Líderes cariñosos

12 Mayo 2017

Líderes cariñosos
por Charles R. Swindoll

Hechos 17:1-9

1 Tesalonicenses 2:1-6

Los buenos líderes aman a la gente. Pablo escribe: “Tanto es nuestro cariño para vosotros que nos parecía bien entregaros no sólo el evangelio de Dios…” (1 Tesalonicenses 2:8). Maravilloso, ¿no? Pablo no evitaba compartir sus emociones con su rebaño. Ese hombre fuerte, un apóstol de Cristo, cuando pensaba en los tesalonicenses decía: “Oh, que cariño tan grande tengo por ustedes! ¡Cuánto los amo!”. Estas son palabras íntimas de cariño.

Para mantener esto sencillo y fácil de recordar, quiero proponerle que el cariño por las personas se puede demostrar de dos maneras: Con demostraciones pequeñas, pero frecuentes, de afecto, y con palabras de aprecio por escrito cada tiempo. Las personas que lidera deberían estar recibiendo de usted ahora mismo una nota de aprecio y estímulo. Ellas deben acostumbrarse cada vez más a sus expresiones de cariño que incluyan pequeñas pero frecuentes demostraciones de afecto. Nadie es tan importante que esté más allá de las demostraciones de cariño. Ese aspecto del liderazgo cobra ánimo y  transmite confianza al espíritu por la gracia de Dios.

Encontré estos versos que resumen muy bien este punto:

La vida no es sino espuma,
hay dos cosas de valor:
cariño por los demás,
y arrojo en el corazón.

Me causan tristeza los líderes fuertes que siempre tratan mal a las personas. Nos preguntamos cómo gente así pudo llegar a tener posiciones importante influencia. Aquí tiene este consejo gratis: Si a usted no le gusta la gente, háganos a todos un favor, no se dedique al liderazgo. Dedíquese a otra cosa. Todo el mundo estará mejor así. Diga no cuando le ofrezcan la oportunidad de liderar.

Ni el mundo ni el ministerio se necesitan más autócratas. Ambos necesitan más líderes, almas con corazón de siervo para liderar, como lo hizo Pablo, sensibilidad y cariño hacia los demás. El amor y el cariño, cuando se dan de manera correcta, llenan el vacío cuando las palabras solas no son capaces consolar. Si las personas saben que usted las ama y las valora, le darán todo su respaldo. Pablo les dijo a los cristianos de Tesalónica que los amaba, y ellos nunca lo olvidaron.

Los buenos líderes aman a la gente.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Por qué debemos amar a nuestros enemigos

MAYO, 12

Por qué debemos amar a nuestros enemigos

Devocional por John Piper

Amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen. (Lucas 6:27)

Hay dos razones principales por las que los cristianos debemos amar a nuestros enemigos y hacerles bien.

La primera es que esto revela un aspecto del carácter de Dios: Dios es misericordioso.

  • «Él hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos» (Mateo 5:45).
  • «No nos ha tratado según nuestros pecados, ni nos ha pagado conforme a nuestras iniquidades» (Salmos 103:10).
  • «Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo» (Efesios 4:32).

Por lo tanto, cuando los cristianos vivimos de este modo, mostramos una parte del carácter de Dios.

La segunda razón es que el corazón de los cristianos está satisfecho en Dios y no se deja llevar por la sed de venganza, ni por el deseo de exaltarse a sí mismo, ni por el dinero, ni por la seguridad terrenal.

Dios se ha convertido en nuestro tesoro que todo lo satisface, y es por eso que no tratamos a nuestros adversarios conforme a nuestras propias necesidades e inseguridades, sino conforme a nuestra plenitud en la gloria de Dios, que todo lo satisface.

Hebreos 10:34 dice: «Aceptasteis con gozo el despojo de vuestros bienes [es decir, sin tomar represalias], sabiendo que tenéis para vosotros mismos una mejor y más duradera posesión». Lo que nos libra del impulso de tomar venganza es la confianza profunda en que este mundo no es nuestro hogar, y que Dios es nuestra recompensa, absolutamente segura y suficiente.

