El legado del Calvinismo de un punto y el iglesianismo casual

El legado del Calvinismo de un punto y el iglesianismo casual

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Nota del editor: La palabra “iglesianismo” no aparece en el Diccionario de la Real Academia Española. A pesar de eso, en Soldados de Jesucristo hemos decidido conservarla en el presente artículo traducido al español del pastor John Piper, aclarando que dicha palabra construida hace alusión al cristianismo meramente nominal.


Ya sea por miedo o ignorancia, segmentos considerables de la iglesia cristiana evitan la enseñanza del Nuevo Testamento de que la búsqueda de la pureza en esta vida es necesaria para entrar en la siguiente.

Entre otras razones, este es el motivo por el que la vida cristiana en el Nuevo Testamento se siente tan maravillosamente seria, mientras mucho del cristianismo contemporáneo es inconscientemente trivial en comparación.

Incluso el punto uno fue pasado por alto

Crecí entre los pocos millones de calvinistas de “un solo punto” que mal entendieron su único punto: “una vez salvo, siempre salvo”. En general se entiende, que si Johnny invitó a Jesús a su corazón a los seis años, salió de la iglesia a los dieciséis años, se burló de Jesús durante diez años, y murió en Vietnam con un balazo en su revista de Playboy, él está en el cielo.

En mi primer año como pastor le dije a una mujer joven que estaba en fornicación que si no se arrepentía y volvía a Jesús se iría al infierno. Ella no estaba contenta con esa teología. Más tarde ella lo aceptó. Oficié su boda y durante veinte años me escribía en Navidad para darme las gracias por la advertencia. Creciendo en un hogar cristiano nunca nadie le había dicho esto.

Luego hubo una mujer casada que vino a mí y me confesó que estaba teniendo una aventura amorosa. Creo que ella dijo que se citaban en el camión del hombre. Dijo que su esposo lo había descubierto y no sabía qué hacer. Era miembro de la iglesia. Me hizo saber que, entre las opciones, no estaba el terminar con su amigo camionero. Bueno, dije en mi manera simple, si no te arrepientes de este pecado y te vuelves a Jesús buscando perdón, irás al infierno.

Esta vez, la reacción fue un elocuente “¡de ninguna manera!” con una defensa exegética y la aprobación de su antiguo pastor. Ella me llevó a Romanos 8:38-39. Su paráfrasis: Nada nos puede separar del amor de Dios, incluyendo “principados y potestades” y eso significa el diablo. Así que cuando el diablo me seduce para adulterar, eso no puede separarme de Dios y el cielo. El pastor dijo eso.

Por lo que recuerdo, pasamos los siguientes quince minutos aproximadamente mirando el texto para ver quién es el “nosotros”. No le gustó lo que miró mientras repasamos Romanos 8 juntos, dándose cuenta de quién es el que va a ser glorificado con Jesús. Evidentemente esto la impactó. Ella abandonó a su amigo camionero, se reconcilió con su esposo, evitó la excomunión y se quedó en la iglesia por casi treinta años.

El liderazgo de la iglesia no está prestando atención

No me gusta el cristianismo informal, en gran parte carnal, en el que nada eterno está en juego para los que profesan ser cristianos. Los pastores que conducen a su gente en este tipo de iglesianismo carnal simplemente no están prestando atención cuando leen sus Biblias. O ni siquiera están creyendo. Estoy pensando en textos como Hebreos 12:14, Gálatas 6:8, Santiago 2:17, 1 Juan 1:7, 2:4, 3:14, 2 Tesalonicenses 2:13, Mateo 6:15 y Romanos.

Esta mañana estaba leyendo 1 Juan en mi devocional y me hizo temblar de nuevo con respecto a la necesidad de perseguir la pureza en mi vida. Necesidad. Primera de Juan 3:3 no me permite tratar a la pureza como si fuera un poco de perejil ofrecido como elemento decorativo opcional al lado de la carne de la fe cristiana. La pureza es esencial en términos muy claros.

Examina lo que piensas sobre temblar

Por cierto, si tropezaste con la palabra “temblar” en el párrafo anterior, es la parte del problema a la que quiero llegar. ¿Por qué responderías negativamente a la luz de lo que Dios ha dicho acerca de temblar: “Pero a éste miraré: al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante mi palabra”? (Isaías 66: 2). “Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Filipenses 2:12).

Hay un temblor cuya felicidad es más profunda y duradera que la paz de aquellos que cierran sus ojos ante los pasajes serios.

Las implicaciones de “todo el que”

Cuando el apóstol Juan dice en 1 Juan 3:3, “Y todo el que tiene esta esperanza puesta en Él, se purifica, así como Él es puro” (mi traducción), la esperanza a la que se está refiriendo es la esperanza que acaba de mencionar en el versículo 2: “Pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él porque le veremos como Él es”.

De modo que podemos repetir el verso 3 de esta manera: “Todo el que tiene la esperanza de ser puro como Jesús y el Padre, en su presencia algún día, ahora se purifica a sí mismo como Jesús y el Padre son puros”. Reflexiona sobre las implicaciones de la expresión “todo el que”.

Todo el que tiene esta esperanza se purifica a sí mismo. Si no te purificas a ti mismo, no tienes esta esperanza. Y si las cosas permanecen así, esta esperanza nunca será verdadera para ti. Nunca serás como Jesús y el Padre. Lo que significa que nunca le verás cara a cara, porque Juan dice que la razón por la que seremos como Él es, es que le veremos cara a cara (ver 1 Corintios 13:12).

Los verdaderos cristianos se purifican

Para decirlo de otra manera, la expresión todo el que en esta frase “todo el que tiene esta esperanza se purifica a sí mismo”, significa que no hay un grupo de personas que teniendo la esperanza de ver y de ser como Jesús y el Padre, no se purifiquen a sí mismos. Es decir, no hay cristianos verdaderos que no se purifiquen, que no persigan la pureza del corazón, de la mente y el cuerpo.

