17/63 – Cuando la luz confronta las tinieblas | Marcos 6:14-29
Ps. Sugel Michelén
El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin;y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/
Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.
¿El Deconstruccionismo, ¿es una forma válida de interpretar la Biblia?
El Deconstruccionismo es básicamente una teoría de la crítica textual o la interpretación que niega que haya un solo significado correcto o interpretación de un pasaje o texto. En el corazón de la teoría deconstruccionista de interpretación hay dos ideas principales. La primera es la idea que ningún pasaje o texto posiblemente puede transmitir un único mensaje coherente, consistente y confiable a todos los que lo leen o escuchan. La segunda es que el autor que escribió el texto es menos responsable del contenido de la pieza que son las fuerzas impersonales de la cultura como el lenguaje y su ideología inconsciente. Por lo tanto los principios básicos del deconstruccionismo son contrarios a la clara enseñanza de la Biblia que existe la verdad absoluta y de hecho podemos saberla (Deuteronomio 32:4; Isaías 65:16; Juan 1:17-18; Juan 14:6; Juan 15:26-27; Gálatas 2:5).
El enfoque deconstruccionista a la interpretación de la Biblia sale del postmodernismo y por lo tanto, es simplemente otra negación de la existencia de la verdad absoluta, que es una de las más graves falacias lógicas que cualquiera puede cometer. La negación de la verdad absoluta como una falacia lógica es una afirmación auto contradictoria. Nadie puede negar racionalmente la verdad absoluta porque al hacerlo uno se ve obligado a declarar un absoluto — que es lo que él dice no existe. Cuando alguien dice que no existe tal cosa como la verdad absoluta, pregúntalo, «¿Estás seguro de eso?» Si dice «Sí», entonces ha hecho una declaración contradictoria a su propia premisa.
Como otras filosofías que salen de la posmodernidad, el deconstruccionismo celebra la autonomía humana y determina la verdad por el intelecto del hombre. Por lo tanto, según el pensador posmoderno, toda verdad es relativa y no existe tal cosa como la verdad absoluta. En el corazón del postmodernismo y el pensamiento deconstructivista es el orgullo. El deconstructivista piensa que él puede descubrir una motivación personal o social detrás de lo que la Escritura dice y por lo tanto, puede determinar lo que «realmente dice». El resultado es una interpretación subjetiva del pasaje en cuestión. En lugar de aceptar lo que la Biblia realmente dice, el deconstructivista es lo suficiente arrogante para pensar que puede determinar el motivo detrás de lo que fue escrito y llegar al significado «real» u «oculto» del texto. Sin embargo, si uno tomara el deconstruccionismo hasta su conclusión lógica, entonces los resultados de la deconstruccionista se tendrían que ser reconstruidos para determinar lo que «realmente» dijo el deconstructivista. El razonamiento circular sin fin es contraproducente. Cuando uno piensa acerca de la falla de este tipo de pensamiento, uno es recordado de 1 Corintios 3:19, «Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos.»
El deconstructivista no estudia la Biblia con el fin de descubrir el significado previsto por el escritor sino para intentar discernir los motivos culturales y sociales de lo que fue escrito. El deconstructivista sólo está limitado en su interpretación de un pasaje por su propia imaginación. Para el deconstructivista, no hay ninguna interpretación correcta o incorrecta, y el significado del texto se convierte en lo que el lector quiere que sea. Uno podría imaginar lo que sucedería si los documentos legales tales como testamentos y títulos de propiedad fueron leídos de esta manera. Este enfoque de la Escritura es incapaz de reconocer la verdad fundamental que la Biblia es la comunicación objetiva de Dios a la humanidad y que el significado de los pasajes viene de Dios.
En lugar de pasar tiempo debatiendo el deconstruccionismo u otras teorías postmodernas, debemos concentrarnos en exaltar a Cristo y subrayar la suficiencia y la autoridad de las Escrituras. Romanos 1:21-22 resume la mayoría de los pensadores posmodernos que sostienen estas teorías como el deconstruccionismo: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios.”
Usado con permiso del Ministerio Got Questions
Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados
33 – Decisiones ¿Cuál es tu criterio para tomarlas?
ENTENDIENDO LOS TIEMPOS
Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.
Notamos que la pregunta a la que se enfrentaban esos judíos que habían sido deportados a Babilonia era la siguiente: ¿Cómo cantaremos el cántico del Señor en tierras extrañas y lejanas? Ahora, lo que estos judíos estaban experimentando en este punto de la historia había sido experimentado mucho antes en su historia, en el caso de un hombre que había sido exiliado y deportado a otra tierra, pero en su caso, él estaba solo.
Él no tuvo la comunión de los santos para apoyarlo en su cautiverio. Y estoy pensando, por supuesto, en la vida de José, en el Antiguo Testamento, cuando fue enviado a la tierra de Egipto y terminó en la cárcel por muchos, muchos años.
Y lo que fue capaz de lanzarlo desde una posición de impotencia en el exilio y ser elevado a la esfera de Primer Ministro de la tierra de Egipto fue el don que Dios le dio para interpretar los sueños.
Recordemos que lo que liberó a José de su condición fue la ocasión en que faraón tuvo un sueño que lo perturbaba y que él no podía entenderlo y todos sus magos y consejeros no fueron capaces de dar una interpretación, hasta que José fue llamado, y José develó el misterio a faraón.
Ahora, el mismo tipo de evento sucede al principio del libro de Daniel. El rey conquistador de los babilonios era Nabucodonosor, y Nabucodonosor tuvo un sueño que le molestaba y le molestaba, y quería saber lo que significaba, pero él no contó el contenido del sueño a los que eran parte de su corte para que lo interpretaran, y nadie fue capaz de revelar el secreto de este sueño.
Leemos en el libro del profeta Daniel, en el segundo capítulo, sobre el sueño de Nabucodonosor y sobre la explicación que da Daniel sobre esto. En el versículo 24 del capítulo 2 leemos esto, «Después fue Daniel adonde estaba Arioc, a quien el rey había designado para dar muerte a los sabios de Babilonia.
Fue y le habló así: No des muerte a los sabios de Babilonia; llévame ante el rey, y declararé al rey la interpretación. Entonces Arioc se apresuró a llevar a Daniel ante el rey, y le dijo así: He hallado a un hombre entre los deportados de Judá que dará a conocer al rey la interpretación».
El rey respondió, y dijo a Daniel, a quien llamaban Beltsasar: ¿Eres tú capaz de darme a conocer el sueño que he visto y su interpretación? Respondió Daniel ante el rey, y dijo: En cuanto al misterio que el rey quiere saber, no hay sabios, encantadores, magos ni adivinos que puedan declararlo al rey. Pero hay un Dios en el cielo que revela los misterios, y El ha dado a conocer al rey Nabucodonosor lo que sucederá al fin de los días».
Y luego él procede a decirle el contenido del sueño. En el versículo 31, él dijo: “Tú, oh rey, tuviste una visión, y he aquí había una gran estatua; esa estatua era enorme y su brillo extraordinario; estaba en pie delante de ti y su aspecto era terrible. La cabeza de esta estatua era de oro puro, su pecho y sus brazos de plata, y su vientre y sus muslos de bronce, sus piernas de hierro, sus pies en parte de hierro y en parte de barro.” (Aquí es de donde obtenemos la imagen de pies de barro).
“Estuviste mirando hasta que una piedra fue cortada sin ayuda de manos, y golpeó la estatua en sus pies de hierro y de barro, y los desmenuzó. Entonces fueron desmenuzados, todos a la vez, el hierro, el barro, el bronce, la plata y el oro; quedaron como el tamo de las eras en verano», etcétera.
Ahora, en el verso 36: “Este es el sueño; ahora diremos ante el rey su interpretación. Tú, oh rey, eres rey de reyes, a quien el Dios del cielo ha dado el reino, el poder, la fuerza y la gloria; y dondequiera que habiten los hijos de los hombres, las bestias del campo o las aves del cielo, El los ha entregado en tu mano y te ha hecho soberano de todos ellos; tú eres la cabeza de oro. Después de ti se levantará otro reino, inferior a ti, y luego un tercer reino, de bronce, que gobernará sobre toda la tierra.
Y habrá un cuarto reino, tan fuerte como el hierro; y así como el hierro desmenuza y destroza todas las cosas, como el hierro que tritura, así él desmenuzará y triturará a todos éstos”.
Él continúa explicando sobre la venida de cuatro reinos específicos. Ahora, ha habido mucha controversia y debate para determinar exactamente los cuatro reinos que se mencionan aquí. Estoy a favor de la posición que sostienen muchos estudiosos sobre los cuatro reinos: el primero está claro. Es el reino de Babilonia. Segundo, después del reino de Babilonia viene el reino llamado medo-persa, ya que los persas conquistaron a los babilonios. El tercer reino que sigue después del reino medo-persa en la civilización antigua fue la conquista griega, el mundo antiguo, que a su vez fue seguido por el imperio romano.
Como dije, hay algunas variaciones sobre este tema que los demás han inventado, pero en su mayor parte, esto parece ser lo que estos cuatro reinos representan. Así que el rey de Babilonia, Nabucodonosor tiene este sueño en el cual se le reveló que su reino iba a caer, e iba a ser seguido por reinos inferiores que serían controlados por la providencia de Dios para llevar a cabo sus propósitos futuros. Sabemos que poco después de la interpretación de este sueño, Daniel, al igual que José antes que él, fue ascendido a una posición de autoridad en el reino, junto con algunos de sus amigos, Sadrac, Mesac y Abed-nego.
Y todos estamos familiarizados, creo, con esa historia, cómo después de eso Nabucodonosor hizo esta magnífica estatua dorada de sí mismo, y exigió que la gente mostrara su reverencia a él inclinándose ante la estatua del rey.
Sadrac, Mesac y Abed-nego no podían hacer eso. Recordemos que una de las principales razones por las cuales vino el juicio de este exilio sobre el pueblo fue debido a que la gente había caído en la práctica de la idolatría.
Ellos habían dado culto a otros dioses y a las imágenes paganas. A pesar de que están en el exilio y que están rodeados de una cultura que no comparte su fe, Sadrac, Mesac y Abed-nego no se comprometen.
Y si hay un mensaje aquí para nosotros, hoy en día, es sobre la devoción y la lealtad de estos hombres al Dios vivo. Entonces, algunos de los babilonios hicieron acusaciones contra los judíos. Ellos halagaban a Nabucodonosor.
