Un poco de consejo práctico para los cristianos

10 OCTUBRE

1 Reyes 13 | Filipenses 4 | Ezequiel 43 | Salmos 95–96

Un poco de consejo práctico para los cristianos (Filipenses 4:4–9):

(1) “Regocijaos en el Señor siempre” (4:4). Este mandamiento es tan importante que Pablo lo repite. Nuestra responsabilidad de obedecerlo es independiente de las circunstancias, pues no importa cuán miserable sea nuestra situación, el cristiano siempre tiene las razones más profundas para regocijarse en Cristo Jesús: el perdón de pecados y la esperanza de una vida de resurrección en el nuevo cielo y la nueva tierra, por no hablar de la consolación del Espíritu en el presente y mucho más. Hablando en términos prácticos, Pablo sabe bien que el creyente que verdaderamente se regocija en el Señor no puede ser un traidor, ni tramposo, ni quejoso, ni ladrón, ni perezoso, ni amargado ni lleno de odio.

(2) “Vuestra amabilidad sea conocida” (4:5). Es casi una paradoja deliciosa. Nuestra cultura quiere que seamos conocidos por la agresividad o por cierta superioridad o fuerza intrínseca. La persona amable no suele pensar en ser conocida. Pero Pablo quiere que nos esforcemos de tal manera por la amabilidad, que se nos conozca por nuestra gentileza. El fundamento que ofrece Pablo es que “el Señor está cerca”. En este contexto, probablemente no se refiere a la cercanía de la venida del Señor, sino a que el Señor mismo nunca está lejos de su pueblo: está cerca y vela por nosotros, como lo hace todo el tiempo. Esto se convierte en nuestra motivación para actuar como él quisiera que actuáramos.

(3) “No estéis afanosos” (4:6–7). Pablo no es partidario de un escapismo irresponsable, y menos todavía de un optimismo iluso. Más aún, en términos estrictos, no nos está pidiendo sencillamente que dejemos de preocuparnos y ya está; más bien, nos dice cómo dejar de preocuparnos. Debemos reemplazar esta ansiedad constante por otra cosa: “más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presentad vuestras peticiones a Dios y dadle gracias [vuelve el tema de la alabanza]” (4:6). Pablo no niega la agonía y el dolor de muchas de las experiencias humanas. ¿Cómo iba a hacer tal cosa? Sus cartas demuestran que sufrió lo peor. No obstante, conoce la solución. O la preocupación espanta a la oración, o la oración espanta a la preocupación. Más aún, afirma Pablo, esta oración disciplinada, agradecida e intercesora, trae consigo “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento” (4:7).

(4) Tened pensamientos santos (4:8–9). Lo que entra es lo mismo que sale. Somos renovados mediante la transformación de nuestra mente (Romanos 12:1–2). Así que vigila lo que le das a tu mente como alimento; cuida lo que piensas; decídete a dirigir tus pensamientos por canales buenos y saludables, no aquellos caracterizados por la amargura, el resentimiento, la lujuria, el odio o la envidia. Medita sobre todas las cosas que Pablo incluye en su variada lista del versículo 8. Más aún, aquí también Pablo mismo nos sirve de gran ejemplo (4:9: no nos pide que hagamos algo que él mismo no practica).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 283). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El culpable es nuestro corazón

martes 10 octubre

Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.

Ezequiel 36:26

Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.

1 Juan 4:7

El culpable es nuestro corazón

Un periodista describía un asesinato horrible y concluyó así su artículo: «¿Hasta dónde tendrá que llegar la decadencia en lo inhumano para que al fin tomemos conciencia que es tiempo de ser lúcido sobre la realidad de nuestra sociedad, sobre la realidad de nuestra ceguera?».

