La plenitud de gozo

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

La plenitud de gozo

R.C. Sproul

«Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo quita; y todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto» (Juan 15:2).

No tengo habilidad para la jardinería, y mi conocimiento en horticultura es muy rudimentario. Sin embargo, he experimentado el proceso de cultivar rosas, y he aprendido que después de que florecen pueden decaer si no las cortas en cierta parte del tallo. Si soy diligente en podar las partes muertas del rosal, el florecimiento se vuelve más hermoso con el tiempo.

Este proceso me parece contrario a mi intuición; creería que cortando partes del tallo estaría hiriendo o incluso destruyendo el rosal. Sin embargo, el proceso de poda concentra los nutrientes del rosal, o del arbusto, causando que este produzca fruto consistentemente. Este proceso es especialmente importante en el cuidado de los viñedos, el cual es el ejemplo de la vid que vemos en la metáfora de Jesús.

Continuando con el capítulo de Juan, Jesús dijo: “Ustedes ya están limpios por la palabra que les he hablado” (v. 3). Aquí Él se está dirigiendo a sus discípulos, a los creyentes, y a aquellos que ya disfrutaban de la comunión con Él y tenían una relación de salvación con Él. Él dijo que ellos ya habían sido “limpios”, y luego agrega: “Permanezcan en Mí, y Yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco ustedes si no permanecen en Mí” (v. 4).

Entonces ¿qué pasa con las ramas que son podadas del árbol o del arbusto? Después de que son cortadas, ellas se marchitan y mueren, pues han sido separadas de su suministro de vida. Obviamente, esas ramas muertas no producirán fruto alguno. Se vuelven impotentes.

Necesitas la iglesia de Cristo. Necesitas la comunión de los santos y la asamblea de la gente de Dios. No somos individualistas llamados a vivir en aislamiento.

Un día, durante una comida al aire libre en la casa de unos de sus miembros, un ministro se acercó a la parrilla para hablarle al anfitrión, el cual había dejado de ir al servicio semanal. El ministro esperaba animarlo a comenzar a asistir una vez más, pero cuando el ministro le preguntó al anfitrión por qué no había vuelto, el hombre respondió: “Soy cristiano, pero no siento que deba ir a la iglesia. Puedo hacerlo solo. Soy un tipo de persona independiente. No necesito de comunión con otros para estimular mi caminar con el Señor”.

Mientras el ministro escuchaba las explicaciones de este hombre, notó que el carbón de la parrilla estaba al rojo vivo. Sin decir nada, el ministro cogió un cubierto de tenazas y apartó de los otros uno de los carbones encendidos, y siguió la conversación con el feligrés. Sin embargo, minutos después el ministro cogió el carbón que había apartado, miró al hombre y le dijo: “¿Viste lo que acaba de pasar? Hace un par de minutos yo no me hubiera atrevido a tocar este carbón porque estaba muy caliente, pero apenas lo separé de los otros, dejó de arder y enfrió. Ya no podrá ayudar a cocinar las carnes de la parrilla. Eso es lo que te va a pasar a ti, pues tú necesitas el cuerpo de Cristo. Tú necesitas la iglesia de Cristo. Tú necesitas la comunión de los santos y la asamblea de la gente de Dios. No somos individualistas llamados a vivir en aislamiento”.

El ministro tenía razón. La compañía de otros creyentes mantiene nuestra fe viva y activa. Pero si nos enfriamos cuando nos alejamos de la conexión con otros cristianos, ¿cuánto más nos marchitaremos si nos alejamos de la verdadera fuente de poder, que es Cristo mismo?

Ese es el punto que Jesús está haciendo aquí. Seremos infructuosos y nos marchitaremos espiritualmente si no permanecemos en Cristo, la vid verdadera.

La palabra griega traducida como “permanecer” es meno, la cual también puede traducirse como “remanente” o “quedarse”. Si queremos ser productivos, no podemos simplemente visitar a Jesús de vez en cuando. Necesitamos permanecer en Él.

Déjame enfatizar que Jesús no estaba hablando en esta parábola sobre perder la salvación. Ese es otro asunto. Pero nos estaba recordando que somos propensos a divagar, a dejar de aprovechar la fuente de nuestro poder y nuestra vitalidad espiritual, que es Cristo mismo.

Así que la enseñanza de Jesús es mantenernos cerca: “Permanezcan en Mí, y Yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco ustedes si no permanecen en Mí” (v. 4). En pocas palabras, todos los esfuerzos que hacemos para estar gozosos, para ser productivos, o para lograr algo que valga la pena en el reino de Dios, son ejercicios inútiles si tratamos de hacerlos en nuestra propia fuerza.

Los cristianos debemos entender que sin una conexión fuerte con Cristo, que es el suministro de energía, seremos completamente infructuosos.

Jesús continuó diciendo:

«Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer. Si alguno no permanece en mí, es echado fuera como un sarmiento y se seca; y los recogen, los echan al fuego y se queman. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto, y así probéis que sois mis discípulos. Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea perfecto» (v. 5-11).

Fue solo en el versículo final de este pasaje que Jesús explicó por qué había enseñado esto a los discípulos: “Estas cosas les he hablado, para que Mi gozo esté en ustedes, y su gozo sea perfecto”. Nota tres cosas importantes en esta lección.

Primero, el gozo que Jesús quiere ver en nosotros es su gozo. Anteriormente Jesús le habló a sus discípulos acerca de la paz, diciendo: “La paz les dejo, Mi paz les doy; no se la doy a ustedes como el mundo la da. No se turbe su corazón ni tenga miedo” (Jn. 14:27). Entonces, ¿de dónde viene la paz del cristiano? Viene de Él; de hecho, es Su paz. Y así mismo, su propio gozo está disponible para nosotros, y Él quiere verlo habitando en nosotros.

Segundo, Él quiere que su gozo permanezca en nosotros. Él quiere que tengamos un gozo permanente, no una montaña rusa de emociones oscilando entre gozo y miseria. Si nosotros queremos estar consistentemente gozosos, necesitamos habitar en Él.

Tercero, Él distingue entre su gozo y nuestro gozo, y expresa el deseo de que “nuestro gozo sea cumplido”. ¿No es acaso eso lo que queremos? No queremos una copa parcial del fruto del Espíritu. No queremos solo un poquito de gozo. Queremos todo el gozo que el Padre haya guardado para sus hijos. Esa plenitud de gozo viene de Cristo. Es primero su gozo el que Él nos da, y cuando estamos conectados a Él, este gozo que proviene de Él crece, aumenta, y se llena.

Ninguno de los que están leyendo este articulo ha experimentado el nivel más alto de gozo disponible para los hijos de Dios. Hay más gozo disponible que el que tienes en este momento. Hay una plenitud que nos espera mientras el fruto del Espíritu es nutrido por la vid verdadera.

Este es un extracto del libro gratis de R.C. Sproul: «¿Puedo tener gozo en mi vida?». Publicado originalmente en el blog de Ligonier Ministries. Traducido por la Coalición por el Evangelio.

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

A24 -Tus palabras revelan tu corazón

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A24 -Tus palabras revelan tu corazónel hermoso

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/Tus-palabras-revelan-tu-corazon/

Carmen Espaillat: De acuerdo a Nancy Leigh DeMoss, tus palabras son serias.

Nancy Leigh DeMoss: Alguien ha tildado a la calumnia y al chisme malicioso como homicidio verbal. Estás matando la reputación de alguien—estás cometiendo homicidio verbal, calumniando. Destruye vidas; destruye familias; destruye relaciones. ¿Cuántas veces he contribuido yo a la división entre amigos, a destruir amigos o relaciones, a destruir el cuerpo de Cristo, por el uso malicioso de mi lengua al calumniar a los demás?