Le dijeron: “¡Oh rey, vive para siempre! Tú, oh rey, has proclamado un decreto de que todo hombre que oiga el sonido del cuerno, la flauta, la lira, el arpa, el salterio, la gaita y toda clase de música, se postre y adore la estatua de oro, y el que no se postre y adore, será echado en un horno de fuego ardiente.
Pero hay algunos judíos a quienes has puesto sobre la administración de la provincia de Babilonia, es decir, Sadrac, Mesac y Abed-nego, y estos hombres, oh rey, no te hacen caso».
¿Puedes ver lo que está pasando aquí? Algunos de los babilonios están ferozmente celosos de que estos extranjeros hayan sido exaltados a posiciones de estima y autoridad en el reino, y están tratando de ser rigurosos, así que estas personas envidiosas vienen y dicen: ‘Oye, rey, hiciste un decreto para que cualquier persona que se niegue a inclinarse ante la imagen de oro sea echada en el horno de fuego ardiendo, y hay tres de estos extranjeros que no lo están haciendo.’
«Entonces, Nabucodonosor, enojado y furioso, dio orden de traer a Sadrac, Mesac y Abed-nego; estos hombres, pues fueron conducidos ante el rey.
Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Es verdad Sadrac, Mesac y Abed-nego que no servís a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he levantado?
¿Estáis dispuestos ahora, para que cuando oigáis el sonido del cuerno, la flauta, la lira» y demás, «os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adoráis, inmediatamente seréis echados en un horno de fuego ardiente; ¿y qué dios será el que los libre de mis manos?”
Quiero que recuerdes eso. En su ira y furia y rabia, Nabucodonosor dijo, ‘Yo voy a ponerlos en ese horno, y ¿quién es el dios que podría librarlos a ustedes de eso?’.
Guarda eso en tu memoria, para lo que le sucederá, un par de capítulos más tarde, con Nabucodonosor mismo.
Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron y dijeron al rey: «No necesitamos darte una respuesta acerca de este asunto. Ciertamente nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiente; y de tu mano, oh rey, nos librará. Pero si no lo hace, has de saber, oh rey, que no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que has levantado».
Esta es una de las respuestas más heroicas en toda la historia redentora. Lo primero que estos hombres dicen al rey es: ‘Rey, nuestro Dios nos librará de tu horno de fuego, pero si no lo hace, aún así no vamos a inclinarnos ante tu imagen, o violar los términos de nuestro pacto con Dios.
Si Dios nos rescata, bien. Pero no somos seguidores de Dios solo cuando todo anda bien. Estamos preparados a entregar nuestras vidas para serle fieles a Él’. Bueno, eso no hizo exactamente feliz a Nabucodonosor, pues leemos que, «Entonces Nabucodonosor se llenó de furor, y demudó su semblante contra Sadrac, Mesac y Abed-nego.
Respondió ordenando que se calentara el horno siete veces más de lo que se acostumbraba calentar. Y mandó que algunos valientes guerreros de su ejército ataran a Sadrac, Mesac y Abed-nego, y los echaran en el horno de fuego ardiente.
Entonces estos hombres fueron atados y arrojados con sus mantos, sus túnicas, sus gorros y sus otras ropas en el horno de fuego ardiente. Entonces, debido a que el mandato del rey era urgente y el horno extremadamente caliente, la llama del fuego mató a aquellos hombres que tomaron a Sadrac, Mesac y Abed Nego; y estos tres cayeron atados en medio del horno de fuego ardiendo”.
Así que calentaron el horno tan caliente que el calor que emanaba de él mató a los guardias que ataron y arrojaron a Sadrac, Mesac y Abed-nego y los arrojaron a esta llama devoradora. Versículo 24, «Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y levantándose apresuradamente preguntó a sus altos oficiales: ¿No eran tres los hombres que echamos atados en medio del fuego? Ellos respondieron y dijeron al rey: Ciertamente, oh rey.
El rey respondió y dijo: ¡Mirad! Veo a cuatro hombres sueltos que se pasean en medio del fuego sin sufrir daño alguno, y el aspecto del cuarto es semejante al de un hijo de los dioses”. Tengo que pensar que esto es una Cristofanía del Antiguo Testamento.
Esta es una aparición pre-encarnada de la segunda persona de la Trinidad, que vino, no a la cruz, sino al horno, y estaba de pie en la prueba junto con su pueblo fiel y los rescató de la ira de este rey.
«Entonces Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en medio del fuego. Y los sátrapas, los prefectos, los gobernadores y los altos oficiales del rey se reunieron para ver a estos hombres, cómo el fuego no había tenido efecto alguno sobre sus cuerpos, ni el cabello de sus cabezas se había chamuscado, ni sus mantos habían sufrido daño alguno, ni aun olor del fuego había quedado en ellos.
Habló Nabucodonosor y dijo: Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego que ha enviado a su ángel y ha librado a sus siervos que, confiando en El, desobedecieron la orden del rey y entregaron sus cuerpos antes de servir y adorar a ningún otro dios excepto a su Dios.
Por tanto, proclamo un decreto de que todo pueblo, nación o lengua que diga blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego sea descuartizado y sus casas reducidas a escombros, ya que no hay otro dios que pueda librar de esta manera».
¿Recuerdas lo que dijo antes? » ¿Y qué dios será el que os libre de mis manos?”. Incluso el rey se da cuenta del carácter de Dios. Una vez más, Nabucodonosor tiene un sueño, y de nuevo Daniel es llamado para interpretarlo, y esta interpretación es del juicio sobre Nabucodonosor.
El texto de la interpretación se encuentra en el capítulo 4, verso 31: «Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando una voz vino del cielo: ‘Rey Nabucodonosor, a ti se te declara: El reino te ha sido quitado, y serás echado de entre los hombres, y tu morada estará con las bestias del campo; te darán hierba para comer como al ganado, y siete años pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo domina sobre el reino de los hombres, y que lo da a quien le place».
Esta es una contienda de reyes. Así como lo vimos anteriormente en la contienda entre Moisés y Dios, y el poder de Egipto y faraón; ahora Dios está diciéndole al rey más poderoso de la época: ‘Veamos quién tiene el poder’.
“El Altísimo domina sobre el reino de los hombres y que lo da a quien le place. En aquel mismo instante se cumplió la palabra acerca de Nabucodonosor: fue echado de entre los hombres, comía hierba como el ganado y su cuerpo se empapó con el rocío del cielo hasta que sus cabellos crecieron como las plumas de las águilas y sus uñas como las de las aves”. ¿Eso te recuerda a alguien?
Howard Hughes en la demencia de sus últimos años, con las uñas de varias pulgadas de largo; uno de los hombres más poderosos del mundo, reducido a vivir como un animal. Y así Nabucodonosor es humillado en extremo: “Pero al fin de los días, yo, Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo, y recobré mi razón, y bendije al Altísimo y alabé y glorifiqué al que vive para siempre; porque su dominio es un dominio eterno, y su reino permanece de generación en generación”.
“Nadie puede detener su mano, ni decirle: ‘¿Qué has hecho?” “Ahora yo, Nabucodonosor, alabo, ensalzo y glorifico al Rey del cielo, porque sus obras son todas verdaderas y justos sus caminos: El puede humillar a los que caminan con soberbia”.
Cuando Nabucodonosor murió, el reino fue transferido y pasaron décadas, y los judíos estaban todavía bajo la opresión de los babilonios, y los judíos estaban todavía bajo la opresión de los babilonios; y luego una de las historias más fascinantes se encuentra en el capítulo 5 de Daniel.
La historia de un rey posterior cuyo nombre es Belsasar. Leemos en el capítulo 5: «El rey Belsasar dio un gran banquete a mil de sus nobles, y en presencia de los mil se puso a beber vino.
Mientras saboreaba el vino, Belsasar ordenó traer los vasos de oro y plata que Nabucodonosor su padre había sacado del templo que estaba en Jerusalén, para que bebieran en ellos el rey y sus nobles, sus mujeres y sus concubinas.
Entonces trajeron los vasos de oro que habían sido sacados del templo, la casa de Dios que estaba en Jerusalén, y el rey y sus nobles, sus mujeres y sus concubinas bebieron en ellos. Bebieron vino y alabaron a los dioses de oro y plata, de bronce, hierro, madera y piedra». ¿Ves lo que está pasando aquí?
Belsasar está lleno de arrogancia y orgullo, y decide tener este gran banquete. Él es el rey de Babilonia y tú debes comprender que la ciudad de Babilonia, de todas las ciudades de la antigüedad, era claramente la fortaleza más inexpugnable de la época.
Sus murallas eran tan gruesas y tan altas, que no tenía puntos aparentes de vulnerabilidad. Y, según los historiadores seculares, incluso durante la celebración de esta fiesta los ejércitos de los persas marchaban hacia Babilonia y pensaban en una forma de sitiar a la ciudad. Eso no le molestaba a Belsasar, porque sabía que no había nada que los persas pudieran hacer para derrotarlos. Ellos tenían suficientes provisiones en esta gran ciudad para muchos años, y podían simplemente esperar a los ejércitos persas; y como dije, las paredes eran inexpugnables.
Así que decide tener un banquete y él tiene a todos sus duques y duquesas, señores y príncipes, y consigue miles de personas para este banquete. Y mientras este banquete continúa y están bebiendo el mejor vino, él ordena que, del botín de la destrucción de Jerusalén, las vasijas sagradas de Dios omnipotente sean utilizadas en esta celebración orgiástica.
Y él toma los vasos sagrados de Dios, los llena con el mejor vino para que puedan brindar por los ídolos paganos, los dioses de oro y de plata. Y mientras que él está en medio de esta celebración arrogante, de repente se da vuelta y ve lo que nadie más en la habitación está mirando, ve una mano que parece estar desprendida, una mano que escribe en la pared.
Palabras extrañas aparecen delante de él, y escuchen el relato de lo que sucede. «De pronto aparecieron los dedos de una mano humana y comenzaron a escribir frente al candelabro sobre lo encalado de la pared del palacio del rey, y el rey vio el dorso de la mano que escribía. Entonces el rostro del rey palideció, y sus pensamientos lo turbaron, las coyunturas de sus caderas se le relajaron y sus rodillas comenzaron a chocar una contra otra».
