“el incrédulo Tomás”

“el incrédulo Tomás”

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30 MARZO

Levítico 1 | Juan 20 | Proverbios 17 | Filipenses

A Tomás se le ha criticado mucho – “el incrédulo Tomás”, le llamamos. No obstante, la razón de su duda tal vez tiene que ver con el hecho de que no estuviese presente cuando Jesús apareció en primer lugar ante los discípulos (Juan 20:19–25). ¿Crees que la fe de cualquiera de los otros discípulos hubiese sido más fuerte si ellos hubiesen estado ausentes en aquel día crucial?
Lo que a Tomás no le falta es coraje. Cuando Jesús se dispone a ir de Galilea a Judá para levantar a Lázaro de la muerte, y los discípulos, conscientes del clima político, reconocen lo peligroso que será semejante regreso, es Tomás quien tranquilamente alienta a sus compañeros: “Vayamos también nosotros, para morir con él” (11:16). A veces, es Tomás quien articula la pregunta que los otros discípulos están deseando plantear. Así que, cuando Jesús insiste en que tiene que irse, y que a estas alturas ya conocen el camino, Tomás no sólo habla por sí mismo cuando protesta, “Señor, no sabemos a dónde vas, así que ¿cómo podemos conocer el camino?” (14:5).
Pero aquí, en Juan 20, aunque es cierto que Tomás se halla ausente la primera vez que Jesús aparece, en la segunda aparición del Jesús resucitado, Tomás se encuentra en el centro de un diálogo que resulta de una importancia estelar. Cuando Jesús llega, a través de unas puertas cerradas, se vuelve hacia Tomás y le muestra las cicatrices de sus heridas: “Pon tu dedo aquí y mira mis manos. Acerca tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino hombre de fe” (20:27). Tomás no pide ninguna evidencia adicional. Espontáneamente, pronuncia una de las grandes confesiones cristológicas de todo el Nuevo Testamento: “¡Señor mío, y Dios mío!” (20:28).
Jesús responde con unas palabras que hoy en día siguen iluminando la verdadera naturaleza del testimonio cristiano: “Porque me has visto, has creído —le dijo Jesús—; dichosos los que no han visto y sin embargo creen” (20:29). Aquí, Jesús arroja su propia sombra hacia el futuro, a través de los paisajes de la historia posterior, aludiendo a los incontables millones de personas que pondrán su confianza en él sin haberle visto nunca en la carne, sin haber podido contemplar las cicatrices que lleva en sus manos, sus pies y su costado. La fe de ellos no es en absoluto inferior a la de los primeros discípulos. De hecho, conforme a la providencia peculiar de Dios, el relato de la experiencia de Tomás será precisamente una de las cosas que el Espíritu de Dios usará para llevarles a la fe. Jesús provee generosamente la evidencia visible y tangible que uno necesita, de modo que este relato escrito de la fe y la confesión de Tomás incite a la conversión a los que sólo tengan acceso al texto. Tanto Tomás como sus sucesores creen en Jesús y tienen vida en su nombre (20:30–31).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 89). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Él nos mantendrá a salvo

MARZO, 30

Él nos mantendrá a salvo

Devocional por John Piper

[El Señor] también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por medio de quien fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo, Señor nuestro. (1 Corintios 1:8-9)

¿De qué estamos dependiendo para que nuestra fe dure hasta la venida de Jesús?

La pregunta a hacerse no es: ¿Creemos en la seguridad eterna? La pregunta es: ¿Cómo nos mantenemos seguros?

¿Acaso la perseverancia de nuestra fe descansa en la confiabilidad de nuestra propia determinación? ¿O descansa en la obra de Dios de «mantenernos confiando»?

Una maravillosa y grandiosa verdad de las Escrituras es que Dios es fiel y que sostendrá para siempre a aquellos a quien él ha llamado. ¡Nuestra confianza en que estamos eternamente seguros es una confianza en que Dios nos «mantendrá confiando»!

La certeza de la eternidad no es más grande que la certeza de que Dios nos mantendrá confiando ahora, y esa certeza es muy grande para todos aquellos a quien Dios ha llamado.