Es decir, todos los cristianos verdaderos se purifican a sí mismos. Esta es una de las marcas necesarias de los verdaderos cristianos: ellos se purifican.

Esta no es una idea aislada en 1 Juan. La construcción gramatical que se usa aquí es una de sus favoritas. La usa trece veces en esta carta. En griego es “pas” (que significa “todos”, o con el negativo, “nadie”) seguido de un participio que generalmente traducimos con una cláusula como, “el que hace tal y tal”. El punto es que todos los cristianos hacen o no hacen algo. Y el abarcador “todo el que”, en efecto, hace de esta una marca distintiva de los cristianos verdaderos. Aquí están algunos de estos trece ejemplos. Observa lo similares que son a 1 Juan 3:3.

En primer lugar la forma sin el negativo:

  • Todo el que hace justicia es nacido de Él. (1 Juan 2:29)
  • Todo el que practica el pecado, practica también la infracción de la ley, pues el pecado es infracción de la ley. (1 Juan 3:4)
  • Todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. (1 Juan 4:7)
  • Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al Padre, ama al que ha nacido de Él. (1 Juan 5:1)
  • Todo el que ha nacido de Dios, no peca. (1 Juan 5:18)
  • Todo aquel que niega al Hijo tampoco tiene al Padre. (1 Juan 2:23)
  • Todo el que permanece en Él, no peca; todo el que peca, ni le ha visto ni le ha conocido. (1 Juan 3:6)

Ahora la forma con el negativo:

  • Ninguno que es nacido de Dios practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. (1 Juan 3:9)

En otras palabras, el requisito de perseguir la pureza en 1 Juan 3:3 no es una condición aislada de ver y de ser como Jesús y el Padre. El mismo pensamiento está presente en toda la carta.

La purificación es esencial

No solo es una condición necesaria. El tener una taquilla de entrada es una condición necesaria para ver el partido de fútbol en el estadio. Tener buenos ojos no es una condición necesaria, pero sí una esencial. Los ojos son esenciales para ver el juego. Las taquillas no están relacionadas con la esencia de ver.

Lo mismo sucede con la pureza. La pureza corresponde a la esencia de ver a Dios. Es la condición de los ojos que puede ver la santidad como lo hermoso que es. Por eso Jesús dijo: “Dios bendice a los que tienen corazón puro, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5: 8 NTV). Ser puro es la forma en que vemos a Dios como realmente es. La impureza oscurece los lentes del alma con los cuales vemos a Dios.

No puedes ignorar la ceguera espiritual

Esto explica otra locura del iglesianismo casual y no tomado en serio: la locura de pensar que podemos llevar una vida impura, mientras planificamos arrepentirnos al final y así, escapar del infierno en el último minuto. Esto es una locura porque toda una vida de impureza habrá empañado tanto los lentes del alma que es muy poco probable que de repente Jesús parezca hermoso al final. Por el contrario, es probable que te parezca aterrador mientras mueres, y una vida de preferencias impuras de otras cosas por encima de Él, probablemente te dejará endurecido como Esaú (Hebreos 12:17), no sensible como el ladrón en la cruz (Lucas 23: 43).

La búsqueda de la pureza ahora, no en la hora de tu muerte, es la marca de un verdadero cristiano. No es una marca opcional. Es esencial: todos, no algunos, sino todos, los que esperan ver a Dios y ser puros en su presencia para siempre, se purifican ahora así como Él es puro (1 Juan 3:3).

Las preguntas son bienvenidas

Por supuesto, hay muchas más cosas que decir acerca de esta búsqueda de la pureza.

  • No es el fundamento de la justificación, pero el fruto de la misma. No es por obras sin ayuda de la carne, sino por la auto-negación habilitada por el Espíritu.
  • No es para ganar la aceptación de Dios, sino porque ya somos aceptados por Dios.
  • No es para ser hijos de Dios, sino porque ya somos hijos de Dios.
  • No es para pagar nuestro rescate con el botín religioso, sino para mostrar que ya hemos sido comprados con sangre.
  • No es porque haya que sumar nuestros esfuerzos a la compra de Cristo, sino porque nuestros esfuerzos están incluidos en la compra.
  • No es reemplazando fe con obras, sino demostrando que hay obras que vienen a través de la fe.
  • No es nuestro trabajo para Dios, pero sí Dios obrando en nosotros.

Y así muchos más. Si tienes preguntas, eso es bueno. Muy bueno. Lo que no es bueno, sin embargo, es conformarnos de nuevo a la forma casual, como si pudiéramos ser arrastrados hacia el cielo. Nadie puede ser arrastrado al cielo. Al final de la vida de Pablo, él dice: “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe” (2 Timoteo 4:7). Lucha. Corre. Todo el camino a casa.

Lleva tus preguntas a la Biblia. La vida que ofrece es gloriosa. El mundo no puede entenderla, ni tampoco cristianos profesantes relajados, casuales y carnales. Para ellos permanece como una paradoja incomprensible. Pero para ti, que tiemblas ante su Palabra, es la única manera:

  • Sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús. (Filipenses 3:12)
  • Por tanto, no reine el pecado en vuestro cuerpo mortal para que no obedezcáis sus lujurias….. Porque el pecado no tendrá dominio sobre vosotros. (Romanos 6:12, 14)
  • Limpiad la levadura vieja (¡cada uno se purifica a sí mismo!) para que seáis masa nueva, así como lo sois, sin levadura. Porque aun Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado. (1 Corintios 5:7)

Un artículo de DesiringGod.Org. Usado con permiso. Traducido por Alicia Ferreira de Díaz.

