La inspiración de las Escrituras

Grace en Español

La inspiración de las Escrituras

Josías Grauman

Josías Grauman

Josías es licenciado en idiomas bíblicos por The Master’s University y con Maestría en Divinidad por The Master’s Seminary. Sirvió durante cinco años como capellán del Hospital General de Los Angeles (California), y sirvió como misionero por dos años en la Ciudad de México. En la actualidad , está encomendado como anciano de la iglesia Grace Community Church donde sirviendo en el ministerio hispano. Josías y su esposa Cristal tienen tres hijos.

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5- El noviazgo que agrada a Dios

CONSULTORIO BÍBLICO

SERIE: Vida Cristiana

5- El noviazgo que agrada a Dios

DAVID LOGACHO

Gracias por su sintonía. Es un gozo darle la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando las características de la vida auténticamente cristiana y en esta ocasión, David Logacho nos hablará acerca del noviazgo que agrada a Dios.

El noviazgo o enamoramiento es una etapa hermosa de la vida, pero no está libre de contratiempos, especialmente cuando no ha habido la adecuada preparación previa, aplicando los principios que proporciona la palabra de Dios acerca de este asunto. La vida cristiana auténtica se caracteriza por un noviazgo que agrada a Dios. Veamos pues cuales son los principios más importantes para un noviazgo que agrada a Dios. El primero y más importante, debe haber compatibilidad espiritual. Eso es lo que se desprende de textos como 2 Corintios 6:14 donde dice: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” La voluntad de Dios es que Usted, siendo creyente no se una en relación de noviazgo con una persona incrédula. Pretender unir un creyente con un incrédulo es como pretender unir la justicia con la injusticia, o como pretender unir la luz con las tinieblas. Muchos jóvenes y señoritas creyentes quebrantan este mandamiento vanamente esperanzados que su pareja incrédula se convertirá al Señor en algún momento durante el noviazgo o aún durante el matrimonio, pero la triste realidad es que son contados los casos en los cuales un inconverso o una incorversa se torna creyente dentro del noviazgo y peor dentro del matrimonio. Por regla general, la parte creyente cede en sus convicciones y vive como si fuera incrédula. Es como si Usted, la parte creyente estuviera de rodillas sobre una mesa y su pareja, la parte incrédula, estuviera de rodillas en el piso, y los dos estuvieran tomados de la mano. ¿Qué es más probable? ¿Que Usted levante a la persona que está en el suelo y lo ponga sobre la mesa? ¿O que la persona que está en el suelo le haga caer de la mesa? La respuesta es obvia. Por más fuerte que Usted sea, terminará en el suelo porque tiene a la fuerza de la gravedad en su contra. Igual sucede con el creyente que trata de ganar para Cristo a su novia incrédula. El creyente terminará en el nivel del incrédulo. ¿Para qué correr este riesgo? Es mejor obedecer la palabra de Dios y no unirse en yugo desigual con el incrédulo. El segundo principio es que todo noviazgo debe contar con la autorización de Dios, de los respectivos padres y de los líderes de la iglesia local. No es correcto mantener una relación de noviazgo en contra de la voluntad de quien se interponga en el camino. La relación noviazgo debe contar con la bendición de Dios. Es necesario discernir la voluntad de Dios en cuanto al noviazgo. Esto se logra invirtiendo tiempo en la palabra de Dios y en la oración. Salmo 37:4 dice: “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón” En la medida que hallemos nuestro deleite en la comunión con Jehová, por medio de su palabra y la oración, pensaremos como Dios piensa, querremos lo que Dios quiere, y Dios mismo se encargará de atender los deseos de nuestro corazón. Los jóvenes jamás deberían comenzar una relación de noviazgo no sin antes haber invertido suficiente tiempo en la meditación de la palabra de Dios y en la oración. Pero además de la autorización de Dios, es importante la autorización de los padres tanto de él como de ella. Noviazgos en contra de la voluntad de los respectivos padres no cuentan con la bendición de Dios. Efesios 6:1 dice: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo.” La responsabilidad de los hijos, no importa si son niños, o jóvenes, o adultos, es obedecer a sus padres. En el asunto del noviazgo, los respectivos padres deben tener participación activa. Si existe oposición de los padres es mejor evitar esa relación de noviazgo. La desobediencia a los padres jamás será vista con buenos ojos por Dios. Además de contar con la bendición de Dios y con la bendición de los padres, es necesario contar con la bendición de los pastores o ancianos de la iglesia local. 1 Pedro 5:5 dice: “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” El joven orgulloso o la señorita orgullosa, se reviste de soberbia y dice: Esta es mi vida, yo decido hacer con mi vida lo que yo quiera. Pero el joven humilde o la señorita humilde dice: Mi vida es del Señor, debo someterme a él y a los que él ha establecido como pastores o ancianos en la iglesia local. Por eso dice el texto: Jóvenes, estad sujetos a los ancianos. Antes de comenzar una relación de noviazgo es necesario pedir consejo de los ancianos o pastores de la iglesia local. Si a ellos les parece bien, y también a los respectivos padres les parece bien, entonces es muy probable que Dios tampoco tenga problema con esa relación de noviazgo. Pero si los pastores se oponen, o los padres se oponen, es muy probable que Dios también esté oponiéndose. En muchos casos, una negativa de Dios puede hacerse evidente por