«EL PROVECHO DE LA AGONÍA»

8 abr 2016

«EL PROVECHO DE LA AGONÍA»

por el Hermano Pablo

a1La tragedia ocurrió de noche en una de las capitales más grandes del mundo. Joseph Hawkins, de veintiún años de edad, se encontraba en el patio de su casa cuando lo mataron a tiros desde un auto que pasó velozmente. Se suponía que el joven había tenido vinculación con alguna pandilla de muchachos de la comunidad, aunque esto no pudo comprobarse. Fue un gran dolor para toda la familia.

La madre de Joseph, Loma Hawkins, quien no se amilanó ante su muerte, lanzó un programa de televisión que tituló «El provecho de la agonía», en el que invitó a todas las madres que habían pasado por una experiencia similar a venir a exponer ante las cámaras su sentir. El proyecto comenzó a tomar auge.

No obstante, dos años después la tragedia golpeó por segunda vez el hogar de Loma. Un segundo hijo, Geraldo, de diecisiete años de edad, fue asesinado en idéntica forma. El dolor para Loma fue casi insoportable. Pero al preguntarle si seguiría con el programa, ella respondió con énfasis: «Sí, y ahora con doble razón.»

He aquí una madre doliente y sufrida, pero noble, valiente y determinada, que tomó su desgracia como algo inevitable, y dándole vuelta al dolor, lo usó para lanzar un proyecto que tenía el fin de cambiar el destino de su comunidad. En la zona donde ella vivía, ese tipo de homicidios ocurrían a diario. El esfuerzo de esta mujer contribuyó a cambiar la situación.

El comentario de ella fue: «Espero abrir camino, poco a poco, en la conciencia de todo adolescente que, por tener un auto potente y un arma de fuego en la mano, se cree con derecho a matar al que se le ocurra.»

Ante desgracias como ésta, la reacción del doliente toma uno de dos cursos: o sume a la persona destrozada en una profunda depresión de la cual no encuentra, ni desea encontrar, salida, o reacciona como lo hizo Loma Hawkins, quien ante el terrible dolor de ver a su hijo muerto a balazos, alzó la vista al cielo y dijo: «Señor, ayúdame a encontrarle algún provecho a esta tragedia.»

Ella no sólo se permitió hallar consuelo y fortaleza, sino que actuó inmediatamente en auxilio de otros. Y en su dolor, usó su agonía para lanzar un proyecto con el fin de cambiar a su comunidad.

En medio de la desesperación, podemos pedirle a Dios gracia para llenar primero nuestro propio corazón con amor y perdón, y luego para ayudar a otros que tienen aflicciones afines. Él es más grande que toda tragedia, y puede cambiar en provecho lo que es desastre. Dios sólo espera que acudamos a Él.

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«MI FAMILIA NO SABE NADA»

7 abr 2016

«MI FAMILIA NO SABE NADA»

por Carlos Rey

a1En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio http://www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:

«Hace una semana nos enteramos de que [mi novia] está embarazada…. Aún estoy estudiando. Por eso es que ella decidió no decir de quién es el niño que espera. Al parecer, su mamá la va a apoyar, pero mi familia no sabe nada. Le he pedido al Señor, arrepentido, que me dé otra oportunidad y que ese niño no nazca o sea mentira que está embarazada. No sé qué hacer. Siento pena por ella, y pienso en lo que será después.»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimado amigo:

»No hay duda de que usted tiene razón para sentir pena por su novia. Y tiene razón para estar preocupado por lo que ha de suceder. Sin embargo, rogarle a Dios que convierta lo ocurrido en nada más que una pesadilla es poco realista e irresponsable. Ha hecho bien al pedirle perdón a Dios, pero no espere que Él, por arte de magia, elimine las consecuencias de lo que usted ha hecho.

»… A fin de guardar el secreto [debido a que usted aún está estudiando, su novia] ha decidido negarse a revelar el nombre suyo como el padre del bebé. Como resultado, es probable que la gente crea que ella ha tenido relaciones sexuales con varios hombres y que no sabe cuál de ellos es el padre. Esa clase de chismes hará que sea peor aún la situación en que ella se encuentra.

