Cómo compartir el evangelio

The Master’s Seminary

Cómo compartir el evangelio

Alberto Solano Z.

1. Háblale de Dios

Dios como creador de todo. Dios es el creador de todo lo que existe. Mira a tu alrededor, tu persona, la naturaleza, el universo entero; todo lo que existe ha sido creado por Dios (Génesis 1:1). Antes de que existiese la tierra y todo lo que vemos estaba Dios y solamente Dios. Él creó todo detalle en la creación. En su mente infinita y perfecta él ingenió absolutamente todo. ¿Por qué? Él no lo hizo porque se sentía solo o porque necesitaba a los humanos. Más bien él diseñó y creó todo por causa de su gloria y placer.

Dios como dueño de todo. Puesto que él creó todo, es por lo tanto el dueño de toda criatura (Salmos 24:1-2). Dios, siendo el diseñador y hacedor del mundo, tiene completa autoridad y no ha dejado nada fuera de su soberanía divina. No sólo eso, sino que Dios posé atributos divinos los cuales solamente él tiene, tales como su omnipotencia (Dios es todopoderoso por encima de cualquier poder en el universo), omnisciencia (Dios conoce todo lo que ha ocurrido, está ocurriendo y ocurrirá) y omnipresencia (Dios está presente en todo lugar en todo momento).

Dios como Dios santo y perfecto. Dios es santo (1 Juan 1:5), esto quiere decir que él es completamente distinto de todo lo que vemos y experimentamos en este mundo. Él es mayor, más grande y distinto de nosotros, siendo su santidad trascendente e infinita (Mateo 5:48). En su santidad perfecta Él requiere que las personas obedezcan sus instrucciones y su ley (Santiago 2:10). En esencia es simple: Dios creó el mundo, estableció leyes que deben ser obedecidas y ahora espera que las personas las obedezcan por completo, teniendo él el derecho de demandar esto por haber sido el creador y soberano sobre el universo.

No hay un solo justo, ni siquiera uno

2. Háblale del pecado

¿Cómo comenzó? Sin embargo, la gente ha quebrantado la ley de Dios. Cuando Dios creó el mundo, él creó dos seres humanos: Adán y Eva, el primer hombre y mujer (Génesis 1:26-28). Cuando Dios los creó, los creó perfectos y buenos. Pero esto no duró, y no mucho tiempo después de su creación desobedecieron a Dios, siguieron el consejo del diablo y por lo tanto fracasaron en obedecer a la perfección la ley de Dios. Dios, al ver la desobediencia de Adán y Eva, maldijo la humanidad, permitiendo así que el pecado entrase al mundo. A partir de ese momento todo ser humano que nace es por naturaleza rebelde hacia Dios y desobediente a sus leyes. Por lo tanto no hay un solo justo, ni siquiera uno (Romanos 3:10).

¿Cuál es la consecuencia del pecado? Debido a que cada persona que jamás haya vivido ha nacido manchado de pecado, muerto en delitos y transgresiones delante de Dios (Efesios 2:1-3), todos son contados como rebeldes, desobedientes y incapaces de cumplir con las expectativas de obediencia perfecta (Romanos 3:23). La pena de tal pecado es clara: la muerte, la muerte no sólo física, sino también la muerte espiritual (Romanos 6:23). Los que han nacido en esta naturaleza pecaminosa merecen ser castigados con muerte espiritual por su desobediencia ante un Dios santo y justo. Esto significa una sola cosa: separación eterna de Dios. Dios, siendo totalmente santo, no puede permitir que el pecado y la desobediencia residan en su santidad, siendo la única solución el ser condenados a un castigo eterno por causa del pecado.

¿Cuál es la solución? ¿Qué podemos hacer para salvarnos de tal condenación? Nada. No podemos salvarnos de tal separación eterna de Dios, pues en nuestra pecaminosidad estamos incapacitados de elegir a Dios y hacer suficientemente cosas buenas para lograr la obediencia perfecta que requiere Dios (Tito 3:5). Los hombres son totalmente depravados, esto es que no son capaces de obedecer a Dios ya que están muertos espiritualmente, incapaz de alcanzar una posición redimida ante Dios (Isaías 64:6). Los hombres están muertos en pecado y totalmente ciegos a cualquier deseo de agradar a Dios (Efesios 2:8-9).

3. Háblale de Jesús

¿Quién es Jesús? Dios, teniendo pleno conocimiento de todo lo que ha sucedido y sucederá, sabía que los humanos no serían capaces de obedecerle perfectamente y que Adán y Eva pecarían, distorsionando así la naturaleza en la que cada ser humano nace. Y en su amor, compasión y misericordia, envió a su único hijo al mundo, Jesús. Nacido de una virgen y siendo Dios y hombre sin pecado a la vez (Colosenses 2:9), vino a esta tierra con el fin de restablecer la gente de vuelta a una relación correcta con Dios. Dios mismo tomó la forma de un hombre con el fin de entrar en este mundo para salvar a pecadores, pues los hombres no pueden alcanzar una posición correcta delante de Dios por sí mismos.

