Menú 16. La palabra descuidada

Menú 16. La palabra descuidada

a1“El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa”.

Sin querer, aunque se siembra Palabra de Dios también se siembran en nuestra tierra otras cosas: Los espinos.

Malas hierbas que quién sabe quien las puso ahí, pero crecen sin que nadie los haya invitado a la fiesta, ¿O sí?

Algunos sin querer (espero) siembran junto a la Palabra de Dios otras cosas, a saber:

Preocupaciones, riquezas y placeres de la vida.

Espinos que crecen en nuestra mente a la vez que la semilla de Dios y que, si descuidamos la tierra, ahogarán nuestra vida espiritual. ¿Conoces a gente así? Gente que lleva años en la iglesia que incluso tienen brotes con la intención de servir a Dios pero nunca pueden, siempre están demasiado ocupados, tienen otras responsabilidades, otras preocupaciones.

Ruego a Dios que los que educan a otros no fomenten esto, sembrando semilla de la Palabra y a la vez diciéndole a la gente que se ocupe de sus asuntos, poniendo su vida por encima de los propósitos del reino.

Pero no todo es culpa del que siembra.

La propia tierra tiene estas otras semillas que crecen sin que aparentemente nadie las haya sembrado. Y es que estos tres hierbajos que nos ahogan están en todos nosotros y si no los cortamos conoceremos sus consecuencias. Es muy fácil descuidar la semilla una vez sembrada, casi sin darte cuenta:

Las preocupaciones de la vida van desviando tu mirada de lo importante.

Las riquezas también ocupan espacio mental.

Y qué decir de los placeres de la vida, los que todos sabemos: sexo, en todas sus manifestaciones, bienestar, y todos los demás gustos de la vida que nos damos, y que creemos tener por derecho.

Espinos y cardos que si simplemente dejamos crecer harán sombra al brote que proviene de la semilla.

Estaremos vivos, seremos una planta en el reino de Dios, pero sin la capacidad de dar fruto. Estaremos sobreviviendo, nada más.

Por eso la única solución es:

“Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría”. Colosenses 3:5.

Sin piedad, debemos arrancar de raíz, aquellas cosas que nos estorban para dar fruto. Un proceso que nunca debemos descuidar en nosotros. Dicen que mala hierba nunca muere ¿O sí? (Romanos 7:24, 25).

Si simplemente sembramos pero descuidamos el crecimiento pensaremos que sembramos mucho pero en realidad estamos desperdiciando mucha semilla.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 78-80). Álex Sampedro.

Menú 15. La palabra rápida

Menú 15. La palabra rápida

a1“Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza”.

Las piedras, ¡Qué emocionante es recibir el evangelio! He visto mucha gente escuchar un mensaje puramente emocional que han saltado de alegría al recibir el regalo de la vida eterna, han crecido aparentemente más rápido que los demás, pero tan rápido como crecen se queman.

Los responsables, líderes y pastores no deben buscar estas reacciones en primer lugar, sino que la semilla ahonde bien en la tierra y eche raíces. Muchos de nosotros sembramos descuidadamente, queriendo ver el fruto ¡YA! Sistemas de crecimiento rápido típico de la igleburger. Pero el precio espiritual de esto es muy alto, un afluente de personas que tan rápido entran en nuestros locales como salen mientras los líderes se regodean de nuevo en sus números.

El verdadero evangelio es sencillo sí, pero también profundo. Si las emociones vienen ¡Gloria a Dios! Sé que es hermoso llorar o reír cuando Dios te habla de verdad. O saltar, cantar e intentar expresar lo que Dios está haciendo en nuestras vidas. Pero debemos procurar, en medio de todo eso, enraizar nuestra vida en la Palabra. Porque cuando lleguen los problemas (que te aseguro llegarán) no serán las emociones las que te sostengan, sino la Palabra de Dios y sus raíces en tu corazón.

En la igleburger, donde el placer del cliente es prioridad, y cuanto antes mejor, descuidamos estas raíces porque “no se ven” y creemos equivocadamente que lo que “no se ve” no sirve, no es importante.

Una vez oí que la Palabra de Dios actúa fundamentalmente en lo secreto. Pero nosotros queremos hacerla espectacular. Quizás en el fondo hay un afán de reconocimiento: “Mirad que bien y que rápido lo hago” “Mirad cómo crecen” “crecemos más rápido que…”. Pero luego no les contamos a los demás la segunda parte. Esa semilla se quema y de nuevo algunos

creen que siembran mucho pero en realidad están desperdiciando mucha semilla

Al tener poco enraizamiento es la que más pronto brota, pero acaba por desaparecer. Se quema por el sol, porque no tienen la humedad suficiente, el agua suficiente para soportarlo.