»Si su novia no proviene de una familia con recursos económicos adecuados, es muy probable que el incremento de gastos tarde o temprano la obliguen a buscar ayuda monetaria de parte de usted, tal vez hasta en los tribunales de justicia. Cuando usted termine sus estudios y consiga un empleo, puede estar casi seguro de que se le pedirá o exigirá que sustente económicamente a su hijo o hija.

»Sería mucho mejor que le dijera a su familia ahora lo que ha sucedido y asumiera la responsabilidad por la criatura que ha engendrado. Entonces usted y su novia, con sus padres y los de ella, podrían decidir qué es lo que más le conviene al niño. Nosotros creemos que el permitir que padres amorosos lo adopten es la mejor opción para los jóvenes estudiantes. Como padres adoptivos que somos, sabemos que hay miles de matrimonios que no han podido tener sus propios hijos biológicos y están esperando tener un hijo al que puedan amar durante toda la vida.

»Sin embargo, si deciden no darlo en adopción, usted tendrá que cambiar sus planes para participar de lleno en la vida de su hijo. Ningún niño merece crecer sin la presencia de su padre, y con frecuencia a quienes les toca crecer en esas condiciones afrontan años de rechazo y marginación social.

»Usted optó por quebrantar las leyes de Dios y tener una relación sexual antes del matrimonio, y eso quiere decir que optó por correr el riesgo de que su novia quedara embarazada. Ahora debe decidir hacer lo correcto por el bien de su hijo y por el bien de su novia.»

Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, puede leerse con sólo ingresar en el sitio http://www.conciencia.net y pulsar la pestaña que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 383.

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UN CAMBIO FENOMENAL

6 abr 2016

UN CAMBIO FENOMENAL

por el Hermano Pablo

a1Fue un viaje largo, de trescientos trece días. Y fue un viaje silencioso, sin escalas ni paradas, un viaje que no fue ni por automóvil, ni por barco ni por avión. Fue el viaje que hizo Sergei Krikalev, cosmonauta ruso, en su cápsula espacial. Él nunca pensó que lo que ocurrió durante su vuelo pudiera haber ocurrido.

Cuando bajó de su vehículo en la república soviética de Kazakstan, después de diez meses en el espacio, su país había sufrido un cambio total. La Unión Soviética ya no existía. El comunismo ruso era cosa del pasado. Gorbachev no era más presidente, y en lugar de la bandera roja con la hoz y el martillo, flameaba la tricolor rusa antigua. Hasta su ciudad natal, Leningrado, había cambiado de nombre y ahora se llamaba, como antes, San Petersburgo.

Sergei se sintió mareado, no sólo como reacción natural de plantar pie otra vez en tierra sino, más que todo, por tantos cambios que nadie jamás pudiera haber previsto. El cosmonauta ruso anterior, Musa Manarov, estuvo más tiempo que él en el espacio, trescientos sesenta y seis días, pero durante su ausencia nada cambió. En cambio, durante la ausencia de Krikalev, en sólo diez meses, su mundo había dado un vuelco político total.

¿Cómo reaccionó Krikalev ante un cambio tan súbito y radical? Eso no lo sabemos, pues la agencia de noticias no lo explicó, pero no podemos menos que compararlo con cómo reaccionamos nosotros ante cambios inesperados en nuestra vida.

Todos tenemos situaciones en la vida que, sin la más mínima premonición, nos sorprenden: un diagnóstico médico que es presagio de calamidad; la noticia de un accidente automovilístico que trae consigo informe de muerte; el anuncio del marido, de que otro amor ha desplazado a la esposa; la noticia devastadora de que nuestro hijo ha contraído el SIDA. Tales circunstancias pueden pasarnos a todos. Nadie es tan santo como para que no le ocurran. ¿Cómo reacciona uno ante semejantes situaciones?

Cuando no hay fe, cuando no creemos en un ser superior, cuando no nos hemos relacionado en forma personal y continua con Dios, no nos queda más que una horrible desesperación que nos deja sin ánimo de seguir viviendo.

En cambio, cuando hemos vivido tomados de la mano del Señor, y cuando conocemos lo que es fe segura en la sabiduría y en la providencia divinas, no nos amedrentamos ante el anuncio imprevisto de alguna calamidad. Sí tendremos luchas, pero con Cristo de amigo, seremos más que vencedores.