Y si reconocemos esta decadencia, ¿cuál es su origen y en qué nos concierne? Nuestro corazón es el culpable; Jesucristo dice: “Del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias” (Mateo 15:19). Es cierto que hay mucha buena voluntad y esfuerzos dignos de alabanza para tratar de frenar el desarrollo del mal y sus consecuencias. Nos alegra ver que estas actitudes existen, pero no pensemos que hay posibilidad alguna para mejorar el estado natural del corazón humano. La Palabra de Dios declara: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso” (Jeremías 17:9). No es agradable oír esta constatación, pero cada uno de nosotros debe admitirla para su propio corazón.

¿Entonces no hay solución? ¡Sí! Dios, el Dios de amor, no deja a los hombres sin remedio. No nos propone esperar una mejoría de la humanidad en general, pero ofrece a cada uno un corazón nuevo. En su Palabra nos muestra que él hizo lo necesario para ello, al enviar a su Hijo Jesucristo para liberarnos. Al que cree en él como su Salvador, le ofrece una nueva vida y lo hace capaz de amar. ¡Pero es necesario aceptar su oferta con un corazón sincero!

Esdras 6 – Juan 4:1-30 – Salmo 115:1-8 – Proverbios 25:1-3

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

RESISTIR HASTA EL FIN

RESISTIR HASTA EL FIN

10/9/2017

Bienaventurado el varón que soporta la tentación [las pruebas].

Santiago 1:12

El verbo soportar en el versículo de hoy se refiere a resistir con paciencia y de forma victoriosa. Implica pasiva o incluso penosa supervivencia y se concentra en el resultado de ser victorioso. La persona que pasa por las pruebas y sale victoriosa nunca abandona su fe ni a su Dios. Demuestra que es un cristiano genuino.

Algunas personas van a la iglesia, dicen creer en Cristo y hasta se bautizan. Pero cuando se enfrentan a los problemas, ellas desaparecen. Y tal vez nunca vuelvan. Quizás afrontaron una relación quebrantada, la muerte de un ser querido, o alguna otra lucha, y las circunstancias fueron tan insoportables que culparon a Dios y se fueron, convencidas de que el cristianismo no es la solución.

Como creyentes, podemos pasar por tiempos de luchas y de dudas, pero nunca será destruida nuestra fe. Nos aferramos al Señor a pesar de nuestras pruebas porque lo amamos. Esa perseverancia amorosa resulta en verdadera bendición.

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La sabia misericordia de Dios

OCTUBRE, 09

La sabia misericordia de Dios

Devocional por John Piper

Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los judíos, y necedad para los gentiles; mas para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios. (1 Corintios 1:23-24)

En contraste con las aterradoras noticias de que hemos caído bajo la condenación de nuestro Creador —y de que su propio carácter justo lo obliga a preservar el valor de su gloria derramando ira eterna sobre nuestro pecado— encontramos las maravillosas noticias del evangelio.

Es una verdad que nadie puede aprender jamás de la naturaleza. Tiene que contarse de un vecino al otro y predicarse en las iglesias y divulgarse por medio de misioneros.

La buena noticia es que Dios mismo decretó una forma de satisfacer las demandas de su justicia sin condenar a toda la raza humana.

El infierno es una forma de saldar cuentas con los pecadores y enaltecer la justicia de Dios. Pero hay otro camino.

La sabiduría de Dios dispuso un camino para que el amor de Dios pudiera librarnos de la ira de Dios sin comprometer la justicia de Dios.

¿En qué consiste esta sabiduría? ¡En la muerte del Hijo de Dios por los pecadores!

La muerte de Cristo es la sabiduría de Dios por medio de la cual el amor de Dios salva a pecadores de la ira de Dios, a la vez que enaltece y pone de manifiesto la justicia de Dios en Cristo.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 61-62

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«Pero Jesús no le respondió palabra»

9 de octubre

«Pero Jesús no le respondió palabra».

