Y no halló la paloma donde sentar la planta de su pie

25 de junio

«Y no halló la paloma donde sentar la planta de su pie».

Génesis 8:9

Lector, ¿puedes hallar reposo fuera del arca que es Cristo Jesús? Entonces, ten por seguro que tu religión es vana. ¿Estás satisfecho con algo que no sea un conocimiento consciente de tu unión y participación con Cristo? Entonces, ¡ay de ti! Si profesas ser cristiano y, no obstante, hallas plena satisfacción en las ocupaciones y los placeres mundanos, tu profesión es falsa. Si tu alma puede estirarse para descansar y hallar que la cama es suficientemente larga y la colcha lo bastante ancha como para cubrirse en los dormitorios del pecado, entonces eres un hipócrita y estás lejos de tener un concepto claro de Cristo o una idea de su valor. Pero si, por el contrario, sientes que aunque te fuera posible hundirte en el pecado sin ser castigado, eso mismo sería un castigo; y que, si pudieses poseer todo el mundo y permanecer en él para siempre, sería ya una desgracia el no poder salir del mismo porque es a tu Dios —sí, a tu Dios— a quien tu alma ansía, entonces, aliéntate porque eres un hijo de Dios. A pesar de todos tus pecados e imperfecciones, recibe esto para tu aliento: Si tu alma no halla descanso en el pecado, no eres como el pecador. Si aún estás pidiendo algo mejor, recuerda que Cristo no te ha olvidado; pues tú no te has olvidado enteramente de él. El creyente no puede vivir sin su Señor. Las palabras resultan inadecuadas para expresar el concepto que tiene de él. No somos capaces de vivir sobre las arenas del desierto; necesitamos el maná que cae de lo alto. Nuestros odres de la confianza humana son incapaces de producir siquiera un poco de humedad; pero nosotros bebemos de la roca que nos sigue, y esa roca es Cristo. Cuando te alimentas de él, tu alma canta: «[Él] sacia de bien [mi] boca de modo que [me rejuvenezca] como el águila» (Sal. 103:5). Sin embargo, si no lo tienes a él, ni tu rebosante odre de vino ni tu granero repleto te pueden dar ninguna clase de satisfacción; más bien te lamentarás de ellos con las palabras de la sabiduría: «Vanidad de vanidades, todo es vanidad».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 186). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

La palabra reveladora de Dios

25 JUNIO

Deuteronomio 30 | Salmo 119:73–96 | Isaías 57 | Mateo 5

En su despliegue de las reflexiones acerca de Dios y de su revelación, el Salmo 119 es insuperable. Aquí me concentraré en los temas que aparecen en el Salmo 119:89–96:

(1) La palabra reveladora de Dios, la palabra que se ha puesto por escrito para convertirse en “Las Escrituras”, no es algo que Dios ha ido improvisando sobre la marcha, como si no supiese o no pudiese predecir cómo saldría todo. Nada más lejos de la verdad: “Tu palabra, Señor, es eterna, y está firme en los cielos” (119:89). Siempre estaba allí, eterna, en la mente de Dios. He aquí una de las razones por las cuales podemos confiar absolutamente en él; no hay nada que le pueda sorprender ni coger desprevenido. Como la palabra de Dios está firme en los cielos, el salmista puede añadir: “Tu fidelidad permanece para siempre” (119:90).

(2) Hay un enlace entre la palabra de la revelación, y la palabra de la creación y la providencia. Por esto, la primera parte del verso 90, “Tu fidelidad permanece para siempre;” está vinculada con lo que le precede (el final del 89) y con lo que sigue (final del verso 90). La fidelidad de Dios a través de todas las generaciones está fundada en la obra creadora y providencial de Dios: “estableciste la tierra, y quedó firme. Todo subsiste hoy, conforme a tus decretos, porque todo está a tu servicio” (119:90–91). La misma mente omnisciente, ordenante y reflexiva permanece detrás tanto de la Creación como de la revelación.

