La Iglesia frente al mundo

John MacArthur

La Iglesia frente al mundo

Note que nuestro Señor consideró como un hecho que el mundo aborrecería a la iglesia.  Lejos de enseñar a sus discípulos que trataran de ganar el favor del mundo con adaptaciones del evangelio a las preferencias mundanas, Jesús hizo advertencias serias en el sentido de que la búsqueda de aprobación por parte del mundo es una característica de los profetas falsos: “¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! Porque así hacían sus padres con los falsos profetas” (Lc. 6:26).

Además explicó: “el mundo…a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas” (Jn. 7:7).  En otras palabras, el desprecio del mundo hacia el cristianismo se deriva de motivos morales, no intelectuales: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.  Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” (Jn. 3:19-20).  Por esta razón, sin importar cuán dramáticos sean los cambios en el campo de la opinión mundana, la verdad cristiana nunca será popular para el mundo.

No obstante, casi en todas las eras de la historia eclesiástica ha habido personas en la iglesia que se han convencido de que la mejor manera de ganar el mundo es ofrecer lo que le apetece al mundo.  La aplicación de esa metodología siempre ha distorsionado el mensaje del evangelio.  Los únicos períodos históricos en los que la iglesia ha tenido una influencia significativa en el mundo han venido como producto de la firmeza del pueblo de Dios en negarse a ceder ante presiones externas, para proclamar con denuedo la verdad a pesar de la hostilidad del mundo.  Cada vez que los cristianos se niegan a cumplir la tarea de confrontar las tendencias populares, la Iglesia ha perdido esa influencia y en su impotencia ha quedado fusionada de manera inconfundible con el mundo.  Tanto las Escrituras como la historia atestiguan sobre la veracidad de este hecho.

En últimas, el mensaje cristiano no puede ser torcido para conformarse a las vicisitudes de la opinión mundana.

La verdad bíblica es fija y constante, no sujeta a cambio ni adaptación.  Por otro lado, la opinión del mundo está en flujo constante y caprichoso.  Las diversas modas y filosofías populares que dominan el mundo cambian de forma radical y regular de generación en generación.  La única cosa que permanece constante es el odio del mundo hacia Cristo y su evangelio.

Lo más probable es que el mundo no acogerá por mucho tiempo la ideología que está en boga este año, cualquiera que esta sea.  Si el patrón de la historia sirve como indicador, durante el tiempo en el que nuestros bisnietos sean adultos, la opinión mundana será dominada por un sistema de creencias y valores diferente por completo al de la actualidad.  La generación del mañana renunciará a todas las modas y filosofías contemporáneas, pero una cosa permanecerá sin cambio: Hasta que el Señor mismo regrese y establezca su reino en la tierra, sin importar cuál sea la ideología que tenga mayor popularidad en el mundo, será tan hostil a la verdad bíblica como todos los sistemas y paradigmas que la hayan precedido.

Modernismo

Considere por ejemplo lo sucedido durante el siglo pasado.  Hace cien años la Iglesia recibió el embate del  modernismo, aquella visión del mundo basada en la noción de que solo la ciencia puede explicar la realidad.  En efecto, el punto de partida del modernista era la presuposición de que nada sobrenatural es real.

Debió ser obvio de inmediato que el modernismo y el cristianismo eran incompatibles en lo fundamental.  Si nada sobrenatural es real, la mayor parte de la Biblia es incierta y carece de autoridad: La encarnación de Cristo es un mito (lo cual también anula la autoridad de Cristo),  y todos los elementos sobrenaturales del cristianismo, incluido Dios mismo, deben ser definidos en términos naturalistas.   El modernismo se oponía al cristianismo en su medula.

No obstante, la Iglesia visible a principios del siglo veinte estaba llena de personas convencidas de que el modernismo y el cristianismo podían y debían ser reconciliados.  Insistieron en que si la Iglesia no marchaba al ritmo de los tiempos de los tiempos mediante su acogida del modernismo, el cristianismo no sobrevivirá el paso del siglo veinte.  Dijeron que la Iglesia se haría cada vez más irrelevante para las personas modernas y en poco tiempo moriría.  Por eso fabricaron un “evangelio social”  despojado del evangelio verdadero de salvación.

