OTROS PUEDEN, TÚ NO PUEDES

OTROS PUEDEN, TÚ NO PUEDES

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por G.D. Watson

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.”

(Mateo 16:24-25)

Si Dios te ha llamado a ser como Jesús verdaderamente en todo tu espíritu, Él te guiará a una vida de crucifixión y humillación. Pondrá sobre ti tales demandas de obediencia que no vas a poder imitar a los otros cristianos. En muchas maneras, parecerá que Él permite a otras buenas personas hacer ciertas cosas que a ti no te permite.

Otros que parecen ser muy religiosos y útiles pueden esforzarse, tirar de algunos hilos y seguir ciertos esquemas para realizar sus planes, pero tú no puedes hacer lo mismo. Si lo intentas, enfrentaras a tanto fracaso y reproche del Señor que terminarás profundamente arrepentido.

Otros pueden jactarse de sí mismos, de su trabajo, de sus éxitos, de sus escritos, pero el Espíritu Santo no te permitirá hacer ninguna de estas cosas. Si lo intentas, Él te guiará a una profunda mortificación que te hará despreciarte a ti mismo y detestar todas tus «buenas” obras.

A otros les será permitido tener éxito ganando grandes cantidades de dinero, o habiendo recibido una herencia, o viviendo lujosamente, pero Dios quizás solo supla tus necesidades de día en día, porque Él quiere que tengas algo mucho mejor que el oro: una dependencia total en Él, y en los tesoros suyos que no puedes ver.

El Señor permitirá que otros sean honrados y reconocidos mientras que tú estés escondido en la oscuridad, porque quiere producir un fruto selecto y fragante para su gloria venidera que se produce solo en la sombra.

Dios podrá permitir que otros sean grandes, pero te mantendrá pequeño. Permitirá a otros obrar por Él y recibir el merito, pero Él hará que tu trabajes duro sin saber cuánto estás haciendo. Y luego, para hacer que tu obra sea aun más preciosa, permitirá que otros reciban el mérito por la obra que has hecho; para enseñarte el mensaje de la Cruz, de la humildad, y un poco del valor de estar encubierto con su naturaleza.

El Espíritu Santo mantendrá una vigilancia estricta sobre ti, y con un amor celoso te reprenderá por tus palabras y sentimientos ociosos, o por gastar el tiempo; algo que no parece preocupar a los demás cristianos.

Entonces, decídete y entiende que Dios es soberano e infinito y tiene todo el derecho de hacer lo que le parezca con los suyos, y que probablemente no te dé una explicación para miles de cosas que pueden confundir tu razón en sus tratos contigo.

Dios te tomará la palabra. Si te entregas totalmente para ser su esclavo, Él te envolverá en su amor celoso y permitirá que las otras personas digan y hagan muchas cosas que tú no podrás hacer o decir. Resuélvelo ahorita, para siempre; si tratarás directamente con el Espíritu Santo, Él tendrá el privilegio de amarrarte la lengua o encadenarte la mano o cerrarte los ojos en formas que los demás no son tratados. Sin embargo, conoce este gran secreto del Reino:

Cuando estés totalmente controlado por el Dios Viviente, de tal manera que en el lugar secreto de tu corazón estés contento y gozoso por esta guardia y mantenimiento tan peculiar, personal, privado y celoso del Espíritu Santo sobre tu vida, habrás encontrado el vestíbulo del cielo, el supremo llamado de Dios.

G.D. Watson (1845-1924) Ministro y evangelista wesleyano, metodista, radicado en Los Ángeles. Sus campañas evangelísticas lo llevaron a Inglaterra, las Antillas, Nueva Zelandia, Australia, Japón y Corea. Ha escrito varios libros.

Que es Ateísmo Practico?

Que es Ateísmo Practico?

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Ateísmo Práctico

El Ateísmo Práctico es el que, sin pronunciarse sobre la existencia de Dios, no le otorga ningún papel a la vida real; mientras que el Ateísmo Teórico es el que no admite a un ser que transcienda el mundo.

El Ateísmo Práctico, ha florecido en mayor o menor grado en todas las civilizaciones de elevado desarrollo. Es el más dañino, el más difícil de extirpar. Asfixia la vida espiritual porque la preocupación por los negocios no deja que la semilla de la Palabra de Dios de fruto.

El ateo práctico acepta mentalmente la existencia de Dios, pero en la práctica vive como si lo no hubiese. Por ejemplo, considera que la religión es buena, pero no se ciñe a ninguna o lo hace solo de palabra; tiene Biblia, pero no la lee, no la entiende, ni le interesa entenderla; ora, pero solo cuando tiene problemas y sus oraciones solo tienen que ver con cuestiones materiales y terrenas, nunca con Asuntos espirituales.

El ateo práctico cree que lo mandamientos de Dios son buenos, pero no los obedece ycuando ve a alguien que lo hace seriamente lo tilda de fanático.

http://ateopractico.blogspot.com/2011/03/que-es-ateismo-practico.html

Lo que refleja nuestra vestimenta

Aviva Nuestros Corazones

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Lo que refleja nuestra vestimenta

Por: Marisol Pérez de Díaz

Vivimos una época que nos arropa con sus valores y estilos.  A veces no reflexionamos lo suficiente sobre cómo actuamos o pensamos. En muchas ocasiones somos atraídas, seducidas o engañadas con la última moda, ya sea en la ropa, lo que vemos, leemos o hasta lo que comemos.

