“Padre, soy salvo”

27 JUNIO

Deuteronomio 31 | Salmo 119:121–144 | Isaías 59 | Mateo 7

Uno de los grandes temas de las Sagradas Escrituras es el mismo que sale con frecuencia en el Salmo 119– es el despliegue de las palabras que Dios da luz “y da entendimiento al sencillo” (119:130) en dos aspectos, como mínimo.

En primer lugar, “sencillo” se puede referir a los “necios”, los “cortos de entendimiento” –los que no entienden nada de cómo vivir en la luz de la revelación que Dios en su gracia ha provisto–. La exposición de las palabras de Dios da luz a personas así. Les enseña cómo tienen que vivir, y les da una profundidad y comprensión en cuestiones morales y espirituales que jamás habían demostrado anteriormente.

En segundo lugar, las palabras de Dios expanden nuestros horizontes. Unos párrafos antes, el salmista escribió: “¡Cuánto amo yo tu ley! Todo el día medito en ella. Tus mandamientos me hacen más sabio que mis enemigos porque me pertenecen para siempre. Tengo más discernimiento que todos mis maestros porque medito en tus estatutos. Tengo más entendimiento que los ancianos porque obedezco tus preceptos” (119:97–100). El salmista no está diciendo que tenga un coeficiente intelectual superior que sus profesores, ni que sea más inteligente que sus enemigos ni más listo que los ancianos del pueblo. Más bien está afirmando que la reflexión continua en la instrucción de Dios (su “ley”) y un compromiso profundo a obedecer los preceptos de Dios, provee al creyente unos parámetros para la vida y también un entendimiento más profundo que quedan inasequibles tanto a los que son teólogos brillantes pero nada más, como a los líderes políticos muy bien adiestrados.

Uno de mis propios estudiantes podría servir de ejemplo. A duras penas se licenció de la escuela secundaria. Jamás había entrado en ninguna iglesia. Cuando preguntaba a su padre acerca de Dios, se le decía que dejara de hablar de temas así. Se alistó en el ejército como un soldado raso y llevó una vida dura. En varias ocasiones se drogó con LSD. Finalmente se alistó en las fuerzas aéreas y comenzó a llevar su ejemplar de la Biblia (repartida a todos los soldados por los gedeones) por todas partes, como si fuese un talismán y así protegerse del peligro cuando saltaba de los aviones. En una ocasión la comenzó a leer –al principio despacio, ya que no era buen lector–. La leyó toda entera y se convirtió. Se acercó a uno de los capellanes y le dijo: “Padre, soy salvo”. El capellán le dijo: “Aun no”, y le inició en las clases de catecismo. Por fin encontró una iglesia que enseñaba la Biblia. Se liberó de las drogas (y al cabo de seis meses muchos de sus compañeros drogadictos en el ejército fueron expulsados), dejó el ejército, consiguió entrar en la universidad por los pelos, pero creció y maduró enormemente hasta encontrarse entre los mejores en Griego en la Facultad de Teología.

Absorbía profundamente las palabras de Dios. Transformó su vida y le proporcionó más entendimiento que muchos de sus profesores. “La exposición de las palabras de Dios da luz, y da entendimiento al sencillo”.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 178). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Las Pruebas Diarias

26 Junio 2017

Las Pruebas Diarias
por Charles R. Swindoll

El recetario de la Sra. Moisés, probablemente contenía una sección titulada “Mil Maneras para cocinar Maná”. Y si no me equivoco, las llevó a cabo todas… varias veces. Lo que el mate es para los argentinos, las arepas para los colombianos, las pupusas para los salvadoreños y los frijoles pinto para los mexicanos, el maná lo fue para los ambulantes hebreos por 40 años (Éxodo 16:35). Lo hirvieron, lo hornearon, lo pusieron a las brasas, lo molieron, lo comieron frío, caliente, crudo, cocinado, lo rebanaron para sándwiches, lo espolvorearon en el cereal –lo que a usted se le ocurra, ellos lo hicieron. Cuando todos se juntaban en la mesa para comer, nadie hacía la famosa pregunta, “¿Qué hay de cenar?” sino, “¿Y cómo lo preparaste?” La hora de la comida era tan emocionante como ver agua hervir. Los sonidos más comunes alrededor de la mesa no eran mordidas ni sorbidos; eran síntomas de náuseas. ¡Ellos odiaban el maná! El libro de Números nos dice que estaban cansados de ver tanto maná (Números 11:6). Todos se acordaban del pescado, los pepinos, las cebollas, el ajo y los melones que comían en Egipto – ¡y hay que estar muy desesperado como para desear un platillo con esta variedad!

