20/27 – La vida de oración de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

20/27 – La vida de oración de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-vida-de-oracion-de-cristo/

Leslie Basham: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Yo debo confesar que a menudo, cuando oro, a nivel de mis sentimientos, siento que nadie me está escuchando. Yo no puedo ver a Dios. A veces no puedo sentirlo. Cuando oro, necesito fe para creer que lo que no veo y no siento, es aún real, y que Dios está ahí, y que está oyendo, que Él está escuchando, y que Él responderá.

Leslie: Estás escuchandon Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. En las últimas semanas, hemos estado estudiando la vida de Jesús, siguiendo el bosquejo de un libro escrito por Oswald Sanders, El Cristo incomparable [The Incomparable Christ – disponible en Inglés]. Aquí está Nancy en la serie, El Cristo incomparable.

Nancy: Hoy queremos ver algo más que hace a Cristo incomparable, nadie es como Él.  Jesús fue un hombre de oración, y oraba porque era un hombre. Esto es parte de Su humanidad. Es una expresión de Su sentido de dependencia como hombre, el hecho de que Él oraba a Su Padre Celestial.

Como humanos, estamos necesitados y somos dependientes; no somos autosuficientes ni independientes. Necesitamos provisión, protección, dirección, sabiduría, ayuda, consuelo, y ánimo. Dios es el dador de toda buena dádiva y de todo don perfecto. Él es la fuente de todo lo que necesitamos.

La oración significa que nos humillamos y reconocemos que estamos en necesidad, y le pedimos a Dios—quien lo tiene todo—que nos ayude a suplir esa necesidad. Eso significa que la oración es la expresión más grande de dependencia que podemos ofrecer a un Dios todo suficiente. Es el reconocimiento de que sabemos que Lo necesitamos.

Mientras pensaba en eso esta semana, me impactó que si realmente creyeramos que somos personas necesitadas y que Él es todo suficiente, que está dispuesto, y que es capaz de suplir todas nuestras necesidades, ¡entonces oraríamos! Pero el hecho es que oramos poco. Permíteme hacerlo más personal. El hecho es que yo no oro más o porque no me doy cuenta cuán necesitada realmente estoy, o porque tengo un espíritu orgulloso y autosuficiente, o porque no creo que Él puede satisfacer mis necesidades, o porque no creo que Él quiera satisfacerlas.

Si yo creyera que estoy necesitada y que Él está dispuesto y es capaz, entonces oraría. Así que si no oro, entonces hay algo que está mal con lo que estoy creyendo.

Tú no puedes conocer realmente a Cristo sin considerar seriamente Su vida de oración. Definitivamente es una de las cosas más importantes acerca de Él. Es una de las cosas que sale a relucir en los evangelios –particularmente en el Evangelio Lucas—una y otra vez. Lee el Evangelio de Lucas en algún momento, y traza un círculo a cada referencia a la oración. Podrás ver que Él, Cristo, era un hombre de oración.

En esta sesión, quiero hacer 10 observaciones acerca de la vida de oración de Cristo. No es nada profundo ni que no hayas escuchado antes, pero al meditar en Cristo como un hombre de oración, y en mi deseo de convertirme en una mujer de oración, aquí hay 10 cosas que he observado acerca de la vida de oración de Cristo que deberían animarnos y motivarnos.  

1. Él oraba a Su Padre. Su vida de oración estaba basada en una relación familiar. El hecho de que Él orara a Su Padre revela la intimidad de Su relación con Él. Sus oraciones no eran solo listas de peticiones, como suelen ser las mías —por favor has esto, y has aquello, y no olvides esto, y necesito aquello. Sus oraciones eran mucho más que eso. Él estaba pasando tiempo con alguien que conocía íntimamente, a quien amaba, y sabía que lo amaba y con quien quería pasar tiempo.

Pienso que el Salmo 27 el versículo 4, que es uno de mis versículos favoritos, es algo que Jesús pudo haber dicho:

“Una cosa he pedido al SEÑOR, y ésta buscaré: que habite yo en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del SEÑOR, y para meditar en su templo.”

Jesús tenía ese deseo de estar con Su Padre. Así que Sus oraciones nacían de una relación con Él. 

2. Oraba con frecuencia. Él oraba mucho. No solo un poco, sino mucho. A veces Él se apartaba de la multitud con el propósito expreso de orar; pero a veces, oraba en el transcurso de su rutina diaria y de sus actividades. Mientras lees los evangelios, puedes darte cuenta de que los momentos claves de Su vida estuvieron marcados por la oración —Su bautismo, la elección de los doce discípulos, el Monte de la Transfiguración, la alimentación de los 5000, el Huerto de Getsemaní, la cruz — esos fueron momentos importantes que estuvieron marcados por la oración.

Pero Él también oraba en los momentos que no eran tan importantes, como una forma de vida. Él oró después de un día completo de ministrar, cuando estaba cansado. Él era un hombre. Un hombre de carne y hueso. Te imaginas cómo estaría, sumamente cansado. Él oraba antes de empezar un nuevo día de ministerio, con la gente presionándolo y con cosas pendientes por hacer y lugares a donde ir. Él oraba como parte de su rutina. Cada ocasión era adecuada para orar –para comunicarse con Su Padre, manteniendo esa línea de comunicación abierta. No había un evento, acontecimiento o detalle demasiado grande o demasiado pequeño para no fuera un motivo de oración. Él vivió orando y murió orando. Él oraba con regularidad. Esa era su forma de vida.

3. Él oraba solo y en compañía de otros.

En Lucas capítulo 5 versículo 15 vemos una ocasión en donde se nos dice que Jesús oró solo con Su Padre.

Ahora, Su fama crecía, y grandes multitudes se reunían a escucharle y a ser sanados de sus enfermedades; pero Él se retiraba a lugares desolados y oraba (v. 15-16).

Así que a veces Él dejaba la multitud —dejaba la presión, las responsabilidades, las fechas límites, y las demandas. Era un acto intencional de Su parte. Se retiraba y de manera intencional Él iba a sitios desolados donde no fuera interrumpido o distraído, y allí oraba. Sabemos también que hubo momentos en que Él fue a esos lugares desolados y trató de estar solo, y las multitudes le siguieron y se lo impidieron.

Una cosa me encanta del Salvador es que Él nunca se molestó con la gente. Me sucede a veces que cuando estoy en esos lugares desolados y quiero estudiar y buscar al Señor, cuando llega la multitud y me interrumpe puedo molestarme con la gente misma a la que el Señor me llamó a servir. Y digo esto por aquellas de ustedes que tienen niños pequeños y saben lo difícil que es apartarse de la multitud. A veces alejarse a un lugar desierto no significa enviarlos de campamento o que tú salgas de la casa por una semana. A veces significa que en medio de la multitud tú encuentres un lugar tranquilo en tu corazón.

Jesús sabía cómo hacer eso también, Él lograba estar sereno en medio de una multitud. Él oraba cuando estaba a solas con Su Padre, pero también en lugares públicos. Lucas capítulo 3 nos dice que Él oró en Su bautismo. Juan capítulo 6 nos dice que Él oró en la alimentación de los cinco mil, alzando los ojos al cielo y dio gracias —un lugar bastante público. Juan capítulo 11 dice que también oró ante la tumba de Lázaro. Así que Él oró en lugares públicos.

Luego Él también oraba con Sus discípulos. Yo creo que además de los momentos en que oraba sólo con Su Padre, esos tiempos de oración con Sus discípulos deben haber sido muy especiales para Él y también para ellos.

Lucas capítulo 11 nos dice,

Ahora Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dice, “Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos.”

Así que Jesús estaba con Sus discípulos. Ellos le veían orar. Ellos le escuchaban orar. De alguna manera, ellos estaban cerca cuando Él estaba orando, así que estaban motivados para decir, “Señor, enséñanos a orar.”

Versículo 2 Y Él les dijo, “Cuando oréis, decid: «Padre, santificado sea tu nombre. Venga tu reino.” (v. 2).

Él se llevó a Sus discípulos al lugar de oración. Podemos verlo nuevamente en el Monte de la Transfiguración en Lucas capítulo 9, “Y como ocho días después de estas palabras, Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar”. (v.28). Él los llevó consigo. Él oró con ellos.

En el Huerto de Getsemaní, Él estaba con Sus discípulos. Cuando fue a orar, se retiró a la distancia de un tiro de piedra, pero Él oraba fervientemente. No puedo dejar de pensar que los discípulos sabían lo que estaba sucediendo. Probablemente lo podían ver. Tal vez podían escucharle mientras oraba.