http://sdejesucristo.org/legado-del-calvinismo-punto-iglesianismo-casual/

Segunda Temporada – Programa 12 – «Crisis en los hogares»

«Crisis en los hogares»

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Segunda Temporada – Programa 12

Eduardo Saladin – Salvador Gómez – Marcos Peña

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

http://www.entendiendolostiempos.org/

Segunda Temporada – Programa 13 – “Crisis en los hogares: El rol de la mujer”

“Crisis en los hogares: El rol de la mujer”

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Segunda Temporada – Programa 13

Eduardo Saladin – Elba Ordeix de Reyes – Patricia Acebal de Saladín

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

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Segunda Temporada – Programa 15 – «Crisis en los hogares: El rol del hijo»

«Crisis en los hogares: El rol del hijo»

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Segunda Temporada – Programa 15

Eduardo Saladin – Sugel Michelen – Lester Flaquer

 

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

Entendiendo Los Tiempos

¿Por qué debo asistir a la iglesia?

¿Por qué debo asistir a la iglesia?

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John MacArthur

En repetidas ocasiones, el Nuevo Testamento enfatiza la importancia de las asambleas locales. De hecho, este fue el patrón de ministerio que Pablo siguió al establecer congregaciones locales, en las ciudades en donde predicaba el evangelio. Hebreos 10:24-25 manda a todo creyente a ser parte de un cuerpo local como este y revela por qué esto es necesario:  

“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:24-25).  

El único ambiente en el que puede existir la cercanía necesaria entre creyentes para estimularse cuidadosamente “al amor y a las buenas obras”, es el cuerpo local con el que uno está comprometido. Y es solamente en ese contexto que podemos animarnos los unos a los otros.  

El Nuevo Testamento también enseña que todo creyente debe estar bajo la protección y sustento del liderazgo de la iglesia local. Estos hombres piadosos pueden pastorear a un  creyente al animarle, amonestarle, y enseñarle. Hebreos 13:7 y 17 nos ayudan a entender que Dios en Su gracia, nos ha concedido rendición de cuentas mediante un liderazgo piadoso.

Además, cuando Pablo le dio a Timoteo instrucciones especiales sobre las reuniones públicas, dijo, “Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza” (1 Timoteo 4:13). Parte del énfasis en la adoración pública incluye estas tres cosas: escuchar la Palabra, ser llamado a la obediencia y acción mediante la exhortación y la enseñanza. Es solamente en el contexto de la asamblea local que estas cosas pueden llevarse a cabo de la manera más eficaz.

Hechos 2:42 nos enseña lo que hacía la primera iglesia cuando se reunía: “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”. Los cristianos se reunían:

• Para aprender la Palabra de Dios y las implicaciones de la misma en sus vidas.

• Para que estando juntos llevaran a cabo acciones de amor y de servicio unos a otros.

• Para conmemorar la muerte y resurrección del Señor mediante el partimiento del pan y la oración. Claro que podemos hacer estas cosas individualmente pero Dios nos ha llamado a Su cuerpo, la iglesia, la cual es la representación local de ese cuerpo mundial. Debemos servir con gusto y ser servidos entre el pueblo de Dios.

Una membrecía activa en una iglesia local es imperativa para llevar una vida sin concesiones. Es únicamente mediante el ministerio de la iglesia local, que un creyente puede recibir la clase de enseñanza, rendición de cuentas y ánimo que son necesarios para que esté fuerte en sus convicciones. Dios ha mandado que la iglesia provea la clase de ambiente en donde una vida sin concesiones puede prosperar.

Disponible en Internet en: http://www.gracia.org
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¿Por qué es importante asistir a la iglesia?»

¿Por qué es importante asistir a la iglesia?»


La Biblia nos dice que necesitamos asistir a la iglesia para que podamos alabar a Dios con otros creyentes y ser instruidos en Su Palabra para nuestro crecimiento espiritual (Hechos 2:42: Hebreos 10:25). La iglesia es el lugar donde los creyentes pueden amarse unos a otros (1 Juan 4:12), exhortarse unos a otros (Hebreos 3:13), servirse unos a otros (Gálatas 5:13), instruirse unos a otros (Romanos 15:14), honrarse unos a otros (Romanos 12:10), ser bondadosos y misericordiosos unos con otros (Efesios 4:32).

Cuando una persona confía en Jesucristo para salvación, es hecha un miembro del Cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:27). Para que el cuerpo de la iglesia funcione apropiadamente, todas las “partes del cuerpo” necesitan estar presentes (1 Corintios 12:14-20). Igualmente ningún creyente alcanzará jamás la plena madurez espiritual sin asistir a la iglesia y ser animado y exhortado por otros creyentes (1 Corintios 12:21-26). Por estas razones, la asistencia a la iglesia, la participación y el compañerismo deben ser actividades regulares en la vida de todo creyente. No es obligatoria la asistencia semanal de los creyentes a la iglesia, pero alguien que ha confiado en Cristo debería tener el deseo de adorar a Dios, ser instruido en Su Palabra, y tener compañerismo con otros creyentes.

https://www.gotquestions.org/Espanol/asistencia-iglesia.html

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Charles Haddon Spurgeon

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Charles Haddon Spurgeon

De los predicadores ingleses del siglo 19 el más popular y ampliamente conocido es, sin lugar a dudas, Charles Haddon Spurgeon.

¿Cuál fue el secreto del éxito de Spurgeon? Era un hombre dotado de una poderosa voz, un dominio del lenguaje sencillo y gráfico, y un gran intelecto. Poder, fervor de concepción y apasionamiento en su llamado han hecho de sus sermones algo único, siempre saturados de cristiana entrega. Pero el más importante ingrediente en el éxito de Spurgeon fue su profundo entendimiento de su Señor y Salvador y su confianza absoluta en su grande gracia y amor. De este ingrediente proviene su necesidad de que otros conozcan, amen y adoren al Señor Jesús, tal como él lo hizo.