No nos preguntamos qué hay detrás de todo esto, o cuál es la filosofía de su creador, ya sea sensualidad, rebeldía o cualquier otro interés.  El furor de lo “último” nos envuelve y nos nubla impidiéndonos reflexionar con cuidado lo que comunicamos nosotras mismas.  No nos detenemos a pensar si nuestros actos son contrarios a los principios hallados en las Escrituras.

Frecuentemente esto sucede en el renglón de la vestimenta, por más que su objetivo sea cubrir, abrigar y adornar el cuerpo, también encontramos elementos de comunicación.  Estos elementos hablan de lo que creemos, nuestra cultura, posición social y económica, el tipo de trabajo que realizamos, el reflejo de nuestro yo interno, nuestras preferencias y nuestra nacionalidad.

No creas que Dios no se interesa en lo que llevas puesto. O que El no ve tu corazón al vestirte.  Él nos muestra en Su Palabra que la vestimenta Sí importa. Desde el libro de Génesis hasta el de Apocalipsis lo vemos a Él como el Diseñador Supremo de todo. En Su Palabra, no te pide que vayas vestida de la época bíblica o del siglo XVIII, por dar un ejemplo; Él quiere que, aunque uses lo actual, sea reflejando siempre el diseño que tiene para ti.

Debemos volver a lo más básico. ¿Qué agrada a mi Señor? ¿Esto refleja un corazón conforme a las verdades bíblicas y a mi nueva ciudadanía?

La moda en el vestir debe ser una herramienta que dé testimonio de que somos creyentes y que refleje Su diseño divino.  En la medida en que nuestro corazón esté lleno de Sus verdades y Su Palabra nos atrape por completo, reflejaremos pudor y modestia en el vestir. Nuestro interés será cada vez más buscar agradarle a Él, no a mí misma; cómo visto conforme a su verdad, aun en medio de cualquier época en que estemos.

Recordemos que nuestro amado Dios tuvo que cubrir la desnudez de Adán y Eva, haciendo un sacrificio. Al igual que ellos decidieron que la mejor vestidura eran hojas de higuera, nosotras hoy, también tomamos nuestras propias decisiones erróneas, con nuestras hojas de higuera.  Hoy conocemos el sacrificio perfecto que cubrió nuestros pecados, como dice 1ª Pedro 1:18-21:

“…sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios…” (RVR1960)

¡Vivamos conforme a estas verdades!

—-¡Déjanos tu comentario y únete a la conversación!—-

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Cuando perdemos a Dios en una subcultura evangélica

Cuando perdemos a Dios en una subcultura evangélica

En el mundo real, hay libros, CDs, sermones, organizaciones, arte, eventos, proyectos empresariales, métodos de evangelismo, estrategias de ‘conquista’, y superestrellas.

En las conferencias evangélicas, se habla sobre un sinfín de temas: la historia evangélica, el presente y futuro de la iglesia, cómo desarrollar tus dones, cómo ser un buen padre, cómo convertirte en un gran líder, pastor o cantante evangélico, la sexualidad, la ética evangélica, y el igle-crecimiento.

En fin, hay de todo en el mundo evangélico, y en medio de esta gigantesca cultura en la cual nos vemos completamente inmersos, la pregunta más importante que nos podemos hacer es: ¿y dónde está el Dios de los evangélicos?

Un avivamiento falso

“Ah, Dios” —piensan algunos—, “Este asunto está más que claro. Él solo quiere que estemos felices. Al fin y al cabo, Dios es amor. ¿No? Hablemos de algo más relevante, por favor”.

Tristemente, estoy llegando a la conclusión de que esta subcultura que hemos creado podría seguir adelante sin el apoyo de la presencia del Señor. Es poco común toparte con hermanos que lloran, claman y gimen a Dios para que Su nombre sea santificado, Su reino establecido y Su voluntad hecha en la tierra. Aquí predomina un espíritu frívolo, ligero, altivo, y light que confía más bien en métodos humanos que en el poder del Espíritu.

Muchos están tan emocionados por el próximo gran evento evangélico que se han olvidado completamente del Dios a quien son llamados a amar y a buscar. Hoy en día con tal de que haya luces brillantes, música fuerte, un predicador conocido en la plataforma que se dedica a soltar unos chistes y un par de ilustraciones emotivas y luego un llamado al altar al acabar la reunión, decimos: “¡Oh, sí, el Señor se ha movido hoy!”.

Pero esto no es el avivamiento genuino sobre el cual leemos en la Biblia.

Conocer a Dios es lo más importante

Creo en el avivamiento genuino. Ese avivamiento se ve cuando Dios desciende y el ego humano se queda aplastado en el suelo rogando al Omnipotente por misericordia. Creo en la oración de Isaías 64:1, 2:

“¡Oh, si rasgaras los cielos y descendieras! Si los montes se estremecieran ante tu presencia (como el fuego enciende el matorral, como el fuego hace hervir el agua), para dar a conocer tu nombre a tus adversarios, para que ante tu presencia tiemblen las naciones!”.

