¿Por qué hay tantas denominaciones?

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¿Por qué hay tantas denominaciones?

Si la Iglesia es una sola, ¿por qué hay tantas denominaciones? ¿Pueden haber otras diferencias además de doctrinales? ¿Nos hacen más fuerte como cristianos (porque definen más claramente lo que creemos) o menos fuerte (porque separan a cristianos en diferentes grupos)? En este diálogo, José Mendoza, Carlos Astorga y David Casas conversan sobre el origen de las denominaciones protestantes y lo que significa para la Iglesia hoy.

 

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¡GRACIA ASOMBROSA!

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¡GRACIA ASOMBROSA!

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 Moisés Pinedo

A finales de la década de 1770, John Newton escribió la letra del himno muy popular y amado: “Gracia Asombrosa”. Aunque ahora tenemos una versión en español de este himno, considere la traducción literal de la letra original.

Gracia asombrosa, cuán dulce es,
Que salvó a alguien desdichado como yo.
Una vez estuve perdido, pero ahora he sido encontrado;
Fui ciego, pero ahora puedo ver.

¡Gracia asombrosa! Se ha estado cantando este himno por más de dos siglos, ¿pero realmente entiende el mundo religioso lo que es la gracia de Dios? ¿Lo entendemos nosotros? Tal vez necesitamos renovar nuestro entendimiento en cuanto a la gracia de Dios (cf. Romanos 12:2).

La gracia de Dios es un tema principal en la Biblia, especialmente en el Nuevo Testamento. Esta palabra aparece más de 150 veces en el Nuevo Testamento. Fue una de las palabras favoritas del apóstol Pablo, quien gustó la dulce gracia de Dios (1 Corintios 15:10; 1 Timoteo 1:13) y quien usó esta palabra más de 100 veces—más que todos los otros escritores del Nuevo Testamento en conjunto (Malaty, 1992, p. 12).

Pero a pesar de las referencias bíblicas frecuentes, muchos, incluso en la hermandad, desconocen o malentienden la gracia de Dios. Algunos han tomado el camino del universalismo, y han transformado a la gracia en un bien barato que fomenta las pasiones bajas del hombre (Romanos 6:1). Otros han tomado el camino del legalismo, y han reducido a la gracia a un sistema de leyes que apela al esfuerzo y orgullo humano (Mateo 23). Ambos enfoques son erróneos y eternamente peligrosos.

El hombre puede permitirse malentender la política de un pueblo, las leyes de una nación, las estrategias de los negocios, las complejidades de la ciencia y las recomendaciones médicas, pero no puede permitirse malentender la gracia de Dios. Nadie puede rechazar la gracia, ignorar la gracia, malentender la gracia, y a la vez ser salvo por la gracia. La salvación de cada alma es el resultado benévolo de la sublime gracia de Dios (Efesios 2:8). El cristianismo comienza con la gracia y termina con la gracia. Gozamos de salvación aquí por gracia, y gozaremos de salvación allí por gracia. En un sentido fundamental, toda nuestra existencia—salvación, perseverancia y destino—depende de la gracia de Dios (cf. Hechos 17:28).

LA DEFINICIÓN DE LA GRACIA

En una de mis lecciones a los adolescentes, pregunté a un jovencito: “¿Qué es la gracia?”. Él respondió respetuosamente que “no lo sabía”. La gente llega a entender algunos conceptos teológicos mientras madura, pero tristemente algunos cristianos antiguos nunca dejan el biberón espiritual (1 Pedro 2:2) ni se gradúan de la primaria doctrinal (Hebreos 6:1). Algunos aman su indigencia espiritual, están enamorados de sus leyes y tradiciones, y temen y se ofenden ante la sublime gracia de Dios (cf. Jonás 4). La gracia de Dios les incomoda. Ellos necesitan entender qué es la gracia, pero nosotros también necesitamos pulir nuestro concepto.

Lo que la Gracia No Es

Se debe destruir algunas casas para construir casas nuevas en sus terrenos. De igual manera, se debe destruir algunos conceptos erróneos para dar lugar a los enfoques correctos. Esto se aplica al tema de la gracia. Muchos conceptos necesitan ser arrancados por completo para dar lugar al enfoque bíblico. El enfoque bíblico no puede crecer entre la maleza religiosa moderna; se debe limpiar el panorama religioso para encontrar la verdad bíblica de la gracia.

  • No es un regalo barato. Aunque es gratis (Romanos 3:24), no se debe cometer el error de pensar que sea barata. La gracia costó al cielo su joya más preciosa: Jesucristo. Dios puede conceder gracia al hombre ya que Jesús pagó el precio incalculable de la gracia con Sus lágrimas, sudor y sangre. Este es un regalo inefable (2 Corintios 9:15). Permite la redención del hombre (Romanos 3:24); abre las puertas del cielo (Romanos 6:23); ¿y quién pudiera poner precio al perdón y la vida eterna? Si la gracia no fuera concedida como regalo, el hombre nunca pudiera adquirirla. ¡Una gracia barata no es gracia en absoluto!
  • No es una transacción comercial. El hombre no puede ofrecer nada a Dios a cambio de la gracia (cf. Salmos 50:12). Nuestra propia justicia es como trapo de inmundicia ante Dios (Isaías 64:6). El hijo pródigo que regresaba a su padre tenía una transacción comercial en mente; él serviría a su padre como jornalero a cambio de su aceptación (Lucas 15:18-19). El padre interrumpió su discurso memorizado y le restituyó a su posición de hijo (vss. 21-24). ¿Por qué? Porque el hijo pródigo solamente podía ser restaurado a la comunión de su padre sobre el fundamento de la gracia. Esto también se aplica a nuestra relación con nuestro Padre. ¡Una gracia negociada no es gracia en absoluto!
  • No es un derecho humano. Al hombre le gusta demandar sus derechos, pero si a algo no tiene derecho en absoluto es a la gracia de Dios. Como un criminal sentenciado a muerte, el hombre incluso no puede demandar misericordia. El fariseo en la parábola de Jesús sentía que Dios le debía Su gracia a causa de sus buenas obras, pero regresó a casa sin recibir justificación (Lucas 18:9-14). Los obreros contratados temprano en la mañana murmuraron, sintiendo que el padre les debía su gracia, pero ellos terminaron siendo arrojados de la presencia del padre (Mateo 20:1-16). ¡Una gracia que se debe no es gracia en absoluto (Romanos 4:4)!

Lo que la Gracia Es

  • Es un concepto sublime. “Gracia” viene del griego caris, que hace referencia a “aquello que otorga u ocasiona placer, delicia o causa una actitud favorable” (Vine, 1999, 2:399). Se aplica a la belleza de la personalidad (Lucas 2:40), al favor divino (Hechos 14:26), al gozo, placer o gratitud del receptor (Romanos 6:17), y a la dispensación cristiana (Juan 1:17) [cf. Vine, 2:399]. La gracia es algo hermoso, algo sublime.

Generalmente se ha definido “gracia” como el “regalo inmerecido de Dios para el hombre pecador” (cf. Falk, 2009, 4[2]:5). Aunque este concepto es correcto, no penetra adecuadamente las profundidades de la gracia. En el contexto teológico, la gracia no es simplemente algo que no se merece, sino es lo opuesto de lo que el hombre merece. Si un criminal es castigado por su crimen, entonces habrá recibido justicia; si no es castigado por su crimen, entonces habrá recibido misericordia; y si no es castigado por su crimen pero es promovido a una posición de honor, entonces habrá recibido gracia—lo opuesto que merece.

Algunas décadas atrás, en un campo universitario cristiano, unos jóvenes estaban jugando con botellas de Coca Cola® en un pasillo solitario. Ellos estaban usando fuego para lanzar las botellas a velocidades muy rápidas. Repentinamente un jovencito cruzó el pasillo justo cuando una de esas botellas era lanzada como si fuera un proyectil. El jovencito cayó al suelo y fue llevado de emergencia al hospital, pero murió en la noche debido a la hemorragia. El joven que había lanzado la botella se sentía terriblemente, pero debía pagar su castigo. Antes de presentarse a la corte, se le dijo que los padres querían hablar con él. El joven estaba muy nervioso. El padre se acercó a él, y con voz grave le dijo: “Sabemos que no fue tu intención matar a nuestro hijo, y que no lo hubieras hecho por nada en el mundo. También sabemos algo más: que tu familia te repudió cuando decidiste llegar al cristianismo, así que ahora no tienes padre ni madre. Mi esposa y yo hemos hablado de esto, y queremos que te quedes con nosotros y que seas nuestro hijo” (en Clarke, 2014).

Cuando la gracia de Dios es aplicada a nosotros, no solamente se nos permite vivir, sino se nos otorga vida abundante (Juan 10:10); no solamente se retira nuestras maldiciones, sino se nos concede todas las bendiciones en Cristo Jesús (Efesios 1:3); y no solamente se arranca el infierno de nuestro camino, sino se nos abre ampliamente las puertas del cielo (Mateo 25:34-40). ¡Eso es gracia!

  • Es el fundamento de la redención. Nosotros cometemos un error si reducimos el plan de salvación solamente a cinco pasos basados en la obediencia humana. El plan de salvación de Dios comienza con la gracia de Dios y depende de tal gracia. Sin la gracia de Dios, no importaría cuánto alguien escuchara (Romanos 10:17), cuánta fe tuviera (Hebreos 11:6), cuán arrepentido estuviera (2 Corintios 7:10), cuánto confesara (Romanos 10:9-10), cuántas veces se bautizara (1 Pedro 3:21) o cuán fiel fuera (Apocalipsis 2:10). Es cierto que todo esto es esencial para la salvación del hombre, pero todo esto solamente tiene significado en vista de que Dios ha extendido Su gracia a través del sacrificio de Su Hijo Jesucristo (Romanos 3:24). Ya que Dios ha dado el primer paso en la redención del hombre (Romanos 5:8-10), entonces el hombre puede recibir la respuesta a la pregunta bíblica: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” (Hechos 16:30; cf. 2:37; 9:6). Debemos decir a los hombres lo que Dios ha hecho, antes de decirles lo que ellos deben hacer. Un Dios que Se despoja del trono celestial y Se hace hombre, que siente, suda y sangra en una cruz cruel, es el fundamento de la redención del hombre. ¡Eso es gracia!
  • Es lo mejor del favor divino. Si al hombre se le concediera la oportunidad de demandar algo de Dios, ¿qué cosa mayor podría demandar que a Dios mismo en sacrificio por su propia alma? ¿Qué cosa mayor podría demandar que los beneficios espirituales y eternos de Dios? Pablo rogó por el alivio de un aguijón en la carne (2 Corintios 12:8), pero Dios le hizo recordar que Su gracia era suficiente para él (vs. 9). En términos muy reales, la gracia es el producto de lo mejor que Dios tiene para ofrecer al hombre. Como Dan Winkler ha sugerido, esta gracia tiene tres componentes sublimes: (1) La misericordia de Dios, que se relaciona a los sentimientos de Dios con el hombre; (2) el amor de Dios, que se relaciona a los sentimientos de Dios por el hombre; y (3) la bondad de Dios, que se relaciona a los sentimientos de Dios hacia el hombre (cf. Efesios 2:4-8; Tito 3:4-7) [Winkler, 2014]. ¿Qué más pudiera demandar el hombre que la misericordia, el amor y la bondad de Dios en acción a favor suyo? ¡Eso es gracia!

LAS IMPLICACIONES DE LA GRACIA

El entendimiento del concepto de la gracia nos guía a implicaciones necesarias; tales implicaciones están plasmadas de manera hermosa en varios pasajes de la Palabra de Dios. ¿Qué implica la gracia asombrosa de Dios?

  • Necesidad humana y poder divino. El pecado “es infracción de la ley” de Dios (1 Juan 3:4). Significa “errar el blanco” (Vine, 1999, 2:640)—como cuando un arquero no da en el centro de su objetivo. Desde que el primer “arquero” lanzó la primera saeta y falló miserablemente (Génesis 3:6), todos los demás que le han seguido no han tenido una mejor puntería (Salmos 53:3; Romanos 3:23). “[L]a paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23); y ya que el hombre no puede salvarse a sí mismo, entonces se encuentra en necesidad espiritual de salvación—sea que lo reconozca o no. El pecado es el problema fundamental y constante más real que atormenta a cada persona responsable, a cada género humano, a cada raza mundial y a cada generación nueva. Por ende, la gracia salvadora de Dios a través de Jesucristo es una necesidad universal.

A la vez, la gracia también implica que Dios tiene el poder suficiente de borrar el pecado y proveer salvación al hombre. Como un escritor ha señalado, “Jesús compró lo que yo no podía comprar; hizo lo que yo no podía hacer. No hay pecado demasiado fuerte que Su sangre no pueda limpiar; no hay pecador tan malo que Cristo no puede perdonar; no hay cristiano demasiado bueno que Cristo no pueda mejorar” (Hodge, 1984, p. 9). Cuando los discípulos perplejos preguntaron, “¿Quién, pues, podrá ser salvo?” (Mateo 19:25), Jesús les respondió: “Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible” (vs. 26). El poder de Dios hace posible lo que es imposible que el hombre haga con su propio poder.

  • Salvación universal y profunda. Dios siempre ha tenido solo un plan de salvación; no hay plan “B”. Esta salvación se basa en la gracia de Dios por los méritos de Su Hijo Jesucristo. Esta salvación se extiende y está disponible universalmente. Desde la generación de Adán (cf. Génesis 6:8) hasta la última generación a la Segunda Venida de Cristo, cada alma que goza del beneficio de la salvación lo hace según el fundamento de la gracia. Si la gracia no puede extender sus “brazos de salvación” para alcanzar a los que vivieron antes de la cruz, entonces tampoco puede alcanzar a los que vivimos años después de la cruz (cf. Efesios 2:11-22; Hebreos 9:12,15).

Pero la universalidad de la gracia no se extiende solamente al tiempo y la raza, sino también a los “niveles”. Independientemente de la naturaleza y las consecuencias atroces del pecado, todo pecador puede tener acceso a la gracia; ¡Cristo murió por todos (2 Corintios 5:14-15; 1 Timoteo 2:6)!

Jeffrey Dahmer se convirtió en uno de los criminales más notorios del siglo pasado. A sus 30 años, ya había violado, matado y desmembrado a algo de 17 hombres y jovencitos. Sus crímenes macabros incluían la necrofilia y el canibalismo. En 1992, Dahmer (con solamente 31 años) fue sentenciado a 16 cadenas perpetuas consecutivas. ¿Merecía este criminal sádico la gracia de Dios? No—así como ninguno de nosotros. ¿Pero podía la gracia de Dios extenderse a tal hombre perverso (cf. Mateo 21:31-32; Juan 8:3-11)?

Después de una entrevista en que Dahmer comentó su necesidad de paz interior, un miembro de la iglesia de Cristo le envió un curso bíblico por correspondencia. Luego se contactó a Roy Ratcliff, predicador de una iglesia de Cristo en Madison, Wisconsin, quien con temor aceptó visitar a Dahmer quien había requerido ser bautizado en Cristo. En mayo de 1994, Dahmer obedeció al Evangelio, y en noviembre de ese mismo año, fue asesinado por otro recluso (Ross, 2010). Ratcliff presidió el funeral de Dahmer (a quien llegó a considerar como “su amigo”), y mencionó estas palabras:

Jeff [Dahmer] me confesó su remordimiento profundo por sus crímenes. Deseaba poder hacer algo por las familias de sus víctimas para enmendar su error, pero no había nada que podía hacer. Acudió a Dios ya que no había nadie más a quien acudir, pero mostró gran valor al atreverse a preguntar: “¿Es el cielo también para mí?”. Pienso que mucha gente se siente indignada ya que él preguntó eso. Pero él se atrevió a preguntar, y se atrevió a creer en la respuesta (Ratcliff y Adams, 2006, p. 148).

  • Buenas nuevas, no solamente verdad. La palabra griega para “gracia” (caris) se relaciona al imperativo cairo (gozarse), que era una forma de saludo entre los griegos (Vine, 1999, 2:399). Esto también es lo que la gracia de Dios implica: gozo. La gracia de Dios es buenas nuevas para el hombre pecador. Cuando la salvación llegó al mundo en la forma de un Bebé judío, el ángel del Señor anunció a los pastores: “No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:10-11).

