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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

“Dios, que es rico en misericordia, nos dio vida con Cristo”

2 OCTUBRE

1 Reyes 4–5 | Efesios 2 | Ezequiel 35 | Salmo 85

A muchos cristianos se les enseña a memorizar Efesios 2:8–9: “Porque por gracia habéis sido salvados mediante la fe; esto no procede de vosotros, sino que es el regalo de Dios, 9 no por obras, para que nadie se jacte”. Ciertamente, estas líneas expresan unas verdades maravillosas. Pero quiero centrarme en algunas de las cosas que dice Pablo en los versículos cercanos.

(1) Antes de nuestra conversión, estábamos, como los efesios, muertos en nuestros “transgresiones y pecados” (2:1), debido a nuestra adicción a la transgresión y al pecado, por nuestra costumbre de seguir los caminos del mundo (2:2), porque hemos sido engañados por el diablo (2:2) a la vez que estamos comprometidos con satisfacer los deseos y pensamientos de nuestra naturaleza pecaminosa (2:3), sencillamente no teníamos manera de responder de manera positiva al evangelio. Peor aún, nuestra trágica incapacidad era moral: “Como los demás, éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios” (2:3). No había esperanza alguna para nosotros a menos que Dios mismo interviniera y produjera vida donde sólo había muerte, mostrara misericordia donde su propia justicia exigía la ira.

(2) Esto es lo que hizo Dios mientras aún estábamos muertos, por su gran amor hacia nosotros: “Dios, que es rico en misericordia, nos dio vida con Cristo” (2:4–5). Esto fue por pura gracia: ciertamente, no podíamos ayudarnos a nosotros mismos, pues estábamos “muertos” (2:5).

(3) De hecho, Dios nos une de tal manera a Cristo que, ante sus ojos, ya hemos sido levantados con él y estamos sentados “en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (2:6). Dios ha efectuado estos pasos “para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús” (2:7). De manera que nuestra máxima esperanza y expectativa es lo que todavía nos espera. Ningún cristiano puede ser estable sin ver y valorar esta perspectiva del futuro.

(4) En este momento, Pablo acentúa la absoluta gracia del don de la salvación, un regalo recibido por fe que, en sí mismo, es don de Dios y que es independiente de cualquier obra que podamos ejecutar; porque, si pudiéramos, nos jactaríamos de ellas.

(5) Ahora bien, nada de esto significa que continuamos viviendo como lo hacíamos antes: muertos en delitos, siguiendo nuestros propios deseos y pensamientos. Todo lo contrario: los que hemos recibido la gracia de Dios y la fe para aceptarla, somos “hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica” (2:10). Nadie puede disfrutar de la gracia salvadora sin que luego lleve a cabo buenas obras, de la misma manera que nadie puede experimentar la gracia salvadora sin conocer las incomparables riquezas que nos esperan en la era por venir. ¡Esta gran salvación es un compendio estupendo!

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 275). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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