Es decir, aquí está este poderoso rey desmoronándose. Sus rodillas le tiemblan. Él no sabe lo que significa esto, y llama a sus adivinos para que interpreten la inscripción y no pueden. Las palabras dicen, «Mene, mene, tekel, ufarsin. «Una vez más, finalmente es Daniel, quien es traído para que interprete la inscripción. Daniel le dice al rey: «Esta es la interpretación del escrito. Mene: Dios ha contado tu reino y le ha puesto fin. Tekel: has sido pesado en la balanza y hallado falto de peso. Peres: tu reino ha sido dividido y entregado a los medos y persas».
Y luego leemos al final del capítulo: «Aquella misma noche fue asesinado Belsasar, rey de los caldeos». No sabemos cómo sucedió. No sabemos cómo los persas conquistaron Babilonia, pero los historiadores seculares de la época dicen que había un arroyo subterráneo que corría bajo el muro de Babilonia, que suministraba el agua a la ciudad y que el comandante persa entendió eso y cerró el paso del río aguas arriba para que tan pronto como el agua dejara de fluir, este gran viaducto bajo la muralla se hiciera transitable.
Y mientras la fiesta continuaba esa noche, el ejército persa se dirigió sin obstáculos bajo los muros de Babilonia y sorprendió al rey y a sus nobles, mientras estaban en estado de ebriedad y estupor; y fueron conquistados.
Esta es la historia de la providencia de Dios, que otorga reinos y los hace desaparecer, eleva reyes y los hace caer. Y Daniel dice que el futuro del pueblo de Dios no está en manos de los babilonios, sino en las manos de Dios.
R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation
Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss inicia con una historia seria, aquí en Aviva Nuestros Corazones.
Nancy Leigh DeMoss: En 1959, un periodista llamado John Howard Griffin se transformó a sí mismo de un hombre blanco a un hombre negro. Usó drogas, tratamientos con lámparas de sol, y colorante para oscurecer la piel.
Después, pasó seis semanas viajando hacia los estados del sur que por racismo estaban segregados, haciéndose pasar por un hombre negro.
Mientras viajaba, el documentó el trato y las reacciones que recibió de la gente. Algunas de ellas fueron horribles. Le fue negado vivienda, transporte, trabajo y algunas veces hasta el uso de los baños. Experimentó rudeza, comentarios racistas, amenazas violentas, simplemente porque su piel era oscura.
Griffin escribió un libro acerca de cómo fue tratado, “Negro como yo”. Al leer esto, pensé en la historia de Jesús al venir a la tierra podría llamarse. “Humano como Yo”.
Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. Hoy nos enfocaremos en la humanidad de Cristo.
Nancy: Leamos en Filipenses capítulo 2,
…el cual, [Jesucristo] aunque existía en forma de Dios, [hablamos ayer de su deidad] no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo (vv. 6-8)
La descripción que fue dada por John Howard Griffin podríamos modificarla al decir de Cristo—que Él dejó su privilegiada vida del Hijo de Dios en los cielos para incorporarse en nuestros cuerpos.
Hay dos errores en relación a Cristo y en los dos casos son peligrosos.
Uno es que elevemos Su humanidad y disminuyamos Su deidad.
Pero el otro es que nos enfocamos en Su deidad, el hecho que Él es Dios, excluyendo Su humanidad. Vemos este error cometido en muchas representaciones culturales de Cristo.
Por ejemplo, en Navidad se canta un villancico «Jesús en Pesebre» que dice así.
Los bueyes bramaron y Él despertó, mas Cristo fue bueno y nunca lloró. Jesús en pesebre, sin cuna, nació;
Tengo un recién nacido en mi casa, como les dije en una sesión reciente. Y anoche, mientras me preparaba para esta sesión, el recién nacido estaba llorando. Y pensé, ¡claro que sé! El bebé Jesús lloró. Porque Él era un ser humano.
Y contemplas esas pinturas del niño Jesús y en un deseo de querer honrarlo como Dios, usualmente verás una luz rodeándole o con una aureola en su cabeza. La verdad es que Él era un bebé de aspecto normal. Él era un ser humano.
La Escritura nos dice en 1era a Timoteo capítulo 2,
Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre, quien se dio a sí mismo en rescate por todos (vv. 5-6)
J. I. Packer dice que se podrían describir estos versículos como «la clave, no solo del Nuevo Testamento, sino de toda la Biblia. Ya que se cristaliza en una frase el resumen y la sustancia de su mensaje» el mediador, el hombre Jesucristo, Quien se dio a Sí mismo en rescate por todos.
Ese mediador entre Dios y los hombres tenía que ser un hombre, tenía que ser un ser humano. Quiero ver hoy las evidencias de que Él era humano. Por ejemplo, como hombre,tenía un cuerpo físico, un cuerpo humano. Él era de carne y hueso. Nació como nacen todos los bebés. Tuvo que crecer físicamente—vimos eso en Lucas capítulo 2 en una sesión anterior. Tenía una apariencia física. Tenía el aspecto de un hombre común y corriente. La gente no veía nada extraño en Él. No caminaba con un halo alrededor de Su cabeza o con un aura que le rodeaba. No siempre usaba una túnica blanca mientras los demás usaban otros colores. Él se veía humano.
De hecho, sus propios hermanos y aquellos que crecieron con Él no creyeron que Él era Dios. Decían, “¿Es éste el hijo del carpintero?” Él parecía un hombre normal. Tenía la apariencia de un hombre normal. Tenía funciones físicas normales. Comía, bebía, respiraba. Tenía la capacidad de experimentar dolor. Vemos eso en Getsemaní como sudó gotas de sangre. Su constitución física era sensible al estrés. En la cruz, Él sangró. Y Él murió físicamente. Tenía un cuerpo humano físico.
Después de la resurrección, se apareció a los discípulos en un cuerpo físico glorificado. Él dijo en Lucas capítulo 24: «Mirad mis manos y mis pies, que soy yo mismo; palpadme y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo» (Lucas 24:39)
Aún después de la resurrección, en Su cuerpo glorificado, Él todavía tenía un cuerpo físico. Él es humano. Él es Dios, pero también es hombre. Cuando ascendió a los cielos—cuarenta días después de la resurrección—Él ascendió en ese cuerpo físico glorificado, el cual todavía tiene hoy en día en el cielo, y el cual veremos cuando regrese a la tierra en Su segunda venida.
No solo tuvo un cuerpo físico, sino tuvo limitaciones físicas y debilidades. Mientras estuvo aquí en la tierra, Jesús caminaba de un lugar a otro; Él no volaba como Superman. La Escritura nos dice que se cansó físicamente. Lo vemos durmiendo en un barco. Lo vemos cansado de caminar, sentado junto a ese pozo en Samaria.
La Escritura nos dice que le daba hambre. Después que ayunó en el desierto tuvo hambre. Dijo que tenía hambre. En la cruz dijo, «Tengo sed» (Juan 19:38) Le daba sed. Limitaciones físicas normales y debilidades.
Me preguntaba hace poco, cuando siete de ocho personas que se alojaban en mi casa—incluyéndome a mi —nos enfermamos de un virus estomacal en un período de 24 horas, me pregunté, » ¿Jesús alguna vez le habrá dado gripe? ¿Alguna vez tuvo dolor de cabeza? ¿Se habrá resfriado?»
Es interesante, durante estas últimas 24 horas que he estado consultando mis líneas de ayuda teológica, la gente que conozco que estudian estas cosas. El hecho es que la Biblia no dice explícitamente. Nos dice que tuvo hambre, sed y cansancio. Pero no dice que se haya enfermado físicamente. Pero Hebreos capítulo 2 dice: «Por tanto, tenía que ser hecho semejante a sus hermanos en todo, a fin de que llegara a ser un misericordioso y fiel sumo sacerdote. (Heb. 2:17)
Esto significa que Él experimentó la gama completa de lo que significa ser humano, excepto sin pecado. Así que no es descabellado pensar que si Él era susceptible al hambre, a la sed, al cansancio y a la muerte, debió haber sido también susceptible a la enfermedad.
No el tipo de enfermedad que se obtiene después de comer demasiado o porque somos perezosos o porque tenemos estilos de vida y tomamos decisiones que nos enferman. Pero su cuerpo humano en este mundo caído, corrupto, donde hay gérmenes, enfermedades, es razonable creer que Él también participó en ese aspecto de nuestra humanidad.
No solo era físicamente humano, sino que tenía una composición humana y alma— todos los elementos de la naturaleza humana. Todo lo que conforma un hombre, a excepción del pecado, Él lo tenía.
Toma toda la gama de las emociones. Él tenía todo el rango, todo el panorama. Él no era un robot, sin emociones ni sentimientos. Jesús fue movido constantemente por las cosas que mueven también el corazón de Dios.
Déjame darte algunos ejemplos. En Mateo capítulo 8 nos dice que se maravilló de la fe del centurión (Mateo 8:10). Sintió también compasión lo vemos muchas veces—por un leproso, por las multitudes necesitadas, de la viuda que acababa de perder a su único hijo. Él tuvo compasión hasta el punto de llorar. Él se preocupaba.
En Juan capítulo 11 versículo 15 habla de que Él estaba alegre y gozoso. Toma por ejemplo toda el área del humor. Ahora, la Escritura no nos dice explícitamente que Él se rió.
No hay ninguna referencia a su risa. Pero una vez más, yo diría que es razonable creer que Jesús se gozaba de lo bueno, con un humor sano. Tenía un grupo de 12 hombres viajando con Él. No iba a ser un humor obsceno, era solo un tiempo para disfrutar de la creación de Dios. Jesús tenía toda una gama de emociones.
También sabemos, y hay mucha información de esto en las Escrituras, que Él eraun varón de dolores, experimentado en quebranto. Toda la gama de emociones humanas. Jesús lloró ante la tumba de Lázaro; se echó a llorar sobre Jerusalén. En la última cena, la Escritura dice, «se angustió en espíritu» (Juan 13:21)
Ese versículo en Hebreos 5 versículo 7 dice,
Cristo, en los días de Su carne, habiendo ofrecido oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía librarle de la muerte.
Aquí vemos que Jesús estaba experimentando todo tipo de emociones. Eso nos dice algo. A veces pensamos que las emociones son algo malo, o que deben ser suprimidas. Que si eres una buena cristiana, no debes ser tan emocional.
