Dos maneras de orar

Si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho. – 1 Juan 5:14-15

Hay que ser coherentes. No podemos decir que creemos en Dios si no nos dirigimos a él en oración de una manera seria. De lo contrario creemos en un Dios muy vago y lejano, un Dios a quien acudimos cuando todo va mal, o con la esperanza de obtener su favor, pero haciendo aquello que le desagrada. Orar a Dios tampoco es un deber, sino una necesidad vital del creyente, y un gran privilegio.

Si bien es exponerle nuestras necesidades con confianza, también es acercarnos a un Padre que nos conoce y quiere escucharnos. ¿Nos acordamos de darle las gracias por habernos sacado victoriosos de las pruebas? La oración también es ofrenda, alabanza: ¡Digámosle a Dios cuán grande y maravilloso es Jesús para nosotros!

¡Dulce oración, dulce oración,

Que del cuidado terrenal

Sabes llevar mi corazón

Hasta el buen Padre celestial!

¡Oh cuántas veces tuve en ti

Auxilio en ruda tentación,

Y cuantos bienes recibí

Por tu valor, dulce oración!

Dulce oración, dulce oración,

Al trono excelso de bondad

Elevarás mi petición

Hecha con labios de verdad.

Será mi ruego oído allí,

Y la divina bendición

En abundancia sobre mí

Descenderá, dulce oración.

2 Samuel 24 – Hechos 13:1-25 – Salmo 30:1-5 – Proverbios 10:31-32

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Madurez en el sufrimiento

Madurez en el sufrimiento

3/4/2017

El Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. (1 Pedro 5:10)

Un llamado del cristiano a la gloria tiene que ir por la senda del sufrimiento. El versículo de hoy explica por qué. El sufrimiento es el método de Dios para que su pueblo madure espiritualmente. Lo complace cuando soportamos con paciencia la prueba que afrontamos en el camino. El sufrimiento es parte del plan de Dios a fin de preparar a su pueblo para la gloria.

El apóstol Pedro dijo esto respecto al valor del sufrimiento: “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 P. 1:6-7). Dios permite el sufrimiento como una confirmación de nuestra fe. También produce paciencia, aunque la paciencia es una virtud que no necesitaremos en la eternidad; no habrá razón alguna para la impaciencia allí. Pero además de esos beneficios, el sufrimiento aumenta nuestra capacidad de alabar, honrar y glorificar a Dios, y eso es algo que usaremos por toda la eternidad.

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Dios se goza en hacernos bien

MARZO, 04

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Dios se goza en hacernos bien

Devocional por John Piper

Haré con ellos un pacto eterno, por el que no me apartaré de ellos, para hacerles bien… Me regocijaré en ellos haciéndoles bien… (Jeremías 32:40-41)

Esta es una de esas promesas de Dios a las que acudo una y otra vez cuando estoy desalentado (sí, le ocurre a los pastores). ¿Se les ocurre algo más alentador que el hecho de que Dios se regocije en hacernos bien?

Él no cumple su promesa a regañadientes (Romanos 8:28). Es su gozo hacernos bien; y no solo a veces: ¡Siempre! «No me apartaré de ellos, para hacerles bien…».

Aunque algunas veces nuestra situación es tan difícil de tolerar que simplemente no podemos mostrar ningún gozo. Cuando eso me ocurre, trato de imitar a Abraham: «él creyó en esperanza contra esperanza» (Romanos 4:18). Dios ha sido siempre fiel en proteger esa pequeña chispa de fe en mí, que con el tiempo (no inmediatamente) se enciende para convertirse en una llama de felicidad y plena confianza.

¡Cuánto me alegra que aquello que hace más feliz al Dios Todopoderoso sea hacernos bien, a ustedes y a mí!

