La prueba está en la luz

La prueba está en la luz

6/28/2017

Comprobando lo que es agradable al Señor. (Efesios 5:10)

El gozo de un cristiano es ser ejemplo vivo de la verdad de Dios; ser un ejemplo viviente de lo que es agradable a Él.

Cuando estuve en Damasco, descubrí que las tiendas no tienen ventanas. Si quiere comprar algo, tiene que sacarlo a la calle y levantarlo a la luz para detectar cualquier defecto. De igual manera, la única forma de evaluar nuestra vida es exponer toda conducta, toda decisión y todo motivo ante la luz de Cristo y de su Palabra.

Cuando voy al aeropuerto y paso mis maletas por las cámaras que ven lo que hay dentro, nunca me preocupa lo que vea el policía. No tengo nada que ocultar. No llevo armas ni bombas. Así debemos ser como cristianos. No debe importarnos que la luz revele lo que somos porque ella solo ha de comprobar la veracidad de nuestra identidad. Debemos estar dispuestos a exponer nuestra vida ante la luz para que pruebe que somos luz.

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«Mas la vara de Aarón devoró las varas de ellos»

28 de junio

«Mas la vara de Aarón devoró las varas de ellos».

Éxodo 7:12

Este incidente es un ejemplo muy instructivo del triunfo de la obra divina sobre toda oposición. Siempre que un principio divino se afirma en el corazón de alguna persona, aunque el demonio invente una falsificación del mismo y produzca multitud de adversarios, tan cierto como que Dios está en esa obra, el principio en cuestión se tragará a todos sus enemigos. Si la gracia de Dios se posesiona de un hombre, los magos del mundo pueden echar todas sus varas, y cada vara ser tan astuta y venenosa como una serpiente, que, a pesar de todo, la vara de Aarón devorará las varas de ellos. La atracción amorosa de la cruz enamorará y ganará el corazón del hombre, y quien vivía solamente para esta engañosa tierra, ahora pondrá sus ojos en las esferas superiores y volará hacia las alturas celestiales. Cuando la gracia ha ganado la batalla, el mundano se convierte y busca ese mundo venidero. Este hecho mismo debe observarse en la vida del creyente. ¡A qué gran multitud de enemigos ha tenido que hacer frente nuestra fe! El diablo echó delante de nosotros nuestros antiguos pecados, los cuales se convirtieron en serpientes. ¡Qué gran número de ellos! ¡Ah, pero la cruz de Jesús los destruye todos! La fe en Cristo acaba con todos nuestros pecados. Después, el diablo arrojó otra multitud de serpientes en forma de instigaciones carnales, tentaciones e incredulidad; pero la fe en Jesús es para ellas más que una refulgente luz, y las domina a todas. Ese mismo principio cautivador destaca cuando servimos fielmente a Dios: con un amor entusiasta por Jesús se superan las dificultades, los sacrificios se transforman en placer y los sufrimientos en glorias. Ahora bien, si la religión constituye para el corazón una pasión consumidora de semejante naturaleza, de ello se sigue que hay muchas personas que profesan la religión pero no la tienen; porque aquello con lo que cuentan no soporta esta prueba. Examínate, lector, sobre este punto: La vara de Aarón demostró el poder que había recibido del Cielo, ¿está haciendo lo mismo tu religión? Si Cristo es algo, debe serlo todo. ¡Oh, no descanses hasta que el amor y la fe en Jesús sean pasiones dominantes de tu alma!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 189). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Maternidad bajo fuego

Maternidad bajo fuego

 Sugel Michelén

MaternidadHace unos años leí un artículo, con un título bastante sugestivo: “¿Qué hace una mujer tan inteligente como tú metida en la casa?” En dicho artículo la autora narra todas las peripecias que tuvo que hacer para buscar una persona idónea que cuidara a su hijo recién nacido y ella pudiera regresar al trabajo. Luego de algunos intentos fallidos, salió embaraza otra vez. La búsqueda de la niñera ideal se hizo más intensa, y en ella descubrió algunas cosas interesantes: Algunas eran tan preparadas que su salario representaba una buena parte del que ella ganaría; muchas otras no estaban capacitadas para una labor tan delicada. Quiso recurrir entonces a las que cuidan niños en sus casas, pero allí también descubrió que la mayoría hacía ese trabajo porque tenían que cuidar a sus propios hijos, y nunca cuidarían los ajenos con el mismo esmero; otras tomaban más niños de los que podían cuidar movidas por sus necesidades económicas; en fin, que ninguna se relacionaría con sus hijos de la forma que ella lo haría.