medio de una negativa de los respectivos padres o de los ancianos o pastores. El tercer principio para un noviazgo que agrada a Dios, es que el noviazgo debe ser visto como una antesala del matrimonio. Muchos jóvenes principalmente y no pocas señoritas, ven al noviazgo como un atractivo pasatiempo. Por eso es que cambian de novia o de novio con tanta facilidad como cuando se cambia de ropa. Pero el noviazgo debe ser el tiempo para conocerse mutuamente, el tiempo para edificar fuertes lazos especialmente en el campo espiritual y en el campo emocional. Por tanto, durante el noviazgo debería haber tiempos específicos para estudiar juntos la palabra de Dios, tiempos específicos para meditar juntos en la palabra de Dios, tiempos específicos para orar juntos, tiempos específicos para servir juntos a Dios, de diversas maneras. Debe haber tiempos específicos para hablar mutuamente, tiempos específicos para hacer planes para el futuro, tiempos específicos para conocer a las respectivas familias, tiempos específicos para disfrutar de distracciones sanas. Todo esto debe tener su parte en un noviazgo que agrada a Dios. Si Usted joven, o señorita creyente, no piensa sinceramente que se va a casar con la persona con quien está de novio o de novia, es mejor que termine ahora mismo esa relación. No es prudente jugar con las emociones de otras personas. No sea que se halle despertando ilusiones que Usted sabe que no podrá hacerlas realidad de ninguna manera. Una vez, un joven de la iglesia donde yo soy uno de los ancianos, vino a mí para pedirme consejo acerca de una chica de la misma iglesia, con quien estaba pensando comenzar una relación de noviazgo. Después de hablar por un buen rato, se me ocurrió decirle: ¿Así que te vas a casar con tal persona? Me miró como si hubiera dicho una blasfemia. ¿Yo…? Ni loco. Solo quiero tener un buen tiempo con ella. Eso me sirvió para mostrar a este joven que el noviazgo no sirve sólo para tener un buen tiempo con una persona del sexo opuesto, sino que debe ser visto como la antesala del matrimonio. El cuarto principio para un noviazgo que agrada a Dios es que el noviazgo no es sinónimo de licencia para el contacto físico. En el noviazgo se debe edificar el área espiritual y el área emocional, dejando el área física para el matrimonio. ¿Qué quiero decir con eso? Pues simple y llanamente que las caricias no deberían ser parte del noviazgo. Las caricias no son la expresión del amor que debe existir entre los novios. El verdadero amor entre los novios se debe manifestar más bien en un refrenar la tendencia natural a acariciar. Las caricias tienen el propósito de despertar excitación sexual en los esposos, como preparación para el acto sexual. El mundo ha llevado a pensar a un joven que si una joven le ama, debe permitir que le acaricie todo lo que él quiera. De aquí nace la frase tan trillada y abusada que usan muchos jóvenes con sus novias: Si me amas, dame una prueba de tu amor. Querida joven amiga oyente, si su novio viene con estas ideas, la mejor respuesta que Usted puede dar es: Sí, te amo, y la mejor prueba que puedo darte de mi amor es impedirte que toques cualquier parte de mi cuerpo. Si su novio vale la pena, acatará esta forma de pensar, pero si insiste, lo único que estará manifestando es que todo lo que quiere hacer, es aprovechar de Usted. No se lo permita. Las caricias en el noviazgo ocasionan una cantidad de funestas consecuencias, como una conciencia manchada, como el sentirse utilizada, como el temor y sobre todo, está el peligro de desembocar en una relación sexual prematrimonial. La idea de llegar virgen al matrimonio, tanto en el hombre como en la mujer no es muy popular hoy en día, sin embargo, esa es la voluntad del Señor para los solteros. 1 Corintios 6:18 dice: “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.” Fornicar significa cualquier uso del sexo fuera de lo que Dios ha establecido para él. Dios dio el sexo al hombre y a la mujer como un regalo para ser utilizado única y exclusivamente dentro de los sagrados vínculos del matrimonio. Cuando la Biblia dice: Huid de la fornicación, está diciendo: Huid de todo uso del sexo fuera del matrimonio, dentro de esto, ciertamente, huid de toda relación sexual prematrimonial. El mejor consejo para prevenir una relación sexual prematrimonial es abandonar las caricias en el noviazgo. Estos son los principios más importantes de un noviazgo que agrada a Dios. Bien harían los jóvenes auténticamente cristianos con incorporar estos principios a su diario vivir.

 

Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por años para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al Señor en un Instituto Bíblico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante más de 2 décadas hasta su retiro en 2015.

Disponible en Internet en: http://www.labibliadice.org

Contenido publicado con autorización de La Biblia Dice para: Alimentemos El Alma

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¿Es bíblico DECLARAR?

Teología Express

¿Es bíblico DECLARAR?

Juan Manuel Vaz

 

Juan Manuel Vaz es pastor en la Iglesia Caminando Por Fe, en Hospitalet de Llobregat, Barcelona (España). Para más información pueden consultar nuestra web:
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¿Es bíblico declarar?

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Música: Samuel Barceló – Vida Eterna (CD Vida Eterna)

Dios les bendiga. Soli Deo Gloria

El aborto

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

El aborto

Randy Alcorn

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie «Definiendo el ser humano«, publicada por la Tabletalk Magazine.

