¿Qué es la Biblia?

La palabra “Biblia” proviene de las palabras griega y latina que significan “libro”, un nombre muy apropiado, puesto que la Biblia es el libro para toda la gente de todos los tiempos. Es un libro como no hay otro, único en su clase.

Sesenta y seis diferentes libros forman la Biblia. Éstos incluyen libros sobre la ley, tales como Levítico y Deuteronomio; libros históricos, tales como Esdras y Hechos; libros de poesía, tales como Salmos y Eclesiastés; libros de profecía, como Isaías y Apocalipsis; biografías, como Mateo y Juan; y epístolas (cartas formales) como Tito y Hebreos.

Los Autores

Cerca de 40 diferentes autores humanos contribuyeron para su formación, escrita dentro de un período aproximado de 1,500 años. Los autores fueron reyes, pescadores, sacerdotes, oficiales gubernamentales, granjeros, pastores y doctores. Toda esta diversidad converge en una increíble unidad, con temas comunes entrelazados a través de toda ella.

La unidad de la Biblia se debe al hecho de que, finalmente, tiene un Autor: Dios Mismo. La Biblia es “Inspirada por Dios” (2 Timoteo 3:16). Los autores humanos escribieron exactamente lo que Dios quiso que escribieran, y el resultado fue la perfecta y santa Palabra de Dios (Salmo 12:6; 2 Pedro 1:21).

Las Divisiones

La Biblia está dividida en dos partes principales: El Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. En resumen, el Antiguo Testamento es la historia de una Nación, y el Nuevo Testamento es la historia de un Hombre. La Nación fue la manera en que Dios trajo al Hombre al mundo.

El Antiguo Testamento describe la fundación y preservación de la nación de Israel. Dios prometió utilizar a Israel para bendecir al mundo entero (Génesis 12:2-3). Una vez que Israel fue establecida como una nación, Dios levantó a una familia de entre esa nación a través de la cual vendrían las bendiciones: la familia de David (Salmos 89:3-4). Entonces, de la familia de David fue prometido un Hombre quien traería la bendición prometida (Isaías 11:1-10).

El Nuevo Testamento detalla la venida del Hombre prometido. Su nombre fue Jesús, y Él cumplió las profecías del Antiguo Testamento, porque vivió una vida perfecta, murió para convertirse en el Salvador, y resucitó de entre los muertos.

El Carácter Central

Jesús es el carácter central en la Biblia – en realidad todo el libro es acerca de Él. El Antiguo Testamento predijo Su venida y preparó el escenario para Su entrada al mundo. El Nuevo Testamento describe Su venida y Su obra para traer salvación a nuestro mundo pecador.

Jesús es más que una figura histórica; de hecho, Él es más que un hombre. Él es Dios hecho carne, y Su venida fue el evento más importante en la historia del mundo. Dios Mismo se hizo hombre para darnos una clara y entendible imagen de lo que Él es. ¿Cómo es Dios? Dios es como Jesús; Jesús es Dios en forma humana (Juan 1:14; 14:9).

Un Breve Resumen

Dios creó al hombre y lo puso en un ambiente perfecto; sin embargo, el hombre se rebeló contra Dios y falló en llegar a ser lo que Dios quería que fuera. Dios puso al mundo bajo una maldición a causa del pecado, pero inmediatamente puso en acción un plan para restaurar al hombre y a toda la creación a su gloria original.

Como parte de Su plan de redención, Dios llamó a Abraham desde Babilonia a Canaán (aproximadamente en el año 2000 a.C.). Dios prometió a Abraham, su hijo Isaac, y su nieto Jacob (también llamado Israel), que Él bendeciría al mundo a través de sus descendientes. La familia de Israel emigró de Canaán a Egipto, donde se multiplicaron hasta hacerse una nación.

Aproximadamente en el año 1400 a. C., Dios guió a los descendientes de Israel fuera de Egipto bajo la dirección de Moisés y les dio la Tierra Prometida, Canaán, para que la poseyeran. A través de Moisés, Dios le dio la Ley al pueblo de Israel e hizo un pacto (convenio) con ellos: si ellos permanecían fieles a Dios y no seguían la idolatría de las naciones que les rodeaban, entonces ellos prosperarían. Si ellos dejaban a Dios y seguían a los ídolos, entonces Dios destruiría su nación.

Aproximadamente 400 años después, durante el reinado de David y su hijo Salomón, Israel fue consolidado como un reino grande y poderoso. Dios prometió a David y Salomón que un descendiente de ellos gobernaría como un Rey eterno.

Después del reinado de Salomón, la nación de Israel se dividió. Las diez tribus del norte fueron llamadas “Israel,” y pasaron cerca de 200 años antes que Dios las juzgara por su idolatría. Asiria llevó cautivo a Israel en el año 721 a.C. Las dos tribus en el sur fueron llamadas “Judá,” y ellas tardaron un poco más, pero eventualmente ellas también, se olvidaron de Dios. Babilonia los llevó cautivos en el año 600 a.C.

Cerca de 70 años después, Dios bondadosamente trajo el remanente de los cautivos de regreso a su propia tierra. Jerusalén, la capital, fue reconstruida aproximadamente en el año 444 a.C., e Israel estableció una vez más su identidad nacional. Hasta aquí termina el Antiguo Testamento.

El Nuevo Testamento inicia 400 años más tarde con el nacimiento de Jesucristo en Judea. Jesús fue el descendiente prometido a Abraham y David, Aquel que llevaría a cabo el plan de Dios para la redención de la raza humana y restauración de la creación. Jesús completó fielmente Su obra: Él murió por el pecado y resucitó de los muertos. La muerte de Cristo es la base para un nuevo pacto (convenio) con el mundo: todo el que tenga fe en Jesús será salvo del pecado y vivirá eternamente.

Después de Su resurrección, Jesús envió a Sus discípulos a proclamar las buenas nuevas por todas partes, sobre Su vida y Su poder para salvar. Los discípulos de Jesús salieron en todas las direcciones proclamando las buenas nuevas de Jesús y la salvación. Ellos viajaron a través de Asia Menor, Grecia y todo el Imperio Romano. El Nuevo Testamento cierra con una predicción del retorno de Jesús para juzgar al mundo incrédulo y liberar a la creación de la maldición.

Aceptando la soberanía de Dios en la salvación y nuestro papel como Sus heraldos

Serie: Perfeccionismo y control

Aceptando la soberanía de Dios en la salvación y nuestro papel como Sus heraldos

Por Matthew Miller

Nota del editor: Este es el octavo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Perfeccionismo y control

a doctrina de la soberanía de Dios nos da valentía ante las amenazas, resolución en medio del sufrimiento y esperanza bajo el peso de la decepción. Pero el conocimiento de Su soberanía no siempre produce esa confianza en nuestras conversaciones con los incrédulos. Aquí tendemos a sentirnos abrumados por el miedo a decir algo incorrecto y perplejos con respecto al alcance de nuestro papel humano en medio de Su plan divino.

