14/27 – La transfiguración de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

14/27 – La transfiguración de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

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Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss te recuerda la esperanza de la resurrección.

Nancy Leigh DeMoss: Amigas, no pasen demasiado tiempo tratando de encontrar una manera de cambiar externamente la forma de sus cuerpos. Dios va a transformar nuestros cuerpos de humillación para que sean como Su cuerpo glorioso. ¡Uff! ¡Eso me gusta!

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Los evangelios recuentan un incidente en una montaña. La ropa de Jesús comenzó a brillar, y Su gloria fue revelada. ¿Por qué fue ese momento tan significativo? Exploraremos esa pregunta continuando en la serie, El Cristo incomparable.

Nancy: A través de estas últimas sesiones, hemos estado mirando a la persona y la naturaleza de Cristo. Hemos estado viendo algunas enseñanzas doctrinales profundas aquí. Espero que todo esto esté haciendo a Cristo más real y más precioso para ti y que estés alcanzando un  mayor sentido de asombro de quién Él es y por qué vino a este mundo.

Hoy estaremos viendo una increíble escena en la vida de Cristo—lo que frecuentemente llamamos la transfiguración de Jesús. Si estás siguiendo en tu Biblia, déjame pedirte que vayas al Evangelio de Mateo, al capítulo 16.

Ahora, el recuento de la transfiguración realmente ocurre en Mateo 17, pero quiero darte algo del trasfondo y del contexto que nos ayudará a ver el escenario para este recuento de la transfiguración de Cristo.

Al llegar al capítulo 16, vemos que la gente está confundida acerca de quién es Jesús, así que Jesús pregunta a Sus discípulos, “¿Quién dice la gente que soy yo?” y Le ofrecen varias respuestas, y entonces recuerdas la asombrosa confesión que hace Pedro:  Creo que “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. (v. 16). Pedro tiene razón. Él lo ha entendido. Claro, Jesús dice, “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. (ver v. 17)

Déjame recordarte de todas las cosas que hemos estado hablando en esta serie acerca de la deidad de Cristo, de la humanidad de Cristo, de la doble naturaleza de Cristo, de la impecabilidad de Cristo; no hay manera de entender todo esto a menos que el Espíritu Santo te lo revele así como lo hizo con Pedro.

Pero entonces, todavía estamos en Mateo capítulo 16, Jesús les explica a Sus discípulos, ahora que ellos se dan cuenta de quien Él es, Él les explica lo que les espera. A la luz del hecho de que Él es el Cristo, el Hijo del Dios viviente, ellos están diciendo “Tú eres Dios, tú eres el Mesías”. La descripción de Jesús de lo que está por suceder les golpea como un montón de ladrillos. El problema es que hemos leído esto tantas veces, que no sentimos el impacto de cómo ellos se sintieron la primera vez que escucharon esto.

Observa el versículo 21 de Mateo 16. Jesús dice, antes de que pueda haber exaltación, tiene que haber humillación. Él habla acerca de Su humillación en los versículos 21 hasta el versículo 26. Déjenme leer solo una porción de esto.

Desde ese momento Jesús comenzó a mostrar a Sus discípulos  que Él debía ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas [¿Sufrir? Sí, sufrir muchas cosas] de los ancianos y sumos sacerdotes, ser asesinado, [y esto fue todo lo que ellos oyeron; ellos no oyeron la parte que sigue] y en el tercer día resucitar.

Ellos se quedaron estancados en el sufrimiento y en la muerte, y están pensando, “¡¿Qué?!” Mira el versículo 22:

Y tomándole aparte, Pedro comenzó a reprenderle, diciendo: “¡No lo permita Dios, Señor! Eso nunca te acontecerá”. Pero volviéndose Él, dijo a Pedro: “¡Quítate de delante de mí, Satanás! Me eres piedra de tropiezo; porque no estás pensando en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.” (vv. 22-23).

Así  que, antes de que pueda haber exaltación, debe haber humillación—no solo para el Maestro, como acabamos de leer, sino también para Sus siervos. Mira el versículo 24:

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.” (vv. 24-25).

Así que, primero la humillación, después la vindicación—el regreso de Cristo en gloria y el juicio final. Mira el versículo 27:

“Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de Su Padre con Sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno según su conducta . En verdad os digo que hay algunos de los que están aquí que no probarán la muerte hasta que vean al Hijo del Hombre venir en su reino.” (vv. 27-28).

Ahora, ese es el contexto, el trasfondo para la transfiguración de Jesús, el Monte de la Transfiguración acerca del cual leemos comenzando en Mateo capítulo 17, versículo 1.

“Seis días después [una semana después de toda esta conversación]  Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos; y su rostro resplandeció como el sol, y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.” (vv. 1-2).

Ahora, vamos a caminar a través de este pasaje, y quiero que veamos varias cosas acerca de la transfiguración.

Antes que todo, la transfiguración señala a la gloria de Cristo.

Esta escena parece haber tenido lugar en la noche. Leemos en el relato de Lucas que los discípulos estaban cargados con sueño (9:32). Era de noche. Había oscuridad… Pero aquí está todo brillante y claro y blanco.

Ahora, entiende este cuadro. Esto no es como una luz brillando sobre Jesús. Ésta es la gloria de Dios desde dentro de Cristo brillando hacia fuera a través de su forma humana, Dios mismo dentro de un siervo. Recuerda, Él es el Dios/hombre. Aquí está lo divino brillando a través del velo humano—la gloria de Dios emanando desde adentro.

 El relato de Lucas dice que “su ropa se hizo blanca y resplandeciente” (9:29). Esa palabra resplandeciente, en algunas traducciones más antiguas es brillante. Es una palabra que significa “emitir destellos de luz”. Es como destellos de relámpagos. Eso es lo que está pasando aquí. Así que tenemos esta luz centelleante y esta blancura resplandeciente.

Ahora, mientras reflexionas en este pasaje, trae a tu mente descripciones del Antiguo Testamento en donde la gloria y la presencia de Dios eran manifiestas. ¿Cómo lucía aquello? La manifestación de Dios en el Antiguo Testamento estaba frecuentemente acompañada por luz, fuego y resplandor.

Piensa acerca de cómo Dios se apareció primero a Moisés. ¿Cómo se le apareció? En un arbusto ardiendo en llamas.

Piensa en los Hijos de Israel en el desierto. ¿Cómo les guió Dios? Con una columna de fuego de noche y una brillante, resplandeciente nube de día.

Mientras reflexionaba en esto, tarde, ayer en la noche, mi mente fue hacia Ezequiel capítulo 1. No te pediré que vayas allí, pero hay una visión en Ezequiel de la gloria del Cristo preencarnado. Antes de que Cristo viniera a este mundo, ésta es la descripción. Escucha lo que dice:

“Y sobre el firmamento que estaba por encima de sus cabezas había algo semejante a un trono, de aspecto como de piedra de zafiro; y en lo que se asemejaba a un trono, sobre él, en lo más alto, había una figura con apariencia de hombre. Entonces vi en lo que parecían sus lomos y hacia arriba, algo como metal refulgente que lucía como fuego dentro de ella en derredor, y en lo que parecían sus lomos y hacia abajo vi algo como fuego, y había un resplandor a su alrededor.” Como el aspecto del arcoíris que aparece en las nubes en un día lluvioso, así era el aspecto del resplandor en derredor.

Podrás darte cuenta del cuadro que se presenta aquí—realmente las palabras se quedan cortas. Había esta brillante,magnífica, esplendorosa visión del Cristo preencarnado. Y Ezequiel dice:

“Tal era el aspecto de la semejanza de la gloria del SEÑOR. Cuando lo vi, caí rostro en tierra y oí una voz que hablaba.” (Ezequiel 1:28)

A Ezequiel se le dio esta visión, este atisbo de Cristo en Su gloria en el cielo, pero ahora Cristo ha venido a la Tierra. Él está caminando en Palestina. Él sube a esta montaña y lleva a tres de Sus discípulos más cercanos con Él. A ellos se les ha dado este visión de la plenitud de la gloria de Dios, un atisbo del Cristo encarnado en Su gloria.

Esta es una ocasión durante Su vida terrenal en la cual el velo es levantado, el velo de Su humanidad, y ellos ven un atisbo de la gloria que Él tenía antes de venir a esta tierra, y de la gloria que será de Cristo por toda la eternidad.

Juan capítulo 1 lo describe de esta manera: “Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” (v. 14).

El hombre que escribió eso estaba ahí en el Monte de la Transfiguración. Ellos han visto Su gloria con sus propios ojos.

Otro de los hombres que fue testigo de esto escribió en 2da Pedro capítulo 1: … “Fuimos testigos oculares de su majestad…estábamos con Él en el monte santo.”(vv.16-18).

Un comentarista dijo algo acerca de esto que pensé que podía ser útil. Él dijo,

“Esencialmente, esto no fue un nuevo milagro, sino el cese temporal de uno que estaba en curso. El verdadero milagro era que Jesús pudiera abstenerse de manifestar Su gloria la mayor parte del tiempo.”

Así que aquí esta Jesús—Él es Dios—pero lo oculta; lo cubre con carne humana durante los 33 años que vivió y caminó en esta tierra excepto por este momento en el monte donde el velo se quita y tenemos la cesación temporal de este milagro que estaba en curso.

Así que la transfiguración señala a la gloria de Cristo. También señala a Su regreso en gloria. 

Jesús les dio a Sus discípulos un anticipo de lo que estaba por venir. Esta es la gloria que ellos habían estado esperando. Esta es la gloria que ellos habían esperado del Mesías. Esto es lo que ellos pensaban que Jesús vendría a la tierra para hacer. Jesús les había dicho que habría sufrimiento, que habría una cruz, que habría traición, que habría muerte…Pero luego de esto, el Hijo del Hombre regresaría a la gloria. Él ya les había dicho eso. Ahora Él les está dando un atisbo de lo que podían esperar después de la cruz.

Y luego esta transfiguración apunta de una manera poderosa a la cruz, a la pasión, a la muerte de Cristo. El versículo 3 nos dice, “Y he aquí, se les aparecieron Moisés y Elías hablando con Él”—hablando con Jesús.

Ahora, pudieras preguntarte de qué estaban ellos hablando. Moisés, Elías y Jesús. Y podríamos hacer una serie completa acerca de esta escena, pero solo te daré la versión condensada y resumida hoy. Quiero enfocarme en el Cristo incomparable. ¿De qué estaban ellos hablando? 

El recuento de Lucas de este momento nos dice que ellos “hablaban de la partida de Jesús, que Él estaba a punto de cumplir en Jerusalén” (9:31). Ahora, Jesús les había dicho a Sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén. ¿Y qué pasaría allí? Él sufriría, y sería asesinado.

Las Escrituras dicen ahora que en Su transfiguración, Jesús estaba hablando con Moisés y Elías acerca de Su partida que ocurriría en Jerusalén. ¿De qué estaban ellos hablando? De Su muerte.

Algunas de sus traducciones más antiguas, en lugar de la palabra “partida”, dicen que ellos estaban hablando acerca de su “fallecimiento”. Algunas veces hablamos de personas que han muerto como que han partido; se han ido.

La palabra griega traducida como “deceso” es la palabra éxodo— “partir”. Piensa en esto. 1400 años antes, cuando los Hijos de Israel estaban en esclavitud, en servidumbre de los crueles capataces egipcios, Dios había levantado un libertador. ¿Cuál fue su nombre? Moisés—para guiar a los hijos de Israel fuera de la esclavitud. ¿Cómo se le llamó a eso? El Éxodo.

Ahora, aquí está Moisés, el libertador, el que presidió el éxodo, humanamente hablando, hablando con Jesús acerca de Su próximo éxodo—la muerte de Cristo—a través de la cual Dios traería liberación a gente que toda su vida había sido esclava, en servidumbre del pecado. Tú ves, el éxodo del Antiguo Testamento, solo apuntaba al éxodo del Nuevo Testamento. La muerte de Cristo, Su partida hizo posible para nosotras el ser libertadas de nuestra esclavitud del pecado.

Tú ves aquí la centralidad de la cruz en la historia de Dios. Acerca de eso era que ellos estaban hablando—de la muerte de Cristo, la cual probaría ser nuestro éxodo, nuestro rescate del pecado. Esa cruz es el punto crucial en toda la historia humana.

Mira el versículo 4:

“Entonces Pedro, tomando la palabra, dijo a Jesús: ‘Señor, bueno es estarnos aquí; si quieres, haré aquí tres enramadas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.’ El versículo 5 nos dice que: Mientras estaba aún hablando, he aquí, una nube luminosa los cubrió; y una voz salió de la nube, diciendo: ‘Este es mi Hijo amado en quien me he complacido; a Él oíd.” (Mateo 17:4-5) Oímos esta misma declaración en el bautismo de Cristo.

Pero mientras Pedro aún estaba hablando, es como si Dios le hubiera dicho “¡Cállate!”  y no quiero decir esto de una forma irreverente. Fue como, “¡Dejen de hablar! Escuchen a Jesús. Escúchenle a Él, este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.

Ahora, sabemos que no solo estaba Dios complacido en Su Hijo, el Hijo de Dios sin pecado y sin mancha, sino que yo pienso que Él  también está diciendo que estaba bien complacido con el sacrificio que Jesús se estaba alistando para hacer—el sacrificio de Su propia vida por los pecados de la humanidad.

Dios estaba diciendo, “Estoy complacido con este sacrificio. Es aceptable para Mí. Aceptaré el sacrificio de Tu vida en lugar de cada humano pecador que hayas redimido de este planeta. Jesús, lo que Tú vas a hacer al dar Tu vida es suficiente. Me satisfará. Satisfará Mi ira justa contra el pecado. Estoy complacido. Yo acepto este sacrificio”.

A menudo lees en el Antiguo Testamento acerca de sacrificios que eran de olor fragante, aceptables para Dios. Ellos apuntaban hacia  Jesús. Y Dios dice, “Estoy complacido con Mi Hijo. Estoy complacido con Su sacrificio”.

“Cuando los discípulos oyeron esto, cayeron sobre sus rostros y tuvieron gran temor [sin duda]. Entonces se les acercó Jesús [Me encanta esto…Él se acercó], y tocándolos, dijo: ‘Levantaos y no temáis’.”  (vv. 6-7).

¿Ves la misericordia y la bondad de Cristo? Ellos no fueron consumidos por la santidad y la gloria de Dios. ¿Por qué? Ellos eran pecadores. Pero en anticipación del sacrificio que Jesús iba a hacer por su pecado, Jesús los tocó y les dijo “Levantaos y no temáis”.

Si no fuera por Jesús, tú y yo tendríamos que temblar con temor de un Dios justo y santo, todos los días de nuestras vidas y por toda la eternidad. Pero podemos levantarnos y no tener temor porque Cristo ha hecho ese sacrificio.

Y cuando ellos levantaron sus ojos, no vieron a nadie sino solo a Jesús. Y cuando bajaron la montaña, Jesús les mandó diciendo, “No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos”.  (vv. 8-9).

Así que vemos en esta escena la sumisión y el sacrificio de Cristo, un asomo de lo que Él dejó a un lado para venir a la tierra. Cuando vemos Su gloria, vemos lo que le costó vestirse de humanidad. Me choca que en ese momento, con el velo de humanidad quitado lo suficiente para que nosotros viéramos la gloria que todo el tiempo había estado ahí, Jesús pudo haber optado simplemente por regresar al cielo en ese momento. Pero en vez de eso (¿no te llena esto de agradecimiento?), Él escogió volver y bajar de la montaña, a tratar con la necesidad humana, con fuerzas demoníacas, con el pecado, la muerte, la enfermedad, y la cruz.

Todo esto señala no solo a la gloria de Cristo, sino también a la cruz de Cristo…pero hay más. La transfiguración señala hacia nuestra transformación a la semejanza de Cristo. ¿Cómo así?

Las Escrituras dicen que Él fue “transfigurado” enfrente de ellos.  Esa no es una palabra que usamos en el lenguaje diario. El lenguaje original, el griego aquí, la transliteración de esa palabra es que Él tuvo una metamorfosis. Una metamorfosis tuvo lugar. Es una palabra que significa que Él cambió totalmente su apariencia. Ellos podían reconocerle aún como Jesús, pero Él se veía totalmente diferente. La gloria era tan grande. La implicación es que la gloria de Dios en nosotros es lo que nos cambiará y nos hará diferentes.

Esta es una palabra que es usada sólo en este relato—de la Transfiguración—y en otros dos lugares en el Nuevo Testamento. Uno es Romanos capítulo 12 que dice, “Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos, (transfigurados, cambiados) mediante la renovación de vuestra mente” (v. 2). Vuélvete una persona nueva, totalmente diferente. No dejes que el mundo te presione en su molde, sino conviértete en una nueva persona, transfigurada; pasa por una metamorfosis.

