Jesús es el Amén de Dios

MARZO, 13

Jesús es el Amén de Dios

Devocional por John Piper

Pues tantas como sean las promesas de Dios, en Él todas son sí; por eso también por medio de Él, Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros. (2 Corintios 1:20)

La oración es el lugar donde repetidamente el pasado y el futuro se conectan en nuestra vida. Menciono esto acá porque Pablo conecta en este versículo la oración con el Sí de Dios de una manera impresionante.

En 2 Corintios 1:20, él dice (con un griego entrecortado que se refleja en una traducción en lenguaje entrecortado): «por eso también por medio de Él, Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros». Tratemos de explicar esto.

Está queriendo decir lo siguiente: «Por lo tanto, por causa de Cristo, decimos Amén a Dios en nuestras oraciones para mostrar que Dios obtiene la gloria por la gracia venidera en la que confiamos».

Si alguna vez nos preguntamos por qué los cristianos decimos Amén al final de las oraciones y de dónde viene esta costumbre, aquí está la respuesta. Amén es una palabra transferida directamente del hebreo al griego sin haber sido traducida, así como también llegó sin ninguna traducción al español y a la mayoría de los otros idiomas.

En hebreo era una afirmación muy fuerte (ver Números 5:22; Nehemías 5:13; 8:6). Es un «estoy de acuerdo» muy formal, solemne y serio, o un «afirmo lo que acaba de decir», o «esto es verdad». De la manera más simple, Amén significa un Sí muy serio en el contexto de dirigirnos a Dios.

Ahora notemos la conexión entre las dos mitades del versículo 20. La primera mitad dice: «pues tantas como sean las promesas de Dios, en Él todas son Sí». La segunda mitad dice: «por eso también por medio de Él, Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros».

Cuando nos damos cuenta de que ese Amén y el Sí significan lo mismo, entendemos lo que dice el versículo: en Cristo Jesús, Dios nos da su Sí a través de sus promesas; y en Cristo nosotros decimos Sí a Dios a través de la oración.

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Un cambio rápido

13 Marzo 2017

Hechos 9:1-4

La esencia del verdadero arrepentimiento es que la mente da un cambio. La palabra griega es metanoia, que significa literalmente “cambiar de mente”. Eso fue lo que le sucedió al orgulloso fariseo en el camino de Damasco. Muchas cosas dentro de Pablo cambiaron, y cambiaron completamente. Cambió su manera de pensar acerca de Dios, de Jesús, de la resurrección, de los seguidores de Cristo. Debió haber meneando la cabeza durante días. Había pensado que Cristo estaba muerto, y ahora estaba convencido de que estaba vivo. Éste, que sabía su nombre, sabía también lo que había estado haciendo. El violento rebelde finalmente había encontrado la horma de su zapato, y no tenía manera ni lugar donde esconderse.

Ahora bien, permítame hacer una pausa para aclarar algo importante. Algunos cristianos tratan de imponer su rígido sistema de normas en cuanto al tema de la conversión. Quiero prevenirle en cuanto a esa clase de práctica. Es imposible encontrar en la Escritura algo que diga que el pecador tiene una y solo una manera de venir a Cristo. Aunque el mensaje del evangelio es el mismo, los métodos cambian. Estamos tan condicionados por el trasfondo denominacional, el tradicionalismo religioso y los estrechos prejuicios, que no entendemos la gracia divina. ¡Tenemos la tendencia a exigir más de lo que Dios exige! Tengamos cuidado en cuanto a lo que exigimos a quienes se vuelven sinceramente al Señor.

Los perdidos se salvan mientras escuchan un himno que habla sobre Jesucristo y su obra redentora, o mientras escuchan a un predicador o a un maestro de la Biblia explicando la Palabra de Dios desde un púlpito, por la televisión o por la radio. Otros se salvan durante un estudio bíblico de un grupo pequeño en un hogar. Muchos otros vienen al Señor por sí solos, mientras oran en la intimidad de sus hogares. Día y noche un pecador puede clamar al Señor Jesucristo en fe y ser salvo. Por lo tanto, dejemos de hacer tan complicado el asunto. Como sucedió con Pablo, hay abundancia de gracia.

No importa cuándo se convirtió exactamente, Pablo comprendió que ese Jesús vivo, a quien él había odiado y negado durante toda su vida, era ahora su Señor y Salvador.

