La Biblia Dice…

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David Logacho
2016-09-25

La primera consulta para el programa de hoy nos ha sido hecha por una amiga oyente de Santiago de Chile. Dice así: Tengo 13 años y recibí a Jesucristo como mi Salvador cuando tenía 8. Hace unos pocos días, me habló un joven creyente de la iglesia para decirme que ha estado orando al Señor para que yo sea su enamorada y para pedirme que yo también ore al Señor para buscar su dirección y después le dé una respuesta. Yo nunca he tenido ningún interés en ese joven, y además me parece que estoy muy niña como para entrar en una relación formal de enamoramiento con alguien. ¿Me pueden dar algún consejo?

Con mucho gusto amiga oyente. Antes de nada, permíteme señalar que el enamoramiento es la fase previa al matrimonio. Digo esto para rebatir la idea común en muchos jóvenes, tanto hombres como mujeres, quienes ven al enamoramiento como un pasatiempo, o como un hobby. Por eso es que existen jóvenes, tanto hombres como mujeres, que hoy están enamorados de alguien y mañana están enamorados de alguien diferente y así sucesivamente. El joven que ha hablado contigo parece ser un joven maduro, por cuanto ha estado orando por ti desde hace tiempo y por cuando te ha pedido que tú también ores para buscar la dirección del Señor para tu vida en relación con el enamoramiento. Tú dices que nunca has tenido ningún interés en ese joven. Bueno, eso no es problema, porque si la voluntad de Dios es que tú seas enamorada de él, Dios mismo pondrá en ti el interés que por ahora no tienes en él. Recuerda que el amor que debe existir entre los enamorados no es algo que nace sino algo que se tiene que aprender. Tú decides lo que amas y lo que no amas. Es cuestión de la voluntad y no de las emociones. Donde me parece que existe mayor dificultad es en tu corta edad. 13 años me parece muy temprano como para entrar a una relación seria de enamoramiento. Percibo que a ti también te parece que estás muy niña para enamorarte. La Biblia dice en Cantares 2:7 que no es prudente hacer despertar ni hacer velar al amor hasta que quiera. Parece que a ti todavía no te ha llegado el tiempo para hacer despertar al amor. Siendo así, yo te aconsejaría que con sinceridad busques la dirección del Señor en oración sobre este asunto. Lee mucho tu Biblia, ora mucho al Señor y si persiste ese pensamiento que todavía no es tiempo para hacer despertar al amor, lo prudente será hablar con aquel joven para decirle que simplemente no estás lista para comenzar una relación de enamoramiento. Mientras llegue el tiempo para hacer despertar al amor, espera confiada en la dirección del Señor. Mientras tanto, dedica tu tiempo por entero a tus estudios, a tu familia, a tu iglesia, a tus amigas y amigos. Si tú te mantienes fiel al Señor, él mismo se encargará de mostrarte cuando es la hora para comenzar una relación de enamoramiento y él mismo se encargará de traer a tu vida el joven a quien tú harás feliz y quien te hará a ti feliz. No olvides que la relación de enamoramiento debe ser con el total acuerdo de tus padres, de los padres de él y de los líderes de la iglesia. Si no tienes luz verde de todas estas personas, es mejor que no entres a una relación de enamoramiento. Espero que esta sugerencia te ayude a tomar una decisión correcta.

La segunda consulta de hoy nos ha sido hecha por una amiga oyente de Quito, Ecuador. Dice así: Según Mateo 17:24 tanto Pedro como Jesús, fueron requeridos a pagar las dos dracmas. ¿Por qué tenían que pagar esto?

Gracias por su consulta amiga oyente. Vamos a leer el pasaje que se encuentra en Mateo 17:24-27 donde dice: “Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? Él dijo: Sí. Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños? Pedro le respondió: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos. Sin embargo, para no ofenderles, vé al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti.” Jesús estaba en la casa y Pedro afuera. En eso, se acercaron a Pedro los que cobraban las dos dracmas. En cuanto a su valor, un dracma era lo que ganaba un jornalero por un día de trabajo. Es decir que Pedro y Jesús tenían que pagar el equivalente a dos días de trabajo. Pero ¿por qué es que Pedro y Jesús tenían que pagar estas dos dracmas? Bueno, este era un impuesto que tenían que pagar cada año los varones judíos mayores de veinte años y el dinero recaudado servía para el sostenimiento de la casa de Dios. El cobro de este impuesto se remonta al cumplimiento de la palabra de Dios en Éxodo 30:11-14 donde dice: “Habló también Jehová a Moisés, diciendo: Cuando tomes el número de los hijos de Israel conforme a la cuenta de ellos, cada uno dará a Jehová el rescate de su persona, cuando los cuentes, para que no haya en ellos mortandad cuando los hayas contado. Esto dará todo aquel que sea contado; medio siclo, conforme al siclo del santuario. El siclo es de veinte geras. La mitad de un siclo será la ofrenda a Jehová. Todo el que sea contado, de veinte años arriba, dará la ofrenda a Jehová” Este es el impuesto que se estaba cobrando a Pedro y a Jesús. Medio siclo expresado en dinero del tiempo de Jesús era equivalente a dos dracmas. Jesús explicó a Pedro que los miembros de la familia real están exentos del pago de impuestos. Así, Jesús, el Hijo de Dios, no tenía la obligación de pagar para el sostenimiento de la casa de Dios. Sin embargo, para evitar ofensas, estaba dispuesto a pagar. Jesús no tenía el dinero para pagar, ni tampoco Pedro. Gran dilema para los que piensan que Jesús y sus seguidores eran ricos. Jesús por tanto mandó a Pedro a pescar. El primer pez que muerda el anzuelo tendría en su boca un estatero, moneda equivalente a cuatro dracmas, cantidad exacta para pagar el impuesto de Jesús y Pedro. Impresionante manifestación del poder de Jesús sobre la naturaleza y de la omnisciencia de Jesús. Imagine la escena. Jesús sabía que en el fondo del mar de Galilea, había una moneda. Ordenó a un pez que se coma la moneda, cosa que no es común que hagan los peces, y la guarde en su boca, luego que espere el anzuelo de Pedro y tan pronto lo vea lo muerda. El pez obedeció sin titubear y eso proveyó el dinero que necesitaban Jesús y Pedro para cumplir con sus deberes sociales.

La siguiente consulta nos hace un amigo oyente de Quito, Ecuador. Dice así: ¿Tiene algún significado el hecho que a Jesús le hayan puesto una corona de espinas antes de ser crucificado?

Ciertamente sí, amigo oyente y para apreciarlo en toda su dimensión es necesario remontarnos al primer libro de la Biblia, el libro de Génesis. En este libro, en el capítulo 3 se nos relata ese episodio fatídico cuando el hombre y la mujer caen en pecado y hunden a sus descendientes y a la naturaleza en general en las terribles consecuencias del pecado. Parte de la consecuencia del pecado del hombre lo tenemos en Génesis 3:17-19 donde dice: “Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor del rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.” Como consecuencia del pecado del hombre, Dios maldijo la tierra y en lugar de producir de suyo toda planta y todo árbol, la tierra comenzó a producir de suyo espinos y cardos. Para que el hombre pueda extraer de la tierra su alimento necesitaría luchar contra la tendencia natural de la tierra de producir espinos y cardos. Los espinos y cardos que produce la tierra son el símbolo de una tierra maldita por el pecado. Pero qué interesante. Los soldados romanos tomaron lo que la tierra produce de sí, como resultado de la maldición, las espinas y con ello fabricaron una corona para colocar sobre la cabeza de Jesús. Sin ellos advertirlo, estaban simbolizando que el sacrificio de Cristo, servía no solo para la salvación eterna del pecador sino también para quitar de en medio la maldición que, como consecuencia del pecado, pesa sobre la tierra. El sacrificio de un Cristo llevando una corona tejida de espinas, es señal de que algún día, la tierra entera será liberada de la maldición del pecado. Eso se cumplirá en la consumación de los tiempos, cuando la maldición por el pecado sea totalmente eliminada en los cielos nuevos y la tierra nueva. Note lo que dice Apocalipsis 22:3 “Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estarán en ella, y sus siervos le servirán.” Como Usted podrá notar, en estos nuevos cielos y nueva tierra, no habrá más maldición. La obra perfecta de Cristo en la cruz, logró que se elimine la maldición que pesa sobre la tierra actual a causa del pecado. La corona tejida de espinas que fue puesta sobre la cabeza de Jesús antes de ser crucificado nos debe llevar a meditar en este hecho.