El segundo uso es en 2da a los Corintios capítulo 3, el versículo 18. Dice,

“Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, [como hicieron los discípulos en ese día] estamos siendo transformados [he aquí la palabra—transfigurado, metamorfosis, cambiado—tanto internamente como externamente—estamos siendo transformados] en la misma imagen de gloria en gloria”.

¡Wao! ¡Qué proceso! Mientras contemplamos al Cristo transfigurado, mientras contemplamos Su gloria, estamos siendo transfiguradas conforme a Su semejanza, transformadas. Esa transformación es un proceso invisible que toma lugar en las vidas de los creyentes durante sus vidas aquí en la tierra. Y nos está preparando para la eternidad en el cielo, donde esa plenitud de nuestra humanidad, redimida, será restaurada, sin pecado. Seremos libres de esa naturaleza pecaminosa, y seremos conformadas a la imagen de Cristo. ¡Wao!

Y una cosa más…espera, ¡hay más! No solo la transfiguración nos señala a nuestra transformación a Su semejanza, sino que también apunta a nuestra gloria futura y a la transformación final de nuestros cuerpos físicos.

Moisés y Elías, quienes habían muerto (o transportados, en el caso de Elías) cientos de años antes, aún existían. Esto era una declaración poderosa para muchos de los judíos en los días de Jesús quienes no creían en la vida después de la muerte. Ellos aún estaban vivos. Esto habla de la inmortalidad del alma y la resurrección del cuerpo.

Pero entonces miras el glorioso cuerpo resucitado de Cristo que vemos solo por un momento allí en el Monte de la Transfiguración—ropas radiantes, rostro radiante. Es un cuadro de lo que Dios tiene preparado para nosotros por lo que ha logrado para nosotros a través de Su éxodo. Así leemos en Filipenses capítulo 3:

“Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo, el cual transformará [es una palabra un poco diferente pero similar. Él transformará . Es una palabra que significa “cambiar la forma externa de”] él transformará el cuerpo de nuestro estado de humillación [¿no se gozan ustedes con esto?] en conformidad al cuerpo de su gloria” (vv. 20-21).

Amigas, no pasen demasiado tiempo tratando de buscar una manera de cambiar la forma de sus cuerpos externamente.  Porque por un lado, mientras más viejas nos ponemos, más imposible resulta esto, y por otro lado, Dios va a transformar nuestros cuerpos de humillación  para que sean como Su cuerpo glorioso. ¡Uff! ¡Me gusta eso!

Al final de los  tiempos, esa transformación externa y física de nuestros cuerpos tomará lugar. Pero mantén en mente que una transformación, una transfiguración, una metamorfosis se está llevando a cabo  ahora mismo dentro de nosotras, un cambio interno, no solo de apariencia sino también de esencia. Quienes somos está siendo cambiado conforme a Su semejanza mientras contemplamos la gloria de Dios.   Me gusta eso.

Leslie: Nancy Leigh DeMoss te ha estado mostrando por qué la transfiguración de Jesús importa tanto para ti y para mí. Pienso que ese mensaje va a darle esperanza a muchas mujeres hoy.

Cuando las mujeres son confrontadas con la Palabra de Dios, hace una diferencia inmensa en sus casas, en sus emociones, y en sus relaciones. Nancy nos da aquí un ejemplo.

Nancy: Aviva Nuestros Corazones tiene la meta de trata de conectar a las mujeres con la Palabra de Dios.

No hace mucho, una oyente escribió desde Minnesota para contarnos que eso es lo que ha pasado en su vida. Ella dijo, “Yo crecí en la iglesia pero no en la Palabra. Yo solo estaba escuchando pero nunca buscando la Palabra de Dios por mí misma”.

Pero Dios ha usado el ministerio de Aviva Nuestros Corazones para conectar a esta mujer con Su Palabra. Ahora ella está escudriñando las Escrituras por sí misma. Ella escribió, “Gracias  por su programa de radio. Ha sido una bendición en mi vida”.

Ese tipo de conexiones se dan por un trabajo en equipo. Aquellos que apoyan nuestro ministerio financieramente juegan un papel clave en ayudarnos a hablar a oyentes como ella. Así que si aprecias lo que Dios está haciendo a través de Aviva Nuestros Corazones, ¿considerarías ofrendar cualquier monto para hacer posible este ministerio?

Puedes hacer tu donación en línea en AvivaNuestrosCorazones.com, o llamarnos al 1-800-569-5959. Cuando llames déjanos saber que estás donando para el alcance hispano del ministerio, y asegúrate de dejarnos saber cómo llegaste a conocer ANC.

Leslie: ¿Alguna vez has oído personas referirse a Jesús como un profeta? Cuando comprendas un poco la forma de pensar de la gente en el tiempo de Jesús, entenderás porqué Su rol como profeta era un tema tan importante. Nancy hablará de esto mañana en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Filipenses 1. “Varón de dolores”.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

1/6 – El propósito de las pruebas

Gracia a Vosotros

Serie: Beneficiándonos de las pruebas de la vida

1/6 – El propósito de las pruebas

John MacArthur

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Al comenzar con nuestro estudio en esta noche en Santiago, capítulo 1, puede abrir su Biblia en esa sección maravillosa de las Escrituras que está tan llena de esperanza para aquellos de nosotros que enfrentamos problemas.

Mientras que usted hace eso, quiero compartir una carta con usted. Hace un par de semanas atrás, alguien me llamó por teléfono en nuestra Iglesia y me preguntó si podría hacerle una llamada telefónica a su cuñado, quien acababa de enfrentar una tragedia terrible en su vida. Y yo contesté que con mucho gusto lo haría. Y entonces, llamé. Cuando él me contestó por teléfono, cuando respondió, yo dije: “Hola, habla John MacArthur en California.” Él estaba en Colorado. Y se quedó sin palabras por un momento, porque él había escuchado la radio y las cintas, pero no me había conocido personalmente, por lo menos hasta donde yo sé. Y él dijo que no podía creer esto. No podía creer que lo llamara. Estaba sentado en la mesa escribiéndome una carta.

Y la carta llegó; y a la mitad de la carta dice “¡guau!, gracias a Dios… es aquí donde me llamaste.” Esto está en la página cuatro de la carta. “Siento como si Dios me estuviera diciendo algo, 6.15 de la tarde del 16 de marzo de 1986.” La carta dice esto: “Me gustaría contarte una historia que comienza hace más de un año atrás. La historia es demasiado compleja como para que yo la escriba en una carta, por lo menos en todos sus detalles.” Me gustaría compartir quizás un párrafo de la misma con ustedes. “Mi nombre es Dan. Te conocí en Grace Community Church brevemente y me senté en la cuarta fila de atrás atrás, ahí en la parte del medio el día 22 de diciembre del año 1985, ¿te acuerdas? Mi esposa no pudo venir porque estaba enferma. Tenemos un hijo, Lucas, de cuatro años de edad y una hija de 22 meses.”

“En marzo de 1985 le diagnosticaron un tumor cerebral en la parte derecha del cerebelo a mi esposa. El 3 de abril de 1985, Carolyn entró para que le realizaran una cirugía; y le quitaron el tumor junto con el 80% de la parte derecha de su cerebelo. El Viernes Santo del 3 de abril de 1985 las cosas se veían bien y sacaron a Carolyn de la unidad de terapia intensiva a una habitación normal.”

“El 5 de abril de 1985 me fui a casa, a la casa de sus padres. Alrededor de las 10:30 de la noche, entré a darle un beso de buenas noches a los niños. Y Sara, quien en ese entonces tenía ocho meses de edad, se veía como si sus ojos fueran de cristal y estuviera mirando al espacio. Pensé que ya no estaba con nosotros. Los doctores en el Hospital de Niños hicieron un análisis de su espina dorsal y dijeron que tenía meningitis. Me dijeron que podía morir. O tener varias deficiencias. Tomaría unas 24 horas determinar si ella sobreviviría. En ese entonces, realmente perdí el control. No podía hacer nada.”

“Conforme mi hija estaba ahí acostada en una cuna inclinada, ella estaba lastimada en sus brazos y en una pierna, tenía un catéter en su pie izquierdo, mano derecha, mano izquierda y en su cuero cabelludo. Ella estaba amarrada con sus brazos extendidos y tenía tres monitores en su pecho. Lloré. Señor, ¿por qué ella? Ella es tan inocente. No tenía ninguna respuesta. Ahí estaba tratando de evitar que mi esposa Carolyn supiera lo que estaba pasando. Carolyn estaba en otro hospital. No podía, Señor. ¿Qué haré?”

“El domingo de resurrección por la mañana, el 6 de abril estaba en el Hospital de Niños a las siete de la mañana cargando a Sara con todos los tubos y cables, sentado en una silla y una enfermera entró y me dijo que Sara había sobrevivido. Los monitores indicaban que ella había respondido bien a los antibióticos y que podían quitarle todos los aparatos. Como podrás imaginarte, durante este momento caminé mucho entre los dos hospitales. Al hacer eso, estaba usando el auto de Carolyn. Y ella escuchaba una estación de radio, KWBI AM 91 en algún lugar de Longmont, Colorado. Ahí es donde te oí por primera vez. No recuerdo la fecha. Pero estabas en la serie de cómo enfrentar la persecución en el libro de los Hechos. La primera vez que te oí, tuve que detener el auto. Estaba llorando demasiado como para manejar.”

“Mi esposa, Carolyn, peleó y se recuperó de la cirugía, aunque sus capacidades motrices nunca serían normales, nunca se dio por vencida. Ella estaba dedicada a sus hijos y a mí y a su Salvador y Señor. He incluido algunas de sus notas del estudio bíblico de la vida del Reino y están en la parte de atrás de la carta, sus propias notas escritas, obviamente, con una mano que no podía controlar muy bien, que reflejaba algo del daño cerebral. Ella no era una erudita bíblica, pero amaba al Señor. Ella murió el 8 de mayo del año 1986 en mis brazos. El tercer tumor fue inoperable. Gracias a Dios porque tenemos a un Salvador, quien ha conquistado la muerte. Conforme escribo esta carta, lo hago con lágrimas en los ojos y el olor de las flores del funeral todavía llena mi nariz.”

“No estoy escribiendo esto para buscar compasión. Simplemente, no podía dejar que pasara más tiempo, porque quería que supieras cuánto me ha bendecido a mí y a mi familia Grace to You. Y hablo por aquellos que están también afuera de mi familia. Por favor, expresa mi gratitud a tu personal en Grace to You y también a Grace Community Church.” Y después, me encanta esto al final: “Muchos de tu Iglesia han orado por Carolyn y por mí y por la familia. Y estamos orando por ustedes y por su nuevo edificio, tu amigo, Dan Hummel.”

Ahora, ahí hay un hombre quien atravesó una experiencia emocional muy, muy difícil. En una oración él dijo: “ella murió en mis brazos.” Y en la siguiente oración, él dijo: “gracias a Dios por un Salvador que ha conquistado la muerte.”

En lo más profundo de la agonía humana, hay gran esperanza para el cristiano. Hay triunfo, sin importar la profundidad del problema. Todo es cuestión de perspectiva. La familia que les mencioné en esta mañana, la familia en Romanoski, cuyas dos hijas fueron matadas ayer, se han estado quedando con Russ y Heidi Moore. Y le pregunté a Russ cómo estaba su actitud y él me dijo: “para ser honesto contigo, se están regocijando el día de hoy.” ¿Regocijándose por la muerte de dos hijas en un accidente de auto? Bueno, se están regocijando porque sus dos hijas conocían a Jesucristo y los otros dos alumnos que iban con ellas, que no murieron, no conocen a Cristo. Causa de regocijo. Es perspectiva. Atravesar cualquier prueba de la vida para un cristiano puede ser una experiencia gozosa si la perspectiva es la correcta.

Ahora, imagínese la peor prueba que usted podría enfrentar; quizás, para algunas personas podría ser una crisis financiera. Todas son inversiones se pierden. El ahorro de su vida. Para otras personas, podría ser la pérdida del empleo. Usted es despedido. No tiene ingreso para apoyar a su familia, pierde toda su dignidad. O el anuncio por parte del doctor que usted acaba de recibir palabra que usted va a tener una cirugía de bypass triple inmediatamente o que tiene un tumor cerebral masivo o que su marido lo tiene. O su hijo lo tiene. O, la noticia le acaba de llegar por teléfono que su hija acaba de chocar en un accidente de auto terrible y acaba de morir o ha sido violada. O su esposa acaba de ser asesinada por un drogadicto que acaba de meterse a la casa. O quizás, que su hijo tiene una enfermedad fatal y que sólo tiene unos cuantos días de vida. Y podríamos seguir, y seguir y seguir. Y francamente, todas estas cosas nos tocan de una u otra manera, ¿no es cierto? Porque como lo expresó Job, “el hombre nace para la aflicción como las chispas del aire vuelan hacia el cielo.” Y cualquier persona que trata de crear un mundo de fantasía en donde todo es perfecto únicamente se está preparando para una tristeza aún más profunda. Debe ser esperada.

Y tengo que confesarle que la expectativa de la realidad de la tristeza y la agonía y el problema acercándose a nosotros en cierta manera produce una sombra inclusive en nuestros gozos más elevados, ¿no es cierto? En un sentido, mitiga inclusive los acontecimientos más maravillosos de la vida y quizás esa es la razón por la que, aunque Jesús lloró, de manera más común como las Escrituras lo registran, en ningún lugar de las Escrituras dice que Él se rió. Quizás, se rió. Pero su felicidad en cualquier ocasión ciertamente habría sido oscurecida por su sentido abrumador de la tristeza por el pecado.

Todos nosotros, a un grado u otro, si pensamos de manera realista en cómo vamos a enfrentar el problema, todos vamos a mirar los ojos de la agonía en algún punto en nuestras vidas y necesitamos entender cómo enfrentar esto. Estaba tratando de pensar en esta semana conforme me sentaba en mi estudio de lo que para mí habría sido la prueba más severa de todas las pruebas. La experiencia más dolorosa que alguien puede atravesar. Y pensé en Job, el clásico, quien perdió a su familia y sus cultivos y sus animales y todo. Y pensé en eso por un momento. Perdió todas sus posesiones, perdió a todos sus hijos y lo peor es que se quedó con una esposa que no entendía nada. Él fue afectado de manera personal por la enfermedad y esto, hay que admitirlo, es una prueba bastante severa.

Pero conforme pensé más en esto, pensé en otra persona quien, a mi juicio, quizás no esté de acuerdo conmigo, pero quien en mi juicio, probablemente enfrentó potencialmente la prueba más severa que cualquier ser humano pudo haber enfrentado. Y el nombre del hombre es Abraham.

Acompáñeme por un momento a Génesis capítulo 22. Realmente, quería entrar a Santiago, pero simplemente comencé a pensar en esto y pensé que quizás esto nos podría dar una muy buena perspectiva. Creo que lo que Dios lo que Abraham enfrentara sin duda alguna es la prueba más difícil que jamás alguien ha enfrentado. En Génesis 22, versículo 1, dice: “aconteció después de estas cosas que probó Dios a Abraham.” Esta es una peirasmos, esta es una prueba para Abraham.

Él enfrentó la prueba más severa que podemos imaginarnos. Dios probó a Abraham. “…y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo,” noten ahora el énfasis, “tu único, Isaac, a quien amas,” es casi como si Dios estuviera frotando la prueba. No sólo tu hijo, no sólo tu hijo único, sino el que tú amas. “…Y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que Yo te diré.” Increíble. Quiero un sacrificio de ti y quiero un sacrificio humano. Quiero tu hijo, quiero que vayas ahí y lo mates como una ofrenda para Mí.

Esto no encajó con la teología de Abraham. No había historia alguna en el pacto de Dios del sacrificio humano. Eso era algo pagano. Ningún hijo de Dios jamás ofrecería a su propio hijo en sacrificio humano. Además, éste era el hijo de la promesa. Dios había tocado los lomos muertos de Abraham y le había permitido llegar a la consumación de una relación con su esposa, Sarah, quien también estaba seca en sus propios lomos y producir un hijo, un hijo del pacto, un hijo de la promesa, un hijo de esperanza. Un hijo de Sara, quien había sido estéril toda su vida.

