J2 – Mejor que perfecto

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

J2 – Mejor que perfecto

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Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss dice que no tienes que ser perfecta para tener un corazón dedicado a tu hogar.

Nancy Leigh DeMoss: Cuando hablamos del cuidado de la casa, lo importante no es qué tan buena cocinera seas, lo bien que cosas o que seas más creativa que otra persona ni que tengas más habilidades domésticas. El punto no son las habilidades ni las tareas. Lo que importa es el corazón de servicio y el deseo de agradar a Jesús, y hacerlo en el contexto de tu hogar para que puedas bendecir y alentar primariamente a tu propia familia, pero también a otras personas desde tu hogar.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Puedes pintar tus paredes rehacer tus pisos instalar nuevos accesorios o actualizar tu apariencia ninguna de estas cosas puede verdaderamente crear un hogar cálido, algunas personas gastan pequeñas fortunas para lograr que su hogar se vea perfecto. Pero eso no es lo mismo que cuidar de tu hogar. Nancy nos enseña la inversión que verdaderamente valdrá la pena hacer en nuestro hogar, en la continuación de la serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer .

Nancy: En las últimas dos sesiones hemos hablado de que la mujer ha de ser cuidadosa de su casa—hacendosa en el hogar, inclinada a lo doméstico, a la virtud de la domesticidad, y que debe tener el corazón centrado en el hogar— ¡y cuánta falta hace esto hoy en día! ¡Cuán crucial es! Todo lo que Dios dice que es importante es importante.

Si Dios dice que debemos funcionar de esta manera, es ahí donde encontraremos nuestra libertad, nuestra bendición y nuestro gozo. Es un llamado a cada mujer a decir: “Señor, en esta etapa de mi vida—ya sea en el colegio, la universidad, recién casada, sin hijos, con hijos pequeños, con hijos ya crecidos, o con un nido vacío— ¿cómo puedo reflejar tu diseño para mí? En cada etapa de mi vida, ¿cómo puedo reflejar que mi corazón está centrado en mi hogar?”

En diferentes etapas de tu vida, podrás hacer más ministrando a las personas fuera de tu propia casa, pero de una manera doméstica. Quiero contarte hoy la historia de dos mujeres. En realidad son dos historias.

Una es la historia de una mujer que me envió un correo electrónico. Es una amiga; la conozco desde hace varios años. Le dije que iba a hablar de la domesticidad y yo sabía que Dios había trabajado en esa área de su vida. Le pregunté si estaría dispuesta a compartir algo sobre eso, así que le envié un correo la semana pasada.

Me esperaba un párrafo o dos, pero lo que recibí fue más bien la historia de su vida, cosas que yo ni siquiera sabía. Así que es larga. Pero quiero dedicar el tiempo necesario para compartirla con ustedes porque creo que ilustra algunos de los principios de los que hemos venido hablando, la importancia de que las mujeres concentren sus vidas en ministrar a los miembros de su familia—primero al Señor y luego a su esposo y a sus hijos —y los peligros que pueden surgir cuando descuidamos esas responsabilidades.

Esto fue lo que me dijo en el correo electrónico:

“Domesticidad: Esa palabra nunca ha estado en mi vocabulario. De hecho, la mera mención de esa palabra prácticamente me ponía a temblar. Representaba una vida de aburrimiento, pesadez, ingratitud y hasta esclavitud. Obviamente no me imaginaba yo haciéndolo ni mucho menos deseándolo en mi vida.

Sentía un odio profundo hacia mí misma por haber nacido mujer. Verdaderamente aborrecía haber nacido niña y siempre estuve convencida de que si alguna vez Dios había cometido un error, había sido conmigo. Desde que tengo memoria, siempre me decían que estaba supuesta a ser varón.

Pasé todos los años de mi crecimiento tratando de hacer todo lo que hacía mi hermano, pero mejor. Sin embargo, nunca logré obtener el amor y la aprobación de mi padre; por lo menos, a mis ojos, no igual que mi hermano y aun hasta mi hermana.

Además, como dedicaba tanto tiempo a concentrarme en mi padre y a competir con mi hermano, ignoraba a mi madre por completo. Aunque nos hicimos mejores amigas ya cuando yo era adulta, ella nunca trató de desarrollar ningún tipo de relación conmigo mientras fui joven.”

De nuevo les digo a las mujeres mayores y las madres deben enseñar, conectar e involucrar a las más jóvenes en estos aspectos de lo que es ser una mujer. Ella continúa diciendo,

“Mi hermana sí se benefició de la domesticidad de mi madre. Aunque mi madre y mis dos abuelas se dedicaron al cuidado de sus casas, nunca vi el gozo y la libertad que esa posición puede traer a una mujer.

Y al mirar atrás, todo lo que recuerdo es que rendían un servicio por obligación, no por el gozo de servir. Mi madre era fatal en el cuidado de la casa. Solo limpiaba cuando el sucio era insoportable. Lavaba los platos cuando había más sucios que limpios y la ropa cuando ya no teníamos qué ponernos.

Cuando mi hermana era adolescente, ayudaba mucho a mi madre porque yo pasaba la mayor parte del tiempo trabajando afuera con mi hermano y mi padre. Los quehaceres domésticos eran un castigo para mi hermano y para mí. Eso probablemente explique mi actitud hacia la domesticidad.

No tenía ningún problema en limpiar o recoger lo mío, pero no me gustaba para nada limpiar lo de otros. Había oído decir que en este mundo había dos tipos de personas: los que dan y los que toman. Sin duda alguna sabía que yo era una de las que toman y me sentía a gusto siendo así.

Me fue fácil encontrar personas que disfrutaban servirme. Y como yo disfrutaba su servicio, pensaba que eran buenas relaciones.”

Bueno, ya se podrán imaginar lo que sucedió cuando mi amiga se casó. Vamos a llamarle “Tim” a su esposo. Ella dice,

“Cuando Tim y yo nos casamos en 1972, mi pensamiento seguía torcido y dañado. Yo era una mujer de carrera que amaba mi carrera. No disfrutaba ser esposa, y como Tim comenzó a criticar mis esfuerzos, mi actitud quedó cincelada en piedra.

Al principio de nuestro matrimonio, Tim y yo hicimos una especie de pacto de que él haría la mayor parte de los quehaceres domésticos porque a él le gustaba hacerlos y porque no le gustaba la forma como yo los hacía. Cocinábamos los dos y yo me aseguraba de limpiar la cocina. Como mi salario era igual al de él, nos sentíamos a gusto con este acuerdo y lo mantuvimos hasta que yo dejé de trabajar antes de que naciera nuestra hija.

En ese entonces yo traté de hacerme más responsable de los quehaceres y por un tiempo esto funcionó bastante bien. Estaba comenzando a disfrutar lo que hacía y a permitir que la Palabra de Dios reformara mi mente, pero cuando me vine a dar cuenta, había vuelto a trabajar fuera de la casa.

Esto sucedió varias veces. Parecía que cada vez que me acercaba a lo que Dios realmente quería que yo fuera, las circunstancias me obligaban a tomar otro camino.

Cuando nuestra hija tenía siete años, me pidieron que ayudara en un ministerio que quedaba en nuestra área. Instantáneamente me enamoré de mi trabajo. Solamente trabajaba cuando mi hija estaba en la escuela, pero había veces que en realidad resentía tener que dejar de trabajar para ir a recogerla o quedarme en casa cuando ella estaba enferma, en lugar de ir a trabajar.

Una vez se hizo adulta, mi trabajo y mi ministerio arroparon mi vida. Me quedaba trabajando por largas horas en el ministerio e iba a trabajar los días que no me tocaba. No pensaba ni en mi casa ni en Tim en lo más mínimo.

Durante años, él hizo absolutamente todo lo que se puede hacer en una casa, además de cuidar de los carros y las mascotas que yo lo había manipulado para que nos permitiera tener. No recuerdo haberle dado las gracias muy a menudo, pero sí recuerdo muchos gritos y quejas por la forma en que había hecho algo o hasta porque todavía lo no había terminado de hacer.

Tim nunca me gritó por eso, ni siquiera una sola vez.

El 1ro de junio del año 2000 todo eso cambió de un momento a otro. Tim se cansó de que lo usaran, de que abusaran de él, de que lo descuidaran y encontró a otra persona que disfrutaba servirlo y agradarlo, y le gustó. Terminó dejándome para estar con ella.