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Para mantenerse joven

4 Marzo 2017

Para mantenerse joven
por Charles R. Swindoll

Job 42:10-17

Me gustaría darle varios consejos en cuanto a cómo mantenerse:

Número uno: Su mente no está vieja, siga cultivándola. Vea menos televisión y lea más. Pase tiempo con personas que hablen de sucesos e ideas, en vez de hacerlo con las que solo hablan de la gente y de lo mala que se ha vuelto esta generación joven. Nadie quiere estar cerca de un viejo maniático que solo ve las nubes y que solamente habla del mal tiempo.

Número dos: Su humor no se ha terminado, siga disfrutándolo. Me encanta rodearme de personas ya viejas que siguen viendo el lado bueno de la vida. Se dan cuenta de las cosas divertidas que suceden. Pueden contar historias excelentes. Disfrutan reír a pleno pulmón. Y les quita años a su cara.

Número tres: Sus fuerzas no se han acabado, siga utilizándolas. No pierda su silueta. Manténgase activo. Coma bien. Vigile su peso. Evite el aislamiento y la inercia, y deje de hablar de todos sus dolores y achaques. Deje de hablar de lo débil que se está volviendo y de cómo los demás tendrán que hacer esto o aquello por usted. Láncese a hacer las cosas. Siga activo.

Aquí está el cuarto: Sus oportunidades no se han acabado, siga buscándolas. A su alrededor hay personas que pudieran estar necesitando de una palabra de estímulo, de una nota de apoyo, de una llamada telefónica que les diga: “Te amo y creo en ti, y estoy orando por ti”. Por tanto, hágalo. Las oportunidades de ayudar a los demás no se han acabado.

El quinto es obvio: Su Dios no ha muerto, siga sirviéndole y buscándole. El Dios vivo es eterno. El Señor Jesucristo es inmortal y siempre soberano. Siga disfrutando de un tiempo a solas con su Señor. ¡Esto es muy importante!

Usted ha vivido lo suficiente para saber que nadie es tan digno de confianza como el Señor. Siga cultivando una relación vital con Él. Búsquelo con empeño y a menudo. Mi deseo para usted es el de una vida abundante, como la de Job, caracterizada, no por la ausencia de problemas (esto es imposible), sino que sea una vida verdaderamente placentera, realizada, útil, piadosa, equilibrada y gozosa.

¡Sí, en verdad gozosa! Y no lo olvide, que sea razonablemente dulce.

Su mente no está vieja, siga cultivándola. Vea menos televisión y lea más. —Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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¡Cuatro relatos cohesionados entre sí!

¡Cuatro relatos cohesionados entre sí!

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4 MARZO

Éxodo 15 | Lucas 18 | Job 33 | 2 Corintios 3

Cada una de las cuatro unidades de Lucas 18 se presta al malentendido; cada una de ellas se comprende clarísimamente cuando se lee en el contexto de las otras cuatro.

La primera (Lucas 18:1–8) es una parábola que Jesús explica a sus discípulos “para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse” (18:1). Un juez injusto se encuentra sometido a una presión continua por parte de una viuda, de modo que acaba por concederle la justicia que ella reclama. “¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles?” (18:7). Si hasta este juez injusto finalmente hace justicia, ¿cuánto más lo hará Dios, al suplicarle sus “escogidos”? Por sí sola, por supuesto, esta parábola podría interpretarse en el sentido de “cuánto más oras, más recibirás” – una especie de acuerdo proporcional, justamente la clase de “oración” que Jesús mismo critica en otra parte (Mateo 6:5–15). Pero el último versículo (18:8) nos muestra el quid de la cuestión: “No obstante, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?”. El problema no es que Dios no está dispuesto a conceder nuestras peticiones, sino que somos demasiado indiferentes o perezosos para pedir.

La segunda parábola (18:9–14) describe el caso de un fariseo y un recaudador de impuestos que acuden al templo para orar. Algunos relativistas contemporáneos deducen de este relato que Jesús acepta a todo el mundo, sean los que sean sus pecados persistentes, sus hábitos o su estilo de vida. Sólo rechaza a los hipócritas religiosos que se justifican a sí mismos. Es cierto que Jesús rechaza a estos últimos. No obstante, la parábola no da la impresión de que el recaudador de impuestos tuviese la intención de continuar pecando. Más bien, suplica la misericordia de Dios, consciente de lo que es; acude a Dios desde una necesidad personal que él mismo ha reconocido.