¿Por qué es que Dios pediría un sacrificio humano cuando Él nunca antes había pedido un sacrificio humano? Y hacerlo, sería la antítesis de todo lo que Abraham sabía que era verdadero acerca de Dios. ¿Por qué Dios llegaría al punto de capacitar a un hombre y a una mujer que se acercaban a los 100 años de edad, que habían sido estériles toda su vida para producir un hijo y después, pedir que el hijo fuera matado? ¿Por qué Dios le haría la promesa a Abraham que sería el padre de naciones y que la simiente que saliera de sus lomos sería tan grande como la arena del mar y las estrellas del cielo y después, matar al único hijo que tenía? Toda la idea era rara. Toda esperanza de descendencia en el Abraham de edad, toda esperanza de la promesa, moriría. Abraham estaría matando a su amor, matando a las promesas de Dios, dándole un golpe a la Palabra de Dios, dándole un golpe a la virtud de Dios, dándole un golpe a la virtud de fidelidad de Dios, matando la promesa de Dios y cortando la línea del Mesías. Absolutamente inconcebible.

Y lo que hace que sea la prueba más severa de todas no es que Isaac iba a morir, sino que Abraham iba a matarlo con su propia mano. Increíble. Una cosa es que el que usted ama muera y otra cosa es que se le diga que mate a esa persona. Una prueba inconcebible. Una prueba que no tiene sentido. De ninguna manera, no teológicamente, no en términos de la naturaleza de Dios, no en términos del plan de redención, no en términos de la Palabra de Dios, no en términos de Su amor o del amor de Abraham hacia Isaac.

Si hubo algo que jamás Dios le mandó a un hombre que hiciera que merecía un argumento más bien extenso, era esto. Y habríamos entendido si Abraham hubiera dicho: “mira Dios, ¿puedes por favor explicar esto? Esto no tiene sentido. No lo puedo hacer.” Noten su respuesta, versículo 3: “Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo.” ¿Qué? En la mañana se preparó para irse y se fue. Tuvo que cortar su propia madera para quemar a su hijo, a quien mataría.

Y se levantó y fue al lugar en donde Dios le dijo que fuera. Un hombre sorprendente. Un hombre absolutamente sorprendente. Sin duda, sin retraso, sin argumento, sin disputa, sin reacción. Tres días después, versículo 4: “Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos. Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros.” Debe subrayar esto. “Yo y el muchacho iremos allí y adoraremos y volveremos.” Aquí está el secreto, mantenga eso en mente. Él dijo que ambos regresarían.

“Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos. Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?” ¡Hombre, esto es agonizante! Un hijo que confía, que no sabe lo que está pasando, lo dice de una manera tan amorosa y gentil a su padre, al hablar de este acto de adoración, ‘¿dónde están cordero?’

“Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.” Y usted debería subrayar eso. Como puede ver, yo creo que, en la profundidad del corazón de Abraham, él sabía que Dios tenía algo en mente que era coherente con la naturaleza de Dios y coherente con el pacto de Dios. No sé si él sabía lo que era específicamente, pero creo que tenía una buena idea. “Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.”

Puede detenerse en ese punto. Increíble. ¿Entiende usted al leer esa historia lo que significa cuando dice que Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia? ¿Entiende por qué el Nuevo Testamento dice que Abraham es el padre de los fieles? Él es modelo más importante de confianza en Dios que la Biblia conoce fuera de Cristo. El hombre está en el punto de meterle el cuchillo al pecho de su propio hijo. Algo impensable. ¡Qué prueba! Contradictoria, indescriptible, dolorosa, homicida. Incoherente con todo lo que él conocía acerca de Dios y, sin embargo, él es sumiso, él es obediente. Él va a adorar a costa de lo que sea. Y Dios tomó la disposición de Abraham como un ejemplo. Dios lo juzgó en base a su disposición y no lo hizo cumplir el acto.

Versículo 11: “Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios…” ¿Adivine qué? Esta fue una prueba y Abraham la aprobó. La pasó. Él obedeció la Palabra de Dios sin importar el costo. “…por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.”

Ahora, Abraham nos muestra que nosotros podemos ser probados en cosas muy cercanas a nosotros. Podríamos ser probados en cosas muy cercanas a nosotros como un hijo o una hija o un marido o esposa o amigo. Quizás, tengamos que ofrecer a nuestro propio Isaac, entregar a los que amamos más al Señor, no sólo en la muerte, pero quizás en la vida. Quizás, al dejarlos ir a donde Dios quiere que vayan y no necesariamente a donde queremos que ellos vayan. Como puede ver, cuando Abraham estuvo dispuesto a entregar a Isaac sin importar cuánto Isaac significaba para él en todo sentido, él mostró al estar dispuesto a entregarlo, escuche esto, que él tenía el derecho de quedárselo. ¿Ve eso? Él no fue posesivo, él se lo entregó a la voluntad de Dios. ¿Por qué? Porque él haría cualquier cosa que Dios le pidiera hacer.

Ahora, tenemos muchas pruebas en la vida, pero nunca me imaginaría una prueba como esa. No me puedo imaginar lo que yo haría y Dios me dijera que hiciera eso. No me puedo imaginar lo que yo enfrentaría. Pero creo que podemos concluir a partir de esto que entre más difícil la obediencia, más excelente es la obediencia. Y entre más difícil es la obediencia, más abnegación hay inherente en ella.

Entonces, aquí usted tiene una obediencia que toma un grado tremendo de negarse a uno mismo. Y, por lo tanto, es la más excelente. Abraham pasó la prueba. Él dice: “ahora sé que temes a Dios.” En otras palabras, verdaderamente reverencias a Dios a costa de lo que sea. ¡Qué prueba!

El comentario de esta prueba de Abraham se da en el onceavo capítulo de Hebreos. ¿Sería tan amable de acompañarme ahí por un momento? Hebreos, capítulo 11, en el versículo 17. ¿Cómo es que Abraham hizo esto? ¿Cómo es que pudo encontrar la fortaleza para hacer esto? Hebreos 11:17 nos dice de manera muy clara. Las primeras palabras del versículo 17 nos cuentan la historia entera. “Por…” ¿qué? La fe. “Por la fe Abraham,” aquí viene de nuevo. Lo debe subrayar. “Cuando fue probado.” Esta fue una prueba. Pienso en la radio, el otro día estaba manejando hacia la Iglesia y un pequeño ruido entró y dijo ‘esta es una prueba’. Y pensé en Abraham.

Dios estaba diciendo ‘beep’, esta es una prueba. ‘Beep’, la prueba acababa de ser concluida. Esta es una prueba. “Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia…” ¿Cómo pudo haber hecho esto? “…pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos,” ¿sabe por qué estuvo dispuesto a hacer eso? Porque él creía que Dios podía resucitar a los muertos. ¿Había visto a los muertos resucitados? No hasta donde yo sé, pero él creía que Dios podía resucitar a los muertos. Lo que él realmente creía era esto: que Dios era tan fiel a Su Palabra que si Él había hecho una promesa, inclusive resucitaría los muertos para guardarla. Una fe tremenda.

Ahora, no quiero encontrar detalles que no hay en esta historia, pero simplemente quizás Abraham estuvo un poco decepcionado cuando no se le permitió quitarle la vida a su hijo, porque a él le habría gustado ver una resurrección.

No sabemos eso, pero él creía que, si era necesario, Dios lo habría resucitado de los muertos. Ahora, ¿qué nos dice eso? Nos dice que un hombre puede atravesar la prueba más severa imaginable de la vida si él realmente confía en Dios. Y si él cree que Dios está en el trono, que Dios guardará Su promesa, que Dios nunca comete errores, que Dios siempre cumple Su Palabra y que Dios cumplirá Sus propósitos. Ése es el tipo de fe que pasa la prueba.

Cuando Abraham fue colocado en la “peirasmos,” eso es “peirasominos,” cuando él fue probado, él pasó. Y lo vuelvo a decir: ¿Es eso sorprendente? ¿Es sorprendente que este hombre sea el modelo humano más importante de fe? En Gálatas 3, versículo 7, “sabed pues que los que son de la fe son los hijos de Abraham.” Cualquier persona que vive por la fe en Dios es en un sentido espiritual un hijo de Abraham. Él es el padre de los fieles. Él es el modelo de la fe. El versículo 9 dice que los que son de la fe son bendecidos con Abraham el fiel. Él sabía que mediante sus lomos las naciones del mundo serían benditas. Y él sabía que Dios guardaba Su Palabra y Dios lo cumpliría.

Ahora, amados, tenemos que reconocer que Dios va a permitir que enfrentemos pruebas. Y lo que nos sostiene en medio de eso es nuestra confianza en Dios. Nuestra fe de que Dios está haciendo para todo para Su propósito Santo. Y yo sé que soñamos en la comodidad mundana y nos gusta crear un ambiente perfecto, nos gusta tener comodidad absoluta. Nos gusta que no existan las cosas difíciles en la vida. Queremos asegurarnos de que todo esté en control de manera perfecta.

Francamente, nunca he conocido un momento así en mi vida. De vez en cuando, creo que hay uno y descubro que no lo hay. Pero el hecho es que tenemos descanso temporal y comodidad temporal. Y en cierta manera, nos engaña al pensar que quizás podamos encontrar una ausencia permanente, cuando ése no es el caso. Me acuerdo de las palabras del salmista, ¿se acuerda? en el Salmo 30, versículo 6: “en mi prosperidad dije nunca seré movido.” Implícito, pero estuvo equivocado. Cuando estaba disfrutando, pensé que siempre sería así. Y usted puede vivir en el paraíso de un necio si usted quiere, sin predecir ningún problema, prometiéndose a sí mismo comodidad, pero eso no es lo que Cristo dijo. Él dijo: “velad y orad para que no entréis en peirasmos,” pruebas.

Velen, esperen las pruebas, oren, pidan fortaleza. Velen y oren. Estaba leyendo, como lo hago con frecuencia, las obras de Thomas Menton, un maravilloso escritor puritano. Y encontré una línea en algunas de las cosas que estaba leyendo esta semana que se quedó en mi mente. Él dijo esto: “Dios tuvo un Hijo sin pecado. Pero ningún hijo sin una cruz.” Simplemente, así es. Es parte de la vida. Tendremos problemas. El Salmo 23 dice: “sí, aunque ande en valle de sombra y de muerte no temeré mal alguno porque Tú estás conmigo.” Las pruebas vendrán. La confianza está en la presencia de Dios.

Ahora, permítame hablar un poco más a manera de introducción, como dije, quería entrar al texto mismo, pero vinieron tantas cosas a mi mente esta semana que probablemente debieron haber sido cubiertas en la introducción.

Entonces, si me permite un poco, las pruebas pueden venir a nuestra vida mediante varios medios y con varios propósitos en mente. Permítame sugerirle algunas. Muy bien, en primer lugar, las pruebas vienen para probar la fortaleza de nuestra fe. Y realmente entramos a esto la semana pasada, sólo quiero tocar esta. Las pruebas vienen para probar la fortaleza de nuestra fe.

Hay una gran ilustración de esto en 2 Crónicas 32:31, no necesita buscarlo. Le voy a citar esa parte del texto. Se relaciona con Ezequías, quien era rey. Y de Ezequías dice, escuche: “Dios lo dejó para probarlo a fin de saber todo lo que había en su corazón.” ¿Escuchó eso? Dios lo dejó para probarlo a fin de que supiera todo lo que había en su corazón. ¿Para que pudiera saber quién? Bueno no Dios, Dios no necesitaba saber mediante la prueba lo que estaba en el corazón de Ezequías, Él es omnisciente, ¿verdad?

¿Dios tiene que probarlo a usted para descubrir lo que hay en su corazón? ¡No! Dios no necesita probarnos para descubrir lo que hay en nuestro corazón. Dios nos prueba para que podamos descubrirlo nosotros. En otras palabras, Él nos ayuda al hacer ese inventario espiritual. Él nos ayuda para examinarnos a nosotros mismos. Necesito saber y usted necesita saber la fortaleza de nuestra fe. Y entonces, Dios trae pruebas a nuestras vidas para demostrarnos la fortaleza o la debilidad de nuestra fe. Si usted en este momento está enfrentando una prueba severa, eso le está demostrando la fortaleza o debilidad de su fe, ¿no es cierto? Si usted está levantando su puño contra Dios, si se pregunta por qué está pasando, si usted se está enojando todo el tiempo y preocupándose. Si usted está en ansiedad desde la mañana hasta la noche hay una buena indicación de que usted tiene una fe débil.

Si, por otro lado, usted está atravesando una prueba y se encuentra a sí mismo descansando en el Señor, habiéndolo dejado en Su cuidado, dejándolo llevar la carga del mismo y a lo largo de su vida está regocijándose lo mejor que puede en una situación difícil, esperando porque Dios le muestre la manera de salir, entonces, usted está viendo que usted posee en la fortaleza de la fe.

Entonces, en un sentido, debemos estar agradecidos por las pruebas porque nos ayudan en el inventario de nuestra propia fe. Eso es muy útil. Siempre quiero saber en dónde está mi fe para que pueda ser más fuerte. Porque entre más fuertes sea mi fe, lo más probable es que sea más útil para Dios.

Cuando Habacuc estaba atravesando el misterio de su propia situación en la promesa devastadora de que los caldeos vendrían y aplastarían a su pueblo, a pesar de todo, él dijo, “aún si la higuera no florece y el fruto no está en la vid y el olivo no produce y en el campo no hay comida y los rebaños son quitados y no hay rebaño en el establo…” En otras palabras, si todo lo que yo conozco como normativo en la vida cesa, aun así me regocijaré en el Señor. Me gozaré en el Dios de mi salvación, “Jehová Dios es mi fortaleza y Él hace mis pies como de ciervas y en mis alturas me hace andar.” Y después, al final él dice: “al cantante principal en mis instrumentos de cuerdas, esto es alabanza. Cántenlo.”

En medio de un misterio imposible de resolver, su confianza nunca si titubeó. Y en medio de esto, él supo que tenía fortaleza en su fe. Y entonces, uno de los propósitos de la prueba es revelarle a usted y a mí la fortaleza de nuestra fe para que podamos avanzar a lo largo del camino para alcanzar una mayor fortaleza. Job fue probado. Como resultado de su prueba en el capítulo 42, en ese texto conocido, él dice: “de oídas Te había oído y ahora mi ojo Te ve y me arrepiento. Me aborrezco a mí mismo. Me arrepiento en polvo y cenizas.”

En otras palabras, él dijo, quiero confesar mi pecado. Señor, nunca antes realmente Te había visto como Te veo ahora. Y me doy cuenta de que alguna de las cosas que pensaba de acerca de Ti y dije acerca de Ti y sentí acerca de Ti fueron pecaminosas. Señor, mi fe y sus debilidades han sido reveladas. Entonces, las pruebas vienen como una prueba de la fortaleza de nuestra fe.

En segundo lugar, debemos reconocer que las pruebas vienen para humillarnos. Vienen para recordarnos que no debemos pensar con mayor confianza en nuestra fortaleza espiritual como debiéramos. Está relacionado de cerca con la primera, pero es un poco diferente. Vienen no sólo para mostrarnos nuestra fortaleza, sino que vienen para humillarnos, no sea que pensemos que somos más fuertes espiritualmente de lo que somos.

Esto es ilustrado, creo yo, quizás de la manera más vívida como en cualquier otro lugar en las Escrituras en el maravilloso testimonio de Pablo en 2 Corintios 12, usted sabe. Él dice en el versículo 7: “no sea que me enaltezca en sobremanera.” En otras palabras, a menos de que yo tenga un concepto más alto de mí del que debo pensar, debido a la abundancia de revelaciones y por haber sido arrebatado al tercer cielo y todas las cosas que Pablo pudo hacer y el poder del Espíritu, milagros y señales y maravillas y obras poderosas y revelaciones que le vinieron a él por parte de Dios. Y en medio de todas estas cosas, él bien pudo haberse exaltado en su propia mente. “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en la carne para afligirme.” Simplemente, para abofetearme todo el tiempo, no sea que me exalte de sobremanera.

Y debemos reconocer que Dios permite pruebas en nuestras vidas, especialmente cuando somos bendecidos en lugares de servicio espiritual para mantenernos humildes, no sea que pensemos, que tenemos tengamos más confianza en nuestra propia fortaleza espiritual de lo que debiéramos y comencemos a sentirnos como si fuéramos invencibles.

Hay una tercera razón conforme pensé en estas cosas y estas realmente son mis propias reflexiones. Estoy tratando de verlas desde el punto de vista bíblico y personal. Yo creo que el Señor trae pruebas a nuestras vidas también para alejarnos de cosas mundanas. Para alejarnos de cosas mundanas.