¡Un momento! ¿Qué hay de malo con todo esto? Cuando analizamos detenidamente las circunstancias en las cuales se encontraban los hebreos, entonces vemos un escenario totalmente diferente. Permítame explicarle, ellos no tenían que trabajar para comer, ni para comprar ropa. . .al menos ¡no lo hicieron ni un solo día por cuarenta años! De hecho, Dios les hizo que lloviera “pan del cielo. . .comieron pan de ángeles” (Salmos 78:24-25). Acompañado el milagro matutino era la fiel nube de día y el consolador fuego de noche (Éxodo 13:21-22) que les daba la visible seguridad de la presencia y protección del Señor. Al darles sed, Dios los saciaba con agua que corría de rocas como ríos (Salmos 105:40). Esa gente disfrutó de un servicio abastecedor sin ningún costo alguno, de un servicio inimitable, sin tener que trabajar, ni tener que molestarse. Todo lo que tenían que hacer era llegar, comer, limpiar y mirar hacia arriba, y aun así llegaron al punto de menospreciar el pan de los ángeles. Y habiendo tenido mucho más de lo necesario, todavía querían más, querían variedad. Al haberse hastiado del maná, pidieron carne.

Éxodo 16:4, nos da una mejor percepción la cual usualmente es pasada por alto:

Entonces el Señor le dijo a Moisés: “Voy a hacer que les llueva pan del cielo. El pueblo deberá salir todos los días a recoger su ración diaria. Voy a ponerlos a prueba, para ver si cumplen o no mis instrucciones”.

Observe cuidadosamente lo que dicen las últimas ocho palabras. El maná era más de lo que a simple vista parecía ser –básicamente, era una prueba. Una prueba cuidadosamente planeada, sabiamente implementada y administrada diariamente por Dios. (Note las palabras todos los días). Dios diseñó la dieta diaria y semanal como una prueba de su obediencia, su paciencia, su determinación a pesar de la monotonía del maná.

Y ellos reprobaron el examen.

Cuando era niño, la familia Swindoll ocasionalmente disfrutaba de una reunión familiar en la cabaña de la bahía de mi abuelo que se encontraba cerca del Golfo en el sur de Texas. Debido a que la familia era numerosa, contratábamos al mismo cocinero cada vez que nos reuníamos. Su nombre era Panchito. Su pronta sonrisa y pintorescos comentarios dejaron recuerdos imborrables en mi memoria. Recuerdo estar parado junto a Panchito durante un atardecer, observándolo untar la salsa en los pedazos de carne que lentamente se cocinaban sobre el carbón. Me contaba de su vida que había sido marcada por aflicciones y tragedia. Frotó su mano grande y curtida por mi pelo mientras se arrodillaba para quedar a mi estatura y dijo:

Pequeño Charles –lo más difícil de la vida es que es diaria.

Es diaria. . . ¡Fácil decirlo, pero terriblemente cierto! Las pruebas que llegan como rayo, y que no duran más que unos momentos, seguido provocan más que un breve estruendo. Pero los maratones –las implacables, e incesantes, continuas, persistentes y duraderas pruebas que no se van ah, éstas son las que dejan moretones, pero que a la misma vez desarrollan nuestro carácter. Debido a que la virtud no es hereditaria, Dios dispensa Su “prueba del maná” a cada santo de cada generación, esperando ver si habrá un apetito celestial que acepte comida celestial.

Cualquiera que sea su circunstancia –por mucho que ésta haya durado–  dondequiera que se encuentre el día de doy, lo dejo con este recordatorio: entre más fuertes son los vientos, más profundas son las raíces…y entre más duren los vientos, más hermoso es el árbol.

 

Charles R. SwindollAcerca del Autor

Charles R. SwindollConocido sencillamente como “Chuck” en la comunidad cristiana en todo el mundo, el pastor, maestro y escritor Charles R. Swindoll ha dedicado más de cuatro décadas a la comunicación clara de la Palabra de Dios.

 Un refugio para el desamparado

JUNIO, 27
 Un refugio para el desamparado

Devocional por John Piper

¡Cuán grande es tu bondad, … que has obrado para los que en ti se refugian. (Salmos 31:19)
La experiencia de la gracia venidera muchas veces depende de si nos refugiamos en Dios o si dudamos de su cuidado y corremos a protegernos en otras moradas.

Para los que se refugia?n en Dios, las promesas de gracia venidera son muchas y de gran riqueza:

· Ninguno de los que se refugian en él será condenado (Salmos 34:22).