Por lo menos tres pasajes ponen juntos el llamado de Dios y el estar a su cuidado:

  1. El Señor «os confirmará (guardará) hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por medio de quien fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo, Señor nuestro» (1 Corintios 1:8-9).
  2. «Y que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y que todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará» (1 Tesalonicenses 5:23-24).
  3. «Judas, siervo de Jesucristo y hermano de Jacobo, a los llamados, amados en Dios Padre y guardados para Jesucristo: Misericordia, paz y amor os sean multiplicados» (Judas 1:1-2).

La fidelidad de Dios garantiza que él mantendrá a salvo a todos los que él ha llamado (ver también Romanos 8:30, Filipenses 1:6, 1 Pedro 1:5 y Judas 1:24).

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¿Tiene sed de paz?

Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz; y por ello te vendrá bien. – Job 22:21

Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. – Isaías 26:3

Él (Jesucristo) es nuestra paz. – Efesios 2:14

¿Cómo podemos combatir el estrés? Un artículo de una revista aconsejaba emplear una frase, por ejemplo: «Estoy en paz conmigo y con el mundo», y repetirla, bien concentrado, al menos durante cinco minutos. Dudamos del resultado duradero de tal práctica. Sin embargo el tema escogido traduce una necesidad universal: la necesidad de paz, paz interior, paz con los demás, pero primeramente paz con Dios.

La Biblia nos enseña que, debido a su desobediencia, Adán y Eva perdieron esta paz. Tuvieron miedo de Dios y se escondieron (Génesis 3:10). Ellos mismos se hicieron “enemigos” de Dios. Desde entonces, las relaciones humanas también se deterioraron: conflictos familiares, guerras, violencia… ¡Es la triste historia de la humanidad!

Sin embargo, una esperanza de paz se vislumbró cuando Jesús nació. “En la tierra paz…”. Este fue el mensaje anunciado por los ángeles (Lucas 2:14). Después de su muerte y resurrección, Jesús se presentó a sus discípulos temerosos y les dijo: “Paz a vosotros”. Creer que Jesús vino a la tierra, que murió y resucitó, es el medio ofrecido a todo hombre para que se reconcilie con Dios, a quien ha ofendido. Jesús hizo “la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20). El que cree en Jesús tiene “paz para con Dios” (Romanos 5:1). Solo por medio de ella podremos vivir en paz con nosotros mismos. No es a través de un condicionamiento mental ni de esfuerzos personales, sino mediante un encuentro liberador con el autor de nuestra paz: Jesucristo.

Ezequiel 23:28-49 – Hechos 28:17-31 – Salmo 37:30-34 – Proverbios 12:17-18

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La construcción del tabernáculo

La construcción del tabernáculo

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29 MARZO

Éxodo 40 | Juan 19 | Proverbios 16 | Filipenses 3

Las últimas líneas de Éxodo 40 unifican varios temas ya presentados, y anticipan algunos otros. Aquí la construcción del tabernáculo queda completada, junto con las vestimentas y accesorios para el servicio sacerdotal. “En ese instante la nube cubrió la Tienda de reunión, y la gloria del SEÑOR llenó el santuario” (40:34).
Debe tratarse de la columna de nube (durante el día) y la columna de fuego (por la noche) que les habían acompañado desde el comienzo. Ambas señalaban la presencia de Dios y serían una guía para el pueblo en cuanto a cuándo y hacia dónde tenían que desplazarse. Ahora, esta nube descansa sobre el tabernáculo, o tienda de encuentro, recién construido, instalándose en su interior, llenándolo. De hecho, en este “llenar” inaugural, la presencia de Dios es tan intensa, que ni siquiera Moisés, y mucho menos cualquier otro, puede entrar (40:35). Además, de aquí en adelante la nube de gloria descansaba sobre el tabernáculo cuando el pueblo debía quedar donde estaban, y se levantaba y conducía al pueblo cuando tenían que desplazarse (40:36–38). Seis observaciones:
(1) La columna de nube y la de fuego que descansan sobre el tabernáculo vinculan esta estructura con el símbolo visible de la presencia continua, de la guía y del poder de Dios.
(2) En un momento dado, después de la desgraciada rebeldía que desembocó en la construcción del becerro de oro, Dios se había negado a hacerse presente en medio de la comunidad del pacto. Moisés intercedió (Éxodo 32–34). Aquí está el fruto de sus oraciones. El tabernáculo está construido, la presencia de Dios planea por encima de él en la forma simbólica con la cual el pueblo estaba ya familiarizado, y todo ello en el mismo centro de las doce tribus.
(3) Este énfasis en el tabernáculo al final de Éxodo prepara el camino para los primeros capítulos de Levítico en cuanto a las especificaciones para los sacrificios y las ofrendas que se tenían que realizar en el servicio del tabernáculo.
(4) El tabernáculo anticipa el templo. De hecho, es una especie de templo portátil. En los días de Salomón, cuando queda completada la estructura permanente, la gloria de Dios también desciende, de modo que se establece un vínculo tanto con el tabernáculo como con la columna de nube y de fuego de los años de la travesía por el desierto.
(5) Se anticipa el futuro: no hay nada que simbolice con más viveza la destrucción de Jerusalén, que la visión de la partida de la gloria de Dios (Ezequiel 10–11).
(6) No hay nada que más poderosamente dé fe del papel mediador de Jesucristo, que la insistencia en que él es el verdadero templo (Juan 2:19–22); y no hay nada que con más intensidad refleje la pura gloria del cielo que la afirmación de que allí no hay templo, puesto que “el Señor Dios Todo poderoso y el Cordero son su templo” (Apocalipsis 21:22).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 88). Barcelona: Publicaciones Andamio.