¿Alguna vez, se ha dado cuenta de que conforme pasan los años, y ha acumulado más cosas, más muebles o autos o casas o cuentas de banco o lo que sea, más éxito ha tenido, más cosas mundanas ha hecho, ha estado aquí y ha estado allá, ha viajado, ha visto esto, ha oído aquello, ha notado que conforme eso ha pasado en su vida, esas cosas comienzan a tener menos y menos importancia? Hubo un tiempo usted cuando usted pensaba que eran las cosas más deseables en la vida; y ahora, usted ya no piensa eso porque no han podido satisfacer o enfrentar o ayudarle con lo que realmente importa en la vida. Realmente, no resuelven problemas profundos. Grandes ansiedades, heridas; y cuando las pruebas vienen a su vida y cuando usted busca todas estas cosas mundanas y no hacen diferencia alguna y no significan absolutamente nada, esa prueba lo está alejando de esas cosas. Porque está demostrando su incapacidad total de resolver algún problema. O de proveerle algún tipo de recurso real en un tiempo de estrés. Necesitamos ser alejados de eso.

Felipe, usted sabe, en Juan 6. Él viene a Jesús y dice: “¿cómo vamos a encontrar pan para alimentar a estas personas?” Está mirando las cosas desde un punto de vista mundano. “No hay tiendas por aquí y no hay suficiente pan de cualquier manera.” Tenemos a una multitud aquí, una multitud enorme. “¿Cómo vamos a conseguir alimento para cinco mil hombres más las mujeres y los niños?”

Y entonces, él dice: “bueno, Felipe, tú dime, ¿dónde vamos a comprar pan?” Y dice en el versículo 6: “y esto lo dijo para probarlo.” Quería saber si Felipe iba a buscar recursos mundanos. Y claro, así lo hizo. Pero no sirvió de nada en este punto porque el Señor entonces creó una comida y rápidamente, alejó a Felipe de las cosas mundanas y los satisfizo con las cosas espirituales.

Pienso en Moisés, ¿se acuerda ahí en el capítulo 11 de Hebreos, versículo 24 al 26? Él había sido criado en la casa del faraón. Él había sido criado como un príncipe en Egipto. Durante 40 años, él fue educado. Él literalmente estaba la línea de la familia del faraón para la providencia. Él había alcanzado el ápice de la sociedad egipcia, la cual estaba en la cúspide del mundo. Toda la educación, todo el dinero, todo el prestigio, todo el honor, todo el éxito, toda la comodidad estaba ahí en sus manos. Pero él consideró el menosprecio de Cristo, el ungido del Señor, riquezas mayores que los tesoros de Egipto.

Como puede ver, él había quitado sus ojos de todo eso y él había comenzado estar preocupado por la prueba de su pueblo. Y el Señor utilizó esta prueba para alejarlo de las cosas mundanas. Las pruebas van a hacer eso.

Hay un cuarto, creo yo, propósito en las pruebas. Creo que nos llaman a lo que podríamos llamar una esperanza eterna. Las pruebas en la vida, no sé cómo operan para usted, pero sé que operan así en mi vida. Las pruebas en mi vida tienden a hacerme querer ir al cielo. ¿Alguna vez ha notado eso? Eso es lo que estoy diciendo. No quiero hacerlo demasiado difícil, es bastante simple. Nos llaman a una esperanza eterna. Como el querido hombre que me escribió la carta.

Y dijo que ella murió en sus brazos, “¡gracias al Señor con un Salvador que conquistó la muerte!” De pronto, el cielo para él es más dulce de lo que jamás ha sido. La pequeña familia que perdió a dos hijas, para ellos, el cielo es más dulce de lo que jamás ha sido. Y tienen una nueva manera, una nueva falta de interés en el mundo pasajero. ¿No diría usted si usted ha perdido a un ser querido? Si las personas más preciadas en su vida y la persona más preciada en su vida, el Señor Jesucristo y si las posesiones más preciadas en su vida han sido colocadas como tesoros en el cielo, usted va a tener una relación muy, muy distante con este mundo pasajero.

Entonces, las pruebas tienden a mostrarnos la bancarrota de los recursos humanos y a alejarnos del mundo en cierta manera, nos dirigen hacia la esperanza celestial. Romanos 8, entre muchas Escrituras que podrían ser señaladas, simplemente para apoyar este pensamiento. En Romanos, capítulo 8 dice: “el Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios y si hijos, entonces herederos. Herederos de Dios y coherederos con Cristo. Si sufrimos con Él para que también seamos glorificados con Él. Y considero los sufrimientos del tiempo presente no dignos de ser comparado con la gloria que será revelada en nosotros.”

Conforme enfrento el sufrimiento, Pablo dice, simplemente me vuelvo más y más hambriento por la gloria. Y veo a la creación entera gimiendo y esperando la esperanza, esperando la gloriosa, versículo 21, liberación de los hijos de Dios. Y después, en el versículo 24 o 23, él dice “estamos gimiendo esperando la redención de nuestro cuerpo,” versículo 24, “somos salvos en esperanza.”

Entonces, enfrentamos pruebas. Las pruebas nos dan un deseo mayor por aquello que es eterno. Nos ayudan a anhelar la ciudad eterna. Colocan nuestros deseos en las cosas de arriba. Eso es algo espiritual muy importante. Nos hacen pensar en cosas divinas, cosas celestiales. Y eso es lo que Pablo dijo en 2 Corintios 4:16: “Por tanto, no desmayamos; antes, aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria.”

Y después, dice esto: “no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” ¿Cómo es que llegó a tener ese tipo de actitud? Oh, es muy fácil. Simplemente, regrese al versículo 8: “…estamos atribulados en todo… somos perseguidos… llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús.” Versículo 12, “De manera que la muerte actúa en nosotros.” Él está atravesando tantos problemas que no es sorprendente que no le guste el mundo. Él preferiría estar en la gloria.

Entonces, como puede ver, las pruebas tienen un propósito muy, muy útil. Prueban la fortaleza de nuestra fe, nos humillan, no sea que tengamos más confianza en nuestra fortaleza espiritual de lo que debiéramos. Nos alejan de cosas mundanas y nos llaman a una esperanza celestial.

En quinto lugar, las pruebas también cumplen un propósito muy importante porque revelan lo que realmente amamos. Revelan lo que realmente amamos. ¿Podría haber habido algo más querido para Abraham que Isaac? ¿Algo? ¿Es cuestionable que algo pudiera haber sido más querido por él que Isaac? ¿Algo de este mundo? Ciertamente, Dios estaba más cercano a él que Isaac, pero esa fue la prueba. Descubrir si él amaba a Isaac más de lo que amaba Dios o si él amaba a Dios más de lo que amaba a Isaac. Ésa era la prueba.

Como puede ver, las pruebas revelarán lo que usted realmente ama por cómo usted reacciona. Como puede ver, si usted ama de manera suprema a Dios, usted le dirá: “gracias, Dios, por lo que Tú estás logrando, cumpliendo a través de esto. Ayúdame a ver eso. Y Te doy la gloria a través de lo que Tú estás permitiendo que suceda.”

Pero si usted realmente se ama si mismo más que a Dios, usted dirá: “Dios, ¿por qué haces esto?” Usted se va a enojar y usted se va a molestar y usted se va a amargar y usted estará lleno de ansiedad.

Como puede ver, hay un sentido en el que, si algo está más cercano a usted que Dios, entonces, Él lo tiene que quitar. Él lo tiene que tener. Entonces, en mi propia vida sólo quiero asegurarme que nada esté más cerca de mí que el Señor, porque no quiero que lo quite. No que siempre lo haga.

Estaba pensando en esto leyendo ahí en el Pentateuco un poco y llegué a Deuteronomio, capítulo 13, versículo 3: “no escucharás las palabras de ese profeta o ese soñador de sueños.” Este sería un falso profeta. “Porque Jehová tu Dios,” escuche esto, “te prueba para saber si amas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma.” ¡Guau! El Señor está probándote para ver a quién amas en realidad. Si lo amas a Él con todo tu corazón y con toda tu alma, en Lucas 14:26: “… si alguno viene en pos de Mí y no aborrece a su padre y madre y esposa e hijos y hermanos y hermanas y también su propia vida, él no puede ser,” ¿qué?, “Mi discípulo. Y el que no lleva su propia cruz y viene en pos de Mí no puede ser Mi discípulo.”

Ahora, ¿qué es lo que está diciendo? ¿Está diciendo literalmente que es algo cristiano el odiar a todo el mundo, incluyéndote a ti mismo? No. Lo que él quiere decir con esto es que, si usted no ama a Dios, al grado que usted de manera dispuesta, si es necesario, se distancia del padre, madre, esposa, hijos, hermano, hermana y aún su propia vida, entonces no ama a Dios de manera suprema. Usted no es digno de ser Su discípulo.

¿Qué quiere decir aislarse, distanciarse? Queremos decir que usted va a hacer la voluntad de Dios en primer lugar y sobre cualquier otra cosa, sin importar lo que apela a aquellos que están cerca de usted. No importa lo que le importa a su padre o a su madre o a su esposa o a su hijo o a su hermano o a su hermana o a su propia carne. Usted hará la voluntad de Dios sin importar lo que ellos quieran, porque ahí está su amor supremo.

Dios quería, en el caso de Abraham, que Abraham y todos nosotros supiéramos a quién amaba Abraham más. Él le dijo a él: Isaac, tu único hijo a quien amas. Abraham pasó la prueba. ¿A quién amaba Abraham más que cualquier otra persona? A Dios. Y ése es el valor de la prueba. Abraham descubrió que él amaba a Dios más que a cualquier otra persona. Y todo el mundo supo eso. Es tan importante señalar eso. Cuando usted atraviesa una prueba, descubra lo que revela acerca de su amor.

Hay un sexto propósito en las pruebas que realmente es muy, muy útil. Y es el siguiente: las pruebas nos enseñan a valorar la bendición de Dios. Las pruebas nos enseñan a valorar la bendición de Dios. Nos enseñan a valorar la bendición de Dios.

La razón, la razón nos enseña a valorar el mundo. Los sentimientos, nos enseñan a valorar el placer. La fe, nos dice que valoremos el mundo de Dios. La Palabra de Dios. El favor de Dios, la bendición de Dios. La razón dice ‘aprovecha lo más que puedas del mundo’. El sentimiento, dice ‘encuentra el placer a costa de lo que sea’. La fe dice ‘obedece la palabra de Dios y se bendecido’.

Como puede ver, las pruebas nos enseñan la bendición de la obediencia. En medio de una prueba, obedecemos y somos bendecidos. Eso es lo que buscan enseñar. Nos muestran que la obediencia a costa de lo que sea trae la bendición de Dios.

El salmista dice en el Salmo 63:3, y esto a partir de la experiencia personal, “porque Tu misericordia es mejor que la vida, mis labios que alabarán.” Dios, he visto Tu misericordia y es lo mejor que hay. Lo mejor que hay. Jesús es el ejemplo perfecto de esto en Hebreos 5. En los días de Su carne, Él ofreció oraciones, súplicas con clamor, con lloro fuerte y lágrimas a Aquel que era poderoso para salvarlo de la muerte. Jesús está atravesando la prueba del huerto. Eso es lo que ahí se retrata ahí. Y Él estaba sudando gotas de sangre, llorando y clamando porque Dios lo librara. Y Él fue oído en que Él temía; y aunque Él fue Hijo y uno amado, sin embargo, Él aprendió la obediencia por las cosas que sufrió.

“Y habiendo sido perfeccionado, se volvió el Autor de la salvación eterna todos los que le obedecen.” Y escuche, mediante el sufrimiento Él fue obediente y Dios lo exaltó. Filipenses 2 lo dice de otra manera. Él fue humillado. Tomó la forma de hombre, se ofreció a sí mismo en muerte y Dios lo exaltó hasta lo sumo. Las pruebas nos colocan en medio del sufrimiento para que obedezcamos en el sufrimiento y entonces, recibamos la bendición completa de Dios.

Yo diría que cuando usted atraviesa una prueba, si usted aprende a obedecer a Dios, usted experimentará la emoción de Su bendición. Ésa es Su promesa.

Permítame darle dos más que son propósitos del sufrimiento. Número siete: el sufrimiento viene, y este es un propósito de mucho, mucho valor, el sufrimiento viene para capacitarnos para ayudar a otros en su sufrimiento. Algunas veces, cuando viene el sufrimiento viene, quizás no tenga ningún otro propósito que capacitarme mejor para ayudar a otros en su sufrimiento.

Yo pienso en eso con respecto al capítulo 22 de Lucas, en donde Jesús le dice a Pedro y el Señor le dijo: “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha deseado para zarandearos como a trigo.” Satanás te va a tomar y te va a sacudir. “Y Yo he orado por ti, que tu fe no falle.” Ahora escuche esto, “para que cuando tú te vuelvas,” tú salgas de esto. Él dice: “fortalezcas a tus hermanos.” Ahí está. Un propósito maravilloso.

Es como Jesús en Hebreos capítulo 4, Hebreos, capítulo 2, también. Quien se convierte en un sumo sacerdote misericordioso y fiel que es poderoso para ayudar a aquellos que vienen a Él porque Él ha enfrentado toda prueba que nosotros hemos enfrentado, ¿verdad? Eso es lo que lo hace a Él un sumo sacerdote fiel y misericordioso. Entonces, enfrentamos pruebas con el propósito de poder ayudar a otros. ¡Qué maravilloso! ¡Cuán maravilloso es que Dios nos permita atender por la experiencia para instruir a otros!

Y después, finalmente, el octavo. Y esto nos lleva al pasaje. Tendremos que esperar una semana, pero en octavo lugar, las pruebas vienen para desarrollar fortaleza perseverante para una mayor utilidad. Vienen para desarrollar fortaleza perseverante para una mayor utilidad. De nuevo, Thomas Menton dijo y cito: “cuando todas las cosas están en silencio y cómodas, vivimos por los sentidos en lugar de vivir por la fe. Pero el valor de un soldado nunca es conocido en tiempos de paz.” Fin de la cita. Tiene razón, el valor de un soldado nunca he conocido en tiempos de paz.

Dios tiene Su propósito en la prueba. Y con la misma, nos dará mayor fortaleza. Conforme usted atraviesa una prueba, sus músculos espirituales son ejercitados. Usted se fortalece para la siguiente. Eso significa que usted puede enfrentar un enemigo mayor. Eso significa que usted es más útil. Usted atraviesa otra prueba, y otra prueba y otra prueba. Y todas esas lo están fortaleciendo, fortaleciendo, fortaleciendo, hasta que ahora, su utilidad se está incrementando y su fortaleza lo hace más útil. Y entonces, entre más útil usted es, más es usado. Y entre usted más usado es, más logra en el poder del Espíritu para la gloria de Dios.

Entonces, permítame resumirlo. ¿Cuál es el propósito de Dios conforme Él nos prueba? En primer lugar, para probar la fortaleza de nuestra fe. Para que podamos saber en dónde está nuestra fortaleza o no lo está. En segundo lugar, para humillarnos, no sea que lleguemos a tener más confianza en nuestra propia fortaleza espiritual de lo que debiéramos. En tercer lugar, para alejarnos de cosas mundanas. En cuarto lugar, para llamarnos a una esperanza celestial para que vivamos enfocados en lo de arriba y no en lo de abajo. En quinto lugar, para revelarnos lo que realmente amamos. En sexto lugar, para enseñarnos a valorar la bendición de Dios y a valorarla conforme viene a nosotros en los tiempos de sufrimiento. En séptimo lugar, para capacitarnos para ayudar a otros en sus pruebas. Para sobrellevar los unos las cargas de los otros. Y en octavo lugar, para desarrollar una fortaleza perseverante para una mayor utilidad, para que Dios nos pueda colocar en lugares más importante de ministerio y eficacia.

Ahora, todos estos son propósitos que valen la pena. Todos estos encajan en el plan de Dios por Su gracia. Pero la pregunta todavía está en su mente, como en la mía, muy bien, van a venir.

Regresemos a Santiago 1 simplemente para un pensamiento de conclusión. Dice que van a venir. La prueba de su fe va a venir, versículo 3. Versículo 12: “bienaventurado es el hombre que soporta la prueba, después de que es probado, va a ser recompensado.” Van a venir, no hay manera de evitarlas. Y podríamos decir: “sé que van a venir y sé que todos estos son los propósitos de Dios en ellos y Él quiere cumplir todo eso. Puedo entender eso. Pero todavía no responde la pregunta: ¿cómo enfrento eso cuando estoy en medio de ellas? ¿Cómo las atravieso?” Está bien tener todo esto en una lista en mis notas del sermón, pero ¿cómo enfrento esa prueba?

