El eclipse de Dios

Alimentemos El Alma

Serie: Iglesia y Moral

El eclipse de Dios

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

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Episodio 46 – ¿Cómo me someto a mi esposo incrédulo?

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

Episodio 46 – ¿Cómo me someto a mi esposo incrédulo?

 

 

John Piper

Es el fundador y escritor principal de DesiringGod.com y es presidente de Bethlehem College & Seminary. Durante 33 años Piper ha servido como pastor de Bethlehem Baptis Church. Ha escrito más de 50 libros, entre ellos Cinco puntos y Viviendo en la luz: dinero, sexo & poder.

Es uno de los escritores cristianos más reconocidos de las últimas décadas. Su escritura es  caracterizada por un corazón pastoral y un estilo confrontador, pero también alentador. Sus más de 30 años de ministerio están recopilados gratuitamente en artículos y vídeos. Los puedes encontrar en: DesiringGod.org.

El pastor John Piper vive en la ciudad de Minneapolis, Estados Unidos con su esposa Noel. Tiene cinco hijos y catorce nietos.

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La persona de Cristo – Parte 2

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 11/26

La persona de Cristo – Parte 2

Cristología Bíblica: La persona de Cristo – Parte 2

«Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad» – Juan 1:14.

  1. Introducción y repaso

(Juan 1, Colosenses 1, Filipenses 2, Hebreos 1)

La semana pasada comenzamos a estudiar la persona de Cristo, y nos enfocamos en la deidad de Cristo, la verdad de que el Hijo de Dios es completamente Dios, coigual, coeterno, con Dios el Padre y Dios el Espíritu, mirando pasajes como Juan 1, Colosenses 1, Filipenses 2, Hebreos 1. Esta mañana dirigimos nuestra atención a la humanidad de Cristo. Este que es completamente Dios, hace 2000 años, tomó forma de carne y habitó entre nosotros. Cuando hablamos de la persona de Cristo, siempre queremos tener en cuenta que Jesucristo es a la vez completamente Dios y totalmente Hombre en una sola persona. La Escritura enseña que: «Jesucristo fue completamente Dios y completamente hombre en una persona, y así será para siempre».

Ilustración: Spurgeon: ¡Maravíllate con este misterio! ¡El Infinito se convirtió en un bebé!

  1. La humanidad de Cristo en las Escrituras 
  • Vemos la humanidad de Cristo claramente descrita en 1 Juan 4:2-3. Lo verás en tu folleto…
  • 1 Juan 4:2-3: «En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo».

Si me sigues con tu folleto, veremos la humanidad de Jesús en tres amplias categorías. Primero, veremos el nacimiento virginal, luego sus debilidades y limitaciones, y finalmente su humanidad sin pecado.

A. Nacimiento virginal

(Isaías 7:14Mateo 1:18-2524-25Lucas 1:353:23)

Cuando hablamos de la humanidad de Cristo, es apropiado comenzar con una consideración del nacimiento virginal de Cristo. La Escritura afirma claramente que Jesús fue concebido en el vientre de su madre María por una obra milagrosa del Espíritu Santo y sin la intervención de un padre humano.

  • Isaías 7:14: «Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel».
  • Mateo 1:18: «El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo».
  • Lucas 1:35: «Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios».

La importancia doctrinal del nacimiento virginal:

  1. El nacimiento virginal fue el medio que Dios usó para enviar a su Hijo (Juan 3:16Gal 4:4) al mundo como un hombre. Jesús experimentó toda la vida humana, incluso en el vientre de su madre. Pero la naturaleza milagrosa del nacimiento virginal atestigua el hecho de que él no era solamente un hombre, sino el único Dios-hombre.
  2. El nacimiento virginal también parece tener algún significado para Jesús como el nuevo Adán. Se dramatiza el hecho de que a diferencia del resto de nosotros, que heredamos una naturaleza pecaminosa y culpable de nuestro primer padre, Adán, Jesús no tuvo un padre terrenal. Él es un nuevo representante de la raza humana, de todos aquellos que se unirían a él por la fe. El nacimiento virginal parece importante aquí, porque nos muestra que Jesús no descendió de Adán exactamente de la misma manera en que cada ser humano descendió de Adán. Y esto nos ayuda a comprender por qué la culpabilidad legal y la corrupción moral que pertenecen a todos los demás seres humanos no le pertenecen a Cristo. Esta idea parece estar indicada en la declaración del ángel Gabriel a María en Lucas 1:35 – porque Jesús sería concebido por el poder del Espíritu Santo, por tanto, sería llamado santo.

B. Jesús soportó las debilidades y limitaciones humanas

  • Jesús tenía un cuerpo humano

(Lucas 2:7405223:4624:42Mateo 4:211Juan 4:619:2821:913)

El hecho de que Jesús tenía un cuerpo humano al igual que nuestros cuerpos humanos se ve en muchos pasajes de las Escrituras.

  • Nació como nacen todos los bebés humanos (Lucas 2:7).
  • Creció desde la infancia hasta la edad adulta como crecen todos los niños: «Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él» (Lucas 2:40).
  • Jesús se cansó tanto como nosotros, porque leemos que «Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo» (Juan 4:6).
  • Tuvo sed y hambre, porque cuando estaba en la cruz, dijo: «Tengo sed» (Juan 19:28). Después de haber ayunado durante cuarenta días en el desierto, leemos que  «tuvo hambre» (Mateo 4:2).
  • A veces estuvo físicamente débil, porque durante su tentación en el desierto ayunó durante cuarenta días (el punto en el que la fuerza física de un ser humano se ha ido casi por completo y más allá de lo cual un daño físico irreparable ocurriría si continúa el ayuno). En ese momento «vinieron ángeles y le servían» (Mateo 4:11), aparentemente para cuidarlo y proporcionarle alimento hasta que recuperara la fuerza suficiente para salir del desierto. Cuando Jesús iba camino a ser crucificado, los soldados obligaron a Simón de Cirene a llevar su cruz (Lucas 23:26), muy probablemente porque Jesús estaba tan débil después de la golpiza que había recibido que no tenía suficiente fuerza para llevarla él mismo.
  • La culminación de las limitaciones de Jesús en términos de su cuerpo humano se ve cuando murió en la cruz (Lucas 23:46). Su cuerpo humano dejó de tener vida en él y dejó de funcionar, tal como lo hace el nuestro cuando fallecemos.

Jesús también resucitó de los muertos en un cuerpo físico y humano, aunque se perfeccionó y ya no estaba sujeto a debilidades, enfermedades o muerte. Él demuestra repetidamente a sus discípulos que tiene un cuerpo físico real: «Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo» (Lucas 24:39). Les está mostrando y enseñado que tiene «carne» y «huesos», y no es simplemente un «espíritu» sin un cuerpo. Otra evidencia de este hecho es que «le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos» (Lucas 24:42. v. 30; Juan 20:17202721:913).

En este mismo cuerpo humano (aunque un cuerpo de resurrección que se hizo perfecto), Jesús también ascendió al cielo. Dijo antes de irse: «Dejo el mundo, y voy al Padre» (Juan 16:2817:11). La manera en que Jesús ascendió al cielo estaba calculada para demostrar la continuidad entre su existencia en un cuerpo físico aquí en la tierra y su existencia continua en ese cuerpo en el cielo. Solo unos pocos versículos después de que Jesús les había dicho: «Un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo» (Lucas 24:39), leemos en el evangelio de Lucas que Jesús «los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo» (Lucas 24:50-51). De manera similar, leemos en Hechos: «viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos» (Hechos 1:9).

Todos estos versículos juntos muestran que, en lo que respecta al cuerpo humano de Jesús, era como el nuestro en todos los aspectos antes de su resurrección, y después de su resurrección todavía era un cuerpo humano con «carne» y  «huesos», pero hecho perfecto, la clase de cuerpo que tendremos cuando Cristo regrese y nosotros también resucitemos de entre los muertos. Jesús continúa existiendo en ese cuerpo humano en el cielo, como enseña la ascensión.