(3) Lejos de ser opresora y restrictiva, la instrucción de Dios es libertadora y esclarecedora: “He visto que aun la perfección tiene sus límites; ¡Sólo tus mandamientos son infinitos!” (119:96). Toda empresa humana, terrenal, se enfrenta con límites. Están limitados los recursos, el tiempo y la cantidad de vida que podemos dedicar a estas empresas; incluso el proyecto más sublime que se pueda imaginar puede recibir una entrega limitada de nuestra parte. Los límites se convierten en barreras frustrantes. Más de un comentarista ha observado que este verso constituye un resumen de dos líneas del libro de Eclesiastés, en el cual cada actividad que se desarrolla “bajo el sol” corre su curso y llega a su fin, o demuestra ser insatisfactoria y fugaz. En nuestra experiencia sólo hay una excepción: “sólo tus mandamientos son infinitos” (119:96).

Aquí encontramos más que una simple repetición de la conocida paradoja: la esclavitud a Dios es la perfecta libertad. Para empezar, hay que definir la libertad. Si nuestros pasos se dirigen según la Palabra de Dios, hay libertad del pecado (ver 119:133); la observación de los preceptos de Dios está vinculada con el “caminar en libertad” (119:45). Además, “reflexionar en” y “conformarse con” las palabras de Dios genera no una estrechez de miras pedante, sino una amplitud de espíritu que se extiende hacia aquello que sólo la mente de Dios puede alcanzar: “tus mandamientos son infinitos”.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 176). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Un verdadero Hombre

HeartCry Missionary Society

Paul Washer

Un verdadero Hombre

 

 

Paul David Washer Nacido en Estados Unidos en 1961 es un misionero, pastor, evangelista, escritor, abogado, fundador y director de la Sociedad Misionera Heartcry que apoya el trabajo misionero con los nativos sudamericanos, también es predicador itinerante de la Convención Bautista del Sur.1 Aparte de sus viajes y predicas, Paul es profesor invitado en varios seminarios, en particular en el Seminario de Master (The Master’s Seminary)

 

Una trampa mortal llamada codicia

JUNIO, 25

Una trampa mortal llamada codicia

Devocional por John Piper

Pero los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo y en muchos deseos necios y dañosos que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. (1 Timoteo 6:9)
La codicia puede destruir el alma en el infierno.

La razón por la que estoy seguro que esta destrucción no es ningún fiasco financiero temporal, sino la destrucción final en el infierno, es lo que Pablo dice en el versículo 12: debemos resistir contra la codicia en la batalla de la fe. Luego añade: «Echa mano de la vida eterna a la cual fuiste llamado, y de la que hiciste buena profesión». Lo que está en juego al huir de la codicia y luchar por contentamiento en la gracia venidera, es la vida eterna.

Por lo tanto, cuando Pablo dice en 1 Timoteo 6:9 que el deseo de enriquecerse hunde a las personas hasta la ruina, no está queriendo decir que la avaricia puede destruir su matrimonio o su negocio (¡que es algo que seguramente pueda hacer!). Lo que está queriendo decir es que la codicia puede arruinar su eternidad. O como dice el versículo 10 hacia el final: «el cual, codiciándolo algunos, se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores» (literalmente, «se atravesaron a ellos mismos con muchos dolores»).

Dios ha ido una milla extra en la Biblia para advertirnos, en su misericordia, que idolatrar la codicia nos lleva inevitablemente a perder. Es un callejón sin salida, en el peor sentido de la frase. Es un truco y una trampa.

Por eso, mi consejo es 1 Timoteo 6:11: «huye de estas cosas». Cuando la veamos venir (en una publicidad televisiva, en un catálogo, en Internet o en lo que compra el vecino), huyamos del mismo modo que huiríamos de un león rugiente y hambriento que acaba de escapar del zoológico.

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El huerto de los Olivos

Saliendo (Jesús), se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron. Cuando llegó a aquel lugar… puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.

Lucas 22:39-42

El huerto de los Olivos

Jesús instituyó la Cena estando en Jerusalén. Después de su ascensión al cielo, ese pan y esa copa deben perpetuar entre los suyos reunidos para rendirle el culto de adoración, el recuerdo de su persona y de su muerte.

