La perspicuidad de las Escrituras

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La perspicuidad de las Escrituras

Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie «Las duras declaraciones de Jesús», publicada por Tabletalk Magazine.

Una de las partes más importantes, pero a menudo la más olvidada, de nuestro orden de servicio en Saint Andrew’s Chapel es la oración de iluminación. En nuestra liturgia, la oración de iluminación se sitúa entre la lectura de la Escritura y el sermón. En nuestra oración, pedimos humildemente a Dios que ilumine Su Palabra para nosotros por el Espíritu Santo para que podamos escuchar, entender y aplicar correctamente lo que el Señor nos dice en Su Palabra. La razón por la cual es uno de los elementos más importantes de nuestro servicio es porque necesitamos desesperadamente que el Espíritu Santo nos ayude a entender Su Palabra. La razón por la que es quizás la parte más pasada por alto de nuestro culto es porque olvidamos con demasiada facilidad lo dependientes que somos del Espíritu Santo para ayudarnos a captar las gloriosas verdades de la sagrada Palabra de Dios.

Cuando decimos que creemos en la perspicuidad de las Escrituras, la gente a veces tiene la impresión equivocada de que estamos implicando que todo en las Escrituras es completamente claro y fácil de entender.

El Espíritu Santo mora en nosotros y nos permite interpretar y aplicar Su Palabra, y es el Espíritu Santo quien nos conduce a toda verdad. Somos totalmente dependientes del Espíritu Santo. Sin Él, no podemos entender correctamente nada en Su Palabra. No necesitamos ser grandes eruditos para entender la Palabra de Dios, simplemente necesitamos ser niños nacidos de nuevo y humildes, en quienes habita el Espíritu Santo. Sin embargo, incluso como creyentes, sabemos que no todo en la Escritura es fácil de entender.

En teología, hablamos de la perspicuidad de la Escritura. La palabra perspicuidad, en pocas palabras, significa «claridad». Curiosamente, la palabra perspicuidad es una de las palabras más confusas que podríamos usar para hablar de claridad. Es más, cuando decimos que creemos en la perspicuidad de las Escrituras, la gente a veces tiene la impresión equivocada de que estamos implicando que todo en las Escrituras es completamente claro y fácil de entender. Pero ese no es el caso. Lo sabemos por experiencia y porque la misma Palabra de Dios nos dice que no todo en ella es fácil de entender. La Confesión de Fe de Westminster (1.7) explica lo que creemos cuando hablamos de la perspicuidad de las Escrituras: «Todas las cosas en las Escrituras no son igualmente evidentes en sí mismas, ni igualmente claras para todos. Sin embargo, todas aquellas cosas que son necesarias obedecer, creer y observar para la salvación están claramente propuestas y expuestas en uno u otro lugar de las Escrituras, para que no solo los eruditos, sino también los que no son eruditos lleguen a una comprensión suficiente de ella mediante el debido uso de los medios ordinarios». En otras palabras, no todo en la Escritura es fácil de entender, pero lo que debemos entender para ser salvos es claro. Las declaraciones duras de Jesús no sólo se encuentran en los Evangelios, sino en toda la Escritura, ya que Jesús es el autor definitivo de la Escritura en Su calidad de Verbo eterno de Dios.

Fundamentalmente, lo que es tan difícil acerca de las duras declaraciones de Jesús no es nuestra incapacidad de entenderlas plenamente, sino de creerlas plenamente y obedecerlas plenamente. Es por eso que necesitamos la obra iluminadora del Espíritu Santo para ayudarnos no solo a entender la Palabra de Dios, sino también a obedecerla, amarla, aplicarla y proclamarla al vivir coram Deo, ante el rostro de Dios, para Su gloria.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

Jul 1 – ¿Has orado por eso?

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 1 – ¿Has orado por eso?

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/has-orado-por-eso/

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Algunas de nosotras estamos luchando con Dios. Quizás tú podrás estar luchando con Dios por una situación en tu vida o en tu hogar o en tu iglesia. Y está bien luchar, siempre y cuando llegues al punto de abrazar y aferrarte fuertemente por la fe.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh Demoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Es Dios realmente bueno? ¿Realmente existe? Si Él de verdad existe, ¿por qué pasan cosas malas? Parece que muchas mujeres están haciéndose preguntas como éstas. Pero el concepto no es nuevo.

Un profeta bíblico también tuvo algunas preguntas muy serias acerca de la bondad de Dios. Conoceremos más sobre esto a medida que Nancy inicia un estudio llamado: Habacuc: del Temor a la fe.

Nancy: ¿Cuántas de ustedes dirían que tienen una situación en su vida sobre la cual han orado por un largo, largo tiempo y parece que nada está pasando? Si yo les pidiera que levantaran sus manos…puedo asumir que casi todas las manos se levantarían. Nada parece cambiar, y tal vez en esta situación te sientes desalentada. Te preguntas, «¿Por qué Dios no está haciendo nada para cambiar esta situación?»

Tal vez sea que tienes un hijo o una hija que está tomando malas decisiones, y tú has orado y orado y orado, pero parece que ellos se están alejando cada vez más, yendo en la dirección contraria.

Tal vez, como algunas mujeres que nos han escrito, tú tienes un esposo que está tomando decisiones insensatas – un esposo que es adicto a la pornografía, o hace cosas que tú sabes que no son bíblicas. Y aún así dice ser cristiano. Tú has orado, Señor, cambia su corazón. Señor, háblale. Señor, por favor cámbialo. Por favor haz algo con esto». Pero parecería que nada está pasando.

Tal vez hay un conflicto en tu iglesia; y hay dos grupos y parece que sigue y sigue. Tienes a los Pérez por un lado y a los González por el otro, y no hay forma de unir estas dos partes.

Tal vez te sientas como algunas mujeres que nos han escrito diciendo, «entre los cristianos que conozco hay mucha falta de santidad, vemos muchas elecciones incorrectas hechas por creyentes o por supuestos creyentes, vemos acciones que no son piadosas». Y tú sigues orando.

Una mujer mayor me dijo esta mañana, «He estado orando por avivamiento en mi iglesia por años». Durante todos esos años me ha parecido que nada está pasando. Hay mucha mundanalidad. Hay indiferencia hacia las cosas de Dios. No hay pasión por las cosas de Dios. Aún así ella ha estado orando, pero parece como si Dios no estuviera haciendo nada.

Tal vez has tenido una experiencia donde Dios estaba haciendo algo, y era obvio que era Dios, pero lo que Dios estaba haciendo no tenía ningún sentido para ti. Parecía que Él se estaba moviendo en la dirección contraria o moviendo las cosas en la forma contraria a como tú sentías que Él debía hacerlo.

De hecho, vi una encuesta en internet esta semana donde se le preguntó a varias personas, «¿Qué te gustaría preguntarle a Dios?» Surgieron diez preguntas que la gente quisiera preguntarle a Dios.

La pregunta número uno, como ya se imaginarán, fue, «¿por qué no detienes el dolor y el mal? ¿Por qué permites que estas cosas sucedan? ¿por qué permites que sucedan desastres? ¿Por qué Dios? Sabemos que Tu mano está sobre todo. Creemos que Tú eres Dios. Creemos que Tú eres todopoderoso pero hay cosas que no tienen sentido. ¿Por qué?»

En las próximas semanas, queremos llegar a conocer en las Escrituras a un hombre que tuvo muchas preguntas, un hombre que supo lo que era orar y orar y orar por algo y ver que no parecía ocurrir ningún cambio. De hecho, parecía que empeoraba, y cuando Dios finalmente se reveló a sí mismo, las respuestas de Dios no tuvieron ningún sentido para el razonamiento de este hombre.

El nombre de este hombre es Habacuc. Quiero pedirte que vayas en tu Biblia al libro de Habacuc. Puede que se encuentre en un lugar en tu Biblia donde las páginas tienden a pegarse; porque no es un libro que frecuentemente leamos. Está en el Antiguo Testamento, escondido en una sección de la Biblia que llamamos los Profetas Menores -no porque sean profetas poco importantes, sino porque son libros más pequeños.

Al final del Antiguo Testamento encontrarás el libro de Habacuc, y consta solo de tres capítulos. y te preguntarás, «¿cómo podemos pasar varias semanas viendo solo tres capítulos?» Bueno, espera y verás.

Ahora bien, estos tres capítulos del libro de Habacuc son realmente un intercambio íntimo entre el profeta Habacuc y Dios. De hecho, este es el único profeta del Antiguo Testamento donde el profeta nunca se ve hablándole al pueblo, en lugar de ello él habla solamente con Dios acerca de su perspectiva de la situación.

De manera que este intercambio que se da entre Habacuc y Dios es como si se leyera el diario de oración de Habacuc. Obtenemos un vistazo del corazón de este hombre. Pero también es como leer el diario de Dios porque obtienes un vistazo del corazón de Dios.

Habacuc mira a su alrededor en su tiempo, y él se abate. Él ve cosas que le preocupan. Él está abatido por el comportamiento poco piadoso de la gente que se llama a sí misma el pueblo de Dios. Así que él le hace unas preguntas a Dios, preguntas honestas, y él lucha con unas situaciones difíciles. Él explora el corazón y los caminos de Dios.

Permítanme darle una sinopsis del libro de Habacuc. Habacuc vivió aproximadamente 600 años antes de Cristo. Él fue contemporáneo de un hombre mucho más conocido para la mayoría de nosotras: Jeremías, al que conocemos como el profeta llorón, un profeta que tiene inquietudes muy similares a las de Habacuc.

