La batalla contra el diablo

Ministerios Ligonier

Serie: Cómo agradar a Dios

La batalla contra el diablo

R.C. Sproul

Cuando Martín Lutero dijo que la tríada de enemigos de la vida cristiana incluía al mundo, la carne y el diablo, él no incluyó la última, el diablo, solo como una abstracción teológica o como un asunto de doctrina, sino que Lutero tenía una aguda y profunda conciencia personal de la realidad de Satanás; pero hay que entender que cuando la gente estaba preocupada por vivir la vida cristiana en el siglo XVI, tenían una visión de la realidad ligeramente diferente de lo que es normal hoy en día. Lutero estaba tan profundamente consciente de la presencia de Satanás que a menudo hablaba del Anfenctung – el «ataque desenfrenado» que el enemigo, el Príncipe de las Tinieblas, estaba trayendo contra él en su vida personal y Lutero encontraba que la presencia de Satanás a veces era tan tangible que, en una ocasión, tomó un tintero que estaba en su escritorio mientras escribía y lo arrojó en dirección hacia donde todos pensaban que Satanás estaba de pie. Lo que consiguió por su reacción fue una pared llena de tinta. Tenía otras formas menos artísticas para deshacerse de Satanás, y no las mencionaré en esta sesión. 

Pero, lo que sí tenemos es esta casi preocupación, en el siglo XVI, con respecto a la realidad de Satanás. Pero los tiempos han cambiado y la gente, en su mayoría, no vive de esta forma en nuestros días. Hace unos años estaba enseñando un curso de filosofía aquí en los Estados Unidos en una universidad secular y tenía alrededor de 30 estudiantes en mi clase y de alguna manera el tema del diablo o Satanás surgió y hubo una especie de discusión animada y debate entre los estudiantes, por lo que finalmente decidí hacer una encuesta para saber qué era lo que pensaban todos.  Les dije, «¿Cuántos de ustedes creen que realmente hay un demonio personal?». Tres de 30 levantaron sus manos. Ese es el 10%, por lo que, mientras hacía la pregunta, el 90% de mis estudiantes, en este curso de filosofía contemporánea, no creían en la existencia de un verdadero diablo personal. Así que continuamos con más discusiones y les hice la siguiente pregunta. Les dije: «¿Cuántos de ustedes creen en Dios?». 

Ahora, no sabía qué esperar con esa pregunta, pero en ese salón de clases en particular, todos levantaron la mano. Es decir, no todos creían necesariamente en la misma idea de Dios, pero todos creían en algún tipo de Ser Supremo, todos los que estaban en ese salón. Entonces dije, «Bueno, eso es desconcertante para mí. ¿Por qué estamos 100% de acuerdo con la idea de Dios y solo el 10% está de acuerdo con la idea de Satanás?». Les dije, «Díganme», les dije, «¿Cuántos – déjenme preguntarles esto, ¿Cuántos de ustedes creen en Dios, si es que yo defino a Dios de la siguiente manera: que Dios es un Ser sobrenatural que tiene la capacidad o habilidad de influir en los seres humanos para hacer el bien?». Todos estuvieron de acuerdo con eso. 

Les dije: «ahora, ¿qué pasa si defino a Satanás como un ser sobrenatural con la capacidad de influir en las personas hacia el mal? ¿Qué es lo que los hace estar tan dispuestos a ratificar el Ser sobrenatural que puede influir en nosotros hacia el bien, pero son igualmente rápidos en negar el ser sobrenatural que podría influir en nosotros hacia el mal? ¿Es acaso que en nuestra experiencia vivimos en una cultura y un mundo que están tan abrumadoramente inclinados en favor del bien en vez del mal – que hay mucha mayor evidencia de la influencia sobrenatural hacia el bien de lo que hay influencia sobrenatural hacia el mal, que no damos ninguna credibilidad a la mala influencia?».  Ellos dijeron, «No, no, no.  Esa no es la razón». 

Entonces le dije, «Bueno, ¿por qué afirmas lo uno y niegas lo otro?» Y uno – uno de los estudiantes respondió y dijo, «Bueno, no puedes estar involucrado en el sofisticado reino de la ciencia contemporánea y todavía creer en cosas como demonios». Y dije, «Oh, ¿es la revolución científica la que ha puesto fin a la creencia de Satanás en la civilización occidental?». Dijeron: «Sí».  Dije, «Bueno, ayúdenme aquí. Yo no sé de las ciencias naturales. Sé de filosofía. Así que tendrán que aguantar mi ignorancia en este tema. Díganme, ¿qué hay en los laboratorios científicos o en la teoría científica que de repente ha hecho insostenible la existencia de Satanás? ¿Es la segunda ley de la termodinámica o el descubrimiento del código genético que de repente ha desterrado a Satanás de la credibilidad científica?» 

Esperé un buen tiempo para que los estudiantes plantearan algún argumento, algún descubrimiento que haya salido del ámbito científico que arrojara una sombra sobre la idea de Satanás, nadie podía llegar a nada hasta que finalmente uno de los estudiantes dijo, «¿Pero no ve que en nuestra literatura ponemos al diablo en la misma categoría que ponemos a las brujas y duendes y elfos y gnomos y ese tipo de cosas?» Yo les dije: «Bueno, ¿saben? Yo he notado también eso en nuestra cultura, aglutinamos todas estas cosas en la misma categoría». Entonces pensé: «¿Me pregunto por qué?». Obviamente tenemos razones sólidas para ser escépticos sobre los duendes y tenemos razones sólidas para ser escépticos sobre las brujas, pero Satanás es algo diferente. ¿Por qué? Porque cada vez que estamos debatiendo el tema de la existencia de una cosa u otra, queremos considerar cuál es la fuente para afirmar estas realidades. ¿Es la fantasía de alguien y su imaginación o hay algo más? 

Ahora, no puedo alejarme del hecho de que las Sagradas Escrituras enseñan enfáticamente la realidad de Satanás y que, como fuente, ha sido objeto del análisis científico más crítico que cualquier fuente escrita en este planeta. Ahora, puede que no estés convencido de que es una fuente muy creíble. Resulta que estoy muy convencido de que es una fuente creíble y cuando Satanás me dice que – es decir, discúlpenme – cuando las Escrituras me dicen que hay algo como Satanás, eso tiene mucho más peso para mí que el testimonio personal de Shirley MacLaine sobre la reencarnación. Saben, miles de millones de personas creerán en eso solo porque ella lo dice – o el Dalai Lama – o algo así. Así que tenemos que considerar la fuente.  

Ahora, una de las razones por las que estoy convencido de que la idea de Satanás ha caído en la incredulidad, es por un profundo malentendido de la historia medieval. En la Edad Media – en la Edad Media la iglesia creía en el verdadero Satanás y la iglesia estaba muy preocupada por encontrar maneras de resistir la influencia de Satanás.  Déjenme retroceder un segundo. ¿Se dan cuenta de cuántas veces Jesús habla de la realidad de Satanás y de cómo Jesús ora fervientemente por la protección para Su pueblo de Satanás? ¿Cuántos de ustedes conocen la oración del Señor? Vamos, ustedes saben la oración del Señor, la oración más famosa de la historia. «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre… Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días». Sin duda, el bien y la misericordia– esas dos características del Antiguo Testamento. ¡No! «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo» y sigue, y sigue. Y continúa la oración del Señor, diciendo, «Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal». Esa es la traducción moderna: «Líbranos del mal». 

Ahora, en el Nuevo Testamento, la palabra general y usual para el mal es «poneron», esas dos últimas líneas dicen algo. ¿Recuerdan cuando tenían que tomar clases de griego y tenían que estudiar las diferentes desinencias para el acusativo, el nominativo y ablativo y el genitivo y todo eso que los volvían locos tratando de mantener bien todas esas terminaciones distintas? Bueno, no solo tienen desinencias para los casos, sino que también tienen desinencias para el género, ya sea masculino, femenino o neutro. ¿Recuerdan todos esos ejercicios que tenían que hacer? Bien, la palabra «poneron» es neutra y esa es la palabra habitual que se usa para referirse al mal. Si esta terminación neutra es cambiada a primera persona singular masculina, que termina en «-os», entonces se convierte en lo que llamamos un «terminus technicus»– un término técnico, el título para una persona específica. La palabra «poneros» en el Nuevo Testamento es un título reservado para Satanás. «Ho poneros», significa literalmente «el malvado». 

Ahora, damas y caballeros, la oración del Señor, así como está registrada en el Nuevo Testamento, no usa «poneron», sino que utiliza «poneros». Lo que Jesús estaba diciendo a Sus discípulos era lo siguiente: «Cuando ores, ora así: No nos metas en tentación, mas líbranos del enemigo, del maligno. Dios protégenos de las maquinaciones y de las influencias de Satanás». Si eres cristiano, entonces eso quiere decir que le das algo de peso y credibilidad a las enseñanzas de Cristo. Ser cristiano es seguir a Cristo, seguir la enseñanza de Cristo; y lo que estoy tratando de decirles es que, en el corazón de la enseñanza de Jesús había una profunda preocupación por la cruda realidad de Satanás. 

