La fe salvadora no se satisface fácilmente

FEBRERO, 10

La fe salvadora no se satisface fácilmente

Devocional por John Piper

Y si en verdad hubieran estado pensando en aquella patria de donde salieron, habrían tenido oportunidad de volver. Pero en realidad, anhelan una patria mejor, es decir, celestial.(Hebreos 11:15-16)

La fe ve el futuro prometido que Dios ofrece y lo «anhela». Insistamos en este pensamiento por un momento.

Hay muchas personas que diluyen lo que es la fe salvadora al hacer de ella una simple decisión que no conlleva ningún cambio en lo que uno desea y busca. Pero el punto de este pasaje es que vivir y morir por fe significa tener nuevos deseos y buscar nuevas satisfacciones.

El versículo 14 dice que los santos de antaño (que son elogiados por su fe en Hebreos 11) buscaban una patria diferente a la que este mundo les ofrecía. El versículo 16, mencionado anteriormente, dice que ellos estaban anhelando algo mejor que lo que una existencia terrenal podía ofrecer en el presente.

Ellos estaban tan aferrados a Dios que nada menos que el cielo podía satisfacerlos.

Esta es la verdadera fe salvadora: ver las promesas de Dios desde lejos y experimentar un cambio en los valores —de manera que uno desee y busque las promesas por encima de lo que el mundo tiene para ofrecer—.


Devocional tomado del sermón “La esperanza de los exiliados en la Tierra”

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Génesis 43 | Marcos 13 | Job 9 | Romanos 13

10 FEBRERO

Génesis 43 | Marcos 13 | Job 9 | Romanos 13

“No tengáis deudas pendientes con nadie, a no ser la de amaros unos a otros. De hecho, quien ama al prójimo ha cumplido la ley” (Romanos 13:8). Algunos cristianos han utilizado este versículo para argumentar que toda deuda es injusta y condenada por Dios. Pagad las cosas en el momento. “No tengáis deudas pendientes con nadie”. Algunos llegan a declarar que no es correcto recurrir a una hipoteca para comprar una casa o construir una iglesia.

El desarrollo del pasaje, sin embargo, desautoriza esta interpretación. Los primeros versículos exhortan a los cristianos a someterse a las autoridades civiles, no solo porque Dios las haya constituido, sino también porque, cuando cumplen adecuadamente con sus funciones, refuerzan lo correcto y castigan lo que no lo es (13:1–4). Así pues, es importante someterse a tales autoridades, no solo para evitar en castigo, “sino también por razones de conciencia” (13:5): los cristianos quieren mantener limpia su conciencia cumpliendo con sus obligaciones. Por esta razón pagamos impuestos. Las autoridades civiles “están al servicio de Dios, dedicadas precisamente a gobernar” (13:6). Como otros siervos de Dios, en ocasiones son desobedientes y necios, pero, en el orden de la sociedad establecido por el Señor, los impuestos sustentan a los que tienen asignada la tarea de gobernar. Por tanto, debemos pagar lo que debemos: “Si debéis impuestos, pagad los impuestos; si debéis contribuciones, pagad las contribuciones” (13:7).

De forma más general, pagad todo lo que debáis: “Al que debáis respeto, mostradle respeto; al que debáis honor, rendidle honor. No tengáis deudas pendientes con nadie, a no ser la de amaros unos a otros” (13:7–8).

Entonces, en este contexto, “deuda” solo hace referencia a las obligaciones económicas de forma secundaria. El pasaje tiene relación con las obligaciones continuas de las relaciones personales en una sociedad ordenada por Dios. Además, en lo que respecta a las finanzas, algunos de nuestros deberes, como los impuestos, se pagan una y otra vez; igualmente, en un préstamo hipotecario, cuando llegan las letras, las pagamos. Existen razones de todo tipo por las que sería mejor evitar las deudas fiscales, pero no es esta la reflexión que el apóstol está haciendo aquí.

