«Los diez mandamientos»

«Los diez mandamientos»

9 MARZO

Éxodo 20 | Lucas 23 | Job 38 | 2 Corintios 8

Los diez mandamientos (Éxodo 20) antes eran memorizados por cada niño en todas las escuelas del mundo occidental. Esto servía para inculcar profundamente los principios del bien y del mal, los cuales contribuyeron a formar los cimientos de la civilización occidental. No se veían como diez recomendaciones, caprichos opcionales para gente educada. Incluso mucha gente que no creía que los diez mandamientos procediesen de Dios mismo (“Dios habló, y dio a conocer todos estos mandamientos” 20:1), los consideraba sin embargo como el más noble resumen que se pudiese imaginar de la clase de principios morales, privados y públicos, que hacen falta para la estructuración de una sociedad.

La importancia de los diez mandamientos se va socavando muy rápidamente en Occidente. Incluso muchos miembros de nuestras iglesias no pueden citar más de tres o cuatro de ellos. Pero es inconcebible que un creyente pensante no los memorice.

No obstante, es el contexto donde se entregaron lo que me ha inducido a hacer esta meditación. Los diez mandamientos fueron dados por Dios mediante Moisés a los israelitas en el tercer mes después de su liberación de la esclavitud en Egipto. Cuatro observaciones:

(1) Los diez mandamientos representan el momento culminante del pacto mediado por Moisés (19:5), entregado por Dios en Sinaí (Horeb). El resto del pacto tiene poco sentido sin ellos; los mismos diez mandamientos están cimentados por las demás estipulaciones de la alianza. Aunque hechos para durar, no se presentan como una serie de principios abstractos, sino que están formulados teniendo en cuenta los términos concretos de aquella cultura: por ejemplo, cuando se prohíbe codiciar el buey o el asno del prójimo.

(2) Los diez mandamientos comienzan recordando a la comunidad que Dios les redimió de la esclavitud: “Yo soy el Señor tu Dios. Yo te saqué de Egipto, del país donde eras esclavo” (20:2). Son su pueblo, no sólo a causa de la creación, no sólo debido de la alianza con Abraham, sino porque Dios les rescató de Egipto.

(3) Dios entregó los diez mandamientos en una exhibición aterradora de su poder. En una época anterior al holocausto nuclear, la experiencia más aterradora del poder eran las fuerzas de la naturaleza desencadenadas.

Aquí, la violencia de la tempestad, el sacudir de la tierra, los relámpagos, el ruido, el humo (19:16–19; 20:18) no sólo dio solemnidad al suceso, sino que sirvió para enseñar al pueblo el significado del temor reverente (20:19–20). El temor del Señor no sólo es el principio de la sabiduría (Prov 1:7), sino que impide que la gente peque contra Dios (Éxodo 20:20). Dios quiere que sepan que él los rescató, y también que sepan que no es un dios domesticado, que existe para ir dispensando alegremente un sinfín de bendiciones tribales. No es sólo un Dios bueno, sino también un Dios aterrador, magnífico.

(4) Al ser Dios tan aterrador, fue el mismo pueblo quien insistió que Moisés sea mediador entre Dios y ellos (20:18–19). Y esto prepara el camino para otro Mediador definitivo. (Deut 18:15–18).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 68). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Aliméntese con la Biblia!

 ¡Aliméntese con la Biblia!

Señor… Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón. – Jeremías 15:15-16

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia. – 2 Timoteo 3:16

–Antonio: ¿Por qué se dice que la Biblia es la Palabra de Dios? ¡Sus escritores eran hombres!

–Roberto: Sí, pero escribían de parte de Dios, eran profetas, testigos de Dios.

–De acuerdo, ¡pero pudieron equivocarse!

–Eso es imposible, pues los creyentes que recopilaron sus escritos eran muy escrupulosos. Al reunir los libros que constituirían la Biblia, estaban convencidos de que estaban inspirados por Dios. Verificaron meticulosamente cada copia y velaban para no añadir ni quitar nada del texto de la Palabra de Dios.

–Al final hay que confiar en los demás.

–Todavía hay pruebas, independientes de los escritores. Por ejemplo, los libros de la Biblia se complementan formando una bella armonía. En su conjunto ofrecen, muchos siglos con antelación, una profecía completa sobre Cristo: su venida, su vida ejemplar, su muerte y su actual presencia junto a Dios.