Como la historia del avivamiento nos enseña una y otra vez, cuando Dios se mueve con poder, es para mostrarnos quién es, y no hacen falta luces ni altavoces ni guitarras ni proyectores ni llamados al altar ni manipulación psicológica desde el púlpito. Lo único que hace falta es la brisa del Señor. ¡Necesitamos conocer a Dios desesperadamente! J.I. Packer dice que la ignorancia sobre Dios, “está en la raíz de buena parte de la debilidad de la iglesia en la actualidad”.[1] No dice que la debilidad de la iglesia se debe a la falta de micrófonos ni altavoces ni ordenadores sino a la falta de conocimiento de Dios.

No importa la cantidad de sermones que hayas descargado en el último mes ni por el número de mensajes que tal vez hayas predicado. Lo más importante no son los eventos a los que hayas asistido ni tu cantante evangélico favorito. La pregunta más importante a la que debes responder es: ¿de verdad conoces a Dios? ¿Es Dios tu perla de gran precio, tu joya, tu tesoro, tu riqueza, tu gozo, tu amor de amores?

Aun siendo joven, ya me he cansado de todo aquello que no me lleva a contemplar la gloria de Dios en Cristo. Las opiniones, ideas, estrategias y teorías de los “grandes” predicadores y evangelistas no nos deben importar. Debemos poner nuestra mirada sobre la exposición de la Palabra de Dios. La cantidad de asistentes en nuestras conferencias evangélicas no es lo más importante. Más importa tener la presencia de Dios. El éxito y la fama de nuestros superestrellas evangélicas son insignificantes comparados a la gloria del Hijo de Dios. El número de “decisiones tomadas por Cristo” no importa más que el auténtico mover del Espíritu Santo para que Dios se lleve toda la gloria.

No obstante, perder a Dios en medio de una subcultura evangélica sí importa porque importa Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu.

No pierdas a Dios en medio de nuestra subcultura evangélica. No permitas que nada ni nadie quite tu mirada del hermoso Creador  y Redentor. Dios es infinitamente más importante que nuestra subcultura.

“Pues les digo que algo mayor que el templo está aquí” (Mt. 12:6).


[1] PACKER, J.I., El conocimiento del Dios santo (Vida: Miami, 2006), p. 10.imgres-2

Libertad en Cristo

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Libertad en Cristo

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Samuel Perez Millos

 

Juan 8:30-35La Biblia de las Américas (LBLA)

30 Al hablar estas cosas, muchos creyeron en El.

Los verdaderos hijos de Abraham

31 Entonces Jesús decía a los judíos que habían creído en El: Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos; 32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. 33 Ellos le contestaron: Somos descendientes de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Seréis libres”? 34 Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado; 35 y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí permanece para siempre.

imgresSamuel Pérez Millos, es pastor en la Iglesia Evangélica Unida de la ciudad de Vigo, España, desde el 26 de septiembre de 1981.

-Cursó los estudios de Licenciatura en Teología, en el Instituto Bíblico Evangélico, graduándose el 10 de junio de 1975.

-Master en Cristología y Espiritualidad Trinitaria.

-Autor de más de 45 libros de teología, comentarios bíblicos y vida cristiana.

-Actualmente está produciendo el Comentario Exegético al Texto Griego del Nuevo Testamento, obra en veinte volúmenes, (ver apartado Literatura).

-Colaborador en programas de Radio y Televisión, tanto en España como en Hispanoamérica.

-En el Ministerio Exterior es conferenciante en distintos países de Europa, Hispanoamérica, Estados Unidos y Australia.

-Profesor en el Instituto Bíblico «Escrituras» (AA.HH.), profesor en la Escuela Evangélica de Teología (Fieide), profesor en la Facultad Internacional de Teología (IBSTE) de Barcelona.

http://www.perezmillos.com/

https://unidavigo.es/

“¿Qué puedo hacer cuando no tengo ganas de perdonar?”

“¿Qué puedo hacer cuando no tengo ganas de perdonar?”

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BBN – RED DE RADIODIFUSIÓN BÍBLICA

 

Los sentimientos son “el fruto” de los pensamientos. No puede controlar sus sentimientos, pero sí sus pensamientos. Dios nos da instrucciones acerca de lo que debemos permitirnos pensar. Piense que la Biblia es como un filtro: ¿Fluyen sus pensamientos de manera natural a través de ese filtro, formado por la lista de palabras del siguiente pasaje? Si no, ¡elimínelos! Si practica la manera bíblica de pensar, con el tiempo sus emociones se alinearán con sus pensamientos y entonces sentirá el deseo de perdonar.

Versículo clave para aplicar y memorizar: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. (Filipenses 4:8)

“¿Cómo puedo perdonar a alguien que no ha pedido perdón y que no ha mostrado arrepentimiento?”

El perdón no se basa en lo que el ofensor haga o merezca, sino en el regalo de la gracia. Es dar un regalo que no se ha ganado. Cuando Jesús estaba en la cruz, sus enemigos no le pidieron perdón ni se arrepintieron, y aún así, él les mostró un corazón perdonador cuando oró, diciendo:

Recordemos el ejemplo de Cristo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. (Lucas 23:34)

Lo que no es el perdón:

-El perdón no es burlar la justicia de Dios. Es permitir que Dios lleve a cabo su justicia en su tiempo y a su manera.
-El perdón no es esperar a que el “tiempo sane toda herida”. Es obvio que el tiempo no sana las heridas, algunas personas no permiten que la sanidad se logre.
-El perdón no es dejar que el culpable “se salga con la suya”. Es colocar al culpable en las manos de Dios.
-El perdón no es vivir con ira. Es resolver la ira al entregar la ofensa a Dios.
-El perdón no es una respuesta natural. Es una respuesta sobrenatural, sólo posible con la fortaleza de Dios.
-El perdón no es negar el dolor. Es sentir ese dolor y soltarlo.
-El perdón no es ser un tapete de los demás. Si así fuera, Dios sería el tapete ¡más grande de todos!
-El perdón no es condicional. Es incondicional, es un mandato de Dios para todo el mundo.
-El perdón no es lo mismo que olvidar. Para perdonar, debemos recordar.

