2/9 – La fuerza por medio de la autoridad

El Amor que Vale

Serie: El increíble poder de la autoridad de Dios

2/9 – La fuerza por medio de la autoridad

Adrian Rogers

El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

Más acerca del Dr. Adrián Rogers:

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Episodio 4 – Qué debe pensar un cristiano sobre el socialismo?

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

¿Qué debe pensar un cristiano sobre el socialismo?

Episodio 4

SOBRE NOSOTROS

Es el podcast Ask Pastor John en Español, en la voz de Nathan Díaz. Disponible también en videos.

Nuestra misión es predicar el Evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo por todos los medios online, a todo el mundo.

La creación: El acto de apertura

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

La creación: El acto de apertura

R.C.Sproul

Mientras venía de camino en mi auto encendí la radio y empecé a escuchar uno de esos programas de noticias muy conocidos y que uno reconoce porque más o menos todos tienen el mismo formato. El narrador empieza su reporte diciendo, “Estos son los titulares” y después de leer los más importantes, viene una breve pausa para luego decir, “Ahora el desarrollo de las noticias”. Esa es la estructura de cómo se dan las noticias.

Bueno, cuando miramos un drama, tal como lo haremos hoy mientras estudiamos el drama de la redención, y pensamos en las producciones dramáticas del teatro, sabemos que están usualmente estructuradas de acuerdo a actos y conforme a escenas. Habrá un Acto Uno, Escena Uno, Escena dos y así sucesivamente. Muchas obras tienen tres actos. Y si miramos el Drama de la Redención, veremos que hay ciertas etapas que toman lugar, y podría decirse que, en la elaboración de esta redención, el Acto Uno sería la narración bíblica de la creación.

Vemos que el Acto Uno establece la escena para todo lo que se desarrollará en el drama; y una de las cosas extraordinarias es, creo yo, la total magnitud del tamaño de la Escritura—¡66 libros compilados en un solo libro!

De hecho, la Biblia no es solo un libro, es una biblioteca. Son 66 libros puestos juntos, y cuando empezamos con la página uno del Acto Uno, la primera declaración del Antiguo Testamento es, ¿qué?: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. De tal forma que en la primera página oímos acerca de la creación del universo. Y luego oímos de la creación de los seres humanos, y todas esas obras de creación son relatadas para nosotros en los primeros dos capítulos de la Biblia.

El capítulo tres del Génesis nos entrega el Acto Dos, el registro de la caída de la humanidad y la caída de toda la creación. Y todo lo que aparece desde Génesis tres hasta el final del Apocalipsis es acerca de la redención.

¿No es esto increíble? ¿Que solo dos capítulos son para la creación, uno a la caída, y el resto de la Escritura está dedicado al Señor revelándonos el Drama de la Redención?

Bueno, cuando observamos la creación de Adán y Eva, su situación en el paraíso, lo observamos en términos del pacto.

El de ahora no es el pacto que existe entre los miembros de la Divinidad, el que ya hemos examinado—el pacto de la redención—sino que ahora hay una relación de pacto entre el creador y la criatura—entre Dios y Adán y Eva.

Es importante que entendamos que, en este pacto particular, las partes del acuerdo no son iguales. Estamos familiarizados con los pactos en la sociedad. Quizás el más familiar sea el pacto matrimonial en donde dos personas van juntas delante de Dios para hacer promesas solemnes, hacer un juramento sagrado en los votos y ponerse de acuerdo en los términos de su relación.

Ellos prometen que van a hacer cosas por y para ellos juntos que serán de beneficio mutuo. Esa es la estructura de pacto matrimonial. Entonces se presume que tenemos dos partes iguales compartiendo en ese pacto o en ese contrato.

Ahora, cuando uno tiene delante contratos industriales entre una compañía y sus empleados, hay una persona que es el superintendente y hay otra persona que es el empleado. Ahora, este contrato involucra obligaciones y promesas de ambos lados, pero no se trata de partes iguales.

El empleado no puede despedir a la compañía, pero la compañía puede despedir al empleado. Entonces no todo es igual en este tipo de relación de pacto. Y digo esto por la siguiente razón: Cuando Dios hace un pacto con sus criaturas, este no es un pacto entre partes iguales.

Hay un soberano en esta relación, y hay un subordinado en esta relación, y obviamente es Dios quién es soberano. Y el Señor no está requerido a entrar en ninguna clase de acuerdo con nosotros. Cuando crea a sus criaturas, Él no le debe a esas criaturas nada. Sin embargo, sí se involucra en la creación de pactos, y esa es la relación que nosotros llamamos en teología una Relación de Pacto—una relación basada en un acuerdo de pacto con promesas y bendiciones que surgen del mismo pacto.

Entonces, cuando Dios crea a Adán y Eva los pone en el Jardín del Edén, les da bendiciones producto de su gracia. Ellos no merecen nada. En primer lugar, ellos no se han ganado el derecho a existir. No se han ganado el derecho a la vida, o aun la continuidad de su existencia.

Dios pudo haberlos creado, los hubiera disfrutado por cinco minutos y luego destruirlos si así lo hubiera querido. Pero, en vez de eso, producto de su benevolencia, de su bondad, Él se inclinó o condescendió para hacer un pacto con sus criaturas.

Ahora, la pregunta es, ¿Cómo es que llamaremos a ese pacto? Bueno, ha sido llamado de diferentes maneras, y quisiera tomar unos pocos minutos hoy para ver las diferentes formas en las que este arreglo, o esta relación que Dios estableció con sus criaturas, fue estructurado.

Algunos se refieren al pacto que Dios hizo con Adán y Eva como el “Pacto de la Creación” y éste se refiere a las reglas, las promesas y todas aquellas cosas que Dios le dio a la humanidad antes de que hubiera una caída. Antes de que el pecado entrase en el mundo, ya hubo una ley. Ya hubo un mandamiento. Cuando Dios creó a Adán y Eva, les dio mandamientos. Les dijo a ellos, “Fructificad y multiplicaos”. Él los puso en el Jardín del Edén, pero no simplemente para que lo disfruten.

Él les dio una tarea para que participen en el mantenimiento de lo que Dios ha hecho. Él les ordena a Adán y Eva que disfruten del Jardín y de los frutos del huerto. “De todo árbol del huerto podrás comer”, les dijo. Él les dio las bendiciones de la vida, de la nutrición y del sustento, pero también les dio responsabilidad—no solo la responsabilidad de ser fructíferos, procrear, multiplicarse—les dio la responsabilidad de nombrar los animales, lo cual, en términos sencillos, es el nacimiento de la ciencia. Es el nacimiento de la clasificación de los objetos en el mundo físico, que es justamente de lo que trata la ciencia.

Pero no es solo esto. Les da la responsabilidad del cuidado del Huerto. Les dice que ellos deben guardar el jardín y reponer el huerto. Por eso es que entendemos que, en la creación, Dios le da a la humanidad una tarea por realizar.
Algunos de nosotros tendemos a pensar que el trabajo es la maldición de la Caída.

Veremos más adelante la maldición de la Caída, pero el trabajo no es parte de esa maldición. Cómo es que nuestro trabajo se desarrolla después de la Caída sí es parte de la maldición. Se hará con fatiga, la tierra opondrá cierta resistencia y tendremos que lidiar con las espinas y los abrojos y todo lo demás,

pero la misma realidad del trabajo mismo no es una maldición. Esta desarrollado en la creación. Dios creó a esas personas y les dio un trabajo por hacer porque Dios mismo es un Dios trabajador. Seis días trabajó Dios para crear todas las cosas que existen y luego santificó el séptimo—lo santificó, lo bendijo.

Y por inferencia, nuestra tarea es reproducir y reflejar el carácter laboral de Dios. Somos seres creados para trabajar. También fuimos creados para descansar. Fuimos creados para reanimarnos y también fuimos creados para la santidad—para reproducir y reflejar a ese Dios que es santo, quién trabaja y quién descansa.

Pero en estas tareas que Dios nos entrega, hay promesas de vida. Él establece en su Jardín un árbol que no debía ser tocado, que es llamado el árbol de la ciencia del bien y del mal y también hay un árbol de la vida, del que oímos de forma esporádica en las Escrituras.

Ahora, con el fin de que el ser humano alcance la vida eterna—él no la tiene en el jardín. Él es creado con la capacidad de morir. No somos por naturaleza o de forma intrínseca inmortales. Ahora, la Escritura deja en claro que Adán y Eva no morirían a menos que pecaran, pero para que ellos alcancen la bendición de la eterna comunión con Dios, primero deberían manifestar obediencia antes que ellos siquiera puedan saborear al árbol de la vida.

Y así, muchos de los eruditos bíblicos ven el drama de lo que está pasando en el paraíso como el drama del período de prueba, que fuimos creados a la imagen de Dios, pero que fuimos puestos a prueba. Hubo una examinación. Teníamos obligaciones que estábamos llamados a obedecer y promesas de bendiciones si en realidad las obedecíamos.

Ahora, a eso le llamamos, como dije, el “pacto de la creación”, y es importante que entendamos que el pacto de la creación es el pacto que no solo fue hecho entre Dios y dos personas—Adán y Eva—sino que con este pacto que Dios hizo con Adán y Eva, Él está haciendo un pacto con todos los seres humanos.

El pacto es con Adán y Eva y con todos sus descendientes. Entonces, cuando hablamos de este pacto, decimos que no es solo un pacto que Dios simplemente hizo con los judíos o que Dios hace con los cristianos. Es un pacto que Dios hace con man qua man—con todos los seres humanos.

Ahora, ¿Por qué es importante para nosotros recordar esto? Bueno, ten en mente que, si cada persona humana está en una relación de pacto con Dios, esto significa que no hay salida para nosotros. Si una persona no cree en Dios, eso no lo libera de la obligación de obedecer los términos del pacto de la creación.

Estamos en el pacto de la creación en virtud de ser descendientes de Adán y Eva. Todos los seres humanos están en una relación de pacto con Dios. La única diferencia es que algunos somos guardadores del pacto y otros somos quebrantadores del pacto, y todos nosotros hemos quebrantado el pacto.

