Iglesias firmes y ancladas en la palabra

Iglesias firmes y ancladas en la palabra

Samuel Perez Millos
https://www.youtube.com/channel/UC9efK3CSDWG-bLnAx7QdmWA

Iglesias firmes y ancladas en la palabra

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Nuestro adversario en las tentaciones
Samuel Pérez Millos
Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Hebreos 4: 15
Sexualidad con Propósito
David hormachea
La intimidad en la vida matrimonial es una experiencia única que nos da una gran realización. Pero muchas veces, por ignorancia, rebelión o por motivos de intuición personal o pasión, las parejas no logran el diseño divino, y encaran conflictos humanos serios.
Algunas áreas acerca de la intimidad que son cubiertas en este libro son: Conceptos incorrectos de intimidad Ignorancia acerca de la sexualidad Cuando es necesario buscar ayuda profesional La búsqueda por una intimidad sexual Elementos necesarios para vida matrimonial
Sexualidad con Propósito 1
Sexualidad con Propósito 2
Sexualidad con Propósito 3
David Hormachea nació en Punta Arenas, Chile. Obtuvo su maestría en Artes y Teología, un Doctorado en Divinidades y la preparación para ser consejero familiar en la Universidad de Biola. David Hormachea es pastor de la Primera Iglesia Cristiana, en Santa Ana, California. Es el presidente y orador de la de la organización de ayuda para la familia «De regreso al hogar». Ha producido programas de radio y televisión y ha escrito libros y producido series en audio y vídeo relacionados con la familia. El Dr. Hormachea fue la voz hispana del programa de Chuck Swindoll «Insight for Living», llamado «Visión para Vivir». David está casado con Nancy y tienen cuatro hijos y una nieta.
Ravi Zacharias Ministerios Internacional
¿Qué es el Posmodernismo?
Ravi Zacharias
Ravi Zacharias nos explica algunas características y aspectos relacionados con el reciente movimiento cultural conocido como Posmodernismo.
Pensemos con el Dr. Ravi Zacharias
http://www.oneplace.com/es/ministries/pensemos-con-el-dr-ravi-zacharias/
En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio http://www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:
«Tengo cuarenta y ocho años, [soy] soltero [y] sin hijos. Hace dos años conocí a una mujer que ahora tiene cincuenta…. Nos amamos y queremos casarnos, y ella está decidida a venir a vivir a [mi país].
»Sólo temo que ella no pueda [tener] hijos a su edad, y mi anhelo es tener uno. No la quiero desilusionar, pues está muy entusiasmada a hacer vida conmigo. Ella vive sola, no tiene hijos y [no] desea tenerlos. Esto me [pone en un] dilema de si continúo con ella o la dejo para buscar una mujer más joven que me dé al menos un hijo.»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimado amigo:
»Antes de comprometerse en matrimonio, toda pareja debe estar de acuerdo con respecto a cuatro temas fundamentales. Creemos que usted hallará la respuesta a su pregunta a medida que considera los cuatro.
»El primero es el tema económico. ¿Cuáles son las deudas pendientes y los compromisos económicos con miembros de la familia (tales como los padres, o los hijos de relaciones previas), y de dónde sacarán el dinero para saldar esos compromisos después de casados? ¿Cómo se sustentarán los cónyuges, y con qué medios? … ¿Qué porcentaje de los ingresos de los cónyuges se gastará en vivienda, transporte y gastos personales tales como la ropa? …
»El segundo tema fundamental tiene que ver con las relaciones con los demás familiares. ¿Tienen el esposo o la esposa en potencia otros familiares que se espera vivan con ellos cuando se casen? ¿Con qué frecuencia esperará cada cónyuge visitar a sus respectivos padres?
»El tercer tema fundamental es el de los niños. ¿Están de acuerdo con relación a cuántos hijos tener y cuándo tenerlos? ¿Quién cuidará a los niños en los años preescolares?
»Por último, y sobre todo, ¿tienen los dos una relación afín con Dios? ¿Están de acuerdo en cuanto a cuál iglesia asistir y con qué frecuencia? ¿Están igualmente comprometidos a basar su vida juntos en las enseñanzas de Jesucristo y los principios que se encuentran en la Biblia?
»Si cualquiera de esas preguntas provoca desacuerdos importantes, entonces no están listos para comprometerse ni para casarse. Esos temas suelen ser las razones detrás de la infelicidad y hasta del divorcio. Es mucho más fácil reponerse de la ruptura de un noviazgo con miras al matrimonio que reponerse de un divorcio.
»Es evidente que hay un serio desacuerdo entre usted y su novia respecto a tener hijos. Esa razón basta para ponerle fin al noviazgo…. Dígale la verdad, y corte la comunicación con ella por completo. El proseguir con el noviazgo sería cruel y deshonesto….»
Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, se puede leer si se ingresa en el sitio http://www.conciencia.net y se pulsa la pestaña que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 386.
—¡Feliz cumpleaños, querida! —dijo el esposo.
—Muchas gracias, amor —respondió la esposa.
El regalo era un auto Ferrari Testarrosa, que vale una fortuna. Y eso no era todo. Dentro de la guantera había un diamante de un valor fabuloso. La fiesta se hacía en un hotel de increíble lujo, en la ciudad de Melbourne, Australia, con ciento diez invitados, todos amigos de la pareja.
El Ferrari Testarrosa se sumó a otros dos Ferrari, cinco Mercedes Benz, tres Rolls-Royce, un Jaguar, un Aston Martin y un Porsche. Danilo Ortiz, de cuarenta y cinco años de edad, y su esposa Sara, de cuarenta y tres, parecían nadar en dinero.
Sin embargo, había un problema. Ese dinero provenía de transferencias ilegales que Danilo había hecho durante diez años en una compañía de metales preciosos donde era empleado. El total del desfalco era siete millones, novecientos mil dólares.
Esa pareja se enriqueció demasiado rápido. Hacían grandes obras de caridad. Poseían muchas casas lujosas. Viajaban por todo el mundo. Sara compró, en un solo año, cuatrocientos mil dólares en joyas y adornos. Pero todo era falso.
Habían hallado la manera de derivar dinero de la empresa a sus propias cuentas, y de ahí el enriquecimiento súbito que tenía asombrados a todos. «Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males» (1 Timoteo 6:10).
La sociedad presente vive fascinada con el dinero. Como que hay una atracción seductora hacia las cosas materiales. Por dinero las mujeres venden su honra. Por dinero los hombres hacen caso omiso de su conciencia. Por dinero se fraguan grandes delitos, e incluso, por dinero gobernantes, servidores públicos y aun clérigos entierran sus convicciones. La utilidad momentánea vale más que el honor, y la conveniencia más que la integridad.
Hubo días en que estrecharse la mano sellaba el negocio más complejo. Hoy hay que firmar contratos complicados hasta para comprar un perro.
«Más vale lo poco de un justo que lo mucho de innumerables malvados», dice la Biblia (Salmo 37:16).
¿Dónde está el antídoto contra ese veneno de las almas? En Jesucristo. Él perdona el pecado de ambición, pone en nuestro corazón los verdaderos valores de la vida, despierta nuestro anhelo por las cosas del espíritu, nos sana de fiebres enfermizas y nos da el verdadero sentido de la vida. Cristo es el antídoto contra ese veneno.
La autopista que une a São Pablo con el puerto de Santos estaba repleta de automóviles. Eran las siete y veinte de la mañana de un día de trabajo. Había niebla, y la niebla comenzó a mezclarse con el humo de las refinerías y las fábricas. La visibilidad cayó de pronto a cero, lo que obligó al chofer de un autobús a frenar en seco.
Esa maniobra desencadenó una serie de choques entre ciento cuarenta vehículos. Un auto con varios pasajeros quedó prensado entre dos camiones enormes. Todos sus ocupantes murieron. Varios vehículos saltaron la baranda que divide las pistas y chocaron con autos que venían en sentido contrario, y treinta choques más se produjeron.
En cuestión de menos de un minuto, había en la autopista un caos de vehículos chocados, hierros retorcidos y cristales rotos, y un saldo de catorce muertos y ciento diez heridos. ¿La causa general del desastre? Cero visibilidad.
¿Cómo es posible evitar un accidente cuando se conduce a toda velocidad y de pronto no se ve nada por delante? Lo mismo ocurre cuando un avión lleno de pasajeros se acerca de noche a una pista de aterrizaje y de pronto se apagan todas las luces; o cuando un barco navega a toda máquina en medio de la niebla, entre arrecifes, y de pronto se apaga la luz del faro; o cuando un tren expreso entra en una estación atestada de tránsito ferroviario y de pronto ninguna señal roja o verde se enciende.
Así anda nuestra vida cuando la conducimos sin una verdadera luz espiritual. Según el libro de Eclesiastés, con semejante falta de visibilidad somos como los necios, que andan a oscuras, y no como los sabios, que tienen los ojos bien puestos.1 Pero peor aún es que con tal ceguera espiritual somos como los malvados, pues según el sabio Salomón: «El camino de los malvados es como la más densa oscuridad; ¡ni siquiera saben con qué tropiezan!»2 Porque vivir sin fe, vivir sin conocimiento de la Palabra de Dios, vivir sin la seguridad de la salvación, es vivir en tinieblas y andar en camino oscuro al borde de la perdición eterna.