Pero a pesar de la centralidad de la enseñanza de Jesús sobre la realidad de Satanás, en nuestros tiempos existe esta persistente oposición a ella. Pero de nuevo, cuando hablo de esto con las personas, me dicen, «Bueno R. C., reconocemos que, tal vez, hay algún tipo de fuerza malvada allá afuera.  Es cuando empiezas a hablar de eso en términos personales, como de un individuo en particular, ya saben, eso es lo que nos hace sentir asfixiados.  Pero sí creemos que hay algún tipo de fuerza maligna operando por ahí en el universo». ¿Has oído hablar de eso, que Satanás – la idea de Satanás, si va a ser creída por el hombre moderno, debe ser más sofisticado, tiene que ser entendido como una fuerza malvada en lugar de un ser malo, o una persona?

Ahora, hacemos ese cambio para hacerlo más agradable a nuestro progreso intelectual del siglo XX. Si lo analizamos, creo que veremos que lo que hemos hecho es sustituir un concepto intelectualmente fiable por uno que claramente no lo es. Piénsenlo por un momento. ¿Cómo es posible tener una fuerza malvada a menos que esa fuerza sea personal? ¿Pueden el viento o un huracán ser juzgados como inmorales, damas y caballeros? ¿Entienden lo que digo? Las fuerzas, las fuerzas puras, no tienen capacidad moral en ellos, de modo que no es correcto hablar de una fuerza malvada a menos que estemos hablando de una fuerza que proviene de un ser personal que tiene una mente, una voluntad y conciencia. Porque no decimos que las flores están realmente pecando. No pueden pecar porque no están equipadas de forma natural para hacerlo. ¿Entienden lo que digo? 

Ahora, de regreso a la Edad Media. ¿Por qué tenemos esta resistencia en nuestros tiempos? En la Edad Media, la iglesia creía en la realidad de Satanás y estaban preocupados en definir formas de protegerse de sus ataques e idearon varias formas – Lutero con su tintero y otras formas más– pero ellos hicieron lo siguiente: Dijeron: «Lo que sabemos de Satanás es que Satanás cayó debido al orgullo y con toda probabilidad, el mayor punto de vulnerabilidad del enemigo está en su orgullo; la Biblia dice, «Resistid, pues, al diablo y huirá de vosotros». Así que la iglesia juntó todo eso y dijo, «Bueno, la mejor manera de resistir a Satanás es burlarse de Satanás – atacar su orgullo, humillarlo – y eso lo alejará porque no puede soportar ser humillado».  

Así que, lo que haría la iglesia sería inventar caricaturas, dibujos groseros de Satanás, haciéndole parecer el bufón de la corte, donde lo mostraban con cuernos y pezuñas hendidas y un traje de franela roja y un tridente y todo lo demás, parecido a Mefistófeles. Luego pondrían estas horribles caricaturas en la pared para burlarse de Satanás. Pero lo que sucedió fue que, la siguiente generación vio las pinturas, y dijeron, «No me digas que mis padres creyeron en este pequeño tipo con un traje rojo de franela que andaba con un tridente y pezuñas y cuernos. ¿Qué clase de ingenuidad es esa? ¿Qué tipo de mitología están creyendo?».

Ahora, ciertamente, una lectura superficial de las Escrituras te muestra que Satanás no se describe en ninguna parte como un bufón con traje rojo. Por el contrario, su primera introducción en el Antiguo Testamento es ¿cómo? «Ahora la serpiente era la más astuta»– o sutil –«de todas las criaturas». Podría añadir en primer lugar que, Satanás, desde una perspectiva bíblica, es una criatura, pero es una criatura con dones extraordinarios, si lo quieren poner así. El primer don que se muestra es el don de astucia o sutileza que utilizó con Adán y Eva. El Nuevo Testamento dice que Satanás aparece como un ángel de luz. Aparece como un ángel de luz. 

Tenemos una frase, en filosofía y teología, que dice: sub specie boni. Eso significa «algo que parece», «sub specie boni» significa que «se manifiesta aparentando ser del bien, pero de hecho es malévolo». Es decir, el hipócrita más grande de todo el universo es Satanás. Satanás no viene como Darth Vader e intenta hacer un trato contigo, no, no. Él se hace pasar por un ángel de luz. Su sutileza, su astucia está en ser sofisticado, elocuente, atractivo, engañoso.  Todo lo que las Escrituras dicen sobre el anti-Cristo y su conexión con Satanás es importante. Permítanme otra vez, permítanme decir esa palabra «anti-Cristo».  La palabra «anti» en el Nuevo Testamento se usa de dos maneras, hay un juego de palabras con respecto al anti-Cristo.  

Obviamente, ustedes saben la forma en que se usa.  «Anti» significa «en contra», alguien que se opone a algo, así que el anti-Cristo es aquel que está en contra y difiere, está opuesto a Cristo. Pero también en anti-Cristo, la palabra «anti» significa «en vez de» o «en lugar de», la forma en que el anti-Cristo se manifiesta bíblicamente es como un sustituto de Cristo. Es la falsificación tratando de imitar lo genuino. Las advertencias de las Escrituras dicen que Satanás y el anti-Cristo, etc., son tan buenos en lo que hacen que, si es posible, podrían engañar incluso a los mismos escogidos.  Así que, estoy elaborando este punto, que como verán, el retrato de Satanás que veo en la Escritura es tan diferente de cómo nosotros… – de cómo se retrata en la cultura moderna; no es de extrañar que ya nadie crea en Satanás. ¿Quién creería en caricaturas tan ridículas? Pero Satanás en las Escrituras es el ángel de luz que no se manifestará como un Hitler o un Mussolini o un Idi Amin o algo así, sino vendrá como alguien más parecido a Billy Graham. 

Ahora, no quiero sugerir ni por un segundo que Billy Graham esté en alianza con el diablo. No distorsionen lo que he dicho allí, lo que quiero decir es que es ese tipo de persona quien tendrá ese tipo de credenciales, yo creo, nos engañará. Es un ángel de luz, y al mismo tiempo es llamado uno que ruge o devora, un león rugiente que busca, que está buscando a quienes devorar. Así que las Escrituras nos dicen que Satanás no solo es real e inteligente, sino que es tremendo, tan tremendo que el mismo término de fuerza, damas y caballeros, que se utiliza para Cristo, se utiliza para Satanás. Cristo es llamado el «León de Judá», la figura de la realeza. Satanás es llamado «el león rugiente –mentiroso– que busca a quienes devorar». Quiero decir, él es mucho más fuerte que yo, mucho más fuerte que tú, que su oposición, como digo, es tremenda.  

Recuerdan a Pedro, cuando Jesús le advirtió de que Satanás entraría en su corazón diciendo: «Me vas a traicionar». «Oh, no, no lo haré» le dijo a Jesús. Pedro dijo «Nunca haría eso». Jesús respondió, «Lo harás en las próximas 24 horas, y lo harás tres veces». «¡Yo no! Deja que todos los demás caigan en ese tipo de tentación, Jesús, pero tú sabes que te seguiré hasta el final del camino. Nunca podría hacerlo». ¿Alguna vez has hablado así? ¿Qué dijo Jesús? «Simón, Simón, Satanás te tendrá y te zarandeará como a trigo» El gran pescador, el fuerte e impetuoso Pedro, el que puede enfrentarse a cualquiera – Jesús le dijo, «Eres pan comido – arcilla en la mano – trigo cernido». Nunca subestimes el poder de Satanás. Es más fuerte que tú. Es más listo que tú. Es más engañoso de lo que tú nunca serás. 

Cuando miro las advertencias sobre esto en las Escrituras, es suficiente para hacerte querer correr por tu vida.  Escucha lo que Pablo dice en un pasaje de Efesios que has oído muchas veces. «Revestíos con toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las insidias del diablo. Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes». 

El cristianismo es completamente sobrenatural.  Quita lo sobrenatural del Nuevo Testamento y habrás destripado el Nuevo Testamento. De hecho, tratar de reconstruir el cristianismo sin lo sobrenatural creo que es fundamentalmente una tarea deshonesta. Aquí el apóstol, de una manera didáctica, está diciendo: «Mira, estás en una lucha.  Estás tratando de agradar a Dios. Quieres vivir una vida que es una que muestre la santificación, pero es una batalla. Es una batalla con la carne. Es una batalla con el mundo. Pero la batalla en la que estás va más allá de esto. No estamos luchando contra carne y sangre, sino contra poderes, principados, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes, en los «uranos» en los cielos. Un mal cósmico es con lo que estamos lidiando aquí en un reino invisible. Ese es el reino de lo sobrenatural. 

¿Ven? En el corazón mismo del manifiesto cristiano está el hecho de que el cristianismo está basado en una revelación – que recibimos información que está fuera del alcance de la percepción normal y empírica – que obtenemos información del reino metafísico, del reino noúmeno, de lo que trasciende lo observable. Dios nos dice que hay una dimensión de la realidad allí que no es visible a simple vista; pero que esa realidad que no es visible a simple vista tiene una profunda influencia en nuestras vidas.  Ahora podemos entender esto a modo de analogía, ¿cierto? Me refiero a que, hay partículas submicroscópicas y realidades que hemos sido capaces de descubrir en los últimos siglos que las generaciones anteriores de seres humanos no conocían en absoluto, sobre un mundo invisible que tiene un profundo impacto en sus vidas.  