–Sus argumentos son justos, pero yo tengo mis dudas…

–Es normal, la convicción de que la Biblia es la Palabra de Dios no proviene únicamente de pruebas intelectuales. Es dada por la fe: al recibirla como viniendo de Dios mismo, ella tocará su corazón. Léala a menudo, lentamente, orando, y verá que ella es viva, es decir, que ilumina el ser interior con esa luz divina que desvela todo lo que usted es ante Dios. También da lo que promete, sobre todo la gracia divina, la seguridad del perdón de Dios y de la vida eterna.

Ezequiel 4 – Hechos 15:36-16:10 – Salmo 31:14-20 – Proverbios 11:7-8

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Una esperanza viva

Una esperanza viva

3/8/2017

Su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva. (1 Pedro 1:3)

Cuando Dios lo salvó y lo transformó a usted, le dio “una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible” (1 P. 1:4). Como resultado, los cristianos pueden vivir con la esperanza de esa herencia eterna.

¿Por qué es importante esa esperanza? Los incrédulos no confían en Él, de modo que no pueden esperar en Él. Pero como creyente usted ha visto que Dios ha sido fiel en el pasado y en el presente, y que le da la esperanza de que será fiel en el futuro. Y eso le da gloria.

Digámoslo de una manera sencilla: Dios es glorificado cuando usted confía en Él. Dios es glorificado cuando usted cree en Él. Y Él es glorificado cuando usted espera en su promesa futura. El Dios que le ha dado tan gran salvación es digno de su esperanza.

Disponible en Internet en: http://www.gracia.org
DERECHOS DE AUTOR © 2012 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros (http://www.gracia.org/acercaDeGAV.aspx?page=derechos).

Abre las ventanas de tu corazón

MARZO, 08

Abre las ventanas de tu corazón

Devocional por John Piper

He puesto sobre él mi Espíritu… No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare. (Isaías 42:1-3)

Probablemente, las palabras más alentadoras que haya oído en semanas vengan de una profecía en Isaías 42:1-3 sobre cómo usará Jesús su poder espiritual.

¿Nos sentimos como una «caña cascada», o como uno de esos enormes y pesados lirios de Pascua, cuyo tallo ha sido aplastado de manera que la flor cae al suelo y no recibe vida? ¿Alguna vez sintieron que su fe es solo una pequeña chispa en lugar de una llama, como ese puntito rojo que queda en la mecha después de que se soplan las velas de cumpleaños?

¡Ánimo! El Espíritu de Cristo es el Espíritu de aliento: él no cortará nuestra flor, él no apagará nuestra chispa.

«El Espíritu del Señor esta sobre mí… para anunciar el evangelio a los pobres» (Lucas 4:18). «Se levantará el sol de justicia con la salud en sus alas» (Malaquías 4:2). Él es «manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas» (Mateo 11:29). «Espera al Señor; esfuérzate y aliéntese tu corazón. Sí, espera al Señor» (Salmos 27:14).

Podrá ser triste para nosotros tener solo una chispa en lugar de una llama de fuego. Pero ¡prestemos atención! y alentémonos: sí, hay una gran diferencia entre una chispa y un fuego, ¡pero hay una diferencia infinita entre una chispa y ninguna chispa! Una semilla de mostaza (de fe) está infinitamente más cerca de ser una montaña que lo está de no ser una semilla.

Abramos la ventana de las promesas de Dios y dejemos que el Espíritu sople en cada una de las habitaciones de nuestro corazón. El viento santo de Dios no romperá o extinguirá. Él levantará nuestra cabeza y soplará la chispa para que se convierta en llama. Él es el Espíritu de aliento.

http://solidjoys.sdejesucristo.org/

Comienzo brutal

8 Marzo 2017

Comienzo brutal
por Charles R. Swindoll

Hechos 3:29-32

Hechos 8:1-3

Esto es algo que no debemos olvidar cuando estudiamos la vida de un hombre al que llamaban Pablo. También debemos prepararnos para algunas sorpresas. El primer retrato escrito de Pablo (a quien conocemos primero como Saulo de Tarso) es brutal y sangriento. Si un pintor lo retratara en un óleo, ninguno de nosotros quisiera tener ese cuadro en nuestra sala, porque el hombre se parece más a un terrorista que a un devoto seguidor del judaísmo.
Para horror nuestro, la sangre del primer mártir salpica la ropa de Saulo mientras está de pie consintiendo, como cómplice en el terrible asesinato.

