Por qué Dios contesta la oración

Por qué Dios contesta la oración

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2/23/2017

Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. (Juan 14:13)

¿Por qué Dios contesta la oración? La última parte del versículo de hoy da la respuesta: “Él contesta la oración por el bien suyo y por el bien nues­tro”. Lo hace para mostrar su poder. El comprender este concepto aumenta nuestra confianza en la oración: “Podemos saber que Dios responderá porque es una oportunidad para Él de recibir gloria”. Crecemos espiritualmente cuando conversamos con Dios mediante la oración y vemos sus obras poderosas.

El contexto de Juan 14:13 muestra que los discípulos estaban muy afligidos porque Jesús les dijo que se iría. Los discípulos habían dependido de Jesús por tanto tiempo que temían quedarse sin Él. Jesús les había dado todos los recursos. Él era su amigo amado y su recurso espiritual, teológico y económico. Él era su futuro y su presente. Se aterraron al pensar que Él que se iba, pero les dejó a ellos y nos dejó a nosotros la promesa de Juan 14:13; todo lo que necesitemos y pidamos en su nombre, Él lo hará.

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La hora de amenaza inusual

FEBRERO, 23

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La hora de amenaza inusual

Devocional por John Piper

 

Si sois vituperados por el nombre de Cristo, dichosos sois, pues el Espíritu de gloria y de Dios reposa sobre vosotros. (1 Pedro 4:14)

Muchos cristianos en el mundo hoy no conocen el peligro de vida que conlleva creer en Cristo. Nos hemos acostumbrado a estar libres de dicha persecución. Nos parece que es la manera como debe ser.

Por eso, nuestra primera reacción ante la amenaza de que las cosas podrían ser de otra manera es a menudo ira. Pero esa ira puede ser una señal de que hemos perdido el sentir de que somos extranjeros y peregrinos (1 Pedro 2:11 dice: «Amados, os ruego como a extranjeros y peregrinos…»).

Quizás nos hemos establecido demasiado en este mundo. No tenemos nostalgia por Cristo como Pablo la tenía: « Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo…» (Filipenses 3:20).

Muchos de nosotros necesitamos el recordatorio: «Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que en medio de vosotros ha venido para probaros, como si alguna cosa extraña os estuviera aconteciendo…» (1 Pedro 4:12).

¿Se han preguntado alguna vez cómo responderían en la hora de la prueba final? Apuntando con un arma en la mano, un hombre pregunta: «¿Eres cristiano?». He aquí una palabra sólida para darles esperanza de que responderían mejor de lo que creen.

«Si sois vituperados por el nombre de Cristo, dichosos sois, pues el Espíritu de gloria y de Dios reposa sobre vosotros» (1 Pedro 4:14). Estas palabras de aliento de Pedro dicen que en la hora de amenaza inusual (ya sea insulto o muerte), habrá un «Espíritu de gloria y de Dios [reposando] en vosotros». ¿No significa eso acaso que Dios otorga especial ayuda en la hora de crisis a aquellos que sufren por ser cristianos?

No quiero decir que él esté ausente en otros de nuestros sufrimientos. Simplemente quiero decir que Pedro interrumpió el fluir de su discurso para decir que aquellos que sufren «por el nombre de Cristo» experimentarán un «reposo» en sí mismos del «Espíritu de gloria y de Dios».

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Un giro completo

23 Febrero 2017

Un giro completo
por Charles R. Swindoll

Job 42:1-6

Job se arrepiente, se inclina en total sumisión y dice: “He llegado al límite de mi comprensión, y lo dejo allí. Mi vida en verdad es tuya, oh Dios. A ti te corresponde desentrañar el misterio, revelar los laberintos del camino, resolver lo insondable, saber las razones que hay detrás de las cosas inexplicables de mi vida”.

Así es como Job reconoce su incapacidad de entender el porqué, sin argumentar más, sin abrigar ningún resentimiento. No hay ningún pensamiento de: ¿Por qué no hiciste esto? En cambio, ¿qué es lo que vemos en Job? Un espíritu contrito y humillado. ¿Sabe usted lo que Job comprendió finalmente? Quien importa es Dios, no él. ¡Job lo entendió! ¿Qué significa eso?