Mateo 15:23

Los que buscan sinceramente y aún no han obtenido la bendición que tratan de alcanzar pueden sentirse confortados por la historia que tenemos delante. El Salvador no concedió enseguida la bendición a aquella mujer, aunque ella tenía una gran fe en Jesús. El Señor pensaba dársela, pero esperó un poco: «Jesús no le respondió palabra». ¿No era buena la oración de la mujer? Sí, nunca en el mundo la ha habido mejor. ¿Estaba ella realmente necesitada? Sí, angustiosamente necesitada. ¿Sentía suficientemente su necesidad? Sí, la sentía de una manera irresistible. ¿Estaba lo bastante angustiada? Sí, extremadamente angustiada. ¿Tenía fe? Sí, la tenía en tan alto grado que hasta Jesús se maravilló y le dijo: «Oh mujer, grande es tu fe». Observa, pues, que aunque es cierto que la fe trae paz a la persona, no siempre se la trae al instante. Puede haber razones para que la fe se pruebe en vez de recompensarse. La fe genuina quizá esté en el alma como una semilla oculta y aun así no haya crecido y florecido en gozo y paz. La prueba más dura para muchas almas que oran es ver que el Salvador no les contesta; pero más duro aún es el dolor que produce una réplica cortante como esta: «No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos». Muchos encuentran un placer inmediato en aguardar al Señor, sin embargo no pasa lo mismo con todos. Algunos, como el carcelero, se convierten en un momento de las tinieblas a la luz, pero otros son plantas que crecen más lentamente. En lugar de un sentimiento de perdón tal vez se te conceda un sentido más profundo de tu pecado. En ese caso tendrás necesidad de paciencia para soportar el duro golpe. ¡Ah, pobre corazón!, aunque Cristo te golpee, te hiera o hasta te mate, confía en él; aunque te conteste agriamente, cree en el amor de su corazón. Te ruego que no dejes de suplicar a mi Señor ni de confiar en él porque no hayas obtenido el gozo que anhelabas. Arrójate más bien sobre él y confía de manera constante, aun cuando no seas capaz de esperar con regocijo.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 293). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

La división del reino

9 OCTUBRE

1 Reyes 12 | Filipenses 3 | Ezequiel 42 | Salmo 94

La división del reino en dos partes dispares—el reino de Israel con sus diez tribus al norte y el reino de Judá con dos tribus al sur (1 Reyes 12)—nos presenta una dinámica asombrosa entre la soberanía de Dios y la responsabilidad humana.

Dios ya había anunciado, a través del profeta Ahías, que Jeroboam le arrancaría al sucesor de Salomón las diez tribus del norte (11:26–40). A Jeroboam se le dijo de manera explícita que, si permanecía fiel al Señor, este establecería para él una dinastía. No obstante, una vez Jeroboam asegura las tribus del norte, lo primero que hace es construir becerros de oro en Betel y en Dan, y consagrar sacerdotes no levíticos porque no quiere que su pueblo viaje hasta el templo en Jerusalén (12:25–33). ¿Acaso no se da cuenta de que si Dios tiene el poder para darle las diez tribus y la preocupación de advertirle sobre la infidelidad, ciertamente también lo tiene para preservar la integridad del reino del norte aunque el pueblo suba a Jerusalén para las fiestas principales? No obstante, Jeroboam ejecuta sus juicios políticos, rehúsa obedecer a Dios y se muestra desagradecido ante lo que se le ha concedido. Su único legado duradero es que, en todo el resto del Antiguo Testamento, se le nombra como “Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel” (2 Reyes 14:24, por ejemplo).

Más inexplicable aún es Roboam, el hijo de Salomón. Puede que Salomón haya sido un diestro administrador de la justicia, pero, al final de su vida, sus proyectos enormemente costosos estaban desgastando a su pueblo. Sus representantes le garantizan a Roboam que le serán fieles únicamente si les alivia un poco la carga. Los ancianos le aseguran a Roboam que su petición es razonable: debe tomar la actitud de siervo ante este pueblo y servirle, pues así descubrirá que ellos le servirán para siempre (12:7). Con una enorme insensibilidad y crasa estupidez, Roboam escucha el consejo de “jóvenes” ensimismados que no tenían la menor noción sobre la gente en general y sobre esta nación en particular (12:8), de manera que Roboam responde con dureza, no sólo rechazando la petición del pueblo, sino prometiendo más exigencias y mayor brutalidad. Y, de repente, la rebelión ha comenzado.