Ahora, hay dos problemas que el cristiano tiene con Satanás. Uno está en subestimar la realidad y el poder de Satanás. Para Satanás – no hay nada que lo haga más feliz que una generación de cristianos que no creen que exista porque entonces puede trabajar tranquilo. Tiene una tarjeta diabólica de American Express. Puede ir a donde él quiera y entrar. Nadie lo va a molestar porque nadie cree que esté allí. ¿Qué mejor ventaja podría tener? Pero si eso no funciona en una cultura, la gente tiende a ir al otro extremo. El otro peligro es sobreestimar el poder de Satanás. Nuestra propia cultura cristiana, ha reaccionado de tal forma que ahora está tan preocupada con Satanás, que ya no queda espacio para la actividad humana. Todo mal y todo pecado es el resultado de la opresión o posesión satánica. De hecho, es la acusación de Satanás, la cual creo que es la obra principal del diablo en la vida del cristiano, y esa es la dimensión que vamos a abordar en nuestra próxima sesión, donde consideraremos lo importante que es tener una conciencia limpia, tener una fuerte certeza de la seguridad del perdón a medida que libramos esta lucha por el crecimiento personal. 

¿El hombre es libre?

Jueves 31 Marzo

(Jesús dijo:) Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres… Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.

Juan 8:31-32, 36

¿El hombre es libre?

Al hombre le gusta creerse independiente, imaginar que es libre. Piensa que puede hacer lo que quiere, ir a donde quiere y decir lo que quiere. Recordamos el eslogan: “Está prohibido prohibir”. ¡Como si con decir esta frase sus autores fuesen libres! El hombre sigue siendo esclavo de sus pasiones, de sus deseos desenfrenados y de su incurable orgullo. Es esclavo sin darse cuenta, se engaña a sí mismo. Así, por ejemplo, la infidelidad conyugal será considerada como una fuente de realización, los insultos como una libertad de expresión, la violencia como la legítima defensa, la deshonestidad como justa con respecto a las personas que tienen dinero… y podríamos continuar la lista.

Dios nos vio bajo esta esclavitud de la mentira. Vino a nosotros en la persona de Jesucristo para liberarnos. Mediante la fe en él y en su sacrificio, el que recibe a Jesús en su corazón pierde toda ilusión sobre sí mismo y recibe una vida nueva. Entonces descubre que es posible hacer lo que la Biblia enseña, de corazón y con gozo, sin frustración ni amargura. ¡Esta es la verdadera libertad que Dios nos propone!

Jesucristo, el único que solo hizo el bien, vivía en una libertad total. Sirvió libremente a los demás y dio su vida libremente por ellos. Lo hizo por amor a su Padre y a nosotros, para librarnos del juicio de Dios, que es la consecuencia de nuestras malas acciones. Nos abrió un camino de libertad, en el cual podemos hacer lo que agrada a Dios sin ninguna restricción.

Isaías 3-4 – Gálatas 1 – Salmo 37:35-40 – Proverbios 12:19-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La adoración al yo es la religión que más crece en el mundo

La adoración al yo es la religión que más crece en el mundo

THADDEUS WILLIAMS

En su reciente libro Good Faith: Being a Christian When Society Thinks You’re Irrelevant and Extreme [De buena fe: Ser cristiano cuando la sociedad piensa que eres irrelevante y extremista], David Kinnaman y Gabe Lyons documentan que el 84% de los estadounidenses creen que «disfrutar de ti mismo es el objetivo más alto de la vida».

Además, el 86% cree que para disfrutar hay que «buscar las cosas que más deseamos».

Y el 91% afirma esta declaración: «Para encontrarte a ti mismo, mira dentro de ti».

En nuestros días, la respuesta del Catecismo de Westminster se ha invertido: «el fin principal del hombre es glorificarse y disfrutar de sí mismo por siempre». Incluso se podría argumentar que el culto al yo es la religión que más crece en el mundo. Es, sin duda, la más antigua del mundo (basta con leer Génesis 3). Además, esta religión se encuentra detrás de muchos de los temas sociales y políticos más candentes de nuestros días.

Seis mandamientos

Estos son los mandamientos sagrados de esta antigua religión mundial que sigue en tendencia:

  1. Tu mente es la fuente y el estándar de la verdad, así que, pase lo que pase, confía en ti mismo. #LaRespuestaEstáDentro.
  2. Tus emociones tienen autoridad, así que nunca cuestiones (ni dejes que nadie cuestione) tus sentimientos. #SigueTuCorazón.
  3. Tú eres soberano, así que despliega tu omnipotencia y dobla el universo en torno a tus sueños y deseos. #ViveTuVerdad.
  4. Tú eres supremo, así que actúa siempre de acuerdo con tu fin principal, para glorificarte y disfrutar de ti mismo por siempre. #YOLO (acrónimo de «you only live once» [solo se vive una vez]).
  5. Tú eres el summum bonum, el estándar de la bondad, así que no dejes que nadie te oprima con la anticuada noción de ser un pecador que necesita gracia. #NuncaCambies.
  6. Tú eres el Creador, así que utiliza ese poder creativo ilimitado para forjar tu identidad y tu propósito. #Autenticidad.

¿Cuál es el problema?

La adoración al yo se encuentra detrás de muchos de los temas sociales y políticos más candentes de nuestros días

Este es el problema con este culto de adoración propia, además del problema obvio de ser una rebelión contra Dios: cuando tratamos de ser nuestras propias fuentes de verdad, poco a poco nos volvemos locos. Cuando intentamos ser nuestra propia fuente de satisfacción, nos volvemos un desastre. Cuando nos convertimos en nuestro propio estándar de bondad y justicia, nos volvemos unos fariseos odiosos. Cuando buscamos la glorificación propia, nos volvemos más indignos.

¿Por qué? Es muy sencillo. Nosotros no somos Dios. No se supone que debamos confiar ni estar definidos, ni satisfechos, ni cautivados por nosotros mismos. Fuimos hechos para reverenciar a alguien infinitamente más interesante y asombroso que nosotros mismos. Venimos a ser más verdaderos y libres cuando permanecemos en un estado de reverencia olvidadiza de nosotros mismos. 

Como dijo Albert Einstein: «Una persona empieza a vivir cuando puede vivir fuera de sí misma».

Cuanto más ensimismados estemos, menos asombro experimentaremos; cuanto menos asombro experimentemos, menos plenos y libres seremos nosotros mismos.

Más de 35 000 personas al año hacen el incómodo viaje al Monte Everest en Nepal, 4,5 millones al Gran Cañón, 3,5 millones a Yosemite y 30 millones a las cataratas del Niágara. En el fondo, anhelamos asombro. Estamos hechos para ello y la ciencia está poniéndose lentamente al día con esta antigua verdad bíblica.

El científico Paul Piff, de la Universidad de California en Irvine, acuñó el término «pequeño yo» para describir este fenómeno. Después de exponer a sus participantes a varios «provocadores de asombro», informó Piff, «encontramos el mismo tipo de efecto: las personas se sentían más pequeñas, menos importantes y se comportaban de forma más prosocial». Las personas asombradas eran más generosas, más atentas a las necesidades de los demás y más solidarias con el mundo natural.

Fuimos hechos para reverenciar a alguien infinitamente más interesante y asombroso que nosotros mismos

Michelle Lani Shiota, científica del comportamiento de la Universidad de Arizona, ha descubierto que el asombro no solo aumenta la toma de decisiones generosas, sino que también mejora drásticamente nuestra capacidad cognitiva. El asombro nos hace menos susceptibles a los malos argumentos y más receptivos a los buenos. Hay una gran cantidad de investigaciones de psicólogos que relacionan las experiencias de asombro con una disminución sustancial de la depresión.

¿Queremos una vida más plena y feliz? La ciencia es clara. Dejémonos asombrar por algo o, más bien, por alguien infinitamente más grande que nosotros mismos. Si queremos tener un efecto duradero y contracultural en una sociedad que ha caído en el culto a sí misma, volvamos a centrar nuestras vidas en el «Dios muy temido en el consejo de los santos, e imponente sobre todos los que están en Su derredor» (Sal 89:7).

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.

Thaddeus Williams (PhD, Vrije Universiteit, Amsterdam) sirve como profesor asociado de Teología Sistemática en Biola University. Sus libros incluyen Love, Freedom, and Evil (Amor, libertad y maldad) y REFLECT (REFLEJA). Thaddeus vive en California con su esposa y cuatro hijos. Puedes leer más de sus escritos en su sitio web, o a través de Facebook y Twitter.

La batalla contra la carne

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Serie: Cómo agradar a Dios

La batalla contra la carne

R.C. Sproul

En la carta de Pablo a la iglesia de Roma en el capítulo 13, él hace este comentario: «La noche está muy avanzada, y el día está cerca. Por tanto, desechemos las obras de las tinieblas y vistámonos con las armas de la luz. Andemos decentemente, como de día, no en orgías y borracheras, no en promiscuidad sexual y lujurias, no en pleitos y envidias; antes bien, vestíos del Señor Jesucristo, y no penséis en proveer para las lujurias de la carne». Ahora, estoy seguro de que muchos de los que acaban de oírme leer este texto, saben de un incidente histórico poco usual que está asociado con este pasaje. ¿Cuántos de ustedes tienen una idea en su mente de lo que estoy hablando? Déjenme ver esas manos. Veo a algunos. 