Yo creo que Jesús sentó el patrón para que nosotros oremos con la familia de Dios. Oramos juntos cuando decimos, «Danos hoy el pan nuestro de cada día.” (Lucas 11:3). Yo sé que hay algunas personas que no se sienten cómodas orando con otros, pero quiero decirles que cuando lo hacemos en nuestro equipo de trabajo, es algo dulce. Algunas veces, yo llamo a mi madre y hago una oración de bendición al final del día. Ora con aquellos que conoces y que amas. Busquen al Señor juntos.

En nuestro equipo de trabajo nos encanta orar juntos. No solo nos encanta, sino que lo necesitamos. Estamos desesperados. Nosotros tenemos reuniones de oración de pie. Si escuchamos de una necesidad de alguno de nuestros oyentes, o de algo que sucede en el ministerio, espontáneamente nos reunimos. Hay mucha oración por aquí. No porque somos súper espirituales, sino porque realmente necesitamos al Señor, y lo necesitamos juntos. Permíteme animarte a que aproveches esas oportunidades.

Bueno, y me detuve mucho en este punto. Así que movámonos hacia otros.

4. Jesús siempre encontró tiempo para orar

Sin duda alguna, Él estaba más ocupado que lo que cualquiera de nosotros jamás estará—cuando pensamos que su lista de cosas pendientes consistía en todo el plan de redención que tenía que completar en tres años. Pero nunca estuvo tan ocupado que no tuviera tiempo para orar. Siempre fue una prioridad para Él.

Yo me reuní con algunos amigos para escuchar sus comentarios sobre estas sesiones, y estuvimos discutiendo este capítulo. Una de las jóvenes dijo que una de las primeras cosas que notó en el capítulo del libro de Oswald Sanders sobre la vida de oración de Cristo fue el orar a pesar del sentimiento de culpa por no orar lo suficiente. Yo conozco ese sentimiento: “No soy una persona que ora mucho; me voy a sentir culpable”. Y esta joven siguiendo diciendo, “pero mientras leía este capítulo me di cuenta de que Jesús realmente veía la oración como Su trabajo más importante. Él ponía todas las otras demandas por debajo de esto. Leer este capítulo me inspiró a orar aun cuando mi trabajo es agobiante”. Esas palabras son buenas palabras de aliento. Jesús siempre encontró tiempo para orar.

¿Quién de nosotros puede comparar su carga de trabajo con la de Cristo? ¿Quién de nosotras tiene más distracciones e interrupciones que las que Él enfrentaba cada día? Las suyas eran situaciones de vida o muerte. Cosas como, “¡Ven pronto que mi hija se está muriendo!” “Ya es demasiado tarde; ya se murió.” Eran cosas reales las que lo presionaban. Él tenía emergencias donde quiera. Pero Él encontraba tiempo para orar. Si alguien podía justificar el saltar o apresurar su tiempo de oración, Jesús parecía ser la persona indicada. Pero en las temporadas más ocupadas y con más presión de Su vida Él oró más, no menos.

Estuve leyendo otro libro sobre la vida de Cristo, meditando para esta serie, y me encontré con otro antiguo escritor que dijo, “Nosotros hacemos de nuestras ocupadas agendas y de las presiones demandantes una razón para no orar; Jesús las hizo una razón para orar.”1 ¿No es eso una buena palabra? Jesús siempre encontró tiempo para orar.

5. Jesús oró por aquellas cosas que Él sabía agradarían y honrarían a Su Padre y que redundaban en el avance del Reino de Dios.

Él estaba más interesado en eso que en Su propio bienestar. Siempre estaba sometiendo Su voluntad a la de Su Padre.

Me encanta el pasaje de Juan capítulo 12 el versículo 27, donde Jesús dice,

“Ahora mi alma se ha angustiado; y ¿qué diré: «Padre, sálvame de esta hora?” Pero para esto he llegado a esta hora. [Yo vine para morir, por esa razón Él me envió aquí. ¿Cuál es entonces su oración? Él no ora al Padre que le salve de esa hora, sino que dice] Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo:  le he glorificado, y de nuevo le glorificaré.” (v. 27-28).

En Su caso, glorificar el nombre de Dios significaba sufrir la cruz. Sus propios deseos estuvieron siempre sujetos y dirigidos hacia aquello que glorificaría y honraría al Padre.

Juan 17 “Estas cosas habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que el Hijo te glorifique a ti,” (Juan 17:1). Ese fue siempre el propósito. Has lo que sea necesario para que Tú seas glorificado.

6. Jesús creía que Dios le escuchaba cuando oraba. Él oraba con la fe y la confianza de que Dios le escuchaba y respondería Sus oraciones. En la tumba de Lázaro en Juan capítulo 11, dice “Jesús alzó los ojos a lo alto, y dijo: Padre, te doy gracias porque me has oído.” (v. 41-42). ¿Sabías que tú puedes tener la misma confianza cuando oras? Tal vez tú pienses, “¡Pero es que yo no soy Jesús!” Pues escucha este versículo.

“Y esta es la confianza que tenemos delante de Él, que si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que Él nos oye en cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hemos hecho.” (1 Juan 5: 14-15).

Él pensaba que Dios le escuchaba cuando Él oraba y que Dios le respondería. ¿Tú crees eso cuando tú oras? Yo debo de confesar que cuando oro, a nivel de mis sentimientos, a menudo creo que nadie me está escuchando. Yo no puedo ver a Dios. A veces tampoco lo siento. Mi vida de oración no es como esas que leo a veces donde la gente siente la presencia de Dios — eso no suele suceder conmigo. Cuando oro, necesito fe para creer que lo que no puedo ver ni sentir sigue siendo real, y que Dios está ahí y que Él está escuchando, y que Él va a responder.

7. Jesús oró mucho durante Su pasión. Es hacia esa semana que nos acercamos en esta serie; la semana del arresto, juicio y crucifixión de Cristo, también conocida como La Semana Santa. Él oró mucho en esos días en particular. En Lucas capítulo 22, vemos a Jesús en Getsemaní. Estaremos haciendo toda una sesión sobre ese evento. Escuchamos a Jesús orar en la cruz. Veremos de manera más breve lo que Él oró en la cruz.

Pero Yo quiero ver por un momento a Juan capítulo 17, la oración sacerdotal que hizo Jesús —la verdadera oración del Señor— la cual hizo entre el aposento alto y Getsemaní. Esta es una mirada íntima a la vida de oración de Cristo. Permíteme darte un bosquejo de ese capítulo.

  • Él oró por Sí mismo en Juan  17 de los versículos 1-5)
  • Él oró por Sus discípulos de los versículo  6-19

Él dijo en el versículo 11 “Guárdalos en tu nombre, el nombre que me has dado, para que sean uno, así como nosotros; “No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno (v.15)”; “Santifícalos en la verdad (v.17)”. Él oró primero por Sí mismo y luego por Sus discípulos.

  • Y entonces me encanta esto, de los versículos 20-26 ¡Él oró por nosotros!

“Más no ruego solo por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos [¡Esos somos nosotros!], para que todos sean uno. Como tú, oh Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria…” (v.20-21, 24).

Piensa en Jesús orando estas cosas por nosotros. Esto muestra Su corazón, ya que oró por otros cuando probablemente estaba siendo consumido con Sus propias necesidades. Él oró por Sí mismo, oró Sus discípulos, oró por nosotros, pero sobre todo—en Su vida de oración durante la semana de su pasión y durante toda su vida—Él oró por la gloria de Dios, para que se hiciera Su voluntad.

Tan solo unas horas después de la oración de Juan 17, Él oró en Getsemaní, y le dijo a sus discípulos, “Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil”. (Mt. 26:41). ¿No es interesante que sus discípulos se durmieron y cayeron en tentación? Jesús oró (mientras ellos dormian) y venció la tentación. Él conquistó al pecado y a la muerte. Él compró nuestra salvación. Y me llegó el pensamiento mientras meditaba anoche en este pasaje, imagínate¿Y si el Señor no hubiera orado? ¿Y si Él se hubiera quedado dormido cuando se suponía que estuviera orando?

Nosotros no podemos responder esa pregunta, porque Él hizo siempre la voluntad de Su Padre, pero piénsalo. ¿Qué hubiera pasado si se hubiera dormido en vez de orar? ¿Hubiera caído Él también en la tentación? Sé que es una pregunta absurda porque Jesús no pecó ni podía pecar, pero ¿No te alegra saber que Él oró? Yo me pregunto cuál sería la diferencia en nuestras vidas si nosotras oráramos en vez de dormir. Por supuesto que el sueño es un buen regalo. Hay un tiempo de dormir, pero hay un tiempo de levantarse y orar.