Después de esa cena Jesús, acompañado por los doce discípulos, tomó el camino que lo llevaba al huerto de los Olivos. Sabiendo que iba a morir en la cruz, Jesús se postró en tierra… Su alma estaba “muy triste, hasta la muerte” (Marcos 14:34). Suplicó a su Padre que si era posible pasase de él esa prueba. El Santo, el Justo, tenía ante sí todo el horror del pecado del mundo. Sabía que Dios tenía que abandonarlo cuando llevase sobre sí mismo el pecado para expiarlo. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado” (2 Corintios 5:21).

Su lucha fue tan terrible que suplicó “con gran clamor y lágrimas” al que lo podía librar de la muerte (Hebreos 5:7). Su sufrimiento era tal que su sudor era como grandes gotas de sangre, y un ángel vino para fortalecerlo. ¡La victoria fue completa! Jesús se entregó a sí mismo para hacer la voluntad de su Padre, costase lo que costase.

Con una sumisión y una obediencia perfectas, cuando la tropa de soldados llegó para arrestarlo, Jesús declaró: “La copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?” (Juan 18:11). Fue a la cruz por obediencia y allí respondió, en nuestro lugar, a las exigencias de la santidad de Dios. En él tenemos ahora el perfecto Salvador. ¡Depositemos en él toda nuestra confianza!

2 Reyes 24 – 2 Timoteo 1 – Salmo 75 – Proverbios 18:2-3

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El amor incondicional

El amor incondicional

6/24/2017

 

También Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. (Efesios 5:2)

La Biblia no se refiere al amor cristiano como una emoción, sino como un acto de abnegación. Una persona que verdaderamente ama a alguien no trata de quitarle nada a esa persona. Es porque el amor cristiano nunca está condicionado a recibir algo; es incondicional.

A menudo el mundo define el amor desde el punto de vista de lo que puede obtener. Pero Dios nos ama aun cuando nunca recibe nada a cambio. Si ese tipo de amor caracterizara el matrimonio, el índice de divorcios no sería lo que es hoy. Si quienes dicen que ya no aman a su cónyuge pudieran comprometerse a amarlo de manera incondicional, pudieran descubrir que pueden recrear ese amor. Nuestro Señor Jesucristo no nos ama por lo que pueda sacar de nosotros; nos ama a pesar de la aflicción que le causamos. Haga del amor incondicional su meta, y sea humilde, obediente y abnegado.

Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org
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Sigue lo recto en todos los azares

24 de junio

«Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron […]: Sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses».

Daniel 3:16, 18

El relato del coraje varonil y de la liberación maravillosa de estos tres jóvenes (o, más bien, de estos campeones) es muy apto para producir en la mente de los creyentes la firmeza y estabilidad con que defender la verdad contra la tiranía, aun estando en las mismas garras de la muerte. Ojalá los jóvenes cristianos (especialmente) aprendan del ejemplo de estos muchachos a no sacrificar nunca sus conciencias, tanto en los asuntos de la fe y la religión como en aquellos otros de la probidad en los negocios. Antes que perder la honradez, pierde más bien tus negocios; y, cuando todo se haya perdido, sigue aferrándote a una limpia conciencia como la más preciosa joya que pueda adornar el pecho de un mortal. No te guíes por el fuego de la sagacidad, sino por la estrella polar de la autoridad divina. Sigue lo recto en todos los azares; y cuando no veas ninguna ventaja presente, anda por fe y no por vista. Honra a Dios confiando en él aun cuando ello implique pérdidas a causa de tus principios. ¡Verás como él no queda como deudor tuyo! Observa si, aun en esta vida, no cumple su palabra de que «gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento» (1 Ti. 6:6) y de que a los que buscan primeramente el Reino de Dios y su justicia, todas las cosas que precisen les serán añadidas. Si se diera el caso que, en la providencia de Dios, llegaras a ser un perdedor a causa de tu conciencia, hallarás que, aunque el Señor no te retribuya con la plata de la prosperidad terrena, cumplirá su promesa con el oro del gozo espiritual. Recuerda que la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. Manifestar un espíritu sencillo, tener un corazón libre de ofensa, contar con el favor y la aprobación de Dios, vale más que todas las riquezas que las minas de Ofir pudieran producir o ganar el comercio de Tiro: «Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, que de buey engordado donde hay odio». Una onza de tranquilidad de corazón vale más que una tonelada de oro.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 185). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

¿QUÉ DICEN LOS ADOPTADOS SOBRE LA ADOPCIÓN HOMOSEXUAL?

