El Calvinista

El Calvinista

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John Piper

Nota del editor: Soldados de Jesucristo y Desiring God presentan la versión en español del aclamado poema escrito por el Pastor John Piper: El Calvinista [The Calvinist], grabado en las voces de los Pastores Félix Cabrera, Nathan Díaz, Josué D. Rodríguez, Otto Sánchez y Greg Travis. Esta es una adaptación al español por el Pastor Josué D. Rodríguez.


¿Puedo invitarte a ver la vida de un Calvinista? Probablemente no es lo que te imaginas. El Dios soberano de la Biblia está lleno de sorpresas. Los sermones y ensayos son buenos, pero a veces sólo los poemas funcionan. Vamos palpando palabras especiales y formas especiales para capturar el resplandor de Dios.

Escribí este poema llamado “El Calvinista” para dar un vistazo a la intervención soberana de Dios en la vida de un hombre pecador. No existe ni una parte de la vida donde la grandeza de Dios no penetre profundamente. Te quiero ayudar a que experimentes eso.

Esperamos que “El Calvinista” sea un vídeo-poema que meditarás detenidamente, reflexionarás, releerás, mirarás de nuevo, y compartirás con amigos y familiares.

Mi oración es que este grande y glorioso Dios soberano estará de pie delante de Su palabra y de nuestras vidas con una fuerza tan convincente que, más temprano que tarde, los reinos de la tierra se convertirán en el Reino de nuestro Dios por medio de Jesucristo.

 

El Calvinista
Un poema por John Piper
Adaptado al español por Josué D. Rodríguez

Míralo con rodilla doblada
Escucha su oración exclamada
El aliento de su clamor
Santificado sea El Señor

Míralo en la Palabra
Inmóvil está su alma
Acumulando con atención
en hoguera hasta la combustión

Míralo en sus libros
Árbol al lado de ríos
Bebiendo en la raíz
Llevando fruto es feliz

Míralo con su pluma
Escribiendo línea con musa
“¡Refina!” Su corazón exclama
Profundo en la Palabra excava

Míralo en la plaza
Guardado de toda trampa
Detective implacable
La verdad su misión incansable

Míralo en la calle
Buscando preguntarle
Al que no es de la grey
“¿Conoces a mi Rey?”

Míralo en discusión
Firme con resolución
A su Padre busca honrar
Nunca Su Palabra quebrantar

Míralo en su oficio
En completo compromiso
El hombre planes tendrá
Pero es Dios quien dispondrá

Míralo en su cena
De gratitud se llena
La gracia saboreando va
En cada pedazo de pan

Míralo con su criatura
¡Como disfruta su ternura!
Su gozo toma vuelo
Al jugar con ella en el suelo

Míralo con su amada
Perdido en su mirada
No hay otra para él
Dulce como la miel

Míralo descarriado
Su corazón quebrantado
¡¿Qué será de mí?!
Sólo Uno me puede redimir

Míralo en lamento
Lleno de arrepentimiento
“Para alcanzar exaltación
Debo vivir en humillación”

Míralo en su adoración
Entonando su canción
“¡Yo ciego fui
Más por la sangre vi!”

Míralo junto al mar
Disfrutando contemplar
La gloria de su Dios
Revelada en la Creación

Míralo en el dormir
Con susurro le oyes decir
“Ningún crédito puedo tomar
Cuando mañana logre despertar”

Míralo en lecho de muerte
Con su corazón ardiente
Vislumbrando la celestial estancia
Su suspiro final: “¡Ganancia!”

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John Piper (@JohnPiper) es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.

http://sdejesucristo.org/elcalvinista/

Estoy a la puerta y llamo

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Estoy a la puerta y llamo

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Samuel Perez Millos

 

 

Apocalipsis 3:14-22Reina-Valera 1960 (RVR1960)

El mensaje a Laodicea

14 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto:

15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. !!Ojalá fueses frío o caliente!

16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.

18 Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la verg:uenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.

19 Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.

20 He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

21 Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.

22 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

https://unidavigo.es/

El problema con la oración

19 Febrero 2017

Para muchos parece haber un problema con la oración. “Es una conversación con uno mismo.” “Parece que no sirve.” “Dios se demora demasiado para contestar.” “Dios hace lo que quiere, de todas maneras.”