Algunos defensores del aborto afirman basar sus creencias en la Biblia. Sostienen que las Escrituras no prohíben el aborto. Están equivocados. La Biblia, de hecho, enfáticamente prohíbe el asesinato de personas inocentes (Éx. 20:13) y claramente considera que los bebés que aún no han nacido son seres humanos dignos de protección (21:22-25).

Job describió en detalle la forma en que Dios lo creó antes de que naciera (Jb. 10:8-12). Lo que estaba en el vientre de su madre no era algo que podría convertirse en Job sino alguien que era Job, el mismo hombre, solo que más joven. Dios le dice al profeta Isaías: «Así dice el Señor que te creó, que te formó desde el seno materno, y que te ayudará» (Is. 44:2). Lo que cada persona es, no simplemente lo que podría llegar a ser, estuvo presente en el útero de su madre.

Debemos aprender a ver a todos los niños como Dios los ve, y debemos actuar a favor de ellos como Él nos manda.

El Salmo 139:13-16 pinta una imagen vívida de la relación íntima de Dios con una persona nonata. Dios creó las «entrañas» de David no en el nacimiento, sino antes del nacimiento. David le dice a su Creador: «me hiciste en el seno de mi madre» (v. 13). Cada persona, independientemente de su linaje o discapacidad, no ha sido fabricada en una línea de ensamblaje cósmica, sino que personalmente ha sido formada por Dios. Todos los días de su vida están planeados por Dios aún antes de que exista uno solo de ellos (v. 16).

Meredith Kline observa: «Lo más significativo acerca de la legislación sobre el aborto en la ley bíblica es que no hay ninguna. Era tan impensable que una mujer israelita deseara un aborto que no había necesidad de mencionar esta ofensa en el código penal». Todo lo necesario para prohibir un aborto era la orden: «No matarás» (Ex. 20:13). Todos los israelitas sabían que el niño en el vientre de su madre era un niño. Nosotros también, si somos honestos. Todos sabemos que una mujer embarazada está «cargando un niño».

Cada niño en el útero es obra de Dios y parte del plan de Dios. Cristo ama a ese niño y lo demostró volviéndose en uno: pasando nueve meses en el vientre de Su madre terrenal.

Así como niño pequeño y  adolescente, los términos embrión y feto no se refieren a no humanos, sino a humanos en diversas etapas de desarrollo. Es científicamente inadecuado decir que un embrión humano o un feto no es un ser humano simplemente porque se encuentra en una etapa más temprana que un bebé. Esto es como decir que un niño pequeño no es un ser humano porque aún no es un adolescente. ¿Alguien se vuelve más humano a medida que crece? Si es así, entonces los adultos son más humanos que los niños, y los jugadores de fútbol son más humanos que los jinetes. Algo que no es humano no se vuelve humano o más humano al envejecer o crecer; lo que es humano es humano desde el principio, o nunca puede ser humano en absoluto. El derecho a vivir no aumenta con la edad y el tamaño; de lo contrario, los niños pequeños y los adolescentes tienen menos derecho a la vida que los adultos.

Una vez que reconocemos que los nonatos son seres humanos, el tema sobre su derecho a vivir debería resolverse, independientemente de cómo fueron concebidos. La comparación entre los derechos de los bebés y los de las madres es desigual. Lo que está en juego en la gran mayoría de los abortos es el estilo de vida de la madre, a diferencia de la vida del bebé. En tales casos, es razonable que la sociedad espere que un adulto viva temporalmente con un inconveniente si la única alternativa es matar a un niño.

Los defensores del aborto desvían la atención de la gran mayoría de los abortos (99 por ciento) al concentrarse en la violación y el incesto debido al factor de simpatía. Dan la falsa impresión de que los embarazos son comunes en tales casos. Sin embargo, ningún niño es un despreciable «producto de violación o incesto», sino la única y maravillosa creación portadora de la imagen de Dios. Tener un hijo y abrazarlo  puede hacer mucho más bien por una mujer victimizada que el conocimiento de que un niño murió en un intento por reducir su trauma.

Cuando Alan Keyes se dirigió a estudiantes de secundaria de una escuela en Detroit, una niña de trece años le preguntó si él haría una excepción a su posición pro-vida en casos de violación. Él respondió con esta pregunta: «Si tu padre viola a alguien, y lo condenamos por esa violación, ¿crees que sería correcto que diga: ‘OK, porque tu padre es culpable de esa violación, nosotros te vamos a matar?’» La clase respondió «No». Cuando se le preguntó por qué una niña debería llevar un embarazo luego de sucederle algo tan horrible, él respondió sabiamente con esta analogía:

Digamos que cuando tienes 19 años, Estados Unidos se involucra en una guerra. Y, cuando esto ha sucedido anteriormente, se ha hecho un reclutamiento militar obligatorio y las personas de tu edad serían reclutadas, y serían enviadas a la guerra, ¿no? Tu te tendrías que ir. Tendrías que vivir en el campo de batalla y arriesgar tu vida. Muchas personas de hecho arriesgaron sus vidas, vivieron dificultades cada día y finalmente murieron. ¿Por qué? Porque estaban defendiendo ¿qué cosa? Nuestro país y defendiendo su libertad. Tuvieron que pasar por dificultades, ¿verdad? Tuvieron que luchar para obtener la libertad.