Cerca de los años 600 a.C. – esto fue hacia finales del Imperio Asirio. Recuerden que los asirios conquistaron la nación de Israel, al norte en Palestina. El Imperio Asirio era la potencia mundial.

Pero en este mismo tiempo había una nueva potencia mundial emergiendo, estos eran los babilonios.

Dependiendo de tu traducción, en el libro de Habacuc podrás leer acerca de los babilonios o de los caldeos, se trata del mismo grupo de personas. Los caldeos, o los babilonios, apenas estaban emergiendo como una potencia mundial.

De hecho, en el 586 a.C. ellos conquistaron Judá llevándola cautiva. En este momento donde se encontraba Habacuc esto aún no había sucedido, pero va a ocurrir. Dios lo sabía y va a revelarle Sus planes a Su siervo Habacuc.

Así que se le revela a Habacuc lo que Dios va a hacer, y él interactúa con Dios. Él intercede. Él dice, «Dios, ¿por qué estás haciendo esto? Quiero conocer Tus caminos».

Verán en este libro que es correcto hacerle preguntas honestas a Dios, batallar con Dios, luchar con preguntas serias. En este proceso, si decidimos hacerle preguntas a Dios si hacemos esto honesta y humildemente, encontraremos que conoceremos algo sobre Dios que de otra forma nunca llegaríamos a saber.

Hay una progresión en el libro de Habacuc. Nosotras vemos esta progresión del capítulo uno al capítulo tres. Warren Wiersbe escribió un libro sobre el libro de Habacuc, y él lo tituló «De la Preocupación a la Adoración». Ese título describe la progresión que vemos en el libro – que va de la preocupación a la adoración.

Martyn Lloyd-Jones, un gran predicador de la generación pasada, también escribió un libro sobre Habacuc, y lo tituló «Del Temor a la Fe». De la preocupación a la adoración; del temor a la fe. Esta es la progresión que verán del capítulo uno al capítulo tres de Habacuc.

Así que espero que ustedes nos acompañen durante toda la serie porque si solo escuchan la primera parte, solo obtendrán la preocupación y el miedo. Pero queremos permanecer y seguir adelante hasta ver cómo Habacuc llega a un estado de adoración, de fe y de gozo.

Una de las cosas que amo del libro de Habacuc es que contiene semillas de muchas, muchas verdades y doctrinas del Antiguo Testamento, en tan solo estos tres cortos capítulos. De manera que vamos a ver muchas cosas, muchos conceptos que podrás leer en otras partes de las Escrituras, particularmente en el Nuevo Testamento… Aquí ustedes verán la semilla, tendremos un pequeño atisbo de estos conceptos en el libro de Habacuc.

En este libro también aprendemos mucho sobre el carácter de Dios, sobre sus caminos. Permítanme listarles algunos de los temas. He estado estudiando el libro de Habacuc durante los últimos meses, y estos son algunos de los temas que han surgido.

Dos temas importantes que corren paralelamente a través del libro son el juicio y la salvación. De hecho, al estudiar la Palabra de Dios, encontrarás que estos temas corren a través de todas las Escrituras. Donde veas a Dios juzgando, también verás a Dios salvando, porque no hay salvación sin juicio. Juicio y salvación.

Aprendemos mucho acerca del juicio de Dios, un tema que no es muy popular al día de hoy.

¿Por qué Dios juzga?

¿Cómo son Sus juicios?

¿Por qué debemos adorar a Dios por sus juicios?

Pero, alabado sea Dios… Él no es solo un Dios que juzga. Él es también un Dios salvador. Él es un Dios redentor. Un Dios que busca salvar a Su pueblo. Veremos unas verdades preciosas acerca de la salvación a medida que estudiamos juntas el libro de Habacuc.

Aprenderemos también muchas cosas acerca de Dios. A medida que leas el libro de Habacuc, o cualquier otro libro de las Escrituras, quiero animarte, a que escribas o te hagas una imagen mental de «¿qué es lo que Dios me quiere enseñar con esto?¿Qué me enseña este versículo acerca de Dios? ¿Qué me enseña este capítulo o este libro sobre Dios?»

Solo en el libro de Habacuc:

Veremos que Dios es eterno y lo que eso significa, veremos lo que esto implica.

Veremos que Dios es soberano.

Veremos la santidad de Dios. Habacuc pudo vislumbrar la maravillosa santidad de Dios.

Veremos el poder de Dios.

Veremos la ira de Dios.

Veremos la asombrosa misericordia de Dios.

Veremos mucho acerca de Dios en estos tres capítulos.

También aprenderemos mucho acerca de la fe. ¿Qué es la fe? ¿Cómo trabaja? ¿Por qué es tan importante? De hecho la fe, como veremos, es el tema central del libro de Habacuc.

Aprenderemos algo acerca de esperar, algo que la mayoría de nosotras no hacemos muy bien, algo que no nos gusta hacer. Pero aprenderemos cómo esperar en el Señor.

Aprenderemos sobre el sufrimiento. De hecho, desarrollaremos una teología del sufrimiento a medida que estudiamos este libro -por qué Dios envía adversidad a nuestras vidas y cómo tratar con ésta.

Pero no solo vamos a aprender acerca del sufrimiento y la adversidad. También vamos a aprender acerca del gozo, cómo obtener gozo en medio del sufrimiento y la adversidad.

Aprenderemos mucho en este libro sobre la oración y acerca del problema de la oración no contestada o cuando Dios tarda en responder la oración.

Aprenderemos acerca de la alabanza y la adoración y acerca del plan cósmico de Dios para revelar Su gloria en este mundo, sobre los grandes propósitos y el plan de Dios. Nos veremos a nosotras mismas y nuestro pequeño mundo y veremos que Dios tiene un plan mucho más grande y mucho mejor, superior; y veremos cuál es ese plan.

Aprenderemos acerca de la ley de siembra y cosecha, acerca de la retribución divina. Cosecharás lo que siembras. Aprenderemos sobre la depravación del hombre. Aprenderemos acerca del triunfo final del bien sobre el mal.

Aprenderemos también acerca de un concepto que los teólogos llaman teodicidad. Tal vez esta palabra no sea familiar para algunas ustedes, pero es una rama de la teología que defiende la bondad de Dios y su justicia ante la existencia del mal. ¿Cómo puede un Dios bondadoso, un Dios justo, permitir que sucedan cosas malas? Estudiaremos juntas acerca de esto.

Tomaremos un tiempo explorando estos temas, e iremos versículo por versículo, frase por frase, por todo el libro de Habacuc. Así que quiero animarlas, en estas próximas semanas, a que estudiemos juntas, y no simplemente a que me escuchen enseñar el libro de Habacuc. Quiero animarlas a encontrar Habacuc en sus propias Biblias, a abrirla y estudiarlo, leerlo una y otra y otra vez.

Mi Biblia ya se abre sola en el libro de Habacuc en este momento porque ahí es donde he estado por más de tres meses, examinándolo, meditándolo, memorizándolo. Y si escudriñan conmigo a medida que vemos el libro de Habacuc, estoy segura que le sacarán mucho más provecho.

Cuando ustedes escuchan la Palabra de Dios en su iglesia o en Aviva Nuestros Corazones o en una emisora de radio cristiana, no se conformen con ser alimentadas a cucharadas, no se conformen con dejar que otra persona prepare toda la comida y ustedes solo tengan que tomarla. Eso es lo que hacen los bebés. Hay que alimentarlos a cucharadas. Pero yo quiero animarlas a crecer espiritualmente y a aprender a alimentarse por ustedes mismas.

Algunas de ustedes se van a preguntar, «¿de dónde sacó ella esta enseñanza del libro de Habacuc?» Bueno, lo hice de la misma forma que ustedes pueden hacerlo. Te sumerges en la Palabra de Dios. Te arrodillas delante del Señor con humildad. Le dices, «Señor, no entiendo esto, ¿Tú me enseñarías?

Pídele al Espíritu Santo en ti que te enseñe la Palabra y los caminos de Dios. Ponla bajo un microscopio. Examínala. Permanece en ella. Centra tu atención en ella. Observa palabras y frases repetitivas.

Yo todavía estoy descubriendo cosas acerca del libro de Habacuc, y no estoy del todo lista para enseñarlo porque aún estoy aprendiendo cosas nuevas. Pero decidí que había llegado el momento de enseñar todo esto y mientras lo estudiemos juntas, sé que estaremos aprendiendo más cosas nuevas.

Bueno ahora, empecemos con Habacuc capítulo 1, versículo 1. Es todo lo que veremos en el día de hoy. El versículo 1 dice, «profecía que tuvo en visión el profeta Habacuc».

Habacuc: esta palabra significa «el que lucha» o «el que abraza». Las Escrituras casi no nos dicen nada del hombre que era Habacuc. Lo único que sabemos de él es lo que encontramos en este libro, y no hay mucho allí acerca de su vida personal.

Pero su nombre significa «el que lucha» o «el que abraza» o «el que sostiene fuerte» Así que nos preguntamos, «¿fue Habacuc alguien que abrazó o alguien que luchó? La respuesta es sí a ambas cosas.

Al principio del libro encontramos que Habacuc es un hombre que está luchando con Dios. «Dios, no te voy a dejar ir hasta que me des algunas respuestas». Él lucha con Dios.

Pero el llega al punto de abrazar a Dios, aferrándose fuertemente a Dios por la fe y diciendo, «Señor, aunque no tenga todas las respuestas, confío en ti».

