3/5 – Manifestaciones Torcidas

Alimentemos El Alma

Serie: Un Llamado Al Discernimiento

3/5 – Manifestaciones Torcidas

Justin Peters

Sesión 2

«Los peligros del movimiento Palabra de Fe son tanto reales como penetrantes. El mensaje desde miles de púlpitos es que Dios te quiere feliz, saludable y rico. Pero esto no es cristianismo bíblico, así como Justin Peters demuestra adecuadamente en su excepcional presentación. Con claridad y credibilidad, Peters desenmascara al movimiento Palabra de Fe por lo que realmente es, «una farsa». Las Iglesias locales se beneficiarán grandemente de su experiencia personal y vasta investigación en este importante tema» John MacArthur, pastor Grace Community Church, Sun Valley, CA, EEUU.

Como evangelista a tiempo completo, Justin Peters (M. Div/B.L.; Th. M., SWBTS) ha sido llamado a predicar la palabra de Dios. Adicionalmente a esta investigación académica, Justin ha asistido a numerosas cruzadas de Palabra de fe y ha atestiguado la explotación de los pobres, enfermos y desesperados. La más grande preocupación, sin embargo, es que el nombre de Dios es blasfemado y Su Evangelio distorcionado en un evangelio diferente.

«Estos son manchas ocultas en vuestros ágapes, cuando banquetean con vosotros sin temor, apacentándose a sí mismos; son nubes sin agua llevadas por los vientos, árboles de otoño sin fruto, dos veces muertos y desarraigados» Judas 1:12

http://www.justinpeters.org

 Episodio 22 – ¿El lanzamiento de una moneda puede revelar la voluntad de Dios?

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

¿El lanzamiento de una moneda puede revelar la voluntad de Dios?

 Episodio 22

SOBRE NOSOTROS

Es el podcast Ask Pastor John en Español, en la voz de Nathan Díaz. Disponible también en videos.

Nuestra misión es predicar el Evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo por todos los medios online, a todo el mundo.

La advertencia de R.C. Sproul con respecto a la oración

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

La advertencia de R.C. Sproul con respecto a la oración

R.C.Sproul

Necesito hacer una advertencia. En nuestros días, muchas personas han vuelto a descubrir el poder de la oración. Esto es algo bueno; no hay nada más emocionante en la vida cristiana que orar específicamente, para expresar un deseo, para hacer una solicitud o una petición a Dios, y luego ver cómo Él responde esa solicitud de manera específica y clara. Es bueno recibir lo que pedimos, pero el beneficio añadido es la seguridad que adquirimos de que Dios escucha nuestras oraciones y las responde.

Sin embargo, algunos llevan esto a un extremo y saltan a la conclusión de que la oración es una especie de varita mágica, que si oramos con el sonido correcto, de la manera correcta, con las frases correctas, y en la postura correcta, Dios está obligado a responder. La idea parece ser que tenemos la capacidad para obligar al Dios Todopoderoso para que haga por nosotros lo que nosotros queremos que se haga, pero Dios no es un botones celestial que está disponible cada vez que presionamos el botón, a la espera de servirnos en cada una de nuestras solicitudes.

Es posible que respondas que la Biblia parece decir que Dios está dispuesto a darnos prácticamente cualquier cosa que pidamos. Podrías mencionar que Jesús dijo: “Pidan, y se les dará; busquen, y hallarán; llamen, y se les abrirá” (Mat. 7 :7). Podrías recordar que Jesús dijo, “Y todo lo que pidan en oración, creyendo, lo recibirán” (Mat. 21:22). Podrías incluso mencionar que Él dijo: “Si dos de ustedes se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan aquí en la tierra, les será hecho por mi Padre que está en los cielos” (Mat.18:19).

Versos en su contexto

Tenemos que ser muy cuidadosos en nuestro manejo de estos versos, teniendo cuidado de interpretarlos en su contexto. Piensa en ello: a cualquier número de personas le gustaría ver una cura para el cáncer. Estoy seguro de que podría encontrar al menos unas pocas personas que estarían de acuerdo conmigo en esto, así que si dos o tres de nosotros nos reunimos y acordamos que una cura para el cáncer sería bueno, y luego oramos sobre eso, ¿estaría Dios obligado a responder?

Jesús dijo claramente: “Si dos de ustedes se ponen de acuerdo… les será hecho”, pero Él hizo esta declaración en el contexto de una gran cantidad de información acerca de la oración auténtica que Él ya había dado a sus discípulos. No podemos simplemente venir a un texto y escoger un verso sin examinar todas las cualificaciones que nuestro Señor dio en su enseñanza completa de la oración. Hacerlo así es arriesgarse a terminar con una visión mágica del asunto.

Criaturas del tiempo

Una de las razones por las que somos atraídos a la superstición y prácticas impías es que somos criaturas del tiempo. Como resultado de ello, estamos ansiosos. No sabemos lo que el mañana va a traer. Mi primera oración de niño fue: “Ahora me acuesto a dormir. Le pido al Señor que cuide mi alma. Si muero antes de despertar, pido al Señor que tome mi alma”. Esa última frase siempre me dio miedo, la parte de morir antes de despertar. No sabía si iba a morir antes de que me despertara. En realidad, no mucho ha cambiado desde entonces. No sé lo que esta tarde va a traer a mi vida. No sé lo que el mañana, la próxima semana, o el próximo año va a traer a mi vida, y tampoco tú. Vivimos siempre al borde de la eternidad, como criaturas finitas. Y eso trae ansiedad a nuestras almas.

¿No es interesante que uno de los negocios más lucrativos en los Estados Unidos de América en el siglo XXI, un tiempo de gran progreso en la educación, un tiempo de explosión del conocimiento, sigue siendo la práctica de la astrología? Lo he dicho muchas veces, que podría pedir a mis estudiantes del seminario a que nombren las doce tribus de Israel, y estaría muy feliz si pudieran nombrar ocho o nueve. Pero podría pedirles que nombren los doce signos del zodíaco, y prácticamente cada uno de ellos, dado el tiempo suficiente, podría nombrar todos los doce. No creo que ello signifique que estén más interesados en la astrología que en la historia bíblica, pero ello sugiere que la astrología es un fenómeno que está muy extendido en nuestra cultura. ¿Por qué? Porque queremos conocer el futuro.

