5/6 – ¿Quién tiene la culpa de nuestra tentación?

Gracia a Vosotros

Serie: Beneficiándonos de las pruebas de la vida

5/6 – ¿Quién tiene la culpa de nuestra tentación?

John MacArthur

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Abra su Biblia en Santiago capítulo 1. Estaremos estudiando los versículos 13 al 18. Santiago 1:13 al 18. Si no terminamos todos estos versículos en esta noche, probablemente cubriremos la parte que nos quede el próximo domingo por la noche, cuando también estaremos teniendo un tiempo de alabanza. Y de alguna manera, lo vamos a coordinar para que sea una tarde maravillosa si el Señor quiere que nos tomemos más tiempo.

Observe su Biblia conforme le veo los versículos 13 al 18. “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni Él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. Él, de Su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de Sus criaturas.”

Al llegar a este texto, permítame pedirle que vea el versículo 14. Comienza con estas palabras “cuando alguno es tentado.” Todos nosotros podemos dar testimonio de la veracidad de esa afirmación. Toda persona es tentada. La tentación es la experiencia común de todo ser humano. No cristiano o cristiano. Pablo dice en 1 Corintios 10 que las tentaciones son comunes al hombre.

Un escritor antiguo dijo que inclusive cuando somos salvos, debemos recordar que nuestro bautismo no ahogó nuestra carne. La tentación es común a todo hombre. Todo hombre es tentado. Todos, entonces, enfrentamos la batalla de la tentación. Y la manera en la que la enfrentamos es una marca de la legitimidad de nuestra fe o la ausencia de la verdadera fe salvadora.

Así como la manera en la que enfrentamos las pruebas y respondemos a ellas en los versículos 2 al 12 fue vista como una prueba de fe genuina, así también la manera en la que enfrentamos la tentación también es una prueba de fe genuina.

Es normal para la gente no redimida el no aceptar la responsabilidad por su propia pecaminosidad. Cuando se ven tentados y pecan, es típico para ellos culpar a alguien más. Los niños llegan al mundo rehusándose a aceptar la responsabilidad por su conducta. La primera vez que usted reprende a su pequeño niño por algo, su reacción inicial, automática es decir “no lo hice,” “no fue mi culpa,” “pero no entiendes.”

Aceptar la responsabilidad total por la debilidad y la tentación no es algo que los hombres hacen muy bien. Los hijos evaden la culpabilidad de su propia culpa y llegan a ser adultos que prácticamente hacen lo mismo.

En este pasaje, Santiago está diciendo que la manera en la que usted responde a la tentación y a quién usted culpa es otra indicación de la legitimidad de su fe salvadora o la ausencia de la misma.

Ahora, en un sentido el cambio de los versículos 12 al 13 es un cambio rápido para Santiago. Él había estado hablando de las pruebas. Él había estado usando el mismo verbo, peirazō, el mismo nombre, peirasmos, el cual significa pruebas o tribulaciones. Él había estado usando esa misma palabra para hablar de las pruebas que el Señor permite que vengan a nuestra vida para hacernos fuertes. Él acaba de decir que las personas que soporta esas pruebas es bendecida. Esas pruebas, aprendimos, son circunstancias externas que prueban nuestra fe, que producen crecimiento espiritual.

Pero esas pruebas también pueden convertirse en tentaciones. Y en lugar de ser un medio de crecimiento espiritual, pueden convertirse en una fuente de solicitud a la maldad. Toda situación difícil que viene a mi vida o me fortalece porque obedezco a Dios y permanezco confiando en Su cuidado y confiando en Su poder y entonces, o crezco, o me veo tentado a dudar de Dios, negar Su palabra, desobedecer, hacer lo que es práctico. Y de esta manera, he caído y me he vuelto presa a la solicitud a hacer el mal.

La misma palabra que significa una incitación a la maldad es también usada para hablar de una prueba. La diferencia es cómo responde a la misma. Si usted responde a una prueba con obediencia, entonces descubrirá que es un medio para crecer espiritualmente. Si usted responde a una prueba con desobediencia, se ha convertido en una tentación y usted se ha vuelto presa de ella. Toda prueba tiene el potencial de volverse en una tentación dependiendo de nuestra respuesta.

Entonces, Santiago hace este cambio de las pruebas que nos llevan a crecimiento y bendición a tentaciones, que llevan al pecado y a la muerte. Toda situación en la vida que enfrentamos, entonces, nos provee con una decisión. De hecho, demanda una decisión. Perseveraré, avanzaré en fe en Dios al obedecer Su palabra o escucharé la voz que sugiere cuál es el camino fácil de salir, el cual es la desobediencia; y caigo en pecado.

Ahora, si caigo en pecado, ¿quién tiene la culpa? ¿Es la culpa de Dios, quien trae las pruebas o las permite? ¿Es la culpa de mis circunstancias? ¿Es la culpa de que yo fui criado por Dios como soy y no puedo evitarlo? ¿Quién tiene la culpa? Si Dios trae las pruebas, ¿acaso Él entonces es responsable cuando se vuelven tentaciones?

Este tema de quién tiene la culpa en la tentación por el pecado es el corazón de este pasaje. Y es algo esencial porque realmente es algo tan antiguo como el pecado.

Abra su Biblia en Génesis, capítulo 3. Génesis, capítulo 3. Conforme llegamos al versículo 11, Adán y Eva ya cayeron en pecado y son confrontados por Dios. Y Dios le habla a Adán en el versículo 9: “… y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.” Él nunca antes había hecho eso, pero había participado en el pecado y tenía miedo de enfrentar a una deidad infinitamente Santa. Y entonces, se estaba escondiendo.

Y versículo 11: “Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo?” De pronto tienen una conciencia de sí mismo que nunca antes había tenido. “¿Has comido del árbol de que Yo te mandé no comieses?” Escuchen al hombre. Todo lo que tendría que haber respondido era sí, lo hice. “Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.” ¿Quien tuvo la culpa? Bueno, él sugiere que la tuvo la mujer. Digo, después de todo él se fue a dormir una noche y nunca antes había visto a una mujer en su vida; y despertó a la mañana siguiente y estaba casado con una. Ni siquiera sabía lo que era una mujer. Pero el punto de fondo aquí es que él no está culpando a Eva. Esta es la afirmación: Él dice “la mujer que me diste”. ¿Quién tuvo la culpa? Dios tuvo la culpa. Pudiste haber seleccionado cualquier mujer que Tú querías. ¿Por qué la escogiste a ella? ¿Por qué hiciste a una mujer que sabías que iba a hacer eso?

Por cierto, Adán no es el único que le ha hablado a Dios en esos términos. Observe el versículo 13: “Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho?” Y la mujer dijo: “yo lo hice.” ¡No! Ella dijo: “Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.” Soy una víctima, así como mi marido de algo que Tú creaste; yo estaba en este huerto maravilloso y de pronto, apareció una serpiente. Yo no hice esa serpiente. Yo no hice que esa serpiente hablara. Culpan a Dios.

Y así ha sido desde ese entonces. Dios me hizo, Dios me hizo con mi pecaminosidad, Dios me hizo con mis circunstancias. Dios me colocó en la situación en la que estoy en mi matrimonio. Dios me dio mi medio ambiente. Dios creó el escenario. Dios creó lo que me rodea. No es mi culpa.

En Isaías 63:17, usted oye esta afirmación extraña: “Oh, Jehová, ¿por qué nos has hecho errar de los caminos y endurecido nuestro corazón del temor?” ¡Que cosa tan terrible culpar a Dios por el pecado de usted! Pero esa es la tendencia de la carne caída. Evadir la responsabilidad por nuestra conducta e inclusive llegar al punto de culpar a Dios.

Todos somos tentados. Todos pecaremos. Y con frecuencia, culparemos Dios al culpar nuestras circunstancias, al culpar nuestra debilidad, al culpar nuestras propensiones, al culpar nuestro medio ambiente, al culpar lo que nos rodea, al culpar a nuestros amigos, al culpar a nuestros parientes, al culpar a nuestra familia, al culpar nuestra condición económica o lo que sea. Entonces, el versículo 13 de Santiago dice: “cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios.” Esta es una exhortación que le prohíbe a toda persona jamás de culpar a Dios.

Robert Burns, el famoso poeta escocés escribió: “Tú sabes que me has formado con pasiones salvajes y fuertes. Y escuchar a su voz engañosa, con frecuencia me ha llevado a hacer lo equivocado.” Fin de la cita. Y Robert Burns ha expresado lo que la gente ha creído a lo largo de los siglos: que Dios nos hizo con pasiones salvajes y fuertes y, por lo tanto, ¿qué más podría esperar Él fuera de susceptibilidad de la tentación?

Inclusive los judíos entre los rabinos de tiempos antiguos creían esto. Ellos llamaban al impulso malo del hombre yetzar hara. Y decían que el yetzar hara es el impulso malo del hombre en contraste al impulso bueno. Y algunos de los judíos razonaban que debido a que Dios ha creado todo, y debido a que Él creó al hombre, Él también debió haber creado el yetzar hara. Si Él hizo todo, entonces, Él debió haber hecho eso.

Y entonces, tenemos dichos rabínicos como este: “Dios dijo: “Yo lamento el haber creado la tendencia mala en el hombre, porque si no lo hubiera hecho así, él no se hubiera rebelado contra mí. Yo soy el creador de la tendencia mala. Yo fui el creador de la ley como un medio de curación. Si ustedes se ocupan con la ley, ustedes no van a caer en el poder de la ley. Dios colocó la tendencia buena en la mano derecha del hombre y la mala en su izquierda.” Así decían los rabinos. Es algo extraño, pero es una tendencia antigua que Dios es responsable por nuestra tentación y nuestro pecado.

Santiago prohíbe de manera absoluta un pensamiento así. De hecho, él implica que alguien que realmente conoce a Dios tiene una mansedumbre y un quebrantamiento por su propia culpabilidad por el pecado y no pensaría en culpar a Dios como un acto continuo, aunque ocasionalmente podamos tener ilusiones así.

Ahora, observe de nuevo en el versículo 13 que usted tiene un participio presente pasivo. Cuando alguno está siendo tentado, no diga, mientras que está en el proceso de pelear la batalla, mientras que está en el proceso de ser tentado, que nadie se justifique a sí mismo, que nadie evada su responsabilidad al decir que Dios está haciendo esto. Cuando usted está en el camino de la tentación continua y usted se está acercando al borde de ceder, no se justifique diciendo que es tentado por Dios. Ninguno diga eso. Usted casi podría colocar entre comillas la frase soy tentado por Dios, como si Él estuviera usando esto como una cita de una persona que está en esa misma situación.

Ahora, quiero mostrar algo muy interesante en la selección de preposiciones en este versículo. La frase en español sólo tiene una manera de expresarlo, de parte. Y un significado. Pero en el griego, hay dos palabras que pueden ser traducidas de parte de. Una es apo y la otra es upo. Son palabras muy importantes. A-p-o y la otra u-p-o. Apo significa remoto. Algo distante. Una relación indirecta. Upo significa una agencia directa. El que de hecho lo está haciendo.

Aquí, la selección es apo, algo distante. Y lo que él está diciendo es cuando uno es tentado no diga que es tentado de parte de Dios. No es que Dios está ahí directamente tentándome, sino que Él, de manera remota, es la causa real de este problema. A distancia. Dios es el que me creó de esta manera, quien creó mis circunstancias, me colocó en este medio ambiente, causó que todo esto sucediera. Él es el que realmente es responsable. No es algo normal que alguien diga: “Dios de hecho me está solicitando a hacer el mal”. Pero es común que la gente diga que “Dios es quien me creó en la situación en la que estoy y, por lo tanto, en últimas es responsable por lo que yo hago”.

La mayoría de los hombres no llegan al punto de ver a Dios como el tentador directo, pero piensan que Dios, de manera indirecta, tiene la culpa. Apo, al permitir la situación y la posibilidad de fracaso. Y entonces, esto diría “jamás te atrevas a decir que Dios no sólo es el agente cercano de la tentación, sino que Él ni siquiera es el agente remoto de la tentación. Nunca digas eso.” Nunca te veas a tí mismo como una víctima pobre de la providencia de Dios o de la creación de Dios o de que Dios permite que algo suceda. Esto no es culpar a Satanás, esto no es culpar a los demonios o al mundo de los hombres, sino que Santiago prohíbe que se culpe a Dios.

Proverbios 19:3 dice: “la necedad del hombre pervierte su camino y su corazón se enoja contra Jehová.” Filón dijo: “cuando la mente ha pecado y se ha distanciado de la virtud, culpa a las causas divinas.” Y tiene razón. Escapar la responsabilidad por el pecado es un pasatiempo humano favorito. Y en cualquier momento en el que usted culpa a algo más, quizás usted en últimas está haciendo que Dios sea responsable, quien creó todo.

Algunas personas inclusive han llegado al punto de decir que Dios tiene la culpa en la tentación. Y si usted no cree que es así, entonces acuérdese de Mateo 6:13 en donde la oración de los discípulos dice: “no nos metas en tentación”. Leí a un escritor esta semana que dijo que tenemos que rogarle a Dios que no nos meta en tentación, porque si no se lo pedimos, Él lo hará. Santiago no tiene lugar alguno para un fatalismo tan necio como ese.

Como el hombre pobre que culpa a su pobreza cuando él se vuelve un ladrón y roba y piensa que se justifica en su robo porque él era pobre y culpa a sus circunstancias. Como el borracho, quien sale y choca en su auto y mata a alguien en el proceso; y culpa a su esposa por un matrimonio infeliz o una unión infeliz o culpa a sus negocios, su trabajo, por llevarlo a beber. O culpa a la presión y se siente justificado de cualquier culpabilidad real. Así son los hombres cuando culpan a Dios por hacer sus pasiones internas.

Los hombres culpan a Dios por crear sus circunstancias. De nuevo, Robert Burns, el poeta escocés, dijo que él, y cito “era impulsado por las pasiones; sin embargo, la luz que lo desvió, realmente era luz del cielo”. Fin de la cita. De nuevo, expresando lo que los hombres han pensado durante años y es que ellos realmente no son responsables por la manera en la que son, simplemente, así fueron hechos. Santiago dice que esto es intolerable. Dios no es responsable por la tentación. Usted no puede decir eso. Y si Él no es responsable por la tentación, Él tampoco puede ser responsable por ¿qué? Por el pecado que resulta de ella.

Ahora, para apoyar esa exhortación en el versículo 13, Santiago nos da cinco pruebas. Cinco pruebas. Y esto es simplemente tan rico. Y quiero que usted entienda esto, porque esto es muy, muy práctico. Hay cinco pruebas de que Dios no es responsable por la tentación y, por lo tanto, por el pecado.

Número uno, la naturaleza de la maldad. La naturaleza de la maldad. El versículo 13 dice: “cuando uno es tentado no diga que es tentado por parte de Dios,” quien es la causa indirecta. Y aquí está la razón: “porque Dios.” Porque Dios. Literalmente, en el texto griego dice Él no tiene experiencia con la maldad ni Él tienta a ningún hombre.

Ahora escuche esto: estas son noticias, porque los dioses paganos y las deidades paganas de la historia religiosa siempre se prestan a la tentación. ¿Alguna vez ha leído mitología griega? ¿Alguna vez ha leído acerca de las deidades de Asia antigua? ¿Alguna vez ha leído algún estudio etnológico que muestra las religiones de los hombres? Usted encontrará que las deidades y los dioses del paganismo siempre se prestan a la tentación, a la maldad. Y ellos mismos con frecuencia son vistos pecando y tentando a otros a pecar.

Y la razón es que, debido a que todos los dioses falsos, escuche esto, son la creación de las mentes de hombres caídos o las mentes de demonios caídos y han salido de ese estado caído. Y, por lo tanto, manifiestan la misma corrupción y la misma impiedad de la que surgieron. Su naturaleza es corrupta porque sus creadores son corruptos. Y ningún arroyo puede levantarse por encima de su fuente.

Pero Dios, dice, no puede ser tentado por el mal. La palabra sólo utilizada aquí en el Nuevo Testamento, apeirastos, significa “Él no tiene experiencia en la maldad”. Él no tiene experiencia alguna de la maldad. Él no tiene capacidad para cometer maldad. Él no es vulnerable a la maldad. Y, por cierto, la palabra mal es neutro plural. Sin un artículo. Simplemente, un mal de cualquier tipo. La esfera entera del mal no tiene manera alguna de penetrar la naturaleza de Dios. Todo mal es repulsivo para Dios. No puede hallar lugar alguno en Su naturaleza Santa. Entonces, la naturaleza del mal está infinitamente apartada de la santidad de Dios.

En Levítico 19:2 dice: “Jehová es Santo”. En Levítico 20:26: “Jehová es Santo”. En Isaías 6: “Santo, Santo, Santo”. Primera de Pedro 1:16 “el Señor es Santo”. La santidad no puede ser penetrada por el pecado. Entonces, la naturaleza de la maldad nos aparta de Dios. Él puede ser solicitado a la intención mala. Yo creo que Satanás, en Job 1, vino ante Dios para tratar de hacer que Dios perdiera la fe en Su propia habilidad para mantener la virtud justa en uno de sus santos verdaderos, esto es Job.

Yo creo que Apocalipsis 12:10 dice que Satanás siempre es el acusador de los hermanos. Él va a Dios para tentar a Dios para que viole el pacto con Su pueblo debido a sus muchos pecados. En Romanos 8 nos dice que la implicación ahí es que hay alguien que quiere condenarnos, que quiere acusar a los elegidos de Dios, pero nadie puede hacerlo porque Cristo ya nos ha justificado delante de Dios. Pero yo creo que Satanás en cualquier momento y lugar tiene acceso y quiere venir delante de Dios, pero Dios no tiene vulnerabilidad alguna debido a que la naturaleza del mal es totalmente diferente a la naturaleza de Dios. Él es impenetrable al ataque del mal. Su Santidad no se mezcla con nada de manera eterna.

De hecho, en Habacuc usted recordará lo que dice en el versículo 13 del capítulo 1. “Tú eres muy limpio de ojos para ver el mal y no puedes ver la iniquidad.” Tú eres demasiado puro para ver el mal. Demasiado puro para ver la iniquidad. Dios es un Dios Santo. La naturaleza del mal, entonces, hace que sea imposible que Dios jamás llegue a ser tentado de manera exitosa o llegar a tentar a alguien más. Porque tentar a alguien más significaría que Él tuvo un deleite en ver que alguien más haga algo malo.

Pero el que no conoce el mal no puede deleitarse en el mal. Segunda de Samuel 24 presenta un punto interesante. Probablemente necesito hacer referencia al mismo. Dice esto, simplemente para que no lo encuentre y despierte su curiosidad. “Volvió a encenderse la ira de Jehová contra Israel, e incitó a David contra ellos a que dijese: Ve, haz un censo de Israel y de Judá.” Ahora David cometió pecado, el pecado de contar a su pueblo en lugar de confiar en Dios. Él iba a confiar en el poder de su pueblo.

Y dice que el enojo del Señor se despertó en contra de Israel. Y Él incitó a David. Y eso parece decir, Él mismo tentó a David a cometer este pecado. Éste es el único lugar en la Biblia en donde algún pensamiento como este se presenta; pero por el Espíritu Santo de Dios, tenemos un pasaje que se compara, paralelo, en 1 de Crónicas 21. Este es un paralelo de ese pasaje y lo que dice es esto. “Y Satanás se levantó en contra de Israel y tentó a David a contar a Israel.” El aspecto preciso de esa tentación para ver quién fue el tentador está en 1 Crónicas 21:1. Y dice que Satanás lo hizo. La perspectiva más amplia que Samuel señala es que Dios permitió que esto sucediera porque David tuvo la elección de responder o no responder a la incitación de Satanás. Dios no tienta a la maldad. Eso representa de manera explícita aquí y cuando usted va a 2 Samuel 24 y parece que Él fue el que tentó a David, usted meramente tiene que ir a 1 Crónicas 21 y dice que Satanás lo hizo. Lo que el escritor de Samuel está diciendo es que estuvo dentro de lo que Dios permitió para cumplir el juicio de Dios si David, de hecho, escogió hacer lo malo.

Mateo 4 dice que el Espíritu Santo llevó a Jesús al desierto para ser tentado por el diablo. De nuevo, alguien dice “bueno, ¿acaso Dios por el Espíritu llevó a Jesús a ser tentado?” No, lo llevó para ser probado. Y debido a que Él aprobó todas las pruebas, ninguna de ellas fue realmente tentación porque nunca lo llevaron a pecar. Y a través de todas esas pruebas, Él probó ser el Hijo de Dios. Los ángeles vinieron y le sirvieron.

Dice: “bueno, ¿qué hay acerca de Mateo 6:13, “no nos metas en tentación”?” Eso, de nuevo, tiene que ver con pruebas. Y ese es el clamor de un corazón de un Santo que está diciendo: “¡oh, Dios!, conforme oro, no me lleves a ninguna prueba que sea más de lo que pueda soportar. Señor, no nos metas al tipo de pruebas que nos causarían ser tentados, porque son más de lo que podemos manejar.” Y el Señor va a responder esa oración porque, dice 1 de Corintios, “no os ha sobrevenido ninguna tentación, ninguna prueba que no sea común al hombre. Y Dios, quien es fiel, no dejarán que sean tentados más de lo que podáis soportar. Sino que juntamente con la tentación dará la salida para que podáis resistir.” No nos metas al poder de alguna prueba está más allá de nosotros. Esa es la oración de Mateo 6.

Entonces, la verdad de Santiago permanece en pie. Dios no tienta a nadie. Él permite que la tentación se lleve a cabo. Y hombres como David pueden tomar una decisión, pero Dios no tienta. Él permite que seamos probados, así como Él permitió que Cristo fuera probado, pero nunca más de lo que podamos soportar. Y siempre nos da el recurso para la victoria si escogemos ese recurso.

Y cuando clamamos, “no nos metas en la prueba o la tentación,” simplemente estamos diciendo: “Dios, Te pedimos que hagas lo que has prometido que harás y nunca nos dés más de lo que podemos soportar.” Entonces, la naturaleza de la maldad dice que Dios no puede ser tentado. Él ni siquiera puede experimentar la maldad, por lo tanto, Él no puede tentar a nadie más. Y como dije, para tentar a alguien más, Él tendría que deleitarse a sí mismo en la tentación y el pecado, lo cual es incapaz de hacer. Su deleite es solo en aquello que es puro y santo.

Entonces, Santiago dice que la naturaleza de Dios nos dice, o la naturaleza de la tentación nos dice que Dios no puede ser la fuente de la tentación y el pecado porque la maldad es contradictoria a Su naturaleza.