Por lo tanto, podemos apreciar que ambas razones para amar a nuestros enemigos producen un resultado fundamental: Dios se muestra como realmente es, es decir, como un Dios misericordioso y gloriosamente suficiente para nosotros.

El objetivo más importante de ser misericordiosos es glorificar a Dios: hacer que se vea grandioso a los ojos de los hombres.

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La oración de la reina

He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Purifícame (de pecado).

Salmo 51:6-7

La oración de la reina

La reina Victoria de Inglaterra (1819-1901), conocida por su fe, visitó a una señora mayor y a su joven sobrina. Después del té la reina propuso leer algunos pasajes del evangelio de Juan. Luego la soberana se dirigió a la joven y le preguntó si era cristiana. «¡Oh, por supuesto!», respondió la joven. «¿Cómo sabe que lo es?», preguntó la reina. «Majestad, fui bautizada y confirmada». La reina no añadió nada, pero propuso orar. Y oró así: «Señor, abre los ojos de esta querida joven, muéstrale que sin un cambio completo de su corazón no puede ser una cristiana, que las prácticas exteriores no pueden hacer nada para salvarla. Te lo pido en el nombre de Jesús, nuestro Salvador».

Más tarde esta joven, al contar aquel suceso, añadió: «A menudo había cantado: Dios salve a la reina (himno nacional de Inglaterra), ¡pero no esperaba que la reina pidiese a Dios que me salvase a mí!».

La salvación que Dios ofrece gratuitamente no depende de un bautismo o de un rito, sino de un contacto personal con Jesucristo el Salvador, mediante la oración y la lectura de su Palabra. Ante el Dios santo solo podemos reconocernos pecadores perdidos, y arrepentirnos. Dios es amor e hizo lo necesario para salvar a los pecadores al dar a su Hijo en sacrificio. “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado” (Romanos 10:9-11).

1 Reyes 9 – Marcos 11:1-19 – Salmo 56:8-13 – Proverbios 15:11-12

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Concéntrese

Concéntrese

5/11/2017

Yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante. (Filipenses 3:13)

 Un atleta que corre en una carrera debe fijar los ojos en algo que está delante de él. No puede mirarse los pies o caerá de bruces. No puede distraerse con los otros corredores. Tiene que concentrarse en la meta que tiene delante.

La notable concentración de Pablo era el resultado de dos cosas. En primer lugar, optó por olvidar “lo que queda atrás”. Eso incluye las cosas buenas y las malas. Quiere decir que no debemos extendernos en las obras y las realizaciones virtuosas más de lo que debemos pensar en los pecados y fracasos pasados. Lamentablemente, muchos cristianos están tan distraídos por el pasado que no hacen ningún progreso actual.

 En vez de mirar al pasado, Pablo se concentró en el futuro. Al decir “extendiéndome”, describe a un corredor que estira cada uno de sus músculos para alcanzar la meta. Para hacer eso tiene que eliminar las distracciones y concentrarse solo en la meta que tiene por delante. ¿Tiene usted esa concentración en su deseo de ser semejante a Cristo?

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«Solamente esfuérzate y sé muy valiente»

11 de mayo

«Solamente esfuérzate y sé muy valiente».