Hace siglos había un joven que era muy brillante y que era muy desenfrenado; cuya madre era cristiana y cuya madre oraba por él todos los días, esperando que este joven viera el error de sus caminos y así sucesivamente. En una ocasión, después de haber estado supuestamente toda la noche de parranda, se encontraba en un estado de estupor – una especie de resaca. Mientras caminaba junto a un jardín, he aquí estaban algunos niños jugando en el jardín. Estaban jugando un juego de niños donde se utiliza un estribillo que los niños se dicen los unos a los otros; y el estribillo era el siguiente: «Tolle lege, tolle lege, tolle lege», que literalmente, aunque no era el propósito del juego, pero literalmente se podía traducir como: «Recoge y lee», «Toma y lee». 

Aquel hombre que pasaba por ahí se detuvo en seco y tuvo una abrumadora sensación de que la divina providencia se entrometía en su vida. Pues allí, en el jardín, vio una copia del Nuevo Testamento y acababa de oír a estos niños gritar: «Recoge y lee. Recoge y leer». Así que se acercó, recogió las Escrituras y permitió que el texto se abriera dondequiera que lo hiciera. Cuando lo hizo, sus ojos cayeron sobre estas palabras: «no en orgías y borracheras, no en promiscuidad sexual y lujurias, no en pleitos y envidias; antes bien, vestíos del Señor Jesucristo, y no penséis en proveer para las lujurias de la carne». Cuando leyó esas palabras, fue como si cada palabra de este texto fuera una flecha que atravesaba su alma. Su conciencia estaba tan convulsionada por la lectura, que en aquel lugar se convirtió al cristianismo. Su nombre, el cual estoy seguro de que ya lo reconocieron, fue Aurelio Agustín, más tarde obispo de Hipona y considerado por casi todos los historiadores como el más grande teólogo de los primeros 1000 años de la iglesia cristiana.  

Agustín se convirtió por un pasaje que hablaba directamente del conflicto en la vida entre la carne y el espíritu. Recuerdo que hace unos años, Rod Serling, el creador de «La dimensión desconocida», entró en una relación comercial con Bennett Cerf y un grupo de otros hombres, quienes estaban tratando de encontrar maneras de descubrir nuevos talentos en el mundo literario, y probaron…  crearon diferentes concursos para que los jóvenes escritores se involucraran en esta iniciativa en particular; y como parte de este esfuerzo de muchos de estos hombres, cada uno tomó uno de los clásicos de la literatura inglesa y escribió una reseña crítica de la misma. Bennett Cerf tal vez escribiría sobre Shakespeare, y otro sobre Milton, y así por el estilo. Bueno, en todo caso, a Rod Serling se le asignó la tarea de escribir una reseña crítica de la famosa obra de San Agustín, «Las confesiones». 

Por cierto, ¿Cuántos de ustedes han leído alguna vez «Las confesiones» de San Agustín? Bien, ese es un número muy pequeño en este grupo, y si el número es el mismo en televisión, permítanme amonestarles ahora mismo y decirles esto: lo que mi madre solía decir en una situación como esta es que ella tomaba un dedo de esta mano y un dedo de esta mano, y ella los juntaba de esta manera y decía: «Debería darte vergüenza». Ahora escuchen, si has sido cristiano durante un año y no has leído «Las confesiones» de San Agustín, debería darte vergüenza.  Ese es un clásico al que necesitamos estar expuestos.  Ahora, aquí tenemos a Rod Serling, quien leyó el libro y dijo – en su evaluación hizo comentarios críticos y sarcásticos, de que a su juicio este libro era uno de los libros más sobrevalorados en la historia de la literatura occidental. Él dijo: «Simplemente no merece la posición y la fama que ha disfrutado a lo largo de los siglos».

En esta crítica, el punto que hizo que fuera tan severo fue que él estaba convencido de que el libro fue escrito por alguien que tenía una preocupación neurótica por la culpa y llamó la atención sobre un pasaje en «Las confesiones» que ilustraría su convicción, de que Agustín tenía esa preocupación neurótica y adolescente por la culpa.  Se refiere a la historia cuando Agustín recordó, ya anciano, las cosas que había hecho en su vida de las que estaba más avergonzado. Recordó un incidente que tuvo lugar cuando era adolescente, en el que se involucró con otros jóvenes en una broma de muchachos, cuando los muchachos entraron en el huerto privado de alguien y dejaron pelado un árbol de peras. Se quedaron con las peras que pertenecían a otra persona, robaron todas esas peras y luego se fueron.  

Ahora Agustín, cincuenta años después, lamenta esta broma de la infancia; y Rod Serling dice, «¡Por favor, Agustín! ¡Es decir, ¿qué te pasa?! ¡Es decir, allá afuera hay gente culpable de adulterio y de asesinato y de grandes robos, cosas realmente serias, y aquí tenemos a este tipo todo angustiado por robar unas cuantas peras cuando era un niño!» Pero Agustín explicó qué fue lo que le hizo sentirse tan arrepentido. No fue el simple acto de robar esa fruta, sino que él dijo: «Al examinar mi vida, y considerar las cosas malas que he hecho, que eran malas, puedo ver que había ciertos pecados en los que caí, que, aunque no eran excusables, ciertamente eran comprensibles». 

Sí, Agustín confesó todo tipo de pecados sexuales cuando era joven – engendró hijos ilegítimos y más – y tuvo remordimiento por eso. Él dijo, «Pero puedo entenderlo. Existe un fuerte impulso biológico a involucrarse sexualmente y esa tentación puede sucederle a una persona cuando está en un momento de debilidad, así que cualquiera puede sucumbir a ella».  Él dijo, «Eso lo puedo entender.  No lo excusa, pero puedo entenderlo».  Él dijo, «Puedo entender a un hombre muerto de hambre, que robe una rebanada de pan. No creo que un hombre que se muere de hambre tenga derecho a robar una rebanada de pan», dijo Agustín, «pero puedo entender la fuerza que lo tentó a hacerlo». Él dijo: «Sin embargo, yo robé peras cuando no me gustaban las peras. Es decir, no había nada que estimulara mis pasiones a robar esas peras excepto una cosa, el simple placer de hacer algo que sabía que estaba mal». Lo que Agustín lamentaba era el ejercicio de su naturaleza caída, de su carne, por el puro placer de hacerlo.  

Se ha dicho que uno de los delitos más egoístas jamás cometidos es el vandalismo, porque el vandalismo no beneficia a la persona que realiza la acción, sino que se hace por el puro placer de hacer daño a la otra persona o a la propiedad ajena, y por lo general son personas que ni siquiera las conocen.  Tan solo la semana pasada a Juan le dispararon por la ventana posterior de su auto. Cuando llegó la policía dijeron: ¿cuántos casos hay en el vecindario? Había algo así como 50 casos, en los que unos chicos conducían de forma temeraria y usaban sus rifles. Solo estaban vaciando sus armas en los autos de la gente, gente que no conocían, gente que no les había hecho nada. No había una enemistad, sino que los jóvenes lo hicieron por el puro placer de hacer algo malo a otros o probablemente – no lo sé – causaron varios miles de dólares en daños a la propiedad de otras personas. 

Pero damas y caballeros, eso no es algo que lo hace simplemente la gente salvaje, desenfrenada y malvada.  Anoche estaba leyendo una vez más la historia del holocausto en la Segunda Guerra Mundial y particularmente estaba leyendo sobre lo que sucedió en Polonia, justo antes de que se estableciera el gueto de Varsovia y se creara el Campo de Treblinka, donde se estaban creando las etapas iniciales de la solución final del genocidio. Leí de mujeres que estaban embarazadas, en su noveno mes, que se vieron obligadas a ir a los vagones de ganado y dar a luz a sus hijos allí, sin siquiera tener la posibilidad de acostarse; donde la madre y el niño morían. Leí estas atrocidades una y otra vez, y me mantenía diciéndome a mí mismo «¿Cómo es posible que un ser humano pueda hacerle estas cosas a otro ser humano?» Por sorprendente que sea, me dije «En el caso del holocausto, no era un ser humano haciendo esto a otros seres humanos. Eran ocho millones de seres humanos que sufrían a manos de una red de personas que estaban involucradas en eso». 

Diariamente, sistemáticamente, en Auschwitz se cremaban ocho mil personas cada día.  Es decir, fueron cremados y asesinados. ¿Se dan cuenta de cuánta gente se necesita para asesinar a ocho mil personas cada día? ¿Se dan cuenta? Esto no se trata tan solo de un Charles Manson aislado. Esto fue algo que reveló el lado oscuro del corazón del ser humano, lo que Joseph Conrad llamó el «corazón de las tinieblas». Pablo habla de un estado de la humanidad que él llama «la carne», y ya hemos visto que Lutero dijo que los tres – la gran tríada de enemigos para el crecimiento cristiano se trata del mundo, la carne y el diablo. 

Ahora, cuando hablamos de la carne, quiero que entendamos, sin entrar en los tecnicismos de esta, que cuando la Biblia habla de la lucha que sostenemos con la carne, no está simplemente hablando del cuerpo – que la lucha entre la carne y el espíritu no puede compararse con la lucha entre el cuerpo y el alma o el cuerpo y la mente. Antes bien, de lo que el Nuevo Testamento está hablando cuando menciona esta feroz lucha, que continúa en la vida cristiana entre la carne y el espíritu, es la lucha entre el poder del pecado en nuestra naturaleza humana caída, en contra de la influencia de Dios el Espíritu Santo en nuestras vidas. 