La autora concluye diciendo: “Con el tiempo aprendí una lección muy importante, gracias a la búsqueda de atención para mis hijos: por mas licencias que otorguemos, pautas que establezcamos y dinero que paguemos, es imposible ejercer un control de calidad en la capacidad de un ser humano para amar a otro u ocuparse de él. Yo había deseado los servicios de una persona cariñosa, que tuviera sentido del humor y una actitud vivaz… Alguien que fomentara la creatividad de mis hijos, que los llevara a lugares interesantes, contestara a todas sus preguntas y los arrullara hasta que se quedaran dormidos. Lenta, dolorosamente, llegué a una pasmosa conclusión: la persona que andaba buscando, la que había tratado con desesperación de contratar, era yo misma”.

Hoy más que nunca la maternidad debe ser revalorada, porque por décadas nos han estado transmitiendo el mensaje subliminal de que la mujer inteligente y capaz es la que trabaja fuera de la casa, en contraposición a la pobre mediocre que no tiene más alternativa que dedicarse a criar a sus hijos. Sabemos que muchas madres trabajan por necesidad y que la responsabilidad de la crianza de los hijos es también del padre. Pero afirmar que el potencial de la mujer sólo puede ser desarrollado echando a un lado su papel como madres es desvalorizar una de las labores más demandantes y de más trascendencia que un ser humano pueda hacer.

© Por Sugel Michelén. Todopensamientocautivo.blogspot.com. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

¿Cómo se acaba el Pentateuco (Deuteronomio 34)?

28 JUNIO

Deuteronomio 33–34 | Salmo 119:145–176 | Isaías 60 | Mateo 8

¿Cómo se acaba el Pentateuco (Deuteronomio 34)?

En cierto sentido podríamos hablar de esperanza, o cuando menos de anticipación. Aunque a Moisés se le ha negado la posibilidad de entrar en la Tierra Prometida, los israelitas están a punto de hacerlo. La tierra que “fluye leche y miel” está a punto de ser suya. Josué, hijo de Nun, un hombre “lleno de espíritu de sabiduría” (34:9), ha sido nombrado. La bendición de Moisés sobre las doce tribus (Deuteronomio 33) se podría leer como la conclusión más adecuada de este capítulo de la historia del pueblo de Israel.

No obstante, esta sería una lectura demasiado optimista. Hay elementos convergentes que dejan al lector atento con unas expectativas más bien pesimistas respecto al futuro inmediato. Al fin y al cabo, durante cuarenta años el pueblo ha venido haciendo promesas y después rompiéndolas, y se les ha llamado repetidamente a una renovada fidelidad mediante unos juicios muy severos. En Deuteronomio 31, Dios mismo predice que “muy pronto esta gente me será infiel con los dioses extraños del territorio al que van a entrar. Me rechazarán y quebrantarán el pacto que hice con ellos” (31:16). Moisés, este líder increíblemente valiente y perseverante, no entra en la Tierra Prometida debido a que en una ocasión no honró a Dios ante el pueblo. En este aspecto, sirve de prototipo del gran patriarca hebreo que aparece al principio de la historia de Israel: Abraham muere como peregrino en una tierra ajena, que no le pertenece aún, pero al menos muere con honor y dignidad. Mientras, Moisés muere, en soledad vergonzosa, como peregrino a quien no se le permite entrar en la Tierra Prometida a él y a su pueblo. No se nos dice cuánto tiempo ha transcurrido entre la muerte de Moisés y la redacción de este último capítulo de Deuteronomio, pero debía ser un período largo, porque en el versículo 10 leemos: “Desde entonces no volvió a surgir en Israel otro profeta como Moisés”. No podemos por menos que escuchar en estas palabras la profecía de la llegada de un profeta como Moisés (18:15–18). En el momento de la redacción, otros líderes habían salido, algunos de ellos fieles y fuertes, pero ninguno había sido igual a Moisés, tal como se había prometido.

