Llevar frutos

Llevar frutos

la-verdad-para-hoy

2/19/2017

El que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto. (Juan 15:5)

Teníamos un melocotonero en el traspatio, y un año tuvo muchísimos melocotones. ¡Tuvimos suficientes como para alimentar a todo el vecindario! Otro año, no pudimos encontrar ni un melocotoncito. Algunos cristianos pueden ser así, mostrando poca evidencia de ser de Dios; pero Dios quiere que crezcamos y produzcamos mucho fruto para su gloria.

El fruto que usted lleva es la manifestación de su carácter, y la única forma de que las personas sepan que usted es un hijo de Dios. Él quiere presentarse al mundo por medio de lo que produce en usted, de modo que su carácter está en juego en el fruto de usted. Él quiere que usted produzca mucho más de lo que puede producir el mundo o la carne.

Disponible en Internet en: http://www.gracia.org
DERECHOS DE AUTOR © 2012 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros (http://www.gracia.org/acercaDeGAV.aspx?page=derechos).

El tipo de frío que mata

FEBRERO, 19

imgres-5

El tipo de frío que mata

Devocional por John Piper

Envía sus órdenes a la tierra; su palabra corre velozmente. (Salmos 147:15)

Esta noche hará cuarenta grados más en el congelador de nuestra cocina que afuera, acá en Minneapolis. La temperatura más alta mañana será de cinco grados bajo cero (Fahrenheit). Recibimos esto de la mano de Dios.

Envía sus órdenes a la tierra;
su palabra corre velozmente.
Manda la nieve como lana;
esparce la escarcha cual ceniza.
Arroja su hielo como migas de pan;
¿Quién puede resistir ante su frío?
Envía su palabra y los derrite;
hace soplar su viento y el agua corre

(Salmos 147:15-18).

Este es el tipo de frío con el que no jugamos. Nos mata.

Cuando vine de Carolina del Sur a Minnesota, me vestí de manera apropiada. Sin embargo, no había preparado suministros ni un equipo de socorro en mi auto en caso de que se averiara.

Un domingo en la noche, en el regreso de la iglesia a la casa, en medio de un frío de este tipo, mi auto murió. Esto ocurrió antes de que existieran los teléfonos celulares, y yo tenía a dos niños pequeños en el auto.

No había nadie en ese camino, y de repente me di cuenta de que esto era peligroso.

Pronto fue muy peligroso. No venía nadie.

Vi a la distancia, a través de una cerca, una casa. Yo soy el papá, y este es mi trabajo. Trepé la cerca, corrí a la casa y toqué la puerta. Había gente. Les expliqué que tenía a mi esposa y a dos niños pequeños en el auto y les pregunté si nos dejarían entrar. Así lo hicieron.

Este es el tipo de frío con el que uno no juega.

Esta es una manera más en que Dios dice: «sea caliente o frío, alto o profundo, afilado o desafilado, ruidoso o silencioso, brillante u oscuro… no se juega conmigo. Yo soy Dios. Yo hago todas estas cosas. Ellas hablan de mí, así como la brisa tibia de verano lo hace, y la lluvia ligera, y la suave luz nocturna de la luna, y el sonido del agua a orillas del lago, y los lirios del campo y los pájaros en el aire».

Hay una palabra para nosotros en medio de este frío. Que el Señor nos dé piel para sentir y oídos para oír.

http://solidjoys.sdejesucristo.org/

«Por tanto no hay ningún héroe excepto Dios mismo, y nadie excepto Dios debe recibir la gloria.»

«Por tanto no hay ningún héroe excepto Dios mismo, y nadie excepto Dios debe recibir la gloria.»

imagen-blog-devocional

19 FEBRERO

Éxodo 2 | Lucas 5 | Job 19 | 1 Corintios 6

En los sucesos más cruciales de la historia de la redención, Dios se toma muchas molestias para que nadie pueda legítimamente llegar a la conclusión de que estos acontecimientos han tenido lugar a causa de la resolución o de la ingenuidad humanas. Han sido llevados a cabo por Dios mismo – según su calendario, conforme a sus propósitos, por sus medios, para su gloria–, pero siempre a través de una interacción continua con su pueblo. Todo esto brota de Éxodo 2:11–25.