Alguien puede enseñar la verdad y todavía fracasar en enseñar las Buenas Nuevas. El Evangelio es más que solamente verdad. Es verdad que el cáncer es un mal terrible, que produce dolor y sufrimiento intenso, y que puede guiar a la muerte prematura. Sin importar cuánto esto sea cierto y cuánto se lo enseñe, esto no es buenas nuevas. ¡Buenas nuevas es que hay cura para el cáncer! Las malas nuevas es que el hombre es pecador y está condenado por su pecado; esta es una verdad que se debe predicar, pero también se debe predicar las buenas nuevas de que el Salvador en la cruz es la esperanza del hombre.

En su libro, ¿Qué Es tan Asombroso en cuanto a la Gracia?, Philip Yancey relató la experiencia de un amigo suyo. Una mujer prostituta llegó donde él, en una situación terrible, sin hogar, enferma e incapaz de comprar comida para su hija de dos años. ¡Ella incluso había usado a su hija! La mujer tenía problemas con drogas, y estaba avergonzada de su vida. El hombre casi no podía soportar escuchar a la mujer. Al final, le preguntó si había pensando en visitar a la iglesia en busca de ayuda. La mujer le miró con sorpresa ingenua y lloró: “¡La iglesia! ¿Por qué iría allí? Yo ya me siento terriblemente conmigo misma. Ellos me harán sentir peor” (Yancey, 1997).

La predicación carente de buenas nuevas produce frustración, resentimiento y desesperación; la predicación que enfatiza la gracia de Dios, las buenas nuevas de salvación para el hombre, produce aceptación, consuelo y esperanza (cf. Lucas 7:36-50).

LAS DEMANDAS DE LA GRACIA

La gracia de Dios es hermosa, gratuita y profunda, pero no es incondicional. Hay requerimientos que el hombre debe cumplir para acceder a tal gracia; hay demandas solemnes de la gracia solemne. ¿Qué demanda la gracia?

  • Rendimiento y confianza total. Algunos escritores religiosos han sugerido que la peor maldad es llamar “pecadora” a la gente; según ellos, esto no es bueno para su autoestima (e.g., Schuller, 1982). ¡Tales escritores necesitan leer sus Biblias en vez de ver la televisión (cf. Romanos 3:23)! Los pecadores con corazones contritos y penitentes pueden encontrar consuelo en la gracia de Dios, pero aquellos que minimizan, ignoran o aman sus pecados deben ser confrontados con la realidad de que son pecadores (Lucas 18:9-14). Deben reconocer que son pecadores y que tienen necesidad de la gracia para que puedan apreciar la gracia en un nivel práctico. Alguien con cáncer debe reconocer que está enfermo para poder recibir ayuda médica. Si el hombre no es pecador, ¡entonces la gracia no es gracia! “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. [Jesús no vino] a llamar a justos, sino a pecadores” (Marcos 2:17).

La sublime gracia de Dios demanda que el hombre se arme de humildad para reconocer su indigencia espiritual (cf. Mateo 5:3). Simone Weil, filósofa francesa, declaró: “Los pródigos—quienes agotan todo su esfuerzo en seguir lo que les parece bueno, y quienes después de haber fallado, se dan cuenta de su impotencia completa—son aquellos que extrañan la casa de su Padre. Si el hijo hubiera tenido buena economía, entonces no hubiera pensado en regresar” (en Allen, 2006, p. 71; cf. Lucas 15:11-32).

La necesidad y la humildad no fueron los únicos factores que guiaron a la conversión del hijo pródigo, sino también la confianza de que su padre podía proveer aceptación y sustento. Tal confianza fue imperfecta al comienzo; el hijo pensó en hacer un acuerdo con su padre en vez de darle todo el control de su vida (Lucas 15:19); pero finalmente sometió su confianza completa a la gracia de su padre. La gracia de Dios no demanda logro humano, sino dependencia humana.

  • Responsabilidad y fidelidad. El calvinismo enseña que los “elegidos” no pueden resistir (rechazar) la gracia de Dios; supuestamente Dios produce fe en ellos a tal punto que no pueden evitar obedecer al llamado de Su gracia y permanecer en esa gracia. Por otra parte, aquellos a quienes Dios no ha elegido no pueden hacer nada para acceder a la gracia de Dios. Según la teología calvinista, debido a Su soberanía, “Dios escoge a algunos para la esperanza de vida, y condena a otros a la muerte eterna” (Bettenson, 1947, p. 302).

El calvinismo es una perversión de la gracia (Gálatas 1:6-9; cf. Tito 2:11); la gracia de Dios es insuperable, pero no es irresistible. El hombre puede recibir en vano la gracia (2 Corintios 6:1), desechar la gracia (Gálatas 2:21), caer de la gracia (Gálatas 5:4), afrentar a la gracia (Hebreos 10:29) y pervertir a la gracia (Judas 4). La gracia de Dios no anula la responsabilidad humana. Como Frank Chesser ha escrito,

la recepción del hombre de los regalos de Dios no es la obra de la gracia solamente. El hombre debe cooperar con Dios para beneficiarse de las provisiones de la gracia. Este principio se aplica a los asuntos físicos y materiales… En cuanto a los asuntos espirituales…, la gracia no excluye la obediencia a la fe (Ro. 16:26). Dios no puede manifestar gracia al salvar a aquellos que rechazan o descuidan someterse a Su voluntad (2001, p. 34).

Hay dos extremos erróneos en cuanto a la salvación: (1) El hombre puede ganar o merecer su salvación. (2) El hombre no tiene nada que ver con su salvación. Sin embargo, la gracia de Dios demanda responsabilidad y fidelidad (Marcos 16:16; Apocalipsis 2:10). El hombre debe recibir la gracia (Romanos 1:5), perseverar en la gracia (Hechos 13:43), esforzarse en la gracia (2 Timoteo 2:1), esperar en la gracia (1 Pedro 1:13) y crecer en la gracia (2 Pedro 3:18).

  • Crecimiento y gratitud. El joven Jesús “creció en gracia” (Lucas 2:40,52); todos los seguidores de Jesús también deben hacerlo (2 Pedro 3:18). El trabajo de la gracia no termina en el bautismo, como tampoco nuestra aceptación y sumisión a esa gracia. La gracia que salva a los pecadores es la misma gracia que preserva y desarrolla a los santos (Hechos 13:43; Colosenses 4:18). El despiadado Saulo de Tarso necesitó la gracia de Dios (Gálatas 1:15; 1 Timoteo 1:13), pero también el gran apóstol de los gentiles (Gálatas 2:21; 1 Corintios 15:10); los predicadores jóvenes fieles como Timoteo (1 Timoteo 1:2; 6:21; 2 Timoteo 2:1) y Tito (1:4; 3:15) necesitaron la gracia de Dios; el piadoso Filemón necesitó la gracia de Dios (vss. 3,25); todos los cristianos del primer siglo necesitaron la gracia (Hebreos 4:16; 12:15; 13:25; 2 Juan 3). ¡La gracia también es para los cristianos!

La gracia demanda crecimiento en los varios aspectos del cristianismo. Demanda crecimiento en santidad. “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” (Romanos 6:1-2). Ya que la gracia enseña (Tito 2:11-12), entonces demanda desarrollo en conocimiento. Ya que Dios da gracia generosamente, demanda más gracia (cf. Santiago 4:6); tal gracia debe ser extendida a otros por medio de las Buenas Nuevas y las buenas obras (Mateo 10:8; 2 Corintios 9:8). Y ya que tiene una naturaleza inefable, demanda gratitud profunda (2 Corintios 9:12-15).

LOS FRUTOS DE LA GRACIA

Ya que es un “árbol” cuyas raíces profundas están arraigadas en la misericordia, el amor y la bondad de Dios, la gracia produce efectos benévolos en las vidas de aquellos que comen de sus frutos. ¿Qué produce la gracia?

  • Paz y seguridad completa. La gracia de Dios manifestada en el sacrificio de Cristo produce paz entre el hombre y Dios (Romanos 5:1), entre el hombre y su prójimo (Efesios 2:13-16), y entre el hombre y sí mismo (Colosenses 1:20-22). Produce paz ya que su fuente es “el Dios de paz” (Romanos 15:33; Filipenses 4:9), es el régimen del “Príncipe de Paz” (Isaías 9:6), es el anuncio del “evangelio de la paz” (Efesios 6:15), y es una característica distinguible de los hijos de paz (Mateo 5:9).

El saludo favorito del apóstol Pablo fue “Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo” (Romanos 1:7; 1 Corintios 1:3; et.al.). Un aspecto interesante de este saludo es que nunca se encuentra en orden inverso. ¿Por qué? Porque solamente la gracia del Padre puede producir paz verdadera a través del sacrificio del Hijo. Los creyentes perdonados no necesitan temer ya que “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:1). No necesitan afanarse ya que “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7). No necesitan afligirse ya que el “Dios de toda consolación…nos consuela en todas nuestras tribulaciones” (2 Corintios 1:3-4). Y no necesitan desesperarse ya que “queda un reposo para el pueblo de Dios” (Hebreos 4:9). Como Jesús dijo repetidamente, “Paz a vosotros” (Juan 20:19,21).

La gracia también genera seguridad completa. Gracias a la misericordia, el amor y la bondad de Dios, y el sacrificio perfecto de nuestro Señor Jesucristo, el hombre puede tener seguridad completa de salvación al acceder a tal gracia. Como un escritor ha señalado, ¡la doctrina de “‘Una vez salvo, siempre salvo’ es errónea! Pero ¡‘Una vez salvo, a penas salvo’ es igualmente errónea! La seguridad eterna es errónea, pero la inseguridad eterna es igualmente errónea” (Hodge, 1984, p. 18). Los pecadores del primer siglo fueron amonestados a ser “salvos” (Hechos 2:40); los cristianos del primer siglo pudieron saber que eran salvos (1 Corintios 15:2). Otra vez, tal seguridad no se basa en los méritos humanos, sino en los méritos del Hijo de Dios en la cruz. La obediencia es eternamente esencial, pero solamente a la luz de lo que Jesús hizo en el Calvario (Efesios 2:8).

  • Reflexión y cambio. Solamente el entendimiento adecuado de la gracia de Dios puede generar reflexión y cambio adecuado. Si se enseña que el cristiano no puede caer de la gracia (cf. Gálatas 5:4), entonces el cristianismo llegará a lucir como el mundo al cual no le importa la gracia. Pablo sometió su vida completa a la gracia de Dios con el fin de no ser eliminado (1 Corintios 9:27). Su entendimiento profundo de la gracia que había recibido le guió a esforzarse bajo la gracia. Él trabajó más que muchos, pero tal trabajo fue la obra de la gracia a través de él (1 Corintios 15:10).

Aquí está el punto: ¿Genera la gracia de Dios reflexión y cambio independientemente de la responsabilidad y esfuerzo humano? Desde luego que no. ¿Pero puede la responsabilidad y esfuerzo humano renovar la mente y el corazón independientemente de la gracia de Dios? ¡Absolutamente no! Si el hombre pudiera llegar a ser un cristiano verdadero por medio de su propio esfuerzo, entonces la muerte de Cristo hubiera sido en vano (Gálatas 2:21). El cristianismo se trata de dependencia, sumisión y confianza en Dios (Filipenses 4:13). Obedecemos los mandamientos de Dios porque es parte de nuestra sumisión a la gracia, no porque nuestra obediencia sea el fundamento de la gracia. Nuestra fe es en Dios, no en nuestra propia fe.

¿Qué puede lograr el hombre con su propio poder a favor de Dios? Lo mejor que Caín pudo ofrecer a Dios por sus propios recursos fue una ofrenda vana (Génesis 4:5). Lo mejor que Abraham pudo ofrecer a Dios por sus propios recursos fue el hijo de una esclava (Génesis 16). Lo mejor que Moisés pudo ofrecer a Dios por sus propios recursos fue sangre en manos de un homicida (Éxodo 2:11-12). Lo mejor que Saúl pudo ofrecer a Dios por sus propios recursos fue holocaustos y víctimas producto de la rebelión humana (1 Samuel 15:22-23). Lo mejor que Pedro pudo ofrecer a Dios por sus propios recursos fue una noche de negación (Mateo 26:31-35,69-75). Y lo mejor que Saulo pudo ofrecer a Dios por sus propios recursos fue una ola de persecución y violencia contra la iglesia del Señor (Hechos 26:9-11).

¿Pero qué puede lograr Dios a través del corazón sumiso y obediente del hombre (cf. Hechos 14:27; 15:4)? Dios puede presentar ofrenda agradable (Génesis 4:4); puede dar fuerza al vientre estéril para dar a luz al hijo de la promesa (Hebreos 11:11); puede transformar a un homicida en el hombre más manso de la tierra (Números 12:3); puede generar obediencia y atención solemne (1 Samuel 15:22,33); puede producir denuedo y valor asombroso (Hechos 4:13); y puede convertir al más vil perseguidor de la iglesia en su más grande promotor (1 Corintios 15:10).

  • Fortaleza y esperanza. Al diablo no le asusta el poder del hombre en la mano del hombre (cf. Hechos 19:13-16), pero él huye del poder de Dios en la mano del hombre (Santiago 4:7). A Dios no Le impresiona lo que el hombre puede hacer con su propia fuerza, pero anhela ver lo que el hombre puede hacer con el poder del Cielo. Los 32,000 soldados israelitas bajo el mando de Gedeón eran demasiados como para depender del poder de Dios; Dios prefirió usar a un grupo de solamente 300 soldados para destruir a un ejército tan numeroso como la arena de la ribera del mar (Jueces 7). Saúl era demasiado alto y fuerte como para confiar en Dios (1 Samuel 9:2); Dios prefirió usar a un joven sin experiencia en guerra para matar a un gigante de algo de 10 pies de altura (1 Samuel 17). Los líderes religiosos judíos eran demasiado venerables como para aceptar los designios de Dios (Lucas 7:30); Dios prefirió usar a pescadores humildes para evangelizar al mundo entero (Mateo 4:18).

Pablo no llegó a ser un gran evangelista porque era un gran hombre, sino porque tenía un gran Dios. Dios le enseñó que Su poder “se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9). Cuando el hombre reconoce que es débil e impotente por sí mismo y se somete a la voluntad de Dios, el poder de Dios puede operar a través de tal hombre. Pablo aprendió esta verdad: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). Por sus propios recursos y fuerzas, el hombre no está capacitado para salvarse, asistir en la salvación de otros, liderar a la iglesia y su familia, crecer espiritualmente y fortalecer a otros, pasar las pruebas y tentaciones, y encontrar su camino al cielo y permanecer en él. Pero las Buenas Nuevas es que Dios no ha requerido que el hombre haga eso por sí mismo; el cristianismo no es un asunto de logro personal, sino de sumisión a Dios; no es un asunto de perfección infalible, sino de fidelidad.

Ya que la gracia de Dios acompaña al hombre en su camino de obediencia antes y durante el cristianismo, entonces podemos tener esperanza (cf. 1 Juan 1:7-9). Si nuestra salvación presente y futura se basara fundamentalmente en nuestra ejecución, entonces nadie pudiera alcanzar el cielo; siempre hay algo que el hombre no conoce o no ha hecho. Solamente Jesús puede guiarnos al cielo ya que Él descendió del cielo (Juan 6:51), conoce el camino al cielo y es el camino al cielo (Juan 14:6). Pablo aprendió esto y declaró: “[Y]o sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Timoteo 1:12). La gracia de Dios nos permite entrar en comunión espiritual con Dios en esta tierra, y nos permite entrar en comunión eterna con Dios en el más allá. Como Peter Forsyth declaró, “[e]l cristianismo no es el sacrificio que hacemos, sino el sacrificio que confiamos; no es la victoria que ganamos, sino la victoria que heredamos” (en Bloesch, 1988, p. 8).

CONCLUSIÓN

La gracia de Dios; ¡qué concepto tan asombroso, sublime y hermoso! Después de estudiar la gracia por medio de las Escrituras, el hombre solamente puede conmoverse ante su profundidad. La gracia de Dios fuera un concepto increíble si no se lo pudiera leer en el Libro de Aquel que la concede. Pero la gracia no es un concepto demasiado bueno para ser cierto; realmente es un concepto demasiado bueno para no ser cierto. La gracia es lo que nadie puede ganar, merecer o comprar, pero es lo que todos necesitan y pueden acceder por los méritos de Cristo.