Estos elementos hacen que el lector pueda apreciar ciertas cosas, especialmente si el Pentateuco se ubica dentro de la línea narrativa de toda la Biblia. (1) La ley-alianza no tuvo el poder de transformar al pueblo de Dios de la alianza. (2) No nos debería extrañar que se produzcan más ejemplos de un declive catastrófico. (3) La principal esperanza reside en la venida de otro profeta como Moisés. (4) De alguna manera esto queda vinculado con las promesas que encontramos al final del relato: esperamos a alguien de la semilla de Abraham a través de quien todas las naciones de la Tierra serán bendecidas.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 179). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Cómo vivir sin exigencias

28 Junio 2017

Cómo vivir sin exigencias
por Charles R. Swindoll

No soy amante de las calcomanías que la gente pega en sus autos y por ello no me llama la atención leer lo que la gente pone en los parachoques o ventanas de sus autos.

Sin embargo, hace unos años vi una que hasta la fecha no he olvidado. Por alguna razón, la frase se me quedó adherida en mi cerebro. Quizás usted la haya visto también:

LOS CRISTIANOS NO SON PERFECTOS, SOLAMENTE PERDONADOS.

La última vez que la vi, iba pegada a un auto que me rebasó rápidamente y eso que yo iba manejando a una velocidad alta. Antes de eso, la había visto adherida a un Volkswagen que estaba estacionado y tenía una infracción en el parabrisas.

Ahora bien, antes de exteriorizar mis emociones, necesito aclarar algo. Nunca vamos a convencer a los incrédulos que lo que dice esa calcomanía es cierto. Quizás algunos lo comprendan pero la mayoría no lo hará. Esos incrédulos seguirán airados y hasta se sentirán ofendidos cuando un cristiano muestre el más leve defecto en su vida. Ellos parecen no comprender lo que la gracia de Dios y la depravación humana son. Para ellos, eso es algo confuso.

¿Cómo es que algo tan maravilloso como el perdón de los pecados y la salvación eterna pueden ser gratis?

¿Cómo es que esa persona puede llamarse cristiana y actuar de esa manera?

Si usted les ha hablado de Cristo a personas que no son salvas, esas dos preguntas generalmente salen a relucir. No pueden asimilar la incongruencia entre la gracia de Dios y la humanidad de los cristianos. ¿Por qué? Porque su perspectiva es únicamente horizontal. Su mentalidad terrenal les dice: las cosas valiosas son costosas. Por lo tanto, es inconcebible que algo tan valioso como el cielo se ofrezca de manera gratuita. Y por demás, desde un plano horizontal es difícil comprender la gracia de Dios.

Además, ya que los incrédulos solo tienen un marco de referencia humano, es prácticamente imposible que piensen que alguien que dice ser parte de la familia de Dios todavía luche con actos de imperfección. Después de todo, dirían: “Si dices que Dios ha entrado en tu vida y eres una nueva criatura, entonces, ¿cómo es que no eres perfecto?»

Esa es la mentalidad del no creyente. Ellos equiparan la salvación con la perfección. No es de extrañar que se sientan confundidos. Pero los cristianos sabemos que no es así y si no lo sabemos pues debiéramos saberlo.

