No hay lugar para Cristo

LA VERDAD PARA HOY – 23 DE DECIEMBRE

23 de diciembre

No hay lugar para Cristo

Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

Lucas 2:7

Estoy convencido de que la mayoría de las personas se pierden la Navidad. Observan la temporada navideña porque la cultura dice que es lo que debe hacerse, pero las multitudes no piensan en la realidad de lo que están celebrando. Se ha añadido tanto mito y fantasía a la festividad que las personas ignoran el verdadero milagro del nacimiento de Cristo. La emoción legítima de la festividad se ha dejado llevar por un desenfreno hipócrita. Hace poco vi un periódico que tenía dos páginas de entrevistas a personas en la calle que dieron sus opiniones acerca del verdadero sentido de la Navidad… Algunas fueron sentimentales, diciendo que la Navidad es un tiempo familiar, una época para los niños, y así sucesivamente. Otras fueron humanistas, diciendo que la Navidad es un tiempo para celebrar el amor a los demás seres humanos, el espíritu generoso y toda esa serie de cosas. Otras fueron insensatamente hedonistas, considerando la Navidad simplemente como otra excusa para festejar. Ninguna persona hizo mención del incomprensible milagro del nacimiento de Dios como un niñito.

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El indescriptible regalo de Dios

DICIEMBRE, 23

El indescriptible regalo de Dios

Devocional por John Piper

Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación. (Romanos 5:10-11)

¿Cómo recibimos reconciliación y gozo en Dios en la práctica? Una respuesta sería así: por medio de Jesucristo. Lo que significa, al menos en parte, crear el retrato de Jesús como está en la Biblia —la obra y las palabras de Jesús retratadas en el Nuevo Testamento— el contenido esencial de nuestro júbilo en Dios. El gozo sin el contenido de Cristo no honra a Cristo.

En 2 Corintios 4:4-6, Pablo describe la conversión de dos maneras. En el versículo 4, dice que es ver «la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios». Y en el versículo 6, dice que es ver «la gloria de Dios en la faz de Cristo». En ambos casos, podemos apreciar cuál es el punto. Tenemos a Cristo, la imagen de Dios, y tenemos a Dios en el rostro de Cristo.

En un sentido práctico, para regocijarnos en Dios nos regocijamos en lo que vemos y conocemos de Dios en el retrato de Jesucristo. Y lo experimentamos plenamente cuando el amor de Dios es derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, como dice Romanos 5:5.

Esto nos lleva al tema central la de Navidad: no solo Dios pagó por nuestra reconciliación mediante la muerte del Señor Jesucristo (versículo 10), y no solamente Dios nos dio la capacidad de recibir la reconciliación por medio del Señor Jesucristo (versículo 11), sino que también ahora, como dice el versículo 11, nos gloriamos en Dios mismo por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Jesús adquirió por precio nuestra reconciliación. Nos dio la capacidad de recibir la reconciliación y de abrir el regalo. Y Jesús mismo resplandece desde la envoltura —el obsequio indescriptible— como Dios manifestado en la carne, y despierta todo nuestro gozo en Dios.

Pongamos la mirada en Jesús esta Navidad. Recibamos el regalo de la reconciliación por la que él pagó. No lo dejemos sin abrir en un anaquel, ni lo abramos para luego convertirlo en el medio para obtener todos nuestros otros placeres.

Abramos y disfrutemos el regalo. Alegrémonos en Cristo. Hagamos de él nuestro deleite. Hagamos de él nuestro tesoro.


Devocional tomado del sermón “Nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”

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«Tuya también es la noche»

23 de diciembre

«Tuya también es la noche».

Salmo 74:16

Sí, Señor, tú no renuncias a tu trono cuando el sol se pone, ni abandonas el mundo en las largas noches de invierno, para que este sea presa del mal. Tus ojos nos vigilan como las estrellas y tus brazos nos rodean como circunda el Zodíaco el firmamento. El rocío del relajante sueño y todos los influjos de la luna están en tus manos, y tanto los sobresaltos como la quietud de la noche son iguales para ti. Esto me alienta grandemente cuando estoy en vela a altas horas de la noche o me muevo de un lado para otro en medio de mi dolor. Hay frutos preciosos que producen tanto la luna como el sol. Mi Señor puede hacer que yo sea un favorecido partícipe de ellos.

