40/62 – Engaño, persecución y gozo al mismo tiempo

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Hasta los confines de la tierra

40/62 – Engaño, persecución y gozo al mismo tiempo

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

Queda prohibida la reproducción total o parcial de este recurso, por cualquier medio o procedimiento, sin para ello contar con nuestra autorización previa, expresa y por escrito. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en las leyes internacionales de Derecho de Autor. Derechos Reservados.

31/41 – Filipenses 31 – Dejando el Pasado Atrás

Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses

31/41 – Filipenses 31 – Dejando el Pasado Atrás

Stephen Davey

Texto: Filipenses 3:12-14

Aunque todo cristiano cruzará la linea de meta, todos tenemos la responsabilidad de correr nuestra carrera de buena manera. En estos versículos, el apóstol Pablo nos provee cinco actitudes esenciales para correr la carrera de la vida.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

https://www.sabiduriaespanol.org

¿Qué es la naturaleza pecaminosa?

Got Questions

¿Qué es la naturaleza pecaminosa?

La naturaleza pecaminosa es ese aspecto en el hombre que lo hace ser rebelde contra Dios. Cuando hablamos de la naturaleza de pecado, nos referimos al hecho de que tenemos una inclinación natural a pecar. Teniendo la opción de hacer la voluntad de Dios, o la nuestra, vamos a elegir naturalmente hacer lo nuestro.

La prueba de la naturaleza de pecado abunda. Nadie tiene que enseñar a un niño a mentir o a ser egoísta; más bien, hacemos todo lo posible para enseñarle a decir la verdad y a poner a los demás en primer lugar. La conducta pecaminosa viene de manera natural. Las noticias están llenas de ejemplos trágicos de cómo la humanidad actúa de manera equivocada. Donde quiera que se encuentren las personas, siempre van a haber problemas. Charles Spurgeon dijo, “A medida que la sal da sabor hasta la última gota en el Atlántico, también el pecado lo hace afectando a todos los átomos de nuestra naturaleza. Está tan tristemente allí, tan abundantemente allí, que si no se puede detectar, usted está engañado”.

La biblia explica la razón del problema. La humanidad es pecaminosa, no solo en la teoría o en la práctica, sino por naturaleza. El pecado es parte de la fibra de nuestro ser. La biblia habla de “la carne de pecado” en Romanos 8:3. Es nuestra “naturaleza terrenal” que produce la lista de pecados en Colosenses 3:5. Y Romanos 6:6 habla de “el cuerpo gobernado por el pecado”. La existencia de carne y hueso que llevamos en esta tierra, es moldeada por nuestra naturaleza pecaminosa y corrupta.

La naturaleza de pecado es universal en la humanidad. Todos nosotros tenemos una naturaleza pecaminosa, y afecta a cada parte de nuestro ser. Esta es la doctrina de la depravación total, y es bíblica. Todos nosotros nos hemos descarriado (Isaías 53:6). Pablo reconoce eso, “mas yo soy carnal, vendido al pecad” (Romanos 7:14). Pablo en su “naturaleza pecaminosa era un esclavo a la ley del pecado” (Romanos 7:25). Salomón coincide con esto: “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque” (Eclesiastés 7:20). El apóstol Juan quizás lo pone sin rodeos: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” (1 Juan 1:8).

Incluso los niños tienen una naturaleza pecaminosa. David se lamenta por el hecho de que él había nacido con pecado y el cual ya estaba obrando dentro de él: “He aquí, en maldad he sido formado,

Y en pecado me concibió mi madre” (Salmo 51:5). En otro lugar, David afirma, “Se apartaron los impíos desde la matriz; Se descarriaron hablando mentira desde que nacieron” (Salmo 58:3).

¿De dónde vino la naturaleza de pecado? La biblia dice que Dios creó al hombre bueno y sin naturaleza pecaminosa: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27). Sin embargo, Génesis 3 registra la desobediencia de Adán y Eva. Por esa sola acción, el pecado entró en la naturaleza de ellos. Inmediatamente fueron afectados con una clase de vergüenza e incapacidad, y se escondieron de la presencia de Dios (Génesis 3:8). Cuando tuvieron hijos, la imagen y semejanza de Adam fue traspasada a su descendencia (Génesis 5:3). La naturaleza de pecado pronto se manifestó en la genealogía: Caín, el primer hijo de Adán y Eva, se convirtió en el primer asesino (Génesis 4:8).

De generación en generación, la naturaleza de pecado se pasó a toda la humanidad: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12). Este versículo también presenta la verdad inquietante que la naturaleza de pecado conduce inexorablemente a la muerte (Romanos 6:23 y Efesios 2:1).

Otras consecuencias de la naturaleza de pecado son la enemistad hacia Dios y la ignorancia de su verdad. Pablo dice, “Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8:7-8). Además, “el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:14).

Sólo hay una persona en la historia del mundo que no tuvo una naturaleza de pecado: Jesucristo. Su nacimiento virginal le permitió entrar en nuestro mundo mientras pasaba por alto la maldición transmitida de Adán. Jesús vivió una vida sin pecado de absoluta perfección. Él era el “santo y justo” (Hechos 3:14), que “no conoció pecado” (2 Corintios 5:21). Esto permitió que Jesús fuera sacrificado en la cruz como nuestro perfecto sustituto, “un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:19). Juan Calvino lo pone en perspectiva: “Ciertamente, Cristo es mucho más poderoso para salvar que lo que fue Adán para destruir”.

