“Apóstoles y Profetas”

3 OCTUBRE

1 Reyes 6 | Efesios 3 | Ezequiel 36 | Salmo 86

Un “misterio” en los escritos de Pablo no suele ser algo “misterioso” y mucho menos un enigma al estilo de las novelas policíacas. Es una verdad o doctrina que, en cierta medida, estaba escondida durante las generaciones anteriores y que ahora, con la llegada del evangelio, se ha descubierto y publicado. A veces el evangelio mismo se trata como un misterio, pero lo más común es que se denomine así algún elemento del evangelio.

En Efesios 3:2–13, Pablo afirma que, junto con otros “apóstoles y profetas” (3:5), disfruta de un conocimiento profundo del “misterio de Cristo… que en otras generaciones no se dio a conocer a los seres humanos, ahora se les ha revelado por el Espíritu” (3:4–5). Luego nos expone el contenido de este misterio: “que los gentiles son, junto con Israel, beneficiarios de la misma herencia, miembros de un mismo cuerpo y participantes igualmente de la promesa en Cristo Jesús mediante el evangelio” (3:6).

Debemos reflexionar sobre las maneras es que estaba escondido este misterio. Las Escrituras del Antiguo Testamento ciertamente en ocasiones adelantaban que la gracia de Dios se extendería a los hombres y las mujeres de todas las razas. El pacto abrahámico anticipó que en la descendencia de Abraham serían benditas todas las familias de la tierra (Génesis 12:3; ver meditación del 11 de enero). ¿Qué hay de escondido en eso? No obstante, el hecho es que el espacio que la Biblia le dedica a la ley de Moisés, sobre todo unido al creciente cuerpo de interpretación que hacía de la ley mosaica el marco interpretativo que controlaba la lectura de gran parte del Antiguo Testamento, causaba que este énfasis más amplio se perdiera de vista. Así que, por un lado, este ocultar se puede ver como un plan cuidadoso de Dios para esconder la gloria de su “propósito eterno” (3:11) hasta que llegara el tiempo adecuado para revelarla. Por otro, el ocultar se debe a la perversidad humana, que lee las Escrituras del Antiguo Testamento de tal manera que domestica y disminuye las verdaderas dimensiones de sus promesas.

Con la llegada de Jesucristo, las formas con las cuales los libros del Antiguo Testamento apuntaban hacia el futuro se hicieron incalculablemente más claras. La gran comisión de Jesús selló la misión de sus discípulos con una dimensión internacional que avergüenza todo parroquialismo. Sobre todo, la comprensión que Jesús tenía del Antiguo Testamento estableció unos nuevos paradigmas. Si se lee correctamente, en su secuencia histórica lineal, el relato del Antiguo Testamento no enfatiza tanto la ley de Moisés como algunos pensaban. De hecho, el pacto mosaico resulta ser un fracaso, en términos de su efectividad para cambiar a la gente. Su mayor éxito radica en suministrar los modelos que predicen cómo sería el máximo salvador, el máximo sacerdote, el máximo templo y el máximo sacrificio. Y Pablo es el apóstol que no sólo predica este misterio, sino que lo hace a los gentiles, los más afectados por su contenido.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 276). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El poder de la Palabra de Dios

(Jesús dijo:) Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.

Juan 6:63

La palabra de Dios es viva y eficaz.

Hebreos 4:12

El poder de la Palabra de Dios

En los años 1930, un vendedor había logrado vender una Biblia en un pueblo aislado de Polonia. Cuando tres años más tarde volvió a ese pueblo, sintió un gran gozo: doscientas personas habían sido llevadas a la fe en Cristo, ¡gracias a la lectura de la única Biblia que poseían!

Como aquellos cristianos solo tenían a disposición un ejemplar de la Biblia, habían decidido dividir cuidadosamente el libro en varias partes para que circulasen entre los habitantes, y así beneficiarse todos de la lectura.

El vendedor organizó un encuentro con aquellos creyentes y les preguntó si podían decir de memoria algunos versículos de la Biblia. Uno de los oyentes le preguntó: «¿Comprendimos bien? ¿Se refiere a versículos o capítulos?».