Y ahí es donde es donde Santiago 1, 2 al 12 realmente habla. En primer lugar, se necesita una actitud gozosa. El primer medio para perseverar en una prueba es una actitud gozosa. “Hermanos míos tened por sumo gozo.” La segunda es una mente que entiende, “sabiendo esto, que esta prueba está produciendo algo.” La tercera es una voluntad sumisa. “Mas tenga la paciencia su obra perfecta.” En otras palabras, deje que suceda porque Dios está operando. Está llevando a cabo Su obra. La cuarta en los versículos 5 al 8 es “un corazón que cree.” Pídale a Dios lo que necesita y pida, versículo 6 dice, en ¿qué? En fe. Usted debe tener un corazón creyente, que cree, para creer que Dios tiene un propósito y que Él suplirá todo lo que usted necesita para esa prueba. Un corazón que cree.

Y finalmente, en los versículos 9 al 11, “un espíritu humilde”. Un Espíritu humilde. Usted persevera en medio de las pruebas con una actitud gozosa, una mente que entiende, una voluntad sumisa, un corazón que cree y un espíritu humilde.

Ahora, la próxima vez, vamos a ver esas últimas dos. Un corazón que cree y un espíritu humilde. Sólo quería prepararlo y que se diera cuenta de que vamos a ver verdades muy, muy emocionantes, en donde habla acerca de pedirle a Dios sabiduría, en donde habla acerca de pedir en fe, sin dudar. Habla acerca de un hombre de doble ánimo y cómo ese hombre pierde todo de Dios. Y después, vamos a ver esa área entera de un espíritu humilde y qué función tiene en la perseverancia.

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4/17 – ¡Huye de la Tentación!

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: La Vida de José

4/17 – ¡Huye de la Tentación!

David Barceló

 

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

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Amós y Oseas

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Amós y Oseas

R.C.Sproul

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En realidad, el texto de Amós ha sido por largo tiempo el favorito para todos los que participan en activismo social, porque de todos los profetas menores, Amós se destaca como la voz de Dios a favor del pobre y del oprimido.

A menudo hay muchos conceptos falsos que salen del texto de Amós, pero la mayor preocupación de Amós fue que la justicia estuviera presente en la tierra. Su preocupación por la justicia no era solo un asunto de procedimientos de justicia penal sino del comportamiento de las personas y particularmente del gobierno con respecto a las relaciones interpersonales.

Cuando consideramos a Amós, este parece ser un tipo de profeta sombrío y triste; y él pasa tanto tiempo hablando de la justicia de Dios que apenas podemos ver algo de la misericordia de Dios en su libro. Es por eso que hoy vamos a dar un vistazo a Amós y Oseas, quienes son como los profetas gemelos del siglo VIII a.C.

El énfasis de Amós es la justicia y el énfasis de Oseas es la misericordia, pero sería incorrecto suponer que todo lo que preocupaba a Amós era la justicia y que todo lo que le preocupaba a Oseas era la misericordia.

Solo estamos hablando aquí de la diferencia en el énfasis. En el libro de Amós, al principio del capítulo 1, leemos esta declaración, capítulo uno, verso tres: «Así dice el Señor: ´Por tres transgresiones de Damasco, y por cuatro, no revocaré su castigo´».

Luego, lo que sigue es un anuncio profético del juicio de Dios sobre la ciudad de Damasco. Luego en el verso 6: «Por tres transgresiones de Gaza, y por cuatro, no revocaré su castigo». Verso 9: «Por tres transgresiones de Tiro, y por cuatro, no revocaré su castigo». Versículo 11; «Por tres transgresiones de Edom, y por cuatro, no revocaré su castigo».

Y lo que ocurre aquí es una serie de oráculos entregados por Amós mediante los cuales Dios habla a través de su profeta y anuncia su juicio sobre las naciones impías y ciudades que rodean a Israel. Me gusta imaginar este escenario en el que Amós está rodeado por gente de Israel.

Él mismo es del reino del sur, de Judá, pero está profetizando ahora en el norte y lo veo reuniendo a todas estas personas a su alrededor y anunciando que Dios va a juzgar a Damasco, y cuando dice: “Por tres transgresiones” “y por cuatro, no revocaré su castigo” sobre Damasco, el pueblo está gritando y vitoreando: ‘¡Esas son buenas noticias!’

Y luego dice: “Por tres transgresiones” “y por cuatro”, va a juzgar Gaza y la gente vitorea de nuevo. Y voy a juzgar a Edom y voy a juzgar a esta nación, y a aquella nación. Y podemos ver un aumento creciente de la emoción entre la gente cuando se anuncia el juicio de Dios sobre los vecinos paganos.

Pero entonces en la cúspide de su entusiasmo, Amós dice: «Por tres transgresiones y por cuatro Oh Israel, yo no revocaré mi castigo».

Y es como si le hubiera puesto una trampa a su audiencia pues, de repente, su alegría se vuelve en amarga tristeza y hostilidad hacia la voz de este profeta. Uno de los temas más importantes que encontramos en Amós tiene que ver con una idea que está profundamente arraigada en la fe del Antiguo Testamento.

Es anterior a los profetas y era la expectativa de lo que se llamó el día del Señor. A veces es llamado el día de Jehová, y otras veces el día de la visitación de Dios. En la antigüedad, el pueblo judío anhelaba ese futuro cuando Dios mismo visitaría a su pueblo y con claridad se manifestaría y el pueblo esperaba esto con muy gran gozo.

Sin duda era su esperanza escatológica. De hecho, cuando llegamos al Nuevo Testamento y recordamos la enunciación del ángel Gabriel, no en el caso a María, sino a Zacarías, sobre el inminente nacimiento de Juan el Bautista, vemos que, bajo la influencia del Espíritu Santo, Zacarías canta el Benedictus y menciona en su cántico de alabanza su gran gozo porque Dios estaba visitando a su pueblo, y que ellos esperaban este día de la visitación.

Pero como dije, en la tradición, el día del Señor, que se esperaba, era un tiempo de la visita de la misericordia, la gracia y la salvación de Dios.  Sin embargo, veamos brevemente lo que Amós hace con esta esperanza favorita del pueblo. En el capítulo 5 verso 16, Amós dice: «Por tanto, así dice el Señor, el Señor Dios de los ejércitos: En todas las plazas hay llanto, y en todas las calles dicen: ¡Ay! ¡Ay! Llaman a duelo al labrador, y a lamentación a los que saben plañir. En todas las viñas habrá llanto, porque pasaré por en medio de ti, dice el Señor».

No dice: “pasaré por encima de ti” como lo hizo en Egipto, sino, “pasaré por en medio de ti”.  Y luego da este oráculo de condenación: «¡Ay de los que ansían el día del Señor! ¿De qué os servirá el día del Señor? Será tinieblas, y no luz; como cuando uno huye de un león, y se encuentra con un oso, o va a casa, apoya la mano en la pared, y lo muerde una culebra.

¿No será tinieblas el día del Señor, y no luz; oscuridad, y no resplandor? En otras traducciones se lee de la siguiente manera: “El día del Señor será de oscuridad, y no de luz”. Esta es la presentación más pesimista del concepto del día del Señor que encontramos en todo el Antiguo Testamento.

Pues Amós dijo: ‘¡Ay de ustedes que esperan impacientes y desean el día de la visita del Señor!; porque lo que esperan con anticipación gozosa, va a ser una tremenda sorpresa para ustedes’.

Serán como aquellos que huyen de un león y justo cuando piensan que han escapado del león, se encuentran de frente con un oso, y escapan del oso y regresan a toda prisa a la seguridad y refugio de su casa, corren dentro de la casa, cierran la puerta, suspiran de alivio, apoyan su mano en la pared y una serpiente venenosa los muerde.

Esa es la imagen que usa Amós para estas personas. Y ahora está hablando del juicio venidero sobre Jerusalén. Ahora, veremos en unos momentos que Oseas suaviza la idea del juicio que está asociada con el día del Señor y ofrece una esperanza futura para el remanente de Israel para quien el día del Señor será una bendición.

Y si seguimos este tema a través de los profetas Isaías, Sofonías por ejemplo, Joel, y en el Nuevo Testamento, veremos que el día del Señor se vuelve un concepto que es muy importante para la teología bíblica, que es una espada de doble filo.

Para aquellos que no están preparados para la venida del Señor, es un día de oscuridad, sin luz. Pero para aquellos que están esperando ansiosamente su llegada y su aparición, para ellos es un tiempo de bendición sin igual y de gracia.

En el Nuevo Testamento, la encarnación de Jesús se describe de varias formas por el término “visitación”. Incluso allí su visita a este mundo es un tiempo de excesivo gran gozo para aquellos que son fieles al pacto y dan la bienvenida a su venida.

Pero su venida también es una crisis, ya que trae juicio sobre aquellos que lo rechazan. “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”.

Incluso en los últimos días de su ministerio, Él se lamenta, el domingo de Ramos, por la ciudad de Jerusalén y les dice que la destrucción vendrá sobre la ciudad porque no estaban listos en el día de su visita.

Ahora Amós, como digo, siendo del sur incurre en la ira de los que viven en el reino del norte. El sacerdote de Betel, Amasías, acusó a Amós de conspirar en contra de Israel y él dice en el capítulo 7 verso 10: «la tierra ya no puede soportar todas sus palabras».

Y en el versículo 12, dice Amasías a Amós: «“Vete, vidente”, o tú, profeta, “huye a la tierra de Judá, come allí pan y allí profetiza; pero en Betel no vuelvas a profetizar más, porque es santuario del rey y residencia real».

Y Amós responde a Amasías con algunas palabras extrañas, pero creo que son importantes para entender este libro. Amos respondió y dijo: «Yo no soy profeta, ni hijo de profeta, sino que soy boyero y cultivador de sicómoros. Pero el Señor me tomó cuando pastoreaba el rebaño, y me dijo: Ve, profetiza a mi pueblo Israel».

Lo que está pasando aquí es que Amós niega que sea un profeta, sin embargo, aquí lo tenemos, célebre como uno de los profetas canónicos más importantes del Antiguo Testamento. ¿Por qué le anunciaría públicamente al sacerdote de Betel que él no era un profeta? «Yo no soy profeta, ni hijo de profeta.»

Bueno, la palabra que Amós usa aquí en hebreo es la palabra ‘nabi’ y nabi hizo referencia a eso. Es por eso que la versión que leí hace un rato, lo traduce vidente.

En Israel había, además de los profetas canónicos, los que fueron carismáticamente dotados por Dios para ser agentes de la revelación divina, para ser sus voceros ante la nación. También había profetas profesionales, profetas institucionales, profetas de culto que eran contratados. Y cuando Amasías rechaza a Amós, le está diciendo que él es un vidente ordinario, de culto, profesional.

Así que le dice que vaya a ejercer su profesión a otro lugar. Y Amós le responde: ‘Yo no soy esa clase de profeta. No soy un profeta con «p» minúscula. Yo soy un profeta con «P» mayúscula, porque estoy hablando la palabra del Señor’.

Así que espero que eso explique esta porción enigmática. Luego leemos que Dios va a traer juicio sobre el pueblo y él dice anteriormente en el capítulo 7: Dios mostró a Amós una plomada, y el Señor dijo: “He aquí, pondré una plomada en medio de mi pueblo Israel. Ya no volveré a dejarlos sin castigo”.

Esta plomada es una de varias visiones, está la visión del fuego, está la visión de la cesta de fruta de verano y otras, que ilustra una cosa común que encontramos en los profetas.

Los profetas son conocidos por dar ejemplos prácticos, por patrones extraños de comportamiento que muestran la verdad de Dios, como corriendo por las calles desnudo o Ezequiel acostado de lado durante muchos meses.

Y en este caso, teniendo visiones que tienen un significado simbólico para la gente que comunica la palabra de Dios. Y todas estas visiones que encontramos en el capítulo 7 y 8 tienen que ver con las visiones del juicio venidero de Dios sobre el pueblo.

Ahora, en el libro de Amós, terminaré con esto, como dije, el tema central es la rectitud o justicia social, pues lo que le preocupa a Dios sobre Israel es la inmoralidad, la injusticia social y la apostasía religiosa.

Así que Dios dice al pueblo, ‘desprecio tus fiestas; aborrezco tus asambleas solemnes; tus sacrificios se han convertido en un hedor en mi nariz, porque, aunque tienes los adornos exteriores de la religión, se están tratando unos a otros de forma opresiva, pues los pobres son vendidos por un par de zapatos’.

Luego dirige su atención a la clase rica de personas que, en su mayor parte, formaba parte, en ese tiempo, del gobierno de turno de ese tiempo, y dice que las mujeres habían llegado a ser como las vacas gordas de Basán.

Ahora imagina un profeta que se levanta hoy ante una congregación y le dice a las señoras ricas y a la iglesia: ‘ustedes vacas gordas de Basán que descansan en camas de marfil, pero venden al pobre por un par de zapatos, y no hay justicia en las puertas’.  Y cuando se habla de la justicia en las puertas, se refiere al sistema judicial que se supone debe ser imparcial y no hacer diferencia entre el pobre y el rico.

Y lo que está sucediendo en este momento es que los jueces están aceptando sobornos y están distorsionando los principios de la ley de Dios que eran una parte de su pacto.

Como ya lo mencioné, el profeta Amós hace hincapié en esta preocupación por la justicia social. Oseas, su homólogo en aquellos días, es quizás el más famoso para nosotros por lo que ocurre al principio del libro que lleva su nombre.

Oseas es elegido por Dios y le manda salir y casarse con una ramera, al parecer una prostituta profesional. Demos un vistazo a este relato que se encuentra al principio del libro de Oseas donde leemos en el primer capítulo, verso 2.

Leemos: «el Señor le dijo: Anda, toma para ti a una mujer ramera y engendra hijos de prostitución; porque la tierra se prostituye gravemente, abandonando al Señor».

Ahora, esto es importante. Como dije, los profetas usan constantemente ejemplos prácticos, y aquí tenemos el ejemplo máximo que Dios estaba tratando de demostrar a su pueblo al decirle a Oseas que se casara con una prostituta.

La razón para ello es obvia: ‘Porque mi pueblo se ha convertido en una ramera. Mi novia me ha sido infiel, pero me he mantenido casado con esta novia por tanto tiempo y he tolerado y he sido paciente con sus infidelidades; pero ahora el tiempo del juicio está cerca’.

Y así leemos en el primer capítulo: Oseas fue “y tomó a Gomer, hija de Diblaim; y ella concibió y le dio a luz un hijo. Y el Señor dijo a Oseas: Ponle por nombre Jezreel, porque dentro de poco castigaré a la casa de Jehú por la sangre derramada en Jezreel, y pondré fin al reino de la casa de Israel. Y sucederá que en aquel día quebraré el arco de Israel en el valle de Jezreel».

Una vez más prediciendo la derrota militar de Israel, que tendrá lugar en el valle de Jezreel. Y así, al primer hijo de Oseas se le da un nombre que comunica y encarna la profecía de Dios.

Luego él continúa diciendo que su esposa concibió otra vez y dio a luz una hija, y Dios le dijo: “Ponle por nombre Lo-ruhamá, porque ya no me compadeceré de la casa de Israel». El nombre significa ‘no más misericordia’.

¿Cómo te llamas pequeña? Mi nombre es ‘no más misericordia’. Dios me dio ese nombre porque le ha dicho a su pueblo y a su novia infiel: ‘Ya no lo toleraré más y no daré más misericordia. Pero la aflicción más profunda de esta interminable lección práctica creo que es el nacimiento del tercer hijo.

«Después de haber destetado a Lo-ruhamá, ella concibió y dio a luz un hijo. Y el Señor dijo: Ponle por nombre Lo-ammí”, que traducido significa “no mi pueblo”.

Y Dios está diciendo a Israel: ‘Ustedes, a quienes llamé a ser mi pueblo del pacto, ustedes con quienes me casé en el desierto y les dije que serían una luz para los gentiles, que sería su Dios y que serían mi pueblo y que los apartaría y los consagraría para ser una nación santa. ¡No más! Ahora ustedes son para mí Lo-ammi, no mi pueblo’.

Es fascinante en el Nuevo Testamento, cuando el apóstol habla del injerto de los gentiles como nosotros en la iglesia y en el reino de Dios.

Se dice de nosotros que Dios tomó un pueblo que no era su pueblo y nos hizo su pueblo, pero eso no significa que el rechazo de Dios a su pueblo del pacto, en este punto de la historia, fuera total o definitivo.

Como dije, Oseas es el profeta de la esperanza y de la misericordia. Hasta ahora, ha habido muy poca esperanza y muy poca misericordia en este texto. En el capítulo 2, Dios ordena a Oseas que se divorcie de Gomer, de nuevo para simbolizar la sentencia de Dios de divorcio contra Israel.