El alto costo de la falta de perdón

-La falta de perdón nos roba el perdón de Dios. (Marcos 11:25)
-La falta de perdón hace crecer la raíz de amargura. (Hebreos 12:15)
-La falta de perdón abre la puerta de nuestra vida a Satanás. (2 Corintios 2:10–11)
-La falta de perdón nos hace andar en tinieblas. (1 Juan 2:9–11)
-La falta de perdón es del diablo. (Santiago 3:14–15)
-La falta de perdón refleja un corazón sin Dios. (Job 36:13)
-La falta de perdón nos esclaviza al pecado. (Hechos 8:23)
-La falta de perdón entristece al Espíritu de Dios. (Efesios 4:30–32)

Versículo clave para memorizar: “Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros”. (Colosenses 3:13)

Pasaje clave para leer y meditar: Mateo 18:23–35

Autor: Esperanza para el Corazón

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¿Es correcto que una esposa trabaje fuera de su hogar?

¿Es correcto que una esposa trabaje fuera de su hogar?

¿Cuáles deben ser sus prioridades?

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John MacArthur

Esta pregunta no se puede contestar con un simple sí o no. Solo se puede dar un claro entendimiento de las prioridades de Dios para la mujer. Una prioridad fundamental para cada mujer cristiana es de vivir sensiblemente. A su nivel más básico, una mujer sensible es una quien entiende las prioridades de Dios para su vida y vive una vida auto-controlada y ordenada consistente con esas prioridades.

¿Cuáles son las prioridades de Dios para la mujer? Siete prioridades de una esposa piadosa se encuentran en Tito 2:3-5 donde Pablo exhorta a las mujeres mayores a enseñar “a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada”.

El fallar a vivir de acuerdo con estas siete prioridades, causará que la Palabra de Dios no sea honrada. Por otro lado, la esposa quien ordena su vida de acuerdo a estas prioridades honrará la Palabra de Dios.

Siete prioridades de una esposa piadosa 

Primeramente, las esposas deben amar a sus esposos. Este mandamiento es simple e indiscutible. No hay condiciones o excepciones. No es solamente una virtud que amen a sus esposos, pero pecan si no los aman. Pablo no se está refiriendo al amor romántico o sexual, aunque eso tiene un lugar muy importante y apropiado en el matrimonio. Él está hablando de un amor comprometido que las esposas piadosas escogen tener para con sus esposos, así como esposos piadosos escogen tener para con sus esposas (Efesios 5:25, 28). El término se refiere a un amor dispuesto y determinado que no se basa en el mérito del esposo, y en cambio se basa en el mandamiento de Dios y eso se extiende con el corazón cariñoso y obediente de una esposa. Aun los esposos no aptos para el amor, insensibles, infieles y egoístas deben ser amados. Esta clase de amor entre esposos y esposas incluye devoción incondicional, y es una amistad que es fuerte y profunda. Y cuando una esposa verdaderamente no ama a su esposo, ella debe en obediencia al Señor entrenarse a amarlo.

Segundo, esposas deben amar a sus hijos. Sean los niños suyos, o adoptados ellos deben ser amados con un amor que, como el amor entre cónyuges, debe ser desinteresado y sacrificial. Así como el amor para con sus esposos, el amor para con sus hijos no es una opción. No es basado en la personalidad, inteligencia, atractivo o mérito, sino en su necesidad. La responsabilidad más importante del amor para los padres creyentes, es de dirigir a sus hijos al conocimiento salvador de Jesucristo. Pero la amonestación de Pablo es inclusiva. Madres deben amar a sus hijos en toda forma – práctica, física, social, moral y espiritual – con un amor que no tiene condiciones ni límites. Esta clase de amor, para ser completamente expresada, es extremadamente exigente conforme la madre busca cumplir su obligación a crear a hijos piadosos (vea 1 Timoteo 2:15).

Tercero, las esposas deben ser sensibles. Esta es la misma calidad que debe caracterizar a los ancianos (1:8), a todo hombre mayor (2:2), y, de hecho, a cada creyente (2:12). Cordura y buen juicio deben mejorar con la edad, pero deben ser evidentes aun en la edad adulta.

Cuarto, esposas deben ser puras. Esto se refiere primordialmente a la pureza moral, y, especialmente en este contexto, en la pureza sexual y la fidelidad matrimonial. Como otras mujeres, de hecho como cada mujer cristiana, esposas jóvenes se deben vestir “de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos; sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad” (1 Ti. 2:9-10). “Modestia” se refiere a un sentido sano de la vergüenza al decir cualquier cosa, al hacer cualquier cosa, o vestirse en cualquier manera que causará a los hombres a caer en lujuria. “Pudor” se refiere a un control moral, de mantener las pasiones, especialmente pasiones sexuales, sujetos. Primera Pedro 3:3-6 da instrucción similar a las mujeres.