Muy sorprendido, el vendedor descubrió que estos creyentes habían aprendido de memoria no solo versículos aislados, sino varios capítulos e incluso libros enteros de la Biblia. Algunos podían repetir de memoria un evangelio entero, otros una parte del libro de los Salmos o de Génesis. En total, aquellos doscientos creyentes podían recitar prácticamente toda la Biblia. Gracias a Dios, porque las partes de la Biblia, que eran leídas diariamente e iban de casa en casa, estaban tan gastadas que casi no eran legibles.

¡Memoricemos, nosotros también, la Palabra de Dios! ¡Démosla a conocer, pues el Señor mismo prepara los corazones para que sea recibida!

Sofonías 2 – Filemón – Salmo 109:20-31 – Proverbios 24:17-18

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

LA FE DE ABRAHAM

LA FE DE ABRAHAM

10/2/2017

Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos.  Hebreos 11:17-19

La obediencia de Abraham requirió una gran fe. Estuvo dispuesto a obedecer a Dios porque creía que Dios podía resucitar a los muertos, aunque nunca había visto que los muertos resucitaran. Creía que Dios era tan fiel a su Palabra y a su carácter que, si hacía una promesa, resucitaría aun a los muertos para cumplirla. ¿Es acaso asombroso que sea el ejemplo humano más grande de fe?

El apóstol Pablo también comentó sobre la fe de Abraham: “Los que son de fe, éstos son hijos de Abraham… Los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham” (Gál. 3:7, 9). Cualquiera que vive por la fe en Dios es en un sentido espiritual hijo de Abraham. Él es el padre de los fieles. La historia de Abraham nos dice que un hombre puede pasar por la más severa prueba de la vida imaginable si confía en Dios, creyendo que cumplirá su promesa y logrará sus propósitos sin cometer un error.

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Dios no está deprimido

OCTUBRE, 02

Dios no está deprimido

Devocional por John Piper

El Señor hace nulo el consejo de las naciones; frustra los designios de los pueblos. El consejo del Señor permanece para siempre, los designios de su corazón de generación en generación. (Salmos 33:10-11)

«Nuestro Dios está en los cielos; Él hace lo que le place» (Salmos 115:3). La implicación de este pasaje es que Dios tiene el derecho de hacer lo que lo haga feliz, y cuenta con el poder para llevarlo a cabo. Esto es lo que significa decir que Dios es soberano.

Pensémoslo por un momento: si Dios es soberano y puede hacer lo que le plazca, entonces ninguno de sus propósitos puede ser frustrado. «El Señor hace nulo el consejo de las naciones; frustra los designios de los pueblos. El consejo del Señor permanece para siempre, los designios de su corazón de generación en generación» (Salmos 33:10-11).

Y si ninguno de sus propósitos puede ser frustrado, entonces él debe ser el más feliz de todos los seres vivientes.

Esta felicidad infinita y divina es la fuente de la que el cristiano (hedonista) bebe y anhela beber más y más.

¿Se imaginan cómo sería todo si el Dios que gobierna el mundo no fuera feliz? ¿Qué pasaría si Dios fuera dado a la queja, el refunfuño y la depresión, como un gigante caprichoso que habita en el cielo? ¿Qué pasaría si Dios estuviera frustrado y abatido y deprimido y taciturno y triste y desanimado?

¿Podríamos entonces decir junto a David: «Oh Dios, tú eres mi Dios; te buscaré con afán. Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela cual tierra seca y árida donde no hay agua» (Salmos 63:1)? Lo dudo.

Todos nos relacionaríamos con Dios como los niños pequeños que tienen un padre frustrado, abatido, taciturno y desanimado. No pueden disfrutar su compañía. Solo pueden intentar no molestarlo, o quizás tratar de hacer algo para ganar un poco de su favor. El objetivo del hedonista cristiano es ser feliz en Dios, deleitarse en él, regocijarse en él y disfrutar de su comunión y favor.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 32-33

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Varón muy amado

2 de octubre

«Varón muy amado».