La forma como Pablo habla acerca del amor, calificándolo como una deuda pendiente, refuerza el sentido. Algunas “deudas”, como los impuestos, se repiten; la del amor, más que repetirse es continua: siempre está con nosotros. Los mandamientos relativos a las relaciones horizontales (lo que actualmente llamaríamos relaciones sociales) pueden resumirse en esta única norma: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (13:9; Levítico 19:18). El amor es, pues, el “cumplimiento” de la ley (13:10), esto es, aquello hacia lo cual la ley apunta en esta época de consumación escatológica (13:11–14), y en esto siempre estamos en deuda.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, pp. 41–42). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Los amigos

El atribulado es consolado por su compañero.

Job 6:14

Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.

Juan 15:13

Los amigos

¿Desea tener muchos amigos? Una de las redes sociales de Internet se lo propone, según el principio que «los amigos de sus amigos son sus amigos». ¡Así el internauta tiene una «familia» de amigos, pero cuya mayoría desconoce! Pero, ¿son realmente «amigos»? Un trágico suceso plantea esta pregunta: una británica había anunciado su suicidio a sus 1048 amigos en Facebook. ¡El día señalado murió de una sobredosis de medicamentos sin que ninguno de sus supuestos amigos hiciese nada!

La Biblia subraya los caracteres de un verdadero amigo:

–El amigo es fiel en los buenos como en los malos momentos: “En todo tiempo ama el amigo” (Proverbios 17:17).

–El amigo puede compensar la lejanía de la familia. La amistad no se detiene en la frontera entre generaciones (Proverbios 27:10).

–El amigo es leal y franco: por el bien de su prójimo, no duda en hacerle observaciones, incluso si pueden ser difíciles de aceptar (Proverbios 27:6).

–El amigo es digno de confianza, es un confidente (Proverbios 19:9).

–El amigo está lleno de atenciones, de compasión (Job 6:14).

–La amistad tiene un efecto benéfico para el alma (Proverbios 27:9).

Jesús dijo que no hay mayor amor que dar su vida por sus amigos. ¡Pero él hizo mucho más que eso: dio su vida por sus enemigos! ¡Su muerte en el Calvario salva a los que se arrepienten! Su amor infinito lo llevó a soportar el juicio de Dios en nuestro lugar. ¿Quién nos amó tanto como Jesucristo?

Génesis 44 – Mateo 25:31-26:13 – Salmo 21:8-13 – Proverbios 8:22-27

Sentir lo que Dios siente

Sentir lo que Dios siente

2/9/2018

Sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. (Romanos 14:8)

Recuerdo a una joven que aprendió a sentir dolor cuando no se honraba a Dios. Salió de un pequeño pueblo en Virginia occidental para ir a vivir con un estudiante en la UCLA. Poco después la echó a patadas. Ella anduvo deambulando y trató de quitarse la vida varias veces, pero cada vez sobrevivió. Mi hermana y yo la conocimos y tuvimos la oportunidad de guiarla a Cristo. Poco después de eso ella decidió volver a su pueblo natal para hablarles de Cristo a su mamá y a sus amigas.

Varios meses después, me escribió una carta. Esto es algo de lo que escribió:

“Puedo casi sentir la insoportable tristeza que Dios siente cuando alguien lo rechaza y no lo glorifica. ¡Él es Dios! Él nos hizo. Él nos lo dio todo. Seguimos dudando y rechazándolo. ¡Es horrible! Cuando pienso en cuánto lo herí, espero que algún día yo pueda compensar eso.

“Está muy claro para mí que debe glorificarse a Dios. Él lo merece, y desde hace mucho tiempo. Anhelo decirle a Cristo, y así indirectamente a Dios, que lo amo. Quiero que Dios sea Dios y que ocupe el lugar que merece. Estoy hastiada de ver cómo las personas lo rebajan”.

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Mejor que el dinero, el sexo y el poder

FEBRERO, 09

Mejor que el dinero, el sexo y el poder

Devocional por John Piper

Por tanto, no desechéis vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa. (Hebreos 10:35)

Tenemos que meditar en la superioridad de Dios como nuestra gran recompensa por sobre todo lo que el mundo tiene para ofrecer. Si no lo hacemos, amaremos el mundo como el resto lo hace, y viviremos como todos los demás.