8. Jesús oró de manera fervorosa y apasionada. No oraciones monótonas. Yo pienso que, si fuera posible, nuestras oraciones harían que Dios se durmiera. Él debe estar allá arriba preguntándose si realmente nos interesa que Él nos conceda lo que le pedimos. ¿Realmente esto les importa? Yo creo que Dios podría pensar así acerca de muchas de mis oraciones. ¡Pero no de las de Jesús!

En Hebreos capítulo 5 nos dice que, “Cristo, en los días de su carne, habiendo ofrecido oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía librarle de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.”

Estamos casi llegando al Huerto de Getsemaní en esta serie. Cuán pocos de nosotros conoce aunque sea un poco lo que significa agonizar en oración como Jesús lo hizo.

9. Aun cuando fue abandonado por Su Padre, y Dios rehusó responderle, Él oró.

Nosotras sabemos que el Salmo 22 es un salmo mesiánico. Jesús oró parte de él en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación y de las palabras de mi clamor? Dios mío, de día clamo y no respondes; y de noche, pero no hay para mí reposo.” (v. 1-2).

Cuando Jesús se hizo pecado por nosotros, Dios le dio la espalda a Su Hijo. Pero Jesús siguió orando. En la hora más oscura y desolada de su vida, a través de sus oraciones en la cruz, Él demostró fe de que Dios aún estaba allí. Incluso cuando Él no podía sentirlo.

Gloria a Dios. A aquellos que estamos en Cristo, Dios nunca nos abandonará ni nos dejará. Pero a veces es así como nos sentimos, ¿no es cierto? No podemos sentir Su presencia, ni podemos ver lo que Él está haciendo. Pero la pregunta es, ¿oraremos de todas maneras como lo hizo Jesús?

10. Jesús sigue orando. Él continúa orando por nosotros en el cielo aun hoy. Él oró durante toda Su vida en la tierra. Él oró a través de Su pasión. Oró en la cruz. ¡Y sigue orando! Él no ha parado. “Por lo cual Él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos”. (Hebreos 7:25). En Romanos capítulo 8 versículo 34 nos dice que Él está “a la diestra de Dios intercediendo por nosotros”. ¿No te da gozo saber esto?

¡Gracias Jesús por tus oraciones por nosotras! Gracias Señor que oraste cuando era fácil y cuando no lo era, y oraste cuando estabas muy ocupado y cuando había calma, oraste con otros y oraste solo, oraste a Tu Padre celestial porque le conocías y le amabas, y querías estar con Él. Señor, hemos sido animadas por tu vida de oración y estamos agradecidas. Muchas gracias. Ahora junto con los discípulos te pedimos que Tú nos enseñes a orar. Oh Señor, Tú eres realmente incomparable. Te amamos y te adoramos. En el nombre de Jesús, amén.

Leslie: Esta es Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín, ayudándote a aprender más acerca de la oración a través de la vida de Jesús. Este mensaje es parte de la serie titulada, El Cristo incomparable. Para escuchar los mensajes de esta serie predicados hasta ahora, visita la página  www.AvivaNuestrosCorazones.com. Cuando estés allí puedes escuchar los programas anteriores o leer las transcripciones.

Esto es lo que descubrió una oyente del Reino Unido hace poco. Ella estaba enferma y en cama por muchas semanas, y quería usar su tiempo sabiamente. Ella no podía salir de la casa para ir a la iglesia, ni tenía la energía para leer. Cuando descubrió AvivaNuestrosCorazones.com dijo,

Yo absorbí tanto del ministerio en internet —escuchando las transmisiones cada día, pero también escuchando serie tras serie de los archivos. Había tal riqueza allí, y fui edificada en tantas áreas.

Estando ya fuera de su lecho, ella aún escucha las grabaciones del ministerio y continúa diciendo,

Me siento atacada por los valores del mundo desde todos los ángulos, y siento que he llegado a entender el patrón de Dios para la femineidad más claramente por medio de la enseñanza de Aviva Nuestros Corazones.

Alrededor del mundo, las mujeres pueden accesar a AvivaNuestrosCorazones.com gracias a los oyentes que contribuyen financieramente y hacen posible el ministerio. ¿Le pedirías al Señor que te muestre lo que Él podría haberte dado para apoyar a Aviva Nuestros Corazones?

Puedes hacer tus donaciones de cualquier monto en AvivaNuestrosCorazones.com, o puedes llamarnos al 1-800-569-5959, y especificar que deseas contribuir con el ministerio de alcance en español.

En el Huerto de Getsemaní, Jesús agonizó en oración. ¿Por qué Él asumió Su próxima prueba con tal angustia? No fue solamente el dolor de la cruz. Había algo más allá. Considera la angustia de Cristo mañana en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

James Stalker. Pulpit Legends: Studies on the Person of Christ. (Chattanooga, TN: AMG Publishers, 1995), 195.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

6/17 – Siete vacas flacas

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: La Vida de José

6/17 – Siete vacas flacas

David Barceló

 

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

http://www.porgracia.es/

5/17 – Dos sueños en la cárcel 

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: La Vida de José

5/17 – Dos sueños en la cárcel

David Barceló

 

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

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18/27 – La humildad de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

18/27 – La humildad de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-humildad-de-cristo-/

Leslie Basham: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Algunas de ustedes quizás están familiarizadas con los escritos de Andrew Murray, quien fuera escritor y pastor en Suráfrica.  Él vivió  a  finales de los 1800 y principios de los 1900.  Él dijo que si nosotros nos hiciéramos la pregunta,  “¿Cual es la característica más prominente de Cristo—la raíz y esencia de todo Su carácter como nuestro Redentor?  Solo podría haber una respuesta”. ¿Qué dirías tú? 

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones  con Nancy Leigh DeMoss en  la  voz de Patricia de Saladín.

Nancy  está continuando su enfoque  en Jesús en la serie llamada, El Cristo incomparable. Entonces, ¿cuál dirías tú que es la característica número uno de Cristo? 

Nancy: Esta es la respuesta que nos da Andrew Murray: “Es Su humildad.”1

El llamado a la humildad es un tema recurrente en el ministerio de Jesús aquí en la tierra.  Él dijo:

“Bienaventurado los mansos—Los humildes en Mateo capítulo 5 versículo 5

“El menor entre ustedes será el mayor”. En Lucas 9 capítulo

“El que se humille será exaltado”. Lucas 14 versículo 11

Ahora, toda  esta enseñanza  sobre la humildad fue algo revolucionario en los días de Jesús,  De hecho, en  el mundo antiguo no existía en griego o en latín una palabra que comunicara el ideal cristiano de la humildad.  De manera que, el que Jesús caracterizara la humildad y la mansedumbre como una virtud positiva y deseada era algo radicalmente opuesto al pensamiento prevaleciente de la época, y, debo añadir, que de igual manera es totalmente contrario al pensamiento de hoy en dia.

En la Antigüedad, los filósofos consideraban la palabra ‘manso’, por ejemplo,  como  sinónimo de cobardía o de timidez.  Muchos consideraban la humildad como un vicio, y no como una virtud.  Entonces aquí viene Jesús a la tierra, e introduce todo un nuevo sistema de valores—todo lo opuesto a lo que el mundo valora.

Y por cierto, eso es lo que ocurre con el Reino de Cristo.   Es justamente  lo opuesto al reino de este mundo.  No hay  ningún  otro lugar donde esto sea  más evidente que con este tema de la humildad.

Por Su  ejemplo y por Sus enseñanzas, Jesús introduce el concepto de la humildad como una gracia.  Él eleva este concepto para convertirlo en una virtud.

Andrew Murray ha escrito un maravilloso libro llamado “La humildad”.

Él dice,

Humildad es el reconocimiento de que todo se lo debemos a Dios… Humildad es ser nada para que Dios lo sea  todo…Humildad, es un lugar de entera dependencia de Dios, es el primer deber y la más elevada  virtud del hombre.  Es la raíz de todas las demás virtudes.

El primer deber y la más  elevada  virtud del hombre; la raíz de toda virtud.

Ahora, si la humildad es la raíz de  cada virtud, entonces el orgullo está en la raíz  de cada pecado—comenzando desde el momento en que Lucifer se exaltó a sí mismo para ser como Dios. Él se reveló en contra de la autoridad de Dios, y fue expulsado del  cielo.