«Lo llamé, y no me respondió».

29 de marzo

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«Lo llamé, y no me respondió».

Cantares 5:6

La oración a veces aguarda, a semejanza de un peticionario que está a la puerta, hasta que el Rey sale a colmar su seno de las bendiciones que busca. Cuando el Señor ha dado una gran fe, por lo general la ha probado con grandes demoras y permitido que las palabras de sus siervos volvieran a sus propios oídos como si estuvieran llamando a un Cielo de bronce. Sus siervos han golpeado en la puerta de oro, pero esta ha permanecido cerrada, como si sus goznes se hubiesen aherrumbrado; y, al igual que Jeremías, han clamado: «Te cubriste de nube para que no pasase la oración nuestra» (Lm. 3:44). Así, los verdaderos santos han continuado por mucho tiempo en paciente espera, sin recibir contestación, no porque sus oraciones no fuesen fervorosas, ni porque fuesen inaceptables, sino porque así le agradó a él, que es soberano y da según su voluntad. Si a él le place ordenar que nuestra paciencia sea ejercitada, ¿no hará como guste con los suyos? Los mendigos no deben elegir el momento, el lugar o la forma en que se les concederá el favor. Sin embargo, debemos tener cuidado de no considerar las demoras en la oración como negativas: los cheques de Dios con fechas atrasadas se pagarán puntualmente. No podemos permitir que Satanás debilite nuestra confianza en el Dios de la verdad, señalando nuestras oraciones no contestadas. Las peticiones no contestadas no indican que no hayan sido oídas. Dios tiene nuestras oraciones en un archivo: no se las llevará el viento, sino que están bien guardadas en los archivos del Rey. Es este un registro en la corte celestial donde cada oración queda asentada. Creyente que has sido probado, tu Señor tiene una redoma en la cual guarda las costosas lágrimas de dolor sagrado, y un libro en donde tus santos gemidos quedan recogidos. Pronto tu súplica prevalecerá. ¿No puedes conformarte con esperar un poco? ¿No será el tiempo del Señor mejor que el tuyo? Él aparecerá pronto para gozo de tu alma, te quitará el cilicio y la ceniza de tu larga espera, y te vestirá con el lino escarlata y fino del deleite pleno.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 97). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Tan cierto como su Hijo

MARZO, 29

Tan cierto como su Hijo

Devocional por John Piper

El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con Él todas las cosas? (Romanos 8:32)

Dios elimina el poder destructivo de cada sufrimiento. Debemos creer esto o no lograremos desarrollarnos, o quizás ni siquiera sobrevivir como cristianos, con las presiones y las tentaciones de la vida moderna.

Hay tanto sufrimiento, tantos contratiempos y desalientos, tantas controversias y presiones que yo no sé a dónde recurriría si no creyera que el Dios Todopoderoso está tomando todo contratiempo y todo desaliento y toda controversia y toda presión y todo sufrimiento para eliminar su poder destructivo, y hacer que obre para incrementar mi gozo en Dios.

El mundo es nuestro. La vida es nuestra. La muerte es nuestra. Dios reina de manera tan suprema a favor de sus elegidos, que todo lo que enfrentemos durante el transcurso de nuestra vida en obediencia y ministerio estará sometido a la mano poderosa de Dios, y estará al servicio de nuestra santidad y nuestro gozo eterno en Dios.