¿Es Él su Señor y Salvador, también?

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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“Haremos todo lo que el SEÑOR ha dicho, y le obedeceremos”

“Haremos todo lo que el SEÑOR ha dicho, y le obedeceremos”

13 MARZO

Éxodo 24 | Juan 3 | Job 42 | 2 Corintios 12

Resulta un tanto difícil ordenar algunas de las secuencias de sucesos en estos capítulos de Éxodo. Sin lugar a duda, Dios, en su misericordia, proporciona la suficiente revelación de su pacto para que el pueblo pueda estar de acuerdo con sus términos (Éxodo 24). Otras estipulaciones adicionales, como las correspondientes al tabernáculo y las disposiciones sacerdotales en especial, se describen en los siguientes capítulos. El largo viaje de Moisés a la montaña comienza más o menos en este tiempo y precipita la caprichosa rebelión que da lugar a la fabricación de un ídolo: el becerro de oro (Ex. 32). Esto hace que Moisés descienda del monte y haga pedazos las tablas de los Diez Mandamientos. A su debido tiempo, reflexionaremos sobre estos acontecimientos.

Aquí debemos analizar profundamente algunos elementos de la ratificación de este pacto.

(1) Los israelitas ya habrían estado acostumbrados a los pactos de señorío feudal tan habituales en el mundo antiguo. Los poderes regionales y las superpotencias solían imponer este tipo de tratado sobre las naciones menores. Ambas partes acordaban una serie de obligaciones. La potencia menor aceptaba vivir rigiéndose por las normas establecidas por el poder superior, pagar ciertos impuestos y mantener una adecuada lealtad; la parte más poderosa prometía protección, defensa y lealtad. Por lo general, estos pactos tenían una introducción que detallaba la historia pasada y un apéndice que recogía las amenazas, maldiciones y juicios que recaerían sobre la parte que quebrantara el acuerdo.

(2) Algunas partes de Éxodo y Deuteronomio, en particular, reflejan estos acuerdos. Este capítulo contiene elementos únicos. Sin embargo, lo que queda claro es que el pueblo mismo estuvo de acuerdo con las estipulaciones del pacto que Moisés escribe con sumo cuidado: “Haremos todo lo que el SEÑOR ha dicho, y le obedeceremos” (24:7). Por tanto, la posterior rebelión no solo manifiesta un inconstante espíritu independiente, sino que quebranta un juramento y destroza el pacto. Se están burlando del tratado del gran Rey.

(3) Con el fin de fortalecer la lealtad de la comunidad del pacto, Dios, en su misericordia, no sólo se revela a Moisés, sino también a Aarón, a sus hijos y a setenta ancianos. Cuando algunos escritores del Antiguo Testamento afirman que ciertas personas “vieron al Dios de Israel” (24:10–11) o “una especie de”, es inevitable que surjan las salvedades, porque, como dice en otro lugar de este mismo libro, nadie podía ver el rostro de Dios y seguir vivo (33:20). Por tanto, cuando se nos indica que los ancianos vieron a Dios, la única descripción es “una especie de” pavimento “bajo sus pies” (24:10). Dios permanece a distancia, pero, con todo, es una exhibición gloriosa que hace en su misericordia para reforzar la lealtad, aunque a Moisés se le reserva un papel especial como mediador, que es el único en subir hasta la cima de la montaña.

(4) El pacto se sella con un derramamiento de sangre (24:4–6).

(5) A lo largo de los cuarenta días que Moisés permanece en la montaña, la gloria del Señor se exhibe de una forma visible (24:15–18). Es un anticipo de lo que se desarrollará en capítulos posteriores.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 72). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El valor de un gorrión

El valor de un gorrión

Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan… y vuestro Padre celestial las alimenta. – Mateo 6:26

¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos. – Mateo 10:29, 31

Lidia, mi hija de cinco años, vino corriendo muy emocionada a mostrarme un gorrión que traía en sus manos; el pajarito se había caído del nido y su corazón latía fuertemente. –¡Mira, papá, qué lindo es! Vamos a darle de comer. Pero antes de que el día terminara, la niña lloró desconsolada porque el pajarito había muerto.

El tesoro que esta pequeña criatura frágil y dependiente fue para mi hija durante algunas horas me hace pensar en las palabras del Señor Jesús recordadas en el versículo de hoy.