Fue  el orgullo que  rompió  nuestra relación con Dios  en el Huerto del Edén.   Así es que para poder ser reconciliados con Dios, para poder ser restaurados a la comunión con Dios, era necesario que se produjera una restauración de la humildad que perdimos en la caída. ¿Tiene sentido?  El orgullo cortó nuestra relación con Dios.  Así es que para que esa relación fuera restaurada, debía haber una restauración de la humildad.  Pero  ¿cómo iba esto a suceder?  Nosotros éramos muy orgullosos para ser humildes.

Y Andrew Murray dice—y me encanta esta cita,

Jesucristo tomó nuestro lugar  y cumplió a cabalidad el destino eterno del hombre a través Su vida de perfecta  humildad. Su humildad es  nuestra   salvación.  Su salvación  es nuestra humildad.    Por tanto, estudia   la   humildad   de   Jesús.  Este es el secreto; la raíz escondida de tu redención.

Así   que esto es  lo   que   quiero  que hagamos   hoy—estudiar la humildad de Jesús.    Ahora bien podríamos hacer  toda  una  serie  sobre la humildad de Cristo. Es  demostrada de tantas formas a   través de Su vida y de Su ministerio terrenal,  pero vamos a limitarnos a ver tan solo algunas de ellas.

Primero que todo, la humildad de Cristo es demostrada en Su encarnación.   Hemos  hablado  sobre esto en esta  serie del Cristo incomparable.   En el momento en que Cristo, quien es igual a Dios, tomó  la naturaleza humana y vino a la tierra.  Él puso a un lado la majestad,  y el  esplendor  del  cielo  y conformó Su naturaleza divina a las limitaciones de nuestra humanidad.

Su  humildad  se   ve   en   Su   nacimiento, al haber nacido de una pobre muchacha adolescente  bajo circunstancias humildes—no con pompa, ni con  fanfarria…  sino en un pesebre en un establo de animales.

Su humildad  se ve cuando Él puso a un lado Sus derechos, Sus privilegios, y el ejercicio independiente de Sus atributos divinos.

C.S. Lewis lo expresa de esta manera:

La  doctrina de  la  encarnación esta enfáticamente en  el  centro  del   Cristianismo, que el Hijo de Dios descendió a la tierra [humildad]. Jamás una semilla  ha caído tan lejos del árbol, en tan obscura y fría tierra, como lo hizo el Hijo de Dios [Su humildad]1

Hay un precioso poema navideño escrito por Richard  Crashaw en el siglo XVII que  expresa la humillación  de Cristo en Su venida a esta tierra.  A pesar de que el lenguaje es antiguo, creo que van poder captar el corazón del mismo, de manera que pongan  mucha atención:

Que  la luz enceguecedora  que destella el Gran Ángel  disminuyera Su centellear para  brillar en los ojos de un humilde Pastor;
Que  el Dios inmensurable descendiera tan bajo como prisionero  y en pocos  harapos descansara;
Que del seno de Su madre Él se alimentara;
Aquél  que se alimenta con el néctar de  la familia celestial;
Que un vil pesebre, de baja estima, Él probara;
Aquél que sentado  en las alturas en un trono de estrellas, en el cielo hace Su tronar;
Que Aquél  a quien  el  sol le sirve, apenas mirara como a través de las nubes de su infancia .
Que Él,  aquella antigua Palabra Eterna pudiera ser un Niño; y gimiera; Que Aquél que hizo el fuego, temiera  al frío;
Que la majestad de las alturas del Palacio de los Cielos, fuera cuidado en una choza de arcilla…
Que la gloria misma sirviera nuestras penas y temores, Y que la eternidad fuera sometida al tiempo,
¡Que esto sea nuestro sobrecogedor asombro y  maravilla!

La encarnación—Cristo inclinándose hacia nosotros. Es una demostración de Su humildad, pero la humildad de Cristo no fue solo demostrada cuando Él nació como un bebé en Belén.  Fue demostrada a través de toda Su vida y de Su ministerio aquí en  la tierra.

Ahora bien, a nivel humano, Jesús tenía mucho más en  lo que Él podía gloriarse—Sus antecedentes, Sus dones, Sus habilidades, Su conocimiento, Su herencia, Su realeza, y todo lo demás. Pero las Escrituras dicen—y Él lo dice de sí mismo—que Él era “humilde de espíritu”. (Por cierto, ¿no resulta irónico que  nosotros, los que no tenemos nada de qué gloriarnos, orgullosamente nos exaltamos a nosotros mismos? ¡Debería ser todo lo contrario!)

Entonces, ¿como fue que Jesús demostró humildad durante Su vida y ministerio aquí en la tierra? Bueno, las Escrituras dicen que Él no buscó honra ni alabanza de los hombres, solo de Dios.

En el Evangelio de Juan, Jesús dice, “No recibo gloria de los  hombres”; (5:41). “Yo no busco mi propia gloria” (8:50).  Cuando nosotros buscamos gloria y alabanza de los hombres, estamos demostrando un corazón orgulloso.  Pero Jesús tenía un corazón humilde.  Él dijo, “Yo no buco Mi propia gloria.  Yo no busco alabanza de los hombres”.

Vemos Su humildad en el hecho de que Él era totalmente dependiente de Su Padre Celestial—no independiente, sino  dependiente.

En Juan capítulo 5, Jesús dijo, “El Hijo no puede hacer nada por su cuenta” (vs. 19).”Yo no puedo hacer nada por iniciativa mía” (vs.30).

Juan capítulo 8: “Yo no hago nada por mi cuenta sino que  hablo estas cosas como el Padre me ensenó” (vs.28). Por cierto, esa humildad y  dependencia de Su Padre en ningún otro lugar fue más claramente visible que en Su vida de oración. Hablaremos de esto en una próxima sesión.

Su humildad fue vista en Su servicio.  Él siempre buscó el mejor interés de los demás. Él puso las necesidades de los demás por encima de Su bienestar.  Vemos a Jesús acercarse a los discípulos luego de ellos haber tenido una discusión acerca de quién sería  el mayor, y entonces ellos entran a la cena, y ¿qué hace Jesús? Él adopta la posición más baja, la de un siervo esclavo,  y lava los pies de los discípulos.  Él se inclina para servir a los siervos.  Su humildad es vista en Su servicio.

Su humildad es vista también en lo que llamamos Su entrada triunfal en Jerusalén, lo que muchos celebrarán dentro de varias semanas, el Domingo de Ramos.  Esa entrada triunfal cumplió las palabras dichas por el profeta Zacarías. En Zacarías capítulo 9 “He aquí, tu rey viene a ti… [¿Cómo viene?] humilde, y montado en un asno” (9:9).  Los reyes guerreros, cuando entraban a un pueblo, lo hacían a caballo.  Pero si un rey entraba en un asno, era señal de paz y no de guerra.

Los judíos de esos días esperaban al Mesías como un rey conquistador, pero Él vino como un Rey humilde en misión de paz.  Porque y Él no llenó sus expectativas de cómo debía lucir un rey conquistador, ellos lo rechazaron. Éllos no se percataron de quien Él era.  Y fue Su humildad lo que hizo que no se percataran.

Su humildad no solo fue vista en Su servicio y en Su entrada humilde en Jerusalén, sino también fue vista en Su sufrimiento y en Su respuesta ante los insultos y las injurias durante toda Su vida, pero especialmente hacia el final de Su ministerio, durante la Pasión de Cristo, como vamos a estar estudiando en las próximas semanas. Él fue calumniado.  Su carácter difamado.  Él fue acusado de estar poseído por demonios, de ser un borrachón, un glotón un loco, un lunático.

Yo puedo decir solamente que mi instinto, bajo circunstancias similares, sería el defenderme a mí misma, el defender mi reputación, y el resentir a aquellos que me mal interpretan y me critican, y  vengarme haciéndole  exactamente lo mismo a ellos.  Pero Cristo no hizo nada de esto.  En cambio, Él se humilló a sí mismo.

Y Su humildad no solamente es vista en estos aspectos de Su  vida aquí en la tierra, sino que Su humildad es vista, en última instancia, en Su muerte.  ¿Qué dice Filipenses capítulo 2? “Se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz”  (vs.8). Nosotros vemos esa humildad a medida que Él exhala Su último aliento, cuando  Él  dice, “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu,” Lucas capítulo 23 versículo 46—una humilde sumisión de Sí mismo a Su Padre.