¿Por qué existe esta diferencia? Tendemos a encontrar refugio en la soberanía de Dios cuando enfrentamos cosas que sabemos muy bien que están fuera de nuestro control: un diagnóstico, un desastre, una angustia o una muerte. Por otro lado, tendemos a aferrarnos al control, o la ilusión de control, en nuestras relaciones. Pensamos que si hacemos o decimos esto o aquello, podemos predecir razonablemente cómo reaccionarán las otras personas y cómo sus reacciones afectarán nuestra relación. Como sabemos qué tipo de relación queremos tener con ellas, hacemos todo lo posible para dirigir las cosas hacia el fin deseado. Esta ilusión de control le quita la valentía a nuestro testimonio, la valentía que la doctrina de la soberanía de Dios provee en las demás situaciones.

Hace años, me hice amigo de mi entrenador en el gimnasio. Éramos tan diferentes como podíamos ser. Yo era un estadounidense blanco de una familia que llevaba seis generaciones en el país; él era un inmigrante de piel oscura de África Oriental. Yo tenía «los brazos de un hombre pensante»; él era un enorme campeón de culturismo de peso pesado. Yo estaba soltero; él estaba en su segundo matrimonio y tenía tres hijos pequeños. Yo era cristiano; él no. Pero quería verlo llegar a conocer a Cristo.

En el fondo, también quería otra cosa: quería parecerle una persona agradable. Y ese era el problema. Mi deseo de que él conociera a Cristo a menudo chocaba con mi deseo de parecerle agradable. Pensaba que podría manejar estos dos deseos, pero en realidad tenía que elegir entre ellos.

No recuerdo exactamente cuándo sucedió, pero sí recuerdo que al fin le entregué esta relación al Señor. Oré: «Señor, no puedo salvar a este hombre, ni tengo ningún derecho a tener una amistad con él. Ayúdame a tener libertad cuando estoy con él y dejarte los resultados a Ti». Como resultado, comencé a decirle cosas sobre Cristo sin dudarlo mientras me guiaba de máquina en máquina por el gimnasio, no de manera forzada, sino de forma natural; al fin estaba cómodo con «perder» esta relación, y eso fue lo que hizo la diferencia. Llegó a conocer y confiar en Cristo meses después. El Señor lo hizo.

Una de las parábolas que nos ayuda a pensar en testificar es la parábola de los talentos (Mt 25:14-30). El señor confía talentos a sus siervos. En ningún momento los siervos son dueños de los talentos; los talentos son propiedad exclusiva del señor de principio a fin. Dos siervos se atreven a invertir el talento del señor. Un siervo no arriesga el talento, sino que lo protege, por lo que pierde la posibilidad de tener ganancias y queda bajo la condenación de su señor.

¿Has pensado alguna vez en tus relaciones con los incrédulos como algo que estás llamado a administrar y no a poseer? Lo que ocurre con los recursos encomendados también ocurre con las relaciones encomendadas: el mayordomo está llamado a arriesgarlas, a exponerlas al peligro para la ganancia del Señor. Necesitamos decirle al Señor: «Padre Celestial, si pierdo esta relación porque hablé de Ti, por más difícil que sea esa pérdida para mí, yo estaría conforme con eso. Libérame para que arriesgue esta relación como mayordomo y no la controle como si fuera mía. Tú eres el Señor soberano. Haz lo que quieras con ella».

Esto nos ayuda con uno de nuestros mayores miedos al testificar: el miedo a decir algo incorrecto. Hace dos décadas, mi madre no sabía qué hacer con una de sus amigas más queridas que no conocía a Cristo pero hacía todas las preguntas correctas y las había estado haciendo durante años. Mi madre estaba comenzando a perder la esperanza de que su amiga alguna vez cruzara el umbral entre indagar en el cristianismo y descansar en Cristo.

Las cosas llegaron a un punto crítico cuando un día su amiga le hizo otra pregunta y mi mamá respondió con un cierto grado de exasperación: «Escucha, [nombre de su amiga], a fin de cuentas, o el Señor te eligió o no lo hizo». No podía creer que esas palabras hubieran salido de su boca y deseó inmediatamente poder retirarlas. Había sido un momento de descuido. Pero ¿sabes qué? El Señor usó ese momento para irrumpir en el corazón de su amiga, quien tembló al pensar que tal vez no era escogida e inmediatamente se puso en acción para reconciliarse con Cristo. Ha estado caminando con Él desde entonces. Ese «momento de descuido» fue un momento en el que mi madre arriesgó todo, tal como lo hacen los mayordomos.

Esto también nos ayuda con nuestra mayor objeción teológica para no testificar: si Dios ya eligió quién creerá, ¿por qué deberíamos testificar? En realidad, esta pregunta es simplemente una ramificación de otra más amplia: si Dios es soberano sobre todo, ¿por qué deberíamos hacer algo?, ¿por qué plantar y cosechar?, ¿por qué tener y criar hijos?, ¿por qué estudiar?, ¿por qué levantarse de la cama? La respuesta a todas estas preguntas es la misma para el cristiano: por Su disposición soberana, Dios nos ha llamado a expresar que le pertenecemos administrando fielmente lo que Él nos ha confiado. Nos ha confiado nuestros cuerpos, así que plantamos, cosechamos y planificamos nuestras comidas. Nos ha confiado nuestras mentes, así que leemos, estudiamos y aprendemos. Nos ha confiado una descendencia, así que tenemos hijos y los criamos. Y nos ha confiado relaciones con personas que no creen (o todavía no creen), así que damos un testimonio fiel del evangelio de Jesucristo. En todas estas cosas, no solo en la última, Dios es completamente soberano y los resultados son Suyos. Pero en todas estas cosas, incluida la última, estamos llamados a expresar que pertenecemos a nuestro Señor soberano y a expresar esa pertenencia como mayordomos fieles.

Cuando pensamos en la soberanía de Dios, pensamos en Su «control», «determinación», «predestinación». Pero también deberíamos pensar en el «mío» de Dios. «Cuanto existe debajo de todo el cielo es mío», le declaró a Job (Job 41:11). Como Señor soberano, tiene derecho a hacer lo que quiera con las cosas que le pertenecen. Esas cosas incluyen nuestras relaciones con cónyuges, hijos, padres, vecinos y amigos incrédulos. ¿Qué relaciones en nuestra vida debemos ofrecerle al Señor soberano como «Suyas» y luego tratarlas como una mayordomía que debe ser arriesgada para Su gloria, y no como una posesión que debemos controlar para conseguir el resultado que preferimos?
Cuando aprendamos a pensar y orar de esta manera, descubriremos que, gradualmente, dar testimonio será menos abrumador y más natural. Encontraremos nuevo gozo en nuestras relaciones con los incrédulos, debido a que ya no llevaremos la carga falsa del control, y nueva valentía en nuestras conversaciones, debido a que nos sentiremos libres para dejarle los resultados al Señor. Todo esto es posible porque Él es un Señor bueno, sabio y completamente soberano que «desde toda la eternidad, por el sapientísimo y santísimo consejo de Su propia voluntad, ordenó libre e inmutablemente todo lo que acontece» (Confesión de fe de Westminster 3.1).