Pero, luego, en el capítulo 2 verso 14, leemos lo siguiente: “Por tanto, he aquí, la seduciré, la llevaré al desierto, y le hablaré al corazón. Le daré sus viñas desde allí, y el valle de Acor por puerta de esperanza. Y allí cantará como en los días de su juventud, como en el día en que subió de la tierra de Egipto. Y será en ese día, dice el Señor, que me llamarás ‘mi esposo’ y ya no más ‘mi maestro’.

Y “Te desposaré conmigo para siempre; sí, te desposaré conmigo en justicia y en derecho, en misericordia y en compasión; te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás al Señor». Y luego en el versículo 23: «Y tendré compasión de la que no recibió compasión, y diré al que no era mi pueblo: (ammí) Tú eres mi pueblo.”

Una vez más, Dios restaurará a su novia para sí mismo y llamará a su pueblo por su nombre.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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13/27 – La impecabilidad de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

 13/27 – La impecabilidad de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-impecabilidad-de-cristo/

Leslie Basham: Como una verdadera maestra de la Biblia para mujeres, Nancy Leigh DeMoss a menudo pasa horas a solas enfocada en el estudio. ¿No suena como si este fuera un ambiente seguro para alejarse del mundo y evitar el pecado?

Nancy Leigh DeMoss: Pero Dios, Él conoce el corazón. Él conoce los pensamientos. Él conoce las actitudes. Él conoce la impaciencia. Él conoce los pensamientos críticos. 

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín. Hemos estado preparando nuestros corazones para la temporada de Pascua, siguiendo a Nancy, en una serie llamada, El Cristo incomparable.

Nancy: Quiero hablar hoy de otra manera obvia en la que Cristo es incomparable. Si estás siguiendo junto a nosotras el libro de Oswald Sanders, estamos en el capítulo 13, que se llama la «La impecabilidad de Cristo».  Creo  que impecabilidad es una palabra con la que no estamos muy familiarizadas. Eso es parte de lo que hace único a Cristo y lo hace incomparable.

Mientras me preparaba para esta serie y llegué a este capítulo,  pensé: «Seguramente todos los que están escuchando este programa estarían de acuerdo en que Jesús no tenía pecado, de manera que ¿necesitamos realmente un programa completo sobre la impecabilidad de Cristo?» Pero resulta, que mientras he estudiado este tema,  me di cuenta que no necesariamente todo el mundo está de acuerdo en que Jesús era sin pecado.

De hecho, descubrí algunas estadísticas sorprendentes en una encuesta de investigación de Barna, que dice que hay casi igualdad de opiniones entre los adultos estadounidenses sobre este tema: 42% de los estadounidenses encuestados creen que Jesús pecó; solo el 40% cree que no lo hizo. Piensas, que si en esta encuesta le preguntas al público estadounidense en general y que gran cantidad de estas personas no crea en Cristo no te sorprenderías.

Pero entonces hicieron un estudio por denominaciones, con las personas que asisten a las diferentes denominaciones de creyentes. Te voy a decir que la mejor denominación para este conteo fue la Bautista. Pero escucha esto antes  de que digas un rápido «amén». A esto solo el 55% de los bautistas está en desacuerdo en que Jesús pecó cuando estuvo aquí en la tierra —y se encontraban en el tope del grupo encuestado.

Eso significa que ¡casi la mitad de los bautistas encuestados piensa que Jesús podría haber pecado o que pecó! Como alguien me dijo mientras discutíamos este tema el otro día: «¡Si Cristo es nuestra justicia, es bastante malo pensar que El pudo haber pecado!».

Vamos a hablar de todo este tema del pecado, de donde vino, y el concepto del pecado original.  Es un concepto muy doctrinal pero muy importante. En Génesis capítulo 3 encontramos—ya conoces la historia —cómo Adán y Eva, creados sin una naturaleza pecaminosa, desobedecieron la ley de Dios. Siguieron sus propios caminos de manera independiente, y pecaron.

Desde ese momento, cada ser humano nacido ha llegado a esta carrera con una naturaleza pecaminosa, excepto uno. Eso es lo que se conoce como la doctrina del pecado original o heredado. Adán nos representó a todos nosotros. Estábamos en él, y en él todos hemos nacido en este mundo como pecadores.

Ahora, eso no necesariamente quiere decir que los bebés están haciendo cosas pecaminosas. Pero pecamos porque somos pecadores. Hemos heredado esa naturaleza pecaminosa. La tenemos de nuestros padres, que a su vez la recibieron de sus padres (y madres también)…

Leemos en Romanos capítulo 5, por ejemplo que, «Por la desobediencia de un hombre  (¿quien fue ese hombre? (Adán) los muchos (o sea todos nosotros) fueron constituidos pecadores» (v. 19). «El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron» (v. 12).
Las Escrituras son muy claras al respecto. «No hay justo, ni aun uno… Todos se desviaron. . . no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno» (Romanos 3:10-12). «Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios» (Romanos 3:23).

Esa es la condición humana —caída, pecaminosa. Es cierto que tú, yo, tus hijos, tus nietos —a pesar de lo dulce que puedan ser —son pecadores con necesidad de un salvador. Estamos separados de Dios. Con una excepción, y es Jesús quien vivió una vida sin pecado. Él hizo lo que el primer Adán no pudo hacer. Él cumplió perfectamente la ley de Dios. Las Escrituras son muy claras en esto. «Él no conoció pecado» (2 Corintios 5:21). «Él fue tentado pero no pecó» (Hebreos 4:15).

Ahora la pregunta es ¿cómo pudo Él haber nacido sin una naturaleza pecaminosa, como cualquier otro ser humano en la historia del mundo desde Adán y Eva? La vida humana comienza en el momento de la concepción. En el momento en que el ADN del hombre y la mujer se combinan. Pero con Jesús no ocurrió así. ¿Recuerdas? Hemos hablado anteriormente en esta serie de que Él existió antes de la creación del mundo. Él no vino a la existencia la noche que nació en Belén. Él había existido por toda la eternidad pasada.

El cuerpo físico de Jesús que nació en Belén fue una creación especial de Dios, colocado en el útero de una adolescente llamada María. Eso es lo que llamamos el milagro del nacimiento virginal.

Si estás familiarizada con las Escrituras, en Mateo capítulo 1 versículo 18 dice, «El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera. Su madre, María, estaba desposada con José, antes de que llegaran a estar juntos se halló concibiendo del Espíritu Santo».

No me pidas que lo explique. No puedo —es sobrenatural— pero es verdadero. Lucas capítulo 1 lo dice de esta manera: «Y he aquí, concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. Vas a tener un hijo, pero Su padre va a ser Dios. Entonces María le dijo al ángel: [pregunta comprensible aquí], “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?”

No puedo quedar embarazada. No puedo tener un hijo. Nunca he conocido a un hombre. La respuesta de los ángeles es realmente importante. El ángel le respondió «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo Niño que nacerá será llamado-Hijo de Dios «(Lucas 1:31 – 35).

Jesús no fue el producto de la unión física de un hombre y una mujer, sino que fue sobrenaturalmente concebido en el vientre de María por el poder del Espíritu Santo. Esto nunca ha sucedido antes y nunca ha ocurrido desde entonces. Dios hizo esto específicamente en ese momento, en ese tiempo de la historia envió a Jesucristo como hombre a este mundo.

Se trata de una trama que ninguna de nosotras podríamos haber ideado. No podríamos haberla diseñado. No podíamos haber pensado en ella. Y si lo hubiéramos pensado, no podríamos haber hecho que esto ocurriera. Solo Dios podía hacerlo. Como resultado de que la vida de Cristo fue colocada en el vientre de María por el poder del Espíritu Santo, no le fue trasmitido el pecado de María o de José. El nacimiento virginal —que es de lo que estamos hablando aquí —es de vital importancia. Esto hizo que fuera posible que Cristo compartiera nuestra humanidad —hemos visto lo importante que esto es —el nacer de una mujer, sin compartir nuestra naturaleza pecaminosa al mismo tiempo, porque fue concebido por el Espíritu Santo.

Así que aprendemos en las Escrituras que Él fue absolutamente puro y sin mancha de pecado —desde el día en que nació, hasta el día en que murió. La impecabilidad de Cristo.

Entonces surge la pregunta: «¿Pero si no pecó, era Él en realidad totalmente humano?» Quiero recordarles que la naturaleza pecaminosa no era parte de nuestra naturaleza original. Adán y Eva eran verdaderamente humanos antes de pecar. El pecado ha sido y es una perversión de nuestra verdadera humanidad. Cristo vino  —sin pecado Dios / hombre —para restaurar nuestra humanidad completa sin pecado.

«Tú le pondrás por nombre Jesús». ¿Por qué? «Porque Él salvará a su pueblo —¿de qué?— de sus pecados» (Mateo 1:21). Este es el asombroso plan de Dios. No hay nada igual en toda la historia del universo. Él envió a Jesús a este mundo—el Dios / hombre sin pecado —concebido por el Espíritu Santo, colocado en el vientre de la virgen María. ¿Por qué? ¿Cuál era el punto? El punto es que Él vino a restaurar nuestra humanidad completa sin pecado, para rescatarnos de nuestros pecados.

La impecabilidad de Cristo fue bien probada. Fue probada por Sus amigos. Los discípulos vivieron con Él durante tres años, día tras día.  No tienes que vivir conmigo durante tres días para saber que soy una pecadora. Probablemente mucho menos tiempo que ese. Durante tres años, estos hombres vivieron, caminaron y hablaron con Cristo. Ellos lo vieron en todo tipo de circunstancias. Dos de los discípulos que estuvieron más cerca de Jesús, luego escribieron cartas que hablaban de Su impecabilidad.

Juan dice en 1era de Juan capítulo 3 versículo 5: “En él no hay pecado”.

Pedro dice en 1era de Pedro  capítulo 2: «Él cual no cometió pecado, ni engaño alguno se halló en su boca» (1 Pedro 2:22).

Solo piénsalo por un momento. Jesús nunca, nunca pecó —desde Su nacimiento hasta el día en que murió. Él nunca pecó de palabras, acciones, actitudes. Nunca fue impaciente, arrogante, grosero, egoísta, cruel. Nunca desobedeció a Sus padres, nunca eligió Su propio camino en lugar del de Dios. No solo había esta ausencia de pecado, sino que también estaba  la santidad positiva. Él dijo e hizo todo lo que el Padre le dijo que hiciera. Amó a Dios y a los demás perfectamente cada momento de Su vida.

Pienso en mi propia vida, cuando me siento en mi estudio durante horas y horas, según lo que las personas supondrían, sin cometer ningún pecado visible. No hay nadie en la habitación. Se pudiera decir, «Ella no está pecando. Ella está allí estudiando la Biblia para Aviva Nuestros Corazones«. Pero Dios conoce el corazón. Él conoce los pensamientos. Él conoce las actitudes. Él conoce la impaciencia. Él conoce los pensamientos críticos.

Pero por el otro lado, de manera positiva, la santidad activa. Él siempre hizo lo que le agradaba al Padre. Jesús dice, tanto en el Salmo 40  versículo 8, y luego lo repite en Hebreos capítulo 10 de los versículos 5-7: «Me deleito en hacer tu voluntad, Dios mío;tu ley está dentro de mi corazón». Eso describe a Jesús.

¡No solo no rompió la ley de Dios ni una vez, sino que la cumplió perfectamente cada momento de cada día de su vida! Pienso en ese pasaje de Miqueas capítulo 6 versículo 8 que a menudo escuchamos. “Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno”.

¿Y qué es lo que demanda el Señor de ti,sino sólo practicar la justicia, amar la misericordia,y andar humildemente con tu Dios? (Miqueas 6:8). Cristo cumplió perfectamente ese mandato.

No solo Sus amigos testificaron de Su impecabilidad, sino que Sus enemigos también daban testimonio de ella.

Pilato les dijo: «No encuentro delito en este hombre» aun cuando lo intentó varias veces (Lucas 23:4). Este hombre no ha pecado, no ha hecho nada malo. Judas dijo: «He pecado entregando sangre inocente» (Mateo 27:4). El ladrón en la cruz dijo: «recibimos lo que merecemos por nuestros hechos, pero éste nada malo ha hecho» (Lucas 23:41). Aun los demonios, cuando los exorcizaba, dijeron: » Yo sé quién eres: el Santo de Dios» (Lucas 4:34). Sus enemigos testificaron de Su impecabilidad.

Jesús mismo testificó que en Él no tenía pecado. Ahora bien, alguien podría decir que no tiene pecado, pero tendría que ser muy arrogante para decir eso, a menos que fuera cierto. Pero en el caso de Jesús, es cierto.

Escucha estos versículos del Evangelio de Juan. Jesús dijo: «yo siempre hago lo que le agrada [a mi Padre]» (Juan 8:29). ¿Podría cualquiera de nosotros decir esto? Él preguntó en Juan  capítulo 8: ¿Quién de vosotros me prueba que tengo pecado? (Juan 8:46). Hagamos una pausa, mira a tu alrededor,  Quiero decir, yo no me atrevería a hacer esa pregunta en una habitación llena de gente. En el caso de Jesús, había una gran cantidad de gente que quería acabar con Él, pero nunca hubo una acusación de pecado que le pudieran demostrar o imputar.

Por cierto, la pregunta sigue sin respuesta todavía hoy. Nadie jamás ha condenado a Jesús de pecado. Jesús dijo en Juan  capítulo 15:

«Yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en Su amor » (Juan 15:10).

Así que dices, «¿Por qué insistir en esto?» Jesús tenía que ser sin pecado, a fin de ser un sacrificio satisfactorio por nuestros pecados. Déjame llevarte por un momento de vuelta al sistema de sacrificios del Antiguo Testamento. En el Antiguo Testamento, los fieles que querían estar bien con Dios, que sabían que habían pecado, iban al tabernáculo o al templo, se presentaban ante el sacerdote, y  traían un cordero. O bien, si eran pobres, ellos traían algo menos costoso, pero algún tipo de animal debía ser sacrificado para expiar sus pecados.

Ahora el animal no expiaría sus pecados. Pero el animal sería asesinado y su sangre sería derramada. El animal moría como sustituto en lugar del pecador. Por supuesto, estos animales eran solo un tipo que apuntaba al Cristo que habría venir.

Los corderos —y lees esta frase muchas veces en el Antiguo Testamento —tenían que ser «sin mancha». No podías entregarle a Dios el más  pequeño de la camada. No podías entregarle a Dios los corderos que nadie más quería. Tenía que ser un cordero sin mancha.

Entonces, una vez al año en la Pascua, cada familia podía tomar un cordero. Éxodo dice: » El cordero será un macho sin defecto, de un año» (Éxodo 12:5). Ellos debían matar el cordero, poner la sangre en los postes,  el dintel, y Dios vería la sangre y pasaría de largo. Su juicio no caería en esa casa.

Durante cientos de años, día tras día, los fieles adoradores judíos trajeron estos sacrificios. Los corderos fueron asesinados —corderos sangrando, corderos muriendo, sangre por todas partes. Ser sacerdote en esos días era un negocio sangriento. Y año tras año, la Pascua se celebraba, los corderos se sacrificaban y la sangre se derramaba día tras día, año tras año por cientos de años —corderos muriendo,  corderos muriendo, corderos muriendo.

Imagínate cuando Jesús se acercó al río Jordán, donde Juan estaba bautizando, y el pueblo escucho a Juan decir: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29).

Pedro lo dice de esta manera: «Fuisteis redimidos con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha» (1 Pedro1:18-19).  Ves «la paga del pecado es muerte»—eso es lo que la palabra de Dios dice (Romanos 6:23). Pero Jesús no había pecado, por lo que no merecía morir. Él murió una muerte que nosotras merecíamos. Él era inocente. Fue acusado falsamente. Nosotras, por el contrario, somos culpables.

A nosotros se nos acusa con razón.

Un antiguo escritor de himnos lo expresó de la siguiente manera,

Nosotros, Culpables, viles y desamparados,
Él, Cordero de Dios sin mancha.1

Él fue el sacrificio perfecto—el único sacrificio —que podía de forma permanente, y de una vez por todas expiar, pagar por nuestros pecados. A causa de Su muerte sustitutiva en nuestro lugar por nuestros pecados, podemos ser declarados justos y sin pecado, justificados, relacionarnos con Dios, porque Él murió en nuestro lugar.

Romanos  capítulo 5 dice: «Porque así como por la desobediencia de un hombre [Adán] los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno ¿y de quién fue la obediencia? De Jesús] los muchos serán constituidos justos» (v. 19).