Quinto, las esposas deben trabajar en casa. Una de las cosas más difíciles para muchas esposas contemporáneas es de estar satisfechas siendo amas de casa. Parte de esta razón es que los aparatos modernos y otras conveniencias han simplificado y reducido de gran manera el trabajo de casa, y el tiempo que no se usa para algo constructivo inevitablemente produce aburrimiento, insatisfacción, y muchas veces aumenta las tentaciones.

Mujeres que no tienen hijos o quienes tienen hijos mayores tienen menos obligaciones en la casa y mucho más tiempo disponible. El punto no es tanto que el lugar de la mujer es en el hogar pero que su responsabilidad es para su hogar. Ella puede tener un trabajo razonable fuera del hogar o escoger trabajar en la iglesia, o ministrar en una organización cristiana, hospital, escuela, o en muchas otras formas. Pero el hogar es el centro especial de la esposa y siempre debe ser su prioridad más alta. Allí es donde ella podrá ofrecer más ánimo y apoyo a su esposo, y es el mejor lugar para extender la hospitalidad a sus amigos cristianos, vecinos incrédulos, y para misioneros visitantes u otros trabajadores cristianos.

Referente a ser trabajadoras en el hogar, las esposas jóvenes cristianas hoy en día deben tener cuidado especial y ser sensibles, tal como son amonestadas en el versículo anterior. En consulta con sus esposos, ellas deben usar buen juicio en decidir como usar su tiempo justificadamente y sabiamente en actividades fuera del hogar, sea en un trabajo que pague o en cualquier otra forma de servicio. Cuando ellas tienen un deseo genuino de obedecer y honrar al Señor en todas las cosas y de concientemente buscar dirección de Su Palabra y en la oración, ellas pueden estar seguras que Él proveerá la sabiduría y resolución necesaria.

Sexto, esposas deben ser bondadosas, del cual el significado es obvio. Deben ser gentiles, consideradas, amables, agradables, y simpáticas, aun con aquellos que no lo merecen y que son crueles con ellas. El ser bondadosas, es de ser piadosas, “porque [Dios]”, dijo Jesús, “es benigno para con los ingratos y malos” (Lucas 6:35). Pablo amonesta a los creyentes a ser “benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Ef. 4:32).

Séptimo y finalmente, esposas deben ser sujetas a sus propios esposos. Como todas las esposas cristianas, deben ser “sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (Ef. 5:22-24; c. 1 Ti. 2:11-14).

No hay nada en la Escritura que específicamente prohíbe a la mujer trabajar fuera del hogar tanto que esté cumpliendo sus prioridades en su hogar (Proverbios 31).

Aunque una mujer trabaja fuera de su hogar o no, su llamado primordial es operar su hogar. Ese es el lugar más importante para una esposa. El mundo está llamando a la mujer moderna fuera de su casa, pero no el Señor. Su Palabra modela el papel de la mujer como una que se preocupa con sus tareas domesticas. Es un llamado alto, mucho más crucial al futuro de sus hijos que cualquier cosa que haga en un trabajo de afuera.

La decisión final será personal, la cual cada mujer debe tomar en sumisión a la autoridad de su esposo. Obviamente, una mujer soltera, es libre para trabajar y buscar empleo fuera del hogar. Una mujer casada sin hijos es probablemente un poco más restringida en la cantidad de tiempo y energía que puede dedicar a un trabajo fuera del hogar. Una mujer quien es madre obviamente tiene la responsabilidad primaria en el hogar, no será libre para buscar empleo al detrimento del hogar. De hecho, desde una perspectiva del padre, es difícil imaginar cómo una madre puede posiblemente hacer todo lo que se debe hacer en el hogar con la crianza de los hijos, la hospitalidad, el cuidado de los necesitados, y el trabajo para el Señor (c. 1 Timoteo 5:3-14) y también trabajar en otro lugar. Es más, cualquier esposa que cumple las prioridades en su vida y en su hogar será una señora muy ocupada. Sin embargo, sus hijos y su esposo se levantarán y la llamarán bienaventurada, y una mujer quien teme al Señor será alabada (Proverbios 31:28, 30). 

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Cuando Él no estaá dirigiendo

27 Febrero 2017

Cuando Él no está dirigiendo
por Charles R. Swindoll

Los días de los juegos de la infancia ya están en el distante pasado, y sin embargo las palabras del juego todavía resuenan en nuestros oídos: «¡Salgan, salgan, donde quiera que estén!» ¿Por qué el liderazgo en casa a veces parece como el juego de las escondidas? ¿Qué se puede hacer cuando un esposo no está dirigiendo?

La senda de sabiduría es seguir el plano del diseño original de Dios para el hogar. Las que siguen son cuatro pautas prácticas:

Propóngase hablar con Dios, no con otros. Como esposas, a menudo nos vemos tentadas a usar nuestras palabras para dar a conocer nuestros puntos. Un desencanto o una expectación no satisfecha nos lleva a lamentarnos en cuanto a «cómo deberían ser las cosas.» El dolor aumenta, atiborrando el corazón y no dejando espacio para la gracia o el perdón. Incluso anhelos no expresados hacen eco en nuestros pensamientos. Sin embargo las Escrituras nos dan dirección clara; palabras hirientes o acción decisiva no es la respuesta. Nehemías nos muestra un camino mejor. Él vertió sus deseos sólo ante el Señor por cuatro meses antes de pronunciar la primera palabra ante el rey en cuanto a su petición de reconstruir los muros de Jerusalén (Nehemías 1:1-2:4). Es nuestra comunión con el Señor, y no nuestras palabras, lo que determina una diferencia para atraer a los líderes de nuestras familias (1 Pedro 3:12).