De modo que toda la lucha y el proceso de santificación involucra lo que Pablo llama una «guerra». Hay una guerra en marcha, y es una guerra entre la carne del hombre y el Espíritu de Dios. Ahora, me molesta mucho cuando escucho a predicadores levantarse y decir, ya saben: «Ven a Jesús y todos tus problemas habrán terminado», porque eso simplemente es una mentira. Mi vida se complicó cuando me convertí en cristiano. Antes de ser cristiano, aunque no era feliz, tenía un grado relativo de paz.  Sabía que estaba haciendo cosas que no debía hacer. Me refiero a que, no había aniquilado totalmente mi conciencia, pero estaba en camino a lograrlo. Es decir, repitiendo ciertas acciones puedes cauterizar la conciencia y poner callos en el alma, donde alguna vez quizás sentiste un poquitito de – remordimiento – de culpa, ahora puedes hacer estas cosas, repitiéndolas y ya no te afectan. . . y experimentas lo que la Biblia llama «dureza de corazón». 

Pero cuando llegué a Cristo, encontré una nueva conciencia y ahora las cosas de las que antes no me preocupaba, se convirtieron en motivos de preocupación ética, y la vida se volvió complicada.  ¿No habría sido lindo si hubiera dicho: «Bueno, lo que hice cuando me convertí fue que cambié mi carne, fui comprado por el Espíritu y ahora vivo feliz para siempre?». Esa es la lucha de la santificación. Aunque el poder de la carne está roto y ahora el poder de la carne está sometido al Espíritu de forma muy real en el proceso de la regeneración; la carne, damas y caballeros, no queda totalmente aniquilada en la conversión.  La guerra continúa.  Ahora, escucha lo que dice el apóstol en el capítulo 8 de Romanos.  Dice en el versículo 4, «para que el requisito de la ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque los que viven conforme a la carne, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz; ya que – escucha esto – «la mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo, y los que están en la carne no pueden agradar a Dios». 

¿Cuál es el tema de esta serie de clases? Cómo agradar a Dios. Aquí el apóstol dice, «los que están en la carne no pueden agradar a Dios».  Que Dios no está complacido – Él nunca ha estado complacido por un estilo de vida dominado por la carne.  Ahora, cuando nos dice esto, ¿se refiere a que Dios odia las cosas físicas? Muy a menudo esa es la forma en que este versículo ha sido interpretado, entre este y otros pasajes parecidos; así que los cristianos creen que ser espirituales significa negar el cuerpo y que cualquier cosa que tenga algo que ver con lo físico necesariamente está mal.  Por eso es que hemos visto que surgen incidentes en la historia de la iglesia, donde los cristianos se han involucrado en todo tipo de formas rigurosas de ascetismo, formas de abnegación y autoflagelación, donde vas y te escondes en una celda como un ermitaño, te golpeas a ti mismo y dejas de comer y te pones flaco como un alfiler y tomas todo tipo de votos para el celibato y, porque el sexo está mal, no solo fuera del matrimonio sino también dentro del matrimonio. La comida está mal.  Cualquier cosa que traiga placer físico se considera incorrecta. Damas y caballeros, eso fue inventado por el maniqueísmo no por el cristianismo. 

La primera afirmación del Dios que hizo el mundo físico, ¿cuál fue? Él mira ese orden físico y dice: «Eso es bueno». Platón llegó a la conclusión de que todo lo físico está tan lejos del espíritu puro, que por su propia fisicidad es imperfecto y por lo tanto el ideal de los griegos para la redención era el ser liberado del cuerpo. El cuerpo es visto como la prisión del alma. El mundo judeocristiano no lo veía así. El cristianismo no cree en la resurrección desde el cuerpo, sino en la resurrección del cuerpo; por lo que, cuando la Biblia habla de la guerra entre la carne y el espíritu, no está diciendo que la materia sea mala y que el espíritu sea bueno. No, no, no. Si miras en Gálatas donde Pablo expone las obras de la carne, ¿qué dice? «Las obras de la carne incluyen cosas tales como borrachera, inmoralidad, impureza». 

Ahora, hagamos una pausa ahí por un momento.  Esas cosas indicarían ¿qué? Pecados físicos. La borrachera es algo que sucede cuando tenemos apetito físico, un deseo físico de alcohol, nos excedemos en esas cosas y nos emborrachamos. Sin duda podemos ver la conexión entre el cuerpo y la acción allí. El adulterio es un pecado físico.  Es sucumbir, otra vez, a los instintos biológicos y pasiones donde Dios ha dicho, «No». Pero si miras esa lista, él sigue y habla de mentir, envidiar, odiar. Ahora, obviamente no puedes mentir, envidiar y odiar fuera de tu cuerpo, pero esas no son acciones físicas, ¿no es cierto? Tienen que ver con actitudes y disposiciones del corazón.  Observa esto. . . la envidia.  

Mencioné antes el pecado del vandalismo. ¿Por qué crees que ocurre el vandalismo? El vandalismo es simplemente la acción externa de la envidia interna.  La actitud básica del vándalo es la siguiente: «Si no puedo disfrutar de lo que posees -no lo haré, me aseguraré de que tú tampoco lo puedas disfrutar». No lo roba solo para sí mismo, sino que lo destruye para que nadie más pueda disfrutarlo.  En un sentido esto es incluso peor que el robo en sí mismo, porque surge de un espíritu de envidia hacia las pertenencias de otras personas. ¿Tienes idea de qué tan destructiva, por ejemplo, es la envidia para las relaciones humanas? ¿De cuántas formas las personas infringen la ley por estar motivadas por la envidia? ¿Cuántas veces te han calumniado o has sido atacado injustamente debido a la envidia de alguien? ¿Alguna vez te preguntaste por qué Dios, en su orden de prioridades, Dios pone la envidia en los primeros 10 puestos de la ley? «No codiciarás». 

 El Nuevo Testamento nos enseña que si alguien más recibe un beneficio – algo bueno le sucede – se supone que debemos alegrarnos de su buena fortuna, en lugar de alegrarnos por su caída. Hay una expresión, una expresión cínica, en el golf.  No me gusta, pero dice así: «Cada tiro de golf hace feliz a alguien. Cada tiro de golf hace feliz a alguien. Si alguien manda la bola al agua, no lo hace feliz a él, pero ciertamente, sí hace feliz a su oponente».  Lo que me gusta ver en un torneo de golf es cuando todo el mundo está animando a los demás participantes para que todos jueguen lo mejor posible y lograr que alguien gane en vez de que alguien pierda. Hay una diferencia porque no estás deseando que a la otra persona le vaya mal. Eso es lo que hacemos cuando caemos en la envidia.  

Así que, a lo que trato de llegar es a esto, que la carne se refiere a la antigua naturaleza caída. En el tiempo que queda, les hago esta pregunta: La Biblia dice que «la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz; ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios», Pablo sigue, «vosotros no estáis en la carne sino en el Espíritu». Pero aquí está el problema, pueden estar en el Espíritu, damas y caballeros, pero todavía mienten y tienen envidias y sí, incluso aún cometen adulterio y aún se emborrachan. En otras palabras, seguimos realizando las obras de la carne a pesar de que estamos en el Espíritu.  

Ahora, sé que hay algunos que dicen, «O estás en la carne o estás en el Espíritu», que no puedes ser un cristiano carnal. Ahora, cuando Bill Bright dice esto, lo hace de forma muy pastoral; él le dice a la gente: «Mira, tienes estas cosas que te influencian, tienes esta guerra que está delante tuyo. ¿Quién va a estar en el trono? ¿Quién va a ser el vencedor? ¿Vas a vivir en dependencia del Espíritu Santo o vas a complacer a la carne por el resto de tu vida?» Él está hablando de una vida llena del Espíritu, que hace un énfasis a nivel espiritual, en lugar de darle más espacio a la carne. Pero algunas personas han creado a partir de eso y de otros, las teorías de que hay diferentes tipos de cristianos. Un cristiano carnal que no tiene el Espíritu de Dios y un cristiano espiritual que ya no es carnal.  

Damas y caballeros, cualquiera que no tenga el Espíritu de Cristo no es un cristiano carnal. Es un no cristiano carnal, ¿de acuerdo? Así que, en ese sentido, un «cristiano carnal» es una contradicción de términos. Si una persona es solo carne – lo que el Nuevo Testamento llama carne – sin el Espíritu Santo viviendo en él, entonces está fuera del reino de Dios. No tiene cómo agradar a Dios. Sin embargo, si una persona tiene el Espíritu Santo viviendo en él, esa persona puede hacer cosas carnales. Esa persona aún puede luchar con su carne, pero es una persona espiritual.  Ahora, se convierte en un asunto de grado, de cuánto estamos dispuestos a someternos al Espíritu Santo.  La persona que agrada a Dios es una persona que busca el fruto del Espíritu en su vida.

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

Quite lo que no se parezca a Él

Miércoles 30 Marzo

Mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.

2 Corintios 3:18

(Jesús dijo:) Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador… todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.