¿Cuán profunda ha sido sembrada la semilla del evangelio en mí? ¿Está en las emociones a flor de piel o en mis deseos y anhelos más hondos? ¿Me ha transformado por completo o simplemente me ha afectado como lo podría hacer una buena película?

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 78-80). Álex Sampedro.

Menú 14. La palabra barata

Menú 14. La palabra barata

a1“Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino”.

Cuando un hombre que tiene muchas tierras se muere, los hijos se reparten la herencia. Pongamos por caso que son dos hijos y cada uno se queda con la mitad de la propiedad. Normalmente el terreno que queda en el medio, los límites de la propiedad de cada uno, suponen un problema porque no acaba de decidirse ese metro de más o de menos. Y entonces, para dividirlo hacen un camino, que no es de nadie, o es de todos, según se mire, lo que se siembra ahí cerca, nadie sabe de quién es, no se cuida y, o lo roban, se lo comen los pájaros, o lo pisan.

La palabra barata es aquel mensaje que oímos pero que queremos compatibilizar con nuestra vida. No está en el centro de la siembra.

Junto al camino, la tierra más indefinida. Parece que no le pertenece completamente a nadie. Servimos a Dios, vamos al templo, pero no nos consideramos propiedad de Dios, somos nuestros propios dueños. Luego hacemos lo que queremos con nuestro tiempo. Oímos, pero no entendemos, ni creemos lo que escuchamos.

De hecho, si le sirvo será porque considero que es lo mejor para mí, lo que me conviene en ese momento. Pero no estoy seguro de a quién pertenezco. Tengo mis límites para con Dios.

¿Cuántas veces he oído que si sirves a Dios todo te irá bien según nuestros parámetros, si das tanto Dios te dará tanto? Es barata porque cuesta poco de asumir, no tienes que negar ninguno de tus derechos. No te hace falta un único Señor. Tú das algo a cambio de otra cosa, y si no sales ganando no lo haces. Cuando se siembra así la semilla del evangelio pronto desaparece, porque se la llevan los pájaros, y aunque dicen formar parte del terreno del sembrador, no dan fruto. Ni siquiera germinan, no brotan. Porque en realidad no han entendido nada. Las tierras junto al camino no tienen una identidad definida. No se sabe bien de quién son, si del dueño que siembra, o del camino, tierra de nadie, donde son presa fácil de los pájaros, o son pisoteados por los hombres. Están en un lugar del que no se sienten parte.

Cuando un sembrador siembra así, en esos lugares, es probable que no de fruto, quizás se enorgullezca de tener un terreno más grande, como muchos predicadores que por el número de gente a la que alcanzan se enorgullecen, pero quien sabe si son semillas junto al camino, que dicen que forman parte del terreno del reino pero en realidad no son de nadie. Solo atraídos por la cultura, la gente, “el estar”.

Sé que la semilla en la parábola del sembrador es la Palabra de Dios, y que debemos sembrar en todas partes. No estoy diciendo que no haya que predicar a todo el mundo, solo que hay que conocer la tierra. Saber vallarla, protegerla y cuidarla. Debemos “saber sembrar” no nos quejemos si no sabemos hacerlo, si mezclamos la Palabra de Dios con malas técnicas de siembra.

La palabra barata es un peligro que debemos evitar. Los predicadores, los discípulos que no se esfuerzan en estudiar la Palabra de Dios en profundidad y predican un evangelio descuidado, son un peligro para el reino,
porque creen que siembran mucho, pero en realidad lo que están haciendo es desperdiciar mucha semilla

¿Qué clase de tierra seré yo? ¿Una tierra que no sabe a quién pertenece? ¿Me mantengo en los límites entre lo correcto y lo incorrecto? ¿Sé de quién soy? ¿Entiendo el verdadero evangelio y lo que eso supone para mí hoy? Es muy peligroso ser esa tierra, la Biblia dice que Satanás está interesado en robar la semilla, poniendo carroñeros en nuestra cabeza que se comen la semilla.

No lo dudes, estar junto al camino, estar expuesto a esos pájaros, es peligroso para nosotros.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 78–80). Álex Sampedro.