No se nos explica cómo su madre logró inducir en él un profundo sentido de identidad con su propio pueblo antes de ser educado en la casa real. Posiblemente, hubo un contacto continuado con su madre biológica; tal vez, como joven, quiso conocer su pasado e investigó rigurosamente el estatus y la opresión de su propio pueblo. Conocemos a Moisés cuando ya se ha identificado con los israelitas esclavizados hasta tal punto que está dispuesto a asesinar a un brutal egipcio. Al descubrir que el asesinato ha llegado a ser de dominio público, debe huir del país para salvar la vida.

No obstante, uno no puede por menos que reflexionar acerca del lugar que ocupa este incidente en el guión que culmina en el liderazgo del Éxodo, por parte de Moisés, varias décadas más tarde. Por la intervención judicial de Dios mismo, muchos egipcios tendrían que morir. Por tanto, ¿por qué Dios no utiliza a Moisés ahora, mientras aún es joven, lleno de fervor y celo para servir y emancipar a su pueblo?

Simplemente, porque no es así como Dios obra. Dios quiere que Moisés aprenda a ser manso y humilde, a confiar en la intervención poderosa y espectacular de Dios, a esperar que Dios intervenga, a esperar el tiempo de Dios. Actúa de tal manera, que no nos es posible sacar la conclusión que el verdadero héroe sea Moisés, el gran visionario. Al cumplir los ochenta años, ya no quiere servir así; ya no es un ningún visionario fogoso y idealista. Es un anciano a quien Dios tiene que apremiar (Éxodo 3) e incluso amenazar (Éxodo 4:14) para que obedezca. Por tanto no hay ningún héroe excepto Dios mismo, y nadie excepto Dios debe recibir la gloria.

El capítulo acaba recordándonos cómo los israelitas “seguían lamentando su condición de esclavos y clamaban pidiendo ayuda. Sus gritos desesperados llegaron a oídos de Dios, quien al oír sus quejas se acordó del pacto que había hecho con Abraham, Isaac y Jacob.” (2:23–24). Esto no quiere decir que Dios se haya olvidado de su pacto. Ya hemos visto que Dios dijo explícitamente a Jacob que descendiese a Egipto y había predicho que él mismo llevaría un día al cumplimiento los propósitos pactados. El mismo Dios que soberanamente arregla estas circunstancias y solemnemente predice lo que hará, elige llevar estas promesas a su cumplimiento relacionándose con el pueblo del pacto en su desesperación y respondiendo a sus clamores.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 50). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Queréis acaso iros también vosotros?

¿Queréis acaso iros también vosotros?

imgres

Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. – Juan 6:67-69

Algunas preguntas de la Biblia

A veces los milagros y las enseñanzas de Jesús despertaron entusiasmo, y multitudes acudieron a escucharlo. Pero el entusiasmo no es fe, y cuando Jesús mostró lo que implica la fe, muchos se alejaron. Jesús sintió tristeza al ver esas deserciones, pero sabía que la hora de la verdad debía llegar para cada persona, e hizo esta pregunta a los discípulos más cercanos a él: “¿Queréis acaso iros también vosotros?”.

A la hora de tomar decisiones, o en medio del sufrimiento y el desánimo, nosotros que hemos escuchado las enseñanzas de Jesús, ¿daremos marcha atrás? ¿Formaremos parte de los que desertan? Las buenas costumbres no bastarán para retenernos, ni siquiera el afecto de nuestros amigos creyentes… ¡solo la fe determinará nuestra decisión!

Pedro, espontáneo y en un impulso de afecto y sinceridad, respondió: “Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Su respuesta hace resaltar los dos puntos de apoyo de su fe:

– Primero las palabras del Señor, mediante las cuales encontró la vida eterna, es decir, una vida que lo puso para siempre en relación con Dios mismo; desde entonces las palabras de Jesús alimentaron su vida.