El hombre que se somete a la gracia llega a tener acceso a un regalo que nunca deja de recibir—ya que tal regalo se basa en la naturaleza eterna del Dios de amor (1 Juan 4:8). La fe llegará a su fin cuando veamos el rostro de Dios; la esperanza será satisfecha cuando recibamos la herencia; pero incluso en el cielo todavía seremos beneficiaros de la gracia eterna de Dios. Desde la primera gota de rocío que cayó sobre la tierra en el principio hasta el gozo que disfrutaremos en la morada eterna, todo es un regalo “del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17).

Un regalo tan valioso como la gracia también demanda responsabilidades nobles. Se debe oír a la gracia, aprender de la gracia, obedecer a la gracia, amar a la gracia, predicar a la gracia y vivir según la gracia. Por otra parte, es una desgracia de proporciones eternas no recibir la gracia. ¿Qué hará usted con la gracia asombrosa de Dios?

Referencias

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El Origen y la Caída de Satanás

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El Origen y la Caída de Satanás

Por Gil Rugh

¿Quién es Satanás? Vivimos en una época cuando muchas personas tienen ideas diferentes acerca de quien es Satanás en realidad. Algunos creen que él es una figura mitológica y no un ser real y personal. Otros, aunque creen que existe, no se preocupan demasiado acerca de él y viven como si no existiese. Para muchos, la idea de Satanás evoca imágenes de un ser rojo con dos cuernos en la cabeza, una cola y un tridente en la mano, y no un ser que necesita ser tomado en serio.

La Biblia, sin embargo, presenta una imagen muy diferente del ser conocido como Satanás. La Biblia presenta a Satanás como un ser real, de gran alcance que se opone activamente a Dios y Sus planes. Esta oposición se extiende también a aquellos que pertenecen a Dios. Es por eso que Pedro advierte a los cristianos: “Sed de espíritu sobrio, estad alerta. Vuestro adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar.” (1 Pedro 5:8).

Como cristianos, debemos tener una comprensión correcta y bíblica de la persona y la obra de Satanás. En este folleto vamos a examinar lo que la Biblia tiene que decir sobre el origen, la caída, la actividad actual y futuro destino de Satanás. Cuanto más comprendamos lo que la Biblia tiene que decir sobre este enemigo de Dios, tanto más seremos capaces de mantenernos firme en su contra.

EL ORIGEN DE SATANÁS

El primer relato de Satanás (Génesis 3)

Génesis 3 es el primer texto que nos introduce en el ser conocido como Satanás, aunque no es específicamente llamado por ese nombre. En este capítulo, que describe la caída del hombre, Satanás, por medio de la serpiente, engañó a Eva para comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Comer del árbol era una violación directa de lo que Dios había mandado antes. Adán pronto siguió a su mujer en su rebelión contra Dios, y se produjo la caída del hombre. En este primer relato bíblico con la participación de Satanás, no se nos da ninguna experiencia en la formación con respecto a él. No sabemos los detalles de su creación o cómo se convirtió en un ser caído. Él solo está ahí.

Es obvio, sin embargo, que en el momento de Génesis 3, la creación y la caída de Satanás ya había ocurrido. Como veremos, Satanás fue creado como todos los otros ángeles asi que no es eterno. El fue creado en algún momento por Dios. Muchos maestros de la Biblia creen que la creación de Satanás y los ángeles se llevó a cabo a principios del primer día de la creación tal como se describe en Génesis 1. Job 38:4-7, por ejemplo, indica que los ángeles “se regocijaban” en la creación de la tierra. Por lo tanto, los ángeles, incluyendo a Satanás, fueron creadas probablemente justo antes de la creación de la tierra.

Otra razón para creer que los ángeles fueron creados a principios de la primera semana de la creación implica la relación de los ángeles a la humanidad. La Escritura nos dice que el papel de los ángeles está vinculado a la humanidad. Hebreos 1:14 dice que los ángeles son “¿No son todos ellos espíritus ministradores, enviados para servir por causa de los que heredarán la salvación?” Puesto que el propósito de los ángeles es la de “prestar un servicio” a la humanidad, es posible que la creación de los ángeles se llevó a cabo en relación con la creación del hombre, tal vez en la misma semana. La Escritura no es definitiva sobre esta cuestión, pero los dos pasajes mencionados sugieren que la creación de Satanás y los otros ángeles se llevó a cabo temprano en la primera semana de la creación.

La razón de la caída de Satanás (Isaías 14:12-15)

Satanás fue creado por Dios. Pero en algún momento después de su creación se rebeló contra Dios. ¿Cómo sucedió esto? Hay dos pasajes en la Biblia que parecen abordar esta cuestión: Isaías 14:12-15 y Ezequiel 28:12-19. Vamos a ver primero el pasaje de Isaías:

“¡Cómo has caído del cielo, oh lucero de la mañana, hijo de la aurora! Has sido derribado por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Pero tú dijiste en tu corazón: “Subiré al cielo, por encima de las estrellas de Dios levantaré mi trono, y me sentaré en el monte de la asamblea, en el extremo norte.” Subiré sobre las alturas de las nubes, me haré semejante al Altísimo.” Sin embargo, has sido derribado al Seol, a lo más remoto del abismo. (Isaías 14:12-15).

El contexto inmediato de este pasaje es un discurso que el profeta Isaías hace al hombre “rey de Babilonia” (14:4). Hay buenas razones para creer, sin embargo, que Isaías va más allá del rey literal de Babilonia al poder real espiritual que motiva su rey terrenal –es decir, Satanás. Satanás, creo, está tratando en la persona de este rey de la tierra. ¿Por qué esta conclusión? Las declaraciones dentro de esta sección de Isaías parecen ir más allá de lo que podría ser el caso de un rey humano. Por ejemplo, el versículo 12 dice: “¡Cómo has caído del cielo, oh lucero de la mañana, hijo de la aurora! Has sido derribado por tierra, tú que debilitabas a las naciones. ” El ser que se describe aquí, obviamente, tenía una posición muy elevada en el “cielo”. Esta descripción encajaría mejor en un ser espiritual, tal como Satanás que en un rey terrenal.

Que Dios se refiere a Satanás a través de otra persona que no tiene precedentes bíblicos. Hay otros ejemplos en la Biblia donde Dios habla a Satanás por medio de alguien o algo más. En Génesis 3:15, al pronunciar los juicios relacionados con la Caída, Dios le habló a Satanás por medio de la serpiente.. Otro ejemplo es Mateo 16, en la que Pedro discutió con Jesús acerca de su inminente sufrimiento y Jesús le dijo: “Apártate de mí, Satanás!” (v. 23). En este relato, Pedro fue utilizado como un instrumento de Satanás para frustrar los propósitos de Dios, y Jesús le habló a la fuente real (Satanás) detrás de un comentario de Pedro.

Isaías 14:13-14 da más información sobre la caída de Satanás del cielo. En cinco declaraciones “yo”, se revela lo que condujo a su caída:

1) “Subiré al cielo” (13a). Satanás desea la misma autoridad y reconocimiento con el Dios de los cielos.

2) “Yo levantaré mi trono por encima de las estrellas de Dios” (13b). Las “estrellas de Dios” se refieren a los ángeles. Los ángeles fueron creados para servir a Dios. Satanás, sin embargo, quería esta autoridad para sí mismo. Él quiso usurpar la autoridad de Dios sobre los ángeles.

3) “Me sentaré en el monte de la asamblea” (13c). Satanás quería derrocar el gobierno real de Dios sobre el universo.

4) “Subiré sobre las alturas de las nubes” (14 bis). Las “nubes” se han asociado con la gloria de Dios en la Escritura. Satanás deseaba tener la gloria que le pertenecía sólo a Dios.

5) “Me haré semejante al Altísimo” (14b). Esto resume lo que el pecado de Satanás fue. Satanás quería ser como Dios, con toda la gloria, el honor y el poder que viene con ser Dios.

Vemos en estos cinco “haré” que el pecado de Satanás fue el orgullo. Él quería ser como Dios y tomar el lugar de Dios. El pasaje siguiente, Ezequiel 28:12-19, nos dice más sobre la caída de Satanás.

La Condición original de Satanás (Ezequiel 28:12-19)

“12 Hijo de hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho Jehová el Señor: Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura. 13 En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación. 14 Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. 15 Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. 16 A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector. 17 Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti. 18 Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones profanaste tu santuario; yo, pues, saqué fuego de en medio de ti, el cual te consumió, y te puse en ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que te miran. 19 Todos los que te conocieron de entre los pueblos se maravillarán sobre ti; espanto serás, y para siempre dejarás de ser.”

Este texto, al igual que Isaías 14, también se dirige a un rey terrenal-el rey de Tiro (v. 12). Y, como en Isaías 14, hay un lenguaje en este texto que va más allá de un rey físico hasta el verdadero poder detrás de este gobernante, Satanás.

Los versículos 12-13a afirman: “Acabado de hermosura. En Edén, en el huerto de Dios estuviste.” Esta descripción muestra claramente que hemos ido más allá de un rey terrenal aquí. Ningún gobernante humano se puede decir que sea perfecto o “lleno de sabiduría y acabado de hermosura.” Tampoco fue el rey terrenal de Tiro estaba en el “Edén, el jardín de Dios.” Todo esto, sin embargo, podría ser cierto de Satanás. Satanás, entonces, es el unico en mente en este pasaje.

El versículo 14 nos dice que Satanás era el “querubín grande, protector.” Querubines (plural de “querubín”) eran ángeles de alto rango asociados con la presencia y la gloria de Dios. En el Antiguo Testamento, los Querubines, en forma de imágenes de oro, se colocaron sobre el propiciatorio que estaba sentado en el Arca del Pacto. El Propiciatorio y el Arca de la Alianza se mantuvieron en el Lugar Santísimo en el tabernáculo, donde la presencia de Dios residía. Los querubines se asociaron con la gloria de Dios que el escritor de Hebreos se refirió a ellos como “los querubines de gloria” (Hebreos 9:5). Satanás, siendo un querubín, estaba, por tanto, asociado a la gloria de Dios. Que él era el querubín “ungido” muestra que alguna vez tuvo una posición especial entre los otros querubines. El fue una vez el jefe de los querubines.

El versículo 15 dice: “Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad.” El ángel que ahora conocemos como Satanás no fue creado malvado. El solía ser intachable en sus caminos, y fue creado perfecto, con sabiduría y belleza. Esta perfección, sin embargo, duró hasta que se halló iniquidad en él. En algún punto Satanás, llegó a oponerse a Dios. También vemos en este versículo que Satanás fue creado. Tan poderoso como Satanás es, no es eterno como Dios.

El versículo 16 revela más sobre el carácter de Satanás: “fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios.” El versículo 17 también dice: “Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor.” Esto se ajusta a los cinco verbos en primera persona que se mencionan en Isaías. Satanás fue tomado por su propia belleza y perfección y pensó que se merecía estar en el lugar de Dios.

Cuando Satanás pecó, él fue expulsado de su posición en el cielo. Su rebelión también provocó la caída de los ángeles, también. Apocalipsis 12:4 indica que un tercio de los ángeles se unieron a Satanás en su rebelión. Estos ángeles caídos ahora se llaman demonios. Hay un diablo (Satanás), pero muchos demonios. Satanás, como un ser creado, no puede esar en todas partes al mismo tiempo como Dios. Sus demonios, sin embargo, trabajan para él y llevan a cabo sus planes. Los demonios están en línea con Satanás, pero él es su líder. Su poder e influencia son grandes. De hecho, 1 Juan 5:19 dice que “el mundo entero está bajo el poder del maligno.” Satanás también se le conoce como el “dios de este mundo” (2 Corintios 4:4). Satanás y sus demonios están involucrados activamente en la promoción de un sistema mundial que se opone a los planes de Dios.

Isaías 14 y Ezequiel 28 nos dice cómo la caída de Satanás ocurrió. Debido a su deseo de usurpar la autoridad de Dios, Satanás perdió su posición en el cielo. Él sigue siendo, sin embargo, un ser de gran sabiduría y poder. Él es tan poderoso que incluso el arcángel Miguel, al hacer batalla con él, no se atrevió a “pronunciar…juicio de maldición en su contra, sino que simplemente dijo: ‘El Señor te reprenda’” (Judas 9). Miguel trata a Satanás, con gran respeto en invocar al Señor para tratar con él. Eso es un buen recordatorio para nosotros. Satanás puede haber perdido su exaltada posición en el cielo, pero los ángeles, incluyendo el arcángel de los cielos, aun tuvo un gran respeto por su poder.

Este sentido angélico de Satanás en Judas se contrasta con los falsos maestros que “blasfeman de las majestades angélicas” (Judas 8). Estos falsos maestros, dan importancia al diablo y sus demonios. Judas continúa diciendo, “estos hombres blasfeman de cuantas cosas que no entienden” (Judas 10). Los falsos maestros no dan el respeto adecuado al poder de Satanás. Eso era cierto en tiempos de Judas, y así lo es en el nuestro. Hay muchos falsos maestros hoy dan importancia a Satanás o niegan que él es un ser real y personal. Estos falsos maestros no saben qué o de quién están hablando.

LAS ACTIVIDADES DE SATANAS

Satanás, el calumniador (Job 1-2)

Hemos visto el origen y la caída de Satanás, y ahora vamos a mirar a sus actividades desde su caída y la forma en que se opone a los planes de Dios. Job 1-2 es un pasaje que nos da una idea de sus actividades. En este pasaje vemos que a pesar de que Satanás perdió su posición en el cielo, no perdió su acceso al cielo. En ciertas ocasiones, cuando Dios llama a todos los ángeles delante de él, Satanás también aparece. Esto es lo que pasa en Job 1-2. En ambos capítulos, Satanás se presenta ante Dios en el cielo. Algunos han tenido problemas para aceptar que Satanás tiene acceso al cielo ya que es un ser tan malo, pero su aspecto no contamina Dios ni al cielo.

Job 1:6 dice: “Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás”, los “hijos de Dios” en este versículo se refiere a todos los ángeles, que incluyen ángeles tanto caídos y no caídos. Satanás también está presente y el Señor inicia una conversación con él: “Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes?” Respondiendo Satanás a Jehová y dijo: ‘De recorrer la tierra y de andar por ella” (Job 1:7). Esto es similar a lo que Pedro estaba hablando cuando dijo: “Vuestro adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8).

Dios, entonces, dirige la atención de Satanás a Job: “Y dijo Jehová a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job? Porque no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del “mal” (Job 1:8). Sabemos por la respuesta de Satanás que estaba familiarizado con Job (Job 1:9-11). Él sabía de la condición de Job, y estaba muy consciente de lo que estaba ocurriendo en la tierra.

Una escena similar entre Dios y Satanás se registra en el Job 2: “Aconteció que otro día vinieron los hijos de Dios para presentarse delante de Jehová, y Satanás vino también entre ellos presentándose delante de Jehová.” (Job 2 : 1). Al igual que en el capítulo uno, Satanás pide permiso a Dios para infligirle desgracias sobe Job para poner a prueba su confianza en Dios. Vemos en estos dos capítulos de Job lo que yo llamo “Momentos en el mundo de los espíritus.” Sin el conocimiento de Job, una conversación tiene lugar en el cielo que le afecta directamente.

En esta sección también aprendemos algunas verdades acerca del carácter de Satanás. Él es un calumniador. De hecho, el nombre de Satanás significa “calumniador.” Cuando Dios dice que Job es un “hombre perfecto y recto,” Satanás calumnia el carácter de Job. El le dice a Dios que la única razón de que Job le obedece es porque Dios le ha dado tanto. También le dice a Dios que si le permitiera la calamidad en Job, Job le maldeciría (Job 1:11; 2:5).

De este relato, vemos que Dios permite a Satanás una gran calamidad sobre Job. Job perdió su fortuna, los hijos y la salud personal. Como lectores, sabemos por qué estos pruebas vinieron sobre Job. Estas fueron el resultado de las conversaciones de Dios con Satanás. Job, sin embargo, nunca supo la razón de las pruebas que se apoderaron de él. Incluso al final del libro, cuando Dios le habla, Dios no le revela todos los detalles de lo que tuvo lugar en el cielo. Dios simplemente le recuerda a Job que su deber es permanecer fiel.

Como cristianos, podemos aprender de este relato de Job. No sabemos lo que está pasando en las cortes del cielo. No sabemos lo que Satanás puede decirle a Dios sobre nosotros. No sabemos lo que Dios puede permitir que nos suceda a nosotros. Todo lo que somos llamados a hacer es confiar en Dios y ser fieles.