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El afán y las preocupaciones

Phil Marquart solía decir: Dichoso es el hombre que está muy ocupado como para preocuparse en el día y muy soñoliento como para preocuparse en la noche. George Muller también decía: El comienzo de la ansiedad es el final de la fe. El comienzo de la fe verdadera es el final de la ansiedad. Interesante. Todo tiene que ver con la preocupación, o la ansiedad, o el afán. Términos sinónimos para indicar ese estado de agitación, inquietud o zozobra de ánimo que se produce por el mal presagio en algún asunto. La ansiedad entonces tiene que ver con asuntos o cosas que todavía no han pasado, pero pensamos que pueden pasar. Como bien ha dicho Vance Havner: La preocupación es el interés que pagamos por adelantado por problemas que nunca llegan. ¿Se ha puesto alguna vez inquieta o inquieto por algo que todavía no ha pasado, pero tiene temor de que pueda pasar? Entonces Usted ha estado preocupado o en ansiedad. Es muy fácil dejarse aplastar por este gigante llamado ansiedad. Pero la vida auténticamente cristiana se caracteriza por vivir libres de la ansiedad. Si nuestras vidas están entregadas a la ansiedad, corremos ciertos riesgos. Primero, la pérdida del gozo en la vida cristiana. La Biblia dice que Jesús vino a darnos una vida abundante. En Juan 10:10 leemos: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” Así es amable oyente. Jesús vino a su vida para darle una vida abundante. Las preocupaciones echan a perder este estilo de vida que Jesús vino a darnos. Si Usted es una persona propensa a preocuparse, no será extraño que no esté disfrutando de la vida que Jesús vino a darle. Segundo, las preocupaciones nos hacen perder la perspectiva de la vida. En cierta ocasión, siendo muy de noche, Jesús se acercó a sus discípulos caminando sobre el mar, mientras ellos estaban en una barca sacudida por el fuerte oleaje. Cuando los discípulos le vieron, dice el texto bíblico que se turbaron. Otra manera de decir que se dejaron dominar por la preocupación. En este estado de nervios, perdieron la noción de la realidad y todos arribaron a una conclusión absurda. Dando voces de miedo gritaron: Es un fantasma. Habían perdido la perspectiva de la vida. Estaban viendo las cosas distorsionadamente.

Cuando estamos preocupados vemos las cosas distorsionadamente. Es uno de los peligros de vivir en ansiedad. Tercero, las preocupaciones nos pueden echar a perder la salud. En un examen realizado a 500 pacientes en una clínica oftálmica Británica, se confirmó que más de un tercio de los problemas con la vista fueron el resultado de tensión emocional. El Dr. Leonard S. Fosdick de la Universidad North-western ha comprobado de una manera concluyente que la preocupación restringe el flujo de la saliva, lo cual, disminuye el efecto de neutralización de los ácidos naturales de la boca, con los consiguientes problemas dentales. Las preocupaciones están íntimamente ligadas a problemas digestivos, problemas cardíacos e inclusive contribuye a la pérdida del cabello y las manchas en la piel. ¿Quién puede entonces decir que las preocupaciones no afectan la salud? Es riesgoso abandonarse a las preocupaciones. Produce pérdida del gozo en la vida cristiana, pérdida de la perspectiva de la vida y pérdida de la salud. Al ver a las preocupaciones de esta manera, estoy seguro que todos estaremos de acuerdo en que es necesario librarnos de las preocupaciones lo antes posible. Para ello, lo primero que necesitamos hacer es reconocer que la ansiedad es pecado. En esencia el pecado es todo aquello que niega algo que Dios es o ha dicho. La ansiedad niega las promesas de Dios. Por ejemplo, en Salmo 55:22 leemos: “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo.” La promesa de Dios es que él nos va sustentar y que no nos va a dejar caídos para siempre, siempre y cuando echemos sobre él nuestras preocupaciones. Pero cuando nos dejamos controlar por la ansiedad estamos en un sentido negando esta palabra de Dios, diciendo: Dios no tiene poder para sustentarme cuando me venga una adversidad. Esto es pecado. La ansiedad también niega la sabiduría de Dios. Mateo 6:7-8 dice: “Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.” El Padre sabe de qué cosas tenemos necesidad, aun antes de que pensemos en pedir o hagamos el pedido con nuestros labios. Pero cuando nos dejamos controlar por la ansiedad, estamos en un sentido diciendo: Dios no sabe lo que me va a pasar mañana, o la próxima semana, o el próximo año. Por eso yo tengo el derecho de preocuparme hoy.

Ignoramos que para Dios no hay accidentes. Para Dios no hay sorpresas. Albert Eisten solía decir: Dios no juega a los dados. Para Dios no existe la suerte. Dios no sólo sabe lo que va a pasar en el futuro, sino que él mismo diseña lo que va a pasar en el futuro, de modo que no hay motivo alguno para vivir preocupados pensando qué será de nosotros en el futuro. La ansiedad también niega el poder de Dios. Lucas 1:37 dice: “porque nada hay imposible para Dios” Estas palabras fueron dichas por el ángel Gabriel a María la virgen, con ocasión del anuncio del nacimiento de Jesús. El poder de Dios no tiene límite. Pero cuando nos dejamos embargar de las preocupaciones, estamos negando el poder de Dios, pensando que si nos pasa algo, Dios no podrá hacer nada para salvarnos. La ansiedad es pecado porque niega las promesas de Dios, niega la sabiduría de Dios y niega el poder de Dios. Si queremos librarnos de la ansiedad, además de reconocerla como pecado, debemos, en segundo lugar, confesar ese pecado y apartarnos de él. Proverbios 28:13 dice: “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” No justifique su ansiedad. Confíesela a Dios como pecado. Diga a Dios que Usted ha atentado contra Dios al negar sus promesas, su sabiduría y su poder. Póngase de acuerdo con Dios en cuanto a que la ansiedad es pecado. Luego decida apartarse de la ansiedad. En tercer lugar, dependa del poder de Dios para vencer la ansiedad. Filipenses 4:6 dice: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.” No es sencillo librarse de la ansiedad. Se necesita ayuda sobrenatural. La ayuda sobrenatural viene de Dios. En lugar de abandonarse a la ansiedad, ore a Dios por las cosas que le producen ansiedad. Ponga su ansiedad sobre Dios. Como resultado, Dios mismo le dará el poder para librarse de la ansiedad.

La ansiedad y la oración no van nunca de la mano. Por eso alguien lo ha dicho muy bien: Si vas a orar, para qué preocuparte. Pero si vas a preocuparte, para qué orar. En cuarto lugar, es necesario controlar los pensamientos. Isaías 26:3 dice: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” Ocupe la mente en las cosas de Dios. Piense en las cosas que Dios dice en su palabra. Dígale a Dios que confía plenamente en él, no solo para los asuntos grandes de su vida sino también para los asuntos pequeños. Como resultado, Dios mismo guardará su vida en completa paz. Será una vida libre de ansiedad. En quinto lugar, ponga en orden sus prioridades. Mateo 6:33 dice: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Lo más importante en la vida de un hijo de Dios debe ser la relación personal con Dios. Cuando Dios ocupa el primer lugar en la vida de una persona, Dios mismo se encarga de que todo lo demás esté en orden. Esto no significa que nunca habrá pruebas o problemas. Las pruebas son parte de la experiencia cristiana. Pero esto no debe ser motivo de ansiedad porque Dios diseña la prueba y Dios da el poder para soportar la prueba. La persona que vive en ansiedad, normalmente es aquella cuya felicidad depende de alguna circunstancia o de alguna situación determinada. Pero si hacemos que la felicidad no dependa de las cosas o las circunstancias, sino de la relación personal con Dios, entonces desaparece la causa para la ansiedad, porque pase lo que pase no afectará nuestra felicidad con Cristo. En esencia, dependa del poder de Dios para mantenerse fuerte ante la tentación de vivir en ansiedad. Isaías 40:29 dice: “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.” Somos tan propensos a vivir en ansiedad. La mínima cosa desencadena un torrente de preocupación y ansiedad. A veces hemos pensado que no hay solución a este grave mal. Pero la hay. Para eso debemos echar mano del poder de Dios. En nuestra propia fuerza jamás lograremos librarnos de la ansiedad. Cada vez que comience a preocuparse por algo, recuerde que puede echar esa preocupación sobre el Señor. Él es experto en sobrellevar nuestras preocupaciones.

Una vez que ha entregado una preocupación al Señor, no piense más en eso. Si viene un pensamiento sobre eso a su mente, hable con el Señor: Dígale: Señor este pensamiento que me causa ansiedad no viene de ti, por tanto lo rechazo y lo saco de mi mente. Si lo hace con sinceridad, muy pronto estará disfrutando de una vida libre de ansiedad. No olvide, otra de las características de la vida auténticamente cristiana es vivir sin ansiedad.

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Soberanía y Gracia

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Soberanía y Gracia

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La doctrina bíblica de soberanía y salvación, tiene ciertos conflictos que suelen ser cuestionados tratando de ajustarla a los valores teológicos de intérprete. Esta breve selección de textos de un largo pasaje en el que el apóstol Pablo habla fundamentalmente sobre la relación de Dios con Israel y su futuro, resulta compleja y no siempre es bien entendida e interpretada. Por esa razón desde el campo llamado hipercalvinista, o ultracalvinista se enfatiza en el hecho exclusivo de la elección, haciendo una propuesta sobre el orden de los decretos divinos en cuanto a salvación, como sigue: 1) Decreto de elegir a algunos para salvación y de reprobar a todos los demás. 2) Decreto de crear a los hombres, tanto elegidos como no elegidos. 3) Decreto de permitir la caída. 4) Decreto de salvar a los elegidos. 5) Decreto de aplicar la salvación solo a los elegidos. El problema de esta propuesta está en el orden de los decretos divinos en el que figura el de elección y reprobación en primer lugar, esto hace que Dios cree al hombre ya condicionado a salvación o perdición eterna. De este modo están algunos destinados a la condenación antes de que pecasen, o de otro modo, sin otra causa que la voluntad soberana de Dios. No cabe duda que Dios sabía quienes creerían y quienes rehusarían creer, pero esta responsabilidad, como la de la existencia del pecado, no puede imputársela a Dios, sino que es responsabilidad de la criatura.