Es nuestro deseo divulgar los sermones de Spurgeon en todos los países en donde se habla español. Nuestra intención es traducir en primer lugar aquellos sermones que, hasta donde llega nuestra información, aún no se han traducido. En la medida de lo posible, tratamos de guardar la entonación y el estilo coloquialmente sabroso que caracterizaba su predicación.

Rogamos a nuestro Señor, que se ha dignado usar tantas y tantas miles de veces a Charles Haddon Spurgeon, para traer a la salvación a un sinnúmero de almas, que bendiga estas traducciones, también para salvación de innumerables almas que hablan español.

1834-1855
LOS AÑOS DE FORMACIÓN

alimentemos_el_almaLa biografía del más notable predicador del siglo diecinueve, Charles Haddon Spurgeon, es espléndida. En esta nueva sección biográfica de nuestro sitio dedicado a él, presentaremos los hechos relevantes en cada año de su vida, con la excepción de los años de formación, que incluiremos en forma condensada.

Spurgeon nació en Kelvedon, Essex, el 19 de Junio de 1834. Fue convertido a Cristo en una visita inesperada, debido a una tremenda tormenta de nieve, a una capilla metodista ubicada en Artillery Street, Colchester, el día 6 de Enero de 1850. Recibió el bautismo por inmersión en el río Lark, en Isleham, el día 3 de Mayo de 1850. Predicó durante unos meses en los campos alrededor de la ciudad de Cambridge. Muy pronto se convirtió en Pastor de la Capilla Bautista de Waterbeach, en 1852. Un año más tarde aceptó una invitación para predicar en una iglesia de mucha tradición, ubicada en New Park Street, Londres.

¿Cuál fue el secreto de este éxito tan temprano? La explicación cristiana es la soberanía de Dios y la influencia del Espíritu Santo. Sin embargo, a nivel humano, los hechos esquemáticos que hemos presentado tienen que ser contemplados con mayor detenimiento.

Charles fue el primogénito de diecisiete hijos. Cuando sólo contaba con dieciocho meses de edad, su padre fue a vivir a Colchester donde se encargaba de la contabilidad de un comercio de carbón. Mientras llevaba registros contables ejerció el pastorado de una iglesia independiente en una ciudad cercana llamada Tollesbury. Charles fue enviado a vivir con su abuelo en la localidad de Stambourne. El abuelo también era un pastor devoto, santo y digno de una iglesia independiente. Durante la semana era agricultor y los domingos predicaba. Hizo esto durante cincuenta años.

Desde muy temprana edad, Charles leyó los libros de teología de su padre y de su abuelo. Cuando tenía once años de edad asistió a una escuela en Colchester y más tarde pasó dos años en una escuela de Maidstone. Posteriormente se convirtió en ayudante de maestro en una escuela de Cambridge, y seguramente hubiera sido admitido a la Universidad de Cambridge si se hubiera permitido la entrada a los no-conformistas. En lugar de convertirse en un estudiante, enseñó en una escuela en esa famosa ciudad universitaria.

Spurgeon nunca asistió a ninguna escuela teológica. En una ocasión se le había concedido una cita con el director de un prestigiado seminario, pero por una equivocación de una sirvienta que olvidó informarle a Spurgeon que el director lo esperaba en un salón contiguo, la entrevista nunca se realizó.

En ese entonces ya era Pastor en Waterbeach y su congregación había crecido de un puñado de miembros hasta contar con más de cuatrocientos. Su primer sermón, cuando contaba con sólo dieciséis años de edad, había sido bendecido en Teversham. Fue en la casa de unos campesinos, y continuó predicando hasta que fue a Waterbeach. Durante dos años, la capilla de esa localidad tuvo que ampliarse sustancialmente para albergar a todos los que querían escucharlo. Venían de lejos para oír sus sermones.

Un día le correspondió ser un conferencista especial para un evento de la Unión de Escuelas Dominicales en Cambridge. Un tal señor George Gould participaba en la reunión y después de escucharlo recomendó de manera especial a Spurgeon a su amigo Thomas Olney, un diácono de la Capilla New Park Street, en Londres. Después de cuatro visitas a la Capilla New Park Street, Spurgeon aceptó la invitación para fungir como ministro bajo prueba durante seis meses. En unas pocas semanas y después de una reunión especial de la iglesia, se le pidió a Spurgeon que fuera su pastor permanente. En Abril de 1854 se convirtió en el pastor de New Park Street Chapel.

Muy pronto la capilla no pudo albergar a la creciente congregación. Esa capilla no había visto tanta bendición en muchos años. La influencia de un padre y de un abuelo piadosos, de una madre llena de oración, de las obras de los autores puritanos de los que se rodeaba siempre (y que devoraba con avidez) y de la educación que recibió de un perceptivo director de escuela (a una temprana edad podía leer Latín, Hebreo y Griego) todo esto contribuyó, durante los años formativos de su vida, para que Charles Haddon Spurgeon se convirtiera en el Príncipe de los Predicadores, primero en la Capilla New Park Street, y luego en el Tabernáculo Metropolitano que él mismo construyó.

http://www.spurgeon.com.mx/mcharles.html

SOBRE LA TEOLOGÍA DE LOS REFORMADORES

SOBRE LA TEOLOGÍA DE LOS REFORMADORES

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Juan Stam

alimentemos_el_almaTeológicamente se suele resumir el aporte teológico de la Reforma en tres puntos: 1) la justificación por la gracia mediante la fe (sola gratia, sola fide), 2) la sola autoridad normativa y definitiva de las Sagradas Escrituras (sola scriptura), y 3) el sacerdocio universal de todos los creyentes. Pero, casi siempre, se olvidan otros dos, que son cruciales: 4) la libertad cristiana, y 5) “la Iglesia reformada siempre reformándose” (ecclesia reformata semper reformanda). Es especialmente sorprendente y lamentable que los evangélicos hoy hacen caso omiso del tema de la libertad cristiana. De hecho, dicho tema es, sin lugar a dudas, central en todo el movimiento de la Reforma. La Reforma fue, en su sentido más profundo, un proceso liberador en todas sus dimensiones.[1]