Pero el ejemplo de Cristo en Su humanidad nos dice que las emociones son una parte importante del ser humano. Nos da un modelo de un sano, completo y balanceado despliegue de las emociones. Exhibir las emociones, como Cristo lo hizo en el momento oportuno, en el lugar correcto y de la forma apropiada.
Mi problema con las emociones es que las manifiesto en las cosas equivocadas. Tengo las emociones equivocadas en el momento equivocado. Estoy enojada cuando debería estar alegre. O me alegro cuando debería estar enojada. A menudo estoy siendo dirigida por mis emociones, en lugar de dejarme dirigir por el Espíritu y la Palabra de Dios. Pero no hay nada malo en tener emociones.
De hecho, parte de ser completamente humana como hija de Dios es poder expresar emociones de una manera sana y equilibrada, según Dios. Eso es parte de nuestro discipulado, llegando a ser a la imagen y semejanza de Cristo. Donde no silenciamos o enterramos nuestros sentimientos o emociones, sino que seamos capaces de expresarlos de manera piadosa y equilibrada.
Jesús experimentó todo lo que era parte de la composición humana. Experimentó la tentación, como hemos visto en esta serie. Experimentó la necesidad de depender de Su Padre Quien le dirigió a orar. Eso es parte de lo que significa ser humano. Si Él fuese solo Dios y no humano a la vez, ¿por qué habría tenido la necesidad de orar? ¿Por qué vemos ese patrón en Su vida de estar orando a Su Padre una y otra vez? Es porque Él era 100% hombre. Y Él vivía la vida en un cuerpo humano en este planeta como un hombre.
Poseía plenamente la naturaleza humana, sin poseer una naturaleza pecaminosa. Tenemos que tener en cuenta esta distinción y esta tensión. La naturaleza pecaminosa no es inherente a los humanos. Adán y Eva eran seres humanos sin una naturaleza pecaminosa, hasta que pecaron. Así que Jesús era completamente humano sin una naturaleza pecaminosa.
No fue hasta que Jesús vino a la tierra, plenamente Dios y plenamente hombre, que nosotras pudimos entender lo que Dios quiso decir y que intención tenía al decir, «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza» (Gen 1:26) ¿Cómo era eso? Adán y Eva fueron hechos a imagen de Dios, pero muy pronto dañaron eso. Se rebelaron contra Dios. Esa imagen fue destrozada, estropeada, rota.
Nunca hemos visto como es ser creado a semejanza de la imagen de Dios, solo Cristo. Cristo nos mostró como debemos vernos—como nos deberíamos haber visto si no hubiésemos pecado. Envuelve tu mente en esto si te es posible. La vida que Jesús vivió en la tierra tenía la intención de mostrarnos lo que habría sido, y lo que seríamos, separadas del pecado. Totalmente humano. Cuanto necesitamos esa imagen. ¡El contemplar esa imagen nos ayuda!
Su humanidad no solo era necesaria para que nosotras viéramos como es un ser creado a la imagen de Dios, sino que era necesaria para que fuéramos salvas. Su humanidad, Cristo, que es el Dios invisible convirtiéndose en un ser humano hizo posible que nosotras seamos ahora hijas de Dios.
Leemos en Gálatas capítulo 4, los versículos 4 y 5 «Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, (su deidad) nacido de mujer, (su humanidad) nacido bajo la ley, a fin de que redimiera a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción de hijos. (Gal 4:4-5). Para hacernos hijos de Dios, Jesús vino como el Hijo de Dios y se hizo hombre.
Cada día en este programa trato de explicarles el ¿qué? Pero ahora, vamos a ver y ahora ¿entonces qué? ¿Cuáles son lo implicaciones de esto? Déjenme mencionar algunas.
Primero que nada, el hecho de que Jesús era un hombre lo hace un Dios accesible, un Dios a nuestro alcance. Tengo una amiga que recibió un correo electrónico esta semana, y me dio permiso de compartirlo con ustedes. Esta señora que lo escribió dijo esto en su correo,
Me siento muy alejada de Dios. A veces es difícil llegar a Él, porque parece tan inimaginablemente poderoso, grande y distante, y porque es invisible y espiritual.
¿Te has sentido así alguna vez? Que no puedes acercarte a Dios. Él se ve tan lejano, no lo puedes ver. Bueno, en Cristo, Dios se acerca. Mira a Cristo y en Él tú verás cómo puedes acercarte a Dios. Él hace a Dios accesible a nosotras.
Después experimentamos una increíble gratitud y adoración al contemplar Su increíble condescendencia, que Él al ser igual a Dios, tomara la forma de humano. Déjenme leerles algunas citas de un teólogo llamado A.W. Pink quien ha escrito algunas cosas maravillosas acerca de la naturaleza de Dios. Él captura algo de esta maravilla, cito.
Dios se hizo hombre, pero ¿qué significa esto para ti y para mí? Nunca más podrás tomar a la ligera el pecado, así como Jesucristo lo veía como algo tan destructivo que tuvo que venir del cielo a la tierra y sufrir lo peor lo que se le pudo presentar para darle un golpe mortal al pecado. Y nunca podrás tomar el amor de Dios a la ligera. No puedes tomar el pecado a la ligera porque Jesús se hizo hombre para tratar con él, pero tampoco el amor de Dios. Él no tenía porque convertirse en un hombre y sufrir como lo hizo, ¡pero lo hizo y lo hizo por ti! (2)
¿Cómo podemos dudar del amor de Dios cuando vemos que Cristo se hizo hombre?
Déjenme leerles un poco mas de A.W. Pink. Él dijo:
Es realmente increíble cuando el hombre fue hecho a imagen de Dios… ¡Pero me inclino de asombro y adoración a la asombrosa condescendencia de Dios al hacerse a la imagen del hombre! ¡Cómo esto manifiesta la grandeza de su amor y las riquezas de su gracia! Fue por su pueblo y su salvación que el Hijo eterno asumió la naturaleza humana y se humilló a sí mismo hasta la muerte. Dibujó un velo sobre su gloria para que Él pudiera quitar nuestro oprobio. Sin duda, los seguidores de aquel Salvador deben para siempre renunciar al orgullo.
Se humilló así mismo. Veló su gloria. Tomó la carne y nuestra humanidad. Ahí está el poder de la encarnación. ¿Cómo no humillarnos ante Dios y ante los demás?
Aquí está otra aplicación, otro «¿entonces qué?» de la humanidad de Cristo. Nos da gran ánimo y consuelo. Cuando nosotras experimentamos el cansancio físico, el dolor, las limitaciones humanas, toda una gama de emociones en este mundo caído, nos recuerda que Jesús ha vivido todo esto y más. Él se sujetó a sí mismo a las mismas leyes de la naturaleza a las cuales nosotras estamos atadas. Así que cuando batallemos bajo el peso de los problemas físicos, de los problemas emocionales, podemos clamar a Él y saber que Él nos entiende—Él puede compadecerse de nosotras.
El Salmo 103 dice, «Él conoce nuestra condición; sabe que somos de barro» (v.14 NVI) ¿Cómo lo sabe? No solo lo sabe porque Él nos creó, sino que lo sabe porque Él anduvo en nuestra piel. Humano como yo.
Eso es lo que lo hace misericordioso y fiel, sumo sacerdote, como dice Hebreos capítulo 2 quien se compadece de nosotras con nuestras debilidades y es capaz de ayudarnos.
Hay una antigua canción gospel que me encanta y dice:
¿Tiene cuidado Jesús cuando hay dolor en mi corazón?
¿Demasiado profundo para la alegría o la canción?
Al presionarme los problemas, y agravarse la angustia,
¿Y hacerse largo y pesado el camino?
¡Oh, Si! Él tiene cuidado, yo sé que Él tiene cuidado, Su corazón se angustia por mi dolor;
Cuando los días pesan, y las noches son largas y tristes, sé que mi Salvador tiene cuidado.
Lo sabemos porque Él ha estado ahí. El otro «¿Entonces qué?» como resultado de la humanidad de Cristo, Él nos dejó «un ejemplo», nos dice 1era de Pedro, que debemos seguir Sus pasos. Él no cometió pecado» (1Pedro 2:21-22). Quiero que medites en esto por un momento. Porque esto es impresionante si no has pensado en esto antes.
«Él nos dejó un ejemplo para que sigamos sus huellas. ¡No pecó nunca! Estamos llamadas a ser santas. El pecado es una ofensa contra un Dios santo. Nos han dicho que debemos ser santas, seguir los pasos de Jesús, seguir Su ejemplo. ¿Cuántas de nosotras sabemos que no podemos ser santas? No lo somos. Somos pecadoras. Tenemos una naturaleza pecaminosa. Pero sin embargo se nos manda a ser como Él. Pero he aquí las buenas noticias, por Su gracia, podemos ser santas.
Procesa esto conmigo por un momento. Jesús era totalmente Dios—es como Él era santo. Era completamente Dios. Pero nunca confió en Su naturaleza divina, ni usó ningún tipo de poder sobrenatural como Dios para vencer la tentación mientras estuvo aquí en la tierra.
Cuando Él superó Sus limitaciones, para que se cumpliera Su misión aquí en la tierra, Él no se basó en Sus poderes como Dios. Todavía tenía esos poderes, pero no descansó en esos poderes. Sin embargo, Él vivió una vida perfecta y sin pecado como un hombre, en un cuerpo humano.
¿Cómo lo hizo? Dependiendo del poder del Espíritu Santo. Usando los mismos recursos que tenemos disponibles nosotras como seres humanos. Fíjate en esto porque cambiara tu paradigma sobre cómo responder ante la tentación, cómo tratarás de vivir la vida Cristiana. Jesús enfrentó las mismas tentaciones, las mismas luchas diarias, el mismo cansancio, el mismo agotamiento, las mismas debilidades que nosotras experimentamos, pero sin pecado. Él respondió perfectamente bajo presión. ¡Oh, que pudiera yo decir esto!
Él obedeció a Dios en las circunstancias más adversas. Él amaba a la gente difícil de ser amada. Confiaba en el corazón de Su Padre cuando Él no podía ver Su mano. Venció como hombre en el poder del Espíritu Santo. Como hombre, vivió y operó en el poder del Espíritu mientras estuvo aquí en la tierra. La buena noticia es que ese mismo poder está disponible para nosotras por Su Espíritu que mora en nosotras. Podemos triunfar. Podemos vivir la vida al tener a Cristo viviendo en nosotras.
