Miércoles 3 Mayo Jesús (le) dijo: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?… Le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Juan 21:16-17 Si alguno ama a Dios, es conocido por él. 1 Corintios 8:3 El amor por Jesucristo (2)
Jesús hablaba a sus discípulos de su amor por él. Después de haberles dicho: “El que me ama”, y “si me amáis” (ver la hoja de ayer), continuó diciendo:
– “Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre” (Juan 14:28).
Los discípulos, afligidos al pensar en su partida, eran incapaces de olvidarse de sí mismos para pensar en el gozo del Señor al ir “al Padre”. Este tierno reproche nos hace sentir la imperfección de nuestro amor por él y la pobreza de nuestro corazón.
– “El Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado” (Juan 16:27).
Jesús no los dejó con este reproche, pues sabía que sus discípulos lo amaban realmente, incluso si eran débiles. El Padre los amaba precisamente porque ellos lo amaron a él, en contraste con tantos hombres de quienes Jesús dijo: “Han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre” (Juan 15:24).
– “Simón… ¿me amas?”.
Esta pregunta hecha tres veces tocó el corazón de Pedro. Jesús se dirigió personalmente a él, quien lo había negado tres veces. Pedro se arrepintió de su conducta, y se encomendó a aquel que conocía su amor por él: “Tú sabes que te amo”. ¡Jesús no lo contradijo! Al contrario, le encomendó la tarea de cuidar de sus corderos y ovejas.
Es cierto que nuestro amor por el Señor nunca estará a la altura del suyo, pues nuestro amor es imperfecto, fluctuante. Pero Jesús ve este amor en el corazón de los suyos; fue él quien lo produjo, en respuesta a su amor perfecto. No lo desprecia, sino que lo valora y trabaja día tras día para que crezca (Filipenses 1:9).
Mayo 2 «Jehová afirmó en los cielos su trono; y su reino domina sobre todos.» Salmo 103:19
Hace algún tiempo, al principio da la primavera, iba a salir a la puerta, cuando del alrededor de la esquina vino un soplo de aire del este, desafiador, cruel, fiero y seco, trayendo una nube de polvo delante de la puerta. Al acabar de quitar el llavín de la puerta, dije con cierta impaciencia, «Por qué no» iba a decir, «cambiará este viento;» pero la palabra se me cortó, y no terminé la frase. A medida que caminaba, el incidente llegó a ser para mí una parábola. Entonces vino un ángel con una llave y dijo:
«Mi Maestro te envía Su amor y me ha pedido que te entregue esto.» «¿Qué es eso?» pregunté con cierta duda. «La llave de los vientos.» respondió el ángel, y desapareció.
Ahora sí que voy a ser feliz. Me apresuré hacia las alturas de donde los vientos procedían y permanecí entre las cavernas. «Terminaré de la manera que sea con este dichoso viento del este, para que no nos moleste más,» alcé la voz; y llamando a aquel viento enemigo, cerré la puerta, y el ruido de sus ecos podía oírlo resonando en las oquedades. Entonces dí una vuelta a la llave con cierto aire de triunfo y dije: «Por fin hemos acabado de una vez con este viento.»
«¿Con qué lo sustituiré?» me pregunté, mirando a mi alrededor. «El viento del sur es muy agradable» y me acordé de los corderitos, de la juventud de todas partes, y de las flores que habían empezado a adornar los setos vivos. Pero al ir a poner la llave en la cerradura, noté que me quemaba la mano.
«¿Qué es lo que estoy haciendo?» grité «¿Quién puede saber el mal que voy a causar con mi acción? ¡Cómo puedo yo saber lo que los campos necesitan! Voy a causar miles de males con mi estúpido deseo.»
Aturdido y avergonzado, levanté mi ojos y rogué al Señor que volviese a enviar Su ángel por la llave, y prometí que jamás volvería a sentir deseo de tenerla.
Pero he aquí, que el Señor mismo estaba junto a mi lado. Extendió su mano para tomar la llave, y al dársela, vi que la colocó sobre las señales de las heridas grandes,
Sentí un profundo dolor, por haber murmurado contra algo que El hizo, y que lleva las señales sagradas de Su amor. Entonces El tomó la llave y la colgó en su cintura.