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«BODAS DE PLATA Y DE LUTO»

5 abr 2016

«BODAS DE PLATA Y DE LUTO»

por el Hermano Pablo

a1Eran unas bodas de plata. Veinticinco años de dichosa vida matrimonial. Un cuarto de siglo de vivir juntos, de vivir unidos, de vivir ligados por estrechos vínculos de amor, de compañerismo, de fidelidad.

Neil y Brenda Janson, de Hayes, Inglaterra, quisieron celebrar sus bodas de plata en la misma capilla donde se habían casado veinticinco años antes, frente al mismo clérigo con los mismos testigos. Pero cuando Neil, el esposo, repitió las palabras del clérigo y renovó así sus votos de amor eterno, sucedió algo que desconcertó a todos. En ese momento sufrió un paro cardíaco que puso fin a sus días. Murió agarrando la mano de su esposa. Los amigos y parientes llamaron a la celebración: «bodas de plata y de luto».

Uno se pregunta: ¿Por qué tiene que morir un hombre todavía joven, precisamente en el día en que celebra sus veinticinco años de casado? Veinticinco años de matrimonio, vividos en amor, fidelidad y compañerismo son una tremenda bendición, y terminar ahí la vida, habiendo gozado de un matrimonio feliz, es un fracaso en el sentido de que es tanto un suceso funesto como un resultado adverso.

Sin embargo, mil veces más fracaso que un paro cardíaco es la destrucción de un hogar, tenga el tiempo que tenga. Consideramos que hubo injusticia divina porque un matrimonio que se llevaba bien, en el que no había peleas y reinaba la paz, se encontró con una súbita separación forzada.

No obstante, eso no es fracaso. Fracaso es no considerar lo sagrado de los votos. Fracaso es no tener paciencia en el matrimonio. Fracaso es ser irreverente y descortés con su pareja. Fracaso es cortar la comunicación y cerrar la puerta del corazón. Fracaso es ser infiel, es engañar al cónyuge, es cometer adulterio y así menospreciar los votos de honor y fidelidad mutuos. Eso es fracaso.

La calidad de nuestra vida no la determinan los años. La felicidad, la paz, el éxito en el matrimonio son el resultado de entrega mutua, de sometimiento recíproco, de sacrificio, de amor. Estas son virtudes que no responden a una emoción pasajera sino a una decisión: la de considerar sagrados nuestros votos y de amar de todo corazón a la persona que Dios nos ha dado hasta que la muerte nos separe.

Con Cristo en nuestra vida y en nuestro matrimonio podemos tener ese premio. Hagamos de Él nuestro dueño y Señor. Él le dará a nuestro matrimonio no sólo largos años de permanencia sino fuertes sentimientos de amor.

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«¡CINCO MIL MUERTOS PIDEN VENGANZA!»

4 abr 2016

«¡CINCO MIL MUERTOS PIDEN VENGANZA!»

por Carlos Rey

a1Durante siete años prosperó el negocio. Sus dueños multiplicaron sus ganancias. Tenían una funeraria en Pasadena, California, en la que vendían servicios de honras fúnebres. Embalsamaban muertos. Incineraban muertos. Enterraban muertos. Y transportaban muertos a otras ciudades. Pero lamentablemente también profanaban a los muertos.

Al amparo de tarjetas de donación de órganos, que falsificaban, vendían ojos, riñones, corazones y huesos. Vendían además, cuando lograban robarlas, piezas de oro, tales como anillos y brazaletes, e incluso empastes de oro de las dentaduras. Y para colmo de males, incineraban los cadáveres en masa, por montones, de modo que las cenizas que entregaban a los familiares no eran de ningún difunto en particular.

Durante siete años cometieron estas atrocidades con impunidad, hasta abril de 1987. Ese mes las autoridades de California hicieron una redada en la funeraria Lamb en Pasadena luego de descubrir en la localidad de Hesperia, a más de una hora de distancia en el condado de San Bernardino, un enorme crematorio oculto al que se había hecho pasar por un horno para cerámica usado para curar paneles resistentes al calor para el transbordador espacial.