– Luego Pedro fue hasta el corazón de su fe: creyó, y por lo tanto supo que Jesús es mucho más que un hombre. Es aquel a quien Dios designó, único entre los hombres. Es el Mesías, “el Hijo de Dios”, el Salvador del mundo.

2 Samuel 12 – Hechos 4 – Salmo 24:7-10 – Proverbios 10:5-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Crecimiento por fe

Crecimiento por fe

la-verdad-para-hoy

2/18/2017

Por fe andamos, no por vista. (2 Corintios 5:7)

El versículo de hoy se refiere al andar en el sentido de ser más semejantes a Cristo. Eso tiene lugar cuando vivimos por fe. Sin embargo, cuando lo juzgamos todo por lo que vemos, tenemos un crecimiento difícil.

¿Recuerda a los doce espías de Israel enviados a Canaán (Nm. 13)? Diez regresaron y dijeron que se sintieron como saltamontes en una tierra de gigantes. Esos diez anduvieron por vista. Pero Josué y Caleb tuvieron fe, sabiendo que Dios estaba de su parte. Diez ni siquiera pensaron que Dios podía dirigir las circunstancias, pero dos sabían que Él es más grande que cualquier situación.

¿Vive usted por fe? Si quiere crecer espiritualmente, crea en la Palabra de Dios y confíe en Él en toda situación.

Disponible en Internet en: http://www.gracia.org
DERECHOS DE AUTOR © 2012 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros (http://www.gracia.org/acercaDeGAV.aspx?page=derechos).

Cuando somos inmortales

FEBRERO, 18

imgres-5

Cuando somos inmortales

Devocional por John Piper

Cuando se hizo de día, los judíos tramaron una conspiración y se comprometieron bajo juramento, diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubieran matado a Pablo. (Hechos 23:12)

¿Y qué pasó con esos tipos hambrientos que prometieron no comer hasta que hubieran tendido una emboscada a Pablo?

Leemos sobre ellos en Hechos 23:12: «Cuando se hizo de día, los judíos tramaron una conspiración y se comprometieron bajo juramento, diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubieran matado a Pablo». No funcionó. ¿Por qué? Porque una serie de eventos poco probables ocurrieron:

· Un niño escuchó la conspiración.

· El niño era el hijo de la hermana de Pablo.

· El niño tuvo el coraje de ir donde el centurión romano que vigilaba a Pablo.

· El centurión lo tomó en serio y lo llevó al tribuno.

· El tribuno le creyó y preparó «doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros» para llevar a Pablo a seguridad.

Muy poco probable y extraño, pero eso es lo que ocurrió.

¿Qué es lo que hicieron mal los hombres hambrientos esperando en la emboscada? Fallaron en evaluar lo que le ocurrió a Pablo justamente antes de que ellos conspiraran. El Señor se le apareció a Pablo en la prisión y le dijo: «Ten ánimo, porque como has testificado fielmente de mi causa en Jerusalén, así has de testificar también en Roma» (Hechos 23:11).

Cristo dijo que Pablo iría a Roma, y eso sucedió. Ninguna emboscada puede oponerse a la promesa de Cristo. Hasta que llegara a Roma, Pablo sería inmortal. Había un testimonio final que debía ser dado, y Cristo se aseguraría de que Pablo lo diera.

Nosotros también tenemos un testimonio que dar, y seremos inmortales hasta que lo hayamos dado.

http://solidjoys.sdejesucristo.org/

Nada se le compara

18 Febrero 2017

Nada se le compara
por Charles R. Swindoll

Job 38:1-41

Dios es prominente y preeminente. Es majestuoso en Su poder, magnífico en Su persona y maravilloso en sus propósitos. ¡Qué reconfortante es replegarnos a la sombra de nuestra propia insignificancia y dar total atención a la grandeza de nuestro Dios! ¡Se trata solamente de Él!