Libérelo de la expectación. En la médula del corazón de todo esposo hay un deseo de satisfacer las expectaciones de su esposa. En la realidad, el pedestal en que lo colocamos es demasiado alto. Ningún hombre puede ser posiblemente el Gran Conversador, Ávido Abrazador, Papá Azucarado, Gigante Espiritual, y Hombre de Familia, todo envuelto en uno. Su relación personal respirará aire fresco de la gracia cuando se abandonan las expectaciones.

Espere la obra del Espíritu Santo. ¿Quién es aquí el Espíritu Santo, después de todo? Es posible que usted haya asumido un papel que Dios nunca propuso que tuviera. Es tarea de Dios convencer y guiar a la verdad (Juan 16:8-15). Dios hizo que el matrimonio sea un compañerismo de hombre y mujer, cada uno con sus propias brechas; que se necesitan el uno al otro. Recuerde que el amor “Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Corintios 13:7). ¿Qué cree usted que Dios puede hacer en el corazón de su esposo?

Dé paso a las acciones alentadoras. ¿Qué conducta consagrada ve usted en su esposo? ¿Es él atento? ¿Protector? ¿Le encanta la paz? Busque los momentos cuando usted ve a Cristo resplandeciendo en su esposo, y use sus palabras para elogiarlo. Su respaldo y estímulo en cuanto a la forma en que él ejemplifica a Cristo hará honor a Dios y también a su esposo.

La meta de Dios en el matrimonio es una propuesta asombrosa. Él concibe la manera de hacer que los dos sean uno. Él declaró que un matrimonio consagrado simboliza la relación de Cristo con su esposa, la iglesia (Efesios 5:32). El buscar el deseo de Dios para su familia incluye dejar a un lado su determinación de resolver las cosas; y su mejor medio de influencia es la oración.

Tomado de Kelly Arabie, “When He’s Not Leading,” Insights (febrero 2007): 2. Copyright © 2007 por Insight for Living.

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El impostor insensato

26 Febrero 2017

El impostor insensato
por Charles R. Swindoll

Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo?
¿Quién morará en tu monte santo?
El que anda en integridad y hace justicia,
Y habla verdad en su corazón. (Salmo 15:1-2)

Lea 1 Reyes 11:1-6.

Mark Twain dijo: “Toda persona es una luna y tiene un lado oscuro que nunca se lo muestra a nadie.”1 Una vida de impostura puede suceder en su casa, o en la mía, o en cualquier casa, o incluso en la casa presidencial. Como el escenario de un programa de televisión, detrás de bastidores, a donde la cámara no va, la vida puede ser una armazón caótica de plástico, metal y madera; una fachada endeble, sostenida en su lugar por material barato.

Primero Reyes 11 cuenta la caída del rey Salomón, un hombre a quien Dios colmó de sabiduría, éxito y riqueza fabulosa. Aunque era rico, dejó que su relación personal con el Señor se hundiera, y empezó a vivir como un reprobó.

Muchos dirían que el éxito puede arruinar a un hombre. Yo digo que el éxito revela lo que el hombre era todo el tiempo. El éxito no destruye el carácter; deja expuesto el carácter.

Durante los cuarenta años del reinado de Salomón, la riqueza de la nación continuó creciendo.

David había ganado la paz con una agresiva campaña militar, y las doce tribus de la nación estaban unidas contra las amenazas. Los reinos que la rodeaban tenían a Israel en alta estima debido al poderío militar de David y sabia diplomacia de Salomón.

Sin que sea sorpresa, la amenaza al reino de Salomón vino desde adentro. Como su padre David, Salomón se casó con más de una mujer. Esas esposas a la larga le llevaron a edificar santuarios a falsos dioses y luego lo sedujeron para que participara con ellas en la idolatría.

El Señor había establecido la dinastía de David para que sea testigo a las naciones paganas que los rodeaban, y sin embargo, para el tiempo en que su nieto, Roboam, subió al trono, la Tierra Prometida se había convertido en un reino dividido.

El hombre público, Roboam, como el lado que ve el público en un escenario de televisión, parecía genuino. Una mirada detrás de bastidores revelaba un impostor insensato. Roboam había sido eso todo el tiempo, usted comprende. Lo crió su madre, Naama, “amonita,” para que fuera idólatra, y adorara a Milcom y a Moloc. Su padre, Salomón, consintió a la práctica de la idolatría edificando templos a los dioses falsos.

En 2 Crónicas 11:18-23 tenemos otro ángulo de la cámara. Detrás de bastidores Roboam hizo como su padre y abuelo, formando un harén, mientras que mantenía una percepción pública de que se mantenía firme en su devoción al Señor. Cultivó una imagen pública mientras les pasaba a sus hijos un legado oscuro. Roboam pulió su imagen dando la apariencia de que buscaba el consejo sabio al formular su política doméstica. Pero tan pronto como se sintió seguro, irrumpió el real Roboam. Roboam rechazó el consejo de los ancianos a favor del consejo de sus iguales. No buscaba consejo; buscaba justificación.