Dios está a nuestro favor; y si Dios es Dios, entonces es cierto que nada puede tener éxito en nuestra contra. El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, indefectiblemente y sin reservas nos concederá con Él todas las cosas —todas las cosas—, el mundo, la vida, la muerte y Dios mismo.

Romanos 8:32 es un amigo adorado. La promesa de la gracia de Dios para el futuro es incontenible, pero lo más importante es el fundamento. Este es el lugar para pararse en contra de todo obstáculo. ¡Dios no escatimó a su propio Hijo! ¿Cuánto más, entonces, no escatimará esfuerzo para concederme todo lo que Cristo compró al morir, es decir, todas las cosas, todo lo bueno?

¡Esto es tan seguro como la certeza de que Él amó a su Hijo!

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Tal como soy… heme aquí (2)

Tal como soy… heme aquí (2)

(Dios dijo:) Venid a mí… y vivirá vuestra alma. Isaías 55:3

(Jesucristo dijo:) Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Mateo 11:28

«Vaya a Jesús tal como es». Charlotte Eliott no solo retuvo estas palabras de César Malan,

sino que las vivió y la inspiraron para componer el muy conocido cántico: «Just as I am», cuya traducción al español es:

Tal como soy, sin más decir,

Que a otro yo no puedo ir,

Y tú me invitas a venir.

Bendito Cristo, heme aquí.

Tal como soy, sin demorar,

Del mal queriéndome librar.

Tú solo puedes perdonar.

Bendito Cristo, heme aquí.

Tal como soy, en aflicción

Expuesto a muerte y perdición,

Buscando vida y perdón,

Bendito Cristo, heme aquí.

Tal como soy, tu gran amor

Me vence y busco tu favor.

Servirte quiero con valor.

Bendito Cristo, heme aquí.

¿Cómo ir a Jesús? Simplemente tal como soy, sin máscara. Entonces el amor incondicional del Salvador que perdona al pecador transformará la vida del que se acerca a él por medio de una

oración sincera. ¡Dé ese paso ahora!

Ezequiel 23:1-27 – Hechos 28:1-16 – Salmo 37:23-29 – Proverbios 12:15-16

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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La verdadera descripción

La verdadera descripción

3/28/2017

Me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. (1 Corintios 2:2)

Jesucristo evoca muchas imágenes en la mente de las personas. Algunas lo ven como un niñito en un pesebre: el Cristo de la Navidad. Otras lo imaginan de niño, tal vez viviendo en el hogar de un carpintero o confundiendo a los guías religiosos de Jerusalén. Muchas personas lo perciben como un compasivo y poderoso sanador que sanaba a los enfermos y resucitaba a los muertos. Aun otras lo presentan como el valeroso y apasionado predicador que enseña la Palabra de Dios a grandes multitudes. Y hay quienes lo ven como el hombre perfecto: un modelo de virtud, bondad, simpatía, interés, cuidado, ternura, perdón, sabiduría y comprensión.

Pero la imagen de Cristo que supera a todas las demás es la de Jesucristo en la cruz. Conocer a Cristo crucificado es conocerlo como el autor y consumador de su fe, la verdadera descripción de su persona y de su obra.

El sufrimiento de Cristo en la cruz es el punto central de la fe cristiana. Allí es donde se ve con más claridad su deidad, su humanidad, su obra y su sufrimiento.

Disponible en Internet en: http://www.gracia.org
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«Como incienso agradable os aceptaré».

Charles Spurgeon  H

28 de marzo

«Como incienso agradable os aceptaré».

