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Génesis 41 | Marcos 11 | Job 7 | Romanos 11

8 FEBRERO

Génesis 41 | Marcos 11 | Job 7 | Romanos 11

En la segunda parte de su respuesta a Elifaz, Job de dirige directamente a Dios (Job 7), aunque se supone que debemos entender que Elifaz y sus amigos están escuchando su dolorosa oración. De hecho, como veremos, existe una estrecha relación entre los capítulos 6 y 7.

Los primeros diez versículos de conmovedores lamentos, llenos de descripciones de noches sin dormir y llagas infectadas, se centran en “recordar” a Dios lo breve de la vida humana. Existe una expresión contemporánea que dice que la vida es dura, y después morimos; de forma más prosaica, Job pregunta: “¿No tenemos todos una obligación en este mundo? ¿No son nuestros días como los de un asalariado?” (7:1). Físicamente, no durará mucho más.

Job razona: “Por lo que a mí respecta, no guardaré silencio; la angustia de mi alma me lleva a hablar, la amargura en que vivo me obliga a protestar” (7:11). Job dice a Dios que no es un monstruo, le pregunta por qué la toma entonces con él. Su vida no tiene sentido (7:16); preferiría morir estrangulado en lugar de vivir como lo está haciendo (7:15).

¿Por qué presta Dios tanta atención a un simple mortal como Job (7:17–18)? Aunque no es consciente de haber cometido pecado alguno en su vida para atraer semejante sufrimiento, Job sabe que es pecador. Sin embargo, ¿por qué está sufriendo tanto? “Si he pecado, ¿en qué te afecta, vigilante de los mortales? ¿Por qué te ensañas conmigo? ¿Acaso te soy una carga?” (7:20).

Ahora debería ser más fácil ver la relación de este capítulo con la reflexión del final del 6. Allí, Job dice a Elifaz que su integridad (la de Job) está en juego. El sentido del argumento de Elifaz era que Job debía estar sufriendo por pecados que nunca había confesado; el camino a seguir era la abnegación y la confesión. Sin embargo, este contesta que sus amigos deberían seguir siéndolo; que lo están condenando porque no pueden comprender que una persona inocente pueda sufrir; que su reprensión pone en duda la integridad de la que ha hecho gala durante toda su vida. En el capítulo 7, cuando Job se dirige a Dios, su postura es totalmente acorde con lo que acaba de decir a Elifaz. Lejos de confesar el pecado, le declara que está siendo atormentado, o que si ha pecado, no ha hecho nada para merecer este tipo de minuciosa atención y doloroso juicio. De hecho, falta muy poco para que insinúe que el propio Dios no es justo, pero Job mantiene su integridad.

Así pues, el drama de este libro se va desarrollando. Aún queda camino por explorar. Entretanto, meditemos sobre Job 42:7.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 39). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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