Su humildad es vista en la absoluta sumisión a la voluntad de Su Padre.  A través de toda Su vida, al venir a esta tierra, en la vida que el vivió aquí en la tierra, en Su sufrimiento, Su pasión y Su muerte—vemos Su sumisión a la voluntad del Padre.  Esto es una expresión de humildad, de Su humildad de  corazón.

Y  entonces debemos  recordar que Jesús será siempre humilde por toda la eternidad.  Él no solo fue humilde cuando fue a la cruz, sino cuando se levantó de los muertos y ascendió a los cielos.  Él no perdió Su humildad, Él aún es el humilde, Dios encarnado.

Primera a los Corintios capítulo 15 nos  dice:

“Y cuando todo haya sido sometido a Él, entonces también el Hijo mismo se sujetará a aquél que sujetó a Él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos” (vs. 28).

¿Qué está diciendo? (Vemos mucha “sujeción” en este versículo.)  La Escritura dice en este pasaje que Dios está en el proceso sujetar todas las cosas a los pies de Cristo.  Pero cuanto todo este sujeto bajo los pies de Cristo ¿qué hará Cristo? Él mismo se  sujetará a Aquél que sujetó todas las cosas en Él para que Dios sea todo en todo— el siempre humilde Dios encarnado.

Y cuando vemos la visión de Juan  en el libro de Apocalipsis, capítulos 4 y 5 donde él ve el resplandeciente y santo Dios sentado en Su trono, ¿a quién ve Juan al lado del trono? ¿Cómo aparece Cristo en esa imagen? Juan nos dice, “Yo vi a un Cordero de pie, como inmolado” (5:6)—el humilde Hijo de Dios—Él  siempre humilde Dios encarnado, por toda la eternidad.

En su libro titulado “Los Milagros”, C.S. Lewis nos da una maravillosa descripción pictórica de la humildad y la humillación de Cristo.  Permíteme leerte parte de esto.  Él dice:

En la historia cristiana, Dios… desciende y desciende desde las alturas de Su ser absoluto, al tiempo y al espacio, baja a la  humanidad, baja a la raíz misma de la humanidad creada por Él mismo.  Pero Él desciende para volver a subir de nuevo y llevar Consigo a pecadores arruinados.

La imagen que tenemos aquí es la de un hombre fuerte, descendiendo  cada vez más y más para colocarse encima una gran y complicada carga. Él debe inclinarse para poderla levantar.  Él debe casi desaparecer, increíblemente, bajo la carga antes de poder enderezar Sus espaldas bajo este gran peso, y se  marcha con esta gran masa tambaleante sobre Sus hombros.

O también podemos pensar en un buzo, primero quitándose su ropa y luego mirando hacia arriba y luego lanzándose al mar,  desapareciendo, rápidamente descendiendo a través del agua tibia y verde, adentrándose cada vez más profundamente en el agua negra y fría, hundiéndose cada vez más hasta llegar a sentir la presión en aumento de una zona de muerte, de lama y de lodo y de podredumbre. Y  luego sube de nuevo, hacia la luz  y los colores,  sus pulmones casi al explotar, hasta llegar a la superficie, trayendo en Sus manos algo precioso, y aún goteando agua; algo que había bajado a rescatar.

¿No es esta una imagen grandiosa de la obra  redentora y  humilde de Cristo? Permíteme leerte este pasaje, tan familiar para muchas de nosotras, pero uno que debe ser leído una y otra vez.  Vamos a lavar nuestros corazones con esta Palabra:

Filipenses, capítulo 2, los versículos del 5 al 11—y piensen en este hombre fuerte descendiendo cada vez más bajo, colocándose bajo esta pesada carga para levantarla; piensen en ese buzo bajando a las partes obscuras, llenas de lama y podredumbre para rescatar aquello precioso y traerlo hacia arriba de nuevo.  Piensen en estas dos imágenes a medida de que les leo porciones de Filipenses capítulo 2:

“Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres.  Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

“Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra,  debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.”

Para que Dios sea todo en todo.  Él descendió. Él bajó, bajó, y bajó, a rescatarnos, para llevarnos hacia arriba.  Dios le exaltó a Él.  Nuestra esperanza de exaltación eterna, habiendo sido rescatadas de las profundidades de nuestra pecaminosidad, está en el hecho de que Cristo se humilló a sí mismo y bajó  en esa misión de rescate.

Permíteme de nuevo ir una vez más a  una cita del maravilloso libro sobre la humidad, escrito por Andrew Murray.  Él dice,

¿Debe sorprendernos que la vida cristiana sea a veces tan débil y poco fructífera cuando la raíz misma de Cristo es dejada de lado, o es desconocida?… Si la humildad es el secreto de Su  expiación, entonces la fortaleza y salud de nuestra vida espiritual depende enteramente en que nosotros nos coloquemos esa gracia también, y que hagamos de la humildad lo que más admiremos en Él, lo que más le pidamos a Él, la sola cosa por lo cual sacrificaríamos todo lo demás… ¡O que la humildad de Jesus sea vista en mí y en todo lo que me rodea!

Entonces, ¿cómo cultivamos la humildad? Creo que el punto de partida es reconocer que no la tenemos, y que no viene de manera natural. Es una gracia.  Es algo que Dios nos da, pero también somos llamadas a humillarnos a nosotras mismas.  Es una elección que hacemos.  ¿Y qué es lo que nos lleva a tomarla? ¿Qué nos hace abandonar nuestra altanería, nuestro orgullo nuestra autosuficiencia y nuestro espíritu independiente? ¿Qué hace falta para llevarnos al lugar de la humidad donde preferimos ser humildes y no orgullosas?  Como Murray dice, “Estudia la humildad de Cristo.  Considera a Cristo”.

Jesús dice en Mateo capítulo 11:

“Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de Mi, que soy manso [apacible, como dice la  NVI]  y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas.” (v.29)

Murray dice,

Solamente a medida de que la  vida de Cristo en Su divina humildad  more en nosotros es  que podremos ser verdaderamente humildes.   Nosotros heredamos nuestro orgullo de otro, de Adán; debemos de obtener nuestra humildad de Otro, [con O mayúscula], también.

Es Cristo en nosotros, el perfecto y humilde Cristo, Quien es nuestra fuente de humildad.  Él nos motiva a ser humildes.  Él nos capacita para ser humildes.  Él es nuestra humildad—Cristo en nosotros.”Aprended de Mí  que soy manso y humilde de corazón”.

  • Medita en Él.
  • Contempla Su humildad, Su servicio, Su amor y la distancia que Él estuvo dispuesto a descender para rescatarnos.
  • Y sobre todo, medita frecuentemente en la cruz.  Vuelve tus ojos a Jesús.  Mira a la cruz.  Medita en Su sufrimiento, Su sangre derramada, Su muerte, la forma como descendió y descendió y descendió y descendió a los abismos para rescatar a seres como nosotros.

Medita en Cristo.  Medita en la Cruz:

La cruz excelsa al contemplar,
Do Cristo allí, por mí murió,
De todo cuanto estimo aquí,
lo más precioso es Su amor.2

Oh, gracias a Ti, gracias a Ti, Jesús, por escoger el  camino de la humildad.  Por descender, y venir; por descender  para alcanzarnos en nuestra bajeza, movido por Tu amor, por Tu sumisión y Tu obediencia a la voluntad de Tu Padre, y por el anhelo y el deseo de rescatarnos, para hacernos Tu más preciado tesoro y posesión.  Gracias a Ti por exaltarnos a través de Tu humillación.

De manera que hoy, Señor Jesús, levantamos Tu Nombre. Te exaltamos.  Elevamos Tu nombre, que es sobre todo nombre.  Tú eres el incomparable, y humilde Cristo, y te amamos. Perdónanos por exaltarnos a nosotras mismas, por nuestro orgullo, nuestra necedad, nuestro espíritu independiente, nuestras terquedades, por nuestras rebeliones contra Ti.  Oh que en este día nos humillemos como Tú te has humillado, para que Tú puedas derramar gracia, la gracia de Cristo sobre nosotras en este dia. Estas cosas las pido en el santo  nombre de Jesús, amén.

Leslie: Luego de haber oído este mensaje de Nancy Leigh DeMoss,  Yo me siento  motivada  adorar a Jesus por Su increíble humildad.

Ella está en una serie llamada El Cristo incomparable.  Ha sido un  enriquecedor estudio  sobre  la vida y persona de Jesús, un tema que todas necesitamos.  Si  te has perdido algún mensaje de esta serie, lo puedes oir en www.AvivaNuestrosCorazones.com.  También podrás encontrar allí las transcripciones para cada programa y  otros recursos que te pueden ayudar a darle seguimiento a  lo que has oído.