¿Por qué murió Jesús? Debido a que la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23), se necesitaba que alguien no contaminado por el pecado muriera para pagar el castigo de los pecados. Así fue como Jesús, un hombre sin pecado y Dios mismo, muestra el amor de Dios en su propia muerte en la cruz, pagando así la pena del pecado (Romanos 5:8). En esencia, Dios puso nuestros pecados sobre Cristo con el fin de que los que Dios amó pudieran ser hechos limpios de pecado delante de Dios (2 Corintios 5:21). En otras palabras, los que fueron hechos justos delante de Dios no lo lograron por su propio esfuerzo o deseo, sino que fueron justificados por una justicia ajena que fue imputada sobre ellos en la muerte de Cristo (1 Pedro 2:24). Cristo tuvo que vivir una vida sin pecado, sufrir y morir en la cruz para ser el redentor del pueblo de Dios, a fin de presentarlos limpios y sin mancha delante de Dios. Aunque la gente todavía no puede obedecer perfectamente la ley de Dios, la muerte de Cristo ha pagado el precio de todos nuestros defectos y nos ha hecho justicia de Dios por medio de la muerte de Cristo en la cruz.

¡Ésta es la belleza y el milagro de la cruz! Pecadores son contados como perfectamente obedientes basados en la perfecta obediencia de Cristo, siendo obediente hasta la muerte en la cruz. Dios no sólo envió a su Hijo a morir en la cruz, sino también lo levantó de entre los muertos (1 Corintios 15:4). Jesucristo está ahora vivo a la diestra de Dios en el cielo.

4. Háblale de la salvación

La salvación que Dios logró a través de la muerte de Cristo no es universal, lo que quiere decir que no todo el mundo está ahora a salvo de un castigo eterno por desobedecer la ley de Dios. Hay algo que se debe hacer para ser salvo de la pena del pecado y ser contado entre los que Dios ha restaurado por medio de la muerte y la resurrección de Cristo: creer y arrepentirse. Para ser salvo debe haber arrepentimiento de todo lo que deshonra a Dios (Isaías 55:7) y de los pecados que se han cometido. Y su vez debe haber una creciente separación de todo lo que desagrada a Dios, sabiendo que Dios persona a todo pecador que se arrepiente (Lucas 9:23).

No solo tiene que haber arrepentimiento, sino que también se debe creer en Cristo como Señor y Salvador (Romanos 10:9). Esto significa creer en Jesucristo tanto como Salvador de la pena del pecado y como amo y Señor, pues así como Dios se convirtió en el gobernante de todo lo que existe al crear el mundo, así también Cristo es la cabeza de los que, por la obra divina de salvación hecha de parte de Dios, han sido llamados a salvación y ahora experimentar una relación restaurada con Dios. Sólo aquellos que por la fe se arrepienten y creen serán hechos vivos en Cristo y su sus pecados limpios y borrados en la cruz de Cristo.

Los que no se arrepienten y creen en la verdad del evangelio de Cristo, su muerte y resurrección, les espera un castigo eterno por causa de sus pecados, pues no obedecieron perfectamente a la ley de Dios ya que su naturaleza pecaminosa les imposibilita hacerlo (Romanos 8:1-8). Pero aquellos que se arrepienten y creen, Dios promete perdón competo en Cristo, redención de todos los pecados a través de la muerte de Cristo en la cruz, comunión con Dios Padre y una futura morada eterna con él en el cielo.

Alberto Solano, graduado con una Maestría en Divinidad (M.Div.) en The Master’s Seminary, actualmente estudia una Maestría en Teología (Th.M.) con énfasis en el Nuevo Testamento. Aparte de servir en el ministerio hispano de Grace Community Church, Alberto trabaja en el departamento de admisiones del seminario.

La parábola de los obreros de la viña

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Las parábolas de Jesús

La parábola de los obreros de la viña

Jonathan T. Pennington

Nota del editor: Este es el décimo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las parábolas de Jesús.

«Jardines imaginarios con sapos reales en ellos». Así es como un escritor ha descrito las parábolas de Jesús. Son historias imaginarias pero se relacionan con la vida real. Son jardines imaginarios pero en ellos hay sapos reales. A menudo esos sapos somos nosotros.

Mateo 20:1-16 inicia con una situación común en el mundo antiguo: un hacendado necesita obreros, así que, contrata a algunos jornaleros. A medida que avanza el día, necesita más trabajadores. Por lo que regresa varias veces hasta que solo falta una hora antes de que termine la jornada.

Pero luego el dueño de la viña hace algo extraño. Al final del día, llama a todos los obreros y les paga a los que solo trabajaron una hora, el salario completo de un día. Este acto impresionantemente generoso provoca un murmullo en el grupo. Los obreros que trabajaron el día completo hacen rápidamente los cálculos: «Si estos que trabajaron solo una hora recibieron un denario, entonces nosotros ganaremos un buen dinero», probablemente piensen. Esperan que este sea su día de suerte.

En la parábola, Jesús les recuerda que todo lo que tienen proviene de Dios, que todas sus bendiciones son por la generosidad de Dios, no por su propio obrar.