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Un hermoso diseño no se trata primordialmente de la ropa o la decoración. Tito nos dice lo que verdaderamente es el hermoso diseño, como ha sido definido por el máximo Diseñador. Nancy nos ha estado explicando este pasaje y continúa con un componente importante para la belleza de un creyente—sus palabras dulces y suaves.

Nancy: No te puedo decir que tan a menudo me sucede que cuando estudio y me preparo para enseñar algo en Aviva Nuestros Corazones, Dios usa ese mismo estudio para atravesar y penetrar mi propio corazón y traerme convicción. Esto ciertamente ha sido cierto con esta serie en Tito 2, y particularmente con el versículo que estamos viendo en Tito capítulo 2 acerca de que las mujeres no sean calumniadoras.

Pablo le dice a Tito en Tito capítulo 2,versículo 1, “Enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina”. Enseña a la gente cómo vivir de una manera que es consistente con lo que ellos creen.

Y luego él le dice en el versículo 3, “Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta, no calumniadoras”. Dijimos que la palabra calumniador aquí es la palabra griega diabolos.

Es una palabra que cuando se usa en la Escritura, usualmente se refiere a Satanás. Pero en ocasiones, esta palabra es usada también para referirse, no solo a Satanás, sino a la persona que actúa como Satanás, porque ellos calumnian, acusan y hablan mentira.

Matthew Henry es un gran comentarista del pasado, y él dijo:

“La calumnia es una falta grave y muy común. No solo es hablar de más, sino que es hablar mal de las personas y separar amigos. Un calumniador es uno cuya lengua está prendida con fuego del infierno. De tal forma y de tantas maneras hace el trabajo del diablo—que por eso se le da el nombre de ‘diablos’ a estas personas”.

Nunca somos más como el diablo que cuando hablamos cosas que no son ciertas o que son calumnias o que son maliciosas.

Dijimos en la última sesión que la calumnia incluye el regar un reporte falso acerca de alguien. Específicamente, la calumnia se refiere a decir algo que no es cierto; que es falso. También puede incluir el esparcir información dañina acerca de otra persona, y esa es una variación, un primo, por así decir, de la calumnia. La Escritura le llama chisme—es regar cosas acerca de alguien que son dañinas.

Algunas de sus traducciones, en lugar de la palabra “calumnia” se referirá a “chismes maliciosos”. Eso tiene que ver con regar la verdad con intención de dañar a alguien. De manera que lo que estarías diciendo, aunque pudiera ser cierto, lo haces con la intención de dañar a alguien.

Te diré algo más que me causó convicción mientras estaba estudiando este tema. La calumnia puede incluir simplemente asumir negativamente sobre las motivaciones de alguien—diciendo algo acerca de lo que hay en su corazón o dando razones de por qué hicieron lo que hicieron, cuando en realidad no sabemos. No conocemos su corazón. No conocemos sus antecedentes. No conocemos sus circunstancias. Rara vez tenemos todos los hechos, y muchas veces sacamos conclusiones acerca del comportamiento de alguien o del carácter de alguien sin conocer lo suficiente como para hablar. Aun si supiéramos lo suficiente como para hablar, ¿acaso es algo constructivo o edificante como para decirlo?

Así que cuando Pablo dice que las ancianas no deben ser calumniadoras, está diciendo que debemos rehusarnos a escuchar o a esparcir reportes o historias acerca de otros que son falsos o que son dañinos. No lo escuches; no lo digas a nadie más si no es cierto o si es dañino.

Recientemente he estado leyendo un libro por Jerry Bridges llamado “Pecados Respetables”. Le he estado pidiendo al Señor que hable a mi vida y a mi propio corazón acerca de pecados que puedan estar en mi propia vida que no son los pecados obvios y grandes que a menudo pensamos cuando decimos “pecados”. Él habla acerca de pecados respetables, y tiene todo un capítulo acerca de los pecados de la lengua. En ese capítulo, él incluye la mentira y el lenguaje áspero o criticón o burlón. En mi opinión, todas estas cosas caen bajo lo mismo que Pablo está advirtiendo aquí.

Como mujeres, tenemos que ser cuidadosas de no pecar con nuestras lenguas. Es interesante que las mujeres en particular somos exhortadas a evitar este pecado, y tenemos que preguntarnos, “¿Por qué?” Bueno, pienso que los hombres —a la hora de ser abusivos— son más inclinados a formas físicas de abuso.

En mi familia hay cuatro mujeres y tres hombres .Y cuando éramos pequeños, si los niños se portaban mal, lo hacían pegando. Lo hacían de forma física. Los hombres son físicos. ¿Pero cómo lo hacen las mujeres? Muy a menudo lo hacemos con nuestras lenguas. Somos más inclinadas a ser verbalmente abusivas, pero ¿podría sugerir que nuestro abuso verbal no es menos destructivo que el de los hombres, cuando quizás se tiran o se pegan el uno al otro? Así que Pablo les dice a las mujeres, “No sean calumniadoras”.

Es una advertencia en contra de pecar con nuestras lenguas—en contra de decir lo indebido, hablar de más, decir cosas que no debemos. Pienso que esta es una tentación muy particular para las mujeres que tienen tiempo en sus manos. Quizás sus hijos ya están grandes; disfrutan el sentarse y platicar. No es más fácil sentarse y escuchar las ultimas historias de la una y la otra sin pensar, “¿será esto cierto? ¿está beneficiando a los que están escuchando? ¿Estamos levantando a las personas de las que estamos hablando?”

Hay un pasaje en 1 Timoteo 5:13-14 donde el apóstol Pablo está hablando acerca de viudas jóvenes. Hay una advertencia acerca de este tipo de conducta ociosa y destructiva. Él dice,

Aprenden a estar ociosas, yendo de casa en casa; y no solo ociosas, sino también charlatanas y entremetidas, hablando de cosas que no son dignas. Por tanto [él dice], quiero que las viudas más jóvenes se casen, que tengan hijos, que cuiden su casa y no den al adversario ocasión de reproche. [De calumniar].

Hay unas cuantas cosas que sobresalen en ese pasaje de 1 Timoteo 5. Primero que todo, ¿te das cuenta que los pecados de la lengua frecuentemente van acompañados de la ociosidad, versus tener nuestras prioridades en orden? Pablo dice que estas viudas jóvenes necesitan estar ocupadas haciendo las cosas que Dios les ha llamado hacer. Si estás haciendo las cosas que Dios te llamó a hacer, no vas a tener tanto tiempo como para estar sentada diciendo cosas que no debes estar diciendo.

Y luego fíjate que al final del pasaje él dice que las mujeres deben casarse, tener hijos, cuidar su casa, para que no den ocasión al enemigo de reprochar o calumniar. Si las mujeres calumnian, lo que hacemos es dar ocasión al enemigo, a Satanás, para reprochar y acusar a los cristianos. Así que al participar en conversaciones calumniadoras, en realidad estamos preparando el terreno para que el enemigo ataque con calumnias, y acuse a los creyentes.

Así que pregúntate: “¿Soy culpable de calumnia? ¿Soy culpable de hablar mal? ¿Del chisme? ¿De pecados relacionados con la lengua?” Puede que encuentres, mientras Dios examina tu corazón, que has sido culpable de hablar maliciosamente, que has sido culpable del chisme, de calumnia contra personas que te han hecho daño… quizás un excompañero, quizás un padre, o quizás un jefe que te trató injustamente.

A menudo somos propensos a calumniar aquellos que están en autoridad sobre nosotros si no estamos de acuerdo con la manera en que están manejando las cosas; pueden ser oficiales gubernamentales, un jefe, adolescentes hacia sus padres, esposas hacia sus esposos, miembros de la iglesia hacia los pastores o hacia los ancianos, o hacia aquellos en autoridad. ¿Por qué es que a veces calumniamos o hablamos mal de aquellos que viven dentro de las cuatro paredes de nuestras propias casas, de nuestros familiares, o de nuestros compañeros de habitacion, o sobre las personas más cercanas a nosotros, las personas que nos conocen mejor, las personas que debiéramos estar tratando de proteger? ¿Por qué es que frecuentemente los calumniamos?