       En el comentario a los versículos que se han seleccionado se procura situar en el contexto bíblico la enseñanza que algunos usan para justificar la condenación de los perdidos y otros desconocen en cuanto a soberanía divina. Los textos se comentan individualmente. 

15. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. 

       A Moisés dice: La cita tomada por Pablo corresponde a la respuesta que Dios dio a Moisés cuando le pidió que le mostrase Su gloria (Ex. 33:19). La gloria de su Persona se manifiesta en Su nombre, que pone de manifiesto la soberanía divina, unido a la misericordia que el Señor tiene.

        Tendré misericordia del que yo tenga misericordia. Nótese que la respuesta divina se relaciona sólo con la misericordia y la compasión. Los actos de Dios en ningún modo pueden ser injustos, puesto que siempre manifiestan misericordia y compasión.

        En el entorno histórico en que se produce la respuesta de Dios a la petición de Moisés, el pueblo de Israel había pecado gravemente contra Dios, cayendo en la idolatría y fabricando un becerro de oro, como figura representativa de Dios mismo. El Señor, en justicia, había determinado eliminarlo y dejar con vida a Moisés para hacer de él una nueva nación (Ex. 32:10). Moisés intercedió delante de Dios, y Dios perdonó al pueblo (Ex. 32:11-14). Dios puso de manifiesto su misericordia con el perdón otorgado a Israel. Es ahí cuando Moisés pidió ver la gloria de Dios (Ex. 33:18). El Señor le respondió hablándole de gracia y misericordia (Ex. 33:20). Más tarde proclamaría Su nombre rodeándolo nuevamente de gracia y compasión (Ex. 34:6, 7). Dios hace todo esto, no por mérito humano, sino por soberanía misericordiosa. Por tanto, no hay posibilidad alguna de acusar a Dios de un obrar injusto porque elija entre personas para llevar a cabo su propósito y el cumplimiento de sus promesas.

 16. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.

        Asi que no. Mediante la fórmula ingresiva compuesta por la partícula conjuntiva a[ra, así, ligada a la conjunción causal ou\n,pues, se establece una oración conclusiva que expresa aquello que se deriva de todo lo dicho antes: Así, pues. Hay una dificultad en el versículo y es la ausencia del sujeto de la oración. ¿Qué es lo que no depende del que quiere ni del que corre? El entorno textual exige que se considere como la elección o también la misericordia de Dios.

       No del que quiere. En cuanto a lo que concierne a la elección y a las promesas, no es asunto de hombres y, por tanto, no es lo que el hombre quiera. Con toda precisión lo afirma: no del que quiere. Es decir, no se dan las promesas en base a deseos humanos. Algunos autores, a causa de su posición teológica que identifica a Israel con la Iglesia, y las promesas dadas a Israel como si fuesen dadas para la Iglesia, confunden la esfera de las promesas con la de la salvación. Por esta causa atribuyen la afirmación de Pablo a quienes son salvos, por lo que la salvación no depende de deseo humano. Esto es verdad, pero no en el contexto que se está considerando. Sin embargo, es necesario entender también que la salvación no depende del hombre, sino de Dios que la otorga (Sal. 3:8; Jon. 2:9). Con todo, Pablo está enseñando aquí que las promesas y la elección de quienes extienden a lo largo de la descendencia de Abraham la línea de la promesa, no se debe a deseo humano, sino a Dios que lo determina en su soberanía.

       Ni del que corre. De igual manera no puede ser alcanzada por esfuerzo humano: “ni del que corre”. Pablo es muy dado a usar las figuras de los corredores en un estadio (cf. 1 Co. 9:24; Gá. 2:2; 5:7). Por esa causa ha hecho destacar antes, que de los hijos de Isaac, la línea de la promesa corre por medio del hijo menor, escogido antes de haber hecho nada, ni bueno ni malo, por cuanto no había nacido aún. Todo esto está enfatizando la soberanía de Dios que lo hace “para que la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama” (v. 11).

        Sino de Dios que tiene misericordia. La conclusión final es concluyente: Todo esto es un asunto potestativo de Dios que da las promesas y elige a quien van destinadas. Todo ello es simplemente un acto de la misericordia divina: “sino de Dios que tiene misericordia”. La elección concretada en los hombres a quienes Dios elige, son la expresión en el tiempo y la historia del propósito soberano y eterno de Dios, sin injusticia ni arbitrariedad.

        Por extensión esta verdad alcanza también a la misericordia en salvación. La promesa admirable de la vida eterna para todo aquel que cree, no es asunto de desear del hombre, ni del esfuerzo humano. La salvación es un don de la gracia y las obras nada tienen que ver para obtenerla, sino la gracia misericordiosa de Dios (Ef. 2:8-9).   En todo ello, aunque el hombre no puede hacer nada para alcanzar la posición en relación con las promesas, y tampoco con la salvación, a no ser que Dios actúe en su favor, no se puede excluir la responsabilidad del hombre en aceptarla o rechazarla y, en todo caso, no se le excluye la responsabilidad para vivir conforme a los dones de Dios.

        Un interesante párrafo de Newell sirve para resumir la enseñanza del versículo:

        “¡Oh, que este versículo penetre en nuestros oídos, en nuestro mismo corazón! Quizá ninguna declaración de toda la Escritura pueda llevar al hombre a tan absoluto extremo. El hombre piensa que puede ‘desear’ y ‘decidir’ hacia Dios, y que después de haber ‘decidido’ y ‘deseado’ tiene la facultad de ‘correr’ o, como dice, de ‘no cejar’. Pero tanto el decidir como el no cejar están en este versículo completamente descartados como fuente de la salvación, la cual se declara que es de Dios que tiene misericordia. No se niega aquí la responsabilidad humana en ninguna manera; el hombre debe desear y debe correr. Pero no somos más que pecadores y no podemos ni podremos hacer nada, a menos que Dios venga a nosotros en misericordia soberana”[1]

 17.  Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.

        Porque la Escritura dice a Faraón. Tanto la libertad de la elección como la del rechazo son potestativas en Dios. El que eligió a Jacob para la línea de la promesa, rechazó para la misma causa a su hermano Esaú. Para enfatizar este segundo aspecto de la soberanía divina, el apóstol hecha mano de otro personaje de la historia antigua, que fue Faraón. Dios habló a Faraón por medio de Moisés y el mensaje quedó recogido en la Escritura, de ahí que Pablo diga que “la Escritura dice a Faraón”. La referencia está tomada del Pentateuco, en donde se lee: “Y a la verdad yo te he puesto para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra” (Ex. 9:16).

        Porque para esto mismo te levanté. Dios dice a Faraón que había sido levantado por Él. La aparición del monarca egipcio no se debió a un acontecer histórico casual, sino a la expresión de la determinación divina en relación con él. Esto es, Dios coloca a Faraón en su tiempo histórico con un propósito previamente establecido por Él. Es necesario prestar atención al verbo que Pablo utiliza aquí; la forma verbal traducida por levanté, tiene el sentido de dejarle hacer acto de presencia en la historia. Ese es el mismo sentido que la palabra tiene en otros lugares del Nuevo Testamento, como es el caso del testimonio que Jesús da sobre Juan el Bautista: “De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan” (Mt. 11:11)[2].

        Para mostrar en ti mi poder. Dios que permitió la aparición histórica de Faraón en un determinado tiempo, lo hizo para un propósito predeterminado: “para mostrar en ti mi poder”.

        El pasaje del Éxodo es determinante para entender lo que el apóstol cita aquí. Dios había enviado sobre Egipto, por causa de la rebeldía de Faraón, las seis primeras plagas: El agua del río transformada en sangre (Ex. 7:14-25); la plaga de las ranas (Ex. 8:1-15); la de los piojos (Ex. 8:16-19); la de las moscas (Ex. 8:29-32); la enfermedad en el ganado (Ex. 9:1-7); las de las úlceras en hombres y animales (Ex. 9:8-12). Es en el anuncio de la séptima plaga, la del granizo, en donde Dios dice a Faraón que “serás quitado de la tierra”, y que lo había levantado, que en este contexto equivale a te he dejado vivir, para mostrar mi poder en ti. Dios hubiera podido matar a Faraón, pero no lo hizo porque para él tenía el propósito de ser el instrumento que pusiera de manifiesto la omnipotencia divina. En este propósito “mostrar en ti mi poder”, se concreta la historia del Éxodo. Fue el poder de Dios sobre Faraón que liberó a Su pueblo de la esclavitud en Egipto y abre un nuevo camino en el cumplimiento de los pactos y de las promesas. Otras cuatro plagas más completarán los juicios divinos sobre Egipto: la del granizo (Ex. 9:7-35); la de las langostas (Ex. 10:1-20); la de las tinieblas (Ex. 10:21-29); finalmente la de la muerte de los primogénitos (Ex. 11:1-10).