«¿Guardas la llave de los vientos,?» le pregunté. «Sí, hijo mío,» me contestó con mucha ternura. Lo miré nuevamente y ví colgadas todas las llaves de toda mi vida. El vió mi mirada de espanto, y me preguntó, «¿Ignorabas, hijo mío, que mi reino domina sobre todos?» «¡Sobre todos Señor!,» contesté; entonces «No puedo obtener ninguna seguridad, murmurando.» Entonces, colocando Su mano sobre mí, me dijo con mucho cariño, «Hijo, tu únicaseguridad en todo, está en que ames, confíes y alabes.» -Mark Guy Pearse.
Una o dos personas que asistían a nuestra iglesia dejaron de hacerlo hace un tiempo. Ellos decían que yo había dejado de predicar el evangelio de Cristo por predicar un «evangelio de justicia social». Como pastor con unos treinta años en el ministerio, he podido comprobar la cantidad de alegatos que una persona puede elaborar como mecanismo de defensa para que su conciencia no la mortifique. La tendencia es que, si hay algo que no le gusta o con lo que no está de acuerdo, simplemente lo descarta con malos argumentos que no resisten el análisis.
Todo comenzó cuando empecé a enseñar a la iglesia sobre algunos problemas éticos de actualidad que estaban relacionados con el hambre, la corrupción política, la compasión, la sexualidad, la educación, entre otros. Sé que algunos pueden sentirse incómodos con estos temas. Sin embargo, por encima de la opinión de unos pocos, no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.
Debo reconocer que hay predicadores, sermones, libros e incluso iglesias que son más activistas sociales que embajadores de Cristo. Entienden que la mayor necesidad que tiene el ser humano se circunscribe a sus problemas materiales y al impacto que estos generan en la sociedad. Piensan como los pensadores de la Ilustración del siglo XVIII, que un ser humano educado y socialmente realizado es la esperanza de la humanidad. Sin embargo, todas esas expectativas quedaron pulverizadas con dos grandes guerras en la primera mitad del siglo XX, generadas por esos personajes ilustrados, lo que dejó un saldo de aproximadamente 60 millones de muertos.
Puedo entender que la falta de compasión caracterice el mundo de hoy, pero no a la iglesia de Cristo
En la antípoda de esta posición están los que ven el mundo actual desde una perspectiva que llamo «escatología fatalista». Han divorciado el evangelio de la compasión, el trabajo, el servicio al prójimo y la esperanza, porque Cristo viene y no hay nada que podamos hacer para arreglar este mundo. Padecen del «síndrome tesalónico» fundamentado en una mala concepción de los roles de la iglesia en estos últimos tiempos, lo que los ha llevado a ser indiferentes, espectadores sin alma ni sentimientos de los males que aquejan a nuestro mundo contemporáneo.
No puedes separar el evangelio de la compasión Puedo entender que la falta de compasión caracterice el mundo de hoy, pero no a la iglesia de Cristo. No hay forma de que podamos separar la piedad y todas las virtudes que tienen que ver con restaurar el imago Dei en los seres humanos. Es urgente que vivamos el evangelio como Cristo nos lo modela, porque este apremio no solo lo encontramos en las Escrituras, sino también en el mundo caído y sin Dios que lo pide a gritos. Una sociedad que clama por justicia y por misericordia; pide pan y tiene sed; tiene dolor y está de luto; está llorosa y perturbada y no hay que la consuele entre todos sus amantes porque necesita de Cristo y, por ende, recobrar su dignidad.