De modo que podemos entender que cuando a los obreros les llegó el pago y se les puso en sus manos extendidas y cubiertas de ampollas el mismo salario que a aquellos que fueron contratados más tarde, no estaban muy contentos que digamos. Se pusieron furiosos, lo suficiente como para quejarse abiertamente ante su benefactor. El dueño les responde diciendo que les había pagado la cantidad justa que habían acordado y que como él elija gastar su dinero, incluyendo la decisión de ser generoso con aquellos que tuvieron menos oportunidad de trabajar, depende de él. Los trabajadores quejosos no habían sido tratados injustamente. Su tormento emocional se debía a expectativas basadas en su envidia, no en la injusticia.

En la historia de la Iglesia, han existido muchos intentos de explicar esta parábola. Algunos han sugerido que las cinco contrataciones distintas representan cinco etapas de la historia mundial durante las cuales Dios ha llamado a Su pueblo hacia Sí mismo, o diferentes etapas en la vida en las que una persona puede convertirse en cristiano. El punto es que Dios es bondadoso con todos y le da la bienvenida a todos a Su reino, sin importar cuándo son llamados. Algunos dicen que la parábola es una imagen del reino futuro de Dios donde todos los salvos reciben el cielo, no importando cuánto hayan trabajado para Dios. Pero la más amplia y quizás más popular interpretación es que esta parábola es simplemente una imagen de la increíble y maravillosa gracia y generosidad de Dios, o en pocas palabras, del evangelio.

Cada una de estas interpretaciones tiene algo de verdad en ella. Pero existe algo más que debemos ver. La clave está en prestar atención al contexto que Mateo nos da para esta parábola. La historia que precede a nuestra parábola es acerca del rico, líder de una sinagoga, que termina no siguiendo a Jesús debido a que su amor por sus posesiones era demasiado grande (19:16-22). Ante esto, los discípulos estaban conmocionados. Jesús entonces les promete recompensas asombrosas por haber dejado todo lo que tenían para seguirle (vv. 23-30). Esta promesa de que los discípulos se sentarían en doce tronos consume tanto sus pensamientos, que poco después Jacobo y Juan ya estaban deseando ser los que se sentaran en los tronos más cercanos a Jesús (20:20-28).

Ese contexto muestra que esta parábola va dirigida directo a nuestros corazones, a esos problemas gemelos de la autocomplacencia y la envidia. Cuando el joven rico se alejó con las manos vacías pero a los humildes discípulos se les prometió ser gobernantes, era imposible para ellos el no ser un poco autocomplacientes, enorgullecerse un tanto de su sabio logro, de su mejor elección de seguir a Jesús. En la parábola, Jesús les recuerda que todo lo que tienen proviene de Dios, que todas sus bendiciones son por la generosidad de Dios, no por su propio obrar. Los discípulos no son mejores que el hombre rico. Al mismo tiempo, Jesús presiona directamente en nuestros corazones, que son propensos a la envidia. Jesús desafía a Sus discípulos a no mirar lo que otros tienen y tornarse amargados y celosos. La rivalidad es destructiva para el alma porque todo en la vida es un regalo que proviene de Dios. 

Por lo tanto, esta parábola nos da una visión de la generosa gracia de Dios hacia nosotros y hacia otros. Encontramos vida cuando fijamos nuestros ojos, no horizontalmente en lo que otros tienen, sino verticalmente, en la generosidad del Dueño de toda la tierra, el Rey Jesús, que nos llama amigos y nos provee sabia y generosamente.

Este artículo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Jonathan T. Pennington
Jonathan T. Pennington

Dr. Jonathan T. Pennington es profesor del Nuevo Testamento y director de estudios de doctorado Ph.D. del Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, Kentucky, y es ministro asociado de predicación en la Sojourn East Church. Es autor de varios libros, incluyendo The Sermon on the Mount [El Sermón del Monte] y Human Flourishing [El florecimiento humano].

1 – Un «WhatsApp» bíblico – Efesios 1:1-2

Iglesia Evangélica León

Serie: Efesios

1 – Un «WhatsApp» bíblico – Efesios 1:1-2

David Robles

David Robles se desempeña como pastor docente de la Iglesia Evangelica León y es presidente fundador y profesor del Seminario BEREA (España). Tiene un amplio ministerio de enseñanza y predicación en toda España y otros países de habla hispana. David se graduó del Seminario Bíblico de Multnomah (Certificado Bíblico, 2001) y del Seminario de Maestría (M.Div. 2004).

Una trampa mortal llamada codicia

Soldados de Jesucristo

Junio 25/2021

Solid Joys en Español

Una trampa mortal llamada codicia

John Piper

John Piper

Encuentra más devocionales de John Piper en Español
en nuestro sitio web:
https://devocionalsolidjoys.com/

Encuentra más recursos gratuitos en: http://sdejesucristo.org
Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/SoldadosDeJe…
Síguenos en Instagram: https://www.instagram.com/SoldadosDeJ…
Síguenos en Twitter: https://twitter.com/sdJesucristo

4-La confiabilidad de las escrituras II

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Apologética

4-La confiabilidad de las escrituras 2

Jordi Romeu

Continuamos con el curso: «Apologética»

En esta cuarta sesión explicaremos La parte II de la confiabilidad de las escrituras.