En la tercera parábola (18:15–17), Jesús insiste en que los niños pequeños le sean traídos “porque el reino de Dios es de quienes son como ellos”. Uno debe recibir “el reino de Dios como un niño” o quedar sin recibirlo. No obstante, esta parábola no quiere recomendar un comportamiento infantil en todos los sentidos: la ingenuidad, el pensar a corto plazo, la inmadurez moral, el ‘NO’ perpetuo de los terribles chiquillos. Pero los niños gozan de una gran apertura, una libertad refrescante de toda autopromoción, una sencillez que simplemente pide y confía.

En la cuarta unidad (18:18–30), Jesús dice al rico gobernador que venda todos sus bienes y dé lo que tiene a los pobres, y que luego, si quiere tener riquezas en el cielo, siga a Cristo. ¿Acaso esto quiere decir que sólo a base del ascetismo y la penuria gozará alguien las bendiciones celestiales? ¿No se trata más bien de que Cristo pone de manifiesto y desmonta el verdadero dios de este hombre, y el cimiento más bien patético de su confianza en sí mismo, a fin de que simplemente ponga su confianza en Jesús y le siga plenamente, sin apegos?

¿Podéis ver lo que hace que estos cuatro relatos estén cohesionados entre sí?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 63). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Hacer el balance

Hacer el balance

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Aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor. – 1 Corintios 4:4

Dios es el que justifica. – Romanos 8:33

Hacer el balance sobre nuestra vida significa juzgar entre lo bueno y lo malo, entre lo verdadero y lo falso, lo útil y lo inútil… ¡suponiendo que seamos capaces de hacer esa evaluación!

En cada uno de nosotros hay un indicador que puede ayudarnos, es nuestra conciencia. En el origen latino de esta palabra está la idea de «saber». Pero como no sabemos todo, nuestra conciencia es obligatoriamente limitada. Por lo tanto es difícil hacer el balance, es difícil estar en paz, pues sería muy pretencioso creer que aquel que lo sabe “todo”, es decir, Dios, tiene la misma manera de ver las cosas que yo.

La Biblia habla mucho del bien y del mal, de justicia y de injusticia. Ella es la Palabra del Dios vivo; estemos, pues, atentos a sus advertencias. Ella revela algunas exigencias de Dios, entre las cuales hallamos: “Temerás a Dios”, “amarás a tu prójimo”, “no codiciarás”, “no cometerás adulterio”, etc. Nadie puede pretender haber respetado íntegramente sus exigencias. Para Dios todos somos culpables, pero también todos podemos ser absueltos, justificados, liberados definitivamente de toda acusación. Dios mismo dio el medio para salvarnos, a Jesucristo, quien fue condenado en nuestro lugar. El castigo que merecían nuestros pecados cayó sobre él (Isaías 53:5), entonces al fin podemos tener buena conciencia ante Dios. Y ahora nos invita, con bondad, a confiar en él y agradecerle.

“Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú” (Deuteronomio 30:19).

2 Samuel 21 – Hechos 10:1-24 – Salmo 28:1-5 – Proverbios 10:24-25

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El propósito del crecimiento

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El propósito del crecimiento

3/3/2017

Todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo. (1 Juan 3:3)

Segunda Pedro 3:18 ordena a los creyentes que crezcan “en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”. Su respuesta a este versículo es la acción o la inercia. Si desea crecer en Cristo, usted experimentará bendición, provecho y victoria siguiendo la senda bíblica de glorificar a Dios. Y como descubrió David, también usted sentirá alegría: “A Jehová he puesto siempre delante de mí… Se alegró por tanto mi corazón” (Sal. 16:8, 9).

El apóstol Juan resumió el objetivo del desarrollo espiritual cuando dijo: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Jn. 3:2). El proceso del crecimiento terminará el día que veamos a Jesucristo y seamos como Él.