Muy diferente al caso de la niñita que iba caminando al lado de su madre bajo un fuerte aguacero con truenos ensordecedores. Cada vez que se producía un relámpago, su madre notaba que la niña se daba vuelta y sonreía. Caminaban un poco más, había otro relámpago, y la niña se volvía otra vez y sonreía. La madre finalmente le dijo: “Querida, ¿qué sucede? ¿Por qué te volteas y te sonríes después del resplandor del relámpago?”

“Bueno”, dijo ella, “quiero estar serena y sonreír para Dios, porque Él me está tomando una fotografía”.

Damos un gran paso hacia la madurez cuando finalmente entendemos que no se trata de nosotros ni de nuestra importancia. Se trata de la magnificencia de Dios. De Su santidad. De Su grandeza. De Su gloria.

El SEÑOR marcha en el huracán y en la tempestad; las nubes son el polvo de sus pies.

¡Bueno es el SEÑOR! Es una fortaleza en el día de la angustia y conoce a los que en Él se refugian. (Nahúm 1:3, 7)

Dios es trascendente. Él es magnífico. ¡Solo Él es admirable! Él está en todas partes, encima de nosotros, dentro de nosotros. Sin Él no hay justicia. Sin Él no hay santidad. Sin Él no hay la promesa del perdón ni la fuente de verdad absoluta ni razones para soportar ni esperanza más allá de la tumba. Nada se compara con Él.

Dios es majestuoso en su poder y maravilloso en sus propósitos.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

– See more at: http://visionparavivir.org/devocional#sthash.10YAdJHW.dpuf

El triste papel que juega el olvido

El triste papel que juega el olvido

por-amor-a-dios-b

18 FEBRERO

Éxodo 1 | Lucas 4 | Job 18 | 1 Corintios 5

“Pero llegó al poder en Egipto otro rey que no había conocido a José” (Éxodo 1:8). Según se afirma, quien no aprende nada de la historia está destinado a repetir todos sus errores. Dicho de otra forma, lo único que la historia enseña es que no se aprende nada de ella. Aforismos arbitrarios al margen, uno no puede leer la Escritura durante mucho tiempo sin reflexionar sobre el triste papel que juega el olvido.

Los ejemplos abundan. Era de esperar que, tras un juicio tan devastador como el Diluvio, los seres humanos posdiluvianos estarían tan atemorizados que habrían procurado evitar la ira de Dios. Pero esto no es lo que sucedió. Dios sacó a Israel de la esclavitud, mediante plagas espectaculares y les hizo atravesar el Mar Rojo. Sin embargo, tan solo transcurrieron unas pocas semanas antes de que los israelitas se dispusieran a atribuir su rescate a un dios representado por un becerro de oro. El libro de Jueces describe el despreciable patrón repetitivo de pecado, juicio, rescate, justicia: siempre el aburrido ciclo que les llevó a la decadencia. Cabía pensar que, bajo la dinastía Davídica, los reyes de su línea sucesoria recordarían las lecciones aprendidas por sus padres y buscarían procurar la bendición de Dios por medio de una obediencia fiel. Pero esto apenas fue así. Tras la catastrófica destrucción del reino del norte y la destitución de sus líderes y artesanos que los exilió bajo dominio asirio, ¿cómo es que el reino del sur no tomó nota y mantuvo la fidelidad del pacto? En realidad, apenas ciento cincuenta años más tarde, los babilonios los sometieron a un destino similar. Tampoco resulta difícil encontrar este mismo olvido deplorable en algunas de las iglesias del Nuevo Testamento.

Por tanto, el olvido de los gobernantes egipcios, ayudado por un cambio de dinastía, no nos sorprende demasiado. Unos cuantos siglos es un tiempo largo. ¿Cuántos cristianos de Occidente han absorbido realmente las lecciones del avivamiento evangélico, por no hablar de la magistral Reforma?