Tomemos las cosas que mueven al mundo y meditemos en lo bueno y perpetuo que Dios es en comparación. Consideremos el dinero, el sexo o el poder, y pensemos acerca de ellos en relación con la muerte. La muerte acabará con cada uno de ellos. Si vivimos para ellos, no conseguiremos mucho; y lo que lleguemos a conseguir, lo perdemos.

En cambio, el tesoro de Dios permanece, dura, va más allá de la muerte. Es mejor que el dinero porque Dios posee todo el dinero y es nuestro Padre. «Todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios» (1 Corintios 3:22-23).

Es mejor que el sexo. Jesús nunca tuvo relaciones sexuales y fue el ser humano más pleno y completo que existirá por siempre. El sexo es una sombra —una imagen— de una realidad más grande, de una relación y un placer que harán que el sexo parezca un bostezo.

La recompensa de Dios es mejor que el poder. No existe mayor poder humano que el de ser un hijo del Dios Todopoderoso. «¿No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?» (1 Corintios 6:3).

Y así continúa la lista. Dios es mejor y más permanente que todo lo que el mundo tiene para ofrecer.

No hay comparación. Dios gana —cada vez—. La pregunta es la siguiente: ¿Lo tendremos nosotros a él? ¿Nos despertaremos del trance de este mundo estupefaciente, para en su lugar ver y creer y regocijarnos y amar?


Devocional tomado del sermón “El poder presente de una posesión futura”

Génesis 42 | Marcos 12 | Job 8 | Romanos 12

9 FEBRERO

Génesis 42 | Marcos 12 | Job 8 | Romanos 12

Bildad de Súah se escandaliza con la respuesta de Job a Elifaz y ofrece su mordaz refutación (Job 8).

“¿Hasta cuándo seguirás hablando así?”, pregunta. “¡Tus palabras son un viento huracanado!” (8:2). Diríamos que no son sino pura demagogia. Desde la perspectiva de Bildad, Job está acusando a Dios de pervertir la justicia. “¿Acaso pervierte Dios la justicia?” (8:3). No obstante, Bildad no puede permitir que esta reflexión quede como un simple asunto teológico a debatir por expertos en la materia. Bildad explica ahora las insinuaciones de su pregunta retórica, algo que debió doler profundamente a Job: “Si tus hijos pecaron contra Dios, él les dio lo que su pecado merecía” (8:4). En otras palabras, la explicación correcta de la tempestad que mató a los diez hijos de Job (1:18–19) es que estos merecían lo que les ocurrió. Según Bildad, decir otra cosa significaría que Dios es injusto, que pervierte la justicia. Por tanto, el camino que debe seguir Job es volver la mirada a Dios y pedir perdón al Todopoderoso (8:5). Si se humilla y es verdaderamente puro y recto, el Señor lo restaurará “al lugar que le corresponde”. De hecho, las fabulosas riquezas de las que Job disfrutaba parecerán insignificantes en comparación con las recompensas que recibirá (8:6–7).

Bildad apela a la tradición de toda la vida, “las generaciones pasadas”, para reforzar su autoridad. Las opiniones que tanto él como sus amigos expresan no son ideas modernas, sino la tradición recibida. Ellos, independientemente de su edad, solo han aprendido por experiencia lo que puede probarse en una vida. Sin embargo, apelan a la información acumulada durante generaciones, que dice que los impíos y los que olvidan a Dios perecen como los juncos sin agua; tienen la estabilidad de los que se apoyan sobre una telaraña (8:11–19). En cambio, “Dios no rechaza a quien es íntegro, ni brinda su apoyo a quien hace el mal” (8:20).

En términos generales, este argumento es el mismo que el de Elifaz, expresado quizás sin rodeos; mientras este mencionó visiones nocturnas, Bildad apelaba a la tradición recibida. Una vez más, este punto de vista es acertado en parte. Por un lado, en una escala eterna, es correcto concluir que Dios vindica la justicia y condena la impiedad. Sin embargo, mientras Bildad expresa el caso, pretende conocer más de los hechos del Señor de lo que realmente sabe (ni él ni Job están al corriente de lo ocurrido entre bambalinas en el capítulo 1), y lo que es peor, aplica su doctrina de forma mecánica y carente de visión, condenando a un hombre justo.