Daniel 10:11

Hijo de Dios, ¿vacilas en apropiarte este título? ¿Acaso tu incredulidad te ha hecho olvidar que tú también eres muy amado? ¿Puedes pensar que no se te ha amado mucho cuando la Palabra de Dios dice que fuiste comprado con la preciosa sangre de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación? Cuando Dios hirió por ti a su Unigénito Hijo, ¿no demostró con eso que para él eras muy amado? Dios fue muy paciente contigo mientras vivías desenfrenadamente en el pecado. ¿No demuestra esto que te amaba mucho? Tú fuiste llamado por gracia, conducido al Salvador y hecho hijo de Dios y heredero del Cielo. ¿No prueba todo ello un amor grande y superabundante? Cuando, desde entonces, tus senderos se han presentado escabrosos por las dificultades o llanos por las misericordias, ¿no ha habido también en esto muchas pruebas de que eras un «varón muy amado»? Si el Señor te ha castigado, no lo ha hecho con ira. Si te ha constituido pobre, en cambio, en la gracia te ha hecho rico. Cuanto más indigno te sientas, tantas más pruebas tendrás de que nada sino un amor inefable ha podido guiarte al Señor Jesús para que él salvara un alma como la tuya. Cuanto más carente de méritos te sientas, más clara será para ti la manifestación del inmenso amor de Dios al elegirte, llamarte y hacerte heredero de bendición. Ahora bien, si existe tal amor entre Dios y nosotros, vivamos bajo el influjo y la bondad del Señor, y utilicemos el privilegio que nos concede esa posición. No nos acerquemos a Dios como si fuéramos extranjeros o como si él no deseara oírnos; pues somos muy amados por nuestro amoroso Padre: «El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?» (Ro. 8:32). Ven confiadamente, oh creyente, pues, a pesar de los susurros de Satanás y de las dudas de tu corazón, eres «muy amado». Medita esta noche en la grandeza y en la fidelidad del amor divino y acuéstate en paz.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 286). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

La tristeza abunda

2 Octubre 2017

La tristeza abunda
por Charles R. Swindoll

Salmos 116

Es fácil que aquellos que están fuertes y saludables olviden cuántas lágrimas de sufrimiento y dolor se derraman cada día. La tristeza abunda en este mundo, y quizás está ocurriendo esta semana en su propia casa o en su propio corazón. Las lágrimas caen. El dolor se ha apoderado de usted y lo peor es que puede ocurrir repentinamente.

Recuerdo conversar una vez con un joven que trabajaba con nosotros en el equipo de apoyo de una iglesia que pastoreaba antes. Él estaba muy contento acerca de su futuro, era un chico muy agradable y con una personalidad contagiosa. Ese mismo día el murió en una colisión automovilística. En cuestión de horas, la risa se tornó en llanto. Su familia, repentinamente tuvo que enfrentar el dolor de su ausencia. Tal es la situación de la humanidad.

El compositor de Salmo 116 comprendía muy bien el afán del dolor y el sufrimiento. No sabemos los detalles que hicieron que el salmista estuviera de luto, sin embargo, la letra de este lamento antiguo nos da la pista de que su situación tenía que ver con la muerte. Uno de los versículos dice: «Me rodearon las ataduras de la muerte; me encontraron las angustias del Seol (la tumba)». También dice: «En angustia y en dolor me encontraba». Unos pocos renglones después él dice: «estaba yo postrado», más el Señor libró sus «ojos de las lágrimas». Dios, de alguna forma lo restableció de tal forma que él pudo escribir: «Estimada es en los ojos del Señor la muerte de sus fieles».

¡Asombroso! Del hoyo al pináculo… de la agonía al éxtasis.

El mismo que comienza la canción en el valle oscuro del dolor y el sufrimiento (vv. 1-2) termina con la mayor exclamación de alabanza que un judío podía expresar: «¡Aleluya!» (v. 19) la cual se traduce como «gloria a Dios».

