El libro de los muertos y el libro de la vida

(Jesús dijo a sus discípulos:) Regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

Lucas 10:20

El que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

Apocalipsis 20:15

El libro de los muertos y el libro de la vida

En la capilla de San Jorge, en Inglaterra, hay un memorial de la segunda guerra mundial. Consta de cuatro libros grandes que contienen los nombres de 60.000 civiles que murieron en Londres debido a los bombardeos. Uno de esos libros está abierto sobre el altar, y una lámpara ilumina los nombres inscritos en la página, que es pasada cada día.

Este es el libro de los muertos, pero nos hace pensar en otro libro que la Biblia llama “el libro de la vida”. Dios lo tiene al día en el cielo con la mayor exactitud. En él están inscritos los nombres de todos los que reconocieron que estaban perdidos debido a sus pecados y que creyeron en el sacrificio de Cristo. La Palabra de Dios nos advierte: si despreciamos la bondad de Dios, o si somos indiferentes a esta bondad que nos invita a arrepentirnos, nuestro nombre no figurará en “el libro de la vida”. En el día del juicio ese libro será abierto, y “el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego”.

¡Qué contraste con el destino eterno de “los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero” (Apocalipsis 21:27). Solo estos podrán disfrutar del gozo de la casa del Padre. Serán admitidos en ella como sus hijos y lo adorarán eternamente.

Jesús dijo a sus discípulos: “Regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos”. Querido lector, ¿su nombre está inscrito en el libro de la vida? Recuerde que “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1).

1 Reyes 11:1-22 – Marcos 12:1-27 – Salmo 57:6-11 – Proverbios 15:15-16

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Dependa de los recursos divinos

Dependa de los recursos divinos

5/13/2017

Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. (Filipenses 3:15)

Lamentablemente, en todas las iglesias hay cristianos contentos con su estado espiritual. En vez de reconocer su necesidad, invierten sus energías justificando el nivel que han alcanzado.

El versículo de hoy esencialmente dice que, si algunos creyentes no comprenden todavía la importancia de buscar el crecimiento, Dios tendrá que revelársela. Pongo todo mi corazón en mis mensajes, pero comprendo que algunos de mis oyentes seguirán sin consagrar su vida. Cuando se llega a ese punto con alguien a quien se está ayudando, hay que pedirle a Dios que se revele a esa persona.

En la búsqueda de Cristo, todos tenemos que depender de los recursos divinos. Habrá momentos en la carrera en los que usted no tenga la debida actitud, y Dios tendrá que revelarle eso a fin de que usted pueda seguir adelante.

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«El SEÑOR es mi porción»

13 de mayo

«El SEÑOR es mi porción»

Salmo 119:57 (LBLA)

Contempla tus posesiones, oh creyente, y compara tu porción con la suerte de tus semejantes. Algunos de ellos tienen su porción en el campo: son ricos y sus cosechas les producen un aumento de oro; ¿pero qué son esas cosechas comparadas con tu Dios, que es el Dios de las cosechas? ¿Qué son los graneros rotos comparados con él, que es el Labrador, que te alimenta con el pan del Cielo? Algunos tienen su porción en la ciudad: sus riquezas son abundantes y fluyen hacia sus cajas a raudales, hasta transformarse en un verdadero depósito de oro; ¿pero qué es el oro comparado con tu Dios? Tú no podrías nutrirte de él: tu vida espiritual no se podría sustentar con el mismo. Pon el oro sobre una conciencia turbada: ¿acaso podría quitar sus penas? Aplícalo a un corazón desalentado y mira si ese oro puede reprimir un solo gemido o dar un dolor de menos. Sin embargo, tú tienes a Dios y, en él, más de lo que el oro o las riquezas pudieran comprar. La porción de algunos consiste en aquello que la mayor parte de los hombres ambicionan más: a saber, el aplauso y la fama; pero pregúntate a ti mismo si no es tu Dios para ti más que todo esto. Si una miríada de clarines tocara fuerte en tu honor, ¿te prepararía eso para cruzar el Jordán o te alentaría ante la perspectiva del Juicio? No; hay dolores en la vida que las riquezas no pueden aliviar, y para la gran necesidad de la hora de la muerte ninguna fortuna puede hacer provisión. No obstante, si tienes a Dios como porción tuya, cuentas con más que todos los demás seres humanos juntos. En él se satisface toda necesidad: ya sea en la vida o en la muerte. Con Dios como tu herencia, eres realmente rico, porque él suplirá tu necesidad, confortará tu corazón, mitigará tu dolor, guiará tus pasos, estará contigo en el valle de sombra de muerte y, después, te llevará al hogar para gozar de él como porción tuya para siempre. «Suficiente tengo yo», dijo Esaú: esto es lo mejor que una persona mundana puede decir. Sin embargo, Jacob le replicó: «Todo lo que hay aquí es mío» (Gn. 33:9, 11); lo cual es una nota demasiado alta para las mentes carnales.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 142). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Nunca te rebajes hasta el punto de comerciar con la palabra de Dios