¿Se le ocurren ejemplos de situaciones en que una aplicación prematura o desequilibrada de la verdad bíblica ha demostrado ser fundamentalmente equivocada?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 40). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Siempre la misma!

Friday 9 February

¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no… va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso… Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.

Lucas 15:4-7

¡Siempre la misma!

Antes de acostarse, el pastor Fernando contó sus ovejas… 97, 98, 99… ¡Le faltaba una! Echó una mirada al rebaño y notó cuál no estaba. ¡Faltaba Lana, Lana la independiente, la aventurera, siempre la misma! ¿La dejaría a su suerte, como lo merecía? Después de todo, todavía le quedaban 99… No, Lana era única, él la amaba, él era su pastor y ella su oveja.

¿Dónde estaría Lana? ¿Habría sido devorada por una fiera? ¿Se habría caído por un precipicio? ¡Tenía que encontrarla costara lo que costara! A pesar del cansancio, Fernando salió a buscar a su oveja. La buscó, la llamó, caminó durante mucho tiempo. Lana se había ido muy lejos… Al fin, un débil gemido respondió a sus pacientes llamados. Escuchó atentamente… ¡Sí, era ella! ¡Había caído en un hueco y se había roto una pata! ¡Pobre animal!

Fernando olvidó su cansancio y, lleno de gozo, la levantó con mucho cuidado, le habló tiernamente y la puso sobre sus hombros. La oveja reconoció su voz y, aliviada, se dejó llevar por el pastor, quien la condujo al rebaño.

A menudo Jesús compara los hombres con las ovejas y se presenta como el buen Pastor. Nuestros pecados nos alejaron de él, pero él nos busca porque nos ama.

¡No dejemos sin respuesta durante más tiempo sus tiernos llamados! Lo que él más desea es encontrarnos, dondequiera que estemos, curar nuestras heridas y ocuparse de nosotros. ¡Así llenaremos de gozo su corazón!

Génesis 43 – Mateo 25:1-30 – Salmo 21:1-7 – Proverbios 8:17-21

Interesados en la gloria de Dios

Interesados en la gloria de Dios

2/8/2018

No puedes soportar a los malos. (Apocalipsis 2:2)

Debemos estar tan interesados en la gloria de Dios que suframos cuando no se le honra. Esa fue sin duda la actitud de David cuando dijo: “Porque me consumió el celo de tu casa; y los denuestos de los que te vituperaban cayeron sobre mí” (Sal. 69:9). David sufría profundamente cuando no se honraba a Dios.

Como padre, comprendo lo que David estaba diciendo. Si alguien hiere a uno de mis hijos, me hiere a mí. A menudo he llorado por alguien a quien amo y cuyo corazón estaba quebrantado. Cuando usted se identifique con Dios de esa manera, le interesará su honra mucho más de lo que le ocurre a usted.

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Contento de no ser Dios

FEBRERO, 08

Contento de no ser Dios

Devocional por John Piper

Tributad al Señor, oh familias de los pueblos, tributad al Señor gloria y poder.(Salmos 96:7)

He aquí lo que yo pienso que debería ser parte de la experiencia plena de lo que el salmista llama a hacer cuando dice: «tributad [= dad] al Señor gloria y poder».

Primero, por la gracia de Dios, prestamos atención a Dios y vemos que él es fuerte. Prestamos atención a su fortaleza. Luego aprobamos la grandeza de su fuerza y le damos el respeto que merece por su valor.

Nos damos cuenta de que su fortaleza es increíble. Pero lo que hace que este asombro sea un tipo de maravilla que «se entrega» es que estemos especialmente contentos de que esta grandeza en fortaleza sea de él y no nuestra.

Sentimos una profunda idoneidad en el hecho de que él sea infinitamente fuerte y no nosotros. Amamos esa verdad. No envidiamos a Dios por su fortaleza. No codiciamos su poder. Estamos llenos de gozo de que toda la fuerza sea suya.

Todo nuestro ser se regocija al contemplar este poder como si hubiéramos llegado a la celebración de la victoria de un corredor de fondo que nos ganó en la carrera, y sintiéramos el gozo más grande al admirar su fortaleza, en lugar de resentir nuestra derrota.

