Menú 6. Mi relación con Dios: Dios no trabaja en un restaurante de comida rápida

Menú 6. Mi relación con Dios: Dios no trabaja en un restaurante de comida rápida

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“Vosotros, pues, oraréis así:

Padre nuestro que estás en los cielos,

santificado sea tu nombre.

Venga tu reino.

Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy

Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén”.

Mateo 6:9–13.

Ponme esto, con un poco de aquello y con esto, y doble de bendición por favor, y ¡ya! En el nombre de Jesús, Amén.

Este es un ejemplo de la típica oración que en la igleburger nos enseñan.

No debemos tratar a Dios como un trabajador de restaurante de “Fast food”. Ayudados por literatura “cristiana” que enseña a pedir y pedir a Dios, nos imaginamos a Jesús en una barra diciéndonos: “¿qué va a ser?… Enseguida, señor.”

Tomamos oraciones modelo sacadas de una lista de un libro del Antiguo Testamento basando nuestra vida espiritual exclusivamente en nuestras necesidades y no nos fijamos en las profundidades del Padre Nuestro. ¿Para qué tener relación con el Dios de los cielos? Para que solucione nuestros problemas, pensamos algunos.

Es verdad, necesitamos a Dios y mucho, pero no es el único propósito de la oración. Hablar con Dios sería muy aburrido si se limitara a pedir y rogar. No creo que Jesús me salvara para tener ese tipo de relación conmigo. Él mismo nos enseñó cómo estar con el Padre, de qué cosas le gusta que hablemos, cuáles son sus temas preferidos y cómo hacer real en esta tierra las conversaciones que tengamos con Él.

Los discípulos querían aprender mucho de Jesús pero no le dijeron nunca: Señor, enséñanos a predicar, enséñanos a ser relevantes en la sociedad, enséñanos a ser una iglesia atractiva, enséñanos a ser misioneros, enséñanos a tener buenas relaciones. No, ellos le dijeron:

“Enséñanos a orar”. Lucas 11:1.

¡Enséñanos a hablar con Dios! Que petición más genuina y cuán necesaria para el día de hoy. Enséñanos a saber relacionarnos con el Creador, por favor. Y Jesús les respondió:

“Padre Nuestro que estás en los cielos”.

Él es alguien muy cercano, un Padre. Jesús lo llamaba cariñosamente Abba, papá, algo que los judíos no pudieron soportar, por eso lo mataron.

“Por esto los judíos aun más procuraban matarle, porque no solo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios”. Juan 5:18.

Pero también es un Dios trascendente, fuera de nuestro alcance y comprensión, Él está en los cielos, más allá de todo, nosotros estamos en la tierra, y le debemos un respeto como Creador, Señor y también Salvador y Redentor. A veces tenemos conceptos erróneos de quien es Dios y eso también nos hace tener ideas equivocadas de lo que somos nosotros y de lo que es la Iglesia. Creo que este punto es central.

Del verdadero conocimiento de Dios emana todo lo demás en nuestra vida cristiana. Nuestra base es lo que sabemos y entendemos de quien es Dios. Hoy ya no se dedica tanta literatura a explicar quién es Él. Es un tema que ha pasado a un segundo plano dejando paso a otras cosas “más prácticas”. Es un terrible error. Que los cimientos de un edificio no se vean no significa que no sean prácticos y que sin ellos lo demás caería por su propio peso.

Dios desea ser conocido como realmente Él es. El nombre técnico de esto es “Teología propia”, lo que sabemos de Dios, lo que dice Dios de sí mismo.

Si nuestro crecimiento espiritual depende de nuestra relación con Dios, esta depende en gran medida de si conocemos o no conocemos realmente a ese Padre Nuestro que está en los cielos. Por eso Jesús empezó así, porque es ahí donde todo empieza, en Él. ¡Gracias Dios por dejarte conocer! Más adelante le dedicó un capítulo a lo que Dios no es, imágenes falsas que hemos creado del Dios verdadero y que nos alejan de la verdadera intimidad con Jesús.

“Santificado sea tu nombre”

El conocimiento teórico no es suficiente. Cuando uno va conociendo a Dios se da cuenta de lo maravilloso que es, de lo sorprendente de su persona, su carácter, su grandeza. Y algo debe cambiar en nosotros. Quedarnos maravillados ante Él nos guía a adorarlo, a alabarlo, a ponerlo aparte de todo, tenerlo como nuestro más especial tesoro, respetar su Señorío. Nos guía a santificar su Nombre. Ponerlo por encima de todo como se merece. Y eso trae crecimiento en nuestras vidas, porque en la medida que reconocemos su lugar en nosotros también vamos descubriendo nuestro lugar en el mundo.

“Venga tu reino, hágase tu voluntad como en el cielo así también en la tierra.”

Muchas personas tienen la experiencia de que al orar parece que sus oraciones caen en saco roto. Se quejan delante de Dios, diciéndole que no responde.

“Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites”. Santiago 4:3.

La oración egoísta no contestada se convierte en un motivo para no creer en Él.

La verdad es que la oración fue diseñada, en primer lugar, para traer el reino de Dios a la tierra, no tanto para poner mis peticiones delante de Dios sino para que a través de ella Dios pueda actuar y traer su reino.