· Dios es un escudo para todos aquellos que se refugian en él (2 Samuel 22:31).

· Bienaventurados son todos los que se refugian en él (Salmos 2:12).

· El Señor es bueno, fortaleza en el día de la angustia; él conoce a los que en él se refugian (Nahum 1:7).

No ganamos nada ni hacemos mérito alguno por refugiarnos en Dios. Esconderse en un lugar no aporta nada a ese lugar. Tan solo demuestra que nos consideramos indefensos y que el escondite es nuestro rescate.

El requisito que debemos cumplir para obtener esta gracia no es un mérito; es nuestra condición de desesperación y el reconocimiento de nuestra debilidad y necesidad.

La miseria no demanda ni merece, sino que clama por misericordia y busca la gracia.

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¡Escuchemos las informaciones!

martes 27 junio

El Dios de dioses, el Señor, ha hablado, y convocado la tierra, desde el nacimiento del sol hasta donde se pone.

Salmo 50:1

Acercaos, naciones, juntaos para oír; y vosotros, pueblos, escuchad. Oiga la tierra y cuanto hay en ella, el mundo y todo lo que produce.

Isaías 34:1

¡Escuchemos las informaciones!

El hombre de hoy es un hombre informado. Cada día el periódico le ofrece todos los detalles sobre lo que sucede en el mundo. Durante todo el año, la radio, la televisión e Internet rivalizan para que siga en tiempo real lo que ocurre en el planeta.

¿Sacamos lecciones de estas informaciones, sea colectivamente o cada uno en particular? Por ejemplo, ¿estamos dispuestos a poner en tela de juicio nuestra forma de vida personal?

Hay otra fuente de información menos escuchada, y sin embargo no debería dejar indiferente a nadie, pues puede transformar nuestro comportamiento. La tenemos mucho menos en cuenta que todo lo que conocemos cada día a través de los medios de comunicación. Ciertamente, es un libro muy antiguo, pero más actual que nunca. Nos informa sobre nuestro pasado así como sobre nuestro futuro. No solo nos expone los hechos, sino también sus causas y consecuencias. Establece las bases morales de las relaciones del hombre con su Creador y con sus semejantes.

Este libro es la Biblia, única fuente de información, perfectamente segura y a la vez perfectamente útil. Es la Palabra del Dios que nos creó, por lo tanto es primordial leerla y tener en cuenta lo que nos dice, siguiendo sus enseñanzas. Por medio de ella podemos encontrar el verdadero sentido a nuestra vida, fundarla y construirla sobre una base sólida, edificar nuestra casa sobre la roca, como dice el evangelio empleando esta imagen (Mateo 7:24-27).

Daniel 1 – 2 Timoteo 3 – Salmo 77:1-9 – Proverbios 18:6-7

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Perversiones de Satanás

Perversiones de Satanás

6/26/2017

 

Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias. (Efesios 5:3-4)

Tanto el amor de Dios como el amor de sus hijos es clemente, incondicional y altruista, pero por seguro Satanás pervertirá eso. El amor terrenal es superficial, egoísta, sensual y sexual, y Satanás le ha hecho creer al mundo esa definición del amor.

A diferencia del amor del mundo, el versículo de hoy termina indicando que debemos dar gracias. Pablo dijo que “Dad gracias a Dios en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Ts. 5:18). Cuando somos agradecidos por todo, nos salimos de nosotros mismos, porque la acción de gracias se dirige a Dios.

En vez de hablar de las personas, ámelas de una manera que transmita gratitud. Recuerde que el amor de Dios es desinteresado y agradecido, pero el amor del mundo es egoísta e ingrato.

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Reflexionemos por un momento

26 JUNIO

Deuteronomio 31 | Salmo 119:97–120 | Isaías 58 | Mateo 6

Reflexionemos por un momento en las maneras muy diversas que Dios proveyó a Israel para ayudarles a recordar lo que había hecho para liberarlos y el carácter de la alianza que se habían comprometido obedecer.