Eso no es lo que significa vivir en la fe cristiana. Mi mañana y tus mañanas están en las manos de Dios. Hacemos nuestras peticiones ante Él y confiamos nuestros mañanas a su soberanía. Estoy encantado de que mi futuro no esté en las manos de las estrellas o los adivinos. Más bien, mi futuro está en las manos de la voluntad del Dios soberano.

Este extracto se toma del folleto, Preguntas Cruciales” de R.C. Sproul “¿Puede la oración cambiar las cosas?”ozo en mi vida? por R. C. Sproul.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

 

1/3 – La bendición sacerdotal

Aviva Nuestros Corazones

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-bendicion-sacerdotal/

Serie: El Señor te bendiga y te guarde

1/3 – La bendición sacerdotal

Carmen Espaillat: ¿Qué es una bendición? Escucha a esta mujer explicándolo a partir de su propia experiencia.

Mujer: Al final de la vida de mi padre cuando estaba en el hospital, la familia se congregó alrededor de él. Él nos pidió que le llevaramos a su única bisnieta. Cuando se la colocaron en sus brazos él citó Números 6:24-26, “El SEÑOR te bendiga y te guarde; el SEÑOR haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; el SEÑOR alce sobre ti su rostro, y te dé paz”.

Yo me senti muy orgullosa de él por haber hecho eso, por ver cómo su mente estaba tan enfocada en el Señor y en dejar un legado.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia Saladín.

Nancy quiere ofrecer una bendición para todo tiempo y momento de nuestras vidas. Probablemente has escuchado antes la palabra bendición pero ¿sabes realmente lo que significa? Nancy va a ofrecernos una perspectiva fresca de esto en la serie El Señor te bendiga y te guarde.

Nancy Leigh DeMoss: Si tienen en sus iglesias un boletín con el programa de los cultos, habrán observado que a veces al final aparece esta palabra: bendición. ¿Qué queremos decir cuando decimos que van a dar una bendición al final de un servicio? ¿Qué significa esa palabra? La palabra bendición significa «hablar bien, hablar palabras de paz o de bendición».

Hoy quiero que estudiemos una de las bendiciones más maravillosas en toda la Palabra de Dios. Hay varias bendiciones en la Escritura. Al final de muchas de las epístolas del Nuevo Testamento, encontrarás algunas hermosas bendiciones que nos animan en nuestro caminar diario.

Al final de 1ra a los Corintios, Pablo dice: «La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros. Mi amor sea con todos vosotros en Cristo Jesús» (1 Corintios 16:23-24). Y al final de Romanos dice, «La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros» (Romanos 16:20).

Y así, una y otra vez en las Escrituras vemos bendiciones -alguien habla una palabra de bendición. Y puedo imaginármelo, como en el caso de algunas iglesias, cuando el pastor inclusive levanta sus manos como Cristo levantó sus manos mientras se preparaba para volver al cielo al final de su ministerio terrenal.

Él levantó sus manos sobre sus discípulos y les habló palabras de bendición. En ese caso fue una bendición de despedida, que es como a menudo lo hacemos al final de los cultos de la iglesia y la forma en que aparece al final de muchas de las epístolas del Nuevo Testamento.

Pero cuando vamos al Antiguo Testamento, hay una bendición en particular, que es especialmente conocida. He escuchado esta bendición muchas veces en los últimos años. Yo se la he dicho a muchas personas. En los últimos días, la he estado estudiando y he encontrado que hay en ella mucha riqueza y enseñanzas frescas del Señor que han ministrado una bendición especial a mi vida. Quiero que tomemos tiempo para estudiar esta hermosa bendición.

Si tienes tu Biblia, por favor ábrela en Números capítulo 6. Quiero leer a partir del versículo 22 hasta el final del capítulo. Números capítulo 6, versículo 22:

“Entonces habló el SEÑOR a Moisés, diciendo: Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: «Así bendeciréis a los hijos de Israel. Les diréis: ‘El SEÑOR te bendiga y te guarde; el SEÑOR haga resplandecer su rostro sobre ti,
y tenga de ti misericordia; el SEÑOR alce sobre ti su rostro, y te dé paz.’ Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré.”

Ahora, vamos a desglosar este pasaje palabra por palabra, frase por frase. Esa es la forma en la que debemos estudiar las Escrituras. Simplemente te detienes y meditas en una frase una oración una parte de esa frase y le pides al Espíritu Santo que te ayude a pensar en otros pasajes de las Escrituras que se relacionan con ese pasaje, que arrojan luz sobre él, para entender qué es lo que Dios está diciendo Luego, y a medida que estudiamos, le pedimos a Dios que la aplique a nuestros propios corazones.

Esta es una bendición sacerdotal. Dios habló a Moisés, y le dijo: «Esto es lo que vas a decirles a Aarón y a sus hijos que deben hacer». Ahora, ¿quién fue Aarón en relación a Moisés? Aarón fue el hermano mayor de Moisés. Pero Aarón también tuvo un papel muy especial. Él fue el primer Sumo Sacerdote de Israel. Así que Dios le dijo a Moisés: «Ve a tu hermano y dile que como sacerdote sobre mi pueblo él es el que debe bendecirlos». Él debe ofrecer una bendición sacerdotal.

Algunas personas llaman a esta bendición, la bendición de Aarón. Eso significa que llegó a través de Aarón. Aarón debía bendecir al pueblo de Israel y esta es la bendición que Dios le instruyó que impartiera.

Ahora bien, al estudiar esta bendición, veremos que se basa en una relación de pacto. Las personas que están siendo bendecidas, no son los moabitas ni los amonitas ni los hititas ni todos los «itas» que viven en la tierra de Canaán, hacia donde los hijos de Israel se dirigen.

Hay un sentido en el que Dios bendice justos e injustos. Él manda la lluvia a los que somos sus hijos, así como también a aquellos que no son sus hijos y Él le regala el sol a ambos también. Hay algunos favores y algunas bendiciones generales y comunes que Dios ofrece a todos, pero hay ciertas bendiciones que Dios reserva para aquellos que son Sus hijos.

Esta fue una bendición especial para Israel. A la luz del Nuevo Testamento, creo que es una bendición que se puede aplicar a nosotras como hijas de Dios también.