En segundo lugar, la naturaleza del hombre. La naturaleza del hombre, no sólo lo que es la maldad, sino lo que el hombre es. Observe el versículo 14. Esto es tan interesante. “sino que cada uno es tentado,” literalmente hekastos, cada uno, cada individuo, es tentado “cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.” La primera palabra es “sino”. Aquí está el hecho que es esencial, la tentación no viene de Dios, sino que cada hombre, cada uno de nosotros, sin excepción alguna, todo individuo, no hay ninguno que esté afuera de esta afirmación. Toda persona es tentada, este es un tiempo presente, está atravesando por la experiencia repetida de la tentación cuando él es atraído y seducido, escuche esto, subráyelo, “por su propia concupiscencia”.

Atraído o seducido son dos palabras interesantes. Ambas son participios. La primera viene de la caza de animales y es usada de atraer a un animal a una trampa. Se pone una trampa y el animal es atraído a la trampa. El verbo mismo,helkō (-mai) significa ser llevado por un poder interno. Un poder interno. Significa ser llevado a una trampa, ser seducido a una trampa. Ser llevado y atrapado. Es un término de caza de animales.

El segundo término, seducido, es un término de pesca. Esa palabra significa literalmente capturar. Y su uso literal era capturar a un pez con un anzuelo. Para atraer con un anzuelo y atraparlo. En 2 Pedro 2:14-18 es traducido atraer o engañar. Deleazomenos, significa atraer para atrapar a un pez con un anzuelo.

El problema es este: toda persona es tentada cuando muerde el anzuelo o es atrapado por la trampa y somos llevados, somos engañados por nuestra propia ¿Qué? concupiscencia. Estos términos, el ser tentado, es ser atraído de manera engañosa y después, atrapado en pecado.

Simplemente, piense aquí en la imagen. La razón por la que los animales son atraídos y atrapados y los peces muerden el anzuelo y son atrapados es porque el anzuelo se ve bien. Se ve atractivo. Y lo único que ven, es el anzuelo. Y en lugar del placer que esperan, cuando muerden en anzuelo viene el dolor de la captura y la muerte. Y así es con la tentación. Está ahí y promete una satisfacción agradable, promete algo placentero, promete gran placer, diversión, recompensa. Y lleva a la víctima a su trampa a la muerte.

Ahora, ¿qué hace eso? ¿Qué hace eso? ¿De quién es la culpa? ¿Qué nos atrae de una manera tan fuerte al anzuelo? ¿Es Dios? No. ¿Es Satanás? No. Satanás muerde el anzuelo y el mundo muerde el anzuelo. Y los demonios muerden el anzuelo. Y los hombres muerden el anzuelo. Y muchas personas muerden el anzuelo. ¿Qué es lo que nos atrae el anzuelo? ¿Qué nos atrae a la trampa? ¿Qué es? La concupiscencia. Y ésa es la naturaleza del hombre. Nuestra condición caída tiene una parte de su entidad, deseo por la maldad. Note que no dice que él es atraído de la concupiscencia sino de su propia concupiscencia. Muy enfático.

‘Su propia’ enfatiza que no estamos hablando de algún término genérico que todo el mundo posee en común, que no es igual para toda persona, sino que cada individuo, hekostas, cada individuo tiene su propia inclinación de deseo pecaminoso, lo cual es lo que lo atrae al anzuelo. ¿Y no es verdad que la pasión de una persona es la repulsión de otra? Claro que sí. Yo veo a personas quienes literalmente por su concupiscencia son llevadas a la homosexualidad. Eso me repulsa de manera total. Usted puede mover ese anzuelo delante de mí y usted verá que me voy en la dirección opuesta. Todos tenemos cierta, no quiero usar la palabra virtud, pero todos tenemos ciertas características en nuestros deseos pecaminosos, en nuestra concupiscencia que nos hacen vernos atraídos hacia ciertas trampas y a ciertos anzuelos que otros. Y esa es la razón por la que él está individualizando esto al decir de su propia concupiscencia. Ahora, esto se refiere a la inclinación del alma a disfrutar o a adquirir algo.

La palabra concupiscencia es epithumia, la palabra medular es thumos, se añade la preposición. Significa deseo del alma. La pasión fuerte del alma. Y el problema cuando pecamos no es Dios. El problema ni siquiera es del diablo, el problema ni siquiera son los demonios. El problema ni siquiera es el mundo o los hombres impíos, escuche. El mundo, los hombres impíos, los demonios y el diablo, todo rodeó a Jesucristo en Su vida entera. Y, sin embargo, Él nunca pecó porque nunca en Él hubo epithumia alguna, no hubo concupiscencia. No hubo atracción en Él. No hubo nada en Él que lo atrajo al anzuelo en manera alguna.

Como puede ver, el problema no fue el tentador que estaba afuera, el diablo no lo hace hacerlo a usted, como algunos dicen. El problema no es el tentador que está afuera, sino el traidor que está adentro. Ése es el problema. Nuestra tendencia a ser tentados se debe a la naturaleza del hombre. Y sus propios deseos peculiares y el alma de cada persona tienen sus propios patrones del deseo carnal y como resultado de su ambiente y su crianza y sus decisiones personales. Entonces, lo que hace que sea tan absurdo cuando la gente se amputa partes del cuerpo, el problema es que en la naturaleza del hombre hay una propensión a desear cosas que satisfacen. Y si son atraídas esas cosas afuera de la voluntad de Dios, ahí está la capacidad de morder el anzuelo.

Por cierto, notará que dice “cuando él es atraído de su propia concupiscencia,” aquí se usa hupo, el engaño real es la concupiscencia, el agente cercano y directo y la causa responsable del pecado es la concupiscencia. Pogo dijo, “hemos encontrado al enemigo y el enemigo somos nosotros.” Eso es correcto, eso es profundo. El enemigo somos nosotros.

Observe Romanos 7 por un momento y permítanme refrescar su mente con un pasaje que hemos este estudiado en el pasado. Romanos 7. Pablo le va a decir aquí en donde está el problema comenzando en el versículo 15. “Porque lo que hago no lo entiendo,” está hablando como creyente, “pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.” Se oye familiar, claro. “Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.” En otras palabras, hay cosas que sé que están bien y que están mal y sé cuáles son. Y quiero hacer lo que está bien y no quiero hacer lo que está mal. Entonces, la ley es buena. La ley me está dando las señales correctas por todo este deseo malo, dice él en el versículo 17, “no soy ya más yo.” No soy el yo real. No es el yo regenerado, “sino que es el pecado que mora” ¿en dónde? “En mí”.

Como puede ver, el problema, dice él, es que mi propensión a ser tentado se relaciona con el pecado que mora en mí, el cual se relaciona con mi carne, él va a decir eso en el versículo 18, sé que en mí, esto es en mi carne, en mi carne, dice en el versículo 23, hay un principio en mis miembros, mis partes corporales que está en guerra en contra de la ley en mi mente y está tratando de llevarme cautivo a la ley del pecado. Me veo a mi mismo como un hombre miserable, versículo 25, sirviendo la ley del pecado con mi carne.

Ahora, ahí está el problema. El problema es que aunque hemos sido redimidos y aunque hemos recibido una nueva naturaleza y aunque hemos sido creados en Cristo Jesús todavía tenemos un enemigo dentro de nosotros mismos; y es la pasión. Es ese anhelo por encontrar satisfacción en algo que en sí mismo puede ser algo bueno. De hecho, la mayoría de la concupiscencia simplemente es un regalo, una dádiva buena de Dios que ha sido torcida y pervertida.

Dios, por ejemplo, nos da la bendición del sueño y algunas personas tienen un deseo pecaminoso por el sueño hasta que se vuelvan perezosos, holgazanes. Dios nos ha dado el beneficio de tener la ropa para cubrir nuestros cuerpos y mantenernos caliente. Y para algunas personas, se convierte en una concupiscencia que los consume de manera total, en donde están tan enamorados con la satisfacción que terminan siendo personas que viven para lo que los viste al grado que literalmente controla su presupuesto y su vida.

Es maravilloso que Dios nos haya dado el regalo del abrigo, del refugio para mantenernos lejos, protegidos de los elementos. Un hogar donde vivir, la realidad maravillosa de la privacidad y la capacidad de conducir nuestros asuntos en algún tipo de lugar cómodo con aquellos que amamos. Sin embargo, para algunas personas, quieren vivir en un exceso de una manera que va más allá de la necesidad humana y se vuelve un ídolo.

No hay nada de malo con la sed, Dios nos ha dado eso como un deseo, lo cual nos lleva a hacer cosas benéficas para nuestro cuerpo. Pero algunas personas beben hasta el punto que se emborrachan. No hay nada de malo con el alimento, pero algunas personas se vuelven glotonas. No hay nada de malo con que nuestras necesidades sean suplidas, pero es fácil pervertir nuestras necesidades e ir más allá de lo que realmente son. Inclusive el sexo es dado por Dios como un regalo maravilloso y glorioso, pero cuando se pervierte y se busca más allá de la voluntad de Dios se convierte en el anzuelo que atrapa a la persona que es motivada por la concupiscencia por esas cosas.

No necesitamos a Satanás. No necesitamos a los demonios. Ni siquiera necesitamos al mundo. Lo único que necesitamos es la pasión de la carne que reside en nosotros y se va a mover hacia los anzuelos. Y como dije, normalmente la pasión de raíz es la perversión de un regalo dado por Dios de algo que se ha corrompido. Entonces, Dios no es responsable porque nosotros seamos tentados y porque nosotros pequemos. La naturaleza de la maldad nos dice eso porque no tiene parte en la naturaleza de Dios.

En segundo lugar, la naturaleza del hombre nos dice en dónde está el problema. Está en nosotros. La concupiscencia es el culpable.

Ahora, Santiago nos lleva a un tercer pensamiento que expande este segundo. La tercera prueba de que Dios no es la fuente del pecado es la naturaleza de la concupiscencia. Habiendo identificado a la concupiscencia en la naturaleza del hombre, ahora procede a explicar los versículos 15 y 16 en términos muy, muy prácticos y útiles. Y en esto quiero que se concentre. Este realmente es el corazón del mensaje para nuestra propia vida. Santiago cambia metáforas, y se aleja de la caza y de la pesca; y ahora habla del nacimiento humano conforme llega al versículo 15 y habla de la naturaleza de la concupiscencia.

“Entonces la concupiscencia, después que ha concebido,” y aquí ve a la concupiscencia como una madre concibiendo, “va a producir un hijo.” El hijo es el pecado. “… da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.” Esto es tan, tan útil. Escuche con atención. La mayoría de la gente piensa en el pecado como un acto solitario o una serie de actos o conductas. Dios está diciendo aquí que el pecado no es un acto, el pecado es el resultado de un proceso. ¿Muy bien? Es el resultado de un proceso.

Comienza con, escuche esto, comienza con el deseo,epithumia o concupiscencia. Y quiero ayudarle aquí. Escriba la palabra deseo y después escriba del lado opuesto, la palabra emoción. El deseo se relaciona con la emoción. Comienza con un sentimiento. Comienza con ese sentimiento de querer ser satisfecho. Querer adquirir algo para satisfacerlo a usted. Algo nuevo, algo que está siendo movido enfrente de su rostro, lo vio en la joyería, lo vio en la agencia de autos. Lo vio en el centro comercial o lo que sea. O hay una casa y pasa enfrente de la casa todo el tiempo y es estrictamente emoción. Le hace algo a usted. Lo hace sentir a usted un anhelo. Ahí es donde todo comienza. El pecado comienza con un deseo.

En segundo lugar, está el engaño, la segunda palabra. Y puede escribir al lado de la palabra engaño la palabra mente. Lo que sucede es que usted comienza con el deseo en su emoción y después, llega a un engaño en su mente, porque usted comienza a justificar y a racionalizar el derecho que usted tiene por aquello que usted desea. ¿Verdad? Esto es simplemente el patrón inevitable.

Ahora, eso es lo que hemos encontrado en el versículo 14, ser atraído y seducido. El anzuelo es mordido, caemos en la trampa. Engaña el intelecto. El intelecto ve y dice tengo el derecho de tener esto. Eso se ve bien. Eso me va a satisfacer. Eso va a satisfacer mi necesidad. Eso va a calmar mi deseo. Y entonces, lo que comienza con deseo y la emoción pasa al engaño en la mente. Y usted, realmente cree que tiene el derecho de tenerlo. Usted cree que está ahí y es hermoso. Usted cree que lo va a satisfacer. Usted cree que le va a dar lo que quiere.

Y entonces, usted sale y ¿qué sucede? La concupiscencia concibe. Llamemos a esta palabra el diseño. Ahora, el concepto de cómo usted va a alcanzar el pecado comienza a formarse. Esto ocurre en la voluntad. Usted ha pasado de las emociones a la mente, ahora su voluntad está activa y usted está jugando con su mente. Lo que su mente ya ha concluido, su voluntad lo está formando en un diseño. Entonces, la concupiscencia, después que ha concebido. Entonces, el diseño comienza formarse.

Por cierto, la palabra concebido, sullabousa literalmente significa embarazarse. Cuando la concupiscencia, por así decirlo, en seducida por la prostitución de ese anzuelo que ha sido mordido, se embaraza. Y el diseño es concebido, por así decirlo, en el vientre del alma de una persona. La emoción, el deseo, algo satisfactorio pero malo. Después, entonces pasa a la mente y se convence a sí mismo de que tiene todo el derecho de tenerlo. Y habiéndose convencido de eso, entonces concibe el pecado mismo. El pecado siendo concebido. Y después, tenemos una cuarta palabra, desobediencia. El acto ocurre. Da a luz el pecado.

Cualquier niño que nace, nace con ese mismo proceso. Primero, hay un deseo entre un hombre y una mujer. Ese deseo por un hijo entonces actúa en su mente. Ellos deciden hacer eso, lo deciden en su mente, quieren hacer esto. Después, ellos conciben ese niño. Después, más adelante, da a luz a ese niño. Y así es con el pecado. Es concebido como un deseo inicialmente en la emoción. Y después, es justificado en la mente, es concebido en la voluntad y es producido en la conducta. Esa es la secuencia.

La frase da a luz el pecado, ¿lo ve ahí? Es tiktō, significa dar a luz. Y ocurre en la conducta. Entonces, junto a la desobediencia, escriba conducta. El acto en sí de la emoción, a la mente, a la voluntad, a la conducta. Las emociones llevan a la mente a racionalizar. La mente que racionaliza lleva a la voluntad a planear; y ahora el bebé nace y la obra se comete y todo comenzó con el deseo.

Ahora, permítame decirle algo muy práctico. ¿En qué punto en nuestras vidas entonces enfrentamos el pecado? ¿Aquí afuera al nivel de la conducta? No, ahí atrás al nivel de ¿qué? Del deseo. Es la persona que puede controlar sus respuestas emocionales la que va a enfrentar eficazmente al pecado. O la persona que si siente esas respuestas emocionales, tiene una mente que está santificada. Y cuando pasa de las emociones a la mente, es detenida en ese punto. Si llega a la voluntad y algo es concebido, nacerá. Un niño concebido es un niño nacido. Ese niño tiene que salir. Y entonces, al enfrentar el pecado en nuestras vidas, no sólo lo enfrentamos al final del proceso de manera eficaz, sino que tenemos que regresar al principio.

Si usted permite que las emociones sean expuestas al anzuelo, va a enfrentar problemas. Y como usted sabe, todo en nuestra sociedad mala va a enfocarse en sus emociones.

Todas las cosas dramáticas, todas las películas y la televisión y los libros y la música y la ropa y todas las imágenes y sonidos que atraen nuestra atención, todo esto está diseñado, en primer lugar, a cautivar la emoción. Todo eso es una fachada que busca atraernos.

Inclusive la publicidad en la televisión simplemente me sorprende. Veo cómo venden un auto y usted no tiene idea alguna del área mecánica del auto. Y no es nada más que un pedazo de maquinaria, nada. Fuera de algún tipo de drama con música algo rara, cosas de la época espacial que están volando por todos lados. ¿Y qué tiene que ver con el auto? No tiene nada que ver con el auto, pero tiene que ver todo con sus ¿qué? Sus emociones. Sus emociones. Ahí comienza todo. Ahí comienza todo. Una mujer se pone perfume y deja un rastro. Eso no es para su intelecto. Necesitamos protegernos al nivel de las emociones.

Y, en segundo lugar, al nivel de la mente. Y entonces, la mente debe ser traída bajo la cautividad de Cristo. ¿No es esa una gran verdad? Llevar todo en la mente a la obediencia o al cautiverio de Cristo. Una mente no protegida, no controlada, va a ser llenada de imágenes malas. Y entonces, tengo que controlar mis emociones. Tengo que controlar mi mente, porque ahí es en donde esto comienza.

Entonces, quiero asegurarme que mis emociones estén entregadas a las cosas de Dios. ¿Sabe lo que es una bendición maravillosa necesaria? Es la buena música cristiana, porque me encanta la música y a todo el mundo le gusta la música y la emoción es básicamente emocional más que cognitiva. Mucha de la música es cognitiva. Pero la mayor parte de la música es emocional. ¿Y no es maravilloso que tenemos el privilegio en estos días, en esta época, de tener el placer emocional y tener el alma que canta y los sentimientos que disfrutamos con música que honra a Dios? ¿Y no es maravilloso que cuando los pequeños crecen aprendiendo toda esta música cristiana buena, les ayuda para que sus respuestas emocionales y sus gozos y sus tristezas puedan sintonizarse con música que básicamente glorifica a Dios en lugar de que sea música del mundo?

Hay maneras en las que enfrentamos nuestras emociones. Usted no puede exponer sus emociones continuamente a cosas que lo alejan de las cosas de Dios. Usted no puede hacer eso sin pagar un precio alto. Y la mente, es muy simple. Usted necesita la mente de Cristo. Usted necesita una mente renovada. Necesita una mente que está puesta en las cosas de arriba y no en las cosas de la tierra. Usted necesita una mente que está saturada en la Palabra de Cristo morando en ella ricamente. Usted necesita una mente, Pablo dice en Romanos 12:2 que es transformada y no se conforma al mundo. Usted necesita, ¿si se lo puedo decir de manera simple? Amar al Señor su Dios con toda su mente.

¿Qué hay en su mente? ¿Qué hay en su mente? Si su mente se alimenta de la Palabra de Dios, entonces usted va a detener el pecado en ese punto ahí atrás, en el punto inicial. Si sus emociones están bajo el control del Espíritu de Dios y sus sentimientos han sido llevados cautivos a Él, usted va a detener el pecado ahí atrás, en donde comienza.

Si usted le da rienda suelta a sus emociones y las expone a todo lo que el mundo le presenta, usted va a dejar que su mente sea una puerta abierta para que todo entre y salga. Y no es cultivada. Y no está arada a profundidad con la Palabra de Dios; entonces va a concebir el pecado. Y usted va a dar a luz a un hijo.

Y quiero añadir que él añade en el versículo 15: “… y cuando el pecado es consumado o concluido,” apokueō, significa causar que esté embarazado, “cuando el pecado da a luz,” es sinónimo de tiktei, el otro verbo que es utilizado, da a luz el pecado. Y el pecado, siendo consumado, da a luz ¿qué? La muerte. Cuando el pecado nace, nace de un homicida. ¡Qué retrato! ¡Qué retrato! La emoción y de la emoción viene la decisión y de la decisión viene la concepción de la voluntad y después, la conducta. Y el retrato de dar a luz un hijo es tan hermoso que llega al final, cuando el niño nace y el niño resulta ser un homicida.

El pecado es un homicida. La paga del pecado es ¿qué? Muerte. Muerte espiritual. Separando el alma de Dios. La muerte física, separando el alma del cuerpo. Muerte eterna, separando el alma y el cuerpo de Dios. Y él aquí no está hablando en particular de cristianos o no cristianos. Él simplemente está diciendo: todo lo que el pecado siempre produce es muerte. Inclusive para un creyente, puede ser muerte física. Como 1 Corintios 11 y 1 Juan 5:16 lo demuestran, todo tipo de muerte fluye del pecado.

Entonces, la idea de que usted está trayendo alguna conducta que satisface su vida es una mentira. Lo único que usted trae es pecado y lo único que el pecado trae es muerte. Y entonces, él dice en el versículo 16 “dejen de ser engañados, amados hermanos míos.” Dejen de ser engañados. De nuevo, es la palabra de la que obtenemos la palabra planeta, engañados, como si algo se está desviando. Deben saber dónde está el problema, él está diciendo. No sean engañados. Dejen de culpar a Dios y empiecen a culparse a sí mismos. Y comiencen a ver hacia adentro y no vivan de manera ciega la vida simplemente aceptando lo que es y después, culpando a Dios. Reconozcan que dentro de ustedes tienen a un enemigo y que ese enemigo es su propia condición caída. Y ustedes deben enfrentar su propia concupiscencia y ese enemigo. No pueden exponer su emoción a todo lo que lo atrae. Usted no puede dejar que su mente sea cautivada por esas cosas. Usted debe saber dónde está el problema, no ser engañado en esto. Regresen ahí y enfréntenlo a ese nivel. Deténganlo al comienzo.

Y llene su mente con las cosas de Dios para que nunca pueda atraer sus sentimientos y concebir pecado en su voluntad. Si sus emociones están controladas, si su mente está controlada, lo deja sin tener un compañero para concebir el pecado. La naturaleza de la maldad, la naturaleza del hombre y la naturaleza de la concupiscencia eliminan el hecho de que Dios podría llegar a tentarnos a pecar y después, una prueba directa de la naturaleza de Dios, versículo 17, obsérvelo. Esto es tan maravilloso. La naturaleza de Dios. Aquí está el corazón del texto.

Simplemente, entienda esto: nadie puede culpar a Dios por el pecado porque toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto. Digo, las únicas cosas que descienden de Él son ¿qué? Son buenas y perfectas. Poseemos una naturaleza que produce pecado. Dios no. La naturaleza de Dios es tal que sólo produce bien. Esto es algo doble. Del lado negativo, lo que está diciendo es que Dios nunca podría producir pecado. Del lado positivo, entienda esto, lo que está diciendo es que Dios va a derramar bien, bien, bien, bien, bien y más bien. ¿Cómo es posible que usted vaya a buscar anzuelos para buscar la satisfacción cuando Dios está derramando todo lo que usted podría necesitar para toda su satisfacción?

El lado negativo, Dios nunca podría producir maldad. Él es bueno. El lado positivo, Él produce un bien interminable y sin límites que hace que una persona sea un necio al permitir que sea tentado para haberse atraído a un anzuelo cuando toda la bondad de Dios está disponible por Su gracia. Nuestra carne es un pozo de agua pestilente cuando pensamos en lo que hace. ¿Y por qué vamos a ir a beber de eso cuando podemos venir a beber al pozo, a la fuente de la vida misma? Dios nos da toda buena dádiva y todo don perfecto.