De ahí que los tres miembros de la familia dueña del negocio —Laurieanne Lamb Sconce, su esposo Jerry Sconce y su hijo David— tuvieran que afrontar una demanda por quince millones de dólares. Al concluir el juicio, a la madre la declararon culpable de ocho acusaciones, y al padre, de robo y de maltrato de restos humanos. En 1989 el hijo, David Sconce, se confesó culpable de varios cargos, incluso de robo de tumbas, y lo condenaron a cinco años de cárcel. Lamentablemente, lejos de satisfacer la demanda de los familiares de los cinco mil muertos procesados por la familia Sconce, esa condena por el ultraje póstumo perpetrado contra ellos, que representaba apenas un año de cárcel por cada mil difuntos, no surtió más efecto que recordarles amargamente las palabras tajantes de la abogada Elizabeth Joan Cabraser, que dijo: «¡Cinco mil muertos piden venganza!»

El juez del caso, por su parte, comentó con sabiduría salomónica: «La dignidad de una sociedad se mide por la dignidad que ella les concede a sus muertos.» De hecho, el sabio Salomón mismo, consciente de que toda sociedad se dignifica o se envilece según sus valores morales, planteó los siguientes valores que a la sociedad actual le convendría adoptar:

Vale más el buen nombre
que el buen perfume.
Vale más el día en que se muere
que el día en que se nace.
Vale más ir a un funeral
que a un festival….
El sabio tiene presente la muerte;
el necio sólo piensa en la diversión….
Quien teme a Dios
saldrá bien en todo.1

«ME CASÉ SIN AMAR A MI ESPOSA»

2 abr 2016

«ME CASÉ SIN AMAR A MI ESPOSA»

por Carlos Rey

a1En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» en nuestro sitio http://www.conciencia.net. Lo hizo de manera anónima, como pedimos que se haga; así que, a pesar de que nunca se lo había contado a nadie, nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:

«Me casé sin amar a mi esposa. Llevamos dos años de casados. Cuando éramos novios, su compañía y amistad me parecían los elementos suficientes para algún día llegar a amarla; pero eso no es así. Vivo frustrado porque no tuve el valor de desistir a tiempo. Lo llegamos a platicar, pero al verla llorar siento que fui cobarde al permitir que llegáramos hasta el matrimonio. Quisiera corresponder a ese amor, pero no lo siento así. Ella lo ha percibido y sufre. Me duele verla así.»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimado amigo:

»… Si usted algún día tiene un hijo, ¿espera que ha de amarlo? ¿Qué tal que no sea así? ¿Qué tal que nunca llegue a sentir nada por él? Tal vez su respuesta sea que lo ha de amar porque es su hijo y no por lo que usted siente.

»No siempre sentimos amor por nuestros hijos, nuestros hermanos, nuestros padres o aun nuestro cónyuge. Y sin embargo los amamos porque están ligados a nosotros mediante la relación que tenemos. No siempre nos hacen felices ni satisfacen nuestras necesidades. A veces hacen que nos sintamos frustrados o enojados, pero no por eso dejamos de amarlos. El amor es el lazo que nos ata a ellos.

»Usted esperó sentir alguna sensación con relación a su esposa. Las películas y los cuentos de hadas nos predisponen a sentir algo muy especial y a oír el repicar de las campanas. Pero la vida no es, en realidad, una película ni un cuento de hadas.

»Un matrimonio que tiene como base una sólida amistad y el compañerismo tiene la posibilidad de ser mucho más satisfactorio y duradero que un matrimonio basado en la atracción física o en emociones muy estimulantes….

»Usted hizo sus votos. No importa ahora por qué lo hizo o si fue la decisión acertada. Cambie su enfoque del pasado al futuro. Los lazos del amor y del matrimonio lo han atado a una mujer maravillosa, y usted puede tomar la decisión de fortalecer esa relación en lugar de ponerla en tela de juicio constantemente. Muestre amor mediante sus acciones, y verá que sus sentimientos se ajustarán. Resuelva que hará lo que sea para que triunfe su matrimonio.