Por supuesto, el cristianismo bíblico sobrevivió sin problemas el paso del siglo veinte.  Allí donde los cristianos mantuvieron su compromiso con la veracidad y autoridad de las Escrituras, la Iglesia floreció.  En cambio, aquellas mismas iglesias y denominaciones que se acogieron al modernismo fueron las únicas que perdieron relevancia y prácticamente se extinguieron a finales de siglo.  Muchos edificios grandiosos pero vacíos dan testimonio mudo de los efectos letales de endosar el modernismo.

Posmodernismo

El modernismo ya es considerado en la actualidad como una manera anticuada de pensar.  La visión dominante del mundo en círculos seculares y académicos se llama hoy día posmodernismo.

Los posmodernistas han repudiado la confianza absoluta del modernismo en la ciencia como el único sendero a la verdad.  De hecho, el posmodernismo ha perdido todo interés en “la verdad” e insiste en que no existen verdades absolutas, objetivas ni universales.

Es evidente que el modernismo fue una necedad que debió abandonarse, pero el posmodernismo es un paso trágico en la dirección equivocada.  A diferencia del modernismo que por lo menos mantuvo su interés en la veracidad o falsedad de convicciones, creencias e ideologías básicas, el posmodernismo niega por completo de forma objetiva y cierta.

Para el posmodernista, la realidad es que el individuo quiera imaginar.  Eso significa que lo “verdadero “es determinado por la opinión subjetiva de cada persona y que no existe una verdad objetiva con autoridad para gobernar la realidad y que se aplique de forma universal a toda la humanidad.  El posmodernista cree que es inútil sentarse a discutir si una opinión es superior a otra.  Después de todo, la realidad no es más que una construcción abstracta de la mente humana y la perspectiva que una persona tenga de la verdad es tan válida como la de cualquier otra.

Tras dar la espalda al conocimiento de la verdad objetiva, el posmodernista se dedica más a bien a la búsqueda del “entendimiento” del punto de  vista de la otra persona.   Así las palabras verdad y entendimiento adquieren significados nuevos y radicales.  Lo irónico es que esa clase de “entendimiento” requiere que todos descartemos de entrada la posibilidad de conocer cualquier verdad.  De este modo, la “verdad” se reduce a simples opiniones personales que por lo general conviene no comunicar a los demás.

Esa es la exigencia esencial y no negociable que el posmodernismo impone a todos: No debemos ni siquiera pensar que se puede llegar a conocer alguna verdad objetiva.  Los posmodernistas sugieren con frecuencia que todas las opiniones deben tratarse con el mismo respeto.  Por eso en lo superficial, el posmodernista parece motivado por el establecimiento de una mentalidad amplia cuyas prioridades son la armonía y la tolerancia.  Todo suena muy caritativo y altruista, pero lo que sostiene el sistema de creencias del posmodernismo es una intolerancia absoluta hacia toda visión del mundo que plantee cualquier verdad universal, en particular el cristianismo bíblico.

En otras palabras, el posmodernismo comienza con una presuposición que es irreconciliable con la verdad objetiva y dada por revelación divina en las Escrituras.  Como el modernismo, el posmodernismo se opone de forma fundamental y diametral al evangelio de Jesucristo.

A pesar de esto, la iglesia está  llena en la actualidad de personas que defienden ideas posmodernistas. Algunas lo hacen de forma deliberada y consciente, pero la mayoría ni siquiera se dan cuenta de ello.  Han incumbido tanto en el espíritu del siglo que no pueden regurgitar más que opiniones mundanas.  El movimiento evangélico todavía intenta recuperarse de su larga batalla contra el modernismo y no está preparado para enfrentarse a un adversario nuevo y diferente.  En consecuencia, muchos cristianos no han reconocido el peligro extremo que representa el pensamiento posmodernista.