¿QUÉ DICEN LOS ADOPTADOS SOBRE LA ADOPCIÓN HOMOSEXUAL?

El 13 de enero de 2013, Benoit Talleu de 17 años de edad, fue orador en la Marcha por la Familia que organizó La Manif Pour Tous en París, Francia. Habló en nombre de la Asociación para los Niños Adoptados.

He aquí su discurso completo:

“Hola a todos. Soy Benoit Talleu y tengo 17 años de edad. Nací en Vietnam, pero me adoptaron desde bebé. Mis padres adoptaron 7 niños y yo soy el mayor.

Estoy en la lucha contra el “matrimonio para todos”, junto con la Asociación para Niños Adoptados, porque estoy harto de escuchar que muchos hablan de la adopción, como si lo más importante no fuéramos los adoptados.

Si preguntas a los adoptados qué quieren, ellos solo tienen una respuesta: ¡un papá y una mamá! “Papi y mami” son palabras que un huérfano conoce y cuando es adoptado, sueña con usar esas palabras. Los niños en adopción sueñan con sus futuros padres. Los imaginan. Desde lo más profundo de su ser, ellos esperan a papá y mamá. ¡Y son esos niños los que deben ser escuchados!

Debemos decirlo claro, un huérfano NECESITA un papá y una mamá. En cambio, la pareja QUIERE un niño, y entre “necesitar” y “querer”, hay mucha diferencia.

La adopción no es para “hacer” papás y mamás. No es un remedio para las parejas estériles. La esterilidad no hace NECESARIA la adopción. La adopción no es para que los adultos se sientan bien. ¡No somos un remedio para la esterilidad! ¡No somos medicinas! ¡No estamos aquí para consolarte por no tener hijos! ¡No somos un premio! ¡No somos un derecho! No hables como si tuvieras derecho a nosotros. ¡Eso es violentar nuestra identidad!

Nuestra madre biológica tuvo la valentía de confiarnos a un orfanatorio. Eso no quiere decir que seamos objetos. Ella pudo estar en una situación dramática, probablemente estaba sola, tal vez no había papá. Ella no pudo hacerlo. Pero eso no es un insulto para nosotros.

Dar a parejas del mismo sexo “el derecho a nosotros” ¡Traiciona la confianza de nuestra madre biológica! El huérfano necesita un papá y una mamá. Eso no es discriminar a las parejas gay. ¡No tiene nada que ver! Es más simple que eso: ¡Todos nacemos de un hombre y una mujer!.. ¡Y los adoptantes deben ser un hombre y una mujer!

Escuchamos a personas que dicen: “Vivir con una pareja gay es mejor que ser huérfano” Escuchen lo que tengo que decir al respecto: Esa afirmación rebosa de deshonestidad. ¡Hay decenas de miles de parejas hombre/mujer que esperan poder adoptar!

Otros dicen, “una pareja gay es mejor que nada”. ¡Eso es estremecedor y homofóbico! ¡Lo mejor para un niño es un papá y una mamá! No me cansaré de repetirlo.

Decir que un huérfano no merece tener mamá, es cruel e injusto. Decir que un huérfano no merece tener papá, es cruel e injusto. ¡Es una crueldad y una injusticia! ¡Es atentar contra la igualdad de la niñez!

La inseminación y la renta de úteros se contempla en la ley del matrimonio gay.

