la autoridad suficiente para proporcionar. Es un camino demoníaco de santificación falsa. Las raíces ocultas de este sistema nunca se han demostrado como falsas y nunca se pueden purgar o redimir completamente. NUNCA perteneció a Dios. Ese es el problema central de la raza humana y por qué Jesús se hizo humano y derramó Su sangre para que el cristiano nacido de nuevo pueda ser transformado y renovado diariamente muriendo diariamente a sí mismo, sin descubrirlo. El Espíritu Santo no necesita nada como el Eneagrama para revelar el corazón de una persona para que pueda volverse más consciente de sí misma.

Escrituras: 1 Tesalonicenses 5:24, 2 Corintios 10:5, 2 Corintios 3:18, 2 Corintios 4:16, 2 Corintios 5:14-15, 2 Pedro, Colosenses 3:1-2, Colosenses 3:5-6, Isaías 43:25, Jeremías 17:9, Juan 10:2-5, Juan 15:5, Juan 16:13, Juan 17:17, Juan 8:34-36, Lucas 5:31-32, Mateo 1:18-22, Mateo 26:28, Mateo 4:17, Filipenses 1:6, Filipenses 3:13-14, Romanos 10:8, Romanos 16:17-18, Romanos 7:14-20

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Reconociendo y manejando sabiamente nuestras emociones

Soldados de Jesucristo Blog

Reconociendo y manejando sabiamente nuestras emociones

Por Randy Alcorn

Todo ser humano es un ser emocional, pero a algunos cristianos se les ha enseñado que las emociones fuertes son categóricamente pecaminosas y, por tanto, inaceptables. En sí mismas, las emociones no son ni buenas ni malas, simplemente existen. Los asuntos sobre el bien y el mal se relacionan con la forma en que manejamos nuestras emociones.

Los sentimientos no son parte de la maldición; son parte de cómo Dios hizo a los seres humanos desde el principio. Nuestras emociones actuales están torcidas por el pecado, pero serán corregidas para siempre cuando Dios elimine la maldición.

Negar que tus emociones existen agudiza el estrés. Sentirte culpable por tus emociones magnifica el estrés. Dios nos creó como seres racionales y emocionales. Sentimos porque Él nos hizo para experimentar sentimientos. Así que date el permiso de sentir porque Él te hizo para ello.

Acepta la responsabilidad de tus sentimientos

“No puedo evitar como me siento”. No directamente, tal vez no puedes hacer que la preocupación, la ira y el miedo desaparezcan sólo deseando que lo hagan. Pero puedes centrarte en los pensamientos correctos y bloquear los incorrectos. Puedes hacer las cosas correctas y abstenerte de hacer las incorrectas. Y si lo haces, tus sentimientos acabarán cambiando, o al menos se controlarán.

Si te desentiendes de tus sentimientos y dejas que dominen tus pensamientos y acciones, estarás fuera de control. Y nadie experimenta el estrés como la persona que ha renunciado al control.

Jerry Bridges aconsejó sabiamente: “No debemos permitir que nuestras emociones dominen nuestras mentes. Más bien, debemos dejar que la verdad de Dios gobierne nuestras mentes. Nuestras emociones deben estar subordinadas a la verdad”.

Exprese sus sentimientos

¿Te has fijado alguna vez en la válvula de seguridad que hay en la parte superior de tu calentador de agua? Está ahí para liberar el exceso de presión. Si no estuviera ahí, el calentador podría explotar.

La expresión es nuestra válvula de seguridad. La incapacidad de expresar las emociones nos deja embotellados, listos para explotar y, en el proceso, listos para dañar no sólo a nosotros mismos sino a los que nos rodean.

Todo el mundo necesita unos cuantos amigos íntimos con los que hablar abiertamente. Cuando se comparten las emociones, es apropiado compartir los miedos, las heridas e incluso la ira, siempre que se tenga cuidado de no culpar o incriminar a los demás. También puede ser útil escribir un diario con tus pensamientos y sentimientos.

Los estudios confirman que el llanto puede ayudar a liberar las emociones reprimidas. A menudo es cierto el viejo dicho: “Me sentiré mejor después de un buen llanto”. Algunas mujeres y la mayoría de los hombres tienen un desafortunado estigma sobre las lágrimas. Pero recuerde que Dios, no Satanás, creó esos conductos de lágrimas. Llorar es un alivio natural del estrés. Utilízalo.

Haz lo que es correcto, y abraza la verdad de Dios, a pesar de tus sentimientos

No tenemos que sentirnos de cierta manera para hacer lo que es correcto, y para amar a Dios y a los demás.