Lo que estoy diciendo es que estamos siempre en una relación de pacto con Dios—todos nosotros—y que estamos allí ya sea en una relación positiva o negativa, porque si rompemos y violamos los términos del contrato que tenemos con nuestro creador, esto no anula el contrato.

He dicho todo esto para decir que esto simplemente significa que cada ser humano es responsable delante de Dios por su vida. Podrías decir, “Yo escogí el salirme de esa relación”. No puedes. Serás contado como responsable. Estás en una relación con Dios.

La única pregunta es la siguiente, ¿Es una relación de distanciamiento o es una relación de redención? Allí radica el conflicto en el drama. Ahora, hay un gran argumento en teología acerca de cómo es que también llamaremos al pacto de la creación.

Algunas veces nos referimos al pacto de creación como el pacto de obras y distinguimos la idea de un pacto de obras de un pacto de gracia. Ahora, tal distinción es significativa y tiene sentido, pero tenemos que ser muy, muy cuidadosos con eso, y algunos protestan diciendo: “No deberíamos hablar de un pacto de obras en absoluto”.

Lo que se trata de decir con un pacto de obras es que los términos de las promesas y las bendiciones de este pacto están directamente basados en nuestro comportamiento—ya sea que obedezcamos o no a Dios.

Y cuando observas la historia del Génesis y ves el ambiente y la relación entre Dios y Adán, Él dice, cuando Dios lo dice negativamente, que no están autorizados a tocar el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal—Él dice, “… porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”.

Entonces Dios está diciendo, ya sea que vivas o que mueras, ya sea que seas maldito o que seas bendecido, todo depende de ¿qué? De tu comportamiento—de tu obediencia o de tu desobediencia. Esto es que el ser humano será juzgado por sus obras de acuerdo al pacto de obras.

Pero aquellos que objetan esa designación dicen, “Pero RC, aun el pacto tiene gracia” y ellos tienen razón porque, como he dicho antes, Dios no está bajo ninguna obligación de entrar en un pacto o en un acuerdo con sus criaturas. La misma prueba que ofrece una promesa de bendición viene de la misericordia y asentimiento de Dios.

Parte del problema que tenemos es que queremos hacer una absoluta distinción entre la ley de Dios y la gracia de Dios, y nos olvidamos que aun la ley de Dios es una expresión de su gracia porque el contexto en el cual Dios da su ley a la humanidad es en el contexto de ese pacto, compromiso o acuerdo.

Pero simplemente lo que se quiere establecer con la distinción entre pacto de obras y pacto de gracia es esto:
Que Dios en su gracia hizo un acuerdo con una promesa de bendiciones si las obras fueran realizadas, pero todavía se requieren obras. Todavía se requiere una obediencia que Adán y Eva fallaron en cumplir, y por eso fracasaron en su prueba. Ellos no pasaron el examen.

Hoy no hay manera en que ellos pudieran, de algún modo, por sus obras, ganarse las bendiciones prometidas. Que Dios no destruyó sus criaturas después de la caída en el paraíso, y el hecho que Dios continúa trabajando por la redención de personas, manifiesta de forma dramática su gracia, y así la distinción entre el pacto de obras y el pacto de gracia es este: el pacto de obras se refiere al nivel inicial de acuerdo entre Dios y Adán y Eva. Este se basa en obras.

Cuando el ser humano fracasó en tal pacto, todo el resto de la historia redentiva es una redención que es prometida por Dios a su pueblo, pero no sobre la base de su desempeño, sino sobre la base de su pacto de gracia—esto es, después que pecamos, cuando Dios nos manda ser perfectos, ¿qué podemos hacer para compensar tal imperfección?

Somos como Lady Macbeth. Nos lavamos las manos para quitarles las manchas de sangre y gritamos, “¡Fuera, fuera mancha maldita!” Pero no hemos sido capaces de encontrar un detergente que sea lo suficientemente fuerte para limpiar tal pecado.

Esto es fácil, ¿no es cierto? Si se nos ha mandado ser perfectos y pecamos una vez, de allí en adelante es imposible ser perfecto porque una criatura perfecta no tiene pecados. Podríamos tener esos pecados perdonados, olvidados y no castigados, pero eso no significa que no sucedieron. Algunos de nosotros estamos seducidos por la idea de que Dios clasifica sobre una curva, y después de todo, nadie es perfecto.

¿Cuántas veces has oído la expresión, “Todos tienen derecho a equivocarse”? Bueno, Dios no le da derecho a nadie, y eso incluye a todos, a cometer algún error. Pero, por el bien de la discusión le diré a los que dicen, “Todos tienen derecho a equivocarse” que, “Dios no te da derecho a un error, pero está bien, si ya tuviste uno, ¿hace cuánto que ya usaste el tuyo?”

Y hace mucho que pasamos el primer error, por lo que no hay manera de que podamos tener una relación con un Dios santo que es absolutamente justo y que requiere perfección de sus criaturas. La única manera en la que es factible tener relación con Dios como esa es por gracia.

Esa es la razón por la que la historia de la redención y el drama de la redención es un drama cuyo tema recurrente es la gracia. Gracia, gracia. El concepto de gracia es fácil de articular. Es fácil de definir, es fácil de entender, pero es el concepto más difícil de incorporar en el torrente sanguíneo para un ser humano caído.

El entender que no podemos, en y para nosotros mismos, cumplir el pacto de obras. El pacto de obras fue cumplido, sí, pero no por Adán y no por mí y no por ti, sino por el nuevo Adán, el segundo Adán, quién para nosotros, seres humanos, y por nuestra salvación se sujetó a sí mismo a los términos de tal pacto y lo cumplió perfectamente en nuestro nombre.
Hoy, mientras consideramos este concepto del pacto de creación, quisiera que entendamos que toda la creación en la que vivimos es gobernada por Dios.

Algunas veces hablamos de las leyes de la naturaleza como si esas leyes fueran algún tipo de fuerza abstracta—fuerzas o una legislación que existe completamente fuera de Dios. Todas las leyes de la naturaleza no son creadas por la madre naturaleza porque no hay una madre naturaleza. Esas son simplemente las reglas o los métodos con los cuáles Dios sostiene su universo.

Las leyes de la naturaleza son las leyes de Dios, pero no solo Dios implanta leyes físicas por las cuales la naturaleza debe comportarse—las leyes de la gravedad que hace que la piedra caiga cuando uno la suelta—sino que también da leyes morales a su creación—a ti y a mí—y nadie es autónomo, como si no hubiera leyes sobre ellos.

Podemos rebelarnos contra el dador de la ley, podemos rebelarnos contra el creador, podemos despreciar al creador, podemos negar al creador, pero no podremos escapar del creador. Y tú estás ahora mismo, donde quiera que estés o quién sea que fueres, en relación con Dios. Y en tal relación, esa relación está definida por Sus leyes, no por tus preferencias o por tus deseos o por tu voluntad; y una vez más, el único tema es la naturaleza de tu relación.

¿Es de distanciamiento, o es de reconciliación? El drama de la redención es el drama de Dios reconciliando personas que han roto su ley y que están alejados de Él debido a eso.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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1/3 -Dios te ama como a un hijo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Abrazando a Dios como Padre

1/3 -Dios te ama como a un hijo

Nancy Leigh DeMoss

Leslie Basham:  Mary Kassian dice que tú puedes aceptar a Dios como tu Padre sin importar cuánto daño te haya causado tu padre terrenal.

Mary Kassian: Padre no es una palabra abstracta. Y qué trágico, tonto y arrogante de nuestra parte es alejarse de este nombre debido a que algunos hombres han sido un mal ejemplo de lo que es la paternidad.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Parece que en todas las lenguas y en todas las culturas la primera palabra que cada pequeño  aprende a decir es la palabra «papá» o “papi”. Lo mismo ocurre en la familia de Dios «papá».  De hecho, Jesús nos enseña que cuando oremos debemos decir: «Padre nuestro». Ahora, sé que para algunas mujeres este concepto de dirigirse a Dios como Padre es más fácil que para otras.

Hay algunas mujeres a quienes les resulta muy difícil pensar en Dios como su Padre, tal vez a causa del desafío o el resquebrajamiento que han tenido en su relación con su padre terrenal. Esta semana quiero que escuches un mensaje de Mary Kassian, quien es una muy querida amiga mía y no es ajena a Aviva Nuestros Corazones. Dios le ha dado a Mary conocimientos importantes  de las Escrituras acerca de la forma en que las mujeres podemos relacionarnos con Dios como Padre.

Cuando escuché por primera vez este mensaje, yo sabía que iba a tocar las fibras sensibles y  tiernas de los corazones de muchas mujeres, porque todas queremos saber cómo podemos tener una relación íntima con nuestro Padre Celestial, sin importar qué clase de padre terrenal  pudiéramos haber tenido.

Mary y yo hemos escrito un libro titulado “Mujer Verdadera 101: Diseño Divino”. Mary también nos acompañó en la Conferencia de La Mujer Verdadera en el pasado mes de septiembre  los días del 20-22 en Indianápolis. Al final del programa de hoy, vamos a darte más información sobre cómo puedes ser parte de este movimiento tan especial. Ahora vamos a escuchar como Mary Kassian nos ayuda a aceptar a Dios como un asombroso Padre Celestial.

Mary: Esta noche el cuarenta por ciento de los niños en Estados Unidos y América del Norte se van a ir a dormir en  hogares en los que sus padres no viven. Cuarenta por ciento. Ahora bien, ¿todos los niños necesitan un padre? Cada vez más, la respuesta de nuestra sociedad a esa pregunta es «no» o «no necesariamente». Pero la respuesta bíblica a esta pregunta es un rotundo «sí». Todo  niño necesita un padre. Todo niño en crecimiento necesita un padre. Lo más asombroso de todo, es que la Biblia nos dice que a través de Jesús toda persona tiene un Padre. Tienes el Padre perfecto, el padre de tus sueños cuando llegaste a la familia de Dios.