La oración es para aquellos que están involucrados en las cosas de Dios, no en las suyas. El reino de Dios que Jesús vino a traer se extiende a través de sus hijos y nuestra tarea es que su reino de justicia, paz y gozo se asiente en nuestras vidas y en la de los que nos rodean. No existe oración que no tenga que ver con el reino de Dios en la tierra.

Imagino la oración como las comunicaciones en un ejército. Es como pedir refuerzos desde el campo de batalla a la base central, o como recibir órdenes de los altos mandos para actuar coordinadamente con el resto. Sin esa comunicación estamos perdidos. No imagino a un soldado en mitad de una pelea pidiendo una hamburguesa doble con queso a su general.

Tristemente es lo que muchos hacemos. Qué absurda petición. Necesitamos decirle a Dios que venga su reino, que estamos en su bando, que sea su voluntad en nuestro lugar de batalla.

Si eres cristiano y no estás en la batalla de traer el reino de Dios a tu vida, es difícil tener una vida de oración viva.

Últimamente veo que la gente al orar cree que debe ordenarle a Dios cosas. Incluso he escuchado que si decimos “que se haga tu voluntad” es falta de fe.

“Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Lucas 22:41, 42.

Jesús oró así en Getsemaní y no creo que podamos acusar a nuestro Señor de falta de fe. Se trataba de una total rendición a los planes de Dios a cualquier precio. No veo esa enseñanza en ninguna parte de la Biblia y me suena más a un acto de orgullo y vanidad y una “espiritupidez” de parte de gente que cree que Dios trabaja en una hamburguesería.

“Danos hoy el pan nuestro de cada día”

Ahora sí. ¡Claro!, hay necesidades diarias que debemos pedir. Algo de pan en la mesa cada día, para mantenernos fuertes para seguir en la pelea. En la historia le han dado muchos significados a ese pan. Algunos dicen que es la palabra de Dios, otros dicen que es el mismo Jesús, otros que se refiere a necesidades materiales. Creo que en verdad es todo eso y más, pero siempre en relación al “Hágase tu voluntad”. Dios es un buen padre y cuida de sus hijos, Él quiere escuchar nuestras peticiones, por supuesto. No estoy en contra de que le digamos a Dios lo que nos pasa y lo que creemos que necesitamos. Sólo considero que en nuestra sociedad se ha hecho demasiado énfasis en esto, descuidando el principio de la oración.

Dios está interesado en nuestras cosas y cuidará siempre de sus hijos, es una de nuestras esperanzas y sé que a Él le gusta que seamos sinceros también en nuestras necesidades, recordando siempre que lo que más necesitamos no es lo que Él nos pueda dar sino Él mismo en nosotros.

“Perdona nuestras deudas como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”

El reconocer que le debemos algo a Dios no está de moda. Pero es la verdad.

“Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne”. Romanos 8:12.

“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo”. 1 Corintios 15:10.

Soy lo que soy por la gracia de Dios. Nuestra vida debería ser un constante agradecimiento a Dios por lo que Él ha hecho por nosotros y, aunque nunca le podremos devolver el favor, deberíamos darle todo nuestro servicio por amor. Y también tratar a los demás con la misericordia con la que hemos sido tratados. La oración así se enfoca en lo que hacemos con los demás, sobretodo en perdonar, quizás el acto emocional e intelectual más difícil de hacer para muchos. El reino de Dios es libertad y sin el perdón nada de lo que ocurre en el reino de Dios puede ocurrir.

¿O cómo crees que empezó tu relación con Dios? A través de su perdón. Por eso a Dios le gusta que cuando hablemos con Él resolvamos nuestros conflictos con otros y seamos más como Jesús, y así como recibimos su perdón como un regalo, regalemos perdón a otros.

“De gracia recibisteis, dad de gracia”. Mateo 10:8.

“No nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal”

Reconocer nuestra condición de pecadores que necesitamos su misericordia y su amor para no caer en la tentación es lo más sabio que podemos decirle. Pedirle ayuda sincera para no tropezar. Suplicar a Dios, incluso antes de que la tentación aparezca, es la manera más sana de mantenernos íntegros delante de Él, y demuestra nuestro interés sincero en agradarlo. Porque al final, solo Jesús puede librarnos del mal, del nuestro y del otro.

De esto es de lo que le gusta hablar a Dios con nosotros. De nuestra realidad, de la suya, de planes, de quiénes somos, de qué queremos hacer junto a Él, de qué quiere hacer Él con nosotros, de nuestras inquietudes, de su reino, de sus hijos, de su mundo. Atrévete a tratar a Dios como lo que Él es y acércate como tú eres. Al final esa relación con Dios te llevará a decir:

“Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por siempre. Amén”.

Deja que tu relación con Dios fluya de estos principios y vive de acuerdo a ellos.

 

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 40–41). Álex Sampedro.