Mientras Dios estaba trabajando en mi corazón con respecto a muchas cosas en mi vida y en mi matrimonio, también me estaba hablando de mi posición como mujer. Comencé a deleitarme en el hecho de que me hubiera escogido para ser mujer. Quería tanto convertirme en la esposa que Él quería que yo fuera, para lo que Él me había hecho.

Recuerdo haberle dicho a Dios, “Si vuelves a traer a Tim a nuestro hogar, le demostraré el tipo de esposa que puedo ser ahora.”

También recuerdo que Dios me dijo que fuera esa esposa para Él, no para Tim. Poco a poco, comencé a darme cuenta de que el servicio de una esposa es en realidad para Dios. El esposo y los hijos sencillamente reciben los beneficios.”

Para hacer la historia corta, permítanme darles algunos detalles. Con el tiempo Dios ya la trajo a ella al arrepentimiento. Y Dios también trajo a Tim al arrepentimiento. Pasamos por todo ese proceso con ellos en ese tiempo. El matrimonio quedó milagrosamente restaurado. Ha sido un camino difícil, pero hemos visto mucho crecimiento. Es sencillamente un milagro, una transformación por la gracia de Dios.

No he visto a esta mujer desde hace un tiempo. Pero mientras trabajaba en esta serie, hice que mi oficina se comunicara con ella hace unos día para ver si estaba dispuesta a compartir su experiencia. Mientras escribía este testimonio, el Señor trabajó en su corazón nuevamente. Y me dijo lo siguiente:

“Tengo que decirte que aunque he estado en casa por más de un año, sigo luchando con mi rol de ama de casa. Me da vergüenza decir que no lo estoy haciendo tan bien como pudiera. He sentido que el Señor ha estado hablando a mi corazón sobre esto durante bastante tiempo y tu llamada fue la gota que derramó el vaso.

Veo que el problema no son los pensamientos equivocados que adopté cuando era una joven ni la falta de ejemplo o las críticas que me hayan hecho. El problema es la actitud de mi corazón hacia mi salvador. Mi corazón dejó de desear servir y agradar a Jesús.”

Ese es el punto clave. Cuando hablamos del cuidado de la casa, lo importante no es qué tan buena cocinera seas. Lo que importa es el corazón de servicio y el deseo de agradar a Jesús, y hacerlo en el contexto de un hogar para que puedas bendecir y alentar primariamente a tu propia familia, pero también a otras personas en tu hogar.

Esta pareja, afortunadamente, no se encuentra en crisis en este momento. Pero creo que es fácil ver que si no resolvemos el problema de la negligencia cuando es incipiente, se puede convertir en una crisis.

No he visto a esta mujer desde hace mucho tiempo, pero me siento muy agradecida de que Dios la haya puesto en mi corazón el otro día mientras preparaba esta serie y de que ella haya respondido al reto y a la convicción del Espíritu de Dios diciendo, “¿Sabes qué? Hemos mejorado mucho. Hemos hecho grandes cambios. Ha habido mucho arrepentimiento, mucha gracia.”

Ahora tienen un matrimonio muy bueno, hasta donde yo sé. Pero ella se dio cuenta al pensar en todo esto que tenía que volverse a calibrar, que había perdido una parte de ese corazón de servicio y de agradar a Cristo. ¿Y dónde se notó? En su casa, en el descuido de la casa.

No quiero decir que te tenga que fascinar limpiar baños ni cocinar el almuerzo para tu familia todos los días del año. Cualquier rutina puede exasperarnos. La próxima cualidad que vamos a estudiar nos ayudará a ver qué es lo que mantiene ese gozo fresco y vivo. ¿Qué es lo que mantiene el corazón vivo en medio de tantas rutinas y los aspectos mundanos del cuidado del hogar?

No quiero convertir algo que es sencillamente un trabajo duro y que demanda fidelidad en algo romántico. Lo mismo pasa con el trabajo de nuestros esposos en muchos sentidos. En mi experiencia, no importa de qué tipo se trate, 70-80 por ciento del trabajo es pesado y repetitivo. Y luego está el resto que es la gloria, los beneficios y los momentos felices.

Sirve para moldear el carácter. Desde Génesis 3, trabajamos—y trabajamos con cardos, espinos y duramente por la caída. Pero hacemos estas cosas a la luz de un Dios redentor que convierte el trabajo en algo valioso, en un acto de adoración.

Bueno y dije que iba a compartir la historia de dos mujeres. Ya oyeron una y ahora quiero pintarles un retrato a grandes rasgos de una mujer con la que todos estamos familiarizados, una mujer que trabaja en su casa. Ustedes la conocen como la mujer de Proverbios 31.

Quiero que tomemos solo unos momentos para leer una porción de ese pasaje y luego hacer algunos comentarios. Las que nos han estado oyendo durante un tiempo saben que estudiamos Proverbios 31 durante varias semanas en el pasado. Esa serie se llama La mujer contracultura.

Pero quiero, en solo unos minutos, darle un vistazo a grandes rasgos a este pasaje—y que veamos algunas de las cualidades y las características de una mujer que trabaja fielmente en su hogar.

Dudé en hacer esto porque pensé, “Esto es algo tan familiar. No será algo fresco.” Pero luego pensé, “¿Sabes qué? Necesito que estas Escrituras vuelvan a mi mente y estén delante de mí una y otra vez, para reajustarme y ayudarme a recordar porqué hago lo que hago.”

Así que permítanme leer este pasaje de Proverbios 31, comenzando en el versículo 10:

Mujer hacendosa, ¿quién la hallará? Su valor supera en mucho al de las joyas. En ella confía el corazón de su marido, y no carecerá de ganancias. Ella le trae bien y no mal todos los días de su vida. (Versículos 10-12).

El resto del pasaje es una descripción de cómo lo hace. ¿Cómo le trae ella bien y no mal todos los días de su vida? ¿Qué es lo que ella hace para vivir su vida de manera que él pueda confiar en ella? ¿Qué se necesita para ser una mujer hacendosa? ¿Cómo ponemos esto en práctica?

Mientras continúo leyendo comenzando en el versículo 13, noten cuáles son algunas de las cualidades que perduran—no tanto las tareas específicas, sino las cualidades perpetuas que representan en esta mujer.

Busca lana y lino, y con agrado trabaja con sus manos. Es como las naves de mercader, trae su alimento de lejos. También se levanta cuando aún es de noche, y da alimento a los de su casa, y tarea a sus doncellas. Evalúa un campo y lo compra (versículos 13-16).

Por cierto, el movimiento feminista evangélico ha tomado algunas de estas frases de Proverbios 31 y las ha convertido en un lema de la posición feminista evangélica. Si buscas la serie de Proverbios 31 sobre La mujer contracultura, me oirás explicar frase por frase este pasaje y podrás darte cuenta de que esta es una mujer primariamente de su casa. Es cuidadora de su casa. Trabaja en su hogar.

Versículo 16: “Con sus ganancias planta una viña.” Luego salta al versículo 18: “Nota que su ganancia es buena, no se apaga de noche su lámpara. Extiende sus manos a la rueca, y sus manos toman el huso” (versículos 18-19). Este pasaje habla mucho de cómo ella trabaja con sus manos. Es algo honorable.

No tiene temor de la nieve por los de su casa, porque todos los de su casa llevan ropa escarlata. Se hace mantos para sí; su ropa es de lino fino y de púrpura. Su marido es conocido en las puertas, cuando se sienta con los ancianos de la tierra. Hace telas de lino y las vende, y provee cinturones a los mercaderes (versículos 21-24).

Miremos más abajo el versículo 27: “Ella vigila la marcha de su casa, y no come el pan de la ociosidad.” Ese es el versículo clave; el meollo del asunto. Al hacer esas tareas, no se esfuerza para ganarse el premio de “la mejor ama de casa del año”. Ella vigila cómo marcha su casa. Para poder hacer eso, tiene que ser diligente.

Versículo 30: “Engañosa es la gracia y vana la belleza”—es pasajera; es vacía; es superficial; no dura—“pero la mujer que teme al Señor, ésa será alabada. Dadle el fruto de sus manos, y que sus obras la alaben en las puertas” (versículos 30-31).

Solo unas cuantas observaciones—y son cosas con las que están familiarizadas, pero volvamos a decirlas. Yo creo que nos importan a nosotras, que somos mujeres deseosas de cumplir Tito 2.