Toda nuestra vida hemos adoptado por naturaleza una imagen mental cristianizada del apóstol Pablo. Después de todo, él es quien nos dio las dos epístolas a los Corintios. Escribió Romanos, la Carta Magna de la vida cristiana. También escribió la liberadora carta a los Gálatas exhortando tanto a ellos como a nosotros a vivir en la libertad que da la gracia de Dios. Asimismo escribió las cartas carcelarias y las pastorales, tan llenas de sabiduría, tan importantes por su riqueza. Basado en todo eso, usted pensaría que este hombre amó al Señor desde su nacimiento. ¡Qué va!

Pablo detestaba el nombre de Jesús. Tanto así, que se convirtió en un agresor declarado y violento, persiguiendo y asesinando a cristianos por lealtad al Dios del cielo. Aunque pueda parecer espantoso, no debemos olvidar nunca el infierno de donde vino, puesto que cuanto más entendamos su tenebroso pasado, más comprenderemos su profundo agradecimiento por la gracia.

El primer retrato de la vida de Pablo que aparece en las Sagradas Escrituras no es el de un pequeño bebé amorosamente sostenido en los brazos de su madre. Tampoco es el de un muchacho judío saltando y retozando con sus compañeros por las estrechas calles de Tarso. El retrato no es tampoco el de un joven e inteligente estudiante de la ley sentado fielmente a los pies de Gamaliel.

Esas imágenes solo nos harían pensar erróneamente que tuvo un pasado como de cuento de hadas. Más bien, lo conocemos por primera vez simplemente como “un joven que se llamaba Saulo” que fue partidario del terrible asesinato de Esteban, y que estando de pie “consentía en su muerte” (Hechos 7:58; 8:1).

Ese es el Pablo que necesitamos ver para apreciar en verdad las gloriosas verdades de las epístolas del Nuevo Testamento que escribió. No es de extrañar que después llegara a ser conocido como el “Apóstol de la gracia».

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

– See more at: http://visionparavivir.org/devocional#sthash.Ys55MGnO.dpuf

“Las palabras de institución”

“Las palabras de institución”

8 MARZO

Éxodo 19 | Lucas 22 | Job 37 | 2 Corintios 7

Las descripciones que encontramos en el Nuevo Testamento de “las palabras de institución” – es decir, las palabras mediante las cuales se instituye la Cena del Señor como mandato del Señor varían bastante, pero los aspectos que tienen en común nos llaman la atención. Lucas 22:7–20 nos permite reflexionar sobre ciertos elementos de una de estas descripciones.

Según todos los tres evangelios sinópticos, Jesús dijo a sus discípulos que preparasen una cena para la Pascua; Lucas enfatiza este hecho (22:1, 7–8, 11, 15). Jesús quiere que sus propias palabras y acciones se comprendan a la luz de aquella fiesta original de la Pascua. Era una celebración no sólo de la liberación de los esclavos israelitas, sino de la manera como esta liberación se logró: de acuerdo con el plan de Dios, el ángel de la muerte “pasó de largo” cuando veía la sangre del sacrificio pintada en las puertas, mientras todas las demás casas egipcias perdieron a sus primogénitos. Además, este éxodo milagroso preparó la escena para la inauguración de la alianza en Sinaí. Por lo tanto, cuando Jesús toma el pan en esta última comida de la Pascua y dice: “Este pan es mi cuerpo, entregado por vosotros” (22:19), y cuando toma la copa y dice: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por vosotros” (22:20), uno percibe algo más que un simple eco del rito de la antigua alianza. A este lado de la cruz, no podemos por menos que llegar a la conclusión de que Jesús ve su propia muerte, el derramamiento de su propia sangre, como el sacrificio provisto por Dios para satisfacer la ira de Dios contra el pecado; a sí mismo, como el Cordero de la Pascua, el Cordero de Dios por excelencia, y su muerte, como el medio que establece una alianza con el pueblo de Dios al liberarle de una esclavitud aún más oscura y más profunda.