 

Menú 5. Nacer, otra vez…

Menú 5. Nacer, otra vez…

“No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”. Juan 3:7.

a1¿Te imaginas poder volver a nacer? Algunos dicen que cambiarían muchas cosas de su vida. Sería una oportunidad de oro: volver a aprender, caminar, tropezar, empezar a hablar quizás de otra manera, ser educado diferente, volver a crecer de una manera más sana y alimentarse mejor. La invitación de Jesús nos lleva a nacer de nuevo, a darnos una nueva oportunidad por voluntad de Dios. Muchos se llaman hijos de Dios pero para serlo hay que volver a nacer de Él. Ser cristiano no tiene nada que ver con afiliarse a alguna iglesia de manera nominal, o estar en una familia cristiana. Tampoco sirve de nada tener un nombre u otro, ser de una denominación u otra. Lo importante es si has nacido de nuevo y si eres hijo de quien dices ser.

Ninguna institución salva, solo Dios salva. ¿No?

Tampoco tiene que ver con una frase que pronunciaste hace un montón de tiempo diciendo que querías que Jesús entrase en tu corazón. Si lo hiciste pero no naciste de nuevo tampoco importa. Mucho menos es una creencia solo intelectual en un Dios que se hizo hombre y murió por nosotros. Tiene que ocurrir algo más, algo que solo Dios puede hacer, tienes que nacer, otra vez. Dios te tiene que salvar a TI. Y eso implica muchas cosas.

“Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo”. Romanos 10:9.

Por lo que a nosotros respecta, nacer es decidir empezar de cero, hacer que tu vida tome otro rumbo y reconocer a Dios como tu Padre. Amarlo. En la iglesia actual parecemos más interesados en una filiación escrita en un papel que en que la gente reconozca a Dios como Padre y a Jesús como Señor. La relación con Dios que nos enseñó Jesús es una relación de padre a hijo, con todas las consecuencias que ello conlleva: conocerlo, escucharlo, ser corregido y parecerte cada vez más a tu padre en la medida que creces (eso dicen que me pasa a mí con mi padre, es pura genética).

Otro aspecto de nacer de nuevo, es que nadie nace mayor, sabiendo las cosas. Nacemos bebés, y debemos alimentarnos bien si queremos crecer y recibir los cuidados necesarios. En una igleburger se está alimentando a los bebés con perritos calientes espirituales.

¡Qué importante es dar el alimento correcto en el momento correcto!

No podemos permitir que el amor de Dios, su perdón, su llamado al arrepentimiento y la comprensión de los hermanos, sea sustituido por un mensaje acerca de cómo hacer crecer una empresa que tiene nombre de iglesia, pero que en realidad está más pendiente de las cuentas económicas que de las cuentas con Dios. No es iglesia lo que se parece a una iglesia externamente.

“Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, pero estás muerto”. Apocalipsis 3:1.

Es nuestra responsabilidad conocer qué es lo que necesitan los recién nacidos, responsabilidad de todos. Recuerda cuando tú naciste de nuevo, ¿Qué era lo que necesitabas? ¿Lo que de verdad necesitabas en lo más profundo de tu ser? ¿Ya lo sabes? Dáselo también a los demás.

“Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas” Santiago 1:18.

El punto de partida es Él, no nosotros. Es Dios el que nos hizo nacer, que hizo el milagro de que le creyéramos y se esforzó en hacernos entender su amor. Así que descansa en él, sabe los hijos que quiere tener.

Ahora bien, parte de nuestra responsabilidad es hacer crecer lo que Dios ha hecho nacer.

Así que no nos durmamos en los laureles y alimentémonos bien y crezcamos como debemos.

Y para crecer en la iglesia debemos entender que no basta con lo que nos dan el domingo. El crecimiento depende sobre todo de nuestra relación con Dios y con los demás.

Cada día.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 26–27). Álex Sampedro.

Menú 4. Lo mejor que nos puede pasar

Menú 4. Lo mejor que nos puede pasar

a1En una igleburger la idea central consiste en mejorarnos. Nos ofrecen un servicio de cuidado personal donde mi yo, que en esencia es bueno, puede crecer. Como una clínica de estética, o un club de autoayuda, buscamos la superación personal como meta espiritual; y hay lugares que así lo ofrecen.

Jesús no.

Arrepentíos, resuena en mis oídos. Es el llamado primero, quizás el más importante que escuche jamás.

¿En qué consiste? El arrepentimiento es un cambio radical de mis valores. Si mi vida estaba centrada en mí, Dios me pide que me centre en Él. Si mis intereses eran la bandera que me acompañaba a todas partes, ahora son Su Reino y sus intereses. Mi vida estará en función de la suya, negarme a mí mismo será mi norma:

“Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”. Gálatas 2:20.

El arrepentimiento es un cambio de conductor en el vehículo de mi vida.

Es poner mi confianza y mi futuro en manos de un Dios justo, amoroso y bueno y que tiene un plan para mí, quizás no el que yo quiero o deseo, pero sí el mejor para la eternidad.

Arrepentirse implica reconocer que uno debe cambiar, y cambiar mucho. Reconocer que en esencia estaba equivocado y que necesito aprender desde cero. Que no sé nada como debo saberlo y que mi vida estaba tomando un rumbo totalmente opuesto a lo que Dios quiere.

Esto y mucho más es arrepentimiento. Y además de reconocer que soy pecador, debo querer cambiar, y poner mi confianza en Dios para hacerlo.