Satanás, el acusador de los hermanos (Zacarías 3)

Otro pasaje que trata de la obra de Satanás es Zacarías 3. Este capítulo también describe una escena celestial: “Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle.” (Zac. 3:1). Satanás en este texto se presenta como un acusador. En este caso, se acusa a Josué, el sumo sacerdote. En un pasaje mencionado anteriormente, 1 Pedro 5:8 se refiere a Satanás como un “adversario”. Este término tiene el significado técnico de “un oponente en un traje de ley.” Apocalipsis 12:10 también llama a Satanás “el acusador de nuestros hermanos.” En el tribunal del cielo, él se erige como nuestro oponente acusándonos ante el Juez de todos.

Aunque Satanás nivela las acusaciones en su contra al sumo sacerdote Josué, el Señor vino en defensa de Josué: “Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio?” (Zech. 3:2). Zacarías 3:3-5 revela que en el momento de este incidente, Josué estaba vestido con “ropas sucias”. El Señor, sin embargo, perdonó su pecado y había limpiado sus vestiduras puestas en él. Aunque Satanás acusa a Josué, el Señor proveyó para Josué. De esto podemos ver que las acusaciones de Satanás fracasan por la justicia que Dios provee para Su pueblo. En este caso, Israel sería preservado, no por su fidelidad, sino por la fidelidad de Dios. Lo mismo es cierto para nosotros también.

Satanás es un enemigo vil. El nos acusa delante de Dios, y también nos tienta a pecar. Debemos recordar, sin embargo, que a pesar de que Satanás nos tienta a pecar, no causa nuestro pecado. Nosotros somos responsables por nuestro propio pecado. El viejo adagio, “el diablo me hizo hacerlo”, no es correcto. Al enumerar las actividades pecaminosas que la gente comete en Gálatas 5, Pablo llamó a estas actividades, las “obras de la carne” (Gálatas 5:19). Jesús dijo, “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios” (Marcos 7:21). Vamos a pecar debido a nuestra “carne” y “corazón”. No podemos culpar a nuestros pecados en el diablo. Él puede tentar, engañar y atraer a pecar, pero cuando pecamos, es nuestra propia culpa. Y cuando volvemos a pecar, Satanás está listo para presentarse ante Dios y decir, “¡Mira cuan siervo infiel es él!” ¡Qué cosa tan terrible es el pecado!

El pecado tiene consecuencias graves en una variedad de formas, y con frecuencia afecta a los más cercanos a nosotros. Estropea nuestro testimonio por Cristo, y lo peor de todo, es proclamado por Satanás en la corte del cielo. Se ha dicho que “el pecado secreto en la tierra es escándalo abierto en el cielo.” Cuando pecamos en secreto podemos pensar que estamos saliéndonos con la nuestra, pero en realidad Satanás está ahí proclamándolo en los atrios del cielo. El está declarando nuestro pecado ante todos los ángeles reunidos que están delante del trono de Dios. Él está ahí para decir: “¡Miren lo que ha hecho!” Afortunadamente, tenemos un Sumo Sacerdote en el cielo, Cristo Jesús, que intercede por nosotros a la diestra del Padre. Alabado sea Dios que cuando pecamos, “abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” que es “la propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 2:1, 2). Aunque Satanás nos puede acusar, nuestro Sumo Sacerdote, Jesucristo, efectivamente defiende nuestro caso.

Debido a Jesucristo estamos delante de Dios sin estar condenados. Pero qué tragedia es cuando pecamos y damos contenido a las acusaciones de Satanás ante el trono de Dios.

Satanás, el padre de los incrédulos (Juan 8:41-44)

Otra verdad que vemos en las Escrituras es que Satanás es el padre de todos los incrédulos. Esto queda claro en Juan 8:41-44. En este pasaje Jesús confrontó a los líderes religiosos judíos que creían que eran salvos, simplemente porque eran descendientes físicos de Abraham. Jesús, sin embargo, ellos demostraron que no eran hijos de Abraham, porque no harían las obras de Abraham. De hecho, ellos estaban tratando de matar a Jesús. Jesús, en el versículo 44, les dice que su padre realmente es:

“Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.”

Satanás se caracteriza por el asesinato y la mentira. No hay verdad en él y los que son sus hijos no quieren la verdad tampoco. Por ejemplo, cuando rogamos a alguien que crea en Cristo, pero él se niega a hacerlo, esa persona manifiesta el carácter del diablo. Al igual que el diablo, él no quiere tener nada que ver con la verdad.

Satanás controla a sus hijos. Se mueve a hacer su voluntad y resistirse a los propósitos de Dios. Incluso el mueve a muchos de sus hijos a ser “religiosos”. Mucha gente va a la iglesia y dicen que creen en Dios, pero todavía pertenecen al diablo. Pablo declaró que “el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Por lo tanto, no es sorprendente si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia” (2 Corintios 11:14-15). Si Satanás puede disfrazarse como un ángel de luz, no debe sorprender que sus servidores también lo hagan. Al hacer una copia los falsificadores, ellos tratan de hacer que se vea lo más real posible al original. Por eso, es que entre mejor es la falsificación, más cuidadosa debe ser examinada. La mayoría de los adultos, por ejemplo, no se dejan engañar si alguien trata de darles dinero del Monopoly en lugar de dinero real. El dinero del Monopoly se ve demasiado falso y la gente no lo aceptaría. Los falsificadores profesionales, sin embargo, son capaces de hacer dinero que se parezca mucho al original. De hecho, la mayoría de las personas no son capaces de distinguir la diferencia entre el dinero profesionalmente falsificado y dinero real. Usted tiene que saber lo que usted está buscando para ser capaz de detectar las falsificaciones. En el reino espiritual, el plan de Satanás es hacer que sus propósitos parezcan a los propósitos de Dios. Si una persona no sabe cómo detectar el engaño, caerá para los trucos de Satanás.

Segunda a los Corintios 4:3-4 dice: “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.” Satanás engaña a los incrédulos. Se les hace creer que están “bien” y que están en camino al cielo, cuando en realidad no lo están. El los ciega a las verdades del Evangelio. Cuando el Evangelio es presentado a los que Satanás ha cegado, no son capaces de ver la verdad. Es por eso que debemos orar con diligencia para que Dios abra los ojos de aquellos que están cegados por Satanás. Sólo el poder sobrenatural del Espíritu Santo puede quitar el velo cegador que Satanás ha puesto sobre los no creyentes.

Satanás, el promotor de la falsa adoración

Satanás también participa activamente en la promoción de la falsa adoración. Puede sorprender a algunos saber que Satanás no es anti-religión. De hecho, él está a favor de la religión. Excepto por el cristianismo bíblico, Satanás es el fundador de todas las religiones del mundo. Él sabe que si puede apartar a la gente de adorar al Dios verdadero, él será el que reciba la adoración. Eso es lo que él desea. Satanás, entonces, hace todo lo posible para promover la adoración falsa. Vimos en Isaías 14 y Ezequiel 28 que Satanás quería ser como Dios y hacerse cargo de todos los privilegios y honor que le pertenecen a Dios. No es de extrañar, entonces, que quiere que la gente que le adore.

Primera de Corintios 10 nos dice acerca de la naturaleza de la adoración falsa y por qué es tan peligrosa. Cuando Pablo escribió este pasaje, se dirigía a los Corintios, que vivían en una sociedad saturada de idolatría pagana. La mayoría de las personas en la sociedad romana de la época adoraban a los ídolos que ellos consideraban como dioses. Pablo, sin embargo, muestra que realmente estaban adorando a:

“Qué digo, pues? ¿Que el ídolo es algo, o que sea algo lo que se sacrifica a los ídolos? Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios.” (1 Corintios 10:19-20).

Pablo sabía que los ídolos no eran dioses reales. Eran solo imágenes talladas de madera y piedra, nada más. Pero cuando la gente adoraba a los ídolos, estaban realmente adorando a los demonios que estaban detrás de los ídolos. Es por eso que los cristianos no deben participar en la adoración falsa.

Las personas involucradas en estas actividades están realmente adorando a los demonios. No es que los propios objetos se convierten en demonios, sino que la falsa adoración en sí está motivada y dirigida por los demonios. Es por eso que Pablo también dice: “No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios. ¿O provocaremos a celos al Señor? ¿Somos más fuertes que él?” (1 Corintios 10:21-22). Una persona no puede adorar a Dios y los demonios, al mismo tiempo.

La Mejor herramienta de Satanás: la falsa enseñanza

Satanás también promueve su causa a través del uso de las falsas enseñanzas. Como 1 Timoteo 4:1 dice: “Pero el Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe, prestando atención a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios.” La falsa enseñanza no es inofensiva, es muy grave. Según Pablo, los demonios están detrás de doctrinas que no se alinean con la Palabra de Dios. Es uno de los grandes propósitos de Satanás engañar a la gente, y la mejor manera de hacerlo es promoviendo doctrina que no está de acuerdo con la Escritura.

¿Cómo promueven los demonios la falsa doctrina? Los demonios son en realidad muy inteligentes en la manera de promover falsas doctrinas. Muy rara vez promueven una doctrina que obviamente está mal, porque la mayoría que la gente no caería en la trampa. Lo que mejor funciona es cuando los demonios con cuidado tejen elementos de verdad con el error. De esta manera el error que promueven se parece a la verdad y más gente lo aceptará.

Hay que recordar que los demonios saben sana teología, y que son capaces de utilizarla para sus fines engañosos. En Marcos 1:24, por ejemplo, un demonio gritó a Jesús: “¡Yo sé quién eres: el Santo de Dios!” En Hechos 16:17, un espíritu maligno siguiendo a Pablo dijo: “Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación.” Estas son afirmaciones verdaderas. Santiago también nos dice que los demonios creen en Dios (Santiago 2:19). Los demonios, entonces, conocen la sana doctrina. Pero también son expertos en tomar la verdad y mezclarla con error. Es esta mezcla de error y verdad que se vuelve tan peligrosa. Por ejemplo, si alguien te diera un gran plato de la sopa favorita, pero también añadiese una gota de potente veneno, la sopa se convertiría en un recipiente de veneno. Todo lo que necesita es que una gota de veneno arruine toda la sopa. Lo mismo es cierto con la doctrina. Todo lo que se necesita es un pequeño error para arruinar la verdad.

Satanás sabe que los cristianos que no conocen la Palabra son susceptibles de mezclar error con la verdad. Es por eso que “como niños recién nacidos”, los cristianos deben “desear la leche pura de la palabra” para que podamos “crecer para salvación” (1 Pedro 2:2). Tenemos que conocer la Palabra debido a la existencia de doctrinas de demonios.

Los demonios promueven falsas doctrinas a través de los falsos maestros. Los falsos maestros son los maestros que dicen hablar en nombre de Dios, pero en realidad están promoviendo doctrinas de demonios.¿Cómo podemos detectar y evitar aquellos que promueven la falsa doctrina? Isaías 8:20 nos da la respuesta: “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido.” El punto de Isaías es simple: Si un profesor no enseña la doctrina que se alinea con la Palabra de Dios, él es un falso maestro. Él no tiene luz (la salvación) en él. La verdadera enseñanza bíblica está de acuerdo con la Palabra de Dios. Una persona puede reclamar decir la verdad, pero si lo que dice no se alinea con la Palabra de Dios, es un falso maestro.

Otra táctica de Satanás hacer que la gente deje la Palabra de Dios. El trata de dirigir los cristianos fuera de un estudio serio de la Biblia. Puede que no sea capaz de hacer esto de una vez, pero con el tiempo convencerá a la gente que un estudio serio de características específicas de la Palabra no es realmente tan importante. Él les convence de que la sana doctrina no es tan esencial para la vida cristiana. Como resultado, la gente quiere buenas historias y mensajes de “prácticos” desde el púlpito. Este cambio de la sana doctrina ha tenido lugar en muchas iglesias. Las Iglesias, en su conjunto, se han convertido en más y más débiles en el conocimiento y la proclamación de la Palabra. Como resultado, la gente en las iglesias se han vuelto menos exigentes y más susceptible a las falsas enseñanzas. Hoy en día, aquellos que toman en serio la doctrina y el estudio de los detalles de la Palabra son vistos como “quisquillosos” y “faltos de amor.” La gente empieza a pensar que luchar por cuestiones doctrinales es sólo una lucha por nada. Mientras “amemos a Jesús,” nada más importa.

Satanás y sus demonios no tratan de engañar a los cristianos en convencerlos de deshacerse de sus Biblias o creer doctrinas obviamente extrañas. Son mucho más sutiles que eso. Ellos van a hacer lo que hizo Satanás a Jesús en Mateo 4 –citar las Escrituras. Satanás citó las Escrituras, pero lo que dijo estaba fuera de contexto. Satanás quería que Jesús saltara desde el pináculo del templo. Él citó el Salmo 91:11 – 12 para mostrar que Dios proteje a los suyos de caer. Es cierto que el Salmo 91:11-12 dice eso. Sin embargo, Jesús mostró a Satanás que el Salmo 91, no podrían entrar en conflicto con lo que dijo acerca de Deuteronomio 6:16 acerca de no tentar al Señor. La Escritura no contradice las Escrituras, por lo tanto, el pasaje Salmo 91 tenía que ser entendida a la luz de lo que Dios había dicho en Deuteronomio.

Satanás quiere confundir a los cristianos, e incluso utilizara la Biblia para hacerlo. Él sabe que la mayoría de los cristianos no tienen suficiente discernimiento para evitar sus trampas. A menudo no saben cómo los versículos de la Biblia se relacionan entre sí. Es fácil para él tomar algo fuera de contexto y que la gente lo crea. En tanto la gente haya perdido su capacidad de discernir la verdad del error, se habrán convertido en aún más susceptibles a la falsa doctrina.

Las principales denominaciones protestantes son un ejemplo de lo lejos que Satanás puede engañar a la gente. Muchas de las principales denominaciones están en su mayoría pobladas ahora por incrédulos. Los fundadores de estas denominaciones, sin embargo, eran cristianos fuertes que creían que la Palabra de Dios. John Wesley era un firme creyente. Juan Calvino y Martín Lutero eran cristianos fuertes que creían en la infalibilidad y autoridad de la Biblia. Las denominaciones que pretenden seguir los pasos de estos hombres, sin embargo, se han desplazado muy lejos de lo que estos hombres creían. Las denominaciones que claman a estos hombres ahora niegan las verdades importantes de la Palabra de Dios. Una verdad coa menudo negada es la infalibilidad de la Biblia.

EL FUTURO DE SATANÁS

Hemos visto el origen y la caída de Satanás. Además, hemos examinado su actividad actual. Ahora nuestra atención se centrará en el futuro de Satanás. Hay dos pasajes en las Escrituras que nos dicen sobre el futuro de Satanás: Apocalipsis 12 y 20. Anteriormente vimos que Satanás perdió su posición exaltada en el cielo, pero también hemos visto que esta pérdida de posición no se tradujo en la pérdida de su acceso al cielo. Apocalipsis 12, sin embargo, habla de un tiempo futuro cuando Satanás pierde su acceso al cielo. Habla de una época en la que ya no se podrá estar delante de Dios y acusando a los santos. Y Apocalipsis 20 nos habla de un tiempo venidero cuando Satanás será atado y no será capaz de engañar a las naciones.

Satanás pierde el acceso al cielo (Apocalipsis 12)

Los acontecimientos de Apocalipsis 12 tienen lugar después del Rapto de la Iglesia y durante el período de siete años de tribulación. De hecho, la expulsión de Satanás en este capítulo se lleva a cabo en el período medio de la Tribulación –en punto de los tres años y medio. En los dos primeros versículos de este capítulo, Juan describió una señal de que apareció en el cielo. Entonces le dijo a una mujer, que representa a la nación de Israel, y un niño que representa a Jesucristo. En el versículo tres, también describe a un dragón que representa a Satanás: “Y apareció otra señal en el cielo: y he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas.” Satanás es el dragón y Las siete cabezas son siete imperios terrenales. Los “diez cuernos” representan la forma final del imperio de Satanás en la tierra. Satanás se presenta aquí como el poder motivador y la autoridad detrás de los imperios terrenales mencionados aquí. El hecho de que él es un “gran dragón rojo” muestra que él es feroz en su carácter. Eso encajaría con la descripción de Pedro de Satanás como “león rugiente” (1 Pedro 5:8).