Material de apoyo:
https://drive.google.com/file/d/1hoC9…

Suscríbete: http://www.youtube.com/c/IglesiaEvang…
IEG Barcelona
Escuela bíblica del domingo 07 de abril del 2019.

http://porGracia.es/https://facebook.com/IEGBarcelonahttp://sermonaudio.com/iegracia

El clavo en el ataúd de nuestros corazones

Pasión por el Evangelio

El clavo en el ataúd de nuestros corazones

Tony Reinke

Hace quinientos años, Dios encendió una pequeña llama en Wittenberg, Alemania, y se convirtió en el fuego de la Reforma Protestante. Lo que comenzó como una iniciativa de Martín Lutero, pronto se convirtió en un movimiento que impactó la cultura, destruyendo toda falsa imagen de Dios en la adoración cultural de la época.

Se volvió complicado.

Destrozaron imágenes, estatuas, santuarios y reliquias. Pero estas eran simplemente manifestaciones externas de los ídolos invisibles arraigados en los corazones pecadores, ídolos a veces cubiertos bajo el disfraz del «cristianismo».

Los reformadores percibieron la antigua expresión de la fabricación de ídolos como simplemente la expresión de un ídolo interior, una confianza falsamente colocada. La Reforma Protestante fue una declaración de guerra a los pensamientos vanos sobre Dios. Y cuando esto sucede, se declara la guerra a los ídolos de la cultura.

Fábrica de ídolos

Juan Calvino escribió: «La naturaleza del hombre, por así decirlo, es una fábrica perpetua de ídolos». Pero presta atención a lo que Calvino expresa después:

La mente del hombre, llena de orgullo y audacia, se atreve a imaginar un dios según su propia capacidad; al andar con lentitud, es abrumada por la más cruda ignorancia, concibe una irrealidad y una apariencia vacía como Dios. (Institutos, 1:108)

No hay nada más peligroso que la confianza religiosa en un falso dios creado por nuestra propia imaginación.

Martín Lutero luchó en esta misma guerra, escribiendo contra Roma:

Los malvados dicen y confiesan […] «Soy un monje. Sirvo a Dios con votos y ceremonias. Por eso me dará la vida eterna». ¿Pero quién dice que estás adorando así al verdadero Dios, cuando él no ha ordenado estas cosas? Por lo tanto, te has inventado un dios que quiere estas cosas, aunque no hay un Dios verdadero que lo requiera o que quiera dar la vida eterna por esto. ¿Qué estás adorando entonces, excepto un ídolo de tu propio corazón, al que crees que le place la justicia de tus obras? (Obras, 18:9-10).

Analiza la mentira expuesta: «Seré feliz una vez que logre mi seguridad espiritual por mis propios actos, mis votos y por el mérito de las ceremonias y votos que realizo».

Esta afirmación es un falso ídolo, una falsa seguridad en la carne, una falsa imagen de Dios, un falso evangelio y, en resumen, todo esto es un falso dios.

La teología superficial

La Reforma Protestante fue iniciada por esta confrontación de vanas seguridades. Los reformadores se opusieron a las imágenes, estatuas, santuarios y reliquias. Pero principalmente, los Reformadores señalaban a los ídolos doctrinales, las falsas afirmaciones sobre Dios y las presunciones sobre Dios que engañaban a generaciones enteras (2 Co 10:4-5; Col 2:8).

Los reformadores se basaron en los primeros tres mandamientos para desafiar esta atracción universal por los ídolos en todas las culturas.

Primer mandamiento en Éxodo 20:3: No sigas a otros dioses.

Segundo Mandamiento en Éxodo 20:4-6: No corrompas tu adoración a Dios con imágenes vanas.

Tercer Mandamiento en Éxodo 20:7: No uses el nombre de Dios en vano.

Estos tres mandamientos son tres advertencias divinas contra los pensamientos vanos y superficiales de Dios.

La primera advertencia  prohíbe el sincretismo. No pienses que puedes mezclar a Dios con tu adoración a los ídolos. Si quieres un tercio de Dios, y dos tercios de otros ídolos, no tendrás nada de Dios. El sincretismo es un pensamiento vano sobre Dios.

La segunda advertencia prohíbe el reduccionismo. No pienses que puedes reducir a Dios a algo manejable, que lo puedes sostener en una mano como un ídolo que ponen en las casas o un pequeño becerro de oro. La tierra es el estrado de sus pies (Is 66:1). El reduccionismo de Dios también es un pensamiento vano sobre Dios.

La tercera advertencia prohíbe la presunción. No hables precipitadamente de Dios. Es vanidad pensar que podemos invocar el nombre de Dios para cubrir nuestra ignorancia sobre quién es realmente. La presunción sobre Dios otro pensamiento vano sobre él.

En esencia, todos los ídolos físicos del Antiguo Testamento mienten sobre Dios. Eso es todo lo que pueden hacer: mentir. Los ídolos nacen de las mentiras. Así, a su vez, los ídolos sólo pueden predicar sermones de engaño a sus adoradores (Jer 10:15; Hab 2:18; Zac 10:2).