Es a través de Cristo que nacemos de nuevo. “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:6). Cuando nacemos de Adán, heredamos su naturaleza de pecado; pero cuando nacemos de nuevo en Cristo, heredamos una nueva naturaleza: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

No perdemos nuestra naturaleza de pecado cuando recibimos a Cristo. La biblia dice que el pecado permanece en nosotros y que una lucha con esa vieja naturaleza continuará mientras estemos en este mundo. Pablo lamentó su propia lucha personal en Romanos 7:15-25. Pero tenemos la ayuda divina en la batalla. El Espíritu de Dios hace morada en cada creyente y nos da el poder que necesitamos para vencer la influencia de la naturaleza pecaminosa en nosotros. “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios” (1 Juan 3:9). El plan final de Dios para nosotros es la santificación total cuando veamos a Cristo (1 Tesalonicenses 3:13; 1 Juan 3:2).

A través de su obra acabada en la cruz, Jesús satisface la ira de Dios contra el pecado y proporciona a los creyentes la victoria sobre la naturaleza pecaminosa: “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia” (1 Pedro 2:24). En su resurrección, Jesús ofrece la vida a todos aquellos atados por la carne corrupta. Aquellos que han nacido de nuevo ahora tiene este mandato: “Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Romanos 6:11).

Permisos de publicación autorizados por el Ministerio Got Questions para Alimentemos El Alma

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Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

Cómo distinguir al Espíritu Santo de la serpiente

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Cómo distinguir al Espíritu Santo de la serpiente

Sinclair B. Ferguson

¿Cómo podemos distinguir las incitaciones del Espíritu hacia la gracia en su guía y gobierno de nuestras vidas, de los engaños del espíritu del mundo y de nuestro propio corazón pecaminoso? Esta es una cuestión muy importante si es que vamos a estar tranquilos y seguros de que el espíritu con el que estamos comulgando realmente es el Espíritu Santo.

 El Espíritu viene a nosotros como una fianza, una promesa, un anticipo de la redención final.

John Owen sugiere cuatro formas en las que el Espíritu y la serpiente se deben distinguir:

1. La dirección del Espíritu es regular, es decir, de acuerdo con la regla de las Escrituras. El Espíritu no trabaja en nuestras vidas para darnos una nueva regla de vida, sino para ayudarnos a entender y aplicar la norma contenida en las Escrituras. Por lo tanto, la cuestión fundamental acerca de cualquier orientación sería: ¿Es esta línea de acción coherente con la Palabra de Dios?

2. Los mandatos del Espíritu no son gravosos. Están en armonía con la Palabra, y la Palabra está en armonía con el creyente como nueva creación. El creyente Cristiano que está conscientemente sometido a la Palabra encontrará placer en la obediencia a la Palabra, incluso cuando el camino del Señor para nosotros está marcado con lucha, dolor, y tristeza. El yugo de Cristo nos queda muy bien; su carga nunca oprime el espíritu (Mateo 11:28-30).

3. Los “movimientos” del Espíritu son ordenados. Del mismo modo que el pacto de Dios está ordenado en todas las cosas y seguro, (2 Samuel 23:5) así el don prometido de ese pacto, el Espíritu que mora en nosotros, es ordenado en la forma en la que Él se ocupa de nosotros. La inquietud no es un signo de comunión con el Espíritu, sino de la actividad del diablo. Quizás Owen tenía algunos miembros de sus congregaciones en mente cuando escribió lo siguiente:

Vemos unas pobres almas que se encuentran en ese cautiverio de andar apresuradas en los deberes y las órdenes de Satanás. Sienten el deber de andar en una y otra cosa, y por lo general descuidan lo que en realidad deben hacer. Cuando están en la oración, entonces deben estar en la obra de su vocación; y cuando están en su vocación, están tentados por no dejar todo a un lado y correr a la oración. Los creyentes saben que esto no es del Espíritu de Dios, quien hace “todo hermoso en su tiempo”. 

4. Los “movimientos” o las incitaciones del Espíritu siempre tienden glorificar a Dios de acuerdo a su Palabra. Él evoca la enseñanza de Jesús en nuestra memoria; Él glorifica al Salvador; Él derrama en nuestros corazones un profundo sentido del amor de Dios por nosotros.

Entonces, ¿cómo actúa el Espíritu en el creyente? El Espíritu viene a nosotros como una fianza, una promesa, un anticipo de la redención final. Él es aquí y ahora el anticipo de la gloria que está por venir. Pero su presencia es también una indicación del estado incompleto de nuestra experiencia espiritual actual.

Owen escribe aquí en fuerte contraste con los que hablaron de la liberación de la influencia del pecado que mora en nosotros y su lucha a través de la libertad del Espíritu. Precisamente porque Él es la primicia y no aún la cosecha final, hay una sentido en el que la vida en el Espíritu es la causa de los gemidos del creyente: “Nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo” (Romanos 8:23).

La presencia del Espíritu ya nos trae un anticipo de la gloria futura, y también, al mismo tiempo, crea en nosotros un presentimiento de lo incompleta que es nuestra experiencia espiritual actual. Esta es la manera, para Owen, en la que la comunión con el Espíritu —entendiendolo bíblicamente— trae alegría a la vida del creyente, al igual que una profunda sensación de que la plenitud de nuestra alegría aún está por venir.