Noten, primero, ¿dónde está su esposo? Está en las puertas con los ancianos de la tierra. Él es el que se involucra —y pueden leer la primera parte de Proverbios 31— en asuntos de justicia, en la creación de leyes, para ganarse el pan de la familia. Él está en las puertas.

¿Dónde está la mujer primordialmente? ¿Dónde está su concentración y su base de operaciones? Es alrededor de su hogar y su propiedad familiar. Esta mujer asume la responsabilidad del cuidado y las necesidades prácticas de su esposo y de sus hijos.

Ahora eso no significa que el esposo no se involucra en todas estas cosas. No significa que esté mal que use la aspiradora o ponga los platos en la lavadora. Pero sí significa que ella asume la responsabilidad primaria por la administración del hogar y los asuntos relacionados con él.

Vemos que esta mujer —y creo que esa es una de las cosas que la embellecen tanto— vive una vida centrada en los demás. Tiene un corazón de sierva.

Es una mujer que planifica por adelantado. Sabe que viene el invierno, y no la toma por sorpresa. Por cierto, en eso hay una representación de cómo la mujer prepara a sus hijos para el último invierno del juicio de Dios y se asegura de que estén revestidos de la justicia de Jesucristo—que estén preparados espiritualmente para los tiempos difíciles, para el sufrimiento y para el juicio final de Dios.

Pero hablando en la práctica, nada la toma por sorpresa. Su familia va a tener ropa para pasar esa estación. Las que son madres saben que eso toma tiempo. Vemos aquí a una mujer cuyas prioridades están en orden, cuya vida está en orden.

Uno hasta se pregunta si es demasiado perfecta. ¿Tendría días llenos de trastornos? Claro que sí. Pero sus prioridades y su vida estaban en orden y por eso las cosas volvían a tomar su camino más fácilmente.

Vemos a una mujer que maneja bien el tiempo, que sabe utilizar su tiempo sabiamente. Es una mujer que no es holgazana. Trabaja durante largos días, largas hora, tarde en la noche y temprano en la mañana. Está dispuesta a hacerlo porque es parte de su llamado.

Parte de mi llamado fue acostarme tarde anoche y volver a levantarme temprano esta mañana para prepararme para esta sesión. No me encanta funcionar con cuatro horas y media de sueño, y no creo que eso sea algo que Dios desee para nosotros regularmente.

Pero hay etapas en la vida de una mujer —ya sea con un recién nacido, un bebé amamantando, hijos enfermos o estudiando para Aviva Nuestros Corazones— en que hace lo que haya que hacer. Y puedes hacerlo con un corazón contento, con un corazón rendido, y sin resentimiento si sabes que eso es parte del llamamiento de Dios para ti. Si el llamamiento es de Dios, sabes que Él te dará la gracia que necesitas para lo que sea que Él te llame a hacer.

Es una mujer diligente, no holgazana. Es organizada. Esto puede hacer que las mujeres desordenadas se sientan muy derrotadas o desalentadas.

Digamos que algunas mujeres tienden naturalmente a ser administradoras, a organizar, mientras que otras son más creativas y artísticas. Hay personalidades diferentes; eso no es pecado.

Pero si necesitas ayuda para ser más organizada y cumplir con tus responsabilidades, no seas orgullosa y pide ayuda. Ve donde una mujer mayor o a donde una mujer con esos dones particulares y dile, “¿Me podrías ayudar a organizar este desorden que tengo en casa o a estructurar mi tiempo?”

Hay personas que van más adelantadas y pueden darnos consejos y trucos—no para que puedas tener una vida perfectamente organizada, sino para que tu vida represente el orden y la belleza de la persona que Dios es y del Evangelio.

Es una mujer que sabe manejar asuntos financieros y presupuestos. No va a endeudar la familia. Es ahorrativa; es frugal. Su trabajo en la casa genera ingresos como resultado de su creatividad, su diligencia y su duro trabajo. Busca oportunidades de compra. No gasta el dinero que no tiene, y se contenta con lo que Dios provee.

¡Qué diferencia tan grande haría esto en muchas de nuestras vidas! ¿Dónde se arraiga todo esto? Ella es una mujer que teme al Señor. Siente una reverencia sobrecogedora por Dios. Lo hace para Él. No es para sí misma. No es para verse bien. No es para compararse.

¿Verdad que las mujeres tendemos a compararnos? Miramos a otras y pensamos, “Oh, ella hace que parezca tan fácil, y su vida es tan…” No compares tu vida con la de otra persona. Simplemente di, “Señor, quiero ser una mujer que te tema a ti, que te ame con todo el corazón, que viva el mandato del Evangelio para mí, de que trabaje en mi casa y que cumpla con mis responsabilidades en el hogar.”

Particularmente, las mujeres que son esposas y madres, pero igual todas debemos decir, “Señor, ¿cómo puedo reflejar Tu creatividad, Tus habilidades, Tu orden, Tu belleza, en la manera en que practico esta virtud de la domesticidad?”

Es un privilegio, y es una forma en que nosotras como mujeres podemos servir al Señor y a los demás.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss volverá dentro de poco para orar ella nos ha estado explicando lo que significa ser mujeres cuya pasión es trabajar en el hogar, basándose en Tito capítulo 2.

Tengo que admitir que Tito me sonaba como otro libro cualquiera de la Biblia hasta que comenzamos esta serie con Nancy. Durante las últimas semanas ella nos ha mostrado cuán práctica y poderosamente hablan estos cinco versículos a la mujer de hoy.

Visita nuestra página web para aprender más sobre nuestra serie actual, El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 . La dirección es www.AvivaNuestrosCorazones.com. Puedes oír los episodios anteriores de esta serie y leer las transcripciones. La gran cantidad de materiales disponibles en nuestra página se hace posible a través de oyentes que donan al ministerio.

Mañana Nancy te recordará el rol que juega la bondad en el cuidado del hogar, espero que vuelvas a sintonizarte para escucharla. Ahora aquí esta Nancy para cerrar en oración

Nancy: Señor, te oro por estas mujeres. Veo en sus caras y siento que en sus corazones—y conozco de muchas de ellas personalmente—hay un deseo de ser mujeres verdaderas y de llevar a cabo Tu llamado en sus vidas.

Te doy gracias por las muchas, muchas maneras en que estas mujeres sentadas aquí hoy te sirven a ti y a otros. Te pido que las alientes mientras ellas buscan el llevar a cabo el llamamiento tuyo para sus vidas. Que ellas sientan Tu “bien hecho” y Tu deleite. Pero Señor, a medida que te servimos, que nosotras podamos hacerlo con Tu corazón; gentil amable y humilde. Que podamos ser amadoras, dadoras y ser de aquellas que bendicen. Que podamos hacer lo que necesitamos hacer para recibir profundamente de ti; beber profundamente de ti; sentarnos a Tus pies y permitirte que Tú nos llenes. De lo contrario, no tendremos nada que ofrecer a otros. Muchas veces solo los desperdicios.

Que podamos dar de la plenitud de aquello con que Tú nos sigues dando y llenando; porque Tú eres el agua viva, Tú eres el pan de vida, Tú eres el gozo profundo de la salvación. Y seguimos yendo a ti y siendo refrescadas. Y te pedimos todo esto en el nombre de Jesús. Amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

¿Ama usted a Dios?

Martes 8 Septiembre


Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.
Deuteronomio 6:5

(Jesús dijo:) Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.
Juan 15:9

¿Ama usted a Dios?

Desde hace dos años soy profesora de ciencias naturales en un instituto. Al comienzo del año académico cada alumno debe llenar una ficha de presentación que contiene, entre otras, la siguiente pregunta: «¿Qué le gusta?». Esto me permite conocer un poco a los alumnos y saber qué les interesa. A veces las respuestas me parecen divertidas: me gusta el deporte, la televisión, ir de compras, la música, la vida, los automóviles… Este año hay una respuesta que me preocupa: ¡no me gustan las ciencias! Pero de repente otra respuesta me llega al corazón: «Me gusta Dios».

¡Qué felicidad leer este testimonio! Me emociona esta respuesta valiente de una alumna; esto me alegra mucho el resto del día. Entre estos adolescentes, quizás algunos creen en Dios, pero esta joven va más allá, es decir, ¡cree en Dios, lo ama y da testimonio de ello!

Entonces me surge una pregunta: ¿Y yo? ¿Puedo escribir que amo a Dios?