Y como hace referencia Lutero del texto de las Escrituras, el becerro de oro fue moldeado con un cincel, un «instrumento de escritura» que originalmente tenía como propósito escribir la verdad sobre Dios, pero en cambio se utilizó para dar forma a una mentira de oro (Éx 32:4).

Nuestros ídolos en la actualidad

Señalar a los ídolos religiosos de la época se convertiría en la principal discusión mientras los reformadores reclamaban y proclamaban las epístolas de Pablo a los gálatas y romanos.

El corazón del hombre es una fábrica de ídolos, y fue necesaria una revolución para frenarlo. Los predicadores tuvieron que ser instruidos y enviados a otros lugares, los evangelistas tuvieron que cumplir su llamado, los misioneros tuvieron que viajar por mares oscuros hacia tierras desconocidas, los traductores tuvieron que traducir las Escrituras a la lengua de cada pueblo, y las iglesias locales tuvieron que crecer para poder servir en esta guerra. Cada creyente tuvo que resistir la fábrica de ídolos de su corazón llenando sus corazones con Cristo y alimentándose de un abundante conocimiento de quién Dios ha revelado ser en las Escrituras.

Esta era la principal preocupación que los reformadores tenían hace quinientos años. El pensamiento superficial sobre Dios siempre reemplaza a Dios, y pone en su lugar un ídolo fraudulento de seguridad, o sexo, o riqueza, o poder, o incluso, de religión.

La triste realidad es que las Escrituras nos advierten una y otra vez que todos somos fabricantes de ídolos. Siete mil millones de politeístas hoy en día no pueden dejar (ni dejarán) de rendir culto, porque no pueden dejar de poner su esperanza y seguridad en estas cosas. La gracia soberana debe romper nuestros impulsos idólatras.

Como Juan Calvino célebremente expresó: «El corazón humano es una fábrica de ídolos, produciendo nuevos ídolos como una cinta transportadora de una fábrica que produce nuevos aparatos». Los ídolos comunes emergen de los corazones caídos e inundan cada rincón de los medios de comunicación en nuestra cultura, en los medios sociales, la televisión, la música, las películas y las novelas.

Hace mucho tiempo, en Wittenberg, Alemania, un monje inició una guerra de quinientos años contra la idolatría. Y la llama de la Reforma perdura, porque las batallas fundamentales continúan hoy en día.

Hace quinientos años, Dios encendió una pequeña llama en Wittenberg, Alemania, y se convirtió en el fuego de la Reforma Protestante. Lo que comenzó como una iniciativa de Martín Lutero, pronto se convirtió en un movimiento que impactó la cultura, destruyendo toda falsa imagen de Dios en la adoración cultural de la época.

Se volvió complicado.

Destrozaron imágenes, estatuas, santuarios y reliquias. Pero estas eran simplemente manifestaciones externas de los ídolos invisibles arraigados en los corazones pecadores, ídolos a veces cubiertos bajo el disfraz del «cristianismo».

Los reformadores percibieron la antigua expresión de la fabricación de ídolos como simplemente la expresión de un ídolo interior, una confianza falsamente colocada. La Reforma Protestante fue una declaración de guerra a los pensamientos vanos sobre Dios. Y cuando esto sucede, se declara la guerra a los ídolos de la cultura.

Fábrica de ídolos

Juan Calvino escribió: «La naturaleza del hombre, por así decirlo, es una fábrica perpetua de ídolos». Pero presta atención a lo que Calvino expresa después:

La mente del hombre, llena de orgullo y audacia, se atreve a imaginar un dios según su propia capacidad; al andar con lentitud, es abrumada por la más cruda ignorancia, concibe una irrealidad y una apariencia vacía como Dios. (Institutos, 1:108)

No hay nada más peligroso que la confianza religiosa en un falso dios creado por nuestra propia imaginación.

Martín Lutero luchó en esta misma guerra, escribiendo contra Roma:

Los malvados dicen y confiesan […] «Soy un monje. Sirvo a Dios con votos y ceremonias. Por eso me dará la vida eterna». ¿Pero quién dice que estás adorando así al verdadero Dios, cuando él no ha ordenado estas cosas? Por lo tanto, te has inventado un dios que quiere estas cosas, aunque no hay un Dios verdadero que lo requiera o que quiera dar la vida eterna por esto. ¿Qué estás adorando entonces, excepto un ídolo de tu propio corazón, al que crees que le place la justicia de tus obras? (Obras, 18:9-10).

Analiza la mentira expuesta: «Seré feliz una vez que logre mi seguridad espiritual por mis propios actos, mis votos y por el mérito de las ceremonias y votos que realizo».

Esta afirmación es un falso ídolo, una falsa seguridad en la carne, una falsa imagen de Dios, un falso evangelio y, en resumen, todo esto es un falso dios.

La teología superficial

La Reforma Protestante fue iniciada por esta confrontación de vanas seguridades. Los reformadores se opusieron a las imágenes, estatuas, santuarios y reliquias. Pero principalmente, los Reformadores señalaban a los ídolos doctrinales, las falsas afirmaciones sobre Dios y las presunciones sobre Dios que engañaban a generaciones enteras (2 Co 10:4-5; Col 2:8).

Los reformadores se basaron en los primeros tres mandamientos para desafiar esta atracción universal por los ídolos en todas las culturas.