        Y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra. Un segundo aspecto en el propósito divino en relación con Faraón es el de que “mi nombre sea anunciado por toda la tierra”. Tiene que ver con mostrar a todas las naciones la omnipotencia de Dios vinculada con Su nombre. No cabe duda que Dios asignó a Faraón en la historia humana un papel negativo con el fin de demostrar universalmente que Su poder es sobre cualquier poder humano, por grande que sea. Así lo había dicho a Moisés:“Cuando hayas vuelto a Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano; pero yo endureceré su corazón, de modo que no dejará ir al pueblo” (Ex. 4:21). Más adelante le dice: “Y yo endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y mis maravillas. Y Faraón no os oirá; mas yo pondré mi mano sobre Egipto, y sacaré a mis ejércitos, mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto, con grandes juicios. Y sabrán los egipcios que yo soy Jehová” (Ex. 7:3, 4, 5).

        Un aparente problema en relación con la acción divina sobre Faraón, se considerará más adelante (v. 19). Por el momento existe aquí una dificultad que abre la puerta a dicho aspecto. El texto de Pablo afirma que Dios trajo a la existencia en un determinado momento de la historia humana a Faraón, y lo mantuvo con vida para que fuera objeto directo y testimonio real de la omnipotencia divina y del cumplimiento de Su plan en relación con las promesas dadas a Israel.

 18. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece.

       Compasión y endurecimiento están presentes en los actos divinos, conforme a Su voluntad. Él demuestra su compasión a unos y endurece a otros, conforme a Su determinación. Esta conclusión sorprende al hombre, acostumbrado a conseguir que todo gire a su alrededor y se ajusten las acciones a su voluntad. Cuando esto no ocurre suele acusar de injusto al que opera contrario a lo que él considera que no se ajusta a su propio concepto de justicia.

        Pablo está procurando destacar que la voluntad divina actúa en plena libertad, independientemente de cualquier acción o condición humana. Así lo entiende Wilckens:

        “Así, ambas cosas son ciertas: Dios demuestra su compasión a quien quiere, y endurece a quien le place. Pablo quiere destacar esa voluntad de Dios absolutamente libre, independiente de los hombres. Puesto que es la Escritura misma quien destaca tanto en versión positiva como negativa esta voluntad de Dios, esa misma palabra nos da también la seguridad de que Dios no actúa entonces de manera injusta: la justicia de Dios sólo puede existir en esta libertad absoluta de su actuación, ya que un Dios dependiente del hombre no sería Dios y, por consiguiente, una justicia dependiente de los hombres no sería justicia de Dios”[3].

        Sin embargo, la actuación de Dios en el aspecto reprobador, “al que quiere endurecer, endurece”, no obedece a un capricho arbitrario operativo desde Su omnipotencia. En el caso concreto de Faraón, la historia bíblica lo enseña claramente. Dios no endureció el corazón de Faraón para que actuase meramente al servicio instrumental de mostrar Su poder y gloria, sino que lo hizo confirmando la dureza progresiva del corazón del monarca. La Biblia afirma que a cada una de las cinco demandas divinas para que dejase en libertad a Su pueblo, Faraón respondió con una negativa que surgía de su voluntario endurecimiento; fue él que endureció su corazón (cf. Ex. 7:13, 22; 8:15, 19, 39, 32; 9:7). Fue a la séptima vez que Dios confirma la dureza de aquel corazón (Ex. 9:12). A partir de esa situación, habiendo endurecido Dios su corazón, no había más opción para él que el juicio divino, que pondría de manifiesto delante de todos la grandeza de Dios. Esto era algo sabido de antemano por Dios, por eso dijo anteriormente a Moisés: “Cuando hayas vuelto a Egipto, mira que hagas delante del Faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano; pero yo endureceré su corazón, de modo que no dejará ir al pueblo” (Ex. 4:21). Las maravillas que Moisés hizo delante de Faraón no sirvieron para que reconociera el poder de Dios, sino que endureció su corazón contra la demanda divina, por tanto, fue instrumento para que Dios mostrase ante todos Su poder en él. Eso es lo que anteriormente había dicho a Moisés: “Y el corazón de Faraón se endureció y no los escuchó, como Jehová lo había dicho” (Ex. 7:13). El Señor conocía la dureza de rebeldía que Faraón había atesorado en su corazón:“Entonces Jehová dijo a Moisés: El corazón de Faraón está endurecido, y no quiere dejar ir al pueblo” (Ex. 7:14). No se trataba de una dureza impuesta por Dios, sino de una actitud voluntaria de Faraón. La actitud arrogante del monarca egipcio está claramente atestiguada por sus propias palabras: “¿Quién es Jehová para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel” (Ex. 5:2).

        Sin duda Dios cumplió su propósito de manifestar Su poder y proclamar su nombre en toda la tierra por medio de Faraón. El poder especialmente mostrado sacando a Su pueblo esclavo, de Egipto, lugar de esclavitud (Dt. 6:21; 7:18-19; 11:4; Sal. 77:14-15; 135:9). El nombre de Dios fue proclamado ante las naciones en razón de lo que Dios hizo sobre los dioses de Egipto (Dt. 6:22; 11:3; 34:11), por tanto, los pueblos aprendieron la lección (1 S. 4:7-8).

        De la misma forma ocurrió en los tiempos de Jesús, con el abierto rechazo de Israel al Mesías, a pesar de las señales mesiánicas hechas delante de todos, de modo que Dios confirmó el endurecimiento de Su pueblo (Jn. 12:39, 40) Ese endurecimiento fue la conformación divina a un continuo estado de incredulidad y rechazo consciente de Cristo (Jn. 12:37, 38).

        Dios no actúa injustamente ni hace acepción de personas y mucho menos destina a unos para salvación y a otros para condenación. Su deseo no es la condenación del pecador, sino su salvación (Ez. 18:23, 32; 33:11; 1 Ti. 2:4; 2 P. 3:9). La obligación nuestra es aceptar la soberanía de Dios y no negar la responsabilidad del hombre. Nadie será condenado por voluntad divina sino por su pecado y ninguno podrá decir a Dios que no hizo lo suficiente para salvarle. El hombre se salva por gracia y se condena por incredulidad.

 


[1] W. Newell. o.c., pág. 298.

[2] Véase también: Mt. 24:11; Lc. 1:69; 7:16; Jn. 7:52; Hch. 13:22.

[3] Ulrich Wlickens. o.c., pág. 246.

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Único Dios Verdadero.

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Único Dios Verdadero. (1ª parte)

William MacDonald

¿Cómo están amigos? Stephen Charnock, dice: La existencia de Dios es el fundamento de toda religión.

El hecho de la existencia de Dios significa que nosotros, como seres humanos, somos responsables. Si hay un Creador y Sustentador Supremo, las criaturas son responsables ante Él. Daniel Webster, el estadista americano, dijo que el pensamiento más profundo que tenía era el de su responsabilidad para con Dios.

Si la evolución fuese verdad, no habría normas morales para la sociedad. Si fuésemos el producto de una casualidad ciega, de una mezcla de moléculas al azar, nadie vería como algo malo las guerras, los crímenes, los robos, o cualquier otro comportamiento antisocial. Nadie sería responsable ante otra autoridad más alta.

El apóstol Pablo señala en Romanos 1 que todos saben que hay un Dios. Su existencia se revela en la creación; la creación demanda un Creador, como un diseño demanda un diseñador. También se revela en la conciencia; todos tenemos un conocimiento innato del bien y del mal. Las obras que la ley requiere están escritas en nuestro corazón.

Los paganos no quieren retener al Dios verdadero en su conocimiento. Saben que el creer en un Dios así pondría trabas a su estilo de vida, y por ello se vuelven a la idolatría. Se hacen imágenes de personas, aves, mamíferos y reptiles, y las adoran. Ya que cada imagen sucesiva representa un escalón más bajo en la escala de la creación, lo que ocurre es que se sienten cada vez menos responsables de vivir de una manera limpia. Si su Dios es una serpiente, no importa realmente cómo vivan. Esto aclara el estrecho lazo que hay entre la idolatría y la inmoralidad. Los ídolos hechos por seres humanos no hacen demandas morales a los adoradores.

Todos llegamos a ser como lo que adoramos. Ya sea que adoremos al dinero, la humanidad pecaminosa, los placeres carnales, las posesiones materiales o imágenes talladas, comenzamos a representarlas y nos hacemos como ellas. Por otro lado, cuanto más adoramos a Dios, más somos transformados a Su imagen (de lo cual nos habla 2 Co. 3:18).

La creencia determina el comportamiento. Y ahí está la importancia de tener una visión verdadera y correcta de Dios. Cuanto más altos sean nuestros pensamientos de Él, más exaltadas, santas y gloriosas serán nuestras vidas.