El periodista y escritor español Pedro Cuartango, en una publicación del diario ABC del 2018, hace una dramática descripción del sufrimiento, la maldad y el dolor instalados en nuestros días: «Lo vemos en la calle, en un hospital, en una pantalla, en la casa de un vecino. Está en todos los sitios y en ninguno. A veces, miramos para otro lado para no verlo, pero acaba por mostrarse cuando menos lo esperamos. Desgraciadamente, el mal no se puede erradicar con las armas ni los ejércitos… es algo esencialmente individual, es un proceso de corrupción del espíritu, una enfermedad del alma cuando se pierden los valores». El tormento y la angustia están en todas partes. No hacen acepción de personas. Viven en los palacetes y en los arrabales; se visten de frac y de harapos. Sufre el millonario y sufre el indigente por igual, con la diferencia de que el rico puede disimularlo, el pobre no.
La compasión nace en el corazón de Dios La Biblia está repleta de acciones compasivas: desde una princesa egipcia que tuvo compasión de un niño hebreo dentro una canastilla a la deriva (Éx 2:6), hasta el clamor de un hombre devoto a sus amigos para que tuvieran compasión de él (Job 19:21). Dios dice por medio de uno de sus profetas que Él se inclina al perdón y le dice a Israel: «Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión» (Os 11:8). En el Nuevo Testamento, la palabra «compasión» aparece 25 veces; la mitad de estas se encuentran en los evangelios y siempre relacionadas con el ministerio de nuestro Señor Jesucristo. Con algunas variantes, la distribución es básicamente la siguiente: En Mateo, cinco veces (9:36; 14:14; 15:32; 18:37 y 20:34); en Marcos, tres veces (6:34; 8:2 y 9:22); y en Lucas, cuatro veces (1:78; 7:13; 10:33 y 15:20).
El tormento y la angustia están en todas partes. No hacen acepción de personas. Viven en los palacetes y en los arrabales; se visten de frac y de harapos
El vocablo empleado, por ejemplo, por Mateo («viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas») es especialmente fuerte. Deriva de la palabra «entrañas» y se refiere a aquellos sentimientos que se sienten vivamente y hasta nos conmueven físicamente. Se trata, pues, de una compasión entrañable que conmovía a Jesús hasta lo más profundo de su ser.[1]
Examinaremos de forma concisa tres pasajes que, de alguna manera u otra, representan el alcance de nuestro Señor y las grandes áreas de atención de la compasión cristiana hacia los seres humanos:
Compasión por la condición espiritual (Mt 9:35-38). Compasión por la condición emocional (Lc 7:11-14). Compasión por la condición material (Mt 15:32). Estos tres pasajes nos muestran que Cristo combatía la maldad y las consecuencias del pecado con la predicación del evangelio, sin descuidar las condiciones puramente humanas del individuo. Su propósito no era erradicar la pobreza y las injusticias de su época (Mt 26:11), sino mostrar a sus discípulos y a nosotros la compasión y el servicio a los demás para que sea imitado (Mt 13:15).
No podemos pensar que, porque hay algunos que han hecho del evangelio una causa puramente social, debemos concluir que ayudar al menesteroso no es una opción que le haga justicia a las Escrituras. Mostrar compasión y ayudar al necesitado es algo que debemos procurar como resultado de nuestra fe y amor por Dios, que se muestra en amor por nuestro prójimo (Mt 22:36-40).
Compasión por la necesidad espiritual «Y viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor» (Mateo 9:36).
El problema fundamental del ser humano es su necesidad de Dios. El vacío, la agonía, la amargura, el orgullo, la envidia, el rencor, el egoísmo y el estado de perdición del ser humano tienen su origen en la ausencia de Dios en los corazones. Por eso es que Cristo vino a este mundo. La Biblia enseña claramente:
«Jesús les respondió: “Vamos a otro lugar, a los pueblos vecinos, para que Yo predique también allí, porque para eso he venido”» (Marcos 1:38).
«Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19:10).
Mostrar compasión y ayudar al necesitado es algo que debemos procurar como resultado de nuestra fe y amor por Dios, que se muestra en amor por nuestro prójimo
La predicación del evangelio fue y es la prioridad operativa de Cristo —y, por lo tanto, de su iglesia— para alcanzar a personas para que vivan y cumplan con el propósito para el cual fueron creados: la adoración sublime y reverente de nuestro Dios.