Primera de Pedro capítulo 3 lo dice de la siguiente manera: «Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios» (v. 18). Tenía que ser sin pecado por la redención que se llevaría a cabo. Cristo no solo cumplió con el tipo de cordero del sacrificio, sino que también es la imagen del sacerdote que sacrificaba el cordero.

Escucha lo que dice Hebreos capítulo 7: «Porque convenía que tuviéramos tal sumo sacerdote: santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores y exaltado más allá de los cielos.» ¿De quién es que se habla? De Jesús: santo, inocente, sin mancha. Sin pecado. Entonces continua diciendo ¿Por qué es importante? Porque «Él no necesita, como aquellos sumos sacerdotes [del Antiguo Testamento],  ofrecer sacrificios diariamente, primero por sus propios pecados y después por los pecados del pueblo » (vv. 26-27).

Escucha, los sacerdotes del Antiguo Testamento tenían que seguir ofreciendo sacrificios, y cuando lo hacían era primero por sus propios pecados y después por los pecados del pueblo. Entonces, porque pecaban de nuevo, tenían que ofrecer más sacrificios. Hebreos 7 dice que Jesús no tenía que seguir haciendo esto, porque lo hizo una vez y  para siempre, ofreciéndose a Sí mismo a morir. Él no tenía pecados propios por los cuales morir. Podría morir de una vez por todas, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.

Y solo como recordatorio, Su sacrificio como el Cordero de Dios sin pecado fue con el propósito de limpiarnos de nuestros pecados. Efesios  capítulo 5 dice:

«Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella,  para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra,  a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada. » (vv. 25-27).

Él era santo y sin mancha, pero Él murió para hacernos santas y sin mancha. Entonces, ¿cómo podemos irreflexivamente, sin cuidado, de forma deliberada, voluntariamente, después de haber sido limpiadas ir escupir en el rostro de Cristo—por así decirlo— pisotear Su sangre y salir y pecar como si no importara? Sí importa. Porque Él lo hizo para limpiarnos y hacernos santas.

Permíteme recordarte que Jesús no cometió pecado, no porque se escudó en el poder sobrenatural de Su propia naturaleza divina o porque Su naturaleza divina venció Su naturaleza humana para guardarlo de pecar, sino porque Él utilizó todos los recursos que se le dieron en Su humanidad. Lo he dicho antes en esta serie, pero creo que vale la pena repetirlo. Tenemos que recordar esto.

¿Cómo lo hizo? ¿Cómo permaneció sin pecado? Él amaba y meditaba en la Palabra de Dios. Él oró a Su Padre. Él confiaba en la sabiduría, la rectitud y la Palabra de Su Padre. Se hizo dependiente del poder sobrenatural del Espíritu sobre Él, para que lo fortaleciera para poder hacer, todo lo que estaba llamado a hacer.

Entonces, ¿cómo podemos nosotras mantenernos libres de pecado? Por el poder de Cristo, el inmaculado que mora en nosotras. Somos entonces capaces de vivir una vida santa, con la fuerza del Espíritu Santo que mora en nosotras. Es por eso que el apóstol Pablo dijo: «ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí » (Gálatas 2:20).

Creo que hay mucha gente en nuestras iglesias hoy en día, de diferentes denominaciones  y jerarquías, que saben todo esto pero que nunca han puesto de manera personal su confianza en Jesucristo para que los salve de sus pecados. Son religiosos, pero nunca han sido hechos justos. Yo me pregunto incluso si entre aquellas que nos escuchan hoy, podría haber varias así.

Y dices: «Sabes, he escuchado esto antes. Pero hoy Dios se está haciendo más real en mi corazón. Ahora quiero poner mi fe en Cristo, arrepentirme de mis pecados,  arrepentirme de andar a mi manera, haciendo mis cosas. Reconozco que soy una pecadora, y que no puedo salvarme a mí misma. Pero elevo mis ojos y mi fe a Jesucristo, el inmaculado, el cordero de Dios sin mancha,  sin defecto, y recibo el regalo de lo que Él hizo por mí en la cruz  al morir en mi lugar por mis pecados «.

Las Escrituras dicen que en la medida en que pones tu fe en Él, hay una increíble transformación que ocurre. Cristo toma sobre Sí mismo, todos tus pecados. Pero  en la medida en que confíes en Él como tu Salvador, Dios imputa o acredita a tu cuenta toda la justicia de Cristo. Su perfecta vida de obediencia se convierte en la tuya.

Tal vez eso ya ocurrió contigo y solo necesitas refrescarlo hoy para adorarlo y darle las gracias por eso. O, tal vez hoy es la primera vez que confías en Él como tu sacrificio perfecto, tu salvador. Luego te gozas en que Él haya llevado a cabo la transacción en la que Su justicia se te imputa. ¡Oh, gracias, gracias, Santo Cordero de Dios! Te adoramos, te amamos. En el nombre de Jesús,  Amén.

Leslie: La impecabilidad de Cristo es fundamental para tu salvación. Nancy Leigh DeMoss ha estado mostrándonos el porqué. Este importante tema tiene un significado especial a medida que nos acercamos a la temporada de Pascua. Cuando te enfocas en Cristo, se opera un cambio en tu vida. Por ese motivo estamos presentando la serie de Nancy, llamada El Cristo incomparable, en estas semanas previas al Domingo de Resurrección.

Espero que pases más tiempo meditando acerca de lo que Cristo hizo por ti en la cruz.

Bien, los evangelios hablan de un incidente en una montaña. La vestidura de Jesús comenzó a brillar y Su gloria fue revelada. ¿Por qué fue ese momento tan importante? La respuesta ofrece una gran esperanza y la escucharás en el siguiente programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Filipenses 1. «Varón de dolores».

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

3/17 – Vendido por sus hermanos

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: La Vida de José

3/17 – Vendido por sus hermanos

David Barceló

 

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

http://www.porgracia.es/

12 maneras en las que puedes pastorear a tu pastor

Coalición por el Evangelio

12 maneras en las que puedes pastorear a tu pastor

David Barceló

El ministerio pastoral está lleno de retos. En su peregrinaje hacia el cielo, cada pastor debe velar por su corazón y por el de todos aquellos que el Señor ha puesto bajo su cuidado: su esposa, sus hijos, su iglesia. La labor del pastor puede llegar a ser compleja y demandante… reuniones, consejerías, eventos, retiros, conflictos matrimoniales, finanzas, bodas, entierros, sermones… Ha de proteger al rebaño cuando rondan lobos disfrazados de oveja. Debe lidiar con cabras que desvían a los corderos hacia al acantilado. Muchos pastores ven cómo sus fuerzas se desgastan. Su tiempo de oración se ve mermado. Su esfuerzo en el estudio se debilita. Se apaga la ilusión, y aún las más pequeñas cosas terminan convirtiéndose en una pesada carga. Hay quienes se arrastran durante años soportando un ministerio seco… mientras otros abandonan por el camino… y entonces es cuando la iglesia se pregunta “¿Qué ha pasado? ¿Qué podríamos haber hecho por nuestro pastor?”.

Aunque en el ministerio, lo ideal es la pluralidad pastoral, lamentablemente muchos siervos del Señor están muy solos. Entonces, más que nunca, hemos de recordar el llamado de “cuidarnos los unos a los otros” expresado de tantas formas en la Palabra de Dios (cp. 1 Tes. 5:11; Santiago 5:16; 1 Pedro 1:22; Hebreos 3:13 y 10:24…).

Querido hermano, huye del “consumismo evangélico” que te empuja a “usar” la iglesia y la atención de sus líderes. Si eres cristiano, tú no “vas” a la iglesia. Tú “eres” iglesia, y si el día de mañana Dios te pregunta por el bienestar de tu hermano –el pastor incluido- nunca podrás responder como Caín respondió: “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?” (Génesis 4:9). Más bien pregúntate, ¿de qué manera puedes amar a tu pastor y cuidar de él? ¿Cómo puedo pastorear a mi pastor?

Como pastor, e hijo de pastor, quisiera compartir algunas áreas que he observado y en las que podemos cuidar de aquellos que cuidan a otros. Por favor, que quede claro que nada de todo esto lo escribo como indirecta para los miembros de mi propia iglesia (¡aunque harán bien en leer estas líneas!). Me mueve a escribir este artículo mi profunda preocupación por muchos pastores que están solos y abatidos, y la tristeza que siento cada vez que oigo que un predicador ha dejado su púlpito y su rebaño.

Veamos 12 consejos muy prácticos:

(1) Ora por él y por su familia. El diablo está muy interesado en derribar a los que están en lugares de liderazgo. Sabe que si ellos caen, puede hacer caer a muchos otros que tenían sus ojos puestos sobre ellos. Ora por tu pastor. Ora con tenacidad. Ora por su matrimonio. Ora por sus hijos. Ora por su vida de oración. Ora por que el Señor le fortalezca y avive. Ora por que tu pastor no caiga en desánimo ni pierda la ilusión. Ora por que el Señor le guarde de todo mal.

(2) Ama a tu pastor y a su esposa. Ámale, con un amor práctico. Ama a tu pastor de palabra, expresando tu afecto y cuidado. Pero también ámale con gestos y acciones concretas (1 Tesalonicenses 5:12-13). Que se sienta querido levantará su ánimo y le hará sentir parte del cuerpo de Cristo. Es el pastor, pero también es un hermano, y necesita del cariño y afecto de su familia espiritual. El rol del pastor es difícil, porque ha de ayudar a mucha gente, pero más difícil aún es el rol de aquella que ayuda al que ayuda. Si tienes oportunidad de cuidar de la esposa del pastor, hazlo; con tus palabras de ánimo, con tus oraciones, con tu servicio. A veces su marido llega tan agotado a casa, que ella tiene el difícil reto de levantar su espíritu. La esposa de un siervo del Señor necesita mucho de tus palabras de aliento.

 (3) Vela por sus necesidades materiales. Hay pastores que prefieren ganar su sustento por otros medios (1 Tesalonicenses 2:9), y hay quienes no pueden ser sostenidos por la iglesia local. Sin embargo, vemos claramente en la Palabra que el obrero es digno de su salario (1 Timoteo 5:17-18). Es cierto –tristemente– que hay líderes religiosos que oprimen al rebaño para vivir con opulencia, y también es cierto que hay iglesias que pretenden que el pastor viva de las migajas que caen de la mesa. Ni una cosa ni la otra. La iglesia tiene la responsabilidad de sostener de una forma digna a su pastor y su familia, según sus necesidades y según la capacidad de la iglesia.

(4) Obedécele servicialmente. A veces es fácil obedecer, cuando entendemos el porqué se nos pide algo. Otras veces no es tan fácil, porque no lo entendemos, o no estamos de acuerdo. Confía en que tu pastor busca el bien del rebaño, sírvele con confianza. Dice la Palabra “Obedeced a vuestros pastores… porque ellos velan por vuestras almas… para que lo hagan con alegría, y no quejándose…” (Hebreos 13:17). Si hay en nosotros rebeldía, o insumisión, esto “no os es provechoso”. Será en detrimento del bien de toda la congregación y una fuerte traba en su ministerio.

(5) Protégele. No es un superhombre. Es humano. De carne y hueso. Está sujeto a las mismas tentaciones y amenazas que cualquiera de nosotros. ¿Qué peligros has visto rondando cerca de él? Tal vez su cansancio es demasiado grande… o su doctrina hace aguas… o un nuevo lobo ronda las ovejas… o un falso maestro siembra cizaña… o una mujer muy perfumada se le acerca peligrosamente… o todo eso a la vez… ¡Protégele! Habla con él, con su esposa, o con los demás pastores según sea el caso, pero no le dejes a su suerte (Hechos 20:28-31).

(6) Infórmale. Hay hombres a los que Dios realmente ha capacitado de una forma prodigiosa para el ministerio pastoral, pero aún así, ¡no tienen el don de la omnisciencia! El pastor no puede saber si un hermano está en casa enfermo, o de viaje, o abatido, o pasando una crisis familiar… pero se le puede tener informado. La tecnología de hoy día nos permite comunicarnos con suma facilidad. Tan solo un mensaje le permitirá saber al pastor cómo estás, cómo puede orar por ti, y cómo puede ayudarte mejor. Recuerda, que él debe dar cuentas a Dios por tu alma (Hebreos 13:17).

(7) Confía en aquellos en los que él confía. Los pastores de la iglesia tienen el reto de delegar ciertas tareas y funciones en otros hermanos: los diáconos, los líderes de jóvenes, los maestros, los líderes de ministerios… Es necesario aplicar el principio que Jetro dio a Moisés para que el pastor no se agote (Éxodo 18). Si el pastor ha puesto su confianza en alguien para cierta función, confía tú también en esa persona. Todos los asuntos no pueden llegar al pastor, y menos en una iglesia numerosa. Así qué, antes de pedirle o preguntarle algo al pastor, pregúntate a ti mismo: ¿Han delegado los pastores o los diáconos este asunto en alguien? Y si es así, confía en aquellos en los que el pastor confía.

(8) Recuérdale lo hermoso que es el pastorado. En el ministerio uno trata diariamente con dificultades de todo tipo, y el pastor fácilmente puede pensar que todo son solo problemas. Es demasiado fácil olvidar que el ministerio pastoral es un gozo y un honor. Recuérdale que Dios le ha llamado a la labor más preciosa de todas: anunciar todo el consejo de Dios, alcanzar a los perdidos con las Buenas Nuevas, y edificar a los creyentes con la Palabra. Recuérdale que sus esfuerzos tienen implicaciones eternas. Recuérdale que su vida y su labor están siendo usadas por Dios para seguir edificando su Iglesia.

(9) Explícale los frutos de su ministerio. Cuando el sembrador ve crecer el trigo, y ve cómo se dora al sol, tiene mucha satisfacción. Pero el fruto espiritual es invisible. Si en tu corazón hay gozo, o paz, o templanza, no se puede ver. Comparte con tu pastor lo que Dios está haciendo en tu vida a través de su ministerio. Tal como lo expresa el apóstol Pablo, “el que es enseñado en la Palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye” (Gálatas 6:6). El fruto espiritual en tu vida es una muestra de que el Señor está usando a tus pastores como instrumentos para tu edificación.

(10) Sé su amigo. La soledad del pastor puede llegar a ser muy profunda si solo habla con otros para tratar problemas. Acércate a él para explicarle otras cosas. Como harías con un amigo. Pregúntale cómo está. No es nada fácil. Lo sé. Es difícil ser amigo de alguien sin tiempo para la vida social. Exprésale tu cariño y amistad aunque no seas correspondido. Permítele que te diga que no cuando le quieras invitar a algo. No supongas que “no va a poder porque está siempre ocupado”. No supongas que su esposa no podrá, o que sus hijos no podrán. Toma la iniciativa, y permítele que te diga que no puede, aunque te lo diga muchas veces… En algún momento dirá que sí, y tendrá mucho gozo.

(11) Predica el Evangelio a sus hijos. Sí, has oído bien. A veces el pastor puede descuidar a los discípulos que tiene más cerca, y tristemente son muchos los hijos de pastores que se van al mundo. Otras veces el problema no es la negligencia, sino la familiaridad. Sin duda creemos que Dios es soberano en la salvación, pero humanamente hablando, ¿no será que sus hijos ya le tienen muy oído? El domingo escuchan desde el púlpito la misma voz que en casa les dice que han de hacer los deberes o arreglar su habitación. El domingo escuchan hablar de gozo y paz al mismo hombre que a veces ven en casa luchando con el desánimo y la ansiedad. Si el pastor les recuerda el evangelio a los tuyos, recuerda tú recordarles el evangelio a los suyos. Evangeliza a los hijos del pastor.

(12) Ayúdale a descansar. Después de lo intenso que es el domingo, el lunes es el momento de intentar reponer fuerzas lo antes posible. Ayuda a tu pastor a reservar el lunes para descansar. Si no es un tema de vida o muerte, no le llames un lunes. Ni le escribas tampoco. Ayúdale a proteger su tiempo de descanso, sus vacaciones, su tiempo familiar… En el ministerio el pastor gestiona su propia agenda y sus propias fuerzas, y es fácil caer en los dos extremos: la dejadez, o el activismo. Dile que es humano y que sus fuerzas son pocas. Ayúdale a huir del síndrome de “pequeño mesías” recordándole que Dios no depende de él para llevar a cabo sus planes.

Soli Deo Gloria. 

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

http://www.porgracia.es/

10/41 – Filipenses 10 – Ora Por Mi

Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses

10/41 – Filipenses 10 – Ora Por Mi

Stephen Davey

 

Texto: Filipenses 1:19-20 En algunos programas anteriores vimos como el apóstol Pablo oraba por los Filipenses.

