Cómo soportar cuando la obediencia duele

Soldados de Jesucristo

Junio 28/2021

Solid Joys en Español

 Cómo soportar cuando la obediencia duele

John Piper

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Conozco un libro

Lunes 28 Junio

Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino… Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos.Salmo 119:105, 162

La palabra de Dios… actúa en vosotros los creyentes.1 Tesalonicenses 2:13

Conozco un libro

Conozco un libro que me informa sobre lo que había “en el principio”, antes de que el tiempo existiese. Me dice cómo empezó y cómo acabará el universo. Partiendo del “principio”, me lleva a través de los siglos y milenios hasta la eternidad futura, cuando el tiempo dejará de existir…

Este libro ilumina el futuro, así como el pasado. Su autor declara: “Yo soy Dios, y no hay otro Dios… que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad… lo he pensado, y también lo haré” (Isaías 46:9-11).

Este libro me cuenta cómo entraron y cómo serán definitivamente destruidos el sufrimiento y la muerte en el mundo.

Traza la historia de los hombres que vivieron antes de mí mejor que la mejor biografía, y me enseña sobre mí mismo más fielmente que un espejo. Me revela el objetivo de mi existencia y mi destino. Me muestra cómo ser perfectamente feliz.

Este libro me acompaña cada día en todas mis necesidades. Me aconseja en mis decisiones, me advierte de los peligros; si me desvío por no haberle pedido consejo, me trae al buen camino… Me ilumina de noche, si caigo me levanta, si estoy inquieto me tranquiliza. Me consuela, me anima, me alimenta, sacia mi sed…

Responde a mis preguntas, me revela los tesoros de la sabiduría… Su armonía es perfecta, nunca se contradice. Este libro es la Biblia, mensaje del Dios de amor y de verdad. Lo dedica a cada ser humano.

Daniel 2:1-23 – 2 Timoteo 4 – Salmo 77:10-20 – Proverbios 18:8

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Un refugio para el desamparado

Soldados de Jesucristo

Junio 27/2021

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Un refugio para el desamparado

John Piper

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Comando de voz

Domingo 27 Junio

Esta es la confianza que tenemos en él (Dios), que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.1 Juan 5:14-15

Comando de voz

Mi tía es anciana y vive sola cerca de mi casa, pero por medio de su voz puede marcar mi número telefónico automáticamente. Sabe que basta llamarme por mi nombre para recibir ayuda en todo momento. Y es justamente lo que hace, incluso para los más pequeños problemas.

¡Hagamos como ella! Aprovechemos la relación permanente que existe entre la tierra y el cielo: una línea que nunca está ocupada. Basta con pronunciar el nombre de Dios, y ya tenemos la seguridad de que él nos oye.

La oración no consiste en recitar frases de memoria en cualquier circunstancia, sino en un contacto directo y personal con nuestro Creador, para pedirle su ayuda. Jesús habló de un hombre que hizo una oración muy breve: “Dios, sé propicio a mí, pecador” (Lucas 18:13). ¡Y fue perdonado inmediatamente!

El cristiano también sabe que puede orar al Señor para contarle sus pequeños problemas cotidianos. Tenemos un Dios muy grande, para quien nada es demasiado pequeño cuando eso tiene que ver con sus hijos. ¡Nunca lo cansaremos! Un niño no teme molestar a sus padres para que le saquen punta al lápiz, le amarren el cordón de su zapato o respondan a sus múltiples preguntas, incluso si son inocentes y formuladas en un lenguaje infantil.

“Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos” (Mateo 6:6-7).

Daniel 1 – 2 Timoteo 3 – Salmo 77:1-9 – Proverbios 18:6-7

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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¿Por qué la Biblia evangélica contiene menos libros que la Biblia católica?

No es tan simple como parece

No es tan simple como parece

¿Por qué la Biblia evangélica contiene menos libros que la Biblia católica?