La influencia del posmodernismo ya ha infectado a la Iglesia.  Los evangélicos bajan de tono su mensaje para que la verdad del evangelio no rechine tanto en el oído posmoderno.  Muchos se sienten demasiado intimidados como para afirmar que la Biblia es verdadera y que los demás sistemas religiosos y visiones del mundo son falsos.  Algunos que se llaman cristianos han ido más lejos y niegan a propósito la exclusividad de Cristo.   Se atreven a cuestionar su afirmación de que El es el único camino a Dios.

El mensaje bíblico es claro.  Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6).  El apóstol Pedro proclamó a una audiencia hostil: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hch. 4:12).  El apóstol Juan escribió:  “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Jn. 3:36).  Una y otra vez, la Biblia recalca que Jesucristo es la única esperanza de salvación para el mundo.  “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Ti. 2:5).   Cristo es el que único que puede hacer expiación por el pecado y por eso Cristo es el único que puede dar salvación.  “Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y  esta vida está en su Hijo.  El que tiene al hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Jn. 5:11-12).

Esas verdades son antítesis al argumento central del posmodernismo.  Son afirmaciones de verdades exclusivas y universales que declaran a Cristo como el único camino al cielo y a todos los demás sistemas de creencias como senderos falsos y erróneos.   Esto es lo que enseñan las Escrituras.  Es lo que la iglesia verdadera ha proclamado a lo largo de la historia.  Es el mensaje del cristianismo y no puede ser cambiado para acomodarse a la sensibilidad de los posmodernistas.

A diferencia de ello, muchos cristianos pasan por alto las afirmaciones exclusivas de Cristo y mantienen un silencio vergonzoso.  Todavía peor, algunos en la iglesia, incluidos unos  cuantos líderes prominentes del mundo evangélico, han comenzado a sugerir que quizá las personas puedan salvarse sin tener un conocimiento personal de Cristo.

Los cristianos no podemos no podemos capitular al posmodernismo sin sacrificar la esencia misma de nuestra fe.  Es evidente que la afirmación bíblica de que Cristo es el único camino de salvación esta fuera de armonía con la noción posmoderna de “tolerancia”.  Sin embargo, es lo que la Biblia enseña con claridad rotunda y la Biblia, no la opinión posmodernista, es la autoridad suprema para el cristiano.  La biblia es lo único que debería determinar lo que creemos y proclamamos al mundo.  Sobre esto no podemos debatirnos sin importar cuánto se queje este mundo posmodernista de que nuestras creencias nos hacen “intolerantes”.

Por qué un único camino?

La defensa de credo exclusivo en un mundo inclusivo

John MacArthur

Un distintivo del cristiano

Febrero 14

Un distintivo del cristiano

Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados. (1 Juan 1:9)

El apóstol Juan escribió su primera epístola para definir la diferencia entre un cristiano y un incrédulo. Nuestro versículo de hoy indica que la confesión caracteriza al primero. El versículo siguiente dice: “Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso” (v. 10). Los hombres no regenerados niegan su pecado, pero los cristianos aceptan la responsabilidad por el pecado y lo confiesan.

La confesión de pecado no tiene lugar solamente en la salvación. Continúa, como la fe, durante toda la vida de un creyente. La disposición de confesar el pecado es parte del modelo de vida que caracteriza a todos los creyentes. Ese modelo también incluye el amor (1 Jn. 3:14), la separación del mundo (2:15), y la enseñanza por el Espíritu Santo (2:27). Desde luego que hay varios grados de confesión, a veces no hacemos una confesión tan completa como debiéramos, pero un verdadero creyente finalmente reconoce su pecado.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

El gozo de confiar en Dios

Jueves 14 Febrero

Alégrense todos los que en ti confían; den voces de júbilo para siempre.

Salmo 5:11

Has sido mi socorro, y así en la sombra de tus alas me regocijaré.