Sí, Señor, tú declaras cuál es nuestro valor a tus ojos y a los ojos de tu Padre, pues quieres que estemos seguros de tu fidelidad, tu constante ayuda y tu infinita bondad. Ese pequeño gorrión es obra de tus manos, creación maravillosa sin duda. Tiene un instinto admirable, pero cuando cae… ¡todo se acaba!

A nosotros, los seres humanos, nos diste una inteligencia y, sobre todo, la facultad de conocerte. En nuestras almas está impreso el recuerdo inmortal de aquel que nos creó y que se nos revela. ¡Fuimos creados a tu imagen, oh Dios… pero no podemos estar en tu presencia debido a nuestro pecado! Somos esclavos de Satanás, ¿quién nos librará?

Tú nos compraste al precio de la sangre de tu propio Hijo, derramada en la cruz. Nos diste la vida eterna a los que hemos aceptado a Jesucristo. ¡Este es el valor que tenemos a tus ojos, valor mucho mayor que el de muchos gorriones! Entonces, ¿qué podemos temer?

Ezequiel 8 – Hechos 18 – Salmo 32:8-11 – Proverbios 11:15-16

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Nuestra misión

Nuestra misión

3/12/2017

Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo. (2 Corintios 5:19)

Dios amó a un mundo perdido y procuró ganar a los pecadores para sí para su propia gloria. Cristo vino al mundo por amor y procuró ganar a los pecadores para la gloria del Padre. Como creyentes, también nosotros debemos ir al mundo con amor y procurar ganar a los perdidos para la gloria de Dios. Así que nuestra misión es igual que la de Dios.

Somos una extensión del ministerio de Dios el Padre y del Hijo al recibir gloria por la salvación de los perdidos pecadores. Jesús dijo: “Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo” (Jn. 17:18). “Así como” expresa intención. Así como el Padre envió al Hijo al mundo irredento, así el Hijo ha enviado a los creyentes. ¡Lo maravilloso es que tenemos el privilegio de participar en la misión de Jesucristo para un mundo perdido!

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Cuando el alfarero está a nuestro favor

MARZO, 12

Cuando el alfarero está a nuestro favor

Devocional por John Piper

¡Ay del que contiende con su Hacedor,
el tiesto entre los tiestos de tierra!
¿Dirá el barro al alfarero: “Qué haces”?
¿O tu obra dirá: “Él no tiene manos”?
(Isaías 45:9)

La majestad de Dios se magnifica cuando lo vemos a él a través del lente de la creación ex nihilo (de la nada). Él ordena a la nada, y esta le obedece y se convierte en algo.

De la nada hace el barro, y del barro nos hace a nosotros —la cerámica del Señor (Isaías 45:9)—, su posesión, destinados para su gloria, en total dependencia en él.

«Sabed que Él, el Señor, es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos;
pueblo suyo somos y ovejas de su prado» (Salmos 100:3). Es humillante ser una oveja y una vasija que pertenece a alguien más.

Esta mañana estaba leyendo Isaías y encontré otra declaración acerca de la majestad de Dios. Cuando la pongo junto al poder absoluto de Dios y sus derechos como Creador, se crea una combustión que explota en mi corazón. ¡Bum!

Isaías 33:21 dice: «Porque allí, el Majestuoso, el Señor, será para nosotros…».

¡Para nosotros! ¡Para nosotros! El Creador es por nosotros y no contra nosotros. Teniendo todo el poder del universo y el derecho absoluto a hacer lo que le place con lo que ha creado, ¡él es por nosotros!

«…Ni el ojo había visto a un Dios fuera de ti que obrara a favor del que esperaba en Él» (Isaías 64:4). «Si Dios es por nosotros, ¿quiéncontra nosotros?» (Romanos 8:31).

¿Se les ocurre alguna cosa (quiero decir, cualquier cosa) que sea más reconfortante y que nos dé mayor seguridad y gozo que el hecho de que el Señor en su majestad esté a nuestro favor?

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“Destruid este templo —respondió Jesús—, y lo levantaré de nuevo en tres días”

“Destruid este templo —respondió Jesús—, y lo levantaré de nuevo en tres días”

12 MARZO

Éxodo 23 | Juan 2 | Job 41 | 2 Corintios 11

Cuando los líderes judíos cuestionan el derecho de Jesús de limpiar el templo como hizo, y le exigen que explique con qué autoridad lo ha hecho, contesta: “Destruid este templo —respondió Jesús—, y lo levantaré de nuevo en tres días” (Juan 2:19).