Algunas de nosotras estamos luchando con Dios. Tú tal vez estés luchando con Dios por una situación en tu vida, en tu hogar o en tu iglesia. Está bien luchar mientras llegues al punto de abrazar o de aferrarte fuertemente a la fe.

«Profecía que tuvo en visión el profeta Habacuc». Esta palabra de «profecía» no la usamos todos los días. En algunas de sus traducciones, se traduce «carga», «la carga que vió Habacuc profeta». [Reina-Valera Antigua]. La palabra en Hebreo significa «una carga; algo pesado».

Cuando leemos los profetas del Antiguo Testamento, vemos que ellos tienen usualmente una carga [un pesar] que deben expresar -algo que Dios pone en sus corazones que tiene que salir. Es algo que tiene un peso divino. Es un mensaje, pero usualmente es un mensaje duro porque usualmente es un mensaje de juicio.

Una profecía en contra del pueblo o una profecía en contra de las naciones; ustedes encontrarán esta frase en el Antiguo Testamento. Era un anuncio de que Dios traería juicio al pueblo. Era una profecía, la carga que el profeta Habacuc vio.

Este tipo de profecía, este tipo de carga o mensaje no es fácil de recibir. Es uno difícil para recibirlo de parte de Dios. Pero es aún más difícil transmitirlo a otros, dar este mensaje duro de parte de Dios.

Pero cuando Dios pone ese tipo de carga o de mensaje en tu corazón, te das cuenta que no tienes otra opción que no sea la de recibirlo y transmitirlo porque es el mensaje de Dios. Es un mensaje, es una carga que es dada por Dios.

De manera que cuando los profetas del Antiguo Testamento tuvieron este tipo de cargas que Dios les dio, ellos transmitían este mensaje con autoridad divina. No era Habacuc hablando, ni Jeremías ni Isaías ni Malaquías. Era Dios hablando. El mensaje llevaba una carga divina porque era Palabra de Dios.

Algunos de los contemporáneos de Habacuc prefirieron dar mensajes más suaves; ustedes pueden leer acerca de estos en el Antiguo Testamento. Ellos eran los que decían, «Paz, paz. Todo va a estar bien. Queremos que se sientan bien con ustedes mismos». Ellos predicaron mensajes que la gente quería escuchar.

Puedo imaginarlos a ellos comentando sobre un mensaje de Habacuc, o de Isaías, o de Jeremías, de estos mensajes dados por Dios, «Esa no es la forma de atraer gente a tu iglesia. Ese es un mensaje cruel. Esa no es la forma de atraer a las multitudes. Guarda ese mensaje para otro día de la semana cuando los visitantes no estén aquí. No queremos ofender a la gente. No queremos que se vayan porque este mensaje es difícil de escuchar».

Recuerdo cuando primero comenzamos Aviva Nuestros Corazones años atrás, una de las cosas que Dios puso en mi corazón era que Él me iba a dar Su mensaje de Su Palabra, y que era mi trabajo ser fiel en transmitirlo aun si a la gente le gustaba o no, aun si fuera fácil o difícil de escuchar , aun si lo recibieran bien o no.

Estaba conversando con unas personas que me decían, «si quieres entrar en ciertas estaciones de radio, tienes que hacer más de esto en tu programa». Ahora bien, no había nada esencialmente malo con lo que ellos estaban sugiriendo que hiciéramos, pero mientras escuchaba, pensaba, «Oh, Señor, no quiero ser motivada por lo que se requiere para poder entrar a ciertas estaciones de radio o por lo que es necesario hacer para que un editor publique mi libro. Quiero ser motivada primero por lo que hay en Tu corazón. ¿Qué es lo que Tú quieres que hagamos?»

Quiero ser movida por lo que la gente necesita escuchar. No necesariamente por lo que ellos quieran escuchar, sino por lo que ellos necesitan escuchar. El reto en mi vida y en este ministerio no es ser motivados por el mercado, sino motivados por el mensaje; es poder decir, «Señor, ¿cuál es Tu mensaje, Tu carga, Tu palabra para esta generación?»

La medida del éxito en un ministerio, se trate de tu iglesia o de un ministerio para eclesiástico como el nuestro, no es a qué tanta gente le gusta tu mensaje o qué tan popular seas como predicador. Es simplemente qué tan fiel eres al proclamar la Palabra de Dios.

Habacuc debía rendirle cuentas a Dios. Los profetas del Antiguo Testamento también. Nosotros tenemos que rendirle cuentas a Dios de haber pasado Su mensaje a Su pueblo.

Dios nos ha dado Su Palabra. El libro que sostenemos en nuestras manos, esta Biblia, la Palabra de Dios, no es menos autoritativa o pesada que el mensaje que Dios le dio a Habacuc. Esta es la Palabra de Dios. Dios se ha revelado a Sí mismo a nosotros -ha revelado Su corazón, Su carga, Su mensaje- en este libro.

Una amiga quien ha sido cristiana por muchos años me dijo recientemente,

Nancy, en los últimos años, es como si un velo se hubiera levantado de mis ojos, y recién me he dado cuenta que esta es la Palabra de Dios. Esto ha cambiado mi vida. Ha cambiado la forma en que leo las Escrituras. Ha cambiado la forma en que pienso de las cosas que siempre he conocido de la Palabra de Dios, al darme cuenta que es Dios quien está hablando.

Volvamos a la profecía, a la carga que el profeta Habacuc vio. Dense cuenta que no dice que él la escuchó; él vio algo. Dios le mostró a Habacuc algo en este libro. Dios le mostró a él una carga. Dios le mostró a él la perspectiva de Dios de Su mundo y de la situación que Habacuc estaba enfrentando.

Y quiero decir que a medida que estudiemos este libro juntas, que Dios querrá mostrarles a ustedes algunas cosas. Él quiere mostrarnos Su perspectiva. Él quiere mostrarnos Su corazón. Él quiere mostrarse a Sí mismo a ti. Él quiere revelarse a sí mismo y Sus caminos a ustedes. Él quiere poner una carga fresca en sus corazones -Su carga, Su mensaje para nuestra generación.

A medida que Dios pone esta carga en sus corazones, en nuestros corazones, mi oración es que se convierta en un interceder por otros y en ser fieles en pasar ese mensaje a otros. No es casualidad que hoy ustedes estén oyendo este mensaje. Ustedes están escuchando porque tienen corazones hambrientos, porque necesitan oír a Dios, porque quieren saber lo que Él tiene que decir.

Mientras escuchamos, mientras esperamos en el Señor, mientras miramos y decimos, «Señor, te estoy escuchando; habla, Señor; tu sierva está escuchando», Dios te mostrará algunas cosas.

Tal vez no sea una carga fácil. Tal vez no sea un mensaje sencillo. Pero será el mensaje de Dios, y cambiará nuestras vidas, cambiará las vidas de las personas a quienes le compartamos el mensaje.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss nos ha dado una vistazo preliminar de lo que esperamos ver mientras estudiamos juntas la historia de Habacuc. Nancy estará con nosotras de vuelta para guiarnos es oración.

Habacuc es un libro importante para cualquiera que esté luchando con el miedo, luchando con la voluntad de Dios, o cuestionándose sobre la bondad de Dios. ¿Estudiarás el libro de Habacuc más profundamente? Pasa unos minutos al día leyendo este libro y escuchando a Nancy. Espero que este estudio te lleve a entender a Habacuc más a fondo.

¿Por qué a veces no contesta Dios las oraciones? Habacuc se preguntaba esto. Escuchen acerca de sus preguntas y de sus revelaciones cuando regresemos en el próximo programa.

Ahora Nancy está con nosotras de vuelta para orar.

Nancy: Gracias, Señor, gracias porque en nuestros días Tú eres un Dios que le habla a Su pueblo por medio de Tu palabra. Es mi oración Señor que Tú nos des oídos para oír y ojos para ver la carga, el mensaje que está en Tu corazón para nuestra generación. Ayúdanos a ver y a entender Tu perspectiva sobre nuestro mundo, sobre nuestras circunstancias, sobre nuestras preguntas abrumadoras.

A medida que te traemos estas cosas a Ti y a medida que luchamos con estas preguntas, permítenos llegar al punto de abrazar, de aferrarnos, de sostenernos fuertemente a Ti por medio de la fe y por medio de Tu Palabra. Lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Un regalo para la novia

Jueves 8 Octubre

(Acsa pidió a su padre:) Concédeme un don; puesto que me has dado tierra del Neguev (tierra seca), dame también fuentes de aguas. Entonces Caleb le dio las fuentes de arriba y las fuentes de abajo.
Jueces 1:14-15

(Jesús dijo:) Pedid, y se os dará… Porque todo aquel que pide, recibe.
Lucas 11:9-10

Un regalo para la novia

Hace algunos milenios, Caleb casó a su hija Acsa. Según la petición de ella, ofreció a los recién casados un terreno bien expuesto al sol. Pero Acsa quería más, pues amaba el país que Dios les había dado. Por ello dijo a su Padre: “Dame también fuentes de aguas”. Y Caleb le dio “las fuentes de arriba y las fuentes de abajo”. Así, este terreno bien ubicado sería regado y podría dar abundantes cosechas.
La petición de esta joven fue muy sabia. Sin agua, su tierra podría quemarse debido al sol. Era absolutamente necesario que tuviera fuentes de aguas, sin estas nada crecería.
Jóvenes parejas cristianas, Acsa les enseña una lección. El agua es una imagen de la Palabra de Dios. Quizás ya tengan «una tierra bien soleada» o, dicho de otra manera, tienen todo, les va bien en su vida conyugal. Pero, ¿han pensado en las fuentes de agua? ¿La Palabra de Dios es para ustedes el elemento indispensable para evitar la sequía espiritual, que se instala rápidamente en nuestro corazón y en nuestro hogar? Sin la lectura regular de la Biblia, su vida con el Señor perderá su frescor y acabará por no llevar más fruto. Para que su hogar y su familia prospere, pidan valientemente a su Padre celestial sus aguas abundantes. Él les ha reservado “las fuentes de arriba”, es decir, las maravillosas promesas que el creyente posee en Cristo, quien está en el cielo; y también “las fuentes de abajo”, la presencia de Jesús con nosotros y por nosotros en todas las circunstancias de nuestra vida en la tierra.