Salmo 63:7

El gozo de confiar en Dios

Una palabra para los jóvenes cristianos

Queridos jóvenes: ¿Cómo podemos conocer y conservar el gozo profundo de la fe? “Deléitate asimismo en el Señor, y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmo 37:4). Para perseverar en la fe debemos buscar cada día la presencia de Jesús, tener un diálogo real, humilde y confiado con él.

Buscar su presencia es poner nuestra confianza en él, conscientes de que vivimos bajo su mirada. Aprendan a ver cómo el Señor Jesús obra en sus vidas, descúbranlo en el día a día. Él nunca los abandonará. Él dio su vida en la cruz por amor a ustedes.

Buscar al Señor también significa recibir su Palabra, la cual alegra el corazón: “Tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón” (Jeremías 15:16). Aprendan a leer y meditar la Biblia, allí encontrarán respuestas a sus preguntas. La Palabra de Dios nos permite descubrir las maravillas que él hizo. Ella nos invita a alabar, a adorar y a regocijarnos ante Dios: “Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos” (Salmo 95:2).

Algunas veces el cristiano debe atravesar momentos de prueba, sufrimiento y tristeza. Pero, incluso en esos momentos, el Señor desea hacerle sentir el gozo de su amor. El apóstol Pablo dio testimonio de ello: “Entristecidos, mas siempre gozosos” (2 Corintios 6:10).

“La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría… Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús” (Colosenses 3:16-17).

2 Samuel 7 – Mateo 27:32-66 – Salmo 22:16-21 – Proverbios 9:7-9

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Acepte su responsabilidad

Febrero 13

Acepte su responsabilidad

Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos. (Salmo 51:4)

Si quiere pecar cada vez menos y tener un mayor desarrollo espiritual en su vida, debe aceptar su responsabilidad. No le eche la culpa a sus circunstancias, a su cónyuge, a su novio o a su novia, a su jefe, a sus empleados o a su pastor. Ni siquiera le eche la culpa a Satanás. Su pecado es culpa suya. Sin duda que el sistema del mundo puede contribuir al problema, pero el pecado ocurre en definitiva como un acto de la voluntad; y usted es responsable de eso.

Tal vez uno de los mejores ejemplos de alguien que aprendió a aceptar su responsabilidad sea el del hijo pródigo. Cuando volvió a casa con su amoroso padre, dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo” (Lc. 15:21). Estuvo incluso dispuesto a que se le tratara como a un modesto jornalero porque sabía que no merecía nada (v. 19). Esa es la actitud correcta de alguien que confiesa su pecado.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

 

Encontré a Cristo

Miércoles 13 Febrero

Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo?

Juan 4:29

¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?

1 Juan 5:5

Encontré a Cristo

Testimonio

«En el mercado de mi pueblo, en Senegal, encontré a un cristiano inglés que me invitó a su casa y me ofreció un libro. Era una Biblia. Leyéndola aprendí que Dios creó el universo y al hombre, que el hombre pecó al desobedecer a Dios en el huerto de Edén, y que Dios echó al hombre y a su mujer de su presencia. Pero algunos textos de la Biblia concernientes a Jesús, llamado el Hijo de Dios, me turbaban. Mi primera pregunta fue: ¿Cómo puede Dios tener un hijo en esta tierra?

Un día ese creyente me invitó a un estudio bíblico que hacía en su casa. Allí se leyó el comienzo del evangelio según Juan: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios… Aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:1, 14). Esto me habló profundamente y sondeó lo más íntimo de mi corazón. Descubrí que la luz del mundo es Jesús, el Hijo de Dios. Comprendí que debía arrepentirme de mis pecados y dar mi vida a mi Salvador y Señor Jesucristo.

Mi vida cambió y mis padres comenzaron a perseguirme, pero las oraciones del misionero y las mías fortalecieron mi fe en Cristo. Poco a poco sentí la necesidad de acrecentar mi conocimiento del Señor Jesús y de su obra con la lectura de la Biblia. Agradezco al Señor por todo el camino recorrido, y mi anhelo más profundo es que mi esposa y mis hijos se vuelvan a él».

Saïd A.