  • Jesús tenía una mente humana

(Lucas 2:52Hebreos 5: 8Marcos 13:32)

El hecho de que Jesús «crecía en sabiduría» (Lucas 2:52) dice que pasó por un proceso de aprendizaje tal como lo hacen todos los demás niños: aprendió a comer, a hablar, a leer y escribir, y a ser obediente a sus padres (véase Hebreos 5:8). Este proceso de aprendizaje ordinario fue parte de la humanidad genuina de Cristo.

También vemos que Jesús tenía una mente humana como la nuestra cuando habla del día en que volverá a la tierra: «Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre» (Marcos 13:32).

  • Jesús tenía un alma humana y emociones humanas

(Juan 12:212711:35Hebreos 5: 7Mateo 8:10)

Vemos varios indicios de que Jesús tenía un alma (o espíritu) humana. Justo antes de su crucifixión, Jesús dijo: «Ahora está turbada mi alma» (Juan 12:27). Juan escribe un poco más tarde: «Habiendo dicho Jesús esto, se conmovió en espíritu» (Juan 13:21). La palabra turbada representa el término griego tarasso, una palabra que a menudo se usa para referirse a las personas cuando están ansiosas o repentinamente muy sorprendidas por el peligro.

Además, antes de la crucifixión de Jesús, al darse cuenta del sufrimiento que enfrentaría, dijo: «Mi alma está muy triste, hasta la muerte» (Mateo 26:38). Tan grande era el dolor que sentía que parecía que, de volverse más fuerte, acabaría con su vida.

Jesús tenía una gama completa de emociones humanas.

  • Él «se maravilló» de la fe del centurión (Mateo 8:10). Lloró de pena por la muerte de Lázaro (Juan 11:35).
  • Y oró con un corazón lleno de emoción, porque «en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas, con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente» (Hebreos 5:7).
  • Además, el autor nos dice: «Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen» (Hebreos 5:8-9). Sin embargo, si Jesús nunca pecó, ¿cómo «aprendió la obediencia»? Aparentemente, al Jesús ir creciendo, como todos los demás niños humanos, pudo asumir más y más responsabilidades. Cuanto más viejo se volvía, más demandas le exigían su padre y su madre en términos de obediencia, y más difíciles eran las tareas que su Padre celestial podía asignarle llevar a cabo en la fuerza de su naturaleza humana. Con cada tarea cada vez más difícil, incluso cuando involucraba algo de sufrimiento (como lo especifica Hebreos 5:8), la capacidad moral humana de Jesús, su capacidad de obedecer en circunstancias cada vez más difíciles, aumentó. Podríamos decir que su «columna vertebral moral» se vio fortalecida por el ejercicio cada vez más difícil. No obstante, en todo esto, nunca pecó ni una vez.

La completa ausencia de pecado en la vida de Jesús es aún más notable debido a las severas tentaciones que enfrentó, no solo en el desierto, sino a lo largo de su vida. El autor de Hebreos afirma que Jesús «fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado» (Hebreos 4:15). El hecho de que él enfrentó la tentación significa que tenía una naturaleza humana genuina que podía ser tentada, porque la Escritura nos dice claramente que «Dios no puede ser tentado por el mal» (Santiago 1:13).

  • Jesús fue entendido por otros como un ser humano

(Mateo 13: 53-58)

  • Mateo 13:53-58: «Aconteció que cuando terminó Jesús estas parábolas, se fue de allí. Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas? Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa. Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos».

C. Jesús era completamente humano y también sin pecado

(2 Corintios 5:21Hebreos 4:15-161 Pedro 1:19Hechos 2:273:144:307:5213:35)

  • 2 Corintios 5:21: «Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él».
  • Hebreos 4:14-16: «Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión.  Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro».

Las Escrituras testifican claramente que Jesucristo vivió una vida sin pecado…

Aplicación: ¡Adora a Jesucristo como el Dios-Hombre!

  • Atanasio (año 373): «Tales y tantos son los logros del Salvador que se derivan de Su Encarnación, que tratar de contarlos es como mirar el mar abierto e intentar contar las olas. Porque, de hecho, todo es maravilloso, y dondequiera que un hombre dirige su mirada, ve la Deidad de la Palabra y es impresionado con asombro»[1].

¿Por qué era necesaria la humanidad completa de Jesús? Para que podamos: 

Jesús fue nuestro representante y obedeció por nosotros donde Adán había fallado y había desobedecido.

Si Jesús no hubiera sido un hombre, no podría haber muerto en nuestro lugar y haber pagado la pena que merecíamos.

  • Adorar a Jesucristo, el mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2:5)

Debido a que estábamos separados de Dios por el pecado, necesitábamos que alguien se interpusiera entre Dios y nosotros y nos regresara a él. Necesitábamos un mediador que pudiera representarnos ante Dios y que pudiera representarnos a Dios. Solo hay una persona que alguna vez ha cumplido ese requisito.

Jesús tuvo que convertirse en un hombre como nosotros para vivir como nuestro ejemplo y modelo en la vida. Los discípulos son seguidores de Cristo. Nuestro objetivo debe ser, ser como Cristo todos nuestros días, hasta el punto de morir, y morir con una obediencia inquebrantable a Dios, con una gran confianza en él, y con amor y perdón hacia los demás.

Si Jesús no hubiera sido un hombre, no habría podido conocer por experiencia lo que sufrimos en nuestras tentaciones y luchas en esta vida. Pero debido a que ha vivido como un hombre, es capaz de entendernos más plenamente en nuestras experiencias.

Jesús tuvo que ser levantado como hombre para ser «el primogénito de entre los muertos» (Col. 1:18), el modelo de los cuerpos que más tarde tendríamos. Ahora tenemos un cuerpo físico como el de Adán, pero tendremos uno como el de Cristo: «Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial» (1 Co. 15:49).

Jesús no se convirtió temporalmente en hombre, sino que su naturaleza divina se unió permanentemente a su naturaleza humana, y vive para siempre no solo como el Hijo eterno de Dios, la segunda persona de la Trinidad, sino también como Jesús, el hombre que nació de María, y como Cristo, el Mesías y Salvador de su pueblo. Jesús seguirá siendo completamente Dios y completamente hombre, pero una sola persona, para siempre.

 

MATERIAL EXTRA – Principalmente para el estudio/preparación personal del maestro

  1. Combinar textos bíblicos específicos acerca de la deidad y humanidad de Cristo

Cuando examinamos el Nuevo Testamento, como hicimos anteriormente en las secciones acerca de la humanidad y deidad de Jesús, hay varios pasajes que parecen difíciles de encajar entre sí (¿Cómo podría Jesús ser omnipotente y débil a la vez? ¿Cómo podría dejar el mundo y aún así estar presente en todas partes? ¿Cómo podría aprender cosas y ser omnisciente?). A medida que la iglesia luchaba por comprender estas enseñanzas, finalmente surgió el Credo de Calcedonia, que hablaba de dos naturalezas distintas en Cristo que conservan sus propias propiedades, pero permanecen juntas en una sola persona. Esta distinción, que nos ayuda en nuestra comprensión de los pasajes bíblicos mencionados anteriormente, también parece ser exigida por esos pasajes.

a. Una naturaleza hace algunas cosas que la otra naturaleza no hace: Los teólogos evangélicos en generaciones pasadas no dudaron en distinguir entre las cosas hechas por la naturaleza humana de Cristo, mas no por su naturaleza divina, o por su naturaleza divina, pero no por su naturaleza humana. Parece que tenemos que hacer esto si estamos dispuestos a afirmar la declaración de Calcedonia que señala que «es preservada la propiedad de cada naturaleza». Pero pocos teólogos en la actualidad han estado dispuestos a hacer tales distinciones, tal vez por una vacilación en afirmar algo que no podemos entender.

