«Bienaventurado el que vela»

26 de abril

«Bienaventurado el que vela».

Apocalipsis 16:15

«Cada día muero», dijo el Apóstol. Esta era la vida de los cristianos primitivos: iban por todas partes con sus vidas en las manos. Nosotros no somos llamados actualmente a pasar por esas mismas persecuciones espantosas. Si tuviéramos que hacerlo, el Señor nos daría gracia para soportar la prueba. Sin embargo, al presente, las pruebas del cristiano, aunque aparentemente no tan terribles, son más apropiadas para derrotar a este que aquellas de la época de la persecución. Si tenemos que soportar la mofa del mundo, eso es poca cosa; pero sus halagos, sus suaves palabras, sus zalamerías, su adulación y su hipocresía son mucho peores. Nuestro peligro estriba en que nos hagamos ricos y lleguemos a ser orgullosos; que sigamos las modas de este mundo y perdamos la fe. Si no son las riquezas, puede que sean las preocupaciones del mundo las cuales, al fin y al cabo, son tan dañinas como aquellas. Al diablo no le importa si somos despedazados por el león rugiente o estrujados por el oso hasta asfixiarnos, con tal de que pueda destruir nuestro amor por Cristo y nuestra confianza en él. Temo que la Iglesia cristiana esté mucho más propensa a perder su integridad en estos suaves y sedosos días que en aquellos tiempos borrascosos. Debemos despertarnos ahora, pues atravesamos la tierra encantada y es muy probable que caigamos dormidos para nuestra propia ruina; a menos que nuestra fe en Jesús sea una realidad y nuestro amor una ardiente llama. Muchos en estos días de fácil profesión resultan ser probablemente cizaña, y no trigo; o hipócritas con hermosas caretas sobre sus rostros, pero no hijos del Dios viviente, nacidos de nuevo. Cristiano, no pienses que estos son tiempos en los que puedas vivir sin velar y sin un santo fervor. Necesitas estas cosas hoy día más que nunca. Quiera el Espíritu de Dios mostrar en ti su omnipotencia, para que seas capaz de decir, tanto en los días fáciles como en los difíciles: «Somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 125). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Salvados de la muerte

26 ABRIL

Salvados de la muerte

Números 3 | Salmo 37 | Cantar de los Cantares 1 | Hebreos 1

Desde Sinaí, los levitas son tratados de manera diferente a las otras tribus: ellos son los únicos que manejan el tabernáculo y sus objetos asociados, los sacerdotes procederían de sus filas, no reciben ninguna asignación concreta de territorio, sino que se encuentran esparcidos por toda la nación, etc. Pero en Números 3, se presenta uno de sus rasgos distintivos más llamativos.

Se contaron todos los varones de a partir de un mes de edad de la tribu de Leví. Eran un total de 22.000 (3:39). Luego se contaron todos los primogénitos de más de un mes de edad de todas las demás tribus. Eran 22.273 (3:43). La diferencia entre las dos cifras era 273. Dios declara que, habiéndoseles perdonado la vida a los primogénitos de Israel en la primera Pascua en Egipto, los primogénitos le pertenecen de manera especial (3:13). Se da por sentado que ellos también tenían que haber muerto: intrínsecamente, no eran en absoluto superiores a los egipcios que sí murieron. Habían sido protegidos por la sangre del cordero de la Pascua según Dios prescribió. Evidentemente, Dios no iba a reclamarles ahora la vida a todos los primogénitos de Israel. En lugar de esto, insiste en que ellos sean suyos de manera especial – aceptando, en vez de todos los varones primogénitos de Israel, a todos los varones de la tribu levita. Puesto que las dos sumas no coinciden exactamente, los 273 varones primogénitos se tienen que redimir de alguna otra manera, por lo cual se aplica un impuesto de redención (3:46–48).

Aquí hay algunas lecciones que aprender. Una de ellas está implícita en el texto, y ya la hemos subrayado: los israelitas no eran intrínsecamente superiores a los egipcios, ni quedaban exentos de la ira del ángel destructor. Lo que es más importante, los que se salvaron por la sangre del cordero pertenecen a Yahvé de una manera especial. Si Dios ha aceptado la sangre derramada a favor de ellos, no pide que mueran: lo que pide es que vivan para él y para servirle. Debido a los requisitos del pacto de Sinaí, se acepta un sustituto: los levitas hacen las veces de todos aquellos israelitas que fuesen incluidos bajo los términos de este requisito del pacto.