Apocalipsis 12:4 dice que un “su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo.” Esto parece ser una referencia a la cantidad de un ángeles que siguieron a Satanás en su rebelión. Es por eso que creemos que un tercio de los ángeles siguió a Satanás cuando se rebeló contra Dios. Estos ángeles caídos son ahora conocidos como demonios.

Apocalipsis 12:4 b nos dice que “Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese.” Esto representa el intento de Satanás por destruir a Jesús cuando nació. El versículo 6, sin embargo, afirma que “Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días.” Aquí vemos que la mujer (es decir, Israel) huye al desierto, por un total de tres años y medio. Esta huída hacia el desierto de Israel se lleva a cabo en la mitad del período de siete años de tribulación. Los versículos 7-10 describen lo que sucede a continuación:

Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.

Aprendemos más sobre las actividades de Satanás en este pasaje. Él ha sido un difamador implacable del pueblo de Dios. Él ha estado continuamente acusándolos ante el trono de Dios. Pero ahora es arrojado del cielo. Es en este punto, en la mitad de la Tribulación, que pierde su acceso al cielo.

El versículo 11 dice: “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.” Satanás puede haber acusado al pueblo de Dios, pero ellos le han vencido por su fe en Jesucristo.

El versículo 12 habla de un tiempo venidero de juicio en la tierra como consecuencia de Satanás de ser echado del cielo: “Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo.” Cuando Satanás es arrojado a la tierra después de tres y medio años de la tribulación, el sabe que su tiempo es corto. Él sabe que Cristo va a venir a la tierra en breve a establecer Su reino y poner fin a sus actividades. Es por eso que Satanás está lleno de “gran ira”. Apocalipsis 12:14-17 continúa diciendo que durante el tiempo restante del período de la Tribulación, Satanás tratará de destruir a Israel y a todos los que pertenecemos a Dios.

Al leer este pasaje, podemos preguntarnos por qué Satanás se resiste al plan de Dios. Si sabe que está derrotado, ¿por qué seguir luchando con Dios?. Pero ese es el poder y el engaño del pecado. ¡El pecado nunca tiene sentido! La gente comete el mismo error también. La Biblia prdice el terrible destino que aguarda a aquellos que rechazan a Cristo, pero muchos que conocen esta verdad no se van a rendir a la misericordia de Dios. Mientras que la gente sepa lo que Dios dice, muchos aún se niegan a cree en El. Al final, la mayoría de la gente piensa que estarán “bien” y que todo saldrá bien. Así es como el pecado y el autoengaño trabaja. Satanás, a pesar de saber lo que dice la Escritura, todavía cree que puede ganar.

El Destino Final de Satanás (Apocalipsis 20)

Apocalipsis 20 nos dice del destino final de Satanás. Después de engañar al mundo a través del Anticristo durante el período de la Tribulación, será echado al lago de fuego. Esto se lleva a cabo en relación con la segunda venida de Jesucristo a la tierra:

Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo. (Apocalipsis 20:1-3).

Cuando Jesucristo regrese a la tierra, Satanás es atado y arrojado al “abismo” por mil años. Durante este mil años, Satanás ya no está activo en la tierra y todas sus actividades cesaron. Sin embargo, este no es el final de las actividades de Satanás, porque después de este período de mil años, es liberado por un corto tiempo:

Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión, y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar. Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo, y los consumió. (Apocalipsis 20:7-9).

Después de los mil años, Satanás es liberado para dirigir una última rebelión contra Dios. Esto demuestra cuan endurecido puede hacer el pecado a un individuo. Incluso después de ser arrojado al abismo por mil años, Satanás, al ser liberado, todavía piensa que él tiene la oportunidad de derrocar a Dios. Cuando sea liberado, reúne a todos los incrédulos y viene en contra de Jerusalén. Su rebelión, sin embargo, es rápidamente sofocada por Dios. El fuego viene del cielo y devora a Satanás y a todos los enemigos de Dios. Satanás es luego arrojado al lago de fuego donde será “atormentado día y noche por los siglos de los siglos.” El destino final de Satanás es el tormento eterno en el lago de fuego.

TRATANDO CON SATANÁS

Hemos visto varios pasajes que tienen que ver con el origen de Satanás, la caída, las actividades actuales y el destino final. Una discusión de Satanás, sin embargo, no estaría completa sin examinar también lo que la Biblia dice acerca de cómo los cristianos pueden protegerse a sí mismos de Satanás.

Satanás es un enemigo astuto y engañoso, y la única manera en que uno puede tener victoria sobre él es a través del poder de Jesucristo. El apóstol Juan declaró que, “Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.” (1 Juan 3:8). Por su muerte, Jesucristo ha dado la libertad del poder de Satanás. Hebreos 2:14-15 dice que también a través de Su muerte, Jesús fue capaz de “destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.” Jesús Cristo proveyó la victoria sobre Satanás por medio de Su muerte en la cruz. Aquellos que creen en Jesucristo tienen el poder del diablo roto en sus vidas.

Primera de Juan 4:4 también dice, “Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.” “Él” que está en el creyente es el Espíritu Santo. El “él” que hay en el mundo es el diablo. Vemos que el Espíritu Santo que mora en el cristiano es más poderoso que el diablo cuya presencia esta en el mundo. De acuerdo con

1 Juan 5:18: “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca.”clip_image002

¿Cómo podemos protegernos a nosotros mismos todos los días de las artimañas del diablo? Efesios 6:10-11 nos da la respuesta: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.” Incluso nosotros, los creyentes, en nuestras propias fuerzas, no son rival para el diablo. Debemos estar “firmes en el Señor.” Sin el Señor, Satanás nos aplastara como un insecto. También se nos manda a “estar firmes” contra el diablo. Este mandamiento de “mantenerse firme” también se repite en los versículos 13 y 14. Nos mantenemos firmes en contra del diablo, poniéndonos la “armadura de Dios.” No es suficiente ser parcialmente blindados porque el diablo es muy inteligente y magistral como oponente. Él sabe exactamente qué parte de la armadura hemos dejado fuera y donde golpear. Él sabe que hemos sido descuidados e indiferentes. Cuando no nos ponemos toda la armadura de Dios, somos como un soldado en la batalla que tiene descuidadamente a un lado su equipo de protección. Cuando menos se lo espera, el enemigo lo ataca y sufre la derrota.

En efecto, el diablo es un adversario feroz y temible. Como Efesios 6:12 dice, “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” A veces nos olvidamos que la batalla es espiritual. Nos fijamos en el oponente humano y decimos: “Soy capaz tratar con este tipo.” Llegamos a ser engañados al pensar así. Podemos cometer el error de convertirse en tan seguros de nosotros mismos que no nos molestaremos en buscar al Señor. Entonces salimos de la batalla ensangrentados y golpeados y preguntándonos, “¿Qué pasó?” Pensamos que podríamos manejar la situación con nuestras propias fuerzas, pero luego encontramos al diablo ser mucho más poderoso que nosotros. Es por eso que debemos mantenernos firmes en la fuerza del Señor.

CONCLUSIÓN

Satanás es un ser real. Él es un ángel caído. Él es el enemigo de nuestras almas y se opone a los planes de Dios. Su actividad actual es engañar a la gente apartándolos del evangelio de Jesucristo y de acusar a los creyentes en los atrios del cielo. Afortunadamente, los que estamos en Cristo tenemos un Abogado que defiende nuestro caso. Sabemos que en Jesús tenemos la victoria final. También sabemos que llegará un momento en que Satanás será enviado al lago de fuego para siempre. ¡Alabamos a Dios por estas verdades!

https://evangelio.wordpress.com/2012/02/11/el-origen-y-la-cada-de-satans/

LOS PASTORES MODERNOS: “DE SIERVOS A EMPRESARIOS”

LOS PASTORES MODERNOS: “DE SIERVOS A EMPRESARIOS”

apostasia

Mario E. Fumero

La degradación del concepto bíblico ha llegado a dimensiones alarmantes, lo que deja ver la influencia de la apostasía delante de nosotros, frente a la cual todos quedamos inmunes. Se han distorsionado los conceptos y entre el deterioro de principios existentes ciertas palabras básicas en el diario vivir del cristianismo se han vuelto completamente contraria al sentido literal del texto bíblico, de forma tal que los “siervos” de hoy, llámense pastores, evangelistas o apóstoles, han dejado de ser lo que en sí significa siervo para convertirse en empresarios, grandes e importante, a los cuales se le debe rendir pleitesía, y adquieren derechos que muchas veces contradicen las enseñanzas del Divino Maestro. Si se es siervo “sinónimo de esclavo, persona comprada para servir a un amo” no se puede ser “grande” porque ambas terminología son contradictorias y el ser “siervo” rompe totalmente con la otra expresión de “ser grande” según las enseñanzas de la Palabra de Dios (Mt 23:11, Lc 9:46, 22:24-27).

En el artículo que pondré a continuación, recibido de “apologista.blogdiario.com” se relata algo que me dejó pasmado, aunque sé que esta realidad es común en los países ricos, y que tienen una herencia evangélica muy antigua, en donde la pasión por las almas se ha perdido y ha evolucionado por el interés del dinero, convirtiéndose el “siervo” en un profesional. Esto ha creado una generación de pastores asalariados, que no aman las ovejas, sino el sueldo y las prestaciones sociales. Fue por ello que Jesús nos dejo una clara enseñanza para evitar de esta perversión ministerial cuando dijo: “Yo soy la puerta de las ovejas.Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas.Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa.Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas” Juan 10:7-13. Quiero aclarar un punto de vista que no comparto con este artículo pues un pastor debe acogerse a los beneficios que le conceda la sociedad y a su vez pagar sus impuesto y cotizar para su pensión, porque el obrero es digno de su salario siempre y cuando el mismo venga de parte de la iglesia y no de su capricho, pero un verdadero pastor aunque se jubile, siempre seguirá siendo un siervo de Jesucristo y deberá morir con las botas puestas y predicando el evangelio. A continuación transcribo literalmente dicho artículo y relato.

CLASIFICADO EN UNA REVISTA CONOCIDA EN EE.UU.

No hace mucho, estando yo en Oregon, Illinois (USA) en una sala de espera, me topé con una revista evangélica muy conocida, y en cuya sección de avisos clasificados había varias solicitudes para Pastores desempleados para ocupar el cargo vacante en varias iglesias. Uno de esos avisos clasificados decía algo así, como: “Debido a la Jubilación de nuestro anterior pastor, se busca un cristiano con experiencia como pastor principal de por lo menos 5 años a tiempo completo, de mediana edad, casado, con hijos, y dispuesto a pastorear una iglesia de 500 miembros en una zona residencial de clase alta. Se ofrece: Sueldo anual: $48,000. Otros beneficios: Facilitamos una casa amoblada con todos los servicios pagados, escolaridad para los hijos, automóvil del año, un mes de vacaciones pagadas, seguro de salud integral (incluyendo la familia), y un excelente ambiente de trabajo. Las condiciones son negociables. Por favor remitir su currículo Vitae actualizado a la siguiente dirección de correo electrónico: Iglesia del Buen Pastor, Oregon, Illinois”.

Este aviso no fue el único que vi en esta revista, pues había como otros 15 más que solicitaban el servicio de pastores titulares en otras congregaciones, y en otros estados de la unión, y que ofrecían similares beneficios o ventajas económicas. Y créanme, que estos avisos no sólo aparecen en revistas o periódicos cristianos, sino también en los seculares. Es realmente impresionante para mí ver cómo el “pastorado” en los Estados Unidos se ha convertido en una carrera más, en una profesión a la cual uno puede sacarle el jugo, si logra conseguir a un buen empleador que le pague bien, y le ofrezca jugosos beneficios que le permita vivir en confort y sin carencias de ningún tipo.

De igual modo, en Latinoamérica, los aspirantes a pastores ven el cargo de Pastor como la oportunidad de sus vidas para manejar grades sumas de dinero provenientes de los diezmos y ofrendas, dado el poder y control absolutos que les confiere la iglesia, y por supuesto, el cargo mismo, y sin que nadie les exija cuentas o balances generales anuales por los fondos recibidos.

Cuando un cristiano graduado de un seminario es solicitado, para ocupar el cargo de Pastor, lo primero que generalmente  pregunta es: ¿Cuánto será mi sueldo? ¿Cuántos miembros hay, y cuántos ofrendan entra en la iglesia? y ¿Dónde está localizado el templo de reuniones? Con estas preguntas el candidato quiere saber el “potencial económico” de la iglesia, ya que de esa información depende su interés por el cargo, y su futuro económico. En realidad, los postulantes a pastores de hoy ya no tienen la misma vocación de servicio y sacrificio que los pastores de antaño, a pesar de que saben muy bien que el cargo les brindará algo que el dinero no siempre da, es decir, el prestigio y la especial consideración de la misma comunidad cristiana.  Realmente el pastorado ya no es lo que era antes, pues tristemente se ha convertido en una profesión seglar más, en donde lo primero que le importa al Pastor es él mismo y su bolsillo, y luego sus feligreses, con sus problemas y necesidades particulares. Esto es muy común en las iglesias evangélicas, cualquiera que sean éstas: Bautistas, Metodistas, Pentecostales, Evangélicas Libres, Alianza Cristianas, etc.,

En el Nuevo Testamento los Pastores salían de las mismas congregaciones, y eran nombrados por los mismos miembros, los cuales elegían a quiénes, según sus condiciones morales y espirituales, eran los idóneos para el cargo. No se dice nada de que esos pastores recibirían un salario mensual, o que serían mantenidos por toda la iglesia a través de sus diezmos y ofrendas (¡si es que se daban diezmos!). Todo parece indicar que los pastores del NT tenían sus propios oficios, y por tanto, sus propios ingresos, fruto de su profesión seglar misma. Eran padres de familia que tenían hijos en sujeción, y que vivían en sus hogares como cualquier familia normal lo hace, pero con la peculiaridad de que eran los paradigmas de la fe en la comunidad. Sin duda alguna estos pastores del primer siglo permanecían fieles en sus responsabilidades eclesiásticas, aun en la edad más avanzada. Es decir, el pastor no pensaba en jubilarse y luego recibir una pensión vitalicia como lo hacen los hombres y mujeres en la sociedad actual. La gran mayoría de trabajadores llegan a una edad límite y luego piensan en descansar, jubilándose con una pensión fija y segura que reciben de parte del Estado. En Los Estados Unidos, los Pastores de las iglesias que son mantenidos por sus feligreses se jubilan como cualquier hijo del vecino, para así descansar cómodamente en sus casas, recibiendo su cheque mensual de retiro como cualquier trabajador seglar. Realmente me pregunto si esto no es una distorsión radical del sentido del Pastorado original y bíblico. Sí, realmente me da vergüenza y cólera a la vez de que se haya convertido el pastorado en una profesión cualquiera, en una carrera seglar como la de ingeniero, abogado, arquitecto, o albañil. Me pregunto: ¿Qué dirá el Señor de todo esto?

Publicado el por

Tomado de: apologista.blogdiario.com

 

Charles Spurgeon

 Charles Haddon Spurgeon

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Charles Haddon Spurgeon nació el 19 de Junio de 1834, en Kelveden, en el condado de Essex, Inglaterra. Desde muy tierno su madre le encaminó en las cosas de Dios, pero no fue sino hasta el 6 de Enero de 1950 cuando Charles H. Spurgeon lavó sus pecados en la sangre preciosa de Cristo.

Inmediatamente después de haber recibido a Cristo como su Salvador se bautizó y comenzó de inmediato a trabajar por el Señor enseñando una clase de niños en la escuela dominical, repartiendo tratados y visitando a los pebres. “No hay mejor tiempo para trabajar que las primeras horas del día, ni mejor tiempo para servir al Señor que los días tempranos de la juventud” solía decir. Se levantaba muy temprano para leer la palabra de Dios y para orar y luego pasaba el resto del día en sus estudios.

A los dieciséis años se inscribió en una escuela de predicadores y predicó su primer sermón en una casa rural cerca de Cambridge. La fama del muchacho predicador se extendió rápidamente. Pronto estaba predicando en capillas, casas, reuniones al aire libre, en trece poblados diferentes alrededor de Cambridge. Esto lo hacía por las tardes, después de cumplir con sus deberes escolares.