Pon estos dos versículos juntos del libro de los Hechos: «Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y poder”. (10:38) ¡Wao! Seguro Él hizo milagros. Dios le dio a Él, el poder en el Espíritu. Pero ahora veamos Hechos capítulo 1: «pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros»(1:8)
La humanidad de Cristo significa que como Cristo confió en el poder del Espíritu Santo para vivir esa vida perfecta, sin pecado, así nosotras podamos seguir Sus pisadas y depender y confiar en el mismo poder del Espíritu Santo, confiando en esos mismos recursos disponibles en que Cristo confió cuando hombre. ¿Anima eso tu corazón?
Leslie: Jesús era un ser humano. Probablemente ya habías escuchado eso antes. Pero cuando te enfocas en la verdad y en realidad la razonas, te ayuda a apreciar a Jesús en una forma totalmente nueva. Nancy Leigh DeMoss nos ha estado guiando en este proceso. Esa enseñanza de la humanidad de Jesús es parte de la serie, El Cristo incomparable.
Cada día de la serie es una nueva oportunidad para pensar en quién era Jesús y lo que hizo. Muchas de nuestras oyentes están sacando provecho de la serie al leer el libro “El Cristo incomparable” por J. Oswald Sanders, disponible en inglés. Es un clásico escrito en los años 50s. Tuvo un profundo impacto en Nancy, en las semanas previas a la Pascua del año pasado.
Cuando ves las representaciones de Jesús en pinturas y películas, ¿has notado que siempre lo ponen como un hombre débil? Nancy Leigh DeMoss te reta a pensar en un aspecto importante de Cristo—Su masculinidad. Eso es lo que veremos en el siguiente programa, en la serie El Cristo incomparable aquí en Aviva Nuestros Corazones.
Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.
Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.
1C. J. Mahaney. Christ Our Mediator. Multnomah, 2004, p. 42.
En la Capilla New Park Street, Southwark, Londres.
«El Poder del Espíritu Santo» — Romanos 15:13
El PODER es una prerrogativa exclusiva y especial de Dios y sólo de Dios. «Dos veces he oído esto: que de Dios es el poder.» Dios es Dios, y el poder le pertenece. Aunque delegue una porción de él a Sus criaturas, sigue siendo Su poder. El sol, aunque sea «como un esposo que sale de su tálamo, que se alegra como gigante para correr el camino,» no tiene el poder para ejecutar sus movimientos sino de la manera como lo dirija Dios. Las estrellas, aunque viajan en sus órbitas y nada las puede detener, no tienen ni poder ni fuerza propios, excepto aquel que Dios les otorga diariamente. El alto arcángel que está junto a Su trono y que brilla más que un cometa resplandeciente, -aunque sea uno de aquellos que destacan en fuerza y que escucha la voz de los mandamientos de Dios- no tiene sino el poder que su Creador le da.
En cuanto a Leviatán, que de tal manera hace hervir como una olla el mar profundo, que parece que el abismo es cano; y en cuanto a Behemot, que se bebe de un trago el Jordán y se jacta de poder chupar ríos enteros: todas esas criaturas majestuosas que se encuentran sobre la tierra, le deben su fortaleza a Él, que formó sus huesos de acero, y sus miembros como barras de hierro.
Y cuando pensamos en el hombre, y evaluamos si tiene fuerza o poder, todo lo que posee resulta ser tan poco e insignificante que apenas si podemos llamarlo poder. Sí, cuando está en la cumbre, cuando empuña su cetro, cuando está al mando de sus ejércitos, cuando gobierna naciones, el poder que tiene todavía le pertenece a Dios. Y esto es verdad: «Dos veces he oído esto: que de Dios es el poder.»
Esta prerrogativa exclusiva de Dios se encuentra en cada una de las tres Personas de la gloriosa Trinidad. El Padre tiene poder, pues por Su palabra fueron hechos los cielos y todo lo que contienen. Por Su fuerza todas las cosas se mantienen y por Él cumplen con su destino. El Hijo tiene poder pues, como Su Padre, Él es el Creador de todas las cosas, y «sin él no fue hecho nada de lo que ha sido hecho.» Y «en él todas las cosas subsisten.» Y el Espíritu Santo tiene poder.
Hoy voy a hablar acerca del poder del Espíritu Santo. Espero que puedan experimentar en sus propios corazones una ejemplificación práctica de ese atributo, cuando sientan que la influencia del Espíritu Santo está siendo derramada en mí para comunicar a sus almas las palabras del Dios viviente. Y espero que esa influencia les sea otorgada también a ustedes y que sientan sus efectos en sus propios espíritus.
Consideraremos el poder del Espíritu santo de tres maneras en este día. Primero, las manifestaciones externas y visibles de ese poder. Segundo, sus manifestaciones internas y espirituales. Y tercero, las obras futuras y esperadas, derivadas de ese poder. Confío que de esta manera el poder del Espíritu se hará presente claramente en sus almas.
I. Primero, entonces, debemos ver el poder del Espíritu en SUS MANIFESTACIONES EXTERNAS Y VISIBLES. El poder del Espíritu no ha estado inactivo, ha estado trabajando. Mucho ha sido hecho ya por el Espíritu de Dios; más de lo que pudiera haber sido logrado por ningún ser excepto el Infinito, Eterno, Todopoderoso Jehová, de quien el Espíritu Santo es una Persona. Hay cuatro clases de obras que son los signos externos y manifiestos del poder del Espíritu: las obras de creación, las obras de resurrección, las obras de testimonio y las obras de gracia. De cada una de estas obras hablaré brevemente.
1. Primero, el Espíritu ha manifestado la omnipotencia de Su poder en las obras de creación. Aunque no se menciona frecuentemente en la Escritura, la creación es atribuida algunas veces al Espíritu Santo, así como también al Padre y al Hijo. Se nos dice que la creación de los cielos es la obra del Espíritu de Dios. Esto lo verán de inmediato en las sagradas Escrituras, en Job 26:13: «Su espíritu adornó los cielos; Su mano creó la serpiente tortuosa.» Se dice que todas las estrellas del cielo fueron colocadas en lo alto por el Espíritu y una constelación particular llamada la «serpiente tortuosa» es señalada especialmente como el trabajo de Sus manos.
Él desata las ligaduras de Orión; Él ata con cadenas las dulces influencias de las Pléyades y guía a la Osa Mayor junto con sus hijos. Él hizo todas esas estrellas que brillan en el cielo. Los cielos fueron adornados por Sus manos y Él formó a la serpiente tortuosa con Su poder. Y así también muestra Su poder en esos actos continuos de creación que todavía se realizan en el mundo, como crear al ser humano y a los animales, su nacimiento y su generación. Estos actos también se le atribuyen al Espíritu Santo.
Si ven el Salmo 104, en los versículos 29 y 30, leerán, «Escondes tu rostro, se turban; les quitas el hálito, dejan de ser, y vuelven al polvo. Envías tu Espíritu, son creados; y renuevas la faz de la tierra.»
Así ven ustedes que la creación de todo hombre es la obra del Espíritu, y la creación de toda vida y de toda carne también. La existencia de este mundo se debe atribuir al poder del Espíritu, así como también el primer adorno de los cielos o la forma de la serpiente tortuosa. Y si ven en el primer capítulo del Génesis, allí notarán particularmente explicada esa peculiar obra de poder que fue llevada a cabo por el Espíritu Santo en el universo. Ustedes descubrirán entonces cuál fue Su trabajo especial. En el versículo segundo del primer capítulo de Génesis, leemos; «Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.»
No sabemos cuán remoto pueda ser el período de la creación de nuestra tierra: ciertamente muchos millones de años antes del tiempo de Adán. Nuestro planeta ha pasado por varias etapas de existencia y diferentes clases de criaturas han vivido en su superficie, todas ellas creadas por Dios. Pero antes de que llegara la era en la que el ser humano sería su habitante principal y monarca, el Creador entregó el mundo a la confusión. Permitió que los fuegos internos estallaran desde las profundidades y fundió toda la materia sólida de manera que toda clase de sustancias estaban mezcladas en una vasta masa de desorden. La única descripción que se podría dar al mundo de entonces es que era una caótica masa de materia.
Cómo debió ser, no podrían ustedes adivinarlo o definirlo. La tierra estaba enteramente desordenada y vacía. Las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Llegó el Espíritu y extendiendo sus anchas alas, ordenó a las tinieblas que se dispersaran y cuando voló Él sobre la tierra, todas las diferentes porciones de materia se colocaron en sus lugares y ya no fue «desordenada y vacía». Se volvió redonda como sus planetas hermanos y se puso en movimiento, cantando elevadas alabanzas a Dios, no de manera discordante como lo había hecho antes, sino como una grandiosa nota en la vasta escala de la creación.
Milton describe muy bellamente este trabajo del Espíritu que establece el orden donde hay confusión, cuando el Rey de la Gloria, en su poderosa Palabra y Espíritu, vino para crear nuevos mundos:
«Sobre el piso celestial se detuvieron, y desde la orilla
Contemplaron el vasto inmensurable abismo
Tempestuoso como un mar, sombrío, desolado, salvaje,
Conmocionado hasta el fondo por vientos furiosos,
Y por olas hinchadas como montañas, al asalto
De las alturas del cielo para mezclar el polo con lo profundo.
‘Silencio, ustedes, olas perturbadas, y tú, abismo, paz,’
Dijo la Palabra que todo crea. Pongan fin a sus discordias.»
Entonces sobre las aguas calmadas
El Espíritu de Dios Extendió sus alas creadoras
E infundió virtud vital y calor vital
A través de toda la masa fluida.»
Esto, vean ustedes, es el poder del Espíritu. Si hubiéramos visto esa tierra en toda su confusión, habríamos dicho: «¿Quién puede hacer un mundo de todo esto?» La respuesta habría sido: «El poder del Espíritu lo puede hacer. Con sólo extender sus alas como de paloma, Él puede hacer que todas las cosas se junten. Por ello habrá orden en donde no había nada sino confusión.» Y este no es todo el poder del Espíritu. Hemos visto algunas de Sus obras en la creación. Pero hubo una instancia de creación en particular en la que el Espíritu Santo estuvo más especialmente ocupado, a saber, la formación del cuerpo de nuestro Señor Jesucristo.