Desde mi infancia mi madre me enseñó la fe en Jesucristo, y la acompañé a reuniones cristianas. Cuando era muy joven creí en el Señor Jesús; le entregué mi vida. Pude amarlo desde que era pequeña. Sabía que era salva, que pertenecía al Señor.

Los años han pasado, he tenido altibajos, pero en el fondo de mi corazón formo parte de los que aman a Dios. Cada día pongo mi vida en sus manos. “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19).

Jeremías 40 – 1 Corintios 14:20-40 – Salmo 104:14-18 – Proverbios 22:28
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

30 – No hay separación | Romanos 8:35-39

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Romanos

30 – No hay separación | Romanos 8:35-39

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

http://www.ibsj.org/sobre-nosotros/

La predicación bíblica humilla y persuade

Coalición por el Evangelio

La predicación bíblica humilla y persuade

SUGEL MICHELÉN

Nota del editor: Este es un fragmento adaptado del libro De parte de Dios y delante de Dios: Una guía de predicación expositiva por Sugel Michelén (B&H Español).

En la década de los 60, el filósofo canadiense de la teoría de comunicación Marshall McLuhan acuñó la frase: “El medio es el mensaje”. Con estas sencillas pero poderosas palabras, McLuhan nos recuerda que el medio escogido para comunicar un mensaje afecta su contenido. “El modo es el asunto”, había dicho el pastor estadounidense del siglo XIX Henry C. Fish, adelantándose a McLuhan por unos 100 años. Los que leyeron en los diarios acerca del desembarco de las fuerzas aliadas en las playas de Normandía, a finales de la II Guerra Mundial, no tuvieron la misma experiencia que aquellos que vieron la primera escena de la película de Steven Spielberg, Rescatando al soldado Ryan. Lo primero es noticia; lo segundo es tanto noticia como espectáculo.

Esta realidad debe llevarnos a pensar seriamente en el medio que usamos para comunicar la verdad de Dios revelada en su Palabra. Escuchar a un predicador exponiendo la Palabra es una experiencia distinta a ver un videoclip, una obra de teatro, o incluso leer un libro o un folleto evangelístico. Con esto no pretendo minimizar la importancia de la página impresa. Creo de todo corazón que los libros son un instrumento poderoso para propagar la verdad y combatir el error. La Reforma protestante le debe muchísimo a la invención de la imprenta. Pero aun así, la proclamación oral sigue siendo el medio por excelencia que Dios usa para salvar las almas y fortalecer la fe de los creyentes.

De miles y miles de personas que pueden dar testimonio de que se convirtieron a través de la predicación de la Palabra de Dios, encontraremos unos pocos que afirman haberse convertido leyendo algún libro o tratado que explicaba el mensaje del evangelio. Y es probable que muchos de esos pocos se hayan expuesto antes a la predicación de la Palabra.

La predicación es el formato más idóneo para mostrar la realidad de que el hombre no está en la posición de sentarse con Dios en una mesa de negociaciones.

Decía un puritano inglés del siglo XVII, Thomas Watson, que “fue por los oídos que perdimos el paraíso, cuando nuestros primeros padres escucharon a la serpiente; y es también por los oídos, por escuchar la Palabra predicada, que alcanzamos el cielo”. Si la Biblia enfatiza la necesidad de oír, es porque presupone que sus siervos cumplirán el mandato que se les ha dado de predicar la Palabra.

Hablamos de parte de Dios y delante de Dios (2 Co. 2:17). Y no solo el mensaje que transmitimos, sino también la forma como lo hacemos deben enviar esa señal a la mente y el corazón de todos los que escuchan. Somos “embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros”, llamando a los hombres a reconciliarse con Él (2 Co. 5:20).

De esta manera, la predicación de la Palabra no surge en los tiempos bíblicos por el atraso tecnológico de aquellos días, sino por ser el medio más apropiado para comunicar la naturaleza del mensaje. El Rey Soberano del universo, que tiene derecho pleno sobre todas sus criaturas, nos encargó transmitir sus decretos.

Esa es la señal que los predicadores envían a los hombres cuando se colocan detrás del púlpito para proclamar a viva voz la Palabra de Dios. Somos mensajeros del Dios Altísimo, no sus negociadores. Él es Rey de reyes y Señor de señores; y ahora venimos en su nombre a proclamar que hay salvación en Cristo para todo aquel que cree. La predicación es el formato más idóneo para mostrar la realidad de que el hombre no está en la posición de sentarse con Dios en una mesa de negociaciones, sino que necesita más bien humillarse ante la voz de Dios.

El entendimiento debe ser iluminado por la presentación clara y persuasiva de la verdad para que seamos movidos a abrazar a Cristo por la fe.

Por otra parte, la predicación es un vehículo ideal para persuadir correctamente a los hombres, informando de manera adecuada el entendimiento del pecador y moviéndolos a levantar la bandera blanca de rendición. De Pablo se dice en el libro de los Hechos que persuadía (o trataba de convencer) a judíos y a griegos (Hch. 18:4). ¿Es nuestra argumentación lo que va a vencer la obstinación de los perdidos y va a traerlos al arrepentimiento y a la fe? Por supuesto que no. Solo Dios puede hacerlo. Pero Él obra tomando en cuenta la manera como Él mismo nos creó.

El entendimiento debe ser iluminado por la presentación clara y persuasiva de la verdad para que seamos movidos a abrazar a Cristo por la fe (Rom. 6:17). Como dice una vez más el puritano Thomas Watson: “Los ministros tocan a la puerta de los corazones de los hombres, y el Espíritu viene con una llave y abre la puerta”.

Es sorprendente pensar que el Espíritu obre en los corazones humanos a través de voces humanas, pero eso es precisamente lo que Él hace: “El Espíritu y la esposa dicen: ‘Ven”. Y el que oye, diga: ‘Ven’. Y el que tiene sed, venga; y el que desee, que tome gratuitamente del agua de la vida” (Ap. 22:17). Debemos proclamar a viva voz la Palabra de Dios, pero debemos hacerlo correctamente para que sea de verdad predicación. Recuerda que el medio sí afecta el mensaje. No basta con que el contenido sea bíblico, la predicación bíblica debe reflejar nuestra vocación como heraldos y embajadores del Dios Altísimo.

​

Sugel Michelén (MTS) es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 35 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios. Es autor de varios libros, incluyendo De parte de Dios y delante de Dios y El cuerpo de Cristo. El pastor Michelén y su esposa Gloria tienen 3 hijos y 5 nietos. Puedes seguirlo en Twitter.

 

60 – ¿Pastores o Depredadores?

 

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

60 – ¿Pastores o Depredadores?

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

http://www.entendiendolostiempos.org/

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Imago Dei

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Imago Dei

W. Robert GodfreyNota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie «Definiendo el ser humano«, publicada por la Tabletalk Magazine.

El capítulo inicial de nuestra Biblia es una historia emocionante de creación y formación, sentando las bases para todo lo que sigue. Se nos dice que «en el principio» nuestro hogar en el universo, la tierra, estaba sin orden y vacía, cubierta de agua y envuelta en tinieblas, mientras el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas (Gn. 1:2). A medida que los días de la creación transcurrieron, Dios dio forma a la tierra y la llenó. Separó el día de la noche, las aguas de arriba de las aguas abajo y la tierra seca de las aguas debajo. Dios llenó este mundo al poner luces en el cielo para separar el día de la noche, al crear criaturas vivientes para nadar abajo en las aguas y pájaros para volar arriba en el cielo, y al hacer que se produjeran criaturas vivientes en la tierra seca. Finalmente, como acto culminante, Dios creó otro tipo de ser viviente, el hombre.

El foco de la narración claramente recae sobre esta criatura. No solo fue este el acto final de la creación, sino que una cuarta parte de la historia está centrada en él. Algo muy especial e importante está ante nosotros.

Como portadores del imago Dei, a los humanos se les da una medida de soberanía sobre toda la tierra.

El capítulo divide la totalidad de los seres en dos categorías básicas: el Creador y lo creado. Dios se destaca como el Señor no creado de todo, el Creador de los cielos y la tierra. Todo lo demás es creado y, por lo tanto, finito, temporal, dependiente y mutable. Algunos son criaturas vivientes (plantas y animales). Algunos tienen el aliento de vida en ellos (v. 30). En este grupo está el hombre. Al igual que otros miembros del grupo, el ser humano es hecho varón y hembra, y llamado a ser fructífero, a multiplicarse y a llenar la tierra (vv. 22, 28). Se pueden notar otras similitudes (cabello en la piel, las hembras dan a luz a sus crías y las amamantan, etc.). Pero a pesar de todas las similitudes que pueden señalarse, hay algo en el hombre que lo hace distinto de todas las demás criaturas.