Agobiados bajo el teje y maneje de la vida, es fácil pensar que hay un problema serio con la oración: Dios. Cuando Dios no responde conforme a nuestra voluntad, nos sentimos frustrados. Podemos pensar que nuestras oraciones simplemente andan flotando por la galaxia, demasiado insignificantes como para captar la atención del Creador. En medio de esta desilusión, a menudo somos muy lentos para aceptar que el problema con la oración no es Dios, sino nosotros.

El Problema de Una Comprensión Errada de la Oración

Solía pensar que la vida sería mucho más fácil si Dios respondiera a unas pocas oraciones estratégicas más; apenas un par de peticiones clave para recordarnos que Él está oyendo. Estaba convencido de que una sanidad profunda aquí y allá añadiría emoción a la vida de la iglesia.

Entonces Dios sanó a Karen.

Una clase de escuela dominical se reunió para orar de manera desesperada la noche antes de la operación que removería un tumor del cerebro de Karen. La cirugía probablemente la dejaría sin poder hablar por mucho tiempo. Dirigiendo la oración, le pedí a Dios que consuele a su esposo, hija, y familia en ese momento de crisis, que ayudara a los cirujanos, que acelerara su recuperación, y, si esa era su voluntad, que la sanara milagrosamente.

Por supuesto, esa última parte era solamente fanfarronada. Aunque yo creía que Dios podía sanar a Karen, estaba seguro de que Él usaría medios menos gloriosos. Al conducir a casa, incluso le dije a mi esposa: “Karen probablemente nunca volverá a ser la misma.”

A la mañana siguiente, el tumor había desaparecido.

Yo di por sentado que la respuesta de Karen sería probablemente tan profunda como la respuesta de Dios a la oración. Después de todo, cuando una persona experimenta la intervención asombrosa del Dios Todopoderoso, deberíamos esperar un avivamiento explosivo, ¿verdad?

Antes de que pasara un año, Karen dejó la iglesia y se divorció de su esposo.

Siempre había pensado que la oración fortalecería la fe y atizaría el agradecimiento. Desilusionado por la respuesta de Karen, me vino a la mente que incluso los israelitas rezongaron y se revelaron en medio de las respuestas poderosas a sus peticiones (Números 11 — 14).

Como ve, el problema con la oración no es Dios, sino nosotros.

El Problema del Abuso de la Oración

A poco de haberme convertido a Cristo, erróneamente seguí el llamado “evangelio de la prosperidad,” aquella teología de “menciónalo y reclámalo” que abrumaba los programas cristianos de televisión y las librerías; y continúa abrumándonos hoy. “No hagas confesiones negativas,” se me dijo. «Si estás enfermo, ¡confiesa que has sido sanado!”

En cierta ocasión le mencioné a una mujer que se consideraba “profetisa” que me estaba quedando calvo. Al instante ella me puso la mano sobre la cabeza y gritó: “No, no es así; ¡en el nombre de Jesús!” Aquella “profetisa” trataba a la oración como si fuera una tarjeta de crédito que podía mostrar en cualquier tiempo para compras importantes.

Tal vez nosotros no vayamos a los extremos de aquella mujer, pero todos podemos caer en la trampa de abusar de la oración. Aun cuando a lo mejor insertemos un “hágase tu voluntad” entre dientes, muy adentro pensamos: “¡No! ¡Hágase mi voluntad!” Sí, Cristo dijo: “Pidan, y Dios les dará” (Mateo 7:7, VP), pero su hermano Jacobo nos recuerda: “cuando le piden a Dios no reciben nada porque la razón por la que piden es mala” (Santiago 4:3, PDT).

De nuevo, el problema con la oración no es Dios, sino nosotros.

Corrigiendo el Problema con la Oración

Después de una docena de años en la universidad, seminario, y estudios de doctorado, había esperado finalmente tener un buen dominio de la oración. No es así. En verdad, mientras más oro, menos entiendo sus profundos misterios. He llegado a varias conclusiones que pueden ayudarnos a corregir lo que percibimos como problemas con la oración.