Note ahí los dos todos. Toda, todo, todo incluido. Toda, todo. Note las dos dádivas. Dádiva, dádiva. Una es dosis, significa el acto de dar. Una es dōrēma, significa el regalo dado. Todo acto de dar y todo regalo dado en el acto de dar es bueno y perfecto. Bueno significa bueno, no hay comparación para esto. No es bueno, no es mejor, no es lo mejor. Es simplemente bueno, está completo. No le falta nada. Todo es suficiente. Es perfecto. Abarca todo. Todo regalo bueno dado por Dios es perfecto, es benéfico, absolutamente completo.

No es sorprendente que Jesús dijera en Mateo: “Pedid” y ¿qué? “y se os dará; buscad y hallaréis.” ¡Oh, qué maravilloso pasaje! Y si usted realmente busca algo, si usted realmente busca algo, si usted realmente busca algo en su alma que es bueno y correcto y se lo pide a Dios, ¿no creo que Él se lo va a dar a usted? “Pues si vosotros, siendo malos,” dice Él, “sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos,” si ustedes padres, que están caídos, saben cómo ser buenos con los hijos que aman, “cuanto más su Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que,” ¿Qué?, “le piden.”

Y en Lucas 11:13 dicen que Él les dará Su Espíritu Santo. Qué torpe es buscar trampas atractivas y anzuelos, siendo atraídos por concupiscencia cuando Dios tiene tanto que dar. Una provisión interminable. Toda buena dádiva y todo don perfecto es de Él para darlo.

Una mujer vio al mar por primera vez en su vida y le dijo a su amiga ‘¡qué maravilloso es ver a algo de lo cual hay suficiente!’ Y cuando usted está viendo la bendición de Dios, usted está viendo algo de lo cual hay suficiente.

De regreso al versículo 17, toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto. Todo es de arriba. Todo está fluyendo desde arriba. ¡Qué necio es ir tras el anzuelo del pecado! ¡Qué torpe es entrar a la trampa, cuando toda buena dádiva y todo don perfecto desciende como lluvia del cielo sobre nosotros! Satanás trató de decirle a Eva que Dios estaba reteniéndole cosas de ella. Dios no está dejandote tener lo mejor, más vale que busques la satisfacción. Más vale que busques lo mejor. Dios ha retenido lo mejor de ti. Ella creyó esa mentira y el niño fue concebido y nació la muerte. El niño fue la muerte.

Y me acuerdo cuando estaba pensando en esto esta tarde, 2 Samuel 12, el terrible pecado de David con Betsabé. Escuche lo que dice la Palabra de Dios. Natán, claro, se acerca a David. Versículo 7: “Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre.” Tú eres el pecador, tú lo hiciste, tú eres el adúltero, tú eres el homicida. “Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl, y te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno; además te di la casa de Israel y de Judá; y si esto fuera poco, te habría añadido mucho más.” David, ¿por qué buscaste aquello que era prohibido cuando yo te hubiera dado todo, cualquier cosa? Toda cosa perfecta, es el gozo de Él dárnoslo. Descienden de Él.

Noten aquí que Él es llamado el Padre de las luces. Esta es una gran afirmación. Esa era una manera antigua judía para referirse a Dios como el creador. Las luces que él tiene en mente son el sol, la luna y las estrellas. Él es el Padre de las luces. Los cuerpos celestes. Usted pregunta por qué Él está escogiendo este título. Porque encaja con su ilustración. Él es el Padre de las luces porque con Él no hay mudanza ni sombra de variación. Muy vívido. Muy vívido.

Él es el que creó todos los cuerpos estelares. Él creó todos ellos, pero Él no es como ellos. Ellos varían, ellos cambian. Incrementan. Traen luz. Los vemos en la mañana. Están en la noche. Incrementan, disminuyendo su brillo. Su beneficio para nosotros viene y se va. Y Dios no es así. Dios es brillante luz de gloria y luz de bondad y luz de gracia y no varía. No es, y él usa el término parallagē del cual obtenemos la palabra paralaje. Y no pasa de una condición a otra. No tiene sombras. Nunca se oscurece. Primera de Juan 1:5, en Él, no hay, ¿qué? Tinieblas en absoluto. Oscuridad en absoluto. Malaquías 3:6: “Yo Jehová no cambio”. No han días en los que Él deja de dar dádivas espirituales. No hay días en los que Él deja de dar luz espiritual. El flujo de cosas buenas de Dios nunca varía, nunca se detiene.

David, David, Yo te hubiera dado tales y tales cosas. Digo, que quede claro, un pez gordo no busca anzuelo. ¿Entiende eso? Y usted está haciendo a un lado los recursos divinos con lo que el mundo le ofrece en ese anzuelo. Llénese de dádivas divinas, fuente de la vida eterna. Sintoniza mi corazón para cantar Tu gracia. Torrentes de misericordia nunca cesan, llaman a las canciones más fuertes de alabanza. Los arroyos de misericordia nunca cesan, nada puede ocultar la bondad de Dios, nada puede detener su benevolencia. Nada puede interrumpir el flujo, la corriente de su luz celestial. No muerda el anzuelo del diablo. No conciba y dé a luz a un hijo mortal que podría llevarlo a su propia muerte. Dios da todo el bien y sólo bien. ¿Quién es responsable por el pecado? Usted. Eso es correcto, usted.

Y una prueba final, y simplemente la voy a mencionar porque quiero entrar a detalle en nuestro próximo mensaje. Una prueba final, la naturaleza de la regeneración. Véala en el versículo 18. Vamos a entrar a detalle en la próxima semana. “Él de Su voluntad nos hizo nacer por la Palabra de verdad para que seamos primicias de Sus criaturas.” Entienda esto, Dios no pudo habernos tentado a pecar. Dios no quiere que pequemos porque Dios nos regeneró para hacernos como Él. La naturaleza en la regeneración hace a un lado que Dios jamás nos lleve a pecar. Él nos dio vida nueva. La concupiscencia da a la luz la muerte, pero Dios da vida. Dios no nos tienta a hacer el mal, Él nos recrea para hacer el bien. Y para hacernos Sus primicias, Su propia posesión amada.

¿Quién tiene la culpa de su pecado? Más vale que lo sepa porque usted tiene que enfrentarlo. Agustín, el gran Santo de Dios, había vivido con una prostituta antes de su conversión. Después de que fue salvado de manera maravillosa, él estaba caminando por la calle y esta prostituta lo vio. Ella lo llamó por nombre y él siguió caminando. Él la vio, pero mantuvo sus ojos fijos hacia adelante y caminó. Ella siguió gritándole y corrió detrás de él. Y finalmente, ella le dijo: “Agustín, soy yo.” A lo cual, él respondió: “lo sé, pero yo ya no soy yo.”

Es correcto, Él nos hizo hacer nacer de nuevo para ser nuevas criaturas de Su propia posesión. Y nosotros somos nuevas criaturas que nos permite vencer el mal si usamos los medios de la gracia, las armas de nuestra batalla, las cuales no son carnales, oración, el estudio de la Palabra de Dios, una mente disciplinada. La fortaleza de la rendición de cuentas espiritual para detener el pecado en el punto en donde comienza.

Bueno, tomó más tiempo del que quizás debió haber tomado, pero es tan importante. Oremos.

Padre, qué verdad tan práctica y tan básica hemos aprendido en esta noche. Gracias por la victoria que vemos en nuestras propias vidas que Tú nos das, por Tu Espíritu que nos muestra que tenemos una carne que se puede conquistar. Gracias porque si andamos en el Espíritu, no satisfaremos los deseos de la carne. Gracias porque si tenemos la mente de Cristo, si nuestra mente está llena con la riqueza de Tu Palabra, nuestra conducta es controlada.

Oh Dios, Te damos gracias por la esperanza maravillosa que encontramos en la obra del Espíritu. Reconocemos nuestra condición caída, reconocemos nuestra propensión a ser tentados, pero también celebramos la victoria que está disponible en el poder del Espíritu Bendito para aquel cuyas emociones y mente están controladas por ese mismo Espíritu y por la Palabra de Dios. Oramos con eso en mente, por toda persona aquí, por causa de Jesús. Amén.

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5/17 – Dos sueños en la cárcel 

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: La Vida de José

5/17 – Dos sueños en la cárcel

David Barceló

 

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

http://www.porgracia.es/

Fui un pastor adicto a la pornografía

Coalición por el Evangelio

Fui un pastor adicto a la pornografía

Garrett Kell

Fui un pastor que amaba a Dios y a mi iglesia, todo esto mientras escondía mi pecado secreto. Pronto aprendí que Dios sabe cómo disciplinar a los hipócritas que ama.

Me convertí en cristiano a los 21 años, y pastor a los 25. A veces me pregunto si debí haberme vuelto pastor tan rápido. Lo bueno es que servimos a un Padre que nunca es frustrado por nuestras decisiones cuestionables.

El pueblo

Al final de una autopista polvorienta dos horas al oeste de Dallas, Texas, encontrarás un pequeño pueblo al que llamé hogar por siete años. Los campos alrededor de Graham están cubiertos con bombas de petróleo que mantienen con vida la economía de la comunidad. La gente del pueblo es amistosa, y los visitantes sienten que han entrado a los años 50. Es un lugar donde las puertas están sin seguro y los pastores aún obtienen descuentos en las comidas.

A Graham no le faltaban iglesias; había alrededor de 40 cuando llegué por primera vez. Este no era el tipo de ministerio que había visto para mí. Yo quería una ciudad con 10 millones de personas sin iglesia y sin conocimiento de Dios. En su lugar, me encontré en un pueblo con 10,000 personas, 40 iglesias, y la mayoría decía que conocía a Dios.

Pero se hizo evidente que debía estar en Graham.

La iglesia

Graham Bible Church nació en el 2003 de una reunión de oración. Trece nuevos amigos que querían ver a Dios cambiar su pequeño pueblo me pidieron predicar. Amé a ese grupo con todo mi corazón. El cariño de esos primeros días todavía trae lágrimas a mis ojos.

Nuestra música usualmente era terrible, pero cantábamos con fervor, y confío en que Dios estaba complacido. Yo era un predicador sin experiencia, pero enseñaba la Biblia lo más claro que podía. Reíamos y llorábamos juntos.

La inmadurez condujo a decisiones tontas en la predicación y el liderazgo, pero Dios nos bendijo a pesar de ello. Nuestra pequeña reunión creció de 13 a 120 personas en cerca de nueve meses. El crecimiento nos llenaba de ánimo, pero al mismo tiempo nos desilusionaba.

Las cosas estaban yendo tan bien en aquellos primeros años que empecé a pensar que Dios estaba dispuesto a pasar por alto el pecado que estaba ocultando.

El pecado interior

A pesar que el ministerio estaba yendo “bien”, no estaba bien con mi alma. Estaba profundamente descontento. Mi vida no estaba yendo de acuerdo a mis planes.

En ese tiempo, estaba teniendo una relación a distancia con mi novia de la universidad. Ella no estaba lista para el matrimonio y yo no estaba dispuesto a dejarla ir, aunque muy en el fondo sabía que Dios no quería que me casara con ella. Nuestra relación de seis años estaba envuelta en pecado, lo que hacía que morir pareciera más fácil que separarnos. Nos comprometimos dos veces y estuvimos a 50 días de la boda antes de que finalmente termináramos las cosas para siempre.

Mi renuencia a rendirme totalmente a Dios, junto con mi inseguridad, descontento, temor al hombre, y deseo de tener una gran reputación, crearon un ambiente en mi corazón que permitió que prosperara la pornografía. Por los primeros tres años de ministerio pastoral, batallé en secreto con este pecado.

Sabía que mi pecado le dolía a Dios, pero mis confesiones apuntaban más a acallar mi culpa que a obtener la ayuda que necesitaba. Cada dos o tres meses me complacía en un mar de pornografía. A esto le seguía dolor, confesiones en privado sobre cuánto odiaba el pecado y cuánto amaba a Jesús, y resoluciones personales de no hacerlo nunca más. Recuerdo sentirme como los israelitas, repitiendo el mismo ciclo en el libro de Jueces. Pecado. Dolor. Llanto. Paz. Una y otra vez.

Durante este tiempo, compartí confesiones vagas con distintos amigos. Confesaba que estaba “batallando con cosas de pureza” sin ser específico acerca de cuánto y cuán a menudo. Cada vez que confesaba, en verdad pensaba que sería la última vez y que podría superar por mí mismo esta batalla. En lugar de eso, el engaño se hizo más oscuro. Nadie tenía una visión clara de lo que en realidad estaba pasando en mi vida.

Vivir una mentira es agotador.

Lo que hacía las cosas más difíciles era la abundancia de fruto que Dios estaba produciendo a través de mí. A nuestra iglesia venían varios cientos de personas. Las vidas estaban cambiando. Así que asumí que Dios estaba pasando por alto mi pecado. Asumí que de alguna forma estaba exento de la destrucción que muchos otros habían conocido.

La carta

Cerca del final del 2006, empecé a salir con la mujer que ahora es mi esposa. Carrie estaba enterada de mi pecado sexual y estaba animada por el progreso que había hecho. Por ese mismo tiempo, un amigo llamado Reid Monaghan y yo empezamos a hacer planes para plantar una iglesia en New Jersey.

La noche antes de volar a Jersey para filmar un video de promoción para la nueva iglesia, escribí “la carta”. Creí que si Reid y yo íbamos a trabajar juntos, necesitaba ser honesto sobre mi pasado. Así que elaboré un recuento detallando mis pecados sexuales desde que me convertí en cristiano hasta ese día.

Ese viaje a Jersey inició una intervención que creo salvó mi alma, mi matrimonio, y mi ministerio. Carrie y yo nos reunimos con Reid en un café y con lágrimas me dijo: “Te amo, hermano, pero luego de leer tu carta, no creo que podamos seguir adelante juntos. Y para ser honesto, no creo que debas ser pastor en este momento”.

Nadie me había hablado así nunca. O por lo menos, no había prestado atención. La mayoría de las personas estaban dispuestas a pasar por alto mis luchas debido a mi talento notable o personalidad. Pero a Reid no lo importaba nada de eso. Él amaba a Dios, y me amaba a mí.

Carrie y yo regresamos a casa, nos reunimos con unos pocos amigos confiables fuera de la iglesia, y luego organizamos una reunión con nuestros ancianos. Mientras les entregaba una copia de la carta, les dije: “Mi vida y ministerio están en sus manos. Díganme qué hacer”.

El yunque

Un yunque es una superficie dura en la que un objeto es colocado para ser golpeado. El año 2007 fue el yunque en el que fui golpeado por la buena mano de Dios. Fue el año más brutal de mi vida, y estoy seguro que para la vida de muchos de esos ancianos, también. Mi pecado puso a aquellos hermanos a través de una gran angustia. Eran buenos hombres que amaban a Cristo y solo querían verlo engrandecido en su pueblo. Pero les lancé un problema a sus manos que ni ellos ni yo sabíamos cómo tratar.

De alguna manera, el contenido de la carta pasó a otra persona en nuestra iglesia. Esa persona lo compartió con otros, y bueno, si has vivido alguna vez en un pueblo pequeño, sabes lo que pasó luego. Los rumores se esparcen rápidamente, con especulaciones de todas las formas más oscuras que puedas imaginar.

Los ancianos sugirieron que realizáramos una reunión para que confesara públicamente mi pecado. No teníamos una membresía con significado en ese entonces, lo que dejó la reunión abierta a todo el que quisiera atender. Como pueden imaginar, todo tipo de personas, algunos que nunca habían visitado nuestra iglesia antes, aparecieron.

El tiempo pasó lentamente mientras estaba sentado en la plataforma esa tarde. Mis grandes temores se estaban volviendo realidad, y aun así estaba agradecido por ello. Vivir una mentira es agotador: el siempre presente temor de que alguien encontrara mi historial de búsquedas, el diablo chantajeando mi corazón con recuerdos vergonzosos, y yo pretendiendo estar bien cuando no lo estaba.

En la siguiente hora, narré mi pecado a todos los que asistieron. Otro anciano hacía preguntas. Algunas personas lloraban. Algunos gritaban. Algunos me miraban con ojos que perforaban más profundo que una espada. Algunos me abrazaron luego. Algunos se fueron y nunca más me hablaron.

Al día siguiente, la iglesia recibió llamadas de personas que no pudieron asistir y preguntaron si podríamos hacerlo otra vez. Lo hicimos. Le siguieron meses de reuniones privadas, intervenciones, sesiones de consejería, y conversaciones llenas de lágrimas. A menudo sentía que ya había “terminado” con el proceso, pero Dios me aseguró que Él determinaría cuándo acabaríamos.

Durante esos meses mi perro murió, varios ancianos renunciaron, y por lo menos una docena de familias dejaron la iglesia. Además de eso, tuve un accidente casi fatal 50 días antes de mi boda. Estaba arreglando mi jardín cuando el combustible explotó, cubriendo el 12% de mi cuerpo con quemaduras de segundo y tercer grado. Mientras estaba siendo preparado para un traslado en avión, Carrie llamó al hospital para preguntar cómo estaba. La persona respondió: “Si, tiene quemaduras muy graves; estará bien. Dios sí sabe cómo darnos lo que merecemos, ¿no?”.

Nada era más doloroso que ver cómo mis decisiones pecaminosas hundían la fe de las personas que amaba. Mi alma aún se siente perseguida por ello.

Las quemaduras y las palabras afiladas duelen, pero era más doloroso que ver cómo mis decisiones pecaminosas hundían la fe de las personas que amaba. Muchos estuvieron dispuestos a perdonar y seguir adelante. Pero no todos. Algunos no se sentían dispuestos a sentarse bajo la palabra predicada al temer que el predicador pudiera ser un fraude como yo. No compartiré aquí los detalles de sus luchas y extravíos, pero mi alma todavía se duele por la forma devastadora que mi pecado afectó a muchos.

La luz

Hay algo liberador en la luz, incluso si te hace estremecer debido a que has estado en la oscuridad por tanto tiempo. Ese año Dios entró a la oscuridad de mi hipócrita protección de imagen personal, y me jaló hacia su luz liberadora. Fue a través de su liberación que aprendí a confiar en Él de maneras que habían sido teóricas antes.

Salir a la luz daba miedo. Le di a Dios, y a otras personas, las riendas de control. Por mucho tiempo intenté controlar mi mundo cubriendo mi pecado, pero Dios me llamó a rendirme. No podía hacer más aquellos días sino solo abrir mis manos y dejarlo obrar a través de personas imperfectas y de un proceso imperfecto, en su manera perfecta.

Me convencí de que le puedo dejar a Dios las consecuencias de mi desobediencia. También aprendí que no solo estaba obrando en mí en este proceso; mi pecado y confesión se volvieron el conducto por el que Dios obró en muchas personas más. Su actitud moralista, la falta de perdón, y la incredulidad de ellos fue expuesta, también. Dando vueltas alrededor de muchos de nosotros había sentimientos de traición, vergüenza, dolor, confusión, enojo, y miedo. Y en el revoloteo, Jesús se mantenía firme. Probó ser mi Buen Pastor, y el de ellos.

Luego de unos meses en este proceso, muchos mentores amados me animaron a irme y empezar en otro lugar de nuevo. Pero muy en el fondo, sabía que a menos que mi iglesia me despidiera, debía quedarme sin importar cuán doloroso fuera el proceso. Dios me convenció a través de su Palabra que mi pecado había causado este lío, y necesitaba quedarme y soportar sus consecuencias.

En un punto, recuerdo estar acostado boca abajo en la alfombra de mi dormitorio. Y dije gritando: “He confesado cada pecado que he cometido, Dios. ¡No sé que más hacer!”. No me habló audiblemente, pero lo sentí diciendo: “Ahora empezaré a usarte”. El Señor me había aplastado porque me amó, y porque no había terminado conmigo todavía.

La restauración

Después de un año, Dios cerró ese capítulo en la vida de nuestra iglesia. Detrás nuestro habían lecciones aprendidas y más daño colateral del que a veces puedo soportar pensar. El siguiente capítulo trajo un nuevo día con una nueva atmósfera en nuestra congregación.

Muchos empezaron a confesar sus propios pecados ocultos. La actitud moralista fue expulsada, y la sanidad sobrenatural vino a mí y a la congregación que quedó. Me mantuve como pastor por otros dos años antes que Dios me llevará lejos de ese rebaño.

Me estremezco al pensar qué hubiera pasado si Dios nunca hubiera expuesto y aplastado mi pecado de la manera que lo hizo. Fue el peor y mejor año de mi vida. Nunca desearía pasar por ello otra vez, pero nunca cambiaría la cercanía a Dios que obtuve de ese momento.

Aquí hay cinco lecciones que aprendí que pueden ayudar a otros que batallan con pecados ocultos.

1. La presión a fingir es real.

No necesitas ser pastor para conocer la presión a fingir que lo tienes todo resuelto. A nadie le gusta ser expuesto. Nuestra vergüenza siempre busca asilo en la oscuridad. Nuestros primeros padres sabían esto cuando se escurrieron entre sombras del Edén (Gn. 3:8).

Si eres pastor, recuerda que la presión que sientes para verte capaz e impecable no viene del Padre. Es Satanás quien se disfraza como ángel de luz (2 Co. 11:14). No caigas en su llamado a encubrir quién eres realmente.

2. La hipocresía debe morir.

Luego de mi confesión, un querido amigo me dio un mensaje intencionado. Con un tono firme pero amable, dijo: “Jesús fue muy paciente con los pecadores sexuales, pero fue muy duro con los hipócritas. No puedes seguir a Jesús mientras pretendas que no lo necesitas realmente”.

Tenía razón. Predicaba sermones acerca de necesitar a Jesús, mientras solo fingía vivir lo que estaba predicando. Si no te quitas la máscara de la hipocresía y respiras el aire de la honestidad, tu alma se marchitará. El engaño se hace más oscuro. Empezarás a creer que estás seguro en tu pecado. Jesús murió por nuestra hipocresía y resucitó para darnos el poder de alejarla de nosotros.

Si no te quitas la máscara de la hipocresía y respiras el aire de la honestidad, tu alma se marchitará.

3. El tiempo para la honestidad es ahora.

Si estás escondiendo pecados, puedes salir con excusas razonables y profundas para esperar una siguiente ocasión para ser honesto. Tu carne se asustará y dirá que nunca sucederá de nuevo. No caigas en ese truco. Hoy es el día para confesarlo todo.

Jesús prometió que todo lo hecho en la oscuridad vendrá a la luz en el juicio de Dios (Lc. 12:2). Aún así, hay misericordia para aquellos que deciden traer a la luz lo que hicieron antes de ese gran día. Si tienes pecado sin confesar, ¿te comprometerías a compartirlo con Dios y con otro amigo cristiano confiable y cercano? Si dices que no, ¿por qué no? ¿Qué te impide honrar a Dios haciéndolo? Cualquiera sea la razón que tengas, revelará los ídolos con los que intentas obtener vida en lugar de hacerlo con Jesús.