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

www.integridadysabiduria.org

JOHN FOXE

BITE

Serie: Biografía

JOHN FOXE

Autor del LIBRO de los MÁRTIRES 

John Foxe nació en 1516 en Inglaterra. Obtuvo un título de maestría y una beca en Oxford, pero cuando se mostró de acuerdo con el protestantismo, perdió su beca y su familia lo repudió. Finalmente, la familia de un conde ejecutado lo contrató para educar a los hijos huérfanos.

Durante el reinado de Eduardo VI, pudo vivir abiertamente y comenzó a trabajar en una tratado de historia. Cuando la Reina María ascendió al trono, Foxe huyó al continente. Allí conoció a John Knox y a otros refugiados protestantes y en 1554 Foxe publicó una investigación sobre la persecución a los protestantes en Inglaterra. Cuando Elizabeth I ascendió al trono, Foxe regresó a Inglaterra y comenzó a trabajar para producir en 1563 una versión en inglés de su obra maestra, El libro de los mártires.

Fue una obra con una extensa documentación, una narración conmovedora e ilustraciones, que incluía relatos de muchos de los 300 mártires del reinado de María. La edición de 1570, que abarca la historia de la persecución de la iglesia primitiva se ordenó mostrar en cada iglesia, salón común y colegio.

Hasta la aparición de El Progreso del Peregrino, la gente común casi no tenía otra materia de lectura excepto la Biblia y El Libro de los Mártires de Foxe.

Antes de morir, Foxe había producido dos ediciones más de su gigantesca obra y había llevado a cabo un programa completo de predicación y buenas obras.

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CRÉDITOS

Conductor: Nicolás Osorio.
Guión: Giovanny Gómez Pérez.
Producción: Pilar Prieto.
Música: Envato Elements.

El temor que nos acerca a Dios

Soldados de Jesucristo

Junio 26/2021

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El temor que nos acerca a Dios

John Piper

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El desánimo

Sábado 26 Junio

¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío. Salmo 42:5

El desánimo

Sería falso y duro afirmar que un cristiano no puede estar triste. Es falso porque, creyentes o no, todos podemos pasar por fases de depresión que no tienen un origen espiritual. ¡Qué duro es para los que pasan por esas situaciones lamentables!

La Biblia cuenta la historia de creyentes que pasaron por grandes angustias, por ejemplo Job, Elías, Jeremías, Pablo.

Incluso sin tener momentos de depresión, a todos nos pasa que un día u otro estamos tristes o desanimados. En la vida de fe puede existir una sucesión de altibajos, de momentos en los que todo es claridad y otros en los que el horizonte parece oscurecerse. No dejemos que el pesimismo nos gane; nuestra fe debe estar vivificada continuamente por la lectura de la Palabra de Dios. Pidamos al Señor que haga brillar su luz en nuestro corazón mirando al Salvador en los evangelios.

La lectura de los salmos nos reconforta cuando nos sentimos turbados, desanimados, incomprendidos. A menudo sus autores cuentan su tristeza a Dios, ponen palabras a su sufrimiento. “¿Por qué te abates, oh alma mía…?”. Es como una toma de conciencia, la búsqueda de las causas de este sufrimiento, la convicción de que Dios quiere ocuparse de él y curar las heridas. Los momentos de recogimiento para buscar a Dios, solos o con la ayuda de hermanos y hermanas cristianos, pueden ser una gran ayuda.

“Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas, para ver tu poder y tu gloria, así como te he mirado en el santuario” (Salmo 63:1-2).

2 Reyes 25 – 2 Timoteo 2 – Salmo 76 – Proverbios 18:4-5

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El pecado de inseguridad

Coalición por el Evangelio

El pecado de inseguridad

 JEREMY PIERRE

Barney lucha por levantar su gran cabeza púrpura, debilitado por la pérdida gradual de audiencia en los últimos años. Una vez una voz formidable en la programación televisiva para niños, ahora agarra débilmente a sus amigos, que se paran en silencio a su lado. Se las arregla para apoderarse de un puñado del pescuezo de Elmo y lo acerca. “Una cosa que nunca debes dejar que un solo niño olvide: ‘Tú eres especial”. El monstruo con voz de falsetto pone una mano peluda en Barney y se vuelve a mirar a los demás. Todos ellos sabían que un mensaje muy importante se les había confiado. De todas las lecciones morales en la programación televisiva de niños, esto iba a ser fundacional.