Encontramos el significado más profundo de la vida cuando nuestro corazón se abre libremente a admirar el poder de Dios, en lugar de volcarse hacia adentro y jactarse en el de uno mismo —o siquiera pensar en el de uno mismo—. Descubrimos algo impresionante: es profundamente gratificante no ser Dios, y desistir a todos nuestros pensamientos y deseos de ser Dios.

Al prestar atención al poder de Dios, aumenta nuestro entendimiento de que Dios creó el universo con este motivo: que pudiéramos tener la experiencia supremamente gratificante de no ser Dios, sino de admirar la divinidad de Dios —la fortaleza de Dios—. Se asienta en nosotros la paz que conlleva el darnos cuenta de que la admiración de lo infinito es el fin de todas las cosas.

Nos estremece pensar en la mínima tentación de atribuirnos cualquier poder como si viniera de nosotros. Dios nos creó débiles para protegernos de eso: «Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la extraordinaria grandeza del poder sea de Dios y no de nosotros» (2 Corintios 4:7).

¡Oh, cuán grande amor es este, que Dios nos proteja de reemplazar las alturas de la eterna admiración de su poder con el intento vano de jactarnos en el nuestro!


Devocional tomado del libro “How Do You “Give” God Strength?”

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Génesis 41 | Marcos 11 | Job 7 | Romanos 11

8 FEBRERO

Génesis 41 | Marcos 11 | Job 7 | Romanos 11

En la segunda parte de su respuesta a Elifaz, Job de dirige directamente a Dios (Job 7), aunque se supone que debemos entender que Elifaz y sus amigos están escuchando su dolorosa oración. De hecho, como veremos, existe una estrecha relación entre los capítulos 6 y 7.

Los primeros diez versículos de conmovedores lamentos, llenos de descripciones de noches sin dormir y llagas infectadas, se centran en “recordar” a Dios lo breve de la vida humana. Existe una expresión contemporánea que dice que la vida es dura, y después morimos; de forma más prosaica, Job pregunta: “¿No tenemos todos una obligación en este mundo? ¿No son nuestros días como los de un asalariado?” (7:1). Físicamente, no durará mucho más.

Job razona: “Por lo que a mí respecta, no guardaré silencio; la angustia de mi alma me lleva a hablar, la amargura en que vivo me obliga a protestar” (7:11). Job dice a Dios que no es un monstruo, le pregunta por qué la toma entonces con él. Su vida no tiene sentido (7:16); preferiría morir estrangulado en lugar de vivir como lo está haciendo (7:15).

¿Por qué presta Dios tanta atención a un simple mortal como Job (7:17–18)? Aunque no es consciente de haber cometido pecado alguno en su vida para atraer semejante sufrimiento, Job sabe que es pecador. Sin embargo, ¿por qué está sufriendo tanto? “Si he pecado, ¿en qué te afecta, vigilante de los mortales? ¿Por qué te ensañas conmigo? ¿Acaso te soy una carga?” (7:20).

Ahora debería ser más fácil ver la relación de este capítulo con la reflexión del final del 6. Allí, Job dice a Elifaz que su integridad (la de Job) está en juego. El sentido del argumento de Elifaz era que Job debía estar sufriendo por pecados que nunca había confesado; el camino a seguir era la abnegación y la confesión. Sin embargo, este contesta que sus amigos deberían seguir siéndolo; que lo están condenando porque no pueden comprender que una persona inocente pueda sufrir; que su reprensión pone en duda la integridad de la que ha hecho gala durante toda su vida. En el capítulo 7, cuando Job se dirige a Dios, su postura es totalmente acorde con lo que acaba de decir a Elifaz. Lejos de confesar el pecado, le declara que está siendo atormentado, o que si ha pecado, no ha hecho nada para merecer este tipo de minuciosa atención y doloroso juicio. De hecho, falta muy poco para que insinúe que el propio Dios no es justo, pero Job mantiene su integridad.

Así pues, el drama de este libro se va desarrollando. Aún queda camino por explorar. Entretanto, meditemos sobre Job 42:7.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 39). Barcelona: Publicaciones Andamio.