Así que el reto hoy en día—de lo que vamos a estar hablando hoy—son las mujeres relacionándose con Dios como Padre. El desafío para nosotras y el desafío para las mujeres que ministran, sobre todo en esta sociedad, es entender la paternidad de Dios y entender quiénes somos al relacionarnos con  Dios de esa manera.

Nuestra charla de hoy estará basada en: 1 Juan 3:1 “¡Mirad cuán gran amor nos ha otorgado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios!” Y eso somos. Eso es lo que somos.

Hay cuatro verdades que toda mujer necesita entender—cuatro verdades que tiene que entender, cuatro verdades que necesitas enseñar a las mujeres que estás ministrando, cuatro verdades que tenemos que enseñarle a nuestras hijas a medida que crecen. La primera verdad es esta: Dios quiere relacionarse con las mujeres como Padre. Dios quiere relacionarse con cada una de nosotras como Padre.

Dios es nuestro Padre. Ahora, eso no significa que Dios es masculino. De hecho, en la Biblia hay muchas analogías hermosas sobre aspectos de Dios como Su bondad, Su amabilidad y Su cuidado. Llevó a la nación de Israel en su vientre. Grita como una mujer en labor de parto. Él dio a luz la nación judía. Tiene misericordia de nosotros como una madre que tiene compasión por el niño en su pecho. Él nos cuida y nos alimenta. Él nos consuela como una madre consuela.

¿Por qué no llamamos a Dios «madre», entonces? ¿Por qué llamamos a Dios «Padre»? Ese es un debate que se está librando en muchas iglesias. Es un debate que está empezando a emerger. Y muchas, muchas denominaciones dicen que hay estas hermosas analogías en las Escrituras acerca de la maternidad de Dios. Entonces, ¿por qué llamamos a Dios «Padre»? ¿Por qué es importante para nosotros entender la paternidad de Dios?

La primera verdad es que Dios quiere relacionarse con nosotros como Padre. La primera razón por la cual llamamos a Dios «Padre» es una razón muy obvia. Es demasiado simple para ser explicada. Es porque así es que Él quiere que lo llamemos. A lo largo de las Escrituras, Él se revela como Padre.

La primera persona de la Trinidad tiene muchos nombres. Santo, Santo, Santo. Dios Todopoderoso. El Santísimo. Pero cuando Jesús vino a rasgar el velo y aclaró el misterio para nosotros de quién era Dios, Él reveló a Dios como Padre. De hecho, Él se refirió a Dios como Padre más que con cualquier otro nombre. La palabra que Él uso para Dios fue «Padre». Hay muchas  otras palabras,  muchos otros nombres para Dios, pero «Padre» es una palabra muy, muy concreta.

Todos nosotros tenemos una idea clara de lo que «padre» significa o debería significar. Yo no sé tú, pero es un poquito diferente de los otros nombres de Dios: El Santo, Santo, Santo o  El Todopoderoso o Roca. Esos son  nombres más conceptuales. Son nombres muy importantes porque nos enseñan acerca del carácter de Dios. Pero son mucho más conceptuales. No son tan concretos y personales.

«Padre» es un nombre muy, muy, muy personal. Indica un ser personal. Esa es la razón número dos. El término «padre» indica un ser personal. Esto es asombroso. Las implicaciones de esto son increíbles. Realmente, cuando se piensa en ello, las implicaciones son asombrosas. Dios dice: «Yo soy tu padre». Lo que esto significa es que Dios es alguien a quien podemos llegar a conocer. Esto significa que Él es un ser personal—alguien de carne y sangre contra quien podemos tropezar, alguien con quien podemos interactuar y tal vez incluso alguien con quien podemos llegar tener una relación estrecha,  íntima y personal.

La tercera razón es que es el término que mejor describe Su relación. 2 Corintios 6:16-18 nos dice, «Dios ha dicho de ti: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo…  Y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.”

Padre es el nombre que Dios ha elegido para describir mejor la relación de un ser supremamente personal a Su Hijo y a Sus hijos. «Padre» es un nombre cristiano para Dios. Es el nombre que aparta el cristianismo de todas las otras religiones. Otras religiones tienen un dios grande y todopoderoso, un espíritu intangible, o una gran aura metafísica, ese gran ente místico que une el universo. Algunas religiones tienen un dios omnipotente pero lejano. Pero el cristianismo es la única religión que tiene un Padre que dio a Su Hijo para que podamos ser  Sus hijos. Es muy, muy personal. Muy, muy íntimo.

Él se relaciona con nosotros como padre. Él no se relaciona con nosotros como padre/madre. Sería difícil para mí también conceptualmente, porque yo no tengo un padre/madre. Tengo un padre y una madre. La forma en que mi padre es un padre para mí es diferente de la forma en que mi madre es una madre para mí. Así que Dios en Su sabiduría—Él no es un hombre. Él sobrepasa y trasciende la sexualidad, la masculinidad y la feminidad. Pero en Su sabiduría ha escogido el mejor término para describir lo que Él es. Él nos ha dado el ejemplo terrenal de familia, matrimonio, esposo, esposa, padre—para hablarnos de Él.

Ahora, ¿qué viene a tu mente cuando  piensas en la palabra «padre»? Yo sé lo que pienso. Yo crecí en una familia. Tengo cinco hermanos. Soy hija de un carpintero. Mi padre trabajó con sus manos. Así que cuando pienso en la palabra «padre», pienso en él trepado en la mesa de trabajo, el olor de la madera y veo las grandes manos de mi papá construyendo cosas.

Pienso en la cunita blanca para muñecas, con las asas en forma de corazón y la clavija blanca que él me hizo por mi sexto cumpleaños. Pienso cuando era una adolescente y salía a hurtadillas de la casa cuando  no debía  hacerlo, regresar a la 1:00 de la mañana tratando de meterme a escondidas y quedarme atorada mitad dentro y mitad fuera de la ventana, pensando «¿Qué debo hacer?» y finalmente elegir el camino menos doloroso  que sería llamar a mi papá para que me ayudara. Había algún dolor  envuelto allí, pero. . .

Pienso en el olor también a Lysol ya que mi madre nunca fue buena cuidándonos cuando nos enfermábamos. Ella corría en otra dirección. Mi papá limpiaba. Pienso en una niñera. Pienso en que me ponen curitas en las rodillas. Pienso en todas esas cosas cuando pienso en la palabra «padre».

Pienso en un hombre con lágrimas en los ojos, diciendo: «Mary, en Europa no siguen la tradición de entregar a la novia. Por favor, no me pidas que te entregue porque me romperías el corazón.» Pienso en esas cosas.

Ahora, sé que muchas de ustedes no tienen buenos recuerdos cuando  piensan en la palabra «padre». Para muchas de ustedes y para muchas, muchas, mujeres en nuestra sociedad, cuando  piensan en la palabra «padre»  piensan en  ira, o abandono, o vergüenza, o desilusión.  Algo imprevisible. Conflicto. Dolor.

Ves, «padre» no es una palabra abstracta. Qué trágico, que tan tonto y arrogante de nuestra parte intimidarnos de este nombre debido a que algunos hombres han sido un mal ejemplo de lo que es la paternidad.

Todo el mensaje de Jesús cuando estuvo en la tierra fue: «Vengan y conozcan a Mi Padre. Vengan y conozcan a Mi Padre. ¿Ven estas señales que estoy haciendo? Mi Padre las hace. ¿Escuchan las palabras que estoy hablando? Solo estoy diciendo lo que Mi Padre Me dijo. ¿Ven la compasión que tengo? Esa es la compasión del Padre. ¿El amor que siento por ustedes? Ese es el amor que el Padre tiene por Mí. Vengan y mírenme. Pasen algún tiempo conmigo. Es como si  estuvieran pasando tiempo con Mi Padre. Lo están  conociendo.»  Todo Su mensaje fue: «Vengan a conocer a  Papá. Vengan a conocer a Mi Padre. Si crees en Mí, Él puede ser también tu padre.»  Dios envió a Jesús para mostrarles el corazón de padre de Dios”.

Echemos un vistazo a algunos versículos conocidos. Tú sabes todos estos versículos. Juan 17:25 y 26. Voy a leerlos para ti. «Padre justo, el mundo no Te ha conocido, pero yo Te he conocido, y estos discípulos saben que Tú me has enviado en esta misión. He hecho que Tú seas conocido por ellos—lo que eres y lo que haces. Y les he dado a conocer Tu nombre y lo daré a conocer para que el amor con que Me has amado esté en ellos y Yo en ellos” (parafraseado).

¿Notas como Jesús da a conocer quién es el Padre y lo que Él  hace? Eso es lo que Jesús vino a revelarnos—quién es el Padre y lo que el Padre hace.

Juan 14:6: «Jesús les dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida.» Oh, hay otra parte de ese versículo. ¿Qué es lo que dice? «Nadie viene al Padre, sino es por mí.»  Entonces, cuando vienes a Jesús, cuando  introduces a Jesús, ¿dónde estás llevando a las personas?  Al Padre. Nos perdemos esto a menudo debido a la «sociedad patriarcal» que manifiesta aversión hacia las mujeres, ¿cierto? Tenemos miedo de decir: «Te voy a llevar al Padre. Te vas a encontrar con el Padre y vas a entender el amor de un Padre.»

Juan 17:3 dice, «Esta es la vida eterna: que Te conozcan a Ti.» Ahora, ¿no es esto interesante? Este es Jesús orando. Y en la declaración de Juan 17:3 Él encapsuló todo lo que significa ser un cristiano, lo que significa tener vida eterna. Jesús está orando y dice: «Esta es la vida eterna.» En pocas palabras, la definición #1 en cristianismo básico 101 es: «Esta es la vida eterna: Padre, que Te conozcan a Ti y al Hijo que Tú has enviado.»