»¿Sabía que Dios quiere ayudarlo en su matrimonio y en todos los demás aspectos de su vida? Dios quiere que cada uno de nosotros cultive una relación con Él, pero nos separan de Él nuestros pecados. Así que, por el amor que nos tiene, dio a su Hijo Jesucristo como un sacrificio en la cruz para pagar el castigo de nuestro pecado. Cuando aceptamos a Cristo y decidimos caminar con Dios, Él nos da sabiduría y fortaleza para cada una de nuestras otras relaciones.»

Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, se puede leer si se pulsa la pestaña en http://www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 245.

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«EJEMPLO DE FIDELIDAD»

1 abr 2016

«EJEMPLO DE FIDELIDAD»

por el Hermano Pablo

a1Durante cinco años y medio estuvo haciendo lo mismo. Cada vez que llegaba el tren a la estación, iba a esperar a los pasajeros. No necesitaba leer los horarios. No le importaba ni el calor tórrido del verano ni el frío gélido del invierno. Cuatro veces al día, con cada tren que llegaba, ya fuera del norte o del sur, iba y esperaba pacientemente en el andén. Era un perro, un perro pastor alemán.

Tiempo atrás se habían llevado, en tren, el cadáver de su amo, y desde entonces Shep, que era el nombre del perro, había ido a esperarlo a la estación a ver si volvía. Viejo ya, un día calculó mal sus pasos y lo arrolló un tren. Esto ocurrió en un pequeño pueblo de Canadá en 1942. Muchos años después, el pueblo aún celebraba al perro pastor alemán, Shep. Lo llamaban «ejemplo de fidelidad.»

La fidelidad no sólo es una gran virtud, sino que es además indispensable para el desenvolvimiento correcto de la vida diaria.

Supongamos que el reloj despertador no nos es fiel, y en vez de llamarnos a las seis de la mañana nos deja dormir hasta las nueve, y perdemos un importante negocio. ¿Qué si la pastilla de aspirina, el gran remedio universal, no nos es fiel, y en vez de quitarnos el dolor de cabeza nos provoca fuerte hemorragia gástrica? ¿O qué si nuestro banquero no nos es fiel, y de repente desaparece con todo el dinero que tenemos en el banco?

Desgracias indecibles ocurren cuando hay falta de fidelidad. Un ejemplo clásico se da cuando el marido le es infiel a la esposa, o cuando la esposa le es infiel al marido. Todo el hogar se hunde en la desgracia. Los dolores más grandes del corazón los provoca la infidelidad conyugal. Lo cierto es que la sociedad entera depende de que haya fidelidad en todo.

¿Y qué de lo espiritual? ¿Qué sería de este mundo si el hombre no le fuera fiel a su Dios? La respuesta es muy evidente. La desgracia de familias destruidas, de esposos y esposas infieles, de hijos abandonados y de vidas deshechas es prueba suficiente de lo que es este mundo cuando el hombre no le es fiel a su Dios.

Sin embargo, la Biblia nos dice acerca de Dios que «si somos infieles, él sigue siendo fiel, ya que no puede negarse a sí mismo» (2 Timoteo 2:13). Cristo es fiel aun cuando nosotros no lo somos. En Él podemos encontrar un seguro y fiel Salvador, Uno que no falla, que no engaña, que no desilusiona y que no fracasa. Él es el Salvador que todos necesitamos en estos tiempos de cruda infidelidad.

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«ME HACE FALTA UN PADRE: LO NECESITO»

31 mar 2016

«ME HACE FALTA UN PADRE: LO NECESITO»

por Carlos Rey

a1En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio http://www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos:

«Soy fruto de una relación pasajera entre dos amigos solteros. Mi padre siempre me negó. Ahora está casado y tiene tres hijos, los cuales no me quieren, siendo que yo nací cuando ellos todavía no estaban junto a él. Toda la familia de él se enteró de mi existencia hace poco, pero para no quedar mal me ignoran.

»¡Los odio! ¡Quiero vengarme! ¡Quiero que mueran para cobrar yo la herencia, ya que me niegan amor! Pero a la vez me hace falta un padre. Lo necesito. ¿Qué hago?»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimada amiga:

»¡Sentimos mucho la pérdida que usted ha sufrido! Ha perdido no sólo un padre, sino también el sueño de tener un padre…. Ahora le toca afrontar una dura realidad inflexible. ¡Es cruel y es injusto!