  • Jesús ha regresado al cielo y está presente con nosotros: Cuando hablamos de la naturaleza humana de Jesús, podemos decir que ascendió al cielo y ya no está en el mundo (Juan 16:2817:11Hechos 1:9-11). Pero con respecto a su naturaleza divina, podemos decir que Jesús está presente en todas partes: «Porque donde están dos o tres están congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mateo 18:20); «Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mateo 28:20); «El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y haremos morada con él» (Juan 14:23). Entonces podemos decir que ambas cosas son ciertas acerca de la persona de Cristo: él ha regresado al cielo y también está presente con nosotros. 
  • Jesús era temporal y eterno: De la misma manera, podemos decir que Jesús tenía alrededor de 30 años (Lucas 3:23), si estamos hablando con respecto a su naturaleza humana, pero podemos decir que él existió eternamente (Juan 1:1 -28:58) si estamos hablando de su naturaleza divina. 
  • Jesús era débil y todopoderoso: En su naturaleza humana, Jesús se debilitó y cansó (Mateo 4:28:24Marcos 15:21Juan 4:6), pero en su naturaleza divina era omnipotente (Mt. 8:26-27Col. 1:17Hebreos 1:3). Particularmente llamativa es la escena en el mar de Galilea donde Jesús dormía en la popa de la barca, presumiblemente porque estaba cansado (Mateo 8:24). ¡Pero pudo levantarse de su sueño y calmar el viento y el mar con una palabra (Mateo 8:26-27)! ¡Cansado, pero omnipotente! Aquí la débil naturaleza humana de Jesús ocultó completamente su omnipotencia hasta que esa omnipotencia estalló en una palabra soberana del Señor del cielo y la tierra. 

Si alguien pregunta si Jesús, cuando estaba dormido en la barca, también estaba «sustentando todas las cosas con la palabra de su poder» (Hebreos 1:3, traducción del autor), y si todas las cosas en el universo subsistían por él en ese momento (ver Col. 1:17), la respuesta debe ser sí, porque esas actividades siempre han sido y serán siempre la responsabilidad particular de la segunda persona de la Trinidad, el eterno Hijo de Dios. Aquellos que encuentran la doctrina de la encarnación «inconcebible» a veces han preguntado si Jesús, cuando era un bebé en el pesebre de Belén, también estaba «sosteniendo el universo». A esta pregunta, la respuesta también debe ser sí: Jesús no era solo potencialmente Dios o alguien en quien Dios trabajó únicamente, era verdadera y completamente Dios con todos los atributos de Dios. Era «un Salvador, que es CRISTO el Señor» (Lucas 2:11).

Aquellos que rechazan esto como imposible simplemente tienen una definición diferente de lo que es «posible» a la que Dios tiene, como se revela en las Escrituras. Decir que no podemos entender esto es humildemente apropiado. Pero decir que no es posible parece más una arrogancia intelectual.

  • Jesús murió y no murió: Asimismo, podemos entender que en su naturaleza humana, Jesús murió (Lucas 23:461 Corintios 15:3). Pero con respecto a su naturaleza divina, no murió, sino que pudo resucitar entre los muertos (Juan 2:1910:17-18Hebreos 7:16). Sin embargo, aquí debemos dar una nota de precaución: es cierto que cuando Jesús murió su cuerpo físico murió y su alma humana (o espíritu) se separó de su cuerpo y pasó a la presencia de Dios el Padre en el cielo (Lucas 23:4346). De esta manera él experimentó una muerte que es como la que nosotros, como creyentes, experimentamos si morimos antes de que Cristo regrese. Y no es correcto decir que la naturaleza divina de Jesús murió, o pudo morir, si «morir» significa un cese de la actividad, un cese de la conciencia o una disminución del poder. No obstante, en virtud de la unión con la naturaleza humana de Jesús, su naturaleza divina de alguna manera probó algo de lo que era pasar por la muerte. La persona de Cristo experimentó la muerte. Además, parece difícil comprender cómo la naturaleza humana de Jesús pudo haber soportado la ira de Dios contra los pecados de millones de personas. Parece que la naturaleza divina de Jesús tuvo que participar de algún modo en la carga de ira contra el pecado que se nos debía (aunque las Escrituras en ninguna parte afirman esto explícitamente). Por tanto, aunque la naturaleza divina de Jesús en realidad no murió, Jesús pasó por la experiencia de la muerte como una persona completa, y las naturalezas humana y divina de alguna manera compartieron esa experiencia. Más allá de eso, las Escrituras no nos permiten decir más. 
  • Jesús fue tentado y no tentado: La distinción entre la naturaleza humana y divina de Jesús también nos ayuda a entender las tentaciones de Jesús. Con respecto a su naturaleza humana, ciertamente fue tentado en todo como nosotros, pero sin pecado (Hebreos 4:15). Sin embargo, con respecto a su naturaleza divina, no fue tentado, porque Dios no puede ser tentado por el mal (Santiago 1:13).

En este punto, parece necesario decir que Jesús tenía dos voluntades distintas, una voluntad humana y una voluntad divina, y que las voluntades pertenecen a las dos naturalezas distintas de Cristo, no a la persona. Esta distinción de dos voluntades y dos centros de conciencia nos ayuda a comprender cómo Jesús pudo aprender cosas y, sin embargo, conocer todas las cosas. Por un lado, con respecto a su naturaleza humana, tenía conocimiento limitado (Marcos 13:32Lucas 2:52). Por otro lado, Jesús claramente sabía todas las cosas (Juan 2:2516:3021:17). Ahora, esto solo es comprensible si Jesús aprendió cosas y tenía un conocimiento limitado con respecto a su naturaleza humana, pero siempre fue omnisciente con respecto a su naturaleza divina, y por  tanto, era capaz de «recordar» cualquier información que se necesitara para su ministerio. De esta manera podemos entender la declaración de Jesús concerniente al tiempo de su regreso: «Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están el cielo, ni el Hijo, sino el Padre» (Marcos 13:32). Esta ignorancia del tiempo de su regreso era verdadera solo para la naturaleza humana y la conciencia humana de Jesús, ya que en su naturaleza divina era ciertamente omnisciente y sin duda sabía el momento en que volvería a la tierra.

 b. Cualquier cosa hecha por cualquiera de las dos naturalezas, es hecho por la persona de Cristo: En la sección anterior mencionamos una serie de cosas que fueron hechas por una naturaleza, pero no por la otra en la persona de Cristo. Ahora debemos afirmar que cualquier cosa que sea verdadera de la naturaleza humana o divina es verdadera de la persona de Cristo. Por tanto, Jesús puede decir: «Antes que Abraham fuese, yo soy» (Juan 8:58). Él no dice: «Antes que Abraham fuese, existía mi naturaleza divina», porque es libre de hablar acerca de cualquier cosa hecha solo por su naturaleza divina o solo por su naturaleza humana como algo que él hizo.

Así, «Cristo murió por nuestros pecados» (1 Corintios 15:3). Aunque en realidad solo su cuerpo humano dejó de vivir y dejó de funcionar, no obstante fue Cristo como una persona que murió por nuestro pecado. Esto es simplemente un medio de afirmar que todo lo que se puede decir de una u otra naturaleza se puede decir de la persona de Cristo.