Estaba el propio tabernáculo (más tarde el templo), con sus reglas y fiestas cuidadosamente prescritas: la alianza no era un sistema filosófico abstracto sino que se materializaba mediante ciertos rituales religiosos celebrados con regularidad. La nación se había constituido de tal manera que los Levitas estaban repartidos entre las demás tribus y les correspondía a ellos la tarea de enseñar la Ley a todo el pueblo. Las tres fiestas principales estaban diseñadas de tal manera que servían para reunir al pueblo en el tabernáculo central o en el templo, donde tanto los ritos como la lectura de la ley constituían un recordatorio muy poderoso (Deuteronomio 31:11). De vez en cuando, Dios enviaba a jueces y a profetas, a quienes él había revestido de poder, para llamar al pueblo a un compromiso renovado con la alianza. A las familias se les enseñaba con empeño cómo transmitir a sus niños la historia heredada, de modo que las generaciones, que jamás hubiesen visto ninguna manifestación del poder de Dios cuando el Éxodo, se instruyesen no obstante acerca de ello, y lo reclamasen como suyo. Además, las bendiciones de Dios fluirían de la obediencia, mientras la desobediencia conllevaría los juicios de Dios, por lo cual las circunstancias reales de la comunidad tenían como propósito inducir la reflexión y el autoexamen. Se establecía una legislación que fomentase una consciencia de separación por parte de la nación naciente con respecto a las demás naciones, irguiéndose ciertas barreras que impidiesen al pueblo dejarse contaminar con facilidad por las prácticas paganas que le rodeaba. A través de acontecimientos singulares –como los gritos antifonales en los montes de Gerizim y Ebal al entrar a tomar posesión de la tierra (ver la meditación del 22 de Junio)– se pretendía inculcar, en la memoria colectiva del pueblo, la fidelidad a la alianza.

Pero aquí se añade una disposición más. Al saber Dios que, tarde o temprano, el pueblo acabaría por rebelarse, manda a Moisés escribir un cántico de tanta fuerza y contenido que se convertirá en un tesoro nacional –y que sería un testimonio cantado contra ellos mismos (31:19–22)–. Alguien ha dicho, “Dejadme escribir los cánticos de la nación, y poco me importa quién escribe las leyes”. Se trata de un aforismo algo exagerado, por supuesto, pero contiene gran perspicacia. Este será el propósito del siguiente capítulo, Deuteronomio 32. Los israelitas aprenderán que, por así decirlo, su propio himno nacional será lo que les condenará si desoyen todas las demás llamadas a recordar y a obedecer.

¿Cuáles son las disposiciones, tanto en las Escrituras como en la historia, que Dios ha puesto al alcance de los herederos de la nueva alianza para que recordemos y obedezcamos? Reflexionemos en ellos. ¿Cómo los estamos utilizando? Entre los cánticos que cantamos, ¿Cuáles son los cánticos que nos ayudan a poner en práctica este principio, que instruyen al pueblo de Dios en asuntos realmente sustanciosos y que van más allá del mero sentimentalismo?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 177). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Una vida sin comparación

26 Junio 2017

Una vida sin comparación
por Charles R. Swindoll

Salmo 1

La lección central del Salmo 1 es esta: no existe ninguna similitud entre la vida espiritual del justo y la vida del impío que lentamente se erosiona. Analice el contraste tan claro:

El piadoso

Abundancia de felicidad
Una pureza intransigente
Tiene como guía la Palabra de Dios
Es como un árbol
Está de pie delante de Dios
Es objeto especial del cuidado de Dios
Es destino seguro y próspero

El Impío

Todo lo contrario
Llevado por el viento
No tiene guía
Es como el tamo
No puede levantarse
No puede estar en la congregación de los justos
Perecerá

 

Concluyamos el estudio de esta semana del Salmo 1 con la siguiente paráfrasis ampliada:

Oh, cuánta felicidad abunda en aquel hombre que no imita de manera casual o temporal el estilo de vida de aquellos que viven en la actividad de una confusión pecadora; ni se junta con aquellos que nunca buscan a Dios. Tampoco reside en el mismo lugar donde viven los blasfemos. Al contrario, él disfruta mucho la Palabra de Dios. Piensa y medita en ella todo el tiempo, ya sea de día o de noche. Como resultado, será como un árbol, firme y fructífero. Que no muere y cumple los objetivos que Dios ha diseñado para él.

No le sucede lo mismo a los impíos. Ellos son como la hojarasca que es llevada por el viento de la vida (viviendo sin ningún propósito). Por lo tanto, debido a su falta de valor y por no tener a Dios, el impío no puede defenderse en el día del juicio ni tampoco tiene ningún derecho para ser parte de la asamblea de aquellos que Dios ha declarado justos. El Señor cuida de los justos con un amor y un cuidado especial. Por el contrario, aquél que no tiene al Señor se dirige a la ruina eterna.