Ahora Pablo le pide a los Filipenses que oren por él, y les da un par de motivos específicos por los cuales orar por él.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin. https://www.sabiduriaespanol.org

 

Esdras y Nehemías

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Esdras y Nehemías

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/36875764

Terminamos nuestro breve estudio sobre los profetas mayores y antes de empezar a ver los profetas menores y un breve estudio de la literatura sapiencial del Antiguo Testamento, quiero hacer un pequeño paréntesis para dar un vistazo veloz a dos libros pequeños que son parte del registro histórico del Antiguo Testamento; son los libros de Esdras y Nehemías.

Porque estos libros cubren algo de la historia después del exilio y narran los acontecimientos que rodean el retorno del exilio. Y en un sentido muy real, en términos de un resumen cronológico del Antiguo Testamento, nos llevan al final de ese período registrado en el Antiguo Testamento.

Ahora bien, en nuestras biblias, los libros de Esdras y Nehemías son dos libros distintos. Sin embargo, hay grandes probabilidades que en el mundo antiguo estos libros se fusionaron en uno solo, Esdras-Nehemías, porque ambos estaban interesados en el mismo tipo de iniciativa.

Pero vamos a tratarlos por separado, ya que así es como están hoy. Tanto Esdras como Nehemías estaban involucrados en un importante punto del avivamiento nacional.

Te puedes imaginar cómo fue para los judíos exiliados pasar más de una generación de historia en cautiverio en una tierra extraña. Puedes imaginar la esperanza que nació en ellos cuando les llegó la noticia de la caída de sus opresores, los babilonios, y podían esperar que el nuevo imperio reinante, el de los medos y persas, los fuera a liberar a ellos.

No sé si alguien ha pasado alguna vez tiempo en un país extranjero donde te encuentras lejos de casa por un período temporal, y aun cuando tratas de ajustarte y aclimatarte en esa tierra extraña, todavía hay algo del viejo dicho que dice: “no hay nada como estar en casa”.

Cuando vivíamos en Europa y asistía a la universidad y tratábamos de adaptarnos a la cultura holandesa, una de las pequeñas frases o expresiones que aprendimos fue esta, “Ost, vest taus is best”, que significa este u oeste, el hogar es mejor.

Entonces, cuando les llega la noticia a estos refugiados en el exilio que un decreto ha sido emitido por el nuevo rey que les permite regresar a su tierra natal, esta debe haber sido una de las ocasiones más felices en todo el Antiguo Testamento.

El primer capítulo de Esdras nos da panorama de esto, a partir del verso 1: «En el primer año de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera la palabra del Señor por boca de Jeremías, el Señor movió el espíritu de Ciro, rey de Persia, y éste hizo proclamar por todo su reino y también por escrito».

Observa cómo es presentado este libro. No es solo una historia secular de los asuntos del rey de Persia, sino que empieza recordando a los lectores que lo que está a punto de pasar tiene lugar, en primer lugar, en el cumplimiento de la profecía futura de la restauración dicha por Jeremías.

Y que este poderoso rey Ciro es movido a actuar por la obra de Dios. Ustedes saben que el pueblo judío no conoce de un Dios al que no se le permite entrar en las decisiones de los seres humanos o inclinar sus corazones en una dirección o en otra.

Yo podría decir en este punto que, el Dios de Israel se está revelando así mismo como un calvinista competente que tiene el poder de inclinar los corazones de sus criaturas en la dirección que Él quiere que vayan para cumplir su voluntad providencial y sus decretos soberanos.

Y así desde el principio, en lugar de permitir que la gente se regocije en la benevolencia de un rey pagano, se le recuerda al pueblo quién es el que los está librando del cautiverio.

Continúa el texto, “diciendo: Así dice Ciro, rey de Persia: ‘El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra, y El me ha designado para que le edifique una casa en Jerusalén, que está en Judá. El que de entre vosotros pertenezca a su pueblo, sea su Dios con él.

Que suba a Jerusalén, que está en Judá, y edifique la casa del Señor, Dios de Israel; El es el Dios que está en Jerusalén. Y a todo sobreviviente, en cualquier lugar que habite, que los hombres de aquel lugar lo ayuden con plata y oro, con bienes y ganado, junto con una ofrenda voluntaria para la casa de Dios que está en Jerusalén’”.

Así que como resultado de este decreto que ahora es la ley de los medos y persas, Esdras conduce a un grupo de personas desde esa tierra hacia Jerusalén y emprende la tarea de reconstruir el templo que había sido destruido por Nabucodonosor y los babilonios.

Y así empieza la primera parte del retorno del exilio y el capítulo 3 de Esdras habla sobre los inicios de esta restauración del templo y quiero detenerme aquí por un momento.

Leemos en el verso 10 del capítulo 3: «Cuando los albañiles terminaron de echar los cimientos del templo del Señor, se presentaron los sacerdotes en sus vestiduras, con trompetas, y los levitas, hijos de Asaf, con címbalos, para alabar al Señor conforme a las instrucciones del rey David de Israel.

Y cantaban, alabando y dando gracias al Señor: Porque El es bueno, porque para siempre es Su misericordia sobre Israel. Y todo el pueblo aclamaba a gran voz alabando al Señor porque se habían echado los cimientos de la casa del Señor».

Es decir, este es un tiempo sin inhibiciones de celebración, cuando ellos pusieron los cimientos del nuevo templo en Jerusalén. Pero hay una nota de tristeza en este texto. En el versículo 12 leemos estas palabras: «Pero muchos de los sacerdotes y levitas y jefes de casas paternas, los ancianos que habían visto el primer templo, cuando se echaban los cimientos de este templo delante de sus ojos, lloraban en alta voz mientras muchos daban gritos de alegría.»

Hay una diferencia entre las generaciones. Las personas más jóvenes que vendrían ahora están encantadas de haber salido del cautiverio y participar en este proyecto de construcción para restaurar el templo de su nación.

Sin embargo, para los ancianos de la comunidad, para los sacerdotes y los levitas, fue un momento agridulce, ya que todavía tenían el recuerdo vivo del esplendor del templo que fue construido por Salomón; e incluso, aunque este templo estaba siendo reconstruido en este momento, no había manera de que se pudiera comparar con el esplendor y la gloria del templo de Salomón, que fue construido durante la Edad de oro de Israel.

En vez de regocijarse y aplaudir, lloraron y clamaron. Pero volvieron en sí después de un rato. Y el trabajo empezó en el templo solo para ser interrumpido cuando Ciro salió de escena y la oposición llegó a este proyecto durante los reinados de Jerjes y Artajerjes y el trabajo se suspendió y paró temporalmente.

Hasta que llegamos al capítulo 6 del libro de Esdras donde leemos sobre la culminación de este trabajo de reconstrucción del templo, la dedicación del mismo y la celebración de la pascua.

En este momento, Esdras instituye reformas importantes en el pueblo porque todavía están practicando muchos de los rituales paganos que habían aprendido durante su cautiverio. Y ellos vienen con sus esposas paganas y esposos paganos, y así, van de vuelta al problema.

Y entonces pasamos al libro de Nehemías, que no describe la reconstrucción del templo, sino la reconstrucción de los muros de la ciudad sagrada misma. Dirijamos nuestra atención, entonces, al libro de Nehemías. Leemos el pasaje inicial de este libro en el capítulo 1, y dice: “Aconteció que en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en la fortaleza de Susa, vino Hananí, uno de mis hermanos, con algunos hombres de Judá, y les pregunté por los judíos, los que habían escapado y habían sobrevivido a la cautividad, y por Jerusalén.”

Así es como comienza Nehemías, quien es descrito como un copero del rey, una posición de gran confianza en la corte real. Pero ahora recibe la visita de uno de los que ha ido a Judá y a Jerusalén y le pregunta acerca de la condición de la ciudad.

«Y me dijeron: El remanente, los que sobrevivieron a la cautividad allí en la provincia, están en gran aflicción y oprobio, y la muralla de Jerusalén está derribada y sus puertas quemadas a fuego».

Aunque se encuentra en el palacio del rey, Nehemías es consumido por su gran preocupación por el bienestar de la ciudad de Dios. El no ha olvidado el santuario central y el lugar donde Dios había reunido a su nación.

Por eso está preguntando sobre la situación en Jerusalén; y cuando recibe este reporte sombrío de la ciudad que había sido quemada y las paredes derribadas, su primera reacción fue deprimirse. Leamos lo que dice: «Cuando oí estas palabras, me senté y lloré; e hice duelo algunos días».

Nehemías es apresado por la tristeza. Entonces su primera reacción a las malas noticias es llorar, pero su segunda reacción es orar. «Y estuve ayunando y orando delante del Dios del cielo». Ahora tomemos un momento para considerar la oración de este hombre. Recuerda que él ha estado ayunando, ha estado de luto, ha estado lleno de dolor, porque las noticias han sido malas noticias. Escucha lo que dice en su oración.

«Y dije: “Te ruego, oh Señor, Dios del cielo, el grande y temible Dios, que guarda el pacto y la misericordia para con aquellos que le aman y guardan Sus mandamientos, que estén atentos tus oídos y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que yo hago ahora delante de ti día y noche por los israelitas tus siervos, confesando los pecados que los hijos de Israel hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado».

¿Oyes lo que está pasando aquí? Él empieza esta oración que sale, que brota de un corazón quebrantado, de un corazón temeroso, con pena y de luto; y no  se parece a las oraciones que hacemos en situaciones como esta. Él no está diciendo, «¿Cómo dejaste que esto pase, oh Dios?». Sino que el contenido de su oración es una oración de adoración, una oración de reverencia por la majestad de Dios.

Está de rodillas en medio de esta destrucción y él dice: “Te ruego, oh Señor, Dios del cielo, el grande y temible Dios, que guarda el pacto y la misericordia para con aquellos que le aman».

No dice: “Oh Dios cuya ira y justicia es arbitraria, ¿por qué nos ha tratado injustamente? O ¿cómo puedes dejar que estas cosas nos sucedan? Sino, oh Dios, tú eres un Dios “que guarda el pacto”.

Él entendió el mensaje de Ezequiel y el mensaje de Daniel. Él comprendió que la razón de la calamidad que había caído sobre su amado país y su amada ciudad: era que Dios estaba cumpliendo su promesa, la cual era una promesa de juicio si las personas continuaban en su maldad.

Como dice la Escritura, “aunque todo hombre sea hallado mentiroso”, Dios es hallado verás. Lo que sigue inmediatamente después de su oración de adoración es una oración de contrición, una oración de arrepentimiento en la que confiesa no solo los pecados de sus padres, sino los pecados de su propia generación y de él mismo.

El dijo: «Hemos procedido perversamente contra ti y no hemos guardado los mandamientos, ni los estatutos, ni las ordenanzas que mandaste a tu siervo Moisés. Acuérdate ahora de la palabra que ordenaste a tu siervo Moisés, diciendo: Si sois infieles, yo os dispersaré entre los pueblos; pero si volvéis a mí y guardáis mis mandamientos y los cumplís, aunque sus desterrados estén en los confines de los cielos, de allí los recogeré y los traeré al lugar que he escogido para hacer morar allí mi nombre’. Y ellos son tus siervos y tu pueblo, los que Tú redimiste con tu gran poder y con tu mano poderosa.

Te ruego, oh Señor, que tu oído esté atento ahora a la oración de tu siervo y a la oración de tus siervos… Has prosperar hoy a tu siervo…». Lo siguiente que hace Nehemías es ir al magistrado civil, a las autoridades gobernantes de su época. No fue donde ellos primero.

A donde fue primero es a donde Dios, y buscó el permiso de Dios, y el don de Dios para hacer algo sobre esta condición. Y entonces leemos en el capítulo 2: «Aconteció que en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, estando ya el vino delante de él, tomé el vino y se lo di al rey. Yo nunca había estado triste en su presencia, y el rey me dijo: ¿Por qué está triste tu rostro? Tú no estás enfermo; eso no es más que tristeza de corazón. Entonces tuve mucho temor, y dije al rey: Viva para siempre el rey. ¿Cómo no ha de estar triste mi rostro cuando la ciudad, lugar de los sepulcros de mis padres, está desolada y sus puertas han sido consumidas por el fuego?».

¿No es interesante que el rey se da cuenta de la tristeza de Nehemías? Pues el rey le dice: ‘¿Qué problema tienes? Siempre estás risueño y alegre cuando estás sirviendo aquí en el palacio, pero veo que tienes algún problema por tu semblante y en mi opinión no es una enfermedad física, sino una enfermedad del alma. Tú estás angustiado por algo, ¿qué es, Nehemías?’

Y Nehemías tiene mucho miedo de dar la respuesta por temor a que el rey pueda pensar que es ingrato por la posición maravillosa que tiene allí y que no está satisfecho con su situación presente.

Así que prepara su respuesta diciendo: “Viva para siempre el rey” ‘y no se ofenda por lo que estoy a punto de decir, pero ¿cómo puedo estar feliz cuando la ciudad donde están los sepulcros de mis padres, la ciudad de Dios, está en ruinas?

«El rey me dijo: ¿Qué es lo que pides? Entonces oré al Dios del cielo». El rey dijo: “qué es lo que pides?” y antes de contestar, Nehemías ora a Dios.

«Y respondí al rey: Si le place al rey, y si su siervo ha hallado gracia delante de ti, envíeme a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, para que yo la reedifique. Entonces el rey me dijo, estando la reina sentada junto a él: ¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y le agradó al rey enviarme, y yo le di un plazo fijo».

Lo que sigue es el registro de todo este episodio dramático en la historia judía sobre la construcción de los muros de Jerusalén. El rey dio un salvoconducto a Nehemías y a su pueblo para emprender este programa de reconstrucción del templo, para llevar los materiales al sitio y pasar a través de diversas satrapías del imperio persa.

Pero como había sucedido antes, a funcionarios menores en el reino y en el imperio no les gustó este trato especial que se le estaba dando a Nehemías y empezaron a conspirar para obstaculizar este trabajo de reconstrucción. Y estaban, en ese sentido, actuando contra el decreto del rey. Pero a pesar de toda esta intriga, los muros y la construcción son defendidos contra las incursiones de los enemigos hacia ellos, en particular Sanbalat, Tobías, los árabes, los amonitas y los asdoditas que querían evitar que la construcción fuera terminada.

Así que aquí hay un proyecto de construcción que se está llevando a cabo en medio de la guerra, en verdad, en medio de estos ataques todos los días. Así que, en ese sentido, tienen una lanza en una mano y una pala en la otra pues los que trabajan en el muro también tienen que lidiar con los ataques de los enemigos. Y por si fuera poco, mientras están pasando por esto, algunas de las personas mismas comenzaron a murmurar y a quejarse, y decían que era una recapitulación del pueblo de Israel y la experiencia en el desierto, y decían: ‘¿Qué estamos haciendo aquí? Estamos sufriendo’ y cosas así. Y lo que Nehemías entiende es que no solo tiene que reconstruir los muros, también tiene que reconstruir la nación. Tiene que reconstruir al pueblo.

Y después de que terminen el muro, la tarea no estará aun completa ya que Nehemías se embarca en una reforma profunda de la vida de su pueblo para que detengan todo esto de matrimonios mixtos con infieles; dejaran de profanar las cosas sagradas de Dios con los rituales paganos.

Y hay un punto interesante con el que me gustaría terminar. Ocurre más adelante en el libro de Nehemías, hacia el final, en el capítulo 13 donde establece los principios de la reforma y de la separación. En el versículo 28, en el mismo final del libro leemos: «Aun uno de los hijos de Joiada, hijo del sumo sacerdote Eliasib, era yerno de Sanbalat Horonita, y lo eché de mi lado».

¿No es interesante? Tenía un sacerdote trabajando aquí, que era parte de la familia de los enemigos que estaban destruyendo este trabajo, o tratando de destruir esta obra, y entonces se deshizo de él.

Y en el versículo 29, dice: “Acuérdate de ellos, Dios mío, porque han profanado el sacerdocio y el pacto del sacerdocio y de los levitas. Así los purifiqué de todo lo extranjero».

Los limpié de todo lo pagano. Si la nación iba a comenzar de nuevo y tener una nueva visión de su misión para la que fue establecida y creada en primer lugar, no solo tenían ellos que reconstruir el templo, tenían que limpiar el templo, tenían que limpiarse ellos mismos y tenían que purificar su iglesia, para que la iglesia pudiera ser la iglesia que Dios pretendía que fuera.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

 12/27 – La doble naturaleza de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

 12/27 – La doble naturaleza de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

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