       En este énfasis marcado sobre la libertad cristiana, Lutero siguió de cerca a su gran precursor evangélico, nada menos que el Apóstol Pablo, quien constantemente vinculaba la justificación por la fe con la libertad cristiana. Cuando los gálatas se echaron atrás al legalismo judaizante, San Pablo los acusó de haber negado el evangelio: “De Cristo se han desligado, los que por la ley se justifican; de la gracia han caído” (Gal. 5.4), y eso, no porque hubiesen caído en alguna inmoralidad ni hubieran negado alguna doctrina ortodoxa, sino porque habían vuelto a insistir en la circuncisión y el legalismo como condiciones para ser aceptado ante Dios. Bajo tales legalismos, les dice San Pablo, “para nada les aprovecha Cristo” (Gal. 5.2), porque “para libertad han sido llamados” (Gal. 5.11). Por lo tanto, les exhorta, “estén firmes en la libertad con que Cristo los ha liberado” (Gal. 5.1).

       Al inicio de la misma epístola, Pablo escribe a estos creyentes en Galacia en términos parecidos: “Me asombro que tan pronto estén dejando ustedes a quien los llamó por la gracia de Cristo, para pasarse a otro evangelio” (Gal. 1:5). Enseguida, aclara que de hecho “no hay otro evangelio”, y advierte que si alguien pretendiera predicarles otro evangelio, “qué caiga bajo maldición” (1:8). Ser evangélico, según San Pablo, es vivir desde la gracia de Dios que nos hace libres. No se puede ser evangélico y legalista a la vez.

       A Martín Lutero le gustaba señalar que su apellido venía de una palabra griega (eleútheros) que significa “libre, independiente, no ligado”; a veces se llamaba “Lutero el Libre”. Uno de sus primeros escritos, en el año 1520, se tituló “Sobre la libertad del cristiano”. Tan convencido estaba Lutero de que no podría haber libertad bajo la condición de pecado, como convencido estaba también de que el evangelio nos hace verdaderamente libres. Evangelio significa libertad; evangelio y servidumbre (dominación, autoritarismo) se excluyen mutuamente.

       En los párrafos siguientes intentaremos demostrar que cada una de las grandes afirmaciones de la Reforma, es una afirmación de la libertad cristiana. Sin la libertad cristiana, las demás verdades reformadas no se pueden entender en su sentido pleno.

La sola gratia nos libera del legalismo

Cuando Lutero descubrió la justificación por la pura gracia de Dios, dijo que se le abrieron las puertas del paraíso, porque la sola gratia le liberó del terror ante un Dios iracundo y vengativo. La doctrina de la justificación por la gracia significó para Lutero su liberación del dominio de la ley y de las obras. Para él, personalmente, la revelación de “la gloriosa libertad de los hijos e hijas de Dios” (Rom. 8.21) fue la respuesta a su angustiosa búsqueda de paz y salvación. Significó liberación de las demandas de la ley. Ya que nuestra justificación es “por la gracia mediante la fe”, podemos confiar firmemente en la Palabra de Dios que nos asegura que el Señor nos ha aceptado. A la vez, para Lutero, la fe es muchísimo más que mero asentimiento teórico. “La fe es algo inquieto y activo”, decía Lutero; es “la fe que obra por el amor” (Gal. 5.6, cf. 6.9s).

        Para Lutero, esta “libertad del evangelio” estaba por encima de toda autoridad y de todas las leyes humanas. El sistema papal le parecía una intolerable contradicción a esta libertad evangélica; el papa, escribió, había dejado “de ser un obispo, para convertirse en un dictador” (S. S. Wolin, Política y Perspectiva, p. 158). Era imperativo restaurar “nuestra noble libertad cristiana”, pues “se debe permitir que cada persona escoja libremente…” (ibid, pp. 156, 158).

       Desde el tiempo de los fariseos, la mentalidad legalista, basada en la autosuficiencia de los méritos propios, siempre tiende a producir dos extremos: o el fariseo o el publicano. El fariseo está segurísimo de su propia justicia, con base en obras de moralismo externo, pero de hecho no es ni justo ni realmente libre. El publicano, en cambio, se desespera por su falta de mérito y su insuperable fracaso en lograr su propia vindicación. Pero ninguno de los dos puede hacer el bien libremente, puesto que la realizan sólo como medio para alcanzar su propia auto-justificación.

       El mensaje evangélico rompe este círculo vicioso. Dios en su gracia divina recibe al injusto y lo justifica, “no por obras, sino para buenas obras” (Ef. 2:8-10). La gracia (járis) de Dios despierta nuestra gratitud (eujaristía) y nos transforma en personas nuevas que buscamos hacer la voluntad de Aquel que nos ha redimido.[2] De esa manera, la gracia de Dios nos libera tanto del legalismo y moralismo (heteronomía moralista) como del fideísmo y de la “gracia barata” de una fe puramente formal y verbal. La gracia nos hace libres para hacer el bien, no para lograr una justificación propia ante Dios, sino para agradecer y glorificar a Aquel que nos justificó por fe.