¿Te puedes imaginar la presión en la que Jesús se encontraba?  Él era constantemente criticado.  Él invirtió su vida en sus amigos que no lo entendían, mientras Él tenía una asignación inmensa de parte de Dios. Sin embargo, la vida de Jesús fue marcada por la serenidad.  Aprendamos de esta característica de Él el lunes, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1C. S. Lewis.Miracles. p. 401.
2 Issac Watts. «When I Survey the Wondrous Cross.»

Rey Humilde, En Espíritu y en Verdad, Tu Reino Aquí ℗ 2010 En espíritu  y en verdad.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

17/27 – La enseñanza de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

17/27 – La enseñanza de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-ensenanza-de-cristo/

Leslie Basham: Aquí está Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Algunas de ustedes pueden estar familiarizados con un vídeo, un DVD titulado “Moldeador de  sueños”. Es la historia sobre un profesor llamado Guy Doud. Él era un profesor de secundaria y tenía un corazón para sus estudiantes. Este hombre encontró  maneras increíblemente innovadoras y creativas para motivar a sus alumnos a aprender. Él tomó interés personal en sus estudiantes, y como maestro tuvo un impacto significativo en sus alumnos. Pues bien, en 1986 Guy Doud fue invitado a la Casa Blanca, donde fue honrado por el presidente Reagan como el maestro nacional del año.

Hoy queremos mirar al hombre que tendría que ser honrado como el más grande maestro de todos los tiempos.

Leslie: ¿Quién fue el mejor maestro que jamás haya existido? Vamos a estudiar esta pregunta a medida que Nancy Leigh DeMoss continúa la serie El Cristo incomparable en Aviva Nuestros Corazones.

Nancy: El Cristo incomparable es acerca de quién estamos hablando en esta serie. Hoy queremos conocerlo como un maestro. Nunca ha habido y nunca habrá un maestro como Cristo.

De hecho, una noche, un hombre llamado Nicodemo, que era un maestro sabio y respetado, busco a Jesús y le dijo. “Sabemos que has venido de Dios como maestro…”  en Juan capítulo 3.

De manera que Nicodemo sabía que Jesús no era un maestro común. No era un rabino ordinario.  En realidad no había nadie como Él, porque Él había venido de Dios.

Los evangelios se refieren a Jesús como un maestro en más de 40 ocasiones. Jesús siempre estaba enseñando.  Él era capaz de revelar la verdad y la perspectiva eterna en momentos cotidianos de la vida y  en conversaciones. Eso es lo que hace un buen maestro. Él siempre condujo conversaciones de tal forma que le diera a la gente el punto de vista de Dios en todo lo que se estaba hablando.

Jesús fue un maestro que—a diferencia de algunos profesores que pudimos haber tenido en el pasado—Su enseñanza era convincente. Llamaba la atención, y desde el primer momento su enseñanza atrajo grandes multitudes. Mientras se propagaba de boca a boca, la gente venía desde muy lejos solo para escuchar a Jesús enseñar.

Mateo capítulo 4 nos dice:

“Y Jesús iba por toda Galilea, enseñando en sus sinagogas y proclamando el evangelio del reino…Y le siguieron grandes multitudes de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán” (vv.23-25).

Así que aquí está Jesús enseñando en la región norte de Galilea, y la gente lo escuchaba, la palabra se extendía, y venían de todas estas distancias para escuchar este nuevo rabino que enseñaba. La enseñanza de Jesús no solo atrajo grandes multitudes, pero una vez la gente era atraída, Su enseñanza provocaba y  causaba asombro. Esto se ve a lo largo de todos los evangelios.

Mateo capítulo 5 versículo 1 dice: «Cuando vio las multitudes, subió al monte, y después de sentarse, sus discípulos se acercaron a él. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo…»Ahora, ¿qué le sigue a este versículo? Mateo 5, ahí comienza el Sermón del Monte.  Así que Mateo 5, 6 y 7, se trata de lo que Jesús enseñó a los que vinieron. Al estudiar este texto, da la impresión de que esto comenzó como una pequeña reunión y que después otros se unieron al grupo. Al final del Sermón del  Monte, hay una gran multitud reunida allí en aquel monte.

Así llegamos al final del Sermón del Monte, Mateo capítulo 7, y dice: «Cuando Jesús terminó estas palabras, las multitudes se admiraban de su enseñanza…” (v. 28). Si tienes la NVI, dice que se “asombraban” de Su enseñanza. Esa palabra traducida como ‘asombraban’ en griego es ekplesso. La palabra significa literalmente que “fueron deslumbrados”. Ellos se quedaron atónitos. Ellos se sorprendieron. Ellos se asombraron.

Pero esa no fue la única vez. En Mateo capítulo 13 en el versículo 53 dice,

“Y sucedió que cuando Jesús terminó estas parábolas, se fue de allí. Y llegando a su pueblo, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que se maravillaban, otra vez la palabra griega, y decían: ¿Dónde obtuvo éste esta sabiduría y estos poderes milagrosos? ¿No es éste el hijo del carpintero?”(vv. 53-55)

¿Te das cuenta? Las enseñanzas de Jesús eran diferentes a todo lo que ellos habían oído antes.  No era más que el «hijo del carpintero». Ellos no esperaban que un comerciante tuviera este tipo de sabiduría. Después de todo, Jesús no tenía formación en el seminario. No tenía algún título de postgrado. Él obtuvo Su sabiduría de, ¿dónde? de  Dios mismo. Él era un estudiante de la Palabra de Dios. Ellos no estaban acostumbrados a escuchar de maestros que recibieran su sabiduría directamente de Dios.

A medida que continuamos en ese pasaje, llegamos al versículo 57 de Mateo capítulo 13, y te das cuenta de que la reacción—aunque estaban asombrados—no siempre fue positiva. Dice: «Y se escandalizaban a causa de Él”. Pero ¿No es cierto que también hoy día cuando muchos escuchan las enseñanzas de Jesús se ofenden y las rechazan? Tal vez no lo encuentran lo suficientemente sofisticado como para los tiempos modernos. Porque la enseñanza de Jesús no encaja con la sabiduría convencional, que va en contra de nuestra cultura.

Veamos otra instancia, en Marcos capítulo 1, donde la gente se admiraba de las enseñanzas de Jesús.

Marcos capítulo 1, “Entraron en Capernaúm; y enseguida, en el día de reposo entrando Jesús en la sinagoga comenzó a enseñar. Y se admiraban, la palabra de nuevo,  de Su enseñanza; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.” (vv. 21-22)

En algunas de sus traducciones se les llama a los escribas ‘maestros de la Ley’. Estos eran hombres que eran expertos en la Ley Mosaica. Pasaban sus vidas estudiando los detalles minuciosos de la Ley Mosaica. La enseñaban, de manera que ellos interpretaban la Ley y la interpretaban para otros. Eran expertos en la Ley, los escribas. Versículo 27. “Y todos se asombraron…” Ahora, aquí se usa una palabra griega diferente. Es una palabra que significa “estupefacto” o “atónitos”. “…de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¡Una enseñanza nueva con autoridad!”.

La enseñanza de Jesús fue, en muchos aspectos, un contraste con la enseñanza que estaban acostumbrados a oír de los escribas y los maestros y los líderes religiosos. Echemos un vistazo a algunas de las formas en que la enseñanza de Jesús era diferente. Por ejemplo, los rabinos y los escribas y los maestros religiosos a menudo citaban a otros rabinos y maestros. Tomaban ideas prestadas de fuentes humanas. Ellos exponían la tradición. Pero la palabra que se usa aquí en relación a la exposición de Jesús y la autoridad con la que Él hablaba, hace referencia a una autoridad dentro de Él mismo, no a una autoridad derivada de otros. Su mensaje venía de Su Padre. Poseía autoridad divina.

Los escribas y maestros de la ley a menudo se centraron en los detalles, en las minucias de la ley. Colaban los mosquitos y se tragaban el camello, dijo el mismo Jesús (ver Mateo 23:24). Pero Jesús se centró en asuntos de significado eterno. Él enseñó cosas que realmente importaban. Él volvía una y otra vez al mismo mensaje básico acerca del Reino de Dios, del Rey de ese Reino, y lo que significaba ser un súbdito de ese Reino.

Los comentaristas dicen que si lees el Talmud—donde los escribas escribían sus dichos—a menudo es difícil seguir las complejas divagaciones y el razonamiento de los líderes religiosos. Pero la enseñanza de Jesús, por el contrario, realmente tenía sentido. Era ordenada. Iba al grano. La gente común podía entenderlo.