Aunque nuestro Señor Jesucristo nació de una mujer y fue hecho a semejanza de la carne pecadora, el poder que lo engendró estuvo enteramente en Dios el Espíritu Santo, como lo expresan las Escrituras, «El poder del Altísimo te cubrirá con su sombra.» Él fue concebido por el Espíritu Santo, como dice el Credo de los Apóstoles. «Por lo cual también el Santo Ser que nacerá será llamado Hijo de Dios.»
La estructura corporal del Señor Jesucristo fue una obra maestra realizada por el Espíritu Santo. Supongo que Su cuerpo debe haber sobrepasado a todos los demás en belleza. Que debe haber sido como el del primer hombre, justo el modelo de lo que será el cuerpo en el Cielo, en donde resplandecerá en toda su gloria. Esa estructura, en toda su belleza y perfección, fue modelada por el Espíritu. En Su libro estaban diseñados todos sus miembros cuando todavía no habían sido creados. Él Lo modeló y Lo formó. Aquí pues, tenemos otro ejemplo de la energía creativa del Espíritu.
2. Una segunda manifestación del poder del Espíritu Santo se encuentra en la resurrección del Señor Jesucristo. Si alguna vez han estudiado este tema, pueden haberse sentido desconcertados al descubrir que, algunas veces, la resurrección de Cristo es atribuida a Él mismo. Por Su propio poder y Divinidad resucitó. Él no podía haber sido detenido por los lazos de la muerte, sino que como entregó voluntariamente Su vida, tenía el poder de retomarla. En otra parte de la Escritura encontramos que la resurrección es atribuida a Dios el Padre: «Le levantó de los muertos.» «Exaltado por la diestra de Dios.» Y así otros muchos pasajes similares.
Pero, también se dice en la Escritura que Jesucristo fue levantado de entre los muertos por el Espíritu Santo. Ahora bien, todas esas cosas son ciertas. Él resucitó por el Padre, porque el Padre dijo: «suelten al prisionero, déjenlo ir. La justicia ha sido satisfecha. Mi Ley ya no requiere más satisfacción, la venganza ha recibido lo que le correspondía, déjenlo ir.» Aquí dio Él un mensaje oficial que liberó a Jesús de la tumba. Fue levantado por Su propia majestad y poder, porque Él tenía el derecho de salir y así lo sintió Él mismo y por ello «rompió las ataduras de la muerte, Él ya no podía ser retenido por ellas.» Pero fue levantado por el Espíritu en cuanto a esa energía que recibió Su cuerpo mortal, por la cual se levantó de nuevo después de haber permanecido en su tumba por tres días y noches.
Si quieren pruebas de esto deben abrir otra vez su Biblia en: 1 Pedro 3:18, «Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu.» Y se puede encontrar otra prueba en Romanos, 8:11 (me gusta citar los textos porque creo que es una gran falla de los cristianos no escudriñar las Escrituras lo suficiente, y yo haré que lo hagan cuando estén aquí, si es que no lo hacen en otros lugares), «Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.»
Entonces la resurrección de Cristo fue efectuada por la agencia del Espíritu, y aquí tenemos una noble ilustración de Su omnipotencia. Si hubieran podido entrar, como lo hicieron los ángeles, en la tumba de Jesús y ver su cuerpo durmiente, lo habrían encontrado frío como cualquier otro cadáver. Si hubieran levantado Su mano, se habría desplomado a un lado. Si hubieran podido mirar sus ojos, los habrían visto vidriosos. Y allí se ve la lanzada mortal que debió acabar con su vida. Vean Sus manos, no fluye la sangre, están frías e inmóviles.
¿Puede vivir ese cuerpo? ¿Puede levantarse? Sí. ¡Y puede ser un ejemplo del poder del Espíritu! Porque cuando el poder del Espíritu llegó a Él, al igual que cuando cayó sobre los huesos secos del valle, «Se levantó en la majestad de Su divinidad, brillante y resplandeciente, que asombró a los vigilantes de manera que huyeron. Sí, se levantó para no morir más, sino para vivir para siempre, Rey de reyes y Príncipe de los reyes de la tierra.»
3. La tercera de las obras del Espíritu Santo que han demostrado Su poder de manera maravillosa, son las obras de testimonio. Con ello quiero decir las obras que atestiguan. Cuando Jesucristo fue bautizado en el río Jordán, el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma de paloma y lo proclamó el Hijo Amado de Dios. Eso es lo que yo llamo una obra de testimonio. Y cuando después levantó al muerto, cuando sanó al leproso, cuando les habló a las enfermedades y éstas huyeron rápidamente, cuando salieron precipitadamente por millares los demonios de los que estaban poseídos, todo eso se hizo por el poder del Espíritu. El Espíritu habitaba en Jesús sin medida y por ese poder se obraron todos esos milagros. Estas fueron obras de testimonio.
Y cuando Jesús se fue, recordarán ese magistral testimonio del Espíritu, que regresó como un poderoso viento estruendoso entre los Apóstoles congregados y se les aparecieron lenguas repartidas como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos y fueron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según como el Espíritu les daba que hablasen. Y cómo también ellos hicieron milagros; cómo predicaban; cómo Pedro resucitó a Dorcas; cómo Pablo sopló la vida en Eutico; cómo se hicieron grandes milagros por los apóstoles así como los había hecho su Señor, de manera que se vieron grandes «señales y prodigios, llevados a cabo por el poder del Espíritu de Dios, y muchos creyeron.»
Después de eso ¿quién dudará del poder del Espíritu Santo? ¡Ah!, esos miembros de la secta de Socinio que niegan la existencia del Espíritu Santo y Su absoluta personalidad, ¿qué van hacer cuando los atrapemos mostrándoles las obras de creación, de resurrección y de testimonio? Ellos están contradiciendo a la Escritura. Pero observen: es una piedra sobre la que si algún hombre cae, saldrá lastimado; pero si cae sobre él como lo hará si se resiste, lo triturará hasta convertirlo en polvo. El Espíritu Santo tiene un poder omnipotente. Sí, tiene el poder de Dios porque Él es Dios.
4. Además, si queremos otro signo externo y visible del poder del Espíritu, podemos mirar a las obras de gracia. Vean una ciudad donde un adivino tiene el poder que él mismo ha proclamado como una gran persona. Un cierto Felipe entra y predica la Palabra de Dios y en seguida Simón el Mago pierde su poder y él mismo busca para sí el poder del Espíritu, imaginando que puede comprarse con dinero.
Vean, en tiempos modernos, un país en donde los habitantes viven en miserables tiendas hechas de paja, y se alimentan de reptiles y de otras criaturas semejantes; obsérvenlos cómo se inclinan ante sus ídolos y cómo adoran a sus falsos dioses y cómo están tan hundidos en la superstición y tan degradados, que se llegó a debatir si tenían alma o no.
Vean a un Robert Moffat, (misionero en Sudáfrica por más de 50 años) que va con la Palabra de Dios en su mano (que él mismo tradujo al lenguaje de los bechuanas), óiganlo predicar con la capacidad de expresión que le da el Espíritu, acompañando esa Palabra con poder. Ellos arrojan a un lado sus ídolos, y odian y aborrecen sus costumbres anteriores; construyen casas en donde habitan; se visten y ahora tienen una mente recta. Rompen el arco y parten la lanza en pedazos; la gente incivilizada se torna civilizada; el salvaje se vuelve educado; el que no sabía nada comienza a leer las Escrituras. De esta manera por boca de aquellos que fueron salvajes, Dios atestigua el poder de Su poderoso Espíritu.
Visiten una casa en esta ciudad -y los podríamos llevar a muchas de esas casas- donde el padre es un borracho, un hombre que vive en una condición desesperada; véanlo en su locura, y preferirían encontrarse con un tigre sin cadenas que con un hombre así. Da la impresión de que él podría partir a un hombre en pedazos si este llegara a ofenderlo. Observen a su esposa. Ella también tiene su voluntad, y cuando él la maltrata, ella le opone resistencia; se han visto muchas peleas en esa casa, y a menudo el ruido que generan molesta a todo el vecindario. En cuanto a los pobres niños, véanlos en sus harapos y desnudez, pobres pequeños ignorantes. ¿Ignorantes dije? Están siendo instruidos y muy bien instruidos en la escuela del demonio y están creciendo para ser herederos de la condenación. Pero alguien a quien Dios ha bendecido por su Espíritu es guiado a esa casa.
Tal vez sólo se trate de un humilde misionero de la ciudad, pero le habla a aquel hombre así: «oh» -le dice- «ven y escucha la voz de Dios.» Y la Palabra, que es poderosa y eficaz, corta el corazón del pecador ya sea por medio de su propio mensaje o por la predicación del ministro. Las lágrimas corren por sus mejillas como nunca las habían visto antes. Tiembla y se estremece; el hombre fuerte se inclina; el hombre poderoso tiembla y esas rodillas que nunca temblaron, comienzan a tambalearse. Ese corazón que nunca se acobardó, ahora empieza a temblar ante el poder del Espíritu.
Se sienta en una humilde banca junto al penitente, y observa cómo sus rodillas se doblan mientras sus labios pronuncian la oración de un niño, pero aunque es la oración de un niño, es la oración de un hijo de Dios. Su carácter le cambia. ¡Observen el cambio en su casa! Su mujer se vuelve una señora decente, esos niños son el crédito de la casa y, a su debido tiempo, crecen como ramas de olivo alrededor de su mesa, adornando su casa como piedras preciosas. Si pasaran por ese hogar, no escucharían ruidos ni peleas, sino cánticos de Sion.
Véanlo, no más orgías de borracho; ha vaciado su última copa y ahora, renunciando a lo anterior, viene a Dios y es Su siervo. Ahora ya no escucharán a la media noche el grito de las bacanales, pero si se oyera un ruido, sería el sonido de un solemne himno de alabanza a Dios. Y, entonces, ¿acaso no existe algo así como el poder del Espíritu? ¡Sí! Y estos seres deben haberlo experimentado y visto.
Conozco un pueblo que solía ser el más profano de Inglaterra, un pueblo inundado de borrachos y de libertinos de la peor clase, donde era casi imposible que un viajero honesto se detuviera en una posada sin ser molestado por las blasfemias, un lugar notorio por sus incendiarios y por sus ladrones. Un hombre, el jefe de todos, escuchó la voz de Dios. El corazón de ese hombre fue quebrantado. Todos sus pandilleros vinieron también para escuchar la predicación del Evangelio, y se sentaron y parecían reverenciar al predicador como si fuera un dios y no un hombre. Estos hombres fueron cambiados y reformados; y todo aquel que conoce ese lugar afirma que un cambio así no hubiera podido ocurrir nunca, sino sólo mediante el poder del Espíritu Santo.