Esa es la vida eterna. Así que si no estamos amando la verdad, conociendo de la verdad y la predicando la verdad acerca de la paternidad de Dios, nos estamos perdiendo del cristianismo nivel 101. No lo estamos aprobando, y no lo estamos transmitiendo a nuestras hijas e hijos.

Primera de Juan 1:3: «Y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.» (RV). Nuestra comunión. ¿Qué significa comunión? Significa cercanía. Es decir, familiaridad.  Significa llegar a conocer a alguien. Nuestra comunión. Ya ves, somos llevados a una relación familiar. Muchas de nosotras pensamos que el cristianismo es un estilo de vida y una manera de vivir—y ciertamente implica esto—pero en el fondo, el cristianismo es una relación. Es una relación.

¿Qué significa estar en una relación con el Padre? De acuerdo con la oración de Jesús, significa en primer lugar que nosotros le conozcamos, y en segundo lugar, que experimentemos su amor. Basta con pensar en la persona que te inspira lo mejor de la vida. Yo pienso en mi marido, Brent. Hemos estado casados ​​durante dieciocho años. Yo he llegado a conocerle, y él es mi mejor amigo.

Yo sé que él no usaría una camisa verde. Si le pongo pimientos verdes a algo, lo va a oler a kilómetros de distancia y caminará en otra dirección. Sé cuando él está preocupado, lo oigo en su voz. Lo veo en su cara. Veo la forma en que camina. Yo lo conozco, y lo estoy  conociendo aún más. Él me sorprende. Voy y digo, «¡Uy! ¿Te conozco en realidad?» Es un proceso continuo, una cosa cada vez más profunda. Sé lo que lo hace feliz.  Sé lo que lo hace entristecerse.

¿Eres así con el Padre? ¿Conoces a tu padre? ¿Realmente conoces a tu Padre Celestial? ¿Experimentas Su amor? Juan 17:23. Este es Jesús orando nuevamente. Él está derramando Su corazón al Padre. Él está orando: «Oh, Padre, te pido que esta gente sepa que tú me amas» (parafraseado)

En el versículo 26, Jesús ora y dice: «He dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún.» Entonces les da la razón. ¿Por qué? “Para que el amor con que me has amado esté en ellos y yo en él» (parafraseado).

Así que este es un concepto increíble. Cuando te conviertes en cristiano, toda la fuerza del amor del Padre por Su Hijo Jesús, toda la fuerza del corazón del Padre se dirige hacia ti. Toda esa fuerza. ¿No te deja esto pasmada? Eso me maravillada. Que el amor que el Padre tiene por Su Hijo Jesús, ese mismo amor lo tiene por Mary. Él tiene ese mismo amor por mí.

Dios ha puesto el anhelo en el corazón de cada una de nosotras de tener un padre. Cuando nos convertimos en cristianas somos adoptadas e iniciamos  una relación de familia. Ahora bien, el proceso de adopción judía es muy, muy interesante porque una familia judía buscaba el niño que quería adoptar y luego pagaba las deudas de ese niño. Después tomaban ese niño y rompían todas las relaciones que el niño había tenido y lo reciben en una nueva familia, inician una nueva relación, y le dan un nuevo nombre.

Esta es una imagen de lo que nos  ocurrió cuando entramos a formar parte de  la familia de Dios. Dios paga todas nuestras deudas, rompe los lazos del pecado, nos lleva a Su familia y nos da Su nombre. Él nos da el Espíritu Santo, que es la prueba de la adopción. En la sociedad judía tenía que haber múltiples testigos para que una adopción fuera legal. Y se nos dice en la Biblia que el Espíritu Santo es el testigo.

¿Qué tipo de testigo es el Espíritu Santo? Esto es realmente interesante. El Espíritu Santo es también llamado el espíritu de adopción—el Espíritu de  filiación. El Espíritu Santo es llamado el Espíritu de adopción. También llamado el Espíritu de tu Padre, en Mateo 10:20.

Es este Espíritu—el Espíritu de adopción,  el Espíritu de filiación, el Espíritu de tu Padre—que vive justo en nuestros corazones cuando nos convertimos en cristianos. Es este Espíritu que nos llama y nos lleva a la intimidad con el Padre. Es este Espíritu en nuestros corazones que clama «¡Abba, Padre! ¡Abba, Padre!»

Romanos 8:15-16: «Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos ¡Abba Padre!  El espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios» (RV).

Gálatas 4:6: «Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama ¡Abba Padre!”

¿Entendiste la primera frase de Romanos 8:15? “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor». ¿No es asombroso? Algunas de nosotras (muchas, muchas mujeres y muchas de ustedes en esta sala) tienen tanto miedo de Dios el Padre. Eso es lo que  encuentro en la mayoría de  ministerios de mujeres, solo  temor.

«Tengo tanto miedo de que Él me vaya a desestimar,  igual que hizo mi padre. Tengo tanto miedo de que Él me vaya a rechazar,  igual que hizo mi padre. Tengo tanto miedo de que vaya a gritarme, al igual que mi padre. Tengo tanto miedo de que Su amor por mí este condicionado, que yo tenga que  saltar a través de un aro,  igual que  tenía que hacer para mi padre”.

Ese no es el Espíritu Santo  hablándote. Dios no nos ha dado un espíritu de temor. El Espíritu Santo en tu corazón clama: «¡Abba, Padre!» El verbo llorar es realmente interesante. Es un verbo. Está ocurriendo. Es el espíritu en tu corazón el que ahora está clamando: «¡Abba, Padre!» Está deseando esa conexión. Está deseando  la intimidad. Está deseando llegar a ser uno con Dios. Está deseando cercanía.

Algunas de ustedes se preguntarán por qué sienten tanta frustración. Están viviendo la vida cristiana y pasando por todos los movimientos, pero no hay gozo. Ciertamente pasamos por tiempos de sequía. Los tenemos. Pero podría ser que el Espíritu dentro de ti esté pidiendo a gritos: «¡Papá! ¡Papá! ¡Papá!» porque eso es lo que el Espíritu hace. Y tú estás demasiado ocupada para escuchar.

Nancy: Mary Kassian nos ha estado mostrando lo que significa que Dios sea nuestro Padre. No dejes de acompañarnos durante el próximo programa para continuar escuchando sobre estas verdades que nos recuerdan Quién es nuestro Padre y el gran amor que ha derramado sobre nosotros.

Estamos muy agradecidas a Dios por lo que ha hecho al permitirnos comenzar transmitiendo estos programas de Aviva Nuestros Corazones. Si entiendes que este programa puede ser de beneficio para otras personas, te invitamos a compartir con ellas esta enseñanza y te pedimos que ores por nuestro ministerio. Te pedimos que nos acompañes en oración para que Dios nos permita alcanzar muchos corazones con el mensaje de libertad, plenitud  y abundancia en Cristo.

En las últimas décadas, las mujeres han sido motivadas a hacer las cosas a su manera. Y muchas se han dejado engañar por las promesas vacías del feminismo. El movimiento de la mujer verdadera busca recapturar el diseño original de la mujer tal y como fue ideado por su creador. Y estamos agradecidas a Dios porque recientemente estamos siendo testigos de un gran anhelo por parte de muchas mujeres alrededor del mundo de ser parte de este movimiento. De volver a las sendas antiguas y abrazar este hermoso diseño.

Muchas mujeres han vuelto a sus hogares con la convicción y el deseo de hacer las cosas a la manera de Dios para buscar la definición de lo que significa ser una mujer verdadera en la Palabra de Dios. Estas mujeres, por la gracia de Dios, anhelan vivir vidas centradas en Dios, anhelan confiar en Él y decirle: “Sí Señor.” ¿Quieres tú ser parte de este movimiento? Deja que tu mente y tu corazón se empapen de la Palabra de Dios y descubre Su voluntad para tu vida.

Te invitamos a visitar nuestra página web AvivaNuestrosCorazones.com. Allí podrás encontrar  recursos y artículos que te pueden ayudar en este proceso de convertirte en una mujer verdadera.

Leslie: Gracias, Nancy. Tú tienes la oportunidad de interactuar con otras oyentes sobre el contenido de este programa. Solo tienes que visitar www.AvivaNuestrosCorazones.com, haz clic en el programa de hoy. Puedes escribir comentarios, hacer preguntas e intercambiar con otras mujeres alrededor del mundo.

Queremos expresar nuestro agradecimiento a Dios por los hermosos testimonios que recibimos diariamente y que nos animan al ver cómo Dios está usando este programa para animar a tantas mujeres alrededor del mundo.

Cuán agradecidas nos sentimos por la forma como Dios usa las verdades de Su Palabra para traer aliento, esperanza y gracia a las vidas de personas que lo necesitan. Cada oyente tiene una historia particular y los programas contribuyen a fortalecerles y ministrarles en las diversas situaciones.

Este ministerio se hace una realidad debido a la fidelidad de muchos oyentes que contribuyen mensualmente para ayudarnos a distribuir los mensajes internacionalmente.

Te animamos a contribuir financieramente con nuestro ministerio. Puedes hacerlo por internet visitando www.AvivaNuestrosCorazones.com  o llamando al 1-800-569-5959, desde EE.UU. y Canadá. Tu participación con este ministerio es muy valiosa para nosotros. Puedes ser una de nuestras colaboradoras regulares, cooperando con una cantidad fija cada mes o puedes simplemente dar una ofrenda.

Pero más que nada necesitamos de tus oraciones. ¿Te comprometerías a orar por nuestro ministerio? Si estos mensajes han sido de bendición para tu vida, ¿por qué no los compartes con otras de tus amigas? Ayúdanos a contribuir a discipular a otras mujeres con este mensaje, ayudándoles a formar la imagen de Cristo, y conviértete en una de nuestras embajadoras. ¡Contamos contigo!

Mañana  escucharemos  más de Mary Kassian. Ella explicará por qué todo el mundo anhela un Padre amoroso. Por favor, regresa mañana a  Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Cómo saber si estoy llamado al ministerio?

The Master’s Seminary

¿Cómo saber si estoy llamado al ministerio?

ALBERTO SOLANO Z.