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Matthew Miller
El Dr. Matthew Miller es estudiante de doctorado en la University of Bristol de Inglaterra, director del C.S. Lewis Institute en Greenville, Carolina del Sur y profesor adjunto de divinidad en el Erskine Theological Seminary.

Testimonio

Lunes 5 Septiembre
Buscad al Señor y su poder; buscad su rostro continuamente. Haced memoria de las maravillas que ha hecho, de sus prodigios, y de los juicios de su boca… Él es nuestro Dios.
1 Crónicas 16:11-12, 14
Déjeme contarle
Testimonio
“Leyendo la Biblia aprendí a conocer a Dios. Supe lo que él hizo y lo que dijo a los hombres. Por medio de la Biblia comprendí que Dios vive eternamente, que él no cambia, que conoce todo, sabe todo, ve todo, registra todo. Él es fiel a sus promesas, es justo, santo, poderoso, sabio; es bueno y paciente para con los hombres.

Pero también descubrí algo que me aterrorizó: que yo había desobedecido a Dios, y era su enemigo sin ni siquiera haberme dado cuenta. Quería vivir mi vida a mi manera, sin pedir la opinión de mi Creador. Yo era un gran culpable delante de él, condenado a la muerte eterna.

Entonces aprendí que Dios me ofrecía su perdón, su paz. Yo no tenía que hacer nada, no tenía que pagar nada. Dios se encargó absolutamente de todo. Pagó el más alto precio dando a su Hijo Jesucristo. Jesús vino a la tierra para hablarnos del Dios de amor. Luego dio su vida en la cruz, para que todo aquel que en él cree no perezca, sino que tenga la vida eterna.

Viendo que mi vida era un fracaso delante de Dios, reconocí ante él mi mal proceder, dicho de otra manera, mi vida de pecado. Entonces le pedí que me perdonara por medio de Jesucristo, quien murió por mí. Como él nunca rechaza al que se arrepiente de todo corazón, me perdonó todo.

Hoy sé que soy un hijo de Dios. Es increíble, ¡pero cierto! ¡Mi vida es una nueva vida en el gozo del Señor! Y si la muerte me toca, entraré el mismo día en el paraíso, en la presencia de Dios. ¿No quiere usted tener las mismas certezas?”.

Benjamín
Jeremías 37 – 1 Corintios 12 – Salmo 103:19-22 – Proverbios 22:22-23

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

AFECTOS DEL CORAZÓN: LA ANSIEDAD

AFECTOS DEL CORAZÓN

LA ANSIEDAD

Por Jorge Melendez

¿Alguna vez te has sentido desesperado? ¿Inquieto? ¿Preocupado de una manera en la que pierdes el control?
Voy a tratar de ser específico e a ir a lo que algunas páginas médicas reconocidas por su confiabilidad dicen:

La ansiedad, como el estrés, es una respuesta del organismo ante situaciones límites, que se caracteriza por una sensación de angustia leve o miedo; y la aparición de aceleración del ritmo cardíaco y la respiración, sudoración o sensación de flojedad.

DSM-4 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales).
Todos experimentamos ansiedad en algún momento. No toda ansiedad es mala. Piensa un momento en aquel instante repentino en que perdiste de vista a tu hijo en el supermercado o en alguna venta callejera. Sufrimos cierta ansiedad cuando vamos tarde y queremos que todos se quiten, pitamos y pitamos, entre otras acciones; o cuando no hiciste la tarea y eres el siguiente en la lista para ser llamado a revisar.

Todo esto es muy diferente a sufrir una crisis de ansiedad. Me impactó lo que leí en una publicación médica que dice: “una crisis de ansiedad, sin ser un hecho grave para la salud, genera una situación de pánico que cursa con síntomas muy similares a los del infarto, hasta el punto de que puede confundirse con él. Ocurre de forma instantánea, sin previo aviso, y alcanza su máxima intensidad en cuestión de muy pocos minutos, pudiendo prolongarse durante más tiempo”.

De esa misma publicación tomaré algunos de los síntomas de una “crisis de ansiedad”.

La sintomatología puede variar en cada persona, pero se considera que se ha producido una crisis de ansiedad cuando se producen cuatro o más de los siguientes síntomas:

· Palpitaciones o elevación de la frecuencia cardíaca (taquicardia).
· Sensación de ahogo, con respiración rápida.
· Opresión en el pecho.
· Miedo o pánico. Literalmente, sentirse morir.
· Sudoración o escalofríos.
· Temblores.
· Náuseas o molestias abdominales.
· Mareo, o incluso desmayo.
· Sensación de irrealidad.
· Sensación de entumecimiento u hormigueo.
Esto es lo que se dice desde un punto de vista médico. Ahora nos dirigiremos a lo que la Biblia dice.
I. ENTENDIENDO EL CORAZÓN DE LA ANSIEDAD
Lo primero que tenemos que saber es que, en la Biblia, hay términos intercambiables para referirse a la ansiedad, por ejemplo: preocupación, angustia, ansiedad o afán. La palabra empleado en el idioma original—recordemos que la Biblia fue escrita en griego el NT y en hebreo el AT—literalmente significa una mente dividida (Merimnao). Este tipo de preocupación o ansiedad está prohibida repetidamente en la Biblia.

Vayamos a Mateo capítulo 6 y leamos a Jesús hablando de esta preocupación ansiosa.

Mateo 6.25-34
25Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? 27¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? 28Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; 29pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. 30Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? 31No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. 34Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

Aquí la palabra es afanar o afanarse. ¿Qué es esta palabrita en el español? Ya lo he comentado en otras ocasiones. Afanarse es hacer todo lo posible por conseguir una cosa. No muchos de nosotros nos afanamos en acciones, pero si en pensamientos. Pensamos en qué podemos hacer en tal situación. Cómo lograr algo. Qué estará haciendo tal persona. En el caso del pasaje que leímos, vemos que Jesús dice que no debemos afanarnos por nuestra vida.

Veamos el versículo 25:

25Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir.

Hay seis expresiones claras aquí. Muchos tomamos, al hablar de la ansiedad y temor, del versículo 25 en adelante; sin embargo, debemos comprender que esta porción es una especie de consecuencia de lo que se ha dicho antes. Lo podemos saber por la expresión “por lo tanto, os digo…”. Lo que Jesús ha dicho antes es lo que concluye con esta porción del afán y la ansiedad. Veamos rápidamente el contexto.

El capítulo 6 de Mateo es interesante porque en él se habla del Padre nuestro. La oración modelo que Jesús enseñó. En ella Jesús está atacando la actitud religiosa de los fariseos que les gusta ser vistos al hacer oración simplemente con el fin de que sean considerados espirituales. Lo mismo sucede con el ayuno (del verso 16 al 18). Fíjate cómo concluye esta porción:

“18para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.”