Un verdadero milagro que solo Jesús puede hacer en mí

Algunos nos dicen que podemos mejorar nuestra condición siguiendo este o aquel consejo, pero no diagnostican nunca el problema central, ni nos dan la verdadera solución. Y engañados durante mucho tiempo, pensamos que seguimos a Jesús cuando ni siquiera hemos reconocido que necesitamos su perdón.

Imagina por un momento que alguien tiene una enfermedad muy grave pero que no es consciente de ella. La enfermedad crece en su interior mientras él sigue viviendo como si nada.

Pero si no se trata puede morir

Un médico conoce la cura y sabe perfectamente lo que el paciente debe hacer. El proceso puede doler, pero es lo mejor para el paciente. Si nadie le dice nada, no le diagnostican correctamente, la enfermedad seguirá su curso y aunque el sujeto lo desconozca, las consecuencias lo alcanzarán.

Pero si el médico le informa al paciente de su situación y además le dice que tiene tratamiento le dará esperanza, una oportunidad para una vida mejor y más larga. ¿No sería lo mejor que le pudiera pasar? Creo que sí, y aunque al principio pudiera ser difícil de aceptar, el paciente estaría eternamente agradecido con el médico sabio y bueno.

Nuestra condición es de pecadores, es nuestra enfermedad, estamos peleados con Dios, y no basta solo con poner parches que alivien el dolor, no basta con ignorar el problema para que desaparezca. No es suficiente vivir una vida irreal que al final nos llevará al desastre.

Jesús nos presenta la realidad y nos invita a vivir de verdad.

El diagnóstico

es claro. Sí, soy pecador. Entender el evangelio comienza bajando el concepto que tenemos de nosotros hasta lo más bajo y a la vez elevándolo hasta dimensiones divinas y eternas. Esa es la paradoja de las buenas noticias. No como un truco sentimental, sino por el reconocimiento de lo que realmente somos.

Las consecuencias

si no me trato también las conozco. Si no cambio, esto me llevará a morir, a no percibir a Dios, a no querer estar con Él, a vivir una vida que toma un rumbo equivocado para la que fue creada.

La solución

pasapore reconocimiento de la enfermedad y el arrepentimiento, un cambio radical de naturaleza, un milagro, que solo el doctor Jesús puede hacer. ¿Quién si no podría cambiarme a mí?

Y si lo hace, si realmente lo hace, estaré eternamente agradecido con Él.

Mientras tanto, en la igleburger siguen dando consejos para ser un mejor trabajador, un mejor estudiante, un mejor esposo y cosas así. No digo que eso esté mal. Solo que primero hay que hablar de otras cosas, y todos esos temas estarán en función de lo primero, de la mejor noticia que te pueden dar para, a partir de ahí, construir toda nuestra nueva vida.

“Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y las demás cosas os serán añadidas”. Mateo 6:33.

Porque aquí no estoy hablando de mejorar, ni de si te apetecen patatas fritas con ketchup o mostaza, o de cómo te apetece vivir tu vida. Estoy hablando de rescatarte, de curarte, de salvarte. Eso es más importante que todo lo demás. No es saciar necesidades básicas del ser humano para ser una iglesia moderna, o postmoderna, o que ofrece buenos “tips” y ya está, que pretende cumplir una función dentro de la sociedad. Que entretiene a los jóvenes con actividades para que no hagan cosas raras, ni se junten con malas compañías. No, es mucho más serio, estamos hablando de un verdadero cambio, un reconocimiento de nuestra condición y una intención de querer agradar a Dios. Lo demás vendrá como consecuencia.

Cambiar. Algo tan difícil de hacer que solo con Jesús lo podemos lograr. En la igleburger no se habla mucho de esto, ni de las consecuencias reales que en nuestra vida tiene el arrepentimiento, hay otros temas más actuales que tratar como para comentar estos “asuntos antiguos”. Sin embargo se nos va la vida en ello. Y es que es tan milagroso arrepentirse que Jesús lo llama “nacer de nuevo”.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 26–27). Álex Sampedro.

Menú 3. La invitación

Menú 3. La invitación

a1¿A qué nos llama Jesús? ¿Qué es lo que espera de nosotros? ¿En qué consiste su invitación? Si somos seguidores de Cristo, si nos consideramos sus discípulos, estas son las primeras preguntas que debemos responder. Si no conocemos bien las respuestas, todo lo que hagamos estará totalmente desenfocado.

Vivimos en una sociedad consumista donde las invitaciones son del tipo: “Compra este coche y verás que bien te sientes…” “Acércate aquí, por mucho menos de lo que imaginas, conseguirás el último grito en”, “Última oferta, no la puedes desperdiciar”.

Se nos demanda nuestra atención, nuestro dinero, nuestro tiempo para conseguir algo que nos hace sentir mejor o satisface alguna necesidad. Con anuncios atractivos nos llaman a acercarnos, a seguir tal o cual producto, y compiten entre ellos por ver cual nos convence.

Y la base para todo esto está en nuestro egoísmo

La publicidad aprovecha nuestro deseo de tener más, ser más, sentirnos mejor para que les sigamos, compremos sus productos, o nos apuntemos a algún lado. Usan nuestras ansias de estar por encima de los demás, de superarnos o vanagloriarnos para conseguir sus fines.