Josué 1:7

El tierno amor de Dios por sus siervos hace que él se interese por el estado de los sentimientos íntimos de ellos. Él desea que sean muy valientes. Algunos estiman como cosa de poca monta el que un creyente esté turbado con dudas y temores, pero Dios no piensa así. En este versículo se ve claramente que nuestro Señor no nos quiere enredados en temores, sino que vivamos sin cuidados, sin dudas, sin cobardía. Nuestro Señor no juzga nuestra incredulidad tan livianamente como lo hacemos nosotros. Cuando vivimos desalentados estamos sujetos a una enfermedad con la que no debemos jugar, sino que debemos llevarla a nuestro Médico amado. Nuestro Señor no quiere vernos con rostros tristes. Era ley del rey Asuero que ninguno podía entrar en su corte «vestido de cilicio». El Rey de reyes no tiene esta ley —pues nosotros podemos ir a él tan tristes como estemos—, no obstante, a él le agradaría que nos despojásemos del espíritu de tristeza y nos vistiéramos las vestiduras de la alabanza; pues hay muchos motivos para estar alegres. El cristiano debe tener un espíritu animoso con el fin de glorificar al Señor, soportando las pruebas de forma heroica. Si es medroso y pusilánime, deshonrará a su Dios. Además, ¡qué mal ejemplo da con ello! Esta enfermedad de la duda y del desaliento es una epidemia que pronto se propaga entre la grey del Señor. Un creyente abatido contagia de tristeza a veinte almas. Por otra parte, si tu valor no se mantiene firme, Satanás resultará demasiado fuerte para ti. Deja, pues, que tu espíritu se goce en Dios tu Salvador y, así, el gozo del Señor será tu fortaleza y ningún demonio del Infierno te arremeterá. Sin embargo, la cobardía derribará la bandera. Además, el trabajo resulta liviano para el hombre de espíritu alegre, y el éxito aguarda a un ánimo así. El hombre que trabaja, regocijándose en su Dios y creyendo de todo corazón, tiene el éxito garantizado. El que siembra con esperanza recogerá con gozo. Por tanto, querido lector, «esfuérzate y sé muy valiente».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 140). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

¡Escuchad, rebeldes!

11 MAYO

¡Escuchad, rebeldes!

Números 20 | Salmos 58–59 | Isaías 9:8–10:4 | Santiago 3

Hay pocos pasajes en el Pentateuco que sean menos alentadores, a primera vista, que el desenlace de Números 20:1–13.

No obstante, el relato contiene ciertos elementos sutiles y complejos. Comienza con otra dosis de la murmuración habitual. No obstante, se trata de una necesidad real: el pueblo tiene sed (20:2). Pero en lugar de buscar a Yahvé con una confianza gozosa que intervenga para cubrir la necesidad de su propio pueblo, discuten con Moisés, echándole en cara las mismas acusaciones de siempre: estaban mejor en la esclavitud, su vida actual en el desierto es insoportable, y no ven más allá.

Moisés y Aarón buscan el rostro de Dios. La gloria de Dios se les aparece (20:6). Dios dice explícitamente: “Habla con la roca a vista de ellos; y ella dará su agua…” (20:8). Pero Moisés no puede más. Convoca a la multitud y les dice, “¡Escuchad, rebeldes! ¿Acaso tenemos que sacaros agua de esta roca?” (20:10) – una pregunta retórica que no deja de ser algo presuntuosa. Luego golpea la roca dos veces, y sale agua a cascadas. Pero Dios dice a Moisés y a Aarón, “Por no haber confiado en mí, ni haber reconocido mi santidad en presencia de los israelitas, no seréis vosotros los que llevéis a esta comunidad a la tierra que les he dado.” (20:12).

Caben tres observaciones:

(1) Dios no dice, “Puesto que no me obedecisteis lo suficientemente …” sino “Puesto que no confiasteis …”. Por supuesto que hubo un acto de desobediencia: Dios les dijo que hablasen, y Moisés golpeó la roca. Pero Dios percibe que el problema es todavía más profundo. El pueblo ha llevado a Moisés a un estado de profundo agotamiento, y Moisés responde desde su agotamiento. Su respuesta no es sólo la de golpear la roca. Es la respuesta de un hombre que, bajo una enorme presión, se ha vuelto amargo y arrogante (¡con lo cual no pretendo decir que cualquiera de nosotros hubiese actuado mejor!). Lo que ha desaparecido es su confianza transparente en Dios: a Dios no le ha honrado como Santo.