2 Samuel 6 – Mateo 27:1-31 – Salmo 22:12-15 – Proverbios 9:1-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

 

El Noviazgo: Tiempo de Preparación

El Noviazgo: Tiempo de Preparación

Héctor Salcedo

Después de varios años como pastor de jóvenes adultos puedo afirmar que uno de los temas que más interés despierta en dicho grupo, es el tema del noviazgo. Si me permiten ser algo hiperbólico, convocar a una charla de noviazgo es casi una garantía de llenar cualquier salón. Y aunque las razones para dicho interés pueden ser diversas, una cosa es cierta, hay mucha desorientación en cuanto al tema.

El problema, si es que podemos llamarlo así, de hablar o escribir sobre noviazgo es el “silencio bíblico” con respecto al tema. Son muchos los aspectos de la relación de noviazgo que no son tratados en la Palabra de manera específica. Ante esta situación muchos piensan que si la Biblia no habla de manera “específica” de algo, entonces podemos proceder como nos parezca más “lógico”, o más “conveniente” o como sea más “común”, lo que dicho sea de paso, es un error.

Lo cierto es que a pesar de la ausencia de pasajes específicos, la Palabra no nos deja sin orientación en cuanto al noviazgo. Ciertamente tal y como el salmista expresó “Lámpara es a mis pies tu Palabra, y luz para mi camino” [Sal. 119:105].

En este sentido, en Apocalipsis 19:7, el apóstol Juan nos dice, en cuanto a Cristo y su iglesia: “Regocijémonos y alegrémonos, y démosle a Él la gloria, porque las bodas del Cordero han llegado y su esposa se ha preparado.” Que hermoso momento será aquel, cuando la iglesia se una por la eternidad a su Salvador y Señor. Ese momento, esa “ceremonia” es llamada por Juan en el pasaje presentado como “las bodas del Cordero”. [Cristo].

Antes de explicar la relación que existe entre este pasaje y el tema que nos ocupa, que es el noviazgo, debo reconocer que el evento aquí descrito por Juan [las bodas del Cordero] no es una unión matrimonial típica, es decir, entre un hombre y una mujer, sino que es entre la iglesia como cuerpo de Cristo y Cristo como su esposo.

Por lo dicho anteriormente, algunos pensarán que extraer de este texto alguna enseñanza relativa al noviazgo o al matrimonio entre un hombre y una mujer sería sacar el pasaje de contexto. No obstante, debemos recordar que fue el apóstol Pablo en Efesios 5 el primero en usar la unión entre Cristo y su iglesia como parámetro para describir la relación matrimonial “típica”. A partir de dicha unión [entre Cristo y su iglesia] Pablo expuso cómo debía funcionar la relación matrimonial humana.

Dicho esto, ¿qué enseñanza podemos extraer de Apocalipsis 19:7 relativa al noviazgo? La respuesta es relativamente sencilla, según dicho pasaje, el período previo a las bodas, es uno de “preparación”. La esposa se ha “preparado” para unirse a su esposo en las “bodas del Cordero”. De eso se trata entonces el noviazgo, de preparación.

El período previo a las bodas, es uno de “preparación”…De eso se trata entonces el noviazgo, de preparación.

Mi experiencia es que muchas parejas de novios cristianos no ven su relación como una de preparación sino como una de “entretenimiento conjunto”. A pesar de que la pareja no se autodefine de esa manera, cuando se observa en qué invierten los novios la mayor parte de su tiempo, uno se percata que es en “pasarla bien juntos”, sin ser intencionales en su formación espiritual ni en conocerse el uno al otro en relación a los temas más importantes de la vida.

Adicionalmente, con tristeza a veces veo parejas más dedicadas a los “preparativos” de su boda que a la preparación personal para su matrimonio. Y esas dos cosas son muy distintas. La primera está enfocada en el evento, la segunda en el carácter. Y para nadie es un secreto que el éxito de la relación matrimonial no se encuentra en lo majestuoso de la celebración sino en el ser interior que los novios hayan cultivado antes de unirse.