Debido a nuestra hermandad espiritual, sabemos que ser cristianos no es lo mismo que tener una vida perfecta que elimine nuestra humanidad y borre la depravación. Si la perfección ocurriera al momento de creer en Cristo como nuestro Salvador, entonces ¿para qué necesitaríamos que el Nuevo Testamento hablara de la importancia de obedecer a Dios después de haber obtenido la salvación? ¿Por qué nos enseña que debemos perdonarnos mutuamente, comprender los fracasos y aceptar los defectos a la vez que nos enfocamos en las áreas fuertes de nuestros hermanos? Una cosa es que los incrédulos esperen perfección; puedo vivir con su expectativa y no me afecta, ¡pero me desconcierta realmente cuando somos puestos en un molde de perfección por nuestros hermanos creyentes!

Sé muy bien que Cristo es nuestro ejemplo. . . que es un parámetro alto. . . y que nuestros motivos deben ser puros. No obstante, debemos repetirnos una y otra vez:

LOS CRISTIANOS NO SON PERFECTOS, SOLAMENTE PERDONADOS.

¡Qué fácil es manipular y victimizar a nuestros hermanos creyentes! El hilo fino de la libertad se rompe cuando se nos impone el peso de expectativas perfeccionistas. Cristo nunca hizo eso con los que tenía a Su alrededor. Él tenía un magnetismo increíble con las personas cercanas a Él debido a que no tenía expectativas irrealistas, demandas sutiles o manipulaciones. En vez de usar tácticas de presión, sencillamente aceptaba a las personas como eran.

Quedamos paralizados y nos cuesta respirar cuando nos encontramos en medio del síndrome de una expectativa de perfección. El temor y la culpabilidad que se impregna en el cristiano lo hace víctima de otros creyentes en vez de ser un vencedor en Cristo.

¡Basta! Dejemos de estrangularnos mutuamente. Permitamos que Él sea quien corrija, señale y juzgue. Maduremos y dejemos de estar condenando a los demás. Me encantan las palabras que la finada Ruth Graham dijo muy sabiamente: “Mi trabajo es amar a mi esposo (Billy Graham). A Dios le corresponde hacerlo un buen hombre”.

Reemplazca la palabra esposo con el nombre de su cónyuge, padres, jefe, misionero, y especialmente su pastor, y verá cómo la calcomanía toma sentido. Es más, será más fácil vivir con usted y conmigo.

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Cómo soportar cuando la obediencia duele

JUNIO, 28

Cómo soportar cuando la obediencia duele

Devocional por John Piper

Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de él soportó la cruz. (Hebreos 12:2)
Lo que la fe lleva a cabo a veces es más difícil de lo que podamos imaginar.

En su libro Miracle on the River Kwai (que se traduce literalmente como «Milagro en el río Kwai»), Ernest Gordon narra la historia real de un grupo de prisioneros de guerra que trabajó en el ferrocarril de Birmania durante la Segunda Guerra Mundial.

Al final de cada día, las herramientas eran recolectadas del grupo de trabajo. En una ocasión, un guardia japonés gritó que faltaba una pala y exigió que se encontrara al que la había robado. Comenzó a despotricar y maldecir hasta llegar a una furia paranoica, y dio la orden de que el culpable diera un paso al frente. Nadie se movió. «¡Todos morirán! ¡Todos morirán!», gritó tomando su rifle y apuntándolo hacia los prisioneros. En ese momento, un hombre dio un paso al frente y el guardia lo golpeó con el rifle hasta matarlo mientras el hombre permanecía en silencio y en posición de atención. Cuando regresaron al campo, volvieron a contar las herramientas y vieron que no faltaba ninguna pala.
¿Cómo se puede sostener la voluntad de morir por otras personas cuando se es inocente? Jesús fue llevado a la cruz y se mantuvo firme en su amor por nosotros «por el gozo puesto delante de él».

La gracia implica que quienes la reciben no son merecedores de ella. Por lo tanto, no diré que Jesús puso su esperanza en la gracia. Simplemente diré que contaba con la bendición y el gozo que le aguardaban, y esto lo llevó a mantenerse firme en su amor en medio del sufrimiento.