Ten en cuenta que no es el sacerdote quien inicia esta bendición. Es Dios quien la inicia. Vemos que Dios es la fuente, el manantial de toda bendición. La bendición es una idea de Dios. Dios lo penso. Dios piensa en ello. Él es quien tomo la iniciativa de bendecir a los hijos de Israel. Y él es quien toma la iniciativa de bendecirnos en nuestras vidas.

En cuanto al contexto inmediato en el libro de Números, vemos que los hijos de Israel están en el desierto. Acaban de salir de Egipto, donde fueron esclavos por 400 años. Han sido librados por Dios a través del derramamiento de la sangre del cordero Pascual. Dios los ha librado de Egipto. Él los llevó a través del Mar Rojo, los libró de sus enemigos, los egipcios. Ellos han estado en el monte Sinaí, donde han recibido la Ley de Dios, y ahora es el momento en que van entrar en la Tierra Prometida.

Lo que Dios sabe en este momento –pero que los hijos de Israel desconocen- es que van a pasar los próximos 30 años – tal vez como dos millones de judíos –deambulando por la tierra a través de este desierto árido. Dios sabe que van a necesitar esta bendición.

Dios sabe en qué desierto te encuentras en este momento. Dios sabe el desierto por el que transitarás en un año o en dos o en 38 años a partir de ahora. Dios prepara sus bendiciones a la medida, de forma que sean exactamente lo que Él sabe que necesitaremos en ese momento y en esa etapa de la vida.

¿Qué iban a necesitar los hijos de Israel en ese desierto? Bueno, iban a necesitar protección. Iban a necesitar provisión. ¿Quién iba a alimentar a todos estos judíos? ¿De dónde iban a conseguir alimento para cada día? De hecho, ellos le dijeron a Dios una vez, «¿Puedes preparar una mesa en el desierto?» ¿Cómo se alimentan dos millones de personas en un desierto donde no hay restaurantes de comida rápida?

Ellos iban a necesitar provisión. Iban a necesitar de la presencia de Dios. Iban a necesitar la bendición de Dios. Ellos no podrían sobrevivir sin eso.

No importa dónde tú o yo estemos caminando, realmente estamos siempre en un lugar en la vida donde no podemos sobrevivir sin la bendición de Dios. Necesitamos Su bendición y Dios lo sabe. Así que por eso envió esta bendición para llevar aliento y esperanza y paz a sus hijos en medio de circunstancias difíciles de su vida.

Dios sabía que iba a ser difícil. Él sabía que llegarían a lugares donde no habría agua, o donde no habría nada de comer, o donde serían amenazados por los enemigos. Dios les dijo de antemano, «He preparado una bendición para ustedes». Esa era una bendición que acompañaría a los hijos de Israel y que los cubriría durante todos esos años de vagar por el desierto, y luego más adelante en la tierra prometida y durante todas las batallas que enfrentarían allí.

Esta bendición era un recordatorio:

● del amor de Dios por Sus hijos

● de Su devoción hacia ellos

● de Su atención

● de que Dios estaba pensando en ellos

● de que Él estaba consciente de ellos

● de que Él tenía sus ojos puestos sobre ellos

● de que Él conocia sus necesidades, incluso antes de que ellos las supieran.

Probablamente ellos no se daban cuenta de lo rápido que estarían en necesidad, desesperadamente, pero Dios si lo sabía.

Esta bendición es dada por Dios a través de Sus sacerdotes a S u pueblo y consiste realmente en una serie de peticiones, pero también es una promesa. Es una promesa de que tendrán el favor de Dios, que Él pondrá Sus ojos sobre Su pueblo; que Él atenderá sus necesidades.

Hemos dicho que ese es el contexto inmediato: los hijos de Israel en el desierto necesitan desesperadamente la bendición de Dios y sus promesas. A medida que exploramos esta bendición y comenzamos a estudiarla juntas, vamos a ver que esta bendición del Antiguo Testamento apunta hacia una bendición muy importante que veremos en el Nuevo Testamento.

Creo que uno de los lugares claves en el Nuevo Testamento, donde leemos acerca del cumplimiento de esta bendición, se encuentra en el Evangelio de Juan capítulo 17, donde el Señor Jesucristo, nuestro gran Sumo Sacerdote, ora una bendición por los creyentes del Nuevo Testamento. En una próxima sesión, hablaremos sobre algunos de los paralelismos entre la oración sacerdotal de Cristo por nosotros, y esta bendición del Antiguo Testamento.

Al leer esta bendición que viene por medio de Aarón, el sumo sacerdote, y sus hijos, se nos recuerda que tenemos un gran Sumo Sacerdote. Su Nombre es Jesucristo. Es Él que pronuncia estas palabras de bendición para nosotros. No solo es Él quien nos bendice, sino que también Él es el cumplimiento de las peticiones de esta bendición. Él es la bendición. Él nos bendice, pero también Él es el cumplimiento de esa bendición. Todo se ha cumplido en Él.

Al leer esta bendición, no solo vemos que Dios bendijo a los hijos de Israel, sino que también Dios nos está bendiciendo con estas palabras del Antiguo Testamento; palabras que se repitirán en esencia en el Nuevo Testamento, y también se nos da un modelo que podemos usar para bendecir a otras personas. Bendecimos a los demás como hemos sido bendecidos. No necesitamos tener un sacerdote para hacerlo, un sacerdote terrenal, en el sentido de la religión terrenal porque tenemos un Sumo Sacerdote en el Cielo hoy que está orando por nosotros.

Esta oración, esta bendición, como aparece en Números capítulo 6, en realidad contiene algo que podría lucir como la imagen dos sujetalibros. En el versículo 22, leemos, «Entonces habló el SEÑOR a Moisés, diciendo: Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: «Así bendeciréis a los hijos de Israel, les diréis».

Luego tenemos la bendición. Es decir que Dios instruye a Moisés que le diga a Aarón el sacerdote que así es como él debe bendecir al pueblo. Bendecirás al pueblo de Israel. Estas son las palabras que debes hablarles.

Luego tenemos la bendición. Al final tenemos el versículo 27, el colofón o el sujetalibros del otro lado. «Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré». Así que Dios le dice al sacerdote: «Bendice al pueblo, y al hacerlo, yo los bendeciré».