En primer lugar, necesitamos entender que el propósito de la oración no es que Dios nos complazca, sino que Dios nos cambie. Si un padre cede constantemente a los caprichos de su hijo pequeño, lo consideraremos como un mal padre. ¿Por qué, entonces, algunos piensan que Dios es un Dios obstinado cuando no nos da todo lo que queremos? Necesitamos confiar que Dios es sabio y poderoso lo suficiente para contestar de manera correcta, y justo a tiempo. Primera de Juan 5:14 dice: “Y ésta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.” Es decir, Dios no salta ante toda confesión de labios para afuera. La oración que se eleva con verdadera fe se somete a su voluntad, nuestra santificación (1 Tesalonicenses 4:3). La voluntad de Dios es cambiarnos, no complacernos.

Segundo, necesitamos aceptar que el poder de la oración se percibe incluso en la respuesta más pequeña. Estoy convencido de que los seres humanos no captan completamente lo poco que merecemos el amor y la gracia de Dios. Hay que considerar que lo que pensamos como “migajas” de oración contestada en realidad pueden ser festines abundantes cuando nos damos cuenta de que Dios no nos debe nada (Génesis 32:9-10; Lucas 7:6-9). Cuando ajustamos nuestra actitud en cuanto a nuestra propia indignidad para recibir el favor de Dios, jamás consideraremos la respuestas “pequeñas” a la oración como insignificantes.

Finalmente, necesitamos reconocer que el proceso de la oración no es tan importante como la actitud de la oración. Cuando Dios en su soberanía escogió sanar a Karen, lo hizo aunque ninguno de nosotros lo esperaba. Nuestra débil oración fue un acto sencillo de fe: entregar al cuidado de Dios nuestras preocupaciones (Filipenses 4:6; 1 Pedro 5:6-7). Los creyentes pueden atascarse en un método, preocupados de no haber dicho las palabras precisas, o elevado la oración con suficiente fervor o suficiente frecuencia, o no haber creído lo suficiente. Eso es palabrería, no oración (Mateo 6:5-8). Si usted se preocupa por no decir las palabras precisas en la oración, o las cosas debidas, aprenda de memoria Romanos 8:26: ¡el Espíritu de Dios ayudó incluso a Pablo a orar!

Por supuesto, esos recordatorios son fáciles de leer, pero no son fáciles de poner en práctica. En nuestras mentes humanas finitas, siempre percibiremos “problemas” con la oración. ¿Está usted batallando en su vida de oración, sin ver resultados, preguntándose si Dios le está oyendo? Tal vez sea tiempo de un cambio de actitud. Tal vez sea tiempo de finalmente aceptar que el problema con la oración no es Dios, sino nosotros.

Tomado de Michael J. Svigel, “The Problem with Prayer,” Insights (octubre 2005): 1–2. Copyright © 2005 por Insight for Living. Reservados todos los derechos mundialmente.

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La realidad de la iglesia de hoy

La realidad de la iglesia de hoy

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Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

 

La vida intraeclesiastica. El verdadero compromiso con Dios también implica compromiso con su cuerpo que es la iglesia.

sugel100x100Sugel Michelén (MTS) es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 30 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios en el día del Señor. Es autor de Palabras al Cansado, Hacia una Educación Auténticamente Cristiana y un libro ilustrado para niños titulado La más Extraordinaria Historia Jamás Contada. El pastor Michelén y su esposa Gloria tienen 3 hijos y 4 nietos. Puedes encontrarlo en twitter.

http://ibsj.org/

 

¿DE DÓNDE SALIÓ SAN VALENTÍN?

Coalición por el Evangelio

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¿DE DÓNDE SALIÓ SAN VALENTÍN?

Jairo Namnún

El 14 de febrero, para algunos es el día más depresivo del año, para otros el día más feliz que pueden imaginar, y para muchísimos más, es martes. Este día, conocido como “San Valentín” o “El día del amor y la amistad”, es una de esas celebraciones que están altamente ligadas con el comercio (en Estados Unidos solamente se estima un gasto de 19 mil millones en el 2015), pero el hecho de que se llame “San” Valentín indica que algo tiene que ver la Iglesia con esta celebración, ¿cierto? Pues, más o menos.