4. No puedes hacerlo solo.

Necesitas a alguien en tu vida que te conozca, que te conozca de verdad. No alguien que entiende de manera general cómo luchas, sino alguien que sepa el estado de tus afectos y luchas con el pecado al día de hoy. Todos necesitamos a alguien al lado con quien podamos ir a confesarnos constantemente, arrepintiéndonos y confiando en Jesús.

5. Jesús nunca te dejará.

No importa lo que la honestidad te pueda costar, Jesús estará contigo (Mt. 28:20). Promete nunca dejarte ni desampararte (He. 13:5) Promete que estás completo en Él (Col. 2:10). Promete que nada te separará de su amor (Rm. 8:31–39). Promete completar la buena obra que empezó en ti (Fil. 1:6). Promete caminar contigo a través de los días oscuros que acompañen tu honestidad (Sal. 23:4).

Dios ha sido muy bondadoso contigo, ¿verdad? Querido amigo, su bondad está diseñada para llevarte al arrepentimiento (Rm. 2:4). Hoy es el día para entregarlo todo.

Y a las iglesias que puedan haber sido dejadas a punto de caer, no se desesperen. El Señor las cuidará así como ustedes cuidan a su pastor y se cuidan entre ustedes. Oren mucho, busquen consejo sabio, y confíen Jesús, quien es el mismo ayer, hoy y por siempre (Heb. 13:8).

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN THE GOSPEL COALITION. TRADUCIDO POR HAROLD BAYONA.

Eclesiastés

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Eclesiastés

R.C.Sproul

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Uno de mis libros favoritos en el Antiguo Testamento es el libro corto de Eclesiastés. Puede sonar extraño para la gente, pero mi trabajo en mi posición como profesor de filosofía y de apologética, es parte de la razón por la cual este libro es tan importante para mí, porque expresa la sabiduría de Dios contra una reinante atmósfera cultural de escepticismo.

Otra razón por la que amo este libro es personal. Este es el libro de la Biblia que Dios utilizó en mi propia conversión personal. De hecho, el único texto de la escritura que la persona que me habló acerca de Cristo mencionó de pasada fue una extraña referencia del libro de Eclesiastés que decía: «Y caiga el árbol al sur o al norte, donde cae el árbol allí se queda».

Y yo, soy quizás la única persona en la historia de la iglesia que se convirtió a Cristo por ese versículo, pero fue una experiencia profunda de iluminación cuando me senté y escuché eso; y cuando se aplicó a mi vida, me vi a mí mismo yendo a ninguna parte, tirado en el suelo del bosque en el que había caído y me estaba pudriendo y desintegrando.

Y esa es la visión que vi de mi propia alma cuando este texto me fue presentado. Así que, mi amor personal por el libro es infinito por esa razón. Pero el libro de Eclesiastés es enigmático para muchas personas, porque en su mayoría es pesimismo y tiene un aire de cinismo en ocasiones y escepticismo; Y es uno de los libros más difíciles en el Antiguo Testamento de interpretar, por esta razón.

Y hay todo tipo de interrogantes sobre quién exactamente escribió el libro. Se atribuye al predicador o el Koheleth de Israel y hay alusiones a Salomón; y la tradición entiende que Salomón escribió todo el libro, pero hay dudas al respecto.

Y una de las teorías es que hay una especie de diálogo que se da en este libro y el Koheleth es más o menos una contraparte del creyente.

Y así las acusaciones del escéptico se levantan y luego la respuesta de la sabiduría de Dios responde. Y ese tipo de acercamiento a la literatura sapiencial no tiene precedentes en el mundo antiguo, pero por estas y otras razones, el libro es un poco difícil de entender de vez en cuando.

Pero es, es casi como leer a un filósofo existencial del siglo veinte y descubrir esas filosofías milenios atrás. En ocasiones es como leer a Sartre y Camus o Kierkegaard o algunos de los otros pensadores ateos de nuestro tiempo.

Pienso, por ejemplo, en Ernest Hemingway quien a veces ha sido descrito en la literatura norteamericana como uno que adoptó el naturalismo pesimista. Él vio la futilidad de la existencia humana y se quejó de los problemas sin significado que atacaron su propia alma.

Él acabó con su propia vida, como saben, suicidándose. Uno de los libros por lo que es famoso se traduce del inglés como ‘El sol sale’. El título de ese libro se toma directa y literalmente del texto del libro de Eclesiastés.

Pues bien, el libro empieza con una sensación de una visión cíclica de la vida que era común en el mundo antiguo, sobretodo en elementos de la filosofía griega, donde la idea era que todo en este mundo simplemente va dando vueltas y vueltas en un círculo sin fin.

Y no hay un comienzo definitivo para la experiencia humana ni un punto final de triunfo, sino que todo está encerrado en este círculo sin fin que va a ninguna parte. ¿Dónde inicia y termina un anillo?

Pienso en la famosa película que comunicó esta idea hace años, donde Jane Fonda actuó en esta película llamada «Baile de ilusiones».

En esa película toda la historia estaba centrada en la pobreza durante la gran depresión de Estados Unidos y se ofreció un premio a aquellos que tenían dificultad económica, a quien pudiera ganar un maratón de baile. Así que todas estas parejas entraron a esta maratón y bailaron durante horas y horas y algunos se cansaron y se retiraron, algunos duraron más de un día y en el segundo día, con el fin de acelerar el evento, el maestro de ceremonias en la película aceleraba de vez en cuando el ritmo de la danza.

Y mientras la gente corría alrededor bailando en un círculo, él gritaba en el micrófono «vueltas y vueltas y vueltas dan y dónde pararán, nadie lo sabrá”.

Y toda la trama de esa película era comunicar el principio existencial de la falta de sentido. Bien, el libro de Eclesiastés empieza con estas palabras: «Vanidad de vanidades, dice el Predicador, vanidad de vanidades, todo es vanidad».

Ahora, entiendan la frase «vanidad de vanidades» o «vanidad de vanidad – vanidades», es una forma literaria común en el mundo antiguo. La encontramos en el Nuevo Testamento cuando Jesús es llamado el Señor de señores, o el Rey de reyes.

Es una forma de expresar el grado superlativo de alguna cosa. Por eso, con lo que el libro inicia es una declaración en el grado superlativo de una idea, y la idea en la que se hizo hincapié aquí es la idea de la vanidad.

Ahora, usamos el término “vanidad” en referencia al egoísmo o al orgullo. Recuerdo que teníamos en casa un pequeño mueble que estaba en la habitación de mi abuela, donde se sentaba en la mañana y se miraba en el espejo y se ponía maquillaje, y ese pequeño mueble se llamaba tocador y se usaba para retocar la vanidad de una persona con respecto a su apariencia o sea su vanidad; pero esa no es la connotación de vanidad aquí.

Aquí, el término vanidad no se refiere al orgullo sino a lo que se hace en vano, lo que es inútil. Y así podríamos traducir la idea aquí, “la futilidad de futilidad, todo es fútil”.

Ahora esa es la trama central que el libro aborda y nos damos cuenta que en el libro de Eclesiastés, poéticamente, existen dos puntos distintos de referencia.  Por un lado, existe la frase «debajo del sol, o debajo del cielo». Ahora, «debajo del sol», según muchos comentaristas, se refiere a la esfera de este mundo.

Debajo del cielo, se refiere a la esfera del dominio de Dios. Y así lo que está pasando aquí es el conflicto entre dos reinos, el reino de este mundo y la perspectiva de este mundo. Este sería el reino de Dios, el reino eterno que da una perspectiva completamente diferente.

Saben, se nos dice que vivimos en la era del secularismo y siempre oímos hablar del humanismo secular o secularismo humanista. Coloca ese pequeño «ismo» al final de la palabra secular y cada vez que veas un ismo, estás hablando de una ideología, una filosofía, un sistema de pensamiento.

La palabra «seculum» es una de las palabras latinas que se refiere a este mundo y difiere de la palabra «mundus». «Mundus» en latín describe este mundo, espacialmente. «Seculum» describe este mundo con respecto al tiempo o temperamento y el motivo básico del secularismo es que vivimos en el aquí y ahora, en este «seculum», en lo temporal, y estamos separados de lo eterno.

El corazón del secularismo enseña que no hay eternidad. Sólo hay temporalidad; y cualquier propósito que encontremos en este mundo tiene que ser descubierto en este mundo, y el axioma es: ‘tú sólo vives una vez, luego mueres. Así que, mejor hacerlo con gusto. Ese es el credo del hombre moderno, y ese credo es tan viejo como la gente. Y lo que, lo que el autor está haciendo es explorar las implicancias de la vida en este mundo cuando es cortado de lo eterno o de lo trascendente.

Por eso dice, «Vanidad de vanidades, todo es vanidad. ¿Qué provecho recibe el hombre de todo el trabajo con que se afana bajo el sol?»

Ves, él está haciendo la pregunta: «¿De qué sirve todo el dolor y esfuerzo y el trabajo de mis manos? Toda la vida es hierba, trabajamos tan duro como podemos, pero en el análisis final, perecemos y nuestro trabajo perece con nosotros».

«Una generación va y otra generación viene, mas la tierra permanece para siempre. El sol sale y el sol se pone, a su lugar se apresura, y de allí vuelve a salir. Soplando hacia el sur, y girando hacia el norte, girando y girando va el viento; y sobre sus giros el viento regresa. Todos los ríos van hacia el mar, y el mar no se llena; al lugar donde los ríos fluyen, allí vuelven a fluir. Todas las cosas son fatigosas, el hombre no puede expresarlas. No se sacia el ojo de ver, ni se cansa el oído de oír. Lo que fue, eso será, y lo que se hizo, eso se hará; no hay nada nuevo bajo el sol.»

Esta es información extremadamente pesimista y cada ser humano ha experimentado la amenaza de eso, del pesimismo y de la duda que aparece cuando uno se despierta y se mira en el espejo y dice, «¿Por qué estoy haciendo esto?»

A mi edad, me encuentro con personas que son mis contemporáneos, y muchos de ellos han pasado por crisis al entran en sus últimos años. Y ellos me miran y dicen, «R.C., tiene que haber algo más que esto». Y yo digo, «Hay mucho más que esto». Y de eso se trata este libro.

Así que, al inicio vemos este llanto de futilidad, y en la medida que avanza el libro, varias cosas se examinan, las cuales la gente persigue con el fin de encontrar la felicidad, significado e importancia para sus vidas. Buscan el placer. Se evalúa el hedonismo. El hedonismo es esa filosofía que dice que el propósito de la vida es el de maximizar el placer y minimizar el dolor.

Oímos a nuestra propia generación ser descrita como los buscadores de placer, aquellos que andan buscando de fiesta en fiesta, de droga en droga, de embriaguez en embriaguez, de entretenimiento o diversión a más diversión. El placer físico se convierte en el narcótico de elección para las personas que no tienen esperanza.

El apóstol Pablo entiende eso en el Nuevo Testamento cuando escribe a los Corintios, quienes estaban convencidos de que no había vida después de la muerte, o algunos que hacían esa pregunta, y Pablo les estaba contestando. Él cita uno de los axiomas de los filósofos epicúreos: “Comamos y bebamos que mañana moriremos”. Ahora, Pablo no está diciendo a la comunidad cristiana, «Vamos a comer, beber y ser felices».

Él introduce eso al decir: ‘Si Cristo no resucita…. entonces vamos a comer, beber y ser felices pues mañana moriremos. Porque si Dios no es nuestro hogar, si estamos atados a la experiencia secular y eso es todo lo que hay, entonces tiene sentido ser un hedonista, comer, beber y ser feliz pues mañana morirás.’

Pero siempre hay un precio, lo que los filósofos llaman la paradoja hedonista: Que si tú persigues el placer y tienes éxito en la búsqueda, tú estarás aburrido. Si buscas el placer y no tienes éxito en la búsqueda, estarás frustrado, así que el final del hedonista es el aburrimiento o la frustración. Y lo que está exponiendo aquí, en esta literatura sapiencial es el sinsentido del hedonismo, la locura de tratar de encontrar el significado de su existencia por el simple hecho de tener una gran fiesta.

Y entonces va y dice en el capítulo 3: «Hay un tiempo señalado para todo». Para mí es sorprendente e inclusive increíble, increíble cómo en esta era de pesimismo, aún nuestra música popular ha sido influenciada por algo tan antiguo como el Libro de Eclesiastés. «Hay un tiempo para cada suceso bajo el cielo». Ya ves, ahora vemos el motivo distinto que se opone a ello, el motivo de la importancia de las diversas cosas que experimentamos en este mundo.

Aquí lo temporal – tiempo- le es dado propósito debajo del cielo, y no hacemos lo mismo todo el tiempo. En algunas ocasiones ciertas cosas son apropiadas, otras veces no lo son. No reímos en un funeral, nosotros lloramos. No nos lamentamos en un nacimiento. Hay un tiempo para reír, hay un tiempo para llorar.

Hay un tiempo para plantar, hay un tiempo para cosechar. Hay un tiempo para llorar, hay un tiempo para bailar, y la persona sabia que evalúa su vida en este mundo desde la perspectiva de Dios, tiene la sabiduría para diferenciar entre qué tiempo es, y lo que es apropiado en un momento dado.

Herman Melville en su libro Red Burn, hizo esta observación: Él dijo, «Hasta que no entendamos que un duelo es mayor que 1,000 alegrías nunca entenderemos lo que el cristianismo está tratando de hacer con nosotros».

Y en ese momento sus observaciones se basaban en un texto de este libro, «Mejor es ir a una casa de luto que pasar su tiempo con los tontos”.  Ves, Dios es un Dios que está íntimamente involucrado con el sufrimiento humano y el evangelio es un evangelio que es proclamado a las personas que han experimentado el duelo del sufrimiento humano; y el pueblo de Dios ha de ser de personas que están allí en el dolor.

Buscamos bajo el sol y parece que la injusticia prevalece. Versículo 16 del capítulo 3, «Aun he visto más bajo el sol: que en el lugar del derecho, está la impiedad, y en el lugar de la justicia está la iniquidad».

Y así va, a lo largo de todo el libro, la locura de buscar el significado a través de la riqueza, a través del conocimiento, a través de la fortuna, a través de la fama, y todo lo demás.

Y entonces llegamos a la conclusión de que la muerte nos llega a todos, pero Dios es la respuesta a todas las preguntas que las personas sufren.

Capítulo 12, el capítulo final, empieza con esta advertencia: «Acuérdate, pues, de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y se acerquen los años en que digas: No tengo en ellos placer; antes que se oscurezcan el sol y la luz, la luna y las estrellas, y las nubes vuelvan tras la lluvia».

Y luego en el versículo 9, «El Predicador, además de ser sabio, enseñó también sabiduría al pueblo; y ponderó, investigó y compuso muchos proverbios. El Predicador trató de encontrar palabras agradables, y de escribir correctamente palabras de verdad.

Las palabras de los sabios son como aguijones, y como clavos bien clavados las de los maestros de colecciones, dadas por un Pastor». Y luego dice en el verso 13, «La conclusión, …., es ésta».

Eso es lo que siempre buscas cuando estás estudiando cualquier filosofía. ¿Cuál es el fin del asunto? ¿Cuál es el principio concluyente? Así que venimos al libro. El libro inicia con la declaración: “Futilidad de futilidad, todo es fútil”.

Bien, ¿cuál es la conclusión? «Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto concierne a toda persona. Porque Dios traerá toda obra a juicio, junto con todo lo oculto, sea bueno o sea malo».

Esa es la conclusión. Él está diciendo: ‘es la conclusión de tu trabajo, es la conclusión de tu dolor, es la conclusión de tu alegría. Teman a Dios, obedezcan sus mandamientos, porque lo que está diciendo es que tu vida será evaluada, no en los términos de este mundo o en el seculum del aquí y ahora, o del patrón cíclico de este mundo, sino que nuestras vidas, su importancia, su valor y lo que valen serán juzgados por el que juzga desde una perspectiva eterna; y quién nos dirá: «Apártense de mí, nunca los conocí», o dirá: «Bien hecho, siervo bueno y fiel».

Y cuando Él diga eso, hasta la última gota de sudor que ha caído de la frente de tu cabeza por su obra, cada dolor en tu corazón, cada dolor en tu alma, encontrará su plenitud de sentido y significado y tú descubrirás que todo … las experiencias que experimentaste en tu vida cuentan.

Nada es fútil bajo el cielo.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

18/27 – La humildad de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

18/27 – La humildad de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-humildad-de-cristo-/

Leslie Basham: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Algunas de ustedes quizás están familiarizadas con los escritos de Andrew Murray, quien fuera escritor y pastor en Suráfrica.  Él vivió  a  finales de los 1800 y principios de los 1900.  Él dijo que si nosotros nos hiciéramos la pregunta,  “¿Cual es la característica más prominente de Cristo—la raíz y esencia de todo Su carácter como nuestro Redentor?  Solo podría haber una respuesta”. ¿Qué dirías tú? 

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones  con Nancy Leigh DeMoss en  la  voz de Patricia de Saladín.

Nancy  está continuando su enfoque  en Jesús en la serie llamada, El Cristo incomparable. Entonces, ¿cuál dirías tú que es la característica número uno de Cristo? 

Nancy: Esta es la respuesta que nos da Andrew Murray: “Es Su humildad.”1

El llamado a la humildad es un tema recurrente en el ministerio de Jesús aquí en la tierra.  Él dijo:

“Bienaventurado los mansos—Los humildes en Mateo capítulo 5 versículo 5

“El menor entre ustedes será el mayor”. En Lucas 9 capítulo

“El que se humille será exaltado”. Lucas 14 versículo 11

Ahora, toda  esta enseñanza  sobre la humildad fue algo revolucionario en los días de Jesús,  De hecho, en  el mundo antiguo no existía en griego o en latín una palabra que comunicara el ideal cristiano de la humildad.  De manera que, el que Jesús caracterizara la humildad y la mansedumbre como una virtud positiva y deseada era algo radicalmente opuesto al pensamiento prevaleciente de la época, y, debo añadir, que de igual manera es totalmente contrario al pensamiento de hoy en dia.

En la Antigüedad, los filósofos consideraban la palabra ‘manso’, por ejemplo,  como  sinónimo de cobardía o de timidez.  Muchos consideraban la humildad como un vicio, y no como una virtud.  Entonces aquí viene Jesús a la tierra, e introduce todo un nuevo sistema de valores—todo lo opuesto a lo que el mundo valora.

Y por cierto, eso es lo que ocurre con el Reino de Cristo.   Es justamente  lo opuesto al reino de este mundo.  No hay  ningún  otro lugar donde esto sea  más evidente que con este tema de la humildad.

Por Su  ejemplo y por Sus enseñanzas, Jesús introduce el concepto de la humildad como una gracia.  Él eleva este concepto para convertirlo en una virtud.

Andrew Murray ha escrito un maravilloso libro llamado “La humildad”.

Él dice,

Humildad es el reconocimiento de que todo se lo debemos a Dios… Humildad es ser nada para que Dios lo sea  todo…Humildad, es un lugar de entera dependencia de Dios, es el primer deber y la más elevada  virtud del hombre.  Es la raíz de todas las demás virtudes.

El primer deber y la más  elevada  virtud del hombre; la raíz de toda virtud.

Ahora, si la humildad es la raíz de  cada virtud, entonces el orgullo está en la raíz  de cada pecado—comenzando desde el momento en que Lucifer se exaltó a sí mismo para ser como Dios. Él se reveló en contra de la autoridad de Dios, y fue expulsado del  cielo.

Fue  el orgullo que  rompió  nuestra relación con Dios  en el Huerto del Edén.   Así es que para poder ser reconciliados con Dios, para poder ser restaurados a la comunión con Dios, era necesario que se produjera una restauración de la humildad que perdimos en la caída. ¿Tiene sentido?  El orgullo cortó nuestra relación con Dios.  Así es que para que esa relación fuera restaurada, debía haber una restauración de la humildad.  Pero  ¿cómo iba esto a suceder?  Nosotros éramos muy orgullosos para ser humildes.

Y Andrew Murray dice—y me encanta esta cita,

Jesucristo tomó nuestro lugar  y cumplió a cabalidad el destino eterno del hombre a través Su vida de perfecta  humildad. Su humildad es  nuestra   salvación.  Su salvación  es nuestra humildad.    Por tanto, estudia   la   humildad   de   Jesús.  Este es el secreto; la raíz escondida de tu redención.

Así   que esto es  lo   que   quiero  que hagamos   hoy—estudiar la humildad de Jesús.    Ahora bien podríamos hacer  toda  una  serie  sobre la humildad de Cristo. Es  demostrada de tantas formas a   través de Su vida y de Su ministerio terrenal,  pero vamos a limitarnos a ver tan solo algunas de ellas.

Primero que todo, la humildad de Cristo es demostrada en Su encarnación.   Hemos  hablado  sobre esto en esta  serie del Cristo incomparable.   En el momento en que Cristo, quien es igual a Dios, tomó  la naturaleza humana y vino a la tierra.  Él puso a un lado la majestad,  y el  esplendor  del  cielo  y conformó Su naturaleza divina a las limitaciones de nuestra humanidad.

Su  humildad  se   ve   en   Su   nacimiento, al haber nacido de una pobre muchacha adolescente  bajo circunstancias humildes—no con pompa, ni con  fanfarria…  sino en un pesebre en un establo de animales.

Su humildad  se ve cuando Él puso a un lado Sus derechos, Sus privilegios, y el ejercicio independiente de Sus atributos divinos.

C.S. Lewis lo expresa de esta manera:

La  doctrina de  la  encarnación esta enfáticamente en  el  centro  del   Cristianismo, que el Hijo de Dios descendió a la tierra [humildad]. Jamás una semilla  ha caído tan lejos del árbol, en tan obscura y fría tierra, como lo hizo el Hijo de Dios [Su humildad]1

Hay un precioso poema navideño escrito por Richard  Crashaw en el siglo XVII que  expresa la humillación  de Cristo en Su venida a esta tierra.  A pesar de que el lenguaje es antiguo, creo que van poder captar el corazón del mismo, de manera que pongan  mucha atención:

Que  la luz enceguecedora  que destella el Gran Ángel  disminuyera Su centellear para  brillar en los ojos de un humilde Pastor;
Que  el Dios inmensurable descendiera tan bajo como prisionero  y en pocos  harapos descansara;
Que del seno de Su madre Él se alimentara;
Aquél  que se alimenta con el néctar de  la familia celestial;
Que un vil pesebre, de baja estima, Él probara;
Aquél que sentado  en las alturas en un trono de estrellas, en el cielo hace Su tronar;
Que Aquél  a quien  el  sol le sirve, apenas mirara como a través de las nubes de su infancia .
Que Él,  aquella antigua Palabra Eterna pudiera ser un Niño; y gimiera; Que Aquél que hizo el fuego, temiera  al frío;
Que la majestad de las alturas del Palacio de los Cielos, fuera cuidado en una choza de arcilla…
Que la gloria misma sirviera nuestras penas y temores, Y que la eternidad fuera sometida al tiempo,
¡Que esto sea nuestro sobrecogedor asombro y  maravilla!