Por tanto, es correcto que Jesús diga: «Dejo el mundo» (Juan 16:28), o «Ya no estoy en el mundo» (Juan 17:11), pero al mismo tiempo decir: «Yo estoy con vosotros todos los días siempre» (Mateo 28:20). Todo lo que hace una naturaleza u otra es hecho por la persona de Cristo. 

c. Los títulos que nos recuerdan a una naturaleza se pueden usar incluso cuando la acción se realiza por la otra naturaleza: Los autores del Nuevo Testamento algunas veces usan títulos que nos recuerdan a la naturaleza humana o divina para hablar de la persona de Cristo, a pesar de que la acción mencionada puede ser realizada solo por la otra naturaleza de la que podríamos pensar en el título. Por ejemplo, Pablo dice que si los gobernantes de este mundo hubieran entendido la sabiduría de Dios, «nunca habrían crucificado al Señor de gloria» (1 Corintios 2:8). Ahora, cuando vemos la frase «al Señor de gloria», nos recuerda específicamente la naturaleza divina de Jesús. Pero Pablo usa este título (probablemente intencionalmente para mostrar el horrible mal de la crucifixión) para decir que Jesús fue «crucificado». Aunque la naturaleza divina de Jesús no fue crucificada, era cierto que Jesús fue crucificado como una persona, y Pablo afirma eso acerca de él a pesar de que usa el título «Señor de gloria».

Igualmente, cuando Elisabet llama a María «la madre de mi Señor» (Lucas 1:43), el nombre «mi Señor» es un título que nos recuerda la naturaleza divina de Cristo. No obstante, María, por supuesto, no es la madre de la naturaleza divina de Jesús, que siempre ha existido. María es simplemente la madre de la naturaleza humana de Cristo. Sin embargo, Elisabet puede llamarla «la madre de mi Señor» porque usa el título «Señor» para referirse a la persona de Cristo. Una expresión similar ocurre en Lucas 2:11: «Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor».

De esta manera, podemos entender Marcos 13:32, donde Jesús dice que nadie sabe el momento de su regreso, «ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre». Aunque el término «el Hijo» nos recuerda específicamente la filiación celestial y eterna de Jesús con Dios el Padre, se usa realmente aquí no para hablar específicamente de su naturaleza divina, sino para hablar en general de él como persona, y para afirmar algo que es de hecho cierto solo de su naturaleza humana. Y es cierto que en un sentido importante (es decir, con respecto a su naturaleza humana) Jesús no sabía el momento en que él volvería.

d. Breve oración sumaria: A veces en el estudio de la teología sistemática, la siguiente oración se ha utilizado para resumir la encarnación: «Conservando lo que era, se convirtió en lo que no era». En otras palabras, mientras Jesús continuaba «conservando» lo que era (es decir, completamente divino) también se convirtió en lo que antes no había sido (es decir, completamente humano también). Jesús no abandonó ninguna de sus deidades cuando se hizo hombre, pero sí se enfrentó a la humanidad que antes no era suya.

e. «Transmisión» de atributos: Una vez que hemos decidido que Jesús era completamente hombre y completamente Dios, y que su naturaleza humana permaneció completamente humana y su naturaleza divina permaneció completamente divina, podemos preguntar si había algunas cualidades o habilidades que se dieron ( o «transmitieron») de una naturaleza a la otra. Parece que sí.

(1) De la naturaleza divina a la naturaleza humana

Aunque la naturaleza humana de Jesús no cambió su carácter esencial, porque estaba unida a la naturaleza divina en la única persona de Cristo, la naturaleza humana de Jesús ganó (a) una dignidad para ser adorado y (b) una incapacidad para pecar, ambas de las cuales no pertenecían a los seres humanos.

(2) De la naturaleza humana a la naturaleza divina

La naturaleza humana de Jesús le dio (a) la capacidad de experimentar el sufrimiento y la muerte; (b) la capacidad de comprender por experiencia lo que estamos experimentando; y (c) la capacidad de ser nuestro sacrificio sustituto, que Jesús como Dios solo no pudo haber hecho.

  1. ¿Pudo Jesús haber pecado?

A veces se plantea la pregunta: «¿Fue posible que Cristo haya pecado?». Algunas personas argumentan a favor de la impecabilidad de Cristo, en la que la palabra impecable significa «incapaz de pecar». Otros refutan que si Jesús no podía pecar, sus tentaciones no podrían haber sido reales, porque ¿cómo puede una tentación ser real si la persona que es tentada no puede pecar de todos modos?

Para responder a esta pregunta, debemos distinguir lo que las Escrituras afirman claramente, por un lado, y, por otro lado, lo que está más en la naturaleza de la posible inferencia de nuestra parte. (1) La Escritura claramente afirma que Cristo nunca pecó (ve arriba). No debería haber ninguna duda en nuestras mentes sobre este hecho. (2) También afirma claramente que Jesús fue tentado y que estas fueron verdaderas tentaciones (Lucas 4:2). Si creemos en las Escrituras, entonces debemos insistir en que Cristo «fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado» (Hebreos 4:15). Si nuestra especulación sobre la pregunta de si Cristo pudo haber pecado alguna vez nos lleva a decir que no fue verdaderamente tentado, entonces hemos llegado a una conclusión equivocada, una que contradice las claras declaraciones de la Escritura.

(3) También debemos afirmar con las Escrituras que «Dios no puede ser tentado por el mal» (Santiago 1:13). Cada tentación que enfrentó, la enfrentó hasta el final y triunfó sobre ella. Las tentaciones eran reales, a pesar de que no cedió ante ellas. De hecho, fueron muy reales porque no cedió ante ellas.

¿Qué diremos entonces del hecho de que «Dios no puede ser tentado por el mal» (Santiago 1:13)? Parece que esta es una de las muchas cosas que debemos afirmar que son ciertas  acerca de la naturaleza divina de Jesús, mas no de su naturaleza humana. Su naturaleza divina no podía ser tentada por el mal, pero su naturaleza humana podía ser tentada y fue claramente tentada. Cómo estas dos naturalezas se unen en una sola persona para enfrentar las tentaciones, las Escrituras no nos lo explican claramente. Pero esta distinción entre lo que es verdadero de una naturaleza y lo que es verdadero de otra naturaleza es un ejemplo de una cantidad de declaraciones similares que las Escrituras nos exigen (ve más información acerca de esta distinción, abajo, cuando hablemos acerca de cómo Jesús podría ser Dios y hombre en una sola persona).

«La verdadera dificultad, el misterio supremo con el cual el evangelio nos confronta, no está en el mensaje de expiación del Viernes Santo, ni en el mensaje de resurrección de Pascua, sino en el mensaje de Navidad de la Encarnación. La afirmación cristiana realmente asombrosa es que Jesús de Nazaret fue un hombre hecho por Dios, que la segunda persona de la Deidad se convirtió en el «segundo hombre» (1 Corintios 15:47), determinando el destino humano, el segundo jefe representativo de la raza, y que tomó a la humanidad sin pérdida de la deidad, por lo que Jesús de Nazaret fue tan verdadero y plenamente divino como era humano. Aquí hay dos misterios por el precio de uno: la pluralidad de personas dentro de la unidad de Dios, y la unión de la Deidad y la masculinidad en la persona de Jesús. Es aquí, en lo que sucedió en la primera Navidad, donde se encuentran las profundidades más profundas e insondables de la revelación cristiana. ‘El Verbo se hizo carne’ (Juan 1:14); Dios se hizo hombre; el Hijo divino se hizo judío; el Todopoderoso apareció en la tierra como un bebé humano indefenso, incapaz de hacer más que yacer, mirar, retorcerse y hacer ruidos, necesitando ser alimentado, cambiado y enseñado a hablar como cualquier otro niño. Y no hubo ilusión o engaño en esto: la infancia del Hijo de Dios fue una realidad. Cuanto más lo pienses, más asombroso se vuelve. Nada en la ficción es tan fantástico como esta verdad de la Encarnación. Este es el verdadero obstáculo en el cristianismo. Es aquí donde los judíos, los musulmanes, los unitarios, los testigos de Jehová y muchos de los que sienten que las dificultades con respecto al nacimiento virginal, los milagros, la expiación y la resurrección han llegado a la pena. Es por la incredulidad, o al menos la creencia inadecuada, acerca de la Encarnación que las dificultades en otros puntos de la historia del evangelio generalmente surgen. Pero una vez que la Encarnación es captada como una realidad, estas otras dificultades se disuelven». – J.I. Packer, Knowing God (Downers Grove, IL: IVP, 1973).