Publicado originalmente en el blog de Ligonier Ministries. Traducido por la Coalición por el Evangelio.

Sinclair B. Ferguson
Sinclair B. Ferguson
El Dr. Sinclair B. Ferguson es maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries y profesor canciller de Teología Sistemática en el Reformed Theological Seminary. Anteriormente, se desempeñó como ministro principal de la First Presbyterian Church en Columbia, S.C., y ha escrito más de dos docenas de libros, incluyendo El Espíritu Santo y Solo en Cristo.

M26 – La belleza de la santidad

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

M26 – La belleza de la santidad

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-belleza-de-la-santidad/

Carmen Espaillat: Con nosotras Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: En una cultura grosera, en medio de la cual las jóvenes se han vuelto salvajes y libertinas, las mujeres cristianas deben destacarse por su pureza. Ahora bien, no estoy hablando acerca de ser autosuficientes o bonachonas, hasta ingenuas, sino de llevar una vida sana y pura en Cristo de forma que nuestro estilo de vida brille en medio de la oscuridad de este mundo.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Si tienes hijos pequeños te recomendamos mantenerlos ocupados en otro lugar mientras tratamos este tema, luego regresas con nosotras. Hoy veremos lo práctica que resulta ser la Biblia al tratar sobre algunas de las conductas más indignantes que se publican en las portadas de los tabloides y sobre otras conductas indignantes que suceden detrás de las puertas con personas que nunca te hubieras imaginado. Nancy continúa en la serie El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 .

Nancy: Como sabrán el año 2008 fue nombrado por el ministerio Aviva Nuestros Corazones, como el año de la mujer verdadera, y tratamos de enfocar todos los programas de ese año en particular hacia lo que significa ser una mujer verdadera de Dios. Ahora bien, a medida que estudiamos el libro de Tito en el capítulo 2 tenemos el retrato de una mujer verdadera como luce ella cuando ya es una mujer mayor y que es lo que ella hace para ayudar a las mujeres más jóvenes a convertirse en mujeres verdaderas.

Tito capítulo 2 en el versículo 3 dice, “Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta.” Así que nos muestra un cuadro de piedad, de mujeres que temen al Señor, cuyo comportamiento refleja su reverencia por Dios, y luego vemos que ellas están para entrenar a las mujeres más jóvenes, versículo 4: “Que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos.”

Versículo 5: “A ser prudentes, puras”. Aquí hay pureza, una de las virtudes. “Hacendosas en el hogar”, aquí vemos la domesticidad. “Amables”, y luego tenemos la cuarta virtud, sumisión, “sujetas a sus maridos, para que la Palabra de Dios no sea blasfemada.”

Estamos yendo a través de estas cualidades que representan verdaderas características de las mujeres cristianas, y tanto hoy como en la próxima sesión, queremos echar un vistazo a la virtud de la pureza, a ser puras. Ahora bien, como es el caso de cada una de estas virtudes, la pureza cristiana contrasta de forma muy marcada con lo que es característico o generalmente cierto en un mundo incrédulo. A lo largo del libro de Tito, como hemos visto en esta serie anteriormente, la descripción del mundo es bastante gráfica y resulta ser cualquier cosa menos pura.

Por ejemplo, recuerda cuando Pablo dijo en Tito capítulo 1, versículos 15 y 16, “Mas para los corrompidos e incrédulos nada es puro, sino que tanto su mente como su conciencia están corrompidas. Profesan conocer a Dios, pero con sus hechos lo niegan, siendo abominables y desobedientes e inútiles para cualquier obra buena.” Luego él nos dice en el 3:3, “esclavos de deleites y placeres diversos.”

Ellos no son puros. Ellos son esclavos de las pasiones y de los placeres. Ellos sencillamente hacen lo que su carne tiene deseo de hacer, sin importar si esté bien o mal. Esta es una descripción del mundo incrédulo.

Y quiero hablar de una forma bien clara aquí. A veces dudo acerca de este tipo de cosas porque sé que tenemos algunos oyentes quienes, gracias a Dios, tienen una exposición limitada a esos aspectos de la cultura, y tenemos adolescentes y oyentes jóvenes. No quiero en lo absoluto tentar o decir cosas que produzcan un apetito o sed por el pecado

Nunca pretendo glorificar el pecado, pero para la mayoría de nosotras, si estás respirando hoy día, de seguro tienes conocimiento de esto. No es un secreto para nadie que esta es una época que no es pura. Esta es la época de “Las Chicas Hooters”, de los desfiles de moda de “Victoria’s Secret”, de los infocomerciales de televisión —tarde en la noche— promoviendo videos de “Chicas Salvajes” en los que atractivas y jóvenes mujeres exponen sus cuerpos y cometen otros actos sexuales en público para las cámaras. Esta es la Era de Fiestas de Sexo en las universidades, donde a los estudiantes se les regalan condones y consejos para tener sexo seguro.

Esta es la época de los “swingers”, que celebran y promueven la actividad sexual no monógama y quizás —este puede que sea un término nuevo para ti— el poliamor. Esta es la práctica de tener múltiples relaciones sexuales a la vez con el pleno conocimiento y consentimiento de todos los involucrados. A esto le llaman “poliamor” que significa “amor múltiple”.