El cumplimiento de estas pautas bajo las condiciones del nuevo pacto no es difícil de encontrar. Seremos salvados de la muerte a causa del Cordero Pascal por excelencia (1 Corintios 5:7). Los que han sido salvados por su sangre le pertenecen al Señor de manera especial: es decir, no sólo por creación sino también por redención (1 Corintios 6:20). Él pide que vivamos para él y a su servicio, y en este aspecto constituimos una nación de sacerdotes (1 Pedro 2:5–6; Apocalipsis 1:6).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 116). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Fuimos hechos para Dios

ABRIL, 26

Fuimos hechos para Dios

Devocional por John Piper

Porque el Señor, a causa de su gran nombre, no desamparará a su pueblo, pues el Señor se ha complacido en haceros pueblo suyo. (1 Samuel 12:22)

A menudo el nombre de Dios hace referencia a su reputación, su fama, su renombre. Usamos la palabra nombre con ese sentido cuando decimos que alguien se está haciendo de un nombre. Lo mismo sucede cuando hablamos del renombre de un producto determinado. Lo que queremos decir es que la marca es muy conocida. Creo que eso es lo que quiere decir 1 Samuel 12:22 cuando afirma que Dios ha hecho a Israel «pueblo suyo» y que no lo desampararía «a causa de su gran nombre».

Este concepto acerca del celo de Dios por su nombre se confirma en muchos otros pasajes.

Por ejemplo, en Jeremías 13:11 Dios compara a Israel con un cinturón que él eligió para resaltar su gloria, pero que resultó ser inútil por un tiempo. «Porque como el cinturón se adhiere a la cintura del hombre, así hice adherirse a mí a toda la casa de Israel y a toda la casa de Judá —declara el Señor— a fin de que fueran para mí por pueblo, por renombre, por alabanza y por gloria, pero no escucharon». ¿Por qué Dios escogió a Israel y lo hizo como una prenda de vestir para sí mismo? Para que le fuera «por renombre, por alabanza y por gloria».

En este contexto, los términos honra y gloria indican que la palabra nombre tiene el sentido de fama, renombre o reputación. Dios escogió a Israel con la finalidad de que el pueblo hiciera una reputación para él.

Dios declara en Isaías 43:21 acerca de Israel: «El pueblo que yo he formado para mí proclamará mi alabanza». Cuando la iglesia se vio a sí misma en el Nuevo Testamento como la verdadera Israel, Pedro describió el propósito de Dios para nosotros de este modo: «Pero vosotros sois linaje escogido… a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable» (1 Pedro 2:9).

En otras palabras, Israel y la iglesia son escogidos por Dios con el fin de dar a conocer el nombre de Dios en el mundo.

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¡Arrepiéntase!

Aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.

Lucas 13:4-5

Arrepentíos, y creed en el evangelio.

Marcos 1:15

¡Arrepiéntase!

Aquí y allá en el mundo hay catástrofes. Terremotos, tempestades, huracanes y tifones destruyen bienes, vidas, y sumergen en la desesperación a mucha gente. Podemos hacernos esta pregunta: ¿Por qué en ese lugar y no en otro? El versículo de hoy nos enseña que no debemos tratar de comprender la responsabilidad de unos y otros, sino que más bien debemos examinar nuestro propio caso.

¡La muerte puede alcanzar súbitamente a cualquier persona en cualquier punto del globo! Por lo tanto es preciso estar preparado para encontrar a Dios. Jesús explicó a sus oyentes cómo prepararse, y sus apóstoles lo repitieron después de él. “Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados” (Hechos 3:19). Arrepentirse es estar de acuerdo con Dios en que somos pecadores. Convertirse significa dar media vuelta, volverse a Dios; es aceptar la gracia que perdona y da la vida eterna.

Los juicios caerán sobre un mundo que rechaza a Dios y se hunde en el desorden moral. Las calamidades que Dios permite son como advertencias, señales precursoras de lo que pronto sucederá a todos los que no se hayan vuelto a él a tiempo. “¿Piensas… que tú escaparás del juicio de Dios? ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?” (Romanos 2:3-4).