Tanto la noche de la aflicción como los luminosos días del verano cuando todo es gozo, están bajo la providencia y el cuidado del amoroso Señor. Jesús se encuentra en la tempestad. Su amor envuelve la noche como un manto; pero, para el ojo de la fe, ese manto negro es apenas un disfraz. Desde la primera vigilia de la noche hasta el amanecer del nuevo día, el eterno Observador vigila sobre sus santos y dirige las sombras y el rocío de la noche para el mayor bien de los suyos. Nosotros no creemos en deidades del bien y del mal que luchan por conseguir el dominio, sino que oímos la voz del Señor que dice: «El que forma la luz y crea las tinieblas […] yo soy el Señor, el que hago todo esto» (Is. 45:7, LBLA).

Las épocas tenebrosas de indiferencia religiosa y de pecado no están fuera del propósito divino. Cuando se profanan los altares de la verdad, los siervos del Señor lloran con amargo dolor, pero no pueden caer en la desesperación, porque las épocas más tenebrosas están regidas por el Señor y terminarán cuando él lo ordene. Lo que quizá parezca una derrota para nosotros, puede ser una victoria para él.

Aunque envueltos en oscura noche,

sin percibir ningún rayo de sol,

como el Señor se halla con nosotros,

no habremos de tener temor.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 368). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

2 Crónicas 27–28 | Apocalipsis 14 | Zacarías 10 | Juan 13

23 DICIEMBRE

2 Crónicas 27–28 | Apocalipsis 14 | Zacarías 10 | Juan 13

En Apocalipsis 13, descubrimos que todos los que estuvieran bajo la autoridad del triunvirato impío tienen una marca en su frente. Esto significa que pueden participar en el orden mundial del dragón y sus bestias, y ser librados de la ira de Satanás. Aquí en Apocalipsis 14, descubrimos que el pueblo de Dios también tiene algo en su frente: el nombre del Cordero y del Padre (14:1). Estas personas están de pie en el monte Sión con el Cordero y todas son libradas de la ira del Cordero. Por otro lado, los que llevan la marca de la bestia se enfrentan ahora a la ira del Cordero, bebiendo “el vino del furor de Dios, que en la copa de su ira está puro, no diluido” (14:10–11).

Las imágenes provienen de una visión muy distinta en Ezequiel 9, en la cual el profeta ve que Dios le pide a un hombre vestido de lino que ponga una marca sobre la frente de todas las personas en Jerusalén que guarden luto por su pecado. Cuando los verdugos angelicales pasan por la ciudad, decididos a la destrucción y a la matanza, pasan por alto a todos los que tienen la marca de Dios sobre su frente. Esta imagen se adapta ahora de dos maneras muy diferentes en Apocalipsis. Ahora todo el mundo tiene una marca en la frente. O tienes la marca de la bestia y eres librado de la ira de la bestia, pero te enfrentas al furor de Dios, o tienes la marca del Cordero, que implica que serás librado de la ira de Dios, pero tendrás que soportar las sanciones de la bestia.

¿Qué ira eliges soportar? Tendrás que enfrentarte a una de las dos. ¿Prefieres toparte con la ira de Satanás o la de Dios?

El Señor Jesús nos enseñó que debemos temer a Aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno (Mateo 10:28). En cuanto a ese tema, pocos pasajes son más aterradores que Apocalipsis 14. Se nos dice muy francamente que “el humo de ese tormento sube por los siglos de los siglos. No habrá descanso ni de día ni de noche para el que adore a la bestia y su imagen, ni para quien se deje poner la marca de su nombre” (14:11). No hay muchos pasajes más explícitos que este en cuanto a la duración eterna de ese castigo. La imagen gráfica final (14:19–20) es inimaginablemente horrenda. En el mundo antiguo, se usaban grandes lagares de piedra con agujeros en la parte de abajo. Estos se llenaban de uvas y jóvenes siervas entraban en ellos y las pisoteaban, exprimiendo el jugo que, a su vez, salía por los hoyos y se recogía para hacer vino. Pero ahora, a la luz de la última cosecha, debemos suponer que son personas las que se arrojan en el recipiente, pues lo que sale del “gran lagar de la ira de Dios” (14:19) es sangre que fluye en trescientos kilómetros.