Algunos de los atributos de Dios son únicamente Suyos. Estos son intransferibles, esto es, que no pueden ser compartidos con nosotros. Por ejemplo, Dios es el único omnipotente, omnisciente y omnipresente. Nosotros no seremos nunca inmutables o infinitos. Aunque los creyentes vivirán para siempre, no son eternos, porque han tenido un comienzo. En la primera parte de este mensaje trataremos estos atributos únicos e intransferibles.

Pero Dios también comparte algunos de Sus atributos, y a éstos se les llaman atributos transferibles. Trataremos de ellos en la segunda parte del mensaje. Por supuesto, nunca podremos tener estas cualidades en sus formas perfectas. Las nuestras siempre serán reflejos débiles y pálidos de las Suyas. Pero nosotros podemos amar, ser santos y mostrar misericordia. Podemos ser justos y verdaderos, y mostrar gracia y piedad. Y ya que podemos, debemos hacerlo. Así es como somos imitadores de Dios (como nos exhorta Ef. 5:1).

El propósito de nuestro estudio, entonces, no es meramente saber acerca de los atributos de Dios, sino cultivar en nuestra vida cristiana diaria los que son compartidos o transferibles. Ahora tenemos que ponernos a estudiar los atributos de Dios. Normalmente definimos a Dios recitando Sus atributos. Por ejemplo: “Dios es Espíritu, infinito, eterno e inmutable en Su ser, sabiduría, poder, santidad, justicia, piedad y verdad”. Inevitablemente, esto nos lleva a adorarlo de una forma más sincera, a confiar en Él más completamente, a servirlo con más fidelidad, y a buscar el conformarnos más a Él en todos nuestros caminos.

Ahora, comencemos a estudiar los Atributos Únicos de Dios

En Éxodo 15:11, dice: ¿Quién como tú, oh Jehová, entre los dioses?¿Quién como tú, magnífico en santidad, terrible en maravillosas hazañas, hacedor de prodigios?

Dios es: Un Dios Verdadero

En Deuteronomio 6:4, leemos: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”.

La Biblia enseña que hay un, y sólo un, Dios verdadero. Éste es el Dios que se reveló a Abraham y a sus descendientes. Pero, también era conocido desde el principio por aquéllos que se opusieron al politeísmo y la idolatría.

El concepto moderno acerca de esto es que la gente creía en muchos dioses, y que sólo gradualmente, debido al impacto de los profetas hebreos, llegaron a creer en el monoteísmo. La Biblia enseña todo lo contrario: desde el mismísimo comienzo Dios reveló que Él es uno –y el único Dios verdadero.

El versículo que encabeza este capítulo es el credo del judaísmo, el Shema (se pronuncia sh’MAH); quiere decir “oír” en hebreo, y es la primera palabra del credo.

Cuando decimos que Dios es uno, decimos que es un ser espiritual puro, que no está compuesto por partes como nosotros (espíritu, alma, y cuerpo). De todas maneras, al decir que Dios es uno, debe señalarse que en el hebreo hay dos palabras para describir unidad; una sugiere la unidad numérica absoluta, y la otra es un tanto parecida a nuestra palabra unidad. La segunda es la que se usa para Dios.

Los versículos del Antiguo Testamento que subrayan la unicidad y unidad de Dios incluyen las siguientes palabras, que encontramos en 1 R. 8:60, de la bendición del rey Salomón en la dedicación del templo: “A fin de que todos los pueblos de la tierra sepan que Jehová es Dios, y que no hay otro”. Y uno de los profetas menores, Zacarías, predice en el cap. 14, vs. 9, de su libro:
Y Jehová será rey
sobre toda la tierra.
En aquel día Jehová será uno,
y uno su nombre.

Dios es único. Él es uno – el único. Nadie debe compartir Su gloria; ni un arcángel, ni la Virgen María, ni ningún santo, profeta o apóstol.

El Nuevo Testamento continúa el monoteísmo absoluto del Antiguo Testamento, tal como lo indican los siguientes versículos.

Marcos 12:29 y 30 nos muestra que Cristo consideraba el Shema como el fundamento de la verdadera religión, al igual que Sus compatriotas judíos. Allí dice: “Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas”.

Y En Juan 17:3, en la oración sumosacerdotal de nuestro Señor, Él menciona la unidad del único Dios verdadero en relación con el hecho de que Él envió a Su Hijo, y que la vida eterna consiste en conocer a Dios a través de Cristo. Esto se hace por fe, tal como lo enseña el resto de la Biblia. Por ejemplo, Gn. 15:6 y Ef. 2:8 y 9.

 

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Único Dios Verdadero (1ª parte)

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Tesoros en Cristo

Tesoros en Cristo

“Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo deamor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si
alguna misericordia” (Fil. 2:1).

Cuando todos los valores desaparecen en nuestro mundo, en Cristo tenemos
cuanto nossea necesario. El apóstol no supone sino que afirma lo que hay en el
Señor, literalmente dice: ya que hay en Cristo. Todas las bendiciones se alcanzan en
Él y sólo unidos a Él se pueden disfrutar las cuatro que siguen.

Primero hay consolación. La idea es que Jesús viene a nuestro lado para
ayudarnos en el modo de andar en el camino de la vida cristiana. Cuando las
fuerzas flaquean o la senda se cubre por la niebla del conflicto, la luz brilla firme en
Cristo alumbrando el paso estrecho y peligroso. Él es además ejemplo para el modo
de obrar en cada momento, basta con “correr con paciencia la carrera que tenemos
por delante, puestos los ojos en Jesús” (He. 12:1-2).

En Cristo hay también consuelo de amor. Es un mensaje que descansa en Su
propia gracia. El amor con que Dios nos ama se expresa en Jesús, que me amó y se
entregó por mí (Gá. 2:20b). No tendremos estímulo para el compromiso de vida si
no es en el amor de Cristo. Muchas veces buscamos que alguien nos muestre amor
y nos desalentamos al no encontrarlo, cuando el Señor nos está amando siempre,
en cualquier momento, en cualquier circunstancia. Vivimos rodeados de Su amor y
podemos sentirlo en la medida en que estemos en comunión con Él.

Además tenemos la comunión en el Espíritu. Él une a cada creyente con Cristo, y
nos une unos a otros como miembros en Su cuerpo. Esta es una unión eterna. La
comunión horizontal de los creyentes es el resultado de la unión vertical de cada
uno con Dios mismo (1 Jn. 1:3). No estamos solos y aislados en el mundo,
formamos parte de una gran familia celestial, hijos del mismo Padre y herederos de
todas las riquezas en Cristo.

En el Señor hay afecto entrañable. Lo que Dios nos mostró debe ser también
nuestra experiencia. No tenemos que esperar que otros nos muestren amor, nuestra
bendición es amar a todos desinteresadamente como hemos sido amados por Dios.

Así lo hacía Pablo: “Dios me es testigo de cómo os amo a todos con el entrañable
amor de Jesucristo” (Fil. 1:8). El Espíritu traslada a cada uno el amor de Cristo para
que podamos amar a todos, “aunque amando más sea amado menos” (2 Co. 12:15).

En Jesús encuentro también misericordia. Es el amor compasivo que me muestra
en todas mis aflicciones. Ese es el amor que permite amar al miserable. Son los
brazos del padre extendiéndose para abrazar al pródigo que vuelve harapiento,
sucio y miserable (Lc. 15:20). Se que no hay justificación a mis caídas, ni disculpas a
mis fracasos, pero también se que en el Señor hay siempre misericordia para mí. No
hay razón para vivir en la tristeza y la desesperanza, si tengo todo cuanto preciso
en Cristo. Tan sólo necesito vivir en plena comunión con Él. La fuente del amor, del
consuelo y de la misericordia está corriendo para que pueda satisfacer toda mi sed
espiritual. No hay nada que me impida tomar de ella ahora cuanto necesite.
Señor, dame siempre de esa agua para que no tenga sed.

Samuel Pérez Millos, es pastor en la Iglesia Evangélica Unida de la ciudad de Vigo, España, desde el 26 de septiembre de 1981. – Cursó los estudios de Licenciatura en Teología, en el Instituto Bíblico Evangélico, graduándose el 10 de junio de 1975.

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PSICOHEREJÍA

PSICOHEREJÍA

El legado de C. G. Jung a la Iglesia

Martin y Deidre Bobgan

Traducción del inglés: Santiago Escuain

La abrumadora mayoría de cristianos probablemente nunca habrán oído hablar de C. G. Jung, pero su influencia en la iglesia es enorme y afecta a los sermones, libros y actividades, como en el prolífico empleo del Indicador de Tipo Myers-Briggs (MBTI) por parte de los seminarios y organizaciones misioneras. Un actual y popular ejemplo del legado de Jung se puede ver en el libro de Robert Hicks The Masculine Journey [El viaje masculino], que fue dado a cada uno de los 50.000 hombres asistentes a la conferencia de 1993 de los Promise Keepers. Los cristianos necesitan aprender lo suficiente acerca de Jung y sus enseñanzas para quedar advertidos y prevenidos.