Aun así, el escritor comenta: “De modo que el rey no le hizo caso al pueblo. Las cosas tomaron este rumbo por voluntad del Señor, para que se cumpliera lo que ya él le había dicho a Jeroboam hijo de Nabat por medio de Ahías el silonita” (12:15). La soberanía de Dios (ver, por ejemplo, la meditación del 3 de junio) no excusa ni mitiga la insensatez de Roboam ni la rebelión de Jeroboam; su estupidez y pecado no significa que Dios haya perdido el control. Estos misterios de la providencia hacen difícil “leer” la historia; también se vuelven un enorme consuelo y nos permiten descansar en Romanos 8:28.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 282). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Atrapado!

lunes 9 octubre

Los caminos del hombre están ante los ojos del Señor… Prenderán al impío… y retenido será con las cuerdas de su pecado.

Proverbios 5:21-22

Él te librará del lazo del cazador.

Salmo 91:3

¡Atrapado!

Capturar a un mono en la selva tropical parece ser un ejercicio relativamente fácil. El cazador vacía un coco y hace tres agujeros en la cáscara: dos para pasar una cuerda y otro suficientemente grande para que un mono pueda meter su mano. Luego basta con meter una fruta en el coco, fijar el coco a un árbol… y esperar. Rápidamente un mono curioso introduce la mano en el coco y toma lo que encuentra en él. ¡Pero después no puede retirar su mano aferrada al botín! Y en vez de soltar lo que tomó para poder salvarse, el mono se agota luchando, sin ningún resultado. ¡Está atrapado, a merced del cazador! Se acabó la libertad, los grandes espacios del bosque… Si este mono no fue capturado para ser comido, ¡es probable que se quede para siempre tras las rejas de una jaula en un parque zoológico!

Nosotros también corremos el riesgo de dejarnos atrapar fácilmente por la curiosidad. «Solo una vez para ver», decimos antes de dar el primer paso que puede llevarnos a una adicción devastadora: juegos de dinero, alcohol, droga, pornografía, prácticas ocultas…

Querido lector, si está atrapado en una de estas trampas, no se agote tratando de encontrar una solución por sí mismo: ¡clame a Dios, el Dios de salvación! Él responde a toda alma sincera que está dispuesta a entregarle su vida. Le ayudará a renunciar a lo que lo esclaviza. Lo liberará y le revelará la felicidad de vivir con él.

“Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir… no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo” (1 Pedro 1:18-19).

Esdras 5 – Juan 3:22-36 – Salmo 114 – Proverbios 24:30-34

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

PRUEBAS BIENAVENTURADAS

PRUEBAS BIENAVENTURADAS

10/8/2017

Tenemos por bienaventurados a los que sufren.

Santiago 5:11

Santiago terminó su disertación acerca de las pruebas diciendo: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación [las pruebas]” (1:12). Las personas que soportan con éxito las pruebas y vencen la tentación son realmente felices. Santiago no dice que la felicidad es la libertad de las pruebas, sino la victoria sobre ellas. Hay una gran diferencia. No es el gozo superficial del espectador que nunca estuvo en el conflicto; es la alegría del participante que luchó y ganó. ¿Es su experiencia como la del primero o la del
segundo?