Mateo 6.18
La motivación de la oración y del ayuno—explicó Jesús—era hacerlo íntimamente para Dios. Sin embargo, hay una expresión interesante: “y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”. Aquí la palabra “Padre” está escrita con mayúscula, lo que nos da referencia a que se habla de Dios como Padre del creyente, cuidador, protector, etc.

Inmediatamente en el versículo 19 tenemos un encabezado que dice algo así: “tesoros en el cielo”. Mateo está ligando todas estas enseñanzas de Jesús para llevarnos más profundo.

Vamos a dar un viaje rápido por el contexto.

“19No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 20sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. 21Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”

Mateo 6.19-21
De plasmar Mateo la enseñanza de Jesús de orar en lo íntimo a nuestro Padre, ahora nos lleva a un tema que pareciera no tener conexión alguna. Jesús instruye a sus oyentes a ocuparse no de lo terrenal, sino de lo celestial. A hacer tesoros en el cielo donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde los ladrones no minan ni hurtan. ¿Cuál es la razón? Que en donde nosotros estemos haciendo nuestro tesoro ahí estará nuestro corazón.

Imagina que eres un empresario con muchos bienes, empresas, trabajadores, pendientes, etc. Estás trabajando para hacer bienes en el mundo, hacer dinero, ser rico, dejar un legado a la descendencia; ¿en qué crees que estará ocupado tu corazón? ¿Las cosas del cielo? ¡No! Vas a estar cuidando todas tus empresas. Tu corazón va a estar ahí, y por lo tanto, vas a tener miedo de perder lo que haz hecho. Así que Jesús está diciendo: Haz tesoros en el lugar correcto, porque donde estés haciendo tu tesoro, ahí va a estar tu corazón.

Luego sigue una enseñanza más: “La lámpara del cuerpo”.

“22La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; 23pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?”

Mateo 6.22-23
La enseñanza es clara en cierto aspecto. Dependiendo de lo que estemos viendo, de lo que cautive nuestra atención, eso estará creciendo dentro de nosotros. Para los judíos, un buen ojo representaba una actitud generosa; y el ojo maligno, una perspectiva incorrecta de las riquezas, que resulta en una profunda oscuridad interior y una ceguera moral que disminuye la capacidad de ver y llevar a cabo lo bueno.

Y finalmente, la tercera enseñanza corta, como puente para el tema de la ansiedad: “Dios y las riquezas”.

“24Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.”

Mateo 6.24
Podemos preguntarnos: ¿Qué tienen de relevancia este tema? Simplemente Jesús está dejando en claro que no se puede servir a dos señores. En este caso a Dios y las riquezas.

Vamos a unir entonces estas tres enseñanzas breves.

Jesús está siendo enfático al afirmar que un creyente, un hijo de Dios, uno que depende de Él y tiene la confianza de llamarlo “Padre”—pues comenzó hablando del Padre nuestro”—debe poner la mira, su atención en las cosas del cielo. Debe poner su corazón en el lugar donde debe hacer buenas riquezas; y no físicas ni monetarias, sino un tesoro eterno. Por lo tanto, aquellos que ponen su vista—o buen ojo—en las riquezas y las ven tal cual son, pueden tener su corazón en Dios. Por otro lado, aquellos que tienen un “ojo maligno”, tienen una percepción incorrecta de las riquezas; lo que los va a llevar a estimar más a las riquezas que a Dios, y por lo mismo, Jesús ha sido claro: “No se pueden servir a Dios ni a las riquezas al mismo tiempo”.

De manera sencilla, Jesús está diciendo: “Ocúpense de las cosas eternas, de las cosas del cielo, no estimen demasiado las riquezas y amen a Dios por encima de ellas”.

Veamos el siguiente texto:

“25Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?”

Mateo 6.26-26
Dicho de otra manera: “ocúpense de las cosas del cielo, amen a Dios sobre todo y no se preocupen por la vida (¡vida completa!), por lo que van a comer, beber o vestir. Su Padre tiene la capacidad de cuidar de ustedes.

Leamos el versículo 32:

“32Porque los gentiles [ un sinónimo de aquellos pecadores que no buscan a Dios]buscan todas estas cosas [es decir, están preocupado por todas estas cosas]; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas [ustedes no están como esos pecadores, sino que su Padre sabe de qué tienen necesidad y va a cuidar de ustedes]”.

Mateo 6.32
Aunque puedo seguir desarrollando este pasaje (que lo haremos en otra ocasión), la enseñanza sobre la ansiedad es sencilla: debemos poner a Dios en el lugar correcto, no debemos de perder de vista que Él nos cuida, guarda, ama, provee; y es quien se ocupa de nosotros.

II. IDENTIFICANDO EL DETONANTE DE LA ANSIEDAD
Como lo hemos visto hasta aquí, cualquier área en la que estemos sufriendo o padeciendo ansiedad, tiene que ver con qué es lo que está ocupando nuestro corazón, tiene que ver con aquello con lo que hemos movido a Dios de lugar. Esto provoca entonces una preocupación o afán que son pecaminosos, porque producen un interés exagerado o irracional acerca del futuro y otras cosas, que nos impiden cumplir con las responsabilidades bíblicas del presente.

Lo que originalmente pensé para este mensaje era presentar varias situaciones que producen ansiedad, pero la ansiedad es causada por un sin fin de motivos, así que lo que vamos a hacer es tratar de identificar el detonante de la ansiedad.

La ansiedad es producida por el miedo. El miedo hace que nos enfoquemos en algo, o en cierta situación que consideramos peligrosa que nos impide; ya sea amar a Dios, o a los demás de manera correcta debido a que eclipsan primeramente nuestro concepto de Dios, de nosotros, de los demás y/o de las circunstancias.

Dios dice que es pecado tener miedo excesivo a cosas del mundo en lugar de ser motivados y controlados por el temor a Dios. El temor a Dios no es un miedo como lo concebimos, sino es más un respeto amoroso y reverente ante Él.

Hace tiempo fui testigo de una discusión que terminó casi a golpes, porque un joven tenía miedo a las cucarachas y cuando la mamá lo mandó a un cuarto no quería ir. Literalmente se puso como un niño pequeño que gritaba y pataleaba, esa escena terminó en pelea, groserías, etc. Aquí el miedo lo controló más que ese temor reverente que debió de haber tenido hacía el Señor, ya que lo que la cucaracha podría haberle hecho, no se compara con lo que Dios pudiera hacer al joven condenándole por rebelde y desobediente, ya que había deshonrado a su madre, y el Señor pide que sean honrados.

¿Qué pasó aquí? En estos miedos se pone “algo” por sobre Dios. Quitamos la mirada del cuidado y del amor de Dios y nos centramos en otra cosa.

¿Qué pensaba este joven de la cucaracha? ¿Qué pensaba de sí mismo? ¿Qué pensaba de la mamá? ¿Qué pensaba de Dios?

Dios, mamá, sí mismo, cucaracha…

Cuando somos víctimas de la ansiedad por miedo, debemos de pedir a Dios dominio propio para poner cada cosa en su lugar.