 

[1] Athanasius, On the Incarnation 8. 54. (Crestwood, NY: St. Vladimir’s Seminary Press, 373/1993), 93.

6/11 – Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El Salmo 23

6/11 – Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo

Bryan D. Estelle Nota del editor: Este es el sexto capítulo en la serie «El Salmo 23», publicada por la Tabletalk Magazine.

Una de las primeras rutas que fue escalada en los flancos nevados y helados de Denali, el pico más alto de América del Norte, se llama la ruta “West Rib”. El primer ascenso fue reportado por el diario The American Alpine 1960 y en la sección de deportes del 13 de julio de 1959 de la revista Time. La ruta es relativamente segura, excepto por el acceso, que pasa a través de un estrecho y profundo valle glacial entre Denali a la izquierda y los picos Kahiltna a la derecha. Por estas pendientes caen constantemente avalanchas de nieve y hielo en el valle, razón por la cual se ha ganado el título de «valle de la muerte». Los escaladores suelen ascender esta sección durante la noche ya que las temperaturas más frías hacen que sea más seguro hacerlo.

Aunque el antiguo israelita no enfrentó los peligros del clima helado, ellos (como todos nosotros) se enfrentaron a muchas pruebas, tentaciones, tristezas y aflicciones durante esta vida, y, en última instancia, a ese último enemigo a vencer: la muerte misma. El viaje hacia la Tierra Prometida celestial está lleno de riesgos y peligros, y necesitamos un pastor que nos ayude a llegar a salvo.

Se conoce como pastorear a la labor realizada por las personas que obtienen su sustento primario de rebaños o manadas de ovejas, cabras, ganado, camellos, cerdos o burros. Cuando Israel conquistó y se asentó en la tierra de Canaán, se convirtieron en agricultores, pero no dejaron atrás el pastoreo. Desarrollaron una economía que era tanto agrícola como pastoral. Los israelitas se dedicaron a pastorear especialmente en las laderas semiáridas al este y al sur de las montañas de Judá.

El viaje hacia la Tierra Prometida celestial está lleno de riesgos y peligros, y necesitamos un pastor que nos ayude a llegar a salvo.
¿Cuáles eran los deberes del pastor para proteger a su rebaño en esta importante labor en el Israel antiguo? En primer lugar, tuvo que proporcionar comida y agua, asegurándose de que el rebaño no erosionara en un área específica. Tenía que proporcionar descanso. Tuvo que proteger a su rebaño de depredadores, tanto animales salvajes (lobos, osos, leopardos y leones) como incluso humanos (ver Job 1:14-15). Tuvo que proteger a su rebaño contra otros peligros también, incluyendo los muy destructivos y fuertes vientos del este, así como las enfermedades e incluso la dura naturaleza del desierto.

Este concepto del pastoreo se extendió metafóricamente y se aplicó a los reyes en el antiguo Cercano Oriente. La tradición de un pastor-gobernante se remonta a la historia escrita. Considera, por ejemplo, Hammurabi, el famoso rey de los amorreos, cuyo código de ley se encuentra en el museo del Louvre en París. Su código es un buen ejemplo del lenguaje de pastoreo aplicado a los gobernantes. En el prólogo, declara:

Anum [el dios supremo en su panteón] y Enlil, para hacer el bien a la gente, me nombraron. Soy Hammurabi, el pastor, llamado por Enlil, que reúne abundancia y suficiencia, proveedor de todo, vínculo del cielo y la tierra.

La ley comunica una tremenda preocupación por la justicia. Es obvio que Hammurabi se consideraba el rey ideal que pastoreaba al pueblo y ejecutaba la justicia en su nombre.

Las imágenes del pastoreo también se extendieron a los reyes y gobernantes de Israel. Los líderes de Israel fueron continuamente llamados pastores. Sin embargo, los gobernantes de Israel no cumplieron con sus deberes una y otra vez (por ej. Jer. 23). A pesar de esto, la imagen de pastor también se aplicó a Dios mismo (por ej. Os. 4:16). A lo largo de la historia de la redención, se hizo cada vez más evidente que Dios levantaría un pastor que fielmente impartiría justicia, protegería a Sus ovejas, las defendería y cuidaría de ellas, les vendaría las heridas y las conduciría a lugares tranquilos.

Ese es el gran consuelo que trae el Salmo 23. Aunque el salmista no sufrió un potencial golpe mortal por avalanchas de nieve y hielo sobre su lado izquierdo y derecho cuando atravesaba el valle de la sombra de la muerte, se enfrentó a muchos peligros al igual que nosotros: angustia física y mental crónica y enfermedades, dificultades económicas, preocupación y ansiedad por los seres queridos, enemigos de adentro y de afuera, traición y pérdida de muchas maneras. Sin embargo, el salmista afirmó y supo que el Señor, su divino Pastor, estuvo con él a través de todo. Estaba confiando en un Pastor regio que estaba con él y Uno más grande que habría de venir, que actuaría como nuestro Pastor «al someternos a Él, al gobernarnos y defendernos, y al restringir y conquistar a todos sus enemigos y a nosotros mismos» (WSC 26). Por lo tanto, podía ser valiente y tener coraje para las dificultades y aflicciones de la vida, porque el Señor estaba con él.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

Bryan D. Estelle
Bryan D. Estelle
El Dr. Bryan D. Estelle es profesor de Antiguo Testamento en el Westminster Seminary California. Es autor de varios libros, incluyendo Echoes of Exodus.

J12 – El regalo voluntario de la sumisión

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

J12 – El regalo voluntario de la sumisión

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/el-regalo-voluntario-de-la-sumision/

Carmen Espaillat : Nancy Leigh DeMoss ha estado indagando con sus amistades cómo luce la sumisión en sus matrimonios. Esto es lo que una esposa escribió.

Nancy Leigh DeMoss: “Cuando siento que he sido escuchada, dejo la última decisión a mi esposo. Recae en él como líder y cabeza de nuestro hogar. Entonces lo llevo a oración, saber que Dios ve, que Él conoce todo y que es soberano es muy reconfortante. Algunas veces funciona. Algunas veces mi esposo toma decisiones que yo no hubiera tomado. Algunas veces obtengo lo que estaba deseando. Es dar y recibir y — esto es lo que realmente importa — un amor que cubre una multitud de transgresiones”.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Tu esposo y tú estarán en desacuerdo en algunas decisiones. El camino que tomes para alcanzar un resultado puede beneficiar o perjudicar grandemente tu matrimonio. Aquí está Nancy mostrándonos cómo la Biblia nos instruye sobre la toma de decisiones en el hogar. Es parte de la serie El hermoso diseño de Dios para la mujer .

Nancy: Bueno, hemos estado hablando el último par de sesiones sobre lo que pienso es uno de los temas más difíciles para discutir con mujeres en nuestra cultura actual y en el clima contemporáneo. Es el asunto de la sumisión. Es tentador retroceder en este tema, o ignorarlo, o sugerirle a alguien más que enseñe sobre esto.

Pero quiero ser fiel para enseñar el consejo de Dios en su totalidad, y he aprendido en mi propia vida, debo decir, lo estoy aprendiendo en mi propia vida, que cuando vivo o practico un principio que es tan difícil como este asunto de la sumisión, es un medio que Dios usa para bendecir mi vida.

Quiero que experimentes la bendición de Dios, y particularmente ustedes que son mujeres casadas. Quiero que experimenten esto en sus matrimonios, y quiero que tus hijos experimenten la bendición de estar viendo una esposa que muestra en su respuesta a su esposo la forma en que la iglesia debería responderle a Cristo, la cual, por cierto, es otra gran razón por la que las esposas deben considerar esto.

Quieres que tus hijos crezcan en obediencia al Señor, ¿correcto? Quieres que sean sensibles al Señor. Quieres que sigan sus instrucciones y sus iniciativas. ¿Dónde van a aprender el modelo? Esto va a suceder cuando vean como su madre responde al liderazgo y a las iniciativas de su padre, tú estás plantando semillas en las vidas de tus hijos.