Este dialogo sólo se encuentra en Juan. Según los sinópticos, estas palabras se recogen, algo vagamente, en las acusaciones de aquellos que querían deshacerse de él basándose en el cargo capital de profanación del templo. Que sus recuerdos de dicho suceso fuesen más bien borrosos concuerda bien con el hecho de que Jesús pronunciase estas palabras al comienzo de su ministerio, quizá algo más de dos años antes de su arresto y juicio.

Pero, ¿qué quería decir Jesús con estas palabras? Sus adversarios creían que se refería al templo literal, y tildaron su afirmación de ridícula (2:20). Según dice Juan, ni siquiera los discípulos entendían qué quería decir. Por supuesto, cuando Juan compuso el evangelio lo sabía, y hace constar su conclusión: “cuando se levantó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron de lo que había dicho, y creyeron en la Escritura y en las palabras de Jesús” (2:22).

(1) Muchas veces, a Juan se le acusa de anacronismo, de introducir en los tiempos de Jesús prácticas y creencias que sólo se desarrollaron más tarde. Pero esto es poco probable. Ningún evangelista es más persistente que Juan a la hora de distinguir cuidadosamente (lo hace dieciséis veces) entre lo poco que los discípulos comprendían en aquel tiempo (durante la vida y ministerio de Jesús) y lo que llegaron a comprender más tarde.

(2) El punto de inflexión en su entendimiento de las palabras de Jesús fue una combinación de su resurrección de la muerte y una comprensión más profunda y una aceptación más plena de las Escrituras (2:22). Al morir Jesús y resucitar de la muerte, se vieron obligados a pensar en Jesús el Mesías no sólo de acuerdo con las categorías de una llegada real y triunfal. Tanto los acontecimientos como el tutelaje que habían recibido de Jesús les habían enseñado que el Mesías no era tan sólo el Rey davídico, sino también el Siervo sufriente. El mandato de la antigua alianza con respecto al sistema sacerdotal, el día de la expiación, el Cordero Pascual, un templo peculiar construido de acuerdo con las especificaciones de diseño establecidas por Dios mismo, les obligaron a reconocer que su anterior lectura de las Escrituras (las que hoy llamamos el Antiguo Testamento) había sido reduccionista. Ahora podían ver que el templo del Antiguo Testamento, el lugar de encuentro entre Dios y el pueblo de la alianza, apuntaba hacia aquel lugar de encuentro definitivo, el último Mediador. Jesús desempeñaría este papel en virtud de su muerte y resurrección – el “templo” sería destruido y reconstruido.

(3) Jesús mismo es la fuente de esta “hermenéutica”, de esta manera de leer las Escrituras del Antiguo Testamento.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 71). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Hay un vacío en su vida?

¿Hay un vacío en su vida?

El Señor será refugio… para el tiempo de angustia. En ti confiarán los que conocen tu nombre, por cuanto tú, oh Señor, no desamparaste a los que te buscaron. – Salmo 9:9-10

Dios es el que me ciñe de fuerza. – 2 Samuel 22:33

«Tenga como prioridad buscar a Dios. Deje que Su Espíritu penetre en su ser. Lo necesita para enfrentarse a las dificultades y pruebas de la vida. Antes de que la barca de su vida llegue a su último puerto, se encontrará con tempestades largas e inciertas, vientos rugientes e impetuosos, mares agitados que paralizan el corazón. Si usted no tiene una fe profunda y paciente en Dios, no tendrá fuerzas para afrontar las decepciones y contrariedades, que son inevitables. Sin Dios todos nuestros esfuerzos se reducen a ceniza, y nuestras auroras a profundas noches. Pero con él podemos dejar los valles agitados para alcanzar las cumbres de la paz interior y descubrir las estrellas radiantes de la esperanza en las profundidades de las noches más deprimentes de la vida. San Agustín tenía razón cuando dijo: «Tú nos hiciste para ti, y nuestro corazón no tendrá descanso hasta que repose en ti». ¿En dónde encontramos a ese Dios? ¿En dónde, sino en Jesucristo? Es un acto de fe en él lo que nos conducirá a un verdadero conocimiento de Dios».