Deuteronomio 3 – Juan 3:1-21 – Salmo 113 – Proverbios 24:28-29
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La hermenéutica Cristo-télica en los profetas

Alimentemos El Alma

Sociedad Teológica Cristiana

La hermenéutica Cristo-télica en los profetas

Josías Grauman

La Sociedad Teológica Cristiana (STC) está conformada por un grupo de académicos, maestros, pastores y estudiantes de la Biblia interesados en el desarrollo de la erudición teológica en el mundo hispanohablante.

Nuestro propósito es fomentar y facilitar la presentación de recursos académicos realizados por teólogos hispanohablantes o material teológico de alto nivel traducido al español.

SIMPOSIO
Uno de los brazos principales de la STC es la realización de un simposio anual, donde diferentes escritos teológicos son presentados bajo una temática común en cada edición.

OTRAS INICIATIVAS
La STC planea comenzar la producción de revistas, libros y videos con contenido producido por los miembros de la sociedad.

http://www.sociedadtc.org

8 – Hogar cristiano

CONSULTORIO BÍBLICO

SERIE: Vida Cristiana

8 – Hogar cristiano

DAVID LOGACHO

Es un gozo compartir este tiempo con Usted, amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy con David Logacho. Estamos estudiando las características de la vida cristiana, en la serie titulada: La Vida Auténticamente Cristiana. En esta ocasión trataremos el tema del hogar cristiano.

Así como uno no se convierte en caballo por el solo hecho de entrar en un establo, tampoco uno no se convierte en cristiano por el solo hecho de entrar en un templo cristiano.

Esto es bueno tomar muy en cuenta por cuanto no son pocos los que piensan que son cristianos porque tal vez cada domingo entran a un templo llamado cristiano.

Algo semejante ocurre en cuanto a los hogares. Los hogares no son cristianos por el solo hecho de que algunos de sus miembros concurran a un templo cristiano.

Para hablar de un hogar auténticamente cristiano se necesita cumplir con algunos requisitos.

El primero y más importante, es necesario que los padres sean creyentes. Para ser un creyente es necesario nacer de nuevo. Eso fue justamente lo que dijo Jesús a un hombre muy celoso de la religión de sus ancestros. Me refiero a Nicodemo el fariseo. Juan 3:3 registra lo que Jesús dijo a este fariseo. Dice así: “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto os digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”

Nacer de nuevo es el resultado de creer en Cristo y recibirle como Salvador. Eso es lo que se desprende de las palabras de Jesús en Juan 3:14-16 donde dice: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

De modo que si Usted quiere que su hogar no solo tenga el nombre de hogar cristiano, sino que sea en verdad un hogar cristiano, Usted y su esposa o esposo necesitan este nuevo nacimiento. Caso contrario, aunque se auto convenza de que su hogar es cristiano, a los ojos de Dios no es cristiano.

El segundo requisito es que los padres creyentes estén guiando a sus hijos hacia la meta de que ellos también experimenten ese nuevo nacimiento. El mundo en el cual vivimos dice que no es bueno que los padres ejerzan influencia en la orientación espiritual de sus hijos. Pero Dios dice todo lo contrario. En Deuteronomio 4:9 leemos lo siguiente: “Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos.”

Allí lo tiene. La responsabilidad de los padres es guiar a sus hijos en los caminos del Señor. Por supuesto que serán los hijos, quienes cuando tengan uso de razón, decidirán por ellos mismos el recibir a Cristo como su Salvador personal, pero los padres podemos contribuir en mucho para que eso acontezca.

Padres, si quieren hacer de su hogar un hogar auténticamente cristiano es necesario que rodeen a sus hijos de una atmósfera cristiana, procurando poner en sus mentes principios sencillos de la palabra de Dios y haciendo todo lo posible para que sus hijos tomen conciencia de su estado espiritual y eventualmente vuelvan sus ojos a Cristo para encontrar en él la salvación.

El tercer requisito está íntimamente relacionado con lo anterior. Un hogar verdaderamente cristiano es aquel en el cual la Biblia, la palabra de Dios ocupa un lugar céntrico. Con esto no estoy diciendo que tenga una Biblia, sobre la mesa de la sala de estar, como si fuera un amuleto en contra de la mala suerte, como tristemente sucede en muchos hogares.

Lo que estoy diciendo es que la Biblia debe ser el alimento espiritual de los padres y de los hijos. La familia debería tomar un tiempo cada día para leer y meditar en la palabra de Dios.

El cuarto requisito es la oración. Alguien ha acuñado el dicho que la familia que ora unida permanece unida. Esto es muy cierto. La oración en familia es como un pegamento que mantiene junta a la familia.

Procure reservar un tiempo cada día cuando todos los miembros de la familia estén juntos, aún los más pequeños, para que cada uno tenga la oportunidad de hacer una oración espontánea a Dios. Esta practica se complementa maravillosamente con la anterior, cuando nos referíamos a dedicar tiempo a la palabra de Dios.

Cuando meditamos en la palabra de Dios, él habla a nuestro corazón. Cuando oramos a Dios, nosotros hablamos al corazón de él. El resultado es de tremendo beneficio para la familia.

El quinto requisito de un hogar auténticamente cristiano es que cada miembro del hogar cumpla con lo que Dios ha establecido en su palabra. La Biblia contiene en detalle una descripción de funciones del esposo, de la esposa, y de los hijos. En la medida que cada miembro del hogar cumpla con las funciones asignadas por Dios para él, el hogar marchará sincronizadamente, como un fino reloj suizo, pero de igual manera, en la medida que cada miembro del hogar incumpla con las funciones asignadas por Dios para él, el hogar se hará pedazos.

Veamos por tanto, rápidamente, cuáles son las funciones para cada uno de los miembros de un hogar cristiano.

Comencemos con las esposas, primero las damas. Ese es el orden que aparece en la Biblia. Note lo que dice Efesios 5:22-24 “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.”

La función principal de una esposa es someterse a su esposo. La sumisión no es sinónima de obediencia. La obediencia está reservada para los hijos, no para las esposas. El texto no dice: las casadas obedezcan a sus propios maridos, sino: las casadas estén sujetas a sus propios maridos. La sumisión significa que la esposa ocupa el lugar que Dios diseñó para ella en la relación marido-mujer.

La esposa es la ayuda idónea. La esposa es la persona de confianza del esposo. Como tal, se somete a él de la misma manera que el cuerpo se somete a la cabeza y de la misma manera que la iglesia, el cuerpo, se somete a su cabeza, Cristo. Si las esposas entendieran este concepto de sumisión y sobre todo, si las esposas vivieran en la práctica la sumisión, los hogares se ahorrarían una cantidad de problemas.

Además de eso, las esposas deben amar a sus maridos, deben criar a los hijos en disciplina y amonestación del Señor y deben ser cuidadosas de su casa.

Ahora nos toca a nosotros, los esposos. Lo nuestro se encuentra en Efesios 5:25-33 donde dice: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido”

Allí lo tenemos, esposos. Más claro no puede ser. Nuestra principal función es amar a nuestras esposas. El amor del cual habla este texto no es solamente el amor pasional o romántico. Es más bien un acto de la voluntad que se manifiesta en sacrificio por la persona amada.

Según lo que dice este texto, el amor debe ser sacrificial, esto significa que implica algún tipo de sacrificio de parte del esposo en beneficio de su esposa. El amor debe ser santificador. Esto significa que busca formar las mejores virtudes en la esposa. El amor debe ser sustentador. Esto significa que el esposo debe satisfacer todas las necesidades de su esposa.

Toda esposa tiene necesidades en el área espiritual, emocional y física. Los esposos debemos satisfacer todas estas necesidades. El amor de un esposo a su esposa, debe ser sin fin. Por algo dijo el Señor que los casados deben estar juntos hasta que la muerte los separe. El divorcio no debería ni siquiera ser mencionado en un hogar cristiano.

Además de amar, el esposo comparte con su esposa la noble tarea de criar a los hijos en disciplina y amonestación del Señor.

Otro elemento de todo hogar son los hijos. La principal responsabilidad de los hijos aparece en pasajes bíblicos como Efesios 6:1-3 donde dice: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.”

La obediencia hacia los padres, por parte de los hijos es vital para la buena marcha de cualquier hogar. Ningún hijo viene a este mundo dispuesto a obedecer. Todo lo contrario, por naturaleza los hijos tienden a la desobediencia. Los padres deben hacer todo esfuerzo posible para enseñar obediencia a los hijos y los hijos, de cualquier edad que sean, mientras vivan bajo el mismo techo de sus padres, deben obedecer.

Como podrá notar, un hogar verdaderamente cristiano cumple con ciertos requisitos indispensables. ¿Es el suyo un hogar auténticamente cristiano? Si están ausentes algunos de los requisitos mencionados, lo antes posible tome las medidas correctivas necesarias. Que su hogar no sea cristiano solo de nombre, sino que sea un hogar cristiano de verdad.