A través de la historia, hombres llamados por Dios se han levantado para proclamar el evangelio y guiar a la iglesia. En cada generación el Señor llama siervos para el ministerio pastoral y la predicación de su Palabra. Hoy en día vemos cómo hombres hispanohablantes alrededor del mundo están siendo llamados y comisionados por Dios como nunca antes en la historia. En lo personal me emociona mucho ver cómo Dios está levantando una ola de pastores e iglesias en Iberoamérica que toman con seriedad el estudio de la Biblia.

Reconocer el llamado al ministerio incluye un ardiente deseo por estudiar y conocer la Palabra de Dios, una pasión por la proclamación del evangelio alrededor del mundo y una incesante inquietud por conocer más y más acerca de Dios. Tales aspectos demuestran características del llamado al ministerio.

Aquí hay cinco preguntas que se debería hacer para saber si Dios le está llamando al ministerio pastoral:

1. ¿Tengo el deseo y la pasión por la labor del ministerio?

Cuando Pablo instruyó a Timoteo en qué es lo primordial en el llamado al ministerio, le habló acerca de un deseo interno: “Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea” (1 Timoteo 3:1). Este anhelo es un sentir interno el cual nace por el Espíritu Santo a medida que el hombre de Dios crece en conocimiento de la Palabra.

Un deseo marcado por la humildad, piedad, amor y compromiso con la proclamación del evangelio

No estoy hablando de una emoción que debe sentir, pues debemos reconocer que nuestro corazón es engañoso y perverso (Jeremías 17:9) y por lo tanto no debemos guiarnos por nuestras emociones momentáneas. Estoy hablando de un deseo que esté constantemente presente en su mente que lo lleve a desear la labor pastoral. Si tiene tal deseo, entonces recurra a la oración. Ayune, vaya a su habitación y doble sus rodillas delante de Dios. Lea la Biblia y examine la raíz de tal deseo. Hermano, no entre al ministerio para buscar reconocimiento o un lugar donde pueda liderar a personas. Tal deseo es un sentir marcado por la humildad, piedad, amor y compromiso con la proclamación del evangelio.

2. ¿Estoy calificado bíblicamente?

Así como un trabajo requiere de ciertas calificaciones, de la misma manera el ministerio pastoral demanda una lista de calificaciones bíblicas. Pablo lista estas calificaciones en 1 Timoteo 3:2-7 y Tito 1:5-9. Debe ser un hombre:

“irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo” (1 Timoteo 3:2-7)

Si lee esta lista y ve que su vida no refleja un patrón de cumplimiento a estas calificaciones, entonces debe considerar seriamente si es tiempo de entrar al ministerio en este momento. Muchas veces ciertos hombres requieren de más tiempo para poder crecer en santificación y madurez, para entonces sí poder decir con una limpia conciencia que poseen las calificaciones necesarias. Por otra parte, debe recordar que la labor de predicar y liderar una iglesia requiere de santidad y madurez. Si ve que su vida no demuestra estas calificaciones, bíblicamente no está calificado para el ministerio, y por lo tanto haría mal en postularse al liderazgo.

Una nota de exhortación: hermanos, nosotros no somos perfectos. El ministro de la Palabra no es una persona que nunca peque o que sea completamente piadoso en toda palabra y acción, pues la Biblia misma nos enseña que todos continuamos pecando (1 Juan 1:8). Si lucha contra algún pecado, arrepiéntase, busque la santidad y pida que le mantengan a cuentas. Recuerde que un hombre de Dios es un hombre que reconoce sus debilidades y vive de rodillas buscando la divina ayuda de Dios para llevar acabo el ministerio pastoral, a pesar de sus errores.

3. ¿Poseo los dones necesarios para cumplir con las funciones del ministerio?

Una de las características que distinguen a un anciano de un diácono es que un anciano, o pastor, debe ser “apto para enseñar” (1 Timoteo 3:2). Dios dio a cada miembro de la iglesia diferentes dones, entre estos dio el de la enseñanza:

Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría (Romanos 12:4-8).

Un ministro debe ser un hombre que posee la capacidad mental para poder tomar un texto bíblico y explicarlo en su contexto gramatical, histórico, literario y cultural (por mencionar algunos). Esto requiere de habilidades que Dios otorga a hombres para que puedan exponer y predicar la Biblia.

Así que pregunte: ¿Poseo las capacidades necesarias para predicar con fidelidad y eficacia? Esto no quiere decir que debe hablar como Charles Spurgeon o elaborar sermones como John MacArthur. Pero sí quiere decir que ve en su vida los dones necesarios para la predicación de la Palabra.

4. ¿Creen mi iglesia y mis ancianos que estoy dotado y moralmente calificado para este llamado?

Uno puede llegar a creer que es la persona más piadosa y moralmente calificada sobre la faz de la tierra, hasta que habla con las personas a su alrededor. Proverbios 17:24 nos recuerda: “En el rostro del entendido aparece la sabiduría; Mas los ojos del necio vagan hasta el extremo de la tierra.” Un hombre que está siendo llamado por Dios para cumplir con el ministerio de la Palabra es alguien el cual su iglesia y ancianos, al observarle, confirman su moralidad en cumplimiento a las calificaciones de un hombre de Dios y le exhortan a buscar el ministerio pastoral.

Las calificaciones de 1 Timoteo 3 y Tito 2 deben ser afirmadas por la iglesia local, no por uno mismo. Pablo, cuando habló de su ministerio en Efeso, les recordó: “vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo” (Hechos 20:18). Él no tuvo que defenderse o dar información de su vida privada o calificaciones morales con el fin de que le tuviesen por ministro de la Palabra, pues la iglesia local podía testificar de su piedad ya que le habían visto ministrar de cerca.

Hermano, ¿que tan bien le conoce su iglesia? ¿Permite que sus ancianos le ayuden a crecer espiritualmente? ¿Cuanto tiempo pasa con otros miembros de su congregación? ¿Existen personas en su iglesia las cuales puedan testificar que le conocen bien?

5. ¿Veo en mí la necesidad de crecer en el conocimiento de la sana doctrina?

Si usted está siendo llamado por Dios para el ministerio, entonces es sumamente importante que se capacite para tal labor. Ore que Dios abra las puertas para poder ser entrenado en la predicación y el ministerio pastoral en un lugar comprometido con la gloria de Dios en la proclamación de la Palabra. Prepárese tanto mentalmente como espiritualmente. Lea libros, escuche sermones y hable con hombres más maduros que usted. Finalmente, busque un seminario o una escuela a donde ir para que le ayude a crecer en su conocimiento de la Palabra.

 

Alberto Solano, es instructor adjunto de griego en The Master’s Seminary, misma institución donde estudió una Maestría en Divinidades (M.Div.) y actualmente cursa una Maestría en Teología (Th.M.). Aparte de formar parte de la iglesia Grace Community Church donde sirve en el ministerio hispano junto con su esposa Kathy, Alberto trabaja en el departamento de admisiones del seminario.

http://www.tms.edu/es/blog/como-saber-si-estoy-llamado-para-el-ministerio/

El drama eterno

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

El drama eterno

R.C.Sproul

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En los días que vienen vamos a desarrollar una serie completamente nueva titulada, “El Drama de la Redención”. Permítanme repetirlo, “El Drama de la Redención”. Ahora, he escogido la palabra “drama” en el título de esta serie por una razón. Cuando usamos el término “drama” pensamos, en primer lugar, en algo que vemos sobre un escenario – una obra – como decimos, “hay un drama” y hay actores en la obra, y tienen líneas que declamar y hay una acción que se desarrolla delante de nuestros propios ojos.

Y es común que una presentación dramática involucre alguna clase de conflicto que se va moviendo de forma inexorable hacia una resolución. Ahora, cuando estamos hablando de la historia de la redención, o del drama de la redención, no estoy sugiriendo al usar el término “drama” que Dios está involucrado en una obra, y que solo estamos pretendiendo que vamos a algún tipo de conflicto y resolución producto de ese drama.

El drama de la redención es algo que toma lugar en el plano de la realidad. No hay ningún tipo de actuación. No hay ficción imaginaria involucrada. Esto es real, es una historia real. Y, sin embargo, todavía me he quedado con el uso de la palabra “drama” porque hay una acción desplegada que se extiende sobre toda la historia, y hay actores involucrados en ella—actores humanos, aquellos que están llamados a ser participantes en esa redención; y, por supuesto, también hay un actor divino—Dios Mismo—en sus tres personas.

Y más allá de esto, cuando pienso en el término “drama” o en la palabra “dramático” pienso en algo que evoca una respuesta apasionada de aquellos que están comprometidos en esa obra. No es aburrida. No es tonta. Decimos que algo es dramático en el sentido de que tiene un fuerte elemento emotivo.

Recuerdo que hace como 40 años atrás, escuchaba a un evangelista itinerante predicar un sermón. Estaba predicando de la crucifixión. Estaba predicando de la cruz, y estaba completamente apasionado. Estaba gritando y casi chillando, gesticulando y agitando sus brazos con enormes gestos. Y a la mitad de su extremadamente apasionado discurso, se detuvo, miró a la congregación y dijo: “Perdónenme, pero ¿creen que estoy siendo muy dramático? ¿Piensan que soy demasiado dramático?” Y luego dijo, “Amigos, eso es imposible porque el momento más dramático en toda la historia humana fue la cruz de Jesucristo”. Y obviamente recuerdo esto porque te lo estoy mencionando hoy, casi 40 años después de que sucedió.

Bueno, cuando observamos la magnitud de ese drama, toda la historia de la redención, podemos entender que, en términos del registro bíblico de la redención, hay una estructura en la cual esa actividad se despliega. Y la estructura que encontramos dentro de la Biblia misma para este drama es denominada la estructura del pacto. Ahora, uno no tiene que comprometerse con lo que se denomina “Teología del Pacto” para observar esto. Prácticamente en todas las escuelas teológicas reconocemos que las Escrituras están llenas con referencias al Pacto. Dios hizo un pacto con Noé. Dios hizo un pacto con Abraham. Dios hizo un pacto con Moisés. Un nuevo pacto es instituido en el Nuevo Testamento, y lo que quisiera que hagamos en los días siguientes es entender el marco del pacto, la estructura de ese pacto, porque ésta es la estructura en la cual el drama de la redención toma lugar.