A los dieciocho años aceptó su primer pastorado en Waterbeach, a diez kilómetros de Cambridge. Allí permaneció dos años y medio. Cuando tenía diecinueve años, Spurgeon predicó en la Unión de Escuelas Dominicales en Cambridge. Los dirigentes, todos personas de mayor edad que él, lo criticaron severamente, diciendo que a él no le correspondía tratar de enseñar a sus mayores. Le dijeron que debía haberse quedado en su iglesia, por lo menos hasta que tuviera edad como para que le creciera la barba. No obstante, como resultado de ese mensaje recibió una invitación de parte de una iglesia en Londres.

El joven Spurgeon quedó tan sorprendido al recibir la invitación de una iglesia tan grande que escribió una carta diciéndoles que seguramente se habían equivocado. A vuelta de correo le vino la respuesta: La invitación es para Ud. mismo. No hay ningún error. Todavía perplejo hizo arreglos para predicar en la iglesia de la calle New Park el 18 de Diciembre de 1853. Fue recibido fríamente, y eso le hizo sentirse tentado, al último momento, de evadir la tarea.

Sin embargo, una vez que estuvo frente a la congregación se sintió más tranquilo. La asistencia no era muy numerosa. Había más o menos unas 80 personas presentes. La fama del maravilloso joven campesino se propagó el mismo día. Antes de que Spurgeon abandonara el recinto, había recibido la invitación de volver. Tan grande fue el éxito de su ministerio que el 25 de Enero fue invitado a ocupar el púlpito por seis meses, con miras a aceptar el pastorado permanentemente.

Antes de que se cumplieran los seis meses, los diáconos de la iglesia convocaron a una sesión especial, durante la cual la congregación acordó invitar a Spurgeon para que fuera su ministro permanente. Era un predicador tan popular que la gente se aglomeraba inclusive en las calles laterales para escuchar sus mensajes. El templo fue ampliado vez tras vez, pero al poco tiempo, nuevamente resultaba estrecho para la gente que concurría.

Cuando llegó a la iglesia de la calle New Park, en 1854, la membresía era de 232. Para fines de 1891 había bautizado a 14.460 personas y la membresía de la iglesia era de 5311.

Un domingo por la noche, cuando el salón estaba lleno hasta el tope, y había otras diez mil personas afuera, alguien dio alarma de incendio. Un terrible pánico se apoderó de la gente, y siete personas murieron atropelladas. Otras veintiocho quedaron gravemente heridas. Esta experiencia conmovió profundamente a Spurgeon. Quedó tan afligido, que pasó llorando toda la noche y todo el día siguiente.

No obstante, como consecuencia de ello, se convirtió en un predicador sobresaliente, y todo Londres quería oírle. Durante los siguientes tres años predicó a multitudes de más de diez mil personas todos los domingos. A la edad de veintidós años era el predicador más popular de su día. Se ha dicho que Charles Spurgeon tenía más de tres mil quinientos sermones distintos. Los sermones dominicales eran reproducidos en forma impresa y se vendían profusamente.

Además de sus tareas regulares como pastor y predicador, Spurgeon publicó un sermón por semana, comenzando en 1855 y también fundó un seminario para pastores. Su calidad como predicador dotado le valió el apodo de El Príncipe de los Predicadores. Estableció un círculo de escuelas dominicales e iglesias, era presidente de una sociedad para la distribución de Biblias y tratados, y estableció el orfanato de Stockwell con diez casas en las que podía acomodar a unos quinientos niños.

Spurgeon predicó su último sermón el 7 de Junio de 1891, tenía solamente cincuenta y seis años de edad, pero estaba sumamente extenuado. El 31 de Enero de 1892, después de cuarenta años en el ministerio, Charles Haddon Spurgeon se fue para estar con su Señor.

Disponible en Internet en: http://www.labibliadice.org

Contenido publicado con autorización de:
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El afán y las preocupaciones

Phil Marquart solía decir: Dichoso es el hombre que está muy ocupado como para preocuparse en el día y muy soñoliento como para preocuparse en la noche. George Muller también decía: El comienzo de la ansiedad es el final de la fe. El comienzo de la fe verdadera es el final de la ansiedad. Interesante. Todo tiene que ver con la preocupación, o la ansiedad, o el afán. Términos sinónimos para indicar ese estado de agitación, inquietud o zozobra de ánimo que se produce por el mal presagio en algún asunto. La ansiedad entonces tiene que ver con asuntos o cosas que todavía no han pasado, pero pensamos que pueden pasar. Como bien ha dicho Vance Havner: La preocupación es el interés que pagamos por adelantado por problemas que nunca llegan. ¿Se ha puesto alguna vez inquieta o inquieto por algo que todavía no ha pasado, pero tiene temor de que pueda pasar? Entonces Usted ha estado preocupado o en ansiedad. Es muy fácil dejarse aplastar por este gigante llamado ansiedad. Pero la vida auténticamente cristiana se caracteriza por vivir libres de la ansiedad. Si nuestras vidas están entregadas a la ansiedad, corremos ciertos riesgos. Primero, la pérdida del gozo en la vida cristiana. La Biblia dice que Jesús vino a darnos una vida abundante. En Juan 10:10 leemos: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” Así es amable oyente. Jesús vino a su vida para darle una vida abundante. Las preocupaciones echan a perder este estilo de vida que Jesús vino a darnos. Si Usted es una persona propensa a preocuparse, no será extraño que no esté disfrutando de la vida que Jesús vino a darle. Segundo, las preocupaciones nos hacen perder la perspectiva de la vida. En cierta ocasión, siendo muy de noche, Jesús se acercó a sus discípulos caminando sobre el mar, mientras ellos estaban en una barca sacudida por el fuerte oleaje. Cuando los discípulos le vieron, dice el texto bíblico que se turbaron. Otra manera de decir que se dejaron dominar por la preocupación. En este estado de nervios, perdieron la noción de la realidad y todos arribaron a una conclusión absurda. Dando voces de miedo gritaron: Es un fantasma. Habían perdido la perspectiva de la vida. Estaban viendo las cosas distorsionadamente.

Cuando estamos preocupados vemos las cosas distorsionadamente. Es uno de los peligros de vivir en ansiedad. Tercero, las preocupaciones nos pueden echar a perder la salud. En un examen realizado a 500 pacientes en una clínica oftálmica Británica, se confirmó que más de un tercio de los problemas con la vista fueron el resultado de tensión emocional. El Dr. Leonard S. Fosdick de la Universidad North-western ha comprobado de una manera concluyente que la preocupación restringe el flujo de la saliva, lo cual, disminuye el efecto de neutralización de los ácidos naturales de la boca, con los consiguientes problemas dentales. Las preocupaciones están íntimamente ligadas a problemas digestivos, problemas cardíacos e inclusive contribuye a la pérdida del cabello y las manchas en la piel. ¿Quién puede entonces decir que las preocupaciones no afectan la salud? Es riesgoso abandonarse a las preocupaciones. Produce pérdida del gozo en la vida cristiana, pérdida de la perspectiva de la vida y pérdida de la salud. Al ver a las preocupaciones de esta manera, estoy seguro que todos estaremos de acuerdo en que es necesario librarnos de las preocupaciones lo antes posible. Para ello, lo primero que necesitamos hacer es reconocer que la ansiedad es pecado. En esencia el pecado es todo aquello que niega algo que Dios es o ha dicho. La ansiedad niega las promesas de Dios. Por ejemplo, en Salmo 55:22 leemos: “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo.” La promesa de Dios es que él nos va sustentar y que no nos va a dejar caídos para siempre, siempre y cuando echemos sobre él nuestras preocupaciones. Pero cuando nos dejamos controlar por la ansiedad estamos en un sentido negando esta palabra de Dios, diciendo: Dios no tiene poder para sustentarme cuando me venga una adversidad. Esto es pecado. La ansiedad también niega la sabiduría de Dios. Mateo 6:7-8 dice: “Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.” El Padre sabe de qué cosas tenemos necesidad, aun antes de que pensemos en pedir o hagamos el pedido con nuestros labios. Pero cuando nos dejamos controlar por la ansiedad, estamos en un sentido diciendo: Dios no sabe lo que me va a pasar mañana, o la próxima semana, o el próximo año. Por eso yo tengo el derecho de preocuparme hoy.

Ignoramos que para Dios no hay accidentes. Para Dios no hay sorpresas. Albert Eisten solía decir: Dios no juega a los dados. Para Dios no existe la suerte. Dios no sólo sabe lo que va a pasar en el futuro, sino que él mismo diseña lo que va a pasar en el futuro, de modo que no hay motivo alguno para vivir preocupados pensando qué será de nosotros en el futuro. La ansiedad también niega el poder de Dios. Lucas 1:37 dice: “porque nada hay imposible para Dios” Estas palabras fueron dichas por el ángel Gabriel a María la virgen, con ocasión del anuncio del nacimiento de Jesús. El poder de Dios no tiene límite. Pero cuando nos dejamos embargar de las preocupaciones, estamos negando el poder de Dios, pensando que si nos pasa algo, Dios no podrá hacer nada para salvarnos. La ansiedad es pecado porque niega las promesas de Dios, niega la sabiduría de Dios y niega el poder de Dios. Si queremos librarnos de la ansiedad, además de reconocerla como pecado, debemos, en segundo lugar, confesar ese pecado y apartarnos de él. Proverbios 28:13 dice: “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” No justifique su ansiedad. Confíesela a Dios como pecado. Diga a Dios que Usted ha atentado contra Dios al negar sus promesas, su sabiduría y su poder. Póngase de acuerdo con Dios en cuanto a que la ansiedad es pecado. Luego decida apartarse de la ansiedad. En tercer lugar, dependa del poder de Dios para vencer la ansiedad. Filipenses 4:6 dice: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.” No es sencillo librarse de la ansiedad. Se necesita ayuda sobrenatural. La ayuda sobrenatural viene de Dios. En lugar de abandonarse a la ansiedad, ore a Dios por las cosas que le producen ansiedad. Ponga su ansiedad sobre Dios. Como resultado, Dios mismo le dará el poder para librarse de la ansiedad.

La ansiedad y la oración no van nunca de la mano. Por eso alguien lo ha dicho muy bien: Si vas a orar, para qué preocuparte. Pero si vas a preocuparte, para qué orar. En cuarto lugar, es necesario controlar los pensamientos. Isaías 26:3 dice: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” Ocupe la mente en las cosas de Dios. Piense en las cosas que Dios dice en su palabra. Dígale a Dios que confía plenamente en él, no solo para los asuntos grandes de su vida sino también para los asuntos pequeños. Como resultado, Dios mismo guardará su vida en completa paz. Será una vida libre de ansiedad. En quinto lugar, ponga en orden sus prioridades. Mateo 6:33 dice: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Lo más importante en la vida de un hijo de Dios debe ser la relación personal con Dios. Cuando Dios ocupa el primer lugar en la vida de una persona, Dios mismo se encarga de que todo lo demás esté en orden. Esto no significa que nunca habrá pruebas o problemas. Las pruebas son parte de la experiencia cristiana. Pero esto no debe ser motivo de ansiedad porque Dios diseña la prueba y Dios da el poder para soportar la prueba. La persona que vive en ansiedad, normalmente es aquella cuya felicidad depende de alguna circunstancia o de alguna situación determinada. Pero si hacemos que la felicidad no dependa de las cosas o las circunstancias, sino de la relación personal con Dios, entonces desaparece la causa para la ansiedad, porque pase lo que pase no afectará nuestra felicidad con Cristo. En esencia, dependa del poder de Dios para mantenerse fuerte ante la tentación de vivir en ansiedad. Isaías 40:29 dice: “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.” Somos tan propensos a vivir en ansiedad. La mínima cosa desencadena un torrente de preocupación y ansiedad. A veces hemos pensado que no hay solución a este grave mal. Pero la hay. Para eso debemos echar mano del poder de Dios. En nuestra propia fuerza jamás lograremos librarnos de la ansiedad. Cada vez que comience a preocuparse por algo, recuerde que puede echar esa preocupación sobre el Señor. Él es experto en sobrellevar nuestras preocupaciones.

Una vez que ha entregado una preocupación al Señor, no piense más en eso. Si viene un pensamiento sobre eso a su mente, hable con el Señor: Dígale: Señor este pensamiento que me causa ansiedad no viene de ti, por tanto lo rechazo y lo saco de mi mente. Si lo hace con sinceridad, muy pronto estará disfrutando de una vida libre de ansiedad. No olvide, otra de las características de la vida auténticamente cristiana es vivir sin ansiedad.

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Soberanía y Gracia

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Soberanía y Gracia

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La doctrina bíblica de soberanía y salvación, tiene ciertos conflictos que suelen ser cuestionados tratando de ajustarla a los valores teológicos de intérprete. Esta breve selección de textos de un largo pasaje en el que el apóstol Pablo habla fundamentalmente sobre la relación de Dios con Israel y su futuro, resulta compleja y no siempre es bien entendida e interpretada. Por esa razón desde el campo llamado hipercalvinista, o ultracalvinista se enfatiza en el hecho exclusivo de la elección, haciendo una propuesta sobre el orden de los decretos divinos en cuanto a salvación, como sigue: 1) Decreto de elegir a algunos para salvación y de reprobar a todos los demás. 2) Decreto de crear a los hombres, tanto elegidos como no elegidos. 3) Decreto de permitir la caída. 4) Decreto de salvar a los elegidos. 5) Decreto de aplicar la salvación solo a los elegidos. El problema de esta propuesta está en el orden de los decretos divinos en el que figura el de elección y reprobación en primer lugar, esto hace que Dios cree al hombre ya condicionado a salvación o perdición eterna. De este modo están algunos destinados a la condenación antes de que pecasen, o de otro modo, sin otra causa que la voluntad soberana de Dios. No cabe duda que Dios sabía quienes creerían y quienes rehusarían creer, pero esta responsabilidad, como la de la existencia del pecado, no puede imputársela a Dios, sino que es responsabilidad de la criatura.

       En el comentario a los versículos que se han seleccionado se procura situar en el contexto bíblico la enseñanza que algunos usan para justificar la condenación de los perdidos y otros desconocen en cuanto a soberanía divina. Los textos se comentan individualmente. 

15. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. 

       A Moisés dice: La cita tomada por Pablo corresponde a la respuesta que Dios dio a Moisés cuando le pidió que le mostrase Su gloria (Ex. 33:19). La gloria de su Persona se manifiesta en Su nombre, que pone de manifiesto la soberanía divina, unido a la misericordia que el Señor tiene.

        Tendré misericordia del que yo tenga misericordia. Nótese que la respuesta divina se relaciona sólo con la misericordia y la compasión. Los actos de Dios en ningún modo pueden ser injustos, puesto que siempre manifiestan misericordia y compasión.

        En el entorno histórico en que se produce la respuesta de Dios a la petición de Moisés, el pueblo de Israel había pecado gravemente contra Dios, cayendo en la idolatría y fabricando un becerro de oro, como figura representativa de Dios mismo. El Señor, en justicia, había determinado eliminarlo y dejar con vida a Moisés para hacer de él una nueva nación (Ex. 32:10). Moisés intercedió delante de Dios, y Dios perdonó al pueblo (Ex. 32:11-14). Dios puso de manifiesto su misericordia con el perdón otorgado a Israel. Es ahí cuando Moisés pidió ver la gloria de Dios (Ex. 33:18). El Señor le respondió hablándole de gracia y misericordia (Ex. 33:20). Más tarde proclamaría Su nombre rodeándolo nuevamente de gracia y compasión (Ex. 34:6, 7). Dios hace todo esto, no por mérito humano, sino por soberanía misericordiosa. Por tanto, no hay posibilidad alguna de acusar a Dios de un obrar injusto porque elija entre personas para llevar a cabo su propósito y el cumplimiento de sus promesas.

 16. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.

        Asi que no. Mediante la fórmula ingresiva compuesta por la partícula conjuntiva a[ra, así, ligada a la conjunción causal ou\n,pues, se establece una oración conclusiva que expresa aquello que se deriva de todo lo dicho antes: Así, pues. Hay una dificultad en el versículo y es la ausencia del sujeto de la oración. ¿Qué es lo que no depende del que quiere ni del que corre? El entorno textual exige que se considere como la elección o también la misericordia de Dios.