Y quizás aprendiendo de esta sociedad, hemos hecho algo parecido en la Iglesia, usamos la vanidad de las personas para acercarlos a Dios (al menos eso creemos).

Como si Dios no tuviera atractivo por sí mismo hemos montado todo un lenguaje, unas formas que apelan a nuestro egoísmo para hacernos cristianos, para invitar a la gente a seguir a Jesús.

Porque si te haces “cristiano”: tu matrimonio irá mejor, Dios te sanará, te perdonará, dejarás de tener depresión, serás mejor persona, tus sueños se harán realidad, serás un campeón, vivirás en victoria, tendrás poder para dejar esos malos hábitos que destruyen tu vida, y encima irás al cielo (por supuesto esas personas no querrán ir al cielo porque está Dios, sino porque el cielo es algo bonito y grande). Y todo esto por un módico precio; recuerda que la comida rápida nunca es demasiado cara.

Nos da miedo decir el verdadero precio de lo que ofrecemos, toda una estrategia de marketing.

Todo centrado en el yo, una iglesia donde tú eres el “King”, donde todo es para ti, una igleburger.

Sé que si seguimos a Jesús muchas de las cosas que he mencionado ocurren y otras pueden ocurrir, pero no es el motivo por el que la gente debe acercarse. Es cierto que en el Nuevo Testamento mucha gente se acercaba al Mesías para ser sanado, para que le dieran de comer, para solucionar algún problema… pero Jesús nunca invitó a la gente solo para sanarla, o para darles comida, o mejorar su situación familiar o laboral. Por donde Él iba, sanaba, o daba pan, pero nunca rebajaba el precio para seguirle. Su principal invitación era esta:

“Arrepentíos, el reino de los cielos se ha acercado”. Mateo 3:2.

Su carta de presentación. El anuncio que salía en televisión y que estaba en los carteles de los muros de las ciudades cuando Jesús las visitaba. El pueblo sabía que Jesús sanaba, pero lo que Jesús decía no era: “Venid que os voy a curar a todos, además no tenéis que darme nada, venid, por turnos, he venido para mejorar vuestra calidad de vida ¿Qué quieres tú? ¿Y tú? Vamos, cuantos más mejor”.

Como si de un circo ambulante se tratara…

Nuestro Señor nunca se rebajó. Él siempre dejó claro lo que esperaba de la gente.

Es cierto, el evangelio son buenas noticias, es algo bueno, realmente lo mejor que podemos ofrecer a la gente. Pero lo mejor que podemos dar, el verdadero evangelio, el mejor consejo que les podemos ofrecer es:

“Arrepentíos”

Esa es la invitación primera.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (p. 22). Álex Sampedro.

El Origen de la BIBLIA

La autoridad e inspiración de la Biblia

La Biblia

Autor: F. F. Bruce

a1La palabra «Biblia» se deriva, a través del latín, de la palabra griega biblia (libros); se refiere específicamente a los libros que la iglesia cristiana reconoce como canónicos. El uso cristiano más temprano de ta biblia (los libros) en este sentido se dice que fue en 2 Clemente 14:2 (circa 150 d.C.): «los libros y los apóstoles declaran que la iglesia … ha existido desde el principio». (Compare Daniel 9:2, NVI: «Yo, Daniel, logré entender ese pasaje de las Escrituras», donde la referencia es al cuerpo de los escritos proféticos del Antiguo Testamento.) La palabra griega biblion (cuyo plural es biblia) es un diminutivo de biblos, que en la práctica denota cualquier clase de documento escrito, pero originalmente uno escrito en papiro.

Un término sinónimo de «la Biblia» es «los escritos» o «las Escrituras» (en el griego, hai graphai, ta grammata), usados con frecuencia en el Nuevo Testamento para indicar los documentos del Antiguo Testamento en su totalidad o en parte. Por ejemplo, Mateo 21:42 dice: «¿Nunca leísteis en las Escrituras?» (en tais graphais). El pasaje paralelo, Marcos 12:10, tiene el singular, refiriéndose al texto particular citado: «¿Ni aun esta escritura habéis leído?» (ten graphen tauten). 2 Timoteo 3:15 habla de «las Sagradas Escrituras» (ta hiera grammata), y el siguiente versículo dice: «Toda la Escritura es inspirada por Dios» (pasa graphe theopneustos). En 2 Pedro 3:16 (NVI), «todas» las epístolas de Pablo están incluidas junto con «las demás Escrituras» (tas loipas graphas), refiriéndose probablemente a los escritos del Antiguo Testamento y los Evangelios.

Contenido y autoridad

Entre los cristianos, para los que el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento juntos constituyen la Biblia, no hay un acuerdo completo sobre su contenido. Algunas ramas de la iglesia siríaca no incluyen 2 Pedro, 2 y 3 Juan, Judas y Apocalipsis en el Nuevo Testamento. Las comunidades romanas y griegas incluyen varios libros en el Antiguo Testamento además de los que componen la Biblia hebrea; estos libros adicionales forman parte de la Septuaginta cristiana.