DAVID LOGACHO

Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por años para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al Señor en un Instituto Bíblico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante más de 2 décadas hasta su retiro en 2015.

Disponible en Internet en: http://www.labibliadice.org

Contenido publicado con autorización de La Biblia Dice para: Alimentemos El Alma

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¿Es bueno el ECUMENISMO?

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¿Es bueno el ECUMENISMO?

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¿Es bueno el ECUMENISMO?, Ecumenismo, Ecuménico
Dios les bendiga. Soli Deo Gloria

La práctica de la mortificación

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

La práctica de la mortificación

Sinclair B. Ferguson

Nota del editor: Este es el quinto y último capítulo en la serie «La mortificación del pecado«, publicada por la Tabletalk Magazine.

Las consecuencias de una conversación pueden cambiar nuestra opinión sobre su importancia.

Mi amigo, un ministro más joven, se sentó conmigo en su iglesia al terminar una conferencia y me dijo: «Antes de que nos retiremos esta noche, solo muéstrame los pasos necesarios para ayudar a alguien a mortificar o hacer morir el pecado». Estuvimos sentados hablando de ésto por un poco más de tiempo y luego nos fuimos a descansar; espero que se haya sentido tan bendecido como yo con nuestra conversación. Todavía me pregunto si estaba haciendo su pregunta como pastor o simplemente para sí mismo, o ambos. 

¿Cuál es la mejor manera de responder a su pregunta? Lo primero que debes hacer es: ir a las Escrituras. Sí, recurrir a John Owen (¡nunca es una mala idea!) o a algún otro consejero vivo o muerto. Pero recuerda que tenemos más que solo buenos recursos humanos en este tema. Necesitamos ser enseñados desde «la boca de Dios» para que los principios que estamos aprendiendo a aplicar lleven consigo tanto la autoridad de Dios como la promesa de Dios de hacerlos eficaces en nosotros.

No puedes «mortificar» el pecado sin experimentar el dolor de la muerte. ¡No hay otra manera!

Varios pasajes vienen a la mente para este estudio: Romanos 8:13; Romanos 13:8-14 (texto de Agustín); 2 Corintios 6:14-7:1; Efesios 4:17-5:21; Colosenses 3:1-17; 1 Pedro 4:1-11; 1 Juan 2:28-3:11. Es importante destacar que solo dos de estos pasajes contienen el verbo «mortificar» («dar muerte»). De igual manera es importante notar que el contexto de cada uno de estos pasajes va más allá de la  exhortación a mortificar el pecado solamente. Como veremos, esta es una observación que resulta ser de gran importancia.

De estos pasajes, Colosenses 3:1-17 es probablemente el mejor lugar para comenzar.

Aquí vemos cristianos relativamente jóvenes que habían disfrutado de una maravillosa experiencia de conversión del paganismo a Cristo; entrando así al mundo de la gracia, gloriosamente nuevo y liberador. Tal vez, si leemos entre líneas, podríamos decir que ellos sintieron por un momento como si hubiesen sido liberados no solo del castigo del pecado, sino también de su influencia en sus vidas; tan maravillosa fue su nueva libertad. Pero luego, por supuesto, el pecado volvió a asomar su horrenda cabeza. Habiendo experimentado el «ya» de la gracia, ahora estaban descubriendo el doloroso «todavía no» de la santificación progresiva. ¡Suena familiar!

Al igual que en nuestra subcultura evangélica de soluciones rápidas para problemas de largo plazo, si los colosenses no tenían una comprensión firme de los principios del Evangelio, entonces ahora se encontraban en peligro; pues justo en este momento los nuevos creyentes tienden a ser presa relativamente fácil para los falsos maestros con nuevas promesas de una vida espiritual más elevada. Eso fue lo que Pablo temió (Col 2:8, 16). Los métodos para “producir santidad” estaban ahora en boga (Col 2:21-22) y parecían ser muy espirituales, justo lo que los nuevos creyentes necesitaban. Pero, de hecho, «carecen de valor alguno contra los apetitos de la carne» (Col 2:23). No son los métodos nuevos, sino es el entender cómo obra el Evangelio lo único que puede proporcionar el fundamento y el patrón de conducta adecuados para enfrentar el pecado. Este es el tema de Colosenses 3:1-17.

Pablo nos da el patrón y el ritmo que necesitamos. Al igual que los saltadores de longitud olímpicos, no tendremos éxito a menos que volvamos del punto de acción a un punto en el cual podamos recobrar energía para el arduo trabajo de luchar contra el pecado. ¿Cómo, entonces, nos enseña Pablo a hacer esto?

En primer lugar, Pablo enfatiza lo importante que es para nosotros el estar familiarizados con nuestra nueva identidad en Cristo (3:1-4).  Muy a menudo, cuando fallamos espiritualmente, lamentamos el haber olvidado quiénes realmente somos: somos de Cristo. Tenemos una nueva identidad. Ya no estamos «en Adán» sino «en Cristo»; ya no estamos en la carne, sino en el Espíritu; ya no estamos dominados por la vieja naturaleza, sino que vivimos en la nueva naturaleza (Rom 5:12-21; 8:9; 2 Co 5:17). Pablo toma tiempo para explicarlo de esta manera: hemos muerto con Cristo (Col 3:3; incluso, fuimos sepultados con Cristo, 2:12); hemos sido resucitados con Él (3:1), y nuestra vida está escondida en Él (3:3). Ciertamente estamos tan unidos a Cristo que también seremos manifestados con Él en gloria (3:4).

Nuestra incapacidad de lidiar con la presencia del pecado a menudo es consecuencia de una amnesia espiritual, olvidamos nuestra nueva, verdadera y real identidad en Cristo. Como creyente, soy alguien que ha sido liberado del dominio del pecado, por lo tanto, soy libre y estoy motivado a luchar contra el ejército del pecado que batalla en mi corazón. 

Por consiguiente, el principio número uno es: conocer, confiar, pensar y actuar según tu nueva identidad: estás en Cristo.

En segundo lugar, Pablo continúa exponiendo cómo trabaja el pecado en cada área de nuestras vidas (Col 3:5-11). Si vamos a luchar contra el pecado bíblicamente, no debemos cometer el error de pensar que podemos limitar nuestro ataque a una sola área de debilidad en nuestras vidas. Todo pecado debe ser tratado, así que, Pablo habla en contra de la manifestación del pecado en la vida privada (v. 5), en la vida pública y cotidiana (v. 8) y en la vida en la iglesia (v. 9-11, «los unos a los otros», refiriéndose a la comunión en la iglesia). El desafío de la mortificación es similar al desafío de una dieta (¡en sí misma una forma de mortificación!): cuando comenzamos, descubrimos que hay todo tipo de razones por las que tenemos sobrepeso. Realmente estamos luchando contra nosotros mismos, no solamente con el controlar las calorías. ¡Yo soy el problema, no las papas fritas! Mortificar el pecado produce un cambio que impacta todas las áreas de la vida.

En tercer lugar, la exposición de Pablo nos proporciona una guía práctica para mortificar el pecado. A veces parece como si Pablo diese exhortaciones («Haced morir …», 3:5, RV60) sin dar ayuda «práctica» para responder a nuestras inquietudes de cómo aplicar esas verdades a nuestras vidas. A menudo, hoy en día, los cristianos van a Pablo para que les diga qué hacer, pero luego se dirigen a una librería cristiana para descubrir cómo hacerlo. ¿Por qué este desvío? Probablemente porque no nos detenemos lo suficiente para analizar lo que Pablo está diciendo. No meditamos profundamente ni nos sumergimos lo suficiente en las Escrituras. Digo esto porque, usualmente, cada vez que Pablo emite una exhortación, la rodea con pistas sobre cómo podemos y debemos ponerla en práctica.

Esto es absolutamente cierto aquí. Observa cómo este pasaje ayuda a responder nuestro «¿cómo lo hago?”

1. Aprende a reconocer el pecado por lo que realmente es. Llama las cosas tal como son; llámalo «inmoralidad sexual» no «estoy siendo tentado un poco», llámalo «impureza» y no «estoy luchando con mis pensamientos», llámalo «malos deseos, que es idolatría» en vez de «creo que necesito organizar mis prioridades un poco mejor». Este patrón corre a través de toda esta sección. ¡Qué manera tan poderosa de desenmascarar el autoengaño y ayudarnos a quitarle la máscara al pecado que acecha en lo recóndito de nuestros corazones! 

2. Mira tu pecado por lo que realmente es ante la presencia de Dios. «Por causa de estas cosas vendrá la ira de Dios» (3:6). Los maestros de la vida espiritual hablaron de arrastrar nuestros deseos (aunque griten y pataleen) hasta la cruz, al Cristo que llevó la ira de Dios sobre Sí mismo en nuestro lugar. Mi pecado me conduce no solo a un placer efímero, sino también a un disgusto espiritual. Mira la verdadera naturaleza de tu pecado a la luz del castigo que merece. Con mucha facilidad pensamos que el pecado es menos serio en los cristianos que en los no creyentes: «Es perdonado, ¿no es así?» ¡No si continuamos en él (1 Jn 3:9)!  Ve el pecado desde una perspectiva celestial y siente la vergüenza de aquello en lo que una vez caminaste (Col 3:7; ver también Rom 6:21).