Ahora, para empezar, necesitamos hacer notar que hay diferentes clases de pactos en la Biblia, y que el primer pacto que quisiera que observemos hoy es llamado, usualmente, “El Pacto de la Redención”. Ahora, si le das una mirada a las secciones históricas de la Biblia, no encontrarás este pacto de redención allí, excepto solo cuando se deduce de la enseñanza de la Escritura, y a lo que el pacto de redención apunta es al pacto que fue establecido desde la eternidad, y los participantes del pacto no nos incluyen a nosotros.

Los únicos actores en este drama que empezó en la eternidad—de hecho, no es siquiera propio hablar de “comienzo” porque es eterno—sus personajes, o los actores en este drama, el drama de la redención, fueron los miembros personales de la divinidad—el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Esto quiere decir que, desde la eternidad, antes que el mundo siquiera fuese hecho, antes que cualquiera de nosotros hubiese nacido, un acuerdo existió dentro del Dios Trino mismo, y esto podría parecernos obvio hasta el punto de decir, “¿Y entonces qué?” Es obvio que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo estarán siempre de acuerdo”. Pero esto no es tan obvio para todo el mundo. Es muy común para mí el oír que la gente percibe la obra de Cristo en la historia como un intento de parte del Hijo de Dios para cambiar la mentalidad del Padre.

Hubo un movimiento al inicio de la iglesia—una herejía terrible que creció mucho y que se denominó Gnosticismo—y la primera persona que compiló un canon de la Sagrada Escritura fue un hereje que se llamaba Marción. Y lo que Marción hizo fue que produjo y modificó una versión de la Biblia en la que en los libros del Nuevo Testamento cualquier referencia del Antiguo Testamento que presente a Dios como bueno y justo fue borrada, porque Marción creía que el Dios del Antiguo Testamento no era el Dios Supremo, no era el Padre de Jesucristo, sino que fue un demiurgo infame y desagradable, quien controlaba este mundo y lo sujetaba a ira y juicio, visitándolo con toda clase de actividades severas y crueles.

Y la idea que tenía Marción era que Jesús, cuando Él vino, nos redimió de ese personaje desagradable que se encontraba en el Antiguo Testamento. Por eso es que usó sus tijeras y creó un Nuevo Testamento de acuerdo a sus gustos y, por supuesto, eso es lo que provocó que la iglesia se plantara frente a Marción y le dijera, “No. Tú has distorsionado el mensaje bíblico”. Y fue entonces cuando la Iglesia encontró necesario el declarar con claridad qué libros y qué contenido de esos libros pertenecen en sí a la Biblia.

El tema en ese entonces fue un asunto de acuerdo entre los miembros de la divinidad; y una vez más, todavía existen personas que tienden a ser unitarios con alguna persona de la Trinidad u otra. Al pensar en el Unitarianismo—pensamos en los que dicen, “El único Dios es Dios el Padre. El Hijo y el Espíritu Santo son seres inferiores”. Pero otros tienen un Unitarianismo de la Segunda Persona de la Trinidad, o de la Tercera Persona de la Trinidad. Algunas personas piensan que la obra de redención completa fue cumplida únicamente por el Espíritu Santo o únicamente por Cristo, y lo que tenemos que ver en este pacto de redención es que, desde la eternidad, las tres personas de la Divinidad—El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo—acordaron juntos crear este drama y operar dentro de él.

Ahora vemos, por ejemplo, que Dios es como el dramaturgo. Cuando los actores se juntan para actuar en una obra, desarrollar una producción dramática, no se paran simplemente en el escenario e improvisan algo.

Es usual que haya un plan escrito, un escenario que ha sido creado por el autor. Lo mismo es con el drama de la redención. Desde toda la eternidad, Dios planeó este drama, y Él solo ha tenido un plan. Este plan de salvación no ha tenido un plan A y luego un plan B, aunque a menudo actuamos como si Dios actuara así—que Dios tiene un plan, y empieza a ejecutar tal plan. Si las cosas no van como quisiera, como si fuera un entrenador luego de los primeros 45 minutos, él ajusta el plan. Él sale con un plan B y dice, “Bueno, si no funciona, entonces pondremos en práctica esta opción que espero que funcione”.

Pensar de esa manera está reflejando una visión de Dios que lo hace un poco menor que el Becerro de Oro que no es más que un espectador impotente, un animador celestial que espera que las cosas funcionen. No, la visión bíblica es que el plan de Dios fue establecido en la eternidad, que no hay plan B, y que este plan no tiene otra chance más que suceder.

Como lo diría el lenguaje escritural, “Es necesario que todo esto suceda” porque fue establecido en la eternidad por el determinante y predeterminado consejo de Dios mismo. Lo que estoy diciendo es que antes que el mundo fuera siquiera creado, Dios tuvo la intención de crear un mundo, y que tal creación era parte del plan eterno de Dios.

Y en ese plan eterno hubo un completo acuerdo entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Cuando vamos a las Escrituras, vemos cómo en ese drama los tres miembros de la divinidad están activos. Algunas veces la Biblia habla de la creación como siendo la obra del Padre, “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” y tendemos a pensar que esto se refiere casi de forma exclusiva a la obra de Dios el Padre. Pero luego cuando leemos el recuento de la creación, cómo Dios trae orden al universo, vemos que el Espíritu Santo—el Espíritu de Dios—se mueve sobre las aguas y trae la luz al mundo y llena el mundo con aquellas cosas que habitan nuestro planeta.

Así el Espíritu mismo es visto como íntimamente involucrado en la actividad de la creación y, de forma particular, cuando se trata de la creación de la vida porque, aparte del Espíritu Santo, nadie podía vivir en lo absoluto. Bíblicamente, todos tenemos al Espíritu Santo en un sentido—no en el sentido de la redención, sino en el sentido de participar del poder del Espíritu Santo de Dios, el cuál es el mismo poder de la vida.

Aun el pagano que no tiene una relación redentiva con Dios, sin embargo, participa de los beneficios—los beneficios comunes—del Espíritu Santo al experimentar la vida misma.

Eso fue la tercera persona, pero ¿qué de la Segunda Persona de la Trinidad? Cuando vamos al Nuevo Testamento leemos, “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios…” Continúa el texto y luego dice, “Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. El Nuevo Testamento dice que el mundo fue creado por la Segunda Persona de la Trinidad, Cristo, en Cristo, y para Cristo. En un sentido, todo lo creado fue un regalo del Padre al Hijo. Ésta es solo una manera de hablar del acuerdo íntimo en la divinidad.

Pero nuestra preocupación no es con la creación, es con respecto a la redención; y la redención es el drama de la salvación de la creación caída. Y desde toda la eternidad, Dios no solo planeó la creación, sino que Él también planeó la redención de la creación, y la redención de la creación fue igualmente una obra trinitaria.

El Nuevo Testamento dice, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito”, y estamos muy familiarizados con ese texto. Hay mucho en las Escrituras acerca de Dios dando a su Hijo—el Padre enviando al Hijo—y por eso el impulso inicial para la redención empieza con el Padre. El Padre es el miembro superior de la divinidad, y el Hijo y el Espíritu Santo están subordinados en términos de obrar el plan de salvación. Eso no significa que el Hijo o el Espíritu son, de alguna manera, inferiores al Padre; ellos son iguales, ellos son co-eternos, ellos son co-substanciales, son iguales en poder y ser, en dignidad y en todo lo demás.

Pero en términos de su acción, Dios el Padre es el iniciador. El Padre envía al Hijo al mundo—no es que el Hijo envía al Padre—y el Padre y el Hijo juntos envían al Espíritu Santo al mundo. Y así vemos que el Padre es como el iniciador que está activamente involucrado en la obra de redención.

¿Qué del Hijo? Es el Hijo el que no considera su igualdad con Dios como algo a que aferrarse con tenacidad o celo, sino que es el Hijo quién, desde toda la eternidad, concuerda con el Padre que en un momento dado se vaciaría a sí mismo de su gloria, y asumiría la naturaleza de la humanidad, para encarnarse y someterse a las leyes del Padre, a las que todos los seres humanos están llamados a obedecer, y llegar a ser obediente hasta la muerte, aun la muerte en una cruz.

Y así, esta no es una decisión que el Padre toma de forma unilateral para enviar al Hijo, sino que el Hijo está de acuerdo—que la venida de Cristo al mundo es voluntaria. Él está de acuerdo. Hay un pacto entre el Padre y el Hijo, y el Hijo está dispuesto a venir. Y ahora, es el Hijo quién se ofrece en sacrificio al Padre para satisfacer la rectitud del Padre, para satisfacer su justicia.

Cristo se ofreció a sí mismo en la Cruz por nosotros y por nuestra salvación, y lo hizo para satisfacer la justicia del Padre; y no solo se ofreció a sí mismo como ofrenda, como un sacrificio con el fin de satisfacer las demandas de la justicia de Dios, sino que más allá de eso, Él continúa en su rol como un intercesor por su pueblo. Por toda la eternidad, este era el plan de Dios, que el Hijo viniera a redimir a su pueblo, y el Hijo lo llevo a cabo. Él recrea el drama. Él viene, es encarnado, se sujeta a sí mismo a la ley, vive una vida de perfecta obediencia, y luego se ofrece a sí mismo como el sacrificio perfecto; y luego entra Él mismo al lugar Santísimo en el cielo, con la sangre en sus propias vestiduras, de su propio sacrificio y sirve allí de forma perpetua como nuestro intercesor.