La sola scriptura nos libera del autoritarismo dogmático

La misma paradoja liberadora aparece en la afirmación de la sola autoridad normativa de la Palabra de Dios. El principio de sola scriptura relativiza, necesariamente, toda tradición y toda autoridad humana, aun las eclesiásticas. Ninguna autoridad humana puede imponerse sobre la conciencia del creyente, si no puede fundamentarse en las escrituras. Lo expresó Lutero elocuentemente en su defensa ante el Dieta de Worms (1521):

“Mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios. Si no se me demuestra por las Escrituras y por razones claras (no acepto la autoridad de papas y concilios, pues se contradicen), no puedo ni quiero retractar nada, porque ir contra la conciencia es tan peligroso como errado. Que Dios me ayude. Amén”.[3]

       Años después Lutero dijo, “Soy teólogo cristiano. Quiero creer libremente y no ser esclavo de la autoridad de nadie. Confesaré con confianza lo que me parece cierto”. Sobre su monumento en Worms están escritas estas palabras: “los que conocen verdaderamente a Cristo no pueden nunca quedar esclavos de ninguna autoridad humana”. “La Palabra de Dios”, escribió Lutero, “que enseña la libertad plena, no debe ser limitada” (Wolin, ibid., p. 155).

       ¡Qué palabras de libertad teológica! Su total sumisión a la Palabra de Dios le hacía libre frente a dogmatismos, magisterios, concilios y papas. En la medida en que seamos realmente bíblicos, en esa misma medida seremos libres para “examinarlo todo” a la luz de las Escrituras y de las evidencias, hoy no menos que en los tiempos de Lutero.

       Martín Lutero insistía terca y vehementemente en la única, exclusiva e incondicional autoridad de la Palabra de Dios, cuidadosa y evangélicamente interpretada. Sólo el evangelio y las Escrituras pueden tener autoridad sobre la conciencia del creyente. Por las Escrituras y por la gracia redentora de Dios, somos libres de cualquier otra autoridad que pretendiera imponerse sobre nuestra conciencia.

       Estudiosos de la Reforma han llamado esto “el principio protestante”: sólo Dios mismo es absoluto, sólo su Palabra divina puede ostentar autoridad final. Cualquier otro absoluto no es Dios, sino un ídolo. Por lo mismo, sólo las Escrituras, fiel y cuidadosamente interpretadas en la comunidad creyente, pueden fundamentar artículos de fe. Ni el papa ni los concilios, ni las tradiciones ni los pastores ni los profesores de teología, pueden imponer sus criterios con autoridad obligatoria.

       Sin embargo, a menudo pasa lo contrario (no sólo con los Testigos de Jehová sino con muchos que se llaman “bíblicos” y “evangélicos”): se levantan también en nuestro medio pequeños “papas protestantes” con su “Santo Oficio” que pretenden imponer sus tradicionalismos y dogmatismos y condenar (sin pruebas bíblicas de la más mínima seriedad) a todo aquel que no esté de acuerdo con los prejuicios de ellos. Sin darse cuenta, vuelven al autoritarismo dogmático contra el cual Lutero se había levantado, como los judeocristianos de Galacia también habían vuelto al legalismo antievangélico y antibíblico. Pero ser bíblico es ser mentalmente libre, abierto y crítico. No se puede ser bíblico y seguir siendo cerrado y dogmático.

       !Qué libertad la de Lutero, ante toda autoridad, tradición, opinión y criterio humanos! ¿Y por qué? ¿Cómo se atrevía Lutero a reclamar tan osada libertad para su propia conciencia? Aunque su postura pareciera arrogante y anárquica, la fuerza de su libertad evangélica fue algo totalmente distinta: “Mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios”.

       Para Lutero, la obediencia evangélica a Dios y a su Santa Palabra tienen como corolario la liberación evangélica de toda autoridad, tradición o heteronomía que pretendieran ser absolutas (idolátricas) frente a la exclusiva autoridad normativa de la Palabra viva de Dios. Lutero explicó esto con elocuencia en su tratado de 1520, “sobre la libertad del Cristiano”: porque el cristiano está sometido incondicionalmente a la Palabra liberadora del Evangelio, “el cristiano es el más libre de todos los seres humanos” (cf. Rom. 6:16-18).

       Bien lo expresa el himno, “Cautívame Señor, y libre en tí seré.” Eso se aplica también a nuestro pensamiento y a nuestras actitudes: cuando nuestra conciencia es cautiva de la Palabra de Dios y del glorioso evangelio, no podrá ser nunca cautiva de tradiciones humanas ni de autoridades humanas que pretendieran colocarse al nivel de, o incluso por encima de, la Palabra de Dios. Sola scriptura, sola gratia, sola fide: ¡mensaje de auténtica libertad evangélica para la conciencia de todos los cristianos hoy también!

El sacerdocio de todos los fieles nos libera del clericalismo

En tercer lugar, la afirmación reformada del sacerdocio universal de todos los fieles (1 Pedro 2:9; Apoc 1:6; 5:10) impulsa, lógicamente, un proceso de progresiva democratización dentro de la Iglesia, y por consiguiente dentro del mundo moderno. Para Lutero, todo cristiano es un sacerdote y un ministro de Dios, y toda la vida, todo empleo y oficio, son vocación divina dentro del mundo. “Una lechera puede ordeñar las vacas para la gloria de Dios”, decía Lutero. En un pasaje aun más atrevido, afirma que “Todos los cristianos son sacerdotes, y todas las mujeres sacerdotisas, jóvenes o viejos, señores o siervos, mujeres o doncellas, letrados o laicos, sin diferencia alguna” (W.A. 6,370; R. García-Villoslada, Martín Lutero, Tomo. I, p.467).

       Es cierto que los Reformadores no llevaron este principio hasta sus últimas consecuencias. Conservaron mucho del clericalismo heredado de largos siglos de tradición eclesiástica. Sin embargo, algunos, conocidos como Anabautistas de la “Reforma Radical”, llevaron el principio del sacerdocio universal un buen paso adelante. Hoy día, tanto en círculos católicos como protestantes, se reconocen los carismas de todos los fieles y se cuestiona constantemente el clericalismo y el autoritarismo que, lamentablemente, han prevalecido en la iglesia protestante como también en la católica.