Compasión por la necesidad emocional «Al verla, el Señor tuvo compasión de ella, y le dijo: No llores. Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y Jesús dijo: Joven, a ti te digo: ¡Levántate!» (Lucas 7:13-14).
Entre los momentos más conmovedores en la vida de nuestro Señor está su reacción ante el dominio tenebroso de la muerte. Él se cruza con una mujer que llora desconsolada por la muerte de su hijo. Solo un padre o una madre comprende lo que se quiere un hijo. El pasaje no menciona si tenía más hijos, pero independientemente de eso, ella llora por la pérdida. Una vez más, vemos a Jesús teniendo compasión. Sabiendo que va a resucitar al joven, tiene compasión. El dolor de esta madre por el cuerpo sin vida de su hijo es intenso. Cristo, que no es ajeno al dolor humano, se conmueve teniendo compasión de ella. Lo mismo frente a la tumba de Lázaro. Allí llora (aunque no con sollozos) sabiendo que iba a resucitar a su amigo (Jn 11:35).
Compasión por la necesidad material «Entonces Jesús, llamando junto a sí a sus discípulos, les dijo: “Tengo compasión de la multitud, porque hace ya tres días que están conmigo y no tienen qué comer; y no quiero despedirlos sin comer, no sea que desfallezcan en el camino”» (Mateo 15:32).
Aquí vemos a Jesús siendo compasivo por los hambrientos. «Tengo compasión porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer…». ¡Qué drama! No es que las personas tengan tres días sin comer, sino más bien que se les acabó el alimento. Se han quedado sin provisiones. La compasión de Cristo no tiene en cuenta las distintas clases de personas que hay en ese lugar. No todas se convirtieron en seguidores de Cristo, pero aún así, Él proveyó para todos como hizo con los diez leprosos (Lc 17:11-19).
La importancia que Jesús le da al tema de la compasión en sus acciones es evidente. Además, también resalta este asunto a través de sus enseñanzas, con parábolas muy memorables como la de los dos deudores (Mt 18:2), el buen samaritano (Lc 10:33) y el hijo pródigo (Lc 15:20). La congruencia entre sus enseñanzas y su carácter refleja por completo quién es Él. Él mostró mediante ejemplos al Dios del Antiguo Testamento que es presentado como un padre piadoso (Sal 103:13) y con gran compasión por otros. Jesús no pidió nada para Él mismo, ni en la agonía del huerto, ni tampoco ante los sufrimientos de la cruz. Él no manifestó autocompasión, sino que se entregó por completo a los demás.
Como Jesús «Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si hay algún consuelo de amor, si hay alguna comunión del Espíritu, si algún afecto y compasión, hagan completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito» (Filipenses 2:1-2).
Estas palabras del apóstol Pablo nos hablan de nuestro llamado a imitar a nuestro Señor. De igual forma, Pedro concluye en su epístola de manera magistral, diciendo: «En conclusión, sean todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos, y de espíritu humilde» (1 P 3:8). Al igual que Cristo, debemos predicar el evangelio, recordando que el evangelio sin compasión no es evangelio. Ser más como Cristo es ser más compasivos para gloria de Él y para bendición de todos los que vivimos en este lado de la eternidad.
Como escribió John Stott: «Si tuviéramos que resumir en una oración breve y sencilla en qué consiste la vida, el porqué Jesucristo vino a este mundo a vivir, morir y resucitar, y lo que Dios busca en este largo proceso histórico, sería difícil hallar una explicación más sucinta que ésta: Dios está haciendo a los seres humanos más humanos por medio de hacerles más como Cristo».[2]
[1] Barclay, W. The Gospel of Matthew, p. 116. [2] Citado por Salvador Gómez Dickson en Citas Edificantes, p. 162.
Otto Sánchez es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es pastor de la Iglesia Bautista Ozama (IBO) en Santo Domingo, República Dominicana. Es además director del Seminario Teológico Bautista Dominicano. Está casado con Susana Almánzar, y tienen dos hijas. Puedes encontrarlo en Twitter.
Martes 2 Mayo En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros. Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros.
Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.