»… Tiene razón para estar enojada. El problema es que la ira y el enojo sólo perjudican a la persona que alberga esos sentimientos. El deseo suyo de venganza le produce sustancias químicas en el cerebro que fluyen por todo su cuerpo. Esas sustancias la pueden hacer más susceptible a problemas de la salud y aun a graves enfermedades. Cada vez que piensa en el odio que siente y la injusticia que ha sufrido, su cuerpo produce más sustancias químicas negativas. Así que, lamentablemente, es usted quien sale perjudicada….

»Hay una sola solución. Usted necesita que Jesucristo le dé la capacidad sobrenatural que Él tuvo para perdonar. Él perdonó a quienes lo crucificaron. Enseñó que también nosotros debemos perdonar si queremos que se nos perdonen nuestros pecados. Él dijo: “Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial.”1

»¿Merece su padre el perdón suyo? ¡De ninguna manera! El perdonarlo no significa que él lo merezca o que esté libre del castigo divino por su conducta.

»Los que crucificaron a Cristo tampoco merecían el perdón. Como tampoco lo merecemos nosotros cuando quebrantamos las leyes de Dios. Pero Cristo perdonó a quienes lo crucificaron, y nos perdona a nosotros cuando se lo pedimos. Así que su ejemplo nos enseña que es posible perdonar incluso cuando el perdón no es merecido.

»Pídale a Dios en oración que le dé la capacidad sobrenatural que usted necesita para perdonar. Cuando la invadan los pensamientos negativos, busque la manera de convertirlos en pensamientos positivos. Si usted tuvo una buena madre, piense en lo agradecida que está por haberla tenido. Si tiene abuelos que la aman, dele gracias a Dios por ellos. Convierta cada pensamiento negativo en uno positivo para que pueda transformar las sustancias químicas en el cerebro y proteger su salud. Deje que sea Dios quien juzgue. Él sabe perfectamente cómo hacerlo.»

Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, se puede leer si se pulsa la pestaña en http://www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 382.

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«YO MATÉ A UN HOMBRE»

30 mar 2016

«YO MATÉ A UN HOMBRE»

por el Hermano Pablo

a1Hace veinte años, yo maté a un hombre. No, no es cierto. Sólo es alegoría. Pero permítame seguir con la figura.

Me descubrieron con el arma en la mano y el cuerpo del delito a mis pies. Como no tenía coartada alguna, me llevaron de inmediato a la cárcel. El juez no tardó en seguir el proceso jurídico, y el jurado me halló culpable.

Ahora tenía que pagar el precio de mi maldad porque fui yo quien cometió el delito. Sólo esperaba la hora de mi ejecución.

El día designado, y a la hora precisa, el carcelero llegó a mi celda, metió la llave en el cerrojo y abrió la puerta. El chillido de hierro contra hierro me hizo sentir aún más terror. Pero sucedió algo extraño.

El carcelero me dijo:

—Señor, usted está libre. Puede irse.

—No juegue con mi vida —le respondí—. Yo sé a qué ha venido.

—Señor —repitió el carcelero—, usted está libre.

Dicho esto, se fue, dejando abierta la puerta de mi celda, así que me asomé a la puerta. El patio de la cárcel estaba vacío. Con cierto temor crucé el patio y me encaminé hacia la calle. Varios oficiales me vieron, pero nadie dijo nada. Recuerdo haber escuchado unos balazos cuando llegué a la calle, pero nadie me detuvo.

Cuando llegué a casa me explicaron que mi defensor había indagado en libros jurídicos antiguos y había descubierto que otra persona podía tomar el lugar del culpable. Así que había hecho correr la noticia, y un joven se había ofrecido para que se le aplicara mi sentencia.

Si bien este relato es alegórico, lo cierto es que ilustra algo que no lo es. Yo, como todo ser humano, soy pecador. Mi pecado merece el infierno. No hay nada que yo pueda hacer para librarme de esa pena. Estoy eternamente condenado, y eso no es alegoría.

Un día Dios, en la persona de Jesucristo, vino al mundo. Aunque Jesús llevó una vida santa, lo acusaron de malhechor y lo condenaron a morir en una cruz. Pero su muerte fue sustitutiva. Él murió en mi lugar, y eso no es alegoría.