El legado de Jung a la «psicología cristiana» es a la vez directo e indirecto. Algunos profesantes cristianos, influidos por las enseñanzas de Jung, integran aspectos de la teoría jungiana en su propia práctica de la psicoterapia. Puede que incorporen sus conceptos acerca de los tipos de personalidad, del inconsciente personal, del análisis de los sueños y de varios arquetipos en su propio intento de comprender y aconsejar a sus clientes. Otros cristianos han sido influidos más indirectamente al implicarse en sanidad interior, en el seguimiento de programas de doce pasos, o al haber asumido el Indicador de Tipo Myers-Briggs, que está basado en los tipos de personalidad de Jung y que incorpora sus teorías de introversión y extroversión.


Jung y Freud

El legado de Jung no ha sido positivo para el cristianismo. Desde su principio, la psicoterapia ha minado las doctrinas del cristianismo. Las actitudes de Sigmund Freud hacia el cristianismo eran evidentemente hostiles, porque creía que las doctrinas religiosas son todas ilusorias, y designó a toda religión como «la neurosis obsesiva universal de la humanidad».1 Su seguidor durante un tiempo y colega Carl Jung, por otra parte, puede no ser tan evidente en su desdén del cristianismo. Sin embargo, sus teorías han disminuido desdeñosamente las doctrinas cristianas al situarlas al mismo nivel que las de todas las religiones.

Aunque Jung no llamó a la religión una «neurosis obsesiva universal», sí que consideró a todas las religiones, incluyendo el cristianismo, mitologías colectivas no reales en esencia, pero ejerciendo un efecto verdadero sobre la personalidad humana. El doctor Szasz describe la diferencia entre las teorías psicoanalíticas de los dos hombres de esta manera: «Así, en opinión de Jung las religiones son apoyos espirituales indispensables, mientras que en la de Freud son muletas ilusorias.»2 En tanto que Freud argumentaba que las religiones son engañosas y por lo tanto malas, Jung mantenía que todas las religiones son cosa imaginaria pero buena. Ambas posturas son anticristianas: la una niega el cristianismo, y la otra lo mitologiza.

Tras haber leído La interpretación de los sueños de Freud, Jung contactó con Freud y se estableció una amistad de mutua admiración que persistió alrededor de ocho años. Aunque Jung sirvió durante cuatro años como primer presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional, la rotura entre Jung y Freud fue total. Jung divergía de Freud en varios puntos, en particular acerca de la teoría de Freud acerca del sexo. Además, Jung había ido desarrollando su propia teoría y metodología, conocida como psicología analítica.


El inconsciente colectivo

Jung enseñaba que la psique se compone de varios sistemas, incluyendo el inconsciente personal con sus complejos y un inconsciente colectivo con sus arquetipos. La teoría de Jung de un inconsciente personal es muy similar a la creación freudiana de una región que contiene las experiencias reprimidas, olvidadas o ignoradas. Sin embargo, Jung consideraba el inconsciente personal como un «una capa más o menos superficial del inconsciente.» Dentro del inconsciente personal se encuentran lo que él denominó «complejos con tonos de sentimientos». Dijo que «constituyen la faceta personal y privada de la vida psíquica».3 Se trata de los sentimientos y de las percepciones que se organizan alrededor de personas significativas o acontecimientos relevantes en la vida de la persona.

Jung creía que había una capa más profunda y más significativa del inconsciente, que él designó como el inconsciente colectivo, y que identificaba como arquetipos, que consideraba como innatos, inconscientes y generalmente universales. El inconsciente colectivo de Jung ha sido descrito como un «almacen de trazas de memorias latentes heredadas del pasado atávico del hombre, un pasado que incluye no sólo la historia racial del hombre como especie separada, sino también sus antepasados prehumanos o animales».4 Por tanto, la teoría de Jung incorpora la teoría de la evolución de Darwin así como la antigua mitología. Jung enseñó que este inconsciente colectivo es compartido por todas las personas, y que por tanto es universal. Sin embargo, por cuanto es inconsciente, no todas las personas son capaces de acceder al mismo. Jung contemplaba elinconsciente colectivo como la estructura fundamental de la personalidad, sobre las que se edifican el inconsciente personal y el ego. Debido a que creía que los fundamentos de la personalidad son ancestrales y universales, estudió las religiones, la mitología, los rituales, los símbolos, los sueños y las visiones. Dice él:

Todas las enseñanzas esotéricas tratan de aprehender los acontecimientos invisibles en la psique, y todas demandan una autoridad suprema para sí mismas. Lo que es cierto del folklore primitivo es cierto incluso en mayor grado de las religiones de influencia mundial. Contienen un conocimiento revelado que fue originalmente oculto, y exponen en gloriosas imágenes los secretos del alma.5


El concepto que tenía Jung del cristianismo

Sin embargo, debido a que Jung dejó lugar para la religión, muchos cristianos se sintieron más cómodos con sus ideas. Por esto es importante considerar las actitudes de Jung hacia el cristianismo. El padre de Carl Jung fue un ministro protestante, y Jung experimentó aspectos de la fe cristiana mientras fue creciendo. Escribió lo siguiente acerca de su temprana experiencia con la Santa Comunión, que parece estar relacionada con sus ideas posteriores acerca de que las religiones son sólo mitos:

Lentamente llegué a comprender que esta comunión había sido una experiencia fatal para mí. Había resultado hueca; más aún, resultó ser una pérdida total. Sabía que nunca podría volver a participar en esta ceremonia. «Bueno, esto no es religión en absoluto», pensé: «Es la ausencia de Dios; la iglesia es un lugar al que no debería ir. Ahí no hay vida, sino muerte.»6

En base de aquel significativo incidente, Jung pudo haber procedido a negar todas las religiones; pero no lo hizo. En lugar de ello, vio evidentemente que la religión era algo muy significativo para muchas personas y que las religiones podían ser útiles como mitos. Su decisión de considerar todas las religiones como mitos fue posteriormente influída por su perspectiva del psicoanálisis. Según Viktor von Weizsaecker, «C. G. Jung fue el primero en comprender que el psicoanálisis pertenecía a la esfera de la religión».7 Que las teorías de Jung constituyen una religión se puede ver en su consideración de Dios como el inconsciente colectivo, y por ello presente en el inconsciente de cada persona. Para él, las religiones revelaban aspectos del inconsciente y podían así acceder a la psique de la persona. También empleó los sueños como vías de entrada a la psique para la propia comprensión y autoexploración. La religión era sólo un instrumento para acceder al yo y si una persona quería emplear para ello símbolos cristianos, pues ya le estaba bien.


El espíritu guía de Jung

Debido a que Jung transformó el psicoanálisis en un tipo de religión, es también considerado como psicólogo transpersonal así como teórico del psicoanálisis. Se implicó profundamente en ocultismo, practicó la necromancia y tuvo contacto diario con espíritus descarnados, a los que designó como arquetipos. Mucho de lo que escribió fue inspirado por estas entidades. Jung tenía su propio espíritu familiar al que llamaba Filemón. Al principio pensaba que Filemón era parte de su propia psique, pero más adelante descubrió que Filemón era más que una expresión de su propio ser interior. Jung dice:

Filemón y otras figuras de mis fantasías me dieron a saber el conocimiento crucial de que hay cosas en la psique que yo no produzco, sino que se producen a sí mismas y tienen su propia vida. Filemón representaba una fuerza que no era yo mismo. En mis fantasías tuve conversaciones con él, y él dijo cosas que yo no había pensado de manera consciente. Porque observé con claridad que era él quien hablaba, y no yo. … Psicológicamente, Filemón representaba un conocimiento superior. Para mí era una figura misteriosa. En ocasiones me parecía muy real, como si fuera una personalidad viviente. Paseaba con él jardín arriba y abajo, y fue para mí lo que los indios llaman un guru.8

Se puede comprender por qué Jung es tan popular entre los seguidores de la Nueva Era.

 


La meta de Jung para el psicoanálisis era que llegase a ser una religión integral.


 

La influencia de Jung sobre AA

Jung también abrió el camino para el desarrollo de Alcohólicos Anónimos. El cofundador Bill Wilson escribió lo siguiente en una carta a Jung en 1961:

Esta carta de inmenso agradecimiento ha estado pendiente durante mucho tiempo. … Aunque seguramente habrá oído acerca de nosotros [AA], dudo que usted sea consciente de que una cierta conversación que tuvo una vez con uno de sus pacientes, un tal señor Roland H., en la década de los treinta, tuvo un papel crucial en la constitución de nuestra agrupación.9

Wilson prosiguió la carta recordando a Jung de lo que le había «contado abiertamente [a Roland H.] de su situación desesperada», que estaba más allá de la ayuda que le pudiera ofrecer la medicina o la psiquiatría. Wilson escribió: «Esta declaración sincera y humilde de su parte fue indudablemente la primera piedra fundamental sobre la que nuestra agrupación ha sido entonces edificada.» Cuando Roland H. preguntó a Jung si había alguna esperanza para él, Jung «le dijo que podría haberla, siempre que pudiera pasar por una experiencia espiritual o religiosa: en resumen, una conversión genuina.» Wilson proseguía en su carta: «Usted le recomendó que se situase en una atmósfera religiosa y que tuviera esperanza.»10 Por lo que respecta a Jung, no había necesidad de doctrina ni contenido de fe, sino sólo una experiencia.