La encarnación—Cristo inclinándose hacia nosotros. Es una demostración de Su humildad, pero la humildad de Cristo no fue solo demostrada cuando Él nació como un bebé en Belén.  Fue demostrada a través de toda Su vida y de Su ministerio aquí en  la tierra.

Ahora bien, a nivel humano, Jesús tenía mucho más en  lo que Él podía gloriarse—Sus antecedentes, Sus dones, Sus habilidades, Su conocimiento, Su herencia, Su realeza, y todo lo demás. Pero las Escrituras dicen—y Él lo dice de sí mismo—que Él era “humilde de espíritu”. (Por cierto, ¿no resulta irónico que  nosotros, los que no tenemos nada de qué gloriarnos, orgullosamente nos exaltamos a nosotros mismos? ¡Debería ser todo lo contrario!)

Entonces, ¿como fue que Jesús demostró humildad durante Su vida y ministerio aquí en la tierra? Bueno, las Escrituras dicen que Él no buscó honra ni alabanza de los hombres, solo de Dios.

En el Evangelio de Juan, Jesús dice, “No recibo gloria de los  hombres”; (5:41). “Yo no busco mi propia gloria” (8:50).  Cuando nosotros buscamos gloria y alabanza de los hombres, estamos demostrando un corazón orgulloso.  Pero Jesús tenía un corazón humilde.  Él dijo, “Yo no buco Mi propia gloria.  Yo no busco alabanza de los hombres”.

Vemos Su humildad en el hecho de que Él era totalmente dependiente de Su Padre Celestial—no independiente, sino  dependiente.

En Juan capítulo 5, Jesús dijo, “El Hijo no puede hacer nada por su cuenta” (vs. 19).”Yo no puedo hacer nada por iniciativa mía” (vs.30).

Juan capítulo 8: “Yo no hago nada por mi cuenta sino que  hablo estas cosas como el Padre me ensenó” (vs.28). Por cierto, esa humildad y  dependencia de Su Padre en ningún otro lugar fue más claramente visible que en Su vida de oración. Hablaremos de esto en una próxima sesión.

Su humildad fue vista en Su servicio.  Él siempre buscó el mejor interés de los demás. Él puso las necesidades de los demás por encima de Su bienestar.  Vemos a Jesús acercarse a los discípulos luego de ellos haber tenido una discusión acerca de quién sería  el mayor, y entonces ellos entran a la cena, y ¿qué hace Jesús? Él adopta la posición más baja, la de un siervo esclavo,  y lava los pies de los discípulos.  Él se inclina para servir a los siervos.  Su humildad es vista en Su servicio.

Su humildad es vista también en lo que llamamos Su entrada triunfal en Jerusalén, lo que muchos celebrarán dentro de varias semanas, el Domingo de Ramos.  Esa entrada triunfal cumplió las palabras dichas por el profeta Zacarías. En Zacarías capítulo 9 “He aquí, tu rey viene a ti… [¿Cómo viene?] humilde, y montado en un asno” (9:9).  Los reyes guerreros, cuando entraban a un pueblo, lo hacían a caballo.  Pero si un rey entraba en un asno, era señal de paz y no de guerra.

Los judíos de esos días esperaban al Mesías como un rey conquistador, pero Él vino como un Rey humilde en misión de paz.  Porque y Él no llenó sus expectativas de cómo debía lucir un rey conquistador, ellos lo rechazaron. Éllos no se percataron de quien Él era.  Y fue Su humildad lo que hizo que no se percataran.

Su humildad no solo fue vista en Su servicio y en Su entrada humilde en Jerusalén, sino también fue vista en Su sufrimiento y en Su respuesta ante los insultos y las injurias durante toda Su vida, pero especialmente hacia el final de Su ministerio, durante la Pasión de Cristo, como vamos a estar estudiando en las próximas semanas. Él fue calumniado.  Su carácter difamado.  Él fue acusado de estar poseído por demonios, de ser un borrachón, un glotón un loco, un lunático.

Yo puedo decir solamente que mi instinto, bajo circunstancias similares, sería el defenderme a mí misma, el defender mi reputación, y el resentir a aquellos que me mal interpretan y me critican, y  vengarme haciéndole  exactamente lo mismo a ellos.  Pero Cristo no hizo nada de esto.  En cambio, Él se humilló a sí mismo.

Y Su humildad no solamente es vista en estos aspectos de Su  vida aquí en la tierra, sino que Su humildad es vista, en última instancia, en Su muerte.  ¿Qué dice Filipenses capítulo 2? “Se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz”  (vs.8). Nosotros vemos esa humildad a medida que Él exhala Su último aliento, cuando  Él  dice, “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu,” Lucas capítulo 23 versículo 46—una humilde sumisión de Sí mismo a Su Padre.

Su humildad es vista en la absoluta sumisión a la voluntad de Su Padre.  A través de toda Su vida, al venir a esta tierra, en la vida que el vivió aquí en la tierra, en Su sufrimiento, Su pasión y Su muerte—vemos Su sumisión a la voluntad del Padre.  Esto es una expresión de humildad, de Su humildad de  corazón.

Y  entonces debemos  recordar que Jesús será siempre humilde por toda la eternidad.  Él no solo fue humilde cuando fue a la cruz, sino cuando se levantó de los muertos y ascendió a los cielos.  Él no perdió Su humildad, Él aún es el humilde, Dios encarnado.

Primera a los Corintios capítulo 15 nos  dice:

“Y cuando todo haya sido sometido a Él, entonces también el Hijo mismo se sujetará a aquél que sujetó a Él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos” (vs. 28).

¿Qué está diciendo? (Vemos mucha “sujeción” en este versículo.)  La Escritura dice en este pasaje que Dios está en el proceso sujetar todas las cosas a los pies de Cristo.  Pero cuanto todo este sujeto bajo los pies de Cristo ¿qué hará Cristo? Él mismo se  sujetará a Aquél que sujetó todas las cosas en Él para que Dios sea todo en todo— el siempre humilde Dios encarnado.

Y cuando vemos la visión de Juan  en el libro de Apocalipsis, capítulos 4 y 5 donde él ve el resplandeciente y santo Dios sentado en Su trono, ¿a quién ve Juan al lado del trono? ¿Cómo aparece Cristo en esa imagen? Juan nos dice, “Yo vi a un Cordero de pie, como inmolado” (5:6)—el humilde Hijo de Dios—Él  siempre humilde Dios encarnado, por toda la eternidad.

En su libro titulado “Los Milagros”, C.S. Lewis nos da una maravillosa descripción pictórica de la humildad y la humillación de Cristo.  Permíteme leerte parte de esto.  Él dice:

En la historia cristiana, Dios… desciende y desciende desde las alturas de Su ser absoluto, al tiempo y al espacio, baja a la  humanidad, baja a la raíz misma de la humanidad creada por Él mismo.  Pero Él desciende para volver a subir de nuevo y llevar Consigo a pecadores arruinados.

La imagen que tenemos aquí es la de un hombre fuerte, descendiendo  cada vez más y más para colocarse encima una gran y complicada carga. Él debe inclinarse para poderla levantar.  Él debe casi desaparecer, increíblemente, bajo la carga antes de poder enderezar Sus espaldas bajo este gran peso, y se  marcha con esta gran masa tambaleante sobre Sus hombros.

O también podemos pensar en un buzo, primero quitándose su ropa y luego mirando hacia arriba y luego lanzándose al mar,  desapareciendo, rápidamente descendiendo a través del agua tibia y verde, adentrándose cada vez más profundamente en el agua negra y fría, hundiéndose cada vez más hasta llegar a sentir la presión en aumento de una zona de muerte, de lama y de lodo y de podredumbre. Y  luego sube de nuevo, hacia la luz  y los colores,  sus pulmones casi al explotar, hasta llegar a la superficie, trayendo en Sus manos algo precioso, y aún goteando agua; algo que había bajado a rescatar.

¿No es esta una imagen grandiosa de la obra  redentora y  humilde de Cristo? Permíteme leerte este pasaje, tan familiar para muchas de nosotras, pero uno que debe ser leído una y otra vez.  Vamos a lavar nuestros corazones con esta Palabra:

Filipenses, capítulo 2, los versículos del 5 al 11—y piensen en este hombre fuerte descendiendo cada vez más bajo, colocándose bajo esta pesada carga para levantarla; piensen en ese buzo bajando a las partes obscuras, llenas de lama y podredumbre para rescatar aquello precioso y traerlo hacia arriba de nuevo.  Piensen en estas dos imágenes a medida de que les leo porciones de Filipenses capítulo 2:

“Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres.  Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

“Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra,  debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.”

Para que Dios sea todo en todo.  Él descendió. Él bajó, bajó, y bajó, a rescatarnos, para llevarnos hacia arriba.  Dios le exaltó a Él.  Nuestra esperanza de exaltación eterna, habiendo sido rescatadas de las profundidades de nuestra pecaminosidad, está en el hecho de que Cristo se humilló a sí mismo y bajó  en esa misión de rescate.

Permíteme de nuevo ir una vez más a  una cita del maravilloso libro sobre la humidad, escrito por Andrew Murray.  Él dice,

¿Debe sorprendernos que la vida cristiana sea a veces tan débil y poco fructífera cuando la raíz misma de Cristo es dejada de lado, o es desconocida?… Si la humildad es el secreto de Su  expiación, entonces la fortaleza y salud de nuestra vida espiritual depende enteramente en que nosotros nos coloquemos esa gracia también, y que hagamos de la humildad lo que más admiremos en Él, lo que más le pidamos a Él, la sola cosa por lo cual sacrificaríamos todo lo demás… ¡O que la humildad de Jesus sea vista en mí y en todo lo que me rodea!

Entonces, ¿cómo cultivamos la humildad? Creo que el punto de partida es reconocer que no la tenemos, y que no viene de manera natural. Es una gracia.  Es algo que Dios nos da, pero también somos llamadas a humillarnos a nosotras mismas.  Es una elección que hacemos.  ¿Y qué es lo que nos lleva a tomarla? ¿Qué nos hace abandonar nuestra altanería, nuestro orgullo nuestra autosuficiencia y nuestro espíritu independiente? ¿Qué hace falta para llevarnos al lugar de la humidad donde preferimos ser humildes y no orgullosas?  Como Murray dice, “Estudia la humildad de Cristo.  Considera a Cristo”.

Jesús dice en Mateo capítulo 11:

“Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de Mi, que soy manso [apacible, como dice la  NVI]  y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas.” (v.29)

Murray dice,

Solamente a medida de que la  vida de Cristo en Su divina humildad  more en nosotros es  que podremos ser verdaderamente humildes.   Nosotros heredamos nuestro orgullo de otro, de Adán; debemos de obtener nuestra humildad de Otro, [con O mayúscula], también.

Es Cristo en nosotros, el perfecto y humilde Cristo, Quien es nuestra fuente de humildad.  Él nos motiva a ser humildes.  Él nos capacita para ser humildes.  Él es nuestra humildad—Cristo en nosotros.”Aprended de Mí  que soy manso y humilde de corazón”.

  • Medita en Él.
  • Contempla Su humildad, Su servicio, Su amor y la distancia que Él estuvo dispuesto a descender para rescatarnos.
  • Y sobre todo, medita frecuentemente en la cruz.  Vuelve tus ojos a Jesús.  Mira a la cruz.  Medita en Su sufrimiento, Su sangre derramada, Su muerte, la forma como descendió y descendió y descendió y descendió a los abismos para rescatar a seres como nosotros.

Medita en Cristo.  Medita en la Cruz:

La cruz excelsa al contemplar,
Do Cristo allí, por mí murió,
De todo cuanto estimo aquí,
lo más precioso es Su amor.2

Oh, gracias a Ti, gracias a Ti, Jesús, por escoger el  camino de la humildad.  Por descender, y venir; por descender  para alcanzarnos en nuestra bajeza, movido por Tu amor, por Tu sumisión y Tu obediencia a la voluntad de Tu Padre, y por el anhelo y el deseo de rescatarnos, para hacernos Tu más preciado tesoro y posesión.  Gracias a Ti por exaltarnos a través de Tu humillación.

De manera que hoy, Señor Jesús, levantamos Tu Nombre. Te exaltamos.  Elevamos Tu nombre, que es sobre todo nombre.  Tú eres el incomparable, y humilde Cristo, y te amamos. Perdónanos por exaltarnos a nosotras mismas, por nuestro orgullo, nuestra necedad, nuestro espíritu independiente, nuestras terquedades, por nuestras rebeliones contra Ti.  Oh que en este día nos humillemos como Tú te has humillado, para que Tú puedas derramar gracia, la gracia de Cristo sobre nosotras en este dia. Estas cosas las pido en el santo  nombre de Jesús, amén.

Leslie: Luego de haber oído este mensaje de Nancy Leigh DeMoss,  Yo me siento  motivada  adorar a Jesus por Su increíble humildad.

Ella está en una serie llamada El Cristo incomparable.  Ha sido un  enriquecedor estudio  sobre  la vida y persona de Jesús, un tema que todas necesitamos.  Si  te has perdido algún mensaje de esta serie, lo puedes oir en www.AvivaNuestrosCorazones.com.  También podrás encontrar allí las transcripciones para cada programa y  otros recursos que te pueden ayudar a darle seguimiento a  lo que has oído.

¿Te puedes imaginar la presión en la que Jesús se encontraba?  Él era constantemente criticado.  Él invirtió su vida en sus amigos que no lo entendían, mientras Él tenía una asignación inmensa de parte de Dios. Sin embargo, la vida de Jesús fue marcada por la serenidad.  Aprendamos de esta característica de Él el lunes, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1C. S. Lewis.Miracles. p. 401.
2 Issac Watts. «When I Survey the Wondrous Cross.»

Rey Humilde, En Espíritu y en Verdad, Tu Reino Aquí ℗ 2010 En espíritu  y en verdad.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

La resurrección

Miércoles 18 Diciembre

Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre estos… Y vi a los muertos… de pie ante Dios… Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

Apocalipsis 20:6, 12, 15

La resurrección

http://labuenasemilla.net/20191218

«El 13 de marzo de 1995, la marina francesa procedió a la inmersión en el mar del cuerpo del explorador Paul-Émile Victor, fallecido a la edad de 87 años. Según las últimas voluntades expresadas por el difunto, el cuerpo fue envuelto en dos sudarios y recubierto por una bandera tricolor».

En su momento, Dios encontrará todos los cuerpos, los quemados en las hogueras o en los hornos crematorios, los despedazados por las fieras en los anfiteatros o perdidos en los campos de batalla, las cenizas humanas dispersadas en la naturaleza o en el fondo de los mares, los cuerpos enterrados desde hace milenios. Y todos resucitarán, ya sea “a resurrección de vida”, o “a resurrección de condenación” (Juan 5:29).

La Biblia enseña que habrá dos resurrecciones. El Señor Jesús vendrá a buscar a los suyos, a quienes rescató al precio de su sangre. Él resucitará a todos los creyentes que hayan muerto y les dará, como a los creyentes que estén vivos en ese momento, cuerpos semejantes al suyo. Todos entrarán entonces en su Paraíso. Esta es la primera resurrección.

Luego, al final de los tiempos, tendrá lugar la resurrección de todos los que no hayan creído. Ellos comparecerán ante el “gran trono blanco” (Apocalipsis 20:11) y serán condenados a los tormentos eternos. Quizás alguien diga: ¿Cómo podrá suceder esto? Nada es imposible para Dios. ¿No fue él quien hizo el universo de la nada? Y él hace algo aún más sorprendente: justifica a los que creen en su Hijo Jesucristo.

Hageo 2 – Apocalipsis 11 – Salmo 144:1-8 – Proverbios 30:7-9

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

4/6 –De la tribulación al triunfo, 3ª Parte

Gracia a Vosotros

Serie: Beneficiándonos de las pruebas de la vida

4/6 –De la tribulación al triunfo, 3ª Parte

John MacArthur

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Abramos nuestras Biblias en el primer capítulo de Santiago, conforme estudiamos juntos la Palabra de Dios en los versículos 2 al 12. Mientras que se está preparando para el estudio de la Palabra de Dios, permítame recordarle que es una ocurrencia común en la vida, ciertamente lo es en mi vida, y no tengo duda que también es el caso en su vida como cristiano, conocer a personas que pensaban que eran cristianos.

Creo que bastante frecuente, personas que creían que eran salvas, que creían que conocían a Dios y después, vino una dificultad severa a su vida que exhibió la realidad de que no conocían a Dios en absoluto. Cuando probaron ser incapaces de enfrentar esa prueba severa, su fe fue revelada. Fue descubierto que era una fe muerta, no una fe viva. Una fe no salvadora. No pudieron aferrarse a los recursos provistos en aquellos que realmente creen en Dios. Y dejan lo que parecía ser quizás, una fe genuina. El tipo de pruebas que vienen a la vida todo el tiempo tienen la intención de hacer esto. En cierta manera, motivar a la gente, a sacarlos de su seguridad, a despertarlos al hecho de que confían en Dios o no confían en el resto de las circunstancias humanas. Las pruebas cumplen un propósito muy útil al afirmarnos o la legitimidad o la ilegitimidad de nuestra fe.

Y eso es exactamente lo que Santiago tiene en mente en esta sección de apertura de esta epístola maravillosa. Él está preocupado a lo largo de la epístola entera con el tema de la fe viva. Él está preocupado con el tema y el asunto de la salvación genuina. Y como hemos señalado, la epístola entera es una serie de pruebas que tiene la intención de revelar la legitimidad de la fe de alguien. La epístola entera es una serie de pruebas de la fe viva.

La primera es la prueba de las pruebas severas. Cuando las pruebas vienen a nuestra vida, revelan si esa fe es real o no lo es. Si se mantiene en pie o no. Nos aferramos a Dios y dependemos de Sus recursos o no lo hacemos. Y eso es algo que necesitamos saber. Todos nosotros necesitamos entender la fortaleza o la legitimidad de nuestra propia fe. No sólo necesitamos reconocerla en nuestras propias vidas, sino también en las vidas de otras personas.

Ahora, en cierta manera, esto, para traerlo a una ilustración bíblicamente, permítame hacerle un par de preguntas. ¿Cómo juzga usted la vida espiritual de una persona quien, uno, habiendo oído de manera dispuesta el Evangelio, con oídos abiertos, con disposición, en segundo lugar, recibió personalmente la palabra sin resistencia, en tercer lugar, respondió con gozo y, en cuarto lugar, creyó? Alguien quien oyó el Evangelio con disposición, recibió personalmente la Palabra, respondió con gozo y creyó.

Ahora, ¿acaso eso caracteriza la salvación genuina? ¿Identifica eso a un cristiano verdadero? ¿Es esa la característica de la fe salvadora genuina? Bueno, descubrámoslo al ver un capítulo en Lucas, capítulo 8. En Lucas, capítulo 8, versículo 13. Y aquí hay un versículo que explica una parte de la parábola de las tierras. Tiene que ver con la tierra superficial que tenía piedra debajo de la tierra. Y dice: “los de sobre la piedra son los que, habiendo oído, reciben la Palabra,” la reciben personalmente, la palabra acerca de Cristo, la salvación. “Reciben la Palabra con gozo, pero estos no tienen raíces, creen por algún tiempo y en el tiempo de la prueba,” ¿qué?, “Se apartan.”

Ahora, notará aquí que tenemos a aquellos que oyeron el Evangelio, recibieron personalmente la Palabra, respondieron con gozo y se apartaron. Entonces, todo eso en sí mismo es algo que queda corto de la fe salvadora.

Pero quizás nunca pudo haber sido manifestado como algo menos que fe salvadora si no hubiera sido por las pruebas. Si no hubiera sido por un tiempo de prueba. Un tiempo de prueba. Esa pequeña frase “un tiempo de prueba” es una frase muy interesante. Es una parte crucial del diseño de Dios para la gente. De tal manera que la realidad de su fe, lo que realmente es, puede ser manifestado.

La palabra tiempo aquí no es chronos, lo cual significa tiempo cronológico como en este momento son las 6.35 o algo así. No es tiempo cronológico en el sentido de calendarios y relojes. Es kairos, he una palabra diferente. Eso significa un tiempo destinado, un tiempo de oportunidad. Una circunstancia, una temporada en particular.

Y entonces, de lo que aquí está hablando no es un tiempo en el reloj, sino un tiempo en el destino. Un tiempo en la vida de uno. Vendrá un tiempo de prueba. Y en este caso, fueron aquellos que se apartaron. No significa que le pertenecieron a Dios en un momento. El verbo, literalmente significa,aphistemi, significa estar distante de o aparte de. En el tiempo de la prueba, se apartaron de Dios. Se mantuvieron lejos de Dios. Nunca Le pertenecieron a Él y la prueba lo manifestó.

De nuevo, regresamos a 1 Juan 2:19: “si hubieran sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros. Pero salieron de nosotros para que se manifestase que nunca fueron de nosotros.” Estas son personas que en el tiempo de la prueba se quedan solas. Se mantienen alejadas de Dios. Realmente, no conocen a Dios en absoluto. O, como la semilla en Lucas 8, podrían encontrar un poco de tierra en la parte de arriba y sólo es lo suficiente como para que la planta se mantenga en pie, pero nunca echa raíces.

Entonces, la idea aquí no es que es arrancada. Esa no es la idea. Nunca hubo una raíz. La planta simplemente estuvo de pie por sí misma en la tierra, por así decirlo. Y la unión con la tierra sólo fue una unión aparente, nunca una relación verdadera. Nunca el tipo de unión que podía arraigar a la planta profundamente y causar que creciera y diera fruto.

Pero la realidad de ese tipo inadecuado de fe no fue manifestada sino hasta la prueba. Por cierto, el término aquí, en Lucas 8:13, es el mismo término peirasmos. El tiempo de la prueba del que Santiago habla. Ahora, regresemos a Santiago y veamos cómo es que Santiago nos enseña acerca de este mismo tema.

Las pruebas no pueden destruir la fe. Quiero que sepa esto. Quiero seguir enfatizando eso. Las pruebas no destruyen la fe, únicamente la ponen a prueba. Y la fe que permanece en pie ante la prueba muestra que es genuina y la fe que fracasa en la prueba manifiesta que es falsa. Las pruebas no pueden destruir la fe. Sólo pueden probarla.