Aunque están incluidos, junto con uno o dos más, en la Biblia protestante inglesa completa, la Iglesia de Inglaterra (al igual que la Iglesia Luterana) sigue la enseñanza de Jerónimo que sostiene que pueden ser leídos «para ejemplos de la vida e instrucción de costumbres; pero que no se deben aplicar para establecer ninguna doctrina» (Artículo VI). Otras iglesias reformadas no le dan ningún estado canónico. La Biblia Etiópica incluye 1 Enoc y el libro de los Jubileos.

En las comunidades romanas, griegas y algunas otras antiguas, la Biblia, junto con las tradiciones vivas de la iglesia en algún sentido, constituye la autoridad suprema. Por otro lado, en las iglesias de la Reforma, sólo la Biblia es la corte final de apelaciones en asuntos de práctica y doctrina. Así es que el Artículo VI de la Iglesia de Inglaterra afirma: «La Santa Escritura contiene todas las cosas necesarias para la salvación; así que lo que no se lea allí, ni pueda ser probado por ella, no se le debe requerir a ningún hombre, para que no sea creído como un artículo de la fe, o sea enseñado como un requisito, o necesario para la salvación». Para el mismo efecto, la Confesión de Fe de Westminster (1.2) cataloga los 39 libros del Antiguo Testamento y los 27 del Nuevo Testamento como «todos … dados por inspiración de Dios para que sean la regla de fe y de conducta».

Comfort, P. W., & Serrano, R. A. (2008). El Origen de la Biblia (p. 4). Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc.

Menú 2. Cristianos “Fast food”

Menú 2. Cristianos “Fast food”

a1Ahora nosotros somos los dioses. Somos los “King”. Sí, antes, cuando alguien entregaba su vida a Dios, se trataba justamente de eso, entregaba SU vida a DIOS en respuesta a lo que Jesús había hecho.

Todo cambiaba, desde lo más profundo de su ser

Al principio, cuando los romanos, si te hacías cristiano te regalaban una entrada para el circo, y no precisamente para ver a los payasos sino para ser devorado por los leones. No estaba de moda, no era “guai” y no lo hacían para sentirse mejor. Tampoco lo hacían para mejorar su calidad de vida como si siendo cristianos les pudiera ir mejor económicamente. En muchos casos eso significaba el final de su vida. Lo hacían simplemente porque entendían que Jesús había muerto por ellos, y que podían, gracias a Él, conocer a Dios. En ese momento sus perspectivas cambiaban, dejarían de vivir para este tiempo y se dedicarían a la eternidad. Muchos mantenían sus trabajos, otros lo dejaban todo, algunos viajaban por todas partes predicando, otros se reunían en sus casas y alababan a Dios juntos, se preocupaban por su ciudad, todos querían agradarle a Él, estaban agradecidos. Dios era el protagonista, no ellos. Las condiciones que les rodeaban no les daban identidad, su identidad estaba en Jesús, su alegría dependía del regalo de Dios, no de las cosas externas.

Ahora nosotros somos los dioses

Parece como si le hiciéramos un favor a Dios (¿!) invitándolo a entrar en nuestro corazón, todo un encuentro romántico, con un Dios desesperado y enamorado de nosotros. Y, una vez lo aceptamos, lo convertimos en nuestro siervo.

Queremos que solucione nuestros problemas, le echamos la culpa si algo nos sale mal. Entra a formar parte de nuestra vida, como algo más, algo que puedo usar, que si no me sirve, incluso lo puedo desechar. Nuestra vida es la gran protagonista y Dios se debe poner en función de nosotros. Este es un paradigma (Paradigma: forma de ver las cosas) peligroso que nos lleva a creer que Dios es un complemento que se añade a nuestra realidad.

Y así, pensamos que Él debe bendecir nuestro trabajo, nuestra salud y nuestra economía, si no, creemos que no es fiel. Son nuestros sueños los que deben hacerse realidad, no los de Él. Nuestros proyectos de vida, no los suyos. Y así Jesús se convierte en un medio para lograr nuestros fines.

¡Qué lejos estamos! ¿Habré usado a Dios? Solo pensarlo me asusta, pero quiero tener ese temor reverente, quiero escudriñarme y descubrir realmente quién soy y qué hago. No digo que Dios no nos ame apasionadamente y que no quiera lo mejor para mí, pero creo que nosotros debemos responder de otra manera.

No se trata de mí, yo quiero ser un medio de Él y no al revés.

El egoísmo de nuestra época también está en mí y no quiero ensuciar el evangelio con mi forma de pensar, no quiero usar a Jesús, quiero que Él me use.

Para eso debo cambiar muchas cosas, en primer lugar tengo que entender la invitación de Jesús, la verdadera invitación, a qué me ha llamado.

Si no, seré un cristiano “Fast food”.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 10–12). Álex Sampedro.