Los seres vivos se mencionan por primera vez con la vegetación que Dios hace brotar en la tierra seca (v. 11). Luego vienen las criaturas que viven en los mares y las aves que vuelan en el aire (v. 20), el ganado, los reptiles y las bestias de la tierra (v. 24). Todos están hechos según su género. Esta frase aparece diez veces y deja una importante marca en la narración. Indica que si bien hay una gran diversidad entre todas las criaturas vivientes, hay agrupaciones entre ellas que comparten características comunes, formando «familias», algo parecido a la distinción moderna entre género y especie. Pero el objetivo principal de la frase no es introducirnos en el trabajo científico de la taxonomía; más bien, es proporcionar el trasfondo necesario para contrastar a los seres humanos con todas las demás criaturas vivientes.

Cuando Dios hace al hombre, rompe el patrón que ha establecido al crear seres vivos según su género. El hecho de que este patrón se mencione diez veces nos hace suponerque una nueva criatura viviente va a aparecer, pero algo completamente diferente sucede cuando el hombre es hecho; no es creado «según [su] género». Tampoco es creado según otro género entre las criaturas vivientes. El hombre, por lo tanto, no pertenece al género de las otras criaturas, sin importar las similitudes que pueda haber entre él y las otras criaturas. Para utilizar lenguaje científico moderno, el ser humano no es una especie particular dentro de un género de criaturas vivientes. El hombre es diferente a cualquiera de las otras criaturas vivientes (v. 26). Sorprendentemente, el hombre es creado según el «género» de Dios, hecho a Su imagen (imago Dei). El hombre, al igual que Dios, es un ser personal. Dios mismo, como la Biblia lo revela más adelante, es tres personas todas compartiendo una esencia divina. Las personas humanas son seres creados, y en ese sentido (como en otros) son similares y comparten características con otros seres creados. Pero lo más importante de los seres humanos es su semejanza a Dios. Esta semejanza es tan especial que los separa de todas las demás criaturas que Dios creó. El hombre no está hecho según el género de las otras criaturas; él está hecho según el «género» de Dios. En otras palabras, el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios.

Como portadores del imago Dei, a los humanos se les da una medida de soberanía sobre toda la tierra, con dominio sobre los peces del mar, las aves del aire, el ganado y todo reptil (v. 28). También son responsables ​​de sojuzgar a la tierra (v. 28). El lenguaje sugiere una posición gobernante, incluso conquistadora, como deja claro el Salmo 8 (ver los versículos 5-8). Todas las cosas se ponen bajo los pies del hombre, sin embargo, las ideas de tiranía y explotación no están presentes. Génesis 2:4-25 muestra que el hombre debe imitar a Dios en su mayordomía de la tierra. Dios planta un huerto en Edén, y pone al hombre allí para que lo trabaje y lo guarde (2:8, 15). Lo que Dios inicia, el hombre debe sostener y cultivar. Dios llama a la luz día y a las tinieblas noche; llama a la expansión cielos y a las aguas mares (1:5, 8, 10). Ahora Dios le ordena al hombre que nombre a todas las criaturas vivientes que ha formado (2:19).

Aunque sin usar el vocabulario de imagen y semejanza, Génesis 2 tiene su propia forma de resaltar la singularidad del ser humano entre todas las criaturas vivientes. Cuando Dios formó al hombre del polvo y lo colocó en el huerto, declaró que no era bueno que el hombre estuviera solo. Por esta razón, Dios determinó hacerle una ayuda idónea (2:18). Luego de esta solemne declaración, Dios presentó todos los animales que había hecho al hombre, para que él los nombrara. ¿Por qué este desfile de animales ante el hombre? ¿Por qué Dios no creó inmediatamente a la mujer? Lo que parece una interrupción en la narración en realidad está mostrando la razón de la historia: «mas para Adán no se encontró una ayuda que fuera idónea para él» (v. 20). El punto que se está enseñando es que los seres humanos no pertenecen al género de los animales, independientemente de las características que puedan compartir con ellos. No se encontró entre todos los animales una ayuda idónea para Adán, un ser creado del mismo género que él, con quien pudiera cumplir su llamado de Dios. Por lo tanto, Dios hizo una mujer, que era «hueso de [sus] huesos y carne de [su] carne» (v. 23). Como Adán, ella fue hecha a imagen y semejanza de Dios (1:28). Juntos debían esforzarse en cumplir la obra de Dios para ser fecundos, multiplicarse, llenar la tierra y sojuzgarla. Dios creó el primer hombre y la primera mujer, pero todos los demás humanos llegarían a existir a través de ellos. Lo que Dios hizo, el hombre y la mujer ahora debían continuar, habiendo sido creados a imagen y semejanza de Dios.

Trágicamente, el hombre y la mujer se alejaron de Dios y cayeron en pecado, buscando llegar a ser más como Dios (3:5), eligiendo por ellos mismos lo que es bueno y malo. La imagen de Dios fue desfigurada. Aunque el hombre fue hecho recto, buscaron muchas artimañas (Ec. 7:29). Sus descendientes también llevarían esta imagen desfigurada (Ro. 5:12-21). Sin embargo, la imagen de Dios no se perdió del todo, y lo que queda todavía es suficiente para sostener la santidad de la vida humana que se basada en el imago Dei. Génesis 9:6 muestra que quitar una vida humana inocente es un ataque a la imagen de Dios, por lo que debe ser castigado con la muerte. El hombre como la imagen de Dios debe dar vida, no quitar una vida inocente. Cuando nos convertimos en homicidas, contradecimos nuestro propósito en la vida y perdemos la protección divina que normalmente nos cubre. Tan especial es nuestra vida para Dios que hasta una bestia es ejecutada si quita la vida de un ser humano (Gn. 9:5, Ex. 21:28-32).

Además, así como debemos respetar a Dios y bendecirlo con nuestras palabras, de la misma manera nunca debemos maldecir a aquellos que son hechos a semejanza de Dios (Stg. 3:9). Toda la ética humana se basa en el imago Dei. Los esposos deben amar a sus esposas como Cristo amó a la iglesia (Ef. 5:25-27). Los padres deben disciplinar e instruir a sus hijos como el Señor disciplina a los suyos (6:4). El amor reconfortante de una madre es la imagen y semejanza del amor consolador de Dios (Is. 66:13). Los amos terrenales deben reflejar la justicia y rectitud que se encuentran en el Amo celestial (Ef. 6:9; Col. 4:1). Aunque el pecado ha desfigurado grandemente la imagen de Dios en nosotros, por la gracia de Dios en Cristo esa imagen es renovada (Ef. 4:24; Col. 3:10). Andando en esa gracia, las personas ven nuestras buenas obras y dan gloria a nuestro Padre que está en los cielos (Mt. 5:16). Cuando se complete nuestra restauración, viviremos para siempre en la presencia de Dios, vestidos con Su gloria (Ap. 21-22), habiéndonos convertido verdaderamente un pueblo según Su «género». Gracias sean dadas a Dios.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

Mark E. Ross
Mark E. Ross
El Dr. Mark E. Ross es profesor de teología sistemática en el Erskine Theological Seminary en Columbia, S.C. Es autor de Let’s Study Matthew.

J1 – Tu hogar es tu misión

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

J1 – Tu hogar es tu misión

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/tu-hogar-es-tu-mision/

Carmen Espaillat: Con ustedes Nancy Leigh DeMoss…

Nancy Leigh DeMoss: Las relaciones extramaritales aumentan exponencialmente cuando las mujeres trabajan fuera del hogar y creo que tiene que ver, primordialmente, con estar en un ambiente donde existe una mayor exposición a la tentación.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Mucha gente disfruta de opciones cuando se trata del trabajo. Tiempo flexible, la oficina en casa o semanas de cuatro días. Pero mientras evalúas tu horario, Nancy te invita a recapacitar e ir al meollo de este asunto.

¿A qué tipo de escenario de trabajo te está llamando Dios? Nancy te ayudará a pensar sobre esto en la serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 .