Ahora, la semana pasada le mostré que las pruebas tienen muchos propósitos. ¿Se acuerda de lo que dijimos? Dios envía pruebas para humillarnos. Él envía pruebas para alejarnos del mundo. Él envía pruebas para llamarnos a concentrarnos en cosas eternas. Él envía pruebas para revelarnos lo que realmente amamos. Él envía pruebas para enseñarnos el valor del favor y la bendición de Dios. Él envía pruebas para capacitarnos para ayudar a otros en sus pruebas. Él envía pruebas para desarrollar en nosotros una mayor fortaleza, una mayor utilidad y una que no mencioné, algunas veces Él envía pruebas para disciplinarnos por nuestro pecado y empujarnos hacia la perfección.

Pero Santiago está preocupado, primordialmente, con una razón por la que Dios envía pruebas; y esa es para probar la legitimidad de nuestra fe. Como lo expresé la semana pasada, para medir la fortaleza de nuestra fe. Ahora, lo que hemos estado diciendo a lo largo de esto es que en medio de una prueba la fe verdadera va a perseverar. La fe verdadera perseverará, la fe verdadera se aferrará y avanzará. Perseverará hasta el final. Soportará cualquier prueba.

Y la pregunta que Santiago realmente nos trae es cómo hacer eso. ¿Cómo es que la fe verdadera puede perseverar ante cualquier prueba? ¿Cómo es que la fe verdadera va a sufrir cualquier pérdida y aun así aferrarse a su fe en Dios? ¿Qué es lo que le da la capacidad de perseverar y no apartarse?

Bueno, hay varios ingredientes que hemos estado estudiando. En primer lugar, Santiago dice, una actitud gozosa. La fe verdadera poseee una actitud gozosa en medio de la prueba más severa. Versículo 2: “Hermanos míos, tened por sumo gozo,” o gozo total o mero gozo, gozo puro, “cuando os halléis en diversas pruebas.” La primera actitud que es característica es gozo en medio de la prueba. Siempre hay una ventana en algún punto en una prueba para que un creyente verdadero encuentre una fuente de gozo.

Podría ser que sabemos que Dios está en control, y sabemos eso. Podría ser que la esperanza del cielo, como lo vimos con el padre en esta mañana, quien sabía que sus hijas estaban en la presencia de Cristo. Pero para el creyente verdadero habrá una actitud gozosa y necesitamos cultivar eso en nuestra propia vida espiritual debido a todo lo que las pruebas llevan a cabo. Y debido a todo lo que las pruebas no pueden llevar a cabo. Debido a que nos acercan al Señor, nos fortalecen, nos hacen más útiles. Todo lo positivo. Y debido al hecho de que nunca pueden destruir la fe verdadera. Nunca pueden afectar el plan de Dios. Nunca pueden alterar Su diseño externo. Podemos encontrar gozo en medio de cualquier prueba. Entonces, una actitud gozosa.

En segundo lugar, hay otro ingrediente, que va de la mano con la capacidad de perseverar; y vimos eso hace dos semanas atrás, de hecho. Y esa es una mente que entiende. Observe el versículo 3: “sabiendo esto, que la prueba de vuestra fe produce paciencia.”

Ahora, usted tiene que entrar a las pruebas con conocimiento. Usted necesita saber que las pruebas producen paciencia o perseverancia. Ese es un poder para permanecer, un poder perseverante. Si usted no tiene ninguna prueba, usted no va hacer fortalecido para perseverar. Entonces, una actitud gozosa y una mente que entiende.

Y, en tercer lugar, señalamos una voluntad sumisa. En el versículo 4, él dice en el imperativo “mas tenga la paciencia su obra perfecta para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.” En otras palabras, que la prueba venga y que traiga la perseverancia. Y que la perseverancia traiga perfección. Señalamos que perfección aquí significa madurez espiritual. Madurez espiritual, deje que haga lo que Dios quiere hacer. Deje que lo humille a usted. Deje que lo aleje del mundo. Deje llamarlo a usted a la esperanza eterna. De que revele lo que usted realmente ama. Deje que le enseñe a valorar la bendición de Dios. Deje que lo capacite para ayudar a otros. Deje que desarrolle fortaleza en usted para que usted pueda ser utilizado en modos más grandes en el futuro. Deje que lo discipline, si eso significa su purificación.

En otras palabras, deje que haga lo que Dios quiere que haga. No pelee contra ella. Entonces, la actitud correcta al entrar en una prueba: una actitud gozosa, la mente correcta es una mente que entiende el propósito de Dios y una voluntad sumisa que acepta de manera pronta y dispuesta, sabiendo que mediante las pruebas llegamos a ser como Cristo. Ese es el camino a la madurez.

Ahora, siguiendo estas primeras tres, quiero compartir en esta noche con usted las últimas dos actitudes que son necesarias en la vida de uno que persevera. En cuarto lugar, un corazón que cree. Un corazón que cree. Y para esto, vamos a ver los versículos 5 al 8. Un corazón que cree, ahora permítame detenerme por tan sólo un momento antes de que veamos el texto, y en cierta manera, preparar la escena, si es posible.

Digamos que usted está atravesando una prueba y usted realmente está haciendo su mejor esfuerzo por mantener una actitud gozosa, una mente que entiende y una voluntad sumisa. Pero usted está teniendo dificultad realmente en entender lo que está pasando. Quizás usted está puede estarse diciendo a sí mismo ‘quiero tener una actitud correcta, quiero tener una actitud de entendimiento correcto y quiero tener una voluntad sumisa, pero carezco de la sabiduría y el poder para permanecer gozoso y perseverar y madurar en medio de esto. Estoy luchando por mantener mi corazón enfocado, concentrado en la causa por la que debo estar gozoso. Estoy luchando por entender esto y estoy luchando por ser permisivo. Necesito algo de ayuda. ¿Qué hago?” Bueno, lo que usted necesita realmente es una cosa: sabiduría. Necesita sabiduría para la prueba. Necesita entenderla. Necesita entendimiento práctico necesario para enfrentar los problemas de la vida. Usted no va a poder mantener una actitud gozosa y una mente que entiende y una voluntad sumisa a menos de que Dios le dé a usted más que tan sólo sus facultades humanas para trabajar con ello.

Y entonces, aquí es donde usted llega al versículo 5: “y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría.” La sabiduría siempre es algo de mucho valor, pero especialmente cuando usted está enfrentando atravesando una prueba. Querer saber cómo estar gozoso, querer estar dispuesto a perseverar en la prueba para cumplir los propósitos santos de Dios, demanda sabiduría. Y usted no va a encontrar todas las respuestas en su propio razonamiento humano.

La sabiduría para Santiago y para cualquier lector judío y cualquier judío en ese entonces era el entendimiento necesario para vivir la vida para la gloria de Dios. La sabiduría era operar en obediencia a la voluntad y la Palabra de Dios. Comenzaba con temer a Dios y después, pasaba a obedecer a Dios. Y cuando atravesamos una prueba y pasamos una prueba, necesitamos sabiduría. Cualquier creyente se va a sentir débil, va a sentir la necesidad de fortaleza y recursos. Va a buscar algo a qué aferrarse en medio de la prueba. ¿Y a dónde va? Él va a Dios y le pide sabiduría. Esa es la promesa. “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría,” ¿qué?, “Pídala a Dios.” Pídala a Dios.

La búsqueda de sabiduría es la búsqueda suprema del hombre. Para aquellos de nosotros que conocemos y amamos al Señor, Él provee esa sabiduría. Pienso en Proverbios 3:5-7: “Fíate de Jehová con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia.” ¡Qué gran afirmación! Cuando usted está enfrentando una prueba, cuando usted está atravesando por una dificultad, usted no debe apoyarse en su propio entendimiento. Confíe en Jehová con todo su corazón. Reconócelo en todos tus caminos y Él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión. No dependas de ti para las respuestas. Pídele a Dios sabiduría divina.

Entonces, aquí podríamos decir con seguridad que las pruebas le ayudan a usted a mejorar su vida de oración, ¿verdad? Lo llevan a sus rodillas. Lo hacen clamar a Dios por lo que usted no tiene y desea de manera desesperada. Desesperada.

Entonces, cuando usted atraviesa las pruebas de la vida, sea lo que sea, la intención de Dios es que usted reconozca el estado de bancarrota de la razón humana y la respuesta es que usted pueda obtener de otras personas. Y pienso en Job, quien trató de obtener las respuestas de todo el mundo, de toda persona que lo rodeaba. Y todo el mundo le dio la respuesta equivocada. Y la respuesta correcta siempre está disponible en la mano de Dios; si la buscamos de Él, recibiremos eso.

Acompáñeme por un momento a Job 28. Una de mis porciones favoritas de la Escritura.

Éste es un pasaje tremendo. En la primera parte del capítulo, habla de estar en una búsqueda minera para encontrar metal preciado y cómo los hombres hacen esfuerzos increíbles para encontrar riquezas. Lo sacan de la tierra, y entran a las profundidades de la tierra y atraviesan por todo tipo de cosas para encontrar riquezas.

Pero en el versículo 12 dice: “Mas ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿Dónde está el lugar de la inteligencia? No conoce su valor el hombre, ni se halla en la tierra de los vivientes. El abismo dice: No está en mí; y el mar dijo: Ni conmigo. No se dará por oro, ni su precio será a peso de plata. No puede ser apreciada con oro de Ofir, ni con ónice precioso, ni con zafiro. El oro no se le igualará, ni el diamante, ni se cambiará por alhajas de oro fino. No se hará mención de coral ni de perlas; La sabiduría es mejor que las piedras preciosas. No se igualará con ella topacio de Etiopía; no se podrá apreciar con oro fino. ¿De dónde, pues, vendrá la sabiduría? ¿Y dónde está el lugar de la inteligencia? Porque encubierta está a los ojos de todo viviente, Y a toda ave del cielo es oculta.”

La verdadera sabiduría, la sabiduría sobrenatural necesaria para entender las nuevas de la vida no está disponible en el mundo que nos rodea. “El Abadón y la muerte dijeron: Su fama hemos oído con nuestros oídos.” La destrucción y la muerte han oído de ella. Saben cómo encontrarla. No la encuentran. Y luego, versículo 23: “Dios entiende el camino de ella, y conoce su lugar.” Entonces, si usted quiere sabiduría, ¿dónde va usted? Usted va a Dios. Y no quiero ser simplista, sólo quiero enfatizar lo que la Biblia está diciendo.

Ahora puede regresar a Santiago 1. Quiero que entienda que lo que las Escrituras están diciendo es tan simple como esto, amados. Cuando usted enfrenta una prueba, el lugar adonde usted debe acudir a Dios. Esto es más importante que acudir a sus amigos para encontrar respuestas y meterse en la misma situación en la que Job se metió. Eso es mucho más importante que buscar una cita en algún tipo de clínica de consejería antes de que usted haya hecho algo para considerar y consultar la mente de Dios.

Yo creo que la promesa de Dios en este versículo es una de las promesas más grandes en toda las Escrituras, si no es que la promesa más importante para un creyente que vive en este mundo. Y esta es que, si necesita sabiduría, Dios se la da. Digo, ¿qué más hay fuera de esto? ¿Qué más podríamos querer que el entendimiento divino para entender y responder apropiadamente a toda prueba de la vida? Dios da sabiduría.

Ahora, ¿de qué tipo de sabiduría estamos hablando? No estamos hablando acerca de especulación filosófica. Estamos hablando acerca de hacer lo correcto. Estamos hablando acerca de entender lo que está sucediendo con la mente de Dios. Estamos hablando de lo que Santiago explica con más detalle en el capítulo 3, versículo 17. La sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después, pacífica. Esto es conducta correcta en todos los asuntos de la vida. De eso estamos hablando. Y este es el tipo de sabiduría que viene de Dios. Y en algún punto, usted sabe, necesitamos regresar a esto.

Cuando los cristianos enfrentan problemas en la actualidad, la primera respuesta es normalmente acudir a alguna otra fuente humana. Pero aquí dice que, ‘si alguno de nosotros vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios’. Pídala a Dios. ¿Qué es lo que usted está pidiendo? Usted está pidiendo un entendimiento que le permitirá estar gozoso y ser sumiso. Usted está preguntando qué es lo que debe hacer que es correcto. Y sería mi gran oración que en medio de todos los problemas que la gente parece tener, que aprendan que el problema tiene la intención de llevarlos no a los hombres, sino a Dios. A encontrar en Él la única fuente de sabiduría verdadera, el camino de una respuesta correcta.

Ahora, observe de nuevo el versículo 5: “si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios.” Pídala a Dios. Ese es un imperativo. Eso no es optativo. Eso es un mandato. Ese es un mandamiento. Eso es tanto un mandato a orar, como lo es orar sin cesar. Eso es tanto un mandato a la oración como lo hemos estado aprendiendo en 1 Timoteo 2, acerca de los hombres levantando manos santas en oración. Ese es un mandato a que oremos.

Las pruebas tienen la intención de llevarnos a depender de Dios. De Él. Para hacernos reconocer que no tenemos recursos humanos, nos quedamos únicamente con un medio invisible de apoyo. El creyente verdadero, entonces, en la prueba, va a saber que necesita sabiduría y va a clamar a Dios. Él casi no puede ser restringido de clamar a Dios. Pero necesitamos hacer eso mucho más.

Al final del versículo 16 de Santiago 5, “la oración eficaz del justo puede mucho”. Y después, la ilustración de Elías, quien era un hombre con pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviera; y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y oró otra vez y el cielo dio lluvia y la tierra produjo su fruto. Dios responde a la oración. Dios responde.

Regrese al versículo 5 nuevamente del capítulo 1. Y lo que vemos es que, “si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios.” Es un mandato a que oremos. Deje que los problemas lo lleven a Dios, lo acerquen a Dios. Deje que los problemas lo lleven a oración. Y quiero decirle esto: si usted está atravesando un problema profundo en su vida y no ha enriquecido su vida de oración, no lo ha llevado al Trono de la gracia, entonces, quizás los problemas van a continuar hasta que usted finalmente despierte y comience a hacer esto.

La fuente de la sabiduría está ahí si acudimos a ella. ¿Y qué vamos a encontrar cuando lleguemos? Observe el versículo 5: “pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente.” El cual da a todos abundantemente. Tenemos un Dios generoso y de gracia que desea derramar en nosotros esas cosas que deseamos.

Y Proverbios 6, ahí el escritor dice: “sin inclinares tu oído a la sabiduría y aplicares tu corazón al entendimiento,” ¿cómo voy a obtener esto? Sí, “si clamares a la inteligencia y levantares tu voz a la inteligencia, si como a la plata la buscares y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de Jehová y hallarás el conocimiento de Dios. Porque Jehová da la sabiduría. Y de Su boca viene el entendimiento y la inteligencia.” Dios la tiene disponible y Dios quiere darla al corazón que busca. Pero hay un sentido en el que Él la retiene hasta que usted viene y pide por ella, demostrando su amor, su confianza y su dependencia de Él.

En Jeremías 29:11: “porque yo sé los pensamientos que tengo para vosotros, dice Jehová. Pensamientos de paz y no de mal para darte un fin esperado.” En otras palabras, para darte aquello que es benéfico. Entonces, “clamarás a Mí e irás y orarás a Mí y te oiré y me hallarás y me encontrarás cuando me busques con todo tu corazón. Y seré hallado por vosotros, dijo Jehová.”

Ahora, la palabra abundante es una palabra maravillosa, haplōs, significa incondicionalmente. Significa sin negociar, significa libre y generosamente. Nos recuerda a Mateo 7. Y usted conoce muy bien, yo lo sé, Mateo 7, particularmente los versículos 7 al 11, todos los hemos reclamado en una u otra ocasión. “Pedid y se os dará, buscad y hallareis, llamad y se os abrirá, porque todo aquel que pide recibe y el que busca halla y el que llama se le abrirá. ¿Y qué hombre hay entre vosotros que si tu hijo le pide pan le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le piden?” La promesa está ahí.

Cuando usted enfrenta problemas, cuando usted enfrenta dificultad, cuando usted enfrenta una prueba, acuda a Dios en oración. Él no negocia, Él no pone condiciones. Él da a todos abundante y generosamente, la sabiduría que usted necesita para entender y responder apropiadamente a esa prueba.

Él también añade, versículo 5, “y sin reproche”. Ahora, esta es una palabra antigua y lo que básicamente significa es que Él no retiene nada. Él le da generosamente, sin reservas. Es una forma negativa de la afirmación previa. Más adelante, él dice en el capítulo 1, versículo 17, que Él es el que da toda buena dádiva y todo don perfecto y en Él no hay mudanza ni sombra de variación. Él da, y da y da. Ésa es Su naturaleza, como un Dios dador. Él da sinceramente, da sin titubeo, Él da sin reservas mentales. Él no da rehusándose o enojado, eso es lo que significa. Él no está diciendo “bueno, no debo estar haciendo esto, pero hombre, voy a hacerlo, espero que lo valores.” Él no está jugando juegos con tu indignidad. Él no está recordándole a usted cuán inmerecido usted es. Él es bueno y Él es dador. Él es dadivoso y Él continúa dando. Él no retiene nada. Si a usted de falta sabiduría, a usted se le manda que pida a Dios, quien les da a todos los hombres abundantemente y liberalmente. Él no retiene nada. Y cuando usted pide, al final del versículo 5, “y le será dada,” dice.

Ninguna sabiduría, amados, y esta es una promesa, ninguna sabiduría necesaria para la perseverancia del creyente en medio de una prueba jamás es retenida de ese creyente que pide. ¿No es ésta una promesa maravillosa? Espero que entienda eso. Ninguna sabiduría que necesite un creyente para perseverar en medio de una prueba, jamás es retenida de un creyente que pide.

Algunas veces, no pedimos, hacemos todo menos pedirle a Dios. Algunas veces, deberíamos ser encontrados de rodillas, clamando de nuestros corazones a que Dios nos dé Su dirección. Me encanta lo que dice en el Salmo 81:10, quizás recuerda esto: “Yo soy Jehová tu Dios, quien te sacó de la tierra de Egipto…” Aquí viene… “abre tu boca y Yo la llenaré.” ¿No es esa una promesa maravillosa? Dios quiere proveer todo recurso necesario para un creyente en medio de la prueba.

Ahora, lo que eso significa, como he estado diciendo, es que perseveramos mediante la oración. Perseveramos mediante la oración dependiente, arrojándonos sobre Dios. En Marcos 14:38 dice: “velad y orad para que no entréis en tentación.” Peirasmos. Velar y orar para que usted no caiga en peirasmos y después, una vez que esté en ella, si usted cae en una prueba, se asegura de que nunca se convierta en una tentación al arrojarse en dependencia de Dios. Perseveramos mediante la oración. Si le pedimos a Dios.

Pero note, si es tan amable, en el versículo 6, que hay una condición para este tipo de petición. Pero pida con fe. En otras palabras, creyendo. Oración que cree. Confianza genuina.

Ahora, habiendo descripto al Padre dispuesto, Santiago ahora se vuelve al hijo que espera. Si hay una falta de sabiduría no es la culpa de Dios. Si usted no entiende su prueba, si usted está desmoronándose y usted no entiende por qué murió su esposa o por qué murió su marido o alguien se enfermó. O si usted no sabe por qué ha sido azotado por un problema económico, un problema financiero, o un problema de casa, o un problema de auto, o un problema de trabajo. O ansiedad en su corazón. Si usted está enfrentando pruebas y no puede entender por qué, entonces, la razón simple, inicialmente es que usted no le ha pedido a Dios que le dé sabiduría. Usted no lo ha buscado con todo su corazón.

Y si usted ha pedido y aun así no sabe, entonces no ha pedido con fe verdadera. Quizás, usted ha orado de manera no sincera, quizás poco como en el capítulo 4 de Santiago, en donde usted ora para consumir las cosas en sus propios deseos. Usted realmente no está pidiendo con una fe honesta, creyendo con todo su corazón que Dios puede y responderá. Quizás, usted está orando de la manera opuesta en la que los hombres deben orar según 1 Timoteo 2:8, que deben orar levantando manos santas sin ira ni contienda, sin dudar. Y usted está dudando si Dios puede ayudar o no. Usted está en contienda o quizás la palabra también podría significar diakrinomai, tiene la idea de titubear.

Pero pida con fe, no dudando nada. La palabra dudando significa dudar o disputar o debatir. Hay algunas personas que simplemente dudan que Dios puede darles una respuesta. Hay otras personas que simplemente quieren discutir con Dios, cuestionándole por qué hizo lo que hizo. Y entonces, sus oraciones no son nada más que una pelea. Pero usted no debe dudar de la provisión disponible de Dios. Usted no debe dudar del poder disponible de Dios y usted no debe dudar del propósito y la voluntad de Dios. Usted no debe debatir si Dios hizo lo que debería haber hecho o no, si algo en su vida no está bien, no hay causa de debate o disputa con Dios diciéndole a Dios que debió haberlo hecho a su manera.

La fe que no vacila simplemente cree que Dios es soberano, cree que Dios es amoroso y cree que Dios proveerá todo lo que se necesita para entender la prueba y acude a Dios en oración. Amados, no es un patrón típico que atravesamos una prueba y en lugar de ir al Señor y colocar a Sus pies sin duda alguna, sabiendo que lo puede resolver, que Él nos puede dar sabiduría sin debate o disputa con lo que Él ha hecho, simplemente lo dejamos ahí y le rogamos continuamente por sabiduría. Eso es lo que debemos hacer, pero tristemente es lo que rara vez hacemos.

En Mateo 21, simplemente para llevarlos a un par de versículos que creo que son importantes en relación a esto, Jesús respondió y les dijo: “de cierto os digo que, si tenéis fe y no dudáis, no solo haréis esto que se le ha hecho a la higuera, sino también si le dijerais a este monte quítate y arrójate al mar, será hecho. Y todo lo que pidáis en oración creyendo lo recibiréis.” Ahí Jesús esencialmente dice lo mismo, la fe mueve los músculos de la omnipotencia.

Ahora, ese no es un cheque en blanco. Usted no recibirá lo que pida para consumirlo en sus deseos pecaminosos. Usted no va a recibir lo que usted pida a menos de que esté en la voluntad de Dios. Usted no va a recibir lo que pida a menos de que traiga gloria a Dios el Padre, como dice Juan 14:13 y14. El discípulo que ora, no obstante, usando el poder de la fe, verá a Dios operando de manera dramática y repentina como Jesús. Y él va a mover montes. Y, por cierto, eso es una metáfora para algo difícil, fue usado por nuestro Señor, una figura de dicción, no refiriéndose a un monte literal.

Y una fe como una semilla de mostaza, comienza pequeña y llega a crecer. Una semilla de mostaza era la semilla más pequeña que se convertía en este árbol grande. Y lo que él estaba diciendo ahí es esto: si usted tiene una fe que comienza pequeña, pero persevera y crece, usted verá grandes movimientos de Dios en respuesta a su oración. Una confianza persistente que está creciendo alineada con la voluntad de Dios es potente y trae la sabiduría necesaria para toda prueba. ¡Qué promesa! Sea cual fuere la prueba, usted debe tener un corazón que cree, creyendo que Dios permitió esto para Su propósito. Y está bien. Creyendo que Él le va a dar la sabiduría para soportarla, para perseverar y para ser mejor de lo que jamás usted podría haber sido si no hubiera perseverado en esta prueba.