La historia detrás de Valentín

Como dice el Dr. Justin Taylor, la respuesta corta a “¿Quién fue San Valentín?” es “No sabemos”. Pero en su escrito sobre el origen de esta festividad (de donde sale la información de esta sección) él apunta a los estudios de Maggi Dawn, quien nos dice que San Valentín pudiera basarse en una de estas tres historias, o en una amalgama de las tres:

  • La historia más popular y de mayor peso habla de un obispo (o sacerdote) del siglo III, cuando el emperador romano Claudio II había impuesto una prohibición al matrimonio. Este emperador, que era perseguidor de la fe cristiana, necesitaba más hombres para su ejército, y para los hombres casados el servicio militar no era obligatorio, por lo que muchos varones preferían casarse que verse obligados a la guerra. Para mantener lo sagrado del matrimonio cristiano, el padre Valentino continuó haciendo matrimonios en secreto, lo que le llevó a la cárcel y a una sentencia de muerte. Se dice que mientras estuvo preso, él recibió notas de amor y agradecimiento de las diversas parejas que él casó, lo que puede ser la inspiración de enviar cartas en esta fecha, ya que él fue ejecutado el 14 de febrero del 269.
  • Hubo otro Valentino que también se encontró en prisión en el siglo tercero, también por servir a los cristianos. Se dice que él quedó enamorado de la hija de su carcelero, a quien le enviaba cartas firmadas como “De tu Valentín”. Algunos comentan que estos dos eran el mismo Valentino, y que de hecho Dios hizo un milagro y sanó de ceguera a esta hija del carcelero, lo que hace su historia de amor aún más increíble.
  • También se habla de que hubo un conocido maestro gnóstico en el siglo II llamado Valentino. Este no era un cristiano, pero sí tuvo mucha influencia en su área, argumentando que el sexo y el matrimonio eran de vital importancia para el cristianismo.

Sea cual sea el caso, en el 469 se hizo el primer festín de “Valentín” y, como tantas otras celebraciones, era una festividad por parte de la Iglesia buscando sustituir con el amor ágape y lo valioso del martirio las fiestas paganas del amor y la fertilidad que se realizaban a mitad de febrero.

¿Qué hago con San Valentín?

Los cristianos no celebramos a los santos, puesto que nuestra adoración es a Dios y no a los hombres. A la vez, es una muestra de gracia común que un mundo tan egoísta y cargado de pecado como el que vivimos tenga un día de celebración al amor y a la amistad, ambos regalos de Dios, y que pueda celebrarse con regalos y palabras de aliento. Los cristianos podemos aprovechar esta ocasión para celebrar de una manera diferente.

Entonces, si Dios te ha dado el privilegio de estar casado, todavía estás a tiempo de darle alguna muestra de cariño. Quizás no tengas mucho dinero para comprar algo costoso, pero puedes esforzarte de otra manera y dejarle saber a tu esposo o esposa cuán agradecido estás del Señor por su compañía, perdón, y cariño.

Aun si no estás casado, puedes expresarle a tus amistades el amor del Señor, recordándoles cuán agradecido estás de su afecto y compañerismo, y cómo agradeces al Señor por ellos. Y si estás de novios camino al matrimonio, probablemente ni tenga que decirte nada, porque ya gastaste el dinero del mes en el regalo.

Sea lo que sea que vayas a decir o hacer el 14 de febrero, mi recomendación es que sea algo concreto y no solo palabras generales de “amor y amistad para todos, ¡Bendiciones!”. La cruz es el mayor ejemplo de que el amor se muestra en acciones, y tú puedes mostrarle a los que te rodean cuánto los amas. No sabemos exactamente quién fue Valentino y qué hizo, pero sí sabemos que “ahora permanecen la fe, la esperanza, el amor: estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1 Co. 13:13).

Encuentra más recursos en http://coalicionporelevangelio.org

Fariseísmo

17 Febrero 2017

Fariseísmo
por Charles R. Swindoll

Jesús se metió en una camisa de once balas el día en que predicó su Sermón del Monte. No quedó ni un solo fariseo al alcance del oído que no hubiera dado hasta su último denario para verlo colgado en una horca antes del atardecer. ¡Vaya que lo aborrecían! Lo aborrecían porque Él no les dejó que se salieran con su fingido babeo religioso y su supuración súper espiritual que contaminaba al público.