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Dios obra a través de buenas resoluciones

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MARZO, 03

Dios obra a través de buenas resoluciones

Devocional por John Piper

Por esta razón también oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder. (2 Tesalonicenses 1:11)

Buscar el poder de Dios para cumplir nuestros buenos propósitos no significa que no hayamos hecho realmente una resolución o que de verdad no estemos haciendo uso de la fuerza de voluntad.

¡El compromiso del poder de Dios nunca toma el lugar del compromiso de nuestra voluntad! ¡El poder de Dios en la santificación nunca nos hace pasivos! El poder de Dios se involucra debajo o detrás o dentro de nuestra voluntad, no en lugar de nuestra voluntad.

La evidencia del poder de Dios en nuestra vida no es la ausencia de nuestra voluntad sino la fortaleza de nuestra voluntad.

Cualquiera que diga: «Bueno, yo creo en la soberanía de Dios y por lo tanto solo me quedaré sentado y no haré nada», realmente no cree en la soberanía de Dios. ¿Por qué alguien que cree en la soberanía de Dios lo desobedecería tan abiertamente?

Cuando nos quedamos sentados y no hacemos nada, no es que no estemos haciendo nada: estamos activamente comprometiendo nuestra voluntad a la decisión de quedarnos sentados. Y si esa es la manera en que manejamos el pecado o la tentación en nuestra vida, estamos desobedeciendo abiertamente, porque estamos llamados a pelear una buena batalla (1 Timoteo 1:18) y a resistir al diablo (Santiago 4:7) y a buscar la santidad (Hebreos 12:14).

Este versículo dice que es por el poder de Dios que cumpliremos nuestros buenos propósitos y nuestras obras de fe. Sin embargo, esto no anula el significado de la palabra propósito y de la palabra obra. Parte de todo el proceso de tener un caminar digno del llamamiento de Dios es el compromiso activo de nuestra voluntad en la determinación de obrar con rectitud.

Si tenemos pecados que persisten en nuestra vida, o si continuamos siendo negligentes en hacer buenas obras simplemente porque hemos estado esperando a ser rescatados sin pelear ninguna batalla, estamos agravando nuestra desobediencia. Dios nunca aparecerá con poder en nuestra voluntad en ninguna otra forma que no sea la de una buena resolución que hayamos hecho y mantenido.

Así que las personas que creen en la soberanía de Dios no deben tener miedo de comprometer su voluntad en la lucha por la santidad. «Esforzaos por entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos tratarán de entrar y no podrán» (Lucas 13:24).

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Hallado fiel

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3 Marzo 2017

Hallado fiel
por Charles R. Swindoll

Job 42:1-17

Si usted vuelve a Job 1:3, podrá leer lo que Job tenía originalmente. Poseía 7,000 ovejas, y termina ahora con 14,000. Sus rebaños crecen a medida que los alimenta y se multiplican. El rebaño original ha aumentado al doble. Tienen suficiente comida. También hay abundancia de pastos, y por eso las ovejas llegan a ser 14,000.

Job debió haber podido ver desde todas las ventanas de su casa la verde, cautivante y exquisita vegetación, y el crecimiento de todos sus cultivos. Ahora tiene 1,000 asnas, el doble de las que tenía antes. No al instante, sino después de unos pocos años, sus posesiones crecieron. Sinceramente, Job tenía más que suficiente. Mucho más. Antes era rico, ¡pero ahora es inmensamente rico!

Hay ocasiones cuando el Señor decide bendecir a ciertas personas mucho, pero mucho más de lo necesario. Lo que debemos aprender es a aceptarlo. ¡Si la envidia es el pecado que le domina, le aconsejo que se libere de uno de los hábitos más feos que tienen los cristianos! Seré totalmente sincero con usted, porque eso es lo que oigo con frecuencia. La gran tentación es recordarle al Señor lo fiel que usted ha sido cuando ve a un vecino o un amigo cuyo negocio crece, pero no el suyo. Por favor, no siga tratando de cuestionar al Señor en asuntos así.