Aquí hay otro contraste. Los sermones de los escribas eran a menudo confusos y engañosos (Mat 5:21). Pero los sermones de Jesús eran directos, y hablaba, pura y simplemente, la verdad.

La enseñanza de los escribas era a menudo seca y aburrida. No tenía la intención de conectar con la gente común—ellos básicamente hablaban de sí mismos. Pero la enseñanza de Jesús era agradable. Capturó la atención de multitudes, incluidos los niños. Recuerda que no había guarderías para los más pequeños. Jesús despertaba el interés de sus oyentes con historias, con ilustraciones, con descripciones visuales, y con parábolas.

Su enseñanza no estaba cargada, no era formal, y no estaba por encima del entendimiento de la gente común. No abrumaba ni confundía a los oyentes con grandes palabras, o con argumentos eruditos. Usó ejemplos cotidianos, lecciones prácticas. Conectó con hombres comunes y con los corazones de la gente. Él era un gran narrador.

Su enseñanza era bastante simple de comprender para los niños pequeños o para personas de poca educación. Sin embargo, fue también lo suficientemente profunda como para desafiar a personas como Nicodemo, que habían estudiado las Escrituras durante años.

Aquí hay otro contraste. Los escribas y los otros líderes religiosos, a menudo eran motivados por la codicia, por mantener las apariencias. Tenían el deseo de recibir la alabanza de los hombres.  ellos querían que otras personas dijeran cuán grandes maestros ellos eran. Ellos no estaban motivados, muchos de ellos, por el amor genuino hacia las personas que enseñaban.

Pero Jesús sin embargo ¡Jesús realmente amaba a la gente! Estaba motivado por la compasión. Él estaba preocupado por el bienestar eterno de Sus oyentes. Recuerda lo que pasó en Marcos 6, donde dice: «Al desembarcar, Él vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor…” Ellos estaban vagando, sin rumbo, y desvalidos e indefensos. Entonces, ¿qué hizo Él? Su compasión le movió, “y comenzó a enseñarles muchas cosas» (v. 34). Él fue el gran Pastor. Dirigió Sus ovejas y se preocupaba por ellas por su enseñanza.

Hubo otras cosas que hacían de Jesús un gran maestro. Él conocía a Sus estudiantes. Él conocía Sus corazones. No hay maestro en el reino de los humanos que pueda conocer los corazones de sus alumnos. Él no le habló solo a sus mentes, sino que habló palabras que penetraron, que traspasaron, y cambió sus corazones.

Él no solo conocía Sus estudiantes, sino que sabía lo que Sus estudiantes necesitaban escuchar, y eso es lo que Él les dio, sin importar si eso es lo que ellos querían escuchar o no. Independientemente de su respuesta, Él sabía lo que realmente ellos necesitaban, y eso fue exactamente lo que les dio.

Habló palabras a tiempo, las palabras que llenaban las necesidades de los oyentes. A veces, esas palabras eran cosas difíciles de oír. Él dijo por ejemplo: «No te preocupes por nada» (ver Mateo 6:25). Habló contra la ansiedad, contra la codicia, contra la hipocresía, y contra el divorcio. Habló de personas que pensaban que estaban sirviendo a Dios, pero que un día llegarían a estar delante de Dios y que Él les diría: «Jamás os conocí. Apartaos de mí, los que practicais la iniquidad.»(Mateo 07:23)

Si quieres ser un maestro popular, ese no es exactamente el camino a seguir, especialmente cuando tú estás hablando a los líderes religiosos. Pero Jesús habló lo que Sus oyentes debían escuchar. Ya fueran niños o padres o paralíticos o fariseos, o quien quiera que fuera, Él habló lo que ellos necesitaban oír.

Marcos capítulo 12 dice: «Y cuando ellos llegaron, le dijeron: ‘Maestro, sabemos que eres veraz y que no buscas el favor de nadie, porque eres imparcial, y enseñas el camino de Dios con verdad…” (v.14). Jesús no tenía temor de los hombres. Él amaba a Dios, y no estaba tratando de ganar un concurso de popularidad. Él amaba a la gente, y sabía darles lo que necesitaban.

Él no solo conocía a sus estudiantes y lo que ellos necesitaban escuchar, Él también conocía la Escritura. Conocía las Escrituras del Antiguo Testamento. Él no tenía una formación en el seminario formal o de grados avanzados. Él era un estudiante de la Palabra de Dios. De hecho, los evangelios nos dicen que Él citó al menos 24 libros del Antiguo Testamento. Me pregunto cuántas de nosotras podríamos hacerlo, sin necesidad de abrir nuestra Biblia, y citar 24 libros del Antiguo Testamento.

Jesús no estaba enseñando para impresionar a la gente con lo mucho que sabía sobre el Antiguo Testamento, sino que utilizaba la Palabra para apuntar a las personas hacia Dios y hacia Su Reino; les ayudaba a entender la Palabra. Les mostró cómo se conectaba a su vida y lo que Dios estaba haciendo en este mundo.

Jesús también fue un gran maestro, debido al poder de un mensaje de vida. Su vida validó Su mensaje. En otras palabras Él vivía lo que enseñaba. Su vida respaldaba Sus palabras y Él era coherente con todo lo que enseñaba. Nunca hubo una contradicción entre lo que hizo y lo que dijo. Él dijo: «Bienaventurados los mansos», y luego dijo:»Yo soy manso y humilde de espíritu.»

No se limitó a hablar de la oración, ¡Él de hecho oró! Cuando dijo: «Amad a vuestros enemigos, perdonad a los que os persiguen», Él no solo ofreció teología teórica. Él modeló lo que era devolver bien por mal, perdonar a sus enemigos, para amarlos y orar por ellos.

Y, por cierto, para aquellas de nosotras que estamos involucradas en enseñar la Palabra a otras—ya seas una mamá que provee escuela en el hogar, o quizás enseñas en un grupo pequeño que tiene una relación de discipulado uno a uno—hay tanto poder en el mensaje de tu vida. Una cosa para mí es simplemente enseñar la verdad a través de este ministerio, pero el poder viene cuando puedo decir, «Imítame como yo imito a Cristo». Cuando tengo un mensaje de vida. No que sea perfecta, pero estoy honestamente intentando seguir a Cristo en las cosas que estoy enseñando a otras.  Es de ahí de donde viene el poder. Porque hay poder en un mensaje de vida.

Jesús no solo enseñó a grandes multitudes. A veces la gente se pregunta, «¿Cuántas personas hay en la audiencia escuchándome enseñar?» Jesús pasó mucho tiempo centrado en la enseñanza de un pequeño grupo de 12 discípulos. Y luego, más tiempo aún, con un grupo más reducido, de tres de los discípulos que pasaron mucho tiempo con Él.

¿Qué estaba haciendo Jesús? ¿Por qué se enfocaba Él en este grupo más pequeño? Él estaba entrenando y preparando a Sus discípulos para llevar a cabo Su misión después de Su muerte, de Su resurrección y de Su ascensión al cielo. Él fue intencional al invertirse en ellos. Su intención era que cuando Él dejara esta tierra, ellos enseñaran a otros lo que Él les había enseñado. Y esos que Él enseñaba, luego enseñarían a otros, y de esta forma pasarían el testigo de la Verdad de una generación a otra.

Jesús enseñó a sus discípulos, al pasar tiempo con ellos. Vieron cómo vivió y vieron Su carácter cuando no había mucha gente alrededor; cuando no había nadie a quien impresionar. Él les dio la libertad de hacer preguntas, y entonces respondió esas preguntas. Usó experiencias cotidianas como momentos de enseñanza.

Algunas de ustedes pueden estar familiarizadas con el nombre de Howard Hendricks. Se conocía con el nombre de «El profesor» durante los 60 años que enseñó en el Seminario Teológico de Dallas. Se retiró hace unos años a la edad de 82 años. Era muy querido por toda una generación de estudiantes, y por muchos, como yo, que no fuimos a su seminario, pero que escuchamos  sus mensajes muchas veces a lo largo de los años. Sus enseñanzas y sus conferencias nunca fueron aburridas, y nunca ha habido un profesor más citado y citable que él.

El Profesor Hendricks dice:

En mis años de formación en el aula me enteré de que mis estudiantes estaban buscando desesperadamente «cómo» poner la verdad cristiana en la vida práctica, y decidí arriesgarme a tener encuentros cercanos con ellos para permitir que ellos me vieran a mi; para poder ser su guía, un facilitador—no para producir pecadores más inteligentes, sino para guiar a un hombre o a una mujer a ser más como Jesucristo. Mi objetivo no era solo informativo, sino transformador.