El salmista, después de pasar en medio del valle del dolor, se sienta y relata su experiencia. Esta canción es su testimonio personal, primeramente de su amor por el Señor que lo cuidó durante las aguas turbulentas de la desesperación, el sufrimiento y el dolor (vv. 1-11) y luego su deseo de agradecerle al Señor por preservarlo (vv. 12-19). El bosquejo de esta canción pudiera ser:

I. ¡Amo al Señor! (vv. 1-11)
A. Porque me escucha (vv. 1-2)
B. Porque me rescata (vv. 3-6, 8-11)
C. Porque me cuida (vv. 7)
II. ¿Qué le puedo dar al Señor? (vv. 12-19)
A. Proclamaré sus beneficios (vv.12-13)
B. Cumpliré mis votos (vv. 14, 18-19)
C. Alabaré su nombre (vv. 15-17)

Afirmando el alma
¿Cuál evento le ha causado el mayor dolor y sufrimiento? ¿De qué forma afectó su perspectiva sobre la vida? ¿Cómo afectó su relación con Dios? ¿Qué fue lo que lo sacó de esa época oscura? ¿Qué fue lo que terminó su dolor?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

“Dios, que es rico en misericordia, nos dio vida con Cristo”

2 OCTUBRE

1 Reyes 4–5 | Efesios 2 | Ezequiel 35 | Salmo 85

A muchos cristianos se les enseña a memorizar Efesios 2:8–9: “Porque por gracia habéis sido salvados mediante la fe; esto no procede de vosotros, sino que es el regalo de Dios, 9 no por obras, para que nadie se jacte”. Ciertamente, estas líneas expresan unas verdades maravillosas. Pero quiero centrarme en algunas de las cosas que dice Pablo en los versículos cercanos.

(1) Antes de nuestra conversión, estábamos, como los efesios, muertos en nuestros “transgresiones y pecados” (2:1), debido a nuestra adicción a la transgresión y al pecado, por nuestra costumbre de seguir los caminos del mundo (2:2), porque hemos sido engañados por el diablo (2:2) a la vez que estamos comprometidos con satisfacer los deseos y pensamientos de nuestra naturaleza pecaminosa (2:3), sencillamente no teníamos manera de responder de manera positiva al evangelio. Peor aún, nuestra trágica incapacidad era moral: “Como los demás, éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios” (2:3). No había esperanza alguna para nosotros a menos que Dios mismo interviniera y produjera vida donde sólo había muerte, mostrara misericordia donde su propia justicia exigía la ira.

(2) Esto es lo que hizo Dios mientras aún estábamos muertos, por su gran amor hacia nosotros: “Dios, que es rico en misericordia, nos dio vida con Cristo” (2:4–5). Esto fue por pura gracia: ciertamente, no podíamos ayudarnos a nosotros mismos, pues estábamos “muertos” (2:5).

(3) De hecho, Dios nos une de tal manera a Cristo que, ante sus ojos, ya hemos sido levantados con él y estamos sentados “en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (2:6). Dios ha efectuado estos pasos “para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús” (2:7). De manera que nuestra máxima esperanza y expectativa es lo que todavía nos espera. Ningún cristiano puede ser estable sin ver y valorar esta perspectiva del futuro.

(4) En este momento, Pablo acentúa la absoluta gracia del don de la salvación, un regalo recibido por fe que, en sí mismo, es don de Dios y que es independiente de cualquier obra que podamos ejecutar; porque, si pudiéramos, nos jactaríamos de ellas.

(5) Ahora bien, nada de esto significa que continuamos viviendo como lo hacíamos antes: muertos en delitos, siguiendo nuestros propios deseos y pensamientos. Todo lo contrario: los que hemos recibido la gracia de Dios y la fe para aceptarla, somos “hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica” (2:10). Nadie puede disfrutar de la gracia salvadora sin que luego lleve a cabo buenas obras, de la misma manera que nadie puede experimentar la gracia salvadora sin conocer las incomparables riquezas que nos esperan en la era por venir. ¡Esta gran salvación es un compendio estupendo!

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 275). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Un testimonio procedente de Camboya

No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.

Romanos 1:16

Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados.