¿Qué del Espíritu Santo? Vemos al Espíritu Santo activo en la creación, pero Él también está activo en la redención. El Padre envía al Hijo, es el Hijo quien se encarna, pero ¿cómo ocurre la encarnación? sino a través de esa joven campesina que ha concebido por el Espíritu Santo. Es el Espíritu Santo quien cubre con su sombra a María y hace posible que ella tenga un hijo, quién es el Dios encarnado. Es el Espíritu Santo que unge a Jesús en su bautismo y lo empodera para su misión de servir como nuestro mediador y como nuestro redentor; y cuando el Hijo del Hombre es ofrecido en la cruz y Jesús muere y luego es enterrado, ¿quién es el que lo levanta de la tumba? Las Escrituras nos dicen que es el Espíritu Santo que viene y revive el cadáver de Jesús.

Entonces el ministerio de Jesús es a través del Espíritu Santo, su resurrección es a través el poder del Espíritu Santo, y luego, por supuesto, más allá está la aplicación de la redención que Dios ha diseñado, que Cristo ha ejecutado—ahora tiene que ser aplicada a su pueblo. ¿Cómo es que recibimos el beneficio de la obra de Cristo? Nos es aplicada por la obra y el ministerio del Espíritu Santo.

Es el Espíritu Santo quien nos estimula, regenera nuestra alma y hace esto posible para nosotros al hacernos pasar de la muerte a la vida, quién hace posible por nosotros que abracemos por la fe a Cristo. Es el Espíritu Santo quién obra en nosotros diariamente, obrando en nosotros para nuestra santificación. Es el Espíritu Santo quién nos unge y nos da poder para el ministerio. Es el Espíritu Santo que nos convence de pecado. Es el Espíritu Santo que nos ayuda a orar a Dios. Es el Espíritu Santo quien nos glorificará en el cielo.

Y así los personajes en este drama grandioso incluyen toda la dimensión y todas las personas de la Trinidad. Es una obra del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Hace poco oí a una mujer decirme, “me parece que la mayoría de los cristianos, en nuestros días, creen que la iglesia empezó con Billy Graham”. Hay dos cosas que quisiera decir al respecto. Este fue, en cierto modo, una afirmación cínica de parte de esa dama, y no tenía la intención de insultar a Billy Graham. Ella no estaba criticando a Billy. Ella estaba criticando a la iglesia por su falta de entendimiento de toda la historia de la iglesia, la cual involucra no solo ir hasta la Edad Media, o ir hasta el primer siglo, sino que significa el ir todo el camino de vuelta hasta el inicio de la iglesia en el Jardín del Edén.

Pero aún el llegar hasta allí no es llegar al final del camino. Si vamos a entender realmente cuándo empezó la iglesia, debemos saber que empezó en el pacto entre los miembros de la divinidad—que este drama donde todos estamos involucrados hoy empezó en la eternidad, y que no tiene fin porque está destinado para la eternidad. Esta redención es de características eternas. Nosotros hemos experimentado toda clase de asuntos redentivos en nuestras vidas, de forma temporal.

Puedo recordar que cuando era niño tuve que ir al dentista cada seis meses y tenía que ir al dentista para que rellenara las cavidades en mis dientes. Y puedo recordar que cuando él acababa, me iba del consultorio del dentista con un gran suspiro de alivio mientras decía, “Tengo al menos otros seis meses antes de tener que regresar”. Pero siempre tenía que volver. Nunca terminaba. Pero en este drama, la redención que experimentamos en Cristo está destinada y durará para siempre. Nosotros ya estamos participando de la vida eterna—una vida que fue planeada desde la eternidad y planeada para la eternidad.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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3/7 – La Iglesia: Ayuda Idónea del Segundo Adán

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3/7 – La Iglesia: Ayuda Idónea del Segundo Adán

Serie: La Iglesia, el cuerpo de Cristo

Ps. Sugel Michelén

 

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano  Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina.

El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

http://www.ibsj.org

Perseverancia de los santos

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Perseverancia de los santos

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/28267675

Llegamos a la última sesión de esta serie acerca de la naturaleza de la Teología Reformada, y estuvimos viendo el acróstico TULIP, en los últimos días, y realizamos unos ajustes a los términos que se encuentran en él. En la última sesión vimos el concepto de la gracia irresistible, y les mencioné que prefería el término gracia eficaz, y antes de pasar a otro tema sólo quiero agregar un pequeño postulado final, no científico, mediante la lectura de un breve texto de la «Confesión de Fe de Westminster», la cual es una norma doctrinal histórica de la Teología Reformada que data del siglo XVII en Inglaterra, donde tenemos esta referencia a la doctrina del llamamiento eficaz.
Dice así: «Todos aquellos a quienes Dios ha predestinado a la vida, y a ellos solamente, tiene Él a bien a su tiempo señalado y aceptado, llamar eficazmente por su Palabra y Espíritu, de ese estado de pecado y muerte, en el que están por naturaleza,

a la gracia y la salvación por Jesucristo; iluminando espiritual y salvíficamente su entendimiento, a fin de que comprendan las cosas de Dios; quitándoles su corazón de piedra y dándoles un corazón de carne; renovando sus voluntades y por su omnipotente poder predisponiéndolos a lo que es bueno, y trayéndolos eficazmente a Jesucristo; de manera que ellos vienen muy libremente, habiendo sido dispuestos por su gracia.”

Hago referencia una vez más acerca de la eficacia de la gracia de la regeneración, no para continuar donde nos quedamos la última sesión, sino como puente, como transición a la última letra del TULIP, la cual es la P en TULIP, y estoy seguro de que estarán encantados de saber que no voy a cambiar esta letra.

Y la P viene por Perseverancia de los santos. Sin embargo, a pesar de que no voy a cambiar la letra, sí voy va a hacer un cambio en la palabra. También creo que esta frase de perseverancia de los santos es peligrosamente confusa porque, una vez más, sugiere que la perseverancia es algo que hacemos, tal vez en y por nosotros mismos. Ahora, yo creo, que los santos perseveran en la fe y que los que han sido llamados eficazmente por Dios y han sido regenerados por el poder del Espíritu Santo perduran hasta el fin, así que ellos perseveran. Pero ellos perseveran no solo porque son tan diligentes en hacer uso de las misericordias de Dios, sino que la única razón por la cual cualquiera de nosotros continúa en la fe, aun hasta el último día no se debe tanto a que hemos perseverado sino porque nosotros hemos sido preservados.

Por lo tanto, prefiero el término la preservación – la conservación – de los santos, porque este proceso por el cual somos guardados en un estado de gracia es algo que es llevado a cabo por Dios. Ahora leemos esta declaración de la Confesión sobre Dios llamándonos con eficacia a la fe que regeneración la llamamos: la iniciativa divina, y se refiere a la primera etapa en nuestra transformación.

Así como entramos a este mundo a través del proceso de nacimiento biológico, el nuevo nacimiento no se refiere a la totalidad de la nueva vida cristiana, sino se refiere al principio de ella, al primer paso, el paso que se lleva a cabo por iniciativa de Dios cuando Él vivifica nuestras almas de la muerte espiritual a la vida espiritual. Y por eso llamamos a esta iniciativa divina el punto de inicio.

Y es el principio que es ejecutado, como digo, una vez más, por Dios. Ahora, ¿Qué escribió Pablo a los Filipenses? Él dice que «El que comenzó la buena obra en vosotros, la perfeccionará hasta el fin”. Ahí está la promesa de Dios de que lo que Él empieza en nosotros tiene la intención de terminarlo.

Entonces, el viejo axioma de la Teología Reformada sobre la perseverancia de los santos es este: Si tú la tienes, es decir, si tú tienes una fe genuina y estás en un estado de gracia salvadora, si la tienes, nunca la pierdes. Y si la pierdes, nunca la tuviste.

Sabemos que hay muchas, muchas personas que hacen profesión de fe y que luego se apartan y repudian o se retractan de su profesión de fe. Tal como Juan afirma en el Nuevo Testamento, estaban los que dejaron el grupo de los discípulos, y Juan dice de ellos, “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros».

Estaban con los discípulos en términos de apariencias externas antes de apartarse, antes de dejar al grupo de los discípulos de Jesús. Habían hecho una profesión de fe externa, y Jesús deja claro que eso es posible hacer, aun cuando uno no tenga lo que dice estar profesando.

Recuerde que Jesús dice: «Este pueblo con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí». Y aunque advierte al final del Sermón del Monte que en el último día del juicio muchos vendrán a Él diciendo: Señor, Señor, ¿No hicimos esto en tu nombre? ¿No hicimos aquello en tu nombre? Y él les declarará diciendo: «Apartaos de mí, hacedores de maldad. Yo Nunca os conocí;». No que los conocí por una temporada y luego se perdieron y me traicionaron. No, no, ustedes nunca fueron parte del cuerpo invisible de mi iglesia invisible.

El mismo tipo de comentario es hecho por Cristo con respecto a Judas, a quien llama «El hijo de perdición desde un principio». Y en su oración sacerdotal, Jesús ora para que aquellos que el Padre le había dado nunca se pierdan, y que nadie jamás se los arrebate de su mano. Y Él da gracias al Padre porque todos los que el Padre le dio vinieron a Él, y ninguno de ellos se ha perdido.

Y así podríamos enumerar en los próximos minutos una serie de pasajes similares en el Nuevo Testamento donde tal seguridad es dada por los apóstoles, que las personas que moran en Cristo tienen un futuro, una herencia futura que ha sido establecida desde la fundación del mundo y que algún día vamos a escuchar al Padre decir: «Venid, amados míos.

Heredad el reino que ha sido preparado para vosotros desde la fundación del mundo». Pero, una vez, más el punto que quiero resaltar es que esta perseverancia en la fe no es algo que depende de nuestra fuerza. Aun después de que somos regenerados todavía caemos en pecado, y no sólo en el pecado, sino en pecado grave.

Y decimos que es posible que un cristiano se vea envuelto en una caída muy grave. Y hablamos sobre reincidencia; sobre faltas morales, y cosas así. No puedo pensar en algún pecado, que no sea el de la blasfemia contra el Espíritu Santo, que un verdadero cristiano no sea capaz de cometer.