Nancy: Algunas de ustedes quizás leyeron sobre algo que sucedió hace aproximadamente un año cuando el Seminario Teológico Bautista del Sur en Fort Worth, Texas, estableció un programa de estudios superiores. Se trataba de una especialidad en humanidades con concentración en el trabajo doméstico. Una carrera en trabajo doméstico. Este anuncio causó un gran alboroto.

Una mujer escribió un artículo en el periódico U.S.A. Today titulado “¿Quiere Dios que las mujeres se queden en casa?» Luego leí otro artículo acerca de esta controversia donde un pastor bautista de Texas afirmaba en su blog que esta era una idea era vergonzosa.

Él dijo, «Una carrera en hornear galletas es tan útil como una Maestría en Divinidad con concentración en reparación de autos”. Su artículo afirmaba que este título era frívolo y tonto.

Se hizo una gran tormenta solo por el hecho de que esta universidad cristiana quería ofrecer una carrera en el trabajo doméstico para las jóvenes de esa universidad.

Hemos estado estudiando Tito capítulo 2 y hemos llegado a esta frase: «hacendosas en el hogar” (verso 6) —las mujeres trabajan en sus casas. El contexto aquí, es que las mujeres mayores quienes han tenido vidas ejemplares agradables a Dios deben enseñar lo que es bueno.

No solo viven vidas agradables a Dios, sino que deben asesorar y pasar la verdad a la próxima generación de mujeres. Su deber es «instruir a las más jóvenes a amar a sus esposos y a sus hijos, a vivir sabiamente y a ser puras, a trabajar en su hogar”, como dice la Nueva Traducción Viviente.

Este concepto de trabajar en el hogar, como hemos estado hablando, ha sido degradado en gran manera en nuestra cultura. Un día encontré un artículo escrito por George Grant que hablaba sobre el libro bien conocido de Betty Friedman «La mística de la feminidad». Él dice opinando sobre el libro que,

“La autora advertía entre otras cosas, que la depresión, las adicciones y el suicidio perseguían a las mujeres que pasaban demasiado tiempo en sus casas persiguiendo los ideales victorianos. Quizás pensando que ella no estaba siendo muy clara sobre este asunto, ella comenzó a argumentar que solo los retrasados mentales podían encontrar gratificante el trabajo en casa y que las mujeres que aceptan el trabajo de esposa están en tanto peligro como los millones que caminaban en fila hacia las cámaras de gas nazis.”1

Ahora bien, eso suena extremo, y nunca se oye declarado de esa forma. Pero mientras investigaba en preparación para esta serie encontré un sinnúmero de correos electrónicos que recibimos de nuestra audiencia de Aviva Nuestros Corazones. Estos mencionaban cómo el ser esposa y tener un corazón para el hogar es totalmente contrario a lo que vemos en la cultura.

Permítame leerles algunos de estos correos a ustedes. Una mujer dijo:

«Yo estudié la carrera de economía doméstica en la universidad. Cuando estaba en la secundaria mi madre cuidaba niños fuera de nuestra casa. Ella cuidaba estos niños desde temprano en la mañana hasta las 5:30 de la tarde. Les daba desayuno y comida. Lo único que los padres hacían era darles su cena y llevarlos a la cama. Y vi cómo mi madre prácticamente estaba criando a estos niños. Entonces me di cuenta que no quería que una guardería criara a mis hijos. Por eso yo escogí la carrera de economía doméstica.

Yo estaba muy emocionada de mi primer año, pero cuando estuve a punto de graduarme, comencé a preguntarme por qué había escogido esta carrera. Llegó el momento de elegir un empleo y no sabía qué tipo de empleo podría yo obtener con el título de economía doméstica. ¡La sociedad está tan acostumbrada a las carreras! La gente piensa que eres loca si no persigues una carrera. Algunas veces me siento avergonzada tratando de explicar a la gente que no quiero una carrera excepto la de ser una buena esposa y madre. Yo creo que más mujeres deberían escuchar que ‘el trabajo doméstico no es algo desagradable.’”

He aquí otra mujer en una etapa de la vida distinta; ella dijo:

«Yo fui educada para creer que el trabajo en el hogar era el llamado más noble. He estado casada por 38 años, y todavía siento muy fuertemente las presiones y los desafíos de la cultura moderna… los mensajes del mundo son tan insistentes que te dicen que no eres nada si no haces estas cosas… que no eres nada si dependes de tu marido, si pones a tu familia antes que a tus propósitos y a tu carrera. Aun a mi edad, todavía lucho con el sentimiento de que he desperdiciado mi tiempo al estar en casa. Otras mujeres tienen sus cheques de jubilación y casas de vacaciones, automóviles y vehículos recreacionales… algunas veces es deprimente.

Yo he pensado mucho, pero he decidido que en cada edad, el enemigo tiene una nueva forma de presentar las cosas viejas. Yo tomé mi decisión temprano. Y no he cambiado de parecer. Tampoco Dios ha cambiado. Estoy camino a mi meta y permaneceré allí.”

Aun los evangélicos han comprado las mentiras de la cultura que no considera el valor y el significado de que las mujeres sean cuidadoras de sus hogares . Mucha de la sociedad evangélica ha mordido el anzuelo, se han alineado y han abrazado la filosofía del mundo sin detenerse a evaluar.

¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Por qué creemos lo que creemos? ¿Por qué pensamos lo que pensamos? ¿Nos hemos ido a la deriva con la cultura y estamos pensando con sobriedad y con buen juicio basado en la Escritura?

No estoy tratando de hacer absolutos en las aplicaciones. Solo estoy diciendo, que es un requerimiento bíblico para nosotras las mujeres el tener un corazón para el hogar. No es el único requisito pero es un requisito.

Yo creo que muchas veces no nos hemos detenido a pensar, ¿cómo se ve eso? ¿Debo sencillamente asumir que solo tengo que hacer lo que hace el mundo o debo considerar ir en contra de la cultura del mundo?

Yo estuve hablando recientemente con un ministro acerca de este tema del trabajo de la mujer en la casa, y él me dijo de un joven que vino a trabajar con él en un ministerio en particular hace algunos años. En ese tiempo el joven estaba casado pero no tenía hijos.

Mi amigo me dijo que él estaba sorprendido de que la esposa de su nuevo empleado no estaba planeando conseguir un empleo. Mi amigo, quien tiene un corazón para el Señor y en verdad ama la Escritura dijo: «En ese tiempo simplemente asumí y me pregunté, ‘¿por qué no trabajará fuera de su casa? No tienen niños, están recién casados.’”

Él dijo: «Fue una simple suposición de mi parte y no me detuve a pensar. Yo estaba tan sorprendido cuando este muchacho dijo: ‘No, hemos planeado que mi esposa se quede en casa desde ahora.’”

Mi amigo dijo: «¿quedarse en casa haciendo qué?»

Y este joven dijo: «Bueno, ella quiere aprender a cultivar habilidades relacionadas con las tareas domésticas que la prepararán como una esposa y después como mamá, y aprender las habilidades que necesitará para el manejo del hogar.»

Él dijo: «Yo he observado a esa pareja a través de los años, y he visto lo que ha sucedido en sus vidas como resultado de esa decisión». Ahora esa pareja tiene seis hijos y tiene una esposa con las habilidades y además está haciendo una gran contribución económica para la familia.

Ella puede hacer cosas y enfocarse en su hogar y ser una buena administradora para su familia en muchas áreas. Hubiera sido difícil desarrollar esas habilidades si hubiese estado fuera trabajando de su casa en los primeros años.

No estoy diciendo que si eres una mujer recién casada sin hijos es pecado tener un empleo fuera de tu hogar. No estoy diciendo eso. Pero puede ser pecado si Dios no te da la fe y la dirección para hacerlo, y si no lo estás haciendo por las razones correctas, pero no es pecado necesariamente.

Quiero retarte a pensar en lo que estás haciendo, ¿por qué haces lo que estás haciendo? ¿Por qué tomas las decisiones que estás tomando? ¿Lo estás haciendo solo porque se supone que es la manera en que debes vivir, que tienes que vivir en cierto vecindario o tienes que tener cierto tipo de casa o poder manejar cierto tipo de automóvil o tener dos automóviles? ¿Por qué es esto algo tan común en los matrimonios de hoy?

Ahora, no me importa si tienes uno o dos o tres o cuatro o cinco automóviles, si Dios te bendice con ello y si esa es la mejor forma que tu familia puede servirle a Dios y si es la mejor forma de administrar lo que Dios te ha encomendado.