(2) Leed el Pentateuco como una unidad: de lo que se trata al final es que Moisés mismo se queda sin poder entrar en la Tierra Prometida. Si leemos los siete primeros libros de la Biblia no podemos por menos que llegar a la conclusión que el antiguo pacto no ha servido para transformar al pueblo. Desde el punto de vista canónico esto es muy importante: La Ley nunca fue suficiente para salvar y transformar.

(3) A la luz de 1ª de Corintios 10:4, un texto que presenta a Cristo como el antetipo de la roca, es difícil no llegar a la conclusión que el motivo por el cual Dios había insistido que la roca fuese golpeada en Éxodo 17:1–7, mientras lo prohíbe aquí, es que percibe aquí la oportunidad de enseñar, mediante este símbolo, una verdad fundamental: la Roca definitiva, de la cual fluyen corrientes de agua viva, debe ser golpeada sólo una vez, no más de una.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 131). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Líderes sensibles

11 Mayo 2017

Líderes sensibles
por Charles R. Swindoll

Hechos 17:1-9

1 Tesalonicenses 2:1-6

Los buenos líderes son sensibles a las necesidades de los demás. Pablo comparaba su ministerio al de una madre que se ocupa tiernamente de las necesidades de sus hijos. Me encanta esa imagen. Yo observaba a mi esposa cuando cuidaba de nuestros niños cuando eran pequeñitos, sin ocuparse para nada de sus propias necesidades. A mí también me llena de dicha ver a mis hijas, ya crecidas, cuidar de nuestros nietos. Es precioso contemplar eso.

El ver a mi esposa y a mis hijas sostener tiernamente a sus pequeños cerca de sus pechos, y de ocuparse amorosamente de sus necesidades, me ayuda a entender lo que Pablo quería decir con la palabra “tiernos”. Su ministerio se caracterizó por un tierno cuidado del rebaño. Él dice: “Entre vosotros fuimos tiernos, como la nodriza que cría y cuida a sus propios hijos”.

Si Dios le ha puesto a usted en una responsabilidad de liderazgo, le animo a cultivar un espíritu tierno. Esto es, en realidad, un fruto del Espíritu (Gálatas 5:23). Su ternura obrará maravillas en las vidas de quienes están bajo su cuidado.

Después de la tragedia del 11 de septiembre, el mundo observó maravillado cómo poderosos líderes del mundo dedicaron tiempo para escuchar los desgarradores relatos de los socorristas y de los angustiados neoyorquinos. El alcalde Rudy Giuliani impresionaba al mundo día tras día cuando se paraba frente a la gente de esa gran ciudad para informar sobre la marcha de los tétricos trabajos que se realizaban en la llamada Zona Cero. Hablaba con dulzura y compasión, y a veces con lágrimas en los ojos, mientras la horrorosa cifra de muertes se le atascaba en la garganta. Pero de alguna manera se las arreglaba para hacerlo. Contener las lágrimas parecía tan inútil como tratar de recuperar las víctimas de la montaña de diez pisos que formaban los escombros del retorcido World Trade Center. Los estadounidenses necesitaban ver llorar tiernamente a sus líderes.

Lo mismo necesitan ver los cristianos. Los líderes espirituales deben ser igualmente auténticos, tiernos, comprensivos y sensibles. Usted y yo respetamos a los líderes que revelan todo el tiempo su lado humano. Contrariamente a la opinión popular, Pablo, el líder valeroso, apasionado y firme, fue también conocido por su compasión y su ternura.

¿Es usted conocido por lo mismo?

Los buenos líderes son sensibles a las necesidades de los demás.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Probemos el plato principal

MAYO, 11

Probemos el plato principal

Devocional por John Piper
Probad y ved que el Señor es bueno. (Salmos 34:8)

A aquellos que dicen que nunca han probado la gloria de Dios, les digo: han probado muchos de sus aperitivos.

¿Alguna vez han mirado hacia el cielo? ¿Han recibido un abrazo? ¿Se han sentado frente a un fuego cálido? ¿Han caminado por un bosque, se han sentado junto a un lago, o se han mecido en una hamaca en verano? ¿Han probado su bebida favorita en un día de calor o han comido algo sabroso?