En la etapa final de su vida la fachada de Roboam se derrumbó para revelar la hipocresía que apuntalaba su imagen pública. Cuando Egipto saqueó la riqueza de su reino debido a su apostasía, Roboam reemplazó los escudos de oro por escudos de bronce, pulidos para que brillaran como oro, pero sin valor alguno en comparación. El rey, preocupado por su imagen, los escondió en secreto para que nadie supiera la verdad; un sustituto de tercera clase después de una trastada de primera clase.

En todo el Antiguo Testamento vemos que “de tal palo tal astilla”; la lujuria produce hijos con lujuria en su corazón. Y dentro de una generación o dos, una diminuta semilla de componenda crece a ser rebelión desvergonzada a todo dar. Yo lo llamo el efecto dominó. Las componendas de David debilitaron a Salomón. El pecado de Salomón impactó en Roboam. Al final, el pecado que mamá amó y papá permitió enredaron al hijo. La hipocresía, antes que un amor por la verdad, definió la vida de Roboam.

Ahora, esta es la pregunta dura: ¿qué ve su familia? ¿Se ha engañado a sí mismo para pensar que puede controlar las consecuencias del pecado? ¿Ha considerado el efecto de su pecado en las personas en quienes usted influye; en particular, sus hijos? Si pusiéramos las cámaras detrás de bastidores de su vida, ¿qué veríamos?

1Mark Twain, Following the Equator, A Journey Around the World, Vol. 2 (Nueva York: P. F. Collier & Son, 1899), 237.

Adaptado de Charles R. Swindoll, Fascinating Stories of Forgotten Lives (Nashville: W Publishing Group, 2005), 169-185.

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Mujer, cambia tu autoestima por admiración y asombro

Mujer, cambia tu autoestima por admiración y asombro 

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Jen Wilkin

Si has pasado tiempo en círculos de mujeres cristianas, te habrás dado cuenta que hemos dedicado muchos encuentros a la exploración de nuestra identidad.

Retiros, conferencias y estudios bíblicos temáticos se precipitan a asegurarnos que somos redimidas y atesoradas, que nuestras vidas tienen un propósito, y nuestras acciones tienen un significado eterno. Si solo entendiéramos quiénes somos, nos alejaríamos de nuestros patrones de pecado y nuestra baja autoestima espiritual, llegando a experimentar la vida abundante de la cual Jesús habló.

Hace poco asistí a una conferencia de mujeres en la que este mensaje, predeciblemente, tomó el centro del escenario. Una tras otra, las tres exponentes nos condujeron al Salmo 139:14, instándonos a vernos como Dios nos ve, como una creación hecha de manera asombrosa y maravillosa. Podría haber sido un evento para todo tipo de mujeres, con prácticamente cualquier característico expositor. Las mujeres cristianas pedimos al Salmo 139:14 que nos calme cuando nuestra imagen corporal se tambalea, o cuando simplemente no nos sentimos tan inteligentes, valiosas, o capaces. Le pedimos que nos refuerce cuando nuestras limitantes nos agobian. Pero en base a la frecuencia con la que escucho que este Salmo es brindado, sospecho que este mensaje no nos satisface. 

¿Por qué es así?

Considero que hemos diagnosticado mal nuestro problema principal. Mientras mantengamos el énfasis en nosotras en vez de en una visión más elevada, hallaremos poco consuelo en las discusiones de identidad —y veremos pocos cambios permanentes—. Nuestro problema principal como mujeres cristianas no es que carecemos de autoestima, o que necesitemos de un sentido de importancia o propósito. Es que nos privamos de la capacidad de admirar.

Admiración y asombro

En una reciente visita a San Francisco, mi esposo y yo tuvimos la oportunidad de ir de excursión a Muir Woods. Al recorrer esos caminos, nos detuvimos boquiabiertos, para contemplar las secuoyas de 250 pies, que habían estado desde la firma de la Declaración de la Independencia. Gigantescas y antiguas, ellas nos recordaron lo insignificantes que somos.

Muir Woods es un lugar para impresionarse; pero no necesariamente así para todos. Todavía puedo ver a un niño de ocho años de edad, jugando con un videojuego mientras que sus padres disfrutan la vista. No estoy juzgando a los padres —He estado de vacaciones con niños pequeños— pero la ironía de la imagen era irresistible.

Estudios muestran que cuando los seres humanos experimentan admiración, como el asombro ante secuoyas, un arcoíris, o algún compositor de música clásica, nos convertimos en seres menos individualistas, menos auto-centrados, menos materialistas, más conectados con lo que nos rodea. Cuando nos maravillamos ante algo más grande que nosotros mismos, nos volvemos más capaces de alcanzar a otros.

Al principio, esto parece contradictorio, pero examinando minuciosamente, vemos que empieza a parecerse más a los grandes mandamientos: Amar a Dios con corazón, alma, mente y fuerza (maravillarse con Alguien más grande que uno mismo), y amar a tu prójimo (alcanzar a otros).

La admiración nos ayuda a preocuparnos menos de la autoestima al tornar nuestros ojos hacia Dios en primer lugar, y luego hacia los demás. También ayuda a establecerla de la mejor manera posible: entendemos tanto nuestra insignificancia dentro de la creación como nuestra importancia para nuestro Creador. Pero al igual que un niño con un iPad a los pies de un árbol de secuoya de 800 años de edad, podemos perdernos de la majestad aun cuando esté justo en frente de nosotros.