Ezequiel 48 – Marcos 2 – Salmo 49:1-9 – Proverbios 14:15-16

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Sigue vivo

4/25/2017

Sigue vivo

Pero vivificado en espíritu. (1 Pedro 3:18)

El versículo de hoy hace una mención específica del espíritu de la vida de Jesucristo; no se refiere al Espíritu Santo. El apóstol Pedro está comparando lo que le ocurrió a la carne (o cuerpo) de Jesús con lo que le ocurrió a su espíritu. Su espíritu estaba vivo pero su carne estaba muerta.

Algunos piensan que “vivificado en espíritu” se refiere a la resurrección física de Cristo, pero eso necesitaría una declaración como: “Siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en la carne”. La resurrección fue un hecho espiritual y físico. Así que lo que Pedro quiere decir es que, aunque Cristo estaba físicamente muerto, su espíritu seguía vivo.

En la cruz, el espíritu de Cristo experimentó una breve separación de Dios. Él dijo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mt. 27:46). Sin embargo, la separación terminó pronto, ya que poco después del lamento de nuestro Señor, Él dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc. 23:46). De modo que ya su espíritu no estaba separado de Dios; le fue entregado al Padre.

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«Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él»

25 de abril

«Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él»

Apocalipsis 3:20

¿Cuál es tu deseo en esta noche? ¿Tienes un deseo de cosas celestiales? ¿Deseas gozar de la sublime doctrina del amor eterno? ¿Quieres tener libremente comunión íntima con Dios? ¿Aspiras a conocer la anchura, la longitud, la profundidad y la altura? Entonces necesitas acercarte a Jesús; has de tener una clara visión de su inestimable valor y perfección: debes verlo en su obra, en sus funciones y en su persona. El que conoce a Cristo recibe una unción del Santo por la cual conoce todas las cosas. Cristo es la gran llave maestra que da entrada a todas las cámaras de Dios. No hay tesorería divina que no se abra y entregue todas sus riquezas al alma que vive cerca de Jesús. ¿Te estás diciendo: «¡Oh, si él habitase en mi corazón!; ¡ojalá que hiciese en este su eterna morada!?». Entonces, querido amigo, ábrele la puerta y él entrará a tu alma. Hace tiempo que está llamando, y todo con el objeto de cenar contigo y de que tú cenes con él. Él cena contigo porque tú pones la casa; es decir, el corazón. Y tú cenas con él, porque él es quien trae la provisión. Él no puede cenar contigo sino en tu corazón, poniendo tú la casa; ni tú puedes cenar con él si él no trae la comida, ya que tu despensa está vacía. Abre, por tanto, los portones de tu alma. Él vendrá con ese amor que ansías sentir; vendrá con el gozo al cual tú no puedes conducir a tu pobre y deprimido espíritu. Él traerá la paz que ahora no tienes; vendrá con sus jarras de vino y con sabrosas manzanas de amor, y te alegrará hasta que no tengas otra enfermedad que aquella del «amor estremecedor, amor divino». Solamente ábrele la puerta, expulsa a sus enemigos, dale las llaves de tu corazón y él habitará allí para siempre. ¡Oh amor admirable, que traes a tal huésped para que habite en semejante corazón!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 124). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Gracia a los salvos

25 Abril 2017

Gracia a los salvos
por Charles R. Swindoll

Hechos 13:14-52

El mensaje de Pablo enfatizaba el evangelio a los perdidos y gracia a los salvos. Este es un ejemplo excelente que puede adoptar cualquier pastor o ministerio. Tras haber estudiado la vida de Pablo, particularmente sus últimos años, encuentro dos temas predominantes en todo el entramado de su ministerio.

Primero: A los perdidos les presentaba el evangelio: “Por lo tanto, hermanos, sea conocido de vosotros que por medio de Él se os anuncia el perdón de pecados. Y de todo lo que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en Él es justificado todo aquel que cree” (Hechos 13:38, 39).

Imagine el impacto que harían nuestras iglesias en nuestras comunidades, si cada cristiano se dedicara a compartir el evangelio una vez a la semana con alguien que exprese una necesidad.