Alguien ha dicho que las cuatro palabras más discutidas en la historia de la Iglesia cristiana son “Esto es mi cuerpo”. Sin entrar en la lista de todo lo que se pudiese decir con respecto a esta cláusula, al menos podemos estar de acuerdo en que una de las funciones del rito, puesto que es lo que Cristo mismo dice explícitamente mientras lo instituye, es conmemorativa: “Haced esto en memoria de mí” (22:19). Resulta chocante que esto sea necesario, igual que también lo es que el rito conmemorativo de la Pascua fuese necesario. No obstante, la historia nos demuestra con qué rapidez el pueblo de Dios pierde de vista lo importante y se desliza hacia asuntos periféricos, acabando por ignorar o incluso negar su centro. Mediante este rito sencillo, Jesús advierte a sus discípulos que tienen que regresar a su muerte, a su sangre derramada, a su cuerpo roto, una y otra vez.

También es un rito que mira hacia el futuro, hacia el reino consumado, cuando la Pascua y la Cena del Señor se culminarán (22:16, 18). Comemos y bebemos según él lo ha mandado, “hasta que él venga” (1 Corintios 11:26), cuando la conmemoración y la proclamación serán absorbidas en el gozo de su presencia real.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 67). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El silencio de Dios

El silencio de Dios

Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios. – Jeremías 7:23

En una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende. – Job 33:14

Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones. – Hebreos 3:15

El escritor ruso Dostoïevski escribió: «El infierno es el lugar en donde Dios no habla más». Efectivamente, un día Dios guardará silencio, después de haberse dirigido al hombre mediante las obras de la creación, el mensaje de los profetas y el testimonio que su Hijo dio al venir a este mundo.

Todavía hoy habla claramente por medio de su Palabra, la Biblia, muy extendida; mediante las innumerables cruces que vemos aquí y allá, que recuerdan el sacrificio de su Hijo; así como a través del testimonio dado por millones de hombres y mujeres que conocen a Jesucristo como su Salvador. Aún hoy, la Palabra de Dios nos dice: “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones”. Dios habló una vez, dos veces… y a menudo varias veces a nuestra vida. Continúa haciéndolo, pero si rehusamos escucharlo como Salvador, estaremos obligados a escucharlo una última vez como el Juez supremo, antes de ir al lugar de tormentos eternos.

En este día de gracia, Dios todavía se dirige a cada uno de nosotros. Escuchemos su voz, recibamos el Evangelio; no esperemos que este llamado divino cese para siempre.

Dostoïevski también escribió: «El hombre está triste porque no sabe que puede ser feliz». ¡Realmente es así! Hoy, la felicidad está al alcance de su mano. Es preciso escuchar a Jesús quien, como en otro tiempo, nos dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

Ezequiel 3 – Hechos 15:1-35 – Salmo 31:9-13 – Proverbios 11:5-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Qué ama usted en realidad?

¿Qué ama usted en realidad?

3/7/2017

Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. (Lucas 14:26-27)

Aparte de Dios, nadie pudo haber sido más amado para Abraham que su hijo Isaac. Pero esa era la prueba: “Averiguar si amaba a Isaac más que a Dios”. Si amamos a Dios sobre todas las cosas, le daremos gracias por lo que está logrando a través de nuestras pruebas y de nuestros sufrimientos. Pero si nos amamos a nosotros mismos más de lo que amamos a Dios, pondremos en tela de juicio la sabiduría de Dios y nos enojaremos y amargaremos. Si hay algo para nosotros más amado que Dios, entonces Él tiene que quitar eso para que crezcamos espiritualmente.

En el versículo de hoy, Jesús no dijo que debemos odiar a todo el mundo. Más bien quiso decir que si no se ama a Dios hasta el punto de que se esté dispuesto, si fuera necesario, a separarse del padre, de la madre, del cónyuge, de los hijos, del hermano, de la hermana, o incluso de la propia vida, entonces no se le ama sobre todas las cosas. Usted debe decidir hacer la voluntad de Dios ante todo, sin que importe cuánto pueda amar a los demás.

Disponible en Internet en: http://www.gracia.org
DERECHOS DE AUTOR © 2012 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros (http://www.gracia.org/acercaDeGAV.aspx?page=derechos).

¿Cómo podemos ser llenos del Espíritu Santo?

MARZO, 07

¿Cómo podemos ser llenos del Espíritu Santo?