Cuando lo imitemos en esto, que es algo que deberíamos hacer, aquella bendición y aquel gozo para nosotros es la gracia —la gracia venidera—. Como hombre, dándonos el ejemplo de cómo tomar nuestra cruz y seguirlo por el camino del amor hacia el Calvario, Jesús se encomendó al Padre (1 Pedro 2:23) y basó su esperanza en la resurrección y en el gozo de reunirse con su Padre y de redimir a su pueblo.

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Lo que la Biblia es

La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu… y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Hebreos 4:12

Todo o nada

Lo que la Biblia es

Para los cristianos, la Biblia, la Palabra de Dios, es el libro de referencia. Formada por 66 libros, fue escrita por unos cuarenta autores: la primera parte, llamada Antiguo Testamento, entre el año 1900 y 400 antes de Cristo. La segunda parte, llamada Nuevo Testamento, fue escrita a lo largo del primer siglo de la era cristiana. Inspirados por el Espíritu Santo, hombres de orígenes muy diversos hablaron de parte de Dios (2 Pedro 1:21).

Los escritos anteriores al nacimiento de Jesucristo forman el Antiguo Testamento. Centrados en el pueblo de Israel, trazan la historia de la humanidad desde su origen bajo un aspecto histórico, poético o profético. Muchas profecías ya se cumplieron y otras aún no.

Los cinco primeros libros del Nuevo Testamento cuentan la venida de Jesús, el Hijo de Dios, al mundo, su vida, su muerte y su resurrección, y luego los comienzos de la Iglesia. Los siguientes exponen la doctrina cristiana, y el último abre una ventana sobre el futuro.

Cada página es inspirada por Dios, quien nos da una enseñanza moral y nos interpela. No podemos estar abiertos a ciertos textos y rechazar otros. Por ejemplo, no podemos disociar el amor insondable de Dios y su absoluta santidad. No podemos reivindicar su gracia y al mismo tiempo negar la culpabilidad del hombre. Tenemos que recibir la Biblia en su conjunto, incluidas las páginas que nos molestan. Es la única actitud sensata de una criatura que descubre lo que su Creador quiere decirle. ¡Dios ha hablado, y debemos creerle!

Daniel 2:1-23 – 2 Timoteo 4 – Salmo 77:10-20 – Proverbios 18:8

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Huya de la cueva

Huya de la cueva

6/27/2017

Andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va. (Juan 12:35)

Cuando un cristiano peca y participa en las obras de las tinieblas, es como si hubiera tenido una recaída.

Imagínese que está perdido en una cueva. Cuando trata de encontrar la salida, solo se adentra cada vez más en el laberinto de túneles. Pronto está en el vientre de la tierra. Está asustado. Le late con fuerza el corazón. Tiene los ojos bien abiertos, pero lo único que ve es una oscuridad agobiante. Anda a tiendas durante horas, y las horas se convierten en un día, y luego otro día. Toda esperanza parece perdida. De repente, a cierta distancia, se ve una lucecita. Usted se mueve hacia ella, tratando de no caer en un hoyo profundo. ¡Al fin la luz comienza a ampliarse y usted se encuentra en una abertura de la cueva! Con la fuerza que le queda reanuda su viaje hacia la luz del día. Descubre entonces una libertad como nunca la había concebido como posible. Sin embargo, poco después de escapar piensa que había varias cosas de las que disfrutaba en la cueva. De modo que regresa. ¡Cuán insensato! Pero eso es lo que hace un cristiano cuando va tras las obras de las tinieblas.

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Cada uno en el estado en que fue llamado, en él se quede

27 de junio

«Cada uno en el estado en que fue llamado, en él se quede».