A poca distancia del lugar en el que escribo estas líneas, se encuentra una iglesia que atrae a cinco o seis mil personas cada domingo por la mañana. Sus líderes han olvidado que todo comenzó cuando se plantó aquella iglesia hace tan solo dos décadas. Ahora pretenden retirarse de la denominación que la fundó no por discrepancia teológica ni por un error moral, sino porque están tan impresionados por su propia magnitud e importancia que la arrogancia no les permite ser agradecidos. Acuden a nuestra mente seminarios que han abandonado sus raíces doctrinales de una generación a otra; nos acordamos de algunos individuos, importantes eruditos, tan impresionados por la novedad que han dado a la inteligente originalidad un rango mayor que a la piadosa fidelidad. Las naciones, las iglesias y las personas cambian y se creen cada vez más “avanzadas” que quienes les precedieron.

Para nuestra vergüenza, olvidamos todo lo que deberíamos recordar.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 49). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Gozo y paz

Gozo y paz

imgres

El Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer. – Romanos 15:13

«¿Qué lo hace feliz?». Esta fue la pregunta que leí en la primera página de una revista muy conocida. Al hojearla descubrí una multitud de artículos destinados a amoblar y decorar la casa, o a crear un jardín más bonito. Vivir en un espacio agradable y confortable puede, sin duda, contribuir al bienestar, pero este privilegio no es accesible a todos.

En cambio, hay una felicidad a la que todos tienen acceso y es gratuita. “He aquí os doy nuevas de gran gozo”, dijo el ángel a los pastores cuando Jesús nació. “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:10-11). El mundo de aquel entonces no quiso recibir esta buena noticia, pero hoy, todo aquel que se acerca a Jesús con fe puede experimentar el verdadero gozo de la salvación, del perdón y de la vida eterna.

Dios también da la paz: “Tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1). Él mismo hizo la paz “mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20). Jesús, muerto y resucitado, dijo a sus discípulos tristes y temerosos: “Paz a vosotros” (Juan 20:21). Creer en el Señor Jesucristo es experimentar esta paz profunda en nuestra conciencia y su gozo en nuestro corazón. Los primeros cristianos de Roma poseían esta felicidad y esta paz, y el apóstol Pablo deseaba que estuviesen rebosantes de ellas.

Cristianos, oremos para que Dios nos ayude a estar llenos de ellas y a transmitirlas a los que nos rodean.

“Por cuanto me has alegrado, oh Señor, con tus obras; en las obras de tus manos me gozo” (Salmo 92:4). “Me hiciste conocer los caminos de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia” (Hechos 2:28).

2 Samuel 11 – Hechos 3 – Salmo 24:1-6 – Proverbios 10:3-4

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Cree verdaderamente en Dios?

¿Cree verdaderamente en Dios?

la-verdad-para-hoy

2/17/2017

[Abraham] tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios. (Romanos 4:20)

Decir que se cree lo que Dios ha dicho es mucho más fácil que confiar en Él verdaderamente. Por ejemplo, muchos que afirman que “Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas” (Fil. 4:19) caen en la ansiedad cuando afrontan dificultades económicas.

También la Biblia dice que, si damos generosamente con los motivos correctos, Dios nos recompensará (Mt. 6:3-4). Muchos dicen que creen también en ese principio, pero les resulta difícil ponerlo en práctica. Muchos cristianos también temen a la muerte, aunque Dios ha dicho que nos dará la gracia que necesitamos para afrontarla y que nos llevará después al cielo.

Creer en Dios significa que reconocemos su gloria, que es la suma de todos sus atributos y la plenitud de toda su majestad. Si Él es quien dice que es, entonces se le debe creer. Usted crecerá espiritualmente cuando le diga a Dios: “Si tu Palabra lo dice, lo creeré; si tu Palabra lo promete, lo reclamaré; y si tu Palabra lo ordena, lo obedeceré”.

Disponible en Internet en: http://www.gracia.org
DERECHOS DE AUTOR © 2012 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros (http://www.gracia.org/acercaDeGAV.aspx?page=derechos).