Esta es la era de Bridget Jones y otra Chick Lit con sus francos temas sexuales. Esta es la época de las series “Sex and the City” (Sexo y la Ciudad) y “Grey’s Anatomy” (Anatomía de Grey) y “America’s Top Model,” (La Top Model de América) y si no sabes de lo que estoy hablando, cuenta tus bendiciones. Es la época de música popular con contenido, tonos y líricas sexuales las cuales no podemos ni queremos leer en este programa y la época de las líneas telefónicas calientes, y así sucesivamente.

Ahora bien, en el contexto de la cultura del primer siglo donde los instintos más básicos y carnales, no estaban restringidos, donde la promiscuidad era celebrada, el apóstol Pablo nos dice en Tito capítulo 3, empezando en el versículo 3: “Porque nosotros también en otro tiempo éramos necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos…pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y Su amor hacia la humanidad, Él nos salvó”.

El obró por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, que el derramó sobre nosotros abundantemente por medio de Jesucristo. ¡Él nos salvó! ¿De qué? Del pecado, de la impureza, del libertinaje, de la decadencia, de nuestra carne, de ser esclavos de varias pasiones y placeres.

Aquellos que pertenecen a Cristo han sido salvados. Ellos han sido rescatados de esa vida impura. Ellos han sido libertados del pecado. Ellos son diferentes de aquellos que no siguen a Cristo, y esta diferencia debe ser obvia para todos.

Esta es la parte que tanto me impacta acerca del libro de Tito a medida que he estado meditando en estos tres capítulos completos —el contexto del pasaje que estamos estudiando en Tito 2— y es el marcado contraste entre aquellos que siguen a Cristo y los que no lo hacen. Así es como debe ser. Debe existir un fuerte contraste.

No debería ser difícil identificar cuando alguien es realmente un cristiano. El mundo que no cree se caracteriza por la impureza y los creyentes en Cristo deben ser puros.

El capítulo 2, versículo 14 del libro de Tito dice acerca de Cristo “Quien se dio a sí mismo por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad”. ¿Qué tanto? De toda iniquidad, para “purificar para sí un pueblo para posesión suya, celoso de buenas obras.” ¿Puedes observar el contraste aquí?

● Ustedes eran inicuos; no respetaban la ley.

● Ustedes eran necios.

● Ustedes fueron desobedientes.

● Ustedes eran impuros, pero Cristo murió. Él se dio a sí mismo para redimirles de todo eso.

De acuerdo al capítulo 1 de Tito, los creyentes están supuestos a ser irreprochables en todos los aspectos de sus vidas; en lo relativo a su moral, y a su comportamiento en general. El capítulo 2, versículo 12, se nos dice que nosotros debemos “renunciar a la impiedad y los deseos mundanos y vivir de forma sobria, justa y piadosamente.”

En una cultura grosera, donde las mujeres se han vuelto salvajes, las mujeres cristianas están llamadas a destacarse por ser puras. Ahora bien, no estoy hablando de que se muestren autosuficientes, bonachonas o hasta ingenuas, sino que deben reflejar una vida sana y pura en Cristo que brille como una luz en un mundo oscuro.

La palabra pura, o como está traducida en la Reina Valera del 60 como sobria y en otras versiones como casta, es una palabra algo pasada de moda pero que me gustaría traerla de nuevo al uso. Casta o pura significa “limpia de toda culpa, limpia de mancha, inmaculada, no contaminada”. Se habla de pureza moral o inocencia, de ser sin defecto moral o culpa, ser pura de mente y corazón, ser modesta y casta. Esto define como los cristianos en general y las mujeres cristianas en particular, deben vivir en este mundo.

Entonces, ya sabes que existen dos aspectos de pureza en nuestras vidas como cristianos. Primero, esta esa pureza posicional. Esa pureza es la que se da en nuestras vidas desde el momento en que nacemos de nuevo. Fuimos regenerados. Fuimos declarados justos o justificados y puras posicionalmente por el sacrificio de Cristo—esto es la justificación.

Esta es nuestra salvación inicial. Dios nos ve no como nosotros éramos sino como somos ahora en Cristo. Hemos sido salvados, y esa pureza posicional es una verdad en cada creyente.

Esa es la razón por la que, a lo largo del Nuevo Testamento, los cristianos son llamados santos. Esto no se debe a que siempre actuaron santamente. Sino que se debe a que ellos han sido hechos —han sido declarados— justos por Dios a través de la obra hecha por nuestro Señor Jesucristo, quien tomó nuestro lugar, librándonos de la muerte debido a nuestros pecados—nos declaró justos, puros delante de Dios.

Somos posicionalmente puros, y luego tenemos la otra clase de pureza pureza práctica. Esto es lo que los teólogos llaman frecuentemente santificación. Esto no ocurre en un momento y listo se acabó. Esta pureza es un proceso que se da a lo largo de nuestras vidas donde nos vamos convirtiendo en personas puras al vivir lo que Dios ha declarado —posicionalmente— que es verdad sobre nosotros. Esta es la parte —la pureza práctica— que requiere entrenamiento. Las mujeres mayores capacitan y enseñan a las mujeres más jóvenes a ser puras.