El éxito de la relación matrimonial no se encuentra en lo majestuoso de la celebración sino en el ser interior que los novios hayan cultivado antes de unirse.

Ahora bien, la pregunta es entonces, ¿qué tendrían que hacer los novios para “prepararse”? ¿Cuál es el contenido de dicha preparación? y ¿cuál es el proceso a seguir para la misma? Aunque es tentador continuar desarrollando estas preguntas, por razones de espacio lo dejaremos para un próximo artículo.

Nuestro objetivo en esta primera entrega sobre el noviazgo ha sido cumplido y era llamar la atención sobre la falta preparación y de cuidado que vemos en muchas parejas de novios que aunque con buenas intenciones confunden el “pasarla bien juntos ” con una buena relación antes de casarse. Ojalá hayamos motivado a muchos a ver el tiempo de noviazgo como lo que es, a saber, la oportunidad que se tiene de prepararse para lo que será la relación humana más significativa que se tendrá, esto es, el matrimonio.

Héctor Salcedo sirve como pastor ejecutivo en la Iglesia Bautista Internacional IBI de Santo Domingo, República Dominicana. Es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos en el tradicional Moody Bible Institute de Chicago. Como economista, cursó estudios de Maestría en Macroeconomía Aplicada en Chile a mediados de los 90’s para ejercer dicha profesión durante casi 15 años en el medio económico-empresarial. Ha laborado desde los inicios de la IBI, pasando por diversas asignaciones conforme el crecimiento lo requirió. Desde 2006 es uno de los pastores de la IBI, y desde 2009 lo ha sido a tiempo completo. Entre sus funciones se encuentran el manejo administrativo y financiero de la IBI e Integridad y Sabiduría. Asimismo, está a cargo del Ministerio de jóvenes adultos de la IBI [M-Aquí]. Cuando las circunstancias lo requieren, es una de los pastores que predica en la IBI. De hecho, la enseñanza de la Palabra de Dios es su mayor pasión, sobretodo su aplicación práctica a la vida. Está casado con Chárbela El Hage y tiene dos hijos: Elías y Daniel.

Despojándonos del peso del pecado

Febrero 12

Despojándonos del peso del pecado

Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante. (Hebreos 12:1)

Cada vez que nos excusamos por nuestro pecado, estamos culpando a Dios. Adán lo hizo cuando Dios le preguntó acerca del comer el fruto prohibido. Él respondió: “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí” (Gn. 3:12). Adán no aceptó la responsabilidad de su pecado, sino que culpó a Dios, de que le había dado a Eva.

El pecado nunca es culpa de Dios, ni es la culpa de una persona o circunstancia que Dios trajo a nuestra vida. El excusar el pecado pone en tela de juicio a Dios por algo que solo es nuestra culpa. Si decide castigarnos es porque lo merecemos.

Por eso la confesión de pecado es indispensable para el crecimiento espiritual. Cuando acepte la realidad de su pecado y lo confiese, tiene menos peso muerto que lo arrastre hacia abajo en el proceso de crecimiento. Como lo indica el versículo de hoy, aumentará su crecimiento cuando se despoje del peso del pecado mediante la confesión.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

Una salvación definitiva

Martes 12 Febrero

Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna.

1 Juan 5:13

Una salvación definitiva

Numerosos textos de la Biblia afirman que el que cree en Jesús y recibe la vida eterna jamás puede perder la salvación de su alma, aun si a veces pierde la convicción de ella. Los siguientes versículos no dejan lugar a ninguna duda respecto a este tema tan fundamental:

“De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Esta vida que Dios nos comunica es eterna, no se interrumpe, no puede desaparecer. Por otra parte, ella “está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3:3). ¿Quién podría quitárnosla?

Cuando creemos, recibimos una nueva naturaleza, nacemos “de nuevo” (Juan 3:3-8). “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios” (1 Juan 5:1). “Ahora somos hijos de Dios” (1 Juan 3:2). Es una relación que no puede ser alterada.