Que el propósito de Dios está en marcha, y yo no puedo impedirlo.
Que el plan de Dios es increíble, y yo no puedo comprenderlo.
Que la amonestación de Dios es buena, y yo no debo atreverme a ignorarla.
Que el camino de Dios es el mejor, y yo no debo resistirlo.

¿Usted todavía no ha aprendido estas cosas? ¿Ha llegado a entender que lo suyo es ocuparse de su Dios? Él es el dueño de todo lo que usted dice que le pertenece. Todos los privilegios de que usted disfruta han sido dados por su gracia. Todos ellos son inmerecidos. Job entendió todo eso. Pero la pregunta es: ¿Lo ha entendido usted? Lamentablemente, muchos no lo comprenden hasta que se ven enfrentados a momentos insoportables. Pero Dios tiene las maneras de enderezar a sus hijos.

¡Qué deleitable puede ser una vida de sumisión a Dios! La combinación es hermosa: Una persona fuerte, rendida y vuelta humilde, con un “espíritu contrito y humillado”, sin resentimientos, sin exigencias, sin esperar nada, sin ofrecer condiciones, sin esperar ningún favor, totalmente arrepentida delante de Dios el Señor. ¿Y cuál es el maravilloso resultado? Que el Señor comienza a utilizarnos de manera increíble.

Job finalmente ve a Dios como Él es, y se arrepiente totalmente. El resultado es una bendición tras otra. Una vez que Dios puso sus poderosas manos sobre los hombros de Job, este finalmente lo entendió. ¿Ha sucedido lo mismo con usted?

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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“el que no está contra vosotros está a favor vuestro”

“el que no está contra vosotros está a favor vuestro”

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23 FEBRERO

Éxodo 6 | Lucas 9 | Job 23 | 1 Corintios 10

Una de las tareas esenciales para los que quieren leer los evangelios canónicos con sensibilidad consiste en comprender cómo se entrelazan las diferentes secciones. Los lectores superficiales se acuerdan quizá de relatos concretos acerca de Jesús a partir de su experiencia de la escuela dominical, pero no siempre reflexionan en los enlaces que convierten estos relatos en un evangelio completo. Además, ninguno de los evangelistas ordenó su material exactamente de la misma forma que los demás, por lo que el saber específico de cada evangelio a menudo se pierde si no reflexionamos profundamente en los enlaces distintivos de cada uno de ellos.

En Lucas 9:49–50, encontramos un ejemplo esclarecedor de esto. Los versículos anteriores (9:46–48) muestran a los discípulos de Jesús enzarzados en una discusión acerca de cuál de ellos sería más importante (en el reino consumado, se supone). Conociendo sus pensamientos, Jesús les enseña algo que les debió resultar bochornoso, usando a un niño pequeño como ilustración. La gente “importante” busca asociarse con gente aún más “importante”. Los seguidores de Jesús reciben a los miembros menos poderosos de la sociedad – los niños pequeños. Lo que Jesús requiere es una manera de pensar que entra en conflicto directo con la que caracteriza al mundo: “El más insignificante entre todos vosotros, ése es el más importante” (9:48).

En esta coyuntura encontramos lo relatado en Lucas 9:49–50. Juan comenta que él y los demás discípulos vieron a un hombre que echaba a los demonios en nombre de Jesús. Dijo que intentaron pararlo por no ser uno de ellos. Jesús les prohíbe actuar así porque “el que no está contra vosotros está a favor vuestro”. A primera vista, esto es algo diferente de la temática que constituyó los versículos precedentes. Pero tal vez no lo sea tanto: las conexiones exigen nuestra reflexión. El problema que Juan tenía con este hombre que echaba a demonios parece no tanto una preocupación piadosa por la ortodoxia teológica, como una protesta motivada por la sed de poder, y una mentalidad que daba más importancia al hecho de que los predicadores perteneciesen al partido correcto, que al cumplimiento de la misión. Por tanto, esta protesta resulta patéticamente vinculada con el debate en cuanto a cuál de ellos sería el más grande. El deseo de engrandecimiento personal resultará ser inevitablemente, una base inadecuada desde la cual hacer valoraciones sabias con respecto al ministerio de los demás.

En los versículos siguientes (9:51–56), Jesús se encuentra en Samaria. Cuando los samaritanos se muestran inhóspitos, los discípulos de Jesús están dispuestos a hacer caer el juicio divino sobre ellos. Jesús se lo reprocha. Ya que estos versículos siguen tras los temas a los que nos referíamos antes, la actitud delatada por los discípulos queda puesta de manifiesto. Su pasión por el juicio contra los samaritanos está motivada menos por una comprensión de Cristo y una devoción genuina hacia él, que por una ambición y deseo de poder egocéntricos.