Ezequiel 20:41

Los méritos de nuestro gran Redentor son como olor suave para el Altísimo. Ya sea que hablemos de la justicia activa de Cristo o de su justicia pasiva, hay en ellas la misma fragancia. Su vida activa, por la cual honró la ley de Dios e hizo que cada precepto brillase como preciosa joya en el puro engaste de su propia persona, desprende un suave olor. Así es también con su obediencia pasiva: cuando soportó con callada sumisión hambre y sed, frío y desnudez y, al fin, sudor de grandes gotas de sangre en Getsemaní; cuando dio su espalda a los heridores y sus mejillas a los que le mesaban la barba, y fue colgado en el cruel madero para que sufriese la ira de Dios en nuestro lugar. Estas son dos cosas fragantes delante del Altísimo; y, en consideración de sus obras y de su muerte, de sus sufrimientos en lugar del pecador y de su obediencia vicaria, el Señor nuestro Dios nos acepta. ¡Qué dulce aroma debe de haber en él para superar nuestra carencia de aroma! ¡Qué suave olor para quitar toda nuestra hediondez! ¡Qué poder purificador en su sangre para borrar pecados como los nuestros! ¡Y qué gloria en su justicia para hacer que criaturas tan inaceptables como nosotros fuesen aceptas en el Amado! ¡Observa, creyente, cuán segura e inmutable debe de ser nuestra aceptación cuando se encuentra en él! Cuídate y no dudes nunca de tu aceptación en Jesús. No puedes ser aceptado sin Cristo; pero una vez que has recibido sus méritos no puedes dejar de serlo. A pesar de todas tus dudas, temores y pecados, el ojo bondadoso del Señor nunca te mirará con ira. Aunque él vea pecado en ti —en ti mismo—, sin embargo, cuando te mira a través de Cristo, no descubre ninguno. Siempre eres acepto en Cristo; siempre eres bendito y amado para el corazón del Padre. Eleva un cántico, pues, y a medida que veas el humeante incienso de los méritos del Salvador subir delante del Trono de zafiro en esta noche, deja que el incienso de tu alabanza ascienda también con él.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 96). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

“Rey de los judíos”

“Rey de los judíos”

28 MARZO

Éxodo 39 | Juan 18 | Proverbios 15 | Filipenses 2

Cuando Pilato le pregunta a Jesús si es o no el “rey de los judíos” (Juan 18:33), lo que más le interesa saber es si Jesús representa alguna amenaza política. ¿Acaso es uno de los mesías nacionalistas y autoproclamados que pretenden restarle poder a la superpotencia romana? En tal caso, le correspondería la pena capital.

La respuesta que Jesús le da a Pilato, no la había escuchado jamás: “Mi reino no es de este mundo —contestó Jesús—. Si lo fuera, mis propios siervos pelearían para impedir que los judíos me arrestaran. Pero mi reino no es de este mundo” (Juan 18:36).

Es una respuesta que merece ser considerada en profundidad. Analizaremos ahora cuatro aspectos de ella:

(1) La palabra “reino” no puede tener aquí el significado estático, como en el caso del “reino de Jordania” o el “reino de Arabia Saudí”. Quiere decir algo más dinámico, próximo al concepto de “dominio real”, o “gobierno real”, puesto que Jesús se refiere a la procedencia u origen de su reino, es decir: la fuente de su autoridad para gobernar. Esto no significa que su dominio real carezca de territorio que vaya unido a él; sí que lo hay, como veremos más adelante, pero no es el énfasis en este caso.

(2) Jesús afirma que su reino “no es de este mundo”; procede “de otro lugar”. En otras palabras, todos los reinos y los centros de fuerza política construidos por los seres humanos encuentran su autoridad en realidades de este mundo. No así Jesús. Su reino, su autoridad para gobernar, procede de “otra parte” – y los lectores de este evangelio saben que, con esto, quiere decir el cielo, de Dios mismo.

(3) Por esto, sus siervos no lucharán. Su reino no avanza ni se convierte en imperio como los imperios de este mundo logran sus avances: a saber, inevitablemente con grandes movilizaciones militares. El reino de Dios no avanza gracias a los ejércitos humanos y los santos guerreros. Hemos de lamentar que los promotores de las cruzadas no hubiesen reflexionado un poco más en este texto. Por lo visto, Pilato comprendió y aceptó al menos parte de la respuesta de Jesús y, por lo tanto, no vio en él ninguna amenaza política (18:38).

(4) Sin embargo, esto no quiere decir que Jesús no reivindique nada en absoluto en lo que se refiere a los reinos de este mundo. Insiste en que es el Rey Jesús, aunque la fuente de su autoridad no se encuentre en este mundo y sus siervos no lo defiendan con las armas. No obstante esto, vendrá un día cuando todos le reconocerán como único Señor de señores y Rey de reyes (Apocalipsis 17:14; 19:16), y todos los reinos de esto mundo están destinados a pertenecerle (Apocalipsis 11:15).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 87). Barcelona: Publicaciones Andamio.