Mateo 9:2

Un testimonio procedente de Camboya

Bao, alistado por los jemeres rojos a la edad de 17 años, estaba completamente traumatizado por la guerra. Vio cómo mataban a sus mejores amigos. Un día su unidad capturó a un soldado enemigo a quien se le preguntó si tenía una última voluntad. El prisionero no pidió un cigarrillo, como era costumbre, sino que le leyesen un pasaje del libro que tenía en su bolsillo. Bao empezó a leer en voz alta: “Jesús dijo…”. Pero repentinamente fue interrumpido por un fuerte ruido, y no pudo seguir leyendo. Un helicóptero de combate los atacó y, en medio de la confusión, el prisionero escapó.

Al día siguiente Bao preguntó al jefe de su unidad: «¿Qué fue lo que Jesús dijo?». Este último lo miró asombrado. Bao continuó: «Mire, sin duda es algo importante para que ese tipo quisiese escucharlo antes de morir». Su jefe se enfureció y le dijo que iba a contárselo al comisario político. Bao sabía que tendría serios problemas, pero ese día su tropa fue atacada y Bao fue el único sobreviviente.

Permaneció cuatro años más en la milicia. Cada día se preguntaba qué había dicho Jesús. Al final encontró una Biblia. Bao dio el siguiente testimonio: «Por fin descubrí qué había dicho Jesús, y decidí que yo también quería morir oyendo esas palabras». Y continuó diciendo: «Dios quería salvarme; me liberó para que yo pudiese escuchar lo que Jesús dijo».

Por cierto, el mensaje de Jesús es vivo y se dirige a cada uno de nosotros.

Sofonías 1 – Tito 3 – Salmo 109:6-19 – Proverbios 24:15-16

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

 

 

LA CONFESIÓN DE JOB

LA CONFESIÓN DE JOB

10/1/2017

Yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía.

Job 42:3

En los momentos difíciles de nuestra vida, Dios puede parecer esquivo o desinteresado en nuestra difícil situación. Se debe a que nuestras emociones humanas pueden dañar la confianza en la verdad de Dios, y podemos llegar a creer que no hay ningún resultado deseable para nuestra situación actual.

Sin embargo, Job nos muestra que con resistencia y paciencia podemos aprender cualquier lección que Dios quiere que aprendamos. Fue esa misma confianza la que hizo que glorificara a Dios al terminar su tiempo de sufrimiento: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:5-6).

Como resultado de la paciencia y la confianza constantes durante su larga prueba, Job alcanzó un nuevo conocimiento de su Dios soberano y una mayor seguridad de las alegrías de ser tratado como uno de sus hijos.

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El Objeto que todo lo satisface

OCTUBRE, 01

El Objeto que todo lo satisface

Devocional por John Piper

Pon tu delicia en el Señor, y Él te dará las peticiones de tu corazón (Salmos 37:4)

La búsqueda del deleite no es siquiera una opción, sino un mandamiento (en los Salmos): «Pon tu delicia en el Señor, y Él te dará las peticiones de tu corazón » (Salmos 37:4).

Los salmistas iban en pos de ello: «Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente» (Salmos 42:1-2); «Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela cual tierra seca y árida donde no hay agua» (Salmos 63:1).

El motivo de la sed encuentra la contrapartida que lo satisfaga cuando el salmista afirma que los hombres «se sacian de la abundancia de tu casa, y les das a beber del río de tus delicias» (Salmos 36:8).

He descubierto que la bondad de Dios, el fundamento mismo de la adoración, no es algo a lo que uno le presenta sus respetos en una reverencia desinteresada. No, es algo en lo que nos regocijamos: «Probad y ved que el Señor es bueno» (Salmos 34:8).

«¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras!, más que la miel a mi boca» (Salmos 119:103).

Como dijo C. S. Lewis, Dios en los Salmos es «el Objeto que todo lo satisface». Su pueblo lo adora sin reparo alguno por el «supremo gozo» que halla en él (Salmos 43:4). Él es la fuente del deleite completo e inagotable: «En tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra, deleites para siempre» (Salmos 16:11).


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 23-27

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