Entonces, ¿a qué ira prefieres enfrentarte ?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 357). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Al pie de la letra

sábado 23 diciembre

Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.

Romanos 3:24

La fe sin obras es muerta… la fe se perfeccionó por las obras.

Santiago 2:20, 22

Al pie de la letra

En el siglo 19, una gran miseria había invadido algunos barrios de las grandes ciudades europeas, y muchos niños tuvieron que mendigar para encontrar un poco de comida. Una tarde, dos niños vestidos muy pobremente se colaron en una sala donde se anunciaba el Evangelio. Solo el predicador notó su presencia. Los niños se sentaron en el último banco y escucharon atentamente el comentario del pasaje de Isaías 55: “… los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche”.

Después de la reunión, los niños salieron tan discretamente como habían entrado, y el predicador quedó decepcionado por no haber podido hablarles. Pero cuando llegaba a su casa, sintió que alguien le tiraba de su chaqueta y oyó la voz de una niña que le suplicaba:

–Señor, por favor, deme un poco de lo que dijo, para llevarle a mi madre que está enferma.

–¿Darte qué, pequeña?

–Leche… No tenemos dinero, pero usted dijo: “los que no tienen dinero, venid”. Hemos traído una botella.

Esos niños habían tomado al pie de la letra una promesa de la Biblia que, como muchas otras, tiene un alcance espiritual. Pero Dios también responde a la fe sencilla de un niño. El predicador acompañó a los niños a su casa. Allí encontró a una madre muy enferma. Les dio la leche que había prometido y también pudo hablar de la salvación que se obtiene por medio del sacrificio de Jesucristo, salvación que ofrece gratuitamente a cada uno de nosotros, sin ningún mérito de nuestra parte.

Zacarías 7 – Apocalipsis 16 – Salmo 146:1-7 – Proverbios 30:18-20

No hay otro nombre

LA VERDAD PARA HOY – 22 DE DECIEMBRE

 22 de diciembre

No hay otro nombre

No hay otro nombre bajo el cielo.

Hechos 4:12

El ángel que apareció a José subrayó el significado del nombre de Jesús: «Dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt. 1:21). Jesús, del hebreo Joshua, o Jehoshua, significa «Jehová salvará». El nombre mismo era un testimonio de la salvación de Dios. Pero el ángel le dijo a José que el Hijo de María sería la encarnación misma de la salvación de Jehová. Él mismo salvaría a su pueblo de sus pecados.

Después de la resurrección de Jesús, Pedro, hablando ante el sanedrín, también subrayó la importancia del nombre de Jesucrist «Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos» (Hch. 4:12).

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Para que ustedes crean

DICIEMBRE, 22

Para que ustedes crean

Devocional por John Piper

Y muchas otras señales hizo también Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro; pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengáis vida en su nombre. (Juan 20:30-31)

Estoy plenamente convencido que aquellos que hemos crecido en la iglesia, que podemos recitar las grandes doctrinas de nuestra fe mientras dormimos y que bostezamos durante el Credo de los Apóstoles, necesitamos hacer algo que nos ayude a sentir otra vez la plenitud, el temor, el fervor, la admiración por el Hijo de Dios —engendrado por el Padre desde la eternidad, el reflejo de toda la gloria de Dios, siendo la misma imagen de su persona, a través de quien todas las cosas fueron creadas, y por cuya palabra de poder el universo se sostiene—.

Podemos leer todos los cuentos de fantasía de todos los tiempos, cada historia de misterio y de fantasmas, y nunca encontraremos algo tan impactante, tan extraño, tan extraordinario y fascinante como la historia de la encarnación del Hijo de Dios.

¡Cuán muertos estamos! ¡Dios, cuán insensibles somos a tu gloria y a tu historia! Cuántas veces he tenido que arrepentirme y decir: «Señor, cuánto lamento que las historias creadas por hombres hayan conmovido mis emociones, mi impresión y asombro y admiración y gozo más que tu historia, que es verdadera».