Tú no puedes entrenar a alguien para que sea un cristiano. Esta parte sucede por la gracia de Dios, a través de la fe. Es un trabajo que Dios hace en nuestros corazones, haciéndonos semejantes a Él, y Él es quien salva, no por obras que hayamos hecho.

No puedes convertir a nadie en un cristiano. El Espíritu de Dios es quien lo hace dentro de nosotros. Él nos declara justos y rectos ante Dios por Cristo Jesús. En cambio las mujeres mayores sí pueden discipular a las mujeres más jóvenes. Nos podemos discipular una a la otra en el proceso de purificarnos, de hacernos prácticamente puras, de santificarnos.

Ahora bien, quisiera que miráramos en el Antiguo Testamento un pasaje que considero es una imagen maravillosa acerca de la pureza práctica, y lo encontramos en el libro de los Salmos en el Salmo 101. Este es un salmo de David, y en mi Biblia se titula “Decisión de vivir rectamente” (LBLA).

La misericordia y la justicia cantaré, a ti, oh SENOR, cantaré alabanzas. Prestaré atención al camino de integridad (Salmo 101: 1-2).

En la medida que voy leyendo este Salmo, selecciono las palabras que describen un corazón que es puro o que está libre de culpa. Hay diferentes sinónimos utilizados.

Prestaré atención (voy a meditar, me detendré en) al camino de integridad. ¿Cuándo vendrás, Señor, a mí? En la integridad de mi corazón andaré dentro de mi casa. No pondré cosa indigna delante de mis ojos.

Algunas de sus traducciones dicen: todo lo “injusto” o lo “perverso”. No pondré delante de mis ojos nada de eso.

Aborrezco la obra de los que se desvían, no se aferrará a mí. El corazón perverso se alejará de mí; no conoceré maldad. Destruiré al que en secreto calumnia a su prójimo; no toleraré al de ojos altaneros y de corazón arrogante.

Mis ojos estarán sobre los fieles de la tierra, para que moren conmigo; el que anda en camino de integridad me servirá. El que practica el engaño no morará en mi casa; el que habla mentiras no permanecerá en mi presencia. Cada mañana destruiré a todos los impíos de la tierra, para extirpar de la ciudad del SEÑOR a todos los que hacen iniquidad” (versículo 1-8).

A medida que leemos este pasaje, necesitamos recordar que David tenía las mejores intenciones cuando elevó su oración al Señor. Esto reflejó su corazón durante la mayor parte de su vida, pero en algunas situaciones durante la vida de David, él hizo una serie de compromisos y no siempre vivió conforme al compromiso de tener un corazón puro como él expresó en este pasaje. Él no siempre vivió con los estándares de vida que él había establecido para sí mismo, y eso solo nos dice que para ser puros se requiere de una constante vigilancia.

No puedes bajar la guardia. Nunca llegarás al punto —no importa cuál sea tu edad— que hayas madurado de tal forma en Cristo o que lleves tanto tiempo caminando con el Señor, que llegues al punto de no necesitar de la gracia de Dios para protegerte y para salvaguardar tu corazón y para mantenerlo apartado del pecado.

Si piensas que has llegado a un lugar donde estarás exento de algún pecado, te habrás vuelto vulnerable a ese pecado y a otro tipo de pecados. Pero a medida que leemos el texto, vemos que es una expresión del corazón de David que caracterizó la mayor parte de su vida. Esto genera algunas preguntas que nos ayudan a personalizar esto.

A medida que lees este pasaje, ¿te has hecho la determinación de tener un corazón irreprensibleque sea intachable? ¿Te has propuesto vivir una vida intachable, inmaculada de principio a fin, ser pura de corazón, en tu caminar y tu hablar? ¿Estás determinada a hacerlo? ¿Has establecido esto en tu corazón?

¿Has resuelto ser pura, no solamente en público, sino también en privado? “En la integridad de mi corazón andaré dentro de mi casa” (versículo 2). Cualquiera de nosotras puede lucir espiritual, sentada en este salón donde grabamos Aviva Nuestros Corazones; seguramente nadie gritará o dirá groserías ni actuará de forma egoísta. Quizás tengas pensamientos de este tipo, pero probablemente no los expresarás abiertamente.

La verdadera prueba de pureza no es lo que haces sentada en esta sala. La prueba de tu pureza es quien eres cuando llegas a tu hogar y como tratas a tus hijos, como tratas a tu esposo, como tratas a tus padres o a tu compañera de cuarto y a las personas con quienes trabajas y también a tu jefe—quien no siempre te trata de la forma como tu quisieras. Lo vemos en la forma como tratas a las personas que trabajan para ti. Se trata de tener integridad de corazón en los ambientes más íntimos y privados.

¿Te molesta la impureza? ¿Te perturba? Esto es algo que observo en David aquí. Él está preocupado. Él está perturbado cuando ve algo impuro. ¿Te molesta la impureza cuando la ves en los demás, cuando la ves en nuestra cultura, cuando leo ese listado que leí al principio de esta sesión acerca de la cultura de obscenidad en la que vivimos… o sencillamente ya te estás acostumbrado a ello?