“Pues Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, de amor, y de dominio propio”.

2 de Timoteo 1:7
Quise abordar este ejemplo para que nos ayude a entender los demás, y veremos que ya sea que temamos a una cucaracha o a una enfermedad, el corazón funciona de la misma manera.

La mayoría de las veces es fácil encontrar el detonante de la ansiedad haciendo la pregunta: ¿a qué tienes miedo? Ya que se puede percibir una amenaza.

Por ejemplo, piensa en un padre de familia que tiene problemas en su trabajo y posiblemente sea despedido. Tiene miedo porque su seguridad está amenazada. ¿Qué sucede cuando piensa en que puede ser despedido? Vienen los síntomas de palpitaciones, temblores, sudor, etc. Esta es una crisis de ansiedad.

Primera pregunta: ¿A qué tiene miedo? Ser despedido, no poder proveer para su familia.

¿Qué está pensando de él? Que él es el responsable de su familia. Esto es cierto, pero no del todo.

¿Qué está pensando de Dios? Que Dios es un Dios que lo va a abandonar, que no se interesa por él y que es hasta malvado porque los va a hacer sufrir.

¿Qué está pensando de los demás o de las circunstancias? Que lo van a destruir, lo van a hacer sufrir, que es el medio determinante para su sostenimiento.

Vamos a ayudarlo a centrar sus pensamientos de manera correcta:

¿Que debe de pensar de Dios? Que Dios se interesa por él porque lo ama. Que Dios es poderoso y nada está fuera de su control.

¿Qué debe pensar de las circunstancias o de los demás? Que su trabajo no es la fuente de su seguridad, sino que es Dios, quien además es su seguridad y sustento.

¿Qué debe pensar de sí mismo? Que es un ser limitado, que no sabe el futuro, que está creado para depender y confiar en Dios.

En la medida que el crea todo esto, es en la medida que su corazón será controlado.

Jorge Meléndez, vivo en ciudad Delicias, Chihuahua, México, soy líder del equipo de plantación de la Iglesia Sobre La Roca en la misma ciudad. Fuí salvo en el año 2010 en una pequeña iglesia pentecostal donde al tratar de entender mi conversión supe que fuí cautivado por la gracia de Dios cuando estaba muerto en mis delitos y pecados. Me desempeño laboralmente como productor y locutor de radio.

La conciencia, señal de advertencia

Domingo 4 Septiembre
El amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida… Manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos.
1 Timoteo 1:5, 19
Por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres.
Hechos 24:16
La conciencia, señal de advertencia
“Ciencia sin conciencia no es más que ruina del alma”. Esta frase de Rabelais (escritor francés, 1494-1553) da una justa importancia a la conciencia, facultad que Dios dio al hombre cuando este desobedeció a su Creador en el huerto de Edén (Génesis 3:7-8). La conciencia es el conocimiento intuitivo del bien y del mal, que todos los hombres poseen. Así todos sentimos más o menos vergüenza cuando hacemos algo que sabemos que está mal. Y también nos sentimos satisfechos cuando hacemos el bien. Pero la conciencia no es totalmente fiable, ella puede ser más o menos sensible. Por eso algunos piensan que el bien y mal son nociones relativas. Pero veamos lo que Dios nos enseña sobre este tema del bien y del mal.

La Biblia, su Palabra, es la verdadera referencia para conocer la verdad; ella nos muestra el camino del bien en medio del mal que nos rodea. El bien es lo que está de acuerdo con el pensamiento de Dios; todo lo opuesto a Dios y a las verdades de su Palabra es malo.

La Biblia presenta a un Dios santo y justo que es luz (1 Juan 1:5), pero que también es amor (1 Juan 4:16). Él nos envió a su Hijo Jesucristo, “el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6). Creyendo en él y en su obra en la cruz recibimos una naturaleza nueva, divina, que capacita al creyente para dejar que la Palabra de Dios obre en su conciencia para juzgar lo que en él no es conforme a la justicia y a la santidad divinas.

Jeremías 36 – 1 Corintios 11:23-34 – Salmo 103:13-18 – Proverbios 22:20-21

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ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La fuente del gozo es el Señor Jesucristo

Serie: Legado, Ser dueño de mí influencia

David Logacho

Saludos cordiales amigo oyente. Bienvenido al estudio bíblico de hoy. ¿Es posible experimentar gozo en medio de circunstancias difíciles? Bueno, la respuesta depende de lo que sea la fuente de nuestro gozo. Si la fuente de nuestro gozo es una determinada persona o una determinada situación, el gozo estará presente cuando todo marche bien con esa determinada persona o esa determinada situación. Pero si algo va mal con esa determinada persona o esa determinada situación, el gozo dejará de existir. Un hombre de negocios levantó de la nada una cuantiosa fortuna. Su fortuna era la fuente de su gozo, pero en cierta ocasión invirtió casi toda su fortuna comprando acciones muy prometedoras en la bolsa de valores. Desafortunadamente para él, la cotización de esas acciones se vino abajo ante su estupefacta mirada. En cuestión de semanas su cuantiosa fortuna se estaba desvaneciendo. El gozo se había extinguido porque la fuente de su gozo había desaparecido. Se sintió tan frustrado y desesperado que prefirió terminar con su vida a vivir en la miseria. Otro caso, esta vez una mujer, cuya fuente de su gozo era su única hija, a la vez el único recuerdo de su amado esposo quien había fallecido cuando la hija era muy tierna. La madre volcó toda su esperanza e ilusión en su hija, pero cuando la hija llegó a su juventud, se metió en drogas, le expulsaron del colegio y terminó huyendo de la casa con un muchacho. Hoy esa madre vive en permanente tratamiento psiquiátrico. Sus nervios están destrozados, su vida es un tormento. Gozo es una palabra ajena a su vocabulario. ¿Por qué? Porque la fuente de su gozo se esfumó. Así por el estilo podríamos dar ejemplo tras ejemplo de lo peligroso que es depender de la-a personas o las cosas para nuestro gozo. ¿Se puede experimentar gozo en medio de circunstancias adversas? Sí, pero cuando la fuente del gozo no son personas o cosas sino única y exclusivamente el Señor Jesucristo. Justamente de esto tratará el estudio bíblico de hoy.

Abra su Biblia en la epístola del apóstol Pablo a los Filipenses, capitulo 2 versículos 17 y 18.

En este corto pasaje encontramos la excelencia del gozo verdadero y la exhortación a experimentar el Gozo verdadero.

En cuanto a lo primero, la excelencia del gozo verdadero, Filipenses 2:17 dice: «Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros»

Recuerde que Pablo estaba como prisionero en una cárcel romana mientras escribía estas palabras, no por haber hecho algo indebido, sino porque proclamó el mensaje del evangelio con denuedo. Todavía no había recibido su sentencia porque el juicio no había concluido, pero la posibilidad de una sentencia de muerte era muy real.