Segundo: Su mensaje tenía una gran dosis de gracia para los salvos. Así como los perdidos no entienden el evangelio, los salvos rara vez entienden la gracia. Pocas actividades son más agotadoras y menos productivas que el intento de los cristianos por tratar de complacer a quienes les rodean tratando de cumplir con demandas legalistas absurdas. Es una trampa muy trágica, en la cual hay miles atrapados. ¡La gracia nos ha hecho libres! Ese mensaje fluía siempre de los sermones y del testimonio personal del apóstol Pablo.

Los perdidos necesitan oír cómo pueden ir de su isla de escombros, llena de miseria y de culpa, a una tierra de paz y de perdón en la que fluyen la gracia y la misericordia. Construimos esos puentes cuando comunicamos el evangelio con amor y paciencia. Usted no tiene que haber estudiado en un seminario. No tiene que conocer una gran cantidad de vocabulario religioso. Comparta de manera auténtica, honesta y candorosa lo que Cristo ha hecho por usted. A lo mejor no transcurre mucho tiempo sin que conozca la alegría de conducir a un pecador perdido de la oscuridad del encierro de la muerte, a la esperanza liberadora de una nueva vida en Cristo. Y después que haya llegado aquí, déjelo en libertad. Déjelo en la grandiosa libertad que da la gracia. No lo asfixie con un montón de normas y reglas que lo que hacen es ponerlos en libertad condicional y mantenerlos en esa especie de retén temporal hasta que “enderece su vida”. La santidad solo es obra del Espíritu Santo. Lo que le corresponde a usted es ser fiel presentando el evangelio a los perdidos y la gracia a los salvos. Después de esto, deje los resultados en manos del Señor.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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“No hay temor de Dios delante de sus ojos”

25 ABRIL

“No hay temor de Dios delante de sus ojos”

Números 2 | Salmo 36 | Eclesiastés 12 | Filemón

Entre las ideas acertadas que encontramos en los salmos, algunas de las más incisivas tienen que ver con la naturaleza del mal y la de los malos. Rara vez se trata estos temas en términos de categorías abstractas. Casi siempre se enfocan dentro del marco de las relaciones y de situaciones vitales reales.

¿De qué se trata realmente cuando se habla del “pecado de los impíos”? “No hay temor de Dios delante de sus ojos” (Salmo 36:1). Esto quiere decir algo más que el hecho de que el malvado carezca neciamente de temor ante el castigo que Dios aplicará al final aunque tampoco significa menos que esto. Quiere decir que los impíos están tan ciegos, que no llegan a apreciar las últimas realidades. O no ven a Dios en absoluto, o, lo que no es menos grave, no ven a Dios tal como es.

Todo comportamiento y toda perspectiva apropiados para los seres humanos hechos a imagen de Dios tienen a Dios mismo como referente. El temor de Dios es el principio tanto del conocimiento (Proverbios 1:7) como de la sabiduría (Proverbios 9:10), puesto que “conocer al Santo es tener discernimiento”. Lo contrario es la necedad absoluta: “los necios desprecian la sabiduría y la disciplina” (Proverbios 1:7). No es de extrañar que el salmista insiste en que es el necio quien dice “no hay Dios” (Salmo 14:1). ¿Acaso es menos necio fabricar un dios domesticado que podamos manipular a nuestro antojo, o dioses salvajes que se comporten de maneras crueles e inmorales, o dioses impersonales que también restan personalidad a los que llevan su imagen? Cuando uno permanece ciego ante el Dios verdadero, y ante su gloriosa santidad, lo que debería inducir un sano temor en nosotros, los portadores rebeldes de su imagen, no queda ninguna parada más en el descenso hacia el abismo de la necedad.

La ceguera del malvado se extiende hasta la valoración que hace de sí mismo. “Cree que merece alabanzas y no halla aborrecible su pecado” (Salmo 36:2). Si pudiese ver suficientemente como para discernir su pecado, como para considerarlo tal cual es – la rebeldía contra el Dios viviente – y aborrecerlo por la vileza y la arrogancia que lo caracterizan a la luz de la majestuosa santidad de su Creador, inevitablemente también temería a Dios. Las dos cegueras gemelas son, de hecho, una sola.