1 Juan 4:10, 16, 19 El amor por Jesucristo (1) Antes de ir a la cruz, Jesús se despidió de sus discípulos y les recordó cuánto los amaba:
– “Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado” (Juan 15:9).
– “Los has amado a ellos como también a mí me has amado”, dijo a su Padre hablando de ellos (Juan 17:23).
Varias veces también hizo alusión al amor de sus discípulos por él:
– “Si me amáis… el que me ama… si me amarais… porque vosotros me habéis amado…” (Juan 14:15, 23, 28; 16:27).
– “Si (o: ya que) me amáis, guardad mis mandamientos”.
Los discípulos seguían a Jesús, lo amaban, y él lo sabía. Entonces, si lo amaban, este amor debía manifestarse en su vida: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama” (Juan 14:21).
– “El que me ama, mi palabra guardará”.
En este versículo el Señor se dirige más directamente al creyente. Guardar su “palabra” va más allá de guardar sus “mandamientos”. Esto significa que vivimos en su intimidad. Así demostramos que conocemos al Señor de cerca, que guardamos sus enseñanzas en lo profundo de nuestro corazón y que las ponemos en práctica.
– “Si me amáis… el que me ama”.
Amar a Jesús es una actitud silenciosa del corazón. Pero el que lo ama busca ante todo su aprobación, una aprobación de gran valor para él.
Mayo 1 «Dios que no puede mentir prometió,» Tito 1 :2
La fé no consiste en obras por medio de la fuerza de voluntad una clase de certeza de que algo va a suceder, sino que ve como un hecho actual lo que Dios ha dicho que sucederá, crée que ello es verdad, se regocija por saber que ello es cierto y lo espera porque Dios lo ha dicho. Entonces descansa en la fidelidad y el poder de DIOS. La fé convierte la promesa en una profecía. Mientras ello es meramente una promesa, es dependiente de nuestra cooperación. Pero cuando la fé lo reclama, se convierte en una profecía, y sentimos que ello es algo que necesariamente tiene que hacerse porque Dios no puede mentir._Días Celestiales Sobre la Tierra.
En todas partes oigo a los hombres orar por más fé, pero cuando les escucho cuidadosamente y voy al fondo de la oración, con mucha frecuencia hallo que no es fé lo que desean, sino un cambio de la fé en cosas visibles. La fé no dice, «Dios debe haberme mandado esto, porque ello es bueno para mí,» sino, «Dios me lo ha mandado, así que necesariamente ello es bueno para mí.»
La fé caminando con Dios en la obscuridad sólo pide a Él que coja su mano más estrechamente._Phillips Brooks
Nada te turbe; Nada te espante; Todo se pasa; Dios no se muda, La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene, Nada le falta; Solo Dios basta.
¿Dios odia el pecado, pero ama al pecador? Por Karl Heitman
Una declaración cliché que a menudo escuchamos decir, «Dios odia el pecado, pero ama al pecador.» ¿Está esto basado en las Escrituras? Me temo que no. La Biblia simplemente no lo dice. De hecho, se dice lo contrario: » Los que se ensalzan no estarán delante de tus ojos; aborreces a todos los que hacen iniquidad.” (Salmo 5: 5). Hasta cierto punto, incluso se nos manda aborrecer a los demás: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre y madre, a su mujer e hijos, a sus hermanos y hermanas, y aun hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo.” (Lucas 14:26). También se nos manda odiarnos a nosotros mismos: » El que ama su vida la pierde; y el que aborrece su vida en este mundo, la conservará para vida eterna.» (Juan 12:25). También se nos manda aborrecer el mal (Romanos 12: 9). El aborrecimiento justo es una píldora difícil de tragar tal debido a la cultura auto-centrada, autosuficiente, egoísta , ególatra, y de auto-exaltación en la que vivimos. Lo que todos tenemos que entender es que en la cruz divina el amor y el odio santo chocaron. Dios es amor (1 Juan 4: 8). pero El también odia (Salmo 7:11). En otras palabras, tener una visión bíblica del odio es tan importante como tener una visión bíblica del amor.