Martin Luther King, pastor afroamericano, premio Nobel de la paz, asesinado en 1968

A lo largo de todos los tiempos, muchos creyentes aprendieron que Dios les bastaba en los momentos más sombríos de su vida. Al igual que personajes bíblicos como Job, David o el apóstol Pablo, experimentaron que nada podía separarlos del amor del Dios en quien habían depositado su confianza (Romanos 8:38-39).

Ezequiel 7 – Hechos 17:16-34 – Salmo 32:5-7 – Proverbios 11:13-14

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El motivo de la iglesia

El motivo de la iglesia

3/11/2017

A él sea gloria en la iglesia. (Efesios 3:21)

Si se fuera a entrevistar a un grupo de personas y pedirles que mencionen el propósito fundamental de la iglesia, es probable que se obtengan muchas respuestas diferentes.

Algunas pudieran sugerir que la iglesia es un lugar para hacer amistades con personas espirituales. Es donde los creyentes se fortalecen los unos a los otros en la fe y donde se cultiva y se expresa el amor.

Otros pudieran sugerir que la misión de la iglesia es enseñar la Palabra, preparar a los creyentes para diversas responsabilidades e instruir a los niños y a los jóvenes con el propósito de ayudarlos a crecer en Cristo.

Aun otras pudieran decir que otro propósito de la iglesia es alabar a Dios. La iglesia es una comunidad de alabanza que exalta a Dios por lo que es y por lo que ha hecho. Algunas personas sugerirían que como la alabanza es la actividad principal del cielo, debe ser la responsabilidad primordial de los que están en la tierra.

Pero tan importante como son la comunión, la enseñanza y la alabanza, el motivo principal de la iglesia es glorificar a Dios. El apóstol Pablo describió la salvación como “para alabanza de la gloria de su gracia” (Ef. 1:6).

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Para Él no hay sorpresas

11 Marzo 2017

Para Él no hay sorpresas
por Charles R. Swindoll

Hechos 9:1-4

Pablo tuvo el control de su propia vida por más de 30 años. Su hoja de servicios en el judaísmo era insuperable. Mientras iba en busca de mayor reputación para sí mismo, el láser de la presencia de Dios lo paró en seco, dejándolo ciego. Al igual que el grupo de pastores que años atrás habían estado vigilando fielmente sobre sus ovejas en otra noche memorable en las afueras de Belén, Saulo y sus acompañantes cayeron al suelo, aturdidos.

Eso es lo que sigue sucediendo hoy cuando golpea la desgracia. Usted recibe la noticia tarde en la noche, por teléfono, y no puede moverse. Mientras el policía le habla del choque de frente de los vehículos, usted se quedó paralizado sin poder creerlo. Después de escuchar la palabra “cáncer”, usted está tan conmocionado que casi no puede salir caminando del consultorio del médico. Un amigo me dijo una vez que, después de escuchar su temido diagnóstico, se fue tambaleando al baño donde vomitó, cayó de rodillas y sollozó incontrolablemente. Los golpes inesperados de la vida nos causan tanto temor que casi no podemos continuar.

Por primera vez en su orgullosa y egoísta vida, Saulo se había vuelto un desesperado dependiente. No solo había sido derribado a tierra, sino que también estaba ciego. Sus otros sentidos estaban alertas y, para su sorpresa, escuchó una voz del cielo que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos 9:4). Estaba convencido de que había estado persiguiendo a unas personas, a los seguidores de un culto a un falso Mesías. Pero descubrió que el verdadero objeto de su abominable crueldad era Cristo mismo.

Vivimos en una cultura que confunde, por lo regular, humanidad con divinidad. Las líneas se vuelven confusas. Es la clase de teología empalagosa que dice que Dios está sentado en el extremo del cielo, pensando: ¿Qué irán a hacer ahora? ¡Qué absurdo! Dios es omnisciente, es decir que lo sabe todo. Esto implica, claramente, que Dios nunca aprende nada, no obstante nuestras decisiones pecaminosas y nuestras perversas acciones. Nada jamás lo sorprende a Él. Desde el momento en que somos concebidos, hasta el momento en que morimos, estamos seguros dentro del marco de Su mirada vigilante y de Su soberano plan para nosotros.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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