¿Has visto tanta grosería y obscenidades en la televisión que ni siquiera te sacude nada de esto? ¿Te has acomodado o has aceptado el mal? O, ¿acaso has dicho “No, hay un nivel de tolerancia ‘cero’ en cuanto al pecado en mi vida”? Eso es lo que está en el corazón de David aquí—no simplemente que te moleste cuando lo ves en otros o en la cultura, sino más importante aún… te molesta cuando lo ves en ti mismo.

● ¿Lo ves en ti misma?

● ¿Tienes los ojos bien abiertos para ver el pecado en cualquier otra persona pero eres muy orgullosa para ver tus propios defectos?

● ¿Estás dispuesta a ser entretenida por aquellas cosas que son pecaminosas, que no son santas, para reírte con ellas y disfrutar de ellas?

● ¿Qué nivel de tolerancia tienes por las cosas que no son puras? ¿Toleras un poco de ello?

● ¿Alrededor de qué tipo de personas gravitas o compartes? Vemos a David en los Salmos diciendo, “Me siento atraído por las personas de corazones puros. Quiero rodearme de esas personas.”

● ¿Te sientes atraída por las personas de corazón puro, o te sientes atraída por aquellas personas cuya conversación y estilo de vida son inapropiados, fuera de tono o perversos?

● Una vez más, e igualmente importante, ¿qué tipo de gente gravita hacia ti? ¿Se sienten cómodas las personas groseras y perversas contigo, mientras cuentan sus historias? Y de ser así, ¿te podrías preguntar, por qué?

Ahora bien, no estoy diciendo que nuestras vidas deben hacer sentir mal a las personas que no conocen a Dios, en el sentido de que se sientan que les estamos juzgando o condenándoles o criticándolos. Necesitamos corazones llenos de compasión y de misericordia hacia los pecadores, pero debemos preguntarnos si las personas perciben que nos sentimos cómodos con la impureza.

Ahora quiero decir que el objetivo de todo esto, el objetivo de la integridad y el de ser libre de culpa y ser puros de corazón, no es hacernos lucir bien. Esto sería auto-rectitud o auto-justicia. El objetivo es hacer a Dios lucir bien. Es glorificar a Dios al reflejar la pureza de Cristo en nuestro mundo.

En Hebreos 7:26 se nos dice que Jesús es un sumo sacerdote santo, inocente e inmaculado. Cuando somos puros así como Él es puro, reflejamos a Cristo y glorificamos a Dios en nuestro mundo. La gente pura o las mujeres que tienen un corazón puro tienen un impacto en un mundo oscuro e impío. El impacto de sus vidas es exponer la oscuridad y atraer a otros a la luz de Cristo.

Pienso en ese pasaje de Filipenses 2 que dice “haced todas las cosas sin murmuraciones ni discusiones”. ¿Para qué? “Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin tacha en medio de una generación torcida y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (versículos 14-15).

Esta pequeña luz en mí, la dejaré brillar, déjala brillar, déjala brillar.

Ahora bien, ¿cuál es esa luz? ¿Es acaso mi santidad? No, es la pureza de Cristo, la bondad de Cristo que es santa e inocente y pura. Permíteme decirte que hay un impacto específico que las Escrituras prometen que tendrá lugar en los esposos cuando sus esposas tengan vidas puras. 1 Pedro 3 nos habla acerca de los esposos que no son creyentes o no están caminando con Dios, que “pueden ser ganados sin palabra alguna por la conducta de sus mujeres, al observar vuestra conducta casta y respetuosa” (versos 1-2).

Por cierto, ayer me encontré con un significado de la palabra puro en un diccionario griego, definición esta que nunca antes había notado. Este diccionario decía que esta palabra, hagnos, originalmente significaba “lo que despierta temor y asombro”, y pensé en 1 Pedro 3 cuando leo eso. Esto es lo que despierta temor y asombro en un esposo inconverso, cuando él ve a su esposa teniendo un comportamiento puro—actitud y forma de pensar puros.

La sumisión es parte de eso, y retomaremos este tema más adelante dentro de esta serie. Los cristianos siendo puros así como Cristo es puro despertarán asombro en nuestro mundo caído. La luz se encenderá. Que sea la luz. ¿Qué es la luz? Es la luz de Cristo que vive Su vida pura y santa a través de nosotros.

Luego, el objetivo final es que nosotros seamos una novia pura para Cristo. Cristo amó a Su iglesia. Él,

Se dio a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la Palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada (Efesios 5:25-27).

Su propósito es presentar a la iglesia ante Él mismo como una novia pura y santa. Por eso es que queremos ser puros, no solo por nuestro testimonio ante el mundo, sino también por nuestro amor por Cristo; es por eso que quisiéramos ser su novia pura. A medida que somos santificados, que nos vamos purificando, y que las mujeres mayores van entrenando a las más jóvenes para ser puras, llegará el día —y esta es nuestra esperanza— cuando nos uniremos a la gran multitud en el cielo.

De acuerdo con el libro de Apocalipsis 19:6, la gran multitud es:

Como el estruendo de muchas aguas y como el sonido de fuertes truenos, que decía: ¡Aleluya! Porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina. Regocijémonos y alegrémonos, y démosle a Él la gloria, porque las bodas del Cordero han llegado y su esposa se ha preparado. Y a ella le fue concedido vestirse de lino fino, resplandeciente y limpio (hasta el versículo 8).