Devocional por John Piper

Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza. (Romanos 15:4)

¿Cómo podemos ser llenos del Espíritu Santo? ¿Cómo podemos experimentar un derramamiento del Espíritu Santo en nuestra iglesia que nos llene de gozo indomable y nos libere y nos dé poder para amar a aquellos que están alrededor nuestro de manera tan auténtica que ellos sean ganados para Cristo?

Respuesta: Meditar día y noche sobre las incomparables promesas de Dios, que nos dan esperanza. Como lo dice el versículo más arriba, es de esa manera como Pablo mantenía su corazón lleno de esperanza y gozo y amor.

La plena certeza de la esperanza viene al meditar en las promesas de la Palabra de Dios. Esto no contradice a la oración de ocho versículos después, que dice que el Espíritu Santo nos da esperanza (Romanos 15:13), porque el Espíritu Santo es el autor divino de las Escrituras. No es contradictorio que la manera en que nos llene de esperanza sea llenarnos con su propia palabra de promesa.

La esperanza no es una vaga emoción que viene de cualquier lado (como un dolor de estómago). La esperanza es la confianza en que el estupendo futuro que se nos promete en la Palabra del Espíritu verdaderamente se va a cumplir. Por lo tanto, la manera de ser llenos del Espíritu Santo es ser llenos de su Palabra. La forma de tener el poder del Espíritu es creer las promesas de su Palabra.

Porque es la palabra de la promesa la que nos llena de esperanza, y la esperanza nos llena de gozo, y el gozo rebalsa en el poder y libertad para amar a nuestro prójimo. Y esa es la plenitud del Espíritu Santo.

http://solidjoys.sdejesucristo.org/

Bendecido

7 Marzo 2017

Bendecido
por Charles R. Swindoll

Job 42:9-15

Si ya leyó el pasaje, le pregunto: ¿Leyó este pasaje muy de prisa? ¿Leyó el final del versículo 9? Tome nota de lo que dice: “El SEÑOR atendió”. Luego están, en el versículo 10: “El SEÑOR restauró” y “el SEÑOR aumentó”. El versículo 12 dice al comienzo: “El SEÑOR bendijo”. Estas son palabras de gracia, declaraciones del favor divino. Permita que las mismas le lleguen con todo su impacto:

Atendió
Restauró
Aumentó
Bendijo

Como resultado de nuestra cínica sociedad, usted y yo estamos siendo programados para que no nos detengamos a considerar las palabras gracia y bendición, y para que nos apresuremos a dar atención a las palabras negativas, esas que nos desalientan. Asesinatos en el lugar de trabajo. Desastres meteorológicos. Familias destruidas. Incendios forestales. Alta tasa de divorcios. Calamidades económicas. Actos de terrorismo. Personas sin techo. Pastores en pecado. Corazones destrozados. Maltrato infantil. Abuso conyugal. Drogadicción. Padres que no cumplen con sus obligaciones económicas. Muertes prematuras. Constructores fraudulentos. Aumento del desempleo. Escándalos entre altos ejecutivos empresariales y deportistas famosos; y la lista sigue. Eso es lo que llena los noticieros de la noche.

Nunca escuchamos: “Mañana por la noche les traeremos solo buenas noticias”. Por el contrario, lo que escuchamos es: “Siga en sintonía si piensa que esta fue una mala noticia; dentro de unos momentos le contaremos toda la historia”.

Es que, hasta el meteorólogo pronostica “parcialmente nublado”. Nunca dice: “Principalmente soleado mañana”. Siempre hay un 20% de posibilidades de que llueva, pero él nunca dice: “Hay un 80% de posibilidades de que haya sol”, además, por lo general está equivocado (eso sí que es tener un trabajo seguro). ¡Bueno, no sigamos hablando más de esto!

¿A quién bendice Dios? ¡A Job! ¡Esta es una noticia maravillosa! Usted no ha olvidado que Job maldijo el día que nació, ¿verdad? ¿Ni que lamentaba el hecho de no haber muerto cuando fue puesto en el pecho de su madre? Él también fue quien dijo: “No estoy bien. No estoy tranquilo”. En otras palabras: “No estoy de acuerdo con lo que me ha sucedido”. Es el mismo Job que es bendecido maravillosamente al final del libro. ¿Por qué razón? ¡Por la gracia y más y más gracia!

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

– See more at: http://visionparavivir.org/devocional#sthash.m4Tx32eo.dpuf