Ahora, ¿qué implica eso? Implica que cuando se imparte la bendición de Dios sobre la vida de otras personas, lo que realmente estamos haciendo es creando un escenario, creando una oportunidad para que Dios pueda, de hecho, bendecir estos individuos. Míralo en el versículo 22. «Bendice al pueblo de Israel. Así le dirás a ellos». A continuación, fijate lo que dice al final: «Y yo los bendeciré». Es increíble.

Piénsalo por un momento. ¿Qué pasaría en la vida de tu pareja, de tus hijos, de tus amigos si Dios hiciera solamente las de cosas que tú hablaras sobre estas personas? Si Dios fuera a bendecir o a maldecir en la misma medida en que tú bendices o maldices a la gente que te rodea, y si Dios fuera sólo a cumplir las cosas que tú pediste, los buenos deseos que expresaste, las oraciones de bendición que oraste por las personas, ¿qué tanto serían bendecidas estas personas?

Al hablar de bendecir, dirás: «El problema es que, yo no soy un sacerdote». Bueno, de acuerdo con el Nuevo Testamento, todos hemos sido constituidos sacerdotes para Dios. No dependemos de algún clérigo para llevar a cabo esta función. Esto es algo que como creyentes del Nuevo Pacto todos podemos hacer. Podemos hablar bendición en la vida de los demás. Cuando lo hacemos, de hecho nos convertimos en un canal, en un conducto de la bendición de Dios en la vida de otras personas.

Así que tenemos estos dos sujetalibros. Tú los bendices, y luego yo los bendeciré. Luego, en el centro tenemos esta oración, que en realidad está en forma poética, en hebreo. Son tres frases, cada frase dividida en dos partes. Tres coplas. «El SEÑOR te bendiga y te guarde.» Esa es una copla. La segunda es: «El SEÑOR haga resplandecer su rostro sobre ti y tenga de ti misericordia.» Otra copla. Luego la tercera copla, «el SEÑOR alce sobre ti su rostro y te dé paz”.

Ahora bien, en realidad hay seis peticiones. Se le pide al Señor que haga algo por la persona. En esto consiste la bendición.

● Que el Señor te bendiga.

● Que el Señor te guarde.

● Que el Señor haga resplandecer Su rostro sobre ti.

● Que el Señor tenga misericordia de ti.

● Que el Señor alce Su rostro sobre ti.

● Que el Señor te dé paz.

Nota la repetición en esta bendición. Esa es una de las formas más comunes en la poesía hebrea. En primer lugar, te darás cuenta de dos ocasiones en las que esta bendición habla sobre el rostro de Dios. Las palabras cara, rostro o faz— son la traducción de la misma palabra hebrea para la palabra «cara». Es una imagen de la presencia de Dios. Dos veces habla de la palabra cara, faz o rostro o presencia de Dios.

Al leer esto, nos damos cuenta de que cuando algo se repite en la Escritura, sobre todo en el estilo de la poesía hebrea, significa que ahí hay un énfasis.

Al ver la repetición aquí: el Señor haga resplandecer Su rostro sobre ti, el Señor te muestre Su rostro, Su cara, Su presencia sobre ti- nos damos cuenta de que la bendición suprema es la de disfrutar de Su presencia. La bendición suprema es entrar a la presencia de Dios. Ese es el objetivo de los propósitos redentores de Dios, que podamos tener una comunión íntima con Él.

Así que la bendición aquí es obtener el favor de Dios; que puedas experimentar Su presencia. Esto se destaca al ver la forma en que se repite la idea de buscar Su rostro.

Pero también te darás cuenta que en las peticiones hay otra cosa que se repite. Se repite tres veces. Lo vemos en los versículos 24, 25 y 26: Y es el Nombre del Señor. Se repite el nombre, Yahvé, en hebreo. Jehová. Tres veces. Creo que esta es una representación velada en el Antiguo Testamento de la Trinidad. El Padre te bendiga. El Hijo te bendiga. El Espíritu Santo te bendiga. Tres personas, un solo Dios.

Cada una de estas tres personas tiene una función. Es el Padre que nos mantiene; ‘El Señor te bendiga y te guarde’. Es el Hijo que muestra gracia hacia nosotros; ‘El Señor haga resplandecer Su rostro sobre ti y tenga de ti misericordia’. Ese es el ministerio del Señor Jesucristo en nuestras vidas. Entonces, ¿quién es que nos da la paz? El Espíritu Santo. ‘El Señor alce sobre ti su rostro y te dé paz’. Así que aquí vemos el ministerio del Dios trino. Que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo te bendigan.

Esta oración es realmente uno de los mejores regalos que podemos otorgar a los demás. No quiero decir eso solo por las palabras que contiene la oración, aunque es una gran bendición, sino por la idea de bendecir a los demás en el nombre del Señor; es un regalo maravilloso poder recibir del Señor y luego poder extender la bendición a los demás. Uno de los mayores regalos que puedes otorgar a tu esposo, a tus hijos, a tus amigos es la bendición de Dios.

Ahora nota, antes de adentrarnos en los detalles de esta oración, que se trata de una bendición que debe ser audible, debe ser hablada. “Habló el SEÑOR a Moisés, diciendo: Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: «Así bendeciréis a los hijos de Israel. Les diréis…» Esta instrucción viene solo por esa pequeña palabra, pero creo que hace hincapié en que tenemos que utilizar nuestras palabras, nuestra boca para bendecir.

Ahora bien, hay otras maneras en que puedes bendecir. Puedes bendecir:

● con actos de servicio y amabilidad

● puedes bendecir con un espíritu dulce

● con otras expresiones de amor

Al pensar en las personas que Dios te ha llamado a bendecir, asegúrate de que que estés hablando bendición sobre sus vidas.

“Dirás a ellos, el Señor te bendiga y te guarde…”

Al mirar estas peticiones diferentes, permiteme hacerte esta pregunta: Si pudieras pedirle a Dios cuatro cosas para ti -piensa en todas las cosas que quieres, todo lo que necesitas, todo lo que te gustaría tener, todas las cosas que te gustaría ver que Dios hiciera por ti- …Pero si tuvieras que limitar la lista, reducirla a cuatro cosas, sabiendo que Dios te daría las cuatro cosas que pidas, ¿qué incluirías en tu lista?