Cada vez será más común ver niños de la inseminación y la renta de vientres. Nosotros decimos ¡No a la inseminación artificial ni al alquiler de vientres! ¡No a la adopción por parejas del mismo sexo! Los gays pueden estar enamorados, no lo dudo, ¡pero eso no cambia las necesidades de un niño!

Muchos dicen “oh, las cosas han evolucionado”, “tantos países han aceptado el matrimonio gay”, pero nosotros somos un gran nación y una gran democracia. La ley del matrimonio gay es puro egoísmo. La ley debe velar por los más débiles, ¡No por el capricho de los fuertes! Los padres son para el niño, no al revés.

Francia es la nación de los derechos humanos, es la nación de los derechos del niño. ¡Somos la nación donde los niños tienen derechos! ¡No donde los niños son un derecho!

Señor presidente, le recuerdo a usted, escúchenos, los huérfanos somos los que importamos en todo esto. Los niños, los huérfanos y los adoptados.

¡Gracias y movilicémonos!

¡Por nosotros!

¡Por nuestros papás y mamás!

¡Por la familia!

Lo secreto le pertenece al Señor

24 JUNIO

Deuteronomio 29 | Salmo 119:49–72 | Isaías 56 | Mateo 4

“Lo secreto le pertenece al Señor nuestro Dios, pero lo revelado nos pertenece a nosotros y a nuestros hijos para siempre, para que obedezcamos todas las palabras de esta ley” (Deuteronomio 29:29). Hay en este texto dos puntos principales que requieren reflexión.

En primer lugar, lo que corresponde a la comunidad del pacto es centrarse en aquello que Dios ha revelado. No se trata sólo de cosas que “pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre”, sino de cosas que nos han sido dadas para que “obedezcamos todas las palabras de esta ley”. Esta es la principal razón por la cual este texto se ha ubicado al final de un capítulo largo sobre la renovación a través del pacto. Es verdad que hay muchas cosas ocultas que no podremos saber, pero lo que sí se ha revelado –en este contexto se trata de las condiciones del pacto con Moisés, con las enormes posibilidades que contiene tanto para la bendición como para el juicio– es lo que tiene que ocupar nuestro interés y producir en nosotros una obediencia consecuente.

En segundo lugar, tenemos que reconocer con franqueza que hay cosas que no nos han sido reveladas. No comprendemos bien, por ejemplo, la relación entre el tiempo y la eternidad, y tampoco alcanzamos a comprender cómo Dios, quien habita la eternidad, puede darse a conocer en nuestra historia finita de tiempo/espacio. Se nos ha revelado que así lo hace –y tenemos varios términos para describir ciertos elementos de esta revelación (por ejemplo: encarnación)–, pero no sabemos cómo se realiza esto. No comprendemos cómo Dios puede ser al mismo tiempo personal, transcendente y soberano; no comprendemos cómo el único Dios puede ser también una trinidad.

Sin embargo, en ninguno de estos casos supone refugiarse en la ignorancia de una manera sutil e irresponsable, o detrás de lo irracional o misterioso. Cuando admitimos, e incluso insistimos, que hay misterios en torno a estos asuntos, no estamos admitiendo que no tengan sentido o que sean contradictorios en sí mismos. Más bien lo que decimos es que nuestro conocimiento es limitado y reconocemos nuestra ignorancia. Lo que Dios no haya revelado acerca de sí mismo no se puede conocer. “Lo secreto pertenece a Dios”.

De hecho, a causa del contraste que el texto presenta, lo que se da a entender es que sería presuntuoso pretender que podemos saber estas cosas, o incluso pasar demasiado tiempo intentando descubrirlas, pues sería intentar acceder al territorio que sólo pertenece a Dios. Dicho esto, algunas cosas se nos esconden para incitarnos a buscar. En Proverbios 25:2 leemos que corresponde a la gloria de Dios esconder un asunto, y corresponde a la gloria de los reyes sondearlo. Pero no es una regla universal: el primer pecado consistió en intentar alcanzar conocimiento sobre aquello que debía permanecer oculto, a fin de ser “como Dios”. En tales casos, el camino de los sabios es el de la adoración reverente hacia aquél que conoce todas las cosas, junto con un sometimiento obediente a aquello que él, por su gracia, ha escogido revelar.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 175). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La vida impía

24 Junio 2017

La vida impía
por Charles R. Swindoll

Salmo 1

Si hay algo que debemos notar en los versículos 4 al 6 del Salmo 1 es el contraste. No pase por alto las diferencias claras con los versículos anteriores. «No sucede así con los impíos, que son como el tamo que arrebata el viento».