1 Corintios 7:20

Algunas personas tienen la estúpida idea de que la única manera de vivir para Dios es siendo pastores, misioneros o maestros de escuela dominical. ¡Ay, a cuántos se privaría de una oportunidad de alabar al Altísimo si esto fuera verdad! Querido amigo, no se trata del cargo, sino de la diligencia; no es la posición, sino la gracia, aquello que nos capacita para glorificar a Dios. A Dios se le glorifica mucho, sin duda, en el taller del zapatero remendón: donde el trabajador piadoso canta del amor del Salvador mientras maneja la lesna. Sí, ahí se le glorifica mucho más que en innumerables templos donde una religiosidad oficial cumple con sus míseros deberes. El nombre de Jesús lo glorifica también el carretero indocto, mientras guía su caballo bendiciendo a su Dios y hablando tanto en el camino a sus compañeros como el predicador conocido que, cual un Boanerges, hace tronar el evangelio por todo el país. Glorificamos a Dios cuando le servimos según nuestra propia vocación. Ten cuidado, querido lector, de no olvidar la senda del deber abandonando tu trabajo, y cuida de no deshonrar tu profesión mientras la ejerces. Piensa poco de ti mismo, pero no pienses demasiado poco de tu llamamiento. Todo negocio legítimo puede santificarse mediante el evangelio para los fines más nobles. Vuelve a la Biblia y hallarás las formas más vulgares de trabajo relacionadas, bien con los hechos más arriesgados, bien con personas cuyas vidas fueron insignes por su santidad. Por consiguiente, no estés descontento con tu vocación. Cualquiera que sea la posición o la obra en que Dios te haya puesto, permanece en ella, a no ser que estés completamente seguro de que él te llama a otra cosa. Que tu primera preocupación sea glorificar a Dios hasta lo sumo en el lugar donde estás; ocúpate de alabarle en tu presente esfera de acción y, si él te necesita en otro lugar, te lo hará saber. Deja de lado esta noche cualquier ambición enojosa y confórmate con lo que tienes.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 188). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

¿Estamos bien enfocados? 

¿Estamos bien enfocados? 
por D. Martyn Lloyd-Jones
 
Habacuc 1.12–17 (especialmente versos 12 y 13)
 
Es importante que el cristiano no sólo lea los periódicos y entienda algo de lo que está aconteciendo en el mundo, sino también que comprenda el significado de los eventos. Existen en nuestro tiempo graves peligros que amenazan a la Iglesia. Y, a no ser que tenga cuidado, corre el peligro, como Israel en el pasado, de entrar en alianzas políticas con el fin de impedir lo que Dios ha ordenado. Es esencial que la Iglesia no analice los problemas con un ojo político, sino que aprenda a interpretarlos espiritualmente, y entenderlos a la luz de las instrucciones que Dios le ha dado. Lo que al hombre natural le resulta aborrecible y aun desastroso, puede ser precisamente el medio que Dios está utilizando para castigarnos y restaurarnos a una correcta relación con él. De modo que no debemos apresurarnos para arribar a conclusiones que no sean las precisas.
 
La importancia de los métodos de enfoque
 
La mayoría de los problemas y perplejidades de la vida cristiana se originan por la falta de un adecuado método de enfoque. Es mucho más importante conocer la forma de enfocar los problemas, que tener una respuesta inmediata para cada dificultad en particular. Los hombres habitualmente quieren una respuesta clara para cada asunto específico, pero la Biblia no siempre nos da lo que queremos en este sentido. Sin embargo, nos enseña un método. Somos muy propensos a dejar cundir el pánico y a buscar conclusiones rápidas cuando ocurre lo inesperado y cuando Dios procede con nosotros de una manera inusual. En el Salmo 73 se nos señala el peligro de hablar inadvertidamente con nuestros labios. Al ver ciertos males el salmista exclamó: «Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, y lavado mis manos en inocencia» (Sal 73.13). ¿Había entonces algún beneficio en comportarse en forma piadosa? Repentinamente recapacitó y dijo: «Si dijera yo: Hablaré como ellos…» así reconoció que había hablado desacertadamente con sus labios. Había comenzado a hablar sin antes pensar.
 
En esta situación debemos buscar la manera correcta de actuar. El problema puede presentarse en el área personal, o bien puede ser de alcance nacional, o también, como ciudadanos de este mundo, en la esfera más amplia de los acontecimientos históricos. De manera que vamos a analizar cuidadosamente este perfecto ejemplo de método de enfoque que encontramos, entre tantos otros, en la Biblia.
 