Primer mandamiento en Éxodo 20:3: No sigas a otros dioses.

Segundo Mandamiento en Éxodo 20:4-6: No corrompas tu adoración a Dios con imágenes vanas.

Tercer Mandamiento en Éxodo 20:7: No uses el nombre de Dios en vano.

Estos tres mandamientos son tres advertencias divinas contra los pensamientos vanos y superficiales de Dios.

La primera advertencia  prohíbe el sincretismo. No pienses que puedes mezclar a Dios con tu adoración a los ídolos. Si quieres un tercio de Dios, y dos tercios de otros ídolos, no tendrás nada de Dios. El sincretismo es un pensamiento vano sobre Dios.

La segunda advertencia prohíbe el reduccionismo. No pienses que puedes reducir a Dios a algo manejable, que lo puedes sostener en una mano como un ídolo que ponen en las casas o un pequeño becerro de oro. La tierra es el estrado de sus pies (Is 66:1). El reduccionismo de Dios también es un pensamiento vano sobre Dios.

La tercera advertencia prohíbe la presunción. No hables precipitadamente de Dios. Es vanidad pensar que podemos invocar el nombre de Dios para cubrir nuestra ignorancia sobre quién es realmente. La presunción sobre Dios otro pensamiento vano sobre él.

En esencia, todos los ídolos físicos del Antiguo Testamento mienten sobre Dios. Eso es todo lo que pueden hacer: mentir. Los ídolos nacen de las mentiras. Así, a su vez, los ídolos sólo pueden predicar sermones de engaño a sus adoradores (Jer 10:15; Hab 2:18; Zac 10:2).

Y como hace referencia Lutero del texto de las Escrituras, el becerro de oro fue moldeado con un cincel, un «instrumento de escritura» que originalmente tenía como propósito escribir la verdad sobre Dios, pero en cambio se utilizó para dar forma a una mentira de oro (Éx 32:4).

Nuestros ídolos en la actualidad

Señalar a los ídolos religiosos de la época se convertiría en la principal discusión mientras los reformadores reclamaban y proclamaban las epístolas de Pablo a los gálatas y romanos.

El corazón del hombre es una fábrica de ídolos, y fue necesaria una revolución para frenarlo. Los predicadores tuvieron que ser instruidos y enviados a otros lugares, los evangelistas tuvieron que cumplir su llamado, los misioneros tuvieron que viajar por mares oscuros hacia tierras desconocidas, los traductores tuvieron que traducir las Escrituras a la lengua de cada pueblo, y las iglesias locales tuvieron que crecer para poder servir en esta guerra. Cada creyente tuvo que resistir la fábrica de ídolos de su corazón llenando sus corazones con Cristo y alimentándose de un abundante conocimiento de quién Dios ha revelado ser en las Escrituras.

Esta era la principal preocupación que los reformadores tenían hace quinientos años. El pensamiento superficial sobre Dios siempre reemplaza a Dios, y pone en su lugar un ídolo fraudulento de seguridad, o sexo, o riqueza, o poder, o incluso, de religión.

La triste realidad es que las Escrituras nos advierten una y otra vez que todos somos fabricantes de ídolos. Siete mil millones de politeístas hoy en día no pueden dejar (ni dejarán) de rendir culto, porque no pueden dejar de poner su esperanza y seguridad en estas cosas. La gracia soberana debe romper nuestros impulsos idólatras.

Como Juan Calvino célebremente expresó: «El corazón humano es una fábrica de ídolos, produciendo nuevos ídolos como una cinta transportadora de una fábrica que produce nuevos aparatos». Los ídolos comunes emergen de los corazones caídos e inundan cada rincón de los medios de comunicación en nuestra cultura, en los medios sociales, la televisión, la música, las películas y las novelas.

Hace mucho tiempo, en Wittenberg, Alemania, un monje inició una guerra de quinientos años contra la idolatría. Y la llama de la Reforma perdura, porque las batallas fundamentales continúan hoy en día.

Tony Reinke

Tony Reinke es el escritor principal de Desiring God y autor de Competing Spectacles (2019), 12 Ways Your Phone Is Changing You (2017), John Newton on the Christian Life (2015), y Lit! A Christian Guide to Reading Books (2011). Es el anfitrión del podcast Ask Pastor John y vive en el Phoenix con su esposa y tres hijos.

¿Por qué todo pecado es, en última instancia, un pecado contra Dios?

Got Questions

¿Por qué todo pecado es, en última instancia, un pecado contra Dios?

El pecado generalmente daña a otra persona, pero, en última instancia, todo pecado es contra Dios. La Biblia contiene muchas referencias de personas que admiten: «He pecado contra Dios» (Éxodo 10:16; Josué 7:20; Jueces 10:10). Génesis 39:9 nos da una visión más cercana de esto. José estaba siendo tentado a cometer adulterio con la esposa de Potifar. Al resistirse a ella, dijo: «No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?». Resulta interesante que José no dijera que su pecado sería contra Potifar. Esto no quiere decir que Potifar no se viera afectado. Sin embargo, la mayor lealtad de José era hacia Dios y a Sus leyes. Era a Dios a quien no quería ofender.