● Si tus hijos crecen solamente para ser tan responsables con la autoridad como lo eres tú con la autoridad de tu esposo, ¿qué clase de adultos van a ser?

● ¿Qué tan sumisos van a ser?

● ¿Cómo van a responder a la autoridad del gobierno, de la escuela, de su empleo, y tus hijas a la autoridad de sus esposos algún día?

Hemos estado revisando Tito 2, y la última cualidad dentro de los siete cursos del currículo que las mujeres mayores deben enseñar a las más jóvenes, es que deben sujetarse a sus maridos. Ya les he dicho que estos últimos días les he pedido a algunas amigas que me envíen una nota y me cuenten sobre algunas de sus luchas en el área de la sumisión, algunos ejemplos prácticos donde ellas pueden encontrar dificultad.

Hoy quiero compartir contigo una serie de respuestas que recibí de esas mujeres que considero que te ayudarán a entenderlo mejor, mejor aplicado a la vida diaria, que si yo te lo hubiera explicado.

Es muy interesante que existan tres problemas recurrentes. Estos no son los únicos 3 problemas pero son los más 3 grandes que parecen saltar a la vista y se repiten una y otra vez.

Probablemente puedas adivinarlos, el número 1 tiene que ver con los hijos—decisiones sobre los hijos, la disciplina y cosas relacionadas a ellos. La segunda, que surgió en numerosas respuestas de mis amigas esta semana es sobre cuestiones financieras. Te compartiré algunas de ellas. Y la tercera es sobre asuntos sexuales, creo que esa ya la habrás adivinado también.

Estuve platicando con un amiga la semana pasada y me comentó—en realidad ellos tienen un matrimonio ejemplar, al menos es lo que yo percibo— pero me dijo: “El problema más grande que tuvimos en nuestros primeros tres años de matrimonio fue la cuestión sexual”. Continuó, “Yo no entendía las necesidades de mi esposo en esta área, no parecía tener sentido” “no entendía a los hombres, y no podía comprender por qué el funcionaba de esa manera”. Este tema tiene un gran potencial para problemas.

Así que, los hijos, las finanzas y los asuntos sexuales, aunque existen otras, parecen ser las 3 situaciones más grandes con las cuales las esposas luchan día tras día.

Ahora, ¿qué haces cuando no estás de acuerdo con la dirección que tu esposo está tomando para tu familia, o con una decisión que tomó o que quiere tomar, cuando tú sientes que no estás de acuerdo con la dirección o la decisión? Déjame darte algunas sugerencias, no voy a profundizar mucho en esto, luego quiero ilustrarte con algunos ejemplos de las vidas de mis amigas.

Yo creo que lo primero que hay que hacer es buscar en tu corazón y hacerte esta pregunta: “¿Soy sumisa generalmente?” No solo en este ejemplo, sino en todos los ámbitos, “¿Está generalmente mi corazón inclinado o dispuesto a seguir el liderazgo de mi esposo?

Si no es así, entonces realmente no tienes una base firme para hacerlo y para cuestionar su liderazgo o para hacerle comentarios de forma que sean realmente bien recibidos , cuando tu inclinación general no es la de seguir su liderazgo.

Entonces asegúrate de que realmente deseas cumplir la voluntad y la gloria de Dios más de lo que quieres que se haga tu voluntad. Sé honesta, “¿quiero que se haga a mi manera, o estoy dispuesta a someter mi voluntad a la voluntad de Dios?” Si tu deseo es glorificar a Dios, lo más probable es que se puedan resolver esas diferencias.

Entonces debes compartir tus inquietudes con tu esposo, pero recuerda que la actitud lo es todo . Es muy importante que no actúes acusando o amenazando, o que lo degrades como hombre. Tú siempre… Tú nunca…—esa clase de palabras no son constructivas. Es muy importante que no seas quejosa. A los hombres no les gustan esta clase de mujeres.

De hecho, ¿a quién le gusta este tipo de mujer? A ninguna de nosotras, pero de hecho todas hemos escuchado a alguna o hemos sido así. La actitud es importante—no insistir en que las cosas se hagan a tu manera—no ser demandante, pero mostrar una actitud de humildad y de amor. Humildad y amor.

Entonces, mientras compartes tu preocupación con tu queja, presenta tu apelación. “¿Podrías considerar esto? He orado por esto. Yo sé que tú quieres hacer lo mejor para nuestra familia”. Preséntalo en un lenguaje de humildad, asumiendo lo mejor de él.

Si lo encaras, él hará lo mismo que tú haces cuando tus hijos vienen a ti, pones resistencia. Tú no quieres provocar a tu marido para que ponga resistencia a tu comentario por la forma como lo hiciste, así que asegúrate que tu espíritu sea humilde, respetuoso, no desafiante o que ponga resistencia.

Y a la hora de hacer tu apelación, el momento es muy importante. Asegúrate de que sea en un momento en que no esté estresado por otra cosa y tenga tiempo para sentarse y escucharte. Tú puedes decir: “Sabes, hay algo sobre lo que me gustaría que tuviéramos la oportunidad de hablar. ¿Cuándo sería un buen momento para ti?”

Un esposo me comentó el otro día, “Un marido sabe cuando una mujer dice: ‘Tenemos que hablar,’ él sabe que se avecinan algunos problemas, pero al menos está preparando el camino para hacerme saber que esto es algo importante para lo que tengo que estar preparado”.

También es importante la forma como lo abordas. No simplemente le sueltes todo al mismo tiempo. Los hombres pueden sentirse abrumados por nuestras formas verbales. ¿Sabes a qué me refiero? Lo hacemos de forma errónea. Por lo general, somos más verbales, más emocionales—claro, no es igual con todos los matrimonios. Algunos hombres, si te fijas, no tienen la resistencia emocional o los medios para soportar ese ataque verbal.

Entonces, ¿qué hacen? Acaban dando marcha atrás. Se encierran, o se enojan, esa es la forma en que un hombre muestra que está herido. Nosotras mostramos que estamos heridas por medio del llanto. Pero ellos muestran su herida por medio del enojo, en muchos casos. Sé que estoy generalizando.

Cuando pienso en esto, en el momento y en la forma, pienso en la reina Ester y en la importancia del autocontrol. Yo nunca pude superar el hecho de que (esto simplemente me sorprende) cuando Esther llamó al rey y a Amán a venir al banquete en su casa, o en el palacio, no me habría aguantado para decir que estaba molesta, ¡sobre todo cuando se sabe que toda la nación judía está a punto de ser extinguida!

Admiro a esta mujer porque cuando él le dijo: “Te voy a dar la mitad del reino”, todo lo que ella dijo fue: “¿Puedes venir a cenar esta noche?” (Esther 5:3-4, parafraseado). Quiero decir, ¿cómo se hace eso? Entonces él viene a cenar, y ahí está Amán, y ahí está el rey ofreciéndole la mitad del reino, y ella dice: “¿Puede venir de nuevo mañana por la noche?”, No es otra cosa más que dominio propio (versículo 8, parafraseado). Se trata de una mujer con una mente sana con un sano juicio, que no tiene que decir todo lo que está en su mente sin pensar.

Aguanta la lengua. Esto es cierto en todo tipo de relaciones. Lo encontramos en el lugar de trabajo. Si algo está en mi mente, yo solo tengo que sacarlo. Eso no refleja buen juicio. Sé controlada.

Entonces, después de presentar tu apelación, pídele a Dios que intervenga. De hecho, antes, durante y después de presentar tu apelación, ora. Llévaselo al Señor. Lleva tu caso al Señor. Pídele a Dios que intervenga, y luego dale a Dios el momento para cambiar el corazón de tu marido. No insistas en que tu marido cambie de opinión inmediatamente, o nunca. Confía en el Señor para actuar.