El versículo 4 de la Biblia, comienza con una negación enfática. Literalmente dice:

«¡Los impíos no son así!» La oración es un contraste de los tres versículos anteriores que describen al creyente justo y piadoso que:

Es bienaventurado (pero, «¡el impío no es así!»).

Se deleita y medita en la Palabra de Dios (pero, «¡el impío no hace eso!»).

Es como un árbol (pero, «¡el impío no es así!»).

Lleva fruto y es próspero (pero, «¡el impío no es así!»).

En su lugar, el salmista utiliza un término que representa la vida del impío: un tamo.  El tamo es la pelusa que se desprende de los granos durante el proceso de desgranarse. El tamo no tiene ningún uso. A diferencia de un árbol firmemente arraigado y que lleva fruto, el tamo se lo lleva al viento durante el proceso de la cosecha. La palabra hebrea, «llevar» que se utiliza en este versículo significa diseminarse, dividirse, separarse.

Después de comparar las vidas de los «piadosos» y los «impíos», David considera el destino de aquellos que rechazan al Señor:

«Por tanto, no se levantarán los impíos en el juicio ni los pecadores en la congregación de los justos» (v. 5).

Esta locución conjuntiva, «por tanto», une este versículo con el versículo anterior y quiere dar a entender que ya que el impío no tiene ningún valor interno y es inestable, éste no tendrá ninguna defensa durante su juicio.

Cuando el versículo utiliza el término, » levantarse», el significado hebreo da la idea de ponerse de pie. El compositor quiere dar a entender que el impío no puede presentar ninguna defensa ante el juicio de Dios. El versículo termina utilizando una declaración paralela: «ni los pecadores en la congregación de los justos».

Una persona que nunca ha venido por fe al Señor ni ha confiado en Él para obtener vida eterna y la justificación ante los ojos de Dios, no tiene parte en la asamblea de los creyentes. Una vez más, permítame recordarle otro contraste. En lo que respecta al destino, existe una gran diferencia entre una persona justa y el impío. No obstante, muchos incrédulos viven vidas buenas y saludables, es más, algunos hacen cosas muy especiales. ¿Cómo entonces puede alguien decir que ellos no estarán en la congregación de los justos? El versículo 6 responde la pregunta: «Porque el Señor conoce el camino de los justos, pero el camino de los impíos perecerá».

Es el Señor el que se encarga del juicio. Solo Él conoce el corazón. Solamente Dios y no el hombre. Solo Dios es capaz de ser justo y recto. Pero entonces, ¿no conoce Dios también el camino del impío? ¡Claro que sí! Pero el versículo 6 nos explica por que el impío no podrá levantarse ante el juicio ni tampoco estará en la congregación de los justos. ¿Por qué no? Porque el Señor tiene un interés muy especial en el justo. Porque el Señor está unido al justo por amor. Él no permitirá que el justo y el injusto se mezclen. Ese no es su plan.

El versículo concluye con un recordatorio severo de la forma en que el impío perecerá. Un clímax impresionante en este salmo. Y una vez más otro contraste claro. En lugar de prosperar, el impío perecerá de la misma forma en que aquel edificio de ladrillos de la municipalidad que le mencioné al principio, terminó siendo clausurado.

Afirmando el alma
Dios no demanda la perfección de los creyentes; todos nosotros fallamos de vez en cuando. Afortunadamente, la gracia abunda. Una indicación de que nuestra fe es genuina es nuestro deseo sincero de obedecerle a Él. Si usted no se «deleita» en complacer a Dios mediante la obediencia a su Palabra, quizás es un buen momento para que analice su alma. Hágalo ahora.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.