 


Los cristianos se implican en la religión de Jung cuando integran sus conceptos acerca del hombre y de la deidad al asimilar sus teorías, terapias y conceptos.


 

Es importante observar que Jung no podía referirse a la conversión al cristianismo, porque por lo que respecta a Jung toda religión es simplemente mito una manera simbólica de interpretar la vida de la psique. Para Jung, la conversión significaba sencillamente una dramática experiencia total que alteraría profundamente la perspectiva de la persona acerca de la vida. Jung mismo había rechazado abiertamente el cristianismo y se había lanzado a la idolatría. Reemplazó a Dios por una miríada de arquetipos mitológicos.

La respuesta de Jung a la carta de Wilson incluía la siguiente afirmación acerca de Roland H.:

Su deseo por el alcohol era el equivalente, a un nivel bajo, de la sed espiritual de nuestro ser por la plenitud; expresándolo en lenguaje medieval: la unión con Dios.11

En su carta Jung menciona que en latín se emplea la misma palabra para alcohol que para «la más elevada experiencia religiosa». También en inglés, lo mismo que en castellano, se hace referencia al alcohol como espíritu. Pero conocimiento la teología de Jung y sus intimidades con un espíritu familiar, se debe llegar a la conclusión de que el espíritu al que se refiere él no es el Espíritu Santo, y que el dios al que se refiere no es el Dios de la Biblia, sino un espíritu fraudulento que se presenta como ángel de luz y que lleva a muchos a destrucción.


La blasfemia de Jung

El neopaganismo de Jung y su deseo de reemplazar el cristianismo con su propio concepto de psicoanálisis se puede ver en una carta que escribió a Freud:

Me imagino una tarea mucho más delicada y integradora para [el psicoanálisis] que la alianza con una fraternidad ética. Creo que debemos darle tiempo para que se infiltre en personas de muchas procedencias, que avive entre los intelectuales un sentimiento hacia los símbolos y los mitos, para que muy gentilmente transforme a Cristo de vuelta al hechicero dios del vino, que era, y de esta manera absorber aquellas fuerzas extáticas instintivas en el cristianismo para el propósito único de hacer del culto y del mito sagrado lo que habían sido antes: una fiesta borracha de gozo donde el hombre recuperaba el carácter y la santidad de un animal.12

De esta manera, la meta de Jung para el psicoanálisis debía ser una religión global superior al cristianismo, reduciendo la verdad del cristianismo a mito y transformando a Cristo en un «hechicero dios del vino.» La respuesta de Dios a tal blafemia se puede ver en el Salmo 2:

¿Por qué se amotinan las gentes,
Y los pueblos piensan cosas vanas?
Se levantarán los reyes de la tierra,
Y los príncipes consultarán unidos
Contra Jehová y contra su ungido,
diciendo:
Rompamos sus ligaduras,
Y echemos de nosotros sus cuerdas.
El que mora en los cielos se reirá;
El Señor se burlará de ellos.
Luego hablará a ellos en su furor,
Y los turbará con su ira.

Los cristianos se implican en la religión de Jung cuando integran sus conceptos acerca del hombre y de la deidad al asimilar sus teorías, terapias y conceptos que se han filtrado a través de otras psicoterapias, a través de programas de doce pasos, a través de la curación interior, a través del análisis de los sueños, y a través de los tipos y pruebas de personalidad.


Fuente: Pyschoheresy Awareness Newsletter, Volumen 4, número 4, Julio/Agosto 1996 – Con permiso de PsychoHeresy Awareness Ministries – 4137 Primavera Road – Santa Barbara, CA 93110

Puede consultar el artículo original en: http://www.pamweb.org/jungleg.html

O visite la página web de PsychoHeresy Awareness Ministries para consultar toda su documentación en inglés:

 


NOTAS

1. Sigmund Freud. The Future of an Illusion [El futuro de una ilusión], trad. al inglés y editado por James Strachey. New York: W. W. Norton and Company, Inc., 1961, p. 43. Vuelve al texto
2. Thomas Szasz. The Myth of Psychotherapy, Garden City: Doubleday/Anchor Press, 1978, p. 173. Vuelve al texto
3. C. G. Jung. The Archetypes and the Collective Unconscious, 2(a) Ed., trad. al inglés por R. F. C. Hull. Princeton: Princeton University Press, 1969, p. 4. Vuelve al texto
4. Calvin S. Hall y Gardner Lindzey. Theories of Personality. New York: John Wiley & Sons, Inc., 1957, p. 80. Vuelve al texto
5. Jung, The Archetypes and the Collective Unconscious, op. cit., p. 7. Vuelve al texto
6. C. G. Jung. Memories, Dreams, Reflections, ed. por Aniela Jaffe, tradu. por Richard y Clara Winston. New York: Pantheon, 1963, p. 55. Vuelve al texto
7. Viktor von Weizsaecker, «Reminiscences of Freud and Jung.» Freud and the Twentieth Century, B. Nelson, ed. New York: Meridian, 1957, p. 72. Vuelve al texto
8. Jung, Memories, Dreams, Reflections, op. cit., p. 183. Vuelve al texto
9. «Spiritus contra Spiritum: The Bill Wilson/C. G. Jung Letters: The Roots of the Society of Alcoholic Anonymous.» Parabola, Vol. XII, N(o) 2, mayo 1987, pág. 68. Vuelve al texto
10. Ibid., p. 69. Vuelve al texto
11. Ibid., p. 71. Vuelve al texto
12. C. G. Jung citado por Richard Noll. The Jung Cult. Princeton University Press, 1994, p. 188. Vuelve al texto

 

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UNA PROCLAMACIÓN PRESIDENCIAL VERGONZOSA

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UNA PROCLAMACIÓN PRESIDENCIAL VERGONZOSA

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Moisés Pinedo

Si está pendiente de las noticias en los Estados Unidos, entonces sabrá que el Presidente Obama ha proclamado nuevamente a junio de este año como el “Mes del Orgullo LGBT”. No, esta celebración no es debido a algún logro honorable, sino es una proclamación a celebrar el orgullo lesbiano, homosexual, bisexual y transexual. Aquí tiene la traducción de algunas porciones de la declaración oficial emitida por la Casa Blanca el 31 de mayo:

«Desde nuestra fundación, Norteamérica ha avanzado en un camino sin término para llegar a ser una Unión más perfecta. Este viaje, encabezado por personas de pensamiento renovador que han puesto la mira en alcanzar un mañana más resplandeciente, nunca antes ha sido más fácil o tranquilo. La lucha por la dignidad e igualdad para la gente lesbiana, homosexual, bisexual y transexual se refleja en la dedicación incansable de los partidarios y aliados que se esfuerzan por forjar una sociedad más incluyente. Ellos han promovido progreso extenso al cambiar corazones y mentes y al demandar trato equivalente—bajo nuestras leyes, de nuestras cortes y en nuestra política. Este mes [junio de 2016—MP], reconocemos todo lo que han hecho para traernos a este punto, y nos comprometemos nuevamente a doblar el arco de nuestra Nación a favor de la justicia…
POR TANTO, AHORA, YO, BARACK OBAMA, Presidente de los Estados Unidos de América, en virtud de la autoridad investida en mí por la Constitución y las leyes de los Estados Unidos, proclamo aquí a junio de 2016 como el Mes del Orgullo Lesbiano, Homosexual, Bisexual y Transexual. Invoco a la gente de los Estados Unidos a eliminar el prejuicio dondequiera que exista y a celebrar la gran diversidad del pueblo norteamericano (Obama, 2016).»

Esta proclamación presidencial vergonzosa, que ha sido ratificada anualmente por Barack Obama (como también emitida por Bill Clinton en 2000—vea Clinton, 2000) a favor de la corrupción social tiene paralelo en las proclamaciones de gobernantes desprovistos de reverencia ante el Dios moral y Su Palabra santa (Daniel 3; 1 Reyes 12:25-33).

UNA AFRENTA A LA FUNDACIÓN NORTEAMERICANA

Aunque la proclamación presidencial hace referencia a la fundación y Constitución norteamericana, en realidad es una burla al principio nacional y legal de los Estados Unidos. Barack Obama tiene la misma Constitución que los fundadores de los Estados Unidos elaboraron; sin embargo, los fundadores nunca pretendieron que se torciera la Constitución para promover/celebrar el libertinaje sexual y otras perversiones sociales. De hecho, los fundadores condenaron severamente la homosexualidad, y consideraron la aceptación de tal comportamiento como una socavación de la fundación moral nacional.