Juan 15:1, 2

Quite lo que no se parezca a Él

Cuando se le preguntó a Miguel Ángel (1475-1564) qué método había utilizado para esculpir la estatua de Moisés, respondió lo siguiente: “Tome usted un bloque de mármol y quite todo lo que no se parezca a Moisés”.

Cuando nos convertimos al Señor, al principio somos como bloques de mármol sin forma, como piedras brutas extraídas de una cantera. Pero Dios no quiere que nos quedemos así. Él desea que nos parezcamos cada vez más al Señor Jesús. Para que avancemos moralmente hacia Aquel que es nuestro modelo, quita de nosotros todo lo que no se parece a Cristo.

Imitar a Cristo no significa tratar de copiarlo, sino vivir de él mediante su Espíritu, como un sarmiento vive gracias a la savia que emana del tronco. Porque todo cristiano tiene una vida nueva que proviene de la de Cristo.

Aprender a parecernos a él es emprender un viaje que dura toda la vida. Contrariamente a nosotros, Dios es paciente. El crecimiento es progresivo, es decir, cada día damos un paso. Debemos aceptar que Dios nos moldee y nos transforme a su manera, incluso si este proceso lleva mucho tiempo.

“La senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto” (Proverbios 4:18). “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18).

Isaías 2 – Hechos 28:17-31 – Salmo 37:30-34 – Proverbios 12:17-18

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Predicamos a Cristo crucificado

Martes 29 Marzo

Nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios.

1 Corintios 1:23-24

Predicamos a Cristo crucificado

En Inglaterra había una iglesia en cuya pared frontal se hallaba grabada esta frase: “Predicamos a Cristo crucificado”. Con el paso del tiempo la hiedra empezó a crecer por las paredes. Primero cubrió la última palabra de la frase. Entonces solo se podía leer: “Predicamos a Cristo”. Luego: “Predicamos”, y al final la vegetación cubrió totalmente la inscripción.

Esta historia ilustra la importancia, para todo cristiano, de proclamar un Evangelio completo y acorde con la Biblia. Si omitimos la cruz de Cristo, si ocultamos el pecado del hombre y la necesidad del sacrificio de Jesús para apaciguar la ira de Dios, es como si predicásemos un “evangelio diferente” (2 Corintios 11:4; Gálatas 1:6).

Los hombres aceptan sin problema que se les hable de Jesús como de un hombre de bien; de hecho, ya ha habido otros a lo largo de la historia… Pero muchos se cierran cuando se les dice que Jesús tuvo que morir para borrar sus pecados. No obstante, ¡sin este sacrificio todos estaríamos perdidos para siempre!

Queridos lectores, no se molesten si insistimos tanto en la cruz de Cristo. Ella es el corazón del Evangelio, y sería demasiado grave no mostrarle el verdadero y único camino de salvación.

“La palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” (1 Corintios 1:18).

“A los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:24-25).

Isaías 1 – Hechos 28:1-16 – Salmo 37:23-29 – Proverbios 12:15-16

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La Biblia habla de usted y de mí (8)

Lunes 28 Marzo

Soy como el búho de las soledades; velo, y soy como el pájaro solitario sobre el tejado… Mis días son como sombra que se va, y me he secado como la hierba.

Salmo 102:6, 7, 11

Tú, oh Señor, no desamparaste a los que te buscaron.

Salmo 9:10

La Biblia habla de usted y de mí (8)

¡Qué situación vivía este hombre del Salmo 102! Estaba solo en medio de su dolor, al punto de pensar que no sobreviviría. Se comparaba a un animal del desierto, a un búho, a un pájaro solitario sobre el tejado… Las pocas personas con las que se relacionaba estaban en contra de él y lo insultaban. ¡Qué tristeza! ¡Estaba solo, desesperadamente solo!

Cada uno de nosotros ha podido, un día u otro, sentirse solo, abandonado. Pero cuando una situación de este tipo se prolonga, cuando no sabemos cómo salir de ella, la situación se vuelve trágica.

¿Ha experimentado esta soledad alguna vez? ¿Es esta su situación actual? ¿Está inmerso en ella desde hace mucho tiempo y no ve la salida? Si ese es su caso, le invitamos a continuar leyendo el Salmo 102: Dios nos ama y escucha la oración del desamparado (v. 17). Jesucristo, su enviado, Dios-Hombre, ve, comprende, escucha y sabe qué es lo mejor para nosotros. Él, el único del que nunca hubiésemos pensado que sería abandonado un día, experimentó la más profunda soledad cuando sufrió en la cruz el rechazo de los hombres y las mujeres que no lo querían. Fue abandonado por Dios porque aceptó tomar su lugar y el mío, es decir, el de un ser culpable ante Dios y que merecía la muerte eterna. Ahora, mediante una promesa, responde al desesperado: “Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás” (Salmo 50:15).

(continuará el próximo lunes)

Éxodo 40 – Hechos 27:13-44 – Salmo 37:16-22 – Proverbios 12:13-14

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Acepté la salvación

Domingo 27 Marzo

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Gálatas 2:20

Acepté la salvación

El relato que leeremos a continuación es de un conocido cristiano que refleja el entusiasmo de un recién convertido.

“Tomé mi decisión; acepté la salvación. Lo confieso: ¡Me convertí en un discípulo de Cristo! Mi pasado ha sido rescatado, mi presente asegurado y mi futuro preparado. Mi antigua vida está crucificada, y la nueva santificada. Ya no ando por vista, sino por fe. Ya no camino en la condenación, sino en la liberación. Ya no estoy en las tinieblas, sino en la luz. Ya no estoy prisionero, sino libre, y sigo adelante.

Empecé la carrera con Cristo, lleno de fuerza, porque me libera de mi debilidad; lleno de esperanza, porque me libera de la desesperación; lleno de fe, porque me libera de la duda; lleno de ánimo, porque me libera de Satanás. Ahora tengo confianza, mi mente está renovada; si me dejo guiar por él, tendré pensamientos santos, diré palabras verdaderas… Fui comprado a gran precio, sellado con el Espíritu Santo, y me convertí en un heredero del reino”.

Dejemos que la Biblia complete:

“El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios… Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:3, 7).

“Cristo, cuando aún éramos débiles… murió por los impíos” (Romanos 5:6).

“Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

“Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú… porque él (Dios) es vida para ti” (Deuteronomio 30:19-20).

Éxodo 39 – Hechos 27:1-12 – Salmo 37:8-15 – Proverbios 12:11-12

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¡Nada más que esperar de la vida!

Sábado 26 Marzo

Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su santa morada.

Salmo 68:5

Bienaventurado el hombre que puso en el Señor su confianza.

Salmo 40:4

¡Nada más que esperar de la vida!

Es la historia de una viuda que vivía cerca de Sidón, en la época del profeta Elías (1 Reyes 17:9-16). La hambruna se había extendido por todo el país. Esta mujer se había quedado sin recursos y no podía seguir alimentando a su único hijo. Le quedaba un poco de harina en una tinaja y un poco de aceite en una vasija. La viuda iba a recoger leña para cocer el último pan. Lo comerían y luego morirían de hambre. ¡No tenía nada más que esperar de la vida!

Cuando estaba recogiendo la leña apareció el profeta y le pidió que le diese de comer. Ella le contó su triste situación, pero él insistió: “Hazme a mí primero… una pequeña torta” (v.  13). La mujer obedeció al profeta de Dios y, como él se lo había prometido, el milagro se produjo. La harina no se agotó y el aceite no faltó. La viuda, su hijo, su casa y el profeta fueron alimentados hasta el final de la hambruna.

Quizás estemos, como esta viuda, en una situación aparentemente desesperada. Ya no aguardamos nada de la vida. Pensamos que no hay más esperanza, pronto llegará la muerte…

Pero todavía queda un puñado de harina y un poco de aceite (v. 12), recursos que nos parecen muy insuficientes. Sin embargo, hagamos como esta viuda, utilicemos lo poco que nos queda dando a Dios el primer lugar y depositando nuestra confianza en él. Dios se interesa por las viudas y los huérfanos. Él es poderoso para transformar nuestros pocos recursos en una abundancia suficiente para responder a nuestras necesidades y a las de nuestros allegados (2 Corintios 9:8).

Éxodo 38 – Hechos 26:19-32 – Salmo 37:1-7 – Proverbios 12:9-10

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La batalla contra el mundo

Ministerios Ligonier

Serie: Cómo agradar a Dios

La batalla contra el mundo

R.C. Sproul

Estoy seguro de que voy a tener algunas reacciones interesantes de nuestra última sesión donde vimos la diferencia entre la forma superficial y externa de la justicia que caracterizó la vida de los escribas y fariseos y la forma auténtica de justicia a la que estamos llamados. Algunas personas van a escribir y decir, «RC, yo estaba tan inmerso en esa lección que para mí el tiempo realmente se detuvo». Otros escribirán y dirán: «Ustedes son tan hipócritas, como los fariseos de los que hablaban, porque usan un reloj aquí que obviamente es un engaño ya que da la misma hora todo el tiempo».  ¿Notaron eso? Estoy seguro de que todo tipo de personas estarán enviando cartas.  Bueno, quiero que todo el mundo sepa que ese es un reloj de verdad.  Es un reloj auténtico.  Solo que está dañado, eso es todo.  Pero esto podemos decir al respecto: Da la hora correcta dos veces al día todos los días.  