Lo que estoy tratando de desafiar es el pensamiento de que debo tener las cosas de cierto modo para estar bien, y de que debo hacer las cosas de cierta manera en lo relacionado a la familia y al matrimonio sin detenernos y preguntarnos, «¿Es este patrón de vida lo que va a cumplir el llamado de Dios en mi familia en mi vida? ¿Va a contribuir al reino de los cielos, o solo estoy siguiendo la corriente al igual que todos los demás?”

Hay consecuencias que vienen a las vidas y a los hogares y a las culturas donde la mujer no se dedica al hogar, cuando la mujer no cumple con este mandato de ser hacendosa o trabajadora del hogar y de guardar su casa.

Podríamos hablar del impacto económico en la cultura, tanto negativa como positivamente, habiendo llegado a un punto donde la familia de dos ingresos es un requisito. La presión que eso pone sobre los hombres, quienes fueron diseñados por Dios para ser los proveedores principales para sus familias, es enorme.

Podríamos hablar de la gran contribución económica que la mujer podría hacer si fuera una diligente guarda de la casa y los gastos que se podrían ahorrar, las áreas donde pudiera haber un beneficio financiero para la familia, y algunos de los gastos que se crean si ella no cumple con la responsabilidad en el hogar.

Podríamos hablar sobre el impacto en los hijos, la ausencia de alguien que le modele en el hogar, la carencia de preparación para la vida cuando no hay una madre en el hogar.

Mis padres hicieron muchas cosas bien; y ellos eran los primeros en decirte que hicieron muchas cosas mal. Ellos eran nuevos creyentes cuando se casaron y comenzaron una familia, y sin tener todos los libros y seminarios y programas de enseñanza que tenemos hoy.

Hay muchos recursos disponibles para las familias hoy que antes no existían, pero una de las cosas que ellos descubrieron en aquel momento y por lo que estoy muy agradecida fue que mi madre fue una cuidadora del hogar. Ella era una mujer muy activa, fructífera, productiva, comprometida, inteligente, e involucrada, quien hacía muchas cosas diferentes, pero que redundaban alrededor del hogar.

Uno de los recuerdos realmente positivos de mi niñez, era que siempre que regresábamos a la casa de la escuela mi madre siempre estuvo allí. Tú puedes decir: «Gran cosa… muchos niños han crecido sin que sus mamás estén allí hasta más tarde, y esto no los dejó marcados de por vida”.

Solo les estoy diciendo, que fue algo muy positivo y que me dio mucha seguridad mientras crecía. Todavía puedo recordar cuando regresaba a casa, sabiendo que ella estaría allí, el sentimiento que me embargaba— la confianza de que ella estaba administrando la casa y que alguien se encargaba de todo de una manera ordenada.

El que esto falte en su infancia puede afectar los niños más adelante. De nuevo, no necesariamente porque la mamá no horneó un pan o porque no elaboró disfraces de mostacilla para los dramas escolares o lo que sea. Es sencillamente el hecho de que la mamá esté en el hogar y que ella tiene esa responsabilidad de administrarlo.

El área donde creo que las consecuencias son más notorias es en el impacto moral de las mujeres que no son guardas de su casa, que no trabajan en el hogar. Es interesante como en Tito 2 el trabajar en casa, el ser hacendosas del hogar viene inmediatamente después de la característica de ser pura. Creo que hay un enlace entre todas estas cualidades, incluyendo estas dos.

Mathew Henry, el maravilloso comentarista del siglo XIX, hace una observación interesante acerca de la conexión entre ser pura y ser hacendosa del hogar. El expresa que en Génesis 34, Dina, quien fue la hija de Jacob, «salió a visitar las hijas de la tierra » (versículo 1).

En ese proceso, y sin entrar en detalles, ella terminó perdiendo su pureza. No quiero darle más importancia a esta conexión de lo que realmente tiene, pero creo que existe algo en las mujeres que no tienen su corazón arraigado en el hogar. Se vuelven más vulnerables al pecado moral, y potencialmente más propensas a la tentación moral.

Mathew Henry, en su lenguaje del siglo XIX, continúa diciendo un poco más acerca de la conexión entre la pureza y el trabajo doméstico:

«Me temo que para aquellas para quienes su hogar es su prisión, también sienten que la castidad es su cadena.»

En otras palabras, si crees que el estar en tu casa es una prisión, entonces es probable que pienses que el ser pura es una prisión. Si no quieres tomar tu lugar en la casa, puedes encontrarte con el deseo de no permanecer pura moralmente. Él dice:

«Habrá ocasiones, en que tengas que salir [se refiere a hacer cosas fuera del hogar]; pero un temperamento parrandero, alegre y amiguero [una manera de referirse a personas que solo quieren pasear, socializar o divertirse], mientras se descuidan los asuntos domésticos, o la inquietud de no querer permanecer en su lugar… comúnmente viene acompañado de… otros males”.

Lo que él está diciendo es que estas cosas van de la mano; cuando una mujer no está satisfecha teniendo el hogar y su rol en el hogar como su prioridad—cuando ella dice que quiere andar en la calle, haciendo otras cosas, involucrada con personas fuera de su hogar—muchas veces encontramos que si ella no encuentra contentamiento en su ministerio y responsabilidades en el hogar, existen otros pecados que irán muy de la mano.

Y podemos ver esto en las Escrituras. Por ejemplo, en primera a Timoteo en el capítulo 5 versículo 14 se instruye a las viudas jóvenes por el apóstol Pablo a casarse, criar hijos y administrar su casa. Pablo les dice: si no lo hacen, le darán al adversario ocasión de calumniar.

¿Por qué sucedería esto? Y, ¿cómo puede suceder? Bueno, él dice en el versículo 11 que sus pasiones pueden alejarlas de Cristo, número uno, y número dos, «y además aprenden a estar ociosas, yendo de casa en casa; y no solo ociosas, sino también charlatanas y entremetidas, hablando de cosas que no son dignas» (versículo 12).

Pablo se refiere a que estas jóvenes realmente necesitan casarse y tener hijos y administrar su casa. Hacer esto las protege de otros pecados y tentaciones que pudieran enfrentar si les sobra tiempo, si se vuelven ociosas, si se vuelven chismosas, si van de casa en casa.

¿Entonces en cuál casa deben de estar? En la suya propia.

De nuevo, esto no significa, que ellas no deben salir nunca o visitar a alguien. No tomes esto como algo extremo. No pongas palabras en mi boca que no he dicho.

Estoy caminando en una cuerda floja con este tema, pero creo que conocerás mujeres que no tienen un corazón para su hogar, sino que están en otras casas, metiendo las narices donde no deben. Tienen demasiado tiempo libre.

El ser administradora en el hogar es parte de la protección espiritual contra la inmoralidad. Las personas pueden pecar inmoralmente bajo cualquier circunstancia, y existen personas trabajando empleos de tiempo completo fuera de su hogar que nunca han sostenido un romance con alguien.

No estoy diciendo que haya una relación de causa y efecto con esto. Solo estoy diciendo que podemos conectar algunos puntos entre todas estas cosas.

Esto lo vemos una vez más en Proverbios capítulo 7 que habla sobre la mujer adúltera y seductora. En los versículos 11 y 12 existe un pasaje interesante que dice que la mujer que seduce al joven ingenuo, es «alborotadora y rebelde, y sus pies no permanecen en casa; está ya en las calles, ya en las plazas, y acecha por todas las esquinas.”

Es alguien que tiene demasiado tiempo disponible. No le interesa ponerle atención a su casa.

Pero de manera interesante, mientras continúas en este texto, encuentras que ella se ha preocupado por hacer de su recámara un lugar agradable para el hombre que ella está tratando de seducir. Ha invertido tiempo en la domesticidad, pero con el objetivo equivocado—no para su marido, no para su familia, sino para una relación ilícita.

Y me viene esto a la mente: si las mujeres pusieran más atención en hacer de su casa un lugar ordenado y hermoso, y un refugio de paz, gozo y contentamiento para sus propios maridos y sus hijos y los huéspedes que Dios traiga a su casa, ¿cuánta protección habría en otros frentes y cuánta protección contra la posibilidad de incurrir en otros tipos de pecados?

Yo pienso que en ocasiones existe una conexión en nuestra cultura entre la inmoralidad y el hecho de que la mujer no tenga un corazón para su hogar.