Menú1. Iglesia consumista

Menú 1. Iglesia consumista

a1No todo es culpa del que lo recibe, también lo es del que da la Palabra. Algunos predicadores nos han dicho sólo lo que queremos oír. Palabra a la carta, barata, rápida y a gusto del cliente, y siempre acorde con la corriente de este mundo:

Tú eres el mejor (de los cuales yo soy el primero (1 Timoteo 1:15), Dios quiere cumplir todos tus sueños, tienes que pensar en positivo, reclama lo que es tuyo, 34 pasos para el éxito… y un largo (demasiado largo) etcétera. Los que damos de comer somos responsables del alimento que reciben otros. Nuestra teología se ha abaratado demasiado. Creo firmemente que en el liderazgo están muchas de las raíces del problema y también las soluciones. Nuestras ideas se han empapado del pensamiento de esta época. Algunas de ellas no son malas en sí mismas pero…

Nos hemos acostumbrado a verdades a medias, que no sacian al verdadero buscador y que dejan de lado el mensaje que Jesús vino a enseñar, su cruz, su vida, su misión y nuestra entrega.

Jóvenes que, aunque asistimos, lo que conocemos de Dios es lo que dicen las canciones que cantamos y saltamos, o lo que pone en nuestras camisetas; pero que, en la mayoría de los casos, no nos atrevemos a estudiar la Biblia, no la hemos leído entera ni una sola vez, no hemos meditado en ella, ni pasamos tiempo a solas con Dios, pero nos atrevemos a decir “Jesús es mi amigo”. Nuestras vidas no cambian, somos como todos los demás, nos preocupan las mismas cosas, tenemos los mismos intereses y pensamos como este siglo, pero claro, somos cristianos.

Hemos construido toda una cultura de la que nos servimos (creo que eso no es malo en sí mismo), hemos decorado nuestras iglesias, nuestros templos y nuestras vidas. Nos hemos cargado de herramientas, instrumentos, artes, escenarios, luces, humo, show, marketing, estrategias, formas de hablar, música para todos los gustos, “performances”, tácticas, nuevas corrientes culturales, movimientos urbanos, bailes, moda, “mass media”. Toda una carcasa donde hemos puesto todos nuestros esfuerzos. Pero quizás hemos olvidado el contenido. De qué estamos hablando y de qué va esto. Si nos despojáramos de estos disfraces ¿Qué nos quedaría? ¿Qué te quedaría? Pregúntatelo delante de nuestro Dios. Yo lo hago. Además, ¿Qué buscan realmente las personas, aquellos que tienen ganas de descubrir la verdad de Dios y que están ahí fuera esperándonos?

La comida basura nos ha invadido, pero creo que aún hay una generación que tiene hambre y sed de justicia. ¿Serás tú uno de ellos?

“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque serán saciados”. (Mateo 5:6).

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 10–12). Álex Sampedro.

¿Es bíblica la frase; “Dios aborrece el pecado pero ama al pecador”?

¿Es bíblica la frase; “Dios aborrece el pecado pero ama al pecador”?

 

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Mahatma Gandhi (“Hinduista”, tercera religión mas grande del mundo) dijo esto: “Odia el pecado, no al pecador.” Tiempo después dicha frase fue tomada por muchos cristianos y en sus pulpitos y predicas la mencionan así: Dios aborrece el pecado pero ama al pecador.

Lo interesante es que muchos dicen “Como dice la biblia” Cuando realmente dicha frase no esta en la Biblia y no es bíblica como muchas otras mas, que lastimosamente muchos dicen “En la biblia dice” como si estuviesen simplemente citando un versículo bíblico. Por ejemplo:

-Dios dice: Ayúdate, que yo te ayudaré.

-En la multitud de los consejeros está la sabiduría.

-Abraham, el padre de la fe.

-Dios habita entre las alabanzas de su pueblo.

-El diezmo es del Señor.

-Ni una hoja de un árbol se cae si no es la voluntad de Dios.

-Con la sombra de Pedro se sanaban los enfermos. (Por mas que quieras que diga eso NO dice eso)

-Predicador predícate a ti mismo.

-Sonríe, Dios te ama.

Esta famosa frase que dice: “Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador.” Es un dicho conocido entre muchos, porque suena bien, pero nosotros no podemos adjudicar palabras a Dios, solo porque suenen “bonito” la biblia dice:

“1 Pedro 4:11  Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.”

Esta frase diseñada en el corazón de un hombre que no conocía a Dios, ni su palabra “Mahatma Gandhi” No proviene de la boca de Dios. Pero estas si provienen de la boca de Dios:

Habacuc 1:13  Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio; ¿por qué ves a los menospreciadores, y callas cuando destruye el impío al más justo que él,

Salmos 5:4-6 4 Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; El malo no habitará junto a ti. 5  Los insensatos no estarán delante de tus ojos; Aborreces a todos los que hacen iniquidad. 6  Destruirás a los que hablan mentira; Al hombre sanguinario y engañador abominará Jehová.

Proverbios 11:20  Abominación son a Jehová los perversos de corazón; Mas los perfectos de camino le son agradables.

Salmos 7:11  Dios es juez justo, Y Dios está airado contra el impío todos los días.

Esto no significa que Dios es cruel, Dios abomina al pecador es porque El es Justo. Dios es juez justo, por lo tanto, abomina al pecador. Dios no mandara el homosexualismo al infierno el mandara al homosexual, no mandara el robo al infierno el mandara al ladrón. Esto no se trata de crueldad, sino de plena justicia.

