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Génesis 43 | Marcos 13 | Job 9 | Romanos 13

10 FEBRERO

Génesis 43 | Marcos 13 | Job 9 | Romanos 13

“No tengáis deudas pendientes con nadie, a no ser la de amaros unos a otros. De hecho, quien ama al prójimo ha cumplido la ley” (Romanos 13:8). Algunos cristianos han utilizado este versículo para argumentar que toda deuda es injusta y condenada por Dios. Pagad las cosas en el momento. “No tengáis deudas pendientes con nadie”. Algunos llegan a declarar que no es correcto recurrir a una hipoteca para comprar una casa o construir una iglesia.

El desarrollo del pasaje, sin embargo, desautoriza esta interpretación. Los primeros versículos exhortan a los cristianos a someterse a las autoridades civiles, no solo porque Dios las haya constituido, sino también porque, cuando cumplen adecuadamente con sus funciones, refuerzan lo correcto y castigan lo que no lo es (13:1–4). Así pues, es importante someterse a tales autoridades, no solo para evitar en castigo, “sino también por razones de conciencia” (13:5): los cristianos quieren mantener limpia su conciencia cumpliendo con sus obligaciones. Por esta razón pagamos impuestos. Las autoridades civiles “están al servicio de Dios, dedicadas precisamente a gobernar” (13:6). Como otros siervos de Dios, en ocasiones son desobedientes y necios, pero, en el orden de la sociedad establecido por el Señor, los impuestos sustentan a los que tienen asignada la tarea de gobernar. Por tanto, debemos pagar lo que debemos: “Si debéis impuestos, pagad los impuestos; si debéis contribuciones, pagad las contribuciones” (13:7).

De forma más general, pagad todo lo que debáis: “Al que debáis respeto, mostradle respeto; al que debáis honor, rendidle honor. No tengáis deudas pendientes con nadie, a no ser la de amaros unos a otros” (13:7–8).

Entonces, en este contexto, “deuda” solo hace referencia a las obligaciones económicas de forma secundaria. El pasaje tiene relación con las obligaciones continuas de las relaciones personales en una sociedad ordenada por Dios. Además, en lo que respecta a las finanzas, algunos de nuestros deberes, como los impuestos, se pagan una y otra vez; igualmente, en un préstamo hipotecario, cuando llegan las letras, las pagamos. Existen razones de todo tipo por las que sería mejor evitar las deudas fiscales, pero no es esta la reflexión que el apóstol está haciendo aquí.

La forma como Pablo habla acerca del amor, calificándolo como una deuda pendiente, refuerza el sentido. Algunas “deudas”, como los impuestos, se repiten; la del amor, más que repetirse es continua: siempre está con nosotros. Los mandamientos relativos a las relaciones horizontales (lo que actualmente llamaríamos relaciones sociales) pueden resumirse en esta única norma: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (13:9; Levítico 19:18). El amor es, pues, el “cumplimiento” de la ley (13:10), esto es, aquello hacia lo cual la ley apunta en esta época de consumación escatológica (13:11–14), y en esto siempre estamos en deuda.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, pp. 41–42). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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