       No del que quiere. En cuanto a lo que concierne a la elección y a las promesas, no es asunto de hombres y, por tanto, no es lo que el hombre quiera. Con toda precisión lo afirma: no del que quiere. Es decir, no se dan las promesas en base a deseos humanos. Algunos autores, a causa de su posición teológica que identifica a Israel con la Iglesia, y las promesas dadas a Israel como si fuesen dadas para la Iglesia, confunden la esfera de las promesas con la de la salvación. Por esta causa atribuyen la afirmación de Pablo a quienes son salvos, por lo que la salvación no depende de deseo humano. Esto es verdad, pero no en el contexto que se está considerando. Sin embargo, es necesario entender también que la salvación no depende del hombre, sino de Dios que la otorga (Sal. 3:8; Jon. 2:9). Con todo, Pablo está enseñando aquí que las promesas y la elección de quienes extienden a lo largo de la descendencia de Abraham la línea de la promesa, no se debe a deseo humano, sino a Dios que lo determina en su soberanía.

       Ni del que corre. De igual manera no puede ser alcanzada por esfuerzo humano: “ni del que corre”. Pablo es muy dado a usar las figuras de los corredores en un estadio (cf. 1 Co. 9:24; Gá. 2:2; 5:7). Por esa causa ha hecho destacar antes, que de los hijos de Isaac, la línea de la promesa corre por medio del hijo menor, escogido antes de haber hecho nada, ni bueno ni malo, por cuanto no había nacido aún. Todo esto está enfatizando la soberanía de Dios que lo hace “para que la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama” (v. 11).

        Sino de Dios que tiene misericordia. La conclusión final es concluyente: Todo esto es un asunto potestativo de Dios que da las promesas y elige a quien van destinadas. Todo ello es simplemente un acto de la misericordia divina: “sino de Dios que tiene misericordia”. La elección concretada en los hombres a quienes Dios elige, son la expresión en el tiempo y la historia del propósito soberano y eterno de Dios, sin injusticia ni arbitrariedad.

        Por extensión esta verdad alcanza también a la misericordia en salvación. La promesa admirable de la vida eterna para todo aquel que cree, no es asunto de desear del hombre, ni del esfuerzo humano. La salvación es un don de la gracia y las obras nada tienen que ver para obtenerla, sino la gracia misericordiosa de Dios (Ef. 2:8-9).   En todo ello, aunque el hombre no puede hacer nada para alcanzar la posición en relación con las promesas, y tampoco con la salvación, a no ser que Dios actúe en su favor, no se puede excluir la responsabilidad del hombre en aceptarla o rechazarla y, en todo caso, no se le excluye la responsabilidad para vivir conforme a los dones de Dios.

        Un interesante párrafo de Newell sirve para resumir la enseñanza del versículo:

        “¡Oh, que este versículo penetre en nuestros oídos, en nuestro mismo corazón! Quizá ninguna declaración de toda la Escritura pueda llevar al hombre a tan absoluto extremo. El hombre piensa que puede ‘desear’ y ‘decidir’ hacia Dios, y que después de haber ‘decidido’ y ‘deseado’ tiene la facultad de ‘correr’ o, como dice, de ‘no cejar’. Pero tanto el decidir como el no cejar están en este versículo completamente descartados como fuente de la salvación, la cual se declara que es de Dios que tiene misericordia. No se niega aquí la responsabilidad humana en ninguna manera; el hombre debe desear y debe correr. Pero no somos más que pecadores y no podemos ni podremos hacer nada, a menos que Dios venga a nosotros en misericordia soberana”[1]

 17.  Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.

        Porque la Escritura dice a Faraón. Tanto la libertad de la elección como la del rechazo son potestativas en Dios. El que eligió a Jacob para la línea de la promesa, rechazó para la misma causa a su hermano Esaú. Para enfatizar este segundo aspecto de la soberanía divina, el apóstol hecha mano de otro personaje de la historia antigua, que fue Faraón. Dios habló a Faraón por medio de Moisés y el mensaje quedó recogido en la Escritura, de ahí que Pablo diga que “la Escritura dice a Faraón”. La referencia está tomada del Pentateuco, en donde se lee: “Y a la verdad yo te he puesto para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra” (Ex. 9:16).

        Porque para esto mismo te levanté. Dios dice a Faraón que había sido levantado por Él. La aparición del monarca egipcio no se debió a un acontecer histórico casual, sino a la expresión de la determinación divina en relación con él. Esto es, Dios coloca a Faraón en su tiempo histórico con un propósito previamente establecido por Él. Es necesario prestar atención al verbo que Pablo utiliza aquí; la forma verbal traducida por levanté, tiene el sentido de dejarle hacer acto de presencia en la historia. Ese es el mismo sentido que la palabra tiene en otros lugares del Nuevo Testamento, como es el caso del testimonio que Jesús da sobre Juan el Bautista: “De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan” (Mt. 11:11)[2].

        Para mostrar en ti mi poder. Dios que permitió la aparición histórica de Faraón en un determinado tiempo, lo hizo para un propósito predeterminado: “para mostrar en ti mi poder”.

        El pasaje del Éxodo es determinante para entender lo que el apóstol cita aquí. Dios había enviado sobre Egipto, por causa de la rebeldía de Faraón, las seis primeras plagas: El agua del río transformada en sangre (Ex. 7:14-25); la plaga de las ranas (Ex. 8:1-15); la de los piojos (Ex. 8:16-19); la de las moscas (Ex. 8:29-32); la enfermedad en el ganado (Ex. 9:1-7); las de las úlceras en hombres y animales (Ex. 9:8-12). Es en el anuncio de la séptima plaga, la del granizo, en donde Dios dice a Faraón que “serás quitado de la tierra”, y que lo había levantado, que en este contexto equivale a te he dejado vivir, para mostrar mi poder en ti. Dios hubiera podido matar a Faraón, pero no lo hizo porque para él tenía el propósito de ser el instrumento que pusiera de manifiesto la omnipotencia divina. En este propósito “mostrar en ti mi poder”, se concreta la historia del Éxodo. Fue el poder de Dios sobre Faraón que liberó a Su pueblo de la esclavitud en Egipto y abre un nuevo camino en el cumplimiento de los pactos y de las promesas. Otras cuatro plagas más completarán los juicios divinos sobre Egipto: la del granizo (Ex. 9:7-35); la de las langostas (Ex. 10:1-20); la de las tinieblas (Ex. 10:21-29); finalmente la de la muerte de los primogénitos (Ex. 11:1-10).

        Y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra. Un segundo aspecto en el propósito divino en relación con Faraón es el de que “mi nombre sea anunciado por toda la tierra”. Tiene que ver con mostrar a todas las naciones la omnipotencia de Dios vinculada con Su nombre. No cabe duda que Dios asignó a Faraón en la historia humana un papel negativo con el fin de demostrar universalmente que Su poder es sobre cualquier poder humano, por grande que sea. Así lo había dicho a Moisés:“Cuando hayas vuelto a Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano; pero yo endureceré su corazón, de modo que no dejará ir al pueblo” (Ex. 4:21). Más adelante le dice: “Y yo endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y mis maravillas. Y Faraón no os oirá; mas yo pondré mi mano sobre Egipto, y sacaré a mis ejércitos, mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto, con grandes juicios. Y sabrán los egipcios que yo soy Jehová” (Ex. 7:3, 4, 5).

        Un aparente problema en relación con la acción divina sobre Faraón, se considerará más adelante (v. 19). Por el momento existe aquí una dificultad que abre la puerta a dicho aspecto. El texto de Pablo afirma que Dios trajo a la existencia en un determinado momento de la historia humana a Faraón, y lo mantuvo con vida para que fuera objeto directo y testimonio real de la omnipotencia divina y del cumplimiento de Su plan en relación con las promesas dadas a Israel.

 18. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece.

       Compasión y endurecimiento están presentes en los actos divinos, conforme a Su voluntad. Él demuestra su compasión a unos y endurece a otros, conforme a Su determinación. Esta conclusión sorprende al hombre, acostumbrado a conseguir que todo gire a su alrededor y se ajusten las acciones a su voluntad. Cuando esto no ocurre suele acusar de injusto al que opera contrario a lo que él considera que no se ajusta a su propio concepto de justicia.

        Pablo está procurando destacar que la voluntad divina actúa en plena libertad, independientemente de cualquier acción o condición humana. Así lo entiende Wilckens:

        “Así, ambas cosas son ciertas: Dios demuestra su compasión a quien quiere, y endurece a quien le place. Pablo quiere destacar esa voluntad de Dios absolutamente libre, independiente de los hombres. Puesto que es la Escritura misma quien destaca tanto en versión positiva como negativa esta voluntad de Dios, esa misma palabra nos da también la seguridad de que Dios no actúa entonces de manera injusta: la justicia de Dios sólo puede existir en esta libertad absoluta de su actuación, ya que un Dios dependiente del hombre no sería Dios y, por consiguiente, una justicia dependiente de los hombres no sería justicia de Dios”[3].

        Sin embargo, la actuación de Dios en el aspecto reprobador, “al que quiere endurecer, endurece”, no obedece a un capricho arbitrario operativo desde Su omnipotencia. En el caso concreto de Faraón, la historia bíblica lo enseña claramente. Dios no endureció el corazón de Faraón para que actuase meramente al servicio instrumental de mostrar Su poder y gloria, sino que lo hizo confirmando la dureza progresiva del corazón del monarca. La Biblia afirma que a cada una de las cinco demandas divinas para que dejase en libertad a Su pueblo, Faraón respondió con una negativa que surgía de su voluntario endurecimiento; fue él que endureció su corazón (cf. Ex. 7:13, 22; 8:15, 19, 39, 32; 9:7). Fue a la séptima vez que Dios confirma la dureza de aquel corazón (Ex. 9:12). A partir de esa situación, habiendo endurecido Dios su corazón, no había más opción para él que el juicio divino, que pondría de manifiesto delante de todos la grandeza de Dios. Esto era algo sabido de antemano por Dios, por eso dijo anteriormente a Moisés: “Cuando hayas vuelto a Egipto, mira que hagas delante del Faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano; pero yo endureceré su corazón, de modo que no dejará ir al pueblo” (Ex. 4:21). Las maravillas que Moisés hizo delante de Faraón no sirvieron para que reconociera el poder de Dios, sino que endureció su corazón contra la demanda divina, por tanto, fue instrumento para que Dios mostrase ante todos Su poder en él. Eso es lo que anteriormente había dicho a Moisés: “Y el corazón de Faraón se endureció y no los escuchó, como Jehová lo había dicho” (Ex. 7:13). El Señor conocía la dureza de rebeldía que Faraón había atesorado en su corazón:“Entonces Jehová dijo a Moisés: El corazón de Faraón está endurecido, y no quiere dejar ir al pueblo” (Ex. 7:14). No se trataba de una dureza impuesta por Dios, sino de una actitud voluntaria de Faraón. La actitud arrogante del monarca egipcio está claramente atestiguada por sus propias palabras: “¿Quién es Jehová para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel” (Ex. 5:2).

        Sin duda Dios cumplió su propósito de manifestar Su poder y proclamar su nombre en toda la tierra por medio de Faraón. El poder especialmente mostrado sacando a Su pueblo esclavo, de Egipto, lugar de esclavitud (Dt. 6:21; 7:18-19; 11:4; Sal. 77:14-15; 135:9). El nombre de Dios fue proclamado ante las naciones en razón de lo que Dios hizo sobre los dioses de Egipto (Dt. 6:22; 11:3; 34:11), por tanto, los pueblos aprendieron la lección (1 S. 4:7-8).

        De la misma forma ocurrió en los tiempos de Jesús, con el abierto rechazo de Israel al Mesías, a pesar de las señales mesiánicas hechas delante de todos, de modo que Dios confirmó el endurecimiento de Su pueblo (Jn. 12:39, 40) Ese endurecimiento fue la conformación divina a un continuo estado de incredulidad y rechazo consciente de Cristo (Jn. 12:37, 38).

        Dios no actúa injustamente ni hace acepción de personas y mucho menos destina a unos para salvación y a otros para condenación. Su deseo no es la condenación del pecador, sino su salvación (Ez. 18:23, 32; 33:11; 1 Ti. 2:4; 2 P. 3:9). La obligación nuestra es aceptar la soberanía de Dios y no negar la responsabilidad del hombre. Nadie será condenado por voluntad divina sino por su pecado y ninguno podrá decir a Dios que no hizo lo suficiente para salvarle. El hombre se salva por gracia y se condena por incredulidad.

 


[1] W. Newell. o.c., pág. 298.

[2] Véase también: Mt. 24:11; Lc. 1:69; 7:16; Jn. 7:52; Hch. 13:22.

[3] Ulrich Wlickens. o.c., pág. 246.

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¿A DÓNDE VAMOS CUANDO MORIMOS?

 static1.squarespace ¿A DÓNDE VAMOS CUANDO MORIMOS?

ALLEN WEBSTER

Todas las culturas han mostrado interés en la vida después de la muerte. Los egipcios diseñaban pirámides para sus muertos. Los chinos construían tumbas inmensas para sus emperadores. Los vikingos vestían a los guerreros muertos y les ponían en botes ardientes que eran llevados por el viento. Los cruzados en la Edad Media creían que ganaban más vida favorable después de la muerte si morían en batalla, como también llegaron a creer los kamikazes japoneses tiempo después. Los indios norteamericanos sepultaban armas y herramientas con sus muertos, para que los usaran en los Felices Prados de Caza.

Los hombres también han temido a la muerte. El Rey Luis XV prohibió que sus siervos mencionaran la muerte en su presencia. Una superstición china sugería que mencionar la muerte la invitaba. Hoy la gente trata de ignorar la muerte o trata de posponerla tanto como sea posible. Woody Allen bromeó: “No es que tenga miedo a la muerte; simplemente no quiere estar allí cuando suceda”.

Pero nada en la vida es seguro. George Bernard Shaw observó que “las estadísticas en cuanto a la muerte son muy impresionantes—una de cada persona muere”. La Biblia dice: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). El enterrador que firmaba su correspondencia, “Finalmente suyo”, estuvo en lo cierto.

¿Qué dice la Biblia en cuanto al viaje del hombre hacia la eternidad?

La concepción: Dios une; el hombre comienza.

No podemos saber lo que pasa al hombre cuando muere a menos que sepamos lo que el hombre es cuando comienza. Génesis 1 muestra que los humanos difieren de todos los otros seres creados. El hombre es un ser trino; tiene un cuerpo, un alma (vida) y un espíritu (1 Tesalonicenses 5:23; Hebreos 4:12). Los animales tienen cuerpo y vida, pero no espíritu eterno. Como John Piper señaló, “[l]o que separa al hombre de las ballenas y los delfines y chimpancés no es las mutaciones y los químicos, sino la personalidad a la imagen de Dios” (2012, p. 353).

Cada uno de los descendientes de Adán tiene dos dimensiones: una espiritual y una física. Dios hizo el cuerpo de Adán del polvo, pero eso no le hizo humano. Eso pasó cuando Dios le infundió con Su imagen y sopló en él un alma (Génesis 2:7; cf. 1:26-27; Mateo 10:28).

Ya que Dios es el Padre de todos los espíritus (Hebreos 12:9), la vida comienza para cada uno de nosotros cuando Él une a un alma con un cuerpo en la concepción (Salmos 139:14-16). El cuerpo es la parte que sostenemos con comida, aire y agua—esa parte que cesa, perece y muere (“Estudios Temáticos”, s.d.). Es un tabernáculo en el cual el alma vive por 70 u 80 años (2 Corintios 5:1; cf. Salmos 90:10)—un templo para el Espíritu (1 Corintios 6:19).

El alma es la parte que asemeja al hombre a Dios y que regresa a Dios en la muerte (Génesis 35:18; Lucas 23:46). El alma tiene una cualidad parecida al helio—asciende cuando se lo libera. Tiene una cualidad migratoria—regresa a su Amo.

Jesús dijo que si creemos en Él, no moriremos (Juan 11:26). Este es un pensamiento remarcable, ¿pero qué significa? Los cristianos terminan en cementerios como los ateos, budistas y judíos. Exploremos la próxima etapa de la existencia del hombre.

La muerte: el hombre se separa; Dios clasifica.

El hombre se separa. Según un punto de vista evolucionista, la muerte es el final. Los humanos simplemente dejan de existir. Ellos no sienten nada, no saben nada y son nada. Pero la muerte humana no es una extinción.