Los últimos versículos del capítulo destacan el mismo contraste (9:57–62). Los tres que proclaman con mayor fuerza su determinación de seguir a Jesús son puestos en su sitio: no han contado con el precio del discipulado, por lo que sus protestas piadosas adquieren unos matices de amor propio poco atractivos.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 54). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La simpatía divina

La simpatía divina

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El Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores. Lucas 7:13

En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma. Salmo 94:19

En cada paso que dio, Jesús se encontró con el sufrimiento y la muerte, consecuencias del pecado para el hombre. Se conmovía profundamente y podía secar las lágrimas, como lo hizo con aquella viuda en duelo por su hijo único (Lucas 7:13). En otra ocasión, cuando Juan el Bautista fue ejecutado, sus discípulos, desorientados y afligidos, fueron a Jesús y le contaron lo que había sucedido.

Esta actitud de Jesús se repite con frecuencia en los evangelios; los que lo conocían a menudo sintieron su compasión y su profunda simpatía. En medio de su profunda tristeza se encomendaron a él, y siempre experimentaron lo mismo: los cuidados y el consuelo únicos que da el Señor. Como sabían que el Señor mide la prueba, la comprende y la vive junto al que sufre, ellos mismos iban a recibir un consuelo divino.

Incluso si ahora no vemos a Jesús como lo veían los discípulos, mediante la fe podemos sentir la realidad de su comprensión y consuelo. Gracias a él tendremos la fuerza para dejar una tumba en la que descansa el cuerpo de un ser querido, y de estar a Sus pies para exponerle nuestra tristeza, nuestra desesperación.

Entonces no nos sentiremos decepcionados, pues Jesús comprende el corazón desesperado por el peso del dolor. Siempre está dispuesto a escuchar, listo para responder, aliviar y consolar a todo el que confía en él. ¡Él mismo pasó por tantos sufrimientos!

“No tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15).

2 Samuel 16 – Hechos 7:1-29 – Salmo 25:16-22 – Proverbios 10:13-14

Obediencia amorosa

Obediencia amorosa

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2/22/2017

El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama. (Juan 14:21)

 Si pudiera simplificar la vida cristiana a una sola cosa, sería la obediencia. No quiero decir simplemente obediencia externa, sino un espíritu de obediencia. No es como la niñita que siguió de pie después que su padre le había dicho muchas veces que se sentara. Por último su padre le dijo: “Siéntate, o voy a darte una paliza”. Ella se sentó pero miró hacia arriba y dijo: “Estoy sentada, ¡pero en mi corazón estoy de pie!” Eso es obediencia externa y desobediencia en el corazón. Un cristiano debe estar dispuesto a obedecer.

Una evidencia de madurez espiritual es amar a Dios tanto como para obedecerlo aun cuando es difícil. Dios es glorificado cuando de buena gana lo obedecemos cueste lo que cueste. Cada vez que obedecemos, crecemos espiritualmente, y cada vez que desobedecemos, retardamos nuestro crecimiento.

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Gozar de su plenitud

FEBRERO, 22

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Gozar de su plenitud

Devocional por John Piper

Pues de su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia. (Juan 1:16)

Justo antes del culto del domingo pasado, la pequeña banda de santos que oran estaba orando con fervor por la fe de nuestra gente, por las iglesias del área de las ciudades gemelas y por las naciones. En un momento, un hombre oró las palabras de Juan 1:14-16:

Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad… Pues de su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia.

Fue uno de esos momentos de epifanía para mí. Dios permitió que en ese momento la palabra «plenitud» —de su plenitud— llevara una plenitud cuyo efecto fuera extraordinario en mí. Sentí una medida de lo que la palabra realmente conlleva: la plenitud de Cristo.

Sentí un poco de lo maravilloso que es que de su plenitud ciertamente haya recibido gracia sobre gracia; y en ese momento estaba recibiendo gracia sobre gracia. Sentí, en ese mismo momento, que nada habría sido más dulce que simplemente sentarme a sus pies —o leer la Biblia— toda la tarde, y sentir su plenitud desbordarse.