Jesús se compara con una puerta por la cual deben entrar las ovejas, es decir, las personas que creen en él (Juan 10:7). Una vez que las ovejas han pasado por esa puerta, imagen de la conversión, pertenecen para siempre al buen Pastor. Él declara: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” (Juan 10:27-29).

Ante tales afirmaciones no queda lugar a ninguna duda. La salvación adquirida por Jesús en la cruz es definitiva y eterna. Es una certeza incondicional porque está fundada sobre lo que Cristo hizo.

2 Samuel 5 – Mateo 26:47-75 – Salmo 22:6-11 – Proverbios 8:32-36©

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Qué dice la Biblia acerca de las citas y el noviazgo?

¿Qué dice la Biblia acerca de las citas y el noviazgo?

Aunque las palabras “noviazgo” y “citas románticas” no se encuentran en la Biblia, se nos dan algunos principios por los que los cristianos deben regirse durante el tiempo anterior al matrimonio. Lo primero que debemos considerar es que debemos separarnos del punto de vista que tiene el mundo sobre las citas románticas, porque la visión de Dios contradice la del mundo (2 Pedro 2:20). Mientras que la sociedad nos dice que debemos tener tantos citas románticas como queramos, lo importante es descubrir el carácter de la persona antes de hacer un compromiso. Debemos saber si la persona ha nacido de nuevo en el Espíritu de Cristo (Juan 3:3-8), y si comparte el mismo deseo de ser como Cristo (Filipenses 2:5). El objetivo final de un romance o un noviazgo es encontrar una pareja para toda la vida. La biblia nos dice que como cristianos debemos tener cuidado de no casarnos con un incrédulo (2 Corintios 6:14-15), porque esto puede debilitar nuestra relación con Cristo, o comprometer nuestra moral y estándares.

Cuando uno está comprometido en una relación con alguien, es importante recordar el amar al Señor por sobre cualquier otra persona (Mateo 10:37). El decir o creer que la otra persona es tu “todo” o que es la cosa más importante en tu vida, eso es idolatría, lo cual es pecado (Gálatas 5:20, Colosenses 3:5). Además, no debemos mancillar nuestro cuerpo teniendo relaciones pre-matrimoniales (1 Corintios 6:9; 2 Timoteo 2:22). La inmoralidad sexual no es solamente un pecado contra Dios, sino contra nuestro propio cuerpo (1 Corintios 6:18). Es importante amar y honrar a otros como a nosotros mismos (Romanos 12:9-10), y esto ciertamente es una verdad tanto para el noviazgo como para las citas románticas. El seguir estos principios bíblicos es la mejor manera de tener una base segura para el matrimonio. Es una de las decisiones más importantes que haremos en la vida, porque cuando dos personas se casan, ellos se aferran el uno al otro y se vuelven una sola carne, lo cual debe ser permanente e inseparable (Génesis 2:24; Mateo 19:5).

Usado con permiso del Ministerio Got Questions

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

El síndrome del éxito

Febrero 11

El síndrome del éxito

Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros. (Filipenses 2:17)

La sociedad norteamericana está produciendo una generación de cristianos que quieren sobre todo alcanzar el éxito. Casi nunca tienen una humilde actitud de servicio. No están dispuestos a hacer sacrificios por la causa de Cristo porque se les ha enseñado, de forma oral o de algún otro modo, que los cristianos deben ser ricos y famosos, que deben tener éxito y ser populares.

Tal orientación hacia el éxito personal y no hacia el servicio humilde es lo opuesto de lo que glorifica a Dios. Vivir para la gloria de Dios quiere decir que usted sabe que es mortal y está dispuesto a morir, si fuera necesario, para lograr los propósitos de Dios. Tal actitud humilde glorifica a Dios.

Para crecer espiritualmente, debemos estar absortos en el señorío de Cristo en el momento de la salvación y permitirle que domine nuestra vida de allí en adelante. Al hacerlo, debemos buscar solamente su gloria, no nuestra comodidad ni nuestro éxito. No creceremos cuando escojamos nuestro propio camino o sirvamos a Dios con el motivo incorrecto.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org