La verdadera autoconciencia

Lo hemos hecho habitualmente con el Salmo 139:4. Es fácil escucharlo como un “verso rosa” cuando una mujer está leyéndolo en voz alta en un auditorio lleno de mujeres. Es más difícil oírlo de esa manera cuando tenemos en cuenta quien lo compuso. Imagina al rey David escribiendo para darse a sí mismo una charla motivacional acerca de su apariencia o su autoestima. No, el Salmo 139:4 no está escrito para ayudarnos a sentirnos importantes. Sólo tenemos que alejar la imagen y considerar el salmo entero para ver esto; sin lugar a dudas, nosotros no somos el tema. En vez de ser una reflexión sobre mí, hecha de una manera asombrosa y maravillosa, El Salmo 139:4 es una celebración extendida y exquisita de Dios temible y maravilloso.

La admiración produce auto-olvido; en este sentido, cuando enfatizamos la auto-conciencia a costa de la omisión del auto-olvido, hemos perdido el punto. Puedes decirme que soy una hija real del Rey. Puedes asegurarme que soy el poema de Dios o su obra maestra. Puedes decirme que muevo el corazón de Dios, que Dios canta de mí y se deleita en mí, que soy hermosa a sus ojos, que he sido apartada para un propósito sagrado. Puedes decirme estas cosas, y deberías hacerlo. Pero te ruego: No me digas quien soy hasta que me hayas hecho contemplar con asombro al “Yo Soy”. A pesar de que todas estas afirmaciones son verdades preciosas, su belleza no puede ser percibida adecuadamente hasta que sean enmarcadas en la brillantez de Su absoluta santidad. No puede haber verdadera auto-conciencia, aparte de una correcta y reverente admiración por Dios.

Levanta nuestros ojos

Así que les suplico, maestras, levanten mis ojos de mí misma hacia Él. Enséñenme el temor del Señor (Proverbios 31:30); ya que encontrar nuestra identidad en los lugares equivocados es un síntoma de sucumbir ante el temor del hombre. Nosotros nos medimos por un estándar humano en lugar de uno divino. Pero la solución del temor al hombre no es garantía repetida de que somos amadas y aceptadas por Dios. Es el temor de Dios.

  • Cuando yo pregunte, “¿Se deleita Él en mí?” Enséñenme, “Se complace Jehová en los que le temen” (Salmos 147:11 RV60).
  • Cuando yo pregunte, “¿Me llama Él amiga?” Enséñenme, “El Señor es amigo de los que le temen” (Salmos 25:14 NTV).
  • Cuando yo pregunte: “¿Procura Él mi bien?” Enséñenme, “Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen” (Salmos 31:19).
  • Cuando yo pregunte, “¿Me concederá Él sabiduría?” Enséñenme, “El principio de la sabiduría es el temor del Señor” (Salmos 111:10).
  • Cuando yo pregunte: “¿Puedo arrepentirme de mi pecado?” Enséñenme, Sí “y con el temor del Señor el hombre se aparta del mal” (Proverbios 16:6).
  • Cuando yo pregunte, “¿Ve Él el camino que tomo?” Enséñenme, “He aquí, los ojos del Señor están sobre los que le temen” (Salmos 33:18).
  • Cuando yo pregunte, “¿Él me ama?” Enséñenme, “Pues su amor inagotable hacia los que le temen es tan inmenso como la altura de los cielos sobre la tierra” (Salmos 103:11,17 NTV).

El temor del Señor está relacionado al contentamiento (Proverbios 15:16; 19:23), a la confianza (Proverbios 14:26), a la bendición (Proverbios 28:14), a la seguridad espiritual (Proverbios 29:25), y a la alabanza y adoración (Salmos 22:23). No es de extrañarse, entonces, que la muy mencionada mujer de Proverbios 31 se le llame loable porque teme al Señor.

Enséñanos a admirar ofrecer

Como Ed Welch ha diagnosticado con razón, hay que combatir el miedo con temor. Dejemos de ofrecer reverencia y temor al estándar humano y, en su lugar, démoselos  a su verdadero objeto: Dios mismo. Esto es adoración. Y cuando adoramos “a Jehová en la hermosura de la santidad” (Salmos 96:9 RV60), sucede algo interesante: nosotros redescubrimos nuestra verdadera identidad —como pecadores redimidos por gracia—, de una manera que desafía la comprensión humana.

No me digas quien soy hasta que me hayas hecho contemplar con asombro al “Yo Soy”.

En ese momento, aquel en el que temblamos y tartamudeamos, “apartaos de mí, que soy una mujer pecadora”, nuestros corazones están listos para beber en la buena noticia de que somos hijas del Rey. La perla de su incalculable amor por nosotros, finalmente puede ser valorada adecuadamente. El milagro de nuestra aceptación a través de Cristo, finalmente puede ser saboreado de manera apropiada.

Es hora de que las maestras y escritoras abandonen la papilla aguada de la auto-reflexión por un mensaje que nos satisfaga. Las mujeres necesitan desesperadamente ser discipuladas en la práctica gozosa de la adoración desinteresada. Ayúdanos a poner nuestros ojos en Su majestuosidad imponente. Ayúdanos a aprender a maravillarnos. Enséñanos el temor del Señor.


Articulo original de DesiringGod.org | Traducido al español por Alicia Ferreira de Díaz

http://sdejesucristo.org/author/jenwilkin/