Pienso que es fácil hablar mal o maliciosamente de aquellas personas con quienes no estamos de acuerdo. Pienso que durante una temporada política o de elecciones por ejemplo es muy fácil —y he notado esto en semanas recientes en algunas de mis propias conversaciones con las personas— hacer afirmaciones dogmáticas, rotundas, negativas, y feas acerca de personas en el mundo político con quien no estamos de acuerdo.

Esto no es para decir que nunca debemos expresar cuando estamos en desacuerdo. Mucho de esto tiene que ver con el corazón.

● ¿Cuál es mi tono?
● ¿Cuál es mi espíritu?
● ¿Cuál es mi motivación?
● ¿Por qué estoy diciendo lo que estoy diciendo?
● ¿Estoy tratando de edificar o de derribar?
● ¿Es necesario?

Observa que mientras vemos en las Escrituras, nos damos cuenta que nuestra forma de hablar expone nuestros corazones. La forma en que hablamos dice lo que está dentro de nuestros corazones. Déjame leerte dos o tres pasajes que tocan este punto.

Primero, en Salmos en el capítulo 50, comenzando en el versículo 16, dice:

Pero al impío Dios le dice: “Das rienda suelta a tu boca para el mal, y tu lengua trama engaño. Te sientas y hablas contra tu hermano; al hijo de tu propia madre calumnias”. (Versículos 16, 19, 20).

¿Qué tipo de persona dice Dios que habla así? “Al impío Dios le dice”. La persona que calumnia a sus familiares, sus amigos, que habla mal, tiene un corazón perverso.

Piensa en lo que Jesús dijo en Lucas capítulo 6, versículo 45,

El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.

Lo que decimos es un claro indicativo de lo que está en nuestros corazones. Así que Jesús está diciendo, “Si tienes un corazón bueno, lo que va a salir es un buen tesoro. Si tienes un corazón malvado, entonces lo que saldrá son palabras maliciosas y perversas.”

Y de nuevo, en Mateo capítulo 15:18-19, Jesús hace el mismo punto, Él dice,

Pero lo que sale de la boca proviene del corazón, y eso es lo que contamina al hombre. Porque del corazón provienen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios y las calumnias.

¿Notaste que Jesús colocó las calumnias allí mismo junto con homicidios y el adulterio? Hace que me pregunte: ¿Estamos tan preocupados y sorprendidos y apenados por nuestros pecados de la lengua como lo estamos de la mala conducta de los demás? Jesús los pone todos juntos, pero Él dijo que las calumnias, el hablar mal, revela lo que está en nuestros corazones.

¿Qué exponen las calumnias y el hablar maliciosamente de nuestros corazones? ¿Y qué tipo de actitudes del corazón salen cuando hablamos mal de los demás? Déjame hacer varias sugerencias aquí, hay otras cosas que podríamos agregar a esta lista, pero yo sé de algo que se revela de mi corazón cuando hablo mal de los demás—revela un corazón orgulloso, revela orgullo. Cuando podemos señalar la culpa de otra persona, a veces eso puede hacernos sentir mejor a nosotros mismos—no somos tan malos como ellos, o no hicimos “eso”… ellos sí—eso es orgullo.

El orgullo puede darme un cierto deseo de lucir como una experta, y quizás intervenir en una conversación porque sé algo que mi interlocutor no sabe; quizás tengo esta pequeña pieza de información que puedo traer a la conversación. A veces es el orgullo que me llevará a decir, “Pero, ¿sabías…?” Esto me ha ocurrido —y lo digo para mi vergüenza— muchas veces cuando alguien está hablando bien de una persona y yo estoy pensando, “Pero no saben que…” ¿Deberé decirlo? A menudo es el orgullo en mi corazón que me lleva a contribuir algo negativo a esa conversación.

Hay algo más que nuestras lenguas pueden revelar acerca de nuestros corazones—envidia y celos. Estamos celosos de la reputación de alguien más, de su relaciones, de su influencia, por eso queremos hacerlos ver mal; hacerlos descender un poco.

El calumniar revela falta de dominio propio . Dejamos que se nos escapen cosas que estamos pensando, sin pensar bien lo que estamos diciendo.

La calumnia puede revelar un espíritu crítico. Mi corazón es crítico; tiende a hacer juicios; por lo tanto, sale en las palabras que digo.

La calumnia y el hablar maliciosamente revelan también falta de amor. Proverbios 10:12, “El odio suscita rencillas, pero el amor cubre todas las transgresiones”. Una falta de amor; se revela el odio.

Y luego está esto de un espíritu contencioso, un espíritu divisivo. Queremos poner a otros de nuestro lado, y qué tan a menudo pasa esto en conversaciones entre miembros de las familias cuando hay alguna disfunción o discordia entre los miembros de la misma familia. Y dices algo negativo acerca de la otra persona causando que la persona con la que estas platicando quiera aliarse contigo. Todos estos juegos tontos, que jugamos, son tan malos, tan perversos. Queremos relatar como alguien nos lastimó, como alguien nos ha hecho daño, y al hacer eso estamos tratando de atraer a la persona con la que estamos hablando para que vea las cosas según nuestra perspectiva.

¿Qué estamos haciendo? Estamos poniendo una barrera entre nuestro interlocutor y la persona de la que estamos hablando, levantando paredes, división, contención. Eso es lo que hay en mi corazón, y sale tan frecuentemente en nuestro hablar. Ese es exactamente el efecto de la calumnia y de hablar maliciosamente. No solo tengo yo contención en mi corazón, sino que cuando calumnio o hablo mal de los demás, el efecto es de dividir relaciones, dividir amigos, el de ser un divisor, el de romper relaciones.

Proverbios 16:28 dice, “El chismoso separa a los mejores amigos”.

Proverbios 17:9, dice “El que cubre una falta busca afecto, pero el que repite el asunto separa a los mejores amigos”.

Dividimos el cuerpo de Cristo; dividimos familias; dividimos amistades; dividimos relaciones cuando hablamos mal de los demás. No solo dividimos, sino que destruimos.

Proverbios 25:18, dice “Como maza y espada y aguda saeta es el hombre que levanta falso testimonio contra su prójimo”. Esas son armas que no querrías que se usaran contra ti—un garrote de guerra, una espada, o una saeta aguda, pero si tú dices algo de tu vecino, de un amigo, o de un miembro de tu familia, que no es cierto o es una calumnia o es algo innecesario, o es una crítica, el efecto que provocarás es el de destruir a esa persona.

Alguien ha llamado a la calumnia y a los chismes maliciosos homicidio verbal. Estás matando la reputación de alguien. El homicidio verbal, la calumnia, destruye vidas, destruye familias; destruye relaciones; destruye iglesias. Lo he visto vez, tras vez. Si lo piensas seguramente lo has visto una y otra vez. Eso ya es suficientemente grave, pero lo que aflige mi corazón es pensar, ¿cuántas veces yo he contribuido a la división entre amigos, a destruir amigos o relaciones, a destruir el Cuerpo de Cristo, por el uso malicioso de mi lengua al calumniar a los demás?

Proverbios 11:9 dice, “Con la boca el impío destruye a su prójimo”. Cuando hablamos maliciosamente, cuando decimos chismes o decimos cosas que no son ciertas o no son buenas, afectamos a la persona que estamos calumniando, aunque no lo escuchen, y afectamos a la persona con la que estamos conversando . Creamos una separación en su relación.