Aquí están algunas otras Escrituras que hablan del odio santo de Dios:
“Aborrezco la reunión de los malhechores, y no me sentaré con los impíos.” Salmo 26: 5 “Aborrezco a los que confían en ídolos vanos; mas yo confío en el Señor.” Salmo 31: 6 “Aborrezco a los hipócritas, empero amo tu ley.” Salmo 119: 113 “Porque hablan contra[a] ti perversamente, y tus enemigos toman tu nombre en vano. ¿No odio a los que te aborrecen, Señor? ¿Y no me repugnan los que se levantan contra ti? Los aborrezco con el más profundo odio; se han convertido en mis enemigos.” Salmo 139:20-22. “El temor del Señor es aborrecer el mal. El orgullo, la arrogancia, el mal camino y la boca perversa, yo aborrezco.”-Prov 8:13
“Toda su maldad está en Gilgal; allí, pues, los aborrecí. Por la maldad de sus hechos los expulsaré de mi casa, no los amaré más; todos sus príncipes son rebeldes.” Oseas 9:15 Nos gusta hablar sobre el amor, la misericordia, la bondad, el perdón y la gracia de Dios. Debemos predicar y hablar de esas cosas a menudo y con fervor, pero si descuidamos todo el consejo de Dios, comenzamos a forjar un dios a nuestra imagen. Eso se llama idolatría. Seamos sinceros; muchos cristianos profesantes adoran a un Jesús incompleto. Por otra parte, si no entendemos el odio de Dios, el amor de Dios no significa mucho para nosotros. Tenemos que llegar a un acuerdo con el odio de Dios. El versículo más conocido pero desconcertante en el Nuevo Testamento que nos confronta con el odio de Dios por los pecadores es Romanos 9:13- “a Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.” Es comprensiblemente difícil envolver nuestras mentes alrededor de esto, pero si tomamos el Biblia en serio tenemos que aceptarlo y poner nuestras emociones volubles, opiniones y tradiciones de lado. Charles H. Spurgeon, el «Príncipe de los Predicadores», dijo, «Yo puedo decirles la razón por la que Dios amó a Jacob: es por la gracia soberana. No había nada en Jacob que hiciera que Dios lo amara; todo en él podría haber hecho que Dios lo odiara, tanto como odió a Esaú, y mucho más. Pero fue porque Dios fue infinitamente misericordioso que él amó a Jacob, y por ser soberano en su dispensación de esta gracia, él escogió a Jacob como el objeto de ese amor. Si no fuera por la gracia soberana, todos seríamos objeto del odio de Dios, en lugar de Su amor. “
¿Cómo conciliar el amor y el odio de Dios en nuestras mentes humanas, finitas y caídas? No podemos del todo. La creación finita (nosotros) no puede comprender completamente el Creador infinito. Lo natural no puede entender completamente lo sobrenatural. Tenemos que aceptar el hecho de que Dios tanto amor y odio, esforzamos por llegar a un acuerdo con el carácter de Dios, y ser conformados a Su imagen (Romanos 12: 2). En el gran esquema de las cosas, el odio de Dios será derramado sobre los no elegidos por la eternidad en el infierno. Tenemos que entender que Dios es perfectamente justo y bueno para sólo salvar a algunos porque todos merecemos su ira aborrecedora. Romanos 9:14-15 arroja más luz: “¿Qué diremos entonces? ¿Que hay injusticia en Dios? ¡De ningún modo! 15 Porque El dice a Moisés: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y tendré compasión del que yo tenga compasión.” Cuando comprendemos y continuamente recordamos que Dios nos ha salvado a los pecadores de experimentar su odio, nos hace ser personas humildes agradecidas.
En cuanto a los redimidos, sí, aún pecamos, pero el odio y la ira de Dios se vertieron de una vez y para siempre sobre Jesús en vez de nosotros y ahora nos ve vestido con la justicia de su Hijo. La justicia de Cristo fue trasladada a nuestro cuenta (2 Corintios 5:21). Por lo tanto, Él ama a aquellos por los que Cristo murió, con un amor salvífico especial como un amor único de un esposo por su novia. Debido al amor de Dios, ya no somos el objeto del odio de Dios. Para los no elegidos, el amor de Dios se muestra a toda la creación por lo que les permite vivir la ‘gracia común’ (Mateo 5:45). En otras palabras, Dios está conteniendo Su ira hacia los no elegidos y darles lluvia, comida, y placer en esta vida.