Es en estas condiciones que Pablo habla de la excelencia del gozo que había en su ser. Para ello, hace referencia a una ofrenda del Antiguo Testamento, llamada libación.

La libación consistía en derramar vino o aceite sobre el holocausto y la ofrenda de flor de harina, también llamada oblación. La libación simbolizaba a Cristo en su vida inmaculada y muerte voluntaria, lo cual era la fuente del gozo para Dios y para el hombre. Pablo se veía a sí mismo como el vino o el aceite que era derramado sobre el sacrificio y el servicio de la fe de los Filipenses (con lo cual traería gozo a Dios y a los hombres. Interesante que la fe de los Filipenses no era una fe muerta. Era una fe que se manifestaba en sacrificio y servicio).

El sacrificio tiene que ver con una negación de uno mismo para que se manifieste Cristo en nosotros. El sacrificio de la fe de los Filipenses les movió a ceder sus derechos en beneficio de Cristo y de los demás lo cual a su vez resultó en un servicio a Cristo y a los demás. Esta es la manera como se manifiesta una fe genuina.

Cuánto nos hace falta esta manifestación de la fe en la actualidad. En la mayoría de los creyentes vemos una fe barata en el mejor de los casos o una fe muerta en el peor de los casos. Personas que dicen que tienen fe y que son salvos por fe, pero viven como quieren, viven para ellos mismos, hacen respetar sus derechos y miran a los demás como objetos para satisfacer sus intereses personales.

Hablar de servicio a personas así es como lanzar un insulto, porque piensan que están en este mundo para ser servidos por los demás. Jamás se han detenido a pensar que el mismo Señor de la Gloria en sus días en este mundo dijo que no había venido para ser servido sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.

¿Cómo es su fe amigo oyente? Es una fe viva que se manifiesta en sacrificio y servicio o es una fe muerta o enferma de muerte que se manifiesta en buscar su propio beneficio y considera el servicio a los demás como algo indigno.

Los Filipenses tenían una fe viva y por eso se sacrificaron y sirvieron. Cuando Pablo miró aquello, Pablo comparó su posible muerte con la libación u ofrenda de vino o aceite que produciría un grato olor a Dios y a los demás. Este pensamiento traía un gozo indescriptible a Pablo, por eso dice: me gozo y me regocijo con todos vosotros.

¿No le parece algo maravilloso? Allí está Pablo, encarcelado, lejos de su tierra, solo con pocos amigos, enfrentando una posible sentencia de muerte y sin embargo diciendo: Me gozo y como sí eso no fuera suficiente: Me regocijo. ¿Cuál fue su secreto para sentirse así?

Sin lugar a dudas que fue porque la fuente de su gozo era el Señor, su palabra, sus promesas. Cuando la fuente de nuestro gozo es la persona de Cristo, no importa cómo están las circunstancias externas, igual tendremos el gozo que necesitamos para vivir.

Puede ser que no nos vaya bien en los negocios, puede ser que un hijo se descarríe, puede ser que un ser querido enferme, puede ser que las cosas no salgan como esperábamos que salieran, puede ser cualquier cosa, nos afectará en mayor o menor grado, pero no nos quitará el gozo porque simplemente la fuente de nuestro gozo no son las circunstancias sino la persona de Cristo quien es el mismo ayer, hoy y por los siglos.

Una vez que hemos considerado la excelencia del gozo verdadero, consideremos la exhortación a experimentar el gozo verdadero. Filipenses 2:18 dice: «Y asimismo gozaos y regocijaos también vosotros conmigo»

Interesante que el gozo es cuestión de la voluntad de uno, sino no tendríamos mandatos como este. Gozaos y regocijaos está en modo imperativo indicando una orden. Dios no quiere hijos apesadumbrados, derrotados, desanimados, frustrados. Dios quiere hijos que se gozan y se regocijan y por eso nos manda a gozamos y regocijamos.

Quizá Ud. me dirá: Pero hermano, cómo puedo yo gozarme y regocijarme si me acaban de despedir del trabajo, o si mi hija está enferma en un hospital o si los planes que hice se acaban de hacer pedazos. ¿Pero sabe qué, amigo oyente? Pablo está diciendo: Y asimismo gozaos y regocijaos también vosotros conmigo. ¿Cuál fue la fuente del gozo de Pablo? ¿No fueron las circunstancias, verdad? Fue la persona de Cristo. Pablo encontró su gozo en Cristo, asimismo, Ud. y yo tenemos también que encontrar nuestro gozo en Cristo Jesús.

Hace algún tiempo visité a una hermana que tenía serios problemas con su esposo. El esposo no estaba satisfaciendo ninguna de las necesidades de la esposa y esto producía profunda angustia y desesperación en la esposa. Luego de hablar con ella acerca de que la fuente de su satisfacción no tiene que ser exclusivamente su esposo, sino también Cristo Jesús, ella prometió refugiarse en él. Tiempo después, le pregunté cómo le estaba yendo. Me dijo que su esposo seguía igual pero que ella ya no se sentía abatida como antes sino gozosa sabiendo que Dios tiene un propósito para lo que estaba pasando. Esta hermana había aprendido a encontrar en Cristo Jesús la fuente de su gozo. Ud. y yo debemos hacer lo mismo.

Quizá hoy mismo, Ud. amigo, amiga oyente se encuentra en medio del fuego despiadado de la prueba. Su carne tiende al lamento, a la auto conmiseración, a sentirse abandonado, despreciado y confuso. Ha perdido el gozo de vivir. No siga así. Levante la cabeza, refúgiese en Cristo, él es la fuente inagotable de gozo. Búsquelo en su Palabra y en oración, deposite sobre él su ansiedad y le garantizo que el gozo volverá a su vida. Se lo digo porque yo he experimentado exactamente eso. Si funciona conmigo, funciona con cualquier persona.

Gracias por su gentil sintonía. Si lo que hemos compartido le ha ayudado en su vida espiritual que tal si usted nos ayuda con sus oraciones y su ofrenda. Para informarle como hacernos llegar su ofrenda escríbanos a La Biblia Dice… Casilla 1708-8208 Quito Ecuador o al correo electrónico: labiblia@labibliadice.org o visite nuestro sitio en internet: http://www.labibliadice.org Pero antes quiero dejar con ustedes la PREGUNTA DEL DIA.

¿Sabe usted qué es la misión Bautista?

Busque la respuesta en nuestra página a, la dirección en Internet es: labibliadice.org. Bendiciones y le esperamos en nuestra próxima edición.

Jóvenes cristianos en peligro

Sábado 3 Septiembre
Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.
Proverbios 4:23
Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.
1 Corintios 6:18
Jóvenes cristianos en peligro
Nuestro mundo es un océano de tentaciones y de corrupción sexual. La sociedad se burla de los tabúes y prohibiciones del pasado, pero sobre todo ignora voluntariamente las advertencias de la Palabra de Dios.