Y mientras me he estado preparando para esta serie, es interesante—no sé si está pasando más a menudo o si solo lo estoy notando más—pero he visto una ilustración tras otra de la necesidad crucial de tratar con este asunto de la calumnia y del chisme malicioso entre el pueblo de Dios, y el gran daño que puede hacer si no tratamos con esto.

Hace unos días recibimos un correo en Aviva Nuestros Corazones de una oyente que quería pasar una información que ella sintió que debíamos tomar en cuenta con relación a alguien que había sido invitado a uno de nuestros programas. Bueno, típicamente, este es el tipo de cosas a las que no me gusta prestar atención, no quiero prestarme para el chisme, no lo quiero escuchar, pero pensé, “Soy responsable por las personas que tenemos en nuestra transmisión, y ¿será esto algo de lo que necesitamos estar conscientes?”

Así que fui al correo electrónico, entré a la página de Internet, y resultó ser muchas páginas juntas en una red que se dedican a derribar y destruir un sinnúmero de ministerios y personas, y cuanto más buscaba, más feo se ponía. Habían tantas calumnias y comentarios llenos de amargura. Este es un esfuerzo para dividir , para derribar, para destruir. Es odioso; es vengativo; es destructivo, y esta es una palabra que me vino a la mente al ser envuelta en algunas de estas cosas esta semana—es diabólico, diabolos, es del diablo. Es satánico. El pasaje que me vino a la mente es Santiago 3:14-16 donde Santiago dice,

Pero si tenéis celos amargos y ambición personal en vuestro corazón, no seáis arrogantes y así mintáis contra la verdad. Esta sabiduría no es la que viene de lo alto, sino que es terrenal, natural diabólica. Porque donde hay celos y ambición personal, allí hay confusión y toda cosa mala.

Tú pensarás, “Bueno, me alegro que yo no tengo una de esas páginas de internet,” o “No estoy haciendo ese tipo de cosas”. Pero esto solo comienza con una raíz de amargura, con pequeñas cosas que se dicen, con un correo electrónico que se envía, con publicar algo en el internet, con hablar una palabra en privado, de repente encuentras que está siendo gritado por los techos, y se está esparciendo como un incendio descontrolado. Cuán gran daño esta chispita puede hacer. Puede quemar bosques y casas enteras, y al final las vidas pueden ser destruidas.

La calumnia divide; destruye, así como lo hace Satanás. Todo esto es contrario a Dios, quien es un Dios de reconciliación. Él es el Dios que reconcilia partes en guerra. Y nosotros Debemos ser como Él.

Pablo dice en Romanos 14:19, “Así que procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua.”

Efesios 4:3, “Esforzándoos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”.

Carmen Espaillat: Tus palabras tienen el poder de promover la paz, de acuerdo a Nancy Leigh DeMoss. Ella nos ha estado enseñando cómo hacerlo en una serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 . Ella estará de regreso con nosotros para orar, porque todos necesitamos el poder de Dios para vivir en paz y para hablar lo correcto. En ninguna parte es esto más cierto que en tu hogar.

Nancy y algunas de sus amigas han escrito acerca de esto. Ella editó un libro llamado “Atrévete a ser una mujer conforme al plan de Dios ” (está disponible en español).

En este libro aprenderás de las semillas de la revolución feminista y descubrirás por qué no cumplió sus promesas. Podrás ver claramente una imagen bíblica del tipo de influencia piadosa que puedes tener sobre tu esposo e hijos. Descubrirás cómo servir a Dios de maneras únicas y femeninas. Puedes obtenerlo en tu librería cristiana favorita.

Quizás has sentido convicción hoy acerca de la manera que has estado usando tus palabras. Mañana Nancy ofrecerá ideas útiles de cómo responder, cambiar y hacer las cosas bien, y ahora, Nancy regresa con nosotras para orar.

Nancy: Oh Padre, cuánto Te pido que nos des convicción de cómo nuestras palabras han sido destructivas, cómo han dividido, han hecho daño y han sido diabólicas. Yo sé que Tú has hecho que yo me examine en el transcurso de este estudio, y me has llevado a ser más cuidadosa de las cosas que digo. No estoy tratando de destruir la reputación de nadie.

Oh Dios, perdóname por las veces cuando las cosas que he dicho han sido destructivas y han sido diabólicas. Oh Dios, ¿podrías domar nuestras lenguas? No podemos domarlas nosotras mismas, pero ¿podrías hacerlo Tú? Por el poder de Tu Santo Espíritu, podrías cambiar nuestros corazones y perdonarnos por el orgullo y la envidia y los celos y el espíritu competitivo y ese espíritu contencioso que a menudo nos lleva a decir cosas que no son edificantes o alentadoras, sino que son calumniadoras y maliciosas.

Purifícanos, Señor. Perdónanos. Límpianos. Purifica nuestros corazones y nuestras lenguas. Que podamos usar esas lenguas para unir personas, para perseguir unidad, y lo que trae paz y edificación mutua. Lo pido en el nombre de Jesús, amén.


Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

La persona más importante

Viernes 31 Julio
(Jesús dijo:) Entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista.
(Juan el Bautista dijo:) Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él.
La persona más importante

Juan el Bautista fue enviado para preparar al pueblo de Israel ante la inminente llegada de Jesús, su Mesías. Vino “para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (Lucas 1:17). Jesús dio un testimonio excepcional de Juan (primer versículo citado).

Juan el Bautista cumplió su misión de una manera destacable. Nunca se puso en primer lugar. Cuando los judíos le preguntaron, resaltó más bien lo que no era, y no lo que era. Desvió las miradas de sobre sí mismo, para dirigirlas hacia aquel a quien había venido a anunciar. Estaba satisfecho de ser solo una “voz” por medio de la cual Dios hablaba a su pueblo. Su actitud, sus palabras, y toda su manera de ser transmitían un mensaje esencial: La persona importante no soy yo, ¡es Jesús!

Tan pronto como vio a Jesús, Juan lo señaló a todos con un corazón vibrante: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Sus propios discípulos lo dejaron para seguir a Jesús. Juan no intentó retenerlos, sino que expresó su gozo diciendo: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe” (Juan 3:30).

Todos los pensamientos de ese hombre de Dios estaban vueltos hacia la Persona gloriosa de Cristo, de quien su corazón estaba lleno. Este es el resultado de tal olvido de sí mismo, el que caracteriza a un fiel siervo de Dios. En lugar de atraer las miradas y los corazones hacia sí mismo, los dirige hacia Jesucristo, la persona más importante.

Cristianos, ¡sigamos el ejemplo de Juan el Bautista!

¿Cuáles son las diferentes categorías de estudio en la teología?

The Master’s Seminary

¿Cuáles son las diferentes categorías de estudio en la teología?

Lucas Alemán

El estudio de la teología —la sistemática, más específicamente— está compuesto de diez categorías. Aunque hay muchas clasificaciones y se puede organizar de diferentes maneras, es importante comenzar por algún punto para facilitar el estudio.

La categoría más fundamental de todas es la bibliología pues identifica a la única fuente verdadera de toda la verdad cristiana: las sagradas Escrituras. Es por medio de las proposiciones en estas Escrituras que Dios ha revelado aspectos de su ser divino, como sus atributos o perfecciones, de manera más completa. En esto consiste la segunda categoría, a saber, la teología propia.

La cristología es la doctrina de la persona y la obra del Señor Jesucristo, su encarnación, la humillación durante su vida terrenal y su exaltación dentro del plan de redención —algo crucial para la fe cristiana porque si Cristo no es lo que alegó ser, entonces su expiación fue deficiente—. La doctrina de la pneumatología es la cuarta categoría que describe a la persona y obra del Espíritu Santo a lo largo de todas las Escrituras, desde Génesis hasta Apocalipsis.