Piensa por un momento en las personas que amas: tu pareja, tus hijos, tus nietos, tus padres, tu pastor, tus amigos. Si solo pudieras pedir cuatro bendiciones para tu esposo o para tus hijos y sabes que Dios haría lo que le pidas, ¿qué estaría en tu lista?

Creo que una oración como esta es de gran ayuda. Estoy tan contenta de que la tenemos en las Escrituras, porque nos recuerda qué es lo realmente importante; lo que debemos tener en nuestra lista. Esta no es la única bendición en la Escritura, y no es la única forma ‘correcta’ por la que podemos pedir. Pero nos recuerda que esto es lo que realmente importa. Esta es la lista de Dios. Esta es Su lista de cómo Él quiere bendecir a Su pueblo.

¿No te gustaría unirte con Dios al decir: «Yo quiero ser bendecido en la forma que Tú, Dios, quieres bendecir? Quiero bendecir a los demás de la manera que Tú quieres bendecirlos».

Así que a medida que avanzamos a través de esta bendición, de esta oración, vamos a ver cuatro bendiciones específicas. Viene en la forma de seis frases, pero se reducen a cuatro bendiciones específicas que estamos pidiendo al Señor, para nosotras mismas y para los demás. Así que veamos desde el principio: “El Señor te bendiga”. Estamos reconociendo de nuevo aquí que es el Señor que está impartiendo la bendición. El Señor te bendiga.

A menudo les escribo a los demás. . . Después de un montón de notas. Al final me despido «bendiciones». A menudo le digo a la gente al despedirlos, «Bendiciones sobre ti». El estudiar este texto me ha dejado ver que lo que estoy diciendo en realidad es «el Señor te bendiga». Es Él el que al final bendice. ‘Bendecirás al pueblo. Dirás a ellos, el Señor te bendiga’. Él es la fuente de toda bendición. Todo viene de Él.

Pienso en ese pasaje de Génesis capítulo 48, cuando Jacob bendijo a su hijo José cuando él estaba a punto de morir. Dijo que el Señor lo había bendecido, y por eso lo estaba bendiciendo a él. Si deseas bendecir a los demás, entonces primero debes recibir la bendición de Dios. Tienes que permitir que Dios te bendiga. Él quiere hacerlo de esta manera que estaremos viendo y de otras maneras también.

Y es que cuando bendecimos a Dios, cuando hablamos bien de Él. Cuando Dios nos bendice, Él nos hace el bien. Él cumplirá las peticiones que se le pidan. Esta bendición resume los beneficios de pacto que Dios quiere mostrar a Su pueblo.

Los judíos del Antiguo Testamento esperarían que un padre hablara palabras de bendición sobre sus hijos. Dios está diciendo: «Ustedes son Mis hijos, y quiero bendecirlos». Así que al pensar acerca de las personas en tu vida, en tu hogar, al hablar con tu marido y con tus hijos; diles: «El Señor te bendiga». Pídele al Señor que los bendiga y diles «Estoy orando que el Señor te bendiga».

Te diré que, aun si no tuvieres otra razón en la vida para ser feliz, si has sido bendecida por el Señor, entonces tienes más que suficiente. La bendición del Señor es la que enriquece, y no añade tristeza con ella. Que el Señor las bendiga.

Carmen: Esa es Nancy Leigh DeMoss, desglosando una de las bendiciones más famosas en la Biblia. Está en Números capítulo 6. Este mensaje es la primera parte de la serie, El Señor te bendiga y te guarde.

Te invitamos a visitarnos en AvivaNuestrosCorazones.com para obtener más recursos como estos.

Y cuando visites la página aprovecha para enterarte acerca de todo lo relativo a nuestra primera conferencia de Mujer Verdadera para América Latina, a celebrarse en febrero del año entrante en Santo Domingo, República Dominicana.

Carmen: De acuerdo a la Biblia debemos pedir que el rostro de Dios ilumine a Su pueblo. Averigua lo que ésto significa cuando Nancy Leigh DeMoss continúe describiendo la bendición sacerdotal que aparece en el libro de Números capítulo 6. Esto será en la próxima entrega de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de La Biblia de las Americas a menos que se indique lo contrario.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

 

El Mesías

Isha – Salmos

DÍA 147 – Salmo 110

Dosis: Fe y Amor

El Mesías

“El Señor ha jurado y no cambiará de parecer: «Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.»” (Salmo 110:4) (NVI)

Este es el salmo más citado en el Nuevo Testamento. San Agustín dijo que es breve por su número de palabras pero grande por el peso de sus sentencias. Ciertamente en primer lugar este salmo se refería a un rey de carne y hueso, pero bajo la inspiración del Espíritu Santo, este salmo significa mucho más porque vemos aquí al Mesías victorioso, a nuestro Señor Jesucristo.

La primera parte habla del Mesías Rey. “Así dijo el Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.»” En esta metáfora, Dios le dice a su Hijo que ha vencido. Se presenta como un rey triunfador que ha doblegado a sus enemigos, y por lo tanto, los jóvenes, el ejército mismo se ofrece voluntariamente a servirle. Tenemos un Dios que no nos obliga a alabarle ni a reverenciarlo, sino todo lo contrario. Él espera que de manera espontánea nos entreguemos a él. ¿Y cómo no hacerlo cuando le vemos dominar? Que el día de hoy hagamos cosas voluntarias que agraden al Mesías que reina en toda la tierra.

La segunda parte habla del Mesías Sacerdote, el versículo que tenemos hoy para meditar. No hay nada más fuerte que un juramento divino. Aquí comprendemos que no se refiere a David, sino a nuestro Señor. El sacerdocio de nuestro Señor no depende de un linaje, sino de la gracia y la voluntad del Padre. Melquisedec es un personaje del que no sabemos mucho, por lo que se muestra como un misterio de eternidad. Por eso, nuestro Señor es de este orden: eterno y perfecto. Como sacerdote, el Señor Jesús intercede por nosotras. Está en la misma presencia del Señor rogando por sus hijas. Lo maravilloso de este salmo es que podemos comprender que Jesús no solo fue el sacerdote sino también el sacrificio. ¡Qué profundidad!