David dijo algo similar después de haber pecado con Betsabé (2 Samuel 11). Cuando fue confrontado con su pecado, David se arrepintió profundamente, diciendo a Dios: «Contra ti, contra ti solo he pecado» (Salmo 51:4). Está claro que también había pecado contra Betsabé y su marido, aunque fue la violación de la ley de Dios lo que más afligió a David. Dios odia el pecado porque es la antítesis de Su naturaleza y porque nos perjudica a nosotros o a otra persona. Al pecar contra Dios, David también había dañado a otras personas.

Cuando alguien comete un crimen, la persona que fue perjudicada por el crimen no es la que castiga al criminal. Es la ley la que juzga a una persona culpable o inocente, no la víctima. Lo que se ha violado es la ley. Independientemente de los méritos o la inocencia de la víctima, todos los delitos se cometen en última instancia contra la ley establecida. Si robas en la casa de tu vecino, obviamente has perjudicado a tu vecino, pero no es él quien te hace rendir cuentas. Es una ley superior la que has violado. El gobierno tiene la responsabilidad de condenarte y castigarte; tu vecino, aunque se vea afectado por tu delito, se somete al gobierno.

De la misma manera, toda ley moral comienza con Dios. Como fuimos creados a imagen de Dios, tenemos Su ley moral escrita en nuestros corazones (Génesis 1:27). Cuando Adán y Eva comieron del árbol prohibido en el Jardín del Edén, Dios dijo: «He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal» (Génesis 3:22). En ese momento, que sepamos, no se había establecido ninguna ley escrita. Sin embargo, Dios había comunicado claramente Su voluntad a Adán y Eva, y ellos supieron que habían pecado y corrieron a esconderse de Dios (Génesis 3:10). Su vergüenza después de pecar era evidente.

Nosotros también sabemos intrínsecamente cuándo hemos pecado. El pecado es una perversión del diseño perfecto de Dios. Todos llevamos la imagen misma de Dios, y cuando pecamos, estropeamos esa semejanza. Fuimos creados para ser espejos de la gloria de Dios (Efesios 2:10; 4:24; Hebreos 2:7). El pecado es una gran mancha en el espejo, y reduce la belleza y la santidad que debemos reflejar. Cuando pecamos, nos salimos del propósito para el que fuimos creados, violando así la ley moral de Dios, y somos responsables ante Él por la transgresión. Romanos 3:23 dice: «Todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios». El pecado es cualquier cosa que se aleja del plan de Dios. Por lo tanto, ya sea que nos perjudique a nosotros o a otra persona, todo pecado es, en última instancia, contra un Dios santo.

Permisos de publicación autorizados por el Ministerio Got Questions para Alimentemos El Alma

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

¿Qué es el Día de la Reforma?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

¿Qué es el Día de la Reforma?

Stephen Nichols

Un solo evento en un solo día cambió el mundo. Ocurrió el 31 de octubre de 1517. El hermano Martín, monje y erudito, había luchado durante años con su iglesia, la Iglesia en Roma. Se sentía grandemente perturbado por la venta sin precedentes de indulgencias. La historia tiene todos los elementos de un éxito de taquilla en Hollywood. Conozcamos al elenco.

Primero, está el joven obispo —demasiado joven según las leyes de la Iglesia— Alberto de Maguncia. No solo era obispo sobre dos diócesis, sino que deseaba un arzobispado adicional sobre Maguncia. Esto también iba en contra las leyes de la Iglesia. Así que Alberto apeló al Papa en Roma, León X. Proveniente de la familia de Médici, León X avariciosamente permitió que sus gustos excedieran sus recursos financieros. Entran los artistas y escultores, Rafael y Miguel Ángel.

Cuando Alberto de Maguncia apeló por una dispensación papal, León X estaba preparado para negociar. Alberto, con la bendición papal, vendería indulgencias por los pecados pasados, presentes y futuros. Todo esto molestó al monje Martín Lutero. ¿Podemos comprar nuestro acceso al cielo? Lutero tuvo que protestar.

Pero ¿por qué el 31 de octubre? El 1 de noviembre ocupaba un lugar especial en el calendario de la Iglesia como el Día de Todos los Santos. El 1 de noviembre de 1517, una exposición masiva de reliquias recién adquiridas serían exhibidas en Wittenberg, la ciudad de Lutero. Los peregrinos vendrían de todas partes, harían una genuflexión ante las reliquias, y eliminarían así cientos si no miles de años de tiempo en el purgatorio. El alma de Lutero se enfurecía cada vez más. Nada de esto parecía correcto.

Martín Lutero, un erudito, tomó la pluma en la mano, la sumergió en su tintero y publicó sus 95 Tesis el 31 de octubre de 1517. Estas tenían la intención de suscitar un debate, para estimular la reflexión entre sus hermanos y compañeros en la Iglesia. Las 95 Tesis suscitaron mucho más que un debate. Estas 95 Tesis también revelaron que la Iglesia ya no podía ser rehabilitada. Se necesitaba una reforma. La Iglesia y el mundo nunca volverían a ser los mismos.