Por supuesto, es por esto por lo que los debates filosóficos acerca de la existencia de Dios no pueden nunca resolverse solamente en base a la razón. No se trata de que Dios sea poco razonable, y mucho menos que no tenga testimonio alguno. Más bien, la tragedia y la ignominia del pecado humano nos han dejado, aparte de la gracia de Dios, terriblemente ciegos. No obstante, esta ceguera es una ceguera culpable. “No hay temor de Dios delante de sus ojos”. Pablo comprende este hecho tan bien, que este texto constituye el punto culminante en su demostración de la condición perdida del ser humano (Romanos 3:18). Gracias a Dios por los trece versículos posteriores escritos por el apóstol.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 115). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La conversión de Pablo fue para nosotros

ABRIL, 25

La salvación de Pablo fue para nosotros

Devocional por John Piper

Sin embargo, por esto hallé misericordia, para que en mí, como el primero, Jesucristo demostrara toda su paciencia como un ejemplo para los que habrían de creer en él para vida eterna. (1 Timoteo 1:16)

La conversión de Pablo fue para nosotros.

Debemos tomar esto de un modo muy personal. Dios nos tenía en mente cuando eligió a Pablo y lo salvó por medio de su gracia soberana.

Si creemos en Jesús para vida eterna —o si todavía pueden creer en él para vida eterna— la conversión de Pablo fue para nuestro beneficio. Es para hacer la increíble paciencia de Cristo vívida para nosotros.

La vida de Pablo antes de su conversión fue una larga, larga prueba para Jesús. «¿Por qué me persigues?», preguntó Jesús. «¡Es a mí a quien persigues con tu vida de incredulidad y rebelión!». Dios había escogido a Pablo antes de su nacimiento. Por lo tanto, toda su vida hasta ese momento había sido una gran seguidilla de injurias contra Dios, un prolongado rechazo y una constante burla al Jesús que lo amó.

Por esa razón, Pablo dice que su conversión es una demostración brillante de la paciencia de Jesús. Y esto es lo que él les ofrece hoy.

Fue por nosotros que Jesús lo hizo de la manera que lo hizo. Para «demostrar toda su paciencia» a nosotros. Para que no nos invada el desánimo. No vaya a ser que pensemos que en realidad él no puede salvarnos. No vaya a ser que pensemos que es propenso a la ira. No vaya a ser que pensemos que hemos ido demasiado lejos. No vaya a ser que pensemos que aquella persona que amamos no puede convertirse —de pronto, en el momento menos esperado, por la soberana y superabundante gracia de Jesús—.

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La gracia es para todos

martes 25 abril

Una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.

Juan 9:25

(El apóstol Pablo dijo:) Fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna.

1 Timoteo 1:16

La gracia es para todos

En su libro «Dios existe, lo he encontrado», André Frossard (1915-1995) cuenta su conversión. Había sido criado en el ateísmo, «donde el tema de la existencia de Dios ni se menciona».

8 de julio de 1935: Sucedió algo que operó «en mí una revolución tan extraordinaria, que cambió en un instante mi manera de ser, de ver, de sentir, que transformó mi carácter e hizo que hablase un lenguaje tan insólito que mi familia se alarmó… Entonces experimenté el gozo que siente un náufrago que es salvado a tiempo, con esta diferencia: solo en el momento en que fui sacado, tomé conciencia del lodo en el que estaba hundido sin saberlo… Y me pregunto, todavía con la imagen de medio cuerpo hundido en aquel lodo, cómo pude vivir y respirar allí.

No hay nada que me predispusiera a tener una religión, aparte del hecho de no tener ninguna. La Escritura dice que la gracia no hace acepción de personas, y creo haber mostrado que dirigiéndose a mí, se dirigía a todas las personas. Lo que me sucedió le puede suceder a cualquiera, al mejor, al peor, al que no sabe e incluso al que cree saber».

Este testimonio muestra que la conversión no es una simple adhesión intelectual. Es dar media vuelta hacia una nueva dirección. Es tomar conciencia de mi estado pecaminoso ante Dios y aceptar que Jesucristo dio su vida para salvarme.

Ezequiel 47 – Marcos 1:21-45 – Salmo 48:9-14 – Proverbios 14:13-14