Dejen que se predique el Evangelio y que sea derramado el Espíritu y verán que tiene un poder tal como para cambiar la conciencia, para mejorar la conducta, para levantar al degradado, para castigar y reprimir la maldad de la raza, y ustedes deben gloriarse en eso. Digo: nada hay como el poder del Espíritu. Tan solo déjenlo entrar y seguramente todo puede lograrse.
II. Ahora, el segundo punto: EL PODER INTERIOR Y ESPIRITUAL DEL ESPÍRITU SANTO. Lo que ya he mencionado, puede ser visto. De lo que estoy a punto de hablar debe ser sentido y ningún hombre entenderá verdaderamente lo que digo a menos que lo sienta. Lo visible, aun el infiel debe confesarlo; lo visible, el más grande blasfemo no puede negarlo, habla la verdad; pero de este poder interior alguien se reirá con entusiasmo y otro dirá que no es sino la invención de nuestras fantasías febriles. Sin embargo, tenemos una palabra de testimonio más segura que todo lo que ellos puedan decir. Tenemos un testigo en nuestro interior. Sabemos que es la verdad y no tenemos miedo de hablar del poder interno espiritual del Espíritu Santo. Observemos dos o tres cosas en las que el poder interior y espiritual del Espíritu Santo se puede ver muy grandemente y alabarlo.
1. Primero, el Espíritu Santo tiene poder sobre los corazones de los hombres. Ahora bien, los corazones de los hombres son difíciles de impresionar. Si quieres interesarlos en cualquier objeto mundano, lo puedes lograr. Una palabra engañosa puede ganar el corazón de un hombre; un poco de oro puede ganar el corazón de un hombre; un poco de fama y un poco del clamor del aplauso pueden ganar el corazón de un hombre. Pero no hay ningún ministro que respire que pueda ganar el corazón de un hombre por sí mismo. Puede ganar sus oídos y hacer que lo escuchen; puede ganar sus ojos y hacer que se fijen en él; puede ganar la atención, pero el corazón es muy resbaloso. Sí, el corazón es un pez que no se deja atrapar por los pescadores del Evangelio. Pueden algunas veces sacarlo casi fuera del agua pero, viscoso como una anguila, se resbala entre sus dedos, y, después de todo, no lo capturan. Muchos hombres se han imaginado que han capturado el corazón, pero luego se han desengañado. Se necesita de un hábil cazador para atrapar al ciervo en las montañas. Es demasiado rápido para que el pie humano pueda acercársele. Sólo el Espíritu tiene el poder sobre el corazón del hombre. ¿Alguna vez han probado ustedes su poder en algún corazón? Si alguien pensara que un ministro puede convertir el alma, me gustaría que lo intentara.
Déjenlo que vaya y sea un maestro de la escuela dominical. Dará su clase, tendrá los mejores libros que puedan obtenerse, tendrá las mejores reglas, instalará sus murallas alrededor de su Sebastopol espiritual. Tomará al mejor muchacho de su clase y mucho me equivoco si ese muchacho no estuviere cansado en una semana. Déjenlo que pase cuatro o cinco domingos intentándolo, pero luego dirá «Este muchacho es incorregible.» Déjenlo intentar con otro. Y tendrá que intentar con otro y otro y otro, antes de que pueda ser capaz de convertir a uno. Pronto se dará cuenta que: «No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.» ¿Puede convertir un ministro? ¿Puede tocar el corazón? David dijo, «Se engrosó el corazón de ellos como sebo.» Sí, eso es completamente cierto y no podemos atravesar tanta grasa. Nuestra espada no puede llegar al corazón porque está recubierto de tal cantidad de grasa que es más duro que una rueda de molino. Más de una buena espada vieja de Jerusalén ha perdido su filo contra un corazón duro. Una pieza del verdadero acero que Dios ha puesto en las manos de sus siervos ha perdido su filo al ser apuntada contra el corazón de un pecador. Nosotros no podemos llegar al alma; pero el Espíritu Santo sí puede. «Mi amado metió su mano por la ventanilla, y mi corazón se conmovió dentro de mí.» Él puede dar un sentido del perdón comprado con la sangre que puede disolver a un corazón de piedra. Él puede:
Hablar con esa voz que despierta a los muertos,
Y que ordena levantarse al pecador,
Y que hace que la conciencia culpable tema
La muerte que nunca muere.
Él puede hacer que se oigan los truenos del Sinaí; sí, y Él puede hacer que los dulces susurros del Calvario entren en el alma. Él tiene poder sobre el corazón del hombre. Y la prueba gloriosa de la omnipotencia del Espíritu es que Él tiene dominio sobre el corazón.
2. Pero hay una cosa más terca que el corazón: es la voluntad. «Mi Señor Obstinado,» como Bunyan llama a la voluntad en su libro La Guerra Santa, es un individuo que no puede ser fácilmente doblegado. La voluntad, especialmente en algunos hombres, es una facultad muy terca, y en cuanto a todos los hombres, si la voluntad es movida a oponerse, no hay nada que se pueda hacer con ellos. Alguien cree en el libre albedrío; muchos sueñan con el libre albedrío. ¡El Libre Albedrío! ¿Dónde se podrá encontrar? Una vez hubo libre albedrío en el Paraíso, y un terrible caos fue generado allí por el libre albedrío, porque echó a perder todo el Paraíso y arrojó a Adán fuera del huerto. Una vez hubo libre albedrío en el cielo, pero arrojó fuera al glorioso arcángel, y una tercera parte de las estrellas del cielo cayó en el abismo.
Yo no quiero tener nada que ver con el libre albedrío, pero trataré de ver si tengo libre albedrío dentro de mí. Y encuentro que lo tengo. Verdadero libre albedrío para el mal, pero muy pobre albedrío para lo que es bueno. Suficiente libre albedrío cuando peco, pero cuando quiero hacer el bien, el mal está presente en mí y cómo hacer lo que quisiera, no lo puedo descubrir. Sin embargo algunos presumen de libre albedrío. Me pregunto si aquellos que creen en él tienen algún poder mayor sobre las voluntades de las personas del que yo tengo. Yo sé que yo no tengo ninguno.
Encuentro que el viejo proverbio es muy cierto: «Un hombre puede llevar un caballo al agua, pero cien hombres no pueden hacer que beba.» Encuentro que yo puedo llevar a todos ustedes al agua y a muchos más de los que pueden caber en esta capilla. Pero yo no los puedo hacer beber y no creo que ni cien ministros puedan hacerlos beber a ustedes.
He leído a Rowland Hill, Whitfield y a otros muchos, para ver qué hicieron ellos. Pero no puedo descubrir un plan para cambiar las voluntades de ustedes. No puedo persuadirlos. Y ustedes no cederán de ninguna manera. No creo que ningún hombre tenga poder sobre la voluntad de su compañero, pero el Espíritu de Dios sí lo tiene. «Los haré dispuestos en el día de mi poder.» Hace que el pecador que no tiene voluntad quiera de tal manera, que vaya impetuosamente tras el Evangelio. El que era obstinado, ahora se apresura hacia la Cruz. El que se reía de Jesús, ahora se aferra a Su misericordia. Y el que no quería creer ahora es llevado a creer por el Espíritu Santo, no sólo con gusto, sino ansiosamente. Es feliz, está contento de hacerlo, se regocija con el sonido del nombre de Jesús y se deleita en correr por el camino de los mandamientos de Dios. El Espíritu Santo tiene poder sobre la voluntad.
3. Y, sin embargo, creo que hay algo que es peor que la voluntad. Podrán imaginar a qué me refiero. La voluntad es algo más difícil de doblegar que el corazón. Pero hay una cosa que sobrepasa a la voluntad en su maldad y es la imaginación.
Espero que mi voluntad esté dirigida por la Gracia Divina. Pero me temo que en ocasiones mi imaginación no lo está. Aquellos que tienen mucha imaginación saben cuán difícil es de controlar. No la pueden refrenar. Romperá las riendas. Nunca serán capaces de dominarla. La imaginación a veces volará hacia Dios con tal poder que las alas del águila no pueden igualarla. A veces tiene tal poder que casi puede ver al Rey en su belleza y la tierra distante. En lo que a mí respecta, mi imaginación me lleva a veces sobre las puertas de hierro, a través de ese infinito desconocido hasta las propias puertas de perlas y me permite descubrir al bendito Glorificado.
Pero si es potente en un sentido también lo es en el otro. Pues también mi imaginación me ha hecho descender a los más viles escondrijos y cloacas de la tierra. Me ha traído pensamientos tan horribles, que a pesar de no poder evitarlos, he estado completamente aterrorizado por ellos. Estos pensamientos vendrán y cuando me siento en mi marco más santo, más devoto hacia Dios y más fervoroso en mi oración, a menudo sucede que es el preciso momento que estalla la plaga en su peor forma. Pero me gozo y pienso una cosa, que puedo clamar cuando esta imaginación viene a mí.
Yo sé que se dice en el Libro de Levítico que cuando se cometía un acto de maldad, si la muchacha clamaba contra él, entonces salvaba su vida. Así sucede con el cristiano; si clama hay esperanza. ¿Pueden encadenar a la imaginación? No, pero el poder del Espíritu Santo sí puede hacerlo. Lo hará y ciertamente termina haciéndolo. Lo hace aún aquí en la tierra.
III. Pero la última cosa es: EL FUTURO Y LOS EFECTOS DESEADOS, porque, después de todo, aunque el Espíritu Santo ha hecho tanto, no puede decir todavía: «Consumado es.» Jesucristo pudo exclamar en lo que concierne a Su propia labor, «Consumado es»; pero el Espíritu Santo no puede decir eso, pues tiene todavía más que hacer. Y hasta la consumación de todas las cosas, cuando el propio Hijo llegue a ser sujeto al Padre, el Espíritu Santo no dirá: «consumado es.» ¿Qué es lo que tiene que hacer el Espíritu Santo?
1. Primero, tiene que perfeccionarnos en la santidad. Hay dos clases de perfección que un cristiano necesita: una es la perfección de la justificación en la persona de Jesús. Y la otra es la perfección de la santificación obrada en él por el Espíritu Santo.