13 MAYO

Nunca te rebajes hasta el punto de comerciar con la palabra de Dios

Números 22 | Salmos 62–63 | Isaías 11–12 | Santiago 5

Recientemente recibí una llamada de alguien que quería contratarme como su teólogo particular. De modo que, en caso de que me escribiera o llamase, yo, tendría que responder a las preguntas que tuviese.

No llegué a preguntarle en qué cifra de dinero había pensado. Tampoco quiero cuestionar su motivación: es posible que quisiese ayudarme, o incluso honrarme o quizá simplemente quería pagarme un servicio prestado. Pero sabiendo con qué facilidad mis propias motivaciones se pueden corromper, le dije que de ninguna manera podía entrar en un arreglo de esta clase. Los predicadores no deberían considerarse como asalariados. Más bien, están siendo sostenidos por el pueblo de Dios a fin de que puedan estar libres para servir. Si me escribía, haría lo que pudiese para responder a sus preguntas, con los mismos criterios que aplico para decidir si responder o no a las numerosas preguntas que recibo cada año.

Números 22 comienza con el relato de Balán. Su vida de altibajos tiene mucho que enseñarnos, pero la lección que se destaca en el primer capítulo es el peligro que existe para un predicador o un profeta de sacrificar su independencia en el altar de la prosperidad material. Tarde o temprano el amor al dinero corromperá su ministerio.

El hecho de que Balán era profeta de Dios demuestra que seguía habiendo personas que retenían ciertos conocimientos acerca del único Dios verdadero. El llamamiento de Abraham y el nacimiento del pueblo de Israel no significan que no hubiese otros que también conociesen al único Creador soberano: otro ejemplo es Melquisedec (Gen 14). Además, Balán, parece que poseía un don profético de origen sobrenatural: a veces pronunciaba oráculos que realmente procedían de Dios mismo. Era suficientemente consciente de su don misterioso como para comprender que no era algo que pudiese manipular, y que si se trataba de un oráculo divino auténtico, él mismo no podía controlar el contenido. Sólo podía proclamar lo que Dios le mandaba decir.

Pero esto no impidió que codiciase la oferta de dinero por parte de Balac. A ojos de Balac, Balán era una especie de mago o hechicero, semejante a un practicante del vudú, alguien que viniese y maldijese al pueblo de Israel. Dios le prohíbe con contundencia que fuese con Balaac: Dios relaja la prohibición, permitiéndole que vaya, con la condición de que se limite a hacer lo que Dios le manda (22:20). Al mismo tiempo, Dios se opone a Balán en juicio, puesto que está motivado por un corazón avaricioso. Sólo la señal milagrosa de la asna que habla le inculca suficiente miedo como para guardar silencio (22:32–39).

Nunca te rebajes hasta el punto de comerciar con la palabra de Dios.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 133). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Los líderes estimulantes

13 Mayo 2017

Los líderes estimulantes
por Charles R. Swindoll

Hechos 17:1-9

1 Tesalonicenses 2:1-11

Los buenos líderes son entusiastamente estimulantes. Una vez más, Pablo escribe: “Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente actuamos entre vosotros los creyentes. En esto, sabéis que fuimos para cada uno de vosotros como el padre para sus propios hijos: Os exhortábamos, os animábamos” (1 Tesalonicenses 2:10, 11). Primero fue como una madre que cuida tiernamente a sus pequeños, y ahora vemos a un padre alentando y exhortando a sus hijos.