El principio de la libertad es que nuestros derechos provienen de Dios. ¿Crees que está mal pedirle a la gente que haga sacrificios para mantener nuestro respeto por ese principio? …Pero no creo que sea correcto tomar ese dolor y de hecho empeorarlo …¿Sabes lo que añadiría si te permitiera tener un aborto? Añadiría la carga, el peso de ese aborto. Y en algún momento, la verdad de Dios que está escrita en tu corazón regresa a ti. Y eres herida por esa verdad.

Así que no creo que sea justo, ni para el niño ni para la mujer, dejar que esta tragedia arruine  sus vidas; tanto la vida física del niño como la vida moral y espiritual de la madre. Y creo que en esta sociedad hacemos un daño terrible porque no tenemos el coraje de apoyar y defender lo que es verdad. (ProLife Info Digest, 2 de febrero de 2000)

En su libro, Victims and Victors (Víctimas y vencedoras), David Reardon y asociados recurren a los testimonios de 192 mujeres que quedaron embarazadas como resultado de una violación o incesto. Resulta que cuando las víctimas de la violencia hablan por sí mismas, su opinión sobre el aborto es casi unánime y es exactamente lo contrario de lo que la mayoría predeciría: casi todas las mujeres entrevistadas dijeron que lamentaban haber abortado a sus bebés concebidos por violación o incesto. De las que dieron una opinión, más del 90 por ciento dijo que no le aconsejaría a otras víctimas de violación sexual que tuvieran un aborto. Ninguna de las que dio a luz a un niño expresó algún arrepentimiento por haber tenido al bebé.

La imposición de la pena capital al hijo inocente de un delincuente sexual no le hace nada malo violador ni le hace nada bueno a la mujer. Crear una segunda víctima, nunca repara el daño a la primera. El aborto no brinda alivio ni sanidad a una víctima de violación.

Los discípulos de Cristo no entendieron cuán valiosos eran para Él los niños, por lo que reprendieron a los que trataron de acercarlos a Él (Lc. 18:15-17). Pero Jesús dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el reino de Dios».  Jesús consideró la atención a los niños como parte esencial de Su reino, no como una distracción.

La visión bíblica de los niños es que son una bendición y un regalo del Señor (Sal. 127:3-5). Sin embargo, la cultura occidental trata cada vez más a los niños como obstáculos. Debemos aprender a ver a todos los niños como Dios los ve, y debemos actuar a favor de ellos como Él nos manda. Debemos defender la causa de los débiles y huérfanos; mantener los derechos de los pobres y oprimidos; rescatar a los débiles y necesitados; y librarlos de los malvados (Sal. 82:3-4).

Cristo dijo que lo que hagamos o no hagamos por los niños más débiles y vulnerables, lo hacemos o no lo hacemos para con Él. En el día del juicio, «El Rey les dirá: ‘En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicisteis’” (Mt. 25:40).

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

Randy Alcorn
Randy Alcorn
Randy Alcorn es fundador y director de Eternal Perspective Ministries. Es un autor muy reconocido y sus libros de los más vendidos de New York Times. Él ha escrito más de cincuenta libros, incluidos “Heaven” y “The Treasure Principle.”

J3 – Llenando tu hogar de bondad

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

J3 – Llenando tu hogar de bondad

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/llenando-tu-hogar-de-bondad/

Carmen Espaillat: Con ustedes, Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss : Si tienes una casa nítida y preparas comidas increíbles y eres una mamá merecedora de premios por tener una casa que debería estar en la portada de alguna revista, esto no significa nada si no tienes un corazón conectado al Señor.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Puedes pintar tus paredes, rehacer tus pisos, instalar nuevos accesorios, o actualizar tu apariencia. Ninguna de estas cosas puede verdaderamente crear un hogar cálido.

Pero tu actitud mientras lidias con proyectos como estos tendrá un gran impacto dentro de tus cuatro paredes y más allá. Averigua por qué, mientras Nancy continúa la serie de El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5.

Nancy : Si tienes tu Biblia, ve conmigo al Evangelio de Lucas, al capítulo 10. Quiero que veamos un pasaje familiar —familiar para la mayoría de nosotras— acerca de un ama de casa llamada Marta.

Ese parece ser un nombre popular entre amas de casas. Quiero que veamos algunas cosas en la vida de esta mujer que tienen que ver sobre la cualidad de la cual vamos a hablar hoy en Tito capítulo 2.

En Lucas capítulo 10 versículo 38 dice, “Mientras iban ellos [Jesús y sus discípulos] de camino, Él entró en cierta aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su hogar”.

Así que lo primero que aprendemos acerca de Marta es que ella tenía una casa. Sabemos que su casa estaba en la ciudad de Betania y que tenía una hermana que se llamaba María y un hermano llamado Lázaro.

Hasta donde sabemos, ella no estaba casada, pero realmente no sabemos si lo estaba o no. Pero sí sabemos que ella tenía un hogar y que ella tenía un corazón para su hogar y un corazón para la hospitalidad.

Ella trabajaba en la casa, lo que es algo que deben hacer las mujeres y que es lo que hemos venido estudiando en Tito capítulo 2 en las últimas sesiones. Mientras reflejan el Evangelio deben estar trabajando en la casa. Eso era lo que Marta hacía, y por eso ella pudo darle la bienvenida a Jesús y a los que le acompañaron a su casa.