La antropología es la doctrina de la humanidad que, a diferencia del secularismo, busca entender al hombre desde la perspectiva de Dios. La hamartiología, que es la sexta categoría en el estudio de la teología, está intrínsecamente relacionada con la antropología, pues define directamente a la humanidad como caída, corrompida en su relación con Dios, con otras personas y con la creación. Esta doctrina afecta obviamente a la soteriología, la doctrina de la salvación, ya que la humanidad necesita ser rescatada del pecado.

La angeleología, a menudo ignorada en el estudio de la teología, intenta captar todo lo que las Escrituras revelan respecto a los ángeles, tanto los que son santos como los que son malignos. La novena categoría es la eclesiología que define a la iglesia como «el lugar más preciado de la tierra», como dijo Charles Spurgeon. Y, por último, está la escatología que trata con los sucesos del final de los tiempos como la culminación de los propósitos redentores de Dios. Las diez categorías se relacionan entre sí debido a la naturaleza orgánica de la revelación divina y, por ende, redundan en la gloria misma de Dios.

Lucas Alemán

Lucas Alemán

Lucas Alemán es director de educación en español y profesor de Antiguo Testamento en The Master’s Seminary, y director ejecutivo de la Sociedad Teológica Cristiana. Además, es pastor en la Iglesia Bíblica Berea en North Hollywood, California. En 2016, Lucas comenzó a enseñar en The Master’s Seminary como miembro adjunto de la facultad. Si bien sus cursos de especialización son panorama del Antiguo Testamento, gramática de hebreo y exégesis de hebreo, él también da clases de exégesis de griego y teología. En 2018, se unió a la facultad de tiempo completo. Lucas y su esposa, Clara, tienen dos hijos, Elías Agustín y Enoc Emanuel.

No confundas el placer con el gozo

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

No confundas el placer con el gozo

R.C. Sproul

Cuando estaba chico mis padres me obligaban a la iglesia cada domingo por la mañana. No tenía deseos de ir. Encontraba que el servicio de adoración era aburrido y no podía esperar a que se terminara para salir a jugar. Pero todavía peor que el servicio de adoración dominical era la clase semanal de catecismo, la cual teníamos los sábados por la mañana. Esa fue mi peor experiencia en la iglesia de pequeño. Tuve que pasar por una clase de comulgante, luego siguió una clase de catecismo, donde yo y otros niños y niñas teníamos que memorizar el Catecismo menor de Westminster. Lo soporté todo para convertirme en miembro de la iglesia y terminar el curso para que mis padres estuvieran satisfechos. No me convertí a Cristo sino hasta años después.

Cuando me convertí en cristiano me encontré deseando haber puesto más atención a mi clase de catecismo. Lo único que recordaba del Catecismo menor era la primera pregunta y respuesta, y la única razón por la que recordaba esa pregunta era porque nunca pude encontrarle el sentido. La pregunta era esta: “¿Cuál es el propósito principal del hombre?”. La respuesta que teníamos que aprender y recitar era esta: “El propósito principal del hombre es glorificar a Dios, y disfrutarlo por siempre”. Simplemente no podía conectar las dos cosas. Entendía, incluso de niño, que la idea de glorificar a Dios tenía algo que ver con obedecerle, algo que ver con la búsqueda de la piedad. Pero eso no era lo que me preocupaba más. No era mi propósito principal ser un hijo obediente de Dios, ¡para nada! Y debido a que no era mi propósito principal ser un hijo obediente de Dios, no podía entender cómo había una relación entre glorificar a Dios y disfrutarlo. Para mí, las dos cosas parecían antitéticas, incompatibles.

Al buscar perdón de Dios día a día, regresamos al principio de nuestro gozo, al día en que descubrimos que nuestros nombres están escritos en el cielo.
Mi problema era que había confundido dos ideas fundacionales. No sabía la diferencia entre placer y gozo. Lo que yo quería era placer, porque asumía que la única manera de tener gozo era adquiriendo placer. Pero entonces descubrí que mientras más placer adquiría, menos gozo poseía, porque estaba buscando el placer en cosas que desobedecían a Dios. Esa es la atracción del pecado. Pecamos porque da placer. La seducción del pecado es que pensamos que nos hará feliz. Pensamos que nos dará gozo y realización personal. Pero solamente nos da sentimiento de culpa, la cual socava y destruye el gozo auténtico.

Mi conversión fue fundamentalmente una experiencia del perdón de Dios. Cuando fui salvo podría haber saltado de alegría en la lluvia, pues experimenté la diferencia entre placer y gozo. Descubrí en mi propia conversión un gran gozo.

El salmo 51 es el más grande ejemplo de arrepentimiento que encontramos en toda la Escritura. En este salmo, David, bajo la convicción del Espíritu Santo, es traído a arrepentimiento por su pecado con y contra Betsabé. Está quebrantado y contrito del corazón, y viene delante de Dios rogando recibir perdón. Dice: “Restitúyeme el gozo de Tu salvación” (v. 12a). Aquellos que han experimentado el perdón de Dios y el gozo inicial de ello siempre necesitan que ese gozo sea restituido, que el gozo pueda regresar al ser removida la culpa del pecado continuo. Al buscar perdón de Dios día a día, regresamos al principio de nuestro gozo, al día en que descubrimos que nuestros nombres están escritos en el cielo.

Hay millones de personas que nunca han experimentado el gozo de la salvación. Si eres una de ellas, te digo que no hay nada como eso en el mundo. Solo imagina a Dios borrando todo pecado que jamás hayas cometido, qué sea removida toda esa culpa que has acumulado y los sentimientos que vienen por ello. Eso es lo que Cristo vino a hacer. Quiere darnos gozo, no poder o éxito. Su regalo es el gozo que viene al saber que nuestros nombres están escritos en el cielo.

Este es un extracto del libro gratis de R.C. Sproul: «¿Puedo tener gozo en mi vida?». Publicado originalmente en el blog de Ligonier Ministries. Traducido por la Coalición por el Evangelio.

 

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

A23 – La calumnia es grave

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A23 – La calumnia es grave

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/La-calumnia-es-grave/

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: No hay ningún grado que sea aceptable de malicia ni calumnia ni maledicencia entre las mujeres cristianas. No debemos tolerar esto en nuestras vidas.

A veces pienso que simplemente nos descuidamos. Pero es un área donde no podemos darnos el lujo de ser descuidadas, porque cuando se habla calumnia, estamos haciendo la obra del diablo.

Destruye matrimonios. Destruye a los niños. Destruye los lugares de trabajo. Destruye las iglesias. Destruye las relaciones. Nos destruye a todos nosotros. Ser calumniadora destruye nuestra relación con el Señor.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy ha estado llevándonos a través de un rico estudio de Tito 2 llamado El hermoso diseño de Dios para la mujer. Dios tiene incluso un diseño para las palabras que hables antes de que tu cabeza descanse en la almohada esta noche.

Nancy: Hemos venido hoy a lo que para mí ha sido uno de los puntos más retantes y de mayor convicción de este estudio. Ahora lo compartiré con ustedes para que sean retadas y tengan la misma convicción que yo.

Estamos revisando el capítulo 2 de Tito. El apóstol Pablo le dijo a Tito que tiene que «enseñar lo que está de acuerdo con la sana doctrina» (versículo 1). ¿Cómo luce esto en nosotras las mujeres?

Bueno, empieza con las mujeres mayores. Hemos dicho que estas cosas han de ser ciertas de las ancianas, pero eso significa que las mujeres más jóvenes tenemos que estar trabajando en estas cosas e ir cultivándolas, o no vamos a ser así cuando lleguemos a ser ancianas.

El versículo 3 dice: «Las mujeres mayores también deben ser reverentes en su conducta». Observamos eso en la última sesión.