Es injusto y también falso suponer que la mayoría de las personas ricas no han hecho nada para lograr sus riquezas, o que no las recibieron de la mano de Dios. Algunos de los santos más preciosos de Dios son sumamente ricos.

¿Entonces? Se lo digo otra vez, acéptelo. Si usted es uno de ellos, no necesita que le recuerde que esa riqueza no la creó usted mismo. La recibió por la gracia de Dios. Úsela bien. Dé con generosidad. Ande en humildad; y si el Señor decide no bendecirle como ha bendecido a otra persona, acepte y respete su decisión en vez de sentirse molesto por ello. Aplaudamos a Job por ser un recipiente del rico favor de Dios. Job ha “salido como el oro” después de haber sido probado y hallado fiel.

“Gozaos con los que se gozan”.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

«El gran poder de DIOS»

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«El gran poder de DIOS»

3 MARZO

Éxodo 14 | Lucas 17 | Job 32 | 2 Corintios 2

Tres observaciones en relación con la travesía del Mar Rojo (Éxodo 14):

En primer lugar, la confrontación dinámica entre el faraón y el Señor soberano continúa. Por un lado, el faraón aún persigue sus deseos, habiendo llegado a la conclusión de que los israelitas se encontrarán atrapados entre el mar y el desierto, y por tanto serán presa fácil (14:3). Además, el faraón y sus oficiales se arrepienten de haber dejado marchar al pueblo israelita. La esclavitud era una de los pilares fundamentales de su sistema económico y, por supuesto, el recurso más importante para el cumplimiento de sus programas de construcción. Tal vez las plagas no fueran más que golpes de mala suerte. Los esclavos israelitas deben volver.

No obstante, Dios no desempeña un papel pasivo en el desarrollo de estos acontecimientos, ni tampoco se limita a responder ante las iniciativas de los demás. Conduce a los israelitas en fuga hacia el noreste, no sólo para que se libren de una confrontación con los filisteos (13:17), sino también para que los egipcios lleguen a la conclusión de que los israelitas están atrapados (14:31). De hecho, es Dios quien está conduciendo a los egipcios a una trampa, y endurecer el corazón del faraón forma parte de su estrategia (14:4, 8, 17). Esta soberanía total y providencial debería servir para cimentar la confianza del pueblo de Dios (14:31). Ante todo, el Señor está resuelto a que, por medio de esta confrontación, tanto los israelitas como los egipcios aprendan quién es Dios: “¡Voy a cubrirme de gloria a costa del faraón y de su ejército… Y cuando me haya cubierto de gloria a costa de ellos, los egipcios sabrán que yo soy el Señor” (14:17–18). “Y al ver los israelitas el gran poder que el SEÑOR había desplegado en contra de los egipcios, temieron al SEÑOR y creyeron en él y en su siervo Moisés” (14:31).

En segundo lugar, el “ángel de Dios” reaparece (14:9) – no como ángel, sino como columna de fuego por la noche y como columna de nube por el día, en un momento guiando el pueblo y en otro protegiéndoles de los egipcios que les persiguen. Pero, si lo miramos con otra perspectiva, podríamos decir que el Señor va delante suyo en una columna de nube para dirigirles mientras siguen adelante y por la noche en una columna de fuego para darles luz (13:21). Las ambigüedades que hemos visto anteriormente persisten (ver Éxodo 3, meditación del 20 de febrero).

En tercer lugar, fueran cuales fueran los medios por los cuales el mar se dividió (el viento, por ejemplo), este suceso, igual que el de las ranas, se presenta aquí como milagroso – no conforme a la manera como la naturaleza suele ser providencialmente regida (cuya regularidad es lo que permite que la ciencia exista), sino que se trata de una intervención extraordinaria por parte de Dios (lo cual hace que los milagros sean hechos únicos y, por tanto, no susceptibles al análisis científico). Que una multitud de personas puedan caminar sobre tierra seca entre dos murallas de agua (14:21–23) es algo que sólo el Dios soberano de la creación puede lograr, nadie más.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 62). Barcelona: Publicaciones Andamio.