Los misterios de la fe son profundos. Nos tomará toda la vida y toda la eternidad poder conocer a fondo al Mesías, el Enviado, el Ungido por quien hoy tenemos vida eterna. ¡Qué gran oportunidad tenemos de hacerlo voluntariamente! Imagina tener un esposo que fuera un robot. Ciertamente te diría todos los días: “luces hermosa”, “te amo”, “exquisita comida”, pero no valdrían mucho sus comentarios pues no nacerían de un corazón sincero sino de algo programado. Del mismo modo, Dios nos creó con libre albedrío, la capacidad de decidir y actuar. Así como vale oro que tu esposo de la nada te diga: “te amo”, ¿cuánto no alegrará a nuestro Dios que le alabemos de forma espontánea simplemente porque lo amamos? ¡Hagámoslo hoy!

Oración: Señor Jesús, eres el Mesías victorioso y el Sacerdote que yo necesitaba. ¡Te amo! Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 163). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

 

Sólo para maridos

Gracia a Vosotros

Sólo para maridos

John MacArthur

El día de San Valentín (o de los Enamorados) puede ser la única vez al año en la que la mayoría de los maridos dejan su apariencia exterior machista; y demuestran actualmente su amor por sus esposas de una manera tangible. Es posible que usted la colme a su esposa de flores o dulces o la lleve en una velada romántica. Algunos de ustedes incluso pueden hacer mayores sacrificios, tales como limpiar la casa, llevarle el desayuno a la cama o comprarle algún regalo preciado. Pero una vez que el día termina, también lo hace el Príncipe Azul; y usted vuelve a su ser normal y a su rol habitual.

Pregúntele a muchos maridos cristianos que resuman su rol bíblico en una palabra y ellos le responderán “Liderazgo”. La Escritura contesta esta pregunta con una palabra diferente: amor.

No existe ninguna duda que el diseño de Dios para usted, si usted es un esposo, incluye el aspecto de liderazgo. Pero es un liderazgo que surge del amor y está siempre templado con afecto sensible, cariñoso. El rol apropiado del esposo como líder amoroso, cuidadoso, esta óptimamente personificado por Cristo, quien tomó el rol de sirviente al lavar los pies de Sus discípulos (Juan13:3-17)john

Es significativo que antes de que el apóstol Pablo instruyera a maridos y esposas en cómo amarse unos a otros, él exigiera una sumisión mutua. Efesios 5:21 lo expresa de la siguiente manera: “Someteos unos a otros en el temor de Dios.” Ésa es una orden general a todos los cristianos, en todos los contextos.

Los maridos no son una excepción a esta regla. El amor que usted debe mostrar a su esposa incluye sumisión. Está matizado y caracterizado por mansedumbre, ternura y servicio. Es un amor humilde, de siervo, como el de Cristo.

La sumisión establece la base para las instrucciones de Pablo a los maridos: “Amad a vuestras mujeres” (v.25). Toda la idea de la dirección del marido es una comparación a Cristo. La dirección del marido sobre la esposa es como la dirección de Cristo sobre la iglesia. “El marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia” (v.23). Por lo tanto, su amor por su esposa se supone que debe ser como el amor de Cristo por su Iglesia: “Amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (v.25).

El sacrificio de Cristo es el arquetipo mismo de lo que el amor exige. Primera de Juan 3:16 dice: “En esto hemos conocido el amor, en que Él puso su vida por nosotros.” Jesús mismo dijo: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13).

En realidad, sin utilizar la palabra amor, el apóstol Pedro describe su amor por su esposa: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida” (1 Pedro 3:7).

La relación de dirección-sumisión no es inherente a superioridad e inferioridad. Muchas esposas son francamente más sabias, más eruditas, más articuladas y más criteriosas que sus esposos. Sin embargo, Dios ha establecido la familia de modo tal que el hombre es la cabeza. Eso no es porque automáticamente la esposa le deba al marido deferencia servil como a alguien a quien es inferior – ya que no debe ser tratada como inferior, sino como una hermana y coheredera. El motivo para este mandato divino es que su esposa es el vaso más frágil- y usted, por lo tanto, le debe a ella sacrificio y protección.

Mi desafío a ustedes, esposos, es que todos los días sean de San Valentín para sus esposas. Haga de estas tres acciones su prioridad diaria en su relación con su esposa; y estará cumpliendo su obligación como Cristo, sacrificial para con ella.

Sea Considerado

“Vivid con ellas sabiamente”, Pedro dice en el verso 7. Él habla de ser considerado. Es lo opuesto a la mentalidad del hombre de las cavernas que algunos hoy en día recomendarían. Es incompatible con el machismo independiente, orgulloso, egocéntrico que muchos piensan que personifica la verdadera masculinidad. Llama a una comprensión, sensibilidad y satisfacción de las necesidades de su esposa. Involucra un esfuerzo sincero de comprender sus sentimientos, miedos, ansiedades, preocupaciones, objetivos, sueños y deseos. En resumen, usted debe ser considerado.

A menudo, se reduce a escuchar. Usted debe comprender el corazón de su esposa. ¿Cómo puede usted expresar un amor sacrificial, que satisface las necesidades de ella, si no tiene idea de cuáles son esas necesidades?

Francamente, esta es una lucha para la mayoría de los hombres. No es algo que nos llega naturalmente. Tal como nuestros hijos, peleamos contra nuestras propias tendencias pecaminosas y deseos egoístas. Pero Dios nos llama a ser modelos de amor sacrificial en nuestras familias; y eso comienza siendo considerado.

Sea Caballeroso

La esposa es el “vaso más frágil”, de acuerdo con Pedro. ¿En qué sentido son las mujeres “más frágiles”? Esto tiene referencia principalmente al aspecto físico. Las mujeres son, como clase, físicamente más frágiles que los hombres. Ahora, sin lugar a dudas, es cierto que existen algunos hombres cuyas esposas son más fuertes que ellos. Pero esto no es usual; y yo creo que aún en esos casos excepcionales, el principio también se aplica. Usted debe tratar a su esposa con tierna caballerosidad. Lo puede hacer de muchas maneras, desde abriéndole las puertas, moviendo los muebles o haciendo trabajos pesados en la casa.