Déjenme leerles algunas de las ilustraciones de algunos de estos principios que mis amigas han compartido conmigo durante los últimos días. Una mujer dijo:

“Mi padre a menudo hizo inversiones financieras que involucraban miles de dólares, pensando que iba a hacer mucho más. Vi a mi madre aconsejarle de corazón, pero aun así lo apoyó en muchas decisiones que fueron un fracaso. Si mi padre hubiera hecho caso de su consejo, probablemente habría ganado en lugar de perder, pero ella nunca le tomó esto en cuenta ni habló con sus hijos sobre sus faltas.”

Eso fue la respuesta a mi pregunta: “¿Quién ha sido un modelo positivo en tu vida en el área de la sumisión?” Esa fue una gran lección de que una mujer que aprendió de su madre.

Otra mujer me escribió, “Hemos estado casados por 17 años…” Ella ha estado luchando con algunos problemas físicos, y a través de una serie de circunstancias, no tiene casa propia por el momento, y ha sido un largo período de recuperación, una situación difícil para ella; y ella dijo:

“En este último año, he querido tener mi propia casa para convalecer en ella. Tenemos la casa identificada y nos encontramos actualmente en el departamento de alguien más, no en el nuestro. Hice saber a mi esposo mi deseo. Él no lo aceptó.”

Su marido es un hombre piadoso. Él ama a su esposa, y ella lo ama, pero esto ha sido una diferencia de opinión entre ellos, por obvias razones. Suena poco bondadoso de su parte decir: “No puedes tener una casa”, pero él cree que hay algunas buenas razones para esto, no es el momento adecuado. Ella dijo:

“Yo realmente quería tener mi propio lugar. Sentía que era una necesidad. Todavía no ha sucedido. Estoy en el proceso de sumisión, y orando por una casa. ¿Estoy gritando y pataleando? No. ¿Puedo hacer comentarios de vez en cuando sobre esto? Sí. ¿Lo estoy presionando, demandando? No, quiero la bendición de Dios en Su tiempo y sé esperar en el Señor. Él puede mover a mi marido si Él lo desea.”

Otro comentario. Esta mujer dijo:

“Cuando tenemos diferencias, por lo general discutimos y ponemos ambos argumentos sobre la mesa. Cuando siento que he sido escuchada (mi meta es expresarlo una sola vez y claramente), le dejo la decisión final a mi marido. Le corresponde a él como líder y cabeza de nuestra casa.

Entonces lo llevo en oración, saber que Dios ve, que Él conoce todo y que es soberano es muy reconfortante. Algunas veces funciona. Algunas veces mi esposo toma decisiones que yo no hubiera tomado. Algunas veces obtengo lo que estaba deseando. Es dar y recibir—y esto es lo que realmente importa—amor que cubre una multitud de transgresiones.”

Otra mujer escribió:

“La cuestión más difícil de la sumisión en nuestro matrimonio ha sido la elección de la vocación de mi marido. A lo largo de nuestro matrimonio ha alternado entre el servicio a una iglesia como pastor y emplearse en su vocación secular en la que viaja y pasa gran parte de la semana fuera de la ciudad.

La primera vez que tomó un empleo secular, fue cuando nuestro primer hijo era un bebé. Por todo el año que tuvo ese trabajo, lloré, lo fastidié, me quejé, y traté de manipularlo para que cambiara su vocación.

El Señor me ha enseñado que aunque la ocupación de mi marido no es lo que yo elegiría para él o para nuestra familia, yo debo de honrar a Dios mediante la sumisión a mi marido. Cuando encomiendo esta dificultad en las manos de Dios, estoy demostrando mi confianza en Él.”

Otra mujer que dice:

“La verdadera prueba de la sumisión es como mi corazón responde a la decisión de mi marido cuando, después de dar mi punto de vista, aún decide ir en una dirección que él sabe que no estoy de acuerdo. Esa es la prueba.”

Ahora, yo creo que es importante que nos demos cuenta que la sumisión es muy, muy poderosa. ¡Es muy difícil someterse, en primer lugar a Dios y luego a las autoridades ordenadas por Dios en nuestras vidas, pero es extremadamente poderosa!

En lo que se refiere a esposos y esposas, las esposas estar sujetas a sus maridos, el maravilloso pasaje clásico que se encuentra en 1 Pedro capítulo 3, comenzando en el versículo 1. “Igualmente vosotras, mujeres. . . ” Ahora, ¿Qué significa igualmente? Este es el primer versículo del capítulo, así que tienes que volver al capítulo 2 para saber a qué se refiere igualmente.

Igualmente se refiere a toda una disertación sobre Cristo, que sufrió injustamente por nuestros pecados, pero Él no respondía con maldición; Él no se defendió. Él se encomendaba a Dios que juzga con justicia. El Justo sufriendo por los injustos para llevarnos a Dios. “Del mismo modo,” de la misma manera, “mujeres, estad sujetas a vuestros maridos.” Y la realidad es que habrá momentos en los que harán que sus vidas sean miserables—así será—habrá momentos en que la sumisión significa que tendrás que sufrir.

Ahora bien, no estoy diciendo con esto que debes quedarte paralizada mientras tu marido te da una paliza y solole dices, “golpéame de nuevo”. Todo el consejo de Dios deja en claro que si tú o la salud o la vida de tus hijos está siendo amenazada, existe el permiso bíblico para separarte, para librarte de ese peligro inmediato.

No estoy hablando acerca de que tu esposo esté siendo amenazado, como Jesús estuvo, a punto de la muerte. La mayoría de las veces no se trata de la vida y la muerte o una amenaza física real para nosotros, aunque hay algunos casos. La mayoría de las veces se trata de nuestros deseos, nuestros anhelos, nuestra conveniencia, nuestra comodidad, nuestros deseos y placeres personales, y Él dice, incluso si se te hace la vida difícil, “estad sujetas a vuestros maridos. . . incluso si algunos no obedecen la Palabra”.

Ahora bien, en el contexto de 1ra de Pedro, para las personas que no obedecen la palabra, es decir para los no creyentes. Ellos no son cristianos, pero a través de una aplicación más amplia, creo que puede referirse a cualquier marido, que en algún área de su vida no es obediente a la Palabra de Dios, y eso abarca a todo marido. Cada esposo tiene esas áreas, como, por cierto, todas las esposas también las tienen.

Así que en cualquier área en la que él no esté obedeciendo la Palabra de Dios, o que simplemente no sea un creyente, “sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, cuando ven su conducta casta y respetuosa” (versículos 1-2). ¿Y cuál es su conducta casta y respetuosa? Se trata de ser sumisa a tu propio esposo—hupotasso—de colocarte bajo el liderazgo, la iniciativa y la dirección de tu marido.

John Piper habla a las mujeres en uno de sus sermones acerca de este pasaje sobre el peligro de ser quejona y lo llama “la exhortación excesiva”. Pensé que era una buena frase. Es una bonita forma de decir “persistente”, pero ten cuidado con acosar, estás muy cerca de la manipulación. Puedes hacerlo de forma tranquila, puedes hacerlo con mal carácter o en formas fuertes . Pero Él dice que sin decir una palabra, por el ejemplo de tu vida y la convicción de tu ejemplo, van a responder.

Luego habla de tener un espíritu suave y apacible. Eso es hermoso para Dios. Es poderoso e impactante para tu marido. Está ilustrado por las santas mujeres en el Antiguo Testamento que esperaban en Dios y se adornaban al someterse a sus maridos. Tu espíritu como esposa puede endurecer o puede ablandar el corazón de tu marido.

Déjenme leerles algunas cosas que mis amigas me escribieron acerca de esto:

Una mujer dijo:

“Un problema en nuestro matrimonio ha sido el dinero. Me gustaría cuestionar a mi marido sobre sus gastos y deseo que justifique el uso del dinero, pero no sentía que yo tuviera que justificarme ante él. Las consecuencias fueron un marido desprovisto de autoridad con frustraciones y molestias en nuestra relación y falta de confianza que nubló la relación.”