Por lo general, la pregunta de seguimiento es la siguiente: «¿Cómo debemos tratar a los pecadores?» Los amamos con amor incondicional, como Jesús lo ordenó (Lucas 6:27). Esto implica no sólo estar en la presencia de los no creyentes y ser amable con los pecadores (como lo fue Jesús), sino amarlos lo suficiente para predicar la verdad del evangelio a ellos sin temor a ofenderlos (Romanos 1:16). Lo más amoroso es cuidar el alma de alguien y así compartir el mensaje de cómo Dios está dispuesto a salvar a un pecador, a través de Jesús, de experimentar eternamente su santo odio. Por tanto, podríamos querer considerar abandonar el eslogan “Dios odia el pecado pero ama el pecador” porque no hay evidencia bíblica clara para apoyar tal afirmación. El efecto de esto pretende un evangelio de la gracia barata. En cambio, debemos repetir lo que dice la Escritura: Dios envió a su Hijo al mundo para salvar a los pecadores (Romanos 5:8), manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan o perecerán (Hechos 17:30 ; Lucas 13: 3), y Dios nos manda a hacer el bien a todos los hombre s (Gal 6:10) y hacer discípulos (Mateo 28: 19-20).
Muchos objetarían cualquier enseñanza acerca del aborrecimiento divino de Dios basándose en la falsa suposición de que Dios es amor y que por lo tanto, no puede odiar.
Mientras que el amor de Dios es una realidad que va más allá de nuestra comprensión, también es importante ver que el amor de Dios es la misma razón para su aborrecimiento. No deberíamos decir que Dios es amor y que por lo tanto no puede aborrecer; al contrario, Dios es amor y por lo tanto, Él debe aborrecer.
Si una persona verdaderamente ama la vida, reconoce su santidad, estima a los niños como un don de Dios, entonces esa persona debe aborrecer el aborto. Es imposible amar a los niños apasionadamente y con toda pureza y ser indiferente hacia aquello que los destruye en el vientre.
De la misma manera, si Dios ama con enorme intensidad todo lo justo y bueno, entonces Él, con igual intensidad, debe aborrecer todo lo perverso y malo.
A todos se nos ha enseñado el popular eslogan: “Dios odia al pecado pero ama al pecador”, pero esta enseñanza es una negación de las Escrituras que claramente declaran lo contrario. El salmista, con la dirección del Espíritu Santo, escribió que Dios no solo aborrece la iniquidad, sino que aborrece también a “los hacedores de iniquidad”.
Debemos entender que es imposible separar al pecado del pecador. Dios no castiga el pecado, castiga a quien lo hace. No es el pecado el que es castigado en el infierno, sino el hombre que lo practica. Por esta razón el salmista declaró: “Los insensatos no estarán delante de tus ojos; aborreces a todos lo que hacen iniquidad” (Salmo 5:5).
Y, “El Señor está en su santo templo; el Señor tiene en el cielo su trono; sus ojos ven, sus párpados examinan a los hijos de los hombres. El Señor prueba al justo; pero al malo y al que ama la violencia, su alma los aborrece. Sobre los malos hará llover calamidades; fuego, azufre y viento abrasador será la porción del cáliz de ellos. Porque el Señor es justo y ama la justicia” (Salmo 11:4-7).
Es importante entender que los textos citados arriba no están solos en la Escritura, sino que están acompañados por otros pasajes que fortalecen el argumento. En Levítico, el Señor al pueblo de Israel que ellos no deben seguir las costumbres de las naciones que Él echa fuera delante de ellos, y entonces añade: “Porque ellos hicieron todas estas cosas, y los tuve en abominación” (Levítico 20:23).