Según la perspectiva bíblica, la muerte es simplemente una transición de este mundo visible a uno invisible. La definición de la “muerte” es “el cuerpo sin espíritu” (Santiago 2:26). En la muerte, el alma se separa del cuerpo; luego “el polvo”—el cuerpo—vuelve “a la tierra, como era, y el espíritu [vuelve] a Dios que lo dio” (Eclesiastés 12:7). La parte biológica muere; la parte espiritual continúa.

Dios clasifica. Al momento de la muerte, Dios clasifica a la gente en dos grupos—los salvos y los perdidos. El relato del hombre rico y Lázaro (Lucas 16:19-31) muestra que, después de la muerte:

  • Los muertos están todavía vivos. Ambos, Lázaro y el hombre rico, sobrevivieron a sus funerales.
  • La posición y condiciones terrenales ya no importan. El hombre rico ya no era rico; Lázaro ya no estaba enfermo. El rico era entonces un mendigo; Lázaro era entonces rico.
  • Los muertos ya no tienen un cuerpo. El hombre rico fue sepultado. Se dice que el hombre está “desnudo” en el estado intermedio—su alma está sin una “morada” (2 Corintios 5:1-8).
  • Los muertos están conscientes. Cuando el rico abrió sus ojos, tal vez se preguntó dónde estaba, pero con seguridad sabía que estaba. Podía ver, percibir, oír, sentir, reconocer, recordar, hablar y reflexionar. Abraham conversó con él. La Biblia nunca usa “dormir” con referencia al alma; solamente con referencia al cuerpo (cf. Juan 11:11).
  • Los muertos conservan sus identidades, personalidades y caracteres. Lázaro todavía era “Lázaro”, y el hombre rico todavía se consideraba como superior a él (“envía a Lázaro”). Él reconoció a Abraham y Lázaro (16:23-24). Algunos piensan que la muerte les cambiará en algo que no son. Piensan que pueden vivir como el rico y obtener la recompensa de Lázaro—morir en pecado, pero resucitar como santos. La muerte no altera el estado espiritual; solamente la sangre de Cristo puede hacerlo (Apocalipsis 1:5; Hechos 22:16; Efesios 1:7). El pecado nos separa de Dios y produce muerte espiritual (Isaías 59:2; Romanos 6:23), y solamente seguir a Jesús puede hacernos vivir nuevamente para ir al cielo (Juan 14:6; Hechos 4:12).
  • El hombre sabe si es salvo o si está perdido inmediatamente después de la muerte. El Día del Juicio dará la sentencia final, y revelará la razón por la cual alguien es salvo o no (2 Corintios 5:10; Eclesiastés 12:13-14).
  • Los justos muertos se unirán a los santos que les precedieron. Lázaro estaba con Abraham. Nosotros estaremos inmediatamente con nuestros familiares y amigos cristianos después de la muerte (cf. Apocalipsis 6:9-11).
  • El Más Allá contiene dos secciones: una de consuelo y otra de tormento. El “seno de Abraham” (o “paraíso”, Lucas 23:43) está lleno de gozo y consuelo. El tormento es un estado de sufrimiento personal (16:24-25). El hombre rico estuvo en llamas, tuvo sed, y rogó por ayuda.
  • El destino está fijado para siempre (16:22-31). La sima estaba “fijada”. El hombre rico no podía salir de allí, y Lázaro no podía ayudarle. La muerte marca una separación final de los salvos y los perdidos. Nada cambia una vez que la eternidad ha comenzado (sección adaptada de Johnson, s.d).

La resurrección: el hombre se reúne; Dios juzga.

El hombre se reúne. La muerte es tan necesaria para el progreso del hombre como romper el cascarón lo es para el polluelo o dejar el capullo lo es para la mariposa. Para vivir en un reino eterno, necesitamos un cuerpo espiritual (1 Corintios 15:50).

Aunque nuestros cuerpos finalmente regresan al polvo (Génesis 3:19), no se pierden completamente. La doctrina de la resurrección corporal es una marca del cristianismo. Dios dedicó un capítulo completo a este tema (1 Corintios 15; cf. Hechos 4:1-2), diciendo: “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (15:22).

En el último día del mundo, cada sepulcro será abierto, y el mar entregará a sus muertos (Juan 5:28-29; Apocalipsis 20:13). Los que estén vivos al regreso de Jesús serán “transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles” (1 Corintios 15:51-52). Nuestros cuerpos resucitados serán inmortales—nunca se deteriorarán, sufrirán daño, envejecerán, enfermarán o morirán (1 Corintios 15:42-55). El cuerpo de nuestra humillación será hecho como el cuerpo glorioso de Cristo (Filipenses 3:20-21). Jesús traerá a nuestros espíritus inmortales con Él para entrar en esos cuerpos resucitados (1 Tesalonicenses 3:13; 4:13-17).

Dios juzga. Juan describió la escena del juicio: “Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Apocalipsis 20:12-15; cf. Mateo 25:31-33).

En el Juicio, la gracia de Dios recompensará a los cristianos por sus buenas obras (Mateo 10:41-42; 16:27), y la justicia de Dios castigará a los incrédulos por su pecado (Gálatas 5:21; 1 Corintios 6:9-10). Pablo explicó: “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5:10).

La eternidad: Dios reina; el hombre vive.

Dios reina. Se puede resumir la eternidad con estas palabras: “[E]l Señor nuestro Dios Todopoderoso reina” (Apocalipsis 19:6).

El hombre vive. Solamente hay dos destinos en la eternidad: el cielo y el infierno. Hay tres cosas asociadas con la “resurrección de condenación” (Juan 5:29).

  • Fuego. En profundidad, es un bautismo; en reclusión, un horno; en duración, interminable; en tamaño, un lago (Mateo 3:11-12; 13:42; Marcos 9:43-48; Apocalipsis 20:14).
  • Dolor. “Geenna” es un lugar donde el gusano no muere, una prisión sin descanso, un fuego que nunca se extingue, una región de oscuridad con llanto y crujir de dientes continuo (Mateo 8:12; Marcos 9:43-48; Apocalipsis 14:11).
  • Vergüenza. Los impíos serán despertados “para vergüenza y confusión perpetua” (Daniel 12:2).

Naturalmente nosotros tememos tales pensamientos. Pero gracias a Dios, tenemos el privilegio inmenso de determinar dónde pasaremos la eternidad (Filipenses 2:12). Lo que pasa al alma en la muerte depende de lo que pasó con el alma antes de la muerte. Si fuimos lavados con la sangre de Jesús, no necesitamos temer la muerte (Apocalipsis 1:5; 7:14; Hechos 22:16; Hebreos 2:14-15). Pero debemos morir “en el Señor” para ser bendecidos en la muerte (Apocalipsis 14:12-13). Para morir en el Señor, debemos estar en el Señor. Pablo escribió: “[P]ues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gálatas 3:26-27). Dios no ajusta arbitrariamente nuestro destino; toda la “gente buena” no va necesariamente al cielo; la ciudadanía en un país avanzado no es sinónimo de la ciudadanía en el cielo. No despertamos accidentalmente en el cielo sin prepararnos para ir allá. Las decisiones determinan el destino.

El cielo producirá sanidad física y emocional completa (Apocalipsis 21:4). Nuestros cuerpos resucitados estarán libres de discapacidad, debilidad y enfermedad. Nuestras cicatrices emocionales serán removidas, y seremos libres de toda neurosis, complejos y síntomas de depresión. Iremos al cielo con el Señor para disfrutar, adorar, servir, regocijarnos, cantar y celebrar para siempre (1 Tesalonicenses 4:17). La Biblia describe el viaje al cielo como:

  • Un traslado angelical al gozo (Lucas 16:22).
  • Una llegada al paraíso (Lucas 23:43).
  • Un dormitar para levantarse en un lugar mejor (Juan 11:11-14).
  • Una mudanza de un tabernáculo a una mansión (2 Corintios 5:1; Juan 14:2).
  • Una ganancia de algo mejor que vivir (Filipenses 1:21,23).
  • Un abandono de la oscuridad para entrar a un lugar bien iluminado (Apocalipsis 22:5).
  • Un encuentro con nuestros familiares y amigos (Génesis 25:8).
  • Una liberación de la prisión (2 Corintios 5:2-4).
  • Un viaje largo a una tierra nueva (Mateo 7:13).
  • Un viaje a la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 3:12).
  • Una mudanza a una comunidad elegante (Eclesiastés 12:5).
  • Una entrada por las puertas de un mundo nuevo (Hebreos 11:14-16).
  • Un viaje a una patria mejor (Hebreos 11:14).
  • Una reunión con Cristo (Filipenses 1:21-24; 2 Corintios 5:6-8).
  • Un despertar del sueño para vivir con Jesús (1 Tesalonicenses 4:13-14; 5:9-11).
  • Un descanso de nuestros trabajos (Apocalipsis 14:13). (Algunos de estos puntos se encontraron en “Estudios Temáticos”, s.d.).

No es una sorpresa que la Biblia diga: “Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos” (Salmos 116:15). Dios recibe a Sus Hijos como un padre recibe a un hijo en sus brazos (Hechos 7:54-60). ¡Imagine eso!

Dios todavía está tomando reservaciones. Vaya a casa con nosotros.

Referencia

“Estudios Temáticos” [“Topical Studies”] (sine data), Bible Study Tools, http://biblestudytools.com/bible-study/topical-studies/.

Johnson, Lowell (sine data), Bivocational, http://bivocational.org/BIVOS/SermonArchives/LowellJohnson/.

Piper, John (2012), Gracia Futura [Future Grace] (Colorado Springs, CO: Multnomah).

http://www.ebglobal.org/inicio/a-donde-vamos-cuando-morimos

Único Dios Verdadero.

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Único Dios Verdadero. (1ª parte)

William MacDonald

¿Cómo están amigos? Stephen Charnock, dice: La existencia de Dios es el fundamento de toda religión.

El hecho de la existencia de Dios significa que nosotros, como seres humanos, somos responsables. Si hay un Creador y Sustentador Supremo, las criaturas son responsables ante Él. Daniel Webster, el estadista americano, dijo que el pensamiento más profundo que tenía era el de su responsabilidad para con Dios.

Si la evolución fuese verdad, no habría normas morales para la sociedad. Si fuésemos el producto de una casualidad ciega, de una mezcla de moléculas al azar, nadie vería como algo malo las guerras, los crímenes, los robos, o cualquier otro comportamiento antisocial. Nadie sería responsable ante otra autoridad más alta.

El apóstol Pablo señala en Romanos 1 que todos saben que hay un Dios. Su existencia se revela en la creación; la creación demanda un Creador, como un diseño demanda un diseñador. También se revela en la conciencia; todos tenemos un conocimiento innato del bien y del mal. Las obras que la ley requiere están escritas en nuestro corazón.

Los paganos no quieren retener al Dios verdadero en su conocimiento. Saben que el creer en un Dios así pondría trabas a su estilo de vida, y por ello se vuelven a la idolatría. Se hacen imágenes de personas, aves, mamíferos y reptiles, y las adoran. Ya que cada imagen sucesiva representa un escalón más bajo en la escala de la creación, lo que ocurre es que se sienten cada vez menos responsables de vivir de una manera limpia. Si su Dios es una serpiente, no importa realmente cómo vivan. Esto aclara el estrecho lazo que hay entre la idolatría y la inmoralidad. Los ídolos hechos por seres humanos no hacen demandas morales a los adoradores.

Todos llegamos a ser como lo que adoramos. Ya sea que adoremos al dinero, la humanidad pecaminosa, los placeres carnales, las posesiones materiales o imágenes talladas, comenzamos a representarlas y nos hacemos como ellas. Por otro lado, cuanto más adoramos a Dios, más somos transformados a Su imagen (de lo cual nos habla 2 Co. 3:18).

La creencia determina el comportamiento. Y ahí está la importancia de tener una visión verdadera y correcta de Dios. Cuanto más altos sean nuestros pensamientos de Él, más exaltadas, santas y gloriosas serán nuestras vidas.

Algunos de los atributos de Dios son únicamente Suyos. Estos son intransferibles, esto es, que no pueden ser compartidos con nosotros. Por ejemplo, Dios es el único omnipotente, omnisciente y omnipresente. Nosotros no seremos nunca inmutables o infinitos. Aunque los creyentes vivirán para siempre, no son eternos, porque han tenido un comienzo. En la primera parte de este mensaje trataremos estos atributos únicos e intransferibles.

Pero Dios también comparte algunos de Sus atributos, y a éstos se les llaman atributos transferibles. Trataremos de ellos en la segunda parte del mensaje. Por supuesto, nunca podremos tener estas cualidades en sus formas perfectas. Las nuestras siempre serán reflejos débiles y pálidos de las Suyas. Pero nosotros podemos amar, ser santos y mostrar misericordia. Podemos ser justos y verdaderos, y mostrar gracia y piedad. Y ya que podemos, debemos hacerlo. Así es como somos imitadores de Dios (como nos exhorta Ef. 5:1).

El propósito de nuestro estudio, entonces, no es meramente saber acerca de los atributos de Dios, sino cultivar en nuestra vida cristiana diaria los que son compartidos o transferibles. Ahora tenemos que ponernos a estudiar los atributos de Dios. Normalmente definimos a Dios recitando Sus atributos. Por ejemplo: “Dios es Espíritu, infinito, eterno e inmutable en Su ser, sabiduría, poder, santidad, justicia, piedad y verdad”. Inevitablemente, esto nos lleva a adorarlo de una forma más sincera, a confiar en Él más completamente, a servirlo con más fidelidad, y a buscar el conformarnos más a Él en todos nuestros caminos.

Ahora, comencemos a estudiar los Atributos Únicos de Dios

En Éxodo 15:11, dice: ¿Quién como tú, oh Jehová, entre los dioses?¿Quién como tú, magnífico en santidad, terrible en maravillosas hazañas, hacedor de prodigios?

Dios es: Un Dios Verdadero

En Deuteronomio 6:4, leemos: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”.

La Biblia enseña que hay un, y sólo un, Dios verdadero. Éste es el Dios que se reveló a Abraham y a sus descendientes. Pero, también era conocido desde el principio por aquéllos que se opusieron al politeísmo y la idolatría.

El concepto moderno acerca de esto es que la gente creía en muchos dioses, y que sólo gradualmente, debido al impacto de los profetas hebreos, llegaron a creer en el monoteísmo. La Biblia enseña todo lo contrario: desde el mismísimo comienzo Dios reveló que Él es uno –y el único Dios verdadero.

El versículo que encabeza este capítulo es el credo del judaísmo, el Shema (se pronuncia sh’MAH); quiere decir “oír” en hebreo, y es la primera palabra del credo.

Cuando decimos que Dios es uno, decimos que es un ser espiritual puro, que no está compuesto por partes como nosotros (espíritu, alma, y cuerpo). De todas maneras, al decir que Dios es uno, debe señalarse que en el hebreo hay dos palabras para describir unidad; una sugiere la unidad numérica absoluta, y la otra es un tanto parecida a nuestra palabra unidad. La segunda es la que se usa para Dios.

Los versículos del Antiguo Testamento que subrayan la unicidad y unidad de Dios incluyen las siguientes palabras, que encontramos en 1 R. 8:60, de la bendición del rey Salomón en la dedicación del templo: “A fin de que todos los pueblos de la tierra sepan que Jehová es Dios, y que no hay otro”. Y uno de los profetas menores, Zacarías, predice en el cap. 14, vs. 9, de su libro:
Y Jehová será rey
sobre toda la tierra.
En aquel día Jehová será uno,
y uno su nombre.

Dios es único. Él es uno – el único. Nadie debe compartir Su gloria; ni un arcángel, ni la Virgen María, ni ningún santo, profeta o apóstol.

El Nuevo Testamento continúa el monoteísmo absoluto del Antiguo Testamento, tal como lo indican los siguientes versículos.

Marcos 12:29 y 30 nos muestra que Cristo consideraba el Shema como el fundamento de la verdadera religión, al igual que Sus compatriotas judíos. Allí dice: “Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas”.

Y En Juan 17:3, en la oración sumosacerdotal de nuestro Señor, Él menciona la unidad del único Dios verdadero en relación con el hecho de que Él envió a Su Hijo, y que la vida eterna consiste en conocer a Dios a través de Cristo. Esto se hace por fe, tal como lo enseña el resto de la Biblia. Por ejemplo, Gn. 15:6 y Ef. 2:8 y 9.

 

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PE2243 – Estudio Bíblico
Único Dios Verdadero (1ª parte)

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