3. Reconoce la inconsistencia de tu pecado. Tú has desechado al «viejo hombre» y te has vestido del «nuevo hombre» (3:9-10), así que ya no eres el «viejo hombre». La identidad que tenías «en Adán» se ha ido. El viejo hombre fue «crucificado con Él [Cristo] para que nuestro cuerpo de pecado [probablemente «la vida en el cuerpo dominado por el pecado»] fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado» (Rom 6:6). Las nuevas criaturas viven vidas nuevas; cualquier cosa que me lleve fuera de esa verdad es una contradicción a la realidad de quién soy «en Cristo».

4. Mortifica al pecado (Col 3:5). Es tan «simple» como eso. Rehúsalo, haz que muera de hambre y recházalo. No puedes «mortificar» el pecado sin experimentar el dolor de la muerte. ¡No hay otra manera!

Pero nota que Pablo establece esto en un contexto muy importante y más amplio. La tarea negativa de mortificar el pecado no se logra sin cumplir con el llamado positivo del Evangelio de «revestirse» del Señor Jesucristo (Rom 13:14).  Pablo explica esto en Colosenses 3:12-17. Barrer y limpiar la casa simplemente nos deja disponibles para una nueva invasión del pecado. Pero cuando verdaderamente comprendemos el principio del «intercambio glorioso» en el Evangelio de la gracia, entonces comenzamos a experimentar un avance real en la santidad. El nombre y la gloria de Cristo son manifestados y exaltados en y entre nosotros (3:17) porque los deseos y hábitos pecaminosos no solo se rechazan, sino que se intercambian por gracias (3:12) y acciones (3:13) Cristocéntricas, ya que estamos revestidos del carácter de Cristo y Sus gracias se mantienen unidas a través del amor (v. 14) tanto en nuestra vida privada como en la comunión con la iglesia (v. 12-16).

Estas son algunas de las cosas que mi amigo y yo hablamos aquella noche inolvidable. No tuvimos la oportunidad de preguntarnos el uno al otro «¿cómo te ha ido?» porque fue nuestra última conversación; él murió unos meses después. A menudo me he preguntado cómo fueron los meses en su vida luego de esta conversación. De cualquier manera, la seria preocupación personal y pastoral de su pregunta aún resuena en mi mente. Tiene un efecto similar a lo que Charles Simeon dijo que veía transmitido en los ojos de su amado retrato del gran Henry Martyn: «¡No juegues con eso!»

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Sinclair B. Ferguson
Sinclair B. Ferguson

El Dr. Sinclair B. Ferguson es maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries y profesor canciller de Teología Sistemática en el Reformed Theological Seminary. Anteriormente, se desempeñó como ministro principal de la First Presbyterian Church en Columbia, S.C., y ha escrito más de dos docenas de libros, incluyendo El Espíritu Santo y Solo en Cristo.

J30 – Aliento para mantenerse en la batalla

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Una mujer verdadera se une a la batalla

J30 – Aliento para mantenerse en la batalla

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/aliento-para-mantenerse-en-la-batalla/

Carmen Espaillat: Al buscar seguir la voluntad de Dios para tu vida, pasarás por algunas temporadas de desaliento. Así es como lo experimentó Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: He luchado contra del temor, contra el cansancio, contra la duda. No puedo decir cuántas veces he querido simplemente desaparecer.

Carmen: ¿Cómo manejas temporadas así?

Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Esta semana hemos estado estudiando el libro de Jueces con Nancy. Ella ha estado describiendo la valentía de Débora en un mensaje que dio en una de las conferencias Mujer Verdadera. Ha sido un rico retrato de una mujer que inspiró a los hombres alrededor de ella a confiar en Dios y a tomar acción.

Si te has perdido las dos partes anteriores de esta historia, puedes escucharlas visitando AvivaNuestrosCorazones.com.

Vamos a unirnos a esta historia heroica comenzaremos revisando algo de lo que escuchamos ayer.

Nancy: Mira el versículo 17, Galaha se quedó del otro lado del Jordán ¿y por qué se quedó Dan en las naves? Aser se sentó a la orilla del mar y se quedó junto a sus puertos -versículo 23 del capítulo 5- maldecid a Meros, muchos comentaristas creen que fue una ciudad en Neftalí cerca de la batalla, «Maldecid a Meros dijo el ángel del Señor, Maldecid, Maldecid a sus moradores porque no vinieron en ayuda del Señor, en ayuda del Señor contra los guerreros».

Y en su comentario Philip Brooks dice, Meros es el ejemplo del bueno para nada, está dispuesto a ver a otras personas luchar contra las batallas de la vida mientras él viene y toma el botín y el comentarista Mathew Henry dice, «Muchos no hacen su deber por miedo a involucrarse en problemas por amar estar tranquilos y tienen un afecto a los negocios mundanos».

Nancy: Esto ha sido un reto para mí, ya que Dios me ha llamado a la batalla todos estos años y a veces he tenido mucho miedo, he querido permanecer atrás muy lejos del problema, se me ha recordado que el miedo a tener problemas , el amor a la tranquilidad y un amor por los negocios de este mundo me mantiene fuera de la batalla. Amigas, Dios no necesitó esas tribus para darles la victoria, el lo hizo sin ayuda, Él tiene estrellas, truenos, tormentas y todo eso a su disposición. Pero el problema es que estas personas perdieron la oportunidad de alinearse con Dios, dieron excusas para no involucrarse y sufrieron la deshonra porque eligieron sentarse fuera de la batalla.

Dios no nos necesita, Dios no te necesita y no me necesita a mí, los propósitos del Rey se cumplirán en este mundo con o sin nosotras, pero Él nos ha dado una oportunidad increíble en nuestra generación para unirnos con Él, en lo que Él está haciendo en este mundo, en la batalla entre el bien y el mal, hay una oportunidad de pararnos firmes con Él y Su pueblo y arriesgarnos nuestra seguridad y si es necesario nuestras vidas para involucrarnos. ¿Vas a ser de las que se une a la batalla? ¿O te vas a sentar fuera de la batalla para estar más segura?

Carmen: Aquí está Nancy en la tercera parte de un mensaje llamado, Una mujer verdadera se une a la batalla. Débora no es la única mujer a quien Dios usó en esta historia del libro de los Jueces.

Nancy: Este es el recuento de la destrucción de Sísara. Y no tomaré tiempo para leer todo el pasaje ahora, pero el comandante cananeo fue destruido a manos de una mujer llamada Jael.

Ella no era israelita, pero en este caso ella se puso del lado del Dios de Israel y en contra de Sus enemigos.

Sísara huye a la carpa de Jael en medio de un aguacero torrencial, (una tormenta que Dios ha enviado) asumiendo que él estaría a salvo ahí puesto que su familia tenía un tratado con los cananeos.

Él llega a su carpa. Y te lo puedes imaginar: tiene frío; está mojado; está totalmente empapado. Y Jael le da la bienvenida. Lo invita a entrar a su carpa. Le da leche. Él está exhausto; se queda dormido, ella lo cubre y después toma un martillo y clava la estaca, en su cabeza. Ahora ten en mente mientras Sísara machacándole la cabeza y lo remata atravesándole las sienes.

Ahora, ten en mente mientras lees esta historia sangrienta, que Sísara era un hombre violento, despiadado que estaba intentando destruir al pueblo escogido de Dios. De hecho, en el capítulo 5, en el versículo 30, su propia madre, habla sobre cómo él y sus hombres nunca hubieran pensado dos veces en violar y matar a cualquier mujer que pensaran que era una enemiga; ahora, pon esto en este contexto.

En el himno de victoria de Débora, en el capítulo 5, el acto de valentía de JaeI es celebrado y ella es bendecida por Dios.

Mi amigo, Charles Haddon Spurgeon dice en uno de sus libros,

«El Señor puede todavía usar instrumentos débiles. ¿Por qué no yo? Él puede usar a personas que no son comúnmente llamadas a grandes compromisos públicos. ¿Por qué no tú?»

Entonces, tenemos la conclusión de la batalla. El capítulo 4, verso 23, nos dice «Así sometió Dios en aquel día a Jabín, rey de Canaán, delante de los hijos de Israel». El capítulo 5, versículo 31, nos dice: «Y el país tuvo descanso por cuarenta años».

Nota la secuencia: primero la batalla, después el descanso. Nosotros queremos el descanso, queremos la victoria sin pasar por todas las adversidades de la batalla.

Hay momentos en los cuales nos agotamos mucho. Tú sabes cómo es eso. ¿Tienes un adolescente? Tú puedes estar sintiendo eso ahora mismo. Si tú tienes niños pequeños, tú puedes estar sintiendo eso ahora mismo.

Recuerda, primero la batalla y después el descanso. No podemos disfrutar el descanso, la paz, la victoria hasta que hayamos pasado por la batalla.

El impacto de la vida de Débora, su valentía, su fe, su influencia piadosa no tan solo fue sentido por su generación, sino también por los siguientes cuarenta años. ¿Qué impacto dejará tu vida en tu generación y en la venidera?

No tengo que decirte que la batalla espiritual en nuestros días no es menos intensa de que lo fue en los días de Débora. El enemigo no es menos poderoso. Dios nos está castigando como su pueblo por nuestros pecados y por nuestra idolatría. Hay muchos creyentes que aparentan no tener ni la menor idea de lo que está pasando. Hay muchos otros quienes se dan cuenta de lo que está pasando, pero se sienten incapaces, impotentes de hacer algo al respecto.

John Angell James, a quien cité en el principio, quiero citarlo de nuevo el dice:

«No es probable que en una comunidad en donde la mujer cumple con su misión sea derrocada, porque por el poder de su espíritu noble ( el de la mujer ) sobre el corazón de otros, la levantará de sus ruinas y la restaurará nuevamente al júbilo y a la prosperidad.»