No quiero llegar demasiado lejos con esto, pero permítame leer un correo electrónico de una de nuestras oyentes que trata este tema. Esta mujer dice:

«Me sentía muy sola en mi primer año de matrimonio. [Y había razones para ello—había algunos problemas]. Yo pensaba que si tenía un bebe en aquel momento las cosas serían diferentes. En lugar de ser una hacedora del hogar, no hacía nada todo el día. Me recostaba en la cama o en el sofá con las ventanas cerradas y las luces apagadas. Por seis meses no limpié la casa ni preparé la cena. Luego, un día visité a una vieja amiga de la universidad. Ella era soltera y empezamos a salir a los clubes, y obtuve la atención de algunos hombres. Llegué al punto de llamar a un viejo novio de la escuela y hablamos de restablecer la relación. Y para empeorar las cosas, nos estuvimos viendo y casi sostuvimos relaciones sexuales.”

La saga continúa, y todo se empeora después. Aquí tenemos a una mujer cuyo matrimonio comenzó con algunas dificultades y que luego se fue en una espiral hacia abajo, poniéndose aun peor a medida que ella descuidaba sus responsabilidades domésticas.

Hay santificación y protección cuando cumplimos aquello que Dios nos ha dado para cumplir en cada estación de la vida. Mi llamado primordial ahora mismo es estudiar la Palabra de Dios y enseñarla a otros.

Hacer esto es una bendición, pero también es laborioso. Toma tiempo y si me vuelvo ociosa, o si pospongo las cosas o si no cumplo el llamado que Dios ha hecho a mi vida para este tiempo, me vuelvo vulnerable a otros tipos de pecados. De manera que hay protección en hacer lo que sea que Dios te haya dado como tarea en esta etapa de tu vida.

Las relaciones extramaritales aumentan exponencialmente cuando las mujeres trabajan fuera del hogar y creo que tiene primeramente que ver con el estar en un ambiente donde aumenta la exposición a la tentación.

Un escritor quien ha escrito sobre este tema dijo: «Muchas relaciones emocionales son producto de ambientes de trabajo y colegiales intensos». Este escritor particular dijo que «más de la mitad de las amistades laborales se convierten en algo más.»

No estoy tratando de asustarlas o de ser alarmista o extrema. Solo estoy diciendo que esta es la realidad, y Dios nos ha dado instrucciones en su palabra para nuestro bien nuestra bendición así como para su gloria. Nosotras ignoramos estas responsabilidades para nuestro propio mal; pero si las abrazamos, seremos muy bendecidas.

Permítanme cerrar con dos citas de comentaristas acerca del alto llamado a ser ama de casa y de la influencia que se puede ejercer en el ejercicio de este llamado. Un comentarista dice:

«No existe un llamado más alto que la labor doméstica. Todo hombre conoce el poder transformador de una hermosa y piadosa esposa.”

Luego otro comentarista dice:

“A fin de cuentas, no puede haber una carrera mejor que la de la labor doméstica. Muchas personas que han dejado una marca en el mundo, lo han podido hacer debido a que recibieron el amor y el cuidado en el hogar. Es infinitamente más importante el estar en casa, llevar a los niños a la cama y escucharlos decir sus oraciones que asistir a todas las reuniones públicas y eclesiásticas del mundo.”

Si esto te suena un poco anticuado, así es. Ciertamente fue escrito hace algunos años. Permítame leer algo más que escribió John Angell James, un predicador del siglo XIX. Tal vez el lenguaje sea un poco singular, pero yo pienso que él lo dice de una forma tan hermosa. Él dice:

«Hogar, dulce hogar, es la esfera de la misión de la mujer casada… El hacer de este hogar un lugar de santidad y de felicidad; el llenar esa esfera con una influencia tan dulce y sagrada… por tal objetivo o propósito, los ángeles considerarían que valdría la pena venir a encarnarse en la tierra”.

En otras palabras los ángeles desearían dejar su lugar en el cielo para venir a vivir a la tierra si pudieran tener esa bendición, el gozo y el privilegio que tiene una mujer que cumple su misión en su hogar haciéndolo un lugar de santidad y felicidad, no de perfección, sino de felicidad y santidad para la gloria de Dios.

Carmen: Es tan fácil perder de vista del verdadero valor de tu hogar, y no estoy hablando del valor de la propiedad, sino del valor de la crianza de la próxima generación que glorificará a Dios por haber estado en un lugar de santidad y felicidad como Nancy nos ha hablado. Es un tema que ha llevado a una radioescucha de Aviva Nuestros Corazones a escribirnos.

Alguien que ha sido retada a reorganizar su vida. Ella ha estado escuchándonos por tres años; nos escribe que cuando empezó a escuchar,

Mujer: Yo era el ícono de una mujer del mundo.

Carmen: Ella era una doctora tenía una vida profesional en lugar de una vida familiar. Tuvo muchas posiciones de poder en una universidad médica. Pero Dios la estaba llamando a algo más y ahora se encuentra desarrollando el ministerio de tiempo completo. Escribió para decir:

Mujer: Nancy, tus enseñanzas del consejo de Dios con el énfasis en la mujer y nuestros roles para el reino de Dios me han ayudado a transformarme completamente y liberarme de la cosmovisión y de las normas culturales de la mujer americana.

Nancy: Que enseñen lo bueno, que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.

Carmen: Quizás te resistes a servir en el hogar porque piensas que no tienes facilidad para hacerlo, pero no debes olvidar que Dios puede hacer grandes cosas en tu hogar.

Visítanos en nuestra página web, www.AvivaNuestrosCorazones.com. Allí podrás encontrar algunos recursos que te ayudarán a crecer en tu relación con Dios y a conocer Su voluntad para tu vida.

¿Has conocido alguna vez a alguien que parece tener todo bajo control? Su casa luce impecable, sus hijos parecen angelitos… parece ser una súper mamá, ¡y te hace sentir inadecuada! En el programa siguiente Nancy ofrecerá algunas buenas noticias para aquellas que sienten que no califican como súper mamás. Te esperamos en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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Tú eres mío

Lunes 7 Septiembre


Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo.
1 Pedro 1:18-19

¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿… y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo.
1 Corintios 6:15, 19-20

Tú eres mío

Bruno es cristiano desde hace algún tiempo. Es salvo y vive tranquilo. Tiene un carácter independiente y le gusta hacer sus cosas y organizar su vida como le parece, sin pedir la opinión de nadie.

Pero cierta noche, una expresión de la Biblia llamó su atención: “No sois vuestros… habéis sido comprados por precio”.

Pensativo, Bruno miró el bolígrafo que tenía en la mano. Él había comprado ese bolígrafo, por lo tanto le pertenecía y podía utilizarlo.

Súbitamente Bruno se dio cuenta de lo que significa la expresión “comprados por precio”: Jesús lo había comprado, había pagado un precio por él. ¡Y qué precio!: su preciosa sangre, por lo tanto su propia vida. Bruno concluyó que él no era dueño de sí mismo, sino que era propiedad de Jesús. A partir de entonces tomó conciencia de que Jesús tiene derecho sobre su vida y sobre todos los detalles de su existencia. Se acostumbró a pedirle su opinión en cada situación. Esto no era una penosa obligación. Jesús había demostrado su amor al dar su propia vida en la cruz para redimirlo.

Usted es feliz de ser salvo, tiene la vida eterna, pertenece a Jesús: escuche su voz en cada circunstancia, pequeña o grande. Siga las directrices de ese Maestro en un mundo difícil donde hay que vivir contra la corriente. ¡Y no olvide que nada nos puede separar de él!

Jeremías 39 – 1 Corintios 14:1-19 – Salmo 104:5-13 – Proverbios 22:26-27
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2/8 – Ángeles y demonios

Para mi el vivir es Cristo

Serie: Ángeles y demonios

2/8 – Ángeles y demonios

Samuel Pérez Millos

Samuel Pérez Millos

Casado con Noemí Susana Colacilli, misionera durante 24 años en Palabra de Vida.

Samuel es responsable del área de formación bíblica en la Iglesia Unida de Vigo.

Licenciado y Master en Teología (TH. M) por el Instituto Bíblico Evangélico.

Pastor de la Primera Iglesia Evangélica de Vigo, hoy Iglesia Evangélica Unida, desde el 26 de septiembre de 1981.

Profesor de Biblia y Teología en la Facultad Evangélica de España y del Departamento de Teología Sistemática de la escuela Escrituras.

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