Tal vez usted lucha con el resentimiento hacia un amigo. Envíale una nota de ánimo. Tus sentimientos acabarán por seguir el camino trazado por tu voluntad. ¿Tienes problemas con una persona en particular? Yo lo tuve, con alguien que sentía que me había perjudicado. Pero cuando oraba por ellos con regularidad, mi actitud hacia ellos cambió. Llegué a buscar realmente su felicidad y a desear su éxito.

John Piper escribe en Finally Alive (Finalmente vivo): ¿Qué sucede cuando nacemos de nuevo?

Mis sentimientos no son Dios. Dios es Dios. Mis sentimientos no definen la verdad. La palabra de Dios define la verdad. Mis sentimientos son ecos y respuestas a lo que mi mente percibe. Y a veces muchas veces mis sentimientos no están sincronizados con la verdad. Cuando eso sucede ―y sucede todos los días―, en alguna medida trato de no torcer la verdad para justificar mis sentimientos imperfectos, sino que le suplico a Dios: “Purifica mis percepciones de tu verdad y transforma mis sentimientos para que estén en sintonía con la verdad”.

Nuestros sentimientos, por muy reales que sean, deben señalar nuestra necesidad de que la verdad de la Palabra de Dios guíe nuestro pensamiento. Los caminos hacia nuestro corazón pasan por nuestra mente. La verdad importa. Cree en Cristo y medita en las Escrituras, no en cómo te sientes, y finalmente, Dios cambiará cómo te sientes.

Randy Alcorn

Randy Alcorn

Andy Alcorn es autor de más de cincuenta libros y el fundador y director de Eternal Perspective Ministries. ¡Ama a Jesús, a su esposa Nanci, y sus hijas, hijos y cinco nietos!

Nuestra misión es predicar el Evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo por todos los medios online, a todo el mundo.Contáctanos: contacto@sdejesucristo.org

21 – AGUA, TIERRA y CIELO

Sabiduría para el Corazón

Serie: ESTUDIO DE JOB

21 – AGUA, TIERRA y CIELO

Stephen Davey

VISITE NUESTRA PÁGINA: https://www.sabiduriaespanol.org

Texto: Job 38:1-18 Dios lleva a Job por un tour a través del cielo, la tierra, y el mar. En este programa, asómbrese junto a Job al conocer el control de Dios sobre los fenómenos climáticos y Su poder creativo en este universo tan complejo. Y al reflexionar en todo esto, encontraremos esperanza, gozo, paz, y seguridad en nuestro Soberano Señor.  Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin. Este ministerio se sostiene gracias a las oraciones y ofrendas de sus oyentes. Si quisiera ofrendar a este ministerio puede hacerlo en nuestra página

https://sabiduriaespanol.org/ofrendar/MOSTRAR MENOS

Nada menos que la Palabra de Dios

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Nada menos que la Palabra de Dios

R.C.Sproul

¿Cuál es el papel principal que cumplen los milagros?

En este breve vídeo, R.C. Sproul examina el libro de Hebreos para considerar cómo las obras milagrosas de Dios se relacionan con Su Palabra.

Transcripción

Ahora vamos al libro de Hebreos en el Nuevo Testamento. Y leemos en el segundo capítulo estas palabras:

Por tanto, debemos prestar mucha mayor atención a lo que hemos oído, no sea que nos desviemos. Porque si la palabra hablada por medio de ángeles resultó ser inmutable, y toda transgresión y desobediencia recibió una justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande? La cual, después que fue anunciada primeramente por medio del Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, tanto por señales como por prodigios y por diversos milagros y por dones del Espíritu Santo según Su propia voluntad.

A menudo pensamos en dar testimonio como algo que solo nosotros hacemos, que es nuestra tarea dar testimonio de Cristo o dar testimonio de Dios. Pero Dios dio testimonio de Jesús y la forma en que Él dio testimonio de Jesús fue con milagros.

John Locke, el filósofo británico, dijo una vez que la función principal, no la única función, pero la función principal del milagro en la Biblia es de dar crédito al autor. Es decir, para demostrar la veracidad de la persona que los está haciendo, para certificar que
esta persona era aprobada por Dios y que estaba hablando la verdad de Dios.

Esa es la razón por la que debemos ser muy, muy cuidadosos acerca de nuestra comprensión de los milagros. Porque aparte de las otras funciones que ellos tienen de aliviar el sufrimiento y cosas así, en los tiempos bíblicos uno de los propósitos principales del milagro era probar que esa persona era un agente de revelación, que era alguien hablando nada menos que la Palabra de Dios.

Ministerios Ligonier
Ministerios Ligonier

Somos la confraternidad de enseñanza del Dr. R.C. Sproul. Existimos para proclamar, enseñar y defender la santidad de Dios en toda su plenitud a tantas personas como sea posible. Nuestra misión, pasión y propósito: ayudar a las personas a crecer en su conocimiento de Dios y Su santidad.

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.