Un marido amoroso no le diría a su esposa: “Después de que hayas cambiado la llanta, con gusto te llevaré a la tienda.” Les servimos con nuestra fuerza. Las tratamos como vasos más frágiles, mostrándoles una deferencia particular en temas en donde su debilidad física las coloca en desventaja. Primera de Pedro 3:7 sugiere en realidad que Dios diseñó a la mujer para estar bajo la protección del hombre, beneficiándose de su fuerza. Y sirviendo a nuestras esposas, prestándoles esa fuerza, es una de las principales maneras en que les mostramos un amor como el de Cristo, sacrificial.

Tenga Comunión

Debemos considerar a nuestras esposas “como a coherederas de la gracia de la vida.” Los hombres y las mujeres pueden ser diferentes físicamente, pero espiritualmente son iguales. Trate a su esposa como a su par espiritual. Mientras que está legítimamente preocupado con la tarea de liderazgo espiritual en su hogar, no se olvide la responsabilidad de comunión delante de Dios con su esposa como coheredera de Su gracia. Su rol como el líder de ella no significa que usted es su superior. Ustedes son ambos completamente dependientes de la gracia divina; y juntos, ambos son herederos de esa gracia.

En Cantar de los Cantares, la esposa le dice al esposo: “Tal es mi amado, tal es mi amigo” (5:16). Me encanta esa expresión. Ella se regocija en su amor por él, pero no es sólo la devoción romántica de él que le emociona a ella. No es su machismo o su liderazgo que causa que su corazón cante. ¿Qué es? Ella está feliz de que él sea su amigo. Ése es el tipo de relación que los esposos deberían cultivar. Es un sentido profundo de compartir cosas espirituales íntimamente, en igualdad. Es una comunión juntos, tal como no hay otra relación en la tierra.

Este es un modo sencillo de resumir el amor sacrificial: el esposo lleno del Espíritu ama a su esposa no por lo que ella pueda hacer por él, sino por lo que él puede hacer por ella. Así es exactamente como trabaja el amor de Cristo. Él nos ama no porque haya algo en nosotros que Le atraiga, no porque Él gane algún beneficio por amarnos, sino simplemente porque Él se propuso amarnos y Le deleita otorgarnos Su favor.

¿Se ha dado cuenta usted que el amor es un acto de voluntad, no un sentimiento? Es un compromiso al bienestar de su objeto. Es una devoción voluntaria. Involucra sacrificio, consideración, caballerosidad, comunión, cortesía y compromiso. Es precisamente el tipo de amor que usted le debe a su pareja. Y si usted está dispuesto a obedecer a Dios, por el poder del Espíritu de Dios, usted puede mostrar ese tipo de amor a su esposa.

 

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El puente sobre el río Tay

Viernes 14 Febrero

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Juan 14:6

El puente sobre el río Tay

En la región de Dundee, sobre la costa escocesa, se desataba una tormenta. La marea era alta y las olas chocaban violentamente contra las columnas de hierro que sostenían el puente del ferrocarril por encima de la desembocadura del río Tay. De repente se oyó el sonido del expreso que venía de Londres. El tren frenó lentamente y se detuvo justo delante del puente. El conductor dudó, esperando que este fuera lo suficientemente sólido para resistir el doble esfuerzo del mar en furia y el peso del tren. Pero los pasajeros tenían prisa por llegar. El mecánico encendió el vapor, el tren se puso en marcha… ¡y ocurrió la catástrofe! En pocos segundos no había ni tren ni puente.

Este accidente se produjo hace mucho tiempo, la noche del 28 de diciembre de 1879. Los pasajeros esperaban que el puente fuera suficientemente sólido. Pero se equivocaron y todos murieron, incluso el conductor, en quien habían puesto su confianza.

En el viaje de la vida, muchas personas desean llegar al cielo, pero depositan su confianza en un maquinista que los llevará a un puente mucho más precario que el del río Tay. Y dicen: «He leído en tal o cual libro, o he escuchado a tal o cual orador afirmar que podemos confiar en el «buen Dios». Él me recibirá de todos modos; fui bautizado y siempre puse lo mejor de mí. Eso espero…».

No se conforme con una vaga esperanza, es demasiado peligroso. Ponga su confianza en Jesucristo. “En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

Génesis 48 – Mateo 27:32-66 – Salmo 22:16-21 – Proverbios 9:7-9

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38/63 – Tened fe en Dios | Marcos 11:20-26 

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Marcos

38/63 – Tened fe en Dios | Marcos 11:20-26

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

2/5 – Doctrinas Peligrosas

Alimentemos El Alma

Serie: Un Llamado Al Discernimiento

2/5 – Doctrinas Peligrosas

Justin Peters

Sesión 1

«Los peligros del movimiento Palabra de Fe son tanto reales como penetrantes. El mensaje desde miles de púlpitos es que Dios te quiere feliz, saludable y rico. Pero esto no es cristianismo bíblico, así como Justin Peters demuestra adecuadamente en su excepcional presentación. Con claridad y credibilidad, Peters desenmascara al movimiento Palabra de Fe por lo que realmente es, «una farsa». Las Iglesias locales se beneficiarán grandemente de su experiencia personal y vasta investigación en este importante tema» John MacArthur, pastor Grace Community Church, Sun Valley, CA, EEUU.

Como evangelista a tiempo completo, Justin Peters (M. Div/B.L.; Th. M., SWBTS) ha sido llamado a predicar la palabra de Dios. Adicionalmente a esta investigación académica, Justin ha asistido a numerosas cruzadas de Palabra de fe y ha atestiguado la explotación de los pobres, enfermos y desesperados. La más grande preocupación, sin embargo, es que el nombre de Dios es blasfemado y Su Evangelio distorcionado en un evangelio diferente.

«Estos son manchas ocultas en vuestros ágapes, cuando banquetean con vosotros sin temor, apacentándose a sí mismos; son nubes sin agua llevadas por los vientos, árboles de otoño sin fruto, dos veces muertos y desarraigados» Judas 1:12

http://www.justinpeters.org

SIETE “ÍDOLOS” QUE USTED DEBE EVITAR EN LA PREDICACIÓN

Alimentemos el Alma

SIETE “ÍDOLOS” QUE USTED DEBE EVITAR EN LA PREDICACIÓN

Alex Montoya

Nuestra predicación no está avivada porque procede de un corazón de piedra. La verdad es que predicamos por razones erróneas. Nuestra meta es muy baja. Si fuéramos francos con nosotros mismos, nos daría vergüenza admitir nuestros verdaderos motivos para predicar, que no es traer bálsamo espiritual a la afligida grey del Señor. No, los motivos por lo general son menos nobles, más carnales, más egoístas y más mercenarios en naturaleza.

