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«Pero Jesús no le respondió palabra»

9 de octubre

«Pero Jesús no le respondió palabra».

Mateo 15:23

Los que buscan sinceramente y aún no han obtenido la bendición que tratan de alcanzar pueden sentirse confortados por la historia que tenemos delante. El Salvador no concedió enseguida la bendición a aquella mujer, aunque ella tenía una gran fe en Jesús. El Señor pensaba dársela, pero esperó un poco: «Jesús no le respondió palabra». ¿No era buena la oración de la mujer? Sí, nunca en el mundo la ha habido mejor. ¿Estaba ella realmente necesitada? Sí, angustiosamente necesitada. ¿Sentía suficientemente su necesidad? Sí, la sentía de una manera irresistible. ¿Estaba lo bastante angustiada? Sí, extremadamente angustiada. ¿Tenía fe? Sí, la tenía en tan alto grado que hasta Jesús se maravilló y le dijo: «Oh mujer, grande es tu fe». Observa, pues, que aunque es cierto que la fe trae paz a la persona, no siempre se la trae al instante. Puede haber razones para que la fe se pruebe en vez de recompensarse. La fe genuina quizá esté en el alma como una semilla oculta y aun así no haya crecido y florecido en gozo y paz. La prueba más dura para muchas almas que oran es ver que el Salvador no les contesta; pero más duro aún es el dolor que produce una réplica cortante como esta: «No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos». Muchos encuentran un placer inmediato en aguardar al Señor, sin embargo no pasa lo mismo con todos. Algunos, como el carcelero, se convierten en un momento de las tinieblas a la luz, pero otros son plantas que crecen más lentamente. En lugar de un sentimiento de perdón tal vez se te conceda un sentido más profundo de tu pecado. En ese caso tendrás necesidad de paciencia para soportar el duro golpe. ¡Ah, pobre corazón!, aunque Cristo te golpee, te hiera o hasta te mate, confía en él; aunque te conteste agriamente, cree en el amor de su corazón. Te ruego que no dejes de suplicar a mi Señor ni de confiar en él porque no hayas obtenido el gozo que anhelabas. Arrójate más bien sobre él y confía de manera constante, aun cuando no seas capaz de esperar con regocijo.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 293). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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