Este probablemente no era un grupo pequeño. Esto no era simplemente una pequeña cena íntima. Allí habría una, dos o tres docenas de personas. Así que de alguna forma tuvo que haber hecho preparativos para recibir a Jesús en su casa.

No sabemos si fue notificada previamente, pero aquí vemos a una mujer que tenía el corazón de servir a través de su hogar. El versículo 39 dice, “Y ella tenía una hermana que se llamaba María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba Su palabra”.

Así que Jesús les está hablando a aquellos que estaban reunidos alrededor de Él, como hacían los rabinos de ese tiempo. Y María, quien parecía tener un corazón contemplativo (al parecer más que el de su hermana) estaba sentada a los pies de Jesús escuchándole enseñar.

Versículo 40, “Pero Marta se preocupaba con todos los preparativos”. Y estoy leyendo esta vez de la Biblia de Las Américas, y así es como dice allí.

Pero si vas a la Reina Valera dice que ella “se preocupaba con muchos quehaceres”. Ella estaba distraída por todos los preparativos, o distraída por el mucho servicio. La primera palabra de este versículo es la clave de que algo anda mal.

María estaba sentada a los pies de Jesús, escuchando Su palabra. Versículo 40, “Pero Marta…”; Marta estaba haciendo otra cosa. Algunas cosas que necesitaban ser hechas, pero hay un problema ahí.

Ella estaba distraída preparando todo. Ella estaba distraída con mucho servir. Esa palabra distraída significa estar ocupado, halado o arrastrado hacia todas las direcciones.

Ella estaba siendo empujada en muchas direcciones—muchas demandas, hacía todas las cosas que necesitaban ser hechas. Seguro has estado ahí, has pasado por esto. Sabes exactamente lo que esta frase significa.

Si tienes un hogar, si cuidas de un hogar —si tienes un esposo, si tienes hijos, o si eres como yo y vives sola— sabes lo que significa tener personas y demandas que te halan en todas las direcciones mientras al mismo tiempo tratas de servir a los demás.

Así que el versículo 40 dice, “Y acercándose a Él, le dijo: Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.”

Ahora, permítanme hacer algunas observaciones sobre las que meditaba esta mañana. Aquí está Marta, que ha pasado de servir a otros a ser egoísta. Analicemos la escena.

Recuerden lo que estaba pasando. ¿Qué estaba haciendo Jesús mientras Marta preparaba todo? Él estaba enseñando. Él estaba hablando.

Probablemente Él no estaba parado en un atril teniendo un servicio de predica oficial. Ellos probablemente estaban sentados en la sala, quizás afuera o donde sea, y las personas estaban reunidas alrededor de Él, y Él les enseñaba sobre el Reino de Dios y el Evangelio. Para eso Él había venido.

Así que Jesús está enseñando. ¿Y qué hacían los otros invitados? Estaban escuchando. Estaban reunidos alrededor de Él.

Así que tenemos aquí un pequeño servicio dirigido por Jesús. Marta aparentemente piensa que lo que sea que haya salido mal en la cocina en medio de su servicio es de tanta importancia que ella tiene que interrumpir a Jesús, quien está hablando, y a los otros que están escuchando.

Nunca se me había ocurrido hasta que comencé a situarme en esta escena —dice claramente lo que Jesús estaba haciendo, y lo que los otros hacían— y Marta va a donde Él y le dice esto… ¡Así que ella interrumpe el “servicio de la iglesia”!

No quiero ser muy dura con Marta. La única razón por la que sé lo que ella está haciendo es porque yo misma he estado en esa situación tantas, pero tantas veces.

Ella interrumpe a Jesús, y su clamor es “se trata todo sobre mí”. “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.” Está centrada en ella misma.

Ella había estado sirviendo, pero se distrajo mientras servía, y terminó centrada en sí misma. Eso causó esta conmoción, esta interrupción, esta distracción de las cosas eternas que estaban ocurriendo entre Jesús y aquellos quienes estaban sentados escuchándolo.

Así que en la medida que uno se centra más en sí mismo, uno se vuelve insensible hacia los demás. Es como si no existieran. O si existen, como si no importaran. Todo lo que importa en este instante es como me siento y qué me está pasando a mí y mis necesidades y mis emociones y lo que quiero que se lleve a cabo.

Veo aquí a una mujer que está molesta. Está irritada. Creo que ella hubiera explicado esto diciendo, “Estoy frustrada. Hay tanto que hacer y solo tengo dos manos. Soy la única persona; no lo puedo hacer todo”.

De nuevo, estoy viendo la mirada de las mujeres aquí presentes y sé que saben exactamente lo que Marta sentía. Todas hemos estado ahí.

No tienes que estar casada ni tener tu propio hogar para saber que a medida que cumples con las responsabilidades que Dios te ha dado en esta etapa de tu vida, hay momentos en que sentirás que es más de lo que puedes sobrellevar, y te frustras.

Y, ¿qué pasa si no llevas esa frustración al lugar adecuado, si no lo manejas a la manera que Dios quiere, con una mente sobria, como hemos discutido a través de esta serie? Vas a pecar al molestarte y airarte.

El pecado no era que había mucho que hacer. El pecado no era que estabas luchando para hacerlo todo, a menos que hayas querido hacer más de lo que debías—esos son otros problemas.