El cristiano desea permanecer puro hasta el matrimonio. ¿Y cómo permanecer puro en un mundo inmoral, cómo agradar a nuestro Señor en medio de tantas tentaciones? La Palabra de Dios nos exhorta a:

 – Mantener puros nuestros pensamientos, porque ellos son la fuente de todos los actos. Sabiendo que del interior, de nuestros corazones, “salen los malos pensamientos… las fornicaciones…” (Marcos 7:21); pensar en “todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro” (Filipenses 4:8).

 – Poner la confianza en Dios y no en sí mismo, recordando que en nosotros mismos no tenemos ninguna fuerza. “Fíate del Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia” (Proverbios 3:5).

 – Orar. “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Marcos 14:38).

 – Tener cuidado con los lugares y las personas que frecuentamos. “No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres” (1 Corintios 15:33). El apóstol Pablo dijo: “El mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5:23).

Jeremías 35 – 1 Corintios 11:1-22 – Salmo 103:6-12 – Proverbios 22:17-19

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«Dios nos tenga compasión y nos bendiga; Dios haga resplandecer su rostro sobre nosotros»(Sal. 67:1).

Este salmo comienza con uno de los anhelos mas esenciales de las personas que se saben pecadoras: el anhelo de recibir la misericordia de Dios (v. 1); la certeza de que, en el día de la calamidad, Dios nos muestre Su bondadoso rostro y no nos de la espalda (ver Jer. 18:17). Esta era la petición del salmista en favor del pueblo, y esta es también la realidad de aquellos que hemos experimentado la gracia del evangelio. El apóstol Pablo nos dice que es en el evangelio donde hemos recibido esta «misericordia»; en el evangelio, Dios, “que ordenó que la luz resplandeciera en las tinieblas, hizo brillar su luz en nuestro corazón para que conociéramos la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo» (2 Cor. 4:1, 6). Es en el rostro de nuestro Salvador donde Dios ha hecho resplandecer Su rostro sobre nosotros y nos ha llenado de «toda bendición espiritual en Cristo» (Ef. 1:3). Por lo tanto, la petición del salmista nos ha sido ya otorgada. Por esta razón, al enfrentar como creyente cualquier tipo de aflicción o necesidad, no necesitas vivir en incertidumbre. Por el contrario, tienes la plena certeza de la bendición de Dios por causa de la obra de Jesús consumada en la cruz a tu favor. ¡Sublime gracia!

Ahora, la misericordia que Dios nos ha otorgado como Su pueblo, nos ofrece mucho más que una simple certeza personal e individual en tiempos de necesidad. En realidad, Su bondad misericordiosa nos ha dado un propósito y una responsabilidad eternos y trascen- dentes. Los versículos 2 al 7 lo expresan en términos que crean una imagen maravillosa. En primer lugar, el versículo 2 nos señala que la misericordia que hemos recibido es «para que se conozcan en la tierra sus caminos, y entre todas las naciones su salvación». Cada vez que el rostro de Dios ilumina a una persona, su propósito se revela una vez más como evangelístico, misional y salvífico. Porque que cuando la salvación de Dios llega, otras bendiciones espirituales se añaden también. Y cada una de ellas debe ser nuestro anhelo y petición a Dios a favor del mundo a nuestro alrededor. El salmista pide en el versículo 3: «Que te alaben, oh Dios, los pueblos; que todos los pueblos te alaben». Tan grande es su anhelo de que el Dios Salvador sea alabado, que lo repite en el versículo 5. La obra misericordiosa de Dios por nosotros es por lo tanto primeramente teocéntrica. Su intención primaria es que Dios reciba la adoración que solo Él merece y que en el presente está ausente en muchos confines de la tierra. Pero observa el versículo 4, en el centro del doble anhelo de alabanza a Dios, descubrimos que Dios consuma nuestra dicha: «Alégrense y canten con júbilo las naciones, porque tú las gobiernas con rectitud…». ¡La adoración a Dios es para la alegría y el gozo de toda la tierra! Finalmente, el versículo 7 nos anuncia que toda esta bendición busca aquello que es el principio de la sabiduría: el temor de Dios.
Cuando te enfrentes a pruebas y tribulaciones, recuerda siempre que, en el evangelio, tienes la certeza de la misericordia y la ben- dición de Dios. Y que esta bondad se te ha dado para que todas las naciones conozcan, alaben, y teman a Dios, y como resultado, se regocijen en Su salvación.

Nada me faltará: 30 meditaciones sobre Salmos de esperanza

2020 por B&H Español

Ordena el hogar sin ser controlador

Serie: Perfeccionismo y control

Ordena el hogar sin ser controlador
Por Paul David Tripp

Nota del editor: Este es el sexto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Perfeccionismo y control

Estoy cada vez más convencido de que solo hay dos formas de vivir: (1) confiar en Dios y vivir en sumisión a Su voluntad y Su gobierno o (2) tratar de ser Dios. No hay muchas opciones entre medio. Como pecadores, parece que somos mejores en la segunda que en la primera. Esta dinámica espiritual golpea directamente el corazón de la crianza y el matrimonio.

LA CRIANZA
La crianza exitosa se trata de una pérdida de control legítima y ordenada por Dios. El objetivo de la crianza es criar hijos que una vez dependieron totalmente de nosotros para que sean personas maduras e independientes que, con confianza en Dios y un vínculo adecuado con la comunidad cristiana, sean capaces de valerse por sí mismos.

En los primeros años de crianza, tenemos el control de todo y, aunque nos quejamos del estrés de todo el proceso, nos gusta tener el poder. Es poco lo que los bebés y los niños muy pequeños eligen hacer. Les elegimos la comida, los tiempos de descanso, la forma en que hacen ejercicio físico, lo que ven y oyen, adónde van y quiénes son sus amigos… la lista podría seguir y seguir.

Sin embargo, la realidad es que, desde el primer día, nuestros hijos se van independizando. El bebé que antes no podía darse vuelta sin ayuda ahora puede gatear hacia el baño sin nuestro permiso y desenrollar un rollo completo de papel higiénico. Ese mismo niño pronto saldrá conduciendo de la casa hacia lugares totalmente ajenos a nuestro alcance parental.

¿Cuántos padres han luchado con los amigos que sus hijos han elegido? Sí, la elección de compañeros es un asunto muy serio, pero también es un área en la que cedemos control a un niño que va madurando. El objetivo de la crianza no es mantener un control estricto sobre nuestros hijos en un intento por garantizar su seguridad y nuestra cordura. Solo Dios puede ejercer ese tipo de control. En cambio, el objetivo es que Él nos use para inculcar en nuestros hijos un dominio propio cada vez mayor a través de los principios de la Palabra y permitirles ejercer la elección, el control y la independencia en círculos cada vez más amplios.

Como consejero y pastor, trabajé regularmente con padres que querían retroceder en el tiempo. Pensaban que la única esperanza era volver a los antiguos días de control total. Intentaban tratar a su hijo adolescente como a un niño pequeño. Terminaron pareciendo más carceleros que padres, y se olvidaron de ministrar el evangelio, que era la única esperanza en esos momentos cruciales de conflicto.