Vemos, por ejemplo, el modelo de David en el Antiguo Testamento, donde David fue, sin duda, un hombre conforme al corazón de Dios fue sin duda un hombre regenerado.

Tenía el Espíritu de Dios en él. Tenía un profundo amor apasionado por las cosas de Dios, y sin embargo este hombre no sólo cometió adulterio, sino que se involucró en una1 conspiración para que el marido de su amante muriera en la guerra, lo que era en sí una conspiración para matar.

Y eso es un asunto serio, muy serio. Y observamos el serio nivel de arrepentimiento al que David fue conducido como resultado de las palabras del profeta Natán. Pero el punto es que David cayó, y cayó muy hondo como el apóstol nos advierte en contra de tener una visión inflada de nuestra propia fuerza espiritual por lo que dice: «Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.»

Y nosotros caemos, y nos alejamos de la gracia, no es que caemos por completo, pero nosotros caemos en acciones muy

graves, nada más grave que la del apóstol Pedro, quien, en público con maldiciones, aun habiendo sido advertido, negó a Jesucristo, jurando que él nunca lo conoció – una traición pública a Cristo. Él cometió traición contra su Señor.

¿Recuerdan que antes de este episodio él había sido advertido sobre este evento? Ya se imaginan, Pedro dijo que esto jamás ocurriría. Él jamás se comportaría de tal manera. ¿Y recuerdan la advertencia de Jesús? «Simón, Simón, Satanás te ha pedido para estremecerte como el trigo, pero yo he rogado por ti, para que cuando vuelvas fortalezcas a los hermanos».

Ahora, él cayó, pero se levantó. Fue restaurado. Y su caída fue por un momento. Y por eso decimos que los cristianos verdaderos pueden tener caídas radicales y serias, pero nunca caídas totales y finales de la gracia. Aun en la iglesia, cuando las personas profesan fe y caen en pecados muy serios y atroces, pecados tan graves que implican la disciplina de la iglesia.

Y aun en procesos de disciplina eclesiástica que pasa por varias etapas, cuya etapa final ¿Cuál es? La excomunión. Y creo que es posible; sabemos que es posible para alguien que es verdaderamente regenerado, un verdadero cristiano, que esté tan atrapado en el pecado al punto de ser llamado por la iglesia, puesto en disciplina; ser suspendido de los sacramentos; y aun así no se arrepienta en todo el camino hasta llegar al final que es la excomunión donde es expulsado de la comunión del cuerpo de Cristo y debe ser tratado como un no creyente, ser declarado como no creyente por la iglesia.

Incluso ese acto de excomunión se hace con la esperanza que la persona es un verdadero creyente atrapado en un estado muy persistente de pecado y que esta disciplina final de ser separado de la comunión en el cuerpo de Cristo será lo que el Espíritu de Dios use para llevarlo al arrepentimiento. Y vemos ese ejemplo que se encuentra en el Nuevo Testamento, en la situación de Corinto con el hombre incestuoso.

¿Recuerdan cómo la iglesia nada hacía para disciplinar a este hombre que estaba viviendo una vida escandalosa hasta que el apóstol tuvo que reprenderlos y amonestarlos y les ordenó excomulgarlo? ¿Qué pasó cuando él fue excomulgado? Se arrepintió. Y solicitó la reincorporación a la iglesia, y ahora la iglesia no lo dejaba regresar.

Entonces Pablo tuvo que volver y decir: miren, todo el propósito de la excomunión fue para llevarlo al arrepentimiento. Ahora que él se ha arrepentido, permítanle regresar, así como Cristo dio la bienvenida a Pedro de vuelta al redil después de su acto reprochable de traición. Así que, de nuevo, el pecado del cristiano puede ser radical y serio, pero nunca total y final. Entonces, ¿Cómo juzgamos a alguien que ha hecho una profesión de fe, quizá en presencia nuestra, y luego vemos como, más tarde, la repudia? Bueno, lo primero que se hace es un juicio compasivo, porque uno no sabe el verdadero estado de su alma.

Esa es una desventaja que tenemos. No podemos leer el corazón de nadie. No pueden leer mi corazón, y yo no puedo leer los suyos. Estamos llamados a ser prudentes y sabios, y mirar las acciones de los demás y evaluar y discernir respectivamente. Pero aún por tu mejor acción no puedo conocer realmente tu alma, y ustedes no saben lo que hay en la mía. Por eso, estamos llamados a ser excepcionalmente tolerantes los unos con los otros y tener esa compasión que cubre una multitud de pecados entre nosotros en la comunión de la iglesia. Pero Dios lee el corazón. Y cuando Dios dice que una determinada persona nunca estuvo en un estado verdadero de fe, podemos estar seguros de que esa persona nunca estuvo en la fe verdadera.

Ahora, pero ¿Qué pasa si nos topamos con alguien que está en medio de una grave y prolongada caída, y que ha repudiado la fe públicamente? Entonces, ¿Podemos saber que no es cristiano? No, porque no conocemos el mañana. No sabemos si están en la posición de David antes que Natán hablara con él. Si alguien hubiera estado en ese momento, cuando Pedro dijo que nunca conoció a Jesús, de seguro no habría aseverado que Pedro era cristiano, porque lo estaban observando justo en medio de esta prolongada caída tan grave.

Pero todavía tenemos esperanza por aquellos que nos han dejado por un tiempo, y que van a regresar. Y tenemos que reconocer que puede tratarse de una de dos cosas. Uno, que su profesión inicial no fue auténtica ni genuina; se trataba de una profesión de fe vacía, y que nunca fue creyente. O, que su profesión de fe era genuina y que va a volver. Pero eso se lo dejamos a Dios en este punto.

Pero lo que nos enseña el Nuevo Testamento es que es el Espíritu Santo, de nuevo, el único que nos levanta de entre los muertos. Y Él nos levanta para vida eterna. Todo el propósito de la elección de Dios es para llevar a su pueblo de manera segura al cielo, de modo que lo que Él empieza Él promete terminar.

Y Él no solo inicia la vida cristiana, sino que el Espíritu Santo es el santificador, el que convence, y el ayudante que está ahí para ayudar en nuestra preservación. Ahora dos importantes términos se dicen con respecto a la obra del Espíritu en la vida del cristiano que están relacionados con esta idea de la preservación.

Uno es que somos sellados por el Espíritu Santo, y el otro es que se nos dan las arras del Espíritu. Vamos a ver este último primero. El término arras del Espíritu se extrae del lenguaje comercial de los tiempos bíblicos, y la única cosa que puedo pensar sobre eso es un paralelo que en nuestros días sería lo que llamamos una cuota inicial de dinero, cuando alguien va a comprar una casa y se hace el contrato inicial, se da una porción de dinero como pago a cuenta o como pago inicial, lo que es una promesa de que usted tiene la intención de obtener un préstamo y cerrar el trato y pagar el resto del saldo.

Y para demostrar que estás interesado en serio, entregas este pago. Ahora sé que hay gente que ha pagado dinero de buena fe pero que no logran cumplir. Tal vez ellos no estaban tan interesados en primer lugar, o tal vez aparecieron circunstancias que hicieron imposible el continuar con el compromiso. Pero amados, cuando Dios el Espíritu Santo les es dado a ustedes por el Padre como prenda, cuando el Espíritu mismo que mora en ustedes es el compromiso del Padre para su futuro, ¿realmente creen que el Padre vaya a fallarles en cumplir con el pago final? No tenemos un fajo de billetes, sino el Espíritu de Dios mismo morando en nosotros como promesa de Dios de finalizar la obra.

Y no sólo nos da las arras del Espíritu, sino que Él nos sella en el Espíritu Santo. Cuando Dios escribe nuestros nombres en el libro de la vida, Él no lo hace con un borrador a mano, sino que lo hace por la eternidad, y Él nos sella en el Amado para siempre.

Ahora finalmente, una de las razones por las que tenemos confianza en nuestro futuro no es solo por el ministerio del Espíritu Santo que acabo de mencionar rápidamente, de paso, sino, por lo más importante, debido a la labor que realiza Jesús. A veces tenemos una tendencia o, a veces, creo, tenemos la tendencia a pensar que cuando Jesús vino y vivió su vida de perfecta obediencia y cumplió todas las exigencias de la ley que hemos incumplido y entonces, por su obediencia pasiva pagó el precio de nuestros pecados con la perfecta expiación.

Él hizo todo lo que necesitamos que Él hiciera por nosotros, pero nos olvidamos de que cuando ascendió al cielo y se sentó a la diestra de Dios y fue entronizado como Rey de reyes y Señor de señores, Él no sólo fue a su reino, sino que también entró al cielo como nuestro gran Sumo Sacerdote.

Y la función principal de nuestro Sumo Sacerdote, como Él nos dice, es la de interceder por nosotros diariamente ante el Padre. Jesús intercede por mí, por mi salvación final. No sólo oró por sus discípulos en Juan 17 para que nunca fueran arrebatados de la mano de Dios, sino que Él ora por nosotros para que seamos preservados. Ahora bien, miren a Judas y a Pedro. Ambos traicionaron a Cristo. Uno de ellos era un creyente; y el otro no lo era.

Ambas acciones fueron indignantes en extremo – la traición total a Cristo. Ambas fueron anticipadas por Cristo. Y cuando Él le dijo a Judas lo que iba a hacer, Él terminó su comentario diciéndole a Judas: «Lo que vas a hacer, hazlo más pronto.» Y lo despidió. Pero cuando hizo el mismo tipo de predicción sobre el comportamiento de Pedro, como ya lo hemos mencionado, «Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo,» ¿recuerdan lo que dijo? Pero Simón, “he rogado por ti, para que una vez vuelto, no para cuando vuelvas, sino que una vez vuelto, confirma a tus hermanos.

Mi confianza en mi preservación no está en mi capacidad de perseverar, sino que mi confianza descansa en el poder de Cristo para sostenerme con su gracia y por el poder de su intercesión por nosotros es que Él nos va a conducir con seguridad.

 

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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