No hay indicación de que ella estuviera haciendo algo que no debía. Era noble. Ella estaba sirviendo.

Pero ella se preocupó, se agotó mentalmente. Ella perdió la cordura con todo lo que estaba pasando.

Como resultado, ella estaba irritada y se molestó contra su hermana, y con Jesús aparentemente, y quien sabe con quién más. Yo oigo en sus palabras un tono acusatorio: “¿Señor, no te importa…?”

Acusatorio contra Jesús, imputándole sus intenciones, sugiriendo que a Él no le importaba; con un tono acusatorio contra su hermana María: “Mi hermana me dejó sola”.

No sabemos lo que no sabemos. No sabemos lo que ella no dijo. No sabemos lo que ella estaba pensando.

Pero lo que se infiere es que ella realmente siente que su hermana ha hecho algo malo. Ella está acusando a su hermana de no ayudarla, de ser negligente con sus responsabilidades.

¿Has notado que, cuando te tornas acusatoria, cuando estás bajo presión, comienzas a asumir sobre el corazón y las intenciones de los demás? Asumes que ellos actúan de esa manera porque “yo no les caigo bien” o porque “ellos no aman a Dios”.

Digo, nuestra mente se va en tantas direcciones si la dejamos. Esta mente no sobria nos lleva por un camino muy errado.

Y percibo también cierto resentimiento aquí. “¿No te importa que mi hermana me deje servir sola?” “¡Ella me ha dejado todo a mí sola!” ¡Cuánta autocompasión! Y luego demandando: “Dile, pues, que me ayude.”

¿Alguna vez te has encontrado diciéndole a Dios qué hacer o diciéndole a tu esposo o ladrando órdenes a tus hijos, siendo demandante? El servir se vuelve—no un privilegio amoroso lleno de gracia y llevado a cabo con alegría—se convierte en un peso, en un trabajo penoso.

Las mismas personas que estamos sirviendo se han convertido en un problema, en una molestia. Solo deseamos que se vayan y nos dejen tranquilas.

Permítanme leerles un correo electrónico de una de nuestras oyentes. Ella dijo,

“Yo soy una mujer cristiana de quien siempre parece que se aprovechan de su gentileza. Otros toman mi gentileza como una debilidad. Estoy empezando a molestarme por todo esto. Estoy tan molesta que estoy sintiendo mi corazón endurecerse”.

¿Te has encontrado en alguna ocasión tan molesta con aquellos a quienes Dios te ha enviado a servir que tu corazón se endurece contra los demás? Contra el Señor, contra los otros… Mira el versículo 41, “Respondiendo el Señor, le dijo: Marta, Marta, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas.”

Esa palabra preocupada significa “ansiosa”. Está relacionada a otra palabra que significa “ir en diferentes direcciones”. Está ansiosa. Drenada. Está siendo halada en muchas direcciones diferentes. Y está molesta. La palabra griega que es traducida como molesta es una que suena como “turbulento”. Estar en confusión.

Algunas veces nuestros pensamientos hacen eso. Por eso es que necesitamos una mente sobria, un sano juicio, para que no nos preocupemos ni nos molestemos con tantas cosas.

Y luego este pensamiento de “muchas cosas”. Me parece que las cosas se han vuelto más importantes para Marta que las personas. “Tú estás preocupada y molesta por tantas cosas”. Había “tantas cosas”. Ella había perdido la perspectiva. Había perdido el enfoque. Había olvidado lo que realmente importaba, así que Jesús vino a recordárselo.

El versículo 42 dice, “Pero una sola cosa es necesaria.” No es que nada más importa, sino que solo una cosa es absolutamente esencial, sin la cual no se puede vivir y: “María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”.

¿Qué es esa cosa buena, esa cosa absolutamente necesaria? Es el proteger tu relación, tu intimidad y tu comunión con el Señor.

Si tienes una casa nítida y preparas comidas increíbles y eres una mamá merecedora de premios por tener una casa que debería estar en la portada de alguna revista, esto no significa nada si no tienes un corazón conectado al Señor, en comunión con Él.

Hemos estado estudiando Tito 2 y viendo que las mujeres mayores deben enseñar lo que es bueno, “Que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar,” y luego a ser “amables” (versículos 3-5).

Llegamos hoy a esa palabra amable. Y estamos llegando al final de las cualificaciones y características de las mujeres aquí: ser amable.

Nota que esta palabra amable sigue a la característica de ser hacendosa en la casa. No es suficiente, como acabamos de decir, simplemente ser un ama de casa y atender tu casa. Esta palabra amable nos dice cómo debemos de hacer eso.

Trata con los motivos, con la disposición; nos dice cómo debe llevarse a cabo el servicio. Marta era un ama de casa consumada, pero en esta situación ella no fue amable. Ella perdió el corazón, el espíritu y el tono con que debemos cumplir con nuestras responsabilidades domésticas. Esto importa.

No importa que simplemente terminemos tareas que teníamos por hacer. Importa el tono y el espíritu, el cómo tratamos y respondemos a nuestra familia y amigos. Eso es lo que importa.

Esta palabra que es traducida como amable significa “ser de buen carácter, ser bueno y benevolente, ser provechoso, útil, beneficioso en su efecto, gentil, de ayuda, caritativo”.