Así que a medida que escoges decir “sí” a la pureza de Cristo y “no” a todo lo que sea impuro y dices, “Yo quiero caminar dentro de mi casa en integridad de corazón y pureza de mis manos y vida”, no lo estás haciendo para ser recta o por tu propia justicia. No lo estás haciendo para verte bien.

Lo estamos haciendo para crear asombro, no lo estás haciendo para verte bien, lo estás haciendo para crear asombro, crear admiración en un mundo caído para que todos puedan ver la luz de Cristo encendida en nosotros, y lo estamos haciendo por amor, devoción y pasión por Cristo, cuya novia somos nosotros, para que podamos presentarnos ante Él sin culpa, sin mancha, sin tachas, sin arruga ni cosa semejante, de lino fino, brillante y puro.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss ha estado ofreciendo un llamado a la santidad. ¿Refleja tu vida esa belleza a un mundo en necesidad? El mensaje de hoy es parte de la serie titulada El hermoso diseño de Dios para la mujer . Puedes acceder a todos los programas de esta serie al visitar www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Si realmente amas a otros con el amor de Cristo, esto te mantendrá sexualmente pura. Nancy lo explicara en la próxima entrega del programa.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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¿Es pecado tatuarse?

Alimentemos El Alma

¿Es pecado tatuarse?

Por: Will Graham

 Si un joven creyente quisiera hacerse un tatuaje, me gustaría hacerle algunas preguntas muy directas. Tal vez estas preguntas te puedan resultar útiles.

A lo largo de estos últimos años, he estado predicando la Palabra de Dios a los jóvenes de España. Y una pregunta recurrente que ha surgido en casi todos los campamentos cristianos ha sido: “¿Es pecado hacerse un tatuaje?” Quiero sumar mi voz al debate de hoy. Y recuerda: Me dirijo a la familia de la fe, no a los incrédulos.

Antes de empezar, quiero aclarar que yo no creo que podamos establecer una ley de Levítico 19:28 para defender una postura anti-tatuaje. Las marcas o señales hechas en el cuerpo mencionadas en este versículo tienen que ver con el ritual pagano de dolerse o lamentarse (guardar luto), no con la moda contemporánea que vivimos hoy día. Creo que el uso de este texto de Levítico puede ser una de esas ocasiones en las que tratamos de encajar la Palabra de Dios en nuestro plan preconcebido en lugar de hacer las cosas al revés. La fidelidad al contexto de la Escritura no me permite “golpear” a los artistas del tatuaje con Levítico.

Hecha esta aclaración, nos volvemos a preguntar: “¿Es pecado hacerse un tatuaje?”

Ahora, me dirijo a vosotros desde el mundo occidental. Nací y crecí en Europa. Sólo una vez en mi vida he estado fuera de Europa. Fue cuando prediqué en los Estados Unidos y México durante tres meses en 2009. Digo esto porque conozco la escena europea. Estoy familiarizado con la cultura europea. Entiendo la visión del mundo de la juventud europea. Y esa es la razón principal por la que veo los tatuajes como algo negativo. Creo que son un obstáculo para la causa de Cristo aquí en Occidente. Si un joven creyente quisiera hacerse un tatuaje aquí, me gustaría hacerle algunas preguntas muy directas. Tal vez estas preguntas te puedan resultar útiles.

1 – . ¿Glorificará ese tatuaje a Dios?

El cristiano tendrá que preguntarse a sí mismo si hacerse un tatuaje puede realmente glorificar a Dios o no. ¿Cuál es el motivo real que hay detrás de hacerse un tatuaje? Aquí es donde sí podemos hacer mención del principio ético fundamental de Levítico: “No ser como las otras naciones”. La persona que se tatúa su cuerpo, ¿lo hace para extender el Reino de Dios en el mundo o lo hace sólo para ir con el flujo de un mundo obsesionado por las apariencias superficiales, la moda y las tendencias? En la mayoría de los casos que conozco, esta última mentalidad es la que prevalece. El Nuevo Testamento nos llama a no conformarnos a este mundo (Romanos 12:2).

2- . ¿Qué dice tu conciencia?

Cuando Lutero se defendió en la Dieta de Worms, subrayó que él no iría en contra de la Palabra de Dios o de su conciencia. Si tu conciencia tiene algún escrúpulo con respecto al tema de los tatuajes, entonces definitivamente no debes tatuarte. Es pecado. Todo lo que no proviene de fe, dice Pablo, es pecado (Romanos 14:23). El mero hecho de que alguien se haga la pregunta “¿Es pecado hacerse un tatuaje?” me revela que su conciencia no está en paz respecto a este asunto y por lo tanto, él o ella, no debería tatuarse. Si tuvieras cien por cien de paz y tranquilidad en tu alma sobre el tema, no necesitarías preguntarle a nadie.

3- . ¿Va a ofender a otros creyentes que te tatúes?

Toda la epístola de 1ª Corintios gira en torno al tema del amor cruciforme (que toma la cruz como el centro). Pablo se enfrenta a diez situaciones pastorales diferentes con el mensaje radical de la cruz. Tus acciones, ¿beneficiarían o dañarían a los demás? ¿Van a bendecir u ofender? ¿Van a hacer bien o mal? El cristiano debe darse cuenta de que él (ella) ya no es de su propiedad. Él (ella) vive para el Señor y la iglesia. Si sospecho que un tatuaje puede alterar (perturbar o preocupar) a hombres o mujeres de Dios en mi congregación, entonces pongo mi amor por ellos antes que mis propios deseos y mantengo mi cuerpo limpio, sin tatuajes. Aplico la ley del amor para que otros no se escandalicen por mi acción. Mis acciones tienen efectos positivos o negativos en otros. No quiero hacer daño al cuerpo de Cristo. Así cumplo la motivación apostólica de 1ª Corintios de andar en amor.