¡Oh! cuánto oro para que Dios levante en nuestros días, no solo una mujer, sino miles de mujeres por todo este país y por todo el mundo; mujeres que se levanten como lo hizo Débora; mujeres de la Palabra de Dios, mujeres de visión diáfana, de transparencia, de valentía, de convicción, de fe, de humildad, mujeres que estén dispuestas a decir, «Sí Señor»; mujeres cuyas vidas inspiren a los hombres alrededor de ellas a creer en Dios por lo que solo Él puede hacer.

Yo creo que la influencia de ese ejército de mujeres de Dios va a ser incalculable en , en nuestras Iglesias y en nuestra cultura.

Esta es una batalla -quiero advertirles- que no es para débiles de corazón. Tenemos un enemigo incansable que odia a Dios, que no está complacido con la idea de que haya miles de mujeres diciendo, «sí», a Cristo. De hecho, hace un año y medio cuando estuvimos en la conferencia Mujer Verdadera 2008, en Shaumburg. Illinois-fue un grandioso, grandioso fin de semana. Dios se manifestó de una manera poderosa allí, como lo ha hecho este fin de semana. Pero tengo que confesarles que no estaba preparada para la batalla a la que estábamos entrando.

Desde el lanzamiento del Movimiento Mujer Verdadera en esa conferencia en el 2008, para mí, y para otros a mi alrededor, la batalla se ha intensificado. He luchado contra el temor -algo con lo que no estaba realmente familiarizada antes de este momento- he luchado con cansancio, con duda, con desaliento, con mi propia carne. No puedo decirte cuántas veces he querido simplemente desaparecer… Me he cansado de nadar contra la corriente, me he cansado de sentirme atacada. He querido regresar al lugar donde me siento segura para vivir una vida más normal.

De hecho, te diré, y nuestro equipo sabe esto, si hubiese sido por mí no hubiésemos tenido la conferencia Mujer Verdadera 2010. Yo estaba muy cansada y no quería hacerla; no porque no quería ver el resultado sino porque quería salir de la batalla.

Pero Dios tiene Su mano y Su llamado en mi vida. Mi vida no es mía; está sujeta a Cristo, quien es el Autor y el Consumador de nuestra fe.

Estoy aprendiendo que nuestro Dios es:

Castillo fuerte, castillo fuerte es nuestro Dios. Defensa y buen escudo, con su poder nos librará en este trance agudo.

Algunas de ustedes han leído la historia en Las Crónicas de Narnia por C.S. Lewis La travesía del Viajero del Alba. Hay un punto en esa historia en donde Edmund, Lucy y Caspián viajan de Narnia dirigiéndose Asia el este hacia el país de Aslan en el fin del mundo.

En un punto, su barco, el Viajero del Alba, arroja su ancla al agua cerca de la bahía y los tripulantes descienden a tierra. Algunos de los marineros están cansados por el largo viaje. Y ellos quieren parar ahí y pasar el resto del invierno ahí donde están y después dirigirse al oeste y regresar a casa, a Narnia, en la primavera. Se les dice que si se quedan donde están, cada noche se les dará un festín digno de un rey. Eso los hace más reacios a dirigirse hacia el este, al país Aslan.

Entonces habla Ripichip. ¿Te acuerdas de Ripichip, el valiente ratón parlanchín ?, él expresa su determinación de avanzar sin importar nada. Esto es lo que él dice:

«Mis planes están hechos. Mientras pueda, voy a navegar hacia el este en el Viajero del Alba. Cuando este me falle, yo remaré hacia el este con mi pequeña embarcación. Cuando esta me falle, nadaré hacia el este con mis cuatro patas y cuando ya no pueda nadar, si no he llegado al país de Aslan, entonces me hundiré con la nariz hacia el alba.»

Dios no nos ha prometido que el viaje será fácil, pero Él ha prometido que irá con nosotras. Él ha prometido ir contigo a donde quiera que vayas a la batalla hoy. Él ha prometido que un día la oración se convertirá en adoración, la fe se convertirá en visión, cada lágrima será secada, y nuestra jornada será recompensada.

Algunas están cansadas y quieren parar; no quieren continuar. Algunas quieren su recompensa aquí y ahora y pueden elegir regresar. Quizás algunas que han venido contigo puedan hacer esa elección. Pero por la gracia de Dios y por Su gloria, mi rumbo está fijado. Mis planes están hechos y yo planeo continuar hasta llegar al país Aslan-la Nueva Jerusalén, la ciudad del Gran Rey.

¿Irás tú conmigo? Amén.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss sabe lo que es llegar a sentirse cansada y desalentada cuando estás siguiendo el llamado de Dios en tu vida. Ella también sabe el valor de mantenerse en la batalla. Yo espero que el recuento honesto de Nancy sobre sus batallas y sobre el gozo de mantenerse en la batalla te haya alentado.

Liz Flanagan es una líder ministerial para mujeres en su iglesia y ella fue alentada por este mensaje. Esto es lo que sobresalió del mensaje de Nancy.

Liz Flanagan: Ella dijo, «¿Vamos a llevar este mensaje a casa? ¿Vamos a ir a casa para entrar en la batalla? o, ¿Vamos a ir a casa a sentarnos al margen de la batalla?»

Carmen: Mientras ha aprendido a ser una mujer verdadera de Dios, Liz Flanagan ha necesitado hacer algunas elecciones difíciles sobre relaciones, amargura, perdón y valentía.

Estamos a punto de escuchar la historia de Liz. Cuando su hijo tenía dieciséis años y comenzó a cortejar una chica llamada Alison.

Alison O’Steen: Yo soy una hija pródiga.

Carmen: Alison O’Steen.

Alison: Yo crecí yendo a la iglesia. Nada tenía sentido en realidad.

Liz: Ella ha sido la novia de mi hijo desde que tenían dieciséis años.

Alison: Por alguna razón, cuando comenzamos a salir, yo vine a ser su proyecto, pienso. Yo tenía una madre que trabajaba, y ella estaba con mucha frecuencia lejos de mi hermana y de mí. Yo iba a su casa a menudo. No era algo fuera de lo común que yo estuviera en su casa sentada a la mesa para la cena, entonces, yo había formado lazos cercanos con ellos.

En mi primer año universitario serví como misionera durante el verano, pero en mi segundo año, hubo una ladera resbalosa.

Me insensibilicé en un número de áreas-empezando con la música que escuchaba, los amigos con quienes salía, y todo se agravó.

Carmen: El novio de Alison, Michael había ido a la misma universidad. Anteriormente habían sido influenciados por la familia e iglesia a trabajar como pareja en mantener la pureza en su relación.

Alison: Pero esta era la primera vez que estábamos solos en la universidad.

Estábamos en un ambiente de fiesta. Fui seducida a la mentira del mundo que dice que si estás en la universidad aunque sea una universidad cristiana, necesitas ir con el mundo. Está bien que andes de fiesta, que tomes y que tengas relaciones íntimas antes del matrimonio.

Entonces, ahí era donde me encontraba-como una hija pródiga en la pocilga. Estaba en la pocilga y mi corazón se endureció.

Recuerdo claramente cuando Michael me dijo que su madre sabía «todo» y yo literalmente no podía comer.

Liz: Yo me sentía muy traicionada por ella y literalmente pensé ser la hija del trueno puesto que pedí relámpagos para ella. Dije, «Dios sácala de la vida de mi hijo».

Carmen: Y esta tensión continuó aun cuando Michael y Alison estaban casados.

Alison: Yo no sé cuántas suegras piden en oración que descienda el fuego sobre ti…

Carmen: La relación entre Liz y Alison continuó siendo tensa por seis años.

Alison: Yo había puesto una pared emocional. No la dejaba entrar fue horrible. Pero estaba tan adentro del abismo que no sabía cómo salir. Me había alejado del Señor; no estaba en la Palabra. Todavía tenía toda esta carga emocional y no estaba segura de cómo Dios lo arreglaría.

Liz: Mi pastor había regresado de la conferencia Heart Cry (Un clamor del corazón) y me había traído un librito. El librito se llamaba Santidad, escrito por Nancy Leigh DeMoss. Cuando llegué a la página 21 o 22 en donde ella escribió la oración, «Oh Dios, muéstrame más de mi pecaminosidad».

Lo tecleé inmediatamente en mi computadora y lo puse en un marco. Ahora mismo está sobre la repisa de mi baño y la veo todos los días. La leo todos los días para recordar cuán Santo es y cuánto lo necesito.

Carmen: Después de eso un equipo de Life Action Ministries visitó la iglesia de Liz. Life Action es la organización matriz de Aviva Nuestros Corazones. Un miembro de nuestro equipo le habló a Liz sobre otro libro de Nancy.

Liz: Ella comenzó a describirme, Mentiras que las mujeres creen y la verdad que las hace libres, entonces lo compré, pero lo compre primero para mi nuera.

Alison: Y yo leí el título y dije, «¡Qué me importa!» Esto era lo último que quería leer. Ella me quiere dar algo… yo no tengo tiempo para esto.

Yo sé que era obra del Espíritu Santo que me decía, «Tú necesitas leer esto». Y lo empecé a leer.

Me había considerado cristiana por mucho tiempo, pero hasta ese punto, nunca me había rendido a Dios. Yo sabía todas las cosas que debía decir y bien me podía llevar mi Biblia a la iglesia. Yo había hecho todas las cosas cristianas que se te enseña hacer, pero esto era cuestión de mi corazón.

Cuando terminé con el libro, desde que leí la primera página hasta este momento, Dios ha continuado transformando mi mente, corazón y mi forma de pensar. ¡Él ablandó mi corazón!