Don William Blackstone, abogado, jurista y doctor de ley, escribió los Comentarios de la Ley de Inglaterra que llegaron a ser la fuente principal que los fundadores de los Estados Unidos usaron. En sus comentarios, hizo referencia a la homosexualidad como “un crimen muy detestable”, “en contra de la naturaleza”, “una ofensa de una naturaleza tan oscura”, “cuya mención es una deshonra para la naturaleza humana”. También registró los castigos severos y penales que conllevaba (Blackstone, 1769, 4.15.215-216).

Mientras servía como Comandante en Jefe del Ejército Continental, el padre de los Estados Unidos, George Washington, fue notificado de un homosexual en el ejército. Inmediatamente el general emitió órdenes para echar definitivamente del ejército al ofensor. Él decretó tal sentencia “con aborrecimiento y repugnancia por tales crímenes infames” (“Órdenes Generales”, 1778).

Las 13 colonias originales de los Estados Unidos consideraron la homosexualidad como una ofensa criminal, y finalmente lo hizo cada uno de los 50 estados, estableciendo penas severas, incluyendo la pena capital (Barton, 2000, pp. 306, 482). Thomas Jefferson, Padre de la Declaración de Independencia y tercer presidente de los Estados Unidos, incluso propuso el “desmembramiento” como la pena para la homosexualidad en su estado natal de Virginia (Jefferson, 1781, Pregunta 14). [NOTA: Los datos anteriores fueron abreviados de Miller, 2008].

UNA AFRENTA AL DIOS DE LA BIBLIA

Pero esta declaración presidencial también es una burla ante el Creador santo de la raza humana. Al finalizar su declaración, Barack Obama añadió:

«EN FE DE LO CUAL, aquí firmo con mi puño este treinta y uno de mayo, en el año de nuestro Señor dos mil dieciséis, y de la Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica el año doscientos cuarenta (2016, énfasis añadido).»

¡Es repulsivo incluso hacer referencia al Señor en el mismo contexto de esta declaración impía! Esta proclamación revela que, como nación, el Dios de la Biblia no es realmente “nuestro Señor”. En el Antiguo Testamento, el Señor destruyó con fuego a dos naciones por este mismo pecado de sodomía (Génesis 19). También advirtió: “No te echarás con varón como con mujer; es abominación” (Levítico 18:22). En el Nuevo Testamento, describió al mundo gentil como entregado “a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres” (Romanos 1:26-27, énfasis añadido). Y luego decretó que “los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican” (Romanos 1:32; 1 Corintios 6:9).

Aunque el Dios del cielo es amor (1 Juan 4:8) y ama a toda persona (Juan 3:16), y Sus seguidores deben amar también a todos los hombres (Mateo 22:37-39), el pecado (incluyendo la inmoralidad de todo tipo) no debe ser aprobado y mucho menos celebrado. Esta proclamación presidencial, emitida por líderes que carecen de interés y temor reverente ante las Escrituras sagradas, simplemente revela cuán lejos los Estados Unidos ha llegado en el viaje a la destrucción moral y social.

NOTA: Para un estudio adicional en cuanto a la homosexualidad y lo que la Biblia dice al respecto, lea nuestros siguientes artículos:

Referencias

Barton, David (2002), Intención Original [Original Intent] (Aledo, TX: Wallbuilders).

Blackstone, William (1769), Comentarios de las Leyes de Inglaterra [Commentaries on the Laws of England], Universidad Yale, http://www.yale.edu/lawweb/avalon/blackstone/bk4ch15.htm.

Clinton, William (2000), “Proclamación 7316—Mes del Orgullo Homosexual y Lesbiano, 2000” [“Proclamation 7316—Gay and Lesbian Pride Month, 2000”], GPO, https://www.gpo.gov/fdsys/pkg/FR-2000-06-06/pdf/00-14440.pdf.

Miller, Dave (2008), “Los Fundadores sobre la Homosexualidad” [“The Founders on Homosexuality”], Apologetics Press, http://apologeticspress.org/apcontent.aspx?category=7&article=1126.

Obama, Barack (2016), “Proclamación Presidencial—Mes del Orgullo LGBT, 2016” [“Presidential Proclamation—LGBT Pride Month, 2016”], La Casa Blanca, https://www.whitehouse.gov/the-press-office/2016/05/31/presidential-proclamation-lgbt-pride-month-2016.

“Órdenes Generales de George Washington, Marzo 14, 1778” [“George Washington, March 14, 1778, General Orders”] (1778), Los Documentos de George Washington en la Biblioteca del Congreso, 1741-1799, http://memory.loc.gov/cgi-bin/query/r?ammem/mgw:@field(DOCID+@lit (gw110081)).

Moisés Pinedo es el fundador, editor y uno de los escritores de EB Global. Cursó estudios en la Escuela Bíblica de las Américas en Panamá. Ha laborado como traductor y escritor paraApologetics Press y House to House. Él es el autor de una variedad de libros, artículos y herramientas bíblicas.

Derechos en español © 2015 por www.ebglobal.org.

¿Qué dice la Biblia acerca de la eutanasia?

¿Qué dice la Biblia acerca de la eutanasia?

Este es un tema muy difícil. Hay dos lados que son difíciles de balancear. En un extremo, no queremos tomar en nuestras manos la vida de una persona y terminarla prematuramente – eutanasia. En el otro extremo, ¿hasta qué punto simplemente permitimos que una persona muera, y dejamos de tomar acciones que preserven su vida?

¿Qué hay acerca de la eutanasia? La abrumadora verdad que lleva a la conclusión de que Dios se opone a la eutanasia, es Su soberanía. Sabemos que la muerte física es inevitable (Salmo 89:48; Hebreos 9:27). Sin embargo, sólo Dios es soberano sobre cuándo y cómo ocurre la muerte de una persona. Job testifica en Job 30:23, “Porque yo sé que (Tú Dios) me conduces a la muerte, y a la casa determinada a todo viviente.” En el Salmo 68:20, leemos, “Dios, nuestro Dios ha de salvarnos, y de Jehová el Señor es el librar de la muerte.” Eclesiastés 8:8a declara: “No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte;…” Dios tiene la última palabra sobre la muerte (ver también 1 Corintios 15:26, 54-56; Hebreos 2:9, 14-15; Apocalipsis 21:4). La eutanasia es la forma en que el hombre trata de usurpar esa autoridad de Dios.

La muerte es un evento natural. Algunas veces Dios permite que una persona sufra mucho antes de que la muerte llegue; otras veces, el sufrimiento de la persona se acorta. Nadie disfruta del sufrimiento, pero esto no justifica el determinar que una persona está lista para morir. Con frecuencia, los propósitos de Dios son cumplidos a través del sufrimiento de una persona. “En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera, Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él.” (Eclesiastés 7:14) Romanos 5:3 enseña que las tribulaciones producen paciencia. Dios se preocupa por aquellos que imploran que la muerte termine sus sufrimientos. Dios otorga un propósito a la vida aún hasta su final. Solo Dios sabe lo que es mejor, y Su tiempo aún en la muerte de uno, es perfecto.

Al mismo tiempo, la Biblia no nos ordena hacer todo lo que podamos para prolongar la vida de una persona. Si una persona ha sido mantenida viva sólo por máquinas, no es inmoral apagar las máquinas y permitir que la persona muera. Si una persona ha estado en un persistente estado vegetativo por un prolongado período de tiempo, no sería una ofensa a Dios el desconectar los tubos o máquinas que estén manteniendo viva a la persona. Si Dios deseara mantener viva a una persona, Él es perfectamente capaz de hacerlo sin la ayuda de tubos y/o máquinas.

Tomar una decisión como ésta, es muy difícil y doloroso. Nunca es fácil decirle a un doctor que suspenda lo que sostiene la vida de un ser querido. Nunca debemos buscar terminar la vida prematuramente, pero al mismo tiempo, tampoco debemos preservar una vida tanto como sea posible. El mejor consejo para cualquiera que enfrente esta decisión es orar a Dios por sabiduría respecto a lo que Él quiera que hagas (Santiago 1:5).

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Sexualidad con Propósito

Sexualidad con Propósito

DavidHormachea

David hormachea

La intimidad en la vida matrimonial es una experiencia única que nos da una gran realización. Pero muchas veces, por ignorancia, rebelión o por motivos de intuición personal o pasión, las parejas no logran el diseño divino, y encaran conflictos humanos serios.

Algunas áreas acerca de la intimidad que son cubiertas en este libro son: Conceptos incorrectos de intimidad Ignorancia acerca de la sexualidad Cuando es necesario buscar ayuda profesional La búsqueda por una intimidad sexual Elementos necesarios para vida matrimonial

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David Hormachea nació en Punta Arenas, Chile. Obtuvo su maestría en Artes y Teología, un Doctorado en Divinidades y la preparación para ser consejero familiar en la Universidad de Biola. David Hormachea es pastor de la Primera Iglesia Cristiana, en Santa Ana, California. Es el presidente y orador de la de la organización de ayuda para la familia «De regreso al hogar». Ha producido programas de radio y televisión y ha escrito libros y producido series en audio y vídeo relacionados con la familia. El Dr. Hormachea fue la voz hispana del programa de Chuck Swindoll «Insight for Living», llamado «Visión para Vivir». David está casado con Nancy y tienen cuatro hijos y una nieta.

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