Las películas de nuestros tiempos acerca de los viajes al espacio, como La guerra de las galaxias y El imperio contrataca, pueden hacernos este gran bien: pueden humillarnos y llevarnos al arrepentimiento, al mostrarnos que en realidad somos capaces de experimentar la fascinación y la admiración y el asombro que rara vez sentimos cuando contemplamos al Dios eterno, al inconmensurable Cristo y al contacto real y vivo entre ellos y nosotros en Jesús de Nazaret.

Cuando Jesús dijo «para esto he venido al mundo», lo que estaba diciendo era algo tan inconcebible y extraño e inquietante como cualquier afirmación de ciencia ficción que hayan leído.

Oh, cómo oro de todo corazón para que haya un avivamiento del Espíritu de Dios en nosotros, para que el Espíritu Santo irrumpa en nuestra vida de modo aterrador y nos despierte a la realidad inimaginable de Dios.

Un día de estos, un relámpago cubrirá el cielo desde el amanecer hasta la puesta del sol, y aparecerá en las nubes uno semejante a un hijo de hombre, con sus poderosos ángeles rodeado en llamas de fuego. Lo veremos con claridad. Y ya sea por terror o fascinación, nos estremeceremos y nos preguntaremos cómo pudimos vivir tanto tiempo con un Cristo domesticado e inofensivo.

Estas cosas fueron escritas para que creamos que Jesucristo es el Hijo de Dios que vino al mundo —realmente lo creamos—.


Devocional tomado del sermón “Christmas and the Cause of Truth”

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«De sus hijos es la mancha»

22 de diciembre

«De sus hijos es la mancha».

Deuteronomio 32:5

¿Cuál es la señal secreta que caracteriza infaliblemente a los hijos de Dios? Sería una presunción vana intentar decidir esto siguiendo nuestro propio juicio. Es la Palabra de Dios la que nos lo revela, y donde tenemos por guía la revelación, podemos andar seguros. Ahora bien, respecto a nuestro Señor, se nos dice que «a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios». Entonces, si he recibido a Cristo Jesús en mi corazón, soy un hijo de Dios. Ese recibimiento se describe en el presente versículo como creer en el nombre de Jesucristo. Por tanto, si creo en el nombre de Jesucristo —esto es, si simplemente confío de corazón en el Redentor que fue crucificado, pero que ahora está exaltado—, entonces soy un miembro de la familia del Altísimo. Aunque no posea ninguna otra cosa, si cuento con esta: el privilegio de ser hecho un hijo de Dios. Nuestro Señor Jesús lo expresa en esta otra forma: «Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen». Aquí lo tenemos resumido en pocas palabras. Cristo se manifiesta como Pastor a sus ovejas, no a las otras; y, tan pronto como lo hace, sus ovejas le reconocen, confían en él y se preparan para seguirle. Él las conoce a ellas, y ellas a él; es decir, hay un conocimiento mutuo, existe entre ellos una revelación permanente. Así, la única señal, la señal segura, la señal infalible de la regeneración y la adopción, es una fe sincera en el Redentor. Lector, ¿dudas acaso?; ¿no tienes la seguridad de poseer la señal secreta de los hijos de Dios? Entonces, no dejes pasar un momento sin decir: «Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón» (Sal. 139:23). Te suplico que no bromees con estas cosas. Si quieres bromear, hazlo con cosas de importancia secundaria: con tu salud, si así lo deseas, o con la escritura de propiedad de tu casa. Sin embargo, en cuanto a tu alma —tu alma inmortal y su eterno destino—, te ruego que te conduzcas con seriedad. ¡Asegúrate de trabajar por la eternidad!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 367). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

2 Crónicas 26 | Apocalipsis 13 | Zacarías 9 | Juan 12

22 DICIEMBRE

2 Crónicas 26 | Apocalipsis 13 | Zacarías 9 | Juan 12

Resulta que Satanás tiene dos bestias impías que le asisten, una que sale del mar (Apocalipsis 13:1–10) y la otra de la tierra (13:11–18). Juntos forman un triunvirato impío que, en cierta forma, imita a la Trinidad.