El Mesías desenvainó su afilada espada de verdad el día en que ascendió a ese monte. Cuando descendió esa noche, la espada chorreaba con la sangre de los hipócritas. Si alguna vez un individuo dejó al descubierto el orgullo, Jesús lo hizo ese día. Sus palabras penetraron en el pellejo de ellos como arpones en la grasa de una ballena. Jamás en su notoria y petulante carrera ellos habían sentido un aguijonazo de precisión tan mortal. Como bestias hinchadas de lo profundo quedaron flotando en la superficie para que todos los vean.

Si había algo que Jesús detestaba, era precisamente eso en lo que los fariseos se especializaron en el seminario: fanfarronear, o, para decirlo en forma algo más suave, justicia propia. Eran los santurrones de Palestina, los primeros en reclutar a ingenuos en la Orden Real de los que Acuchillan por la Espalda. Eran expertos en la práctica de hacer oraciones para denigrar a otros, y pasar sus días esforzándose por impresionar a otros con sus expresiones sombrías y canturreos monótonos y lastimeros. Peor que eso, al sembrar las semillas de las espinas legalistas y cultivarlas en las vides prohibidas de intolerancia religiosa, los fariseos impedían que los buscadores honestos se acercaran a Dios.

Incluso hoy, la mordida del legalismo extiende un veneno paralizante en el cuerpo de Cristo. Su veneno ciega nuestros ojos, embota nuestro filo, y estimula el orgullo en nuestros corazones. Pronto nuestro amor se eclipsa al convertirse en un tablero mental de anotaciones con una larga lista de verificación, un espeso filtro que exige que otros alcancen cierto nivel antes de que nosotros avancemos. La alegría de la amistad queda fracturada por una actitud de juicio y una mirada crítica. A mí me parece tonto que el compañerismo se limite a las estrechas filas de personalidades predecibles vestidas de ropa “aceptable.” Cabello bien recortado, bien afeitado, traje sastre a la moda (con chaleco y corbata combinada, por supuesto) parece esencial en muchos círculos. Simplemente porque yo prefiero un cierto vestido o estilo no quiere decir que es lo mejor, o que es para todos. Tampoco quiere decir que lo opuesto agrada menos a Dios.

Nuestro problema es una grosera intolerancia de los que no encaja en nuestro molde: una actitud que se revela en la mirada estoica del comentario cáustico. Tales relaciones legalistas y prejuiciadas reducirán las filas de la iglesia local más rápido que un incendio en el templo o gripe en la banca. Si usted duda de eso, dé un serio vistazo a la carta a los Gálatas. La pluma de Pablo fluye con tinta candente al reprenderlos por “haberse alejado” de Cristo (Gálatas 1:6), anulando “la gracia de Dios” (2:21), habiéndose dejado “fascinar” por el legalismo (3:1), y deseando “volver a esclavizarse” a esta paralizante enfermedad (4:9).

Con certeza hay límites a nuestra libertad. La gracia no condona una actitud licenciosa. El amor tiene sus restricciones bíblicas. Lo opuesto del legalismo no es “Haz lo que se te antoje.” Pero, ¡escuche! Las limitaciones son mucho más amplias de lo que la mayoría nos damos cuenta. No puedo creer, por ejemplo, que la única música a la que Dios sonríe son cantos solemnes o himnos. ¿Por qué no música folclórica también? Tampoco pienso que el vestido necesario para entrar en la iglesia sea traje y corbata. ¿Por qué no pantalones del diario y camisetas? ¿Le parece extraño? Recordemos quién se pone nervioso por la apariencia externa. ¡Con certeza, no Dios!

“Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7).

Y, ¿quién puede probar que la única voz que Dios bendice es la del ministro ordenado, el domingo? ¿Qué tal la del vendedor el martes por la tarde, o la de la maestra de secundaria el viernes de mañana?