Todo -todo ha sido cambiado en mi vida. Me siento aquí y no puedo expresarte lo que Dios ha hecho en mí porque no soy la misma mujer. ¡No lo soy!

Lo entiendo ahora. Lo entiendo.

Liz: Desde el momento que ella lo empezó a leer me llamaba o me mandaba un correo electrónico y me decía, «¿Has leído esto? ¿Has leído esto ya?» Y todavía no había leído el libro así es que ella estuvo pendiente de que lo leyera ese verano.

Y lo leí y fue como una revelación. Aquí estoy; tengo cincuenta años. Había estado dando una clase dominical para mujeres en nuestra iglesia por muchos años. Y aunque amaba al Señor y estaba enseñando, estaba enseñando algo que no estaba siguiendo. No sabía en cuántas áreas me estaba engañando a mí misma.

Alison: Leí Mentiras en abril y el siguiente mayo renuncié a mi trabajo, era maestra de tiempo completo en la mejor posición de enseñanza. Era ideal, pero yo sabía que Dios me estaba llamando a casa. Nosotros estábamos orando por esto por casi un año y Liz estaba orando con nosotros.

Carmen: Y Liz se dio cuenta de que tenía que pedir perdón a su esposo.

Liz: Yo no me daba cuenta de la mujer controladora y enojada que era. La palabra de Dios me humilló al punto que tenía que pedirle perdón a él. Después de leer Mentiras que las mujeres creen y después de escuchar Aviva Nuestros Corazones día tras día, Dios me mostró, «tienes que quitarte del camino, tienes que pedirle perdón a tu esposo». Y ahora veo el fruto de eso.

Carmen: El cambio en el corazón de estas mujeres afectó la relación entre ellas. Después de leer el libro ellas tuvieron la oportunidad de subirse al carro y conversar.

Alison: Por primera vez yo le pedí perdón a ella porque sabía que le había roto el corazón, puesto que ella me había acogido en su familia como si fuera uno de ellos.

Entonces cuando llegamos a casa, a la mañana siguiente durante mi tiempo de oración, estaba orando y Dios me dijo, «Has hecho una parte pero ahora necesito que hagas más». Entonces me senté a escribirle un correo electrónico, un correo muy extenso, y se lo conté todo, no dejé ningún detalle afuera. Le dije todo -todo lo que pensé que el Señor quería que le dijera.

Esta era una mujer que estaba orando por mí durante mi rebelión…y no te olvidas simplemente de algo así.

Entonces le envié ese correo, le dije -le prometí que en caso que algo le pasara a su hijo, mi esposo, yo sería su «Rut».

Liz: Ella me llama su «Noemí».

Alison: Ella no es mi suegra; ella es mi mejor amiga.

Liz: Yo he visto como se ha convertido esta joven mujer en una extraordinaria esposa, madre, hija, hermana y amiga. Es porque Dios sí saca belleza de las cenizas.

Alison: Él nos saca de nuestras ruinas y nos torna en algo hermoso.

Liz: Dios nos ha bendecido puesto que nos juntamos cada lunes por la mañana.

Alison: Oramos juntas.

Liz: Solamente ella y yo.

Alison: Memorizamos las Sagradas Escrituras.

Liz: Ella me ha enseñado; yo le he enseñado a ella.

Carmen: No tan solo Liz pasa tiempo con Alison cada semana, ella también está invirtiendo su tiempo con un grupo de mujeres, enseñándoles verdades importantes que ha aprendido en los últimos años.

Liz: Es tan maravillosa la manera cómo Dios hace accesible Su Verdad, un corazón a la vez, y que me haya querido usar-porque soy un desastre; era un fracaso, pero Nancy me ha enseñado que aun así puedo enseñar en medio de mis fracasos.

Carmen: Cuando hablamos sobre el movimiento Mujer Verdadera-es así como es; mujeres que escuchan el mensaje de Aviva Nuestros Corazones lo comparten con los corazones de otras que necesitan escucharlo.

Liz: Porque yo vivo en una comunidad llena de mujeres que están estresadas; están luchando; están tratando de ser súper mamás, súper esposas y quiero que vean que la Verdad las liberará.

Alison: Yo estoy creyendo que Dios va a levantar una generación de mujeres de mi edad que mansa y tiernamente vuelvan sus corazones a Él e influencien a todos los hombres a nuestro alrededor y consecuentemente vuelvan nuestro país hacia Él.

Liz: Ella me llama; yo la llamo, le digo, «¿Has escuchado Aviva Nuestros Corazones hoy?» Ella me dice, «No, todavía no». Ella dice, «¿Has leído el blog de Mujer Verdadera?»

Y yo digo, «No, todavía no».

Y ella dice, «¡Lo tienes que ver hoy!»

Alison: Día tras día, semana tras semana, te confrontan cara a cara; te fuerzan a que profundices a fondo y saques la Palabra y la vivas.

Liz: Estoy tan agradecida por el ministerio de Aviva Nuestros Corazones porque mi corazón ha sido avivado. Quiero ver más corazones avivados; quiero ver a Dios entre nosotras; quiero ver la presencia de Dios.

Hemos estado orando por un avivamiento. Lo hemos estado haciendo por tres años y continuaremos orando para que Dios traiga un avivamiento.

Carmen: Estoy tan agradecida por las radioescuchas que donan y nos ayudan a continuar hablándole a mujeres como Liz y Alison.

Un grupo que hace una diferencia significativa en ayudarnos a hablarle a mujeres semanalmente es el Equipo Mensual de Socios.

Cuando te conviertes en colaboradora mensual, te comprometes a orar por Aviva Nuestros Corazones regularmente. Te comprometes a hablarle a otras mujeres de este ministerio. Y te comprometes cada mes a apoyar a este ministerio económicamente.

Cuando te unes al equipo de patrocinadores, recibes noticias sobre el ministerio para saber cómo y sobre qué orar. Para unirte al equipo de colaboradores mensuales visita AvivaNuestrosCorazones.com.

Mañana Nancy iniciará una serie de Habacuc, del temor a la fe. No dejes de acompañarnos en esta nueva serie que sabemos que será de bendición.

Y ahora aquí está Nancy para concluir.

Nancy: En todas las áreas de la vida, incluyendo esta, al final no se trata de mí. No se trata de lo que lo que me hace feliz; no se trata de lo que quiero; no se trata de lo que facilitará mi vida, y es fácil para mí estar frente a ustedes diciendo esto, pero cuando me bajo de esta plataforma y la vida presiona, y vivo ahí en donde vives tú, con dificultades, citas y frustraciones, ¿en quién pensamos? En mí,?¿cómo me afecta esto a mí?

Pero si nos podemos distanciar de eso y tratamos de ver las cosas desde el punto de vista grandioso de Dios, nos acordamos que no se trata de nosotras. Se trata de Dios-de Su plan, de Sus propósitos, de Su reino, se trata de la eternidad y de la divulgación del Evangelio.

Carmen: Mañana Nancy comenzará una nueva serie que no te puedes perder. ¿Alguna vez te has sentido como que Dios no esta escuchando tus oraciones? El profeta Habacuc paso por esa experiencia, miraba la injusticia que le rodeaba y se preguntaba por que Dios no parecía interesado en cambiar la situación mientras continuaba mirando a Dios el profeta tuvo respuestas pero fueron muy distintas a las que él esperaba , aprende como alabar a Dios en medio de la preocupación, de la confusión y de la frustración , en esta serie práctica basada en el libro de Habacuc .Te esperamos mañana en un nuevo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las citas bíblicas están tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se indique otra cosa.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Jesús está vivo (2)

Miércoles 7 Octubre


Ha resucitado el Señor verdaderamente.
Lucas 24:34


La verdad… está en Jesús.
Efesios 4:21


Sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo.
Juan 4:42


Jesús está vivo (2)


Christian sigue contando: «Mi familia y la de mi hermano nos reunimos en un chalé alpino de Francia para las fiestas de Navidad. Allí mi hermano me dio un evangelio de Juan. Lo leí en la cocina cuando todos estaban acostados. A menudo había utilizado una Biblia mientras estudiaba inglés en la universidad. Pero para mí, la Biblia solo era un libro más. ¡Sin embargo aquella noche cada palabra sobresalía del texto, tomaba vida y se apoderaba de mi corazón! Esta lectura ya no era intelectual, sino viva: me parecía posible tener una relación con Dios.

El día siguiente era domingo. Fuimos a una pequeña iglesia evangélica de un pueblo vecino, en donde escuché a personas que venían de un contexto muy modesto dar gracias a un Dios vivo.

¡Qué contraste con esta búsqueda de una realidad totalmente impersonal y que nunca había alcanzado! Lloré muchísimo… ¡Jesús vino a morar en mi corazón! Cuando regresé decía a todo el mundo: «¡Está vivo, Jesús está realmente vivo!». Para mí, Jesús de Nazaret ya no era solo un personaje histórico, comprendí que él vive.

Desde ese día, cuando creí que Jesús murió en la cruz por mis pecados, he recibido el perdón de Dios. Hace 40 años que conozco a Jesús, he tenido muchas pruebas, pero estas no han alterado el gozo y la seguridad de la vida que él me dio, y que también les ofrece hoy».

Christian C.


“Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan” (Lucas 11:28).


Deuteronomio 2 – Juan 2 – Salmo 112 – Proverbios 24:27
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

El pueblo de Dios en tiempos de pandemia

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Sermones

El pueblo de Dios en tiempos de pandemia

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

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