Otra vez, en el libro de Deuteronomio, Él advirtió a su pueblo que los cananeos serían echados porque ellos fueron “abominación para el Señor” y cualquiera que hubiera participado en los mismos actos de injusticia sería una “abominación” a Él (Deuteronomio 18:12; 25:16).
En el libro de Salmos, Dios describe su sentencia hacia los israelitas incrédulos que rehusaron entrar en la tierra prometida diciendo: “Por cuarenta años me repugnó aquella generación” (Salmo 95:10).
Finalmente, en el libro de Tito, Pablo describe a aquellos que han hecho una vacía o superficial confesión de fe en Dios como “abominables” delante de Él; y Juan en la isla de Patmos describe el lago de fuego como la morada eterna de todos los que son “abominables” (Tito 1:16; Apocalipsis 21:8).
Casado con Ágota y padre de dos hijas, Will Graham (1985) sirve como pastor evangélico, profesor y blogger en la cuidad española de Almería (ubicada en el extremo sureste de la península). Soli Deo gloria.
Lunes 1 Mayo Si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!… Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él. 1 Corintios 9:16, 23 Servir al Señor
Una compañía petrolera quería abrir una sucursal en China. Para ello buscaba un director joven, que hablase chino y tuviese todos los títulos universitarios necesarios y las cualidades gerenciales.
Varios candidatos se presentaron, pero ninguno correspondía al perfil requerido. Al fin, por recomendación verbal, encontraron al que parecía ser el hombre ideal: un joven de 28 años, que tenía todos los títulos exigidos y un carácter de líder. De hecho, este joven era un misionero cristiano que buscaba un trabajo complementario para mejorar sus débiles ingresos. De inmediato recibió una propuesta muy atractiva, sin embargo, la rechazó. Le propusieron aumentar el salario, pero tampoco aceptó. Entonces le pidieron que él mismo pusiera sus condiciones, y el joven respondió:
–El problema no es el dinero, pues lo que me ofrecen es muy interesante. ¡El problema es que quiero dar prioridad a mi actividad misionera! Dios me llamó a anunciar el Evangelio en China, y sería un grave error si renunciase.
Ese joven sabía que había sido llamado por Dios para servirle: “Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4). Qué gracia ser cada uno a su medida “colaborador” de Dios, el cual no quiere “que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).
¡Esta es la misión de todo cristiano en sus actividades diarias!
Renovando Tu Mente Serie: Cómo enfrentar problemas difíciles R C Sproul
MINISTERIOS LIGONIER Somos la confraternidad de enseñanza del Dr. R.C. Sproul. Existimos para proclamar, enseñar y defender la santidad de Dios en toda su plenitud a tantas personas como sea posible. Nuestra misión, pasión y propósito: ayudar a las personas a crecer en su conocimiento de Dios y Su santidad.
Abril 30 «Y las vacas de fea vista y enjutas de carne devoraban a las siete vacas hermosas y muy gordas … y las espigas menudas devoraban a las siete espigas gruesas y llenas.» Génesis 41:4, 7
En aquel sueño hay un gran aviso para nosotros. Es posible que los mejores años de nuestra vida, nuestras mejores experiencias, las mejores victorias que hemos ganado y los mejores servicios que hemos prestado sean destruidos por los fracasos, la derrota, el deshonor y la inutilidad en el reino. Las vidas de algunos hombres de gran valía y hechos extraordinarios han terminado de esa manera. Es terrible pensar en esto, pero ello es cierto. No obstante, nunca es necesario que esto suceda. S. D. Gordon ha dicho, que la única salvación contra tal tragedia es «un nuevo contacto diario y a cada hora con Dios.»
Las benditas experiencias, fructíferas y victoriosas de ayer, no solamente no me sirven hoy para nada, sino que serán devoradas y trastornadas por los fracasos de hoy, a no ser que sirvan hoy de incentivo para experiencias más ricas y mejores. «Un nuevo contacto con Dios,» permaneciendo en comunión con Cristo, impedirá que las vacas flacas y el mal grano se acerquen a nuestra vida.-Messages for the Morning Watch.