       El paso de la Edad Media al mundo moderno significó un cuestionamiento radical del autoritarismo medieval e impulsó la evolución de una serie de libertades humanas que hoy día damos por sentadas. En ese proceso, Martín Lutero desempeñó un papel decisivo. Su mensaje de gracia evangélica nos libera del legalismo (autoritarismo ético). Su insistencia en la autoridad bíblica, interpretada crítica y científicamente, nos libera del tradicionalismo (autoritarismo doctrinal). Su enseñanza del sacerdocio universal de todos los fieles comenzó a liberarnos del clericalismo (autoritarismo eclesiástico).

       Lutero lanzó una cruzada tenaz contra las estructuras autoritarias de la iglesia medieval: “Todas y cada una de las prácticas de la Iglesia”, escribió en 1520, “son estorbadas, y enredadas, y amenazadas por las pestilentes, ignorantes e irreligiosas ordenanzas artificiales. No hay esperanza de cura, a menos que todas las leyes hechas por el hombre, cualquiera que sea su duración, sean derogadas para siempre. Cuando hayamos recobrado la libertad del Evangelio, debemos juzgar y gobernar de acuerdo con él en todos los aspectos” (Woolf I, p.303, en Wolin p. 156). Al denunciar la tiranía del Vaticano, Lutero exigió a la iglesia”restaurar nuestra noble libertad cristiana” (Wolin p.158) también en las iglesias evangélicas.

“La iglesia reformada siempre reformándose” nos libera del tradicionalismo estático

Otra consigna de la Reforma, cuya importancia no puede ser exagerada, rezaba ecclesia reformata semper reformanda (“iglesia reformada siempre reformándose”). Es impresionante que los reformadores hayan tenido la humildad y la flexibilidad de ver su movimiento como inconcluso, con necesidad de continua revisión. Sabían que su encuentro con la Palabra de Dios había introducido en la historia nuevas fuerzas de transformación, pero (a lo menos en sus mejores momentos) no tenían ilusiones de haber concluido la tarea. Su gran mérito histórico fue el de haber hecho un buen comienzo, muy dinámico, y precisamente de no pretender haber dicho la última palabra per saecula saeculorum.

       Hay un fenómeno típico en los movimientos históricos, que consiste en que después de comenzar con la espontánea creatividad de una búsqueda dinámica, poco a poco se van institucionalizando hasta perder casi totalmente la flexibilidad de sus inicios y su original capacidad de sorprender. En muchos casos, este proceso termina en un estado senil de arterioesclerosis institucional.

       De hecho, esto es lo que pasó en gran parte con la Reforma protestante. Sus sucesores redujeron los explosivos descubrimientos de los fundadores (especialmente la “teología irregular” de Lutero mismo) en un nuevo escolasticismo ortodoxo, sea de cuño luterano o calvinista. El proceso dinámico de los inicios se petrificó en el sistema rígido y cerrado. Siglos después el fundamentalismo norteamericano resucitó a ese escolasticismo protestante en una nueva reencarnación histórica.

       Los reformadores anticiparon este peligro, e implantaron en su teología defensas contra esa excesiva institucionalización y sistematización. En parte por factores adversos del siglo XVII, sobre todo el surgimiento del racionalismo escéptico, los sucesores de ellos buscaron una falsa seguridad en la “fortaleza teológica” de su ortodoxia inflexible. Contra eso, los ataques de pensadores como Lessing fueron devastadores. En el siglo XX, volvió a surgir con gran dinámica el principio de ecclesia reformata semper reformanda.

       En ningún momento todas estas libertades deben significar libertinaje, ni en doctrina ni en conducta; eso sería el extremo opuesto del legalismo. Como lo ha expresado el teólogo francés Claude Geffre, necesitamos dogma (doctrina) pero sin dogmatismo, tradición pero sin tradicionalismo, y autoridad sin autoritarismo (La iglesia ante el riesgo de la interpretación, 1983, p.69) y, podemos agregar, instituciones sin institucionalismo.

       ¿Qué nos dicen hoy estos postulados fundamentales de la Reforma? (1) Nos desafían a redescubrir constantemente el significado de las Buenas Nuevas y la fuerza de la libertad evangélica, tan caras para los reformadores. (2) Nos llaman al continuo trabajo de exégesis bíblica, seria, científica, crítica y evangélica, individual y corporativa: sólo en la cuidadosísima interpretación de la Palabra de Dios se hallará la libertad evangélica del Pueblo de Dios y de la teología. (3) Nos llaman a un profundo respeto hacia los demás hermanos y hermanas, al buscar juntos la voluntad del Señor en esa obediencia a la Palabra que es también una sana libertad ante toda palabra humana. En las muy sabias palabras de un antiguo refrán de la Iglesia, “En lo esencial (lo bíblico y evangélico), unidad; en lo no-esencial (opiniones, tradiciones, costumbres), libertad; en todo, caridad”.

Bibliografía

García-Villoslada, Ricardo, Martín Lutero. El fraile hambriento de Dios, vol. I, Madrid, BAC, 1973.

Geffré, Claude, El cristianismo ante el riesgo de la interpretación, Madrid, Cristiandad, 1984.

Wolin, Sheldon S, Política y Perspectiva, Buenos Aries, Amorrortu, 1960.

© Fraternidad Teológica Latinoamericana

Revista electrónica Espacio de Diálogo, (Fraternidad Teológica Latinoamericana), núm. 1, septiembre-diciembre del 2004, www.cenpromex.org.mx/revista_ftl/num_1

* Charla dada en la consulta sobre la Reforma (CIC de Cuba y CLAI) en la Habana, octubre, 2002.