Pero podemos remediar esa situación si reconocemos que Jesucristo es la luz del mundo. Todo el que lo sigue sincera y fielmente no anda en la oscuridad porque no vive en tinieblas.3La luz divina de Cristo le proporciona la iluminación necesaria para evitar ciertos errores mortales y equivocaciones suicidas que le pudieran hacer perder el alma eternamente. Jesús dijo: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?»4 Ya que Cristo, y solamente Él, es la luz del mundo, aceptémoslo como Señor, Salvador, Maestro y Guía para que tengamos a quien nos conduzca por los caminos de este mundo, que de un momento a otro pueden tener cero visibilidad.
1 – Ec 2:14
2 – Pr 4:19
3 – Jn 8:12
4 – Lc 6:39
Nació y se crió en la pobreza. Sus padres eran trabajadores esforzados, y le inculcaron virtudes como gratitud, respeto, cortesía y honor. También le legaron conceptos de vida como generosidad e integridad, y esmero en el estudio y en el trabajo. Vivió todos sus días en su país natal de Suecia, y murió a los ochenta y cinco años de edad.
¿Quién era esta persona? Era Holger Nisson, que a una temprana edad puso en práctica los valores heredados de sus padres.
Consiguió trabajo en una cervecería y, debido a su integridad y su dedicación, con el paso de los años llegó a ser socio de la empresa y posteriormente dueño absoluto. Fue frugal, ahorrativo y ordenado. Al morir, dejó una respetable fortuna de tres millones de dólares.
¿Cómo distribuyó Holger Nisson su fortuna? La dejó toda a los trescientos habitantes de su pequeña aldea, Kracklinge. Cada habitante, entre los dieciocho y sesenta y cinco años de edad, recibió diez mil dólares. «Dios dejó una herencia para todos —expresó Nisson en su testamento—. Yo también deseo dejar la mía para todos.»
Entre todas las virtudes que el ser humano puede tener, las que más satisfacción producen son la generosidad y la gratitud. La persona que es agradecida sabe recrearse con el sol de la mañana, sabe apreciar los favores del día y sabe disfrutar del descanso en la noche. Tal persona vive en armonía con todos.
Y la persona que agradece cada favor que se le hace es también una persona que sabe dar. Ya sea que tenga mucho o poco, el dar es, para ella, su mayor satisfacción. Esta es la persona que le ha encontrado el verdadero sentido a la vida.
Quizá sea así porque fue Dios quien le enseñó al hombre estas virtudes. El pasaje de la Biblia que más se cita trata sobre este gran don de Dios: «Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Juan 3:16).
A todos nos conviene adoptar como práctica diaria estas dos grandes virtudes: el dar y el agradecer. Son virtudes que vienen de Dios. Fue Él quien nos enseñó a dar, entregando en sacrificio vivo a su propio Hijo. A nosotros nos toca, ahora, corresponder dándole nuestra vida.
Comencemos hoy mismo a expresar nuestra gratitud. En profundo agradecimiento digamos: «Gracias, Señor, por darnos tu Hijo. Te entrego todo mi corazón, toda mi voluntad y todo mi ser.»
En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio http://www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:
«Hace más de cuatro años terminé con una novia…. Ella se enfermó de celos, y me acosaba con sus comportamientos. Yo… tomé el valor suficiente para terminar la relación….
»Un año después hice amistad con una joven… y poco tiempo después nos hicimos novios. La relación que llevo con ella es única y muy hermosa. Sin duda la amo mucho y no deseo desprenderme de ella. Tenemos planes de matrimonio, y de verdad eso es lo que quiero.
»Pero de hace un año hasta la actualidad ha tenido comportamientos… que muestran sus celos al igual que mi anterior novia. Ha sido muy terrible porque ya ni siquiera conservo mi paz. Me ha celado con sus hermanas… con desconocidas, ¡y el colmo fue cuando me celó con su propia madre!
»Verdaderamente no le he dado motivos para que me cele de esta manera….
»He estado muy cerca de terminar nuestra relación. No sé qué hacer. ¿Seré el culpable de esta situación? ¿O es simple casualidad que dos novias se hayan vuelto celosas extremas?»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimado amigo:
»Es prudente de su parte que se haya preguntado si será culpable de esa situación, ya que siempre que algo nos sucede con frecuencia, debiéramos hacer una evaluación a ver si nosotros somos los causantes. Sin embargo, si todo lo que dice usted es cierto, entonces el único error que ha cometido es la clase de jovencita por la que siente atracción.
»En muchos casos, los celos que no se justifican provienen de una acentuada inseguridad. ¿Lo atraen jovencitas inseguras porque así usted puede convertirse en su príncipe azul? ¿Acaso lo intimidan las jóvenes que se sienten más seguras de sí mismas? Si la respuesta es que no, entonces tal vez esta no sea más que una infeliz coincidencia.