Martín Lutero dijo que el cristiano, en su lucha por la obediencia, tiene muchos obstáculos que superar, pero básicamente estamos inmersos en una guerra que se lleva a cabo no en uno o dos frentes, sino en tres frentes y que la tríada de enemigos que se enfrentan a los cristianos es, como Lutero dijo, el mundo, la carne y el diablo. Esa es una cita muy famosa de Lutero, y por supuesto, Lutero entendió que cuando hizo esa lista del mundo, la carne y el diablo que, aunque hizo distinción entre esos tres enemigos particulares, entendió que los tres estaban íntimamente relacionados el uno con el otro – que el espíritu de la carne del cual habla la Biblia es esa parte de nuestra naturaleza que es cautivada y seducida por el espíritu de este mundo, y este mundo es la esfera sobre la cual Satanás tiene un nivel particular de influencia e incluso, a veces, una especie de dominio.  Y aunque hay una distinción entre estos tres, no queremos separar el uno del otro, pero veremos cada uno de estos en orden. 

Y en esta sesión vamos a considerar la lucha que el cristiano tiene con lo que el Nuevo Testamento llama «el mundo».  Ahora, obviamente el término «mundo» en el Nuevo Testamento se utiliza en más de una forma y a veces en algunos casos el término «mundo» simplemente se refiere a este planeta.  No hay nada peyorativo, nada negativo en el término cuando se usa de esa manera.  Es solo una ubicación geográfica.  Este lugar se diferencia de Marte o Júpiter o los cielos de arriba; pero también el término «mundo» se utiliza en el Nuevo Testamento para referirse a la esfera caída de este planeta, a una especie de punto de vista, o perspectiva que es anti-Dios, que está más centrada en el hombre que centrada en Dios.  Permítanme leer una breve porción del Evangelio según San Juan para ver cómo Jesús hace este tipo de distinción con respecto al mundo.  

Vamos a partir en Juan, en el capítulo 17 versículo 12. Por cierto, al leer esta breve porción del Evangelio de Juan, permítanme recordarles que esto proviene de un segmento muy largo del discurso en el Aposento Alto que Jesús tuvo con sus discípulos la noche antes de que Él fuera muerto, y también incluye un texto de expresiones que Jesús hace en la oración más larga que está registrada y que proviene de Jesús en el Nuevo Testamento. Este es el registro de lo que se llama la «gran oración sumosacerdotal de Jesús» o «la oración intercesora de Jesús».  Es la única vez que oran por ti en el Nuevo Testamento porque Jesús ora no solo por sus discípulos que están con Él en ese momento, sino que habla, ora e intercede por aquellos que creerán en las generaciones futuras a través de su enseñanza. 

Y noten lo que Él dice en el versículo 11 del capítulo 17.  De ahí vamos a partir, y Él dijo: «Ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti». Aquí ves que «mundo» se refiere claramente a este lugar, ¿cierto? Él dijo: «Estoy a punto de salir de este lugar, del mundo, pero ahora, Padre, estoy orando por mis amigos y mis discípulos que se van a quedar aquí, activos en este mundo». Pero, sin embargo, continúa diciendo: «Padre santo, guárdalos en tu nombre, el nombre que me has dado, para que sean uno, así como nosotros. Cuando estaba con ellos, los guardaba en tu nombre, el nombre que me diste; y los guardé y ninguno se perdió, excepto el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliera. Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo para que tengan mi gozo completo en sí mismos. Yo les he dado tu palabra y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo». 

Ahora, ¿ven cómo el término «palabra» – o «mundo» – está empezando a asumir ese matiz ligeramente diferente para referirse no solo a la ubicación geográfica, sino a la perspectiva o al punto de vista de uno con respecto a las cosas de Dios? El mundo es esa esfera, o ese grupo de personas, que no tiene afecto por las cosas de Dios.  El mundo existe en este sentido, en antítesis y oposición y tensión contra el reino de Dios, por lo que Él dice: «No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad, tu palabra es verdad». Es una declaración muy cargada, ¿cierto? Jesús dijo: «No estoy pidiendo, Padre, que los saques del mundo».  Ah, ojalá prestáramos atención a la oración de Cristo en esa parte, porque en cada generación de la historia cristiana siempre hay ese tira y jala dentro de la comunidad cristiana para distanciarnos de todo lo que tiene que ver con este mundo, que terminamos retirándonos en aislamiento a fin de mantenernos puros.  

Si solo leyéramos atentamente, por ejemplo, el Evangelio según San Lucas.  Porque en el Evangelio de Lucas vemos un motivo que Lucas recalca una y otra vez, en términos de la enseñanza de Jesús, contra, de nuevo, los fariseos. Una de las doctrinas que surgió entre los fariseos fue esta doctrina: salvación por segregación. Recuerden, una de las cosas de la cual los fariseos se indignaron tanto con Jesús fue que Jesús, según creían ellos, se contaminó a sí mismo al pasar tiempo con publicanos y recaudadores de impuestos y pecadores, algo que los fariseos no harían ni en sueños. Recuerdo una vez, caminando por la calle, que conversaba con un amigo mío que era un sacerdote anglicano y estaba bastante orgulloso de su consagración al sacerdocio; y estábamos en las calles de Filadelfia, y un niño apareció.  Estaba vendiendo periódicos o algo así.  Era como un niño de la calle.  Estaba muy sucio. 

Ya se imaginan, tenía helado o algo por toda la cara y su camisa estaba sucia y tenía puesto unas prendas rotas y él se acercó, y tomó una manga del sacerdote y comenzó a tirar de ella diciendo, «Señor, señor», y ya saben, estaba tratando de venderle una revista o algo así, y estaba tirando de su manga.  Y de repente el sacerdote se dio la vuelta y le quitó la mano al niño y le dijo: «¡Cómo te atreves a tocar el brazo de un sacerdote de Dios!».  Y yo quería detenerme ahí mismo y mirar a mi amigo el sacerdote y decirle: «¿Cómo te atreves a actuar como si el brazo de un sacerdote fuera intocable para un ser humano?» Es decir, Jesús hubiera abrazado a ese chico en la calle.  Él jamás habría aceptado esta idea de separación tan radical del mundo donde uno, de cierta manera, manifiesta un espíritu de desprecio hacia el mismo entorno que es el punto central de la redención de Dios.  Jesús dijo: «No te ruego que los saques del mundo». Jesús no estaba iniciando una nueva comunidad de Esenios.  

¿Recuerdan a los Esenios, que fueron aquellos cuya obra se encontró en los Rollos del Mar Muerto? Eran personas que se alejaba de la civilización para vivir en total aislamiento a fin de mantenerse puros para la venida del Mesías, y mientras se escondían allí en las cuevas a lo largo del Mar Muerto, llegó el Mesías y no lo vieron.  Estaban tan ocupados manteniéndose fuera del mundo que no vieron al Mesías cuando el Mesías vino al mundo para redimir al mundo, por eso Jesús dijo: «No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno». – es decir, que los preserves mientras viven su fe y viven sus vidas en medio del mundo.  Ahora, creo que eso es coherente con lo que el apóstol Pablo enseña en el punto cumbre de su aplicación práctica del libro de Romanos luego de este extenso despliegue de doctrina pesada y de teología. 

¿Recuerdan cómo empieza el capítulo 12? Donde dijo: «Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios que es vuestro culto racional». Y luego ¿qué dice? «Y no os conforméis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente». Echemos un vistazo a esas dos palabras: conformidad y transformación.  Vemos la misma raíz en ambas palabras: la palabra ‘forma’, que se refiere a la estructura o el sistema, y la única diferencia realmente que encontramos en estas palabras es el prefijo, ¿cierto? ¿El prefijo «con» significa ¿qué? «Chili con carne» significa «frijoles con carne», ¿verdad? Así que «con» aquí significa «junto», por lo que «conformarse» es literalmente «estar con algo» – ser parte de las principales estructuras aceptables del sistema mundial actual.

Recuerdo cuando estaba en sexto grado, creo, que mi madre me llevó al centro de Pittsburgh a comprar un par de zapatos.  No sé por qué esto está grabado en mi mente, pero mientras el vendedor me probaba estos zapatos elegantes. . . y uno solía mirar por una pequeña máquina de rayos X.  Mirabas y veías tus dedos al final de los zapatos.  Creo que ya no existen los fluoroscopios, pero eso era grandioso cuando era niño.  Eso era alta tecnología; y este vendedor de zapatos era muy agradable, y me estaba hablando de la escuela y del sexto grado, y lo miré, y me dijo: «Bueno, ¿cómo va todo en la escuela?» Medio que me paré de la silla.  «Bueno», le dije: «Soy el chico más popular de mi clase».  ¡Mi madre estaba absolutamente horrorizada! 

Es decir, tan pronto como ese hombre se fue, ella me tomó a un lado, y me dijo: «¡No puedes hablar así con la gente!» Ella dijo, «¡Eso es terrible! Eso es tan egoísta, arrogante y grosero.  Nunca, nunca debes hablar así». Y ella me dio esta gran cátedra sobre las virtudes de la humildad, pero ¿saben qué? No me importaba porque mi objetivo en la vida cuando estaba en sexto grado no era ser humilde.  Mi objetivo cuando estaba en sexto grado era el mismo que el de cualquier otro chico de sexto grado en este mundo, y ¿cuál era ése? Ser la persona más popular que pudiera llegar a ser; porque cuando entramos en la adolescencia, y en nuestros años juveniles, cuando finalmente nos damos cuenta de que hay un mundo más allá de nuestros padres, tíos y tías y demás, y que hay una sociedad en la que estamos siendo evaluados y juzgados y aceptados o rechazados, la popularidad entre nuestros compañeros a los 13 años se convierte en una de las pasiones más importantes de nuestras vidas, y si no recibimos una cierta medida de popularidad, eso es tan aplastante para el espíritu humano que puede afectar nuestra psique el resto de nuestras vidas.  