Y si te fijas, cada vez que los programas para niños se alejan de la diversión tonta o de la resolución de problemas situacional y dan un paso hacia la admonición moral, por lo general se trata de este mismo tema: la importancia de una positiva imagen propia y la confianza que debe resultar de la misma. Y así, la televisión educacional nos entrena para pensar positivamente sobre todo, desde el color de nuestro cabello hasta nuestro conjunto particular de intereses como los medios de infundir confianza para vivir.

No estoy abogando por una baja imagen propia, por supuesto. Simplemente estoy señalando que la inseguridad parece ser lo único adecuado para la corrección pública. De hecho, podríamos decir que en el universo moral de la programación infantil, la inseguridad es el pecado principal. ¿Por qué?

Antes de intentar responder a esa pregunta, permíteme presentarte otra: Yo creo que Dios llama a la inseguridad pecado, también; pero, ¿por qué?

La respuesta al primer por qué y al segundo no podrían ser más diferentes. Nuestros instructores culturales desaprueban nuestra inseguridad, porque es una ofensa a la dignidad individual. Dios desaprueba nuestra inseguridad, porque es una ofensa a la dignidad de su Hijo. El problema que Dios tiene con la inseguridad es digno de reflexión.

La inseguridad y la confianza en la carne

Puede que sea contrario a la intuición, pero de acuerdo a la Biblia, la inseguridad es lo que Pablo llama “confianza en la carne.” Pero, ¿cómo se entiende que la inseguridad y la confianza puedan estar relacionadas? Cada moneda tiene dos caras. En el lado superior, la confianza en la carne es la seguridad en sí mismo que viene de poseer esos atributos que supuestamente determinan mérito. Pero el otro lado de la moneda es igual de peligroso: la inseguridad que viene de no poseerlos. En ambos casos, ponemos nuestra confianza en los atributos personales que pensamos que traen vida.

En el entorno religioso y cultural del apóstol Pablo, él poseía todas las características más preciadas que lo encomendaban a Dios y a los demás. Tú y yo probablemente nunca hemos conocido a alguien que quiera ser conocido públicamente como un fariseo o que desearía haber sido circuncidado al octavo día. En nuestra cultura, no son cosas particularmente elogiables. Pero todos conocemos las cosas que sí lo son. Y más penoso, todos hemos sentido la desesperación de no tenerlas.

Para algunos de nosotros, esta es la estática de fondo de nuestro pensamiento regular, y tenemos que darnos cuenta de que no está mal principalmente porque nos hace infelices, como varios de nuestros amigos títeres destacarán. La inseguridad es pecaminosa por razones más graves que esa. Aquí hay al menos cuatro de ellas:

1. Distracción con uno mismo

La inseguridad estropea nuestra capacidad de hacer lo que Dios nos creó para hacer: amarlo a él y a los demás. ¿Cuántas veces has estado en una situación en la que deberías haber ofrecido la atención a alguien o acercarte a Dios privadamente en oración, pero tu mente está afanada pensando en lo torpe que te ves en tus pantalones esa mañana o cuánto más inteligente a la persona con la que estás hablando es? Ser inseguro es estar consciente de uno mismo. No estamos amando a los demás cuando estamos obsesionando con nosotros mismos; no estamos en humildad considerándolos como más importantes y más dignos (Fil. 2:3).