Pero observe lo opuesto en el versículo 7, o de regreso al versículo 6, casi nos saltamos ese. Versículo 6: “porque el que duda es semejante a la onda del mar que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.” La persona que duda, que va a Dios y que realmente no cree que Dios puede proveer la sabiduría y que vacila es como el mar que está inquieto y se mueve de un lado para el otro, con su marea interminable que nunca puede estar estable. Es como que el que es aventado de aquí para allá y llevado por el viento. Es como aquellos que estuvieron en el día de Josué, ¿se acuerdan, cuando iban de una a otra opinión. Es como aquellos de los días de Elías, quienes no podían decidir si Jehová era Dios o Baal era dios. Como aquellos del día de Pablo que estaban sacrificándole a los demonios y después, iban a la mesa del Señor. Esas personas quieren a Dios, pero quieren algo más y vacilan de un lado al otro. Van de un lado a otro. Esas personas tibias a quienes el Señor vomitará de Su boca porque no son ni calientes ni frías.

La persona que duda, que no va a Dios y se aferra con confianza es como el mar en el versículo 7 y dice: “no piense pues quien tal haga que recibirá cosa alguna del Señor.” No hay sentido, debo decir, en una persona así que espera que va a recibir algo del Señor. El que duda de Dios, el que debate con Dios, el que es inestable en su confianza y no está comprometido de manera sólida con el Señor, no va a recibir nada.

Esa persona, ese hombre, caracteriza a un incrédulo, como dice en una versión. También podría caracterizar a un cristiano débil que duda, que está actuando como un incrédulo. Y es realmente triste ver esto. Una persona que viene a la Iglesia y es un cristiano farsante no es real. Entra en una prueba y comienzan a dudar, disputan con Dios y se enojan con Dios y se van. Pero con mucha frecuencia, en muchas maneras, es igualmente trágico un cristiano que un cristiano débil. Enfrentan una prueba severa y en lugar de tener una actitud gozosa, una mente que entiende, una voluntad sumisa y un corazón que cree, vacilan y van de un lado para el otro. Y en cierta manera, son un manojo de nervios, controlados por sus emociones y no pueden confiar en Dios. Y no parecen poder orar y pedirle sabiduría a Dios. Literalmente, no están dispuestos a disfrutar de los recursos que Dios ha provisto en su cuenta espiritual. Y no reciben nada.

Entonces, pueden seguir y seguir en la miseria de esa prueba, nunca conociendo la resolución que está disponible de manera inmediata para ellos mediante la oración que confía de manera persistente en Dios.

El versículo 8 lo resume. “El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.” Un hombre de doble ánimo, una mujer u hombre pecaminosos. De hecho, en Santiago 4:8, “limpiad vuestras manos, pecadores y purificad vuestros corazones vosotros los de doble ánimo.” Una persona de doble ánimo es realmente un hipócrita. La persona que dice “Oh, creo en Dios,” pero cuando viene la prueba no saben qué hacer. Quizás, quieren confiar en Dios, pero no confían en Dios y vacilan, como dice aquí. Y en ese caso, no va a recibir nada. De hecho, van a ser inconstantes en todos sus caminos.

Doble ánimo es dipsuchos, el “di” al principio es dos y la palabra suchos es la palabra para alma. Dos almas, dos mentes. Un alma dividida entre Dios y el mundo. Confiando y no confiando. Creyendo y no creyendo. Uno amigo del Señor y uno amigo del mundo. Y usted recordará lo que dice Santiago 4:4: “la amistad con el mundo es enemistad con Dios.” Amar al mundo y tratar de amar a Dios al mismo tiempo. Y Juan dice que es imposible hacer eso. John Bunyan en el clásico El Progreso del Peregrino lo llamaba el ‘Señor que veía a ambos lados’.

El Salmo 12:2 habla de un corazón doble, el cual Jehová juzgará. Deuteronomio 6:5 habla de un corazón concentrado en una cosa cuando dice ‘amarás a Jehová tu Dios con todo tu corazón, alma, mente y fuerzas’. Esta es la persona indecisa. Y creo de manera más característica es el incrédulo. Pero es triste decirlo: que a veces los cristianos no creen, no se aferran a la soberanía de Dios. Confían en Dios, no hacen a un lado sus dudas, no aceptan la sabiduría que Dios, de manera dispuesta y liberalmente les provee cuando piden. Una persona así, de dos almas, el Señor que ve a ambos lados es inestable en toda área de la vida. No alguna, sino todas. Él no puede enfrentar las pruebas de la vida porque no tiene suficiente fe en Dios. Él no tiene suficiente fe en Dios para ir y buscar la sabiduría que necesita de manera desesperada.

Y esta persona que duda es condenada en esta epístola. Él no tiene confianza verdadera, no hay lealtad verdadera. Su vida entera es de vacilación. Es inestable. Es usada en 1 Corintios 14:33. Dios no es autor de confusión, él está confundido. Está en caos. Creo que también es usada en Santiago 3, es traducida en el versículo 8, no refrenada. No refrenada.

Una persona que no es constante. Que vacila. Entonces, los versículos 5 al 8 son muy simples, permítame resumirlos. Cuando usted entra a una prueba, la manera en la que usted persevera en esa prueba es recibir de Dios sabiduría divina. Ir a Dios y tener la confianza que Él da de manera libre, nunca debate, nunca discute, nunca contiende nada, sino que da exactamente lo que usted necesita para perseverar en esa prueba.

Pero la condición es que su fe sea real. Que sea una fe que no es como el mar que está turbado. Porque si usted tiene una fe que vacila, que confía y no confía, que cree y que no cree, usted se encuentra en el medio y usted no recibirá nada. De hecho, un doble ánimo así lo va a hacer inestable en toda área de la vida. La verdadera estabilidad en la vida viene para aquellos que confían en Dios en el medio de la prueba. Cualquier prueba. Entonces, un corazón que cree de manera genuina es esencial para perseverar.

Y después, finalmente, un espíritu humilde. Un espíritu humilde. Esta explicación es muy, muy rica. Versículo 9: “el hermano que es de humilde condición.” Deténgase ahí por un momento. Éste es otro mandato. Un regocijo obligatorio. El hermano que es de humilde condición, ¿qué quiere decir esto? El hombre pobre. El que está privado económicamente, el cristiano pobre, que está abajo en la escala económica. El hombre que no tiene mucho. Y usted sabe que estos creyentes que estaban dispersos, a quienes Santiago escribió, a las 12 tribus que estaban en dispersión, dice el versículo 1, eran víctimas de persecución. Eran víctimas de la privación, del racismo, de la hostilidad. La pobreza entre aquellos que estaban dispersos era algo común. Muchos de ellos eran muy pobres. Tenía muy poco.

Y la palabra aquí que se traduce de humilde condición es utilizada en la Septuaginta, la cual es el Antiguo Testamento en griego para traducir la palabra pobre, topeinos, pobre. Que las personas pobres se regocijen. ¿Qué significa eso? Esa palabra es una palabra muy rica. Significa jactarse de un privilegio o posición. Que se jacten, que se gloríen, que los pobres se jacten. Aquí está el gozo del orgullo legítimo. Quizás no tenga nada en el mundo de qué regocijarse. Quizás no tenga nada en el mundo que posea, pero regocíjese, gloríese. Es privilegio. ¿Y qué privilegio es? Porque es ¿qué? Exaltado. Él es exaltado. ¿De qué manera? Espiritualmente. Él puede ser la escoria del mundo, la suciedad del mundo, pero él puede regocijarse porque su posición delante de Dios es de exaltación.

Entonces, él dice: “si no tienen nada en esta vida, si ha sido privado de tal manera que puedes encontrarte a ti mismo en el nivel más bajo, tienes de que gloriarte porque espiritualmente eres exaltado.” Él puede tener hambre, pero tiene el Pan de vida. Él puede tener sed, pero tiene el Agua de vida. Él puede ser pobre, pero tiene riquezas eternas. Él puede ser rechazado por los hombres, pero ha sido recibido por Dios. Él puede no tener hogar aquí, pero tiene un hogar glorioso en la vida venidera. Entonces, él dice: ustedes pobres, regocíjense porque han recibido atención divina. Y porque sus pruebas están haciéndolos perfectos y eso es para exaltarlos en la dimensión espiritual. Cuando Dios quita, Él quita para hacerlos espiritualmente maduros. Cuando Él los hace espiritualmente maduros, eso es una exaltación.

Entonces, la persona que es privada puede aceptar su privación, aceptar sus pruebas, debido a la esperanza de que Dios lo está exaltando mediante esas pruebas en la dimensión espiritual y en últimas, llevándolo a la gloria futura. En últimas, llevándolo a un punto en el que él recibirá toda la herencia prometida a los santos que aman a Dios. Algún día, recibirá una herencia que hará que él se regocije con un gozo inefable lleno de gloria. Entonces, podemos regocijarnos en cualquier prueba. Podemos regocijarnos en cualquier privación. Porque Dios nos ha escogido para una posición exaltada en su Reino y Pablo dijo que los sufrimientos de este mundo no son dignos de compararse con el gozo que será nuestro en ese día.

Romanos 8:17 en adelante habla de eso. Las verdaderas riquezas son nuestras. Entonces, la pobreza es una prueba corta. No dura mucho. Y aquellos de nosotros que perseveramos en ese tipo de pruebas, de las cuales la pobreza podría ser una, podemos ver hacia adelante, a un tiempo glorioso de exaltación.

Para resumirlo, dice esto: no busquen encontrar su gozo en sus circunstancias mundanas y no quedarán decepcionados si no tienen nada. Encuentre su gozo en su exaltación espiritual. En que Dios le está salvando y le está moviendo hacia la semejanza a Cristo y algún día, le va a colocar en Su presencia.

Y, por otro lado, observe el versículo 10: “pero el que es rico, en su humillación.” Esto es, regocíjese, el mismo verso verbo debe aplicarse, exáltese, gloríese en que está siendo humillado. El hermano rico aquí, estamos hablando del cristiano rico, es el que parece que todo está su favor. Y entonces, muchas pruebas de la vida se relacionan con la pobreza, pero la persona rica que parece tenerlo todo en su lugar, que se regocije, no es su riqueza, sino en que está siendo humillado. Está siendo bajado, porque cuando una persona rica enfrenta una prueba, comienza a darse cuenta de manera realista de que todo lo que posee no puede comprar las cosas reales de la vida. El cristiano rico debe regocijarse, porque cuando él enfrenta pruebas, él tiene que enfrentar la bancarrota de las riquezas mundanas y depender de las dádivas y de la gracia de Dios.

Entonces, la persona humilde, se regocija en la provisión de Dios y la persona rica se regocija en la provisión de Dios de la misma manera. La persona que no tienen nada se regocija en lo que Dios provee. La persona que tiene todo y reconoce que no puede comprar lo que necesita, también se regocija en lo que Dios ha provisto. El cristiano pobre puede también como comentario al margen, regocijarse porque está asociado con los ricos y el cristiano rico puede regocijarse en el privilegio abnegado de ser identificado con Cristo y con creyentes pobres. ¿Por qué? Porque todos somos humillados al mismo nivel en una prueba y todos tenemos que depender de Dios, ¿verdad? Ése es el punto. El dinero no saca a la gente de sus problemas. Sus pruebas verdaderas. Oh, podría resolver tu problema económico, pero vas a encontrar muchos otros problemas que no van a poder ser resueltos con dinero.

Entonces, el punto aquí es que sea pobre o rico, las cosas pruebas vienen a la vida para humillarnos y la verdadera humildad, sea que posee mucho o poco de los bienes de este mundo, la verdadera humildad, dice: “mis recursos están en Dios.”

El gran comentarista luterano Lensky, creo que tiene un párrafo interesante. Él dice, y cito: “la fe en Cristo levanta al hermano humilde más allá de sus pruebas, a la gran altura de una posición en el Reino de Cristo, mientras que, como hijo de Dios, él es rico y se puede regocijar y gloriarse. La fe en Cristo hace algo igualmente de bendito para el hermano rico. Lo llena del Espíritu de Cristo, el Espíritu de humildad y la verdadera humildad cristiana. Conforme el hermano pobre se olvida de toda su pobreza terrenal, así el hermano rico se olvida de toda su riqueza terrenal; y los dos son iguales, están al mismo nivel por la fe en Cristo.” Fin de la cita.

Eso es correcto. Y yo creo que esa igualdad es ilustrada mediante las pruebas. Cuando usted pierde a una hija o pierde a un hijo o pierde a una esposa o pierde a un marido, no importa cuánto dinero usted tenga, nada de eso va a hacer que usted pueda comprar algo para salir de esa prueba. Nada de eso. Ahí está el ecualizador. Las pruebas nos llevan al mismo nivel de dependencia de Dios y de esta manera, nos llevan humildemente al mismo nivel el uno con el otro.

Entonces, no nos preocupamos con las cosas terrenales y en la Iglesia no exaltamos a aquellos que tienen mucho en contraste con aquellos que tienen poco, porque todas nuestras posesiones terrenales son inadecuadas para comprar lo que necesitamos espiritualmente.

Ahora, Santiago parece tener una preocupación en particular en confrontar a la gente rica. Él lo hace en el capítulo 1 y continúa haciéndolo a lo largo de la epístola, como lo veremos. Pero él dice, regrese al versículo 10, que el rico debe estar feliz porque es humillado. Porque cuando él es humillado, como puede ver, se da cuenta de que las riquezas verdaderas no son de este mundo, no están aquí. “Porque cuando sale el sol con calor abrasador la hierba se seca.” Una persona rica en general, no está hablando en particular de un cristiano rico, sino de los hombres ricos en general, van a secarse, así como la flor del pasto.

En Israel, hay tres flores muy comunes. La anémona, el ciclamen y el lirio. Y pueden florecer y usted puede ver la belleza de sus colores en febrero. Y son quemados y terminan secándose en mayo. Francamente, no es diferente de los montes de la parte sur de California, en donde florecen y usted sale de la ciudad por una semana y regresa, y otra vez en un desierto. Eso es lo que él está viendo aquí. Hay un verdadero espíritu de humildad que dice: “no voy a confiar en estas cosas que pasan tan rápido, que se queman tan rápido”. Y el poeta, en Santiago, expande su ilustración aún más en el versículo 11: “porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca. Su flor se cae y perece su hermosa apariencia. Así también se marchitará el rico en todas sus empresas.”

La forma del lenguaje griego aquí expresa lo que normalmente ocurre. El pensamiento es tomado de Isaías 40, versículos 6 al 8. Es tomado de Isaías, el profeta. Él dice: “el sol abrasador,” o literalmente el calor abrasador, se podría referir al viento conocido como el siroco que llega y literalmente aplasta a todas las flores en su camino, ese viento ardiente. Así será en el futuro el destino de los hombres ricos. El calor abrasador y el viento de la furia de la muerte, el juicio de Dios va a quemar todo de tal manera que el hombre rico debe regocijarse en sus problemas porque sus problemas lo divorciaron de la dependencia de sus recursos. Y todos sus recursos van a perecer de cualquier manera. Y puede regocijarse. Y cuando todo se haya quemado, él va a tener las riquezas verdaderas. Así como el hombre pobre.

Entonces, ¿que es necesario? ¿Qué tipo de actitud debemos tener para enfrentar las pruebas? Una actitud gozosa, una mente que entiende, una voluntad sumisa, un corazón que cree y un espíritu humilde que no confía en nuestras posesiones, sino en la provisión de Dios.

Ahora, en conclusión, regresemos a donde comenzamos. La primera prueba de la fe viva es la prueba de las pruebas. O aflicciones. La perseverancia en las pruebas caracteriza a los creyentes genuinos. Caracteriza a los creyentes genuinos. Y usted necesita verlas en su propia vida y en las vidas de otros para terminar y discernir quién es real. Es tan, tan importante.

Y conforme enfrentamos estas pruebas, el Señor nos está despojando de nuestras dependencias mundanas y acercándonos a sí mismo, mostrándonos cómo es en realidad de nuestra fe y perfeccionándonos a la semejanza a Cristo. ¡Qué pensamiento tan glorioso! Los marineros solían decir: “los vientos cruzados son los más seguros para entrar al muelle.” ¿Alguna vez ha navegado? ¿Ha tratado alguna vez de entrar a un muelle con un viento en la parte de adelante del gran barco? Muy difícil. ¿Alguna vez ha tratado de entrar a un muelle con un viendo por la parte de atrás y se ha encontrado a varios metros adentro de la playa? Los marineros tienen razón. Los vientos cruzados con los más seguros para entrar al muelle.

George Whitfield dijo, y cito: “todas las pruebas tienen dos propósitos: que podamos estar mejor familiarizados con nuestros corazones impíos y que podamos estar mejor familiarizados con nuestro Salvador amado.” Fin de la cita. Tiene razón, y para eso son. El cardenal Richelieu murió en el año 1642 y él dijo esto en una ocasión, y cito: “una persona virtuosa y con buena disposición es como el buen metal, entre más se le expone al fuego, más es refinado. Entre más adversidad encuentra, más es probado. La adversidad puede tratar de tocarlo y detenerlo, pero no puede dejar sobre él alguna huella falsa.” Fin de la cita. Es verdad.

Estaba leyendo, como me gusta hacer con frecuencia, a algunos escritores de la antigüedad en esta semana y encontré un pensamiento hermoso de Joseph Church remontándose al siglo 17. Él dijo lo siguiente: “los sufrimientos no son más que pequeñas astillas de la Cruz de Cristo”. Los sufrimientos no son más que pequeñas así de la cruz de Cristo. Él, quien sufrió tanto por nosotros y nosotros tenemos el privilegio de sufrir de una manera pequeña a favor de Él.

Quiero cerrar con un poema simplemente para dejar el pensamiento en su mente que viene de Ella Wheeler Wilcox escrito alrededor del año 1880. Ella dice esto: “no dudaré, a pesar de que todos los barcos en el mar lleguen la casa con mástiles y velas rotas. Yo creeré en la mano que nunca falla. De lo que aparentemente es malo para mí; y aunque yo pueda llorar porque esas velas están golpeadas, aun así, lloraré mientras que mis mejores esperanzas son despedazadas, yo confiaré en Ti. Yo no dudaré, aunque todas mis oraciones regresen sin ser respondidas de la esfera que todavía es blanca de arriba. Yo creeré que es un amor sabio, que me ha rehusado esas cosas que yo anhelo. Y aunque en ocasiones, yo no puedo dejar de llorar, aun así, el ardor puro de mi creencia fija arderá sin ser disminuida. No dudaré, aunque las tristezas caigan como la lluvia y los problemas me rodeen como abejas en un panal. Yo creeré en las alturas para las cuales yo lucho y de que son únicamente alcanzadas mediante la angustia y el dolor. Y aunque yo gima y tiemble con mis cruces, aun así, ve en medio de mis pérdidas más severas la ganancia mayor.”

“Sin duda alguna, estaré bien anclada en la fe como un barco fuerte, conforme mi alma enfrenta todo viento que es fuerte, es valentía de la no dejaré de tener. Aunque el mar desconocido de la muerte me enfrente, o quizás lloraré cuando el cuerpo parta del espíritu, yo no dudo. Así me oirán los mundos que escuchan con mi último suspiro.” Fin de la cita. Así es como debemos enfrentar la vida. Y así es como debemos enfrentar la muerte. Sin titubear. En todo sentido, y Dios provee eso para nosotros conforme perseveramos como Santiago nos ha enseñado. Inclinémonos en oración.

Escuche con atención, Thomas Watson dijo en una ocasión: “sea cual sea el problema que en esta vida enfrenta el hijo de Dios, es todo el infierno que jamás enfrentará.” Eso es verdad. Sea cual sea la dificultad que enfrentamos en esta vida, es todo el infierno que jamás conoceremos porque se nos ha prometido el cielo eterno. Entonces, podemos perseverar como aquellos cuya fe es real.

Un antiguo escritor puritano expresó una actitud en el medio de todas las pruebas que es tan deseable para el hijo de Dios. Permítame compartirla con usted conforme piensa en esto. Él escribió lo siguiente, y cito: “Aquí está la diferencia clara entre los piadosos y los impíos. Viene en el sufrimiento de las pruebas. Los impíos, entre más coloca el Señor Su mano sobre ellos, más murmuran y se revelan en contra de Dios. Los fieles, cuando se sienten abrumados con el pecado, turbados con los conflictos de Satanás, cuando sienten el enojo de Dios ofendido con ellos, huyen a los brazos de la misericordia de Dios y se aferran a la mano de Dios, quien está abofeteándolos, y la besan.” Fin de la cita.

Padre, sabemos que hay ocasiones cuando Tu mano nos abofetea. Y si realmente entendemos lo que Tú estás haciendo, besaríamos esa mano. No dudamos, no disputamos. No debatimos. Anhelamos, oh Señor, aceptar las pruebas que producen semejanza a Cristo, que revelan la naturaleza de nuestra fe como algo genuino o falso. Las pruebas que nos humillan, que nos alejan del mundo, que nos llaman a la esperanza eterna, que nos muestran lo que realmente amamos. Que nos enseñan a valorar Tu bendición. Que nos enseñan a cómo ayudar a otros. Que desarrollan en nosotros una mayor utilidad, que nos disciplinan para ser más puros. Señor, Te damos gracias por pruebas así. Y queremos tenerlas por sumo gozo. Y queremos entender y queremos someternos. Y queremos creer en oración para encontrar sabiduría. Y queremos humillarnos para aprender la lección de dependencia de Ti, no de los recursos humanos.

Entonces, lleva a cabo Tu propósito bueno y santo a través de todas las pruebas de la vida. Y descansamos en esta oración, en la confianza de que no hay ninguna prueba que hayamos enfrentado que no podamos enfrentar.

Pero Tú eres fiel y nunca nos dejarás ser probados más de lo que podamos resistir, sino que juntamente con la prueba, siempre darás la salida para que podamos soportar. Y de esta manera, probaremos ser Tus hijos. Entonces, lleva a cabo Tu obra en nuestros corazones. Confórtanos en nuestra prueba. Enséñanos la oración y la dependencia humilde, para que, a partir de estas cosas, podamos llegar a ser todo lo que Tú quieres que seamos. Por causa del Salvador, amén.