Menú 13. Predicadores con extra de queso

Menú 13. Predicadores con extra de queso

“Somos lo que comemos”, una expresión española que es una gran verdad, al menos en las iglesias.

a1Desde el liderazgo hay quejas de que la gente, los jóvenes, ya no son como antes. El compromiso ha bajado, los jóvenes son moralmente más laxos, la verdadera adoración se ha enfriado y cuesta encontrar personas dispuestas a servir con un corazón sincero.

Todo esto es el resultado de algo que hemos hecho mal, un fruto que demuestra la clase de semilla que hemos sembrado. ¿O aún estamos con el viejo cuento de: “Esta generación no hay quien la entienda”?

Desde el púlpito, la cátedra, en muchas ocasiones se ha dejado de sembrar el evangelio del compromiso y se ha empezado a hablar de nuestros sueños, lo importantes que somos, y todas esas cosas que caracterizan a la Igleburger. No tenemos derecho a quejarnos si después los jóvenes ponen sus sueños, sus vidas, su tiempo y su YO, por encima de lo que Dios quiere hacer realmente con ellos.

Es lo que les hemos predicado, lo que han visto en nuestras vidas, es el fruto de lo que hemos sembrado. (Si eres joven, querido lector, tampoco eches balones fuera, al final el que toma la decisión de ser como eres, eres tú, no me uses como excusa, que me buscarás problemas).

Hemos sustituido la Palabra por entretenimiento barato. Frases hechas sacadas de libros del último psicólogo de moda.

Predicadores convertidos en motivadores, “Coachers”, positivos y humanistas. Con pocas referencias bíblicas y muchas frases célebres de gente de éxito, según los parámetros de este siglo, de este mundo occidental que nos tiene tan ensimismados. Nos ponen ejemplos de cómo creció el negocio McDonalds (esto no es una parábola, es real, lo he vivido muchas veces) en vez de explicarnos como funcionaba la iglesia en Hechos. Nos explican cómo un empresario levantó su negocio, en vez de contarnos lo que hizo Jesús para levantarnos y cómo los primeros cristianos siguieron su ejemplo, y extendieron el evangelio hasta lo último de la tierra conocida.

Y nosotros…

¿Qué debemos hacer para cambiar esta tendencia?

Se me ocurren algunas cosas acerca del contenido (no de las formas) de lo que los predicadores y los líderes, que tienen audiencia y serán escuchados, deben compartir si no quieren recoger un fruto a base de pepinillos para la próxima hamburguesa:

Hablemos con claridad la Palabra de Dios. Digamos lo que ella dice acerca de quién es Dios y acerca de qué somos nosotros sin Él, su compasión, nuestro amor, nuestra condición real delante de Él y cómo esto afecta a nuestra vida real.

Digámosle a la gente lo que necesita hacer para acercarse a Dios.

Volvamos a enfatizar el precio de seguir a Jesús, la santidad y la entrega. Nunca rebajemos el precio de seguirle.

Hablemos más acerca de la eternidad y de que nuestro servicio aquí es sobretodo en agradecimiento por algo que ya tenemos y por la expectativa futura, no para conseguir objetivos egoístas en esta tierra solamente; sino porque sabemos que disfrutaremos de la eternidad y la podemos vivir hoy.

Y por supuesto, prediquemos con el ejemplo, no digamos nada que no estemos dispuestos a hacer nosotros en primer lugar.

Porque si no, tendremos frutos que no deseamos.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (p. 56). Álex Sampedro.

Menú 12. Lo que es un líder

Menú 12. Lo que es un líder

a1En primer lugar, quiero reconocer que hay un montón de libros sobre el tema, buenos y no tanto. Por eso te escribiré lo que me sirve para resumir lo que es un líder según la Biblia y si quieres saber más cosas busca buena literatura, que la hay, pero sé crítico a la hora de escoger.

Un líder cristiano es un discípulo de Jesús que por amor a Dios y a la gente sirve a los demás a través de inspirarlos y motivarlos para que sirvan.

Es alguien que la gente sigue porque lo quieren, porque su ejemplo es digno de seguir.

“Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros”. Filipenses 3:17.

Porque sienten que él es el que les sirve. Cuando lo oyen saben que es lo mejor para ellos y están dispuestos a escucharlo y apoyar sus iniciativas. Un líder cristiano, al contrario de cómo nos han enseñado, se pone por debajo de las personas y las empuja hacia arriba para que lleguen hasta donde él no puede.

“Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve”. Lucas 22:25, 26.

El tema del liderazgo está tan trillado hoy que creo que debemos enfocarlo de otra manera. Muchas veces se ha querido hacer líder a la gente para motivarlos, o llenar algún vacío de autoestima, y me parece que eso no es ni sano ni prudente, ni siquiera, visto en perspectiva, productivo. El que es líder en áreas de su vida, no lo es en otras, como un padre, que a la vez es un trabajador asalariado; y tener un rol en una faceta de su vida no le convierte en líder en todas las demás. Al igual que en muchas otras cosas, creo que en este caso prima la naturalidad, que las cosas se den, que el liderazgo venga dado, no impuesto. Y que nos centremos sobretodo en ser, insisto y mucho, discípulos del verdadero líder, la verdadera cabeza.

“…sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo”. Efesios 4:15.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (p. 56). Álex Sampedro.

Menú 11. Igleburger vs. Dadles vosotros de comer

Menú 11. Igleburger vs. Dadles vosotros de comer

a1¿Entonces, qué es un líder? ¿Qué debe hacer? Para empezar creo que deberíamos hablar de discípulos en vez de líderes, al menos por el momento. Quizás no abarca todo el concepto del liderazgo tal y como lo entendemos ahora. Pero Dios no nos llamó a ser líderes y producir líderes sino a ser discípulos y hacer discípulos:

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”. Mateo 28:19, 20.

Hacer discípulos, no nuestros, sino de Jesús. Así que para empezar decidamos ser discípulos de Jesús, seguirlo, oirlo, aprender de Él y obedecerlo.

Cuando uno es un buen discípulo, puede, si Dios quiere, ser un buen líder.

Entonces ¿Cómo ser un discípulo?

Para ser discípulo, hace falta fundamentalmente una cosa:

Tener un Maestro.

El discípulo no puede existir sin el maestro. Es algo sin sentido. Jesús como nuestro maestro debe ser el primer rasgo como discípulos. Es lo que nos da identidad, alrededor de Él, y al seguirlo. Y Él no es solo un maestro teórico, es eminentemente práctico. Debemos por lo tanto aprender y poner en práctica, aprender y poner en práctica y muchas veces poner en práctica para poder aprender e ir creciendo hacia la madurez.

“Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos. Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer. Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer. Y ellos dijeron: No tenemos aquísino cinco panes y dos peces. El les dijo: Traédmelos acá. Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud. Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas. Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud”. Mateo 14:14–22.

¿Y qué nos enseña el Maestro?

Aquel día Jesús les iba a enseñar a sus seguidores a dar de comer a los demás y el precio que tenían que pagar. Había cinco mil personas (al menos) y muy pocos recursos en sus manos para alimentarlos a todos. Quizás la solución fácil hubiera sido mandarlos a la hamburguesería más próxima. Pero no, Jesús no quería desperdiciar esa oportunidad. La gente se sentó. Ahí vemos un montón de grupos de gente, niños, hombres y mujeres, tirados en el césped, esperando. Jesús los amaba y quería darles de comer, ya les había enseñado muchas cosas, pero también tenían necesidades físicas que suplir. A este grupo la Biblia los llama “la multitud” los que estaban recostados, v.19. Hoy en día la cosa no ha cambiado demasiado. La multitud sigue recostada esperando que les den de comer. Jesús los amaba, sí, y les dio de comer, aunque sabemos que cuando ocurrió la cruz, ninguno de esos cinco mil entraron en la historia; y en Hechos capítulo 2 (esto es un ejemplo de referencia que hay que buscar) solo había 120 personas esperando la promesa para trabajar.

Hoy las iglesias están llenas de gente recostada que oyen lo que Jesús les dice, pero quien sabe si algún día se levantarán del césped. Aun así insisto, Dios los ama.

Pero hay un grupo especial. En medio de ese gentío hay doce personas de pie (No se sabe cuántos Discípulos había pero el contexto nos habla de que probablemente eran los doce).

Con doce cestas

Ellos también tenían hambre, tenían las mismas necesidades que los demás, pero estaban de pie, cada uno con una cesta prácticamente vacía, con unos trocitos de pan y pescado. Jesús bendijo esos pocos recursos, y mientras esos nuevos camareros servían a los demás, veían que los recursos no se agotaban sino que superando toda lógica, cada cesta se iba llenando en la medida que repartían. Los discípulos tenían hambre, pero no podían comer, tendrían que esperar, un discípulo piensa en servir en primer lugar.