2. Insatisfacción con Dios

La inseguridad es a menudo nada más que rezongar por mejor maná. Estamos hartos de una alimentación adecuada; queremos un sabor extraordinario. No nos gusta lo que Dios nos ha dado – dinero, posición, apariencia, personalidad – y rezongamos por algo mejor. Tal descontento es una trampa de las “muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición” (1 Tim. 6:9). Nuestra insatisfacción con uno mismo es a menudo nada más que nuestra insatisfacción con Dios. La inseguridad no es pecado principalmente porque es un insulto a nuestro valor (aunque lo es), sino porque es un insulto a la sabiduría de Dios.

3. Justificación de otros

La inseguridad revela que anhelamos justificación ante la gente más que ante Dios. A él no le importa si su entrepierna es de 28 pulgadas o 34, o si tú alquilas o eres dueño. Sabemos esto, por supuesto. Pero todavía nos preocupamos. . . porque a ellos todavía les importa. Nos preocupamos más sobre los atributos que creemos que nos hacen dignos ante la gente que lo que nos preocupamos por aquellos que nos hacen dignos ante el Todopoderoso. La justicia es lo que agrada al Señor. Pero nosotros preferiríamos tener una reputación envidiable. Cuando nuestras mentes están suspirando por más atención en Facebook o una mejor carrera como un impulso a nuestra dignidad, abandonamos la justicia de Cristo que realmente nos hace dignos (Rom. 1:16-17).

4. Justificación por obras

La inseguridad muestra que de alguna manera todavía estamos creyendo que nuestra justificación está basada en nuestros propios atributos y logros. La mayoría de nosotros no estamos tentados a pensar que somos dignos porque somos de la tribu de Benjamín, pero puede que desearíamos que tuviéramos una iglesia más grande, niños más impresionantes, otro grado detrás de nuestro nombre. Pero la búsqueda de confianza en esas cosas es un rival directo a la búsqueda de la confianza en Cristo.

Y esta es la cordura que el apóstol Pablo nos trae en nuestra inseguridad: “Pero cuantas cosas eran para mí era ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor “(Fil. 3: 7-8a). Pablo no nos diría a nosotros en nuestras inseguridades implacables: “Sé que no te sientes digno, pero lo eres. Dios te hizo especial”. Si ser especial fuera la solución, nuestras vidas serían un ciclo sin fin de dietas y búsquedas de empleo. Pero estos son sólo nuestros patéticos intentos para voltear a la parte superior de esa misma moneda corroída. Todavía sería confiar en la carne.

Pablo nos dice que abandonemos la búsqueda de nuestro valor en otra cosa que no sea Cristo y su obra redentora a nuestro favor. Circular privadamente a través de una nueva ronda de auto-queja no se puede comparar con el abandono de nosotros mismos al servicio de los demás. El cansancio de quejas continua no puede ser comparado con la ganancia del contentamiento piadoso. La admiración voluble de la gente no se puede comparar con la abundante aprobación del Todopoderoso. La confianza tambaleante que mantenemos en nosotros mismos, no se puede comparar con el inmenso valor de la confianza en Cristo.

Si Pablo tenía un mensaje de despedida, ciertamente no sería que eres especial. Sería que eres justificado en Cristo, y la prueba suprema de esto te espera en la línea de meta, así que persevera en la fe (2 Tim. 4:7-8). No deberíamos estar tan preocupados con ser especiales que no podamos ser encontrados en Cristo.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Alejandra E. Fernández

Jeremy Pierre es el decano de Estudiantes y profesor asociado de la consejería bíblica en The Southern Baptist Theological Seminary y sirve como anciano en la Iglesia Bautista Clifton. Es co-autor de “The Pastor and Counseling” (“El Pastor y la Consejería”, Crossway, 2015) y autor del próximo “The Dynamic Heart in Daily Life: Counseling from a Theology of Human Experience” (“El Corazón Dinámico en la Vida Diaria: Aconsejando desde una Teología de la Experiencia Humana”, New Growth, 2016). Él y su esposa, Sarah, tienen cinco hijos y vive en Louisville, Kentucky.