Conozco a muchas mujeres que son fieles, diligentes, amas de casa conscientes, y quiero darles ánimo. Algunas de ustedes son tan fieles en ello. Son tan dedicadas y concienzudas.

Pero te quiero preguntar, ¿tienes una disposición amable al mismo tiempo? O, ¿solo lo haces por hacerlo? O, ¿simplemente lo haces para salir del paso? O ¿lo haces por determinación y puras agallas, o lo haces con amabilidad?

Tus hijos no recordarán tanto que eras una cocinera fabulosa o que tu casa siempre estaba en orden y limpia o que eras una decoradora increíble, tanto como recordarán el espíritu y el tono y el corazón con que hacías todas estas cosas. ¿Lo haces con amabilidad? Esto es extremadamente importante.

Trabajando en la casa, manejando la casa, tratando con tu esposo, interactuando con tus hijos, con demandas—todo puede ser muy rutinario y mundano. Sabes eso mejor que yo. Puede ser frustrante. Tú lo sabes mejor que yo.

Algunas veces te sentirás sola, como le pasó a Marta—como si a nadie le importaras, como si nadie te apreciara, como si nadie se diera cuenta, o como si nadie estuviera ahí para ayudarte. Ser cuidadosa de tu casa requiere diligencia, disciplina y fidelidad cada día.

Pero también requiere amabilidad y gentileza. Y esto también es algo que las mujeres mayores están supuestas a poder enseñarles a las más jóvenes.

Uno de mis diccionarios de la Biblia dice que la mujer del hogar no solo debe tener diligencia, energía, disciplina, pero ella también debe de tener una apariencia llena de gracia y amabilidad—no solo disciplina, pero también la actitud. Esto se refleja en su conducta, su actitud, su espíritu.

Otro comentarista habla de esta amabilidad como “la falta de irritabilidad ante las persistentes tareas y responsabilidades rutinarias y mundanas de una casa.” ¿Porque están muchas de ustedes haciendo muecas? ¿Será que sienten alguna convicción?

De nuevo, no salgan después de haber escuchado estas sesiones (y sé que muchas están inclinadas a hacer esto) y comiencen a atacarse a ustedes mismas. “¡Soy un fracaso!”, “¡Soy un insecto!”, “¡Ay de mí, voy a aislarme y a morir!” No, esa es una respuesta de orgullo.

Cuando el Espíritu Santo convence, lo que Dios quiere que hagamos es que nos humillemos delante de Él para decir, “Señor, Tú tienes razón. Yo me vuelvo irritable. Y mi familia ha visto más irritabilidad que amabilidad en los últimos días”.

“Y Señor, fuera de ti yo no puedo ser amable. Yo puedo hacer las cosas correctas. Soy disciplinada. Sé cómo hacer todo esto. Pero Señor, solamente Tu Espíritu puede hacer que las haga amablemente. Solamente Tu Espíritu puede darme un corazón que sirva a mi familia”.

Así que ve a la cruz. Ve a Cristo. Toma de Su gracia si Dios te está dando convicción sobre esta área de tu vida.

Esta gentileza es lo contrario a ser ruda, cruel, impaciente, demandante, amargada, resentida, severa, o exigente. Esas son algunas de las palabras con las que algunos estamos familiarizados y con las que muchas luchamos a veces. Esas son expresiones de la carne, no del Espíritu en nuestros hogares.

Warren Wiersbe dice sobre este pasaje, “Ella no lleva la casa con una mano de hierro, sino que practica la “ley de la clemencia”, que claro, viene de Proverbios 31:30. Este tipo de gentileza y actitud del corazón esta cimentado en la humildad.

Jerry Bridges dice sobre el tema de la gentileza, “Aparte de la gracia de Dios, la mayoría de nosotros tendemos por naturaleza a preocuparnos por nuestras responsabilidades, nuestros problemas, nuestros planes. Pero la persona que ha crecido en la gracia de la gentileza ha expandido su pensamiento fuera de sí mismo y de sus intereses y ha desarrollado un interés genuino en el bienestar y la felicidad de aquellos que le rodean.”

Amigas, una de las cosas que las ayudará a manifestar gentileza en su hogar es el recordar que no se trata de ustedes. No se trata de sus emociones, su tiempo, de su energía, de ser amada, ser aprobada, o de ser alabada.

Lo maravilloso es que Proverbios 31 dice que la mujer que teme al Señor y da su vida al servir, ella será alabada. Ella tendrá una gran recompensa.

Pero si lo haces por eso, serás defraudada, porque habrá muchas veces donde la gente a quienes sirves ni siquiera saben lo que hiciste para servirles. Como cuando duras horas un día de la semana arrodillada en el piso limpiando las juntas de la cerámica del baño.

¿Será que alguien de tu familia lo va a notar o agradecerlo? ¡Gran cosa! Aun si ellos se dan cuenta, ellos no tienen ni idea de todo el trabajo que pasaste haciéndolo.

Si lo que mueve tu corazón es hacer una impresión en alguien o ser alabada o afirmada, vas a ser una mujer resentida, o comenzarás a ser negligente y a descuidar algunas cosas. Pero cuando tu servicio proviene del amor hacia los demás y te centras en ellos, y cuando te preocupas por la felicidad y el bienestar de ellos, entonces podrás servir con gentileza, con amabilidad y (¿puedo decir esto?) con gozo.