Una de las 95 Tesis de Lutero de manera simple declara: «El verdadero tesoro de la Iglesia es el Evangelio de Jesucristo». Esa declaración sola es el significado del Día de la Reforma. La Iglesia había perdido de vista el Evangelio porque hacía mucho tiempo que había cubierto las páginas de la Palabra de Dios con capas y capas de tradición. La tradición siempre produce sistemas de obras para ganar tu camino de regreso a Dios. Fue así en el caso de los fariseos como también en el catolicismo romano medieval. ¿No dijo el mismo Cristo: “Mi yugo es fácil y mi carga ligera?” El Día de la Reforma celebra la gozosa belleza del Evangelio liberador de Jesucristo.

¿Qué es el Día de la Reforma? Es el día en que la luz del Evangelio prorrumpió de las tinieblas. Fue el día en que comenzó la Reforma protestante. Fue un día que llevó a Martín Lutero, Juan Calvino, John Knox y a otros reformadores a ayudar a la Iglesia a encontrar su camino de regreso a la Palabra de Dios como la única autoridad para la fe y la vida y a guiar a la Iglesia de regreso a las gloriosas doctrinas de la justificación por la gracia sola a través de la fe sola en Cristo solo. Este día encendió el fuego de los esfuerzos misioneros, motivó la composición de himnos y el canto congregacional y promovió la centralidad del sermón y la predicación para el pueblo de Dios. Es la celebración de una transformación teológica, eclesiástica y cultural.

Es por eso que celebramos el Día de la Reforma. Este día nos recuerda que debemos estar agradecidos por nuestro pasado y al monje convertido en reformador. Además, este día nos recuerda nuestro deber, nuestra obligación de mantener la luz del Evangelio en el centro de todo lo que hacemos.

Publicado originalmente en el blog de Ligonier Ministries.
Stephen Nichols
Stephen Nichols

El Dr. Stephen J. Nichols es presidente de Reformation Bible College, director académico de Ligonier Ministries y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Es el anfitrión de los podcasts 5 Minutes in Church History y Open Book. Es autor de numerosos libros, entre ellos For Us and for Our Salvation, Jonathan Edwards: A Guided Tour of His Life and Thought, Peace y A Time for Confidence, y es coeditor de The Legacy of Luther y de la serie de Crossway: Theologians on the Christian Life. Él está en Twitter @DrSteveNichols.

Puedo contentarme en todas las cosas

Soldados de Jesucristo

Junio 24/2021

Solid Joys en Español

Puedo contentarme en todas las cosas

John Piper

John Piper

Encuentra más devocionales de John Piper en Español
en nuestro sitio web:
https://devocionalsolidjoys.com/

Encuentra más recursos gratuitos en: http://sdejesucristo.org
Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/SoldadosDeJe…
Síguenos en Instagram: https://www.instagram.com/SoldadosDeJ…
Síguenos en Twitter: https://twitter.com/sdJesucristo

¿Hay pastoras en la Biblia?

Sirviendo al Dios del evangelio en Almería

¿Hay pastoras en la Biblia?

Will Graham
Sirviendo al Dios del evangelio en Almería

No, no hay pastoras de iglesia en la Biblia.

En el contexto de la congregación local, Dios ha asignado roles diferentes a los hombres y mujeres.

El Espíritu Santo dice:

“La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio” (1 Timoteo 2:11-12).

¿Por qué?

“Porque Adán fue formado primero, después Eva” (v. 13).

Lo que tenemos aquí no es un consejo pastoral para no herir la sensibilidad cultural de los efesios (como creen muchas feministas evangélicas actuales) sino un argumento a partir de la mismísima creación.

En el Edén, antes de la caída, Dios quiso que el hombre gobernara y que su esposa fuera su ayuda idónea. El diseño divino exige que el hombre sea la cabeza del hogar y de la iglesia (la cabeza de cabezas y el pastor de pastores es el varón Jesucristo), no la mujer.

La autoridad fue dada al hombre antes de la caída, en el estado de perfección. Y el Señor quiere ver este orden reflejado en la comunidad de la re-creación.

Si es así, ¿qué hacemos con Débora?

Bueno, Débora era una líder socio política, no eclesial. No exponía las Escrituras al pueblo ni ofrendaba por los pecados.

¿Y qué hacemos con Gálatas 3:28 que declara que en Cristo no hay varón ni mujer?

Pues, interpretamos aquel pasaje en su contexto. Allí el apóstol Pablo (el cual redactó el pasaje antes citado en 1 Timoteo 2:11-13) está desarrollando la doctrina de la justificación y explica que nadie será justificado por ser hombre ni mujer sino por tener fe en el Salvador, Jesucristo.

Así que, no, no hay pastoras de iglesia en la Biblia.

Casado con Ágota y padre de dos hijas, Will Graham (1985) sirve como pastor evangélico, profesor y blogger en la cuidad española de Almería (ubicada en el extremo sureste de la península).

Escribe semanalmente en sus blogs en Protestante Digital y Evangelical Focus y colabora con Unión Bíblica, Coalición por el Evangelio y Pasión por el Evangelio.

¡Bienvenidos a su página oficial!

https://pastorwillgraham.com/

Soli Deo gloria.