Es útil recordar que nuestro Señor reservó su sermón más fuerte y más largo, no a pecadores que luchaban, ni a discípulos desalentados, y ni siquiera a personas prósperas, sino a los hipócritas, a los sedientos de gloria, los legalistas; los fariseos de hoy.

El mensaje del monte predicado hace siglos retumba con eco en los cañones del tiempo con prístina fuera y claridad.

Mire Mateo 6:1:

“Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos.”

En otras palabras, ¡deje de alardear! Deje de mirar por sobre la nariz a los que no encajan en su molde preconcebido. Deje de fanfarronear por su propia bondad. Deje de llamar la atención a su propia justicia Deje de anhelar que lo noten. Implicado en esto va la advertencia a cuidarse de los que rehúsan dejar tal comportamiento. Luego, para imprimir al fuego esa advertencia en su memoria, pasa a darles tres ejemplos específicos de cómo la gente hacía desplante de su propia justicia de modo que otros lanzaran exclamaciones de asombro por ellos.

Mateo 6:2 habla de dar limosnas a los pobres, o sea, participar en acciones de benevolencia para ayudar a los necesitados. Jesús dice que no hay que “tocar trompeta” cuando se hace esto. Manténgalo en silencio, incluso “en secreto” (6:4). No alardee para llamar la atención como Tarzán columpiándose en la selva. Quédese fuera del cuadro, permanezca anónimo. No espere que su nombre aparezca en letreros por todas partes. A los fariseos les encanta plantillar sus dones ante otros. Les encanta que se les reconozca. Les encanta recordarles a otros quién hizo esto, o eso, o quién dio esto, y esto otro, a Fulano y a Mengano. Jesús dice: No fanfarronees cuando usas tu dinero para ayudar a alguien.

Mateo 6:5 habla de qué hacer “cuando oras.” Advierte en contra de ser petulantes suplicantes a quienes les encanta pararse en lugares prominentes y vocear verborrea insulsa para que los vean y oigan. A los fariseos les encantan las palabras almibaradas y perogrulladas acarameladas. Saben cómo sonar elevados y santos. Todo lo que dicen en sus oraciones hace que los que los oyen piensen que esta alma santa reside en el cielo, y se educó a los pies de arcángel Miguel y de Cipriano de Valera. Uno casi tiene la certeza de que no han tenido ni el más leve pensamiento sucio en los pasados dieciocho años . . . pero también uno queda calladamente consciente de que hay un gigantesco abismo entre lo que sale de esa boca fanfarrona y dónde está la cabeza de uno allí mismo. Jesús dice: No fanfarronees cuando hablas con tu Padre celestial.

Mateo 6:16 habla de que hacer “cuando ayunas.” Ahora bien, ese es el momento cuando el desplante realmente se acelera. Trabaja a sobretiempo tratando parecer humilde y triste, esperando que se le vea con hambre y agotado como algún osado que acaba de cruzar el desierto de Egipto esa tarde. “¡No seas como los hipócritas!” ordena Cristo. Más bien, debemos tener un aspecto fresco, limpio y completamente natural. ¿Por qué? Porque eso es lo real, lo genuino; eso es lo que Él promete que recibirá recompensa. Jesús dice: No fanfarronees cuando te saltas dos o tres comidas.

Digámoslo tal como es. Jesús pronuncia palabras cáusticas, rigurosas, respecto a los fariseos. Cuando se trata del legalismo estrecho, o fanfarroneo de justicia propia, el Señor no escatima palabras. Halló que esa era la única manera de lidiar con aquellos que frecuentaban el lugar de adoración desdeñando y despreciando a otros. No menos de siete veces pronuncia: “¡Ay de ustedes!”; porque es el único lenguaje que el fariseo entiende, desdichadamente.

Dos comentarios finales:

Primero, si usted se inclina al fariseísmo en alguna forma, ¡déjelo! Si usted es del tipo de persona que trata de pisar a otros, o desdeñar a otros (mientras que a la vez piensa cuánto Dios debe estar impresionado por tenerlo a usted en su equipo) usted es un fariseo del siglo veintiuno. Francamente, eso incluye a algunos que llevan el pelo largo y prefieren la guitarra antes que un órgano de tubos. Los fariseos también pueden deleitarse en parecerse “en onda.”