¿Se ha sentado usted alguna vez en las gradas de un campo de juego, frente al padre del jugador defensa de un equipo de fútbol de la escuela secundaria? Él es su animador exclusivo. ¿Por qué razón? ¡Porque es su papá! El chico en el campo piensa: “Papá, cállate”. Pero él está allí, de pie, gritando a todo pulmón, saboreando cada momento de lo que hace su hijo.

Quizás usted ha anhelado recibir más estímulo de sus padres. Seamos realistas: El estímulo juega un papel muy importante en la preparación de un hijo para la vida. Nadie debe recibir más estímulo de nosotros que nuestros propios hijos.

Bastante irrefutable, ¿no le parece?

Lo que vale para nuestros propios hijos, vale también para los hijos de Dios. El buen liderazgo equilibra el tierno cuidado de una madre con el amoroso estímulo de un padre. El estímulo es como un oasis en el desierto. Proporciona el necesario refrigerio a los cansados cuyas almas están resecas por el tiempo pasado en el desierto de sus dudas acerca de sí mismos. También está el desierto del fracaso cuando nos hemos esforzado por tener éxito, y el desierto de la falta de avance cuando queremos que algo suceda y no sucede. Está, asimismo, el desierto del rechazo familiar, del maltrato y de mil otros paisajes áridos e infecundos de la vida.

En esas experiencias de desierto, usted anhela tener un oasis donde pueda conseguir un sorbo de agua fría. Aunque no lo tuvo de su padre, finalmente vienen de las palabras de estímulo de un líder que, al hablar, hunde su cucharón en el agua fría y la saca para calmar su sed y refrescar su alma.

Los líderes que estimulan crean seguidores fieles.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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En el fondo de todo

MAYO, 13

En el fondo de todo

Devocional por John Piper

En amor nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad. (Efesios 1:5)

La experiencia de Charles Spurgeon no se encuentra fuera del alcance del común de los cristianos.

Spurgeon (1834-1892) fue contemporáneo de George Mueller. Por más de treinta años sirvió en el Tabernáculo Metropolitano de Londres y fue el pastor más famoso de su época.

Sus prédicas eran tan poderosas que más y más personas se convertían a Cristo cada semana. Sus sermones se siguen imprimiendo hasta el día de hoy y muchos lo consideran un modelo de predicador con el don de ganar de almas.

Él trae a memoria una experiencia que tuvo a los dieciséis años que marcó su vida y su ministerio para siempre:

Cuando me acercaba a Cristo, pensaba que todo lo hacía por mí mismo, y aunque yo buscaba al Señor de todo corazón, no tenía la menor idea de que el Señor me estaba buscando a mí. No creo que un joven creyente sea consciente de esto al principio.

Puedo recordar con exactitud el mismísimo momento en que recibí esas verdades [la doctrina de la elección] por primera vez en mi propia alma, cuando —como lo expresaría John Bunyan— fueron grabadas en mi corazón como un hierro candente. Recuerdo haber sentido que había crecido súbitamente, había dejado de ser un niño y me había vuelto un hombre adulto; sentí que había profundizado mi conocimiento de las Escrituras al haber encontrado, de una vez por todas, la clave de la verdad de Dios.

Una noche entre semana estaba sentado en la casa de Dios y no estaba muy atento al sermón del predicador, porque no creía lo que decía.

Entonces vino el pensamiento: ¿Cómo llegué a ser cristiano? Busqué al Señor. Pero ¿qué me llevó a buscar al Señor? La verdad atravesó mi mente en un segundo como un relámpago: no hubiera buscado al Señor si no hubiera habido antes una influencia en mi mente que me hubiera hecho buscarlo. Yo oré, pensé entonces. Pero luego me pregunté: ¿Qué me llevó a orar? Leer las Escrituras fue lo que me llevó a orar. ¿Qué me llevó a leer las Escrituras? Es cierto que las había leído, pero ¿qué fue lo que me llevó a leerlas?