«Gracia» es una palabra que no cabe en la mente humana. Quiere decir perdón inmerecido, amor incondicional, salvación sólo por el favor de Dios. El apóstol Pablo explica que Dios ofreció a su Hijo Jesucristo como un sacrificio de expiación que se recibe por la fe en su sangre, y que es por su gracia divina que nos justifica gratuitamente mediante esa redención (Romanos 3:24,25).

Aunque nuestra vida sea un desastre, podemos ser salvos mediante la muerte de Cristo en nuestro lugar. Lo único que tenemos que hacer es rendirnos a sus pies. Él pagó el precio de nuestro pecado. El castigo que era nuestro, Jesús lo tomó. Ahora sólo tenemos que creer en Cristo y recibirlo como Señor y Salvador. Ese es el significado de la cruz del Calvario. No rechacemos el amor de Dios.

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«SI SUPIERA… EL DÍA DE MI MUERTE»

29 mar 2016

«SI SUPIERA… EL DÍA DE MI MUERTE»

por Carlos Rey

a1«¿Se ha imaginado lo que podría ser una celebración de despedida cuando muera? … ¿Qué tal si de la misma forma en que se anuncia la llegada de un bebé a la familia, también se nos anunciara la partida del abuelo nueve meses antes? —pregunta el humorista colombiano José Ordóñez en su obra titulada Primer libro de José Ordóñez a los aburridos—. Lo primero que harían las mujeres de la familia, incluso la esposa, las hijas y las nietas, sería organizar una “fiesta de despedida”», responde el talentoso cómico, que ha batido repetidas veces su propio récord mundial de chistes. Y luego describe la fiesta, dando vuelo a su fecunda imaginación:

«Para la ocasión, el lugar se vería lleno de letreros alusivos a la celebración, como por ejemplo: “¡Que te vaya [bien]!” “¿Vuelves?” “¡Nos vemos al otro lado!”… Globos y serpentinas colgarían para la alegre celebración, mientras que algunos gladiolos se repartirían con buen gusto por toda la casa. Una torta grande de pasas y ciruelas negras se encontraría sobre el ataúd…. Se cambiaría el gélido minuto de silencio por la música preferida del futuro finado; él podría escuchar lo que siempre le encantó mientras espera la muerte.»

Si supiéramos el día de nuestra muerte, «se verían entierros con orquestas, grupos de vallenatos [y] mariachis… cantando alegres… —continúa Ordóñez—. En lo más álgido de la fiesta entrarían de sorpresa los mariachis cantando:

»Estas son las mortajitas que le dieron a David
el día, que de estar tan viejo, a él se le dio por morir.

»¡Morite, viejo, morite! Mira que ya anocheció.
Y ya los grillos se aprestan a cantarte en tu panteón….

»Otra de las ventajas de saber la fecha en que vamos a fallecer es que podríamos escoger el lugar. Si los papás nos escogen dónde es que nacemos, nosotros decidimos dónde moriremos….

»… Si supiera que hoy es el día de mi muerte, llamaría a esos que sé que he ofendido y les pediría que me perdonaran, pues me daría tristeza saber que no me podrían recordar con agrado.

»Si hoy fuera el día de mi muerte, dejaría todas mis cuentas canceladas, pues no me gustaría que mis hijos tuvieran que responder por las mismas, [y] miraría a mi esposa a los ojos y con un sonoro beso le diría: “¡Gracias, ha sido un placer compartir la vida contigo!”

»Querido Dios… si hoy vinieras por mí, te agradecería por haberme enviado aquí a conocer a gente maravillosa, a beber con sed, a comer con hambre, a besar con entusiasmo, a sentir arrepentimiento, a luchar sin fuerzas, a vivir con pasión. Te pediría que me dejaras ver por última vez a mi familia de pie en la puerta de mi casa, para que se despidieran con la mano mientras admiro que el sol está en el poniente y refleja la cruz sobre mi casa.

»¡Quizá éste no sea el día de mi muerte, quizá haya muchos más, pero hoy viviré como si fuera el último de mis días!

»¿Y tú qué harás?»1


1 José Ordóñez, Primer libro de José Ordóñez a los aburridos (Miami, Florida: Editorial Vida, 2009), pp. 47-50.

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