Segundo, si un fariseo del día moderno trata de controlar su vida, ¡deténgalo! Recuérdele al impostor religioso que la paja que usted tiene en su ojo es asunto entre usted y su Señor, y que él debe prestar atención al tronco que tiene en el suyo propio. Lo más probable, sin embargo, es que una vez que un individuo está infectado, seguirá adelante por el resto de su vida superficial dedicado a minuciosidades o alabarse a sí mismo, asfixiado por las espinas de su propia petulancia. Los fariseos, recuerden, hallan muy difícil escuchar.

Adaptado de Charles R. Swindoll, “Pharisaism,” en Devotions for Growing Strong in the Seasons of Life (Grand Rapids: Zondervan, 1983), 390-93.

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Una exhortación oportuna

Una exhortación oportuna

Pastor Otto Sanchez

Otto Sánchez

Pastor de Predicación.

ottoRolando Otoniel (Otto) Sánchez Pérez, nació el 24 de febrero del año 1966 en la ciudad de Santo Domingo. Viene de un hogar cristiano y conoció la gracia de Jesucristo en su adolescencia. Es pastor de la Iglesia Bautista Ozama desde el año 1992. Sus primeros estudios universitarios fueron en el área de Publicidad. Realizó estudios ministeriales en el Seminario Teológico Bautista Dominicano. Tiene una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Theological Studies y candidato al Phd, por la misma casa académica. El pastor Otto está dirigiendo el STBD (Seminario Teológico Bautista Dominicano) desde enero del 2008. Está casado con Susana Almanzar y tienen dos niñas, Elizabeth Marie y Alicia.

La salud espiritual del líder

La salud espiritual del líder

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Pablo A. Deiros

Si el estado de salud física y emocional del líder cristiano es fundamental para el buen desempeño de su ministerio, tanto más es su nivel de salud espiritual. Es imposible que un hombre o una mujer con falta de integridad espiritual puedan cumplir un ministerio significativo en la vida de otras personas. Sobre todas las cosas, el líder cristiano es un líder espiritual, y nadie puede conducir a otro por un camino que él o ella no están recorriendo y hacia una meta a la que él o ella no están yendo.

La necesidad de cuidar la salud espiritual. Pablo habla de su propia experiencia personal en este particular en Filipenses 3:7–12. Es interesante seguir el razonamiento de Pablo y ver cómo él encontró el camino para una plena realización personal, rompiendo con la esquizofrenia de objetivos dispares en la vida y de metas encontradas. Cuando no hay una adecuada resolución entre lo que uno considera “ganancia” o “pérdida” en la vida, no puede haber salud espiritual. El objetivo de “ganar a Cristo”, de “encontrarse unido a él”, de “conocer a Cristo” y de persistir en querer “alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí” es fundamental para la generación de un estado espiritual saludable.

Esta salud espiritual es indispensable por la misma naturaleza del ser humano. Somos seres físicos (conocemos por los sentidos), pero somos también y fundamentalmente seres espirituales. A Dios no lo captamos ni conocemos por la vía de lo sensible, sino por nuestro espíritu. Sin el alimento de la Palabra y el oxígeno de la oración terminamos en una actitud materialista o en un ateísmo práctico. La salud espiritual es también indispensable por la misma naturaleza de la vida moderna. Secularismo, hedonismo, materialismo, frivolidad, consumismo, egoísmo, pueden contagiarnos fácilmente. Si no nos detenemos a pensar en Dios y a buscar la comunión con él, podemos caer en cualquiera de estas cosmovisiones y estilos de vida, que producen extravío y terminan por enfermar al alma. El ritmo de vida, los cambios repentinos, la alienación de las relaciones, la neurosis de nuestro tiempo no nos van a dejar espacio para el desarrollo espiritual, a menos que lo procuremos conscientemente. Pablo descubrió el bien supremo en la vida, que para él no era otro que conocer a Cristo (Fil. 3:8, 10). Para ello, hay que pasar tiempo con él.

Deiros, P. A. (2008). Liderazgo Cristiano (p. 38). Buenos Aires: Publicaciones Proforme.