Entonces dice: «No calumniadoras ni esclavas de mucho vino». «Las mujeres mayores. . . deben ser reverentes en su conducta, no calumniadoras ni esclavas de mucho vino «(versículo 3).

Hablamos de lo que significa ser reverentes en conducta. El apóstol Pablo hace dos aplicaciones prácticas y específicas de cómo luce el comportamiento reverente: Si eres reverente en tu conducta, esto afectará tu lengua y tu templanza.

La lengua—no calumniadora; un estilo de vida de templanza—no esclavas del vino. Las mujeres que son reverentes en su conducta no son calumniadoras, y son templadas en su comportamiento.

Aquí es donde la sana doctrina —que hemos estado viendo durante los últimos programas— se pone de manifiesto. Estas son las cosas que están de acuerdo con la sana doctrina.

No se puede decir que tienes sana doctrina, si no estás viviendo de esta manera. La sana doctrina siempre se traducirá en una correcta manera de hablar y de un cierto tipo de comportamiento en nuestras vidas.

Ahora bien, en cuanto a este tema de la calumnia, yo había planeado hacer una sola sesión sobre esto. Pero en la medida en que me adentraba en el tema, me di cuenta que Dios estaba trabajando con mi propio corazón en esto, y pensé: «Esto necesita más de una sesión».

Así que nos vamos a tomar algunos programas para discutir este tema de la calumnia. Es un problema grave para Dios, y lo veremos cuando abramos Su Palabra. Es un problema grave en la iglesia. Y es un problema grave, particularmente entre las mujeres.

Así que vamos a examinar un poco este tema de la calumnia, y luego pasaremos a la cuestión de no ser esclavos de mucho vino, y las cuestiones más amplias sobre la templanza y las adicciones y lo que la Palabra de Dios tiene que decir al respecto. Así que por aquí es por donde nos dirigiremos en los próximos días.

Las mujeres «deben ser reverentes en su conducta, no calumniadoras». Otra traducción dice que no deben ser «chismosas» (TLA). La Reina-Valera dice: acusadores falsos.

Son traducciones de la misma palabra. Un comentarista sugiere que la palabra significa «proveedores de intriga o escándalo.»1 Me pareció que era bastante gráfico. Las mujeres no debemos ser proveedoras—o personas que producen—intriga o escándalo. No estamos simplemente pasando algunos pequeños y jugosos chismes de aquí para allá.

En la Biblia, la palabra que se traduce como «calumniadoras» o «chismosas” es la palabra griega diábolos. Es la palabra de la cual proviene la palabra diabólica. Viene de dos palabras: dia o dio, que significa «a través», y bolos, lo que significa «lanzar a través de».

Esto adquiere aun más significado cuando vemos este concepto de la calumnia. El término diábolos se utiliza 38 veces en el Nuevo Testamento. Treinta y cuatro de esas veces la palabra es un nombre para Satanás, el diablo.

Satanás es el padre de la mentira. Él es un calumniador. Se le llama diábolos. Treinta y cuatro veces (de esas 38) eso es lo que significa la palabra.

¿Cómo es Satanás calumniador? Lo ves de varias maneras. En primer lugar vemos que desde el inicio de las Escrituras, Satanás ha acusado y calumniado a Dios con el hombre.

Por ejemplo, Satanás se acercó al hombre y a la mujer en el Jardín del Edén, y él acusó y calumnió a Dios. En Génesis 3, dijo, en esencia, «Dios no ha dicho la verdad. ¿Dijo Dios, ciertamente morirás? No vas a morir. Dios no está diciendo la verdad». [Cf. versículos 1-5].

Mintió sobre las consecuencias de comer la fruta, y luego él calumnió a Dios por sugerir que las restricciones de Dios eran innecesarias o excesivas, e irracionales. Él estaba atacando la verdad, la veracidad de la Palabra de Dios. Él calumnió a Dios con el hombre.

No solo ocurrió en el Jardín del Edén. Satanás aún está difamando y acusando a Dios. Y lo hace con nosotros. Pensamientos como estos:

● ¿Dónde estaba Dios cuando lo necesitabas?

● No se puede confiar en Él.

● Su Palabra no es cierta.

● No lo necesitas.

● Puedes hacer esto por ti mismo.

● Dios no te ama verdaderamente.

● Si te amara, habría ___________ [o] no habría ____________.

¿Qué está Satanás haciendo? Calumnia a Dios con nosotros, haciendo que Dios luzca irrazonable, falso, desleal, poco sabio, poco bondadoso. Él está calumniando a Dios.

De manera que Satanás acusa y calumnia a Dios con el hombre. Pero Satanás también acusa y nos calumnia a nosotros con Dios. Él calumnia al pueblo de Dios. En Apocalipsis 12:10 se le llama «el acusador de nuestros hermanos». Continuamente hace acusaciones sobre el pueblo de Dios ante el trono de Dios.

Algunas de ustedes recordarán un ejemplo de esto en Job 1:7-11, donde Satanás se presentó ante Dios y le dijo: «Vamos a hablar de Job.» En realidad, fue Dios quien mencionó a Job, y en ese contexto Satanás lo calumnió.

Él acusó a Job de estar comprometido con Dios solo por lo que podía obtener de esa relación. «Él es un amante pagado.»

Satanás alegó que si Dios le quitara todas las cosas que eran preciosas para Job, este lo maldeciría en su cara. Él calumnió a Job.

Y nos calumnia a nosotros. Nos ataca. Acusa a los hermanos ante el trono de Dios.

Así que diábolos —34 veces en el Nuevo Testamento— se refiere a Satanás, quien es el calumniador, el acusador. En tres de las ocasiones que esta palabra se utiliza está haciendo referencia a una persona que difama o acusa falsamente a los demás.

Déjame darte un ejemplo. Busca en la Biblia 1 Timoteo 3, y verás estos dos usos en el mismo contexto. Comenzando en el versículo 6, hay tres usos de la palabra griega diábolos, en los versículos 6-11. Vamos a leer parte de ese pasaje.

En primer lugar él está hablando sobre aquellos que van a ser los líderes espirituales en la iglesia. El versículo 6:

No un recién convertido, no sea que se envanezca y caiga en la condenación en que cayó el diablo. [Esa es la palabra diábolos.]

El versículo 7:

Debe gozar también de una buena reputación entre los de afuera de la iglesia, para que no caiga en descrédito y en el lazo del diablo. [diábolos].

El versículo 8 y 11:

De la misma manera, también los diáconos deben ser dignos, de una sola palabra, no dados al mucho vino, ni amantes de ganancias deshonestas. De igual manera, las mujeres deben ser dignas, no calumniadoras [diábolos], sino sobrias, fieles en todo.

Así que aquí vemos dos veces en este pasaje que diábolos se refiere a Satanás. La tercera vez se está refiriendo a una mujer que habla de tal manera que luce parecida al diablo; es diabólica.

Ser calumniador, hacer falsas acusaciones, ser chismoso y malicioso es ser diabólico. Es parecerse al diablo. Es participar en las obras y el carácter del mismo Satanás. Cuando nosotros calumniamos a los otros, estamos haciendo la voluntad de Satanás y cumpliendo su plan.

Ahora, ¿puedes ver por qué digo que la calumnia no es poca cosa y por qué Dios toma esto tan en serio y por qué es tan mortal y destructivo para la iglesia de Jesucristo?

Es interesante que dos de las tres ocasiones donde diábolos se refiere a la calumnia, se está hablando específicamente a las mujeres. Creo que eso es porque, como mujeres, somos más propensas a caer en esta tentación; es una tentación en la que fácilmente nos vemos inclinadas a tropezar con nuestras lenguas.