Todo el mundo anhela ser querido por otras personas, pero aprendemos de niños – como aprendí cuando estaba en sexto grado – que si iba a ser popular había un precio que debía ser pagado y el precio más importante para la popularidad era la conformidad.  Si yo iba a ser el señor Popularidad en mi escuela, tenía que saber todas las letras de las últimas canciones, los últimos éxitos en el ranking musical.  Tenía que saber todas las estadísticas deportivas y cosas así. Tenía que ser capaz de hacer las cosas que haces para probar que realmente eres un hombre.  

Tuve que escuchar a los que me desafiaban y aceptar sus desafíos y ver si podía robar algo en la farmacia sin ser atrapado e involucrarme en esas cosas que juegas por la noche, donde la policía te persigue por la ciudad y te aseguras de que no te atrapen.  Y pasé por todos esos juegos porque eso es lo que tenías que hacer para ser popular y recuerdo que la cátedra que recibí de mi padre todo el tiempo cuando era adolescente fue, «Hijo», escucha, «se necesita más coraje para decir ‘No’, que para decir, ‘Sí’». ¿Alguna vez te sermonearon así? O el que el director solía dar siempre: «Joven, ¿no sabes que estás apuñalando a tu madre por la espalda?».  Ya saben, y todo este tipo de cosas.  Y yo dije, «Pero no lo entiendes, no estoy tratando de complacer a mi madre. No estoy tratando de ajustarme a los valores de mi madre. Aquí es donde me juzgan, en la esfera de mis compañeros».  

Así que, como niños jugamos todos esos juegos con el fin de lograr el tan buscado objetivo de la popularidad. Pero, por supuesto, ese es solo uno de esos fenómenos adolescentes a corto plazo que tan pronto nos convertimos en adultos guardamos las cosas infantiles, y ya no nos preocupamos por ser populares, ¿cierto? Saben, dicen que la única diferencia entre hombres y niños es… ¿qué? El precio de sus juguetes.  Los juegos cambian, y los precios cambian, pero el objetivo de ser aceptados por nuestros compañeros es algo que nos atrae todos los días de nuestras vidas.  Y así el poder seductor de este mundo es conformarse, conformarse a él. Pero ¿qué es lo que nos atrae a la conformidad? Los alemanes tienen una palabra para eso.  

Ya saben cómo dicen los alemanes. . . El idioma alemán es… Ellos toman dos buenos sustantivos concretos y simplemente los estrellan entre sí y sacan una palabra de ahí.  Sin ánimo de ofender, Olga, a la lengua holandesa, nunca pensaría en hacer algo así; pero los alemanes toman dos palabras y las ponen juntas y obtienen la palabra «Zeitgeist».  Todos han oído la palabra «Geist», estoy seguro, en el idioma español, porque han oído hablar de poltergeist.  Los poltergeists son como fantasmas que hacen ruido en la noche.  Bueno, «Zeit» es la palabra alemana para «tiempo» y «Geist» es la palabra alemana para «espíritu»; entonces, esta palabra compacta «Zeitgeist» significa literalmente «el espíritu de los tiempos» o «el espíritu de la era». Y lo que quieren decir los alemanes por zeitgeist es básicamente esto: ¿En qué estamos ahora? ¿Qué está de moda? ¿Qué es aceptable? ¿Qué es lo que hay que hacer? 

Ahora, en el siglo XIX un hombre se volvió muy importante, no solo como una figura literaria en Alemania, sino como filósofo, y llegó a ser uno de los críticos más importantes de su generación, y su nombre era Friedrich Nietzsche, y ya saben que Nietzsche es famoso por su declaración de la muerte de Dios y por su defensa de lo que llamó heroísmo biológico, en el que buscaría la construcción de una súper raza, y Hitler fue tras eso y lo llevó a un extremo.  Pero Nietzsche se quejó de la decadencia de la Europa del siglo XIX y en esa queja dijo que básicamente la gran mayoría de la gente vive, lo que él llamó, «según el dictamen de una moralidad de rebaño».  Es decir, la crítica de Nietzsche fue la siguiente: «En su mayor parte, la gente es como las ovejas, y se limitan a seguir sin criticar y sin osadía alguna, lo que sea que se espera de ellos en su situación actual».  

En otras palabras, se convierten en esclavos del Zeitgeist o el espíritu de la era, y es por eso que pidió un superhombre, el «Ubermensch».  Él dijo: «El Ubermensch será conocido como una persona que dejará la manada y se atreverá a pensar por sí mismo».  En otras palabras, el superhombre de Nietzsche sería el supremo inconformista.  Ahora, al menos eso, el Nuevo Testamento tiene en común con el nihilismo de Nietzsche.  Ambos nos llaman a una especie de inconformidad.  No es el mismo tipo de inconformidad, les adelanto, pero Pablo dice: «No os conforméis a este mundo».  Ahora, si alguna vez hubo un pasaje de las Escrituras deformado por los cristianos, es ese; porque miramos eso y solo leemos la mitad del pasaje, y decimos: «Oh, bueno, lo que Dios quiere de nosotros es que, si vamos a ser realmente justos, vamos a ser conocidos por nuestra inconformidad».  ¿Te das cuenta, por un lado, cuán difícil es no conformarse, tal como ya lo he indicado? Somos atraídos por la aceptación de grupo, y cosas así.  

Por otro lado, ¿te das cuenta de lo fácil que es ser un inconformista cualquiera? Lo que pasa, lo que tiende a suceder entre los cristianos es que dicen: «Bueno, vamos a mostrar al mundo que somos diferentes y lo que vamos a hacer es que vamos a mostrar lo diferentes que somos del mundo al negarnos a participar en la mundanalidad del mundo, lo que quiere decir que no bailaremos y no usaremos maquillaje y no iremos al cine y no jugaremos a las cartas». Recuerdo cuando fui a mi primer trabajo, a enseñar en una universidad cristiana.  Me contrataron para enseñar la Biblia y antes de que las clases iniciaran, hacían un picnic en la playa, y algunos estudiantes sacaron una baraja de cartas y empezaron a jugar Bridge, y el decano vino y confiscó las cartas; y esa fue mi iniciación para descubrir, para mi horror, que el único juego de cartas que este grupo de cristianos tenía permitido era Rook, el juego de cartas cristiano. Le dije, «¿Rook?» Dije, «¿Rook? Dejé de jugar Rook cuando tenía ocho años», y le dije: «¿Qué van a hacer cuando se enteren de que su profesor de biblia juega en torneos de bridge duplicado?».

Nunca se me ocurrió que había algo espiritual o poco espiritual en el bridge de contrato.  ¡Imagínate! Es absolutamente increíble que ese tipo de cosas surjan en una subcultura, pero lo que sucede es que miramos a nuestro alrededor y vemos cosas que la gente en el mundo secular hace, y queremos asegurarnos de que no lucimos de ninguna manera como personas seculares, entonces establecemos estas formas artificiales de no-conformidad.  Damas y caballeros, el reino de Dios no tiene nada que ver con Rook. Esos son tipos superficiales de no-conformidad.  Si quieres no conformarte en el sentido bíblico, sé alguien de cuya palabra se puede confiar.  Sé alguien que hará lo correcto, aunque eso cueste dinero.  Eso es diferente.  

No se trata de que, si todo el mundo está usando sombreros blancos, empezamos a usar rojos.  Ese no es el no conformarse del que está hablando el Nuevo Testamento, pero leemos el resto del versículo y vemos que no se trata simplemente de no conformarse por el hecho de no conformarse, sino que debemos transformarnos.  Y aquí el prefijo lo dice todo.  Transformarse significa «ir por encima, por arriba, más allá» de las estructuras del mundo actual.  Cuando recién me convertí en cristiano, el amigo que me llevó a Cristo me hizo una declaración en las primeras dos semanas.  Le dije: «¿Qué significa para ti ser cristiano?» Él dijo, «Lo que significa para mí el ser cristiano es que voy a superarte en trabajo, a superarte en esfuerzo, y a superarte en amor».  Ya saben, él entendió que ser cristiano significaba un llamado a la excelencia, un llamado a la excelencia que iba más allá de los estándares de lo que era aceptable en el mundo.  

La mayoría de los cristianos de hoy toman su guía ética de lo que es legal o de lo que es aceptado en el resto del mundo; o queremos que los magistrados civiles hagan cumplir la ética cristiana.  ¡Ves espera un minuto! ¡La ética cristiana es la misma sin importar lo que la Corte Suprema haga o lo que la Corte Suprema diga! No voy al compás de ese ritmo.  Tenemos un Señor que nos da nuestra ética y Sus mandamientos.  Él dijo: «Obedeced mis mandamientos».  Esa es nuestra responsabilidad –

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.