Un líder piensa en servir en primer lugar, incluso a los recostados.

Al final de la historia, después de dar de comer a cinco mil personas, a esos doce se les hacia la boca agua. Estaban más que cansados, imagina un restaurante con doce camareros para atender a tanta gente. Pero así lo hicieron, un trabajo agotador.

Pero al final de la jornada, esos camareros tenían en sus manos cada uno una cesta llena de panes y peces.

Aquel día aprendieron a servir a los demás, aprendieron a depender de Jesús, a amar a la gente como Él los amó, a saber repartir con equidad, a trabajar con denuedo, a no quedarse recostados, a no formar parte de una multitud acomodada, a trabajar con los pocos recursos que tenían, a obedecer a Jesús, incluso cuando no les apetecía. Y quizás inspiraron a otros con su ejemplo. Aquel día, estaban aprendiendo lo que era ser un discípulo de Jesús a través del servicio a los demás.

Recuerda que Dios no busca clientes, busca discípulos y quiere que nosotros hagamos discípulos y no personas que solo esperan el próximo menú. No preguntemos ¿Cuánta gente hemos alimentado? Sino ¿A cuántos hemos enseñado a dar de comer?

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (p. 56). Álex Sampedro.

Menú 10. ¿Qué hay de los líderes?

Menú 10. ¿Qué hay de los líderes?

a1La palabra líder ha sido muy maltratada. Sobre todo por la igleburger. Nos han dicho cosas como que todos somos líderes. Eso es un gran absurdo. Líder significa el que va a la cabeza, por delante. No todos hemos sido llamados a ser cabeza. La iglesia se convertiría en un monstruo lleno de cabezas por todas partes, la imagen es ridícula.

¿Te imaginas algo así?

A pesar de eso, obviamente, hay personas que van a la cabeza.

Algunos ocupan lugares de liderazgo. Es algo natural que algunas personas tengan más influencia que otras, debido a su nivel de entrega, servicio, relaciones, dones, sabiduría, experiencia, posición.

Aunque odio el liderazgo mal entendido porque sé el daño que hace, y aunque he querido irme al otro extremo en el que pensaba que no hacen falta ese tipo de personas, que todo podemos hacerlo todos juntos, como una familia feliz y tomados de la mano mientras cantamos Cumbayá, me he dado cuenta de que en realidad, hasta que no hay alguien que hace las cosas, un líder o llámalo como quieras, las cosas no ocurren. La palabra líder no es de mis favoritas por las connotaciones que le hemos dado, pero creo que me servirá para hacerme entender.

El liderazgo bien asumido, puede hacer mucho bien, quizás más que el daño que ha provocado. Por eso quiero prestarles atención. En primer lugar porque considero que son (somos) los máximos culpables de la situación actual de la iglesia, los que de alguna manera incitaron a los demás a tomar hamburguesas y olvidar la comida sólida. Y en segundo lugar, porque sé que sus decisiones, su arrepentimiento, su cambio o un darse cuenta de la realidad puede mejorar mucho la situación de la iglesia.

La primera pregunta que debemos hacernos es, si crees que eres un líder, tengas un titulillo o no, ¿Por qué quieres serlo? ¿Cuál es tu motivación?

Porque si las motivaciones son las incorrectas, da igual lo que hagas, estará mal, por mucho que consideres todo el bien que haces a los demás a través de tu posición o servicio.

Aquí presento tres de las motivaciones que creo que no son las correctas, motivaciones igleburger que no alimentan a nadie. Algunas las he visto en mí, otras en otros, da igual, sé que están ahí.

1. Para ser reconocido, es decir, por vanagloria y ser más que los demás

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”. Filipenses 2:3

Muchos cristianos han ocupado cargos para llenar un vacío de autoestima. Para sentirse en alguna medida superiores a otros sin saber que el más pequeño es el más grande (Lucas 9:48). Se pelean por conseguir cargos del que se quieren servir, pero no para servir.

Por eso cuando sirven a los demás sirven a las apariencias y no se preocupan de hablar la verdad en amor y poner sus vidas al servicio real de otros.