Afirmando el alma
Lea nuevamente el Salmo 1. Ponga mucha atención al simbolismo que tienen las palabras, «caminar», «detenerse» y «sentarse» en el primer versículo. Sea honesto consigo mismo. ¿Ha comenzado a transigir en algunas cosas que usted antes rechazaba? ¿Qué debe hacer para dejar de hacerlo? No minimice el daño que la erosión moral, ética y espiritual pueden causar en su vida.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

 

 El temor que nos acerca a Dios

JUNIO, 26

 El temor que nos acerca a Dios

Devocional por John Piper

No temáis, porque Dios ha venido para poneros a prueba, y para que su temor permanezca en vosotros, y para que no pequéis. (Éxodo 20:20)
Hay un tipo de temor que es esclavizador y que nos aleja de Dios, y hay otro tipo de temor que es dulce y nos acerca a Dios. Moisés advirtió acerca del primero e hizo un llamado a tener el otro en el mismo versículo: «Y respondió Moisés al pueblo: No temáis, porque Dios ha venido para poneros a prueba, y para que su temor permanezca en vosotros, y para que no pequéis» (Éxodo 20:20).

La ilustración más clara que he visto de este tipo de temor fue la vez que uno de mis hijos miró a un pastor alemán a los ojos. Estábamos visitando a una familia de nuestra iglesia. Mi hijo Karsten tendría unos siete años. Esta familia tenía un perro enorme que se quedó mirando cara a cara con un niño de siete años.

El perro era amigable y a Karsten no le costó hacerse amigo. Pero cuando mandamos a Karsten a buscar algo que habíamos olvidado en el auto, él comenzó a correr y el perro lo persiguió gruñendo con tono grave. Por supuesto, Karsten se asustó; pero el dueño le dijo: «Karsten, ¿por qué mejor no caminas? Al perro no le gusta que la gente corra huyendo de él».

Cuando Karsten abrazaba al perro, él era amigable y hasta le lamía la cara. Pero cuando corría lejos del perro, él le gruñía y Karsten se asustaba.

Esa es una ilustración de lo que significa temer al Señor. Dios dispone que su poder y santidad enciendan su temor en nosotros, no para que nos alejemos de él, sino para que nos acerquemos a él.

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Yo tengo a Cristo

Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Juan 6:68-69

Yo tengo a Cristo

Hace algunos años una joven cristiana iba en barco de Bristol, en Inglaterra, a Cardiff, en el país de Gales. Como de costumbre, distribuía algunos tratados bíblicos a los pasajeros. Uno de ellos, un hombre religioso, rechazó el tratado con las siguientes palabras: –Gracias, pero yo tengo mi religión. La joven le respondió amablemente: –Yo tengo a Cristo.

Dos años después, la joven hizo el mismo recorrido y volvió a encontrar al mismo hombre, quien la reconoció inmediatamente y le dijo: –¿Recuerda que me ofreció un tratado hace algún tiempo, y la breve conversación que tuvimos?

–Sí, dijo ella, lo recuerdo.

–Pues bien, respondió él, su respuesta no me dio descanso alguno hasta que, por la gracia de Dios, pude decir sinceramente: Yo también tengo a Cristo en mi vida. Y ahora me alegra poder contárselo.

Este hombre había reconocido en la persona de Jesús al Salvador y Maestro, a quien necesitaba personalmente. Había hallado una maravillosa paz, mientras que la estricta observancia de su religión no había logrado satisfacer las necesidades de su corazón. La redención y la paz con Dios son dones de gracia que solo pueden ser obtenidos mediante la fe en Jesucristo, quien murió por los pecadores y resucitó.

¿Ya dio usted personalmente este paso?

“Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan 20:30-31).

2 Reyes 25 – 2 Timoteo 2 – Salmo 76 – Proverbios 18:4-5

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La Búsqueda de amor del mundo

La Búsqueda de amor del mundo

6/25/2017

Sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. (Colosenses 3:14)

Las personas del mundo buscan mucho el amor. Se considera como la meta suprema el amar y ser amado. Se ve al amor como la forma de experimentar las emociones extremas: nunca será tan feliz ni estará tan triste como cuando está enamorado.

La música actual estimula esa búsqueda del amor. Casi toda ella tiene el mismo mensaje implícito: sea la fantasía de un amor que se busca o la desesperanza de un amor perdido. Las personas siguen persiguiendo ese sueño esquivo. Fundamentan su concepto del amor en lo que hace para ellos. Las canciones, los dramas, las películas, los libros y los programas de televisión perpetúan continuamente la fantasía; el sueño de un amor perfecto satisfecho a la perfección.

El amor del mundo es implacable, condicional y ególatra. Se centra en el deseo, el placer egoísta y la lujuria; todo lo opuesto del perfecto amor de Dios. Las personas buscan amor, pero no es el amor verdadero; es la perversión de Satanás.

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