La descripción del método
 
Tiempo para pensar
 
La primera regla consiste en pensar en lugar de hablar. «Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse» (Stg 1.19). Nuestra dificultad está en que somos prontos para hablar, prontos para airarnos y tardos para pensar. Sin embargo, según este profeta, lo primero que debemos hacer es examinar. Antes de expresar nuestras reacciones debemos disciplinarnos para pensar. Quizá es bastante aparente el énfasis que damos a esto, pero bien sabemos todos que es precisamente aquí donde nos descarrilamos.
 
Establecer principios básicos
 
La regla siguiente es que cuando comenzamos a pensar, no debemos encarar el problema inmediato. Debemos volver hacia atrás y aplicar la estrategia del enfoque indirecto. Este es un principio muy conocido en la estrategia militar. En la Segunda Guerra Mundial el enemigo común era Alemania, pero los países aliados comenzaron a derrotar a Alemania en África del Norte. Utilizaron la estrategia de aproximación indirecta. Este método de acercamiento es de vital importancia en la vida espiritual, sobre todo cuando nos enfrentamos con un problema como el que tenemos delante nuestro. Necesitamos comenzar pensando más atrás, y aproximarnos al problema en forma indirecta.
 
Debemos traer a nuestra memoria aquello de lo que estamos absolutamente seguros, que está fuera de toda duda o disputa. A veces ayuda si nos sentamos y escribimos para nuestro propio provecho algo semejante a lo siguiente: «En esta terrible y perpleja situación en la que ahora me encuentro, sé, que por lo menos en un aspecto, estoy pisando en tierra firme». Cuando trepamos montañas, a veces nos encontramos con piedras sueltas o tierra movediza y la única forma de seguir adelante es buscando un punto donde podamos afirmar nuestros pies con seguridad. La única forma de avanzar es buscando bases firmes donde apoyarnos. De igual manera, ante problemas espirituales, debemos retornar a los principios absolutos y eternos. La psicología de esto es evidente, pues tan pronto volvamos a principios básicos, comenzaremos a perder el sentido de pánico y desesperación. Es grandioso poder reconfortar nuestras almas con aquellas verdades que están fuera de toda disputa.
 
Aplicar los principios al problema
 
Después de haber hecho esto, podemos tomar el paso siguiente y colocar el problema particular dentro del contexto de aquellos firmes principios que nunca hemos puesto en duda. Es un hecho indiscutible que sólo se puede encontrar una solución a los problemas si se ubican dentro del contexto correcto. La manera de interpretar un pasaje difícil de las Escrituras, es considerarlo dentro de su contexto.
 
Con frecuencia confundimos el significado de una frase porque la sacamos de su contexto, pero cuando la analizamos en forma correcta, generalmente descubrimos que el contexto interpreta al texto acertadamente. Lo mismo es aplicable al problema particular que puede estar causando ansiedad o preocupación.
 
Si persisten las dudas, encomendar el problema a Dios con fe
 
Esto nos conduce al último paso del método. Si todavía persistimos en la incertidumbre y no tenemos una respuesta clara, debemos llevarlo sencillamente a Dios en oración y dejarlo allí, con él. Esto es lo que el profeta hizo, según 1.13. En el verso 12 y la primera parte del 13, encontramos que el profeta continuaba en la perplejidad y en consecuencia llevó el problema a Dios, y allí lo dejó.
 
Una vez que establecemos el método correcto, lo podemos aplicar a cualquier problema, ya sea a los tratos de Dios con una nación, a los problemas mundiales o a dificultades personales. Sea cual fuere el problema, debemos detenernos para pensar, establecer cuáles son los principios básicos, e introducir el problema dentro de ese contexto. Si todavía persiste la dificultad, llevarlo a Dios en oración y dejarlo allí.
 
Tomado y adaptado del libro Del temor a la fe, D. Martyn Lloyd-Jones, Editorial DCI- Hebrón.