La gentileza y el centrarse en los demás no solo viene de la humildad, sino también de centrarse en Cristo, que es lo más importante. Proviene de una vida que está centrada en Cristo; enfocada en Cristo. Creo que Marta perdió su gentileza porque perdió su perspectiva. Ella olvidó a quién estaba sirviendo y por qué lo estaba haciendo.

Quiero decir, imagínense, ¡poniendo a Jesús a trabajar! ¿Pero no es eso lo que hacemos cuando nos volvemos resentidas por nuestro servir? Una cosa es necesaria, estar con Jesús.

● ¿Te has distraído con mucho servir?

● ¿Has desarrollado alguna dureza en tu corazón, en tu tono de voz o en tu espíritu?

● ¿Te falta gentileza o amabilidad?

Entonces necesitas hacer lo que Jesús le dijo a Marta que hiciera. Fue lo que María decidió hacer. ¿Qué es? Escuchar a Jesús.

“Marta, Marta [Nancy, Nancy], tú estás preocupada y molesta por tantas cosas.” ¿Qué debes hacer? Ponerte de acuerdo con Jesús si Él te ha señalado esto.

Dile, “Señor, he estado sirviendo, pero no con amabilidad. Me he convertido en una amargada. Estoy siempre gritando, ladrando ordenes. No estoy haciendo de este hogar un sitio feliz para mi familia. Sí, ellos están siendo alimentados; sí, sus necesidades son satisfechas, pero no estoy ministrando sus espíritus con gracia.”

Ponte de acuerdo con Dios. Permite que Él restaure tu perspectiva. Hay muchas cosas. Siempre habrá muchas cosas. Siempre habrá muchas cosas más en tu lista de cosas por hacer que horas en el día para hacerlas.

Lo que necesitas saber—y lo sabrás a medida que te acerques a la presencia de Jesús y a Sus pies—es lo que realmente le importa a Él. Las personas importan más que las cosas.

Las personas importan más que las cosas. Recuerda esto cuando vayas a tu casa hoy. Recuerda esto cuando le ministres a tu esposo, a tus hijos.

Debes estar dispuesta a detenerte, a tomar tiempo, para ser gentil, para escuchar. No andes siempre corriendo como si tu casa estuviera en llamas con una lista de 100 cosas por hacer, pasando por alto a las personas a quienes Dios te ha enviado a servir.

Deja que Jesús te prescriba lo que necesitas. Ve a Él, como lo hizo Marta. Haz una decisión consciente de centrar tu vida en Él. “Una sola cosa es necesaria, y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”.

Mientras meditaba en esto esta mañana, pensé en las palabras de Jesús en Mateo capítulo 11 los versículos del 28 al 30.

Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil y mi carga ligera.

Así que si estás asediada, exhausta, frustrada, molesta, irritada, demandante— si tienes quizás una mala actitud, si has perdido tu paz, tu amabilidad, y como resultado tu familia ha perdido la paz—ven a Jesús. Siéntate a Sus pies. Aprende de Él.

Encontrarás descanso para tu alma. Solo entonces podrás reflejar Su corazón gentil, humilde y suave a aquellos a quienes sirvas.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss ha estado recordando por qué hacemos lo que hacemos. Ese mensaje es tan importante para las mujeres ocupadas.

Todas nosotras necesitamos tiempo ininterrumpido para sentarnos a los pies de Jesús. Aun cuando es tiempo de levantarse y trabajar, todavía podemos tener una actitud de corazón de sentarnos a Sus pies, sirviendo en humildad y compartiendo con amabilidad.

¿Por qué estamos más dispuestas a ser gentiles con las personas de afuera que con las que viven en nuestros hogares? Mañana veremos esto.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.`

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Una gran incoherencia

Miércoles 9 Septiembre


Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.
Juan 17:3

Una gran incoherencia

Es sorprendente ver que muchas personas pasan su vida sin preocuparse por Dios o, incluso, negando su existencia. Sin embargo, consideran la posibilidad de ir al cielo después de su muerte porque dicen que no le hicieron mal a nadie. Esta actitud es la prueba de que hay un gran malentendido. El cielo es la morada, “el trono de Dios” (Mateo 5:34). ¿Cómo puede uno imaginar ser feliz en el cielo con un Dios al que ignoró durante toda la vida?

A menudo el hombre es incoherente, pero Dios no. Él es “Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos” (1 Timoteo 2:3-4). Pero si usted no quiere saber nada de él ahora, estará lejos de él durante la eternidad.

Para ir al cielo es necesario tener contacto con el que vive allá, hay que conocerlo personalmente. Recibimos este conocimiento mediante la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios. “Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” (Mateo 11:27).

Jesús nos lo reveló. Para ello aceptó dejar su condición gloriosa en el cielo y venir a la tierra. Al final de una vida de servicio, de sufrimiento y rechazo, pagó la deuda por nuestros pecados. Cada persona que cree en él entra en una relación filial con su Padre. Dios forma parte de su vida actual; así puede esperar con certeza el día en que será recibida en el cielo.

¡Seamos coherentes! Si queremos vivir un día con Dios en el cielo, ¡aprendamos desde ahora a conocer al Dios salvador por medio de Jesucristo!

Jeremías 41 – 1 Corintios 15:1-28 – Salmo 104:19-26 – Proverbios 22:29
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

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