Por lo tanto, siempre acariciarán el lomo a la gente con palabras “fast food”, que no incomode a nadie, dejándose llevar por la corriente de este mundo e intentando contentar a las personas, diciéndoles lo que quieren oír sin preocuparse por ellos de verdad y así mantener su estatus.

2. Para sacar provecho de algún tipo

Mira lo que le dijo Pablo la última vez que se juntó con los responsables de la iglesia de Éfeso:

“Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos”. Hechos 20:28–30.

Y lo que le dijo Pedro a otros responsables:

“Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey”. 1 Pedro 5:1–3.

En estos tiempos que corren hay personas que, aunque empiezan bien, acaban sirviendo por posición o razones puramente económicas, y permiten que el dios Mamón juegue con ellos.

“Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”. Mateo 6:24.

Realmente donde dice “riquezas” Jesús dijo “el dios Mamón”.

EL dios Mamón es el dios de las riquezas y el Señor claramente se posicionó en contra de los que las aman. Sé que el Señor recompensa y que el obrero es digno de su salario (Lucas 10:7) Pero no estoy hablando de esto, sino de la motivación incorrecta en el corazón de los que sirven.

Estos ven en las personas a las que sirven no una oportunidad de entregar su vida de corazón sino una posible fuente de ingresos o de búsqueda de posición acomodada dentro de un sistema. Por eso su liderazgo se verá comprometido y, a veces, no querrán hablar la verdad en amor por miedo a perder clientes.

3. Porque simplemente lo han puesto

Sí, mucha gente ocupa lugares de liderazgo por inercia, sin visión, ocupando un lugar que le da igual ocupar o no. Esto al final lleva a un desinterés por la gente, un conformismo generalizado y falta de liderazgo real que la gente necesita.

Hay muchos más casos que no voy a mencionar. Pero lo triste de todo esto, es que tal como son los líderes así es la gente que los sigue, es algo natural que ocurra. Por eso es vital, para dejar de ser igleburgers, que se levanten personas que quieran servir a los demás por amor a Dios, que conozcan la Palabra, que estén preparados y preparándose siempre, que quieran invertir tiempo de calidad con otros, que nos acompañen e influencien a los demás para cambiar la manera de entender quiénes somos y qué debemos hacer como Iglesia.

“Servíos por amor los unos a los otros”. Gálatas 5:13.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (p. 56). Álex Sampedro.

Menú 9. Mi relación con los demás, la pizza es para compartir

Menú 9. Mi relación con los demás, la pizza es para compartir

a1“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor. (…) Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros”. Efesios 4:11–16, 25.

Hoy la iglesia tiene muchos ministerios. Hay pastores que cuidan de las ovejas, líderes y sublíderes que lideran, responsables de alabanza que hacen que la gente participe más, ujieres que acomodan, maestros que enseñan, profetas que dicen cosas, evangelistas que salen a la calle a hablar de Jesús, tesoreros que cuentan cuánto dinero da la gente, líderes de jóvenes que cuidan de los jóvenes, músicos, co-pastores e incluso apóstoles que no sé muy bien qué es lo que hacen.

Un montón de posiciones para hacernos crecer. Según Efesios 4, estos están puestos ahí para que los santos, es decir nosotros, crezcamos para ser como Jesús. Pero esa no es la verdad, al menos no es toda la verdad. Si seguimos leyendo el capítulo nos damos cuenta de que para crecer lo más importante no son las líneas de autoridad, ni los ministerios “nominales” puestos por Dios. Con permiso del apóstol Pablo (este sí lo era) he puesto un “corta y pega” del capítulo cuatro de efesios para que lo leas, pero no te acostumbres, cuando te pongan una referencia en un libro, búscala.

Lo imprescindible es que “hablemos la verdad en amor unos con otros”. (v. 15) Sin esto será imposible crecer. Cuántas veces he visto iglesias llenas de ministerios, pero vacías de esta práctica fundamental. Sin este principio estamos ciegos, perdidos. Podremos programar mil reuniones, nombrar cien líderes, pero no ayudaremos a los miembros de la iglesia a crecer.

En mi vida cuando más he crecido no ha sido en un supermensaje, sino cuando alguien, a quien considero mi amigo, se toma la molestia de escucharme, de decirme la verdad acerca de mí, de lo que hago y soy, pero con amor y comprensión. Así he podido sentir de verdad lo que Dios piensa de mí y me ha dado una oportunidad de crecer. Y esto se debe practicar de forma natural. Debemos fomentar que la iglesia hable la verdad en amor desde todos los ángulos: En el púlpito, en las reuniones, en los hogares, y entre nosotros, unos a otros.