4- . ¿Qué pensarán los no creyentes?

Y no sólo los cristianos deben pensar en los demás cristianos, sino en los no creyentes también. ¿Cómo van a reaccionar si me ven testificando de Cristo y también haciéndome un tatuaje? ¿No voy a ser piedra de tropiezo a ellos? ¿No van a pensar que soy un hipócrita? Después de todo, yo soy la Biblia que leen. La impresión que les voy a causar, ¿crees que será beneficiosa o perjudicial? Un chico me dijo: “Con un tatuaje cristiano puedo mostrar a los demás que soy cristiano.” Le respondí: “Creo que es muy triste que necesites un tatuaje para que alguien sepa que eres cristiano“. Seréis conocidos por los frutos, no por las marcas en el cuerpo (tatuajes).

5- . ¿Se tatuaría Jesús?

Y por último, pero no menos importante, aquí está la gran pregunta que subyace bajo toda la conducta y la moral cristiana: “¿Qué haría Jesús?” Si Jesús de Nazaret o Juan el Bautista o el apóstol Pablo vivieran en el siglo XXI, ¿de verdad crees que irían corriendo a la tienda de tatuajes para unirse a la última moda? Por alguna extraña razón, no lo creo. Si soy sincero –totalmente sincero- de la mayoría de la gente “cristiana” que he conocido que se ha tatuado (repito “la mayoría”), no son demasiado serios en su vida espiritual. Pueden ser buenos chicos, dicen cosas buenas y son populares, pero casi todos carecen de madurez y peso espiritual. Esa ha sido mi propia experiencia personal. Todavía no he conocido a un guerrero de oración lleno del Espíritu Santo que me pregunte acerca de si puede o no tatuarse. Me pregunto por qué. Me parece ridículo que en varias partes del mundo nuestros hermanos  cristianos  están derramando su sangre por la extensión del Evangelio y aquí estamos nosotros viviendo para nuestra comodidad en el Occidente debatiendo sobre si debemos de hacernos tatuajes, fumar porros, emborracharnos en discotecas, tener relaciones sexuales antes del matrimonio y otras tonterías mundanas. ¡Qué vergüenza! Otra vez digo: ¡Qué vergüenza! ¿Qué clase de discipulado es éste que estamos viviendo? Es como si fuera otro tipo de fe totalmente distinta en la cual el concepto de ‘llevar nuestra cruz’ no existiera. ¿Qué pensará el Señor Jesús de semejante ‘fe’?

Conclusión

Creo que si algún cristiano responde a estas cinco preguntas con sinceridad y oración, dudo mucho que él (ella) siguiera sintiendo el deseo de hacerse un tatuaje. Es por eso que no tengo uno y nunca voy a hacérmelo. No veo cómo podría glorificar a Dios, mi conciencia está inquieta, no está tranquila al respecto, lo sé, ofendería a muchos hermanos y hermanas en Cristo si tuviera uno, estoy seguro de que algunos creyentes que conozco se sorprenderían demasiado y estoy absolutamente convencido de que ni Jesús (ni ningún otro hombre o mujer de Dios en la Biblia) se haría uno.

 Traducido por: Julian Esquinas

Tomado de la pagina web: Protestante Digital

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Disponible sobre el Internet en: https://protestantedigital.com/magacin/14608/iquestEs_pecado_tatuarse

Éxito y felicidad

Martes 1 Septiembre
(Jesucristo dijo:) La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da.
La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Éxito y felicidad

Convertirse en un deportista de alto nivel es el sueño de muchos jóvenes, pero este rara vez se cumple. Y cuando se logra, no siempre produce la felicidad esperada.

Alistair Taylor, deportista náutico, da su testimonio: «Participé en torneos durante 5 o 6 años seguidos y tuve mucho éxito. La gente esperaba verme como campeón del mundo en esta especialidad. Yo tenía muchas razones para ser feliz, pero no lo era. Cuando carecía de toda motivación y dejaba que mi vida se consumiese, Kelvin, un cristiano, me condujo a entregar mi vida al Señor Jesucristo. En ese momento tenía 18 años, y hoy sigo viviendo con Dios. Encontré una paz nueva y me siento colmado como solo un verdadero creyente puede comprenderlo. La relación que ahora tengo con Jesús es algo que no podría cambiar por nada. La fe es un camino en el que no cesamos de crecer.

Cuando usted se da cuenta de que Dios no solo controla su vida sino todo el universo, que él lo ama más que todo lo que uno puede imaginar… solo tiene que dejar de lado sus inquietudes, sus miedos, sus dudas en cuanto al futuro. ¡Esto lo supera, pero Dios no se ve superado! Entonces usted puede comprender lo que la Biblia dice: la paz de Dios, que sobrepasa todo lo que podemos comprender, guarda nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Sí, tenemos la seguridad de que Dios se ocupa de todo, y especialmente de nosotros».