La verdad es que muchos de los símbolos apocalípticos de este capítulo han sido interpretados de maneras mutuamente excluyentes por diferentes escuelas de pensamiento. En estas breves meditaciones, me es imposible defender una estructura en particular. No obstante, en mi opinión estas bestias representan las manifestaciones históricas recurrentes del mal. En uno de los casos, es la maldad en su modalidad de oposición abierta al pueblo de Dios; en el otro, el mal se presenta como el engaño religioso. (No es en vano que, más adelante en el libro, a la bestia que surge de la tierra se le describe como “el falso profeta”: 19:20, por ejemplo.) Satanás no sólo envía agentes que abierta y violentamente atacan a los creyentes, sino que también manda emisarios cuya misión es seducir y engañar, si fuera posible, a los propios elegidos.

Observemos uno de los elementos extraordinarios de la descripción de la primera bestia. Ha recibido una herida mortal, pero esta ha sido curada. Eso suena incongruente: si la herida ha sido sanada, entonces no era fatal, y si era mortal, obviamente no hubiera podido ser sanada. Pero este simbolismo intenta describir las manifestaciones históricas repetidas de este monstruo. Surge como un Nerón, como el emperador romano, como Inocencio III, como Hitler. En cada caso, el monstruo es herido a espada. Muchas personas creen que la maldad en su peor manifestación ya ha sido destruida de manera final. El Reich de los mil años duró una década y media: esta seguramente fue la guerra que acabaría con todas las guerras. Pero luego comenzó de nuevo el genocidio: en el bloque oriental, en China, en Camboya, en Ruanda. La bestia recibe una herida mortal, pero siempre vuelve a la vida.

Notemos algunos de los símbolos que se utilizan para describir al falso profeta. Parece un cordero, pero habla como dragón (13:11): esto probablemente no significa que ruge como dragón y asusta a todos, sino que parece inocente, a pesar de que su discurso es el del dragón, el “gran dragón” del 12:9: nada más y nada menos que Satanás mismo. Este “cordero” resulta ser el portavoz de Satanás. Hace señales milagrosas y así engaña a los habitantes de la tierra (13:14). El texto no sugiere que las señales sean meros trucos; el poder de hacer milagros no necesariamente es muestra de poder divino. En última instancia, utiliza la autoridad que deriva de la primera bestia para establecer una identidad exclusiva para sus propios seguidores, excluyendo a todos los demás con sanciones económicas severas (13:16–17). Con sólo un poco de conocimiento histórico, podemos recordar manifestaciones de este tipo de coacción engañosa.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 356). Barcelona: Publicaciones Andamio.

«Padre, quiero»

(Jesús dijo:) Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo.

Juan 17:24

(Jesús) se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.

Mateo 26:39

Padre, quiero

“Padre… quiero”, Jesús dirigió a Dios esta oración por sus discípulos, antes de dejarlos. Estas dos palabras revelan, de manera sorprendente, quién era el que hablaba.

–“Padre”: Jesús, hombre humilde entre los hombres, se dirigió al Dios del cielo en una intimidad perfecta. Lo llamó “Padre”, pues era el Hijo muy amado de Dios.

–“Quiero…”, prosiguió. ¿Qué hombre tiene derecho a decir a Dios: “quiero”? Nadie, ¡excepto Dios el Hijo! Jesús expresó a Dios su voluntad de tener a los suyos con él en el cielo.

Horas más tarde, Jesús estaba de rodillas en un huerto. En medio de una profunda angustia, se dirigió una vez más a su Padre. Pero las palabras no fueron las mismas: “Padre… si es posible”. Jesús, hombre obediente, estaba postrado ante su Dios. Él, el santo y puro, sintió una profunda angustia sabiendo que iba a sufrir en lugar de los suyos el juicio divino sobre el pecado. Sin embargo dijo: “si es posible…”, y luego agregó: “pero no sea como yo quiero, sino como tú”. El “si es posible” respondía al “quiero” que le precedía. Y, de hecho, si quería tener a los suyos junto a él en el cielo, era imposible no pasar por ese sufrimiento.

La obra de Jesús fue cumplida. Ahora, en respuesta al “Padre… quiero”, los creyentes esperan con seguridad estar junto a él en el cielo. Dicen con agradecimiento: “En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (Hebreos 10:10).

Zacarías 6 – Apocalipsis 15 – Salmo 145:14-21 – Proverbios 30:17