¿Por qué es que esta plenitud tiene tal impacto en mí, y por qué hasta este momento sigue constantemente teniendo un impacto en mí? En parte, porque…

…Aquel de quien cuya plenitud estoy siendo saturado por la gracia es el Verbo que estaba con Dios y que era Dios (Juan 1:1-2), de manera que su plenitud es la plenitud de Dios: una plenitud divina, una plenitud infinita;*

… este Verbo se hizo carne y fue uno de nosotros y nos perseguía con su plenitud: es una plenitud accesible;*

…cuando este Verbo apareció en forma humana, su gloria fue vista: su plenitud es gloriosa;*

… este Verbo era «el unigénito del Padre», de esa manera la plenitud divina estaba siendo mediada para nosotros no solamente de parte de Dios sino a través de Dios: Dios no envió a un ángel sino a su Hijo único para impartir su plenitud;*

… la plenitud del Hijo es una plenitud de gracia: no me ahogaré en esta plenitud sino que seré bendito por esta plenitud en todo sentido;*

… esta plenitud no es solo una plenitud de gracia sino también de verdad: no estoy siendo lleno de gracia con halagos que hacen caso omiso de la verdad; esta gracia tiene sus raíces en la realidad de una roca sólida.*

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Seguirle en obediencia

22 Febrero 2017

Seguirle en obediencia
por Charles R. Swindoll

Job 40:1-5

La respuesta de Job me lleva a pensar en lo que la pregunta dice a nuestro mundo del siglo XXI. ¡Qué mensajes tan necesarios para nuestros tiempos!

El primero: Si los caminos de Dios son más altos que los míos, entonces me inclino delante de Él en sumisión. El resultado de esa actitud es una humildad verdadera. La sumisión a la voluntad del Padre celestial es la característica de la verdadera humildad. Y todos nosotros pudiéramos utilizar una gran dosis de ella. Es muy raro hallar un espíritu humilde en nuestro tiempo, especialmente entre las personas competentes, las muy inteligentes y las triunfadoras.

Aquí está el segundo: Si Dios tiene todo el control, entonces no importa dónde Él dirija mis pasos, le sigo en obediencia. ¡Qué alivio tan grande produce esto! Por último, puedo relajarme, ya que el control no me pertenece a mí.

Hace no mucho tiempo estaba hablando en una conferencia para pastores en el Instituto Moody, de la ciudad de Chicago en los Estados Unidos de América. El recuerdo que más conservo en mi mente de esa conferencia es el inmenso letrero que colgaba sobre la tarima, que podían leer todos cuando nos reuníamos. Decía, con letras bien grandes:

Relájense todos: Por esta vez no están al frente

La sala estaba llena de pastores, ¡mil quinientos en total! Cada uno solo tuvo la responsabilidad de venir a la conferencia, donde se nos recordó que debíamos relajarnos, ya que no estábamos al frente esta vez. Eso fue un estimulante alivio para todos los que asistimos.

Ese fue el aviso que Dios desplegó frente a Job. “Tú no estás al frente de nada, Job; esa es mi responsabilidad. Tú eres mi siervo, y yo tu Amo. Yo sé lo que estoy haciendo”. Puesto que Dios sabe lo que está haciendo, yo simplemente le seguiré, no importa donde Él dirija mis pasos. ¡Qué alivio tan estimulante produce eso!

¿Qué siente usted cuando permite que Dios esté al frente de su vida: alivio, frustración, pánico? ¿Qué pudiera usted hacer que le ayude a relajarse sabiendo que Él está al frente?

La sumisión a la voluntad de Dios es la característica de la verdadera humildad.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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“Tu madre y tus hermanos están afuera y quieren verte”

“Tu madre y tus hermanos están afuera y quieren verte”

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22 FEBRERO

Éxodo 5 | Lucas 8 | Job 22 | 1 Corintios 9

Según Lucas 8:19–21, la madre y los hermanos de Jesús habían venido a verle, pero no lo consiguieron debido a la gran multitud. Jesús fue avisado: “Tu madre y tus hermanos están afuera y quieren verte” – aparentemente bajo la impresión de que Jesús mismo abriría paso a través de la muchedumbre para llegar hasta ellos, o que usaría su autoridad para hacer que ellos pudiesen pasar. Al fin y al cabo, no era una cultura tan egoísta como la nuestra, y mucho más orientada hacia la familia tanto nuclear como también hacía la amplia.