Aceptarnos y motivarnos a cambiar

No basta solo con hablar verdad. Hay gente que siempre va con la verdad por delante, pero sin amor, esto tampoco hará crecer.

Otros en cambio tienen tanto ¡tanto amor! que no hablan la verdad por temor a hacer daño, y esto tampoco es sano y no es amor verdadero. Es necesaria la verdad en amor, como en otros lugares lo expresa: la misericordia y la verdad, a la vez.

“Con misericordia y verdad se corrige el pecado, Y con el temor de Jehová los hombres se apartan del mal”. Proverbios 16:6

Te reto a volver a leer todo el capítulo 4 de Efesios y sacar tus propias conclusiones; verás cuánto nos hace falta esforzarnos un poco más y no relegar la responsabilidad a los “ministerios”, cuando en verdad depende de nosotros el crecer a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. No desmerezco lo que Dios ha puesto en nuestras iglesias locales para dirigirnos o presidirnos, pero debemos también reconocer nuestra responsabilidad y cumplir con lo que Dios nos manda, y sobretodo ser consecuentes con la Escritura.

En la igleburger pretendemos crecer de otras maneras, reuniéndonos y haciendo como que nos llenamos de su Espíritu y maduramos porque nos ponen las manos encima y queremos ir por atajos que la Biblia no enseña. Entre otras cosas la comunidad local fue inventada por Dios para afilarnos unos a otros, trabajar unos con otros, moldearnos, servirle en medio del maremágnum de las relaciones genuinas.

“Hierro con hierro se aguza; (se afila) Y así el hombre aguza el rostro de su amigo”. Proverbios 27:17.

Es muy arriesgado hablar la verdad en amor porque te expones, porque descubres tu corazón a los demás, porque te quitas todas las máscaras y las murallas que esta sociedad te ha enseñado a crear para protegerte.

Volviendo a la literatura “cristiana” he de decir con dolor en mi corazón, que a veces tampoco han estado acertados en este punto. Nos han enseñado a mantener las distancias con los demás, a no implicarnos, mirando en primer lugar nuestro propio bien, nuestro bienestar, dejando en segundo plano a los otros. Desde la autoridad de la psicología humanista hay pastores que nos han enseñado a no conectar con la gente, a ser egoístas en nuestras relaciones; aunque no lo digan así, es lo que hay en el fondo de la cuestión. ¡Y cuánto dolor han generado! ¡Cuánta soledad y cuántas lágrimas! Todo lleno de palabras bonitas o técnicas, y desvirtuando la Escritura. Enseñanzas que poco tienen que ver con Su palabra:

“Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a tí mismo”. Gálatas 5:14.

No necesita demasiada explicación ¡hazlo! Atrévete a hablar la verdad en amor, buscando siempre el bien de la persona con la que hablas, igual que te gustaría que hicieran contigo, como a ti mismo. Dios está ahí en medio. No “vayas a la iglesia” solo para alimentarte tú. Ten en cuenta a los demás.

Él énfasis para crecer como cristiano está en el “nosotros” no en el “yo”. A nuestra carne, nuestro yo, le duele cuando nos dicen que nuestro crecimiento no depende solo de nosotros, de cuanto oramos o leemos la Biblia nada más. Nos molesta saber que dependemos de los demás para crecer, pero así nos lo enseña la Palabra de Dios y así debemos movernos en la iglesia. Si no, nunca alcanzaremos la madurez que tanta falta nos hace.

Y si queremos ver un cambio real, debemos verlo en primer lugar en las personas que tienen la responsabilidad de tomar la iniciativa para inspirar a otros a buscar más de Dios. Sí, ellos deben ser los primeros, quizás tú debes ser el primero, quizás yo…

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (p. 56). Álex Sampedro.

Menú 8. ¿Para qué tienes el móvil?

Menú 8. ¿Para qué tienes el móvil?

a1Ahora bien, tu relación no puede limitarse solo a un tiempo apartado con Él. Sí, esa puede ser una buena base, pero recuerda que no puedes salir de su presencia como cuando sales de un restaurante y hasta que te da hambre no vuelves a entrar.

“Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos”. Hechos 17:28

Mucha gente vive en su intimidad con Dios, pero tienen solo un Dios privado dejándolo de lado en la esfera pública.