»El apóstol Pablo incluyó los celos en su lista de pecados junto con otros tales como la idolatría y la inmoralidad,1 así que está claro que los celos son un hábito pecaminoso que puede superarse con la ayuda de Dios. Si su novia no está dispuesta a reconocer que los celos que siente son pecaminosos y que ella necesita arrepentirse de ellos, entonces la relación entre ustedes dos no tiene remedio. En cambio, si ella sí está dispuesta, el proceso de sobreponerse a los celos recibirá un gran impulso si ella puede consultar con un consejero acerca de esa inseguridad que la atormenta.
»Esa falta de paz que usted está sintiendo es una clara señal de peligro a la que debe prestar atención. ¿Por qué habría de querer usted casarse con una persona que siempre le produce tensión y ansiedad a causa de lo que ella pudiera hacer en cualquier momento? Ni siquiera considere el casarse con esa jovencita hasta que los celos que ella siente se hayan convertido en un recuerdo del pasado…. Si de veras la ama, usted será capaz de esperar el tiempo que sea necesario.»
Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, puede leerse con sólo pulsar la pestaña en http://www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 248.
(Día Internacional del Libro y del Autor y Aniversario de la Muerte de Miguel de Cervantes)
«Fue llevado un día ante el doctor X…, [psiquiatra] notable de Río de Janeiro, un curioso enfermo, víctima de una singular manía….
»—Es preciso extraerlo —raciocinaba el loco—. El corazón es una víscera absolutamente tonta… No pasa de ser un estúpido fuelle, que sopla sangre por las arterias, en lugar de aire… La ciencia puede cambiarlo por un aparato cualquiera, que lo sustituya en su función de centro circulatorio, evitando, con todo, las regalías morales de que disfruta la tal víscera que he mencionado.
»”… Si el corazón se contentara con su papel fisiológico de fuelle, de bomba de compresión, y se estuviese allá, modestamente, en el fondo de su cárcel de costillas, trabajando oscuro y honrado en sus diástoles y sístoles, no exigiría que se me extrajese, como un obstáculo que me corrompe el organismo y la vida; pero el intruso olvida que nació para fuelle; se mete en los dominios de la existencia moral, en plena competencia con el sensato cerebro, y comete, entonces, cuanta estupidez logre hacer….
»”En la familia, el corazón produce al enamorado: un tonto; en la sociedad, al héroe: otro tonto; en la literatura, al sentimental: otro tonto; en la filosofía, al melancólico: un tonto más…
»”Ridículo, miserable, profundo, es lo propio de las víctimas del corazón….
»”Poner término a este mal me parece un deber elemental de la ciencia. Se sabe que el origen del mal está ahí, palpitando, a la altura de la cuarta y la quinta costilla…
»”Sí, mi querido doctor. ¡Ya es hora de echar mano a los frenos de la fatigada cabalgadura de don Quijote, quien va paseando desastradamente la gesticulación huesuda de su entusiasmo caballeresco por entre el escarnio de las generaciones!
»”¡Ya es hora de que termine este espectáculo del caballero de la Mancha, eternamente bueno, pero eternamente estúpido!…
»El médico, que asistía extasiado a la extraña disertación del loco, reflexionó un momento y luego dijo:
»—Esté usted tranquilo, amigo mío; no piense más en eso; voy a extirparle el corazón… voy a curarlo.1
De ahí que a este insólito cuento, que escribió en 1883 cuando tenía veinte años, el autor brasileño Raúl Pompeia le pusiera por título «El mal de Don Quijote». Curiosamente Pompeia mismo habría de fallecer doce años después, a escasos treinta y dos años de edad, en Río de Janeiro, donde había ocupado los cargos de director del Diario Oficial de la República y director de la Biblioteca Nacional.
Si bien sobra decir que al necio de este cuento de Pompeia no le convenía que ningún psiquiatra le extirpara el corazón, no está por demás señalar que sí le hubiera convenido conocer la verdad de los siguientes proverbios, escritos por el sabio Salomón, que aclaran que el corazón humano no es necesariamente ni tonto ni malo: «En el agua se refleja el rostro, y en el corazón se refleja la persona.» «El corazón entendido va tras el conocimiento; la boca de los necios se nutre de tonterías», ya que «en el corazón de los sabios mora la sabiduría, pero los necios ni siquiera la conocen.»2
1- Raúl Pompeia, «El mal de Don Quijote», reproducido en Cuentos brasileños del siglo xix, trad. Elkin Obregón (Bogotá: Editorial Norma, 1992), pp. 181‑87.
2- Pr 27:19; 15:14; 14:33