Entonces, en un instante, pude ver que Dios estaba en el fondo de todo el asunto y que él era el Autor de mi fe, y así toda la doctrina de la gracia se abrió delante de mis ojos, y de esa doctrina no me he apartado hasta el día de hoy. Deseo que esta sea mi constante confesión: «Atribuyo mi cambio enteramente a Dios».

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¿Es su Salvador o su Juez?

En el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.

Romanos 2:16

Ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.

Hechos 17:31

¿Es su Salvador o su Juez?

Varias veces la Biblia anuncia que Dios juzgará a los hombres. Esta perspectiva tal vez nos atemorice; quizás intentamos persuadirnos de que no es posible. ¿Y si fuera cierto? ¿Cómo podemos prepararnos para ese día?

La Biblia nos da la respuesta: pídale a aquel que un día será su Juez, que sea ahora su Salvador. Un día Jesús será el Juez de todos, pero ahora es el Salvador de todos los que creen en él. Como juez aplicará la ley divina, pero como Salvador ofrece la gracia de Dios.

Si ahora usted huye de él o lo rechaza, el día que tenga que encontrarlo, él será su juez y ya no habrá más esperanza. Pero si lo busca ahora, lo hallará como Salvador.

Sí, si creemos en Jesús no iremos “a condenación” (Juan 5:24) para rendir cuenta de nuestros pecados, pues la cuestión ya fue solucionada: el Señor Jesús llevó en la cruz el castigo que nosotros merecíamos. Claro que compareceremos ante el tribunal de Cristo (2 Corintios 5:10), pero será para que toda nuestra vida sea manifestada ante su luz. Allí no habrá condenación, ni siquiera juicio. Es una perspectiva que nos hace tomar muy en serio el asunto, y al mismo tiempo nos da un dulce consuelo: ¡tenemos la seguridad de que un día, después de todos nuestros desvíos, estaremos plenamente de acuerdo con Dios! Estaremos gozosos y alabaremos al considerar todo lo que Jesús hizo en nuestras vidas. ¡Y nada de lo que haya sido hecho para él será olvidado! (Hebreos 6:10).

1 Reyes 10 – Marcos 11:20-33 – Salmo 57:1-5 – Proverbios 15:13-14

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Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. (Filipenses 3:14)

Motivación espiritual

5/12/2017

Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. (Filipenses 3:14)

La meta del apóstol Pablo era ser semejante a Cristo. Él sabía que recibiría su recompensa cuando llegara el supremo llamamiento de Dios. Al igual que Pablo, no alcanzaremos la meta de la semejanza a Cristo en esta vida, pero la recibiremos en la vida futura: “Aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Jn. 3:2).

El supremo llamamiento de Dios es nuestra motivación para correr la carrera. Debemos vivir pensando que se nos puede llamar en cualquier momento a la presencia de Dios, donde recibiremos nuestra recompensa eterna. Éramos pecadores camino del infierno cuando Dios nos escogió en su soberanía para salvación a fin de hacernos eternamente como su propio Hijo. ¡Qué gracia inefable! ¡Qué motivación para alcanzar la meta!

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«No temas»

12 de mayo

«No temas de descender a Egipto, porque allí yo haré de ti una gran nación. Yo descenderé contigo a Egipto y yo también te haré volver».