Todo deseo es un incentivo, ya sea devoto o distorsionado, para poner la mira en la gloria del cielo.

Si dicen que no han probado la gloria de Dios, yo les digo que sí han probado los aperitivos. Ahora sigamos con el plato principal.

Han visto las sombras; ahora miremos la sustancia. Han caminado bajo los cálidos rayos de luz del día; ahora levantemos la cabeza y miremos al mismo sol. Han oído los ecos de la gloria de Dios por doquier; ahora sintonicemos nuestro corazón con la melodía original.

El mejor lugar donde podemos sintonizar nuestro corazón es la cruz de Jesucristo. «Vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad» (Juan 1:14).

Si queremos contemplar la muestra más concentrada de la gloria de Dios, miremos a Jesús en los Evangelios, y especialmente en la cruz. Esto nos hará enfocar la mirada, sintonizar el corazón y despertar las papilas gustativas para poder ver y oír y saborear la gloria del Dios verdadero en todas partes.

Esa es la razón para la que fuimos creados. Les suplico: no desperdicien su vida. Dios nos creó para que conozcamos su gloria. Busquémosla de todo corazón y por sobre todas las cosas.

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¿Un Dios probado?

El mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría.

1 Corintios 1:21

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve… Por la fe entendemos.

Hebreos 11:1-3

¿Un Dios probado?

«Un Dios probado no es Dios, pues solo sería un elemento en el mundo». Así se expresa Karl Jaspers en su Introducción a la Filosofía.

Nuestro corazón sufre al pensar en todos los que, mediante su razonamiento, tratan de comprender quién es Dios, probar que existe o, al contrario, eliminarlo de su vida. ¡Qué dios tan pequeño puede concebir la inteligencia humana! El mayor tamaño que podría tener sería el equivalente a las facultades humanas. El Dios de los cielos, el Creador del universo, no puede ser limitado por la mente del hombre más inteligente.

Pero si nadie puede conocer a Dios mediante la inteligencia, todos podemos descubrir su poder y su divinidad a través de la naturaleza (Romanos 1:20). ¡Y todos podemos tener un encuentro con él mediante la fe!

El filósofo cristiano Blaise Pascal también dijo: «Es el corazón el que siente a Dios, no la razón. La fe es: Dios sensible al corazón, no a la razón» (Pensamientos, 278). Cuando Jesucristo estaba en la tierra, muchos razonaban y se hacían preguntas sobre él. “¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos?” (Lucas 24:38).

La fe discierne que Jesús es el Hijo de Dios, que vino a esta tierra para revelarnos al Dios infinito. Murió en la cruz para borrar todos los pecados de los que creen en él. Nadie puede comprender el amor que lo condujo hasta allí, pero Dios invita a cada persona a dejar entrar ese amor en su vida y a creer en aquel que nos ama.

1 Reyes 8:31-66 – Marcos 10:32-52 – Salmo 56:1-7 – Proverbios 15:9-10

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El máximo esfuerzo

El máximo esfuerzo

5/10/2017

Prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. (Filipenses 3:12)

El crecimiento espiritual no es un ejercicio intermitente; debe ocupar todo el tiempo. En realidad, la palabra griega para “prosigo” se empleaba para describir a un corredor de carreras cortas, y se refiere a un enérgico esfuerzo. Pablo estaba corriendo con todas sus fuerzas, distendiendo todos los músculos espirituales a fin de ganar el premio (cp. 1 Co. 9:24-27). También dijo que debemos pelear “la buena batalla de la fe” (1 Ti. 6:12)

Esa perspectiva no estaba limitada a Pablo. El autor de Hebreos escribió: “Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” (He. 12:1).

Nuestra búsqueda vitalicia es ser semejantes a Cristo. El correr esa carrera exige el máximo esfuerzo en el uso de los medios de gracia Dios nos ha dado.

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