[1] Esto lo reconoció José Martí cuando escribió que “todo hombre libre debe colgar en su muro, como el de un redentor, el retrato de Martín Lutero” (citado por Alfonso Rodríguez en La Nueva Democracia, octubre de 1952).

[2] Karl Barth decía a menudo que las dos palabras más importantes para la fe evangélica son “gracia” (palabra central de toda la teología) y “gratitud” (motivo central de toda la ética), Cf. el inicio de la Confesión de Heidelberg.

[3] Ponemos a un lado las preguntas sobre la historicidad de esta declaración o de su formulación precisa. No cabe duda de que corresponde al momento histórico y expresa la convicción de Lutero.

 

 

 

 

 

¿Cuales son ALGUNAS de las Diferencias de la Iglesia Católica con la Iglesia Evangélica?

No es tan simple como parece

¿Cuáles son algunas de las diferencias de la Iglesia Católica con al Iglesia Evangélica?

Miguel Núñez

 

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

http://www.integridadysabiduria.org

¿Por qué la mujer no debe ser pastora?

¿Por qué la mujer no debe ser pastora?

alimentemos_el_almaAl hablar del ministerio de la mujer en la iglesia, nosotros tenemos que ir no directamente al Nuevo Testamento, sino al Antiguo Testamento, y más específicamente al orden de la creación. Dios hizo al hombre varón y hembra, a su imagen y semejanza; eso quiere decir que Dios tenía la intención de que el hombre lo representara en la Tierra. Nosotros sabemos por las Escrituras que en la Trinidad hay un orden: está Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo. Dios el Hijo voluntariamente se somete a la voluntad del Padre, y eso no lo hace menos Dios, eso no lo hace inferior. Cuando Dios crea la sociedad humana, Él la crea con esa estructura de autoridad y pone al hombre como cabeza.

Cuando hablamos de la mujer como pastora, en 1 Timoteo 2:12, el apóstol Pablo dice claramente que él no permite que la mujer asuma ese papel, precisamente porque estaría violentando ese orden estructural que Dios creó para la sociedad humana, cómo debería funcionar el hogar, cómo debería funcionar la sociedad y cómo debe funcionar la Iglesia. Entonces, en ese sentido la respuesta es que la Biblia claramente enseña que la mujer no debe ministrar en la Iglesia, como pastora. Ahora bien, primero tenemos que remachar el hecho, resaltar el hecho, que eso no hace a la mujer inferior al hombre en el mismo sentido que el Hijo –como decíamos hace un momento– no es inferior al Padre. Eso dice 1 Corintios 11:3, que el Padre es la cabeza del Hijo y el hombre de la mujer. Si hubiera alguna inferioridad en esto, entonces tendríamos que decir que Dios el Hijo es menos Dios que Dios el Padre.

Por otro lado, yo creo que cuando se plantea esta pregunta, generalmente las personas piensan en lo que la mujer no puede hacer. Pero tal vez, deberíamos ser más positivos y preguntarnos cuántas cosas puede hacer la mujer en la Iglesia, porque la mujer tiene un papel importante en la vida y ministerio de la iglesia local. El hecho de que nosotros no permitamos que una mujer sea pastora en la iglesia no quiere decir que la estamos anulando. Cuando personas me preguntan: ¿si una mujer no puede ser pastora, entonces, qué va a hacer en la iglesia? Pues, ¡lo mismo que hacen un montón de hombres que tampoco son pastores! Porque si bien es cierto que Dios llama al hombre a ser pastor, no todos los hombres son pastores, y los hombres también tienen un ministerio que hacer en la iglesia aunque no prediquen. Entonces, en ese sentido Dios le da dones de enseñanza a la mujer, Dios le da dones de liderazgo a la mujer; sin embargo, Dios quiere que lo ejerza en un contexto particular. Nosotros no estamos anulando a la mujer, estamos simplemente colocándola en la posición en la que Dios la coloca.

Muchas personas me dicen: “Pero mira, hay mujeres que predican muy bien”. Y de hecho yo conozco personas que se han convertido al Señor a través de la predicación de pastoras. Y yo no lo dudo. Pero por el hecho de que Dios en su soberanía haga cosas como estas, no quiere decir necesariamente que Él apruebe tal cosa, y yo voy a poner un ejemplo aquí: ¿no ha pasado en iglesias evangélicas que violando claramente el mandato de no unirse a yugo desigual, hay hermanas creyentes que han entrado en una relación con jóvenes inconversos, esos jóvenes han ido a la iglesia y se han convertido? Dios en su Soberanía puede hacer tal cosa, pero nosotros no podemos alentar a las hermanas de la iglesia que hagan esa labor misionera de ir al mundo a buscar novios inconversos para traerlos al Señor. Eso es una misericordia que el Señor hace, de hecho, Dios ha usado aun pastores inconversos para traer a otros a la Salvación. Entonces, en ese sentido, el hecho pragmático de que haya personas que clamen haberse convertido al Señor a través de la predicación de pastoras no anula la clara enseñanza de la Palabra de Dios en textos como 1 Timoteo 2, 1 Corintios 14; de que Dios no le permite a la mujer ejercer ese tipo de ministerio en la Iglesia.

Otros citan Gálatas 3:28, cuando dice que: “En Cristo Jesús, no hay varón ni hembra”, y eso es verdad, en el sentido de que el hombre creyente no tiene más privilegio espirituales que la mujer creyente. Pero vuelvo y repito, ese principio general de unidad en Cristo no anula la clara enseñanza de que la mujer no debe ejercer este ministerio de autoridad en la Iglesia.

https://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/por-que-la-mujer-no-debe-ser-pastora-coalicionresponde