LA SANTIDAD QUE EL HOMBRE NO PUEDE PRODUCIR | AEA

REFLEXIONES BÍBLICAS AEA — EPISODIO 2

Texto central: Juan 15:5
“…separados de Mí nada podéis hacer.”

Existe una forma de religión que puede parecer profundamente espiritual y, sin embargo, terminar colocando nuestra confianza en el lugar equivocado.

Podemos orar más, leer más, disciplinarnos, renunciar a cosas legítimas, arrodillarnos, sacrificarnos y poner sinceramente todo de nosotros.

Y debemos tomarnos en serio la vida cristiana.

Pero ninguna de esas cosas produce santidad por sí misma.

Son medios. Son disciplinas. Son respuestas de obediencia. Pueden ser frutos de una vida transformada.

Pero la fuente no está allí.

Jesús dijo:

“Yo soy la vid, vosotros los sarmientos… separados de Mí nada podéis hacer.” — Juan 15:5.

Un sarmiento no fabrica vida y después se la ofrece a la vid. Permanece unido a ella, recibe de ella y entonces produce fruto.

Así comienza nuestra autocrítica.

Podemos terminar midiendo nuestra santidad por todo aquello que hacemos o dejamos de hacer. Incluso podemos construir una conciencia llena de prohibiciones que Dios nunca estableció y sentirnos más espirituales porque nuestros límites son más estrictos que los de otros.

Pero Pablo nos recuerda:

“Porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para Su beneplácito.” — Filipenses 2:13.

Eso no convierte al creyente en pasivo.

El versículo anterior dice:

“Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor.” — Filipenses 2:12.

Ahí están juntas las dos verdades.

Nosotros obedecemos. Dios obra.
Nosotros luchamos. Dios sostiene.
Nosotros caminamos. Pero la vida no nace de nosotros.

John Owen enseñó precisamente esta relación: la mortificación del pecado es responsabilidad real del creyente, pero es el Espíritu quien hace eficaz esa obra. No trabaja anulando nuestra obediencia, sino obrando en nosotros y con nosotros.

Por eso la libertad cristiana contiene una hermosa paradoja:

somos libres, pero pertenecemos a otro Amo.

Romanos 6:22 dice que hemos sido libertados del pecado, hechos siervos de Dios, y que nuestro fruto conduce a santificación.

No fuimos liberados para vivir sin Señor.

Fuimos liberados de un antiguo dominio para pertenecer a Cristo.

Y cuando esa nueva vida comienza a resplandecer, debemos recordar algo más:

la luz no se origina en nosotros.

Si aparece paciencia, dominio propio, humildad, pureza, misericordia o amor, somos responsables de caminar en esas cosas, pero no podemos apropiarnos de la gloria como si hubiéramos producido la vida que las hizo posibles.

Pablo lo expresó así:

“Ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí.” — Gálatas 2:20.

Esto tampoco significa perfección sin pecado. Mientras vivamos, habrá lucha. Owen mismo insiste en que el pecado remanente continúa siendo mortificado durante la vida del creyente.

Pero aquí permanece la convicción que dio origen a esta reflexión:

La santidad es inalcanzable para el hombre que no tiene a Cristo.

Puede modificar conductas.

Puede desarrollar disciplina.

Puede construir una reputación religiosa.

Incluso puede parecer moralmente admirable.

Pero no puede producir la santificación que nace de una nueva vida unida a Cristo. Owen hace precisamente esta distinción al afirmar que la verdadera mortificación pertenece al creyente unido a Cristo y obrada por su Espíritu.

Entonces la pregunta no es solamente:

“¿Cuánto estoy haciendo para ser santo?”

Sino también:

“¿Estoy intentando producir por mí mismo aquello que solamente puede crecer permaneciendo en Cristo?”

Señor, haznos diligentes sin volvernos autosuficientes. Que usemos fielmente los medios que nos has dado, que luchemos seriamente contra nuestro pecado y que busquemos la santidad; pero no permitas que confundamos nuestra obediencia con la fuente de nuestra vida.

Que si algo bueno resplandece en nosotros, jamás olvidemos de dónde procede la luz.

Porque separados de Cristo podemos fabricar muchas cosas.

Santidad, NO.

Textos bíblicos: Juan 15:5; Filipenses 2:12–13; Romanos 6:22; Gálatas 2:20.
Fuente consultada: John Owen — Of the Mortification of Sin in Believers, especialmente capítulos III y VII.
Reflexión, adaptación, revisión y edición: Alimentemos el Alma, con apoyo tecnológico y bajo su responsabilidad editorial.