¿Qué es exactamente la calumnia? Legalmente, la calumnia es una declaración falsa sobre una persona, que dañe o difame a su reputación. Es dar testimonio falso con la intención de dañar a otra persona o su reputación.

Hay una palabra relacionada en el Nuevo Testamento. En el griego es la palabra blasphemia, de la cual obtenemos nuestra palabra blasfemia . Esa es la palabra griega que más comúnmente es traducida «calumnias» o «maledicencias» en nuestras Biblias.

Esa palabra significa «injuriar, herir a la reputación o golpear con informes o con palabras, hablar mal de otra persona». Es una palabra muy relacionada con esta palabra diábolos.

Hay algunos pecados relacionados con la lengua que entran en juego aquí, y creo que todos están bajo la categoría de la calumnia.

● Difundir un informe falso sobre alguien.

● La difusión de información perjudicial sobre otro, lo que la Escritura llama «andar en chismes».

● Reportar la verdad con la intención de hacer daño.

¿Notas los diversos matices allí?

● Puede ser un falso informe, algo que no es cierto.

● Puede ser alguna información perjudicial sobre otro que difundimos—andar en chismes.

● Incluso puede ser decir la verdad con la intención de dañar o perjudicar la reputación de alguien.

Así que cuando Pablo dice que las mujeres mayores sean reverentes en su comportamiento y no calumniadoras, significa que deben rehusarse a escuchar o difundir informes o historias de otros que son falsos (que no son verdaderos) o que son perjudiciales—que podría ser perjudicial para esa persona.

La calumnia es un asunto serio para Dios. Es uno de los Diez Mandamientos. Éxodo 20:16 dice: «No darás falso testimonio contra tu prójimo».

Éxodo 23:1 nos dice, «No propagarás falso rumor; no te concertarás con el impío para ser testigo falso». No lo hagas. No vayas allí.

Proverbios 6:16 dice: «Hay seis cosas que el Señor aborrece, y siete que son una abominación para él», y luego en el versículo 19, justo en esa lista dice, «el testigo falso que respira mentiras». Es una abominación para Dios.

Por cierto, en esa misma lista está la persona que provoca discordia entre los hermanos. Los dos a menudo van de la mano—provocar la discordia y ser un testigo falso que respira mentiras.

La gente que calumnia a otros a menudo lo hace con la intención de dividir. Pero incluso, si esa no fuera su intención, es el efecto. Al final siembran la discordia, la división; crean brechas y barreras entre las personas mediante el uso de la lengua para calumniar.

Efesios 4:31 dice, «Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia». Pablo dice: «Deshazte de eso».

No hay ningún grado aceptable de malicia o calumnia o maledicencia entre las mujeres cristianas. Esto es algo que no debemos tolerar en nuestra vida.

Al estudiar y pensar en esto esta semana, parte de mí se pregunta cuánto diría yo si realmente tuviera niveles de cero tolerancia para esto en mi propia vida. Estoy segura de que no tendría mucho que decir.

Y la intención no siempre es maliciosa. A veces pienso que simplemente actuamos sin cuidado. Pero es un área en la que no podemos darnos el lujo de ser descuidadas, porque cuando se calumnia, estamos haciendo la obra del diablo.

● Destruye matrimonios.

● Destruye a los niños.

● Destruye los lugares de trabajo.

● Destruye las iglesias.

● Destruye las relaciones.

● Nos destruye a nosotros.

● Ser calumniador destruye nuestra relación con el Señor.

En Tito 2, que es el pasaje que estamos viendo, el versículo 3, dice que las mujeres piadosas, las mujeres ancianas, no deben ser difamadoras. Hay un contraste con esto en el próximo capítulo 3:1, donde Pablo dice: «Recuérdales que estén sujetos a los gobernantes, a las autoridades; que sean obedientes… que no injurien a nadie” (3:1-2).

La palabra aquí no es la palabra diábolos. Es la palabra blasphemeo—injuriar, blasfemar. Él dice que no debemos «injuariar» a nadie.

¿Qué significa eso, «nadie»? Significa no hablar mal de nadie.

Santiago 4:11 dice: «No habléis mal unos de otros, hermanos». La palabra es otra palabra griega [katalaleo], pero es una palabra similar. Significa «hablar en contra, permitir que salgan palabras que no han sido pensadas».

Como ya he dicho, a veces es inconsciente, es hablar con descuido. Santiago dice: «No lo hagas. No hablen mal el uno contra el otro. No permitas que salgan de tu boca palabras irreflexivas”.

Este es un verso que lo dice muy claramente: (Proverbios 10:18). «El que esparce calumnia es un necio».

¿Quién es el necio? Un necio no es alguien intelectualmente deficiente. Un necio es alguien que es moralmente deficiente. Un necio es alguien que ordena su vida como si Dios no existiera.

Proverbios dice que si esparces calumnia en contra o hacia los demás, eres un necio. Ordenas tu vida como si Dios no existiera y no tuvieras que rendir cuentas.

Pero el hecho es que hay un Dios, y serás responsable de todas las palabras vanas o vacías o inútiles o calumniosas. «El que esparce calumnias es un necio».

En el Antiguo Testamento el castigo fue bastante duro. Permítanme leerles un pasaje de Deuteronomio 19

Si un testigo falso se levanta contra un hombre para acusarle de transgresión, los dos litigantes se presentarán delante del SEÑOR, delante de los sacerdotes y de los jueces que haya en esos días. Y los jueces investigarán minuciosamente; y si el testigo es un testigo falso y ha acusado a su hermano falsamente, entonces le haréis a él lo que él intentaba hacer a su hermano. Así quitarás el mal de en medio de ti. Los demás oirán y temerán, y nunca más volverán hacer una maldad semejante en medio de ti. (Versículos 16-20).

¿Por qué crees que Dios lo toma tan en serio? Porque es tan parecido a Satanás el mentir, engañar, dar falso testimonio, acusar falsamente. Es tan divisivo. Es mortal. Es destructivo.

Dios sabe que esto destruye la comunidad de fe. Él sabe que destruye y divide las relaciones. Entonces Él dice, si vas a hacer acusaciones falsas, si vas a decir cosas que no son verdaderas, entonces vas a dar cuenta por tus palabras.

Ahora bien, me alegra saber que ya no implementan este sistema en la actualidad. Pero Dios dijo que vas a cosechar lo que siembras. Y cualquier daño que intentaste hacer a la otra persona, cualquiera que haya sido tu intención, eso es lo que te va a suceder a ti.

Eso es realmente lo que Jesús ha reiterado en el Nuevo Testamento. Es lo que vamos a experimentar. Vamos a experimentar la misericordia. Pero los que juzgan a otros, aquellos que tienen intenciones maliciosas o hablan mal de los demás, ellos cosecharán lo que sembraron.

Nuestras palabras nos perseguirán. No siempre recogeremos la cosecha inmediatamente. Pero vamos a recoger la cosecha. Así que Dios dice, «Esto es algo que tiene que ser purgado de ustedes. No debe tener lugar en la iglesia de Jesucristo».

Es algo que tenemos que examinar, que tenemos que evaluar y ponderar. Tenemos que decir: «¿Hay calumnia? ¿Hay rumores maliciosos? ¿Hay cosas verdaderas que se dicen con la intención de hacer daño, a espaldas de los demás, a otras personas, incluyendo otras personas en la conversación que no son parte del problema ni parte de la solución?»

Estamos diciendo cosas sobre otros que no son productivas. No son verdaderas. No son edificantes. No están edificando. Están destruyendo.

Dios dice que no debemos hacerlo. Saquen la maldad de en medio de ustedes. Y cuando los demás vean las consecuencias, temerán, y ellos «nunca más cometerán una maldad semejante».