Por esto resulta tan asombrosa la respuesta de Jesús: “Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios y la ponen en práctica” (8:21). Hay que decir cuatro cosas en relación con esto.

En primer lugar, no se trata de ningún texto aislado. Una vez que Jesús comienza su ministerio público, no hay ninguna ocasión, hasta la cruz, en la que muestre la más mínima preferencia hacia los miembros de su propia familia, incluida su madre. En cada ocasión, o se aleja de ellos (como aquí y en 11:27–28), o se lo reprocha (Juan 2:1–11). No hay excepción alguna. Los que argumentan que María tenía alguna clase de acceso especial a los sentimientos de Jesús y a las bendiciones que sólo él podía pronunciar, no pueden usar este texto, de forma responsable, para avalar su punto de vista.

En segundo lugar, los motivos del comportamiento de Jesús no son difíciles de apreciar. Aparte de este pasaje, los evangelios continuamente hacen referencia a la singularidad de Jesús. En el contexto de Lucas, la conexión familiar queda ensombrecida por la concepción virginal de Jesús, lo cual está estrechamente ligado con su misión y con su identidad. A juzgar por el libro de Hechos, incluso la familia natural de Jesús tuvo que asumir, después de la resurrección, quién era este hijo y hermano suyo, y se hicieron miembros de la comunidad cristiana que le rendía culto.

En tercer lugar, esto no da a entender, ni mucho menos, que Jesús fuese insensible a los sentimientos de su familia. En uno de los momentos más emotivos del evangelio de Juan, encontramos a Jesús en la cruz, y, casi exánime ya, hace provisión para las necesidades materiales y emocionales de su madre desconsolada (Juan 19:26–27).

En cuarto lugar, es importante darnos cuenta de la fuerza de este pasaje: Jesús insiste en que los más cercanos a él, los que le “pertenecen”, los que tienen acceso inmediato a él, los que forman parte de su verdadera familia, ya no serán sus parientes biológicos, sino los que “oyen la palabra de Dios y la ponen en práctica” (8:21). A diferencia de muchos gobernadores, Jesús no mostró ningún interés en establecer ninguna dinastía en la tierra. Llegó para la creación perenne de la familia de Dios – caracterizada por su respuesta obediente a la Palabra de Dios.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 53). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Mira, lee, y escucha! (2)

¡Mira, lee, y escucha! (2)

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(Dios) nos ha hablado por el Hijo. – Hebreos 1:2

Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo. – 2 Corintios 5:19

La Biblia es la Palabra de Dios, y ella es otra manera usada por Dios para darse a conocer. También nos muestra quiénes somos y el valor que nuestra vida tiene para Dios.

La Biblia no es un libro como los demás. Ella habla de un Dios que se comunica con su criatura. En varias porciones podemos leer: “Así dice el Señor”. Un Dios cuyo anhelo es escuchar y ayudar a los hombres, un Dios que pudo preservar su Palabra a pesar de todos los esfuerzos de quienes quisieron hacerla callar o desaparecer a lo largo de los siglos. Un Dios que guardó al pueblo hebreo como nación durante milenios, algo único. Un Dios que anunció muchos eventos que se cumplieron al pie de la letra. Por ejemplo, la Biblia contiene más de 300 profecías que anuncian la venida de Jesucristo a la tierra, y que efectivamente tuvo lugar.

El Dios de la Biblia también es el Dios Salvador. Los autores inspirados concuerdan, a pesar de su impresionante número (al menos 40) y las diferentes épocas en las que vivieron (unos 1.500 años): ¡el hombre necesita un mediador para poder reconciliarse con Dios! Este mediador es Jesucristo. Gracias a su sacrificio, Dios perdona a aquel que se arrepiente de sus actos desobedientes, de su rebelión, de sus errores. Todo el que reconoce que es pecador, puede volverse a Dios: sus pecados fueron borrados; Jesús los expió.

¡Nunca caímos demasiado bajo para ser salvos por Jesucristo! La Biblia nos presenta el Evangelio, las buenas nuevas, y ese Evangelio es un poder de vida para salvación de aquel que cree (Romanos 1:16). ¡Léala y créala!

2 Samuel 15 – Hechos 6 – Salmo 25:11-15 – Proverbios 10:11-12

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