Por el momento, la corrupción todavía descansa en los pechos de los regenerados. Actualmente el corazón es parcialmente impuro. Todavía tenemos lujurias e imaginaciones malvadas. Pero, oh, mi alma se regocija al saber que viene el día cuando Dios terminará el trabajo que ha iniciado y presentará mi alma, no solamente perfecta en Cristo, sino, perfecta en el Espíritu, sin mancha o defecto, o nada parecido.
¿Y es verdad que este pobre corazón depravado, llegará a ser tan santo como el de Dios? Y este pobre espíritu que a menudo exclama: «¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de pecado y de muerte?»; este mismo pobre espíritu, ¿será libre del pecado y de la muerte? ¿Y ya no oiré cosas malas que perturben mis oídos ni tendré pensamientos impuros que perturben mi paz? ¡Oh, feliz hora! ¡Que se apresure! Justo antes de que yo muera, se habrá terminado la santificación, pero hasta ese momento no puedo tener la perfección en mí mismo. Pero en aquel instante cuando parta mi espíritu tendrá su último bautismo en el fuego del Espíritu Santo. Será puesto en el crisol para su última prueba en el horno.
Y entonces, libre de toda escoria y fino como una barra de oro puro, será presentado a los pies de Dios sin el mínimo grado de escoria o mezcla. ¡Oh, gloriosa hora! ¡Oh, momento bendito! Pienso que deseo morir aunque no hubiera un cielo, si tan solo pudiera tener esa última purificación y salir de la corriente del río Jordán totalmente limpio después de ser lavado. ¡Oh ser lavado, y quedar blanco, limpio, puro perfecto! Ni un ángel será más puro de lo que yo seré. ¡Sí! ¡Ni Dios mismo será más santo! Seré capaz de decir en un sentido doble, «¡Gran Dios, soy limpio, por medio de la sangre de Jesús soy limpio, y a través de la obra del Espíritu, también soy limpio!» ¿No debemos ensalzar el poder del Espíritu Santo que nos hace aptos para estar ante nuestro Padre en el cielo?
2. Otra gran obra del Espíritu Santo que no está cumplida todavía es la de traer la gloria del último día. En unos cuantos años, no sé cuando, no sé cómo, el Espíritu Santo será derramado en una forma muy diferente que en el presente.
Hay diversidad de operaciones. Y durante los últimos años ha ocurrido que las operaciones diversificadas han consistido en muy poco derramamiento del Espíritu. Los ministros siguen una rutina monótona, continuamente predicando, predicando, predicando y poco bien se ha hecho. Tengo la esperanza de que tal vez una nueva era haya amanecido sobre nosotros y que habrá un mayor derramamiento del Espíritu Santo ahora.
¡Porque llega la hora y puede ser justo ahora, cuando el Espíritu Santo será derramado otra vez de una manera tan maravillosa, que muchos correrán de un lado a otro y se incrementará el conocimiento! ¡El conocimiento del Señor cubrirá la tierra así como las aguas cubren la superficie de los grandes abismos!
Vendrá Su reino y Su voluntad será hecha en la tierra como lo es en el cielo. No estaremos esforzándonos para siempre como Faraón sin las ruedas de su carruaje. Mi corazón se alegra y mis ojos brillan con el pensamiento de que muy probablemente viviré para ver cómo se vierte así el Espíritu cuando, «los hijos y las hijas de Dios otra vez profetizarán y los jóvenes verán visiones y los ancianos soñarán sueños.»
Tal vez no habrá dones milagrosos porque no serán requeridos. Pero sin embargo habrá tal cantidad milagrosa de santidad, tal extraordinario fervor de oración, tal real comunión con Dios y tanta religión vital y tanta difusión de las doctrinas de la cruz, que todo mundo verá que verdaderamente el Espíritu es derramado como agua y como las lluvias que descienden de arriba. Oremos por eso, laboremos continuamente por eso y busquémoslo de Dios.
3. Otra obra adicional del Espíritu que manifestará de manera especial Su poder, será la resurrección general. Tenemos razón para creer por la Escritura que la resurrección de los muertos, aunque será efectuada por la voz de Dios y de Su Palabra (el Hijo), también será efectuada por el Espíritu. Ese mismo poder que levantó a Jesucristo de entre los muertos, también vivificará los cuerpos mortales. El poder de la resurrección es tal vez una de las mejores pruebas de las obras del Espíritu. ¡Ah, mis amigos, si pudiéramos desprender el manto de esta tierra por un momento, si el verde césped pudiera cortarse y pudiéramos ver dos metros abajo en sus profundidades, qué mundo se revelaría! ¿Qué veríamos? Huesos, esqueletos, podredumbre, gusanos, corrupción Y ustedes dirían, ¿Vivirán estos huesos secos? ¿Se pueden levantar? «¡Sí, en un momento! En un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta, los muertos serán resucitados.» Él habla, ¡están vivos! ¡Véanlos dispersos, pero el hueso se junta con su hueso! ¡Véanlos desnudos, pero la carne los recubre nuevamente! Véanlos aún sin vida. «¡Ven de los cuatro vientos, oh, aliento y sopla sobre estos muertos!» Cuando el viento del Espíritu Santo viene, ellos vivirán y estarán de pie como un gran ejército.
De esta forma he intentado hablarles del poder del Espíritu y confío que se los he podido mostrar. Ahora debemos dedicar un momento o dos para una conclusión práctica:
¡Cristiano, el Espíritu es muy poderoso! ¿Qué concluyes de ese hecho? ¡Pues que tú nunca debes desconfiar del poder de Dios para llevarte al cielo! ¡Oh, qué dulce verso es ése que impresionó mi alma el día de ayer!
«Su probado brazo todopoderoso
Está levantado para tu defensa.
¿Dónde está el poder que pueda
Alcanzarte en tu refugio
O que pueda arrancarte de allí?
El poder del Espíritu Santo es tu baluarte y toda Su omnipotencia te defiende. ¿Pueden conquistar tus enemigos a la omnipotencia? Entonces pueden conquistarte. ¿Pueden luchar con la Deidad y arrojarla al suelo? Entonces ellos pueden conquistarte. Pero eso no sucederá, porque el poder del Espíritu es nuestro poder, el poder del Espíritu es nuestra fortaleza.
Y además, cristianos, si éste es el poder del Espíritu ¿por qué habrían de dudar de Su poder? Ahí está tu hijo, ahí está tu esposa por la que has suplicado con tanta frecuencia: no dudes del poder del Espíritu. «Aunque tardare, espéralo; porque sin duda vendrá, no tardará.» Ahí está tu esposo, oh santa mujer; tú has luchado por su alma y aunque es un infeliz tan endurecido y desesperado que te trata mal, hay poder en el Espíritu.
Oh ustedes que han salido de iglesias desoladas, con muy escasas hojas en el árbol, no duden que el poder del Espíritu los levante. Porque será «lugar donde descansen asnos monteses, y ganados hagan majada.» Abierto, pero deshabitado hasta que el Espíritu se derrame desde arriba. Y entonces el suelo árido será convertido en un estanque y la sedienta tierra tendrá fuentes de agua. Entonces en las habitaciones de los dragones, en donde cada uno de ellos yace, habrá pasto con carrizos y juncos.
Y ustedes, ¡oh miembros de este templo!, que recuerdan lo que Dios ha hecho especialmente para ustedes, no desconfíen nunca del poder del Espíritu. Ustedes han visto el desierto florecer como el Carmelo. Ustedes han visto el desierto florecer como una rosa. Confíen en Él para el futuro. Salgan pues y laboren con esta convicción: el poder del Espíritu Santo es capaz de todo. Vayan a su escuela dominical, vayan a distribuir sus folletos, vayan a su empresa misionera, vayan a predicar en sus habitaciones con la convicción de que el poder del Espíritu es nuestra gran ayuda.
Y ahora, por último, a ustedes pecadores, ¿qué más tenemos que decirles acerca de este poder del Espíritu? Estoy convencido de que hay esperanza para algunos de ustedes. Yo no puedo salvarlos, yo no puedo conmoverlos; a veces puedo hacer que lloren, pero luego se secan sus ojos y todo termina, pero yo sé que mi Señor sí puede. Ese es mi consuelo.
Tú, que eres el primero de los pecadores, hay esperanza para ti; este poder te puede salvar como a cualquiera. Es capaz de romper tu corazón aunque sea de hierro, puede hacer que de tus ojos broten las lágrimas aunque hayan sido como rocas anteriormente. Su poder es capaz hoy, si Él lo quisiera, de cambiar tu corazón, de modificar la corriente de todas tus ideas, de hacerte de inmediato un hijo de Dios, de justificarte en Cristo.
Hay poder suficiente en el Espíritu Santo. Él puede traer a los pecadores a Jesús. Él es capaz de hacerte querer en el día de Su poder ¿Quieres esta mañana? ¿Ha ido Él tan lejos como para hacer que desees Su nombre, para hacer que desees a Jesús?
Entonces, ¡oh pecador!, mientras Él te atrae di: «atráeme, soy infeliz sin Ti.» Síguelo, síguelo y a medida que Él te conduzca, pisa sobre Sus huellas y regocíjate de que Él haya iniciado una buena obra en ti, porque hay una evidencia de que Él continuará haciéndolo hasta el final. Y ¡oh, tú que estás abatido!, pon tu confianza en el poder del Espíritu, descansa en la sangre de Jesús y tu alma es salva, no solamente ahora, sino a través de toda la eternidad. Que Dios los bendiga a ustedes, amados lectores. Amén.
Rolando Otoniel (Otto) Sánchez Pérez, nació el 24 de febrero del año 1966 en la ciudad de Santo Domingo.
Viene de un hogar cristiano y conoció la gracia de Jesucristo en su adolescencia.
Es pastor de la Iglesia Bautista Ozama desde el año 1992. Sus primeros estudios universitarios fueron en el área de Publicidad. Realizó estudios ministeriales en el Seminario Teológico Bautista Dominicano.
Tiene una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Theological Studies y candidato al Phd, por la misma casa académica.
El pastor Otto está dirigiendo el STBD (Seminario Teológico Bautista Dominicano) desde enero del 2008. Está casado con Susana Almanzar y tienen dos niñas, Elizabeth Marie y Alicia.
Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría
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Josías Grauman
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