Dios está contigo cuando caminas por tu ciudad, cuando estás con tus amigos, con tu familia, tu novia o novio, tu trabajo, tu instituto o universidad. No sólo está contigo, también quiere formar parte de esas circunstancias, quiere hablar contigo en medio de todo eso.

Hay un versículo que me desconcierta un poco, porque a simple vista parece imposible de cumplir:

“Orad sin cesar”. 1 Tesalonicenses 5:17.

Pero cuando entiendo que mi relación con Dios es algo dinámico que no puedo encasillar, y que Dios anhela hablarme en todas partes, entiendo a que se refiere. Nunca te desconectes de Dios, es algo que debemos hacer intencionadamente. Como tu teléfono móvil, mantén tu línea para Dios siempre abierta, no te lo dejes en casa, envíale mensajes, revisa de vez en cuando si te dice algo, pregúntale, adórale, pregúntale por “whatsapp” estés donde estés.

Los que buscan a Dios lo buscan en todas las circunstancias.

“Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda”. 1 Timoteo 2:8

Ahora insisto, el teléfono móvil hay que ponerlo a cargar, conectado físicamente a una fuente de alimentación. Tener a Dios en todas partes es genial, y habla de una relación real, pero no descuides tu tiempo apartado con Él, tu recarga de baterías que te ayudará a caminar siempre en sintonía con Su Espíritu, sean cuales sean las circunstancias.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 47–48). Álex Sampedro.

Menú 7. ¿Cada cuánto voy a Dios?

Menú 7. ¿Cada cuánto voy a Dios?

a1Antes de hablar de nuestro compromiso con la iglesia te quiero preguntar cómo está nuestro compromiso con Dios. Mucha gente ve la iglesia como un lugar activista donde puede conocer gente, ser un buen cristiano y desarrollarse como tal. Eso es cierto en parte, pero la realidad es que todo lo que hacemos debería partir de nuestra genuina relación con Dios en intimidad, no en una serie de actividades en un calendario. Mucha gente dice que está bien con Dios pero nunca está con Él a solas.

Mi vecino del quinto piso y yo tenemos muy buena relación. No tengo ningún problema con él, nunca se ha molestado conmigo ni yo con él, nos tratamos con respeto y nunca he hecho nada que le molestara. Qué relación tan impresionante ¿no? Pues no. La verdad es que estoy bien con el vecino del quinto porque tal relación no existe. Solo lo veo de vez en cuando, yo no lo molesto, ni él tampoco a mí.

Así es muy fácil decir que estoy bien con él. Y creo que a muchos cristianos nos pasa lo mismo. Nos decimos unos a otros que estamos bien con Dios, y quizás es debido a falta de relación con Dios y no porque invirtamos mucho tiempo en conocerlo. De hecho, cuando uno pasa tiempo a solas con Dios, de verdad, se da cuenta de que las cosas no están tan bien como creíamos y nace en nosotros un deseo de cambiar para mejorar nuestra relación con Jesús.

Entonces al liderazgo de la iglesia se les ocurre una gran idea para decirles a los jóvenes cómo deben tener una comunión con el Señor, y los invitan a empezar ¡una relación con Dios de 5 minutos! Pero creo que esto es fruto de una mentalidad igleburger. ¿Cómo es posible comenzar una relación de verdad dedicando 5 minutos al día para empezar? ¿Te imaginas que en un gimnasio te dijeran: “Dedícale 5 minutos al día para empezar”? ¿O con tu novia: “Hablemos de momento solo 5 minutos al día”? Es ridículo. Chicos, jamás le digáis eso a vuestra novia si no queréis probar la ira en forma de mano femenina, pero firme, que se acerca irremediablemente a vuestro rostro.

Hablemos en serio, hemos querido embotellar a Dios, venderlo como un producto de telemarketing prometiendo cambios inmediatos con el mínimo esfuerzo, con el mínimo tiempo posible de inversión. Con 5 minutos.

Y la verdad es que lo más importante en nuestra vida debería ser el tiempo que invertimos con Dios, a solas.

“Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos”. Salmos 84:10.

¿Podemos decir lo que dijo este compositor y sentir que es cierto en nuestra vida?

Seamos consecuentes con lo que creemos y tomemos como prioridad apartar un tiempo diario con Dios en oración y escuchándolo a través de la palabra; tómatelo con naturalidad, y no mires el reloj, Dios es más grande que todo eso.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 40–41). Álex Sampedro.