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Nuestro bien es el deleite de Dios

OCTUBRE, 08

Nuestro bien es el deleite de Dios

Devocional por John Piper

Haré con ellos un pacto eterno, por el que no me apartaré de ellos, para hacerles bien, e infundiré mi temor en sus corazones para que no se aparten de mí. Me regocijaré en ellos haciéndoles bien, y ciertamente los plantaré en esta tierra, con todo mi corazón y con toda mi alma. (Jeremías 32:40-41)

Dios en búsqueda de nuestra alabanza y nosotros en búsqueda de deleitarnos en él son una misma búsqueda. El propósito de Dios de ser glorificado y nuestro propósito de ser satisfechos alcanzan su meta en esta única experiencia: nuestro deleite en Dios, que se desborda en forma de alabanza.

Para Dios, la alabanza es el dulce eco de su propia excelencia en el corazón de sus hijos.

Para nosotros, la alabanza es la cumbre de nuestra satisfacción, que surge de vivir en comunión con Dios.

La deslumbrante implicación de este descubrimiento es que toda la energía omnipotente que mueve el corazón de Dios a buscar su propia gloria también lo impulsa a satisfacer los corazones de aquellos que buscan gozarse en él.

Las buenas nuevas de la Biblia consisten en que Dios no se muestra para nada renuente a satisfacer los corazones de aquellos que esperan en él. Ocurre exactamente lo opuesto: aquello que puede hacernos más felices que ninguna otra cosa es también en lo que Dios se deleita con todo su corazón y con toda su alma.

Con todo su corazón y con toda su alma, Dios se une a nosotros en la búsqueda de nuestro gozo eterno, porque la consumación de ese gozo en él redunda en la gloria de su propia valía infinita.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 53-54

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

«Orando en el Espíritu Santo»

8 de octubre

«Orando en el Espíritu Santo».

Judas 20

Observa la notable característica de la verdadera oración: «En el Espíritu Santo». La semilla de la devoción aceptable debe proceder de los graneros del Cielo. Solo la oración que viene de Dios puede volver a Dios. Las flechas que nos lanza el Señor tenemos que disparárselas de nuevo a él. El deseo que Dios ha estampado en nuestros corazones le conmoverá y nos traerá la bendición; pero aquellos deseos que son de la carne no tienen poder alguno delante de él.

Orar en el Espíritu Santo es orar con fervor. Las oraciones frías parecen pedirle al Señor que no las oiga. Aquellos que no ruegan con fervor no ruegan en absoluto. Hablar de oraciones frías es como hablar de un fuego frío. Es indispensable que la oración sea ardiente. Orar en el Espíritu es orar con perseverancia: el que ora con sinceridad va adquiriendo poder a medida que avanza en la oración y, cuando Dios tarda en responderle, ora con más fervor. Cuanto más tiempo la puerta permanece cerrada, tanto más fuerte es el aldabonazo de la oración; y cuanto más se demora el ángel en contestar, tanto más resuelta está ella a no dejarlo ir sin que la bendiga. Hermosa es a lo ojos de Dios la importunidad que llora, lucha y prevalece. Orar en el Espíritu es orar con humildad, pues el Espíritu Santo nunca nos hinchará de orgullo. Su misión es convencer de pecado y así humillarnos en contrición y quebrantamiento de espíritu. Nunca cantaremos Gloria in excelsis hasta que oremos a Dios De profundis. Debemos clamar de lo profundo, de otro modo jamás contemplaremos la gloria en toda su magnitud. Orar en el Espíritu es orar con amor. La oración debe estar perfumada con amor, saturada de amor: amor a nuestros hermanos y a Cristo. Además, la oración ha de estar llena de fe. El hombre solo prevalece cuando cree. El Espíritu Santo es el autor de la fe y quien alienta esta última para que oremos creyendo en las promesas de Dios. ¡Ojalá esta feliz combinación de virtudes excelentes, inapreciables y aromáticas como las especias de los mercaderes, sea fragante en nosotros por el Espíritu Santo que está en nuestros corazones! ¡Oh muy bendito Consolador, ejerce tu irresistible poder sobre nosotros ayudándonos con nuestras flaquezas en la oración!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 292). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.