Aquí no dice que la ira de Dios se manifiesta sobre el pecado, dice que la ira de Dios se manifiesta sobre el pecador! Bien, no confundan, el odio de Dios no es como el odio de nosotros, que somos egocéntricos, egoístas, Su odio es una reacción de un Dios Santo y bueno en contra de los hombres que son viles.

Juan 3:36  El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.

Efesios 5:6  Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia.

Este es un ejemplo claro de el Dios de las escrituras:

“Estando los hijos de Israel en el desierto, hallaron a un hombre que recogía leña en día {sábado} Y los que le hallaron recogiendo leña, lo trajeron a Moisés… Y Jehová dijo a Moisés: Irremisiblemente muera aquel hombre; apedréelo toda la congregación fuera del campamento. Entonces lo sacó la congregación fuera del campamento, y lo apedrearon, y murió, como Jehová mandó a Moisés». (Números 15:32-33, 35-36).

¿Ama Dios al pecador pero aborrece el pecado? Si fuera así, el Dios verdadero fuera un Dios universal y moralista, tienes que aprender a conocer a Dios tan amoroso como que no tuviera ira, y tan airado como que no fuera amoroso, el Dios de la biblia mata y no pide perdón, y ama y no pide permiso. Y este Dios juzgara a las naciones, y créeme no mandara el pecado al infierno si no al pecador.

Salmos 7:11  Dios es juez justo, Y Dios está airado contra el impío todos los días.

http://pastorolivares.blogspot.com/

Mas carne, más barata y a gusto del consumidor

Mas carne, más barata y a gusto del consumidor

a1Te invito a una hamburguesa cerca de mi casa porque tengo ganas de hablarte de Dios y de la iglesia, pero no quiero sonar demasiado religioso aunque muchas veces lo soy a mi pesar. En lugar de quedar contigo en un “templo” prefiero comentarte algunas cosas en un burger. He escrito algo, me gustaría que lo leyeras, sé que ahora leer no está de moda pero, esta vez, prefiero escribirlo para que no se me quede nada en el tintero. Si quieres podemos hablar de lo que he escrito, paramos cuando quieras, pregúntame o contesta mis preguntas, pero no te quedes ahí pasmado mientras te acabas la última patata. Tomemos decisiones, creo que está en nuestras manos hacer que nuestras vidas cambien.

¿Sabes? Nuestra vida espiritual se parece a esta hamburguesería, tanto en cosas buenas como en malas.

¿Qué vas a pedir?

Menú 1. Abriendo el apetito

Voy a ser sincero, veo mucha gente que “va a la iglesia” como si fuera a un “burger”. Es lo primero que me viene a la mente al ver mi propia vida cristiana y tal vez la de muchos.

Seguir a Jesús es lo mejor que podemos hacer, todo un reto que nos motiva a avanzar y a no conformarnos con lo que otros han hecho, pero creo que lo hemos entendido mal, que no somos responsables con lo que se nos ha otorgado.

Le hemos quitado importancia a todo lo que Dios nos ofrece y lo hemos convertido en comida rápida, en un producto que ofrecemos para saciar nuestras necesidades del momento.

Llevamos una vida de iglesia acomodada y a gusto del consumidor, una iglesia de la burguesía, hecha por nosotros y para nosotros.

Escuchamos Su Palabra como si fuera una hamburguesa que tiene que saber muy bien, pero poco nos interesa si realmente nos alimentará y será de provecho para nuestras vidas o nos convertirá en obesos espirituales acostumbrados a que nos lo den todo y ahora, y sin quemar ni un gramo de grasa espiritual.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 10–12). Álex Sampedro.

Igleburger

Igleburger

a1¿Tienes el estómago fuerte? Lo necesitarás si te atreves a leer este libro. Es genial, absolutamente genial. Pero quizás te haga daño. Pondrá el dedo en la llaga de tu vida cristiana mediocre. Te hará dudar si eres cristiano de verdad o no. O si solo estás siguiendo las modas superficiales de ese mundo evangélico que camina rápidamente hacia la apostasía.

Peromiamigo Álexnose limita a denunciarel pseudocristianismo evangélico, sino que te ofrece soluciones positivas, menús interesantes. Te hace pupa en algunos momentos, pero también te enseña el camino a seguir si verdaderamente quieres ser cristiano. El evangelicalismo de hoy es superficialmente atractivo, pero en realidad no satisface, no te llena, te deja con hambre. En cambio, el evangelio de Jesús, aunque puede parecer inicialmente un menú de acelgas, hígado y coles de Bruselas, es el régimen que necesitamos para una vida sana y sanada. Es el menú que satisface de verdad.

Este libro pone el énfasis donde Jesús lo ponía: en el amor a Dios y al prójimo, en la verdad y la autenticidad, en la suprema importancia de andar humildemente con Dios en una relación genuina de santidad, adoración y servicio.

Atrévete, pues. Cada menú/capítulo es como la mejor cocina francesa: pequeño en cantidad, sabroso en contenido y rico en nutrición. No te dará empaches. Sin duda serás mejor persona al acabar el libro. Incluso puede ser que tú, evangelicalito iluso, te conviertas en un verdadero seguidor de Jesús.

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David Burt

Burt, D. (2013). Entrante. En Igleburger (p. 9). Álex Sampedro.