La predicación bíblica humilla y persuade

Coalición por el Evangelio

La predicación bíblica humilla y persuade

SUGEL MICHELÉN

Nota del editor: Este es un fragmento adaptado del libro De parte de Dios y delante de Dios: Una guía de predicación expositiva por Sugel Michelén (B&H Español).

En la década de los 60, el filósofo canadiense de la teoría de comunicación Marshall McLuhan acuñó la frase: “El medio es el mensaje”. Con estas sencillas pero poderosas palabras, McLuhan nos recuerda que el medio escogido para comunicar un mensaje afecta su contenido. “El modo es el asunto”, había dicho el pastor estadounidense del siglo XIX Henry C. Fish, adelantándose a McLuhan por unos 100 años. Los que leyeron en los diarios acerca del desembarco de las fuerzas aliadas en las playas de Normandía, a finales de la II Guerra Mundial, no tuvieron la misma experiencia que aquellos que vieron la primera escena de la película de Steven Spielberg, Rescatando al soldado Ryan. Lo primero es noticia; lo segundo es tanto noticia como espectáculo.

Esta realidad debe llevarnos a pensar seriamente en el medio que usamos para comunicar la verdad de Dios revelada en su Palabra. Escuchar a un predicador exponiendo la Palabra es una experiencia distinta a ver un videoclip, una obra de teatro, o incluso leer un libro o un folleto evangelístico. Con esto no pretendo minimizar la importancia de la página impresa. Creo de todo corazón que los libros son un instrumento poderoso para propagar la verdad y combatir el error. La Reforma protestante le debe muchísimo a la invención de la imprenta. Pero aun así, la proclamación oral sigue siendo el medio por excelencia que Dios usa para salvar las almas y fortalecer la fe de los creyentes.

De miles y miles de personas que pueden dar testimonio de que se convirtieron a través de la predicación de la Palabra de Dios, encontraremos unos pocos que afirman haberse convertido leyendo algún libro o tratado que explicaba el mensaje del evangelio. Y es probable que muchos de esos pocos se hayan expuesto antes a la predicación de la Palabra.

La predicación es el formato más idóneo para mostrar la realidad de que el hombre no está en la posición de sentarse con Dios en una mesa de negociaciones.

Decía un puritano inglés del siglo XVII, Thomas Watson, que “fue por los oídos que perdimos el paraíso, cuando nuestros primeros padres escucharon a la serpiente; y es también por los oídos, por escuchar la Palabra predicada, que alcanzamos el cielo”. Si la Biblia enfatiza la necesidad de oír, es porque presupone que sus siervos cumplirán el mandato que se les ha dado de predicar la Palabra.

Hablamos de parte de Dios y delante de Dios (2 Co. 2:17). Y no solo el mensaje que transmitimos, sino también la forma como lo hacemos deben enviar esa señal a la mente y el corazón de todos los que escuchan. Somos “embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros”, llamando a los hombres a reconciliarse con Él (2 Co. 5:20).

De esta manera, la predicación de la Palabra no surge en los tiempos bíblicos por el atraso tecnológico de aquellos días, sino por ser el medio más apropiado para comunicar la naturaleza del mensaje. El Rey Soberano del universo, que tiene derecho pleno sobre todas sus criaturas, nos encargó transmitir sus decretos.

Esa es la señal que los predicadores envían a los hombres cuando se colocan detrás del púlpito para proclamar a viva voz la Palabra de Dios. Somos mensajeros del Dios Altísimo, no sus negociadores. Él es Rey de reyes y Señor de señores; y ahora venimos en su nombre a proclamar que hay salvación en Cristo para todo aquel que cree. La predicación es el formato más idóneo para mostrar la realidad de que el hombre no está en la posición de sentarse con Dios en una mesa de negociaciones, sino que necesita más bien humillarse ante la voz de Dios.

El entendimiento debe ser iluminado por la presentación clara y persuasiva de la verdad para que seamos movidos a abrazar a Cristo por la fe.

Por otra parte, la predicación es un vehículo ideal para persuadir correctamente a los hombres, informando de manera adecuada el entendimiento del pecador y moviéndolos a levantar la bandera blanca de rendición. De Pablo se dice en el libro de los Hechos que persuadía (o trataba de convencer) a judíos y a griegos (Hch. 18:4). ¿Es nuestra argumentación lo que va a vencer la obstinación de los perdidos y va a traerlos al arrepentimiento y a la fe? Por supuesto que no. Solo Dios puede hacerlo. Pero Él obra tomando en cuenta la manera como Él mismo nos creó.

El entendimiento debe ser iluminado por la presentación clara y persuasiva de la verdad para que seamos movidos a abrazar a Cristo por la fe (Rom. 6:17). Como dice una vez más el puritano Thomas Watson: “Los ministros tocan a la puerta de los corazones de los hombres, y el Espíritu viene con una llave y abre la puerta”.

Es sorprendente pensar que el Espíritu obre en los corazones humanos a través de voces humanas, pero eso es precisamente lo que Él hace: “El Espíritu y la esposa dicen: ‘Ven”. Y el que oye, diga: ‘Ven’. Y el que tiene sed, venga; y el que desee, que tome gratuitamente del agua de la vida” (Ap. 22:17). Debemos proclamar a viva voz la Palabra de Dios, pero debemos hacerlo correctamente para que sea de verdad predicación. Recuerda que el medio sí afecta el mensaje. No basta con que el contenido sea bíblico, la predicación bíblica debe reflejar nuestra vocación como heraldos y embajadores del Dios Altísimo.

Sugel Michelén (MTS) es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 35 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios. Es autor de varios libros, incluyendo De parte de Dios y delante de Dios y El cuerpo de Cristo. El pastor Michelén y su esposa Gloria tienen 3 hijos y 5 nietos. Puedes seguirlo en Twitter.

 

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