Ahora, que Dios le ha demostrado a esta mujer a lo largo de estos años el poder de la sumisión, ella dice,

“Las bendiciones son un marido que está empoderado para el cumplimiento de las responsabilidades y suele ser más solidario, amoroso y respetuoso conmigo.”

Recibí un correo electrónico ayer por la noche de una mujer diciendo: “No hace mucho tiempo mi marido me pidió que me sujetara en un área donde estaba intentando cambiar su forma de pensar”. Ella no estaba de acuerdo con él, y ella estaba molestándolo, dándole excesiva exhortación, acosándolo. Ella dijo: “Yo le dije que tenía que orar por eso”. Luego, entre paréntesis comentó, “No fue una gran respuesta de mi parte”.

Al día siguiente, Dios había hablado a su corazón, lo había ablandado, y ella dijo:

“Le dije que lo sentía por mi actitud, por haberlo deshonrado y ser irrespetuosa en esta área en particular. Le pregunté si me perdonaría. Entonces le dije que iba a someterme a él en el área que me había pedido. Más tarde, mientras compartíamos la historia con otra pareja, un amigo de mi marido me preguntó si había llegado a la conclusión de que mi marido estaba en lo cierto. Le dije: ‘No’. Mi marido, que estaba escuchando en esta conversación, dijo: ‘Eso es lo que lo constituye la sumisión.’”

Ahora, escucha lo que esto hizo en su marido:

“Él ahora quería asegurarse de que era la mejor decisión, porque yo había estado dispuesta a ceder a su petición. Estuvo buscando al Señor aún más, con ganas de hacer lo que era lo mejor. Esto era muy importante para él”.

Ahora esta mujer podría haber dicho: “He perdido la batalla. Me derrotó. Él ganó”. Pero, ¿realmente ella perdió? No, ella ganó porque ahora ella tiene su marido más motivado que nunca para buscar al Señor.

Otro marido en mi pequeña encuesta de los maridos de la semana pasada… dijo porque le pregunté: “¿Qué es lo que sucede con los hombres cuando sus esposas realmente se sujetan con un espíritu sumiso?” Él dijo: “Eso pone mucha presión sobre nosotros. Una gran responsabilidad. Nos damos cuenta que, ahora tengo que asegurarme de que realmente estoy buscando al Señor y que estoy llevando a mi familia de manera apropiada”. Es el poder de la sumisión.

Otra mujer dice:

“Mi esposo nunca ha sido muy abierto a la crítica constructiva o al cambio por lo que he llegado al punto en que yo dejo al Señor trabajar en su corazón y en su vida. Es algo muy liberador no tener la responsabilidad de mi esposo.”

Esta es una situación en la que una esposa tiene que tomar una decisión. ¿Podrá sujetarse? Es decir, ¿podrá ella tener un corazón tierno y sensible? ¿O endurecerá su corazón? “El divorcio”, dijo ella, “siempre tiene su origen en el momento en que uno u otro cónyuge endurecen su corazón”.

Aquí está una mujer, por cierto, cuyo matrimonio también podría haber terminado con el divorcio porque su marido no tenía un corazón suave y tierno. Así que por años—décadas—han estado casados, y ella tiene que tomar esta decisión de suavizar y sujetarse en lugar de endurecer su corazón. Ella dijo:

“Todavía tengo luchas diarias para perdonar, para decidir cuidar a mi esposo, debido a mi orgullo. Yo hago lo que hago por lo que Jesús ha hecho por mí. Se merece tener mi obediencia y mi marido se merece mi perdón y bondad, porque Jesús nos ama y nos perdona.”

En el maravilloso libro de Susan Hunt, “La mujer verdadera”, ella hace una poderosa declaración acerca de la sumisión, y quiero terminar con eso, en un par de párrafos. Hablando de la sumisión, ella dice:

“Este es el tema decisivo para la mujer verdadera. …Probablemente no hay nada que exponga nuestro corazón con tanta claridad y tan dolorosamente como nuestra actitud acerca de la sumisión. [¿No te parece que ella tiene razón acerca de eso? Eso es realmente lo que expone nuestros corazones.]

Sigue diciendo:

“No puedo dar argumentos lógicos para la sumisión. Es un desafío a la lógica que Jesús dejara todas las glorias del cielo para poder ofrecernos toda la gloria del cielo. La sumisión no es acerca de lógica, sino sobre amor. Jesús nos amó tanto que Él se sometió voluntariamente a una muerte de cruz. Su mandato es que las esposas deben someterse a sus maridos. Es un regalo que voluntariamente damos a los hombres que hemos jurado amar en obediencia al Salvador que amamos.”

Carmen: Nancy Leigh DeMoss estará de vuelta para orar.

Hemos visto detalladamente el pasaje tan rico de Tito 2:1-5.

Este ministerio se hace una realidad debido a la fidelidad de muchos oyentes que contribuyen mensualmente para ayudarnos a distribuir los mensajes internacionalmente.

Te animamos a contribuir financieramente con nuestro ministerio. Puedes hacerlo por Internet visitando www.AvivaNuestrosCorazones.com o llamando al 1-800-569-5959. Tu participación con este ministerio es muy valiosa para nosotros.

Pero más que nada necesitamos tus oraciones. ¿Te animarías a orar para que Dios nos provea de los recursos necesarios para continuar esta obra?

Ahora Nancy está de vuelta con nosotras para orar.

Nancy : ¡Oh Padre, nos has llamado a todas nosotros, casados o solteras, hombres o mujeres, a sujetarnos en las diferentes esferas de la vida, y ruego, oh Señor, que te demos ese regalo voluntariamente por amor a Ti.

Te ruego, Señor, por un milagro y por gracia y ayuda en la vida de las mujeres que están luchando con este problema de la sumisión en este mismo momento, y Te pido que no solo les ayudes a sonreír y aguantar o decir: “Bueno, yo voy a hacerlo”, sino mirarte a Ti, buscando la gracia y el poder de Tu Espíritu Santo para hacer este trabajo a través de ellos para su bien y para Tu gloria. Yo Te lo ruego en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

La pregunta de las preguntas

Viernes 18 Septiembre


Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Mateo 16:15-16

Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Juan 6:68-69

La pregunta de las preguntas

¿Qué dice usted de Jesucristo? Esta es una pregunta muy seria, ¡la más importante de todas! Reflexione antes de contestar. Dependiendo de si usted deposita su confianza en él o no, si le ama o no, usted tendrá o no tendrá comunión con Dios. Muchas personas que dicen ser cristianas solo ven en Jesucristo a un hombre mejor que otros, un mártir por la causa de Dios, un gran modelo, el fundador de la religión del amor. ¡Pero esto no es lo que realmente dice la Biblia!

Otros lo llaman Salvador, pero tratan de añadir sus propias obras a la suya. Esperan que cuando hayan hecho todo lo que son capaces de hacer, Jesús hará el resto. Estas opiniones tampoco tienen en cuenta la obra de Jesús. Fue él quien hizo todo para salvarnos, él es un Salvador perfecto.

Otros reconocen a Jesús como el único autor de la salvación, como el Salvador del mundo, pero no tienen una relación personal con él, y su vida lo demuestra. ¿De qué servirán estas opiniones o palabras el día en que haya que rendir cuentas a Dios?

Un cristiano convencido de lo que cree no teme responder: Jesús es mi Salvador, mi Señor, mi poderoso Amigo, mi Pastor. A la pregunta que Jesús hizo a su discípulo Pedro, él respondió: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Esta respuesta es mucho más que una opinión, es la base misma de la fe, que descansa en la persona y en la obra de Jesús.

Jeremías 49:23-39 – 2 Corintios 7 – Salmo 106:13-18 – Proverbios 23:19-21
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