Es vital que recordemos tres verdades del evangelio en lo que respecta a estos conflictos de la crianza:

  1. No hay ninguna situación que no esté bajo control, porque Cristo reina sobre todas las cosas por amor a la Iglesia (Ef 1:22).
  2. La situación no solo está bajo control, sino que Dios también está obrando en ella, haciendo el bien que ha prometido hacer (Rom 8:28). Por lo tanto, no necesito controlar todos los deseos, pensamientos y acciones de mi hijo que está madurando. En cada situación, él o ella está bajo el control soberano de Cristo, quien está logrando lo que yo no puedo.
  3. El objetivo de mi crianza no es conformar a mis hijos a mi imagen, sino trabajar para que sean conformados a la imagen de Cristo. Mi objetivo no es clonar mis gustos, opiniones y hábitos en mis hijos. No busco que mi imagen esté en ellos; mi anhelo es ver la de Cristo.

No podemos pensar en la crianza sin considerar honestamente lo que nosotros como padres aportamos al conflicto. Si nuestros corazones están dominados por el éxito, el reconocimiento y el control, anhelaremos inconscientemente que nuestros hijos cumplan con nuestras expectativas en lugar de atender sus necesidades espirituales. En vez de ver los momentos de conflicto como puertas de oportunidades dadas por Dios, los consideraremos irritantes, frustrantes y decepcionantes, y experimentaremos una ira creciente contra los mismos hijos a los que hemos sido llamados a ministrar.

EL MATRIMONIO
Lo mismo ocurre con el matrimonio. Nuestros matrimonios viven en medio de un mundo que no funciona como Dios quiso. De una manera u otra, nuestros matrimonios se ven afectados todos los días por un mundo quebrantado. Tal vez, el asunto simplemente se trate de la necesidad de vivir con las complicaciones ordinarias de un mundo quebrantado, o tal vez estemos enfrentando problemas mayores que han alterado el curso de nuestras vidas y nuestros matrimonios. Pero hay una cosa segura: no escaparemos del entorno en que Dios ha elegido que vivamos.

No es accidental que estemos viviendo nuestros matrimonios en este mundo quebrantado. No es accidental que tengamos que lidiar con las cosas con que lidiamos. Nada de esto es azar, casualidad o suerte. Todo es parte del plan redentor de Dios. Hechos 17 dice que Él determina el lugar exacto donde vivimos y la duración exacta de nuestras vidas.

Dios sabe dónde vivimos y no se sorprende por lo que enfrentamos. Aunque enfrentemos cosas que no tienen sentido para nosotros, todo lo que enfrentamos tiene un sentido y un propósito. Estoy convencido de que comprender nuestro mundo caído y el propósito de Dios para mantenernos en él es fundamental para construir matrimonios de unidad, comprensión y amor.

Verás, la mayoría de nosotros tenemos un paradigma de felicidad personal. Ahora bien, no es malo querer ser feliz y tampoco es malo esforzarnos por la felicidad conyugal. Dios nos ha dado la capacidad de disfrutar y ha puesto cosas maravillosas a nuestro alrededor para que las disfrutemos. El problema no es que esta sea una meta errónea, sino que es una meta demasiado pequeña. Dios está trabajando en algo profundo, necesario y eterno.

Dios tiene un paradigma de santidad personal. No te dejes intimidar por este lenguaje. Estas palabras significan que Dios está obrando a través de nuestras circunstancias diarias para cambiarnos. En Su amor, Él sabe que no somos todo lo que fuimos creados para ser. Aunque sea difícil de admitir, todavía hay pecado dentro de nosotros, y ese pecado se interpone en el camino de lo que estamos destinados a ser y de lo que estamos diseñados para ser (y, por cierto, ese pecado es el mayor obstáculo de todos para un matrimonio de unidad, comprensión y amor).

Dios está usando las dificultades del aquí y el ahora para transformarnos, es decir, para rescatarnos de nosotros mismos. Y debido a que nos ama, interrumpirá o comprometerá deliberadamente nuestra felicidad momentánea a fin de dar un paso más en el proceso de rescate y transformación, al que está inquebrantablemente comprometido.

Cuando comenzamos a aceptar el paradigma de Dios, la vida cobra más sentido: las cosas que enfrentamos no son problemas irracionales, sino herramientas transformadoras. Y hay esperanza para nosotros y nuestros matrimonios, porque Dios está en medio de nuestras circunstancias y las está usando para moldearnos, dándonos la forma de lo que Él nos creó para que fuéramos. Cuando Él hace eso, no sólo respondemos mejor a la vida, sino que nos convertimos en personas mejores con las que convivir, lo que se traduce en mejores matrimonios.

Entonces, de una manera u otra, este mundo caído y lo que hay en él entrará por nuestras puertas, pero no debemos temer. Dios está con nosotros y está obrando para que estas dificultades den lugar a cosas buenas en nosotros y a través de nosotros.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Paul David Tripp
El Dr. Paul David Tripp (@PaulTripp) es pastor, conferencista y autor de numerosos libros, entre ellos What Did You Expect? [¿Qué esperabas?] y New Morning Mercies [Nuevas misericordias matutinas]. Es fundador y presidente de Paul Tripp Ministries.

¿Cómo percibe usted a Dios?

Viernes 2 Septiembre

Dios… nos ha hablado por el Hijo… el cual (Jesús), siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder…

Hebreos 1:1-3

(Jesús le dijo:) El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.

Juan 14:9

El hombre se imagina fácilmente un Dios que le conviene, que corresponde a sus propias aspiraciones, comprensivo y tolerante con todos. Ese Dios no es el de la Biblia. Dios no es el “buen Dios” como los hombres lo apodan. “Dios es amor” (1 Juan 4:8), es verdad. También es santo, y no puede soportar el pecado (Habacuc 1:13). En su Palabra Dios afirma que el pecado apartó al hombre del conocimiento íntimo de su Creador. Por eso Dios tuvo que echar a Adán del huerto del Edén (Génesis 3:922-24). A partir de este acontecimiento, el hombre no puede ver a Dios y vivir (Éxodo 33:20).

Sin embargo, Dios nunca renunció a su voluntad de darse a conocer al hombre. Se reveló a nosotros enviando a su Hijo unigénito, Jesucristo, “hecho semejante a los hombres” (Filipenses 2:7-8). Él es “la imagen del Dios invisible” (Colosenses 1:15). Jesús incluso nos mostró a Dios como Padre, un calificativo que para el creyente sobrepasa a cualquier otro nombre: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Juan 1:18).

Pero el pecado, obstáculo infranqueable para el hombre, debe ser castigado. Entonces, por medio de su muerte, Jesús manifestó la inmensidad de su amor divino: sufrió en nuestro lugar el castigo que nosotros merecíamos. Así abrió el camino de la salvación, el acceso a Dios para todos los hombres que lo aceptan como su Salvador.

Jeremías 34 – 1 Corintios 10 – Salmo 103:1-5 – Proverbios 22:16

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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