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17/27 – La enseñanza de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

17/27 – La enseñanza de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-ensenanza-de-cristo/

Leslie Basham: Aquí está Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Algunas de ustedes pueden estar familiarizados con un vídeo, un DVD titulado “Moldeador de  sueños”. Es la historia sobre un profesor llamado Guy Doud. Él era un profesor de secundaria y tenía un corazón para sus estudiantes. Este hombre encontró  maneras increíblemente innovadoras y creativas para motivar a sus alumnos a aprender. Él tomó interés personal en sus estudiantes, y como maestro tuvo un impacto significativo en sus alumnos. Pues bien, en 1986 Guy Doud fue invitado a la Casa Blanca, donde fue honrado por el presidente Reagan como el maestro nacional del año.

Hoy queremos mirar al hombre que tendría que ser honrado como el más grande maestro de todos los tiempos.

Leslie: ¿Quién fue el mejor maestro que jamás haya existido? Vamos a estudiar esta pregunta a medida que Nancy Leigh DeMoss continúa la serie El Cristo incomparable en Aviva Nuestros Corazones.

Nancy: El Cristo incomparable es acerca de quién estamos hablando en esta serie. Hoy queremos conocerlo como un maestro. Nunca ha habido y nunca habrá un maestro como Cristo.

De hecho, una noche, un hombre llamado Nicodemo, que era un maestro sabio y respetado, busco a Jesús y le dijo. “Sabemos que has venido de Dios como maestro…”  en Juan capítulo 3.

De manera que Nicodemo sabía que Jesús no era un maestro común. No era un rabino ordinario.  En realidad no había nadie como Él, porque Él había venido de Dios.

Los evangelios se refieren a Jesús como un maestro en más de 40 ocasiones. Jesús siempre estaba enseñando.  Él era capaz de revelar la verdad y la perspectiva eterna en momentos cotidianos de la vida y  en conversaciones. Eso es lo que hace un buen maestro. Él siempre condujo conversaciones de tal forma que le diera a la gente el punto de vista de Dios en todo lo que se estaba hablando.

Jesús fue un maestro que—a diferencia de algunos profesores que pudimos haber tenido en el pasado—Su enseñanza era convincente. Llamaba la atención, y desde el primer momento su enseñanza atrajo grandes multitudes. Mientras se propagaba de boca a boca, la gente venía desde muy lejos solo para escuchar a Jesús enseñar.

Mateo capítulo 4 nos dice:

“Y Jesús iba por toda Galilea, enseñando en sus sinagogas y proclamando el evangelio del reino…Y le siguieron grandes multitudes de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán” (vv.23-25).

Así que aquí está Jesús enseñando en la región norte de Galilea, y la gente lo escuchaba, la palabra se extendía, y venían de todas estas distancias para escuchar este nuevo rabino que enseñaba. La enseñanza de Jesús no solo atrajo grandes multitudes, pero una vez la gente era atraída, Su enseñanza provocaba y  causaba asombro. Esto se ve a lo largo de todos los evangelios.

Mateo capítulo 5 versículo 1 dice: «Cuando vio las multitudes, subió al monte, y después de sentarse, sus discípulos se acercaron a él. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo…»Ahora, ¿qué le sigue a este versículo? Mateo 5, ahí comienza el Sermón del Monte.  Así que Mateo 5, 6 y 7, se trata de lo que Jesús enseñó a los que vinieron. Al estudiar este texto, da la impresión de que esto comenzó como una pequeña reunión y que después otros se unieron al grupo. Al final del Sermón del  Monte, hay una gran multitud reunida allí en aquel monte.

Así llegamos al final del Sermón del Monte, Mateo capítulo 7, y dice: «Cuando Jesús terminó estas palabras, las multitudes se admiraban de su enseñanza…” (v. 28). Si tienes la NVI, dice que se “asombraban” de Su enseñanza. Esa palabra traducida como ‘asombraban’ en griego es ekplesso. La palabra significa literalmente que “fueron deslumbrados”. Ellos se quedaron atónitos. Ellos se sorprendieron. Ellos se asombraron.

Pero esa no fue la única vez. En Mateo capítulo 13 en el versículo 53 dice,

“Y sucedió que cuando Jesús terminó estas parábolas, se fue de allí. Y llegando a su pueblo, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que se maravillaban, otra vez la palabra griega, y decían: ¿Dónde obtuvo éste esta sabiduría y estos poderes milagrosos? ¿No es éste el hijo del carpintero?”(vv. 53-55)

¿Te das cuenta? Las enseñanzas de Jesús eran diferentes a todo lo que ellos habían oído antes.  No era más que el «hijo del carpintero». Ellos no esperaban que un comerciante tuviera este tipo de sabiduría. Después de todo, Jesús no tenía formación en el seminario. No tenía algún título de postgrado. Él obtuvo Su sabiduría de, ¿dónde? de  Dios mismo. Él era un estudiante de la Palabra de Dios. Ellos no estaban acostumbrados a escuchar de maestros que recibieran su sabiduría directamente de Dios.

A medida que continuamos en ese pasaje, llegamos al versículo 57 de Mateo capítulo 13, y te das cuenta de que la reacción—aunque estaban asombrados—no siempre fue positiva. Dice: «Y se escandalizaban a causa de Él”. Pero ¿No es cierto que también hoy día cuando muchos escuchan las enseñanzas de Jesús se ofenden y las rechazan? Tal vez no lo encuentran lo suficientemente sofisticado como para los tiempos modernos. Porque la enseñanza de Jesús no encaja con la sabiduría convencional, que va en contra de nuestra cultura.

Veamos otra instancia, en Marcos capítulo 1, donde la gente se admiraba de las enseñanzas de Jesús.

Marcos capítulo 1, “Entraron en Capernaúm; y enseguida, en el día de reposo entrando Jesús en la sinagoga comenzó a enseñar. Y se admiraban, la palabra de nuevo,  de Su enseñanza; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.” (vv. 21-22)

En algunas de sus traducciones se les llama a los escribas ‘maestros de la Ley’. Estos eran hombres que eran expertos en la Ley Mosaica. Pasaban sus vidas estudiando los detalles minuciosos de la Ley Mosaica. La enseñaban, de manera que ellos interpretaban la Ley y la interpretaban para otros. Eran expertos en la Ley, los escribas. Versículo 27. “Y todos se asombraron…” Ahora, aquí se usa una palabra griega diferente. Es una palabra que significa “estupefacto” o “atónitos”. “…de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¡Una enseñanza nueva con autoridad!”.

La enseñanza de Jesús fue, en muchos aspectos, un contraste con la enseñanza que estaban acostumbrados a oír de los escribas y los maestros y los líderes religiosos. Echemos un vistazo a algunas de las formas en que la enseñanza de Jesús era diferente. Por ejemplo, los rabinos y los escribas y los maestros religiosos a menudo citaban a otros rabinos y maestros. Tomaban ideas prestadas de fuentes humanas. Ellos exponían la tradición. Pero la palabra que se usa aquí en relación a la exposición de Jesús y la autoridad con la que Él hablaba, hace referencia a una autoridad dentro de Él mismo, no a una autoridad derivada de otros. Su mensaje venía de Su Padre. Poseía autoridad divina.

Los escribas y maestros de la ley a menudo se centraron en los detalles, en las minucias de la ley. Colaban los mosquitos y se tragaban el camello, dijo el mismo Jesús (ver Mateo 23:24). Pero Jesús se centró en asuntos de significado eterno. Él enseñó cosas que realmente importaban. Él volvía una y otra vez al mismo mensaje básico acerca del Reino de Dios, del Rey de ese Reino, y lo que significaba ser un súbdito de ese Reino.

Los comentaristas dicen que si lees el Talmud—donde los escribas escribían sus dichos—a menudo es difícil seguir las complejas divagaciones y el razonamiento de los líderes religiosos. Pero la enseñanza de Jesús, por el contrario, realmente tenía sentido. Era ordenada. Iba al grano. La gente común podía entenderlo.

Aquí hay otro contraste. Los sermones de los escribas eran a menudo confusos y engañosos (Mat 5:21). Pero los sermones de Jesús eran directos, y hablaba, pura y simplemente, la verdad.

La enseñanza de los escribas era a menudo seca y aburrida. No tenía la intención de conectar con la gente común—ellos básicamente hablaban de sí mismos. Pero la enseñanza de Jesús era agradable. Capturó la atención de multitudes, incluidos los niños. Recuerda que no había guarderías para los más pequeños. Jesús despertaba el interés de sus oyentes con historias, con ilustraciones, con descripciones visuales, y con parábolas.

Su enseñanza no estaba cargada, no era formal, y no estaba por encima del entendimiento de la gente común. No abrumaba ni confundía a los oyentes con grandes palabras, o con argumentos eruditos. Usó ejemplos cotidianos, lecciones prácticas. Conectó con hombres comunes y con los corazones de la gente. Él era un gran narrador.

Su enseñanza era bastante simple de comprender para los niños pequeños o para personas de poca educación. Sin embargo, fue también lo suficientemente profunda como para desafiar a personas como Nicodemo, que habían estudiado las Escrituras durante años.

Aquí hay otro contraste. Los escribas y los otros líderes religiosos, a menudo eran motivados por la codicia, por mantener las apariencias. Tenían el deseo de recibir la alabanza de los hombres.  ellos querían que otras personas dijeran cuán grandes maestros ellos eran. Ellos no estaban motivados, muchos de ellos, por el amor genuino hacia las personas que enseñaban.

Pero Jesús sin embargo ¡Jesús realmente amaba a la gente! Estaba motivado por la compasión. Él estaba preocupado por el bienestar eterno de Sus oyentes. Recuerda lo que pasó en Marcos 6, donde dice: «Al desembarcar, Él vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor…” Ellos estaban vagando, sin rumbo, y desvalidos e indefensos. Entonces, ¿qué hizo Él? Su compasión le movió, “y comenzó a enseñarles muchas cosas» (v. 34). Él fue el gran Pastor. Dirigió Sus ovejas y se preocupaba por ellas por su enseñanza.

Hubo otras cosas que hacían de Jesús un gran maestro. Él conocía a Sus estudiantes. Él conocía Sus corazones. No hay maestro en el reino de los humanos que pueda conocer los corazones de sus alumnos. Él no le habló solo a sus mentes, sino que habló palabras que penetraron, que traspasaron, y cambió sus corazones.

Él no solo conocía Sus estudiantes, sino que sabía lo que Sus estudiantes necesitaban escuchar, y eso es lo que Él les dio, sin importar si eso es lo que ellos querían escuchar o no. Independientemente de su respuesta, Él sabía lo que realmente ellos necesitaban, y eso fue exactamente lo que les dio.

Habló palabras a tiempo, las palabras que llenaban las necesidades de los oyentes. A veces, esas palabras eran cosas difíciles de oír. Él dijo por ejemplo: «No te preocupes por nada» (ver Mateo 6:25). Habló contra la ansiedad, contra la codicia, contra la hipocresía, y contra el divorcio. Habló de personas que pensaban que estaban sirviendo a Dios, pero que un día llegarían a estar delante de Dios y que Él les diría: «Jamás os conocí. Apartaos de mí, los que practicais la iniquidad.»(Mateo 07:23)

Si quieres ser un maestro popular, ese no es exactamente el camino a seguir, especialmente cuando tú estás hablando a los líderes religiosos. Pero Jesús habló lo que Sus oyentes debían escuchar. Ya fueran niños o padres o paralíticos o fariseos, o quien quiera que fuera, Él habló lo que ellos necesitaban oír.

Marcos capítulo 12 dice: «Y cuando ellos llegaron, le dijeron: ‘Maestro, sabemos que eres veraz y que no buscas el favor de nadie, porque eres imparcial, y enseñas el camino de Dios con verdad…” (v.14). Jesús no tenía temor de los hombres. Él amaba a Dios, y no estaba tratando de ganar un concurso de popularidad. Él amaba a la gente, y sabía darles lo que necesitaban.

Él no solo conocía a sus estudiantes y lo que ellos necesitaban escuchar, Él también conocía la Escritura. Conocía las Escrituras del Antiguo Testamento. Él no tenía una formación en el seminario formal o de grados avanzados. Él era un estudiante de la Palabra de Dios. De hecho, los evangelios nos dicen que Él citó al menos 24 libros del Antiguo Testamento. Me pregunto cuántas de nosotras podríamos hacerlo, sin necesidad de abrir nuestra Biblia, y citar 24 libros del Antiguo Testamento.

Jesús no estaba enseñando para impresionar a la gente con lo mucho que sabía sobre el Antiguo Testamento, sino que utilizaba la Palabra para apuntar a las personas hacia Dios y hacia Su Reino; les ayudaba a entender la Palabra. Les mostró cómo se conectaba a su vida y lo que Dios estaba haciendo en este mundo.

Jesús también fue un gran maestro, debido al poder de un mensaje de vida. Su vida validó Su mensaje. En otras palabras Él vivía lo que enseñaba. Su vida respaldaba Sus palabras y Él era coherente con todo lo que enseñaba. Nunca hubo una contradicción entre lo que hizo y lo que dijo. Él dijo: «Bienaventurados los mansos», y luego dijo:»Yo soy manso y humilde de espíritu.»

No se limitó a hablar de la oración, ¡Él de hecho oró! Cuando dijo: «Amad a vuestros enemigos, perdonad a los que os persiguen», Él no solo ofreció teología teórica. Él modeló lo que era devolver bien por mal, perdonar a sus enemigos, para amarlos y orar por ellos.

Y, por cierto, para aquellas de nosotras que estamos involucradas en enseñar la Palabra a otras—ya seas una mamá que provee escuela en el hogar, o quizás enseñas en un grupo pequeño que tiene una relación de discipulado uno a uno—hay tanto poder en el mensaje de tu vida. Una cosa para mí es simplemente enseñar la verdad a través de este ministerio, pero el poder viene cuando puedo decir, «Imítame como yo imito a Cristo». Cuando tengo un mensaje de vida. No que sea perfecta, pero estoy honestamente intentando seguir a Cristo en las cosas que estoy enseñando a otras.  Es de ahí de donde viene el poder. Porque hay poder en un mensaje de vida.

Jesús no solo enseñó a grandes multitudes. A veces la gente se pregunta, «¿Cuántas personas hay en la audiencia escuchándome enseñar?» Jesús pasó mucho tiempo centrado en la enseñanza de un pequeño grupo de 12 discípulos. Y luego, más tiempo aún, con un grupo más reducido, de tres de los discípulos que pasaron mucho tiempo con Él.

¿Qué estaba haciendo Jesús? ¿Por qué se enfocaba Él en este grupo más pequeño? Él estaba entrenando y preparando a Sus discípulos para llevar a cabo Su misión después de Su muerte, de Su resurrección y de Su ascensión al cielo. Él fue intencional al invertirse en ellos. Su intención era que cuando Él dejara esta tierra, ellos enseñaran a otros lo que Él les había enseñado. Y esos que Él enseñaba, luego enseñarían a otros, y de esta forma pasarían el testigo de la Verdad de una generación a otra.

Jesús enseñó a sus discípulos, al pasar tiempo con ellos. Vieron cómo vivió y vieron Su carácter cuando no había mucha gente alrededor; cuando no había nadie a quien impresionar. Él les dio la libertad de hacer preguntas, y entonces respondió esas preguntas. Usó experiencias cotidianas como momentos de enseñanza.

Algunas de ustedes pueden estar familiarizadas con el nombre de Howard Hendricks. Se conocía con el nombre de «El profesor» durante los 60 años que enseñó en el Seminario Teológico de Dallas. Se retiró hace unos años a la edad de 82 años. Era muy querido por toda una generación de estudiantes, y por muchos, como yo, que no fuimos a su seminario, pero que escuchamos  sus mensajes muchas veces a lo largo de los años. Sus enseñanzas y sus conferencias nunca fueron aburridas, y nunca ha habido un profesor más citado y citable que él.

El Profesor Hendricks dice:

En mis años de formación en el aula me enteré de que mis estudiantes estaban buscando desesperadamente «cómo» poner la verdad cristiana en la vida práctica, y decidí arriesgarme a tener encuentros cercanos con ellos para permitir que ellos me vieran a mi; para poder ser su guía, un facilitador—no para producir pecadores más inteligentes, sino para guiar a un hombre o a una mujer a ser más como Jesucristo. Mi objetivo no era solo informativo, sino transformador.

Eso me recuerda la enseñanza de Jesús. Su enseñanza no estaba esparciendo información ni llenando cabezas y cuadernos. Él estaba enseñando para ver vidas transformadas. Él dijo: «Las palabras que yo os he hablado, son vida». (Juan 6:63)

Y por cierto, esa es mi carga por el ministerio de Aviva Nuestros Corazones. Lo ha sido a través de todos estos años que hemos estado en el aire. Mi carga es que las mujeres no solo llenen sus cabezas y sus cuadernos con más contenido, sino que ellas sean fascinadas, detenidas, confrontadas por la verdad, y que respondan a ella, que se debatan con ella, y que sus corazones, sus vidas y sus mentes sean cambiadas por esa verdad,  que seamos transformadas juntas por las enseñanzas de Jesús, y seamos hechas a su semejanza.

Al pensar en la enseñanza de Cristo, permíteme sugerir otras dos aplicaciones, mientras consideramos a Cristo como maestro. En primer lugar tenemos que recordar que Su doctrina es la verdad absoluta. Tiene un peso y una autoridad absoluta. Cuando Cristo habla, Dios habla. Es potente, con autoridad, y se impone sobre nuestras vidas.

La enseñanza de Cristo es eterna. Nunca se vuelve obsoleta. Hemos visto que algunas cosas que se enseñaban en las aulas hace 20, 30  ó 40 años, eran incorrectas. Las nuevas evidencias y los nuevos estudios demuestran que no era así. Por el contrario la enseñanza de Cristo nunca se vuelve obsoleta. Es eternamente relevante. Es relevante para cada persona en todas las culturas en todos los períodos de tiempo de la historia. Su enseñanza se aplica a tu vida actual, para cada relación y para cada situación en que te encuentres. El desafío es escuchar, y dejar que transforme tu vida.

Alguien de nuestro equipo me decía el otro día—ella nos ha estado siguiendo a lo largo de esta serie… que después de leer este capítulo acerca de la enseñanza de Cristo del libro de Oswald Sanders “El Cristo incomparable”, me dijo: “Ese capítulo me hizo querer ser un estudiante experto. Si el autor de este libro (de la Biblia)  es el gran maestro de todos los tiempos, sería una locura no leerlo”. Espero que este sea el efecto que causen en ti las enseñanzas de Cristo.

Y una idea final. No estamos solo para ser beneficiarias de la enseñanza de Cristo, sino que debemos llegar a ser canales de su enseñanza, siempre aprendiendo y creciendo, pero siempre pasándola a otros. Eso no es solo para las personas como yo que tienen un micrófono, una plataforma, un programa de radio, y escribo libros. Eso es para gente como tú. Todas nosotras estamos llamadas como Cristo, a ser maestras.

Jesús dijo, cuando Él estaba a punto de ascender al cielo: « Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado…” (Mateo 28:19-20). Jesús nos manda, como sus discípulos, a enseñar a otras lo que Él nos ha enseñado.

«Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, con toda sabiduría enseñándoos y amonestándoos unos a otros…” (Colosenses 3:16). Podemos hacer eso en la vida cotidiana y en los contactos cotidianos e intercambios, en Twitter, Facebook y a través del correo electrónico—enseñando a otros lo que Dios nos ha enseñado.

«Pues aunque ya debierais ser maestros…” dice Hebreos capítulo 5. El reproducirse en otros y enseñar lo que Dios te ha enseñado a ti a través de Su Palabra es una evidencia de madurez espiritual.

Y como mujeres, muy particularmente, tenemos este mandato. Las mujeres de edad “deben enseñar lo que es bueno, y así entrenar a las mujeres jóvenes…para que la palabra de Dios no sea blasfemada”. (Ver Tito 2:3-5).

Amigas, no es necesario un aula formal. Tú no necesitas 22 estudiantes sentados en sillas mirándote a los ojos. Tú ya tienes estudiantes.

  • Las personas que te rodean.
  • Tus hijos.
  • Las personas en tu lugar de trabajo.
  • Las personas con las que te conectas de diversas maneras en tu iglesia y en tu comunidad.

Busca la forma de dirigir la conversación hacia lo eterno y hacia las necesidades del corazón de aquellas que están a tu alrededor.

Leslie: Nancy Leigh DeMoss estará de vuelta para orar. ¿Habías considerado antes la importancia de Jesús como maestro? Este mensaje me ha abierto los ojos a esta parte importante del ministerio de Jesús. Esta serie completa ha sido muy edificante. La serie se titula, El Cristo incomparable. Está abriendo mis ojos a varios  aspectos de la vida de Cristo y de Su ministerio, día a día.

Cuando las mujeres están en contacto con la Palabra de Dios de esta manera, es algo poderoso. Da forma a las actitudes, comportamientos y decisiones. Por ejemplo, Jennifer, una hermana de Chile, nos escribió para dejarnos saber lo mucho que aprecia los mensajes de Aviva Nuestros Corazones. Ella nos escribió,

¡Gracias al Señor por este ministerio! Tengo 22 años, y la primera vez que escuche a Nancy en uno de sus programas de radio, me di cuenta de muchas cosas que como mujer no estaba haciendo bien. Ahora a través de esta serie he podido ver que tengo muchas cosas que presentarle al Señor para que Él las ordene en mi vida. Nancy ha sido un gran apoyo en mi desarrollo como mujer. Ha sido como una madre para mí.

Otras hermanas como Jennifer pueden escuchar Aviva Nuestros Corazones cada día gracias a los oyentes que apoyan el ministerio financieramente. Si deseas hacer una ofrenda, te invitamos a visitar nuestra página, AvivaNuestrosCorazones.com.

La persona más talentosa, inteligente y capaz que jamás vivió fue también la más humilde. Hablaremos de esto mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Nancy concluyó el mensaje de hoy animándonos a enseñar a otras lo que nosotras hemos aprendido acerca de Jesús. Ella ahora viene para orar para que podamos vivir esto en nuestra vida diaria:

Nancy: Padre, te pido que, tal y como Tú nos has enseñado, nos hagas canales de Tu enseñanza en las vidas de los demás. Gracias por las enseñanzas de Cristo. Gracias Señor por enseñarnos por medio de tu Espíritu Santo. Oro para que nuestros corazones, en este día, sean atrapados por la enseñanza de Tu Palabra, que podamos recibirla, que podamos abrazarla, que podamos estudiarla, que podamos meditar en ella, y que nuestras vidas sean transformadas por ella. Y que nosotras a su vez podamos ser maestras de otras, que podamos enseñarlo que Tú nos has enseñado y que así podamos adornar en todo la Palabra de Dios. Oramos en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

19/63 – Un Salvador Confiable | Marcos 6:45-56

Iglesia Biblica del Señor jesucristo

Serie: Marcos

19/63 – Un Salvador Confiable | Marcos 6:45-56

Ps. Sugel Michelén

 

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano  Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

34 – El Cristiano y El trabajo 1ra Parte

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

34 – El Cristiano y El trabajo 1ra Parte

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

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