Eso me recuerda la enseñanza de Jesús. Su enseñanza no estaba esparciendo información ni llenando cabezas y cuadernos. Él estaba enseñando para ver vidas transformadas. Él dijo: «Las palabras que yo os he hablado, son vida». (Juan 6:63)

Y por cierto, esa es mi carga por el ministerio de Aviva Nuestros Corazones. Lo ha sido a través de todos estos años que hemos estado en el aire. Mi carga es que las mujeres no solo llenen sus cabezas y sus cuadernos con más contenido, sino que ellas sean fascinadas, detenidas, confrontadas por la verdad, y que respondan a ella, que se debatan con ella, y que sus corazones, sus vidas y sus mentes sean cambiadas por esa verdad,  que seamos transformadas juntas por las enseñanzas de Jesús, y seamos hechas a su semejanza.

Al pensar en la enseñanza de Cristo, permíteme sugerir otras dos aplicaciones, mientras consideramos a Cristo como maestro. En primer lugar tenemos que recordar que Su doctrina es la verdad absoluta. Tiene un peso y una autoridad absoluta. Cuando Cristo habla, Dios habla. Es potente, con autoridad, y se impone sobre nuestras vidas.

La enseñanza de Cristo es eterna. Nunca se vuelve obsoleta. Hemos visto que algunas cosas que se enseñaban en las aulas hace 20, 30  ó 40 años, eran incorrectas. Las nuevas evidencias y los nuevos estudios demuestran que no era así. Por el contrario la enseñanza de Cristo nunca se vuelve obsoleta. Es eternamente relevante. Es relevante para cada persona en todas las culturas en todos los períodos de tiempo de la historia. Su enseñanza se aplica a tu vida actual, para cada relación y para cada situación en que te encuentres. El desafío es escuchar, y dejar que transforme tu vida.

Alguien de nuestro equipo me decía el otro día—ella nos ha estado siguiendo a lo largo de esta serie… que después de leer este capítulo acerca de la enseñanza de Cristo del libro de Oswald Sanders “El Cristo incomparable”, me dijo: “Ese capítulo me hizo querer ser un estudiante experto. Si el autor de este libro (de la Biblia)  es el gran maestro de todos los tiempos, sería una locura no leerlo”. Espero que este sea el efecto que causen en ti las enseñanzas de Cristo.

Y una idea final. No estamos solo para ser beneficiarias de la enseñanza de Cristo, sino que debemos llegar a ser canales de su enseñanza, siempre aprendiendo y creciendo, pero siempre pasándola a otros. Eso no es solo para las personas como yo que tienen un micrófono, una plataforma, un programa de radio, y escribo libros. Eso es para gente como tú. Todas nosotras estamos llamadas como Cristo, a ser maestras.

Jesús dijo, cuando Él estaba a punto de ascender al cielo: « Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado…” (Mateo 28:19-20). Jesús nos manda, como sus discípulos, a enseñar a otras lo que Él nos ha enseñado.

«Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, con toda sabiduría enseñándoos y amonestándoos unos a otros…” (Colosenses 3:16). Podemos hacer eso en la vida cotidiana y en los contactos cotidianos e intercambios, en Twitter, Facebook y a través del correo electrónico—enseñando a otros lo que Dios nos ha enseñado.

«Pues aunque ya debierais ser maestros…” dice Hebreos capítulo 5. El reproducirse en otros y enseñar lo que Dios te ha enseñado a ti a través de Su Palabra es una evidencia de madurez espiritual.

Y como mujeres, muy particularmente, tenemos este mandato. Las mujeres de edad “deben enseñar lo que es bueno, y así entrenar a las mujeres jóvenes…para que la palabra de Dios no sea blasfemada”. (Ver Tito 2:3-5).

Amigas, no es necesario un aula formal. Tú no necesitas 22 estudiantes sentados en sillas mirándote a los ojos. Tú ya tienes estudiantes.

  • Las personas que te rodean.
  • Tus hijos.
  • Las personas en tu lugar de trabajo.
  • Las personas con las que te conectas de diversas maneras en tu iglesia y en tu comunidad.

Busca la forma de dirigir la conversación hacia lo eterno y hacia las necesidades del corazón de aquellas que están a tu alrededor.

Leslie: Nancy Leigh DeMoss estará de vuelta para orar. ¿Habías considerado antes la importancia de Jesús como maestro? Este mensaje me ha abierto los ojos a esta parte importante del ministerio de Jesús. Esta serie completa ha sido muy edificante. La serie se titula, El Cristo incomparable. Está abriendo mis ojos a varios  aspectos de la vida de Cristo y de Su ministerio, día a día.

Cuando las mujeres están en contacto con la Palabra de Dios de esta manera, es algo poderoso. Da forma a las actitudes, comportamientos y decisiones. Por ejemplo, Jennifer, una hermana de Chile, nos escribió para dejarnos saber lo mucho que aprecia los mensajes de Aviva Nuestros Corazones. Ella nos escribió,

¡Gracias al Señor por este ministerio! Tengo 22 años, y la primera vez que escuche a Nancy en uno de sus programas de radio, me di cuenta de muchas cosas que como mujer no estaba haciendo bien. Ahora a través de esta serie he podido ver que tengo muchas cosas que presentarle al Señor para que Él las ordene en mi vida. Nancy ha sido un gran apoyo en mi desarrollo como mujer. Ha sido como una madre para mí.

Otras hermanas como Jennifer pueden escuchar Aviva Nuestros Corazones cada día gracias a los oyentes que apoyan el ministerio financieramente. Si deseas hacer una ofrenda, te invitamos a visitar nuestra página, AvivaNuestrosCorazones.com.

La persona más talentosa, inteligente y capaz que jamás vivió fue también la más humilde. Hablaremos de esto mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Nancy concluyó el mensaje de hoy animándonos a enseñar a otras lo que nosotras hemos aprendido acerca de Jesús. Ella ahora viene para orar para que podamos vivir esto en nuestra vida diaria:

Nancy: Padre, te pido que, tal y como Tú nos has enseñado, nos hagas canales de Tu enseñanza en las vidas de los demás. Gracias por las enseñanzas de Cristo. Gracias Señor por enseñarnos por medio de tu Espíritu Santo. Oro para que nuestros corazones, en este día, sean atrapados por la enseñanza de Tu Palabra, que podamos recibirla, que podamos abrazarla, que podamos estudiarla, que podamos meditar en ella, y que nuestras vidas sean transformadas por ella. Y que nosotras a su vez podamos ser maestras de otras, que podamos enseñarlo que Tú nos has enseñado y que así podamos adornar en todo la Palabra de Dios. Oramos en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

19/63 – Un Salvador Confiable | Marcos 6:45-56

Iglesia Biblica del Señor jesucristo

Serie: Marcos

19/63 – Un Salvador Confiable | Marcos 6:45-56

Ps. Sugel Michelén

 

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano  Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

34 – El Cristiano y El trabajo 1ra Parte

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

34 – El Cristiano y El trabajo 1ra Parte

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

http://www.entendiendolostiempos.org/

https://play.google.com/store/apps/details?id=net.nowyouseeme.radioeternidad&hl=es_EC

 https://apps.apple.com/us/app/radio-eternidad/id1053755428

El encuentro de Jesús con Nicodemo

Iglesia Bautista Ozama

El encuentro de Jesús con Nicodemo

Otto Sánchez

Rolando Otoniel (Otto) Sánchez Pérez, nació el 24 de febrero del año 1966 en la ciudad de Santo Domingo.

Viene de un hogar cristiano y conoció la gracia de Jesucristo en su adolescencia.

Es pastor de la Iglesia Bautista Ozama desde el año 1992. Sus primeros estudios universitarios fueron en el área de Publicidad. Realizó estudios ministeriales en el Seminario Teológico Bautista Dominicano.

Tiene una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Theological Studies y candidato al Phd, por la misma casa académica.

El pastor Otto está dirigiendo el STBD (Seminario Teológico Bautista Dominicano) desde enero del 2008. Está casado con Susana Almanzar y tienen dos niñas, Elizabeth Marie y Alicia.

http://www.ibozama.org

57/62 – El Propósito de Dios prevalecerá 

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Hasta los confines de la tierra

57/62 – El Propósito de Dios prevalecerá

Miguel Núñez

Miguel Núñez

​Miguel Núñez es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

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