Génesis 46:3, 4

Jacob debe de haberse estremecido ante el pensamiento de dejar la tierra de la peregrinación de su padre y habitar entre extranjeros paganos. Aquella era una nueva situación y probablemente resultaría problemática. ¿Quién se arriesgaría a estar entre los cortesanos de un monarca extranjero sin ansiedad? No obstante, Dios le había preparado obviamente el camino y, en consecuencia, decidió ir a Egipto. Esta es frecuentemente la posición de los creyentes en la actualidad: se les llama a enfrentarse a peligros y tentaciones sin haber sido probados. En casos como esos deben imitar el ejemplo de Jacob, ofreciendo sacrificios de oración a Dios y buscando su dirección; y no deberían dar un solo paso sin haber aguardado antes la bendición del Señor. Entonces tendrán como amigo y ayudador al compañero de Jacob. ¡Qué bendición es sentir la seguridad de que el Señor está con nosotros en todos nuestros caminos, y que condesciende a bajar con nosotros a nuestras humillaciones y destierros. Aun allende el océano, el amor del Padre fulgura como el sol en toda su fuerza. No podemos vacilar en ir adonde el Señor nos promete su presencia. Aun el valle de sombra de muerte brillará con el resplandor de esta seguridad. Marchando adelante con fe en su Dios, los creyentes tendrán la misma promesa que Jacob: ellos volverán otra vez, ya sea de los malestares de la vida o de las cámaras de la muerte. La simiente de Jacob salió de Egipto a su debido tiempo; de la misma manera todos los fieles pasarán por las tribulaciones de la vida y por los terrores de la muerte sanos y salvos. Ejercitemos la confianza de Jacob. «No temas» es la orden y el estímulo del Señor a quienes, obedientes a su exhortación, se están adentrando en nuevos mares. La presencia y la seguridad divinas nos impiden temer como lo haría un incrédulo. Sin Dios temeríamos movernos; pero cuando él nos ordena salir, resultaría peligroso el quedarnos. Avanza, lector, y no temas.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 141). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

“Levantado”


12 MAYO

“Levantado”

Números 21 | Salmos 60–61 | Isaías 10:5–34 | Santiago 4

El breve relato del serpiente de bronce (Números 21:4–9) es probablemente el mejor conocido de todos los relatos de semejante brevedad de todo el Antiguo Testamento, debido al hecho de que Jesús mismo se refiere a él en Juan 3:14–15: “Como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así también tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.” ¿Qué significa este paralelismo que Jesús señala aquí?

En el relato de Números, se nos dice que mientras el pueblo continúa su itinerario, trazado por Dios, a través del desierto, se volvieron “En el camino se impacientaron y comenzaron a hablar contra Dios y contra Moisés” (21:4–5). Incluso llegan a quejarse por los alimentos que Dios les ha estado dando, la provisión diaria de maná: “¡Ya estamos hartos de esta pésima comida!” (21:5). Como consecuencia, el Señor envía un castigo en forma de serpientes venenosas. Mucha gente muere. Bajo este terrible latigazo, el pueblo confiese su pecado ante Moisés: “Hemos pecado al hablar contra el Señor y contra ti.” (21:7). Suplican a Moisés que interceda a Dios. Dios instruye a Moisés que haga un serpiente de bronce y que la coloque sobre un poste; “todos los que sean mordidos y la miren, vivirán.” (21:8). Por tanto Moisés forja una serpiente de bronce, la coloca sobre un poste, y el resultado es justo el que Dios había ordenado.

Así que tenemos delante a un pueblo ingrato, emitiendo juicios contra Dios por cómo les ha tratado, y cuestionando a su líder. Se enfrentan al juicio de Dios, y la única manera de librarse del juicio es el remedio ordenado por Dios mismo, del cual se benefician simplemente al mirar a la serpiente de bronce.

La situación en la que se encuentra Nicodemo en Juan 3 no es tan diferente. Sus primeras palabras dan a entender que se ve autorizado a emitir juicios sobre Jesús (Juan 3:1–2), mientras de hecho demuestra muy poca compresión de lo que Jesús dice (3:4, 10). El mundo está condenado y perece. Su única esperanza estriba en la provisión que Dios ha hecho – en otra cosa que ha sido levantada encima de un poste, o mejor dicho en otra persona que ha sido levantada en una cruz. Esta es el primer uso del vocablo “levantado” en el evangelio de Juan. A medida que los capítulos del libro se desarrollan, se convierte casi en una expresión técnica de la crucifixión de Jesús. El único remedio, la única salida, de la ira de Dios consiste en mirar la provisión de Dios: Debemos creer en el Hijo del Hombre quien ha sido “levantado”, si vamos a tener vida eterna.

Esta palabra sigue dirigiéndose a nosotros. La murmuración masiva es señal de la incredulidad. Tarde o temprano Dios nos pedirá cuentas. Nuestra única esperanza es mirar a Aquel que fue levantado en un madero.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 132). Barcelona: Publicaciones Andamio.