Los  “ídolos” comunes de la predicación

> Predicar por salario.

> Predicar para atraer multitudes.

> Predicar para agradar a la audiencia.

> Predicar para promover nuestro conocimiento.

> Predicar para publicar algún libro.

> Predicar para proteger nuestro “reino”.

> Predicar para pasar el tiempo.

Si somos francos, admitiremos que con frecuencia hemos puesto nuestro sacrificio sobre los lugares altos antes mencionados y no sobre el verdadero y sagrado altar de Dios para la predicación. Predicamos por razones erróneas y luego nos preguntamos por qué es que no podemos poner el corazón y el alma en ello. Permítanme elaborar.

1. Predicamos por salario. La predicación es por un llamado y por vocación, pero es mucho más que eso; es un llamado divino. Deberíamos predicar más de lo que esperamos que nos paguen por predicar. La Palabra de Dios nos advierte en contra de predicar por dinero (1 Pedro 5:2; 1 Ti. 6:5–10). Sin embargo, fácilmente podemos llegar a ser “pistoleros a sueldo”, mercenarios en necesidad de sobrevivencia; y así, predicamos para ganar dinero. Un predicador comprado es un predicador que da lástima; sus sermones y su vida dan lástima. Haríamos bien en imitar a Eliseo en su ministerio en vez de tener nuestros ministerios infectados por la lepra de la codicia (2 Reyes 5). Mejor es hacer tiendas para financiar el ministerio que ser un asalariado de las personas en necesidad de un profeta que les traiga comezón de oídos. Pablo pudo ser arrojado y apasionado porque “no codició ni la plata ni el oro ni el vestido de nadie” (Hch. 20:33).

2. Predicamos para atraer una multitud. El mundo entero está enamorado de las grandes multitudes y estamos en competencia unos con otros para ver quien construye una iglesia más grande. En el camino hacia los “lugares altos” hay muchos predicadores sacrificando la verdad por el placer de atraer una multitud. Bajo el disfraz de la evangelización, de relacionarnos con una nueva generación, y hacer atractiva la verdad, hemos sacrificado la verdad que salva y santifica sobre el altar de los números.

3. Predicamos para complacer a la audiencia. Predicamos para complacer a las personas, no para hacerles bien espiritualmente. Damos sermones llenos de “calmantes religiosos” en lugar de palabras saludables y sanas que beneficien a las personas en el presente y por la eternidad. Tales predicadores tienen temor de expresar las verdades duras y necesarias para no perder su audiencia.

Debemos preguntarnos: “¿Estamos aquí para entretener una multitud o somos llamados para hacer que la gente vuelva a Cristo y a que vivan en santidad?” Se nos ha advertido acerca del carácter de algunos en contra de las sanas doctrinas (2 Ti. 4:3–4). Cristo nos enseñó, por su propio ejemplo, que nunca debemos jugar con la multitud (Jn. 6:64–69). O como Pablo dijo: “Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gá. 1:10). Como ministros de Dios, somos llamados a declarar a la gente lo que necesitan oír, no lo que quieren oír. Deberíamos tener la actitud del pastor que fue reprendido por sus diáconos.

–Pastor, usted está acariciando el gato al revés.

–Bueno, entonces –dijo el pastor–, volteen el gato.

No deberíamos tener temor de acariciar el gato al revés.

4. Predicamos para promover nuestra enseñanza. Algunos de nosotros pensamos que el púlpito es un lugar para dejar admirada a la audiencia con nuestra enseñanza. Creemos que es un triunfo cuando predicamos cosas profundas y que nadie las comprende, y el servicio termina con comentarios como: “Usted fue muy profundo hoy, pastor”. Lo cual pudiera ser muy bueno para nuestros egos intelectuales, pero es muy poco para la necesidad espiritual de nuestra gente. Lo axiomático es la claridad. Debemos ser entendidos o todo está perdido. El gran apóstol Pablo tuvo eso como meta (1 Co. 14:19).

Nuestro Señor fue un predicador de lo simple y tuvo gran efecto sobre las masas. Lucas escribió que “todo el pueblo estaba pendiente de El, escuchándole” (Lc. 19:48). Se dice que Juan Wesley primero predicaba sus sermones a sus sirvientas para asegurarse que aun las más simples le entenderían.

5. Predicamos para publicar un libro. Esto es el reverso de nuestros propósitos al pensar que podemos usar nuestra audiencia como objetivo para este fin. Todos saben que la palabra escrita no es como la palabra hablada. Casi en todos los casos donde un gran predicador ha tenido sus sermones impresos es porque sus sermones le han hecho mucho bien a su gente. Si sus sermones valen la pena predicarse, valdrán la pena imprimirse. Pero manténgase en su prioridad principal: Predique para ayudar a las personas.

6. Predicamos para proteger nuestro “reino”. Como los enemigos del evangelio en los días de los apóstoles, tal vez refrenemos la declaración del consejo de Dios y en lugar de eso poseer el espíritu de Diótrefes (3 Jn. 9–10). El pueblo de Dios no es propiedad de nadie, excepto del Señor. Nuestra meta es presentar a cada uno completo en Cristo (Col. 1:28), no usarlos a nuestro antojo.

7. Predicamos para pasar el tiempo. Algunos hombres se agarran del púlpito como un cobertor de seguridad hasta que encuentren pastos verdes o hasta que lleguen a la edad de jubilarse y cumplir con los requisitos para los beneficios de la jubilación. Podríamos impedir la obra de Dios al ocupar un puesto sin ningún deseo de avanzar la causa de Cristo. Un ministro “que estorba” es solo eso: un estorbo. Todos deberíamos seguir el refrán dado por un director de empresa: “Sé un guía, sé un seguidor, o quítate del camino”.

 

Montoya, Alex

Del libro «Predicando con Pasión» por Alex Montoya

Alex Montoya es el pastor de las First Fundamental Bible Chuch de Montere Park, California.

Además, es profesor asociado de ministerios pastorales de The Master’s Seminaryen Sun Valley, California.