La comunidad de la fe, el cuerpo de Cristo, se supone que sea un lugar seguro para los pecadores que están en proceso de ser redimidos. Pero cuando maliciosamente, con negligencia o descuidadamente decimos palabras que derriban, que difaman, que son engañosas o falsas o perjudiciales en su intención, estamos deshaciendo la obra que el Espíritu de Dios está tratando de hacer en Su pueblo.

«Muerte y vida están en poder de la lengua» (Proverbios 18:21). Podemos construir con nuestras lenguas. Podemos animar a la gente en ese proceso de la santificación, o podemos decir palabras que destruyen y derriban.

Entonces, ¿qué debemos hacer? El primer paso es ser honestos. Simplemente estar de acuerdo. Reconocer: «Señor, he sido calumniador. He difamado a los demás».

En el próximo par de sesiones, vamos a hablar más de lo que hace la calumnia y por qué es tan letal, y también lo que podemos hacer al respecto. Pero podemos empezar diciendo simplemente: «No es mi hermano, no es mi hermana, soy yo Señor, aquí que necesita oración», y reconociendo: «Señor, he pecado con mi lengua».

Ya seas una anciana o una mujer más joven, reconoce: «Yo no he sido reverente en mi conducta, en la forma en que hablo de los demás.» Es posible que no hayas dicho estas cosas en lugares públicos, sino quizás a algunos individuos.

A veces enmascaramos esas cosas como peticiones de oración, como motivo de preocupación. A veces estas cosas se pasan de lo adecuado y si tienes alguna duda o pregunta, quizás no debas decirlo.

Quiero que inclinemos nuestro corazón delante del Señor por un momento. Permite que el Espíritu Santo te escudriñe. Quizás Dios esté trayendo a tu pensamiento conversaciones o situaciones o personas que has calumniado. Si el Espíritu de Dios ha traído convicción a tu corazón, ¿te pondrías de acuerdo con Dios?

Di: «He pecado contra Ti al calumniar con mi lengua. Me he dado cuenta hoy día, Señor, que Tú tomas esto muy en serio, y quiero tomarlo seriamente también».

Señor, Te pido que nos muestres a cada uno de nosotros la raíz de nuestros problemas y nuestros corazones; las cosas que pudieran producir este fruto horrible y diabólico de la calumnia y que nos ayudes a lidiar, no solo con los asuntos superficiales, sino a cortar de raíz aquello que pudiera estar en nuestros corazones que cause la calumnia.

Te pedimos que en los próximos días nos hables, nos traigas convicción y nos recuerdes de esto en la medida que salgamos de este lugar y nos enfrasquemos en conversaciones. Te ruego que al salir de aquí, Señor, llenes nuestras bocas con palabras que sean edificantes y provechosas y beneficiosas y valiosas; palabras que estimulen y fortalezcan y den vida a aquellos sobre quienes las hablamos.

Gracias, Señor. Ayúdanos a ser mujeres reverentes que Te honren y Te glorifiquen—que Te glorifiquemos con nuestras lenguas. Te lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Carmen: Nunca había pensado en el chisme y la calumnia de la manera en que Nancy Leigh DeMoss lo ha estado describiendo hoy. Espero que pases más tiempo en Tito 2 por ti misma. Piensa en la posibilidad de la maldad y en tu lengua, y pídele a Dios que te ayude a hablar palabras de vida.

Si es la primera vez que escuchas este programa, se llama Aviva Nuestros Corazones, y es conducido por Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. Nuestra serie actual se titula, El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 . Toda mujer necesita entender este pasaje. Gracias por conectarte con nosotros hoy.

Queremos escuchar de ti, el número es 1-800-569-5959. Puedes hacer tus donaciones en línea visitando www.AvivaNuestrosCorazones.com.

En nuestra próxima entrega, aprende sobre el homicidio verbal. ¿Qué quiere decir Nancy con esta frase? Regresa para saber de qué se trata, en el siguiente programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Toda la Escritura es tomada de la versión Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1 Thomas C. Oden, Interpretación: Un Comentario de la Biblia para enseñar y predicar. Primera y Segunda a Timoteo y a Tito (Louisville: John Knox Press, 1989).

2 Zodhiates NT.

3 Ibid.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Dos maneras de nacer y de vivir

Jueves 30 Julio
El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
Para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.
Dos maneras de nacer y de vivir

Todos hemos entrado al mundo de la misma manera, por medio del nacimiento, saliendo del seno materno. Sin embargo, la Biblia también nos habla de la necesidad de un nuevo nacimiento, el cual es producido por el Espíritu Santo. Se trata del momento en el cual una persona recibe la vida eterna y entra en la familia de Dios. ¿Qué se debe hacer para obtener esa vida? Simplemente aceptarla como un regalo de Dios. El que confiesa sus pecados y cree en Jesús el Salvador, quien murió en la cruz para expiarlos, recibe ese don.

La Biblia solo reconoce dos maneras de vivir.

1. Puedo considerar mi vida como un bien personal, como un capital del cual puedo disponer y gastarlo según mi conveniencia, sin tener en cuenta a nadie. Esta es la historia del hijo rebelde que dejó el hogar paterno para vivir su vida (Lucas 15:12-32).

2. Puedo creer en Jesucristo y aceptar la invitación de Dios a vivir para él. En adelante vivo para Aquel que me amó y a quien amo. Vivo de otra manera, para complacerlo. Jesús me amó al punto de morir para salvarme, y ganó el primer lugar en mis afectos. Si antes mi propia voluntad me alejaba de Dios, ahora Su voluntad buena y sabia conduce mi vida. Esto no será una penosa servidumbre, sino la feliz respuesta de mi amor al suyo.

“En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Juan 3:16).

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Josías Grauman

Josías Grauman

Josías es licenciado en idiomas bíblicos por The Master’s University y con Maestría en Divinidad por The Master’s Seminary. Sirvió durante cinco años como capellán del Hospital General de Los Angeles (California), y sirvió como misionero por dos años en la Ciudad de México. En la actualidad , está encomendado como anciano de la iglesia Grace Community Church donde sirviendo en el ministerio hispano. Josías y su esposa Cristal tienen tres hijos.

Esperanza

Miércoles 29 Julio

El Señor es mi pastor; nada me faltará… Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo.Salmo 23:1, 4

El justo en su muerte tiene esperanzaProverbios 14:32

Sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús.2 Corintios 4:14

Esperanza

Poco antes de su muerte, un filósofo ateo estaba profundamente desesperado. Estas palabras son atribuidas a él: «Sé que debería morir con la esperanza de obtener algo mejor, pero la esperanza debe tener un fundamento…». Desgraciadamente, aquel filósofo no lo tenía.

En contraste con esto, el patriarca Job tenía una esperanza sobre la cual fundaba su fe. Mientras sufría intensamente debido a su enfermedad, y sin saber si sanaría, podía decir: “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios” (Job 19:25-26). Aunque el sufrimiento lo agobiaba y traía preguntas que permanecían sin respuesta, él esperaba y creía en su Redentor.

Muchos creyentes pueden sentir angustia frente a la muerte. Pero incluso si temen ese momento final, el Señor Jesús les da la paz y la esperanza de la resurrección. Así, a la hora de partir con el Señor, tienen la certidumbre de estar para siempre con él.

En efecto, el que cree en Jesucristo sabe que su Salvador murió en la cruz por sus pecados, y que venció a la muerte, resucitando al tercer día. Esta es la base de su fe. Sabe que como su Redentor resucitó, él también resucitará para vivir eternamente con él. Su futuro y su esperanza son una realidad viva, alcanzada ya por la fe.

¿Posee usted esa fe que da la seguridad más allá de la muerte?

Jeremías 2 – Lucas 11:29-54 – Salmo 89:15-18 – Proverbios 20:12-13©

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

31/62 – La gran comisión en ejecución

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Hasta los confines de la tierra

31/62 – La gran comisión en ejecución

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

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